La Eneida; Virgilio

Literatura universal clásica. Escritores romanos. Lírica latina. Poema épico. Mitología. Eneas. Contexto histórico. Argumento. Lengua y estilo. Estructura. Biografía

  • Enviado por: Gonzalo Flores
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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INTRODUCCIÓN GENERAL: TIEMPO Y VIDA DE VIRGILIO

Al estudiar la obra de un autor es costumbre empezar explicando las “fuentes” de la obra. Entre esas fuentes, las más evidentes son la época en que el autor vive, la propia vida del autor y la obra.

“…la obra de arte es un mundo con sus propias leyes, que hay que investigar en el seno de la obra misma”.

Por tanto, la obra de Virgilio no se identifica ni se explica como fruto de las circunstancias políticas, económicas, sociales, espirituales o religiosas entre las que emergió. Tampoco como producto de la obra y psicología de su autor. Y es que la verdadera definición de una obra de arte, en este caso la Eneida, reside en sus elementos intrínsecos; porque una obra de arte no es sino una estructura lingüística singular que actualiza con un fin estético una entre las ilimitadas posibilidades de sistema lingüístico.

El tiempo de Virgilio

Virgilio vivió en una época de guerras, armas brutalidad y opresión. En estos momentos se estaba cerrando la primera parte de la Historia grecorromana, de la Historia de Occidente. Grecia había transmitido su sabiduría y el testimonio de su fe en la razón y en la libertad humana, pero el mundo antiguo no había logrado una organización de la vida a la medida de las conquistas del pensamiento filosófico y de la realidad político-militar. Todos sabían que estaba muriendo un mundo viejo y presentían la llegada de uno nuevo, pero el proceso se desarrolla en medio de una espantosa y larguísima agonía.

Esquema generacional en que se desarrolla la vida y obra de Virgilio:

90 a.C. La guerra social

88-82 a.C. El régimen de Mario

82-78 a.C. La dictadura de Sila

70 a.C. Consulado de Pompeyo y Craso. Nacimiento de Virgilio

63 a.C. Consulado de Cicerón y conspiración Catilina.

53 a.C. Batalla de Carras. Los Partos se apoderan de las enseñas romanas

48 a.C. Batalla de Farsalia

48-44 a.C. Dictadura y asesinato de César

42 a.C. Batalla de Philippos

38 a.C. Aparición de las Eglogas

31 a.C. Batalla de Actium

29 a.C. Aparición de las Geórgicas

27 a.C. Octavio toma el título de Augusto

25 a.C. Propercio publica su colección lírica Cynthia

23 a.C. Aparición de los tres primeros libros de Odas de Horacio

20 a.C. Los partos devuelven los estándares de la batalla de Carras

19 a.C. Muerte de Virgilio. Horacio publica su primer libro de Epístolas

8 a.C. Muerte de Horacio

14 d.C. Muerte de Augusto

“... en este año 30 a.C. el mundo respiraba después de un largo período de angustia. Toda la juventud de Virgilio se había pasado en medio de guerras civiles y el estruendo de las armas. Hacía ocho años que Catilina se había hecho matar heroicamente en Pistoia a la cabeza de los campesinos de Etruria, que había puesto en pie contra Roma. A los veintiún años, Virgilio había visto a César cruzar el Rubicón y desencadenarse en guerra feroz: guerra de la que el Estado Romano, la sociedad romana, el mundo sometido a Roma salieron al cabo de cinco años, profundamente transformados. Pero esto no era aún el fin de la gestación dolorosa de la que debía salir un orden nuevo: después del asesinato de César, las guerras civiles volvieron a empezar y todo volvió a caer en el caos. Por un instante, durante el otoño del año 40, a la hora de la paz de Brindis, se había creído que las guerras civiles estaban terminadas, que una era de paz y de prosperidad se iba a abrir; y Virgilio había hecho una convocatoria a las esperanzas de los hombres al escribir la égloga IV. Pero la calma duró poco. Sexto Pompeyo era el dueño del mar y amenazaba con doblegar por hambre a Italia. Virgilio, mientras se preparaba para escribir las Geórgicas, podía seguir, desde lo alto de las rocas de Cumas la batalla que Octavio libraba contra la flota de Sexto Pompeyo; o podía ver, en la misma bahía de Nápoles, entrenarse a los marinos de Agripa.” (L.A. Constans: “La Eneida de Virgilio”).

“ Al acercarse a Virgilio, tenemos que percatarnos no sólo de que era un soberano artista, sino de que él se presenta en una muy especial relación con el significado total de una época que fue uno de los ejes fundamentales de la historia. Fue entonces cuando se creó la organización política y civil bajo la cual el mundo europeo vivió durante más de un millar de años y sobre cuyos subsiguientes desarrollos principalmente se han establecido sus cimientos” (J. W. Mackail, “The Aeneid”).

La vida de Virgilio

“La causa más inmediata de una obra de arte es su autor; por tanto, parece a primera vista que, si conocemos bien la biografía, tendremos mucho andado en el conocimiento de la obra”.

La biografía de Virgilio está en una situación privilegiada en comparación con la de la mayoría de los escritores antiguos. Virgilio fue uno de esos pocos artistas que gozaron en vida de la admiración de sus contemporáneos; más aún, todo el mundo vio en él al genio de la poesía, al elegido de las Musas, al Homero romano.

La primera edición de la Eneida, que fue póstuma, llevada a cabo por sus amigos Vario y Tucca siguiendo órdenes de Augusto, tenía al frente la biografía del poeta, redactada por Vario. Es seguro que numerosas biografías, leyendas y anécdotas reales, como para ser conocidas por los que le conocieron, recorrieron toda Italia y entraron en las escuelas de Retórica junto a sus obras. Pero casi nada nos queda de todos esos testimonios contemporáneos. Las vidas de Virgilio que poseemos datan del siglo IV, tiempo ya más que suficiente para que la leyenda operase sobre este poeta legendario en vida, pero insuficiente para que su verdadera biografía quedase sumida en el olvido o eclipsada tras la leyenda.

Nació en una aldea cercana a Padua en el año 70 a. de J.C. y perteneció a una familia de clase media. Virgilio no era romano sino italiano, de la ribera del Po, y que, por elección propia pasó gran parte de su vida en la ribera del golfo de Nápoles; por este motivo algunos estudiosos del poeta señalan que en su persona, como en su obra, se realiza la unidad de Italia. Fue educado en Cremona y Mediolanum (Milán), estudiando con posterioridad filosofía y retórica en Roma. Murió en Brindis, el 19 a. de J.C., al regreso de un viaje a Grecia que había realizado para conocer "in situ" los lugares en los que se desarrollaba la Eneida. Fue llevado a Nápoles y enterrado en las afueras de esta ciudad.

Vivió una época de profunda crisis en el mundo romano y asistió a los cambios que supuso el gobierno de Augusto, colaborando activamente y de buen grado en ellos. Aunque era persona de carácter tímido y poco comunicativo, sin embargo estaba muy relacionado con los grupos cercanos a Augusto y con el propio emperador; se sabe que, habiéndose visto afectadas sus tierras familiares por las expropiaciones llevadas a cabo por Augusto para asentar a los veteranos de las guerras contra los asesinos de césar, les fueron devueltas o cambiadas por otras gracias a la intervención de Galo y Asinio Polión. Perteneció en un primer momento al “circulo de Polión”, trasladándose después al de Mecenas, el gran amigo de Augusto y protector de artistas que colaboró con él en el intento de renovación de las costumbres y tradiciones romanas antiguas. Virgilio, profundamente identificado con los proyectos de Augusto, es el máximo representante de una poesía al servicio de los valores tradicionales de patriotismo y religiosidad que propugnaba el emperador. Aunque Virgilio es conocido gracias a la Eneida, ésta es su última obra. En su juventud estuvo relacionado con el grupo de poetas conocidos como neotéricos y publicó una serie de poemas de gusto alejandrino recogidos en una libro titulado Appendix Vergiliana. Entre los años 42 y el 39 a. de C. escribe la Bucólicas, que son la primera manifestación de la poesía augústea. Son diez composiciones de tema pastoril. Desde le 36 al 29 a. de C. trabajó Virgilio en las Geórgicas. Con este poema pretende apoyar la política de Augusto tendente a restablecer, una vez acabadas las guerras civiles, los modos de vida vinculados a la labor agrícola y a la vida campesina; su intención es proponer como ideal la vida en armonía con la naturaleza, que proporciona paz y contento, aunque no esté exenta de dureza y contratiempos.

Virgilio fue un poeta admirado y reconocido ya en vida; son muchas las anécdotas sobre las manifestaciones espontáneas de cariño y reconocimiento que provocaba su presencia en lugares públicos; gozó de un reconocimiento importante en todas las épocas, y es uno de los autores más influyentes en todos los momentos de la civilización occidental. Su fama se basó en un primer momento en su carácter de poeta épico que había puesto de manifiesto la grandeza de Roma, pero su enorme importancia y su influencia posterior se debe a la perfección técnica de sus versos así como a su profunda humanidad y amor a la naturaleza.

Lengua y estilo de la Eneida.

Desde el punto de vista de la evolución del género épico, la Eneida se distancia de todos los poemas anteriores: por primera vez en un poema épico se insertan en la narración recursos y tonos literarios dramáticos y líricos. El estilo de la Eneida es nuevo; Virgilio varia el tono del poema según los momentos y alterna con gran naturalidad la solemnidad épica con el lirismo más puro y con momentos de fuerte dramatismo. Probablemente no alcanza la grandeza de Homero, pero construye una obra de gran humanidad; este es el rasgo más característico de Virgilio: el poeta canta al hombre que sufre para obedecer su destino y no al guerrero que combate. En este carácter lírico de la Eneida, que tan bien se adecua al propio carácter del poeta, se observa la influencia del “epilio” alejandrino. Aunque Virgilio imita a Homero y se inspira en él, su concepción de la poesía es ya muy distinta. Homero es el representante paradigmático de una épica primitiva, pensada para ser recitada generalmente con acompañamiento musical; su intención era exclusivamente cautivar y entretener. Virgilio, por su parte, es un poeta erudito: su obra es producto de un intenso estudio de la fuentes y de los modelos tanto griegos como latinos.

Uno de los aspectos más criticados del poema virgiliano es el tratamiento de los personajes, en concreto el de Eneas. Se acusa a Virgilio de crear un personaje excesivamente frío, atento solamente a la voluntad de los dioses y con poca vida. El rasgo más característico de Eneas es la "pietas" y es más un héroe humano que un héroe guerrero como los homéricos. El segundo personaje en importancia es Dido, cuyos amores con Eneas son el centro del libro IV; este personaje está tomado de la tradición épica latina: Nevio ya la había introducido en su poema. Virgilio nos la presenta como una víctima de los dioses. La figura de Dido desmiente a quienes consideran que Virgilio era demasiado blando como para crear caracteres fuertes; es Dido, quizá la figura más lograda de la Eneida y está llena de fuerza y pasión humana.

La Eneida es una obra de extraordinaria perfección estilística y métrica, aunque su autor pidió en su testamento que se destruyera por considerarla inacabada. A pesar de los deseos del poeta, Augusto dio orden de que se publicara sin añadir nada, por ese motivo encontramos versos incompletos. Virgilio es el creador de un lenguaje poético clásico de extraordinaria perfección formal. Su estilo se caracteriza por la ya comentada variedad de tonos y por la cuidada selección de términos: alterna la utilización de neologismos (términos nuevos) y de arcaísmos que dan solemnidad al texto. Logró además una perfecta adaptación del hexámetro a la lengua latina.

Contenido

E1 poema se desarrolla desde la caída de Troya hasta la ocupación y pacificación de Italia. La primera parte de la acción del poe­ma es presentada en forma retrospectiva, bajo la forma de narración hecha por Eneas ante Dido. El procedimiento, que está adoptado de la Odisea, le permite a Virgilio comenzar la acción con el episodio emocionante de la tormenta que arroja a los troyanos desde Sicilia a las costas de Cartago, adonde llegan cuando se está fundando la nueva ciudad. Es de un gran simbolismo, sin duda intencionado, este encuentro de los destinos de Roma y Cartago, con un desenlace trágico en el suicidio de Dido, en el momento mismo en que la historia de ambos Estados se inicia. El episodio de la tormenta ocupa el libro I, que termina con el banquete que la reina ofrece a Eneas y a los suyos y los comienzos de la pasión de Dido.

El libro II está ocupado con la historia del último día y noche de Troya; pero está narrado en primera persona por un testigo y actor prin­cipal del desastre, el propio Eneas, lo que confiere a la narración una tensión dramática intensísima.

El libro III se ocupa de las aventuras que los troyanos padecen en bus­ca de su nueva patria desde que escapan de Troya hasta su llegada a Cartago. Es Eneas mismo el que sigue contando las peripecias, como Uli­ses en la Odisea (IX-XII). El libro es por su estructura endeble y no es du­doso que Virgilio lo tenía destinado a una seria revisión. Sin embargo, tie­ne un alto valor simbólico, las peri­pecias de Eneas en busca de su destino por voluntad de los dioses son las etapas de una progresiva revelación de ese destino en las que el héroe se madura. De todas formas el libro III, situado entre el segundo, de una in­tensidad dramática poderosa, y el cuarto, de una intensidad emocional nunca superada ni en la poesía antigua ni en la moderna, necesariamente tenía que representar un momento de distensión psíquica en el que la sol­tura narrativa campeara como alivio para el espíritu.

El libro IV, en el que se narra la historia de la pasión de Dido y su trágico desenlace, ha sido considerado siempre como la pieza maestra de la Eneida con toda justicia: en él se funden la simpatía humana, la pasión abrasadora y el más trascendente simbolismo; sin embargo, esta perfec­ción del libro lo es considerando solamente los aspectos humanos antes dichos, pero no el conjunto del poema, del que es tan sólo un episodio, pues la Eneida converge unitaria hacia la segunda parte, desde el li­bro VII; la grandeza épica de la obra está desplazada, como es natural, hacia su segunda parte, y el libro IV no tiene majestad épica, aunque la tenga trágica.

El libro V nos vuelve a situar en Sicilia, después de la segunda huida de Eneas y los suyos de Cartago: es huida, en tanto en cuanto el destino de Troya corrió el riesgo de quebrarse en los brazos de Dido. Gran parte del libro lo ocupan los funerales en el aniversario de la muerte de Anchises, el padre de Eneas. El proceso de maduración de Eneas, que es ya el héroe nuevo con todo su sentido de la responsabilidad, se consuma humanamente.

En el libro VI Eneas, humanamente maduro, va a recibir la visión di­recta de su destino: el pasado y el futuro van a entregársele en el mundo de las almas. Eneas, guiado por la Sibila y con el pasaporte de la rama de oro, desciende por la gruta del Averno a la región de los muertos. Cruza el Río del Olvido, luego los Campos del Llanto, en donde están aquellos que no colmaron su destino en la vida, entre ellos Dido, que responde a Eneas con un abrumador silencio; luego llegan al Tártaro, donde Eneas no entra pero conoce por la Sibila los castigos a los malvados; por último, la ter­cera región, la de los bienaventurados, los Campos Elíseos, donde el espí­ritu de su padre lo recibe, le explica el ciclo del destino y la doctrina de la inmortalidad y le presenta las almas da los que van a ir a la vida terrena, desarrollando ante sus ojos toda la Historia de Roma con sus figuras he­roicas y culminantes y, como epílogo, la visión del imperio universal. A partir de aquí comienza el tema fundamental de la Eneida: la conquista, pacificación y establecimiento en Italia. Todo lo anterior es preparación: Eneas y los suyos han encontrado firmemente su destino y, sobre todo, a través de las anteriores peripecias, se han hecho dignos de él y capaces de realizarlo; su destino no les ha venido de fuera, sino que se identifica con un proceso interior y libre.

El libro VII comienza la segunda parte de la Eneida, que Virgilio abre con toda solemnidad con una invocación a la Musa y con una afirmación rotunda de que es ahora cuando para él “empieza una serie de aconteci­mientos más grandiosos, una obra de más envergadura”. Nos describe la desembocadura del Tiber, las negociaciones con el rey Latino, la interferen­cia de Juno, y la guerra. Y termina con el pintoresco y grandioso desfile de los ejércitos de los diversos pueblos itálicos.

El libro VIII lo ocupa la embajada a Evandro en el pequeño territorio donde se asentará la futura Roma, la alianza establecida con él y la preparación para la guerra que va a ser inevitable. Venus solicita la ayuda de Vulcano, quien prepara armas para Eneas, y posteriormente se presenta ante él para entregárselas. En este capítulo es importante la descripción del escudo de Eneas.

El libro IX describe el ataque de los itálicos, capitaneados por Turno, contra el campamento troyano establecido en Ostia, y el episodio de Niso y Eurialo, que resultan muertos al tratar de romper el cerco para avisar a su rey de lo mal que se encuentra el campo troyano con la correspondiente caída en la moral de los troyanos que aprovecha Turno en su ataque.

En el libro X Eneas llega, aliado a los etruscos, bor­deando la costa, en ayuda de los suyos, resolviéndose la batalla en una gran victoria para los troyanos. Muero Palante a manos de Turno y Eneas venga su muerte dando fin a Lauso (hijo de Mecencio) y posteriormente al propio Mecencio en un duelo.

El libro XI se desarrolla entre rápidos y variados incidentes, destacándose por su belleza el episodio de la virgen guerrera Camila, que muere en el combate contra Arrunte. El ejército latino se dispersa y tiene que ir Turno para solucionarlo. Su llegada al campo de batalla es junto con la de Eneas y ambos esperan a la mañana siguiente.

El libro XII es el cierre per­fecto de la Eneida. Se concierta una paz y un combate individual entre Eneas y Turno. Pero la paz se rompe ya que la hermana de Turno hace que Tolumnio dispare sus dardos contra los troyanos. La obra termina con el combate de Eneas (herido y curado milagrosamente con unas hierbas) y Turno. Muere éste a manos de Eneas. El destino se ha consumado.

Estructura

La Eneida presenta un plan bipartito formal e intencional­mente. Formalmente, porque el poema, que, como toda obra de arte, es el último de una serie, tiene como fondo la Odisea y la Ilíada de Homero: la primera parte del poema, libros I-VI, hacen eco formal a la Odisea, y la segunda parte, libros VII-XII, se lo hacen a la Ilíada. Se trata de una pauta formal, no de un guión: Virgilio luego crea sobre esa base tradicional libremente e imita pasajes y expresiones sin sujeción a nin­gún esquema servil. Sólo en este sentido y con esta reserva fundamental se puede aceptar esta deficiente y muy tradicional apreciación estruc­tural de una obra tan compleja como la Eneida.

A su vez, la primera mitad del poema se desarrolla fuera de Italia y son sus motivos las leyendas extraitálicas de los orígenes troyanos de Roma; la segunda mitad se desarrolla en el suelo de Italia y no es dudosa la idea­lización del presente de Roma mediante su proyección sobre un remoto pasado en el umbral de la historia romana.

En otro orden de cosas este plan aparece sutilmente como una inten­ción de una parte está Roma, como realidad histórica, como presente de Virgilio; de otra, la leyenda protohistórica: exaltar ese presente por su inserción en un pasado glorioso es, sin duda, el problema que Virgilio se propuso resolver. Unir un episodio contemporáneo con un fragmento de leyenda era un procedimiento épico de larga tradición. Pero la dificultad consistía en la reducción a unidad de las dos piezas, y en esa di­ficultad naufragaron todos los intentos romanos anteriores y posteriores a Virgilio. “El milagro de la Eneida es que aporta una solución a este pro­blema insoluble y sin desdeñar los datos: exaltación de la obra de Augus­to, narración legendaria, evocación de los caracteres más sobresalientes de la historia romana; pero en lugar de tratar estos motivos yuxtapuestos, Virgilio a lo largo de su poema los ha tratado simultáneamente”. ¿Cómo la historia pasada y presente de Roma pueden ser evocadas a tra­vés de una acción legendaria?. Gracias al poder sugestivo de un sutil sim­bolismo. Pero si la Eneida puede ser aceptada en conjunto como un tra­sunto simbólico de la imagen virgiliana de Roma, la interpretación simbó­lica concreta de cada pasaje no puede ser aceptada si no es con grandes reservas y precauciones.

Pero es en cuanto creación literaria, en cuanto mundo de arte organi­zado lingüísticamente con leyes propias, como el plan bipartito de la Eneida se hace manifiesto. Y es bajo este aspecto como hay que entender la ex­plícita declaración de Virgilio, que ha proporcionado no pocos dolores de cabeza a la crítica en todos los sentidos.

La Eneida consta de 9.896 versos. Pero la primera parte es sensible­mente igual a la segunda (unos cuatrocientos menos).

A la luz de las “Caracterizaciones estilísticas” este problema adquiere nueva perspectiva: la primera parte de la Eneida está dedicada a la emergencia de la nueva personalidad de Eneas desde el mo­mento mismo de sus génesis en el libro II a lo largo de su proceso de ma­duración. En esa primera parte el libro II es el capital en el sentido gené­tico: en él nace Eneas, consumándose el despegue de su pasado “his­tórico”. El libro IV es el de la gran prueba de Eneas, en la que está a punto de su­cumbir ante la seducción de la belleza, del amor, de todo lo que sujeta al hombre a la tierra y a la Historia. Su nueva personalidad ha emergido dolorosamente a través de crueles experiencias y renuncias a lo largo de los cuatro primeros libros, y, ya depurada en esa vía purgativa, en el libro VI, entra en la vía unitiva con la visión directa de su “ser”, del cen­tro de su personalidad total, con la experiencia directa del arquetipo roma­no que va a encarnar y con la revelación de su propio destino. Del libro VI , sale el Eneas arquetipo, que incorpora el ideal romano. Por eso la primera parte en su conjunto es “más humana” los momentos “más humanos” están en los libros I-IV y el más humano de todos, el IV, es el logro poético más emotivo en el sentido trágico, no el más grandioso en el épico. En conjunto, las grandes escenas épicas se dan en la segunda parte; esta segunda parte es más espectacular y, en cuanto a espectáculo, más grandiosa. La primera parte es un exponente del poderío trágico - lírico de un poeta que vive en su arte los misterios de la psicología humana; la segunda parte lo es de la fantasía de un poderoso juglar capaz de transmitir el grandioso espectáculo de un arquetipo en acción.

OPINIÓN PERSONAL

La Eneida es un libro interesante pero “duro” de leer. El argumento es sumamente interesante pero debido al lenguaje que utiliza y la manera de redactar los hechos, en ocasiones, es muy difícil lograr comprenderlo, por lo que hay que recurrir a una nueva lectura del mismo; lo que llega a ser exasperante.

A mi opinión, la Eneida, es un libro que tiene un gran trasfondo difícilmente comprensible para un estudiante de Empresariales que no está familiarizado con los textos clásicos, por lo que en mi caso he tenido que recurrir a diversas obras de consulta para lograr sacar un mayor provecho a la obra y aún así considero que me han quedado muchas cosas sin descubrir.

Considero que para este tipo de lecturas hay que tener una gran base en cuanto a mitología y una experiencia previa en otros títulos del genero más comprensibles, que en mi caso reconozco es nulo.

No obstante considero la experiencia ampliamente positiva y tanto el objetivo del curso, como el de este trabajo lo considero alcanzado al haber obtenido un primer acercamiento a la cultura clásica que a mi parecer, de eso se trataba.

BIBLIOGRAFÍA

  • La Eneida, Virgilio, Clásicos de Grecia y Roma, Alianza Editorial, 1.999.

  • Figuras y situaciones de la Eneida. V.E. Hernández Vista. Editorial G. Del Toro, 1.969.

  • Enciclopedia Universal, Salvat.

  • Literatura Universal II . Argos, Enciclopedia temática, 1.970

  • http//members.es.tripod.de.htm