La casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Literatura española contemporánea siglo XX. Generación del 27. Teatro y drama lorquiano. Argumento. Personajes

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  • País: España España
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Índice

Pág.

  • Índice ................................................................................... 1

  • Introducción ........................................................................ 2

  • Desarrollo ............................................................................ 4

  • Conclusión ........................................................................... 8

  • Biografía .............................................................................. 9

  • Bibliografía .......................................................................... 11

  • Introducción

    La casa de Bernarda Alba, la obra maestra de un dramaturgo ya clásico, significa simultáneamente una culminación y un comienzo en el teatro lorquiano.

    La clasificación de su dramaturgia, corta y truncada pero de gran relieve e impacto, presenta, al igual que su obra poética, problemas cronológicos debidos en parte a su temprana muerte. Tal como sucedieron los acontecimientos más importantes de su vida, su obra poética y teatral se divide en tres periodos: el periodo temprano que llega hasta 129, la temporada que pasó en Nueva York y Cuba, y el periodo de plena madurez hasta 1936.

    Las tres constantes de Lorca fueron:

    La primera es que el teatro de Lorca es siempre poético, aún cuando pueda no parecerlo. Dentro del marco más amplio de teatro moderno, es precisamente el éxito de un teatro verdaderamente poético lo que hace destacarse a al dramaturgo lorquiana.

    La segunda constante es que el teatro de Lorca es también experimental. Uno de los fenómenos más curiosos de este teatro es que es un teatro aislado, solo, único. No tiene precursores y no ha dejado ninguna escuela de seguidores. La variedad de estilos que Lorca emplea no muestra otra cosa que un experimentar constante sobre los mismos temas. Si nos atendemos a la figura del árbol, veremos que la materia temática equivale al tronco. Cada obra que sale de ese tronco es una rama distinta del mismo tronco, con las ramas frondosas que, andando el tiempo, tienden a deshojarse. La ultima rama, La casa de Bernarda Alba, es el resultado lógico del desarrollo teatral de Lorca, resultado de un proceso de ir podando las ramas líricas. Ningún dramaturgo español ha habido con más conciencia de los plástico, de lo que tiene el teatro de espectáculo, de la teatralidad misma. A Lorca no le interesan credos estéticas de otros, pero este conjunto de sus afirmaciones muestra toda una estética teatral consciente.

    La tercera constante del teatro lorquiano es la unidad de la materia temática de su obra. Esa materia es tan suficientemente reducida que puede afirmarse que generalmente hay un solo tema, en el sentido más amplio de la palabra, en todas sus obras. Que este tema tenga en las distintas piezas otras vertientes, diferentes versiones, variadas manifestaciones distintas, desde distintos puntos de vista o con otras técnicas según el estilo operante.

    Para resumir: Francisco García Lorca señala un proceso de identificación completa entre el escritor y su obra. Cada obra de Lorca debe verse como distinta manifestación artística elaborada en torno a lo mismo. De ahí las tres constantes a las que hemos querido llegar en cuanto a su dramaturgia: teatro poético y teatro experimental sobre un tema único y esencial: lucha del individuo que busca su esencia y encuentra su truncación o muerte.

    La clasificación de La casa de Bernarda Alba ya no será difícil. Entendiendo la trayectoria teatral de Lorca, podemos entender lo que representa esta obra que no consideramos tragedia, ya que no aparecen personajes sobrenaturales ni elementos de tragedia griega ni de diálogos versificados. Pero en un teatro tan conscientemente estilizado y tan propiamente definido en cada pieza, resulta muy problemático por cuantos elementos que tengan en común, ver que Lorca la llama inequívocamente drama.

    La casa de Bernarda Alba viene a ser el primer drama andaluz que sí es “pieza de época”, sino drama del campo andaluz.

    La crítica esta muy dividida en cuanto a esta obra. Unos opinan que tiene una intención política, otros que ninguna. Unos creen que la obra es realista, otros poética. Unos ven que representa a todas las mujeres españolas y algunos ven una clara predicción de la guerra civil.

    La casa de Bernarda Alba no predice nada, sino que hace un comentario cobre el odio y la represión de un impacto hondísimo y siempre vigente que sólo puede proceder del arte más puro, cuyo partidario es siempre el ser humano. Si Bernarda Alba tenía o tiene vigencia, no es porque Lorca haya querido escribir un drama político, sino porque ha acertado artísticamente. Entendido en esto términos constituye una teatralización sobrecogedora del resultado de la ausencia de ese amor.

    A los finales trágicos enraizados en la tierra andaluza ha sucedido esta muerte, la de la joven rebelde, víctima de la mentira, del odio y de la represión perversa de su propia familia.

    La casa de Bernarda Alba representa dentro del teatro de Lorca el triunfo tanto de forma como de fondo: cuanto más depurado, más andaluz, y cuanto más andaluz, más universal; es la obra maestra del escritor andaluz más autentico que se ha visto.

    Desarrollo

    La mujer en la obra: tipos, actitudes en función del marco social...

    La mujer es, básicamente, el tema principal de la obra y por tanto que el subapartado del libro se llama `Drama de mujeres en los pueblos de España' ya que nos cuenta la vida de cinco mujeres principales continuado con sus conflictos sociales. Vamos haber la relación de estas mujeres y su entorno:

    Se destaca un contraste entre el blanco y el negro el cual nos hace pensar en una amiguen del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”. Blanco y negro, una perfecta estilización no realista de Andalucía: muros blancos; vestidos negros; el patio que hay que blanquear después que se marchan los hombres que lo han ensuciado; el vestido verde de Adela que sólo puede teñirse de negro; la blancura de Adela no quiere perder dentro de “estas habitaciones” que también son blancas; el traje negro de moaré de María Josefa y su gargantilla de perlas blancas; las sábanas blancas de ajuar; los ojos negros que, según Angustias, valen menos que una onza en el arca; el nublo negro de tormenta; el retrato de Pepe -¿no será una foto en blanco y negro?- que Martirio esconde entre sus blancas sábanas y qué únicamente así, en blanco y negro, podrá disfrutar; las tres perlas blancas -en vez de diamantes- del anillo de bodas; el caballo garañón blanco, doble de grande en la noche oscurísima; Adela que sale en enaguas blancas y Martirio en enaguas con un pequeño mantón negro; el blanco pelo de María Josefa, su pelo de nieve; Bernarda que aparece también en enaguas con el mantón negro; y luego Adela muerta que vestirán como una doncella y al fin ese mar de luto y silencio negros. Los únicos colores que aparecen en la obra son el abanico de colores de Adela que rechaza su madre como impropio, el vestido verde de la ilusión frustrada también de Adela, la choza de coral de la playa de la que canta María Josefa con la intención obvia de significado sexual, y alguna mención de sangre. Todo lo demás es blanco y negro: la celebración de luto y de paredes blancas.

    Vamos a ver el lenguaje utilizado:

    La primera escena de La Poncia y la Criada es una escena casi clásica entre criadas para darnos la exposición necesaria. El lenguaje es sobre todo realista, y contiene detalles muy prosaicos que dan un falso sentido de realismo. La Poncia expresa desde un sentido de odio que va a permear la obra. Las frases, una por una, no dan una sensación de falta de realismo porque están insertadas entre otras de cierto realismo, pero si las vemos como un conjunto, nos damos cuenta de cómo, poco a poco, se va cargando el lenguaje.

    ¡Mandona! ¡Dominanta!

    Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara.

    Ella la más aseada, ella la más decente, ella la más alta.

    ¡Buen descanso ganó su pobre marido!

    Ella no quiere que la vean en su dominio. ¡Maldita sea!

    Cuando Bernarda aparece, ya la hemos empezado a odiar por lo que ha dicho La Poncia, no por algo que ha hecho ella. Cuándo entra y dice su primera palabra -¡Silencio!- tenemos una concepción de ella tan cuidadosamente preparada. Una vez han marchado las mujeres de luto, se empieza a cargar aún más el ambiente:

    BERNARDA. -Es así como se tiene que hablar en este pueblo maldito, pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada.

    Cuando la abuela quiere agua, bernarda dice que no la suelten en el patio y que no la dejen acercarse en el pozo ya que la pueden ver. Esto nos muestra un sentimiento de intimidad, del 'que dirán'. Pero al final del primer acto, María Josefa escapa:

    MARÍA JOSEFA. -¡Quiero irme de aquí! ¡Bernarda! ¡A casarme a la orilla del mar, a la orilla del mar!

    En el segundo acto Martirio quiere “que llegue noviembre, los días de lluvia, la escarcha, todo lo que no sea este verano interminable”. Poco después ocurre este intercambio:

    ADELA. -¡La mala lengua no tiene fin para inventar!

    BERNARDA. -¡Adela!

    MAGDALENA. -Estáis locas.

    AMELIA. -Y nos apedreáis con más malos pensamientos.

    MARTIRIO. -Otros hacen cosas más malas.

    ADELA. -Hasta que se pongan en cueros de una vez y se las lleve el río.

    Dice La Poncia más tarde que “la sangre no llegará al río”. Cuánta ironía sin intención encierra su dicho popular. Prudencia comenta también sin intención: “Yo dejo que corra el agua”. Cuando Adela se levanta de la mesa, después de los primeros golpes contra la pared del garañón, es para “beber agua”. Pero Bernarda la hace sentar y manda a una criada que traiga “un jarro de agua fresca”. La Poncia dice de Bernarda: “Cuando una no puede con el mar lo más fácil es volver las espaldas para no verlo”. Luego afirma que “hay una tormenta en cada cuarto. El día que estallen nos barrerán a todas”. Entonces añade: “A mí me gustaría cruzar el mar y dejar esa casa de guerra”. De Martirio opina: “Ésa es la peor. Es un pozo de veneno”. Cuando Adela sale otra vez, después de haberse acostado, dice: “Voy a beber agua”, y “Me despertó la sed”. Sale María Josefa y canta:

    Ovejita, niño mío,

    Abonos a la orilla del mar.

    [...]

    y en la playa nos meteremos

    en una choza de coral.

    Después dice a Martirio: “... seremos como las olas, una y otra y otra... seremos espuma. ¿Porqué aquí no hay espumas?”. Adela y Martirio riñen después a causa de Pepe:

    ADELA. -Aquí no hay más remedio. La que tenga que ahogarse que se ahogue. Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los juncos de la orilla.

    ¿De qué orilla, si no hay río en este pueblo de pozos? Martirio dice: “Tengo el corazón lleno de una fuerza tan mala, que sin quererlo yo, a mí misma me ahoga!. Al final cuando Magdalena pregunta a Martirio por qué mintió a Adela -mentira que causa el suicidio- escupe Martirio: “Hubiera volcado un río de sangre sobre su cabeza”. Y, por fin, Bernarda: “Nos hundiremos todas en un mar de luto”.

    En todo este desenlace, nos muestra el conflicto causado por el amor y/o el pensamiento diferente de ambas. Todo esto causa un conflicto interno que causa la muerte de una de ellas. Se podría decir que son símbolos constitutivos porque constituyen una parte integral del tejido del drama. Los tres actos irán crecido hasta su rompiendo al final de cada acto, y este rompimiento final es causado por Bernarda que dice el último parlamento:

    Nos hundiremos todas en un mar de luto. Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!

    Otro aspecto importante es el conflicto entre autoridad e individualidad, ley natural y ley social. Obviamente, Bernarda es el personaje de autoridad y ley social. Al otro extremo, al lado del individualismo y ley natural, está Adela. No son encarnaciones del bien y el mal. Aunque Bernarda es mala, malévola, represiva, pero no es unidimensional ni completamente negativa. Adela es la que más gusta: representa la única posibilidad de amor que vemos en la obra, pero tampoco está exenta de culpabilidad. Bernarda es tiránica y ciega a las consecuencias, pero siempre dentro de los límites sociales de la sociedad del campo andaluz establecido desde hace siglos. Adela, en cambio, rompe con su rebelión las normas establecidas de su sociedad y lo hace sabiendo perfectamente lo que esto significa:

    Yo no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre, perseguida por los que dicen que son decentes, y me pondré la corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.

    No es una heroína: Adela no es otra que sacrificará gloriosamente a un ideal. Su propia rebelión le espanta:

    Vamos a dormir, vamos a dejar que se case con Angustias, ya no me importa, pero yo me iré a una casita sola donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana.

    Se resigna a un signo que ella misma sabe perfectamente que no puede evitar. Lo que ocurre después no ocurre porque trate de rebelarse contra su sociedad, sino porque su madre y sobre todo su hermana >Martirio, le convencen que su única razón de vida ya no existe. Se ha rebelado ya, pero no es su rebelión la que causa su muerte, sino la mentira de Martirio. Su rebelión era ya un hecho cuyas consecuencias ella ha sabido a su manera, a la manera del pueblo, aceptar. Lejos de ser una heroína que se rebela gloriosamente contra el mal, es una pobre joven que muere víctima de unas circunstancias muy específicas.

    El conflicto entre Bernarda y Adela, lejos de ser nacional, es universal. Este juicio cabe perfectamente dentro de las tres constantes señaladas al principio. La lucha entre la ley individual anárquica manifestada sobre todo en la sexualidad de Adela y la ley social, la necesidad autoritaria de Bernarda de reprimir esta individualidad, no puede ser más universalmente humana. Lorca ha visto en el “caso” de las Albas una oportunidad singular para la escenificación de ese conflicto tan esencial en su teatro, oportunidad extrema en la que las consecuencias de esa lucha pueden alcanzar una densidad inusitada.

    Bernarda y Adela representan los extremos pero no son las únicas que están en la lucha. También Angustias y Martirio desempeñan un papel importantísimo. Angustias sujeta a Adela diciendo: “De aquí no sales con tu cuerpo en triunfo, ¡Ladrona! ¡Deshonra de nuestra casa!”. Acierta plenamente Martirio, después de su mentira fatal para Adela, comenta al verla muerta: “Dichosa ella mil veces que lo pudo tener”.

    Bernarda es, en su tiránica ceguera, la más patética de todas, pero ninguna se escapará de las consecuencias de esta hipocresía trágicamente absurda. Porque todas tienen la culpa de la ruina de esta casa, desde la lengua odiosa de La Poncia hasta las irónicas expresiones de la locura de la abuela. Entenderlo de otro modo es menoscabar el significado atormentador problema moral encerrado en esa casa: ese conflicto que se resuelve entre individualismo y colectividad, el ser humano que tiene que esforzarse, erguirse, afirmarse a sabiendas de su fin ineluctable truncación de ellos.

    A los finales trágicos enraizados en la tierra andaluza ha sucedido esta muerte, la de la joven rebelde, víctima de la mentira, del odio y de la represión perversa de su propia familia, Adela.

    Conclusión

    En conclusión, se podría decir que el libro nos presenta un conflicto básicamente social ya que unos son individualistas y los otros son autoritarios. Pero en esta historia se yergue de esa misma tierra andaluza, pero en vez de terminar en un bosque o monte, esta casa tapiada para que no entren ni el viento ni las hierbas, empieza y termina con el luto impuesto; empieza y termina en silencio, empieza y termina con la muerte.

    Ese extraño mundo violentamente poético de La casa de Bernarda Alba es netamente andaluz: en una casa cerrada al mundo, en un pueblo de pozos, ocurre una horrible repetición de una querella tan antigua como la angustia humana, que se nos presenta en la forma de un drama tan escueto y despojado como moderno y universal. La casa de Bernarda Alba representa dentro del teatro de Lorca el triunfo tanto de forma como de fondo: cuanto más depurado, más andaluz, y cuando más andaluz, más universal. La expresión esencial y particular de un pueblo puede servir de analogía artística para vincularnos a la verdad más eterna y universal. Cada representación de La casa de Bernarda Alba equivale a una puesta en escena de una Andalucía trascendental.

    Mi valoración sobre el libro de La casa de Bernarda Alba es que se marca bien estos conflictos internos entre la madre y la hija. Aunque también hay que remarca la relación entre los hombres y las mujeres, que parece que dominen las mujeres ya que no nos los muestra, solo de forma general, aunque en la realidad no era así.

    El libro en general está muy bien, ya que a medida que vas leyendo te vas haciendo una pequeña idea de lo que puede pasar a continuación o en el siguiente acto, y eso hace que interpretes y te introduzcas en la historia.

    Biografía

    Federico García Lorca (1898-1936)

    Poeta y dramaturgo español; es el escritor de esta nacionalidad más famoso del siglo XX y uno de sus artistas supremos. Su asesinato durante los primeros días de la Guerra Civil española hizo de él una víctima especialmente notable del franquismo, lo que contribuyó a que se conociera su obra. Sin embargo, sesenta años después del crimen, su valoración y su prestigio universal permanenecen inalterados. Nació en Fuente Vaqueros (Granada), en el seno de una familia de posición económica desahogada. Estudió bachillerato y música en su ciudad natal y, entre 1919 y 1928, vivió en la Residencia de Estudiantes, de Madrid, un centro importante de intercambios culturales donde se hizo amigo del pintor Salvador Dalí, el cineasta Luis Buñuel y el también poeta Rafael Alberti, entre otros, a quienes cautivó con sus múltiples talentos. Viajó a Nueva York y Cuba en 1929-30. Volvió a España y escribió obras teatrales que le hicieron muy famoso. Fue director del teatro universitario La Barraca, conferenciante, compositor de canciones y tuvo mucho éxito en Argentina y Uruguay, países a los que viajó en 1933-34.

    Sus primeros poemas quedaron recogidos en Libro de poemas, de 1921, una antología que tiene grandes logros. En 1922 organizó con el compositor Manuel de Falla, el primer festival de cante jondo, y ese mismo año escribió precisamente el Poema del cante jondo, aunque no lo publicaría hasta 1931. El Primer romancero gitano, de 1928, es un ejemplo genial de poesía compuesta a partir de materiales populares, y ofrece una Andalucía de carácter mítico por medio de unas metáforas deslumbrantes y unos símbolos como la luna, los colores, los caballos, el agua, o los peces, destinados a transmitir sensaciones donde el amor y la muerte destacan con fuerza. Tras los Poemas en prosa, escribió en Nueva York un gran ciclo profético y metafísico en el que el autor apuesta por los oprimidos, sin dejar de sacar a relucir sus obsesiones íntimas. El ciclo iba a constar de dos libros, Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930, pero que no se publicó hasta 1940, y Tierra y Luna, del que algunos poemas fueron incluidos en Diván del Tamarit, concluido en 1934, aunque también se publicó póstumamente. Calificados muchas veces de surrealistas, los poemas de esa obra clave de García Lorca que es Poeta en Nueva York, expresan el horror ante la falta de raíces naturales, la ausencia de una mitología unificadora o de un sueño colectivo que den sentido a una sociedad impersonal, violenta y desgarrada. Por su parte, los incompletos Sonetos del amor oscuro, escritos durante una temporada en Nueva Inglaterra (Estados Unidos), expresan una desesperación más personal y constituyen unas muestras admirables de erotismo, que sólo recientemente han sido dadas a conocer. Otro importante poema de Lorca, dentro de la línea del neopopulismo, es el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de 1935, una elegía compuesta al morir ese torero intelectual, amigo de muchos de los poetas de la generación de Lorca. Mientras que los Seis poemas galegos, del mismo año, consiguen trascender las referencias populares evidentes.

    El teatro de Lorca es, junto al de Valle-Inclán, el más importante escrito en castellano durante el siglo XX. Se trata de un teatro de una gama muy variada con símbolos o personajes fantásticos como la muerte y la Luna, lírico, en ocasiones, con un sentido profundo de las fuerzas de la naturaleza y de la vida. Entre sus farsas, escritas de 1921 a 1928, destacan Tragicomedia de don Cristóbal y Retablillo de don Cristóbal, piezas de guiñol, y sobre todo La zapatera prodigiosa, una obra de ambiente andaluz que enfrenta realidad e imaginación. También pertenece a la categoría de farsa Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. De 1930 y 1931 son los dramas calificados como -irrepresentables-, El público y Así que pasen cinco años, obras complejas con influencia del psicoanálisis, que ponen en escena el mismo hecho teatral, la revolución y la homosexualidad, a partir de un complejo sistema de correspondencias. Dos tragedias rurales son Bodas de sangre, de 1933, y Yerma, de 1934, donde se aúnan mitología, mundos poéticos y realidad. En Doña Rosita la soltera, de 1935, aborda el problema de la solterona española, algo que también aparece en La casa de Bernarda Alba, concluida en junio de 1936, y que la crítica suele considerar la obra fundamental de Lorca. Al comienzo de su carrera también había escrito dos dramas modernistas, El maleficio de la mariposa (1920) y Mariana Pineda (1927). El mundo de García Lorca supone una capacidad creativa, poder de síntesis y facultad natural para captar, expresar y combinar la mayor suma de resonancias poéticas, sin esfuerzo aparente, y llegar a la perfección, no como resultado de una técnica conseguida con esfuerzo, sino casi de golpe. La variedad de formas y tonalidad resulta deslumbrante, con el amor, presentado en un sentido cósmico y pansexualista, la esterilidad, la infancia y la muerte como motivos fundamentales. Sus posiciones antifascistas y su fama le convirtieron en una víctima fatal de la Guerra Civil, en Granada, donde le fusilaron.

    Bibliografía

  • GARCÍA LORCA, Federico, La casa de Bernarda Alba, Ed. Cátedra (Grupo Anaya, S.A.), 2002 Madrid.

  • Páginas web.

  • La obra empieza con el entierro de Ignacio Sánchez Mejías, esposo de Bernarda.

    La abuela puede que quiera huir de este estancamiento del pueblo y quiera su libertad.

    Lengua Castellana “La casa de Bernarda Alba”

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