Karl Marx

Filosofía marxista. Biografía. Influencias ideológicas. Marxismo. Contexto histórico. Clase social. Proletariado. Burguesía. Pensamiento filosófico. Socialismo. Mundo obrero. Sociedad capitalista. Comunismo. Hegels. Modo producción

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LOS GRANDES FILÓSOFOS DE LA HISTORIA

KARL MARX

“La religión es el opio del pueblo”

Índice

Índice

Introducción

Biografía de K. Marx

Contexto histórico

Influencias ideológicas sobre su pensamiento

Pensamiento de Marx

Influencias de su pensamiento en la Sociedad

Conclusión

Bibliografía

Introducción

Desde siempre ha habido personas que intentan ver más allá de lo que ve el resto, que basan su quehacer en saber más y responder esas preguntas fundamentales de la Humanidad. A estos pensadores en la Antigüedad se les conoció como “filósofos”.

Karl Marx fue un gran filósofo, que se destacó por generar las ideas de una doctrina que se implantó en un gobierno y que ha sido considerado como el promotor del socialismo científico (comunismo moderno), y uno de los pensadores más influyentes de la historia contemporánea.

El siglo XIX se conoció como el siglo de las revoluciones sociales y políticas. Europa se va transformando, se termina el Antiguo Régimen para dar paso a otro sistema de gobernar las naciones; este siglo comienza con dos hechos que sacuden a este continente que fueron la Revolución Francesa y las conquistas napoleónicas.

En el ámbito cultural, la Universidad vuelve a ser el centro principal del pensamiento y de la ciencia, sobre todo en Alemania y Francia, como lo fue en la Edad Media. La filosofía de Hegel se extiende por toda Europa: es el momento del idealismo alemán: éste propone un nuevo concepto de racionalidad, la razón infinita, absoluta y creadora; se establece una nueva relación entre Filosofía, Ciencia y Religión. La Filosofía vuelve a ser sistemática y metafísica y descubre un nuevo método (el dialéctico). A este se le considera como el máximo representante del idealismo, y uno de los teóricos más influyentes en el pensamiento universal del siglo XIX.

La historia de K. Marx revela, que tuvo influencia de parte de Hegel (que había sido profesor de filosofía en Berlín), él fue impresionado especialmente por la teoría de Hegel de que una cosa o el pensamiento no se puede separar de su contrario. Por ejemplo, el esclavo no podía existir sin el amo, y viceversa. Hegel discutió que la unidad fuera alcanzada eventual por igualar de todos los contrarios, por medio de la dialéctica (progresión lógica) de la tesis, de la antítesis y de la síntesis. Ésta era la teoría de Hegel del proceso de desarrollo de la historia. Marx adopta este pensamiento sustituyendo la dialéctica de la idea, por la de la materia.

Otro personaje que se destaca, en la historia personal de Marx, es Engel, ya que, cuando sé reunió con Karl en Francia, descubrieron que habían llegado independientemente a la misma conclusión sobre la naturaleza de los problemas revolucionarios. Ambos comenzaron a trabajar en el análisis de los principios teóricos del comunismo y en la organización de un movimiento internacional de trabajadores dedicado a la difusión de aquellos. Esta colaboración con Engel continuó durante toda su vida.

Pero, los motivos que llevaron a este pensador a formular el comunismo o la base de éste, se debieron a que Marx auguró la primera gran crisis del capitalismo industrial en la década de 1830, y la consecuente crisis política de 1848, habiendo observado un monopolio de las partes capitalistas, es decir, el burgués acapara dinero a partir de sus industrias, mientras tanto que el proletariado que trabaja para el burgués sufre de hambre y de cansancio por largas horas de trabajo; además, él ve dos clases, una trabajadora y una capitalista, esto lo lleva a formular una de sus teorías en la cual sostiene que “la clase trabajadora es explotada por la clase capitalista al apropiarse ésta del valor excedente (plusvalía) producido por aquélla”. Esta teoría y otras están escritas en el ensayo “El Capital”, en donde hace un análisis histórico y detallado de la economía del sistema capitalista. Esto siempre lo hizo pensar en que en algún momento los obreros tomarían el poder, mediante una insurrección armada y destruirían al Estado capitalista. Otra teoría que desarrolló fue la forma política, finalmente hallada, en la que podía producirse la emancipación del trabajador la cual se encuentra escrita en “Crítica del programa de Gotha” (1875) en los siguientes términos: “Entre los sistemas capitalistas y comunistas se encuentra el periodo de transformación revolucionaria de uno en otro. Esta fase corresponde a un periodo de transición, cuyo estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”, o sea, el socialismo. Estas y otras ideas, creaban un ambiente de rechazo de parte de los gobiernos, ya que la mayor pare de los gobiernos, estaban conformado por burgueses, esto llevo a que Francia, Bélgica y Alemania expulsaran del país a Marx. En su última estancia en Inglaterra escribió crónicas sobre acontecimientos sociales y políticos para periódicos de Europa y Estados Unidos, entre ellos varios artículos sobre las “revoluciones liberales”. Fue corresponsal del New York Tribune desde 1852 hasta 1861 y escribió varios artículos para la New American Cyclopedi.

Su influencia fue después de su muerte, cuando su pensamiento comenzó a destacar dentro del movimiento obrero. Su concepción pasa a denominarse marxismo o socialismo científico. Su análisis del sistema capitalista y su teoría del materialismo histórico, la lucha de clases y la plusvalía, son las principales fuentes de la ideología socialista contemporánea.

Estas y otras ideas fueron adoptadas por uno de los líderes revolucionarios más importante de la Europa del siglo XX Lenin. Él adopta la teoría marxista en la necesidad de la “dictadura del proletariado” como elemento de superación del Estado basado en la dominación de una clase por otras. Esta idea fue apoyada en su totalidad por los obreros rusos ya que ellos estaban frente a un absolutismo zarista. Cuando estalló la primera guerra mundial, Lenin se opuso a la intervención de Rusia en el conflicto alegando que supondría una lucha fratricida entre los obreros de toda Europa en beneficio de la Burguesía y alentó a los socialistas a “transformar la guerra imperialista en una guerra civil”. Expuso y sistematizó la concepción marxista de la guerra en “El imperialismo, fase superior del capitalismo” (1916), en donde defendía que únicamente una revolución que destruyera al capitalismo podría proporcionar una paz duradera.

Las filosofías de Marx fueron centro de irradiación que dieron lugar a una pluralidad de interpretaciones muy diferentes y, por tanto a múltiples marxismos: los de Lenin, Trotski, Stalin, Gramsci, etc. Es un hecho que este fenómeno que llamamos marxismo ha interpretado la historia contemporánea; y resulta muy problemático distinguir la verdad del marxismo, frente a otras desviaciones o errores.

En sí, el marxismo contribuye al desarrollo de una nación que creció hasta convertirse en una potencia en el siglo pasado pero además sirvió de molde para otras naciones que implantaron esta doctrina como es el caso de China, Corea del norte, Vietnam entre otros.

Pese a que el marxismo es cuestionado y elogiado a la vez ha sido una doctrina que ha marcado historia por la influencia y por cambiaos que ha generado en un mundo dividido por dos clases la alta y la baja que en este caso es la capitalista y el proletariado tal como lo plantea el filósofo alemán Karl Marx.

Biografia de Karl Marx

Filósofo alemán, creador junto con Friedrich Engels del socialismo científico (comunismo moderno) y uno de los pensadores más influyentes de la historia contemporánea.

Marx nació en Tréveris (Renania), región de Prusia cercana a Francia, el 5 de mayo de 1818. Estudió Derecho, luego Historia y Filosofía en las universidades de Bonn, Berlín y Jena donde toma contacto con la “izquierda hegeliana” y realiza su tesis doctoral sobre: “Diferencias en la Filosofía de la Naturaleza en Demócrito y Epicuro”. Siendo nieto de rabinos judíos se debe convertir al protestantismo para ejercer la profesión de abogado.

Publicó un artículo en la Rheinische Zeitung (“Gaceta Renana”, diario de la oposición liberal del sector industrializado de Alemania) en 1842 y poco después pasó a ser su jefe de redacción. Aunque su pensamiento político era radical, todavía no podía calificarse de comunista. Las críticas de las condiciones sociales y políticas vertidas en sus artículos periodísticos le indispusieron con las autoridades, que le obligaron a abandonar su puesto en el periódico en 1843; poco después, éste dejó de editarse y Marx se trasladó a París. Los estudios de filosofía, historia y ciencia política que realizó en esa época le llevaron a adoptar el pensamiento de Friedrich Hegel.

Cuando Friederich Engels se reunió con él en la capital francesa en 1844, ambos descubrieron que habían llegado independientemente a las mismas conclusiones sobre la naturaleza de los problemas revolucionarios. Comenzaron a trabajar juntos en el análisis de los principios teóricos del comunismo y en la organización de un movimiento internacional de trabajadores dedicado a la difusión de aquéllos. Esta colaboración con Engels continuó durante toda su vida.

Ese mismo año redacta los “Manuscritos de Economía y Filosofía”, donde realiza una crítica a la filosofía Hegeliana.

En esta época escribe también: “La Sagrada Familia”, “La Ideología Alemana” (exposición del materialismo histórico), “Once tesis sobre Feuerbach”, “La miseria de la filosofía” y elManifiesto del Partido Comunista”.

Marx se vio obligado a abandonar París en 1845 debido a su implicación en actividades revolucionarias. Se instaló en Bruselas y comenzó a organizar y dirigir una red de grupos llamados Comités de Correspondencia Comunista, establecidos en varias ciudades europeas. En 1847, Marx y Engels recibieron el encargo de elaborar una declaración de principios que sirviera para unificar todas estas asociaciones e integrarlas en la “Liga de los Justos” (más tarde llamada Liga Comunista).

El programa que desarrollaron conocido en todo el mundo como el “Manifiesto Comunista”, fue redactado por Marx basándose parcialmente en el trabajo preparado por Engels y que representaba la primera sistematización de la doctrina del socialismo moderno. Las proposiciones centrales del Manifiesto, aportadas por Marx, constituyen la concepción del materialismo histórico, concepción formulada más adelante en la “Crítica de la economía política” (1859).

Según se explica en estas tesis, el sistema económico dominante en cada época histórica, por el cual se satisfacen las necesidades vitales de los individuos, determina la estructura social y la superestructura política e intelectual de cada periodo. De este modo, la historia de la sociedad es la historia de las luchas entre los explotadores y los explotados, es decir, entre la clase social gobernante y las clases sociales oprimidas. Partiendo de estas premisas, Marx concluyó, en el Manifiesto, que la clase capitalista sería derrocada y suprimida por una revolución mundial de la clase obrera que culminaría con el establecimiento de una sociedad sin clases.

Esta obra ejerció una gran influencia en la literatura comunista posterior y en el pensamiento revolucionario en general; ha sido traducida a multitud de lenguas y de ella se han editado cientos de miles de ejemplares.

Poco después de la aparición del Manifiesto, estallaron rebeliones en Francia, Alemania y el Imperio Austriaco, por lo que el gobierno belga expulsó a Marx temeroso de que la corriente revolucionaria se extendiera también por el país. El pensador alemán se trasladó a París y después a Renania. Fundó y editó en Colonia una publicación comunista, la Neue Rheinische Zeitung (Nueva Gaceta Renana), y colaboró en actividades organizativas de agrupaciones obreras. En 1849 fue arrestado y juzgado bajo la acusación de incitar a la rebelión armada. Aunque fue absuelto, se le expulsó de Alemania y se cerró la revista.

Pocos meses después las autoridades francesas le obligaron a abandonar el país y se trasladó a Londres, donde permaneció por el resto de sus días. Una vez instalado en Inglaterra, se dedicó a profundizar en sus ideas, publicando nuevos escritos, y a alentar la creación de un movimiento comunista internacional. En 1852 escribió “El Dieciocho brumario de Napoleón Bonaparte”, publicado como primer número de la revista “Die Revolution” en Nueva York. Durante ese periodo, elaboró varias obras que fueron constituyendo la base doctrinal de la teoría comunista. Entre ellas se encuentra el considerado como su ensayo más importante, “El Capital” (volumen 1, 1867; volúmenes 2 y 3, editados por Engels y publicados a título póstumo en 1885 y 1894, respectivamente), que es un análisis histórico y detallado de la economía del sistema capitalista.

La siguiente obra de Marx, “La guerra civil en Francia” (1871), analizaba la experiencia del efímero gobierno revolucionario francés conocido como la “Comuna de París”, establecida en esta ciudad durante la Guerra Franco-prusiana. Marx interpretó su creación y existencia como una confirmación histórica de la necesidad de que los trabajadores tomen el poder mediante una insurrección armada y destruyan al Estado capitalista. Aclamó a la Comuna como "la forma política, finalmente hallada, en la que podía producirse la emancipación del trabajador". Esta teoría fue desarrollada en su obra “Crítica del programa de Gotha” (1875).

Durante su estancia en Inglaterra, Marx también escribió crónicas sobre acontecimientos sociales y políticos para periódicos de Europa y Estados Unidos entre ellos varios artículos sobre las revoluciones liberales en España y en la América hispana. Fue corresponsal del “New York Tribune” desde 1852 hasta 1861 y escribió varios artículos para la “New American Cyclopedia”.


Después de la disolución de la Liga Comunista en 1852, Marx se mantuvo en contacto con cientos de revolucionarios a fin de crear otra organización de la misma ideología. Sus esfuerzos y los de sus colaboradores culminaron en 1864 con la fundación en Londres de la Primera Internacional. Pronunció el discurso inaugural, escribió sus estatutos y posteriormente dirigió la labor de su consejo general u órgano directivo, superando las críticas del grupo seguidor de Mijaíl Bakunin, de carácter anarquista. Tras la eliminación y represión de la Comuna, en la que habían participado miembros de la Primera Internacional, la influencia de esta organización disminuyó y Marx recomendó trasladar su sede a Estados Unidos. Los últimos ocho años de la vida del filósofo estuvieron marcados por una incesante lucha contra las dolencias físicas que le impedían trabajar en sus obras políticas y literarias. Los manuscritos y notas encontrados en Londres después de su muerte, ocurrida el 14 de marzo de 1883, revelan que estaba preparando un cuarto volumen de “El capital” que recogería la historia de las doctrinas económicas; estos fragmentos fueron revisados por el socialista alemán Karl Johann Kautsky y publicados bajo el título de “Teorías de la plusvalía” (4 volúmenes, 1905-1910).

Asimismo, Marx planeaba realizar distintos trabajos que comprendían investigaciones matemáticas, aplicaciones de éstas a problemas económicos y estudios sobre aspectos históricos de varios desarrollos tecnológicos.


Marx no ejerció una gran influencia en vida: fue después de su muerte cuando comenzó a prosperar dentro del movimiento obrero. Su concepción pasó a denominarse marxismo o socialismo científico, una de las principales corrientes de la teoría política contemporánea.

Su análisis del sistema capitalista y su teoría del materialismo histórico, la lucha de clases y la plusvalía son las fuentes de la ideología socialista moderna. Su tesis sobre la naturaleza del Estado capitalista, el camino hacia el poder y la dictadura del proletariado tienen una importancia decisiva en la acción revolucionaria. Estas doctrinas, comentadas por la mayoría de los socialistas después de su muerte, fueron retomadas por Lenin en el siglo XX, y el desarrollo y aplicación que el político ruso hizo de ellas fue el núcleo de la teoría y la praxis del bolchevismo y de la Tercera Internacional.

Influencias ideológicas sobre el pensamiento de Karl Marx

El Marxismo se concibe como una formulación doctrinaria que se sustenta fundamentalmente sobre dos pilares: el “materialismo dialéctico” y el “materialismo histórico”; ambos tienen como base el “materialismo”. Este, según Ludwig Feuerbach (1804-1872; filósofo alemán), sostiene que toda realidad es material, o sea, todo lo que existe en el mundo, incluso el pensamiento (ideas) y la creación, tiene un origen material; además piensa que el pueblo y sus necesidades materiales deben ser el fundamento de la teoría social y política.

Ahondando en la visión de este pensador, se encuentra que afirma que la materia es lo primero, origina la conciencia y es “increada” (por lo que niega a Dios). Nótese que se ha introducido el concepto de materia el cual se define como realidad objetiva independiente de nuestra conciencia. Su pensamiento podría sintetizarse en que deja de existir el espíritu y éste pasa a ser parte de la materia.

Una base filosófica a la doctrina de Marx es el pensamiento adoptado de Georg W. Friederich Hegel (1770-1881, filósofo idealista) el cual planteó que “el principio del movimiento universal es la contradicción, bajo la forma del supremo triángulo dialéctico: ser/ no ser/ devenir, y así hasta el infinito” donde devenir significa la realidad entendida como proceso o cambio mediante el cual se llega a ser, luego todo lo que existe es y no es.

Este pensamiento parece haber estado influenciado, a su vez, por el de Heráclito (filósofo griego) quien planteó que “todo fluye” y que “uno no se baña dos veces en un mismo río”, que es sintetizable en la frase “todo cambia”. Heráclito utiliza una “visión dialéctica” (palabra que proviene del griego “dialego” que se traduce a mantener una conversación o polémica, aún más, convencer al contrario mediante el descubrimiento de las contradicciones empleadas en su argumentación), con lo que nace el materialismo y el objetivismo. Marx adopta de éstos el concepto de dialéctica y lo ajusta a su pensamiento eliminando el factor espiritual o ideal con lo que crea el “materialismo dialéctico”.

Otros exponentes de un pensamiento similar (el socialismo) y que, sin duda, influyeron en Marx son: Proudhom, Blanc Saint- Simon y Charles Fourier (franceses) quienes son considerados como los primeros representantes del socialismo utópico durante el siglo XIX, quienes condenaron las condiciones impuestas a los trabajadores durante el primer capitalismo industrial (desarrollado en las primeras décadas de ese siglo) y propusieron sus modelos de sociedad ideal. Ellos, a su vez, se basaron en ideas políticas de Platón y Aristóteles.

También se basó en algunas teorías de Adam Smith y David Ricardo (economistas ingleses) como, por ejemplo, la que decía “el valor de un bien cualquiera está determinado por la cantidad de trabajo necesario para producirlo” para sostener en “El Capital” (1867) que la plusvalía (margen del valor producido por el trabajo asalariado del que se apropia el capitalista) hace posible la acumulación capitalista, o sea, la producción de dinero mediante dinero.

Contexto Histórico

El proletariado, una nueva clase social

Antes de la Revolución Industrial existían prácticamente sólo dos clases sociales: la aristocracia y los campesinos. Los primeros eran dueños de las tierras donde trabajaban los campesinos generación tras generación, aunque este sistema también tenía sus lados oscuros, daba seguridad a los campesinos que podían recurrir a sus señores en tiempos de miseria teniendo un lugar asignado del orden social.

La mecanización del campo provocó un cambio radical de las condiciones. Los campesinos quedaron libres aunque sin trabajo. Por ello comenzaron a migrar a las ciudades buscando nuevas perspectivas. Este fenómeno provocó, junto al rápido aumento de la población, que existiera un enorme número de personas que buscaban trabajo en las fábricas. Debido a la exagerada fábrica de trabajo, bajaron los sueldos a tal punto que fue necesario que las mujeres y los niños también trabajaron para ayudar al sustento familiar, lo que a su vez aumentó nuevamente la masa laboral. La jornada de trabajo llegó a ser de hasta 16 horas diarias. Nadie se animaba a reclamar debido a que existía siempre la amenaza de ser despedidos y con ello caer en la miseria total. Quien se enfermaba o sufría un accidente no recibía ningún tipo de ayuda. Vivían en casas muy estrechas, estaban siempre agotados, muchas veces desnutridos y eran por ello presa fácil de todo tipo de enfermedades.

Los trabajadores tampoco tenían derechos políticos: no tenían derecho a voto ni representación en el parlamento ni tampoco igualdad ante la ley. Había surgido un nuevo grupo social de “proletarios” personas que vivían de un sueldo, que no poseían nada, salvo su capacidad de trabajar y muchos niños (prole).

La otra cara de la medalla: la burguesía

Aunque aun persistía otros grupos como la aristocracia y el campesinado, fue la burguesía quien formó el mayor contraste con las clases trabajadoras. Como existía la posibilidad de instalar una industria o un negocio propio surgieron numerosas empresas en las ciudades. Fueron muchos los que probaron suerte, por ejemplo, algunos aprendices se hicieron independientes, otros se enriquecieron gracias al comercio, los artesanos crearon manufacturas invirtiendo la ganancia en ellas, permitiendo adquirir un capital cada vez mayor. En las recipiente industria el empresario paso a poseer el capital, es decir era dueño de las instalaciones, al maquinas, los materiales y el dinero requerido para hacerla funcionar.

El crecimiento de las fábricas requirió de capitales cada vez mayores. Fue necesario recurrir a los bancos para que aportaran el dinero para invertir. También se creó el sistema de sociedad por acciones o sociedad anónima que reunía el ahorro de miles de personas para conformar una empresa.

En la empresa se produjo una gran competencia. Ello llevó a que se crearan una serie de mecanismos para eliminarla tales como los carteles y los trust. Lentamente se fue conformando el sistema capitalista basado en la libre competencia, que aprovechó en el campo industrial y comercial los grandes avances tecnológicos creando enormes riquezas.

En forma paralela los profesionales también ganaron mayor prestigio social. Los médicos, abogados, farmacéuticos o profesores alcanzaron una buena posición en la sociedad.

Tanto los empresarios como los profesionales conformaron la burguesía, que pronto se convirtió en la clase dirigente. Formaban parte del gobierno y eran la clase educada.

Mostraban su riqueza a través de su vestimenta o sus casas. Se vivía en una casa finamente amoblada y se disponía del dinero suficiente para mandar a los hijos a la universidad o para otorgar a las hijas una cuantiosa dote.

Grandes diferencias entre las clases sociales

Mientras la burguesía gozaba de comodidades que no se habían conocido nunca antes en la historia se acentuaba constantemente la miseria del proletariado. Ello hizo que cada vez se hicieran más patentes los contrastes entre una y otra clase. Por un lado se encontraban los dueños de los bienes, por el otro los desposeídos, que incluso no tenían siquiera las mismas posibilidades de supervivencia. Un niño que nacía en la clase opulenta tenía la expectativa de vivir en promedio 38 años, mientras que los hijos de proletarios morían en general antes de alcanzar los 18 años de vida. La mortalidad era dos veces mayor en los slums del Eastend de Londres que Westend.

La sociedad también estaba dividida en otro aspecto. En el régimen anterior existía un contacto diario entre el campesino y su señor, mas en la era industrial el capitalista prácticamente no veía a los trabajadores. Vivían en otros barrios y ni siquiera en las fábricas entraban en contactos. Eran pocos los dueños que bajaban a los socavones de las minas o se interesaban pos las condiciones de trabajo en las fábricas. Como no conocían la realidad de los proletarios, surgió una cierta indiferencia frente a su situación. Los capitalistas entusiasmados por la libertad de producción y comercio, no estaban dispuestos a que el estado interfiriera en sus asuntos imponiéndoles se sociales. Aun no había surgido una conciencia social que los llevara a mejorar las condiciones de los trabajadores.

Pensamiento Filosófico

La concepción filosófica de Marx se caracteriza por su oposición a los idealismos y a las abstracciones. Su orientación fue siempre práctica, él dijo “los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo de distintos modos, de lo que se trata es de transformarlo”.

Rechaza de Hegel el idealismo pero acepta de él, la dialéctica como ley que rige la evolución del mundo y de la historia, el factor que marca dicha evolución es la economía.

La “alienación” (palabra proviene de “alienus”, que significa algo ajeno o extraño. Es el acto por el cual se traspasa la propiedad de una cosa. En la filosofía idealista alemana, la palabra adquiere un sentido nuevo, algo así como alejamiento del hombre respecto de sí mismo perdiendo su autenticidad. En definitiva, el hombre se convierte en un ser extraño a ajeno para sí mismo, o sea, deviene otro), para Marx, es un concepto que se opone al concepto de naturaleza humana: el hombre está “alienado” porque está desnaturalizado. En su libro “La Ideología Alemana” afirma que la naturaleza del hombre es la de un ser humano sensible o natural que se realiza mediante la praxis o el trabajo, que es la producción entendida como actividad práctico-productiva. Es la producción lo que distingue originariamente al ser humano de los animales, y esto ocurre a partir del momento en que comienza a crear sus propios medios de producción. En Marx el hombre no posee un estado natural que se oponga al estado de sociedad; y la sociedad no se considera el resultado de un contrato o acuerdo, sino que recupera la idea de Aristóteles de que “el hombre es un animal social”. Tanto así, que considera al hombre como resultado de la sociedad en la que vive. Por tanto, habrá que situar el origen de la alienación en un plano social, o sea, en un conjunto de circunstancias económicas, sociales e ideológicas. El marxismo se considera humanista porque critica la alienación como un estado actual del ser humano y persigue la recuperación del hombre, su naturalización y realización como ser humano libre de cualquier explotación. Para este, el hombre es un ser concreto que se siente “alienado” al ser desposeído del producto de su trabajo, convirtiéndose en mercancía, como el producto que produce. El trabajador no se reconoce en el producto de su trabajo porque no es dueño del mismo, sino que éste se le expropia por parte del capitalista. El resultado es un trabajo frustrado y frustrante. Al separar la “alienación” en distintos tipos de ésta, se concluye que es la “alienación” económica la causa de todas las demás alienaciones o desnaturalizaciones del ser humano, que pueden ser de carácter social, donde existen diferentes clases sociales aún cuando todos los hombres son iguales; política, donde existe una disociación entre sociedad y el Estado; ideológica, donde Marx plantea que la ideología adquiere el significado de una deformación de la realidad que sirve como justificación de las contradicciones de la sociedad para enmascararlas e impedir así cualquier transformación. Dentro de este tipo de “alienación ideológica” hay que distinguir entre la “alienación religiosa”, pues la religión sirve de justificación de la injusticia social promoviendo un mundo de felicidad ilusorio a través de la resignación, donde el hombre se pierde en la ilusión de un mundo trascendente como consecuencia del estado de miseria en que se encuentra (como un consuelo de la criatura oprimida);y, “alienación filosófica”, pues la filosofía solamente interpreta y justifica la realidad impidiendo su transformación.

Luego, Marx, partiendo de teorías de Adam Smith y David Ricardo como que “el valor de un bien cualquiera está determinado por la cantidad de trabajo necesario para producirlo”, sostiene en su obra “El Capital” que la plusvalía (margen del valor producido por el trabajo asalariado del que se apropia el capitalista) hace posible la acumulación capitalista, la producción de dinero mediante dinero. La contradicción interna existente entre las fuerzas productoras que la misma sociedad capitalista ha desarrollado con el fin de incrementar lo más posible el capital provocará su propia destrucción.

Marx piensa que hay dos leyes fundamentales que auguran la desaparición de la sociedad capitalista. Estas son la “Ley de acumulación capitalista” que dice que la riqueza, dentro del sistema capitalista, tenderá a acumularse en pocas manos; y, la más reveladora de su pensamiento, “Ley del empobrecimiento progresivo del proletariado” que afirma que las diversas clases sociales se irán nivelando en cuanto a la miseria. Al llegar a cierto punto, todos se unirán para hacer posible la eliminación de la clase burguesa.

Esta crisis ha de desembocar en el comunismo, que propugnará la desaparición entre la división del trabajo manual e intelectual. El comunismo, por un lado, suprime la oposición entre el hombre y la naturaleza, poniendo a disposición del hombre todo el conjunto de las fuerzas naturales; y, por otro, suprime la oposición entre los hombres, instituyendo el trabajo común.

Sólo se podrá llegar al comunismo de una forma gradual. Existirá un primer estado, el socialismo, en el que la sociedad capitalista dará paso a un tipo de sociedad en la que existirán ciertas desigualdades inevitables entre los hombres, especialmente la desigual retribución en función del trabajo realizado; para pasar al comunismo (que propone “de cada uno según su capacidad, y a cada uno según sus necesidades”) será necesario pasar por el proceso del socialismo (que dice “de cada uno según su capacidad, y a cada uno según su trabajo”).

Todo esto nace, luego que Marx analizara las causas del cambio experimentado por la sociedad. Él atribuyó el desarrollo histórico al hecho de que constantemente cambiaban las formas de producción. Visualizó que la creciente división de trabajo llevaba a que las personas ya no pudieran disponer sobre lo que producían, por lo que no sentían satisfacción por su trabajo, sino sólo recibían su salario éste. Llegó a afirmar “El hombre en los talleres artesanales se valía de herramientas, en las fábricas sirve a las máquinas”.

Según Marx eso sólo podía cambiar si los trabajadores se convertían en dueños de los medios de producción para producir en común los bienes que les permitirían satisfacer sus necesidades.

Según el filósofo, la situación de los trabajadores era producto del desarrollo histórico. A lo largo de la historia siempre se había producido la disputa entre los grupos dirigentes y los grupos sometidos: siempre había existido una “lucha de clases” y toda la historia era explicable por este principio. Siempre había dominado la clase que poseía los mejores medios de producción y que explotaba a la clase económicamente más pobre creando diversos mecanismos que aseguraban su posición.

Marx planteaba que las clases antagónicas en la sociedad industrializada eran la burguesía y el proletariado. Calificaba como burguesía a quienes tenían dinero o capital con el cual podían crear fábricas y comercio. Los proletarios, en cambio, sólo poseían su fuerza de trabajo que debían vender a los capitalistas para poder subsistir.

Según las enseñanzas de Marx, los capitalistas se hacen más ricos y poderosos gracias a que los trabajadores agregan valor a las materias primas con su trabajo, sin que se les pague lo justo por ello. Con el dinero ganado, los capitalistas pueden abrir nuevas fábricas donde nuevamente “explotan” a otros trabajadores. Surgen así industrias cada vez más grandes, mientras los proletarios se hacen más dependientes, ya que, su trabajo es sustituido por las máquinas. Cada vez se necesitan menos trabajadores, mientras que su número aumenta constantemente. Si los capitalistas producen más bienes que los de que la población puede comprar, se produce una crisis económica, llamada “crisis de sobreproducción” que hace que no se obtenga el dinero correspondiente por los bienes producidos.

De acuerdo con las convicciones de Marx se generan constantemente nuevas crisis que obligan a los capitalistas a bajar los salarios y a despedir a los trabajadores. Ello lleva que los proletarios se empobrezcan aún más. Para Marx la solución radica en que los trabajadores tomen conciencia de su situación y de su clase y luchen unidos por mejorar su condición. El objetivo es “derribar” a la clase burguesa. Con ello los proletarios consiguen ser dueños de los medios de producción y del poder estatal. Cuando, bajo la “dictadura del proletariado”, ya no se produzca para obtener ganancias, sino sólo para suplir las necesidades de las personas, desaparecerán las clases sociales. Después de un período de transición, se establecería una sociedad sin clases ni Estado, en que no habría ninguna forma de dependencia. Esta es, a grandes rasgos el futuro que Marx preveía para la sociedad, con sus teorías del “socialismo científico”.

Según Marx cualquier estructura social está constituida por dos grandes elementos que la configuran que son la “infraestructura económica” y la “superestructura ideológica”. La infraestructura económica se encuentra compuesta, a su vez, de las fuerzas productivas (que comprenden la fuerza del trabajo desarrollada por la clase productora y los medios de producción, y además, constituyen el “motor de la historia”, o sea, las épocas históricas cambian gracias a los cambios que se producen en la fuerza del trabajo y los avances tecnológicos de los medios de producción), y las relaciones de producción, o sea, las relaciones entre la clase social poseedora de los medios de producción y la clase social trabajadora que actúan como freno al cambio social, ya que la clase dominante tiende a perpetuar su situación de privilegio. Ésta determina la historia y además se autodetermina, ya que expresa la relación dialéctica u oposición entre dos elementos que la configuran, que son las fuerzas productivas y los medios de producción. Cada sociedad se caracteriza por poseer una infraestructura económica determinada, que es lo que realmente distingue a unas sociedades de otras.

La “superestructura ideológica” es el primer elemento que aparece en cualquier estructura social, aunque no es el elemento determinante. Marx entiende por superestructura ideológica a una deformación de la realidad que falsea, esconde y justifica las contradicciones internas del sistema económico y por tanto es un arma utilizada por las clases dominantes. Pertenecen a la superestructura ideológica los elementos de la Política, el Derecho y el Estado, así como el Arte, la Literatura, la Poesía, la Filosofía o la Religión que actúan como elementos justificadores de la injusticia social.

Las formas ideológicas no pueden determinar ni cambiar la historia. Solamente la oposición dialéctica entre las fuerzas productoras y las relaciones de producción son los agentes del cambio social. En palabras de Marx, "no es la conciencia la que cambia la vida sino la vida la que transforma la conciencia". Las ideologías no son más que productos históricos transitorios que actúan en unos casos como “drogas” que pretenden adormecer la conciencia (religión) y en otros casos como deformaciones justificadas de la realidad (filosofía). Dentro del estudio de la ideología de K. Marx no se puede negar la importancia de la crítica que éste hizo a las ideologías existentes que se basaban en argumentos inmateriales, ejemplo de esto fue la frase “la religión es el opio del pueblo”, que representa el pensamiento del filósofo al respecto; y donde tanto las ideas, como el pensamiento y la creación tienen un fundamento material, con lo que se estaría negando la existencia de “Dios”.

La superestructura ideológica tiene un proceso de creación en cualquier sociedad que comprende diversos momentos. Primero, las ideas se elaboran dentro de la misma clase dominante, a lo que Marx llama “ideólogos activos”, cuya tarea es promover dentro de la misma clase dominante la ilusión sobre ella misma. Este primer paso se produce de una forma oculta y va unido a la generación de la misma clase dominante. Luego, representar los intereses de una determinada clase social dominante como los intereses propios de toda la humanidad, dotándolos de una falsa universalidad y racionalidad.

Para exponer de manera más clara la teoría materialista de la historia de Marx, es necesario plantear dos conceptos marxistas de enorme importancia como son la dialéctica (que Marx toma de Hegels, quien había fundamentado la estructura de la realidad sobre ésta. Para Hegels, la realidad no es algo fijo e inmóvil, sino que es algo en continua transformación y movimiento; dicha transformación se desenvuelve mediante una oposición de contrarios y una serie de síntesis superadoras, siendo la historia el proceso y el resultado de este devenir, como expresión y desenvolvimiento de la Autoconciencia. Marx recoge la dialéctica como método, pero eliminando el factor espiritual o ideal; y adaptándolo de la siguiente manera: la realidad se desenvuelve mediante la superación de contradicciones, pero el sujeto de la historia no es la Autoconciencia, sino los hombres, en sus relaciones con la naturaleza y los demás hombres. La dialéctica en Marx tiene 3 características: es un método para comprender el movimiento real de las cosas; este método no sólo sirve para comprender el estado real, sino especialmente las transformaciones; y la conclusión a la que este método nos lleva es a la "necesidad" de la destrucción del estado de las cosas existentes) y al materialismo propiamente tal.

El materialismo marxista, aunque heredero también de corrientes materialistas anteriores, tiene la novedad de usar el método de la dialéctica para explicar la historia y la realidad: la realidad es natural, pero también histórica, producto de la acción activo-productiva que el hombre mantiene con la naturaleza y con los demás hombres. De ahí que el materialismo marxista se halla denominado “materialismo histórico”, aunque historia y naturaleza estén íntimamente relacionadas a través de la praxis.

Como se explicó antes, lo que determina la historia para Marx es la relación dialéctica entre las fuerzas productivas (trabajadores y medios de producción) y las relaciones de producción. Dicha oposición dialéctica se da en la infraestructura económica, en la lucha de clases; de cada infraestructura económica emana una superestructura ideológica (estructura jurídica, política e ideológica). Al conjunto formado por la infraestructura y la superestructura le denomina “modo de producción”.

Las fuerzas productivas que se desarrollan en el modo de producción burgués o capitalista, según Marx, crean las condiciones para la solución de este antagonismo, puesto que esta formación social resuelve todas las contradicciones posibles y, cuando madure, se llegará a una forma de producción en la que no existe contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, puesto que éstas representan la oposición entre los poseedores de los medios de producción y los que realizan el trabajo. Cuando los mismos que posean los medios de producción realicen el trabajo, existirá “una reconciliación dialéctica” que hará desaparecer el enfrentamiento motor del cambio. Consecuentemente la sociedad marcha, en su desarrollo dialéctico, hacia un comunismo de la propiedad, donde quede abolida la propiedad privada de los medios de producción, acabando, de esta forma, lo que Marx llama "prehistoria" de la sociedad; surgiendo, entonces, la historia y el verdadero desarrollo del hombre libre “no-alienado”, gracias a la posibilidad del desarrollo del trabajo creativo.

Influencias del pensamiento de Marx en la Sociedad

En esta época de transición, el socialismo quedó identificado con el movimiento obrero. Años después, recibiría un nuevo golpe, al poner de manifiesto la Primera guerra Mundial la fragilidad del proclamado internacionalismo proletario y del pacifismo de los socialistas. A partir de las tendencias revisionistas del marxismo (como la de E. Bernstein), que surgieron en el s. XX, y de los derroteros emprendidos por el comunismo soviético, se firmo imponiendo una línea reformista en los partidos socialistas europeos. Estos partidos reformistas tuvieron éxito en Gran Bretaña, Alemania y los países escandinavos.

El pensamiento de Marx fue adoptado por Lenin, quien se familiarizó con este a través de sus estudios en las Universidades de Kazán y San Petersburgo en donde estudió Derecho y, años más tarde, adaptó para utilizarlo en la Revolución Rusa como forma de gobierno y sistema administrativo, incitando a la prole con las ideas de Marx de que ésta debía alzarse y gobernar sobre los capitalistas. Esto resultó aplicable, ya que, en esa época (tal como se explicó en el contexto histórico) existía una gran prole dirigida por una selecta cantidad de personas (los terratenientes), quienes a su vez, se encontraban regidas por el zar; esto conllevó a un analfabetismo y una “injusticia social”. Lenin proponía que una culturización de la población para que así todos tuvieran las mismas oportunidades de desarrollarse y surgir, bajo la política de que “todos son iguales” (lo que se traduce en una comunidad social de cooperación mutua y desarrollo colectivo, y no de individualismo). Esto lo esperaba lograr mediante la distribución de tierras a los campesinos y así la pudiesen trabajar pagando un impuesto, el cual sería invertido en industrias para mejorar a la comunidad.

Una vez llegado al poder (luego de derrocado el Zar Nicolás II y destituido Kerensky acusado por Lenin de ser un burgués traidor del pueblo valiéndose de la consigna “paz, tierra y pan” para ganar adeptos), abolió la propiedad privada; se expropiaron las tierras de la Nobleza y la Iglesia; se estatizaron las industrias y fábricas; poniéndose en práctica los principios marxistas.

El socialismo al llegar a Rusia empezó a ejercer influencias en otros países que luego adoptaron la tendencia socialista. Tales como países de Europa oriental, q luego junto con Rusia pasaron a formar la URSS (Unión de republicas Socialistas Soviéticas), China donde también hubo una revolución de características similares a la Rusa, liderados por Mao Tse Tung, América Latina, etc.

El ideario socialdemócrata influyó fuertemente en todos ellos, incluso en los que conservaron la denominación de `socialistas' (como el PSOE en España o el Partido Socialista en Francia). En América Latina, la revolución cubana supuso la implantación de un régimen comunista en la isla antillana (1959), y el derrocamiento de S. Allende en Chile (1973) truncó un proyecto de transformación de la sociedad a cargo de un partido socialista que habla alcanzado el poder por la vía electoral. En Europa, el llamado `socialismo real' (comunismo) de la URSS y sus países dependientes inició en 1989 un rápido proceso de liquidación, empujado por la crisis económica y política que se manifestó en aquellos países, y orientándose también hacia el modelo socialdemócrata.

 

Actualmente aún existen gobiernos que poseen un régimen político-económico-social, parecido al utilizado por Rusia (basados en las doctrinas marxistas), que se mantienen vigentes y no atrasados en el desarrollo del resto del mundo en distintos ámbitos. Los países que mantienen éste sistema de gobierno son Cuba, Corea del Norte y China.

Conclusión

Karl Marx durante su vida, idea varias ideas que tuvieron influencia después de su muerte. Él desarrolla esta doctrina influenciado por varios filósofos, economistas y grandes pensadores como por ejemplo Hegel, Engel, Ricardo y Feuerbach, además se deben citar otras causas que son el haber vivido el periodo de la primera gran revolución industrial, la cual trajo diversos cambios sociales, políticos y económicos con los cuales no estuvo de acuerdo y se transformaron en la causa del porqué fue exiliado de varios países.

Una de sus grandes ideas es que “la lucha de las clases explica el desarrollo histórico”, también incluye el “materialismo dialéctico” y el “materialismo histórico” que resultan ser inseparables, conectándose por las leyes de la dialéctica y por el materialismo mismo. Mientras el materialismo dialéctico se preocupa de las leyes del mundo físico, el materialismo histórico se ocupa de las leyes que rigen el mundo social; es la sociología del marxismo.

El método de esta interpretación se llama materialismo histórico, en cuanto reduce lo más espiritual a lo material, hasta llegar a lo que Marx llama el hecho humano básico; la producción económica, que diferencia al hombre del animal. La historia no se explicará por sus héroes ni por planes divinos, ni por las grandes ideas, sino por las condiciones de producción de cada época. El modo de producción se llama “infraestructura”, en cuanto condiciona y determina todo lo demás la “superestructura”, a saber, la forma como el hombre toma conciencia de sí mismo; las ideologías, las instituciones políticas, la cultura espiritual, serían meros reflejos de la infraestructura económica del momento”

Las relaciones fundamentales de toda sociedad humana son, por consiguiente, relaciones de producción, o sea, las relaciones del hombre con la naturaleza y de los hombres entre sí en el trabajo.

Además el filósofo alemán pretendió desvelar las leyes inherentes al desarrollo del capitalismo, creyendo que cada época histórica se caracterizaba por un modo de producción específico que se correspondía con el sistema de poder establecido y, por lo tanto, con una clase dirigente en perpetuo conflicto con una clase oprimida. Así, por ejemplo, la sociedad medieval estuvo caracterizada por el modo de producción feudal, en el que la clase poseedora de la tierra obtenía una plusvalía del campesino que trabajaba aquélla. Las sucesivas transiciones del sistema de esclavitud al feudalismo, y del feudalismo al capitalismo, se produjeron cuando las fuerzas productivas (es decir, los grupos relacionados con el trabajo y los medios de producción como las máquinas) no podían seguir desarrollándose con las relaciones de producción existentes entre las distintas clases sociales. Así, la crisis que afectó al feudalismo cuando el capitalismo necesitaba una creciente clase trabajadora conllevó la eliminación de las bases legales e ideológicas tradicionales que ataban a los siervos a la tierra.

La relación fundamental, basada en salarios, parte de un contrato entre partes jurídicas iguales. Los propietarios del capital (capitales) pagan a los trabajadores (el proletariado, poseedor únicamente de su fuerza de trabajo) salarios a cambio de un número de horas de trabajo acordado. Esta relación disfraza una desigualdad real: los capitalistas se benefician de parte de lo producido por los trabajadores y no renumerado en sus salarios. Esta plusvalía generada en favor de la clase capitalista proporciona a los propietarios del capital una gran riqueza y el control sobre el desarrollo económico de la sociedad. De esta manera se están apropiando no solamente de la riqueza, sino también del poder. La compleja superestructura política, el conjunto de leyes e ideologías, regula y refuerza este tipo de relaciones sociales. En efecto, al poseer la plusvalía, los capitalistas pueden acumular riqueza y poder, determinando la dirección que seguirá la sociedad. Los bienes producidos mediante el sistema capitalista deben tener valor de uso, ya que, de no tenerlo, no se podría encontrar compradores; pero, para el capitalista, tiene que tener valor de cambio: no se produce para el consumo del propio capitalista, sino que éste pueda intercambiarlos por dinero. Así, la producción capitalista es esencialmente una producción dirigida al intercambio y no a la satisfacción de necesidades. La competencia hace que las empresas capitalistas ineficaces vayan a la quiebra, y se tienda a la concentración de empresas y la creación de monopolios, al tiempo que los mercados no dejan de crecer, pues las técnicas productivas y las medios de intercambio están continuamente cambiando y mejorando.

Las crisis son un fenómeno inherente al capitalismo. Los capitalistas intentan aumentar la intensidad de la jornada laboral y, en consecuencia, la productividad del trabajo. Por su parte, los trabajadores, si están organizados, resistirán. Los capitalistas intentarán ampliar los mercados, pero al mismo tiempo pagarán a sus trabajadores el mínimo posible. Si lo consiguen, tanto el consumo como la demanda de los trabajadores disminuirán, los mercados se reducirán y el capitalismo entrará en crisis.

Durante el periodo de su vida realizó varios ensayos y escribió libros en que presenta sus ideas, las cuales en el futuro serían tomadas por otros personajes destacados por la Historia como Lenin en Rusia, Mao Zedong (Tze Tung) en China, Stalin (sucesor de Lenin) y otros, los cuales “moldean” o toman lo planteado por Karl Marx estableciéndose así el comunismo moderno que ha marcado la Historia del mundo.

Bibliografía:

  • Anónimo. “El Marxismo Leninismo”, análisis crítico.

  • Matte, Verónica; Krebs, Andrea; Musalem, Nelly; “Historia y Geografia”, 8º Básico; Editorial Universitaria; 1998.

  • http://www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/personajes/7037.htm