La desobediencia

Psicología. Conductas. Frecuencia. Gravedad. Trastornos. Castigos. Consecuencias. Procedimientos para el cambio

  • Enviado por: Espero K T Sirva
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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1.- La desobediencia: Un problema cotidiano

La desobediencia es un problema al que cotidianamente han de enfrentarse padres y profesores.

Desobedecer es algo que los niños hacen con frecuencia. Sin embargo, ¿cuando debe considerarse ésta conducta como algo patológico?

La diferencia debe hacerse en términos de frecuencia, gravedad, de los comportamientos exhibidos y grado de interferencia en el funcionamiento familiar, social y académico del niño.

¿Qué es desobedecer?

Diremos que la conducta de desobediencia se produce cuando:

Un superior (padre...) ordena al niño que realice una conducta y este no responde a su petición.

Un superior pide al niño que interrumpa su conducta actual y el niño no interrumpe la conducta.

El niño no realiza una conducta que se ha establecido que por norman tiene que realizar.

El niño lleva a cabo conductas que explícitamente se han prohibido.

Sin embargo, existen situaciones que aunque estos criterios se cumplen no queda claro que se pueda hablar de desobediencia. Por ejemplo, la primera de ellas hace referencia a la existencia de forma simultánea de dos órdenes incompatibles.

Respecto a la frecuencia y gravedad de las conductas de desobediencia

Los estudios han puesto de manifiesto los realizados en este campo; que éstas son conductas de gran prevalencia en los primeros años de vida, pero que tienden a desaparecer con la edad.

Las conductas de desobediencia y el trastorno por oposicionismo desafiante

Esta categoría incluye un subgrupo de comportamientos desafiantes, desobedientes que exceden los límites de la normalidad, tanto por su excesiva frecuencia como por su mayor gravedad de las conductas exhibidas.

Los rasgos esenciales de este trastorno lo constituyen: un patrón de negativismo, hostilidad y conducta desafiante, caracterizado por la presencia de comportamientos como encolerizarse; discutir con los adultos, hacer deliberadamente cosas que molestan a otros, etc...

Es preciso diferenciar: El trastorno por oposicionismo desafiante del trastorno de conducta. Aunque ambas incluyen comportamientos como rabietas, etc... El trastorno de conducta incluye o implica una mayor gravedad, en cuanto que supone una violación de los derechos básicos de otros.

En relación a cuántos niños y adolescentes padecen trastorno por oposicionismo desafiante, los estudios realizados hablan de las cifras entre el 2 y el 16 por 100.

Antes de la adolescencia es más común en niños, después no existe diferencia entre ambos sexos.

2.- ¿Por qué mi hijo es desobediente?

Los niños aprenden a comportarse. Tanto las conductas adecuadas como las inadecuadas dependen de sus consecuencias.

Si una conducta es reforzada es esperable que esa conducta se mantenga en el futuro.

Si una conducta no es reforzada es esperable que dicho comportamiento desaparezca en el futuro.

Finalmente, se revisan una serie de variables tanto del niño como del padre que parecen estar implicadas en la oposición de estos problemas de conducta.

Las consecuencias positivas: los reforzadores.

Las consecuencias positivas reciben el nombre de reforzadores.

Existen dos formas básicas de reforzar una conducta: La conducta va seguida de un premio o una recompensa y que dicho comportamiento ponga fin a una situación desagradable.

Tanto el refuerzo positivo como el negativo constituyen consecuencias positivas de una conducta; por tanto ambas fortalecen dicho comportamiento y hacen que este sea más probable en el futuro.

Los reforzadores materiales y de actividad suelen ser más potentes; tiene más capacidad de refuerzo que los sociales.

El uso eficaz de los reforzadores

Algunos principios fundamentales para ello:

Una recompensa o refuerzo es más eficaz cuando se administra inmediatamente después de la conducta que queremos reforzar.

En las primeras fases del aprendizaje el reforzador debe aplicarse de forma continua.

Es necesario que al niño le sea fácil obtener el reforzador.

Algunos comportamientos son conductas complejas y es mejor reforzar cada uno de los pasos y no esperar a que se realice en su totalidad.

Una vez que la conducta está aprendida conviene pasar a reforzarla de forma intermitente.

Tanto los niños como adultos, necesitamos el refuerzo y la aprobación de otros.

Consecuencias negativas: Los castigos

Existen dos formas de castigar una conducta:

* Haciendo que la conducta vaya seguida de un estímulo o situación aversiva. Por ejemplo: azote, un insulto...

* Haciendo que la conducta vaya seguida de la retirada de una recompensa.

La consecuencia del castigo: es la disminución rápida e inmediata de la frecuencia de la conducta.

Otro supuesto al que hacemos referencia en este capítulo: La no existencia de consecuencias:

La extinción

Cuando una conducta no produce ningún efecto, es decir, no provoca consecuencia.

Para ello es necesario saber si la conducta es nueva, que ha aparecido por primera vez o por el contrario si la conducta ya se tiene en su repertorio.

Cuando comienza el proceso de extinción es cuando se deja de reforzar dicha conducta.

Otro supuesto es cuando las consecuencias de una conducta son contradictorias:

En ocasiones la misma conducta tiene consecuencias diferentes e incluso contradictorias y esto puede ocurrir por varios motivos. En uno de los casos, las consecuencias pueden cambiar en función de la situación.

Por ejemplo: conducta de jugar al fútbol es reforzada en el patio del colegio; y es castigada si se produce en clase.

Factores implicados en el mantenimiento de la conducta desobediente

Tenemos en cuenta el siguiente esquema:

- Aplicación de un estímulo aversivo (la madre da una orden).

- Respuesta inadecuada del niño (llora, desobedecer...).

- Desaparición estímulo aversivo (la madre retira la orden).

Otras variables implicadas que influyen en el comportamiento de los niños son:

Características propias de los padres: el control, habilidades paternas de comunicación...

Características de los hijos: patrones de sueño, comidas regulares o no...

De la interacción: problemas conyugales, familiares, etc...

Externos a la familia: situación laboral, grado de ajuste social, de los padres, etc...

3.- Algunos procedimientos para lograr el cambio de conducta

En este capítulo se expone una serie de procedimientos que se han mostrado eficaces en el cambio de conductas:

* Retirada de atención.

* Reforzamiento de conductas alternativas.

* Costo de respuesta.

* Tiempo fuera y castigo.

Se describe brevemente cada uno de ellos y se indica una serie de consejos prácticos con el fin de maximizar la eficacia de los mismos.

Retirar la atención

Un procedimiento muy eficaz para producir o eliminar problemas cotidianos de comportamiento en los niños, es ignorar la conducta. Es decir, eliminar la atención.

De cara a maximizar la eficacia del procedimiento, conviene:

Evitar mantener contacto ocular con el niño.

No mantener ningún contacto verbal con él.

No mantener ningún contacto físico, y si él se acerca lo mejor es apartarse sin decir nada.

Importante es comenzar a ignorar al niño tan pronto como la conducta comienza y dejar de hacerlo cuando la conducta inadecuada termine.

La retirada de atención es un procedimiento de extinción.

Es necesario ser paciente, es un procedimiento lento que produce una reducción paulatina de la conducta.

La retirada de atención se mantiene de forma constante hasta que desaparezca la conducta.

Procedimiento: no debe ser empleado en aquellas conductas que pueden suponer un daño.

Reforzar conductas positivas y contrarias a las no deseadas

Es conveniente reforzar las conductas positivas que el niño emite. Si se quiere modificar la conducta es fundamental estar atento y reforzar de forma sistemática todas aquellas conductas positivas.

Costo de respuesta

Para que este procedimiento resulte eficaz es necesario tener en cuenta las siguientes consideraciones:

1) Es condición indispensable que el niño tenga algo que retirar.

2) Se debe especificar de forma clara cuál va a ser la magnitud del costo de respuesta.

3) En general, cuanto más elevado es el costo más eficaz es.

4) Debe aplicarse siempre que se produzca la conducta indeseable.

5) Conviene explicar al niño de forma clara cuales son las reglas del juego.

6) Debe aplicarse siempre en combinación con el reforzamiento de la conducta deseable.

Tiempo fuera o aislamiento

El procedimiento consiste en sacar al niño de las condiciones ambientales en las que se está reforzando el comportamiento y trasladarlo a un lugar donde no exista la posibilidad de obtener reforzamiento.

Para que este procedimiento sea eficaz es necesario tener en cuenta una serie de reglas:

El lugar al que se traslade al niño no debe ser, amenazante, pero sí, aislado y aburrido.

El traslado debe hacerse inmediatamente después de que ocurra la conducta inadecuada.

Conviene explicar de forma clara las condiciones del aislamiento.

No discuta ni razone con el niño mientras lo coge.

Ignore sus posibles protestas o promesas de comportarse bien.

Si su hijo sale de tiempo fuera de reforzamiento sin su permiso, de modo firme cójalo de nuevo y llévelo a su sitio, anunciándole la aparición de consecuencias más aversivas si vuelve a violarlo.

La duración del tiempo fuera, debe de ser relativamente breve.

Una vez terminado el tiempo de aislamiento saque a su hijo del tiempo fuera y haga que vuelva a la actividad anterior.

No aplicar el tiempo fuera de reforzamiento cuando el niño consigue evitar una situación aversiva.

Por ejemplo, si a Mónica no le gusta hacer problemas de matemáticas, y cada vez que se porta mal en clase de matemáticas su profesor la saca al pasillo y así se libra de hacer problemas, es posible que el comportamiento del profesor en lugar de castigar está reforzando el comportamiento de Mónica.

Es imprescindible combinar el procedimiento con el refuerzo de la conducta alternativa.

Castigo positivo

Es el más eficaz, pues es el que produce una reducción rápida del comportamiento que se quiere eliminar, sin embargo hay que llevar mucho cuidado a la hora de realizarlo porque podría ocasionar algún perjuicio al niño.

Antes de intervenir y cambiar las conductas inadecuadas de los niños hay que definirlas de forma clara, precisa y cuantificable, para que de esta forma se puedan observar mejor y registrarse.

Además hay que tener en cuenta que las conductas se prolongan en el tiempo (duración), se producen en un determinado número de veces (frecuencia) o se dan con un cierto grado de intensidad.

Existen varios tipos de registros los cuales se utilizarán en función de las características de cada conducta. Por tanto nos encontramos con los registros de frecuencia, intervalo, duración y proporción.

En los registros de frecuencia se debe anotar cada vez que aparece la claramente la acción del niño y además es recomendable apuntar algún comentario significativo de lo que haya podido ocurrir durante el día.

Por ejemplo, anotar el número de veces que se despierta un niño cada noche.

En los registros de duración se anota la hora desde que empieza a darse la conducta problema hasta que se concluye.

Por ejemplo, cuanto tiempo se mantiene un niño despierto desde que se acuesta.

En los registros de intervalos se divide el período diario de observación en intervalos de tiempo iguales. Al finalizar cada intervalo se anota si la conducta ha aparecido o no.

El inconveniente de éste registro es que en la comparación con el de frecuencia se pierde información que podría ser relevante a la hora de intervenir.

El registro de proporción se utiliza, sobre todo, cuando queremos conocer el progreso de un sujeto en una determinada habitación.

Por ejemplo, el porcentaje de veces que un niño está aprendiendo a controlar esfínteres.

Tanto la observación como el registro de las conductas deben de realizarse antes, durante y después de que se intervenga, así podremos saber si las estrategias realizadas han sido eficaces o no.

También es necesario realizar gráficas pues se puede observar mejor en ellas la evolución y el progreso de la intervención.

Existen unas reglas establecidas para hacer peticiones o dar instrucciones u órdenes, éstas deben ser cortas, claras, no estar en contradicción unas con otras.

Deben darse pocas órdenes y debemos asegurarnos de que el niño nos atiende y nos oye.

Dependiendo de la conducta del niño se pueden utilizar distintas formas de intervención, por ejemplo, para niños “sordos” se utilizan los programas de reforzamiento y de costo de respuesta.

Para niños que siempre dicen “no” es recomendable el programa de extinción o de economía de fichas y reforzamiento, de tal manera que así se puedan aumentar las conductas cooperativas.

Para niños que presentan continuamente rabietas se proponen la combinación de técnicas de aislamiento o tiempo fuera con el reforzamiento de las conductas de cooperación.

Es importante que las intervenciones se mantengan durante el tiempo suficiente para que sean eficaces y también registrar las conductas antes, durante y después de la intervención.

En muchas ocasiones es posible que no se eliminen las conductas de desobediencia, sin embargo es fundamental que los padres o tutores no se culpabilicen de haber fracasado y sean perseverantes, pues el cambio de las conductas no es una tarea fácil.

Se proponen una serie de consejos útiles para que el cambio sea lo más sencillo posible:

Hay que reforzar siempre las conductas adecuadas, sobre todo las de obediencia y colaboración.

Determinar de antemano cuando comienza la intervención.

Es importante disponer de tiempo y estar tranquilo.

Empezar siempre por las conductas más simples de modificar.

Asegurarse de que las contingencias son siempre las mismas.

Facilitar las condiciones de la cooperación.

Establecer rutinas, de este modo se convierten an hábitos.

Las instrucciones deben ser cortas, claras y espaciadas.

Controlar la ira y conservar el buen humor, ya que los padres son un modelo para sus hijos.

No culpabilizar al niño.

Se debe de instruir a todas aquellas personas que son significativas para el niño, de este modo no interferirán en el procedimiento.

En caso de que las personas que viven con el niño no consigan cambiar la conducta o no puedan realizar la intervención sería conveniente que al niño lo pudiera ver un psicólogo.