La colonización griega del mediterráneo

Historia universal. Griegos en España. Poblamientos griegos. Expansión

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LA COLONIZACIÓN DEL MEDITERRÁNEO POR LOS GRIEGOS

El medio milenio que se desarrolla entre el 1000 y el 500 a. C. Representa un período clave en el mundo del Mediterráneo occidental. Durante estas fechas se pasa de la prehistoria a los albores de la romanización. Es decir, de un mundo subdesarrollado a una sociedad en desarrollo según los esquemas de la época.

¿Cómo tuvo lugar este fenómeno? Como consecuencia de la acción de fenicios, griegos y púnicos, de lo que, en la historia tradicional se denomina las colonizaciones. Término incierto, ya que corre el peligro de confundirse con los conceptos coloniales modernos, de los que, en el fondo, las acciones de la época que hemos de comentar se separan. Las “colonizaciones” de la historia antigua tienen poco que ver con el “colonialismo” de los últimos tiempos.

Básicamente, el fenómeno consiste en que durante varios siglos, y de modo firme a partir del año 800, fenicios y griegos navegan hacia occidente en ciertas zonas, implantas poblamiento propio.

Cabe distinguir dentro de este proceso, tres tipos de relaciones, fenómeno que, por lo general, ha sido poco matizado.

Tenemos, por una parte, los territorios que fueron colonizados masivamente. Es lo que, comparándolo con términos modernos, podríamos llamar colonización de tipo “americano” o “australiano”. Territorios sobre los cuales se ha proyectado un número considerable de colonos, que han constituido un nuevo país directamente vinculado a sus lugares de origen por descendencia humana directa, al que han trasladado su cultura, produciéndose un cambio humano total o muy intenso en el que los antiguos habitantes, marginados, no juegan el menor papel.

Estas condiciones solo se dan en la parte central del Mediterráneo, ya sea por el lado griego, ya sea por el fenicio. Los griegos ocupan la Italia meridional y Sicilia, territorios que a partir de entonces -siglo VII- pasan a formar parte directamente del mundo griego, hasta el punto que en parte son denominados como la Magna Grecia. Por el lado fenicio el fenómeno también queda geográficamente próximo, con su implantación en el actual territorio tunecino, la ciudad de Cartago y su zona inmediata, que pasan a constituir el núcleo del estado cartaginés.

Un segundo resultado aparece en aquellos territorios en que la implantación colonial se limita a una cadena de ciudades o, más corrientemente, factorías costeras. No se produce emigración masiva ni un cambio radical de poblamiento o de cultura en el país, aunque existen pequeños núcleos exóticos emigrados en los mencionados centros, y su influencia económica y cultural sobre el mundo indígena próximo suele ser profunda. En tales condiciones se halla, desde el punto de vista de la acción griega, el arco norte del Mediterráneo occidental, desde la Liguria hasta el Ampurdán, con centro en las costas de Provenza y del Languedoc. Un fenómeno análogo, probablemente todavía más intenso, aparece en amplios sectores del litoral del mar Negro. Por el lado fenicio se desarrolla en la costa andaluza, con centro en la ciudad de Cádiz, y en la norteafricana mediterránea hasta el Atlántico y las proximidades del estrecho de Gibraltar, donde la ciudad de Lixus desempeña un papel análogo al de Cádiz.

Finalmente, grandes sectores de costa no reciben ni poblamiento masivo i ciudades o factorías estables. Pero no por ello quedan al margen del fenómeno. Son las áreas afectadas por contactos comerciales más o menos intensos o efímeros, según las zonas o según las épocas. El establecimiento típico de este tercer tipo de contactos es el mercado temporal, la factoría, sin que llegue a alcanzarse establecimiento de un núcleo urbano, aunque sea mínimo. Por lo que respecta a los fenicios, tenemos un ejemplo bien estudiado de un campamento destinado al intercambio comercial, el excavado recientemente en el islote de Mogador en la costa atlántica de Marruecos, más al sur del litoral donde aparecen ciudades y establecimientos permanentes. La costa mediterránea hispánica del Este parece que formó parte de un ámbito de este tipo, de proyección del comercio fenicio, en los siglos VII y VI, antes de que empezara la acción griega. Asimismo, la proyección de los griegos a partir del siglo VI por la costa meridional catalana y las de Valencia, Murcia y Andalucía, podemos considerarla como formando parte de este modelo. Lo mismo acontece respecto de Mallorca y Menorca, islas en las que no tenemos noticia de establecimientos permanentes, ya sea fenicio-púnicos, ya sea griegos, pero donde hallamos, a partir del siglo VII, y más marcadamente del VI, productos procedentes del comercio con unos y otros.

Establecido el panorama general, queda patente que a nosotros no nos afecta el primero de los tres tipos estudiados. Por lo que respecta a los otros dos, importa fijar las características de los tipos ya concretos de establecimiento, válidos tanto para los centros pequeños tipo factoría, como para aquellos que consiguieron categoría de ciudades. Podemos considerar en bloque el problema, sin distinciones especiales, entre fenicios y griegos, porque las características son comunes. Tal similitud se explica porque el proceso se plantea de la misma forma tanto desde el punto de vista de las necesidades de navegación como de los condicionamientos para establecerse y el problema de las relaciones con el mundo indígena circundante, al margen de la identidad de los “colonizadores”. En efecto, la topografía de los establecimientos se repite, siendo posible establecer varios tipos.

En primer lugar, la ocupación de islotes inmediatos a la costa. La ventaja de tales islotes venía dada por sus condiciones naturales de defensa frente a posibles ataques indígenas. Era una precaución, pero con frecuencia las dificultades de habitación, como la falta de agua, explica que tales establecimientos sean efímeros, y no representen más que un primer paso en espera del salto a la costa, donde acaba por construirse el establecimiento principal y definitivo. Ejemplo típicos del establecimiento en islote son Cádiz (hoy unida a tierra), el gran centro que permanecerá en su lugar de fundación, por el lado fenicio, o Emporion, por el lado griego; en este caso se producirá muy pronto el salto a tierra firme, dividiéndose la ciudad en el viejo y pequeño núcleo originario (Paleápolis) y la ciudad, mayor en la costa inmediata, que los arqueólogos modernos conocen con el nombre de Neápolis. No estará de más recordar que ciudades griegas importantes, como Siracusa en Sicilia, nacen sobre un islote, y que tenemos en la costa del Oranesado un caso típico de pequeña factoría fenicia antigua en el islote de Raschoun.

Pero el número de islotes en tales condiciones es muy reducido; de ahí que en la mayoría de creaciones tenga que prescindirse de este modelo. El tipo más corriente es el que aparece como consecuencia de lugares en los que se dan las siguientes condiciones: existencia de una playa, si es posible resguardada, que ofrezca facilidades para el desembarco y las maniobras marítimas; la desembocadura de un pequeño río o riachuelo que aporte agua dulce y, en ciertos casos, la posibilidad de refugiar naves en su boca; una colina, que no es preciso sea elevada, en las proximidades, donde poder asentar, con un mínimo de condiciones defensivas, el establecimiento. Son muy numerosas a lo ancho del Mediterráneo las fundaciones griegas y púnicas que responden a la topografía descrita, evidentemente con matices diferenciados locales. En general prosperaron aquellos núcleos nacidos en dichas condiciones que presentan vías de penetración fáciles hacia el interior, es decir, que facilitan los caminos de comercio.

LOS GRIEGOS

El comienzo de la acción de los griegos en nuestra Península fue algo posterior a la de los fenicios, ya que no hay seguridad de contactos antes del siglo VI. Siguiendo la división general de las corrientes de fenicios y griegos, según la cual los primeros dominaron sobre todo en el Mediterráneo sur y los griegos en el Mediterráneo norte, el área principalmente afectada en la Península por la acción griega fue la zona del extremo norte, en Cataluña, donde existen los únicos establecimientos urbanos comprobados, y en general en cuanto a las relaciones comerciales, toda la costa este y sureste.

Existen vagas noticias de que el inicio de los contactos fue obra de los rodios, pero la acción definitiva fue fundamentalmente focense, realizada por los mismos grupos procedentes de Focea que había fundado Massalia (Marsella) como su principal base en el arco norte del Mediterráneo occidental.

Se hallan referencias, poco concretas, en las fuentes clásicas sobre la existen de implantaciones en la costa del País Valenciano (Hemeroscopeion, Alonis) y en la costa andaluza Malaka, supuesta en las proximidades de Málaga. Ahora bien, hasta el momento no se ha confirmado a través de la arqueología la existencia de estos establecimientos, que la tradición erudita ha venido considerando como ciudades. La no existencia de emisiones monetales propias -típicas de toda verdadera ciudad griega­- y este vacío de restos materiales permite sospechar que se trataría de factorías muy pequeñas. Y aun, en el caso de Malaka, se ha dado el caso negativo de que la exploración arqueológica de donde se suponía la presencia del establecimiento griego, en la zona de Vélez (Málaga), lo que realmente ha dado ha sido una serie de factorías fenicias, como ya hemos visto.

Incluso en el área de la costa del este, hallazgos recientes, que han causado gran sorpresa, demuestran la existencia de comercio fenicio y no griego en las primeras etapas, siglos VII-V. Se trata de los yacimientos de los Saladores en Orihuela, y de Vinarragell en Burriana. En ambos casos se comprueba la presencia, en las fechas indicadas, de elementos cerámicos fenicios o fenicio-tartésicos mezclados con materiales indígenas de un Bronce muy tardío.

La colonización griega a nivel urbano se limita, dentro de las costas peninsulares, al litoral norte de Cataluña, en el Ampurdán. En realidad se trata de la continuación de las implantaciones griegas en Provenza y el Languedoc, que afectan también este extremo noreste peninsular. Tenemos noticia de dos ciudades. Una, Rhode, va implicada a la cuestión de la posible colonización rodia a la que ya hemos aludido. Aparte de su localización, apenas sabemos nada. Incluso su localización segura es muy reciente, porque si bien desde hace siglos se relacionó el nombre griego antiguo con el de la actual población de Roses, cuya derivación es evidente, no se consiguió hallar los restos arqueológicos de la ciudad hasta hace unos quince años. Hoy sabemos que la ciudad griega está situada dentro del recinto fortificado de la Ciudadela, inmediata al pueblo de Roses, pero las recientes excavaciones han ido dirigidas básicamente a los estratos superiores, que corresponden a la ciudad de época romana, y no existen materiales griegos, en este momento, anteriores al siglo IV. Parece lógico sospechar que futuras excavaciones podrán dar nueva luz sobre la ciudad griega.

Muy distinto es el caso de Ampurias, donde nunca se llegó a perder el recuerdo de la existencia de las ruinas, cuyos primeros estudios se realizaron durante los siglos XVIII-XIX. Desde principios de este siglo han sido objetos de amplias investigaciones, hasta el punto de resultar probablemente el yacimiento hispánico que ha disfrutado de una tradición científica arqueológica más larga, que continúa.

Gracias a tales trabajos y sumando los datos aportados por las fuentes, es posible trazar un esquema de lo que fue una ciudad colonial griega en nuestro país. No queda claro si la fundación deriva de gentes procedentes directamente del mundo jónico, de Focea, o bien si los fundadores partieron de Massalia (Marsella), la necrópolis más importante de los griegos en el extremo occidente. La vieja tradición escrita no es coincidente sobre este punto, que en el fondo no deja de ser un problema secundario. La ciudad nació como una factoría de islote, tipo al que antes ya hemos hecho alusión. Estrabón, recogiendo noticias antiguas, dice concretamente que “primero los focenses se establecieron en un islote que ahora llaman Palaia polis (ciudad vieja)”. Este islote, que corresponde al actual pueblecito de Sant Martí d´Empúries, ha quedado modernamente unido a la costa. Tal base inicial fue muy rápidamente superada, creándose un establecimiento en tierra firme, cuyas ruinas los modernos excavadores han denominado Neápolis (ciudad nueva), en contraposición a la ciudad antigua del islote. Podemos afirmar que el paso de la isla a tierra firme fue rápido, ya que los materiales apenas difieren de fecha. Los de la Neápolis o de sus necrópolis inmediatas empiezan aproximadamente en el 580, y hay que recordar que Massalia se fundó en torno al año 600; es decir, entre el momento fuerte de la acción focense en el mediterráneo occidental y la creación de la ciudad nueva de Emporion, en tierra firme, el lapso de tiempo transcurrido no alcanza un cuarto de siglo.

Si el punto inicial fue un islote, la ciudad nueva fue establecida dentro de una topografía también muy típica de los lugares coloniales: una zona costera entre dos ríos, el Fluviá y el Ter, cuya desembocadura modernamente se ha desplazado lejos y cono zonas pantanosas alrededor. Es decir, hasta cierto punto, también una especie de isla. Hoy el conjunto de la ciudad griega es visible puesto que ha sido excavada de una manera casi total. Sin embargo, conviene no olvidar que lo que vemos ahora representa la fase final de la ciudad y que por debajo de calles y casa hoy visibles existe una serie de capas que contienen el proceso urbano del tiempo realmente griego, y no de la ciudad helenístico-romana que hoy podemos contemplar. Este conjunto urbano tiene planta aproximadamente rectangular, con el eje mayor paralelo a la línea de la playa. La superficie es de unos 26.000 m2, con planta relativamente regular, tipo hipodámico, es decir, con calles aproximadamente paralelas en ambas direcciones que se cruzan en ángulo recto, sin llegar a alcanzar una regularidad absoluta. Las construcciones monumentales se reparten en dos áreas. En la parte central, donde se cruzan las dos calles principales, existe, según las normas habituales, el agora (plaza mayor) rodeada de edificios públicos, entre los que destaca la stoa, un mercado porticado que sería uno de los centros de ventas. La otra monumental se halla emplazada en el extremo sur, junto a la muralla, y en el barrio de los templos. Ninguno de ellos alcanza proporciones destacadas ni parece haber sido especialmente notable. Las calles son estrechas y las casas, de dimensiones modestas. Todo ello nos presenta un panorama típico de pequeña ciudad lejana, aunque en algunos casos la modestia urbana de Empúries ha sido exagerada negativamente.

La ciudad estaba rodeada por una potente muralla construida con grandes bloques, conservada en parte y de la que queda visible una puerta en el sector meridional. En torno han sido excavados varios cementerios que comienzan a principios del siglo VI y continúan sin interrupción, por sectores cronológicos. Entre los datos aportados por necrópolis, podemos tener un primer esquema de la evolución de Emporion. Observamos en primer lugar la densidad de los contactos marítimos con la madre Patria: los productos cerámicos griegos de los tipos diversos y más corrientes no faltan y aparecen sin interrupción, demostrando la continuidad y la fuerza del comercio y de las navegaciones marítimas. Desde el punto de vista del análisis de los documentos arqueológicos, no se observa repercusión de dos hechos que muchos de los historiadores de la colonización griega de occidente han considerado en primer plano, calculando que debían de tener marcadas repercusiones en el mundo occidental. El primero de estos hechos es la toma y destrucción de la ciudad de Focea por los persas en el año 540, suponiendo una emigración masiva que hubiera reforzado la demografía de muchas ciudades focenses occidentales. El segundo punto es la batalla naval de Alalia, en Córcega, entre los griegos de la isla y una coalición etrusco-cartaginesa. Esta batalla, que teóricamente ganaron los griegos, resultó de poca eficacia, pero no es cierto que se vieran obligados a abandonar Alalia y Olbia, como han aceptado sin discusión los historiadores tradicionales. De la misma manera, las recientes excavaciones de Alalia muestran la continuidad debida del núcleo griego, no interrumpida en esta fecha; igualmente es dudoso que esta guerra tuviera las repercusiones sobre Emporion que a veces le han sido atribuidas.

Como era normal en todo centro griego con auténtica categoría de ciudad, Emporion acuñó moneda, tuvo ceca propia, igual que Rhode. Ambas fabricaron moneda de plata, originariamente según el sistema massaliota, y a partir del siglo V entrando en el sistema de la dracma, acuñaciones que en el caso de Emporion se mantuvieron sin interrupción hasta la época romana. Como veremos, la moneda de las ciudades griegas del Ampurdán tuvo un papel destacado en nuestra historia antigua. No solamente dichas cecas representan la afirmación de auténticas estructuras urbanas; su verdadera importancia está en el impacto que produjeron de cara al mundo indígena en el proceso inicial de su introducción en la economía monetaria.

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