La Ciudad compartida; María Ángeles Durán y Carlos Hernández

Ciencias sociales. Género. Mujer. Planificación urbana. Transporte: dificultades. Invasión tecnológico

  • Enviado por: Eduardo Y Rafa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
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La Ciudad Compartida.

El Género de la arquitectura.

El texto tratado no es más que una extensísima crítica a la discriminación que ha sufrido la mujer a lo largo de la historia, y más concretamente su escasa participación en la planificación de las ciudades, de gran interés por cuanto son los principales núcleos de población mundial.

Llama la atención el uso de un lenguaje culto, adornado en exceso, plagado de símiles, citas (incluso en inglés), poesía... que aunque enriquecen el escrito, constituyen, a mi parecer, un mero entorpecimiento para la expresión de un mensaje de quizás tanta importancia como obviedad y sencillez por su fácil comprensión. Son superfluidades un tanto molestas que limitan seriamente el público a quien se dirige el libro. Me atrevería a decir, incluso, que carece de un orden lógico, demasiada literatura y pocas palabras. Yo trataré de hacer un resumen algo más organizado, cuando menos separando por apartados las ideas más remarcables de las comentadas por el autor. En esencia, lo que dice el texto se puede resumir así:

El problema de la mujer.

Las mujeres, que componen aproximadamente el 50 por ciento de la población mundial, han estado desde siempre apartadas de toda situación de responsabilidad sobre nuestro entorno... la conclusión es que lo que conocemos por este concepto, por entorno, enmarcado en el arte arquitectónico, adolece de una falsedad, lo tenemos por igualitario, es decir, neutro, y es en realidad un espacio masculinizado. Si en la actualidad nos jactamos, salvo algunos colectivos conscientes de la realidad o “extremistas” (según se quiera ver), de estar en un progresivo ascenso a la igualdad en todos los niveles, tanto de razas como de géneros o grupos sociales, debemos saber que, de modo riguroso, esto no es del todo cierto.

¿Cuál será uno de los principales apoyos de esta teoría del genero masculino de la arquitectura actual? Pues sostiene que el desarrollo en altura excesivo de los edificios modernos, constituyen una iconografía falocéntrica que segrega y marca latentes fronteras entre lo que debieran ser iguales.

Frente a esta idea, una concepción feminista sostiene que el hombre sufre de lo que se da por llamar “la nostalgia de choza” o “nostalgia del útero”, poco reflejado en las posturas del arquitecto moderno, que rompe con la tradición de las formas atribuidas al cobijo. Si existe un gusto inherente al hombre por los espacios cubiertos, acogedores, cerrados... resulta que la arquitectura actual está manifestando una tendencia a desnudar los nudos abriendo vanos y a componer de modo grandilocuente. Es contradictorio.

De siempre se ha dado por hecho que el espacio real de la mujer es la casa, sin embargo se alude poco a que este espacio está configurado, condicionado y concebido por normas y escalas hechas por hombres. No en vano se aportan datos que reflejan que las mujeres españolas que trabajan fuera de casa, dedican además una media de 3 horas diarias a tareas del hogar.

Realmente, no nos vendría mal la aportación del punto de vista femenino, pues, en teoría, representa la mitad del conocimiento humano, hemos mutilado nuestro propio sujeto. En aquellos ámbitos en que ya están bien integradas han mostrado una eficacia sin parangón, preocupándose además de los grandes problemas del mundo, como lo son los desastres ecológicos, baste acudir a las listas de miembros de las ONGs...

Podríamos preguntarnos, e incluso atrevernos a afirmar que en realidad ya hemos llegado a un punto de igualdad entre géneros, que hoy en día las mentalidades ya han cambiado, ¿hay realmente necesidad de tanta disputa aún? Pues resulta que sí, mucho se ha avanzado y todavía más se está haciendo ahora, pero la gran diferencia es que la incorporación masiva de la mujer al trabajo, aunque patente, se hace en puestos de baja responsabilidad, cobrando un salario menor por el mismo trabajo que hace un hombre (siempre hay excepciones). Actualmente hay más universitarias que universitarios, sobre todo en las carreras denominadas “de letras”, pero aún así, esta mayoría numérica no se refleja en su participación en órganos de responsabilidad. La elaboración del marco de debate se ha hecho desde el supuesto de que muchos objetivos de la igualdad ya estaban conseguidos. Falso.

A la hora de construir una ciudad equilibrada que sirva a los intereses de todos, la contradicción del género no es una más, sino la más importante de ellas.

La planificación urbana.

Otro tema trabajado por es autor será el de los actuales procesos urbanizadores, totalmente desfasados en sus teorías. Las ciudades se han construido caóticamente, por así decirlo, a piezas, sin planificación rigurosa alguna y sin tener en cuenta el gran impacto social que esto crea en la opinión pública por la expectación continua e inmediata del producto resultante. No se están teniendo en cuenta ni el porcentaje de población que vive en las ciudades del mundo, ni su coeficiente de crecimiento periódico, por supuesto, extraordinariamente elevado. Hay una excesiva libertad formal de la arquitectura que permite que muchas veces las construcciones estén más pendientes del espectáculo que crean en su entorno que de las relaciones comunitarias que deberían promover, siendo la igualdad y la fraternidad los derechos fundamentales que más se echan en falta en la ciudad.

Un ejemplo de ello lo que de peligroso e intimidador tienen hoy en día las calles. Niños y viejos se mueven con dificultad entre un mobiliario urbano que forma obstáculos con las vallas de publicidad, las numerosas obras y los siempre presentes desperfectos del pavimento. Esto junto con las facilidades que tiene el coche en las ciudades, en detrimento de las del peatón. En vista de la carencia de lo que debería ser un espacio comunitario, se han erigido sucedáneos controlados como lo son los modernos centros protegidos de ocio y consumo.

El problema es que si no se cambian las formas de construcción social y física del hábitat, la sociedad igualitaria quedará más y más lejos. Urge por tanto, dar solución a los problemas acuciantes de vivienda, transporte, empleo, formación, etc...

Los más comprometidos proponen una arquitectura abierta, consciente de los problemas sociales y atenta más a los componentes éticos o a la conexión con la problemática urbana que a lo formal, a los contenidos dogmáticos. Por supuesto, la fragilidad de esta propuesta estriba en la reacción del mercado, aún muy inconsciente de lo que lo que en realidad aporta beneficios. Cobrará mucha importancia, por ende, la formación humanística de los futuros arquitectos al servicio de la población.

La tierra se erige como la gran desconocida por los arquitectos, este afán por una arquitectura abierta conforma una puerta demasiado abierta que llega a dar paso a concepciones que atentan contra las raíces disciplinares más generales.

Se ha perdido completamente la ligazón entre proyectista y usuarios. La arquitectura ha perdido su nexo con la sociedad al convertirse en un espectáculo cultural o en objeto de estudio del arte. Frente a esto la periferia, los arrabales de las ciudades, en donde muchas minorías ven peligrar ya unos valores en vía de desaparición, minorías que se agrupan más por otros perfiles que por el género, siendo la mujer la gran abandonada.

Se juntan ambas cuestiones dado que es en esta ciudad planificada deficitariamente, donde grupos específicos, como lo son las mujeres, adolecen mayor vulnerabilidad. ¿Cuál es el problema? Que un grupo tan poderoso como lo es en número la mujer, carece de un factor aglutinante, no es que se busque una revolución, pero es que, entre ellas carecen de la conciencia de grupo que sí parece haber entre los hombres, no conocen su propia fuerza (sobre todo, porque el hombre nunca ha dejado que la conozca). Es la parte de la sociedad que menos actividad tiene reconocida porque carece de protagonismo como sujeto y de historia reconocida.

Es difícil abstraerse de los futurismos a que el desarrollo lleva en las grandes ciudades y no compararlo con la realidad social de lo que compone la mayoría de la sociedad, la pobre periferia. El mundo está gobernado por gente que tiende a prevaricar a favor de su clase social, dejando a las clases marginadas de lado, de entre las que la mujer se erige siempre como la mayor perjudicada (atendiendo a cifras). Se tendrá esto en cuenta durante todo el desarrollo del libro.

En toda Europa se levantaron barrios de edificación acelerada que ahora sufren de todo tipo de carencias o desperfectos. Son edificios ya obsoletos, poco adecuados, y que por desgracia son también mayoría, al ser los constituyentes de la periferia, los mayores núcleos de población dentro de unas ciudades cuyo centro se despuebla a ritmo acelerado a favor del tejido económico, es decir, comercios y oficinas.

Los barrios de nueva construcción creados para realojar nuevos habitantes, siguen fracasando en el propósito de alcanzar buenos niveles de vida ciudadana.

Las dificultades del transporte.

Una gran lacra de las ciudades modernas radica en las dificultades de transporte. Con el crecimiento desmesurado de la población en las ciudades, la gente se ve obligada a residir en la periferia, en “barrios dormitorio” cada vez más alejados de los centros de trabajo (por lo general en el centro de las ciudades) y de los servicios que pudieran requerirse. Una vez más, será la mujer la más perjudicada al tener esta, frente al hombre, considerable menor acceso a los medios de transporte privados. Junto con ella, el otro gran damnificado será un medio ambiente que cada día se ve obligado a soportar más y más polución, cifra reducible con unos buenos planes de urbanización que contemplen un eficiente transporte público para la creciente demanda.

Si el objetivo de la ordenación del transporte es que pueda servir a la integración social, al intercambio y a la comunicación entre los lugares de ocio y trabajo sin dificultar las funciones del consumo cotidiano y de desplazamientos obligados, uno de los déficits más acuciantes será la ausencia de medios de transporte no motorizado (por tanto no contaminante), peatonal y en bicicleta, y la falta de facilidades urbanas para ellos.

Se da también el caso de que el acceso a la vivienda, al trabajo, e igualmente al transporte, se suponen mucho más igualitarias de lo que en realidad son o se suponen los transportes como vinculados a parejas, lo que resulta ser un medidor poco exacto. Baste atender a la heterogeneidad del hogar moderno, proliferando cada vez más los hogares sin núcleo de jóvenes, ancianos, o aquellos en el que la causa es un divorcio o una separación, son los llamados hogares monoparentales. También son frecuentes aquellos formados por simples parejas en cohabitación. Y mejor es no hablar de la menor extensión de los hogares actuales frente a los de hace unas décadas.

Este fenómeno tendría su aplicación también en la falta de planificación de las viviendas actuales ya que la iniciativa pública sigue basándose en la homogeneidad de la típica unidad familiar. La Vivienda de Protección Oficial está pensada única y exclusivamente para este modelo en que el varón deja en manos de la mujer las tareas de desarrollo familiar y doméstico, y se asigna a él mismo las de relación con el espacio urbano, el trabajo y la movilidad (apreciable en una plaza de garaje única, por ejemplo). Incluso la vivienda de construcción “libre”, mantiene la inercia de la pública sin alterar su concepción, afirmándose como inflexible, inampliable e inconvertible

La invasión tecnológica.

Hoy en día es indudable que nos vemos invadidos por los avances tecnológicos en todos los ámbitos imaginables. Esta telematización de la vida y de las mentalidades lleva, a veces de modo inconsciente, a un gusto por lo caótico, o, según muchos quieren creer, por lo caóticamente ordenado... la realidad es que en las ciudades este nuevo paradigma deja unas caóticas secuelas por anteponerse a una buena planificación que tenga en cuenta los actuales marcadores de evolución poblacional para poder atender la demanda de modo eficiente, pues el mundo cambia y crece ahora a un ritmo cada vez más descontrolado e imprevisible. Ahora, esbozar una metodología comprensiva de los nuevos fenómenos urbanos llevaría a contradecir esta lógica caótica recién impuesta, constituiría un arriesgado compromiso que nadie estaría dispuesto a correr

Ocurre que, en contra de cómo debiera ser, las grandes decisiones se toman con independencia de los efectos sobre los usuarios, que, a su vez, origina una mayor impredecibilidad de los fenómenos urbanos. Aún se sigue construyendo en masa, atendiendo no más que a criterios desfasados para lo que no sea el negocio inmobiliario.

Las nuevas redes fomentan que en las relaciones familiares se tienda a una pérdida de todo aquello que no sean los encuentros tradicionales, que en el fondo son sólo los que coinciden con las fiestas del mercado. La posibilidad de conectar casas entre sí y con centros de información mediante estas redes llevará a la instauración de lo que ya se denominan “casas inteligentes”. La tecnología se nos presenta así como un mecanismo de autosuficiencia urbana que destruye tanto los lazos familiares como la ciudad entendida como centro de servicios. Factores como el teletrabajo, la compra-venta o las actividades telemáticas realizadas desde casa alteran profundamente las relaciones internas de una vivienda y de las dotaciones públicas.

La “telepresencia” deslocaliza a la persona negando el “aquí” en beneficio del “ahora”, pero por suerte, hasta ahora estos nuevos servicios se han presentado como un complemento al consumo y no como un reemplazo. Pero es la falta de una arquitectura comprometida con su entorno lo que obliga a la gente a buscar paraísos artificiales fuera de la ciudad que conocen.

A favor de las nuevas tecnologías cabe decir que lo son, en parte, porque han sabido recoger el lado femenino de la realidad con independencia de sí es hombre o mujer el que las ha inventado.