La corrosión del carácter; Richard Sennett

Sociología. Capitalismo. Trabajo. Alienación. Karl Marx

  • Enviado por: Mena
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas

publicidad
cursos destacados
Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
El curso de Reparación de Telefonía Celular o Móvil está orientado a todas aquellas...
Ver más información

Curso completo de piano - Nivel básico
Curso completo de piano - Nivel básico
Este curso de piano está pensado para todos aquellos principiantes que deseen comenzar a tocar el piano o el...
Ver más información


'La corrosión del caracter; Richard Sennett'

[[[[ El trabajo sobre el libro “La corrosión del carácter” de Richard Sennet lo he realizado en base a mi opinión personal aplicada a la Historia del trabajo; por tanto en primera persona y reflejando siempre el lado filosófico y realista de lo que Sennett nos quiere decir, incluyendo las citas más interesantes del libro que me han ayudado a explicar mi visión sobre él.]]]]

C O N T E N I D O

  • Comentario del libro

  • Luces y sombras de los personajes

  • Conclusión personal

Si algo engloba completamente la esencia del libro es….

…“El capitalismo de corto plazo amenaza con corroer nuestro carácter” Esta corta frase contiene lo fundamental del mensaje del trabajo de Sennett que pretendo comentar. El carácter, nos recuerda Sennett, es el valor ético que atribuimos a nuestros deseos y a nuestras relaciones, el carácter se centra en el aspecto duradero de nuestra experiencia emocional, en su aspecto a largo plazo. Pero en el Occidente de nuestros días reina el corto plazo. A todos los niveles. Los valores que nuestros padres, o nuestros abuelos nos transmitían no tienen ya apenas fundamento. No se corresponden con la realidad, no son aplicables a la cotidianidad, quien los aplique parece ir directo al fracaso.

Sennett nos cuenta como Rico, un consultor autónomo teme perder el control de su vida en ese constante ir y venir de un sitio a otro, de un trabajo a otro. Con tanto movimiento, no deja testigos, nadie que pueda dar fe de su... ¿de su que? Todo parece indicar que Rico no tiene relato, Rico, en el convencimiento de no querer ser esclavo del tiempo (esto es, trabajar toda la vida para un objetivo como pagar la universidad a sus hijos o comprar una casa en un barrio más tranquilo como hacia su padre) ha descuidado su narrativa. Va de aquí para allá sin más rumbo que el que marca la demanda de los mercados. Rico va a la deriva. “Las cualidades del buen trabajo no son las del buen carácter”, con lo que el no poder hacer valer lo que a uno le ocupa todo el día (el trabajo de Rico) como modelo de carácter para sus hijos se convierte en un problema muy grande. Como hablar a los hijos de compromiso, confianza o lealtad si las acciones del padre en su día a día van encaminadas hacia lo contrario. Los valores que acabamos de mencionar parecen inválidos para el trabajo actual pero se continúa queriendo educar a los hijos, tal vez por inercia tal vez porque no gustaría a los padres que acabaran trabajando igual que ellos, en base a estos. Dice Rico que “para ellos (el compromiso) es una virtud abstracta, no la ven en ninguna parte”. Si la formación se da a través de la experiencia, es decir, si uno coge forma a través de lo que le pasa, en este caso la formación de uno, y de su carácter, nunca va a responder a ninguna planificación ni a ninguna suerte de relato más o menos legible. Puesto que “la consigna nada a largo plazo desorienta la acción planificada. Rompe todo relato”.

“La rutina vuelve estúpido e ignorante al ser humano” dice Adam Smith en su famosa obra de 1776. Y el liberalismo económico (que según Sennett no parecía nada deseable a Adam Smith en contra de lo que popularmente se cree) conlleva especialización, y la especialización conlleva rutina. Esto tomó forma bajo el nombre de fordismo. Hasta el punto en que se llegó a procurar que los trabajadores no supieran para qué servía lo que hacían (taylorismo), esto es, que no supieran como ni donde encajaba la pieza que ellos hacían. Los generales del trabajo perdieron así contacto con la tropa, tal y como en el plano militar nos muestra Stanley Kubrick en Senderos de Gloria.

Pero no perdamos de vista a Rico, quien, sin rutinas sostenibles y sin hábitos, no logra construir una existencia con sentido. Aunque se podría decir que si antes el sentido residía en ganar dinero para un fin concreto (universidad para los hijos, etc.), ahora puede muy bien plantearse de la misma forma, o sea, ganar dinero para.... ¿? ¿Para qué? No lo sé. Porque retrocediendo un par de siglos en el tiempo, cuando se trabajaba no para mandar los hijos a la universidad sino para... bueno, tampoco se para qué pero entonces el trabajo se encontraba inscrito en gremios, el trabajo tenía lugar en la misma casa donde se vivía y a menudo toda la familia estaba en el mismo gremio. El caso es que Sennett parece sostener la hipótesis de que, contrariamente a como sucedía en la generación anterior a los trabajadores de mediana edad de hoy, el trabajo dentro del neoliberalismo impide la construcción de sentido. En la generación anterior, aunque el trabajo fuera en ocasiones bastante rutinario lo compensaba el hecho de que la finalidad era suficientemente clara y fuerte como para hilar un relato. Y yendo un par de siglos antes, y más si se quiere, el sentido residía en que uno fabricaba zapatos para que la gente se los calzara, o que se fabricaban sillas, mesas o carruajes para que la gente se sentara, comiera en ellas o transportara cosas y viajara, respectivamente. Así queda todo un poco más claro, así, en el capitalismo, como ya decía Smith en La riqueza de las naciones se logra alienar y embotar la mente. Aunque, cabe decirlo, sostiene Sennett que de alienados, más bien pocos. Nos pone el ejemplo de una panadería de Boston donde los empleados hacen pan clicando unos pocos iconos en entorno Windows. Es decir, que aunque muchos de los trabajadores de hoy consideren su trabajo degradante o muy poco satisfactorio, reina en ellos la indiferencia, la mayoría de ellos no llegan a ver con claridad el porqué de su situación y, ni mucho menos, se plantea hacer nada para poner remedio a ella. No hay, pues, individuos alienados esto es, como nos recuerda Sennett, con “la conciencia infelizmente disociada que revela, no obstante, las cosas como son y el lugar donde una persona está”

Pero ¿qué pasa con el neoliberalismo de hoy? Una de las diferencias está en la flexibilidad. Ya no hay rutina, esa que aunque embotaba la mente y volvía al ser humano estúpido e ignorante, por lo menos, parece que permitía la escritura del relato, esa que con más o menos dificultad, permitía encontrar sentido.

Otra de las diferencias estriba en el que, a menudo, ahora no se sabe qué es lo que se hace ni cómo. Es el caso de la gente que aprieta botones. Pero no el de los conductores de autobuses, el de los camareros, el de la gente que barre o el de la gente que vende productos en las tiendas, puesto que de estos ha habido desde hace, al menos, varios siglos.

Por otra parte, junto a la noción de flexibilidad es fácil ver otra de estas diferencias entre el antiguo capitalismo y el nuevo discurso neoliberal: es el riesgo, la inseguridad. Y aquí si que entrarían los camareros, conductores, vendedores y barrenderos que citábamos antes. Porque lo que parecen tener en común con los que se limitan a apretar botones es que su trabajo es inestable. No saben hasta cuando les va a durar, no saben si les van a despedir, tampoco saben si les va a salir algo mejor y van a ser ellos los que se despidan. Esta sí parece una de las variables más importantes de las que maneja Sennett para validar la hipótesis de que el nuevo capitalismo impide la construcción de sentido y la forja de una identidad. Como dice el autor: “Estar continuamente expuestos al riesgo puede desgastar nuestro carácter”.

Sennett también nos muestra como unos ejecutivos víctimas de la reestructuración de plantilla de IBM logran al fin salvar la desesperación gracias a que dejan de echar las culpas al otro y aceptan su fracaso, “desean hacia atrás” y toman conciencia de haber obrado mal, toman responsabilidad y reconocen que deberían y podrían haber previsto esto y haberlo evitado. Gracias a este reconocer el propio fracaso logran construir una cierta narración y así sentirse bien y tomar fuerzas e ideas para seguir adelante: “la narrativa sólo hace el acto de curar por su estructura, no por medio de consejos.” Logran algo sólido donde apoyarse y volver a partir. Aunque también dice Sennett que “En el presente flexible y fragmentado sólo puede parecer posible crear narrativa coherentes sobre lo que ha sido, y ya no es posible crear narrativas predictivas sobre lo que será.” Habría que ver, sin embargo, si es lícito construir narrativas predictivas, si eso no sería una forma contraria al viaje que proponía Pico della Mirandola, al viaje que hace al hombre “hacedor de sí mismo”. Es decir, si una narrativa predictiva es un viaje el final del cual se sabe de antemano, ya no es un viaje, ya no es experiencia.

En cualquier caso: “un sentido más amplio de comunidad, y un sentido más amplio de carácter, es lo que necesita el número creciente de personas que, en el capitalismo moderno, están condenadas al fracaso”.

El trabajo de Sennett plantea preguntas muy interesantes y no menos preocupantes.

El libro abre muchos interrogantes y, como por otra parte es de agradecer, los deja en suspenso. Da mucho que pensar.

A la hora de vivir, puesto que hay que trabajar para pagar las facturas, ¿qué pasa con el tipo de trabajo que tengamos? Si nos preocupa (lo sepamos o no, directa o indirectamente) la cuestión del sentido, debemos entonces preocuparnos, y muy seriamente, por el tipo de trabajo que tengamos... que tengamos y que desempeñemos, esto es, por el papel que desempeñemos dentro del orden social y dentro de nuestro orden personal. ¿Qué pasa con la rutina, con la flexibilidad, con el riesgo, con la legibilidad de nuestro relato? Con la ética del trabajo... con el fracaso... ¿?

La tendencia es cada vez más fuerte a entrar en el mercado laboral más tarde y a salir de él antes. Los jóvenes son los más demandados en el rico Occidente por cuestiones de prejuicios sociales y porque no discuten órdenes y en los países pobres por los bajos salarios que aceptan. Así el tiempo de trabajo podría reducirse a 30 años, entre los 24 y 54. Cada vez hay menos puestos de trabajo en parte dado por las nuevas tecnologías, en parte porque muchos de estos puestos de trabajo siguen migrando a otros países más rentables para los empresarios. En ese contexto se alarga la escolarización obligatoria y se mantiene la masificación de la educación superior. En 30 años tienen que lograr uno hacer frente a una hipoteca. Y a todo esto los padres de clase media de hoy siguen recriminando a sus hijos en términos de “yo a los catorce años ya trabajaba”. El panorama no es en ningún modo sencillo.

La labor de la educación, no debe ser ni una simple conducción ni un dejar crecer, sino una introducción del sujeto de la educación en un universo de sentido.Así, si proponemos una educación que transmita el patrimonio cultural podríamos definir como material de formación aquellos contenidos culturales que tengan significación para el desarrollo del individuo. Buscando siempre el sentido.
Así, algo tiene sentido para nosotros cuando responde a algo que nos preocupa o importa. Algo que ocupa de antemano el ánimo de alguien. Algo que es digno de ser llevado hacia nosotros. Que es considerado valioso como para traerlo hacia sí

El movimiento de la educación debería entonces constituirse como respuesta a las inquietudes de los alumnos. Sin que esto signifique que la finalidad de la educación sea decisión de ellos. No obstante, sería también un error suponer que la finalidad de la educación debe depender, incluso que puede depender, de los educadores. Puesto que sabemos que el hombre pertenece a la Cultura y que ésta contiene y domina al hombre, no sería desacertado pensar que, en todo caso y de alguna forma, la decisión de establecer una finalidad para la educación estaría en manos de la Cultura.

La educación puede (y debe a nuestro parecer) tratar profundamente la cuestión del sentido. Y debe también como hemos dicho más arriba introducir al alumno en un universo de sentido, facilitarle el acceso a la cultura, ayudarle de esta forma, tal vez a despertar. Y puesto que el neoliberalismo en el que vivimos no parece muy favorable a la construcción de identidad de las personas, ni por supuesto, en términos más concretos, a la construcción de la identidad moral de las personas, parece una buena orientación la que más arriba he propuesto para la educación.

Dice Sennett:
“Sé que un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad”

Luces y sombras de los personajes: el padre, Enrico, y el hijo, Rico.

El primero, Enrico, es un funcionario sumido a la rutina pero que esta contento con su trabajo y con su vida (aunque con algunos prejuicios respecto de ciertos sectores como inmigrantes o los negros). Siempre ha tenido muy asumida su clase social y condición social, y según la condición del libro, nunca ha progresado porque no ha tenido expectativas de futuro en su trabajo y no realiza ningún empeño por salir de esa clase social. Siguiendo en la misma línea, Enrico siempre ha sabido cuanto dinero tenia, cuando se podría jubilar y con cuanto poder económico lo haría. Tenía controlado cada segundo de su momento, porque a cada uno de ellos podía sacarle provecho.

Otro tema es la familia, y para Enrico, su mujer estaba destinada a trabajar en casa con los hijos y no veía con buenos ojos que su mujer trabajase y mucho menos que aportara más dinero que él a casa.

Por tanto, sus planes siempre son a largo plazo.

Por otra parte su hijo, Rico, es un ejecutivo que tiene cambios constantes en su vida, ya sea de vivienda, de trabajo o de ciudad. Y en todos estos cambios puede pasar de ser el jefe de la empresa de una ciudad a ser un simple peón de otra empresa de otra cuidad o país. Al contrario que su padre, Rico siempre se preocupa por su clase social y siempre ha hecho todo lo posible para subir de estatus social.

Además esta preocupado por la clase de ética que inculca a sus hijos, ya que en el fondo piensa que está demasiado involucrado su el trabajo y no presta la suficiente atención a su familia. Sus planes siempre son a corto plazo, sólo puede plantear su vida para el mañana; nunca puede asegurarse donde estará al cabo de un mes, algo a lo que por otro lado le da muchas vueltas, quizá porque en el fondo ese tipo de vida no le gusta o no acaba de integrarse en ella. Tiene mucho en cuenta la responsabilidad familiar, empresarial y social, pero vive marcado por la flexibilidad del nuevo capitalismo.

Hay cuatro valores éticos que se pueden ver afectados por las decisiones a corto plazo: Lealtad. Compromiso. Objetivos y Resolución.

En ocasiones, Rico se preguntaba que clase de ética puede enseñarle a sus hijos si los valores que él cree como buenos y duraderos (Lealtad, compromiso...) no pueden verlos en él y por tanto no pueden servirles de ejemplo.

Estos valores éticos, en el nuevo capitalismo, entorpecerían el principal objetivo, que es la acumulación de capital y la entrega total de los trabajadores a ésta causa. En este caso es como si sólo importara la capacidad intelectual de las personas y su capacidad de maquinar para conseguir los objetivos de capital, pasando por alto éstos lazos o valores de compromiso, lealtad o solidaridad.

A diferencia de su padre, Rico siempre ha estado a favor del trabajo de su mujer e incluso le ha ayudado en los posible dejando puestos muy buenos para él para que su mujer pudiese ascender en su trabajo; aunque para ello tuviesen que trasladarse a vivir a otra ciudad o aportara capital a casa, sin importarle la cantidad, fuese superior o inferior a la cantidad que él aportara.

A partir de estas dos descripciones intelectuales y sociales de los dos personajes llega a la conclusión que Enrico es un hombre de éxito pero por otra parte es un hombre confuso.

En cuanto a las nuevas formas de trabajo no nos será difícil saber porque son tan difíciles de entender.

Los trabajadores tenían una profunda visión de clase, pero las masas no parecen dignas de considerarse seres humanos; para ello, lo importante es cuanta gente se distinguen de la masa. En EE.UU, por ejemplo, surge el individualismo; la clase se toma como una cuestión personal, ya que los americanos relacionan los términos de clase con la raza y la identidad étnica. Y como consecuencia, aparece el odio racial.

Tomamos por ejemplo el punto de vista de Marx sobre la conciencia de clase:

Según él, los trabajadores se relacionan entre sí en el trabajo, si hay coordinación entre ellos para coordinar las diferentes tareas. Los lugares de trabajo pasaban de padres a hijos, y los primeros temían que sus hijos no siguieran ese camino. Así, un trabajador expresaba su carácter: actuaba honradamente, trabajaba cooperativamente y limpiamente con su comunidad.

Es de entender por tanto que con esta conciencia de clase, los trabajadores con la llegada del nuevo capitalismo, no entiendan las formas de trabajo, ya que se incorporaban a la comunidad de personas de color, mujeres, hippies, etc. Y que además su jefe podría ser una persona de color.

Los trabajadores del nuevo capitalismo no pueden tener un conocimiento práctico de su oficio como lo tenía la comunidad de Marx, porque ahora no depende de ellos, sino de un programa informático. El trabajo les resultará ilegible y no les gustará lo que hacen. Desaparece la resistencia y la dificultad que eran importantes para la estimulación mental.

La flexibilidad, crea distinciones entre profundidad y superficie; así, los trabajadores que no gozan de la flexibilidad están condenados a mantenerse a la superficie, no obstante, para llegar a ello y en ocasiones esto requiere un código del que la gente carece. Pero, en un sistema flexible, la dificultad es un riego y todos los trabajadores no están dispuestos a correrlo. Por ejemplo, las personas de mediana edad en la cultura empresarial, se ven reacias al riesgo, se ven inútiles, y además, algo muy valioso para ellos como la experiencia, en la nueva cultura empresarial tiene muy poco valor.

Lo que importa es el momento inmediato, lo que esta a punto de suceder. Y todo esto pone en peligro la percepción de nuestra propia valoración a lo largo de los años.

Así, asumir riesgos se convierte en una fuerte prueba de carácter.

La propia inestabilidad de las instituciones flexibles impone a los trabajadores a asumir riesgos, ya que les hacen cambiar de trabajo continuamente.

Este miedo por asumir riesgos puede surgir de la idea de que nos centramos sólo en lo que podemos perder, y no en el lado optimista del hecho de arriesgarse. El hecho de vivir en continuo riesgo y ser siempre vulnerable, lleva más hacia a la depresión que hacia algo prometedor.

Un riesgo no puede verse como una narración, ya que cuando asumimos un riesgo, un hecho no conduce a otro ni lo condiciona. De tal forma, lo que hacemos a menudo es intentar narrar nuestros riesgos para conseguir la sensación de que podemos controlarlos.

OPINION PERSONAL

La gente cada vez trabaja más, para "alimentar a su familia"...Esto se transforma en la idea fija de toda actuación..ganar dinero...

Por el camino de ganar mucho dinero, se ven estropeadas las relaciones humanas - entre los miembros de la familia, entre esposos, entre padres e hijos, entre amigos...La gente cada vez se "aplica" menos, en el sentido profesional y en el sentido personal...

El mundo que nos describe Sennet se sitúa en el marco de la nueva economía, con una sociedad flexible en un mundo fragmentado, donde:

"no existe la ocasión de fijar los acontecimientos, de sentir algo profundamente como nuestro, de ser protagonistas o actores de nuestras vidas y no sentirnos meros espectadores que no controlan su propio destino, un donde no existe tiempo suficiente para sentirse integrado plenamente en ningún proyecto duradero e ilusionante."

Otra cuestión, ¿qué es la Nueva economía? La economía que se desarrolla en el marco de la globalización y la revolución tecnológica ( las nuevas tecnologías, las llamadas TIC). Pues en esta nueva economía, ya no encuentra sitio el viejo orden laboral y productivo. Ya no hay sitios para sindicatos, y ya ni hablar del estado de Bienestar. En esta nueva economía globalizada todo funciona empujado por el propio interés (egoísmo) de cada uno, y estos intereses se encuentran en el mercado - la famosa mano invisible de Adam Smith. Esto es lo que la teoría convencional nos cuenta, y nos cuenta que sí , que funciona. ¿ Funciona? Bajo una serie de interminables e irreales supuestos, TAL VEZ sí. Pero esto no es el objeto del tema. La cuestión es que todo el proceso productivo ha cambiado, con lo cual habrá que cambiar la forma organizativa del trabajo también.

¿ Cómo? Pues muy fácil,siguendo la ley "nada a largo plazo". Según el autor, en todo este cambio continuo, con "todo a corto plazo y nada a largo plazo" no hay forma de establecer y perpetuar valores, ni de poder crear compromisos duraderos o amistades más o menos constantes. Por qué? Porque en la definición " trabajo flexible" también entra de cambiarte cada dos por tres de trabajo, de ciudad, de estado...de lo que haga falta en el intento de ir buscando el "Máximo beneficio..."

EN el terreno personal, toda esta situación, puede llevar, según el autor a situaciones nada "bonitas para las personas - al tomar más riesgos cada día, aumenta la ansiedad; no prestamos suficiente atención ( por no decir nada) a las personas queridas; trabajamos más, para tener dinero, para poder pagar a alguien que nos cuide el niño mientras nosotros...trabajamos...Luego nos sentimos culpable por ello, por nuestro fracaso personal...

Es un libro relativamente corto, algo denso, escrito de forma estupenda, algo reivindicativa ,que está dedicada para el público general.

1