La conquista de la felicidad
Psicosociología. Causas de desgracia: fatiga, envidia, manía persecutoria y miedo. Felicidad: afecto, trabajo, familia, esfuerzo y resignación

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La conquista de la felicidad
INDICE
LIBRO
PRIMERA PARTE. LAS CAUSAS DE LA DESGRACIA
CAPITULO I. ¿POR QUÉ ES DESGRACIADA LA GENTE?
CAPITULO II. La desgracia Byroniana.
CAPITULO III. Competencia.
CAPITULO IV. Fastidio y excitación.
CAPITULO V. Fatiga.
CAPITULO VI. Envidia.
CAPITULO VII. El concepto de pecado.
CAPITULO VIII. Manía persecutoria.
CAPITULO IX. El miedo a la opinión pública.
SEGUNDA PARTE. LAS CAUSAS DE LA FELICIDAD.
CAPITULO X. Todavía es posible la felicidad.
CAPITULO XI. Entusiasmo.
CAPITULO XII. Afecto.
CAPITULO XIII. La Familia.
CAPITULO XIV. El Trabajo.
CAPITULO XV. Intereses Personales.
CAPITULO XVI. Esfuerzo y Resignación.
CAPITULO XVII. El Hombre Feliz.
ESQUEMA DE LAS IDEAS DE LO ANTERIORMENTE DICHO
CONCLUSIONES
PRIMERA PARTE. LAS CAUSAS DE LA DESGRACIA.
CAPITULO I. ¿POR QUÉ ES DESGRACIADA LA GENTE?
Las personas somos los seres vivos menos felices del mundo, no como los animales que con vivir son felices. Somos infelices pero cada uno de una manera distinta, cada uno tiene una psicología distinta de la persona que se encuentra a su lado.
Estamos continuamente buscando la felicidad, pero siempre encontramos algún obstáculo que no nos deja completarla, ya sean guerras, desastres nucleares, o la “simple” muerte de un familiar cercano. Para conquistar la neta felicidad deberíamos impedir entre los hombres problemas tales como la pobreza, ya que cada vez los ricos son más ricos y los pobres más pobres, gracias en su mayoría de veces a los primeros. Por todo esto llegamos a la conclusión de que el abuso es malo, así como la escasa preocupación es también igual de mala, por tanto debemos concluir que la virtud se encuentra en el medio.
Los egocéntricos son personas con graves problemas de personalidad, ya que esperan que el mundo gire a su alrededor, y no él sea el que tenga que girar sobre su eje. Estas personas jamás serán felices, debido a que nunca conseguirá sus propósitos.
CAPITULO II. La desgracia Byroniana
Toda persona que sea prudente, será tan feliz como el mundo se lo permita, salvando obstáculos que se lo impidan dirigiendo su atención hacia otros puntos de vista.
La felicidad no llega por si misma, si no que hay que buscarla, esforzándose al máximo para conseguir el pleno placer de nuestra existencia. Esta lucha no debe considerarse como tal, ya que los obstáculos que debemos pasar son pequeñas pruebas, para que cuando la felicidad, el placer sea máximo.
Para conseguir la felicidad necesitamos del apoyo de personas que nos ayude a conseguirla, ya sea por ejemplo la relación paterno filial, o la de los propios compañeros de trabajo, entre otros.
CAPITULO III. Competencia.
La lucha por la existencia es uno de los pilares del hombre, desde el nacimiento del mismo. La superación económica, por ejemplo, sobre otras personas, es considerada por alguna de estas, una superación no solo económica sino también social.
Estas temen a la ruina. Este éxito no es más que un ingrediente de la felicidad, y puede ser demasiado caro si luchan por conseguirlo.
La competencia, considerada como lo más importante de la vida, se le da tanta importancia porque se quiere conseguir que tantos padres como hijos puedan vivir lo mejor posible.
CAPITULO IV. Fastidio y excitación.
El fastidio es un factor de conducta que no se ha tomado nunca en serio. Es un deseo contrario de las personas, o como se ha denominado capítulos otras, como un obstáculo que debemos pasar para conquistar la felicidad.
Lo contrario al aburrimiento (obstáculo de la vida), es la excitación. Para combatir el aburrimiento, hay que buscar acciones con una alta excitación. Para ello se han creado las asociaciones de tiempo libre. En los siglos pasados el grado de aburrimiento era mayor, ya que no tenían ocupaciones obligatorias, como el trabajo (este tema se explicará capítulos posteriores).
Si nuestra excitación es muy alta, se pueden se pueden desencadenar graves problemas personales. La excitación moderada es buena, aunque si es escasa puede producir deseos morbosos.
CAPITULO V. Fatiga.
La fatiga puede ser un estado positivo o negativo. Para distinguirla podemos diferenciar tres clases de fatiga: la física, la nerviosa y la emocional.
La primera, mientras no sea excesiva (como con todo), puede ser beneficiosa puesto que es uno de los mayores motivos de felicidad. Incita a un profundo sueño, produce apetito aunque cuando es excesiva, ocasiona daños.
El segundo tipo de fatiga, es la nerviosa, debida a la fatiga producida por las preocupaciones. Estas pueden prevenirse teniendo una vida mejor y con mayor disciplina mental.
La clase de fatiga más importante es la emocional en la vida moderna, cuyo único remedio es el sueño. Una fuente de fatiga muy usual es el afán de excitación.
CAPITULO VI. Envidia.
Uno de los graves problemas de la sociedad es el tema del que vamos a hablar en este capítulo.
La envidia es uno de los mayores perjuicios que tiene la humanidad. La persona envidiosa no se hace daño a otros, si no que también se hace daño a sí misma. Esta se origina por distintos contratiempos durante la niñez. El niño que nota preferencias por sus hermanos adquiere el hábito de la envidia. Un hombre así es inevitablemente desgraciado y se convierte en una molestia para sus amigos que no pueden estar siempre pendientes de sus desaires imaginarios.
No se puede ser feliz mientras tenga envidia. Con el solo hecho de comprender las causas de la envidia se da un paso importante para curarla.
La modestia excesiva está relacionada con la envidia. La gente modesta necesita toda clase de seguridades. Estos son muy inclinados a la envidia y a través de esta a la desgracia y a la gran voluntad.
La envidia está relacionada con la competencia. No se nos ocurre envidiar una fortuna que no está a nuestro alcance.
Para encontrar el buen camino, el hombre debe ensanchar su corazón, como ha ensanchado su cerebro. Debe aprender a transcender de sí mismo y, a adquirir la libertad del universo.
CAPITULO VII. El concepto de pecado.
Si las personas siglos atrás se hubieran liberado del asceticismo, no existiría en la actualidad pecado alguno.
No cabe duda de que el sentido del pecado, en vez de ser una causa de vida recomendable, es precisamente todo lo contrario. Hace al hombre desgraciado y le obliga a sentirse en el inferior. Por esto, sentirá recelos contra los que cree superiores.
Hay que razonar consigo mismo en los momentos en que uno se inclina al infantilismo, y el razonamiento, si es enérgico, debe ser breve.
Nada es tan triste como encerrarse dentro de sí mismo, nada es tan exultante como dirigir la atención y la energía exterior.
La mayor felicidad es una consecuencia de la posesión absoluta de las propias facultades. Los goces más intensos se experimentan cuando el cerebro está más activo y se olvidan menos cosas.
CAPITULO VIII. Manía persecutoria.
Nadie puede creerse perfecto, ya que no tiene razón para pensarlo. Para ello existen cuatro razones:
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Primera: tener en cuenta que las razones no son siempre tan altruistas como parecen.
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Segunda: no sobrestimar los méritos de uno mismo.
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Tercera: las personas que giran alrededor de uno mismo no se preocupan tanto por si mismo, como uno mismo.
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Cuarta: las personas que están a tu alrededor no se preocupan lo bastante para seguirte.
Todo lo que haya que hacer, no puede hacerse convenientemente sin una cierta satisfacción, y la satisfacción es difícil sin algún motivo egoísta.
Ninguna satisfacción basada en la propia decepción es sólida, y por muy desagradable que sea la verdad, es mejor afrontarla de una vez para siempre, acostumbrarnos a ella y decidirnos a orientar nuestra vida de acuerdo con ella.
CAPITULO IX. El miedo a la opinión pública.
Por ignorancia del mundo se sufren molestias innecesarias, a veces en la juventud y a veces durante toda la vida. El aislamiento no es solo una fuente de dolor, si no que motiva una gran pérdida de energía en la tarea innecesaria de mantener la independencia mental frente a contornos hostiles, y casi siempre se produce una cierta timidez al llevar las ideas a sus conclusiones lógicas.
Una timidez innecesaria aumenta las dificultades. La opinión pública es siempre más tiránica contra los que la temen manifiestamente que contra quienes se encuentran indiferentes para con ella.
El remedio definitivo para este mal es el aumento de la tolerancia en el público. El mejor camino es no fundar el placer mayor en no hacer daño a nuestros semejantes.
SEGUNDA PARTE. LAS CAUSAS DE LA FELICIDAD.
CAPITULO X. Todavía es posible la felicidad.
Sería primordial destacar que en el mundo actual en el que nos desarrollamos es casi imposible que exista la felicidad. Esta puede ser de dos clases: natural e imaginativa -según el autor-; es decir, una es asequible a todo género humanos (natural) y la otra solamente a quienes saben leer y escribir (imaginativa). Según esto, la virtud se encuentra en un grado intermedio, ni se debe ser demasiado feliz ni demasiado infeliz, sino simplemente vivir a gusto de cada uno. Según Bertrand Russel son los hombres de la ciencia los más felices porque es progresiva y potente y nadie duda de su importancia.
En la actualidad pocas personas pueden ser plenamente felices, a no ser que se encierren en un mundo alejado de la realidad y no vea más allá de sus narices.
En Occidente existe un grave problema para encontrar la felicidad puesto que los hombres y mujeres son muy inteligentes y están muy bien preparados y luego no encuentran el trabajo adecuado a sus características. Sin embargo, en Oriente ocurre completamente distinto, puesto que los jóvenes no están especialmente preparados y con cualquier ocupación son felices.
CAPITULO XI. Entusiasmo.
La característica más definitoria de los hombres es en lo que se basa este capítulo: el entusiasmo.
El entusiasmo es una fuente de felicidad, porque cuantas más cosas interesen a un hombre, mayores posibilidades tendrá de ser feliz, aunque le fallen algunas, ya que se puede dedicar a otras. Por el contrario si una persona se centra únicamente en un aspecto, mayores posibilidades tendrá de no alcanzar nunca la felicidad.
Todos nuestros gustos y deseos deben ir encaminados a encontrar la felicidad que necesitamos para vivir en paz unos con otros. El hombre normal conserva su interés por el mundo exterior y gracias a ello la vida le atrae, a menos que sea coartada su libertad.
CAPITULO XII. Afecto.
Una de las mayores causas relacionadas con la pérdida de ganas de vivir, sucede a la hora de recibir la sensación de no ser queridos. Necesitamos mantener nuestro autoestima alto, en busca de felicidad, y una manera de conseguirlo es saber que se nos quiere por otras personas.
Las personas tímidas sufren más en la vida y les cuesta más vivir felices, mientras que las personas que son más seguras les sucede todo lo contrario, siempre que no se excedan (la virtud está en el medio). Las personas tímidas no nacen sino que se hacen, puesto que su timidez comienza cuando se extingue el cariño paterno.
El mejor cariño afectivo que existe es el vital recíproco; es decir, se da sin esperar recibir nada, para que más tarde lo que se ha recibido de forma gratuita tenga más consecuencias positivas, por ello, es necesario abandonar nuestro propio ego.
CAPITULO XIII. La Familia.
La familia ha sido la institución por excelencia desde los comienzos del mundo. La afectividad mutua que existe entre padres e hijos es la más fuerte de todas.
Existen muchas maneras de romper esta institución pero lo más grave, es que es la más frágil, cuyas causas pueden ser de distinta naturaleza como la psicológica, la económica, la social, la política o incluso la educativa.
Una de las maneras de romper esta institución sucede cuando una familia desea tener hijos, y para ello debe la madre dejar de trabajar. Si esta lo hace, deberá descender en la escala social y laboral, pero sobre todo deberá descender el nivel de vida. Por todo ello, entre otras razonas, la natalidad en España es baja, ya que algunas personas anteponen su situación económica, social y laboral, al ambiente familiar. En la actualidad el querer tener hijos debe ser un impulso muy fuerte que pueda combatir con el capital.
La familia se basa en el cariño mutuo que existe entre padres e hijos, completamente distinto entre el que hay entre amigos, por muy íntimos que sean. La relación paterno filial se beneficiará cuando el padre busque el bienestar de su hijo desentendiéndose del intento de ser influenciado por otras personas ajenas a la familia. Las madres no necesitan saber para querer, es decir, aunque no hayan estudiado siempre existirá en ellas una cualidad innata para querer a sus hijos.
El placer puro se encuentra en el nacimiento de un ser que es parte tuya, ya que aunque tu mueras, tu espíritu continuará vivo durante su existencia.
CAPITULO XIV. El Trabajo.
El trabajo es una actividad difícil de precisar en cuanto a la cantidad de felicidad que desprende, ya que algunas personas su trabajo es necesario para poder ser feliz, mientras que para otros sucede todo lo contrario.
Sin embargo el trabajo tiene amplias ventajas aunque disguste a muchas personas, puesto que durante el tiempo que se está realizando la actividad laboral, las personas tienen el tiempo ocupado y no tienen que estar preocupados sobre la actividad que van a realizar.
El trabajo sirve como medicina contra el aburrimiento y además cuando uno puede descansar después de una larga jornada laboral, el placer que le produce es mucho mayor que el placer de no tener que hacer nada. Esto es lo que le sucede a las personas ricas, liberadas en la mayoría de veces de un trabajo que le ocupe durante un amplio tiempo del día, que necesitan de distintas ocupaciones para combatir su aburrimiento.
El trabajo es más productivo cuando una persona se olvida completamente de sus labores fuera del hogar, y se ocupa de sí mismo. Existen a juicio del escritor dos elementos que hacen del trabajo una actividad interesante: el ejercicio de una aptitud y la construcción. Un ejemplo de este segundo elemento sería la atención a los hijos para que estos fueran sanos. Este difícil trabajo desembocaría, probablemente, en una satisfacción profunda.
CAPITULO XV. Intereses Personales.
Un gran número de hombres dirigen sus intereses personales únicamente hacia su trabajo y su posición económica. Este capitulo se centra en las actividades que más le interesan al hombre. Para que un hombre realice mejor su tarea laboral debe dejar su trabajo justo cuando deja el edificio donde desempeña su actividad diaria.
Si una persona se centra única y exclusivamente en una sola actividad es más probable que sea menos feliz que aquella otra persona que tiene varias actividades, por muy distintas que sean, ya que si una le falla tiene otras donde apoyarse para olvidar lo que le ha sucedido.
Pero por muchas tareas en las que nos apoyemos el hombre siempre tiene épocas donde lo pasa mal, y no se puede diluir entre sus actividades preferidas. El dolor es inevitable y natural pero debe hacerse todo lo posible para evitarse (claro ejemplo de épocas con dificultades más graves que no se pueden autoarreglar).
CAPITULO XVI. Esfuerzo y Resignación.
El esfuerzo no está siempre relacionado con los logros conseguidos, ya que muchas veces debemos resignarnos; como cuando algo después de mucho tiempo invertido en él no se han conseguido los objetivos iniciales.
Para conquistar la felicidad es necesario mucho esfuerzo aunque luego no esté bien recompensado, y debamos resignarnos con un pequeño acercamiento a ella. Muchas personas que luchan durante su vida no verán su fruto jamás en vida, pero si sus descendie4ntes se podrán aprovechar de su trabajo, puesto que este no ha sido en balde. Por todo ello es necesario que los hombres no busquen el bien máximo ni el mínimo posible, si no que se adapten al medio, porque la virtud según BERTRAND RUSSELL se encuentra en el medio
La única persona que puede ser feliz completamente, es aquella que solo se preocupe por su mundo y se olvide de lo que le sucede alrededor, sintiéndose indiferente hacia su prójimo.
CAPITULO XVII. El Hombre Feliz.
La felicidad no es una variante abstracta que dependa únicamente de la persona, sino que también está influenciada en parte, por las circunstancias, el ambiente que le rodea. Cada persona opina sobre la felicidad de una manera distinta puesto que, para uno la felicidad será alguna cosa compleja, mientras que para otros será un acto completamente insignificante. La vida feliz es un acto equivalente a la buena vida.
El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que tiene afectos libres y se interesa en cosas de importancia para él y el que asegura su felicidad gracias a esos afectos e intereses.
No cabe duda que las personas deseamos la felicidad a aquellas personas que amamos; pero como una alternativa para nuestra propia felicidad.
ESQUEMA DE LAS IDEAS DE LO ANTERIORMENTE DICHO.
PRIMERA PARTE. LAS CAUSAS DE LA DESGRACIA.
Las personas luchamos por conquistar la felicidad, pero no la conseguimos por siguientes conceptos, entre otros:
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La envidia.
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El pecado.
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Competencia entre las personas.
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La fatiga.
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El fastidio.
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La opinión pública.
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Las manías.
SEGUNDA PARTE. LAS CAUSAS DE LA FELICIDAD.
Sin embargo, las personas se apoyan en los siguientes conceptos para intentar conseguir la felicidad:
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Entusiasmo gracias a algunas acciones.
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El afecto entre las personas también apoya a la conquista de la felicidad.
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El trabajo es una de las fuentes de felicidad más importante, ya que ocupa una gran parte de nuestra vida diaria y no tenemos tiempo de preocuparnos de que hacer.
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Por último debemos destacar que el esfuerzo también es una fuente de felicidad, ya que este cuanto mayor sea la costosidad de una acción mayor será el grado de satisfacción.
CONCLUSIONES
Lo más importante de este libro son las influencias aristotélicas que demuestra el autor. Aristóteles defiende en su teoría del Bien Supremo, que la virtud está en el centro (ni lo excesivo ni lo pobre).
El autor afirma que la felicidad es un ideal difícil de conseguir, ya que las personas luchamos entre unos y otros por acceder a lo más alto de la escala social. Nos da igual si tenemos que hundir a otras personas si se consigue ascender.
Las personas por muy delimitadas que estemos, apoyados en el afecto, la familia, el trabajo, los intereses personales o el esfuerzo, nos servirán de apoyo para sobreponernos a los obstáculos o dificultades que nos pone la vida.