Karl Marx

Pensamiento marxista. Burguesía. Proletariado. Lucha de clases

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“Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la

burguesía y el proletariado”.

K. Marx, F. Engels: El manifiesto comunista

CUESTIONES:

  • COMPRENSIÓN DEL TEXTO

  • 1.1. Formula el tema que plantea el texto y resume las ideas principales.

  • Explica el significado de los términos o expresiones subrayados.

  • CONTEXTUALIZACIÓN

  • Relaciona el texto con la filosofía del autor y con la época. Si deseas, puedes servirte de las cuestiones siguientes:

    2.1. La autoproducción del hombre por el trabajo.

    2.2. La filosofía marxiana de la historia y la formación de las sociedades.

  • COMENTARIO CRÍTICO

  • Elabora una breve disertación sobre este tema. Si lo deseas puedes servirte de los siguientes puntos de referencia:

    - ¿Hay en la sociedad actual más conflicto que colaboración? Pon también ejemplos.

    - ¿Cuántas clases sociales hay hoy día? Descríbelas.

    1.1.- Lo propio de la edad moderna es la lucha entre burguesía y proletariado. Fruto de la dinámica dialéctica de la historia, ésta tiende a separarse siempre en dos grandes grupos sociales. Dichos grupos se definen por su lugar dentro de la estructura socioeconómica, de ahí que Marx los denomine clases. Antes de la “época de la burguesía” han existido los esclavos frente a los amos; los siervos de la gleba frente a los señores feudales, etc. En definitiva, toda época se ha dividido en opresores y oprimidos, clases dominantes y clases dominadas. Estas clases se diferencian por su participación en cada modo de producción (relaciones de producción), y dicho modo de producción, a su vez, se define por la particular configuración de relaciones de producción, medios de producción, fuerzas productivas y fuerza de trabajo.

    La época de la burguesía es la era del capital. Este se toma como un fin y no como un medio. De esta manera, quien posea un capital inicial (burguesía) lo invierte en medios de producción y contrata a trabajadores (proletarios) -compra su fuerza de trabajo- para que estos generen una plusvalía que retorna al burgués. Por tanto, el capital genera más capital a costa de la apropiación del plusvalor (que propiamente se debe a la mediación del trabajo del proletario).

    Ahora bien, Marx dice en el texto: “Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes enemigos”. Esto significa, que los polos cada vez son más distantes, que la tensión es cada vez mayor porque las pretensiones de unos son contrarias a los de los otros, conduciendo a la lucha. El modo de producción capitalista, piensa Marx, ha llegado a tal desarrollo que ya no puede mantener un equilibrio entre las clases que le dan vida. Se acercaría por tanto el tercer momento de la dialéctica, la superación de la contradicción que daría una sociedad sin clases basada en la socialización de los medios de producción (comunismo).

    1.2.- Clases antagónicas: Con esta expresión Marx pretende hacer hincapié en que burguesía y proletariado no son, simplemente, clases diferentes sino contrarias, abocadas al conflicto. Es decir, el lugar que ocupan en la estructura económica conlleva que tengan dinámicas e intereses contradictorios. La burguesía tiende a reducir los salarios para obtener la mayor plusvalía posible; el proletariado, por el contrario, reclama que el valor generado por su trabajo no le sea “expropiado”. La alienación fundamental que sufre el proletariado es esa, deja su vida en un trabajo “forzoso” para producir una riqueza que va a parar a otras manos. En cualquier caso, la relación entre estas clases no es simétrica porque aunque el burgués capitalista necesita de una clase trabajadora, el proletariado no necesita del burgués sino de los medios de producción que éste retiene (y que en el comunismo, primero proporcionaría el estado y después serían socializados).

    Burguesía: Es la clase dominante dentro del modo de producción capitalista. Su primacía es producto de la superación del modo de producción medieval. Aparece durante la Edad Media y está formada por ciudadanos libres con profesiones liberales. Cuando cae el paradigma medieval asociado a la posesión de tierras y la dependencia de los siervos aparece la economía centrada en el capital. Como adelantábamos antes, el dinero no siempre ha sido el centro de la economía. Primero aparece como una abstracción del valor de cambio y, en consecuencia, es un medio para adquirir bienes. Sin embargo, en la economía capitalista esto cambia, el dinero pasa a ser principio y fin del proceso, los productos o bienes son sólo medios. Así, el burgués acumula un capital que una vez invertido genera más capital. Siendo para ello necesario que estos controlen los medios de producción y contraten la fuerza de trabajo. Terminar diciendo que esta clase, esta favorecida por la ideología (falso concepto de la realidad) que pretende legitimar el statu quo.

    Proletariado: Como su propio nombre indica es la clase que sólo dispone de su prole. Son los trabajadores y obreros, los asalariados. En otras palabras, aquellos que lo único de que disponen es su vida en cuanto capacidad de trabajo. Así, el proletario, tiene que vender parte de su fuerza de trabajo (que es su tiempo y su capacitación) para poder vivir. En el capitalismo, el proleterio depende -en cierto modo- del capitalista que será quien determine el dinero que debe percibir por dicha fuerza, pero, a su vez, es libre (a diferencia de un esclavo, por poner un ejemplo) jurídicamente. Es este abismo entre libertad y dependencia la que es ocupada por la ideología.

    2.1.- Cuando hablamos de autoproducción del hombre por el trabajo, estamos poniendo de manifiesto que, para Marx, el ser humano es una realidad dinámica. Es decir, el ser humano no está dado, finalizado como si tuviera una esencia inmutable cerrada. El ser humano se hace en la historia. Esto no significa que no sea una realidad natural. Evidentemente, todo ser humano tiene unas necesidades primarias ineludibles (comer, resguardarse, establecer vínculos...); pero eso es insuficiente para entender al ser humano concreto y no una abstracción ahistórica del mismo. El ser humano no tiene solamente esas necesidades primarias sino que históricamente va desarrollando otras.

    Estas otras necesidades están en relacíon con el carácter social e histórico del ser humano. Es decir, el hecho de pertenecer a un grupo social determinado y a una época concreta tiene tanto peso en la configuración “humana” como sus impulsos naturales. En otras palabras, el hombre es natural, pero lo es de una manera peculiar (mediada).

    En principio, tenemos que relacionarnos con el entorno, como cualquier ser viviente, para satisfacer las necesidades naturales. Ahora bien, el ser humano no se limita a aproximarse a la naturaleza de una manera inocua. No. Lo hace mediante el trabajo. Su capacidad racional hace que una relación simple con la naturaleza (tomar de ella lo que sea necesario) se torne una relación dialéctica. El ser humano, utiliza instrumentos y estrategia a la hora de acercarse al medio. Así puede obtener de la naturaleza aún más de lo que necesita generando excedentes. Pues bien, tal vez ese sea el origen de la economía pero más allá de eso, es innegable que el ser humano está naturalmente volcado sobre la naturaleza y que dicha naturaleza está siendo manipulada y en cierto modo humanizada. En otras palabras, la relación entre ser humano y naturaleza es también dialéctica, siendo diferentes uno está volcado sobre el otro y viceversa. Esta relación transforma al mismo tiempo a la naturaleza y al ser humano. A aquella porque la orienta hacia la satisfacción de éste (ganadería, labranza…); y al ser humano porque una vez solucionadas las necesidades de primer orden le proporciona más. Ese de más que aporta la naturaleza es lo que una vez “socializado” acaba convirtiéndose en una nueva necesidad.

    Esto significa, que el carácter social del hombre también influye en lo que hemos dado en llamar su autoproducción. Para Marx el hombre real no tiene una existencia individual aislada que sea real, es necesariamente social, lo es por naturaleza. Esto, no sólo porque el ser humano tenga ya desde el nacimiento unos vínculos sociales (familia), sino porque la propia necesidad de apropiarse de recursos para la satisfacción de las necesidades va demandando, paulatinamente, una interacción más compleja. Es, precisamente, la necesidad de llevar a cabo tareas complejas para satisfacer necesidades la que determina la colaboración humana. Cuanto más complejo sea el trabajo a realizar (tomado el trabajo aquí como la mediación entre el ser humano y la naturaleza) más claramente habrá que estructurar la sociedad.

    En resumidas cuentas, para Marx, tiene tanto peso en la definición (en cuanto que lo hace ser lo que es) del ser humano la naturaleza entendida como realidad dinámica modificada y modificante; cuanto lo social comprendido como una haz de relaciones que determina las formas de organización y de pensar propios de cada tiempo. Como decíamos antes, el hombre es, por tanto, un ser “natural humano” donde la expresión debe entenderse como realidad dinámica que se relaciona dialécticamente tanto con lo natural como con lo social.

    2.2.- La filosofía marxiana de la historia está, como él mismo admite, muy determinada por la filosofía idealista alemana y, especialmente, por Hegel. Marx consideraba que el error fundamental de éste era su opción por idealismo que hacia que su explicación estuviera invertida, cabeza abajo. Marx, entiende que el motor de la historia no es el despliegue del espíritu hacia su autoconciencia, sino que los cambios se producen a un nivel material, siendo la conciencia mero reflejo de ellos.

    Aún así, el esquema hegeliano de tesis-antitesis-síntesis es tomado por Marx como válido (aunque el la comprensión del tercer paso de la dialéctica no sea igual. La influencia de Hegel en Marx (sobre todo en la primera época) es lógica dada su relación con la denominada izquierda hegeliana. De todos modos, Marx pretende hacer de la filosofía no una disciplina contemplativa sino una herramienta práctica. En su juventud (tomando como modelo a Feuerbach) intenta desenmarañar la alienación que sufre el ser humano y los proceso ideológicos que esconden, a la par que justifican dicha situación.

    Pero en la época más madura, en la que podemos ubicar tanto este manifiesto como “El Capital” hay un giro de la filosofía marxiana haciéndola más analítica y menos voluntarista que en los manuscritos. Tomado como modelo y a su vez criticando a grandes eminencias liberales en economía como Ricardo Marx construye un sistema que permite explicar las diferentes épocas históricas en función de su infraestructura económica, así como, el paso de unas a otras.

    Dicho esto, Marx entiende que en la Historia siempre hay una separación dual generando cada nueva clase su reverso. Por tanto, de la autoposición de la tesis surge la antítesis que no es simplemente diferente sino contraria. De esta manera ambas clases están constituídas de tal manera que cuya propia dinámica las conduce a la confrontación y a la tensión. Dicho conflicto entre clase dominada y dominante se resuelve generando una nueva forma de vida que supera a ambos litigantes. La síntesis proviene de ambas, tesis y síntesis, pero las supera novedosamente a pesar de que (en algún sentido) las mantiene.

    Por otro lado, a un nivel más específicamente económico, se puede decir que la infraestructura económica es la que determina el singular carácter de cada época. Por eso cuando las fuerzas productivas, que son una realidad dinámica, desbordan las relaciones de producción el sistema se colapsa. Entendidos los cambios así, nada de lo que ocurra a nivel de superestructura (ideología, política, cultura,…) puede cambiar la sociedad porque dicha superestructura esta determinada por el modo de producción. Ocurriendo las cosas de tal modo que, es necesario que el capitalismo esté ya en crisis en cuanto sistema económico para que entre el proletariado se de una verdadera conciencia de clase. En el Manifiesto, Marx no pretende convencer a nadie, cree que la revolución viene determinada por el punto en el que se encuentra la infraestructura sin necesidad (¿ni posibilidad?) de que él “abra los ojos” a nadie.

    En resumidas cuentas, tanto a nivel metafísico como al económico, la dinámica histórica está al margen tanto de la voluntad como la conciencia individual. Es algo estructural. De ahí que cuando hable de las alienaciones, y diga que existen cuatro, Marx enraíce las otras tres en la económica. La ideología religiosa, que posterga la felicidad humana a otra vida bloqueando así sus pretensiones en ésta; como la política que transmite una falsa idea de participación en el gobierno cuando realmente las decisiones quedan en manos de la clase dominante; como la filosófica que demora eternamente la acción preocupada únicamente por una claridad teórica y abstracta; las tres dependen de la alienación que supone que al trabajador se le niega el beneficio que genera su trabajo. Trabajo que, no lo olvidemos, es su vida: es su tiempo, su energía y su capacitación.