Kant

Pensamiento kantiano. Racionalismo. Razón crítica y razón pura. Nihilismo epistemológico. Ontología y Metafísica en Kant

  • Enviado por: Marcella Sierra
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 7 páginas
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ONTOLOGÍA:

rama de la filosofía cuyo estudio se centra en la naturaleza de la realidad última. La metafísica está dividida en la ontología, que analiza los tipos fundamentales de entidades que componen el Universo, y en la metafísica propiamente dicha, que describe los rasgos más generales de la realidad. Juntos, esos rasgos generales definen la realidad que tal vez pueda caracterizar cualquier Universo. Como aquellos no son definitorios de éste, sino que son comunes a todos los mundos posibles, la metafísica puede alcanzar el mayor grado de abstracción. La ontología, en cambio, como investiga las divisiones últimas dentro de este Universo, está más relacionada con el plano físico de la experiencia humana.

ORÍGENES DE ONTOLOGÍA.  

El término “metafísica” fue acuñado, alrededor del año 70 a.C., por el filósofo peripatético griego Andrónico de Rodas cuando recopiló y editó los 14 libros de Aristóteles que se encontraban “después de (la) física” (en griego, meta (ta) physica); es decir, los textos aristotélicos dedicados a la primera filosofía, el estudio del ser, que seguían a los que integraban su Física. La palabra adquirió popularmente connotaciones que la hacían remitirse a las cuestiones que trascienden la realidad material. En sentido filosófico, sin embargo, y en particular en oposición a la utilización de la palabra por los ocultistas, la metafísica se aplica a toda realidad y se distingue de otras formas de investigación por su generalidad.


Los temas tratados en la Metafísica de Aristóteles (sustancia, causalidad, naturaleza del ser y existencia de Dios) fijaron el que durante siglos sería principal contenido de la especulación metafísica. Entre los filósofos del escolasticismo medieval, la metafísica era conocida como la “ciencia transfísica”. Suponían que, a través de ella, el estudioso podría hacer la transición filosófica desde el orden físico hasta un mundo más allá del sentido de la percepción. En el siglo XIII santo Tomás de Aquino declaró que el propósito de la metafísica era la cognición de Dios a través de un estudio causal de los seres finitos sensibles. Durante el siglo XVI, debido al desarrollo de los estudios científicos, la reconciliación entre ciencia y fe en Dios se convirtió en un problema cada vez más importante.

LA METAFÍSICA ANTERIOR A KANT  

Con anterioridad a la aparición del pensamiento del filósofo alemán Immanuel Kant, la metafísica se caracterizaba por su tendencia a elaborar teorías sobre la base del conocimiento a priori, es decir, el saber que se deriva sólo de la razón, para diferenciarlo del conocimiento a posteriori, que se adquiere por los hechos de la experiencia. Del conocimiento a priori se deducían proposiciones generales que eran consideradas verdad de todas las cosas. El método de investigación basado en principios apriorísticos se conoce como racionalismo. Este método puede subdividirse en el monismo (que mantiene que el Universo está constituido por una única sustancia fundamental), el dualismo (o creencia en dos sustancias de esta clase) y el pluralismo (que propone la existencia de muchas sustancias fundamentales).

Monismo

 Aunque coincidían en que sólo existe una sustancia básica, las distintas escuelas monistas diferían en la descripción de sus características principales. Así, el “monismo idealista” aseguraba que la sustancia es mental, el “monismo materialista” afirmaba que sólo es física y el “monismo neutro” consideraba que no es ni sólo mental ni sólo física. La posición idealista fue sostenida por el filósofo irlandés George Berkeley, la materialista por el inglés Thomas Hobbes y la neutral por el filósofo holandés Baruch Spinoza. Este último expuso una visión panteísta de la realidad en la que el Universo es idéntico a Dios y cada cosa contiene la sustancia de Dios.

Dualismo

 El representante más destacado del dualismo filosófico fue el pensador francés René Descartes, autor de Meditaciones metafísicas (1641). Según sus teorías, el cuerpo y el alma son entidades diferentes (“substancialmente unidas” en el hombre) y constituyen las únicas sustancias fundamentales del Universo. El dualismo, sin embargo, no explicaba cómo están conectadas esas dos entidades básicas.

Pluralismo

 En la obra del filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, el Universo consiste en un número infinito de sustancias distintas o “mónadas”. Esta idea es pluralista en el sentido de que propone la existencia de muchas entidades separadas, y es monista en tanto que afirma que cada mónada refleja, de una forma global en su interior, el Universo.

Empirismo

Otros filósofos han sostenido que el conocimiento de la realidad no se deriva de principios a priori, sino que se obtiene sólo a partir de la experiencia. Este tipo de metafísica se llama empirismo. Otra escuela de filosofía, incluso, ha mantenido que, aunque existe una realidad última, es del todo inaccesible al conocimiento humano, que es subjetivo por su propia naturaleza y que está limitado a los estados de la mente. El conocimiento no es, por lo tanto, una representación de una realidad externa sino sólo un reflejo de las percepciones humanas. Esta idea se conoce como escepticismo o agnosticismo con respecto al alma humana y a la realidad de Dios.

LA METAFÍSICA DE KANT

Kant compaginó en su obra algunos de los puntos de vista más importantes y elaboró una filosofía crítica distinta, llamada trascendentalismo. Su filosofía es agnóstica en tanto que niega la posibilidad de un conocimiento estricto de la realidad última; es empírica en la medida en que afirma que todo conocimiento surge de la experiencia y es objeto de la experiencia real y posible; y es racionalista puesto que mantiene el carácter a priori de los principios estructurales de este conocimiento empírico.

Esos principios se consideran necesarios y universales en su aplicación a la experiencia, ya que, según la idea de Kant, la mente aporta las formas y categorías arquetípicas (espacio, tiempo, causalidad, sustancia y relación) a sus sensaciones, y esas categorías son, desde una perspectiva lógica, anteriores a la experiencia, aunque sólo manifestadas en la experiencia. Su lógica anterioridad a la experiencia hace que estas categorías o principios estructurales sean trascendentales; trascienden toda experiencia, tanto la real como la posible. Aunque estos principios determinan toda experiencia, en ningún caso afectan a la naturaleza de las cosas en sí mismas. El conocimiento de que estos principios son las condiciones necesarias no tiene que considerarse, por lo tanto, como constitutivo de la revelación de las cosas tal y como son. Este conocimiento trata de las cosas en la medida en que aparecen a la percepción humana o en que pueden ser aprehendidas por los sentidos. El razonamiento mediante el cual Kant buscaba fijar los límites del conocimiento dentro del marco de la experiencia, y demostrar así la incapacidad de la mente humana para llegar más allá de la experiencia sólo mediante el conocimiento en el terreno de la realidad última, constituye el rasgo crítico de su filosofía, recogida en Crítica de la razón pura (1781), Crítica de la razón práctica (1788) y Crítica del juicio (1790). Por el argumento desarrollado en la segunda de las citadas obras, Kant intentó también reconciliar ciencia y religión en un mundo de dos niveles, que incluyen los noumena, objetos concebidos por la razón aunque no percibidos por los sentidos, y los phenomena, las cosas tal y como aparecen a los sentidos y que son accesibles al estudio material. Mantenía que, como Dios, la libertad y la inmortalidad humana son realidades noumenales y que estos conceptos se asimilan a través de la fe moral y no a través del conocimiento científico. Con el continuo desarrollo de la ciencia, la expansión de la metafísica para englobar e integrar el conocimiento y los métodos científicos se convirtió en uno de los mayores objetivos de los metafísicos

LA METAFÍSICA A PARTIR DE KANT

Algunos de los seguidores más importantes de Kant, en especial Johann Gottlieb Fichte, Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Friedrich Ernst Daniel Schleiermacher negaron la crítica de Kant en las explicaciones a su metafísica trascendental y rechazaron el concepto kantiano de las cosas en-sí-mismas. En síntesis, desarrollaron un idealismo absoluto en oposición al trascendentalismo crítico de Kant.

Desde la formación de la hipótesis del idealismo absoluto, el desarrollo de la metafísica desembocó en muchas clases de teorías metafísicas al igual que existían en la filosofía prekantiana, a pesar de que Kant creía haber fijado con carácter definitivo los límites de la especulación filosófica. Entre estas últimas teorías metafísicas sobresalen el empirismo radical o pragmatismo (modalidad metafísica expuesta en Estados Unidos por Charles Sanders Peirce, desarrollada por William James y adaptada como instrumentalismo por John Dewey), el voluntarismo (cuyos máximos representantes fueron el filósofo alemán Arthur Schopenhauer y el estadounidense Josiah Royce), el fenomenalismo (patente en los escritos del pensador francés Auguste Comte y del filósofo británico Herbert Spencer), la evolución emergente o evolución creativa (definida por el francés Henri Bergson) y la filosofía del organismo (elaborada por el matemático y filósofo británico Alfred North Whitehead).

Las doctrinas más destacadas del pragmatismo consisten en que la función principal del pensamiento es guiar la acción, en que el significado de los conceptos tiene que buscarse en sus aplicaciones y en que la verdad tendría que comprobarse a través de los efectos prácticos de la idea. Según el instrumentalismo, las ideas son instrumentos de acción y su verdad está determinada por su papel en la experiencia humana. En la teoría del voluntarismo, la voluntad queda presentada como la manifestación suprema de la realidad. Los seguidores del fenomenalismo, también llamados positivistas, sostienen que cada cosa puede ser analizada en términos de acontecimientos reales o posibles, o fenómenos, y que lo que de esta forma no puede ser analizado no puede ser tampoco entendido. En la evolución emergente o creativa, el proceso evolutivo se define como espontáneo e imprevisible en vez de determinado de manera mecanicista. La filosofía del organismo combina el acento evolutivo en el proceso constante con la teoría metafísica de Dios, los objetos eternos y la creatividad.

En el siglo XX, la validez del pensamiento metafísico ha sido discutida por los representantes de la filosofía analítica (o positivistas lógicos) y por los seguidores del marxismo y del materialismo dialéctico. El principio básico que mantienen los positivistas lógicos es la verificación del significado. Según esta teoría, un enunciado tiene significado real sólo si pasa la prueba de la observación. Los positivistas lógicos afirman que expresiones metafísicas como “nada existe excepto partículas materiales” y “todo es parte de un espíritu que lo abarca todo” no pueden ser probadas siguiendo un procedimiento empírico. Por lo tanto, según la teoría de comprobación del significado, estas expresiones no poseen significado real cognitivo, aunque pueden tener un significado emotivo importante para las esperanzas y sentimientos de los hombres. Los materialistas dialécticos mantienen que la mente está condicionada por la realidad material y la refleja. Por lo tanto, las especulaciones que conciben que la mente tiene otra cosa que realidad material son ellas mismas irreales y sólo pueden producir engaño. Los metafísicos responden a estas afirmaciones negando la adecuación de la teoría comprobable de los sentidos y de la percepción material como el patrón de la realidad. Mantienen que tanto el positivismo lógico como el materialismo dialéctico ocultan suposiciones metafísicas; por ejemplo, que todo es observable o por lo menos relacionado con algo observable y que la mente no tiene vida autónoma. En el movimiento conocido como existencialismo, los pensadores han sostenido que las cuestiones de la naturaleza del ser y de las relaciones individuales con éste son muy importantes y significativas en términos de la vida humana. El estudio de estas cuestiones, por lo tanto, se considera válido con independencia de que sus resultados puedan ser o no verificados en un plano objetivo.

Desde 1950 los problemas de la metafísica analítica sistemática han sido estudiados por los británicos Stuart Newton Hampshire y Peter Frederick Strawson, el primero interesado, al igual que Spinoza, por la relación entre pensamiento y acción, y el segundo, del mismo modo que Kant, en describir las categorías más importantes de la experiencia tal y como es recogida en el lenguaje. En Estados Unidos la metafísica se ha estudiado más en consonancia con el espíritu del positivismo por Wilfred Stalker Sellars y Willard van Orman Quine. Sellars ha intentado expresar las cuestiones metafísicas en términos lingüísticos, y Quine plantea determinar si la estructura del lenguaje obliga al filósofo a afirmar la existencia de entidades cualesquiera que sean éstas y, si fuera así, de cualquier tipo. En estas nuevas formulaciones, la metafísica y la ontología siguen siendo vitales. En el ámbito de la filosofía europea continental, autores como Emmanuel Levinas o Nicolai Hartmann propusieron nuevas perspectivas de reflexión metafísica centradas, respectivamente, en la ética y en la ontología.