La escalera; Rafael Morales

Literatura española contemporánea. Siglo XX. Poesía social. Vida y obra. Entorno. Contexto

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Rafael Morales:

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VIDA Y OBRA DEL AUTOR

Poeta español nacido en Talavera de la Reina, Toledo en 1919.
Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid y en Literatura Portuguesa por la Universidad de Coimbra.
Fue director del Aula de Literatura del Ateneo de Madrid y de «La Estafeta Literaria». Ha sido además crítico literario en la revista Ateneo y en varios diarios españoles. Colaboró activamente en la sección de Filología y Literatura de la Enciclopedia de la Cultura Española. Ha obtenido numerosos premios siendo el más importante el Premio Nacional de Literatura obtenido en 1954.

Inició con éxito fulgurante la famosa colección Adonais con su primer libro, Poemas del toro (1943). Un poeta de la misma generación de Morales, José Hierro, ha señalado que en la posguerra «las primeras manifestaciones de una estética nueva coinciden con la publicación del primer libro de Adonais», que, efectivamente, trajo a la poesía española de los años cuarenta un tono cálido, original y sugestivo que ya nada tenía que ver con el neorrenacentismo imperante. Una primera etapa, que comprende desde Poemas del toro hasta Canción sobre el asfalto (1954), con cuatro libros, donde predomina el valor emblemático del toro, de la entrega original de 1943 («y así mi corazón, igual que el toro, / desborda su pasión huracanada / hecho dolor bravísimo y sonoro»), la configuración de un universo propio de recuerdos en continua elegía, de la segunda muestra, El corazón y la tierra, de 1946 («de todo lo que eras ya no me queda nada. / Yo habitaba tu luz y ahora habito tu noche»), el retablo del dolor humano en personas-símbolos, de la tercera, Los desterrados, de 1947 («como harapos ardientes y violentos / esparcen sus delirios y su anhelo») y la helada sombra dolorida de la ciudad y sus habitantes, de la cuarta y última antes citada, Canción sobre el asfalto («donde alentará la gozosa vida, / no alentará ni el más pequeño ruido»). Es importante reseñar que, desde la anterior de 1967 a la actual recopilación completa de 1999, el autor ha suprimido siete textos en el segundo poemario, tres en el tercero y dos en el cuarto. Algunos de estos textos expresan un gran dramatismo (por ejemplo, «Los enfermos», «Los ateos») o sentimentalismo (por ejemplo, «Caricia»,«Poema del cuerpo amante»). La nota preliminar a la Obra poética completa, sin embargo, aclara: «Considero definitiva la presente edición de mi poesía. Todo lo que no figure en ella queda descartado».

Siguió a esta primera obra de Morales El corazón y la tierra (1946), libro donde se halla su famoso soneto «A un esqueleto de muchacha», con el que continúa la línea donde lo humilde, lo derrotado y lo feo alcanzan un sugestivo valor poético. Esta corriente se halla aún más intensificada en el libro siguiente, Los desterrados (1947). Con Canción sobre el asfalto (1954), que obtuvo el Premio Nacional de Literatura, la intensificación del citado proceso culmina en poemas al cemento, a una chaqueta, a los zapatos, al cubo de la basura, etc.

La segunda fase de su lírica se inicia en 1962, con La máscara y los dientes, y se completa con La rueda y el viento (1971). Estos dos libros constituyen una intensificación del mundo inicial, son dos extensos poemas polimétricos sobre la condición humana; con la acción tratada líricamente (lirodrama) y la indagación de los sueños cotidianos del paraíso del mundo que le rodea: «Una mano que empuja ilusionada, / avanzada de un Hombre hacia la vida». La realidad más simple (calle, escalera, puerta, tranvía, oficina) descifra sus misterios ante la verdad desnuda del dolor, de la tristeza, de la muerte, sobre los caminos de la tierra: «Y va el hombre encontrando hora tras hora / su profundo vacío, su secreto, / porque el tiempo desnuda copa a copa / el triste carnaval del pensamiento».

Un tercer y último ciclo une también dos muestras, Prado de serpientes (1982) y Entre tantos adioses (1993), con el ejercicio de reflexión sobre la aristada materia de la vida, con un verdadero espacio de metaliteratura («voy dejando mi vida / sobre el breve refugio del papel sorprendido») y el canto a la memoria frente a la melancolía (paso del tiempo). Destaca la presencia luminosa en homenaje de poetas y amigos (Aleixandre, Diego, Blas de Otero, etcétera), contrapunto de reunión de vidas y amistad creativa.

Por último, una breve serie de poemas inéditos inspirados en la palabra considerada en la vida y en la poesía completa el magistral panorama de la obra poética de Morales.

Entorno a la poesía de Rafael Morales

A través de un lenguaje puro y clásico, donde cada palabra tiene un lugar reservado, Rafael Morales indaga sobre todos los rincones de la emoción humana.

La orientación de su obra poética apunta hacia una acusación de la injusticia, pero dejando un respiro a la rebeldía, revestida de cierta melancolía.

De sus versos, se descubre una admiración por lo sencillo y por lo desarmado de los seres y las criaturas. Busca esos entresijos humano, palpitantes y cálidos que le sirven para cargar sus palabras con algo de ternura hacia cosas y seres que se sienten desprovistas de valor o de apoyo.

Este poeta de importante conciencia histórica apoya con su voz todo aquello que pone en marcha la emoción. Morales forma parte de un prototipo histórico o testimonial.

Podemos observar tras la lectura de algunos de sus poemas, una musicalidad y fluidez que acompañan a una rima sin esfuerzo, pero sobretodo destaca su simplicidad, lo que produce una sensación de estar en plena conversación con el poeta; lo que también alcanza por medio de imágenes y metáforas.

Para Rafael Morales la poesía es ante todo la belleza expresiva, la humildad y la sencillez. La mayoría de sus temas son todos atributos humanos, porque el hombre es lo que importa, porque, en definitiva, es lo que permanece, lo que triunfa, lo que muere, lo único que es capaz de poder definir la esperanza. Para él, es fundamental que cualquier hombre pueda clamar por su libertad y por su existencia.

LA ESCALERA

El viejo mármol frío que aquí yace en peldaños

desgastados y tristes que una mano abrillanta,

con su sueño humillado por zapatos y años,

hacia el pie fugitivo su presencia levanta,

levanta su fracaso, sus grietas, sus remotas

ilusiones de estatua, de estudios y cinceles

y se entrega al desprecio de las sonoras botas

en láminas salientes, pesarosas y fieles.

Esto pudo ser seno de albísima hermosura,

pudo tener de Venus las formas sensuales,

erguirse en un Apolo de fulgida estatura

o hacerse tierno y dulce con formas maternales.

Pero el mármol humilla su nevada belleza

peldaño tras peldaño, pisada tras pisada,

aunque quizás en eso resida su grandeza,

su más alto triunfo, su estatua más alzada.

Y ya el Hombre desciende y se apresura,

hacia la calle marcha, y a la aventura

del pan de cada día que buscamos

como lobos hambrientos en la oscura

cerrazón de la noche que habitamos.

Análisis del poema Métrica

El viejo mármol frío que aquí yace en peldaños A

desgastados y tristes que una mano abrillanta, B

con su sueño humillado por zapatos y años, A

hacia el pie fugitivo su presencia levanta, B

levanta su fracaso, sus grietas, sus remotas C

ilusiones de estatua, de estudios y cinceles D

y se entrega al desprecio de las sonoras botas C

en láminas salientes, pesarosas y fieles. D

Esto pudo ser seno de albísima hermosura, E

Pudo tener de Venus las formas sensuales, F

erguirse en un Apolo de fulgida estatura E

o hacerse tierno y dulce con formas maternales. F

Pero el mármol humilla su nevada belleza G

peldaño tras peldaño, pisada tras pisada, H

aunque quizás en eso resida su grandeza, G

su más alto triunfo, su estatua más alzada. H

Y ya el Hombre desciende y se apresura, E

hacia la calle marcha, y a la aventura E

del pan de cada día que buscamos J

como lobos hambrientos en la oscura E

cerrazón de la noche que habitamos. J

Dentro de la lírica contemporánea, Rafael Morales escribe este soneto de rima consonante, dentro de su obra "La Máscara y los Dientes" (1962), correspondiendo a la primera parte, que junto a los poemas La Puerta y Como piedra en el viento, forman el segundo conjunto de cinco partes que componen este primer cuadro de la obra.

Se trata de un soneto de arte mayor, cuya estructura no es fortuita, sino que se justifica a través del contenido de las palabras que lo sustenta.

En la primera estrofa, el hombre que mira, se halla ante la escalera, desde la parte superior, y se detiene a observarla, destacando su inmovilidad y el paso de los años. "con su sueño humillado por zapatos y años, inquietudes de entaño se han ido difuminando, y lo que se planeó en un primer momento de juventud, se percibe lejano y cambiado, respecto a las circunstancias del momento presente.

Esta idea es desarrollada en la segunda estrofa, donde el que mira desde arriba de la escalera, a comenzado a bajar algunos peldaños. Son destacables, en el sentido de la caracterización del objeto como símbolo( la escalera), los adjetivos que aparecen, cargados de atributos pesados >(laminas salientes, pesarosas y fieles).

La tercera estrofa vislumbra cierta melancolía y nostalgia de lo que pudo ser y no fue; pero ya, en la siguiente estrofa, el poeta deja sus ensoñaciones y vuelve a la realidad que pisa, que parece algo más desilusionada, quizá más cruda, pero que no tiene porqué ser del todo negativa, puesto que este autor, casi siempre encuentra vestigios de alegría aún en lo más humillante.

Sin embargo, en la quinta y última estrofa, el hombre que ha ido descendiendo la escalera durante los 16 versos anteriores, pisa en firme los últimos peldaños, llegando al final del trayecto; es ahí donde el hombre se ha hecho Hombre y mira con esperanza y fuerza hacia la dureza de la calle, con un paso dirigido hacia su objetivo: la dignidad humana, que el poeta mantiene con su voz de rebeldía.

La temática externa de La Escalera se podría asociar a la obra teatral de Antonio Buero Vallejo, donde parece que también la escalera es un pretexto simbólico; con el fin de mostrar cómo tras el paso del tiempo, el objeto central (la escalera) apenas se ve afectada, mientras que lo fundamental resulta ser el hombre, siempre el mismo y siempre distinto.

LA POESÍA SOCIAL Y RAFAEL MORALES

En Febrero de 1965 este poeta se consagró como libre y entero, manifestando que sí se consideraba un poeta social, puesto que sus versos alzaban la voz hacia la verdad, la libertad, el amor y la justicia.

Rafael Morales quiere a la poesía social como un tipo de poesía proyectada más allá de sí mismo y de la pura belleza, libre, viva en lo eterno del hombre a la vez que en lo inmediato, siempre salvándose de su enemigo el utilitarismo.

Para él, la clave de este tipo de poesía reside en lo humano y lo solidario, sin que los poemas acaben por ser discurso políticos; y para que no caiga en política ni abrace al capitalismo, que abusa del hombre, inspira sus poesías en la fuerza del amor a los objetos más sencillos y olvidados, pero sobretodo, inspirado en el amor a los humillados, a las víctimas del desprecio, de la indiferencia o del egoísmo.

También, de la poesía social le llama la atención su grito de rebeldía ante la injusticia, la mentira y la falta de amor. Reveindica que este tipo de poesía ha de estar ante todo humanamente limpia. Es por toda esta serie de principios, que Rafael Morales se considera así mismo integrante de este tipo de poesía, y es así mismo, por lo que los estudiosos de su obra también le enmarcamos como tal.

Bibliografía consultada:

  • De Luís, Leopoldo: Poesía Social Española Contemporánea, Antología (1939-1968), (edic de Fany Rubio y Jorge Urrutia); Madrid: Biblioteca Nueva, 1998.

  • Manrique de Lara, J.G: Poetas Sociales Españoles;

Espesa, 1974. Pp 107/115.

  • Guillén Acosta, Carmelo: Poesía Española 1935-2000; Biblioteca de Aula, 2000.

- Páginas en Internet:

Lirodrama> neologismo que pretende destacar que lo primordial no es la trama, sino la acción,tratada siempre líricamente, que llegue a ser reflejo y símbolo, radiografía de algunos aspectos de la humanidad.

Reseña tras la lectura de " Un Humanismo estético:Rafael Morales" de J.G. Manrique de Lara.

Buero Vallejo, Antonio: Historia de una escalera; Madrid: Colección Austral (Espasa-Calpe)1997.

En internet sólo han sido consultadas referencias biográficas del autor.