La antigua Grecia

Helenismo. Democracia. Atenas. Pericles. Confederación ateniense. Alejandro. Prealejandrismo

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Antigua Grecia

Período prehelénico

Desde el Paleolítico se atestigua la presencia del hombre en Grecia (3200 adC a 2000 adC), y en Asia Menor la asiánica. Pero fue en la isla de Creta donde se desarrolló la civilización más avanzada, la cretense o minoica. Durante su época de mayor esplendor (minoico medio, hacia 1950 adC a 1550 adC), se construyeron los palacios de Cnosos, Festos y Hagia Triada. Por otro lado, los aqueos o protohelenos se establecieron en la Argólide, donde construyeron las fortalezas de Tirinto y Micenas, de la que derivó el nombre micénica que se da a su elevada civilización, asimiladora de la cultura minoica. Hacia 1550 adC comenzó un apogeo a ambos lados del mar Egeo que culminó con la conquista de Creta y la expedición contra Troya. A comienzos del siglo XII adC los dorios irrumpieron en la Grecia continental, provocando la emigración de los aqueos al Peloponeso, los jonios al Ática, Eubea y las Cícladas, y los eolios a Tesalia y Beocia. Esa invasión incrementó la emigración de colonos griegos en el litoral de Asia Menor y provocó la fragmentación de Grecia en ciudades-estado (polis).

Edad Media griega

Hacia el siglo VIII adC empezaron a construirse las principales ciudades-estado griegas, al frente de las cuales había un rey con atribuciones militares y religiosas, que gobernaba asesorado por un consejo de ancianos. No obstante, en el seno de la sociedad griega de entonces, típicamente rural, surgieron los grandes terratenientes, descendientes de los más poderosos en la guerra, que se impusieron a los pequeños propietarios y sustituyeron la monarquía por el poder aristocrático. Desde entonces los consejeros y los magistrados fueron, de hecho, elegidos únicamente entre la alta nobleza.

La pobreza del suelo y el aumento demográfico obligaron a los griegos a lanzarse a la fundación de colonias en todo el ámbito del mar Mediterráneo, lo que determinó el nacimiento de un activo comercio y el desarrollo de una próspera industria en la metrópoli. A partir del siglo VII adC la actividad comercial e industrial, cada vez más importante, dio lugar a la aparición de una clase media deseosa de tomar parte en el gobierno de la ciudad. Mientras, la situación del pequeño campesino se vio doblemente agravada: por un lado le resultaba imposible competir con los productos agrícolas traídos de otros países por los comerciantes, y por otro, su debilidad económica le hacía entrar, cada vez con mayor dependencia, en la órbita de la nobleza. En estos momentos de agitación social y política surgieron en la mayoría de las ciudades griegas los legisladores y los tiranos, hombres de carácter enérgico, procedentes generalmente de la aristocracia, que se hicieron con el poder y gobernaron con el apoyo de la clase media y del pueblo, que veía en ellos a los ansiados reformadores sociales.

La lucha por la libertad: democracia y guerra contra los persas

El intento de la aristocracia ateniense de recobrar el poder fracasó ante la oposición del pueblo y de la clase media, que implantaron la democracia (siglo VI adC), cuya economía se basaba en el trabajo de los esclavos y semilibres, privados de derechos políticos. Esparta, la otra ciudad-estado preponderante, mantuvo un régimen oligárquico y militarista, cuya hegemonía impuso en la Liga del Peloponeso (siglo VI adC). Hacia 540 adC, Persia conquistó las ciudades griegas de Asia Menor y se lanzó a la conquista de Grecia, pero las ciudades-estado, encabezadas por Atenas y Esparta, derrotaron a los persas en Maratón (490 adC), Salamina (480 adC) y Platea (479 adC), durante las Guerras Médicas.

La Confederación Ateniense y el Siglo de Pericles

Para proseguir la lucha marítima contra el Imperio persa, Atenas organizó la Confederación Ateniense o Liga de Delos (447 adC), y a partir de entonces dominó el comercio marítimo del mundo colonial griego. Atenas se convirtió además en un centro político e intelectual, cuyo período de mayor esplendor correspondió al gobierno de Pericles, fundamentalmente desde 462 adC hasta 429 adC, en el que su influencia política se dejó sentir con intensidad. En política interior, Pericles modificó las leyes, dándoles un sentido más democrático, estableció la retribución de los cargos públicos y reconstruyó la ciudad, muy dañada a consecuencia de las Guerras Médicas. Las reformas constitucionales que emprendió fueron consecuencia de la transformación de la estructura social: los nobles, cuya influencia política descansaba sobre la propiedad territorial, pasaron a un segundo plano, mientras que la clase media, constituida por marinos, comerciantes y artesanos, se convirtió en una clase privilegiada, que obtuvo la dirección política de la ciudad.

En la esfera de relaciones internacionales, Pericles se encontró ante dos problemas: el de acabar definitivamente el conflicto con Persia, que persistía en sus ataques a las colonias griegas de Asia Menor, y el de convivir con Esparta. En cuanto al primero de ellos, Pericles logró establecer con los persas un armisticio beneficioso (Paz de Calias en 449 adC). Respecto al segundo problema, en 446 adC concertó una paz de treinta años con Esparta, por lo que esta ciudad reconocía la Liga de Delos; en compensación, Atenas renunciaba a la hegemonía terrestre, evacuando sus posiciones en el Peloponeso y en el Istmo.

El siglo prealejandrino

Las ciudades griegas sometidas antes a Atenas vieron que la tiranía impuesta ahora por Esparta resultaba más dura. Por ello, en 403 adC estalló un alzamiento general, que derrocó el régimen de los Treinta Tiranos y restableció la democracia en Atenas. El movimiento antiespartano era capitaneado por Tebas, que contaba con el apoyo de Atenas, Argos y Corinto (Guerra de Corinto, 394 adC a 387 adC). Pese a que los aliados fueron derrotados en la batalla terrestre de Coronea (394 adC), la decisión estratégica de la lucha se solventó en el mar, donde aquéllos destruyeron la flota espartana en Cnido (394 adC). Esparta, que veía peligrar su hegemonía, pidió ayuda a los persas, y la intervención de éstos obligó a los aliados a aceptar la Paz de Antálcidas (386 adC). A consecuencia de esta paz, Persia se anexó las colonias griegas de Asia Menor y cerró a Atenas toda posibilidad de rehacer su antiguo Imperio marítimo, mientras que reconocía a Esparta su papel de rectora de la Liga del Peloponeso. De hecho, este tratado impuesto atestiguaba la debilidad política del mundo griego, que se sometía a las directrices persas.

Más tarde Esparta pretendió imponer gobiernos oligárquicos en diversos estados, lo que provocó un nuevo levantamiento de Tebas, que esta vez fue coronado con el éxito. Persia, a causa de sus problemas interiores, no pudo acudir en auxilio de los espartanos, los cuales fueron derrotados en Leuctra y, definitivamente, en Mantinea (362 adC).

Dominación macedónica y helenismo

Filipo V de Macedonia, "el cielo de Hellas", llevando la diadema real.

La restaurada Stoa de Atalo, Atenas.

El reino de Macedonia, situado al norte de Grecia, había permanecido durante siglos aislado políticamente de los restantes estados griegos, aunque muy influido culturalmente por éstos. A mediados del siglo IV adC el agotamiento y división de los griegos proporcionó a Macedonia la oportunidad para intervenir e imponer su hegemonía sobre la Hélade. Ello fue obra de Filipo II (hacia 382 adC a 336 adC), quien, tras derrotar a los griegos en la batalla de Queronea (338 adC), les forzó a agruparse bajo su caudillaje en la Liga Corintia El hijo y sucesor de Filipo II, Alejandro, antes de partir para la conquista de Persia, tuvo que reprimir una sublevación de Tebas y Atenas y dejar al mando de Antípatro un ejército lo bastante fuerte para sofocar los alzamientos que pudieran producirse en su ausencia. Después de la muerte de Alejandro, Atenas intentó recuperar la independencia; al movimiento de liberación se adhirieron numerosas ciudades de la Grecia central, del Peloponeso y de Tesalia, pero fueron derrotadas por Antípatro en Cranón (322 adC). Los territorios del Imperio de Alejandro se fragmentaron en varios estados, entre ellos el de Macedonia, que siguió manteniendo su hegemonía sobre Grecia. Los griegos no cesaron en sus intentos de sacudirse del yugo macedónico; a este fin se organizaron las Ligas Etolias y Aquea, que libraron a Atenas de la tutela macedónica. No obstante, las dos Ligas se debilitaron progresivamente a causa de sus guerras y luchas sociales interiores.

Dominación romana

Desde mediados del siglo II adC Grecia se convirtió, de hecho, en un protectorado romano, y la mayoría de las ciudades griegas pagaron tributo a Roma. En 88 adC, con el apoyo de Mitrídates, rey del Ponto, los griegos se sublevaron contra Roma, pero el levantamiento fracasó. Durante la época de las guerras civiles Grecia fue escenario de las luchas entre las distintas facciones romanas que querían hacerse con el poder. En la época Imperial se mantuvo la influencia cultural griega, pero los núcleos de expansión económica de Oriente se polarizaron en las provincias romanas de Asia. Éste período de relativa prosperidad fue interrumpido en el siglo III por las invasiones de los bárbaros. Paralelamente, la sociedad griega evolucionó hacia formas sociales y

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