La empresa: Historia de una idea revolucionaria; John Micklethwait, Adrian Wooldridge

Economía. Historia. Mercaderes. Imperialistas. Esclavistas. Grandes empresas del siglo XIX. Capitalismo. Multinacionales. Silicon Valley

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ÍNDICE

Introducción

Utopía S.A.

1. Mercaderes y monopolistas (3000 a.C.- 1500 d.C.)

 

El efecto Rialto 

La base de datos de Datini 

Corporaciones y gremios

 

 2. Imperialistas y especuladores (1500-1750) 

 

La honorable compañía 

Por la patria y el rey 

John Law y el dios Mammón

La burbuja del Mar del Sur y el carrusel de los tontos

Un cuerpo sin alma

 

 3. Un parto largo y doloroso (1750-1862) 

 

Esclavistas e industriales 

La alternativa estadounidense

Consolidación de la independencia empresarial 

E1 efecto Middlemarch

El gran debate de la era victoriana 

Un nuevo tipo de organización

 

4. El ascenso de las grandes empresas en Estados Unidos (1862-1913)

 

El ferrocarril vino primero 

Minoristas frente a fabricantes 

Todo bajo un mismo techo 

La reacción 

La popularidad de la compañía

 

5. El ascenso de las grandes empresas en Gran Bretaña, Alemania y Japón (1850-1950) 

 

Tierra de esperanza e historia

Pocos pero buenos 

El surgimiento de la industria alemana 

El zaibatsu japonés

 

 

6. El triunfo del capitalismo gerencial (1913-1975) 

 

La revolución de Sloan 

Los gerentes 

Tres debates definidores de la compañía 

Imperialismo empresarial 

El hombre de la organización y la benevolencia estadounidense

 

7. La paradoja de la compañía (1975-2002) 

 

Viva la compañía 

La desarticulación de la compañía 

Redada de sospechosos habituales 

Bárbaros y fondos de pensiones 

Silicon Valley

Desarticulada, plana y sin fronteras 

Capitalismo regulado

  8. Las multinacionales: agentes de influencia (1850-2002)

 

Las primeras incursiones en el exterior

Un imperio propio 

La multinacional multicultural 

La gran antipática

 

Conclusión. El futuro de la compañía 

 

Tres mundos posibles

Una franquicia amenazada

INTRODUCCIÓN

UTOPÍA S.A.

La noche del 7 de Octubre de 1893 se estrenó una opereta en un teatro abarrotado del West End Londinense. William S. Gilbert y Arthur Sullivan eran los titanes de la cultura popular victoriana.

Para aumentar la expectación, los dos autores se habían peleado un par de años antes, en parte porque Sullivan apuntaba más alto que la simple ópera cómica, y parecía que la larga colaboración de la pareja tocaba su fin, pero entonces volvieron.

Uno de los objetivos de Utopía S.A., o Las flores del progreso, no era la risa fácil, sino la sociedad anónima de responsabilidad limitada.

La opereta de esa noche se burlaba de la idea de que las sociedades anónimas estaban barriendo todo lo que tenían delante, enriqueciendo de paso a los inversores.

Pese a sus puyazos, Utopía S.A., llevaba implícita una clara nota de triunfo. Era una celebración de otra de las curiosas invenciones victorianas que cambiaron el mundo. Las nuevas sociedades mercantiles alumbradas por la Ley de 1862, y las imitaciones surgidas en otros países, daban paso a la primera gran era de la globalización.

Arrancaban a millones de personas del campo, y cambiaban su modo de alimentarse, trabajar y divertirse. Erigían los primeros rascacielos de oficinas en Manhattan y expoliaban el Congo Belga. Combatían con los sindicatos y desafiaban a los políticos.

Hegel predijo que el elemento esencial de la sociedad moderna sería el Estado; Marx, que sería la comuna; Lenin y Hitler, que sería el partido. Antes que ellos, una serie de santos y sabios aseguraban lo mismo respecto a la parroquia, el castillo feudal y la monarquía.

La gran afirmación de este libro es que todos se equivocaron.

La estructura más importante del mundo es la sociedad mercantil, la base de la prosperidad de Occidente y la mejor esperanza para el futuro del resto del mundo.

De hecho, para casi todos los mortales, la única institución que disputa a la empresa nuestro tiempo y energía es una que damos todos por sentada: la familia.

Las sociedades mercantiles han demostrado ser enormemente poderosas, no solo porque aumentan la productividad, sino también por la posesión de casi todos los derechos sobre el ser humano, sin las desventajas derivadas de la bilogía, es decir, no están condenadas a morir y pueden procrear a voluntad. Esta condición de inmortalidad, por no hablar de la protección que organizaciones artificiales de este tipo han proporcionado a muchas personas corruptas a lo largo de los tiempos, ha irritado a las sociedades y a los gobiernos. Eso explica la gran cantidad de leyes que se han promulgado para poner coto a sus privilegios.

- Hay dos maneras de definir la sociedad mercantil.

La primera es, como entidad dedicada a los negocios.

La segunda es más concreta, la sociedad anónima de responsabilidad limitada es una entidad jurídica autónoma, dotada por el Estado de ciertos derechos y responsabilidades colectivos.

Desde el comienzo de las actividades económicas, los mercaderes han buscado modos de compartir riesgos y los frutos de sus transacciones. Una de las ideas fundamentales del derecho medieval era que las “corporaciones” tenían una vida independiente de la de sus individuos.

Los victorianos, además de traer al mundo la empresa moderna, nos dieron muchas razones que la sustentan. Hoy en día se supone que la causa del capitalismo y de la empresa es inseparable. Pero muchos de los críticos más acérrimos de la sociedad anónima y del “subsidio” que es en realidad la responsabilidad limitada eran liberales seguidores de Adam Smith, que los consideraba anticuados e ineficaces.

John Stuart Mill concluyó que para el nuevo capital sediento de negocios como el ferrocarril, la única alternativa a la sociedad anónima era la empresa estatal.

Durante el siglo XX, la empresa ha forcejeado con el Estado que la concibió. Los estados europeos y asiáticos intentaron crear un sector empresarial público y fracasaron estrepitosamente. Muchos izquierdistas argumentarán que las empresas montaron estados propios y triunfaron espectacularmente. Entretanto se multiplican las vías por las que las empresas rigen sutilmente nuestra vida.

-Tres temas destacaron a lo largo de la historia.

En primer lugar, el pasado de la empresa es a menudo más difícil que el presente. Los libros modernos de gestión empresarial tienen títulos heroicos, como Bárbaros en la puerta y Solo los paranoicos sobreviven, pero los mercaderes antiguos arriesgaban la vida además de su fortuna.

La segunda cuestión se relaciona con la primera, y es que las empresas se han vuelto éticas más honradas, más humanas, más responsables socialmente. La historia de la compañía empieza a menudo con imperialismo y especulación, horribles saqueos y hasta matanzas.

La tercera cuestión es que la empresa es una de las grandes bazas que ha tenido occidente para competir. Desde luego, debe mucho de su éxito a los avances tecnológicos y a los principios liberales.

Los economistas han trabajado sobre la idea de que las compañías son vitales para el desarrollo económico. Las compañías aumentan el fondo de capital disponible para inversiones productivas.

Básicamente este libro es un intento de mostrar el ascenso de esa extraordinaria institución. Pero también nos hemos tomado la libertad de dedicar algún tiempo a indagar su futuro.

Pero la compañía no es tan poderosa como parece. Aunque su influencia mancomunada nunca ha sido tan amplia, es evidente que el impulso de las grandes empresas se está debilitando.

En el siglo XXI, la tecnología y la globalización están ayudando a eliminar las barreras que bloquean la información, contribuyendo así a debilitar la unidad de la empresa.

Pero al rememorar el pasado vale la pena recordar las preguntas clave que se hacen los inversores, ejecutivos y trabajadores modernos: ¿A qué se dedica esta empresa?¿Por qué trabajo aquí?¿Ganará dinero?

CAPÍTULO 1. MERCADERES Y MONOPOLISTAS

(3000 a.C.-1500 a.C.)

Puede que la empresa moderna no haya madurado hasta el siglo XIX, pero tuvo una juventud increíblemente irresponsable. Los mercaderes y depredadores, los imperialistas y especuladores dominaron el mundo de las actividades comerciales durante siglos.

Desde el año 3000 a. C. en Mesopotamia, se hacían tratos comerciales que iban más allá del trueque. Idearon contratos que intentaban organizar la propiedad de la tierra. Los asirios (pueblo asociado a la brutalidad bíblica) fueron más allá. Había unas asociaciones llamadas naruqqum y en una de ellas vemos que catorce inversores pusieron monedas de oro en un fondo dirigido por un mercader, que a su vez puso cuatro. El pacto duraba unos años y el mercader se quedaba con un beneficio de la actividad, unas condiciones no muy diferentes del moderno capital de riesgo.

Fenicios, tirios y después los atenienses se embarcaron este estilo de capitalismo y fundaron sociedades similares por el Mediterráneo. El comercio marítimo hacía más necesaria esta clase de acuerdos formales.

El modelo ateniense perduró porque reposaba en el imperio de la ley y estaba más abierto a los extranjeros.

Las societates romanas, en concreto las de recaudadores de impuestos o publicani, con el crecer del imperio empezaron a formar societates en las que cada socio tenía una parte. Los romanos crearon algunos de los conceptos fundamentales de ley mercantil. Las empresas ya incluían en algún aspecto la noción de responsabilidad limitada.

Cuando Roma se derrumbó, el centro de la vida comercial se trasladó a la India, particularmente a China, y mundo islámico. Y aunque la religión islámica prohíbe la usura, fomentan ganancias responsables, y tenían ventajas geográficas, primero porque se asentaban al Este y al Oeste, y segundo muchos vivían entierras yermas, tenían poco que hacer si no se dedicaban al comercio.

Los chinos producían en las fábricas 125000 toneladas de hierro, inventaron el papel moneda. Llevaban un enorme adelanto sobre occidente.

Hay un fuerte debate sobre por qué los chinos y árabes perdieron la carrera económica frente a occidente. Aunque no haber creado compañías es una de sus más serias deficiencias. La ley islámica permitía una especie de sociedad llamada muqarada, pero se apoya casi siempre en testimonio oral, no escrito. Y el caso de China la interferencia del estado impedía la continuidad de la empresa. El asilamiento de los chinos les resultó fatal. El imperialismo económico chino llegó al máximo a principios del siglo XV, con la dinastía Ming.

EL EFECTO RIALTO

Dos clases de corporaciones medievales tomaron el relevo de los romanos: imperios mercantiles de Italia y las empresas y gremios del norte de Europa con cédula o privilegio estatal.

Las empresas marítimas surgieron en ciudades italianas como Amalfi y Venecia, a partir del siglo IX. En el siglo XII emergió en Florencia y ciudades del interior la compagnia. Empezaba siendo una empresa familiar que operaba según principios de mancomunidad.

La compagnia se fue haciendo complicada con el paso del tiempo, introdujeron contabilidad, se entrelazaron con los banchi, bancos. Muchos banchi eran casas de empeño, pero los banchi Grossi eran bancos internacionales, capaces de negociar letras de cambio en varias ciudades.

La banca Médicis, fue fundada por Giovanni di Bici de Médicis. Se aseguraron los negocios del papado y a través del comercio de la lana, extendieron sus actividades a la industria textil y particularmente al comercio de alumbre. Al expandirse, los Médicis, que abrieron sucursales en diez ciudades, cada sucursal en una sociedad independiente. También idearon mecanismos de participación en los beneficios, lo que proporcionaba a los socios un incentivo.

La guerra de las Dos Rosas le dejó deudas incobrables en Londres. En 1478 perdió su negocio bancario con el Papa. En 1494, la familia fue expulsada de Florencia.

LA BASE DE DATOS DE DATINI

¿Hasta qué punto se parecían estas empresas a las empresas modernas?

En el siglo XIV, Francesco di Marco Datini, nació en la ciudad Toscana de Prato, se trasladó a Aviñón, y su primera aventura fue el tráfico de armas, y pronto pasó a actividades como talleres, textiles y joyería. A finales del siglo, sus diversas compagnie comerciaban desde esclavos hasta mantos para peregrinos. También se hizo banquero.

“El mercader de Prato” era un maniático del control: apuntaba todo. Notas y cifras, y sus agentes hacían lo mismo, mandaban cartas diarias informando de todo. Pero esta fue la época de la peste negra, del levantamiento de los tejedores florentinos contra los gremios, de explosiones periódicas de fervor religioso, contra los negociantes prósperos. Datini vivía en constante temor a la guerra, inestabilidad del gobierno, etc. Y fueron esos temores los que le hicieron colocar su fortuna en la mayor cantidad posible de sitios, sin confiar nunca demasiado en sus socios.

A pesar de su obsesión por controlarlo todo, Datini era partidario ferviente de la compagnia.

Su testamento disponía que las acciones de sus empresas se liquidaran a los 5 años de su muerte. La permanencia era prerrogativa del Estado. Por eso no sorprende que el Estado tuviera un papel destacado en la creación de sociedades.

CORPORACIONES Y GREMIOS

Es preciso recalcar que el norte de Europa no carecía de sociedades mercantiles, igual que a Italia no le faltaban gremios. El norte de Europa copió muchos de los sistemas que pusieron en marcha los italianos. La magna societas de Alemania, tres familias agrupadas tenían filiales en ciudades como Barcelona, Génova y París, pero la aportación más importante fueron los gremios y las sociedades mercantiles creadas por cédula real.

Los juristas de la Alta Edad Media, fueron reconociendo “personas jurídicas” o asociaciones de personas que querían ser consideradas entidades colectivas. Las personas jurídicas podían ser municipios, universidades, órdenes religiosas y también gremios de mercaderes y artesanos. Estas entidades se insertaban en la sociedad ofreciendo seguridad y compañerismo. También eran un medio para transmitir riqueza a las generaciones futuras. La Corporación de Londres, del siglo XII, aún posee una cuarta parte del suelo de la ciudad, colegios y mercados. Otra compañía antigua que persiste es la Junta del Puerto de Aberdeen, fundada en 1136. (La empresa más antigua de Europa es probablemente la sueca Stora Enso).

El estatuto intransformable de estas entidades preocupaba a la Corona. Burlaban las tasas feudales, porque no morían, no envejecían ni se casaban. Eduardo I emitió el estatuto de Mortmain que limitaba el coste de los derechos de paso a las entidades corporativas, en particular la Iglesia. Podía terminar en expropiación.

Las guildas fueron el sistema de entidad mercantil más importante en casi toda la Edad Media. Solía gozar del monopolio del comercio dentro de la ciudad a cambio de una contribución al rey. Los maestros fijaban las normas de calidad, enseñaban a los aprendices, nombraban notarios e imponían sanciones.

Las guildas eran más sindicatos de intereses que empresas mercantiles; dedicados a proteger los intereses de sus miembros. Pero acabaron cayendo en el ludismo.

Éstas eran parientes cercanos de las sociedades mercantiles reguladas: mercaderes independientes con monopolio concedido para comerciar con ciertos mercados extranjeros. Daban formación a aprendices y realizaban exámenes periódicos entre iguales para eliminar a los miembros menos a capaces. También a veces operaban como consorcios: los comerciantes se unían para conseguir mejor precio de las materias primas y el transporte. La sociedad mercantil de mayor éxito fue la Staple de Londres, fundada en 1248 para dominar el mercado de la lana. Adquirió derecho de recaudar aranceles sobre la exportación de lanas a cambio de ayudar a Eduardo III. Enrique IV le concedió autoridad sobre Calais.

La Corona tuvo un papel esencial en las corporaciones, ofrecía seguridad y un mercado garantizado. En los siglos siguientes, el desarrollo de las compañías estuvo ligado a la expansión de la nación.

CAPÍTULO 2. IMPERIALISTAS Y ESPECULADORES (1500-1750)

En los siglos XVII y XVIII surgieron las entidades comerciales más notables que se han visto, las chartered companies (sociedades mercantiles creadas por cédula real). Estas compañías eran complejas. En 1700, la británica compañía de las Indias Orientales. Duró 274 años. La compañía de la Bahía de Hudson fundada en 1670, existe todavía y se considera la multinacional más antigua del mundo.

Éstas eran un esfuerzo conjunto de estados y mercaderes para explotar las riquezas de los nuevos mundos abiertos. Pertenecían a la vez al sector público y al privado.

- Las compañías medievales se inspiraban en dos ideas medievales.

La primera; que las acciones podían venderse en un mercado libre y la segunda era la responsabilidad limitada.

La primera sociedad de riesgo compartido privilegiado fue la Compañía de Moscovia. Con la cédula de Moscovia, la compañía consiguió el monopolio temporal de la ruta comercial con ese puerto ruso además de proseguir la búsqueda del paso por el norte. La compañía pudo reunir dinero para financiar el largo viaje a Rusia vendiendo acciones negociables. Se convirtió con el tiempo en “compañía regulada” cada socio comerciaba por su cuenta.

Los mercaderes de Londres, pusieron sus esperanzas en Edward Fenton, que cambió de planes y tomó la isla de Santa Helena y se proclamó rey. Posteriormente apoyaron a James Lancaster. Los holandeses eligieron a Cornelius Houtman que bombardeó Bantam, asesinó a nativos, etc.

Los promotores del viaje se salvaron por el alto precio de las especias, sirvió para cubrir gastos.

Los mercaderes holandeses decidieron que les convenía el patrocinio estatal, el estado concedió monopolio en 1602, a la compañía Holandesa de las Indias Orientales, más conocida como VCO o los Diecisiete. Se convirtió en el modelo de todas las compañías privilegiadas. Los inversores holandeses fueron los primeros que negociaron acciones en una Bolsa de Valores formal, fundad en 1611.

Si los holandeses pusieron de moda la especulación bursátil en su país también marcaron el paso de la competencia imperial en el extranjero. La VCO se estableció como fuerza dominante en las islas de las especias. Los holandeses fundaron el equivalente de la VCO para las Antillas, pero seguían centrados en las especias.

Casi toda la actividad empresarial continuó en unidades menores. Pero eran las grandes compañías privilegiadas las que dominaban la escena. Pero debido a los abusos en 1800 consideraban que las sociedades anónimas eran peligrosas y anticuadas.

LA HONORABLE COMPAÑÍA

La compañía de las Indias Orientales era más que una compañía moderna, era la mayor sociedad de mercaderes del Universo.

El 24 de septiembre de 1955, un grupo de comerciantes acordaron solicitar a Isabel I la creación de una compañía para comerciar con las Indias Orientales. Además eligieron 15 directivos. Había disputas para nombrar el jefe de la expedición, la Corte quería a un aristócrata y los mercaderes, querían a uno de su misma condición querían que la dirigiera J. Lancaster.

Ganaron los mercaderes. Se concedió una cédula y dio el monopolio por quince años del comercio con las Indias Orientales, Asia, África, América, y entre el cabo de Buena Esperanza y el estrecho de Magallanes. Lancaster volvió triunfante.

La compañía tenía problemas para satisfacer las demandas de los clientes extranjeros. Los primeros viajes resultaron muy rentables, y pronto empezaron a programr viajes de dieciséis meses. El cargamento principal era la plata, y también el plomo, estaño y mercurio. En la India cambiaban casi todo por telas de algodón, que luego canjeaban en las islas de las Especias por pimienta, clavo y nuez moscada.

Todo esto, necesitaba una administración compleja. Los comerciantes de la Compañía de las Indias Orientales crearon una estructura de dos niveles. La Asamblea General que se componía de los accionistas con derecho a voto y la gestión diaria se confiaba a la junta directiva: 24 hombres elegidos por la Asamblea General. El gobernador y el subgobernador asistidos por contables y cajeros que trabajaban en comisiones. La junta directiva supervisaba también la red de factores, responsables de factorías, los establecimientos comerciales locales de las colonias.

Esta compleja estructura estaba expuesta a toda clase de peligros; jefes locales, enfermedades, clima, y constantes tentaciones, como la de enriquecerse ellos y no su patrón. La oficina central examinaba el rendimiento de los factores a partir de promedios estadísticos.

POR LA PATRIA Y EL REY

Todo esto suena bastante organizado, pero es que la compañía por poco desaparece a mediados del siglo XVII.

En Inglaterra, la policía estuvo a punto de acabar con ella, sobre todo durante la guerra civil y por Oliver Cromwell, que se inclinaba más por el comercio libre.

A finales del siglo XVII, la compañía podía presumir de ser un monopolio bien organizado, que proporcionaba a la Corona unas veinte mil libras en derechos de aduana; pero seguía siendo un monopolio estatal. ¿Convenía que un solo monopolio dominara casi la mitad del comercio británico? ¿Debían los hombres de negocios británicos gobernar territorios extranjeros? ¿Debía una compañía poseer un ejército privado?

Los revolucionarios whigs, en 1688, financiaron una compañía rival. En 1700 el gobierno prohibió la venta en Inglaterra de sedas asiáticas y algodones vistosos, forzando a la compañía a buscar otra línea rentable: té de China. La compañía estaba también muy comprometida en la política india. Durante mucho tiempo dudó entre colaborar con los nativos o imponer un dominio directo, frente a los nativos.

La figura decisiva en la evolución de la compañía fue Clive de la India. Robert Clive, fue uno de los pocos empleados de la compañía que pudo escapar cuando los franceses tomaron Madrás en 1746. Los británicos acosaban a Clive con preguntas sobre el expolio de Bengala. Ser empleado de la compañía era sinónimo de ostentación y opulencia.

En 1767 la compañía se ganó a la oposición parlamentaria prometiendo a la corona 400.000 libras al año a cambio de controlar Bengala sin obstáculos.

Hastings, primer gobernador general oficial de la India entre 1773-1784 y artífice del dominio británico sobre el imperio mongol, fue procesado por el parlamento. No obstante bajo Clive y Hastings la compañía se transformó en una especie de Estado.

No es sorprendente que los críticos adujeran que esa entidad cada vez más política debía ser nacionalizada. La decisión del parlamento en 1773 de dar a la compañía el monopolio del té en las colonias americanas provocó el tea party de Boston y con ello el levantamiento de las colonias. En 1784 la ley de la India impuso a la compañía una junta de control. La compañía también se vio envuelta en el debate sobre la esclavitud.

Durante el siglo XIX, el gobierno se valía de la renovación de la cédula de la compañía, válida por 20 años, para someterla a una vigilancia más rígida. En 1813 el gobierno abolió su monopolio comercial. En 1833 le arrebató su derecho a comerciar. En 1853, al implantar las oposiciones para trabajar en la compañía esta perdió las posibilidades de favoritismo que le quedaban. Cuando en la India estalló el motín de 1857, la honorable compañía fue el chivo expiatoria. Su ejército pasó a depender de la Corona y su flota fue disuelta.

JOHN LAW Y EL DIOS MAMMÓN

Las primeras sociedades anónimas fueron instrumentos de especulación financiera e imperialismo económico.

A principios del XVII, Francia y Gran Bretaña se valieron de dos compañías privilegiadas (la compañía del Mississippi francesa y la compañía del Mar del Sur inglesa) para reestructurar las deudas de las guerras. El objetivo era reducir el coste de servicio de su deuda convirtiendo las obligaciones, que tenían un interés fijo, en acciones, menos rentables. Pero el resultado fue la mayor burbuja financiera de la historia, incluso mayor que la de los años veinte en Estados Unidos.

John Law provocó esta catástrofe. Era hijo de un escocés, pasó su juventud en Londres y tuvo que escapar a Ámsterdam. Allí amasó una gran fortuna con especulaciones financieras. Posteriormente regresó a Escocia y con planes de reforma económica.

En 1714, Felipe, duque de Orleans, sucedió a Luis XIV. Law consiguió que el duque le permitiera fundar la Banque Gènèrale para emitir billetes y ofrecer servicios financieros. El plan de Law era salvar a Francia de la inflación, de la escasez de moneda y la inestabilidad. El Banco se transformó en Banque Royale, en 1718. Law manejaba la moneda circulante en Francia.

Después Law pujó para obtener la concesión comercial que tenía la Compagnie d´Occident, a la que rebautizó como Compagnie du Mississippi. Después la compañía del Mississippi obtuvo la concesión de otros monopolios de comercio. A partir de entonces, solo un monopolio dominaba todo el tráfico colonial de la nación más poderosa de la tierra.

Law emitió muchas acciones de sus empresas y mantuvo viva la fiebre especuladora. En 1719 propuso convertir toda la deuda nacional en acciones de la compañía. El resultado fue la locura colectiva. Se dirigieron a París más de 200.000 inversionistas, de Venecia, Génova, Alemania, etc. Law permitía la compra de acciones a plazos. El precio de una acción de la compañía del Mississippi llegó a las 10.000 libras.

El control del banco emisor y de la bolsa permitía a Law evadir la cuestión de a qué se dedicaba su compañía. Luisiana, la única posesión francesa de Estados Unidos, era bastante pobre y atrasada. Law tenía que reclutar huérfanos, delincuentes y prostitutas para poblar la Tierra Prometida.

Era inevitable que la burbuja reventara. A principios de 1720, los inversores empezaron a abandonar la Compañía del Mississippi. Law, valiéndose de sus poderes de interventor general, intentó frenar la salida de capital. Pero el valor de sus billetes y acciones seguía cayendo y se vio obligado a abolir el papel moneda y cerrar la Banca. En diciembre de 1720, huyó a Bruselas dejando a Francia en el caos.

LA BURBUJA DEL MAR DEL SUR Y EL CARRUSEL DE LOS TONTOS

La compañía del Mar del sur no alcanzó las proporciones del de la Compañía del Mississippi. La compañía del Mar del Sur se fundó en 1711, para monopolizar el comercio con la América española. En 1719 tas la guerra con España los administradores decidieron centrarse en la deuda pública. El artífice del proyecto fue John Blunt.

Antes de que el parlamento votara una medida para que la compañía se hiciera cargo de toda la deuda nacional británica el precio de las acciones de la compañía del Mar del Sur subió rápidamente. Inglaterra había derrotado a Francia.

Los administradores de la compañía del Mar del Sur intentaron estimular el mercado con los mismos trucos que Law y persuadieron a sus aliados políticos para que votaran la ley de “la burbuja”. Esta ley hacía difícil crear nuevas sociedades por acciones reduciendo el número de empresas que podían competir con la compañía del Mar del Sur en la captación de capitales.

La ley fue desastrosa para el desarrollo de la compañía. El gobierno la nacionalizó dejando a los inversores con grandes pérdidas, pero se salvó casi todo el sistema financiero.

UN CUERPO SIN ALMA

El daño que hicieron a las compañías tantos embustes era inmenso. Las compañías del Mar del Sur y del Mississippi estafaron dinero a miles de inversores, fueron pioneras en la esclavitud, intimidaron a los nativos, etc.

En América, a veces, las compañías privilegiadas desempeñaron un papel más ilustrado. En 1619 la compañía de Virginia introdujo la democracia en las colonias.

Los partidarios de la economía liberal emitieron diferentes acusaciones. Adam Smith tenía dos quejas fundamentales: primero; le disgustaba que las compañías privilegiadas tuvieran monopolios y segundo; pensaba que las sociedades de riesgo compartido eran menos eficaces que los comerciantes independientes.

Pero la compañía de las Indias demostró que cuando la información es escasa y la lealtad es cara, una compañía puede actuar en el mercado con más eficacia que un agente individual. La red de leales factores reunía una información que no hubiera podido conseguir un negociante establecido en un único mercado.

El otro gran paso de la compañía de las Indias Orientales fue crear un manto protector para sus empleados. Sus administradores se llamaban civil servants (funcionarios).

CAPÍTULO 3. UN PARTO LARGO Y DOLOROSO

(1750-1862)

En 1733, el escritor satírico irlandés Samuel Madden publicó una de las primeras obras de ciencia ficción, en la que predecía que dos empresas gigantescas dominarían el mundo en ese futuro lejano.

A las compañías privilegiadas le fue bastante mal durante el siglo siguiente. Los franceses e ingleses las miraban con recelo. Se seguían concediendo cédulas a compañías nuevas, pero el proceso era arduo. La empresa moderna no tomó forma hasta que se produjo una combinación de cambios legales y económicos, a partir de los años 20 del siglo XIX.

ESCLAVISTAS E INDUSTRIALES

En Gran Bretaña, la prevención hacia las compañías de riesgo compartido como consecuencia de la burbuja de la compañía del Mar del Sur se reforzó luego por los escándalos de la corporación de beneficencia y de la compañía constructora de York.

La ley exigía que todas las sociedades por acciones estuvieran autorizadas por el parlamento, lo que significaba un gasto enorme de dinero y tiempo, además de incertidumbre.

Hubo varias rachas de creación de compañías por acciones, especialmente para construir canales. Las guerras napoleónicas produjeron otra fiebre: en enero de 1802 se fundaron 42 compañías, un número sorprendente de ellas relacionadas con el negocio de ayudar a los británicos a emborracharse.

Las dos áreas más dinámicas y controvertidas de la economía británica, la trata de esclavos y el crecimiento de la industria, prefirieron las sociedades comanditarias a las sociedades por acciones. En 1750 el gobierno abrió oficialmente la participación en el negocio británico de esclavos, que pasó a ser controlado por un club, la compañía de mercaderes traficantes en África.

Los esclavistas pronto rivalizaron en riqueza con los nabobs de la compañía de las Indias Orientales. En la última década del siglo XVIII, tres cuartas partes de los ingresos extranjeros del país provenían del tráfico de negros.

Las sociedades por acciones tampoco eran populares entre los primeros industriales. Para algunos las sociedades comanditarias tenían más sentido que las compañías por acciones. En cuanto a la responsabilidad limitada se veía más como una debilidad que como una ventaja.

Casi todos los industriales, igual que los esclavistas, podían conservar la propiedad y la gestión de sus negocios dentro de un círculo reducido y al igual que los esclavistas los industriales contaban con cierto grado de aprobación estatal.

LA ALTERNATIVA ESTADOUNIDENSE

La posición marginal de las sociedades por acciones en Gran Bretaña podía achacarse fácilmente a los problemas originados por el mal precedente de la Compañía del Mar del Sur.

Los recién independizados Estados Unidos, en cambio, debían su existencia a las sociedades mercantiles y los estados norteamericanos iniciales se sirvieron de corporaciones privilegiadas, dotadas de derechos monopolísticos especiales, para construir la infraestructura vital de la nueva nación: universidades, bancos, iglesias, ayuntamientos y carreteras.

Las cosas se aceleraron un poco después de la independencia.

El Banco de Norteamérica fue la primera sociedad anónima totalmente autóctona. En 1795, Carolina del Norte votó una ley que permitía construir compañías de canales sin pedir permiso. En 1800 había 335 sociedades anónimas en el país. Las empresas de transportes eran las más comunes, seguidas de los bancos.

Casi todas estas compañías tenían algún monopolio, pero los gobiernos eran sumamente arbitrarios y modificaban los permisos a su capricho.

La lenta evolución de Wall Street no ayudó mucho. En Wall Street no se negociaron acciones de una sociedad hasta 1798, cuando salió al mercado la New York Insurance Company.

CONSOLIDACIÓN DE LA INDEPENDENCIA EMPRESARIAL

El hecho de que a ambos lados del Atlántico los negocios siguieran apegados a las sociedades comanditarias no quiere decir que dichas entidades fueran perfectas.

La responsabilidad ilimitada reduce la capacidad de la empresa para conseguir capital. Las sociedades comanditarias eran estructuras frágiles. El estado empezó a retirarse en la segunda mitad del siglo XIX; tres motivos motivaron este cambio: ferrocarril, motivos jurídicos y políticos.

La escritura para la construcción legal de un banco en New Jersey le exigía ayudar a las pesquerías locales.

A lo largo del siglo XIX, las asambleas legislativas revocaban las cédulas cuando consideraban que una compañía no estaba cumpliendo con sus obligaciones.

EL EFECTO MIDDELMARCH

También en Europa se debatía la conveniencia de cortar las ataduras entre empresas y obras públicas.

Francia relajó las normas de manera intermitente. Otro precursor fue Suecia, que ya en 1848 reconoció legalmente la sociedad anónima. Realmente la empresa moderna surgió en la Inglaterra victoriana. El parlamento hizo la divisa convertible en oro. Relajó el conjunto de leyes laborales restrictivas, abrió los mercados de la compañía de las Indias Orientales a la competencia, y por ultimo abolió las leyes proteccionistas de los cereales.

También empezó a abordar la cuestión de la ley de compañías. En 1825 el parlamento revocó la irritante ley de la burbuja.

El cambio crucial lo provocaron los ferrocarriles, que demandaban gran acumulación de capital. Pero en 1836 el parlamento, intentando frenar la creciente locura ferroviaria, redujo el importe de los préstamos a un tercio del capital de la sociedad. En la ley de ferrocarriles de 1844 el estado se reservaba el derecho de comprar una línea que hubiese estado en servicio 21 años.

Aunque estas compañías cotizaban en Bolsa, la mayor parte del dinero para las líneas ferroviarias lo aportaban el gobierno y las empresas de las poblaciones por donde pasaban. Pero la importancia de las acciones negociables aumentó. En 1849 las acciones preferentes representaban dos tercios del capital de los ferrocarriles.

El ferrocarril no es la única fuerza que empujaba el cambio. Al ir liberalizándose la economía británica, los dueños gerentes sentían que sus negocios se les iban de las manos.

EL GRAN DEBATE DE LA ERA VICTORIANA

Los políticos de la década de los cuarenta del siglo XIX por fin entraron a fondo en las confusas leyes mercantiles británicas.

Al principio de la década, el embrollo legal facilitó la aparición de fraudes, que no afectaron solo a los ferrocarriles sino también a las compañías de seguros.

La responsabilidad limitada era todavía anatema para muchos liberales. Adam Smith, insistía en que la empresa gestionada por el dueño era una unidad económica más pura, porque el único modo de que una sociedad anónima pudiera competir era acogiéndose al subsidio de la responsabilidad limitada.

Algunos reformistas argumentaban que denegar a los empresarios la herramienta comercial de la responsabilidad limitada era antiliberalismo.

Al gobierno también le preocupaba una cuestión menos abstracta: la fuga de negocios al extranjero. A principios de la década de los cincuenta del siglo XIX, había establecidas en Francia 20 empresas inglesas en régimen de compañía en comandita.

Pleydell Bouverie hizo aprobar la ley de responsabilidad limitada, en 1855 que concedió el privilegio de la responsabilidad limitada a las compañías registradas, según las definía la ley de 1844, cuyo capital debía cumplir varios requisitos engorrosos.

En ese momento P. Bouviere fue sustituido por Robert Lowe, quien impulsó la ley de sociedades anónimas de 1856. Si alguien merece el titulo de padre de la empresa moderna es Lowe. Es famoso por promover la reforma educativa aduciendo que si Gran Bretaña tenía que ser una democracia “debemos educar a nuestros amos”.

Pero Lowe no tenía dudas sobre las virtudes del mercado libre y sobre la necesidad de liberar las compañías de la tutela del estado.

La ley Lowe de 1856, permitía a las compañías obtener responsabilidad limitada con “una libertad cercana al libertinaje”. Estaban excluidos los bancos y las aseguradoras, pero no había mínimos para emitir acciones. Lo único que hacía falta era que siete personas firmaran el acta de constitución y que la empresa anunciara su categoría poniendo “S.A” detrás del nombre. Esta ley entró a formar parte de la más completa ley de sociedades mercantiles de 1862.

La legislación británica sobresalía por ofrecer poca protección a los accionistas.

Francia dictó una ley en mayo de 1863 que permitía formar sociedades por acciones con responsabilidad limitada total, siempre que el capital no superara los veinte millones de francos. Cuatro años después se suprimió el límite y se instauró la libertad general para formar sociedades anónimas.

Alemania también facilitó la fundación de sociedades anónimas en 1870. El resultado fue una creación masiva de las mismas.

UN NUEVO TIPO DE ORGANIZACIÓN

- Hay que destacar dos puntos.

En primer lugar; la compañía es una creación política, fue resultado de una batalla política, no la consecuencia automática del avance tecnológico.

En segundo lugar; las republiquitas, como Robert Lowe las llamaba, tenían claramente un efecto político y social en lassociedades que las criaban.

Es claramente una innovación, la primera entidad autónoma en cientos de años, la primera que crea un centro de poder que, aunque dentro de la sociedad, es independiente del gobierno central del estado nacional.

La necesidad que tiene la industria de establecer economías de escala y de alcance empujará a la gran empresa a la cabeza del capitalismo y de la sociedad, y lo hará muy especialmente en Estados Unidos.

CAPÍTULO 4. EL ASCENSO DE LAS GRANDES EMPRESAS EN ESTADOS UNIDOS (1862-1913)

En la década de 1880, Richard Sears era un jefe de estación de ferrocarril en un pueblecito de Minnesota. A falta de cosas que hacer, se puso a vender leña y carbón y a comprar relojes. Sears ofrecía a la población rural un medio de eludir las tiendas locales, cuyos precios eran más elevados.

En 1895 tenía un catálogo de 532 páginas que ofrecía desde armas hasta fogones.

Su compañía no hubiera crecido tanto sin el talento para la organización de Julius Rosenwald que se convirtió en su socio en 1901.

En 1905 sacó su compañía a bolsa para conseguir más capital. Ese mismo año la compañía invirtió 5 millones de dólares para construir la sede central en Chicago, el edificio más grande del mundo.

El sorprendente crecimiento del negocio de Richard Sears de ser un pasatiempo a convertirse en una gran empresa moderna, con accionistas, unidades operativas independientes, una red nacional de proveedores y gerentes profesionales a sueldo da una idea de la revolución que tuvo lugar en Estados Unidos a finales del siglo XIX.

Por otra parte, los empresarios de 1840 pensaban que el mercado se encargaría de coordinar sus actividades con las de sus congéneres en un territorio tan vasto como Estados Unidos. Casi todo el mundo en esa época trabajaba en empresas pequeñas; y había algunos negocios como los relacionados con la salud que permanecieron extrañamente ajenos a las economías de escala. Pero cuando estalló la primera guerra mundial, la compañía gigante se había convertido en la institución mercantil dominante. Cuando se celebró la Gran Exposición de Londres, en 1851, EEUU no fue capaz de llenar el espacio que tenía asignado y sus curiosos inventos no impresionaron a la joven reina Victoria. En 1813 EEUU fabricaba un 36% de la producción industrial del mundo frente al 16% de Alemania y el 14% de Gran Bretaña.

Las grandes corporaciones que se crearon en esa época ayudaron a fundar EEUU tal como lo conocemos.

EL FERROCARRIL VINO PRIMERO

“La empresa comercial moderna se hizo viable sólo cuando la mano visible de la dirección empresarial demostró más eficacia que la mano invisible de las fuerzas del mercado”.

Los ferrocarriles fueron algo más que los grandes favorecedores de las empresas modernas, ellos mismos también eran empresas modernas.

Los ferrocarriles no tenían más remedio que ser las primeras empresas que empleaban grandes ejércitos de gerentes a tiempo completo.

Esos gerentes eran una figura nueva en una sociedad agraria: individuos que no eran dueños de la compañía pero le dedicaban su vida. Inventaron muchos de los instrumentos administrativos de la empresa moderna.

La voraz necesidad de capital del ferrocarril llevó a la creación de la moderna Bolsa de Nueva York. Desde el fin de la guerra de secesión hasta 1890, Wall Street existió casi exclusivamente para financiar los ferrocarriles.

En el último cuarto del siglo XIX, más de 700 compañías ferroviarias, cayeron en bancarrota. Sin embargo en Gran Bretaña, el ferrocarril creó la cultura del inversor.

En 1898 los ferrocarriles representaban el 60% del capital emitido por compañías cotizadas en bolsa en EEUU.

Muchos magnates ferroviarios decidieron que unirse era el único modo de asegurar la fluidez del tráfico y evitar las ruinosas guerras de precios.

La fusión significó que hacia 1890 las compañías ferroviarias eran más grandes que las compañías que abastecían de luz, calefacción y agua a Chicago y Nueva York.

Estos gigantes también ayudaron a poner en pie gran parte de la infraestructura de una economía moderna. Los ferrocarriles unieron un país tan extenso como EEUU.

MINORISTAS FRENTE A FABRICANTES

Las primeras empresas estadounidenses que aprovecharon la infraestructura ferroviaria fueron las de distribución y venta al público.

Durante las décadas de 1850 y 1860 surgieron grandes mayoristas que compraban directamente a los fabricantes y vendían a los minoristas. Posteriormente, nacieron las grandes empresas modernas de venta al público; cadenas de tiendas, grandes almacenes y venta por correo.

Los nuevos minoristas dominaban el truco de reducir costes y a la vez aumentar la oferta. Montaron tiendas enormes e introdujeron tecnologías nuevas.

La guerra de secesión supuso para las fábricas estadounidenses el primer gran empuje: el número de empresas industriales creció el 80% en la década de 1860. Desde entonces, el gran empujón lo dio la tecnología. Pero las nuevas tecnologías eran inútiles sin un cambio organizativo.

Henry Ford perfeccionó el sistema de producción en serie. Su golpe de genio fue la cinta transportadora, que desplazaba las piezas en la cadena de producción.

TODO BAJO UN MISMO TECHO

El éxito de Ford no se debía solo a que fabricara coches con más rapidez, sino también a que reunía la producción en masa y la distribución en masa bajo una sola entidad.

La clave era controlar la mayor parte posible de este proceso.

En este sentido destacan nombres como los de James Buchanan Duke, George Eastman, y Rockefeller.

Para los robber barons, los trust eran un modo de torear la primitivas leyes que prohibían a las compañías poseer acciones de otras.

La Standard Oil (de Rockefeller) fue solo uno de los muchos trust y negocios grandes que se establecieron en New Jersey.

LA REACCIÓN

La cuestión es si estas nuevas compañías estaban convirtiendo EEUU en un lugar mejor. Los propios robber barons encontraban una justificación de sus actos en el darwinismo social de Herbert Spencer.

A medida que las nuevas empresas cambiaban a la sociedad, la sociedad cambiaba a las empresas. Un ejemplo es el crecimiento de los sindicatos. La década de 1890 marcó la maduración de los sindicatos y también de las grandes empresas, además de una serie de choques sangrientos entre ambos.

En todos los conflictos, los tribunales solían apoyar la contratación libre más que los derechos de los obreros.

Los líderes sindicales se apoyaban en tragedias para movilizar la opinión pública a favor de condiciones de trabajo más seguras.

Los políticos sucumbieron lentamente a la presión popular para romper los imperios de “los malhechores” de gran riqueza. La ley Sherman de 1890 amplió el espectro de lo que cabía definir como monopolio, pero no estableció ningún mecanismo para impedirlos o castigarlos.

El gobierno de T. Roosevelt incoó en 1906 una querella por trust contra la Standard Oil y la ganó; en 1911 el Tribunal Supremo ordenó que se fragmentara.

LA POPULARIDAD DE LA COMPAÑÍA

La reacción a las corporaciones fue menos fuerte de lo esperado.

Los tribunales deshicieron solo los monopolios más visibles, por ejemplo American Tobacco fue dividido en 1911 en tres empresas.

La mayoría de los estadounidenses tenían sentimientos contradictorios acerca de las compañías. No les gustaba la concentración del poder, pero admiraban el poderío global de los negocios.

-Tres factores evitaron que esa ambivalencia hacia las corporaciones se convirtieran en hostilidad.

El primero es que las grandes empresas aprendieron a intervenir en política.

El segundo fue el nacimiento de lo que hoy llamaríamos responsabilidad social de la empresa.

El tercer factor, que supuso fortalecer el apoyo a las grandes empresas llegó de una realidad muy simple: las empresas estaban enriqueciendo el país.

La productividad de estas empresas solía relacionarse con el gigantismo.

La única manera de competir con una de estas compañías enormes era montar otra igual de grande. Pero aunque pudiera reunirse el dinero y encontrar buenos gerentes, estaba el riesgo de poner tanta producción en el mercado que éste se hundiera.

CAPÍTULO 5. EL ASCENSO DE LAS GRANDES EMPRESAS EN GRAN BRETAÑA, ALEMANIA Y JAPÓN (1850 - 1950)


Estados Unidos se había adelantado al resto del mundo, pero otros países también buscaban llegar a un acuerdo con las grandes compañías.

Los tres más interesantes, Alemania, Gran Bretaña y Japón, pero el ascenso fue desigual entre ellas.

Las compañías alemanas y japonesas existían para servir a la sociedad, en tanto que las de los países anglosajones buscaban el beneficio.


TIERRA DE ESPERANZA E HISTORIA

La gran pregunta es porqué no explotó mejor sus compañías.

Gran Bretaña fue pionera en liberar las empresas del la tutela del Estado.

Tenía muy pocas empresas que pudiesen enfrentarse a los inmensos gigantes estadounidenses como consecuencia de ser una isla pequeña. Pero esta isla prefería las empresas familiares y la gestión familiar provocando así un gran prejuicio contra la industria.

A lo largo de la Segunda Guerra Mundial la mayor parte de las empresas británicas estaban dirigidas por las familias fundadoras que eran quien tenían la decisión. Estas familias no necesitaban organigramas detallados ya que confiaban plenamente en las relaciones personales y tradiciones familiares.

Estas empresas familiares eran muy pequeñas y sus posibilidades de prosperar eran muy bajas.

Para los industriales británicos estas compañías familiares eran mas un medio que un fin. Se trataba de un medio para conseguir una existencia civilizada.

Los británicos sentían un desprecio elitista por los negocios. En este sentido los intelectuales pensaban que aquel que viviese de los negocios era alguien que vivía de un modo despreciable.

La gente acusaba a la industria de todos los males que existían prácticamente, como la contaminación del campo o la degradación de la agricultura, pero sobre todo por interrumpir su paz y tranquilidad.

Evitaban todo contacto con ese mundo empresarial hasta el punto de carecer de personal cualificado dentro de las empresas. Ante esta falta de conocimientos se justificaban despreciando los métodos extranjeros de gestión empresarial, psicología industrial y contabilidad.

Sentían tal pánico a la industria que se manifestaba en la construcción de las ciudades factoría.

A pesar de su miedo incontrolable hacia la empresa, Gran Bretaña no podía quedarse mucho más tiempo aislada en su isla. Las compañías cambiaron la vida de los británicos haciendo que creciesen los sindicatos, revolucionando los hábitos de trabajo y dando la oportunidad de integrar a las mujeres al trabajo.

POCOS PERO BUENOS

Pese a todo, el panorama no era tan negro.

En lo que se refiere a la bolsa, los británicos destacaron por encima de todos.

Las grandes empresas que surgieron a partir de la primera guerra mundial se fortalecieron por la libertad de comercio, al revés que los estadounidenses que no supieron beneficiarse de ello. Tal importancia adquirió la empresa en Gran Bretaña que en 1951 el 71% de los beneficios obtenidos en la isla eran de firmas que cotizaban en bolsa.

Después de la Primera Guerra Mundial ocuparon un puesto muy importante en la segunda revolución industrial.

EL SURGIMIENTO DE LA INDUSTRIA ALEMANA

Alemania no se unificó hasta 1871.

Alemania desplazó a Gran Bretaña como una primera potencia industrial europea.

Las compañías alemanas eran similares a las de Estados Unidos, centrándose en los metales, la química y la maquinaria.

Las leyes alemanas no prohibían las asociaciones de empresas para restringir el comercio, tampoco había legislación antimonopolio.

List afirmó que la unidad económica básica era la nación, la tarea de los empresarios y políticos era unirse por el bien de la nación. Las empresas tenían el fin de proporcionar poder ala maquinaria bélica.

La caída económica en los últimos años del siglo XIX, forzó a las compañías alemanas a unirse aumentando así el número de convenios que podían ir desde acuerdos informales hasta sindicatos legalistas.

Uno de los factores importantes en Alemania fue la influencia que ejercían los bancos y banqueros que optaron por formar bancos por acciones y sociedades limitadas que canalizaban el dinero de cualquier ahorrador. Los mayores bancos eran los universales que financiaros la mitad de la inversión de Alemania.

Otra diferencia importante era el sistema de gestión empresarial de dos niveles que serían los consejos de administración y las juntas supervisoras.

Las empresas alemanas colaboraban animadamente con los sindicatos.

El frente del trabajo de los nazis ayudó a mejorar la condición de los obreros en las fábricas.

Sus empresas eran tan sólidas y fuertes que resistieron dos guerras mundiales, el nazismo y la división del país.

-El éxito alemán se debió fundamentalmente a dos factores.

El culto a la formación científica y profesional

La elevada consideración de los directivos que disfrutaban de la misma categoría que los funcionarios públicos.

EL ZAIBATSU JAPONÉS

Japón dio el salto adelante hacia 1870 y asimismo adoptó un concepto de la compañía que combinaba la profesionalización más moderna con un nacionalismo acentuado y a veces atávico.

El Estado obligó a los samuráis a incorporarse al ritmo de vida occidental a la vez que abría oportunidades mercantiles dictando leyes para crear sociedades anónimas.

El crecimiento japonés ha sido el más sorprendente representando la cuarta parte de las exportaciones mundiales de hilo de algodón. Posteriormente las empresas japonesas destacaron en la electrificación.

Mitsubishi fue el modelo de los grupos industriales japoneses que dominaron la vida económica del país hasta la Segunda Guerra Mundial. El holding captaba a los gerentes en la universidad que pasaban toda su vida en la extensión familiar.

Los samuráis se hicieron leales a la empresa y hacían lo que fuese para que triunfara.


CAPÍTULO 6. EL TRIUNFO DEL CAPITALISMO GERENCIAL

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, la gran empresa se había convertido en la entidad definitoria de la sociedad estadounidense, el motor de una de las épocas de crecimiento económico más rápido que conoce la historia, una pieza dominante en la vida política y un factor decisivo de la transformación del país.

Lo más destacable de los sesenta años posteriores a la Primera Guerra Mundial fue la continuidad, en particular el éxito ininterrumpido de los grandes negocios estadounidenses.

LA REVOLUCIÓN DE SLOAN

En las dos primeras décadas del siglo XX empezó una separación gradual de la propiedad de la empresa de su dirección.

Las ciudades norteamericanas se transformaron y comenzaron con la creación de los imperiosos rascacielos.

Sloan llegó a presidente de la General Motors en 1923 y se convirtió en el referente de hombre de la compañía.

Du Pont y Sloan al observar que las operaciones de la compañía eran dispares, decidieron convertirlas en divisiones autónomas.

Esta estructura en divisiones fue adoptada por muchas grandes empresas porque era un instrumento ideal para desarrollar la gestión.

Al ofrecer un coche para cada bolsillo y cada objetivo General Motors retendría a los clientes toda su vida.

El sloanimos se basaba en una descentralización organizada. Los jefes de división atendían la parte del mercado que les correspondía. En la cumbre un comité ejecutivo, encabezado por Du Pont y Sloan, marcaba la estrategia empresarial descentralizada.

La estructura de la compañía era fácil de ampliar.

Otra ventaja del sistema de Sloan fue la innovación institucionalizada.

Solo una compañía de múltiples divisiones podía vencer a otra de su clase.

LOS GERENTES

Detrás del éxito estaba la nueva cultura de la gestión.

La enseñanza comercial a finales del siglo XIX consistía en poco más que teneduría de libros y secretariado.

Comienzan a tener una importancia superior los gerentes en este momento.

Harvard ofrecía cursos de marketing, finanzas y política comercial.

Hoover intentó aplicar la gestión empresarial en el gobierno.

Una escuela humanista rival se enfrentó a la escuela racionalista de Taylor.

Los gerentes eran el elemento fundamental de la industria.

La buena gestión atraía el crédito, a los trabajadores y a los clientes.

La lealtad al patrón equilibraba la solidaridad de clase.

Watson creo IBM en 1924 donde sus trabajadores eran hombres de la compañía que iban de uniforme y no tomaban bebidas fuertes.

Procter & Gamble implantó seguros de invalidez y vejez, la jornada de ocho horas y garantizaba el trabajo de 48 semanas al año.

Heinz pagaba la formación a sus empleados.

TRES DEBATES DEFINIDORES DE LA COMPAÑÍA

Al intensificarse la presencia de la compañía en la sociedad, el debate sobre su papel también se intensificó.

Tres textos publicados en 1930 y 1940 se plantearon preguntas sobre la compañía:

¿Por qué existe la compañía?

¿Para quién trabaja la compañía?

¿Qué pasa con los trabajadores

Coase publicó sus ideas en The Nature Of The Firm en 1937, asegurando en ella que la compañía surgió para suprimir las imperfecciones del mercado, mas específicamente los gastos en que los empresarios incurrían para conseguir el mejor trato y coordinar los procesos de fabricación.

Berle y Jeans hablaron en The Modern Corporation and Private Property afirmaron que las mayores 200 compañías mas grandes poseían la mitad del total de los activos, aunque se suponía que las compañías tenían que administrarse en interés de los dueños. Fueron los primeros en reconocer que la dirección de la compañía era una cuestión práctica.

En 1933 la Bolsa de Nueva Cork exigió cuentas claras a las compañías cotizadas. Roosevelt creó la Comisión de Valores y Cambios como arma contra los banqueros.

El último libro trata de la General Motors, the future of industrial man (1942).

En él Drucker afirmaba que las compañías tenían una dimensión social además de un fin económico.

Sloan lo invitó a analizar la GM y el resultado fue The Concept of The Corporation en 1946. Drucker aseguraba que la estructura descentralizada era el éxito claro de la General Motors.

En su segunda publicación, Drucker hacía un llamamiento a GM para que no utilizase a sus trabajadores como un coste sino como un recurso ya que los más valioso de ellos es su cerebro.

IMPERIALISMO EMPRESARIAL

Durante la Segunda Guerra Mundial los gobiernos se impusieron sobre las empresas obligando a empresas y sindicatos a colaborar para aumentar la productividad y evitar huelgas.

La guerra fría significó la consolidación del complejo militar industrial, según Eisenhower.

En Europa occidental los gobiernos de la posguerra nacionalizaban las empresas que estaban dominando la economía.

Herbert Morrison dijo que “ la empresa pública debe ser más que un negocio capitalista, el principio y fin de los beneficios y dividendos. Su consejo de administración y sus directivos deben considerarse los altos custodios del interés público”

Los gobiernos europeos y asiáticos volcaron recursos en sus campeones nacionales.

Las empresas de Estados Unidos se seguían extendiendo sobre el globo terráqueo.

Los bancos aumentaban las sucursales y el sector en alza de la informática y la tecnología produjo varias compañías nuevas como Xerox .

Muchos gerentes eran también accionistas, a pesar de que los dividendos pagaban más impuestos que los beneficios.

Las compañías se hicieron más burocráticas y la descentralización se convirtió en un medio de crear empleos para los gerentes.

EL HOMBRE DE LA ORGANIZACIÓN Y LA BENEVOLENCIA ESTADOUNIDENSE

Las empresas gozaban de estrechas relaciones con el gobierno y repartían el botín con los accionistas.

A los obreros se les proporcionaran manuales de empleo durante su vida útil y pensiones de jubilación, tendrán las empresas relaciones con los sindicatos bastantes buenas y se comportarán como buenos ciudadanos.

Los beneficiados más directos de todo este avance eran los gerentes, los hombres de la organización.

Estos hombres pasaban más tiempo en el trabajo que dentro de sus casas, incluso median su vida en términos de ascenso en la jerarquía empresarial. Los ejecutivos gobernaban EEUU.

Las empresas americanas conquistaban todos los mercados europeos por donde pisaba.

Las empresas alemanas y japonesas siguieron en su capitalismo cooperativo.

La estructura sloanista sobrevivió al asalto con relativa facilidad. Pero debería haber tomado buena nota del aviso.

La compañía gerencial empezaba a estar en peligro.

CAPÍTULO 7. LA PARADOJA DE LA COMPAÑÍA

(1975-2002)

Las empresas estadounidenses dominaban el mundo, ¿Por qué no permitirse el exceso de tener una torre de 110 pisos?

Paradójicamente, esa confianza en sí mismo resultó estar totalmente justificada y a la vez se trataba de un engaño irremediable.

Las razones de peso se fundaban en el triunfo del capitalismo privado, espoleado por la privatización y la desregulación en todo el mundo.

En el 2000 se había roto en pedazos la idea básica de la gran empresa: una institución formada por múltiples divisiones y jerarquizada que ofrecía a sus empleados un puesto vitalicio.

VIVA LA COMPAÑÍA

La economía de muchos países estaba en una situación lamentable, Richard Nixon reguló los salarios y los precios en 1971, también tomo medidas a favor de las minorías y creó algunos de los organismos reguladores más poderosos como la Agencia de Protección Medioambiental y la Administración de Seguridad e Higiene Laboral.

La revolución desreguladora empezó en Gran Bretaña cuando Margaret Thatcher fue aupada al poder en 1979 por los votantes hartos de huelgas y de estanflación.

En 1982 y 1984 el gobierno privatizó su participación en el petróleo y el gas del mar del Norte, seguido por British Telecom, British Gas, British Airways y British Steel. Hasta la red de suministro de agua y electricidad pasó a compañías privadas.

La privatización condujo invariablemente a la reducción de plantillas y la subida de sueldo de los ejecutivos, dos cosas que provocaron la cólera de la opinión pública.

Los Gobiernos de Hispanoamérica y Asia sudoccidental también vendieron las compañías de telecomunicaciones y servicios públicos, con demasiada frecuencia a aliados políticos.

El Gobierno de Yeltsin emprendió un gran programa de privatización en 1992. Emitió vales a todos los ciudadanos rusos para comprar acciones y el resultado fue que millones de personas perdieron su empleo.

Los chinos, por el contrario, permitieron abrir empresas pequeñas.

También crearon una clase restringida de “fichas rojas”, que eran compañías estatales privilegiadas que podían cotizar en la bolsa de Hong Kong.

El Gobierno de Reagan, desmembró la mayor compañía regulada del país, la AT&T.

Europa procuraba que fuera más fácil crear empresas. Incluso dentro del sector privado, la sociedad anónima cotizada en bolsa consolidó su influencia en el capitalismo.

Las entidades de todo el mundo basadas en la asociación o mutualidad se convirtieron en sociedades anónimas.

LA DESARTICULACIÓN DE LA COMPAÑÍA

Antes de que hubieran transcurrido diez años desde la inauguración de la torre Sears, la mayor vendedora al por menor de Estados Unidos luchaba por su independencia.

El número de grandes compañías de EEUU que abandonaba la lista de las 500 de Fortune se cuadriplicó entre 1970 y1990.

Muchas de las firmas que representaban la estabilidad empresarial, como Panamerican o el Barings Bank, desaparecieron.

El gran tamaño, lejos de ser una ventaja, se convirtió en símbolo de inflexibilidad.

La porción de la masa laboral y de los activos de esas compañías quedaron reducidos a aproximadamente la mitad. Las grandes empresas crecieron aunque mucho más despacio que las pequeñas, que en esos momentos creaban la mayoría de los puestos de trabajo en el mundo desarrollado.

Una empresa tan estable como IBM, que se negó a despedir empleados en la Depresión, entre 1990 y 1995 tuvo que despedir a la cuarta parte de la plantilla, aproximadamente 122.000 personas.

La historia de la compañía en el último cuarto del siglo XX es la de una estructura que está en desarticulación. Las compañías se vieron forzadas gradualmente a centrarse en sus “competencias nucleares”.

Los directivos de las empresas grandes afirmaban que gracias a las tecnologías nuevas resultaba más eficaz articular negocios en una sola compañía.

Cada vez más gente se marchó de las grandes compañías para montar su propia empresa. Y a medida que las grandes compañías se veían obligadas a centrarse en lo que podían hacer mejor o más barato, descubrieron que esas “competencias nucleares” no eran cosas tangibles, sino valores intangibles: la cultura del descubrimiento, por ejemplo los conocimientos de ingeniería de Mercedes Benz.

REDADA DE SOSPECHOSOS HABITUALES

Había Algo anacrónico en todo esto.

Tres factores desempeñaron un primer papel de desarticulación de la compañía:

Los Japoneses, Wall Street y Silicon Valley.

El modelo de empresa de los japoneses resultó ser limitado, pero aún así, cambió la concepción de los negocios en todo el mundo, sobre todo porque representaba una alternativa coherente al modelo occidental.

Hay otro aspecto del modelo japonés que podría llamarse “método a largo plazo”, las empresas japonesas creían en el empleo vitalicio para todos y la empresa se dirigía por consenso. Mientras que las empresas de EEUU operaban como unidades independientes.

En los años noventa, Japón se había estancado por varias razones: además de la mala gestión macroeconómica, el ideal de capitalismo benefactor era una de ellas.

La gestión por consenso era una excusa para la parálisis, el puesto vitalicio era imposible de mantener y además los jóvenes empresarios japoneses con talento emigraban a empresas occidentales que estaban dispuestas a darles más responsabilidad, y por supuesto, mejor sueldo.

BÁRBAROS Y FONDOS DE PENSIONES

Mientras los accionistas estuvieran desunidos y sumisos la situación resultaba cómoda para las empresas. Pero en el siguiente cuarto de siglo el poder de las grandes entidades de inversión creció sin descanso.

Los gestores de fondos se desprendían de acciones rápidamente para aumentar las ganancias trimestrales.

Sin embargo, las figuras de Wall Street que infundían más temor a los gerentes eran los “saqueadores de empresas”, particularmente ahora que se dedicaban a desmantelarlas aprovechando las deudas que tenían. Casi todos los saqueadores, además, actuaban con mucha arrogancia.

En el fondo, la adquisición apalancada era un intento de hacer que los gerentes pensaran como dueños y el éxito de éstas dependía mucho del precio que se pagara.

Estas adquisiciones se apoyaban en otro invento de Wall Street, los “bonos basura” pues en Wall Street siempre se habían negociado bonos de compañías en apuros.

Con escasas excepciones destacadas, los inversores querían empresas que hicieran bien su trabajo y castigaban sin piedad la debilidad burocrática.

No era casualidad que todos los grandes héroes empresariales de la época procedieran de un lugar famoso por tener compañías pequeñas y ágiles, la estrecha franja de tierra entre San José u San Francisco que en otros tiempos se llamaba Valle del Corazón Contento.

SILICON VALLEY

En 1996, cuando la revolución de internet se aceleraba, John Perry Barlow, emitió una advertencia “Gobiernos del mundo industrial, gigantes cansados de carne y acero: vengo del ciberespacio, el nuevo hogar de la mente. Pido a los que sois el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros”.

Las ideas comerciales de las que el Valle fue pionero, combinadas con la tecnología que inventaba, desarticularon aún más la compañía.

Su historia empieza en 1938 pero el Valle empezó a adquirir identidad en los años setenta.

El valle externalizó la fabricación y pasó de hacer chips a crear programas informáticos.

La red de empresas pequeñas de Silicon Valley concebía productos nuevos sin cesar.

Cambió la compañía de dos maneras, la primera por los productos que hacía que en el centro de casi todos ellos estaba la miniaturización.

El otro cambio fue la creación de una forma distinta de vida empresarial.

También toleraba el fracaso e incluso la traición en un grado nada habitual.

Los jóvenes ascendían por su capacidad únicamente y el Valle estaba más abierto a los emigrantes de lo habitual.

En 2001, un residente de cada tres era de origen extranjero.

DESARTICULADA, PLANA Y SIN FRONTERAS

Achacar a Silicon Valley, Wall Street y los japoneses todo lo que le ocurrió a la compañía en el último cuarto de siglo XX sería una simplificación.

Nada simboliza mejor la pérdida de confianza que la conversión de la teoría general en negocio. Las compañías se lanzaron a subcontratar la producción de todo lo que hubiera.

Otras compañías, principalmente de tecnología de la información y contabilidad, montaron negocios de consultoría.

Mientras la compañía iba saltando vallas, su relación con el resto de la sociedad cambiaba otra vez. En 1990 las compañías empezaron a llevar sus sedes fuera del centro de las ciudades. En vez de exhibir su pujanza ante el mundo, preferirían retirarse a las zonas industriales de los suburbios.

El héroe del mundo empresarial era ahora el emprendedor sin corbata, no el hombre serio con traje gris. Las mujeres empezaron a competir a todos los niveles, ya no eran solo secretarias.

El hombre de la compañía ocultó su identidad. Las compañías triunfadoras solían poseer una cultura de empresa potente, que es imposible mantener sin un núcleo duro de empleados.

El cambio más importante era psicológico, aunque la gente siguiera trabajando en las empresas, era patente que la antigua seguridad en el empleo y el cargo ya no existía.

CAPITALISMO REGULADO

Estos cambios planteaban cuestiones sobre las relaciones con el Estado.

Por un lado, los gobiernos habían liberalizado la compañía, desregulado los mercados, reducido las barreras al comercio y privatizado las empresas públicas.

Por otro lado, una gran variedad de grupos de presión, buscaban maneras para hacer que la empresa asumiera fines sociales.

El gobierno de EEUU también apretó la mano reguladora, especialmente en sanidad, seguridad, medio ambiente, empleo, derechos de los consumidores y discriminación positiva.

Las empresas estadounidenses tenían más restricciones que nunca para realizar una de sus funciones más elementales, contratar y despedir.

Por otra parte, las leyes de comercio justo para evitar los males de la pobreza en el Tercer Mundo ejercían una presión muy fuerte sobre las empresas de EEUU.

Se reanudó la vieja discusión acerca de si el fin de las empresas es solamente ganar dinero legalmente o ser instrumento del bien común.

CAPÍTULO 8. LAS MULTINACIONALES DE INFLUENCIA (1850-2002)

Pocas compañías han despertado más antipatía que las multinacionales.

Las multinacionales siempre han levantado recelos, de las élites nacionales, que las consideraban una amenaza a su legítima autoridad; de los populistas conservadores, que las condenaban por ser agentes del cosmopolitismo, y de los socialistas, para quienes eran la “última fase del capitalismo”.

Las naciones-estado se sienten dueñas del país; la lealtad de las multinacionales atraviesa las fronteras.

La única razón por la que una multinacional prospera en un país, por medios lícitos o no, es que vende mejor sus mercancías o los servicios que los competidores nacionales. Esa proposición no suele gustar.

LAS PRIMERAS INCURSIONES EN EL EXTERIOR

Inevitablemente, la historia de una multinacional refleja la de las compañías en su totalidad. La idea empezó en Europa y floreció la primera vez en el siglo XIX en Gran Bretaña, pero luego la tomó Estados Unidos.

Los primeros negocios cuyas actividades atravesaron las fronteras fueron los bancos.

Pero la historia de la multinacional moderna, empieza en Gran Bretaña con el ferrocarril.

La primera red de ferrocarriles era en su totalidad de propiedad británica, y los primeros enlaces ferroviarios entre París y los puertos del canal de la Mancha los construyó la London and Southampton Railway Company.

En EEUU las compañías británicas eran sobre todo inversores pasivos.

Las primeras compañías ferroviarias tenían a menudo dos consejos de administración: uno en Londres, ocupado principalmente de la gestión financiera, y otro en el país donde trabajaba, para dirigir las operaciones sobre el terreno.

En el último cuarto del siglo XIX, la forma de las multinacionales evolucionó de dos maneras, en primer lugar se liberó de su pesada envoltura y en segundo lugar tuvo que adaptarse a la negociación política, especialmente en materia de aranceles.

La multinacional británica más sencilla era una empresa con éxito que salía al extranjero a buscar mercados y materiales.

En Gran Bretaña había otro grupo de compañías multinacionales fundadas especialmente para el comercio exterior. El grupo más numeroso era el de las llamadas free standing companies, que normalmente tenían su sede en Londres, pero actuaban en otro país.

Pese a su espíritu pionero, los británicos cojeaban en el extranjero de lo mismo que cojeaban en casa, gestión poco profesional.

Los alemanes eran más sistemáticos y menos aventureros. Alemania también tenía en el extranjero muchas compañías comerciales o casas mercantiles, como las llamaban.

Pero la típica multinacional alemana era una compañía triunfadora en su país que salía al extranjero para buscar mercados y materias primas, primero a Austria-Hungría y poco después a EEUU.

Alemania produjo multinacionales de alta tecnología con mucho más éxito que Gran Bretaña, especialmente en los sectores químico y eléctrico. También empezó a crear marcas de bienes de consumo de prestigio internacional.

Casi todos los países Europeos crearon multinacionales. Francia era el segundo exportador de capital de Europa después de Gran Bretaña.

Muchas multinacionales del siglo XIX, en particular europeas, estaban ligadas al imperialismo, aunque ninguna tanto como la compañía de las Indias Orientales.

Casi toda la inversión directa de la época iba a parar a los países desarrollados más que a las colonias. Las tribus empobrecidas de África no estaban en condiciones de demandar productos occidentales. La lógica del imperialismo del siglo XIX, en su mayor parte, era más estratégica que comercial.

UN IMPERIO PROPIO

Una señal directa de lo expuesto es que al mayor desafío de liderazgo británico no lo plantearon sus compañeros imperialistas europeos, sino las empresas de EEUU.

Las compañías estadounidenses fueron las primeras que aprendieron a explotar una economía en la que la mano de obra era relativamente escasa y los obreros razonablemente bien pagados; las primeras en dominar la producción y la venta en masa.

Improvisaron departamentos de ventas en el extranjero para enfrentarse a la demanda espontánea de sus productos.

Después de la Primera Guerra Mundial, los norteamericanos se hicieron más metódicos, pero ningún arancel valía contra el ingenio estadounidense.

En los años de la postguerra EEUU aventajó a Gran Bretaña. La Segunda Guerra Mundial sirvió para dar a las multinacionales de EEUU la ventaja definitiva sobre sus competidoras europeas.

El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) barrió casi todas las barreras y las empresas de Estados Unidos se volcaron velozmente al exterior.

LA MULTINACIONAL MULTICULTURAL

La devaluación del Dólar en 1971 encareció los valores extranjeros para las empresas de EEUU y abarató los valores estadounidenses para los extranjeros.

La inflación y la recesión quebranto más aún su confianza en sí mismos. Al entrar los años ochenta, los norteamericanos estaban a la defensiva, vencidos por los alemanes y humillados por los japoneses.

La geografía aún imponía sus límites.

- Sucedieron tres cambios importantes que afectaron a todo tipo de multinacionales:

El primero fue el enorme aumento de su número. La inversión directa en el extranjero creció tres veces más deprisa que el comercio mundial.

El segundo fue que las empresas pequeñas promovían la globalización tanto como las grandes. La rebaja de los aranceles, la desregularización generalizada, la caída de los costes del transporte y las telecomunicaciones hicieron posible que los David desafiaran a los Goliat.

El tercero fue que las compañías que operaban en todo el mundo se esforzaban por tratarlo como un mercado único, poniéndose nombres como “transnacionales”, “metenacionales” y “multinacionales”.

Muchas de las actividades de esos años estaban movidas por el deseo de combinar la escala global con los conocimientos locales.

Algunas compañías veían el mundo en desarrollo como fuente de mano de obra barata, no de ideas.

Esta economía “Nike”, basada en obreros baratos del Tercer Mundo, alentó la reacción contra las multinacionales.

LA GRAN ANTIPATÍA

Los antiglobalizadores se manifestaban en Seattle, Washington y Londres en protesta por el poder abrumador de las multinacionales, lanzando consignas contra compañías como McDonal's que a mediados de los noventa despachaba tres millones de hamburguesas en cien países.

La realidad es que las multinacionales eran bastante menos poderosas de lo que sus detractores pensaban. Lejos de ganar poder económico, las principales multinacionales lo están perdiendo.

Además, hay que tener en cuenta, que la riqueza no es poder.

La historia de las multinacionales apunta a dos conclusiones contradictorias:

La primera es que en general se han convertido en una fuerza para hacer el bien, o por lo menos han dejado de pecar tan escandalosamente.

Las multinacionales suelen aplicar normas más beneficiosas para los empleados que sus rivales del país. La clave de su éxito no está en los salarios bajos, sino en que aportan más capital, aptitudes e ideas.

La segunda es que nunca las multinacionales han gozado de aprecio, ni en su país de origen ni en el extranjero.

Es preocupante la idea de que el empleo de alguien depende de las decisiones que toman unos directivos que viven muy lejos.

De modo que las multinacionales seguirán representando mucho de lo mejor de las compañías, capacidad para aumentar productividad y, por consiguiente, el nivel de vida de la gente común.

Pero también seguirán personificando lo más inquietante de las compañías, y quizá también lo más alienante.

CONCLUSIÓN

EL FUTURO DE LA COMPAÑÍA

En 1912 Woodrow Wilson se lamentaba del crecimiento de las grandes empresas, de cómo estaban transformando a ciudadanos libres en meros engranajes de la gran máquina industrial.

La compañía está profundamente implicada en casi todas las grandes “rupturas con el pasado”, y aún cuando no lo haya hecho ella misma, ha demostrado, una notable habilidad para condensar los cambios sociales.

La compañía, en su historia ha demostrado capacidad para evolucionar, de hecho ese es el secreto de su éxito.

En el siglo XIX la compañía se transformó de ser instrumento del estado pasó a ser una “pequeña república” independiente, ocupada en administrar sus asuntos y enriquecer a sus accionistas.

-Desde el punto de vista económico se presentan tres futuros distintos para la empresa:

El primero es que un grupo de compañías gigantes estuvieran dedicadas a apoderarse del mundo en silencio.

El segundo es casi lo contrario que el primer planteamiento, sostienen que las compañías son cada vez menos sólidas.

El tercero; es una derivación de la segunda, la compañía aislada ya no es el elemento básico de la economía moderna y será sustituida por la “red”.

Ninguno de estos tres futuros parece inevitable aunque los dos últimos parecen más verosímiles que el primero.

La tendencia actual es que las organizaciones más grandes se dividan en unidades más pequeñas y emprendedoras.

UNA FRANQUICIA AMENAZADA:

El defecto de estas tres previsiones económicas es que no tienen en cuenta una variable decisiva: la política.

La empresa moderna no está en la misma situación que la compañía de las Indias Orientales, que tenía que ir al Parlamento sombrero en mano a que le renovara la cédula cada veinte años.

Desde la mitad del XIX se viene librando una batalla entre dos conceptos de empresa: el ideal benefactor y el ideal del interés.

Lo más probable es que el modelo anglosajón siga ganando terreno, aunque solo sea porque es más flexible. Aunque las compañías anglosajonas no tengan alma, tienen cerebro.

Por otra parte, los capitalistas han aprendido el valor de obrar con responsabilidad ante una crisis.

Las dificultades futuras podrían venir menos de lo que las compañías influyen en la sociedad que de lo que la sociedad influye en las compañías.

Los gobiernos han liberalizado los mercados, pero están regulando a las compañías más que nunca.

Todo esto ha favorecido la tendencia a una creciente responsabilidad social de las empresas, y de algún modo, tienen la historia de su parte, pues para bien o para mal, el destino de las “pequeñas repúblicas” de Robert Lowe ha estado siempre unido al Estado que las hizo libres.

La mayor contribución de la empresa a la sociedad es el progreso económico. Las empresas están obligadas a cumplir la ley, pero están pensadas para hacer dinero.

Lo peculiar de la situación actual es que mientras que las empresas en conjunto nunca han parecido más vigorosas, las empresas tomadas una a una nunca dan la impresión de ser más frágiles y efímeras.

En un mundo de posibilidades ilimitadas ninguna empresa puede contar con un futuro seguro.

¿Encontrará la sociedad un nuevo modo de sacar partido de una entidad que se ha hecho colectivamente indispensable pero individualmente impredecible? Esa pregunta debería estar en el centro del debate sobre el futuro de la compañía, mientras tanto hay mucho que aprender del pasado de la sociedad anónima.

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