La Crónica en los Medios de Comunicación

Relato secuencial. Autor. Tipos de crónica

  • Enviado por: Leticia Urbina Orduña
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 8 páginas
publicidad
publicidad

UNIVERSIDAD VERACRUZANA

MAESTRÍA EN PERIODISMO

LA CRONICA Y EL REPORTAJE PARA MEDIOS

I. LA CRÓNICA

A. Historia. El primer uso que se conoce de la crónica fue el de relatar hechos históricos. Su esplendor como género histórico tuvo lugar entre los siglos IX y XV y estaba a cargo de los monjes de distintas órdenes. Sin embargo algunos teóricos reconocen al género en escritos mucho más antiguos como Los nueve libros de la Historia, de Herodoto o la carta de Cristóbal Colón a Luis de Santangel tras su primer viaje a América. (Cantavella, 2004: 395).

La crónica en la época medieval fue utilizada como propaganda política por quienes pagaban al cronista: familias nobles, órdenes eclesiásticas o grupos de interés como los gremios. Eran escritos por letrados con facilidad para la redacción, empapados en las actualidades de su época y remunerados por esta labor.

Ya desde entonces la crónica implicaba:

  • Un relato secuencial de acontecimientos, según un orden cronológico.

  • Un autor que era el testigo privilegiado de sucesos que estructuraría con base en su creatividad y conocimiento.

  • La obligación del redactor a elegir, jerarquizar e interpretar, es decir que había una función pre-periodística.

Entre las crónicas más antiguas del mundo hispano se encuentran las del Condestable Miguel Lucas de Iranzo y la del Famoso Caballero Cid Ruy Díaz Campeador. A largo plazo, uno de sus productos sería la crónica periodística y otro la novela, por lo mucho de ficción que en las viejas crónicas había, pues plasmaban su visión ideal del mundo y no la real.

En la crónica el cronista es testigo, y a veces partícipe de lo que narra, hasta llegar a lo protagónico. El cronista debe ser en muchos sentidos una autoridad en su materia, como redactor, como intérprete y como conocedor de su realidad y su tiempo.

El género se enfoca hoy al cómo y al por qué del hecho, ante la inmediatez informativa de los nuevos medios como Internet. Debe ser de actualidad y puede abarcar todos los temas, aunque ha de centrarse en lo trascendente para su lector.

Debe tener el sello personal del cronista, conocer éste a su target y darle una interpretación de la realidad acorde a su perfil.

La argumentación en la crónica no alcanza el rigor característico de los géneros de opinión, porque el propósito de la crónica no es convencer sino conmover: despertar la sensación de la vivencia compartida. De ahí que su tono sea íntimo, casi confidencial.

B. Definiciones. A la crónica la define su polisemia: puede ser histórica, literaria, periodística, y en cada variante ser múltiple. El único elemento en el que parecen estar de acuerdo todos los teóricos es en su estilo literario. No hay un concepto universal de crónica; ya en 1930 Manuel Graña la definía como un texto en el que se advierte el elemento personal no sólo en el hecho de que el texto se firmaba, sino en que:

“…el escritor comenta, amplía y ordena los hechos a su manera; ya porque aunque la crónica sea informativa, suele ponerse en ella un lirismo sutil, una dialéctica y un tono característico que viene a ser el estilo en su esencia misma” (Graña, 1930: 203, citado por Miriam Rodríguez).

Otras definiciones son las siguientes:

“La crónica periodística es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado”. (Vivaldi, 1973: 128-129).

“La crónica es el antecedente directo del periodismo actual. Es el relato pormenorizado, secuencial y oportuno de los acontecimientos de interés colectivo. Se ocupa fundamentalmente de narrar cómo sucedió un determinado hecho; recrea la atmósfera en que se producen los sucesos públicos”. (Leñero y Marín, 1986: 155).

“Es una información de hechos noticiosos, ocurridos en un periodo de tiempo, por un cronista que los ha vivido como testigo, investigador e incluso como protagonista y que, al mismo tiempo que los narra, los analiza e interpreta, mediante una explicación personal. El cronista suele ser un experto que realiza su labor con continuidad, desde el propio escenario de los hechos o sus inmediaciones” (Manuel Bernal: 27, citado por Cantavella)

“Crónica deriva de la voz griega cronos, que quiere decir tiempo, porque surge como un género literario en virtud del cual el cronista relata hechos históricos que hoy se conocen como género periodístico por excelencia. Su característica básicamente descansa en una narración simple y una auténtica crónica interpretativa de los hechos y acontecimientos sociales e históricos” (Ramos Suyo, 1989: 18)

“La crónica es un género periodístico híbrido (puede ser tanto informativo como de opinión) que narra y describe sucesos de interés general. `Crónica' se deriva de la voz `cronos', que significa tiempo, por tanto, sólo se aplica a lo que se desarrolla en el tiempo. No puede hacerse la crónica de algo estático o que no evoluciona en el discurso temporal.” (Silvia González Longoria, 1997: 91)

“La crónica coquetea con la literatura y el periodismo. Puede definirse en los mismos términos que la narración, ya que no es muy distinta de ella, entonces: la crónica es el género periodístico que cuenta un suceso ocurrido en tiempo y acción. Existen dos tipos de crónica: la informativa y la interpretativa” (Baena Paz, 1999: 42)

“El género crónica es el mestizaje por naturaleza, la utilización de todos los recursos expresivos del periodista, aunque predomine todavía en su trabajo el acercamiento indirecto a las cosas (…) en la crónica damos un primer paso esencial, aunque todavía no concluyente, hacia la personalización del material informativo” (Bastenier, 2001: 73)

“La crónica toma elementos de la noticia, del reportaje y del análisis. Se distingue de los dos últimos en que prima el elemento noticioso, y en muchos periódicos suele titularse efectivamente como una noticia (salvo las crónicas taurinas y deportivas, en que se emplean por lo general tipografías diferentes) y se distingue de la noticia porque incluye una visión personal del autor” (Grijelmo, 2002: 88)

“Científicamente la crónica es una interpretación personal e informativa de un acontecimiento determinado, narrado por un cronista testigo (…) es la estampa del tiempo en letra impresa. Es la obra del dios Cronos, condensada en un espacio previamente determinado. Si la vida está trabada por lo que nos acontece en un tiempo, la crónica, sería la narración ordenada de esos hechos en secuencias temporales. Por tanto, este género histórico, literario y periodístico se caracteriza por ser una forma inconfundible de narrar. La crónica reconstruye la realidad, trozo a trozo, fragmento a fragmento, ordenando y desordenando el tempo de los acontecimientos, erigiéndose en testimonio directo de una época” (Gil, 2004: 11)

“Etimológicamente la crónica procede de la palabra griega cronos que significa `tiempo', por lo que siempre se la asociará con el desarrollo temporal de los acontecimientos. La crónica es, para los periodistas, un texto de actualidad, pero enmarcado en un espacio y en un tiempo concretos, que no sólo atiende al mero relato de los hechos, sino también a la valoración de los mismos. No se limita pues, a informar, sino que interpreta y explica los sucesos de que se está dando noticia” (Cantavella, 2004: 396)

C. Características. Del mismo modo que las definiciones de crónica son variadas y en ocasiones contradictorias, sus características no siempre coinciden e incluso se contraponen entre un autor y otro. Desde el punto de vista de Bastenier, la crónica es la prosa, la velocidad crucero del periodismo que utiliza informaciones de televisión y radio, las ruedas de prensa, libros, el conocimiento que posee el cronista, las fuentes a las que puede recurrir y, sólo ocasionalmente, “goza de una presencia directa en el lugar de los hechos” (2001: 73). Otros teóricos apuntan como característica sine qua non el papel testimonial del periodista y minimizan la importancia del papel de otras fuentes, tan caro a este autor.

En cambio, Bastenier no habla del aspecto literario y estilístico que destacan otros autores como Susana González Longoria, para quien la crónica debe ser objetiva pero “ello no impide que en ocasiones se realce con ciertas cualidades literarias. Los dos elementos básicos de la crónica (la narración y la descripción) requieren habilidades especiales por parte del redactor para la recreación de ambientes”. Sin embargo no desecha la óptica del reportero pues a su parecer la crónica periodística se desarrolla siempre a partir de una noticia. “Si no hay novedad que justifique la narración y la descripción, entonces estaremos ante un relato histórico.” Caracteriza al género por su continuidad y regularidad y por su tono directo y desenfadado. (1997: 91)

En un punto más conciliador entre el estilo literario y la información periodística se sitúa Miriam Rodríguez Betancourt, quien en el Segundo Encuentro de la Unión de Periodistas de Cuba, señalaba:

“De su origen histórico-literario hereda la crónica periodística atributos que le permiten recrear la realidad sin violar la veracidad de los hechos. De esa herencia se recoge también la exigencia de que el periodista haya presenciado o escuchado de fuentes confiables los hechos que cuenta, elemento que hasta nuestros días confiere a la crónica determinada jerarquía entre los restantes géneros. Lo que transmite el cronista es de primera mano, visto y oído. (…) cuando no es posible mantener el supuesto de `la presencia viva del cronista en las escenas que se relatan' será arte mayor hacerlo de modo indirecto para crear así una ilusión de realidad”. (Miriam Rodríguez Betancourt, 2006: 1) Y pone como ejemplo algunos trabajos de su compatriota José Martí sobre Estados Unidos hechos sin haber sido presenciados por el escritor y héroe cubano.

El periodista peruano Juan A. Ramos Suyo subraya la valoración del hecho noticioso como característica del género:

“La crónica periodística es un género informativo y al mismo tiempo es algo más que un reportaje. La crónica se distingue del reportaje en el valor o valoración e interpretación de los hechos que en ella se narran. La crónica es comentario e información, es la referencia de un hecho con relación a muchas ideas, es la información comentada y es el comentario como información (…) lo característico de la propia crónica es la valoración del hecho y al mismo tiempo se va narrando”. (1989: 20)

Alex Grijelmo cuestiona ¿Por qué se hace especialmente difícil dominar el género de la crónica? Y él mismo responde que al incluir elementos noticiosos pero también de análisis, la crónica no siempre está al alcance de todos los periodistas, ya por experiencia, ya por formación, pues “en la crónica hay que interpretar siempre con fundamento, sin juicios aventurados y además de una manera muy vinculada a la información” (2002: 89).

Desde una óptica purista podríamos señalar la presencia del periodista como testigo de los hechos y el orden cronológico de principio a fin como características del género. Matizar esos atributos de la crónica permite hacerla más rica y variada. Podríamos señalar entonces que la crónica suele caracterizarse por:

  • La presencia e incluso el protagonismo del periodista en el hecho narrado, aunque ocasionalmente es posible suplirla con la consulta de fuentes diversas.

  • Narrar un suceso enmarcado en ciertos límites temporales, preferible, pero no necesariamente, en el orden en que ocurrieron.

  • Valorar los hechos sin incurrir en la editorialización, al fundamentar cada juicio que se haga. Es un género a medio camino entre la story y el comment de los anglosajones, que en nuestro idioma corresponde a los géneros informativos y los géneros de opinión.

  • El estilo personal, la capacidad narrativa y descriptiva del periodista serán -esos sí- elementos indispensables de un género que, a decir de Julio García Luis requiere “gran riqueza y brillo del lenguaje”.

D. Tipos. Las clasificaciones de la crónica son varias, dependiendo del enfoque de cada tipología. Desde el punto de vista de su objetivo los teóricos de la prensa suelen clasificarlas como de información y de opinión.

1. Clasificación desde el punto de vista de su objetivo. Para Guillermina Baena Paz las crónicas se dividen en informativa e interpretativa. La crónica informativa cuenta hechos presenciados por el cronista, por lo general referidos a la nota roja, parlamentaria y deportiva. La crónica interpretativa es más completa, ya que al relato de los hechos se le añaden los juicios realizados y permite establecer relaciones con otros hechos para encontrar su valor íntegro en el panorama del acontecer humano. (1999: 42)

Muy similar es la tipología de Silvia González Longoria:

“La crónica puede clasificarse de acuerdo con su objetivo, en crónica informativa o en noticiosa, y en crónica de opinión.

“Crónica noticiosa. Este género narra y describe un suceso sin que intervenga la opinión de quien la escribe. Su autor se limita a relatar los sucesos y describirlos minuciosamente, pero se reserva su juicio. Por lo que decíamos anteriormente, puede inmiscuirse ciertas posturas personales, más, con todo, el objetivo del periodista es informar y por ello debe evitar en lo posible los comentarios subjetivos o la adjetivación.

“Crónica de Opinión. En este caso se narra y se describe un suceso con la intervención de la opinión del autor, el cual es libre para expresar sus juicios. Es necesario conocer el tema sobre el que versa la crónica de opinión, pues aún en el caso de que no se trate de una crítica especializada, el periodista debe ganarse el respeto del lector procurando respaldar con argumentos convincentes su parecer.

“Si el reportero no conoce del tema, lo más conveniente es que así lo reconozca y se resigne a elaborar una crónica informativa que no implique juicios comprometedores en este sentido.” (1997: 93)

Leñero y Marín añaden a la crónica informativa y la de opinión una tercera categoría, la de interpretación.

“Crónica informativa: en la que el cronista se limita informar sobre un suceso, sin emitir opiniones. Este género abunda en las publicaciones (la crónica de una sesión del Congreso, por ejemplo).

“Crónica opinativa: en la que el cronista informa y opina simultáneamente (como ocurre en las crónicas taurinas o de futbol).

“Crónica interpretativa: es la que ofrece los datos informativos esenciales pero, sobre todo, interpretaciones y juicios del cronista” (Leñero y Marín, 1986: 43)

Para Charnley, “la característica que distingue la crónica interpretativa de cualquier otro tipo es, en primer lugar, su objeto; segundo, la profundidad del propósito que se persigue; tercero, la ausencia, en ocasiones, del elemento de actualidad” (1971: 440)

Como puede apreciarse, el término interpretación se usa de manera ambigua a veces para referirse a la opinión. Tal es el caso de Guillermina Baena. Sin embargo, la opinión implica un juicio de valor sobre un hecho, mientras que la interpretación es una explicación de los porqués y los cómos. Es decir, la interpretación nos permite entender el suceso y comprender su trascendencia e implicaciones futuras.

2. El enfoque es otra forma de clasificar a la crónica. Para Miriam Rodríguez Betancourt la tipología por enfoque incluye la general y la especializada, analítica, humorística, remembranza e histórica.

3. Clasificación desde el punto de vista del tema. Es imposible hacer una taxonomía temática de la crónica pues ya se dijo que el género puede abordarlo prácticamente todo, siempre que el asunto no sea estático. Sin embargo hay algunos temas más recurrentes: parlamentaria, judicial, de espectáculos, taurina, deportiva, etc.

En ese sentido Cantavella señala una primera división desde el punto de vista del lugar y otra a partir del tema. La clasificación con base en el lugar se refiere a las crónicas hechas por corresponsales y enviados especiales. El problema era que muchas de esas colaboraciones “si se parecían a algo era a los artículos, porque más que información lo que transmitían eran impresiones intemporales sobre lo peculiar de aquellas tierras y aquellas gentes” que el enviado había visto.

Para este mismo autor sobresalen desde el punto de vista temático los siguientes tipos de crónica:

Crónica de guerra. Antigua y vigente, la crónica de guerra lleva implícito el riesgo de muerte para el periodista, que debe realizar su trabajo en condiciones precarias, sin una mínima seguridad ni las mínimas comodidades, confrontados con autoridades militares que los tratan de usar como agentes propagandísticos al tiempo que obstaculizan su labor. Y cuando el periodista se convierte en un enemigo incómodo se le persigue o se le mata. A decir de Reporteros sin Fronteras, 72 por ciento de los periodistas muertos en coberturas de guerra lo fueron por balas destinadas a ellos; sólo el 28 por ciento murió accidentalmente.

Crónica viajera. En la antigüedad fue la alternativa para conocer mundo, a través de los ojos de otros, cuando viajar era un lujo destinado sólo a nobles, comerciantes y eclesiásticos. Por ello se limitaba a recoger impresiones; hoy su estilo más activo pues busca las novedades, las curiosidades y las opiniones de la población local, para saciar la curiosidad de los lectores.

Crónica parlamentaria. Es una de las más prestigiadas y tradicionales; es la interpretación que se ofrece de la actividad de los legisladores, las discusiones en los plenos y en las comisiones, particularmente las más conflictivas, con énfasis en las intenciones, coincidencias, mensajes entre líneas, acuerdos secretos, tensiones, alianzas, antecedentes y consecuencias.

Crónica deportiva. Los periodistas deportivos sufrieron en España el desprecio del resto de la prensa por lo fútil de su información y la mala calidad de sus redactores. Hoy se han especializado y suelen usar la crónica para narrar los encuentros deportivos, en una época en la que el deporte adquiere relevancia, sobre todo en sociedades -como las europeas- en las que hay cada vez más tiempo libre. No es el caso de los países pobres pero el público se las arregla para ver los deportes que no puede practicar, e incluso son usados como el circo a falta de pan por algunos regímenes.

Crónica taurina. Su misión es explicar una corrida a fin de que el lector no se quede sólo con la noticia de los percances, sino se acerque al espíritu que animó las actuaciones en el ruedo, las cuales estarán sujetas a valoración. Un cronista español, José Sánchez de Neira, asegura que para escribir de toros es indispensable estudiar minuciosamente los preceptos del arte, conocer bien las condiciones de las reses y ser de todo punto imparcial.

Crónica de sociedad. Es una división de la crónica en vías de extinción. Antiguamente la crónica de sociedad tenía prestancia, elegancia, buen gusto y rezumaba admiración por los títulos de nobleza y los salones aristocráticos. Hoy, la tendencia llamada infoentretenimiento ha llenado las planas de sociales con “individuos zafios e inanes (…) cuyo único mérito consiste en vivir de sus novios/as o amantes, sin que se les conozca ninguna otra actividad.” De los nombres ilustres de la “buena sociedad” se ha pasado a los artistas, ricos ociosos o gentes que simplemente `están ahí'”. (Cantavella, 2004: 406-417)

El también español Alex Grijelmo destaca las crónicas taurinas, deportivas, cinematográficas y parlamentarias. Las reglas que valen para una valen para todas, asegura este teórico, que incluso pone un ejemplo por lo menos llamativo: trasladó una crónica deportiva a crónica parlamentaria cambiando únicamente los nombres de equipos de futbol o jugadores por partidos políticos y legisladores. En efecto, no hay desdoro ni parodia. Por lo menos en este ejemplo el autor demuestra lo que dice:

Ejemplo a: crónica deportiva original.

Fue un partido de esos que forjan el carácter. Una de esas batallas más perfiladas para el pico y la pala que para el fútbol filarmónico. Y ante un equipo tan huesudo como el checo, España se tiznó de barro para sacar adelante la partida. El rival quiso convertir el duelo en una cacería y los de Clemente respondieron patada a patada. Los che­cos se inclinaron también por empinar el partido hacia su vertiente más arisca: el choque, los codos al vuelo, los malos modos, el fútbol trabado... Todas las recetas que etiquetan a los equipos mecanicistas, aquellos conjuntos en los que predomina el músculo. Y España, lejos de arrugarse, de estremecerse por los atributos del enemigo, aceptó el cuerpo a cuerpo con entereza. Tuvo que rumiar gramo a gramo cada suspiro, pero salió ilesa y tuvo tiempo de dictar una hermosa lección fi­nal. Y, sobre todo, salió acreditada.

Ejemplo b: transformación en crónica parlamentaria.

Fue un debate de esos que forjan el carácter de los políticos. Uno de esos enfrentamientos dialécticos más perfilados para el pico y la pala que para la oratoria filarmónica. Y ante un grupo parlamentario tan huesudo como el socialista. El PP se tiznó de barro para sacar ade­lante la discusión. Sus opositores quisieron convertir el duelo en una cacería, y los de Aznar respondieron frase a frase. Los socialistas se in­clinaron también por empinar el debate hacia su vertiente más arisca: el enfrentamiento directo, las descalificaciones, las frases confusas... Todas las recetas que etiquetan a los diputados empollones, aquellos en los que predomina la memoria. Y el PP, lejos de arrugarse, de estre­mecerse por los atributos del enemigo, aceptó el cuerpo a cuerpo con entereza. Tuvo que rumiar gramo a gramo cada suspiro, pero salió ile­so y aún tuvo tiempo de dictar una hermosa lección final. Y, sobre todo, salió acreditado. (Grijelmo, 2002: 103-104).

Miriam Rodríguez divide a la crónica desde el punto de vista temático en parlamentaria, judicial, de espectáculos, del extranjero, de sucesos, de interés humano, de sociales, taurina, deportiva, costumbrista, local, doctrinal, artística, biográfica, descriptiva y utilitaria.

Al final, la clasificación resulta una mera guía para estudiar al género: su polisemia impide encasillarlo en rígidos esquemas, sobre todo en un momento en el que los géneros periodísticos sufren cambios y reacomodos por la aparición del ciberperiodismo.

FUENTES:

BAENA PAZ, Guillermina. El discurso periodístico. Ed. Trillas, México, 1999.

BASTENIER, Migue Ángel. El Blanco Móvil: Curso de periodismo. Ed. Santilla, Madrid, 2001.

BERGERO, Fabián y María Teresa Bernardi. "La Crónica periodística". Red-accion, sitio web del Área Periodismo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. General Roca: Universidad Nacional del Comahue.

http://red-accion.uncoma.edu.ar/asignaturas/cronicaperiodistica.html

CANTAVELLA, Juan y Serrano, José Francisco. Redacción para periodistas: informar e interpretar. Ed. Ariel, Barcelona, 2004.

CHARNLEY, Mitchell V. Periodismo informativo. Ed. Troquel, Buenos Aires, 1971.

GIL GONZÁLEZ, Juan Carlos. La crónica periodística. Evolución, desarrollo y nueva perspectiva: viaje a la historia del periodismo interpretativo. Facultad de Ciencias de la Información, Universidad de Sevilla, 2004, en http://gmje.mty.itesm.mx/gil.html

GONZÁLEZ LONGORIA, Susana. El ejercicio del periodismo. Ed. Trillas, México, 1997.

GRIJELMO, Alex. El estilo del periodista. Ed. Taurus, Madrid, 2002.

LEÑERO, Vicente y Marín, Carlos. Manual de Periodismo. Ed. Grijalbo, México, 1986.

MARTIN VIVALDI, Gonzalo. Géneros periodísticos, Ed. Paraninfo. Madrid. 1973.

NAJARRO PUJOL, Lázaro David. La crónica radial: dos variantes.

http://camaguebax.awardspace.com/curso_periodismo_radial/cronica.htm

RAMOS SUYO, Juan Abraham. Tecnología de la comunicación alternativa y periodismo interpretativo. Ed. Pablo de la Torriente. La Habana, 1989.

RIVA PALACIO, Raymundo. Manual para un nuevo periodismo: Vicios y virtudes de la prensa escrita en México. Ed. Plaza y Janés. México, 2005.

RODRÍGUEZ BETANCOURT, Miriam. La crónica periodística: un género tan polémico como imprescindible. Unión de Periodistas de Cuba en Cienfuegos.

http://www.gacetadejagua.cu/cronicas/2doencuentro2006/cronicaimpresindible.htm

8