La Eneida; Virgilio

Las Furias. Etimología. Número. Morada. Representación. Misión. Tratamiento de Alecto

  • Enviado por: SANTIAGO SIMON CABODEVILLA
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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1.INTRODUCCIÓN.

A lo largo de La Eneida podemos observar la presencia de ciertas agresiones o dificultades que debe superar nuestro héroe Eneas para cumplir la dolorosa y siempre aplazada misión de llegar a la tierra Itálica y fundar allí la nueva ciudad. Venus es la deidad que se va a encargar durante todo el viaje de la protección de los troyanos mientras que será la vengativa esposa de Júpiter, Juno quien durante esos largos siete años sembrará el odio y el mal con su enemistad La Eneida es, pues el poema en que se canta el conflicto entre las dos diosas. Las furias, llamadas por Juno, suben a la tierra dispuestas a hacer el mal y provocar la ira de ciertos personajes clave que acabarán, turbados, causando la final batalla. Forman parte de este grupo denominado "agresores", que demoran el cumplimiento de la misión.

Las Furias son uno de los personajes que, desconocidos por el gran público, desempeñan un papel fundamental en la obra cumbre de Virgilio, como es el desencadenamiento trágico de la cruenta guerra y el desenlace final entre Eneas y Turno. Es precisamente por este motivo por el que he elegido este tema y de igual forma para demostrar la importancia que han tenido Las Furias en la literatura clásica en general.

2. ¿QUIÉNES SON LAS FURIAS?

Nombre:

Son llamadas Erinias o Euménides por los griegos. Significa "las bondadosas"," benévolas" o " bien pensantes", sobrenombre destinado a adularlas y, por consiguiente, a soslayar su temible cólera en caso de llamarlas con un nombre odioso. Los romanos las llaman Furias.

Origen:

Son hijas de Gea. Nacieron de las gotas de sangre con las que se impregnó la tierra cuando Urano fue castrado por su hijo Crono. Por lo tanto pertenece a las divinidades más antiguas del panteón helénico. Son fuerzas primitivas que no reconocen la autoridad de los dioses de la generación joven. Son análogas a las Parcas o Destinos, que no tienen más ley que ellas mismas, y a las cuales debe obedecer hasta el propio Zeus.

Número:

Al principio su número es indeterminado pero más tarde se va precisando al igual que sus nombres. Generalmente son tres: Alecto (la turbación), Tisífone (la vindicadora o vengadora) y Megera (el odio). Plutarco sin embargo, solo nombra a una, Adrastia, personificación del remordimiento y del castigo divino.

Morada:

Habitan en la Tiniebla de los infiernos, el Érebo, que abandonan una vez al mes para subir a la tierra para castigar a los perjuros y a los asesinos, en especial a los culpables de delitos contra familiares y amigos.

Virgilio sin embargo sitúa la morada de Alecto en Italia, al pie de unos montes. El lugar es conocido como "Valles de Ampsancto"(libro VII, 563):

"(...) Un célebre lugar hay en el medio

de Italia, al pie de ciertos altos montes,

cuya gran fama vuela por mil reinos

su antiguo nombre: valles de Ampsancto"

"(...) Aquí se muestra cierta cueva horrenda,

del infernal Plutón respiradero,

donde una sima de espantosa anchura

descubre una pestífera garganta

que muestra la negra agua de Aqueronte.

Sumida por allí la odiosa Alecto

alegró Tierra y Cielo con su ausencia".

Representación:

Suelen aparecer representadas de dos formas diferentes. O bien son genios alados con serpientes en sus cabelleras y llevando látigos o antorchas, o aparecen vestidas de gris, las carnes negras, ladrando como perros y mugiendo como bueyes. Estas últimas también llevaban serpientes en la cabeza que es el símbolo que generalmente las identifica. Cuando se apoderan de una víctima, la enloquecen y la torturan de mil maneras. A menudo son comparadas con perras que atormentan y persiguen a los humanos.

Misión:

A partir de los poemas homéricos su misión esencial es la venganza del crimen. Castigan de modo especial las faltas contra la familia y amigos. Podemos decir por ejemplo que ellas son las causantes de las desgracias de la familia de Agamenón a consecuencia del sacrificio de Ifigenia. También son ellas las que impulsan a Clitemestra a matar a su esposo, castigándola luego por mano de su hijo, Orestes que culpable de haber matado a su madre, fue perseguido hasta la locura. Desempeñan a sí mismo un papel similar en la maldición que pesa sobre Edipo.

Aparecen de igual modo como protectoras del orden social ya que castigan todos los delitos susceptibles de turbarlo, castigan el exceso (Hybris) que hace olvidar al hombre su condición de mortal. Prohiben a los profetas y/o adivinos revelar con excesiva precisión el futuro ya que de este modo liberan a los humanos de su incertidumbre y los asemejan en demasía con los dioses.

Su función esencial en este punto es castigar al homicida, no solo al asesino y al criminal voluntario sino al homicida en general porque el asesinato es una mancha de tipo religioso que pone en peligro la estabilidad del grupo social en cuyo seno se ha cometido. El asesino es desterrado de su patria, condenado a vagar errante de ciudad en ciudad hasta que encuentre a alguien que esté dispuesto a purificarlo de su delito. Puede ser también enloquecido o atormentado por ellas hasta la locura. Según algunas tradiciones, las Erinias no eran siempre divinidades infernales y vengadoras; se podían mostrar a veces benéficas y amigas de los hombres, especialmente cuando los culpables se arrepentían. A través de ellas encuentra su expresión la concepción fundamental del espíritu helénico en un orden del mundo que debe protegerse contra las fuerzas anárquicas.

A medida que se afirma la creencia en un más allá, van concibiéndose como las divinidades de los castigos infernales. Aparece ya esta función tímidamente en Homero pero se manifiesta sobre todo en La Eneida, obra cumbre de Virgilio de la que luego hablaremos de forma más extensa.

3.LAS FURIAS EN LA ENEIDA. TRATAMIENTO DE ALECTO.

Aparecen por vez primera en el libro VII, cuando los Troyanos desembarcan por fin en el Lacio.

El rey Latino los recibe amablemente y promete a Eneas de acuerdo con el Oráculo de Fauno y ciertos presagios, a su hija Lavinia, la cual estaba prometida con Turno, rey de los Rútulos. Es en este momento cuando la cruel Juno, viendo a los Teucros por fin felices, embravecida, hace aparecer a Alecto desde "las tinieblas infernales". Su función en este caso es evitar el casamiento de Eneas y Lavinia y causar la guerra entre los dos bandos.

330 "(...)Alecto, de la Noche tenebrosa

y de Aqueronte horrísono engendrada:

muéstrate hoy en me dar favor cuidosa;

haga hoy su oficio tu deidad airada.

Haz que mi honra y fama gloriosa,

Entera hasta aquí, no sea menguada,

Ni que los troyanos traben casamiento

Con ítalos, ni ocupen su aposento."

Acudirá en primer lugar al aposento de la reina Amata donde arrojará una culebra de su cabellera que encendiendo su ira, esconderá a Lavinia en el bosque y unirá a sus mujeres también embravecidas, una vez habiendo discutido con su marido en vano.

346 "(...)Va la fiera culebra resbalándose

por entre aquellas delicadas ropas

y liso pecho y sin tocar en nada

se vuelve y se revuelve a todas partes

infundiéndole un ánimo de víbora."

Transformada en Cálibe (ministra del templo de Juno) se dirige al palacio de Turno causando en este un frenesí imparable de guerra y destrucción. Turno hace saber en ese momento que se ha roto la paz en toda Italia.

460 "(...)Por armas brama y "¡Armas, armas!" grita;

busca armas por la cama y por la casa,

crece en él la sed de armas y embrabécese

en él malvado frenesí de guerra;"

No contenta con lo que ha provocado ya, Alecto infunde rabia a los perros para que persigan al ciervo de los hijos de Tirro, que cuidaban los bosques de Latino. Esto provocará la enemistad entre los pastores y los Troyanos y acabará en una batalla a pequeña escala aunque con numerosas muertes, que desembocará en la apertura de la sañuda Juno por sus propias manos de las puertas del templo de Jano, con lo que Italia entera se pondrá en pie de guerra. Alecto tocando la corneta se marcha al Abismo de nuevo, una vez sembrada la discordia por toda Italia.

562"(...)Alecto alzó las serpentinas alas

cuajadas de culebras bramadoras

y, súbito dejando el alto mundo,

abalanzándose al infernal abismo."

TRATAMIENTO DE ALECTO

Por primera vez aparece en el verso 332 del libro VII: (...)"engendrada de la Noche tenebrosa y de Aqueronte horrísono" esto nos hace una idea de la adjetivación que acompañará a Alecto a lo largo de casi doscientos versos, siempre en relación con la oscuridad, tinieblas, ira, violencia, crueldad, horror...

Es muy significativo el hecho de que su aparición sea tan breve en comparación con cualquier personaje de la obra y sin embargo se nombre tantas veces y de forma tan intensa y tan llena de fuerza en estos escasos doscientos versos.

Alecto va a ir acompañada de numerosos adjetivos muy variados, casi todos pertenecientes al campo de las fuerzas del mal. Así, la Furia será tratada como diosa en "deidad airada"(334), "deidad funesta"(338) o "triste diosa"(407). Los adjetivos o epítetos que van a caracterizar a Alecto indican la cualidad que la sitúa, en este caso el infierno que aparece en gran parte de sus alusiones: "virgen infernal"(479), "estigias alas"(477), "infernal voz"(514), así como "infernal monstruo"(328) o "sus fuegos infernales"(337).

Virgilio quiere resaltar algo que es esencial en la Furia, lo que la simboliza sin ningún lugar a dudas, algo así como su tarjeta de presentación, en esta ocasión son las serpientes, las medusas o sus alas: "serpentino azote"(337),"inficionada con medusea ponzoña"(249), "cabello serpentino"(242), "negras alas" o "serpentinas alas cuajadas de culebras bramadoras"(563). Alecto a su vez es "odiosa"(573), su son es "soberbio y arrogante"(545), "ufana"(540), "cruda"(512) y astuta (478).

Su labor es calificada como "industrioso engaño"(553), "industria y maña" (547) o "estrago engaño" (555).

No suele repetirse ninguna de sus cualidades más de una vez. Otro grupo lo forman aquellos adjetivos o expresiones que ponen de relieve su ira, su violencia y su furia (valga la inevitable redundancia): su pecho es "fiero"(339), sus manos son "fuertes y violentas"(337), tiene "báquicos furores". Mayor fuerza tiene aún si cabe las siguientes expresiones: "(...)Alecto, del ceñudo horrible rostro y del cuerpo de furia despojada" o también en: "(...) en ira se encendió la cruda furia", "(...) La furia con tan grande copia de víboras dar silbos tan horrendos y mostrarse tan grande, horrible y fiera (...)".

De gran belleza es sin embargo el símil que forma Virgilio, comparando el efecto que causa la ira de Alecto sobre la reina Amata con un trompo que hacen girar los niños. Es realmente significativo es el hecho de que ocupe aproximadamente diecisiete versos:

"Cual suele el trompo del torcido azote

herido andar volando a la redonda,

al cual el escuadrón de los muchachos,

a semejante juego muy atentos,

en ancho corro baten y menean

por las vacías salas y palacios,

él, impelido con correas ligeras,

va de un espacio en otro en presto torno,

espántase la gente circunstante

y aquel mozo escuadrón de jugadores

de ver cómo se mueve tan ligero

aquel voluble boj, al cual los golpes

de los azotes dan presteza y ánimo,

no va la reina Amata menos presta

ni con menor velocidad corriendo

por las ciudades y feroces pueblos;

sale también por bosques y montañas".

Como vemos, se trata de una escena totalmente cotidiana de la realidad romana, si atendemos a la división de Rieks, podemos incluir este símil dentro del grupo perteneciente al quehacer humano. El acierto del poeta reside en que se trata de imágenes muy vivas, al igual que próximas y familiares que reconoce al instante el ciudadano romano y en general de todos los tiempos. Así, acerca lo narrado hasta el punto de convertirla en una experiencia vivida. Este es uno de los símiles más conseguidos de Virgilio, normalmente los más bellos suelen ser los de este tipo, en los que describe cómo se desarrolla un sentimiento en el ser humano.

Es realmente un logro por parte del poeta la fuerza que consigue dar al personaje de Alecto en tan poco espacio (es muy significativo ya que aparece en aproximadamente doscientos versos). Deja una impresión al final parecida a la de un torbellino que aparece y en poco tiempo deja a su paso la destrucción total. Así es la presencia de la Furia y Virgilio consigue dejar esa huella. La de Alecto es algo así como una aparición "estelar". Gracias a la fuerza y vivacidad de los calificativos y figuras que utiliza para designarla, podemos hacernos una idea muy precisa del aspecto de las Furias y de cómo actuaban. Los versos están llenos de violencia en muchas ocasiones, de ira y de furia. El acierto del poeta es absoluto en este sentido, además consigue dar esta sensación también gracias al ritmo de las composiciones que hace que no perdamos detalle al mismo tiempo que continuamos la lectura ágilmente pero ávidos de conocer el final desenlace. Éste es el estilo de Virgilio: encuentra siempre el tono conveniente para expresar las motivaciones psicológicas de las acciones de los personajes con un increíble sentido de la medida y la elegancia. Se puede apreciar de fondo un gran interés humano representada en su rica y variada colección de personajes y sus comportamientos en consonancia con su carácter. Su sentido de la medida y la elegancia además de la calidad de la lengua, son admirables.