La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Literatura española contemporánea. Generación del 27. Drama lorquiano. Argumento. Temas. Personajes

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La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

EDITORIAL

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Letras Hispánicas

CATEDRA

ÍNDICE

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Argumento 4

Estudio y análisis de los personajes fundamentales:

Bernarda Alba 5

La Poncia 7

Adela 8

Los nombres de los personajes 10

Clasificación de los personajes 11

Relación entre los personajes 13

Caracterización de los personajes 14

ARGUMENTO

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

La acción se desarrolla dentro de la casa donde viven los personajes de la obra, la casa de Bernarda Alba.

Bernarda, tras la muerte de su segundo marido, impone un luto de ocho años a sus cinco hijas _Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela_. Este luto incluye una rigurosa reclusión dentro de la casa. Ello sumado al calor sofocante del verano, a la aparente falta de agua fresca y al espacio estrictamente cerrado donde transcurre la obra, crea en la casa una atmósfera cargada que hará que los conflictos y las pasiones se agranden e intensifiquen desbordando en la tragedia.

Angustias, la hija mayor de Bernarda, hereda una fortuna de su padre _el primer marido de Bernarda_ que atrae a un pretendiente, Pepe el Romano. Para Angustias su casamiento con Pepe el Romano supone una vía de escape de la reclusión en la que su madre las tiene mantenidas a ella y a sus hermanas. Pero Pepe el Romano enamora a Adela _la hija menor de Bernarda_, la cual al enterarse del casamiento de su hermana con el hombre al que ama, rompe a llorar de rabia aparentemente por el luto impuesto. Sin embargo, Adela no reprime sus deseos ni sus pasiones _por lo que Martirio la califica como una «mulilla sin desbravar»_ aunque ello suponga tener que llevar una corona de espinas, es decir, aunque tenga que ser la amante de Pepe y pasar por la dura crítica del pueblo, a la que tanto se alude a lo largo de la obra y que es otro agravante de la situación. La Poncia, que ve las intenciones de Adela, le exige que le olvide, puesto que supondría una afrenta contra la buena fachada de la casa. Adela advierte que ya es demasiado tarde y que «nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder.» Más tarde Angustias descubre que le han cogido el retrato que tenía de Pepe el Romano, el cual había sido encontrado entre las sábanas de la cama de Martirio; ésta alega en su defensa que lo cogió para gastarle una broma a su hermana, sin embargo, la realidad es otra, y es que Martirio está enamorada de Pepe, algo de lo que no tarda en darse cuenta Adela. Esto da lugar a varios enfrentamientos entre las dos hermanas, que se intercambian palabras amenazadoras, ya que las dos tienen cosas que esconder.

Poncia previene a Bernarda de que «algo muy grande» está pasando entre sus hijas, pero Bernarda responde reiteradamente que sólo desea llenarla de malos pensamientos y que sus hijas nunca han torcido su voluntad, pero lo cierto es que hace de sus deseos realidades, cegada por el orgullo _«Aquí no pasa nada.», sentencia Bernarda_.

Al anochecer, momento propicio para los enamorados, Adela sale de su habitación «a beber agua», ya que «la sed» el deseo sexual la despierta. Tras beber agua, se dirige al corral de las gallinas de su casa, el lugar de encuentro con Pepe el Romano. Al salir del corral se encuentra a Martirio, que salió de su habitación expresamente para vigilarla. Los gritos de Martirio llamando a su madre hace que salgan todas de sus habitaciones y se enteren de los amores ilícitos que Adela mantiene con Pepe. Bernarda saca una escopeta y dispara a Pepe pero no le alcanza. Martirio miente a Adela y le hace creer que Pepe ha muerto. Adela huye hacia su cuarto y se suicida.

ESTUDIO Y ANÁLISIS DE LOS PERSONAJES

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

BERNARDA

Desde que aparece en escena hasta que termina la obra Bernarda aparece como una mujer estricta, tradicional e intolerante, llevando cada uno de estos aspectos hasta los límites más extremos.

Bernarda representa el autoritarismo, la represión. Representa el poder económico y social dentro del pueblo. La información es la base de este poder. Su mentalidad refleja muy bien la mentalidad vigente en los pueblos, donde preocupa el qué dirán y existe la necesidad de enterarse de todas las habladurías que corren de boca en boca por el pueblo, procurando siempre no protagonizar ninguna habladuría de ese tipo y manteniendo una imagen digna de respeto, aunque la realidad no corresponda con tal apariencia. Obliga a sus hijas a reprimir sus deseos y sus odios para dar una imagen limpia y honesta:

Reconoce la importancia de esta crítica de qué dirán, en la que ella participa. Esa necesidad de Bernarda de saber lo que pasa en el pueblo está cubrida por sus criadas, a las que ordena mantenerla plenamente informada.

Bernarda tiene muy claro el papel que debe ocupar una mujer y se asegura de que sus hijas lo cumplan a «rajatabla» y no se dejen llevar por sus impulsos, principalmente los que conciernen al plano sexual.

Asume el poder de la casa después de morir su marido. Hace de su casa un mundo rígidamente jerarquizado, en el que ella se encuentra en la cúspide, ostentando el poder supremo. El bastón que lleva en escena indica claramente su autoridad. Su lenguaje es básicamente prescriptivo %órdenes prohibiciones, exclamaciones exigiendo silencio%, de hecho, comienza y termina la obra imponiendo silencio. Se otorga el derecho de mandar en lo suyo y en lo de los demás, sin reparar en las consecuencias:

Ese poder irracional va ligado a un deseo de poder controlarlo todo, de que todo sea como su voluntad dispone. Llega un momento en el que no puede controlar la situación y se pone una venda en los ojos para no ver lo que no quiere ver, que es lo que en realidad está pasando. Esta ceguera «voluntaria» es producida por el orgullo de no querer admitir que no lo puede todo.

El orgullo de casta que manifiesta Bernarda deja claro que tanto ella como sus hijas pertenecen a una clase social superior a la del resto del pueblo. Por este mismo motivo impidió el casamiento de su hija Martirio con Enrique Humanas, por razones estrictamente sociales. Este código sociomoral que impone Bernarda es otro de los factores que intensifican aún más la frustración que padecen sus hijas. Recordará insistentemente a sus hijas las obligaciones que tiene el ser de su clase, «el nacer con posibles».

En fin, Bernarda representa el poder, la autoridad, en su límite más extremo. Es uno de los principales focos de la frustración que padecen sus hijas.

LA PONCIA

Poncia es un personaje fundamental dentro de la obra.

Como vieja criada, podría perfectamente considerarse de la familia, una persona de confianza, puesto que interviene en las conversaciones, hace advertencias y hasta tutea a Bernarda. Pero Bernarda le recuerda reiteradamente las distancias que las separan cuando Poncia intenta hacerla ver lo que pasa a su alrededor.

Es consciente de todo lo que pasa en la casa y por «el interior de los pechos». Tras intentar hacer ver a Bernarda lo que ocurre en la casa y ésta hacer caso omiso de lo que le decía, se da por vencida y comenta a la criada:

A pesar de asumir su condición, expresa desde un principio un sentido de odio y rencor contenido hacia Bernarda que continua demostrando en varias ocasiones a lo largo de la obra.

Las conversaciones que mantiene con las hijas de Bernarda se caracterizan por el modo tan abierto en que habla de lo sexual que contrasta con la situación de represión en la que se encuentran y que acrecentará el deseo sexual de todas ellas.

Intenta, al igual que Bernarda, mantener la decencia de la casa cuando aconseja a Adela que se olvide de Pepe con el fin de que no se interponga en los planes de su hermana y no estalle causando un escándalo en la casa y en el pueblo:

Utiliza un lenguaje bastante exquisito para ser una criada; por ello la veremos hacer uso tanto de un lenguaje culto como de un lenguaje vulgar.

ADELA

Es la más joven, es hermosa, apasionada y sincera. Su mentalidad es totalmente opuesta a la de su madre. Es la encarnación de la más abierta rebeldía.

Desde el primer momento se revela por el luto impuesto que, durante ocho años, no la dejará disfrutar de su juventud. Se niega a tener que quedarse recluida en plena juventud y a perder su belleza dentro de la casa. Su enorme vitalidad es como un soplo de aire fresco en una casa en la que no entra el aire y donde se respira la muerte. Esta vitalidad se refleja en el vestido verde que se pone y que no va a poder lucir a menos que lo tiña de negro.

Adela, al igual que sus hermanas, está obsesionada por lo erótico, y hace alusión al deseo de erotismo que padecen todas cuando dice: «Me gustaría segar para ir y venir. Así se olvida lo que nos muerde». No reprime sus anhelos ni sus pasiones y no duda en manifestarlos, por lo que Martirio la llama «mulilla sin desbravar».

Asume las consecuencias de sus actos de rebeldía desafiando la moral establecida. Por ello está dispuesta a ser la amante de Pepe y pasar por la crítica del pueblo.

Esta actitud de rebeldía llega a su punto culminante cuando en el desenlace de la obra rompe el bastón de su madre, símbolo del poder que ostenta y que la hace paciente de una frustración que comparten también sus hermanas.

Su rebeldía traspasa los límites y acaba en catástrofe, Martirio le mintió y Adela se suicida creyendo que Pepe ha muerto.

LOS NOMBRES DE LOS PERSONAJES

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Esta obra posee una gran cantidad de elementos simbólicos; los nombres de los personajes, por ejemplo, tienen mucha relación con la personalidad de cada uno.

El nombre Bernarda significa «con fuerza de oso»; si tenemos en cuenta que , como anteriormente comentamos, es la encarnación de las fuerzas opresivas y que representa la autoridad y el poder, el significado de su nombre corresponde con los aspectos de su personalidad.

El nombre Amelia, significa «sin miel»; este personaje apenas es descrito en la obra, está en segundo plano. Sin embargo, podemos apreciar que se muestra resignada y temerosa.

El nombre Adela significa de «naturaleza noble». La franqueza es uno de los rasgos más sobresalientes de su personalidad y que puede perfectamente corresponder con el significado de su nombre.

El nombre Martirio puede hacer referencia a la apariencia física de este personaje. El significado de la palabra martirio es «sufrimiento grande»; quizás mirarla suponga eso: un gran dolor. En la obra nos dibujan este personaje como una persona fea, corcovada y enferma.

El nombre Angustias es sinónimo de pena, tristeza o aflicción; sentimientos que seguramente padece estando dentro de la casa y en las condiciones anteriormente citadas.

El nombre Magdalena significa mujer penitente y arrepentida. Magdalena da muestras, por una parte, de absoluta sumisión, pero puede sorprendernos con protestas acerca de su condición de mujer.

CLASIFICACIÓN DE LOS PERSONAJES

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

El protagonista indiscutible de esta obra es la propia casa donde tiene lugar el desarrollo de la misma. Para ello debemos reparar en el título de la obra, no Bernarda Alba, ni Las hijas de Bernarda Alba, sino La casa de Bernarda Alba. La obra narra los acontecimientos que tienen lugar dentro y fuera de la casa. Esos dos mundos están separados por las tapias de la casa y difiere mucho lo que tiene lugar fuera de lo que pasa dentro. Como dijimos anteriormente, la casa se convierte, después de la muerte del marido de Bernarda, en un espacio estrictamente cerrado, donde no entra ninguna ráfaga de aire fresco que, sumado al calor del verano, hace de la casa un espacio «asfixiante». Se alude a la casa con palabras como «convento», «presidio» o «infierno», que deja ver claramente la sensación de los personajes estando dentro de la casa. Si tenemos en cuenta que de fuera de la casa llegan ecos de pasiones y erotismos desmadrados, como los de Paca la Roseta, la hija de la Librada, la mujer vestida de lentejuelas, nos damos cuenta que estamos en el mundo de la privación de la libertad, un mundo que pone barreras a las fuerzas de la vida y en el que se respira la muerte.

Hay un lenguaje que emplean los personajes dentro de la casa y que está lleno de simbolismo: «la sangre no llegará al río»; «Yo dejo que corra el agua»; «hasta que se pongan en cueros de una vez y se las lleve el río»; «voy a beber agua»; «me despertó la sed»; «él me lleva a los juncos de la orilla»; «este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con miedo de que esté envenenada»; «nos hundiremos todas en un mar de luto»; «hubiera volcado un río de sangre sobre su cabeza», etc. El agua funciona como elemento liberador, símbolo de fuerza vital, de erotismo; sin embargo, el pozo y todo lo que tenga relación con él simboliza la muerte. Este significado se puede deducir fácilmente si hacemos la siguiente comparación: el agua del río corre libremente (está libre), por el contrario, el agua del pozo está estancada (sin movimiento, contenida dentro de un recipiente, encerrada). Parte de ese simbolismo lo protagonizan también la predominancia de dos colores —el blanco y el negro—: muros blancos; vestidos negros; el patio que hay que blanquear después de marcharse los hombres que lo han ensuciado; la blancura que Adela no quiere perder dentro de «esas habitaciones» que también son blancas; las tres perlas blancas —en vez diamantes— del anillo de bodas; el caballo garañón blanco; el pelo blanco de María Josefa; etc. Los únicos colores que aparecen en la obra son el abanico de colores de Adela, la choza de coral en la playa de la que canta María Josefa con un significado sexual; y el vestido verde de Adela, símbolo de rebeldía.

Bernarda es el otro personaje protagonista, alrededor del cual gira la trama de la obra. Ella y las convenciones sociales y morales que representa son las causantes de los acontecimientos que tienen lugar dentro de la casa. No repararemos más en este aspecto, puesto que se ha explicado anteriormente en el apartado correspondiente al análisis de este personaje.

Adela es, sin duda, otra protagonista de la obra. Es un personaje que rompe con la autoridad de su madre impulsada únicamente por sus deseos y pasiones. Tampoco repararemos más en este personaje por haber sido ya analizado con detenimiento.

Pepe el Romano es el protagonista omnisciente, pero que en ningún momento aparece en escena. Acapara todas las atenciones femeninas dentro de la casa, de ahí emana su fuerza.

Bernarda y Adela son personajes totalmente opuestos, antagonistas. Ello no quiere decir que uno sea bueno y el otro malo. Representan la autoridad contra la libertad, rebeldía contra represión, naturaleza contra tradición, realidad contra deseo, etc.

La Poncia comparte también protagonismo ya que interviene y está presente en prácticamente todas las escenas lo que le confiere una gran importancia dentro de la obra.

María Josefa, Angustias y Martirio se las podría calificar como coprotagonistas. María Josefa es un personaje importante; en sus palabras irá mezclada la locura con la verdad, por ello se convierte en la portavoz de los anhelos comunes. Angustias y Martirio poseen importantes diálogos en los momentos culminantes de la obra, por lo que formarán parte de la trama.

Magdalena, Amelia y la criada responden a la clasificación de personajes secundarios. No son importantes, aunque su presencia contribuye a la riqueza de los diálogos de la obra.

Por últimos existe una serie de personajes que aparecen en la obra fugazmente: Prudencia, que aparece al inicio del tercer acto; la mendiga, las mujeres, las muchachas y las mujeres de luto, que aparecen en el primer acto.

RELACIÓN ENTRE LOS PERSONAJES

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Las relaciones entre los personajes difieren mucho unas de otras, como comprobaremos a continuación.

La relación entre Bernarda y las criadas se basa en la típica relación amo-criado pero con algunas variantes con respecto a la relación de Bernarda con Poncia. Poncia es una vieja criada de la misma «escuela» que Bernarda, como manifiesta ella, por lo que, como hemos dicho anteriormente, podría perfectamente considerarse de la familia, si no fuera porque Bernarda le recuerda reiteradamente guardar las distancias y no meterse en los asuntos que no le incumben.

En lo que se refiere a la relación de Bernarda con sus hijas, Bernarda se dirige a ellas en todo momento con un fuerte carácter autoritario, debido a éste carácter, las hijas de Bernarda no pueden hablar libremente con ella y procuran tener cuidado de que no oiga conversaciones que no puedan ser de su agrado.

La relación entre las hermanas va desde la más absoluta complicidad y preocupación, como es el caso de Martirio y Amelia hasta, el recelo y el odio más profundo, como el que sienten Martirio y Adela recíprocamente debido al amor que sienten las dos por Pepe el Romano. Se puede apreciar claramente al finalizar la obra, donde incluso una de las dos comenta no ver en la otra más que una mujer y terminando esta tormentosa relación en catástrofe al morir Adela a causa de la mentira de Martirio.

La relación que existe entre María Josefa y Bernarda podría clasificarse de vergonzosa por parte de ésta última y de odio reprimido por aquélla. María Josefa es encerrada dentro de casa expresamente para que las vecinas no la vean y comenten sobre su locura. Ella, en cambio desea lo que anhelan las hijas de Bernarda: salir de la casa y casarse, esta última idea va acompañada de un deseo sexual.

Las vecinas y Bernarda mantienen una relación consistente en una «buena fachada por delante» y odio «al girar la espalda». Esta relación se refleja muy bien en la escena del primer acto en la que las mujeres de luto —las vecinas— asisten al duelo del marido de Bernarda y en la que abundan las habladurías sobre ella por parte de las vecinas.

La relación que mantienen las hijas de Bernarda con la Poncia es de total confianza. Hablan entre ellas sin ningún tipo de tapujo.

CARACTERIZACIÓN E LOS PERSONAJES

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda manifiesta en varias ocasiones que a ella se debe el no dar qué hablar sobre su casa y que la represión a la que tiene sometidas a sus hijas tiene como fin asegurar la decencia y honestidad de sus hijas.

A Bernarda se la llama «tirana», «mandona» y «dominanta». Poncia la califica de inquisitiva al prohibir a Angustias maquillarse el día del duelo de su padre. También se la reconoce como una persona orgullosa por no querer reconocer que ella no lo puede todo.

Adela manifiesta claramente su rebeldía en varias ocasiones cuando proclama su cuerpo como algo suyo y en el que sólo ella puede mandar. Es un personaje que cumple sus propósitos hasta el final.

De Adela comentan sus hermanas su ilusión y sus ganas de vivir. Poncia comenta de ella el peligro que supone para la realización de los planes de Angustias.

Martirio puede llegar a confundirnos su actitud ante los hombres, por un lado, le oímos decir que siempre tuvo miedo de los hombres; y por otro lado, la veremos arder con una pasión inconmensurable. Reconoce su escaso atractivo en una conversación que mantiene con su hermana Amelia.

Respecto a lo que otros personajes dicen de ella, Poncia, por ejemplo, opina de ella que es rencorosa y vengativa ante su imposibilidad de poder conseguir a Pepe.

Pepe el Romano es un personaje del que sólo tenemos constancia por lo que nos cuentan de él en la obra. Pero gracias a lo que nos dicen de él, tenemos un retrato suficientemente perfilado. Como hemos dicho, actúa como catalizador de las fuerzas latentes y de ahí su fuerza.

15

Bernarda—. ¡Andar a vuestras casas a criticar todo lo que habéis visto! ¡Ojalá tardéis muchos años en pasar el arco de mi puerta!.

Acto primero, págs. 126-127

Bernarda—. [...](Con curiosidad) «¿De qué hablaban? »

La Poncia—. Hablaban de Paca la Roseta. Anoche ataron a su marido a un pesebre y a ella se la llevaron en la grupa del caballo hasta lo alto del olivar.

Bernarda—. ¿Y ella?

La Poncia—. Ella, tan conforme. Dicen que iba con los pechos fuera y Maximiliano la llevaba cogida como si tocara la guitarra. ¡Un horror!

Bernarda—. ¿Y qué pasó?

La Poncia—. Lo que tenía que pasar. Volvieron casi de día. Paca la Roseta traía el pelo suelto y una corona de flores en la cabeza.

Bernarda—. Es la única mujer mala que tenemos en el pueblo.

Acto primero, págs. 131-132

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Criada—. (Entrando.) En la calle hay un gran gentío y todos los vecinos están en las puertas.

Bernarda—. (A la Poncia) ¡Corre a enterarte de lo que pasa! [...]

Acto segundo, pág. 177

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda—. (Entrando.) ¡Qué escándalo es este en mi casa y en el silencio del peso del calor! Estarán las vecinas con el oído pegado a los tabiques.

Acto segundo, pág.166

Bernarda—. Eso tiene ser mujer. [...] Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón.

Tratado primero, pág. 128

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda—. (Dirigiéndose a Angustias.) ¿Es decente que una mujer de tu clase vaya con el anzuelo detrás de un hombre el día de la misa de su padre?

Acto primero, pág. 131

Bernarda—. No pienso. [...] Yo ordeno.

Acto segundo, pág. 171

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda—. No os hagáis ilusiones de que vais a poder conmigo. ¡Hasta que yo salga de esta casa con los pies por delante mandaré en lo mío y en lo vuestro!

Acto segundo, pág. 177

Bernarda—. No hay en cien leguas a la redonda quien se pueda acercar a ellas. Los hombres de aquí no son de su clase.

Acto primero, pág. 134

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

L Poncia—. [...] ¿Por qué no la dejaste casar con Enrique Humanas? ¿Por qué le mismo día que iba a venir a la ventana le mandaste recado que no viniera?

Bernarda—. ¡Y lo haría mil veces! ¡Mi sangre no se junta con la de los Humanas mientras yo viva! Su padre fue gañán.

Acto segundo, pág. 172

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda—. «Aquí se hace lo que yo mando. [...] Eso tiene la gente que nace con posibles. »

Acto primero, pág. 128

Bernarda—. (A Angustias.) «Cada una sabe lo que piensa por dentro. Yo no me meto en los corazones, pero quiero buena fachada y armonía familiar. »

Acto tercero, pág. 187

La Poncia—. [...]¿Tenemos o no tenemos confianza?

Bernarda—. No tenemos. Me sirves y te pago. ¡Nada más!

Acto primero, pág. 134

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda—. Siento que hayas oído. Nunca está bien una extraña en el centro de la familia.

Acto segundo, pág. 170

La Poncia—. Pero yo soy buena perra; ladro cuando me lo dicen, [...] pero un día me hartaré.

Criada—. Y ese día...

La Poncia—. Ese día me encerraré con ella en un cuarto y le estaré escupiendo un año entero. Bernarda, por esto, por aquello, por lo otro, hasta ponerla como un lagarto machacado por los niños, que es lo que es ella y toda su parentela.

Acto primero, pág. 119

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda—. [...] sabes muy bien cuál es tu origen.

La Poncia—. (Con odio.) No me lo recuerdes. [...]

Acto segundo, pág. 173

La Poncia—. La primera vez que mi marido Evaristo el Colín vino a mi ventana... Ja, ja, ja.

Amelia—. ¿Qué pasó?

La Poncia—. Era muy oscuro. Lo vi acercarse y al llegar me dijo: «Buenas noches. » «Buenas noches», le dije yo, y nos quedamos callados más de media hora. Me corría el sudor por todo el cuerpo. Entonces Evaristo se acercó, se acercó que se quería meter por los hierros, y dijo con voz muy baja: «¡Ven que te tiente! » (Ríen todas.)

(Amelia se levanta corriendo y espía por la puerta.)

Amelia—. ¡Ay!, creí que llegaba nuestra madre.

Magdalena—. ¡Buenas nos hubiera puesto! (Siguen riendo.)

Acto segundo, págs. 151-152

La Poncia—. [...] ¿Tú ves este silencio? Pues hay una tormenta en cada cuarto. El día que estallen nos barrerán a todos. Yo ya he dicho lo que tenía que decir.

Acto tercero, pág. 194

La Poncia—. No seas como los niños chicos. ¡Deja en paz a tu hermana, y si Pepe el Romano te gusta, te aguantas! [...] Olvídalo, lo que quieras, pero no vayas contra la ley de Dios.

Acto segundo, pág. 156

Adela—. Pienso que este luto me ha cogido en la peor época de mi vida para pasarlo.

Magdalena—. Ya te acostumbrarás.

Adela—. (Rompiendo a llorar.) No me acostumbraré. Yo no puedo estar encerrada. No quiero que se me pongan las carnes como a vosotras; no quiero perder mi blancura en estas habitaciones; mañana me pondré mi vestido verde y me echaré a pasear por la calle. ¡Yo quiero salir!

Acto primero, pág. 142

Adela—. ¡Yo hago con mi cuerpo lo que me parece! [...] (Refiriéndose a Martirio.) Me sigue a todos lados. A veces se asoma a mi cuarto para ver si duermo. No me deja respirar. Y siempre: «¡Qué lastima de cara! », «¡Qué lástima de cuerpo que no vaya a ser para nadie! » ¡Y eso no! Mi cuerpo será de quien yo quiera.

Acto segundo, pág. 155

Adela—. Ya es tarde. No por encima de ti que eres una criada; por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca. [...] Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos. [...] Trae cuatro mil bengalas y ponlas en las bardas del corral. Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder.

La Poncia—. ¡Tanto te gusta ese hombre!

Adela—. ¡Tanto! Mirando sus ojos me parece que bebo su sangre lentamente.

La Poncia—. Yo no te puedo oír.

Adela—. ¡Pues me oirás! Te he tenido miedo. ¡Pero ya soy más fuerte que tú!

Acto segundo, págs. 157-158

Adela—. (Haciendo frente a Bernarda.) ¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata un bastón a su madre y lo parte en dos.) Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. En mi no manda nadie más que Pepe.

Acto tercero, pág. 203

Bernarda—. ¿Siguen diciendo todavía la mala letanía de esta casa?

La Poncia—. No dicen nada.

Bernarda—. Porque no pueden. Porque no hay carne donde morder. A la vigilancia de mis ojos se debe esto.

Acto tercero, pág. 193

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda—. ¡Cuánto hay que sufrir y luchar para hacer que las personas sean decentes y no tiren al monte demasiado!

Acto primero, pág. 133

Bernarda—. ¿Salir? Después de que te hayas quitado esos polvos de la cara. ¡Suavona! ¡Yeyo!. ¡Espejo de tus tías! (Le quita violentamente con un pañuelo los polvos.) ¡Ahora vete!

La Poncia—. ¡Bernarda, no seas tan inquisitiva!

Acto primero, págs. 144-145

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Mujer Nº2—. (Aparte, en voz baja) ¡Mala, más que mala!

Mujer Nº3—. (Lo mismo.) ¡Lengua de cuchillo! [...]

Mujer Nº1—. (En voz baja.) ¡Vieja lagarta recocida! (Entre dientes.) ¡Sarmentosa por calentura de varón!

Acto primero, pág. 124

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Bernarda—. ¿Siguen diciendo todavía la mala letanía de esta casa?

La Poncia—. No dicen nada.

Bernarda—. Porque no pueden. Porque no hay carne donde morder. A la vigilancia de mis ojos se debe esto.

Acto tercero, pág. 193

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Criada—. Es tan orgullosa que se pone una venda en los ojos.

Acto tercero, pág. 194

Adela—. Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder.

Acto segundo, pág. 157

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Adela—. Yo soy su mujer. (A An gustias.) Entérate tú y ve al corral a decírselo.

Acto tercero, pág. 203

Adela—. Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los juncos de la orilla.

Acto tercero, pág. 201

Magdalena—. ¡Pobrecilla! Es la más joven de nosotras y tiene ilusión. Daría algo por verla feliz.

Acto primero, pág. 138

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

La Poncia—. Adela está decidida a lo que sea.

Acto tercero,pág. 195

Martirio—. Es preferible no ver a un hombre nunca. [...] Dios me ha hecho débil y fea y los ha apartado definitivamente de mí.

Acto primero, pág. 136

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Martirio—. ¡Sí! Déjame decirlo fuera de los embozos.

¡Sí! Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura. ¡Le quiero!

Acto tercero, pág. 201

La Poncia—. Esa es la peor. Es un pozo de veneno. Ve que el Romano no es para ella y hundiría el mundo si estuviera en su mano.

Acto tercero, pág. 195

Magdalena—. Y un hombre tan guapo. Acto segundo, pág. 150

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

María Josefa—. Pepe el Romano es un gigante. Todas le queréis. Pero él os va a devorar porque vosotras sois granos de trigo. No granos de trigo. ¡Ranas sin lengua!

Acto tercero, pág. 199

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Adela—. Él dominará esta casa. Ahí fuer está, respirando como si fuera un león.

Acto tercero, pág. 203

La Casa de Bernarda Alba; Federico García Lorca

Criada—. Pepe el Romano viene por lo alto de la calle. (Amelia, Martirio y Magdalena corren presurosas.)

Magdalena—. ¡Vamos a verlo! (Salen rápidas.)

Criada—. Como dará la vuelta a la esquina, desde la ventana de tu cuarto se verá mejor. (Sale.)

(Adela queda en escena dudando; después de un instante se va también rápida hasta su habitación.)

Acto primero, pág. 143