La Elegía a Ramón Sijé; Miguel Hernández

Literatura española contemporánea. Siglo XX. Generación del 27. Poesía y lírica de la generación del 36. Localización. Estructura. Tema. Estilo. Simbología

  • Enviado por: Cameron
  • Idioma: castellano
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Elegía

En Orihuela, su pueblo y el mío, se me
ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con
quien tanto quería.

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández.

Localización

Este poema fue escrito en 1936 por el dramaturgo español Miguel Hernández.

Miguel Hernández Gilabert nació en Orihuela (Alicante) el 30 de octubre de 1910, segundo hijo varón en el seno de una familia numerosa y humilde.

Tempranamente, cumplidos los 15 años, la débil economía familiar reclama el trabajo del jovencísimo Miguel. Haber dejado de estudiar no supone el abandono de la lectura, todo lo contrario, las horas en el campo propician la lectura apasionada de todo libro que cae en sus manos. Con el tiempo Miguel se va incorporando a la vida cultural oriolana “tertulia de los poetas del horno”, primeros poemas, primeras publicaciones…

En la década de 1930 se marchó a Madrid donde trabajó como colaborador de José María Cossio en “Los toros” y se relacionó con los poetas Pablo Neruda, Rafael Alberti, Luis Cernuda y otros. Durante este asentamiento en Madrid, en el año 1936, Miguel sufre una gran conmoción, su amigo Ramón Sijé muere repentinamente, miguel define la muerte del amigo como: “¡que se muere, sí, como el rayo!”, y el dolor y el remordimiento por la distancia que se había creado con su gran amigo en los últimos meses se hace patente en el poeta.

'La Elegía a Ramón Sijé; Miguel Hernández'
Cuando España se ve abatida por la tragedia de la guerra civil (1936-1939), Miguel Hernández va actuar en la contienda movido por dos cualidades muy suyas: lealtad y generosidad.

Durante los primeros años, Miguel vive un gran auge literario, promovido por los sucesos que le estaban ocurriendo, participa activamente en el congreso Internacional de escritores antifascistas y acude en visita oficial a la Unión Soviética. Se casa precipitadamente con Josefina Manresa mientras estaba en el frente y nace su primer hijo, Manuel Ramón. La ilusión pronto se quiebra, cada vez más encarnizada la guerra, violentas acciones bélicas rompen la España republicana, a la vez que la muerte de su hijo hacen que el poeta quede totalmente desmoralizado. Estas adversidades quedaran reflejadas en algunas obras suyas marcadas por la tragedia. Miguel conocerá de nuevo el alivio con el nacimiento de su segundo hijo, Manuel Miguel (1939), pero los acontecimientos se precipitan y Miguel intenta huir a Portugal.

Devuelto a la Guardia Civil, inicia su calvario de presidios al que el mismo Miguel llama “turismo” por las prisiones españolas.

Puesto en libertad regresa a Orihuela, donde apenas doce días más tarde es detenido de nuevo y se le traslada a la prisión madrileña del Conde de Toreno.

Juzgado en consejo de guerra en julio de de 1940, se le condena a pena de muerte, finalmente la condena pasa a ser de cadena perpetua. Pasa por diversos penales, y termina en el reformatorio para adultos de Alicante. Enfermo gravemente desde finales de 1941, sin fuerzas apenas para escribir brevísimas cartas, se va consumiendo.

Finalmente muere el 28 de Enero de 1942, a los 31 años, a causa de la tuberculosis, en la enfermería de la prisión de Alicante. Un pequeño grupo de amigos y familiares le acompañaron hasta el cementerio. La sencilla sepultura en la que está enterrado tiene una lápida con una breve inscripción que nos recuerda que allí reposan los restos de un poeta grande y humilde.

Ramón Sijé era un íntimo amigo del poeta, los dos nacidos en Orihuela, establecen amistad en la infancia, pero es en su adolescencia cuando el vinculo que les une se hace más fuerte. Las tertulias de “los poetas del horno” hacen que los dos jóvenes vean que hay muchas cosas que le unen. Cuándo Miguel decide probar suerte en Madrid, su idea es triunfar en la gran ciudad ya que el ámbito local y comarcal de Alicante se le ha quedado pequeño. Este nuevo reto en la vida del poeta esta respaldado por personas que serán cruciales en su vida. Josefina Manresa, su futura esposa y Ramón Sijé. Los dos apoyan la decisión de su amigo de buscar nuevas metas, y le despiden con cierta tristeza, pero con alo de esperanza de que Miguel encuentre lo que busca. En su primer viaje a Madrid, Miguel fracasa y el recuerdo de sus amigos le empuja a volver a su tierra natal. Poco después se vuelve a embarcar en la aventura madrileña, y es aquí cuando Miguel, como ya hemos dicho, se empieza a relacionar con diversos poetas y diferentes personalidades de la literatura española. Por entonces el recuerdo de sus amigos y familiares pierde fuerza. Miguel, en la capital, ha encontrado un nuevo mundo en el que se siente a gusto. La irrupción de la guerra supone un gran sobresalto para el poeta, y ese año cargado de múltiples emociones y sensaciones depara un duro golpe para el poeta, la inesperada muerte de Ramón Sijé.

La noticia le llego a través de Vicente Aleixandre. Eran los últimos días del año y el fallecimiento se había producido unos días antes, el día de Nochebuena a las once de la noche, en 1935. En una carta a Juan guerreo Ruiz dice “He llorado a lágrima viva y me he desesperado por no haber podido besar su frente antes de que entrase en el cementerio…”.

Miguel, instalado en un pequeño cuarto de una pensión madrileña, recordando al amigo y compañero con el que inició su camino en la aventura literaria, comenzó a escribir la elegía a Ramón Sijé.

Por tanto debemos situar este poema en un momento de dolor, de culpabilidad por no haber podido despedirse del amigo. Es un poema escrito en caliente, en el que los sentimientos están a flor de piel. Un poema escrito para dejar patente el peso que lleva Miguel dentro suyo, un poema para que nadie olvide el amor que unió a los dos amigos, aunque en las acaballas de la vida de Ramón diera la sensación de que la relación entre los dos se hubiera enfriado.

Acto relacionado con la muerte de su amigo que cabe destacar, es que el ultimo libro que Miguel iba a publicar, EL rayo de no cesa, se estaba acabando de imprimir, pero Miguel detiene al impresión e incluye rápidamente la elegía a su amigo porque quiere rendirle ese ultimo homenaje. El azar hace que este libro empiece con la dedicatoria de su amor renacido a Josefina, y al final la triste y arrebatada elegía ante su gran amigo.

Estructura interna

Esta elegía, como tal, consta de tres partes:

La primera es la llamada de “meditación”, en la que Hernández reflexiona y recuerda los tiempos pasados con su gran amigo. De ahí la insistencia en resaltar la importancia del campo y el modus vivendis agrario ya que, investigando en ambas biografías, sabemos que los dos poetas acudían al huerto con frecuencia para estar en contacto con la naturaleza y con el ambiente pueblerino y pastoril del que tan orgulloso se sentía Hernández.

Esta etapa de “meditación” o recuerdo comprende los cuatro primeros tercetos.

La segunda parte es el “lamento de los sobrevivientes”. Es quizá donde Miguel Hernández se expresa con más emotividad ya que nos habla de su propio sentimiento ante la pérdida de un ser querido. Habla en primera persona de la pena que siente.

Dentro de este lamento enmarcamos desde la quinta estrofa hasta la onceava.

La tercera y última parte es la de “alabanza”, en la que el autor elogia al fallecido y destaca sutilmente algunas cualidades de este.

Esta sería la estructura típica de una elegía, composición poética cuyo contenido es invariablemente melancólico y centrado en la muerte, sin embargo, algunos críticos (como Sánchez Vidal) han ideado una estructura más específica:

-Encuentro con la muerte

-Rebelión

-Sublimación

El “encuentro con la muerte” comprendería en su totalidad las siete primeras estrofas, en las cuales Miguel Hernández acepta la muerte de Ramón y es consciente de la gravedad de este hecho también como algo inevitable. Es donde Miguel se muestra más afectado. No juzga a nadie ni a nada, tan solo expresa con intensidad sus emociones.

Realiza un flashback en el que se sitúa junto a su amigo poniendo el huerto como telón de fondo.

Utiliza una bonita metáfora para decir que su amigo yace enterrado presentándolo como algo bueno para la tierra, que la abona, que la “estercola”.

En los versos ocho y nueve, el autor expresa con dureza su dolor mediante una hipérbole, argumentando el no poder ni hablar.

En el cuarto terceto hay una anáfora pero también puede verse como paralelismo: “Un manotazo duro, un golpe helado, / un hachazo invisible y homicida, / un empujón brutal te ha derribado.” Presenta la misma estructura (determinativo/ sustantivo/adjetivo). Esta cuarta estrofa da mucho de sí, se observan en ella numerosos recursos. El que más se hace notar es la sinestesia, es decir, la unión de dos sensaciones que pertenecen a campos sensoriales distintos:

TACTO GUSTO OLFATO VISTA OÍDO

duro/manotazo ---------------------------------------------------------------------- manotazo

golpe/helado-------------helado--------------helado------------------------------------golpe hachazo ----------------------------------------------------------- invisible --------------------

En este mismo terceto, Hernández muestra como ha sentido la muerte: repentina, incesante, “invisible”, como un rayo, “un empujón brutal”. No se trata pues de una elegía a una muerte lenta y pesada sino todo lo contrario. Esto lo consigue a través de una adjetivación pesimista, con lo que consigue también la aceleración del ritmo poético.

El poeta muestra, creemos, su máxima condolencia en el verso quince, en el que a través de una paradoja hiperbólica dice: “y siento más tu muerte que mi vida”.

El autor hace una metáfora de la muerte con “rastrojos de difuntos” en el sexto terceto.

En el séptimo y último terceto de esta primera etapa encontramos uno de los pleonasmos más famosos de la poesía española: “temprano madrugó la madrugada,...”

Además, se produce en toda la estrofa una anáfora o, como en el cuarto terceto, un paralelismo en la estructura.

En el verso veintiuno observamos una curiosa y satírica alegoría para referirse a la muerte prematura de Ramón: “…temprano estás rodando por el suelo.”

En esta estrofa habla de lo joven que se llevó la muerte a su gran amigo.

En esta primera parte, el autor refleja la duración del dolor a partir de la combinación de dos tiempos verbales: del futuro (versos del uno al siete) al presente (versos del ocho al veintiuno).

Según esta otra estructuración, la segunda parte, “rebelión”, iría desde la estrofa ocho hasta la once. En ella, el autor presenta un estado de emocional de rebelión ante la inevitable muerte en un tono de desesperación. Miguel Hernández está ya más enojado que triste. Ya no tan desolado, sino que muestra su carácter luchador y revolucionario.

En el terceto numero ocho hay un paralelismo (o simplemente una anáfora) como en la estrofa anterior. En este terceto encontramos una escondida personificación de la muerte y una antítesis con la vida.

En el noveno terceto es deducible una intención de furia y fiereza a partir de una aliteración mediante las palabras: levanto, tormenta, piedra, rayo, hacha, estridente, sedienta, catástrofe y hambrienta.

Es impactante la rabia y el dolor contenido del poeta cuando dice: “Quiero escarbar la tierra con los dientes, / quiero apartar la tierra parte a parte / a dentelladas secas y calientes.” En esta misma estrofa (diez) hay un paralelismo (o anáfora) entre el verso veintiocho y veintinueve. El testimonio del hermano del poeta aclara esta situación: “Se consideraban como hermanos. Miguel y Sijé se habían jurado, inclusive, que si uno de ellos llegaba a morir, el otro debería cavar la tumba del amigo desaparecido. Sijé murió muy joven, a los veintidós años. Al saberlo Miguel, vino a Orihuela con la intención de cumplir su promesa. Cuando llegó, Sijé ya había sido enterrado. Miguel, furioso, pretendió exhumar a su amigo y cavarle una nueva sepultura. Nos costó muchísimo disuadirlo de cumplir su proyecto..."

Se dice que esta promesa es la que desencadena tal furia en Miguel y de ahí la aspereza de esta publicación tan fantástica e intensa.

Del odio pasa a la esperanza sin fundamento, creyendo en la idea utópica y obsesiva de querer liberar a su amigo Sijé de la muerte: “Quiero minar la tierra hasta encontrarte / y besarte la noble calavera / y desamordazarte y regresarte.” Aquí Sijé ya no se muestra conformista, sumiso, ya no acepta que esta muerte repentina haya sucedido. En el verso treinta y tres hemos encontrado un polisíndeton, es decir, la repetición innecesaria de la conjunción <<y>>.

La tercera parte es la llamada de “sublimación” o resolución del conflicto anterior. En ella, el poeta se expresa con muchísima más sutileza y delicadeza, casi de un modo angelical: “…por los altos andamios de las flores / pajareará tu alma colmenera. // de angelicales ceras y labores. / Volverás al arrullo de las rejas / de los enamorados labradores.”

El poeta abandona el odio y adopta una triste sensación de esperanza y nostalgia: “Volverás a mi huerto y a mi higuera;…”

Hay una alegoría muy bonita en el catorceavo terceto, en el que usa la expresión “la sombra de mis cejas” para expresar su tristeza.

En las dos últimas estrofas, Miguel Hernández alude a los almendros. Esto se debe a la continuidad con que Miguel y Ramon visitaban los almendros en otoño. Así lo explica el mismo Miguel en una carta a Carlos Fonoll (el panadero): "Quiero ir cuanto antes por ahí; ya estarán los almendros de nuestros campos resplandecientes... Por este tiempo íbamos Sijé y yo el año pasado a verlos juntos, por este tiempo corría yo por la sierra de un lado a otro tirando piedras y bañándome en los barrancos y ahora estoy a esta máquina de escribir que se ríe de mí."

En el verso cuarenta y seis, las rosas toman personalidad a modo de metáfora y el último verso es un verso de cierre que, mediante un apóstrofe, se despide definitivamente de su amigo.

El poema está plagado de encabalgamientos suaves, aquellos en los que el sentido del verso encabalgante necesita todo el verso siguiente para completarse, por ejemplo, en el primer y segundo verso: “Yo quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas,…”

Sin embargo, destacaremos únicamente los encabalgamientos abruptos. Hay varios de ellos: el verso siete enlaza el segundo terceto con el tercero y el verso treinta y seis une el duodécimo soneto con el treceavo.

La elegía entera está escrita a modo de apóstrofe ya que en todo momento se dirige a su amigo, aún estando muerto, como si este último fuera a leerla.

Estructura externa

Este bonito poema es una elegía, como ya dice su título, cuya métrica corresponde a dieciséis tercetos encadenados de arte mayor (endecasílabos) de rima consonante. Posee cuarenta y nueve versos, resultado erróneo si la poesía fuese matemática, pero no es así porque incluye un verso final que rima con el segundo verso del último terceto.

La estructura de los tercetos encadenados nos gusta mucho porque posee una musicalidad especial, en rimar el primer verso con el tercero, y el segundo con el primero del siguiente (ABA/BCB/CDC…)

Tema

Dolor, tristeza y rebelión.

Estas tres palabras son las que, para nosotros, prenden del poema. Es una de las elegías más tristes que hemos leído, llenas de sentimientos contradictorios y pasión. Es, posiblemente, el mayor elogio a la amistad. Sin embargo, debido al carácter revolucionario del autor, la elegía nos ha sugerido también un sentimiento de lucha en grandes dosis.

Estilo

El poema que estamos tratando es de estilo muy sencillo.

Miguel Hernández escribe este poema en un momento en que los sentimientos brotan puros, por lo tanto no escatima en buscar palabras de dificultad alguna, todo lo contrario. Miguel en este poema quiere transmitir proximidad con un léxico claro y cercano ya que el poema esta escrito como la última carta que miguel no pudo enviar a su amigo. Esta es una de las causas por las cuales el poema resulta tan fácil de leer, o más bien, de comprender. El hecho de que esté escrito con la intención de carta hace que el poeta escriba las cosas tal como las siente, sin ninguna intención de querer demostrar en ningún momento cualquier dominio léxico.

Todas las palabras que usa Miguel solo quieren llevar a una sola cosa: a introducir al lector en un mundo un tanto tenebroso, en el que la sombra de la muerte cobra importancia. Según la tendencia de la época, el realismo empapa el poema de una manera bastante peculiar. Intenta encontrar la belleza a través de la imagen. Por eso encontramos diversas comparaciones que hacen que el sentimiento que quiere expresar Miguel lo podamos imaginar a partir de una imagen. Un ejemplo es la siguiente imagen: “En mis manos levanto una tormenta / de piedras, rayos y hachas estridentes / sedienta de catástrofes y hambrienta.”

En ella podemos encontrar lo que antes comentábamos, la expresión de un sentimiento a partir de una imagen, en este caso el caos que le ha producido esta muerte a Miguel la compara o lo intenta expresar con la imagen de una tormenta, en la que el viento, las nubes y el caos que hay dentro del fenómeno natural arrasa con todo lo que coge. La muerte de su amigo para el es un símil ya que su muerte ha arrasado aquella ilusión que el poeta tenía por vivir, esa muerte ha hecho que pierda la estabilidad y el poeta se ha hundido en el caos o desorden mental.

Conclusión

Este trabajo nos ha servido para descubrir diversas cosas. Hemos investigado la vida de una persona que no conocíamos, y la reacción que tuvo delante de la muerte de un ser querido. Esta introducción en la vida del poeta nos ha hecho comprender cada frase del poema, un poema lleno de tristeza y dolor. Cada vez que descubríamos un hecho más de su vida entendíamos un verso nuevo. Así, entrando en la biografía del poeta, y sobretodo el momento que vivía cuando lo escribió, hemos entendido el porqué de esa sencillez.

Al principio, la frase que más nos asustaba era la de: “Yo quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas, / compañero del alma, tan temprano.”

Porque no conseguíamos encontrar ningún porqué a esa frase, y cuando encontramos mas información sobre Ramón y su relación con Miguel conseguimos darle un sentido.

Los dos nos dimos cuenta de que no nos costo nada encontrar el poema, por lo que pudimos deducir que es un poema bastante importante dentro de la obra de Miguel Hernández, y no es de extrañar, ya que es un ejemplo de elegía en todo su esplendor; cada palabra nos lleva a lo que nos ha de conducir una elegía, el recuerdo de una persona y el luto. Recordarnos que la persona a la que estamos dedicando esos versos ya no se encuentra entre nosotros, y sobre todo Miguel nos hace ver el amor, la inmensa amistad que les unía, que es este el sentimiento clave que hace que la elegía tenga fuerza, ya que hacer una elegía de alguien a quien no conocemos y ni siquiera hemos amado, no tiene fuerza, ya que el sentimiento de dolor esta falto de base. En esta elegía, el dolor y el sentimiento de vacío que nos ha hecho sentir el autor viene dado por una intensa vida juntos.

La sensación del autor de no poder cavar la tumba de su amigo es lo que hace de este poema una obra maestra. Los dos hemos coincidido en este punto. Hernández nos transmite la angustia que vivió de una manera genial y a la vez espeluznante.