Kant

Pensamiento kantiano. Racionalismo. Razón crítica y razón pura. Nihilismo epistemológico. Metafísica: Estética, analítica y dialéctica trascendental

  • Enviado por: Bo Van Uden
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 32 páginas
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Tema V: LA RESPUESTA DE KANT AL PROBLEMA DE LA METAFÍSICA

1. El marco: la Ilustración

2. Kant: vida y obras

3. Antecedentes

3.1. El racionalismo

3.2. Newton

3.3. Rousseau

3.4. El empirismo de Hume

4. El problema de la metafísica: Crítica de la razón pura. Condiciones posibilitantes de la ciencia

4.1. El giro copernicano

4.2. Juicios analíticos y juicios sintéticos

4.3. ESTÉTICA TRASCENDENTAL: la sensibilidad

4.3.1. Intuiciones puras

4.3.1.1. Espacio

4.3.1.2. Tiempo

4.3.2. Los juicios sintéticos “a priori” en la matemática

4.4. ANALÍTICA TRASCENDENTAL: el entendimiento

4.4.1. Conceptos puros: las categorías

4.4.2. Los juicios sintéticos “a priori” en la física

4.4.3. Fenómeno y noúmeno

4.5. DIALÉCTICA TRASCENDENTAL: la razón

4.5.1. Las ideas trascendentales

4.5.1.1. El alma: los paralogismos

4.5.1.2. El mundo: las antinomias

4.5.1.3. Dios: la demostración de su existencia

4.6. Conclusión a la Crítica de la Razón Pura: La metafísica no es una ciencia objetiva

5. El “lugar” de la Metafísica. La Crítica de la razón práctica

5.1 Los postulados de la razón

5.1.1. libertad

5.1.2. inmortalidad

5.1.3. Dios

6. Bibliografía

7. Glosario:


giro copernicano

crítica

razón

puro

juicio analítico

juicio sintético

a priori

a posteriori

forma pura

trascendental

intuición pura

concepto puro

categoría

estética

analítica

dialéctica

sensibilidad

entendimiento

idealismo trascendental

fenómeno

noúmeno

paralogismo

antinomia

ideal

idea

postulado

moral autónoma

imperativo


La

Ilustración

Se conoce con el nombre de Ilustración (en alemán Aufklärung, inglés Enlightenment,y francés Siècle des Lumières) a un movimiento cultural de gran complejidad que aparece en el siglo XVII en Inglaterra y que se desarrolla y cobra su auge en el siglo XVIII en Francia, llegando hasta principios del XIX..

En líneas generales podemos decir que los pensadores de la época consideraban que su misión era iluminar la Humanidad rompiendo con las ancestrales tinieblas en las que había estado sumida, tinieblas provocadas, según ellos por los prejuicios, la superstición y el engaño.

La Ilustración se caracteriza por varios elementos, uno de ellos (lo consideraremos como el más importante) la libertad, el ideal más querido por los filósofos, podríamos resumirlo en una magnifica anécdota que se atribuye a Voltaire, después de haber manifestado a otra persona que no estaba de acuerdo con lo que le decía:

“No estoy de acuerdo con su opinión, pero sería capaz de combatir hasta entregar mi vida por defender el derecho que usted tiene a exponerla”

Marco

político-social

Hasta el siglo XVIII los reyes tienen el poder y control absolutos, la mayor parte de la estructura social continuaba siendo feudal, se trata de la Monarquía absoluta (“El Estado soy yo - “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”).

Las arbitrariedades de los monarcas satisfacían y beneficiaban a las clases altas o aristocráticas, surgiendo una nueva clase emergente, la burguesía, que quiere tener los mismos derechos. Es la Revolución Francesa. El pensamiento fundamental es:

“Todos los hombres nacen iguales y con unos derechos que les son naturales y que deben ser respetados”

Montesquieu, con su Espíritu de las leyes invoca ya la separación de los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial

Durante este tiempo se produce la independencia de EE.UU. en 1.776. Es la carta fundacional de la Independencia la que va a servir de modelo para las futuras constituciones de los derechos del hombre y de los ciudadanos, tomando como el aspecto fundamental la dignidad de la persona, iniciándose con ello una jurisprudencia particular que empezará eliminando el esclavismo.

Un precedente es un tal Cesar Beccaria que con su tratado De los delitos y de las penas afirmaba considerando que el delincuente, además de sufrir una sanción, siempre humana y sin perdida de su integridad física y dignidad personal, debe ser rehabilitado y reeducado, elevando su voz frente a la barbarie del sistema penal existente (modelo presente en cualquier institución penitenciaria de la Europa Comunitaria!).

Por tanto, cabe subrayar como substrato del pensamiento político de los ilustrados, en el grito en defensa de lo que hoy llamamos los derechos humanos, base de una sociedad democrática. El Contrato social de Rousseau no es ni más ni menos que un manifiesto democrático.

Marco

científico

Hay que decir que la admiración de los pensadores ilustrados por los avances experimentados por la ciencia fue enorme, ya que veían en ella uno de los medios más fecundos para liberar al hombre de la oscuridad y de los prejuicios, fuente de todos sus males. Tanto el apoyo como el desarrollo de la ciencia en el dieciocho fueron notables. Como ejemplo de ello tenemos en Matemáticas figuras como Bernoulli, Lagrange y Euler. Pero quizás la figura más relevante en el área de las matemáticas fue Leonardo Euler, con el que el análisis matemático llegará a un nivel no alcanzado por ninguno de sus predecesores

La Química también progresa rápidamente. Es importante Black, con sus estudios sobre el calor y descubridor del CO2; Watt descubridor de la máquina de vapor; Cavendish, descubridor del hidrógeno y realizador del famoso experimento que demostró la ley de atracción universal newtoniana; Priestley, descubridor del oxígenos; Volta, descubridor del metano; Scheele, descubridor del cloro. Pero sobre todos ellos destacará Lavoisier, cuyo Tratado elemental de Química es la primera obra moderna sobre esta ciencia.

En Biología, Fisiología y Anatomía también los progresos son patentes. Citaremos los nombres de Buffon, uno de los más grandes naturalistas de todos los tiempos; Spallanzani, importante por sus estudios sobre la generación espontánea; Linneo, autor de Sistema de la naturaleza; Wolff, fundador de la moderna embriología, Ingenhousz, descubridor del proceso de respiración y nutrición de las plantas.

marco filosófico

Consideran los pensadores del XVIII que la historia de la Humanidad en general y la historia del pensamiento en particular, no había sido sino una época de oscuridad, oscuridad que iba a ser desterrada gracias a la labor por ellos emprendida.

El saber, es fruto de la razón y ella va a ser la gran liberadora, pues si había esclarecido los enigmas de la mecánica universal, de la misma manera la razón humana debería resolver todos los problemas planteados al hombre.

En cierto modo podría calificarse esta concepción como una especie de racionalismo. Sin embargo, hay notables diferencias. Para los racionalistas, la razón es fundamentalmente una razón especulativa; para los ilustrados es una razón volcada a la práctica. Si el poder de la razón es alabado por la Ilustración, no es sólo porque pueda resolver los enigmas del universo, sino porque, mediante el saber por ella originado, se puede modelar y dominar adecuadamente la naturaleza y la vida humana. Gracias a la razón el hombre será educado integral y perfectamente; gracias a la razón el hombre podrá perfeccionarse, y gracias a la razón, se suprimirán los prejuicios y supersticiones que angustian al espíritu humano.

marco religioso

Descartes ya había dicho que para llegar a Dios había que partir de la mera razón, rechazando con ella la posibilidad de acceso vía sensitiva, Newton, por el contrario, intentaba mostrarnos el universo a partir de la materia y movimiento como intento primero par llegar a Él. Hume negaba la posibilidad de explicar la existencia de Dios partiendo de las impresiones. En fin, todo esto influye para que los filósofos ilustrados fueran escépticos frente a la Revelación. Frente al teísmo, abogan por el deísmo, o sea, la existencia de un Dios no providente ni intervencionista. Podemos hablar ya, desde este momento de una moral laica, independiente de la religión.

Esta especie de “religión natural”, consistirá pues, en una religión carente de revelación, de misterios, de cualquier tipo de elemento sobrenatural, tomada como base en la razón, derivada de la misma naturaleza humana y constituida por cinco principios: la existencia de un ser supremo, la necesidad de prestarle reverencia, la virtud como ideal ético, la obligación de evitar el pecado y la creencia en una recompensa o castigo ultraterrenos.

No hay que olvidar que existe una especie de materialismo ilustrado, contrario a la postura de Berkeley quien anuló la sustancia material; es decir, aparecerán una serie de pensadores que suprimirán la res cogitans cartesiana, quedándose exclusivamente con la res extensa. La Mettrie, Holbach y Condillac son sus máximos representantes.

el espíritu

Es frecuente el optimismo con que algunos pensadores observan el futuro. Ellos confían en la capacidad de perfeccionamiento del hombre; toda la historia de la humanidad es un continuado perfeccionamiento del hombre, es una continua lucha entre lo racional y lo irracional entre la razón y la ignorancia, entre el bien y el mal, entre el despotismo y la libertad entre la ignorancia y el saber. Condorcet nos muestra así su optimismo exacerbado:

“Llegará el momento en el que el sol no alumbre la Tierra más que a hombres libres, los cuales no reconocerán más señora y maestra que la Razón, y en el que los tiranos y esclavos no existirán más que en la Historia y en los teatros”.

En este clima es natural que surgieran numerosas utopías como Viajes de Gulliver de J. Swift, en la que nos muestra la historia de Europa con sus crímenes, guerras, pasando a una sociedad idílica, el país de los Huyhnhnms, los caballos filósofos, que llevan una vida feliz y virtuosa, gobernada por la razón y la justicia.

la Enciclopedia

Ya hemos dicho que los pensadores ilustrados tenían una gran admiración por la ciencia. La ciencia, como producto de la razón humana, iba a ser la gran salvadora de la Humanidad, la supresora de las cadenas de la ignorancia que tenían esclavizados a los hombres, esclavitud tanto psíquica como física, pues podían estar sometidos a la ignorancia propia o al despotismo de los monarcas absolutistas.

Pero para ello era necesario que fuese conocida por el pueblo, por las masas, era preciso difundir la cultura, hacerla asequible. Por consiguiente nació la idea de la Enciclopedia, es decir, de un libro en el que de manera inteligible, clara y resumida se expusiera todos los logros alcanzados en materia científica hasta entonces. Después de muchos avatares (sólo cabe pensar la rapidez con que progresa la ciencia en aquel momento, y la dificultad de ir “actualizándo” esos logros, añadiendo a esta dificultad el que todo este trabajo se hacía de manera manual cuasi artesanal, pues todavía no se había inventado el bolígrafo y menos aún el ordenador!) la obra se publicó finalmente, constando de 33 volúmenes. El más bello juicio sobre esta obra quizás sea la de Cabanis, también un ilustrado que la calificó de Santa Confederación contra el fanatismo y la tiranía

Los grandes motores de la Enciclopedia fueron Diderot y D'Alembert.

K

ant es un pensador ilustrado, vive por tanto, este espíritu, y como tal intenta transmitirlo. En su obra¿Qué es la Ilustración? nos dice:

“La Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es el culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la ilustración”

Biografía

Enmanuel Kant (1.724 - 1.804) nació en Königsberg (actualmente Kaliningrado). Hijo de un talabartero, se educó en un ambiente de estrecho luteranismo y acusado tono pietista. Aunque al final de su vida se distanció bastante de la Iglesia, la formación que recibió de ella influyó fuertemente en su espíritu. De constitución débil, se matriculó en la Universidad de su ciudad natal. En 1.755 obtuvo el grado de doctor en filosofía, y al mismo tiempo la habilitación para la docencia. Tuvo que ganarse la vida durante varios años dando clases particulares y ejerciendo de auxiliar universitario hasta que en 1.770 consiguió el nombramiento de profesor ordinario de Lógica y Metafísica en la misma universidad donde había estudiado. A partir de este momento se dedicó por completo a la enseñanza y a la investigación filosófica sin apenas salir de su ciudad natal. Murió dejando tras sí una obra que le sitúa entre los primeros pensadores de la humanidad.

Podemos considerar entre sus obras más notables, la Crítica de la Razón Pura, Crítica de la Razón Práctica y la Crítica del Juicio.

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Antes de abordar el tema específico que nos concierne, es interesante, y creemos de necesidad, hacer unas observaciones pertinentes, sin las cuales, cabría la posibilidad de, si no malinterpretar la filosofía de Kant, sí considerarla como teórica, como epistemológica, o como gnoseológica exclusivamente.

Todo el pensamiento de Kant, surge debido a las motivaciones específicas en las que se encuentra la filosofía y la sociedad de su época, dentro del marco de la Ilustración. El punto de arranque, el punto de partida kantiano es el mismo que el del pensamiento moderno: la Razón. Pero a Kant le llegan una serie de interpretaciones diversas sobre la Razón, tanto teóricas como prácticas; en síntesis, los problemas con los que Kant va a enfrentarse son tres: el estatuto* de las ciencias experimentales, el estatuto del conocimiento, y el deber ser del hombre o el problema moral.

Empecemos pues, viendo las influencias en el pensamiento de Kant, cómo le surgen y cómo se preocupa por hallar la solución a tantos problemas. Serán cuatro las corrientes o ideologías en el siglo XVIII y que incidirán en Kant:

Newton

Nos encontramos en la primera etapa de su vida, conocida como etapa precrítica. Newton es para él la figura de máximo prestigio en el terreno de las ciencias fisico-matemáticas y un maestro al que se debe imitar. Es un hecho que la fisico-matemática de Newton, siendo una ciencia de la experiencia, está regida por principios matemáticos que garantizan su necesidad y universalidad. ¿Cómo es posible esto? se preguntará Kant y que luego se verá obligado a contestar en la Crítica de la Razón Pura.

El racionalismo

Desde el punto de vista filosófico, los autores que dejan más huella en el Kant precrítico son los racionalistas Leibniz y Wolff, puesto que fue educado en sus enseñanzas. De ellos observó Kant que:

  • que la metafísica era un sistema deductivo de verdades racionales que contenía los primeros principios del conocimiento humano,

  • se especulaba el ser de las cosas por puros conceptos, sin tener en cuenta cómo los objetos se presentan en la experiencia, y

  • las verdades de hecho tenían que supeditarse a las verdades de razón.

  • Rousseau

    El tercer influjo en su pensamiento provocando ya un conflicto con su mentalidad anterior, es la que proviene de Rousseau.

    El mismo Kant , confiesa en 1.764 que había comenzado por poner todas sus esperanzas en las ciencias, hasta el día en que la lectura de Rousseau le había convencido de que los progresos de las ciencias y de las artes, no conseguían hacer que los hombres fueran mejores ni más dichosos. Esa valoración desmesurada de la ciencia, y las posturas antimetafísicas patentes, hacen que el hombre quede sumergido en el mismo mar que baña la física: el mecanicismo, como la base de todo materialismo, ¿Qué hay entonces sobre el valor autónomo del ámbito moral, y de la libertad como rasgos específicos del ser humano?

    En Rousseau el conflicto entre física y ética, mecanicismo natural y libertad moral y política están presentes, y con ellas una serie de contradicciones y falta de matización conceptual que Kant se verá obligado a solucionar (las dualidades razón teórica-razón práctica, el conocer-pensar, fenómeno y noúmeno, y el hecho de que la libertad no pueda demostrarse en el ámbito del conocimiento)

    Hume

    Es Hume, sin embargo, quien había despertado a Kant del “sueño dogmático*” en que había estado sumido, y quien le lleva por otros derroteros nuevos frente a la etapa anterior o precrítica. La experiencia es importante, y así lo había visto Kant en la ciencia de Newton, pero la filosofía de Hume aboca a un escepticismo del que es necesario salir.

    Según Kant , hay una serie de confusiones en el empirismo:

  • confunde el origen o génesis del conocer con el fundamento o validación del mismo.

  • la razón queda limitada en sus funciones. (Kant está de acuerdo en reducir las pretensiones de la razón y limitar el conocimiento en su uso especulativo. No tanto en el papel que desempeña la razón en el conocimiento de los hechos)

  • la necesidad y universalidad de las leyes científicas quedaban en entredicho (escepticismo)

  • Estas y otras dificultades harán que Kant se plantee la necesidad de hacer una crítica de la razón, que fije sus límites frente a las pretensiones del racionalismo y que investigue qué es lo que aporta en el conocimiento de la experiencia que ha hecho posible una ciencia natural como la newtoniana. Es decir, responder a la pregunta ¿qué puedo saber?.

    Establecer y justificar los principios de la acción y las condiciones de la libertad, es decir, responder a la pregunta: ¿qué debo hacer?.

    Delinear proyectivamente el destino último del hombre y las condiciones y posibilidades de su realización. Es decir, responder a la pregunta ¿qué me cabe esperar?

    Estas tres preguntas, metafísica, moral y religión, surgen de los fines esenciales de la Razón. De ahí que las tres preguntas puedan y deban ser recogidas en una cuarta, de carácter antropológico, que las engloba: ¿qué es el hombre? Lo que va a mostrarnos con evidencia que el proyecto total de la filosofía kantiana, es el de una clarificación racional al servicio de una humanidad más libre, más justa, más encaminada a la realización de los últimos fines.

    Hemos visto anteriormente y muy sintéticamente, una serie de problemas con los que Kant va a enfrentarse y una serie de preguntas que de alguna manera u otra se verá obligado a contestar. Pero el hilo conductor que nos va a llevar por tales recovecos no es otro que la Metafísica, “la reina de todas las ciencias”, punto de partida y de llegada, tanto en la dura y laboriosa obra de Kant , como no menos para nosotros, ardua y sacrificante, debido al epígrafe: LA RESPUESTA (de Kant) AL PROBLEMA DE LA METAFÍSICA. Introduzcámonos, pues en

    El tema

    "La metafísica, conocimiento especulativo de la razón, enteramente aislado, que se alza por encima de las enseñanzas de la experiencia, mediante meros conceptos (no como la matemática mediante aplicación de los mismos a la intuición), y en donde por tanto la razón debe ser su propio discípulo, no ha tenido hasta ahora la fortuna de emprender la marcha segura de una ciencia; a pesar de ser más vieja que todas las demás y a pesar de que subsistiría aunque todas las demás tuvieran que desaparecer enteramente, sumidas en el abismo de una barbarie destructora. Pues en ella tropieza la razón continuamente, incluso cuando quiere conocer a priori (según pretende) aquellas leyes que la experiencia más ordinaria confirma. En ella hay que deshacer mil veces el camino, porque se encuentra que no conduce a donde se quiere; y en lo que se refiere a la unanimidad de sus partidarios, tan lejos está aún de ella, que más bien es un terreno que parece propiamente destinado a que ellos ejerciten sus fuerzas en un torneo, en donde ningún campeón ha podido nunca hacer la más mínima conquista y fundar sobre su victoria una duradera posesión. No hay duda alguna de que su método, hasta aquí, ha sido un mero tanteo y, lo que es peor, un tanteo entre meros conceptos.

    Ahora bien, ¿a qué obedece que no se haya podido aún encontrar aquí un camino seguro de la ciencia? ¿Es acaso imposible? Mas ¿por qué la Naturaleza ha introducido en nuestra razón la incansable tendencia a buscarlo como uno de sus más importantes asuntos? Y aún más ¡cuán poco motivo tenemos para confiar en nuestra razón, si, en una de las partes más importantes de nuestro anhelo de saber, no sólo nos abandona, sino que nos entretiene con ilusiones, para acabar engañándonos! O bien, si sólo es que hasta ahora se ha fallado la buena vía, ¿qué señales nos permiten esperar que en una nueva investigación seremos más felices que lo han sido otros antes?

    Yo debiera creer que los ejemplos de la matemática y de la física, ciencias que, por una revolución llevada a cabo de una vez, han llegado a ser lo que ahora son, serían bastante notables para hacernos reflexionar sobre la parte esencial de la transformación del pensamiento que ha sido para ellas tan provechosa y se imitase aquí esos ejemplos, al menos como ensayo, en cuanto lo permite su analogía, como conocimientos de razón, con la metafísica. Hasta ahora se admitía que todo nuestro conocimiento tenía que regirse por los objetos; pero todos los ensayos, para decir a priori algo sobre éstos, mediante conceptos, por donde sería extendido nuestro conocimiento, aniquilábanse en esa suposición. Ensáyese pues una vez si no adelantaremos más en los problemas de la metafísica, admitiendo que los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento, lo cual concuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a priori de dichos objetos, que establezca algo sobre ellos antes de que nos sean dados. Ocurre con esto como con el primer pensamiento de Copérnico quien, no consiguiendo explicar bien los movimientos celestes sí admitía que la masa toda de las estrellas daba vueltas alrededor del espectador, ensayó si no tendría mayor éxito haciendo al espectador dar vueltas y dejando en cambio las estrellas inmóviles. En la metafísica se puede hacer un ensayo semejante, por lo que se refiere a la intuición de los objetos. Si la intuición tuviera que regirse por la constitución de los objetos, no comprendo cómo se pueda a priori saber algo de ella. ¿Rígese empero el objeto (como objeto de los sentidos) por la constitución de nuestra facultad de intuición?, entonces puedo muy bien representarme esa posibilidad. Pero como no puedo permanecer atenido a esas intuiciones, si han de llegar a ser conocimientos, sino que tengo que referirlas, como representaciones, a algo como objeto, y determinar éste mediante aquéllas, puedo por tanto: o bien admitir que los conceptos, mediante los cuales llevo a cabo esa determinación, se rigen también por el objeto y entonces caigo de nuevo en la misma perplejidad sobre el modo como pueda saber a priori algo de él; o bien admitir que los objetos o, lo que es lo mismo, la experiencia, en donde tan sólo son ellos (como objetos dados) conocidos, se rige por esos conceptos y entonces veo enseguida una explicación fácil; porque la experiencia misma es un modo de conocimiento que exige entendimiento, cuya regla debo suponer en mí, aún antes de que me sean dados objetos, por lo tanto a priori, regla que se expresa en conceptos a priori, por los que tienen pues que regirse necesariamente todos los objetos de la experiencia y con los que tienen que concordar. En lo que concierne a los objetos, en cuanto son pensados sólo por la razón y necesariamente, pero sin poder (al menos tales como la razón los piensa) ser dados en la experiencia, proporcionarán, según esto, los ensayos de pensarlos (pues desde luego han de poderse pensar) una magnífica comprobación de lo que admitimos como método transformado del pensamiento, a saber: que no conocemos a priori de las cosas más que lo que nosotros mismos ponemos en ellas"

    Kant. Prólogo de la 2ª Edición. Crítica de la Razón Pura.1787

    Kant contempla de cerca el escándalo en el que se halla sumida “la reina”. ¿Cómo es posible que la metafísica que trata problemas capitales como Dios, la libertad, la inmortalidad, se encuentre en tal deterioro y abandono?

    La matemática y la ciencia natural avanzan, poniéndose los científicos de acuerdo, en sus teorías y conclusiones, aportando con ello el progreso. La novedad por lo positivo sería la causa del abandono de aquella ciencia que continúa debatiendo las mismas cuestiones que debatían Platón y Aristóteles. El más escandaloso desacuerdo reina entre los filósofos. Entre estos últimos, Kant ve como la causa de su agonía a los racionalistas y a los empiristas.

    Discrepa Kant, de la doctrina de Locke según la cual todos nuestros conceptos proceden en última instancia de la experiencia. Tampoco aceptaba, por lo demás la contrapuesta doctrina de las ideas innatas. Pero al mismo tiempo creía que hay conceptos y principios que la razón forma por sí misma con ocasión de la experiencia (giro copernicano*!). Hay pues, conceptos y principios ajenos a la experiencia y en las que se basa la experiencia&.

    Ahora bien, los racionalistas han supuesto que la razón puede aplicar esos conceptos y principios para aprehender realidades suprasensibles (noúmenos). Pero el supuesto de los metafísicos racionalistas era precipitado; no podemos aceptar que los conceptos y principios a priori de la razón se puedan usar para trascender la experiencia. Esta es la tarea descuidada por los filósofos dogmáticos. Y a su vez la de los empiristas que habían negado, desacreditándola, la razón y sus posibilidades cognoscitivas.

    Sin embargo, Kant no puede ser indiferente, pues ser indiferente a las cuestiones que plantea la metafísica es ser indiferente a la propia naturaleza humana. Por eso va a (intentar) superar esas dificultades y situar a la metafísica en el sitio que le corresponda. De aquí pueden surgir dos preguntas: ¿qué lugar será ese? y, ¿cómo lo va a hacer?. Para contestar a estas dos preguntas, Kant, va a escribir una monumental obra: Crítica de la Razón Pura (Kritik der reinen Vernunft).

    Veamos el significado de esas palabras que denominan la obra:

    Crítica: del griego krinein, juzgar, analizar. No es tomada esta acepción en sentido negativo como destrucción o rechazo, sino en cuanto positivo, en hacer un balance detallado de todos los aspectos del objeto sujeto a crítica, tanto positivos como negativos, con objetividad, al igual que lo haría un crítico de arte

    Razón: facultad suma de conocer, aquella que nos diferencia de todo animal

    Puro: fuera o ajeno a toda experiencia, en palabras de Kant:

    “por tal no entiendo una crítica de los libros y sistemas, sino de la facultad de la razón en general, respecto de todos los conocimientos a que esta pueda aspirar independientemente de toda experiencia

    Kant, va a juzgar, a someter a juicio y ante el tribunal de la razón, a la Razón misma, para “clarificarla y preservarla de errores”. La gigantesca obra de la CRP, consistirá en una teoría del conocimiento que va a ayudarnos a clarificar los errores cometidos por la metafísica dogmática, y a la vez, nos ayudará a `situarla' en el lugar que le corresponda.

    La metafísica es el problema fundamental de Kant. Este, conoce muy de cerca la ciencia fisicomatemática de Newton y, como hemos visto, las preguntas que se formula guardan cierto paralelismo comparativo...¿por qué la ciencia progresa y la metafísica no?... etc. etc. ...Hay que señalar que existe una diferencia fundamental entre Kant y sus predecesores al enfrentarse con el problema del criterio de verdad. Los filósofos anteriores se planteaban el problema sin tener delante una ciencia construida ya. Por eso, al contestar a la pregunta de cuándo un conocimiento es verdadero, Kant lo hace analizando cómo conoce la ciencia creada por Newton. No olvidemos esto por ahora, para dilucidar el problema de la metafísica, Kant se ayudará de la ciencia.

    Y bien, visto esto vamos a intentar hallar si es posible la metafísica como ciencia, pero para ello tendremos que partir de una primera pregunta: ¿cómo es posible la ciencia? Está claro que viendo “aquello” que posibilita, que haga que algo sea ciencia, podremos pasar, a renglón seguido, a ver si la metafísica también es posesa, o no, de lo mismo, y por tanto, si entrará en el rango de ciencia. Tendremos pues, que descubrir “aquello” que hace que “algo” sea tachado de ciencia, o sea, las condiciones posibilitantes del conocimiento científico.

    analíticos

    juicios

    sintéticos

    Kant partirá de sus conocimientos de lógica y tomando como modelo la física matemática de Newton. Kant ve que esta ciencia de la naturaleza se compone de juicios, es decir, de tesis, de afirmaciones, de negaciones, de proposiciones, en donde en resumidas cuentas se dice algo de algo.

    Los juicios son el punto de partida de todo el pensamiento de Kant; sobre estos juicios va a asentar toda su teoría del conocimiento, y no hay que olvidar ni un instante, que estos juicios no son vivencias psicológicas, no son algo que nos acontece a nosotros, no son hechos de la conciencia subjetiva, sino que son enunciaciones objetivas acerca de algo, son como enunciados lógicos.

    Encuentra Kant que estos juicios lógicamente considerados pueden dividirse en dos grandes grupos: los juicios que él llama analíticos y los juicios que él llama sintéticos

    Llama Kant juicios analíticos a aquellos juicios en los cuales el predicado del juicio está contenido en el concepto del sujeto (“S es P”). Ejemplo de juicio analítico sería: el triángulo tiene tres ángulos.

    Al otro grupo lo llama Kant juicios sintéticos que son aquellos en los cuales el concepto del predicado no está contenido en el concepto del sujeto. Si en el anterior analizando el S encontrábamos la noción de P, en este caso por mucho que analicemos S, nunca encontraremos su P. Tomemos como ejemplo: “todos los miembros de la tribu x son bajos”

    Pero, ¿cuál es el fundamento que legitima los juicios analíticos? ¿por qué los juicios analíticos son verdaderos? El fundamento de su legitimidad, de su validez, estriba en el principio de identidad. Podríamos nombrarlos también “tautológicos” (tautos = lo mismo / logós = decir), o decir lo mismo, repetir lo mismo.

    ¿Cuál es el fundamento de los juicios sintéticos? ¿Qué es lo que hace que un juicio sintético sea verdadero? El fundamento de verdad está en la experiencia, en la percepción sensible.

    Muy bien. Pero entonces los juicios analíticos son verdaderos, universales y necesarios. Negarlos supondría entrar en contradicción. No tienen su origen en la experiencia, sino en el análisis mental del concepto de sujeto. Son, pues, “a priori” *

    Pasemos ahora a los juicios sintéticos ¿cuándo son verdaderos? Serán verdaderos en cuanto la experiencia los avale. Ahora bien, la experiencia ¿qué es? ¿a qué tipo de experiencia se refiere?: es la experiencia sensible. La percepción sensible se verifica en un lugar: aquí; y en un tiempo: ahora. Por consiguiente, mientras la percepción sensible se está verificando, o sea ahora y aquí, estos juicios serán verdaderos, serán válidos. Pero en el momento en que yo dejo de tener experiencia, ya no sé cuál puede ser el fundamento que avale estos juicios. Son, pues estos juicios sintéticos, unos juicios particulares y contingentes. Particulares porque su verdad está restringida, constreñida al “aquí” y al “ahora”. Contingentes, porque su contrario no es imposible, son también como dice Kant, “a posteriori”. Su negación no implica contradicción alguna

    los juicios de

    la ciencia

    Y ahora viene el problema:

    ¿cuál de estas dos clases de juicios son las que constituyen el conocimiento científico fisicomatemático, los juicios sintéticos o los analíticos?.

    No pueden ser los juicios analíticos porque primero, no provienen de la experiencia, y es imposible una ciencia como la física que no parta de la experiencia, y en segundo lugar, porque los juicios analíticos no nos informan de la realidad, no acrecientan nuestro conocimiento, ya que son tautológicos, por tanto, sería inimaginable “construir” una “ciencia” que no nos diga nada de la realidad y que no aumente nuestro conocimiento.

    Tendremos que volver a los juicios sintéticos, que sí nos dicen cómo es la realidad. Pero los juicios sintéticos, al contrario que los analíticos, son contingentes y particulares, y toda ciencia debe contener los requisitos de necesidad y universalidad. Por tanto la ciencia, en principio, no puede estar constituida por ninguno de los dos, ni analíticos ni sintéticos.

    Superando esta especie de callejón sin salida, a Kant sólo le queda por afirmar que los juicios que forman la ciencia tienen que ser sintéticos y “a priori”, este es verdaderamente su gran logro filosófico.

    El problema ahora, será mostrar cómo es posible que existan juicios sintéticos a priori, qué condiciones tienen que darse para que sean posibles los juicios sintéticos a priori

    Las matemáticas, sus proposiciones, ¿son analíticas o sintéticas? Tomemos un ejemplo: la línea recta es la más corta entre dos puntos. Vamos a ver si es un juicio analítico analizando el contenido del S y del P. ¿encontramos en el concepto de recta incluido algo que se parezca a magnitud, a la cantidad? No. Aquí tenemos un ejemplo patente de juicio sintético, pero además, ¿no es a priori? ¿Sería necesario recurrir a la experiencia e ir midiendo con un metro para ver si es cierta la proposición? No.

    La física también está formada por juicios sintéticos a priori. Cuando decimos: en todo movimiento que se transmite de un cuerpo a otro, la acción es igual a la reacción, ¿qué estamos formulando si no un juicio sintético y “a priori”? ¿necesitamos recurrir a la experiencia para determinar su verdad? No.

    ¿Y en la metafísica? ¿no eran juicios “a priori” los que Descartes formulaba demostrando la existencia de Dios? ...

    Pero resulta en un principio, incomprensible el cómo pueden ser los juicios a la vez “sintéticos” y “a priori”, es decir, obtenido por intuición, obtenido fuera del razonamiento discursivo, obtenido fuera del análisis conceptual, y al mismo tiempo independiente de la experiencia. Eso es lo que por ahora no comprendemos. Kant está dispuesto en su CRP a responder a estas preguntas:

  • ¿cómo son posibles los juicios sintéticos “a priori” en la matemática

  • ¿cómo son posibles los juicios sintéticos “a priori” en la física?

  • y por último, ¿son posibles los juicios sintéticos “a priori” en la metafísica?

  • C. R. P.

    El plan de la obra consta así:

  • TEORÍA TRASCENDENTAL ELEMENTAL

  • Primera parte. ESTÉTICA TRASCENDENTAL

  • Sección del espacio

  • Sección del tiempo

  • Segunda parte. LÓGICA TRASCENDENTAL

    1ª. división. LA ANALÍTICA

    2ª. división. LA DIALÉCTICA

  • TEORÍA TRASCENDENTAL DE LOS MÉTODOS

  • ¿Cómo es posible una metafísica futura?

    En la Estética Trascendental se dará respuesta a la primera pregunta (matemática). En la Analítica Trascendental, a la segunda (física), y en la Dialéctica Trascendental, a la tercera (metafísica)

    ESTÉTICA

    Trascendental

    El término estética viene del griego, aisthesis, sensación; Sensación hace referencia al modo como captamos la realidad del mundo exterior a través de los sentidos (Sinnlichkeit). Para nosotros es estético aquello que se nos manifiesta mediante los sentidos produciendo una `sensación superior'. A esta forma suma de captación de las cosas se le denomina Estética, teoría de la Belleza, y por lo tanto está en relación directa con el arte. Kant, por otro lado, utiliza este término en toda su amplitud, sin hacer rangos ni distinciones en la forma de presentársenos algo sensitivamente.

    Trascendental

    “Llamo trascendental todo conocimiento que se ocupa en general no tanto de objetos como de nuestro modo de conocerlos, en cuanto este debe ser posible a priori. Un sistema de semejantes conceptos se llamaría filosofía trascendental”

    La palabra trascendental se usa vulgarmente en el sentido de muy importante. Hay que apartar de nosotros ese significado y volver al original que es el que nos propone Kant. Trascendental viene de la palabra trascendente que es de donde recibe el significado. Trascendente significa (en contraposición a inmanente), lo que existe en sí y por sí, independientemente de mí.

    Espacio y tiempo

    formas “a priori

    de la sensibilidad

    Siguiendo con la concepción del “giro copernicano” kantiano, diremos que, a partir de ahora, el objeto de conocimiento no tendrá una realidad metafísica en sí y por sí, (como predicaban los metafísicos anteriores), sino que tendrá realidad en cuanto será objeto de conocimiento. Ahora bien, para que algo sea objeto del conocimiento, es preciso que se den ciertas condiciones en el sujeto. Las condiciones o supuestos que han de realizarse para que el objeto sea en efecto objeto de conocimiento, Kant las llama condiciones trascendentales de la objetividad

    el espacio:

    exposición

    metafísica*

    En este apartado, Kant nos dirá:

    a). que es puro, o sea “a priori” y,

    b). que el espacio es una forma de la intuición$

    Procedamos por partes.

    a). El espacio es el supuesto de la experiencia, porque no podemos tener experiencia de nada sin el espacio. ¿Cómo podríamos tener percepción de una cosa que está frente a mí sin espacio?

    Pero además hay otra razón, nosotros podemos perfectamente bien, pensar el espacio sin cosas, pero no podemos, de ninguna manera, pensar las cosas sin espacio. Así pues el espacio es a priori, independientemente por completo de la experiencia, no se deriva de la experiencia, sino que la experiencia lo supone ya.

    b). El concepto intuición lo tomamos referido a la visión directa e inmediata de una realidad, o, a la comprensión directa o inmediata de una verdad. En Kant podemos hallar tres significados: 1. Intelectual, 2. empírica, y 3. pura

  • A través de la intuición intelectual algunos autores han pretendido que se pueden conocer directamente ciertas realidades que se hallan fuera del marco de la experiencia posible (empírica). Kant, como veremos más adelante, rechazará este tipo de intuición

  • Es aquella que se da “en tanto que el objeto nos es dado, lo cual únicamente es posible, al menos para nosotros los hombres, cuando el espíritu ha sido afectado por él de cierto modo” Diremos que los objetos nos son dados por la sensibilidad y sólo esta produce intuición, único medio por el que `empezamos' a aprehender cognoscitivamente los objetos de la naturaleza.

  • La intuición es pura cuando no hay en ella nada de lo que pertenece a la sensación. La intuición pura tiene lugar a priori como forma pura de la sensibilidad y “sin un objeto real del sentido o sensación

  • Hecha esta introducción al término, diremos que el espacio no es un concepto, sino una intuición (pura) ¿Qué diferencia hay entre un concepto y una intuición? El concepto es una unidad mental dentro de la cual están comprendidos un número indefinido de seres y cosas. El concepto de mesa cubre en su significación una multitud de mesas. En cambio, y como hemos visto anteriormente, intuición es la operación mental que toma conocimiento directamente de una individualidad (apartado2.). No podemos tener intuición del objeto de un concepto, puesto que el objeto de un concepto es un número indefinido de seres. Puedo tener intuición de este hombre, concreto, particular, uno solo; pero no puedo tener intuición del hombre en general. Por consiguiente los conceptos no son conocidos por intuición sino que son conocidos de otra manera. En cambio una intuición nos da conocimiento de un objeto singular, único, y eso es lo que ha sucedido con el espacio. El espacio no es un concepto porque el espacio no cubre una especie o un género de los cuales multitud de pequeñas especies sean los individuos; no hay muchos espacios, no hay más que un sólo espacio, el espacio es único. El espacio es una intuición pura.

    el espacio:

    exposición

    trascendental

    “Entiendo por exposición trascendental la explicación de una noción como un principio a partir del cual es discernible la posibilidad de otros conocimientos sintéticos a priori·”

    Hemos visto cómo el espacio es la condición de cognoscibilidad de las cosas, es la condición para que las cosas sean objeto de conocimiento, si no fuera por ello las cosas serían “cosas en sí” de las cuales no podríamos hablar. El conjunto de nuestras sensaciones y percepciones carecería de objetividad, no sería para nosotros objeto estante y quieto, propuesto a nuestro conocimiento si no pusiéramos `debajo' de todas esas percepciones y sensaciones algo que les dé objetividad, que las convierta en objeto de conocimiento.

    Ahora Kant tendrá que decirnos que el espacio es el fundamento de la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en la matemática. Consideremos la geometría, la cual no sólo supone como punto de partida el espacio, sino que está constantemente poniéndolo. La prueba está en que los conceptos de la geometría, o sea las figuras, las encontramos constantemente en una intuición pura, “a priori”. Cuando llegamos a cualquier figura geométrica, círculo, esfera, cono...e intentamos definirlas, partimos de una intuición puramente ideal que no vienen en absoluto de la experiencia. En cada momento que hemos intentado definir una figura, hemos tenido que llamar en nuestro auxilio la intuición del espacio, y cerrando los ojos, hemos construido la figura, pues las figuras no se definen sino se construyen. El espacio puro no sólo es el supuesto primero de la geometría, sino el supuesto constante de la geometría. Vemos que todas las cosas de la experiencia encajan a la perfección con la geometría pura. El espacio es la forma de la sensibilidad, dirá Kant. Nuestra facultad de tener sensaciones es la que imprime a las sensaciones la forma de espacio. ¿Por qué las cosas son objeto del conocimiento geométrico? Pues porque el espacio impreso en ellas por nuestra sensibilidad, el espacio “a priori”, les presta esa forma geométrica y por consiguiente los juicios sintéticos “a priori” en las matemáticas son posibles.

    el tiempo:

    exposición

    metafísica

    La exposición metafísica del tiempo se encamina a mostrar: primero, que el tiempo es “a priori”, o sea, independiente de la experiencia; segundo, que el tiempo es una intuición, o sea: no una cosa entre otras cosas, sino una forma pura de todas las cosas posibles.

    La primera parte la demostrará Kant siguiendo paso a paso, la misma demostración que empleó para el caso del espacio. En efecto, que el tiempo es “a priori”, se advierte con sólo reflexionar que cualquier percepción sensible es una vivencia y que toda vivencia es un acontecer, algo que nos acontece a nosotros, algo que acontece al Yo. Ahora bien, algo que acontece al Yo, implica ya el tiempo, porque todo acontecer es un sobrevenir, un advenir, un llegar a ser lo que no era todavía. Acontecer significa que en el curso del tiempo algo viene a ser. Por consiguiente, si toda percepción sensible es una vivencia y toda vivencia es algo que sobreviene a nosotros, este algo que sobreviene en nosotros, sobreviene ahora, o sea después de algo que sobrevino antes y antes de algo que va a sobrevenir después: es decir que ya implica el tiempo.

    Podemos pensar muy bien, concebir muy bien, el tiempo sin acontecimientos, pero no podemos en manera alguna concebir un acontecimiento sin el tiempo.

    Falta demostrar que el tiempo es una intuición pura. ¿Qué quiere esto decir? Quiere decir que no es un concepto. Ya lo hemos dicho anteriormente, concepto es una unidad de lo múltiple. Pero el tiempo no es un concepto, porque no hay muchos tiempos, sino un solo tiempo. El tiempo es pues, único, no puede pensarse mediante conceptos, sino que es una intuición pura.

    el tiempo:

    exposición

    trascendental

    ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos “a priori” en la aritmética?

    Los juicios en la aritmética son sintéticos y “a priori”, es decir, son juicios que nosotros hacemos mediante intuición. Necesitamos intuir el tiempo para sumar, restar, multiplicar o dividir. Sólo sub-poniendo la intuición pura del tiempo es posible que podamos construir la aritmética, sin el auxilio de ningún recurso experimental. Y precisamente porque el tiempo es una forma de nuestra sensibilidad, el tiempo es el cauce previo de nuestras vivencias. Está claro que la realidad se tendrá que ofrecer mediante la percepción sensible, la percepción sensible es empero, una vivencia. Esta vivencia se ordenará en la sucesión de las vivencias, en la enumeración, en el 1, 2, 3... sucesión de los números y por ende, en el tiempo. Si el espacio es la forma de las experiencias o percepciones externas, el tiempo es la forma de las vivencias o percepciones, tanto internas como externas. Esta posición privilegiada del tiempo, que comprende en su seno la totalidad de las vivencias, tanto en su referencia a objetos exteriores, como en cuanto a acontecimientos interiores, es la base y fundamento de la compenetración que existe entre la geometría y la aritmética. De esta manera toda la matemática representa un sistema de leyes “a priori”, de leyes independientes de la experiencia y que se imponen a toda percepción sensible. El espacio y el tiempo son la base de las matemáticas, no son cosas, que nosotros conozcamos por experiencia, sino que son formas de nuestra facultad de percibir cosas, y por lo tanto son estructuras que nosotros, “a priori”, fuera de toda experiencia, imprimimos sobre nuestras sensaciones para convertirlas en objetos cognoscibles.

    En la Estética trascendental Kant nos ha demostrado que:

  • el espacio y el tiempo son puros, a priori

  • no son conceptos de cosas reales sino intuiciones

  • son el fundamento de la posibilidad de los juicios sintéticos en la matemática

  • ANALÍTICA

    Trascendental

    Empecemos viendo qué nos dice Kant textualmente sobre el significado de este apartado:

    “descomposición de todo nuestro conocimiento a priori en los elementos del conocimiento puro del entendimiento”(Verstand)

    Hemos podido comprobar y hemos establecido con Kant, el repertorio completo de todas las formas que un objeto posible ha de tener: formas en el espacio, formas en el tiempo, combinaciones de unas con otras. Pero una vez que hemos estudiado este conjunto de todas las formas posibles de objetos, hay que pasar, evidentemente al estudio de los objetos mismos, de los objetos reales.

    La ciencia no se ha contentado con ser matemática, sino que además es física: es decir, no sólo ha determinado “a priori” de antemano, las formas que pueden tener los objetos, sino que ha determinado, además de la existencia, la realidad y las leyes que rigen la aparición y desaparición de los fenómenos mismos.

    En esta segunda parte que lleva por nombre Analítica Trascendental, debemos empezar con la clásica pregunta: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos “a priori” en la física? O dicho de otro modo, ¿cómo es posible que nosotros tengamos conocimiento “a priori” de objetos reales?

    Nosotros sabemos que hay objetos, que existen cosas, que esas cosas están ahí, pero sabemos además que cada cosa tiene su ser, su esencia, su naturaleza.

    ¿Qué quiere decir esto de naturaleza? Quiere decir que las cosas existen, están ellas mismas regidas por leyes, tienen una substancia, están compuestas de propiedades, aparecen y desaparecen y no caprichosamente, sino según una serie de leyes. Pero además de eso, sabemos también que esas cosas que existen, son todas ellas efectos de causas y causas de efectos. En fin, sabemos que todas ellas, el conjunto entero de las cosas, lo que llamos naturaleza, consiste en un sistema de leyes universales, que pueden expresarse en fórmulas matemáticas, y que traducen con la máxima exactitud esas acciones y reacciones, esas causas y efectos, esas esencias y propiedades de todas las cosas.

    Todo esto lo sabemos “a priori”. Porque ¿cómo lo podríamos saber si no lo supiéramos “a priori”? Tendría que ser porque las cosas mismas nos lo hubieran enseñado. Pero las cosas no nos pueden proporcionar semejante conocimiento. Las cosas envían impresiones, como diría Hume, nada más que impresiones. Ninguna cosa nos envía la causa como impresión, ninguna cosa nos envía la esencia como impresión. Por consiguiente hay un conocimiento “a priori” de las cosas de la naturaleza.

    Volvamos a las preguntas fundamentales: ¿Como son posibles los conocimientos “a priori” en la física? o, ¿cómo es posible el conocimiento de la realidad de las cosas?.

    El conocimiento humano nace a través de dos fuentes o facultades, sensibilidad y entendimiento. La primera es la facultad de recibir impresiones, la segunda es la facultad de pensar `esos' datos por medio de conceptos.

    Sin la sensibilidad no nos sería dado objeto alguno, y sin el entendimiento ningún objeto sería pensado, el conocimiento no puede surgir sino de la cooperación unida de ambos.* Pero podemos estudiar sus leyes por separado como ya hemos hecho en la Estética con la sensibilidad.

    Sabemos que Kant es un buen estudioso de la lógica, y que se ayudará de esta disciplina para dar solución a las preguntas de este capítulo. La ciencia que estudia las leyes del entendimiento es la lógica, pero esta lógica será de un tipo diferente, va a ser trascendental. Si la Estética trascendental considera las formas puras a priori de la sensibilidad en cuanto condiciones a priori necesarias para que haya sensación, la Lógica trascendental% estudia los conceptos y principios a priori del entendimiento en cuanto condiciones necesarias para pensar objetos.

    La tarea va a consistir en averiguar cuáles son los conceptos a priori del entendimiento. Para esto hay que distinguirlos de los conceptos empíricos: Los conceptos empíricos son aquellos que proceden de la experiencia, son por tanto a posteriori, casa, perro, mesa... son conceptos extraídos de la experiencia.

    Pero el entendimiento se caracteriza por su espontaneidad, produce espontáneamente ciertos conceptos sin derivarlos de la experiencia. Aristóteles ya había intentado exponerlos, pero su explicación no era del todo justificada. Kant nos expone doce, pero, ¿cómo ha llegado a ellos? ¿cómo `los' ha conseguido?

    el juicio

    El problema empezará a desentrañarse desde la realidad, al preguntarnos sobre la realidad de las cosas. ¿Cómo es posible el conocimiento (realidad) de las cosas (reales)? Toda teoría del conocimiento debe resolver esta primerísima cuestión. Descartes ya había intentado dar solución a esta cuestión diciéndonos que la realidad era la correspondencia de un objeto más allá de su pensamiento, es algo a lo cual se refiere el pensamiento. Pero esa realidad no será puesta, afirmada, no tendrá validez plena, si yo no juzgo, es decir, si yo no formulo un juicio que diga que ese pensamiento es pensamiento de esa realidad.

    Nosotros decimos que algo es real cuando lo consideramos como sujeto de juicio, cuando aplicamos la cópula “es”. Ser real una cosa es ser sujeto de toda una serie de juicios, así pues la realidad consistirá en ser sujeto de juicio. La función intelectual del juicio es, pues la misma que la función ontológica de establecer una realidad. Esta identificación de la función lógica del juicio con la función ontológica de poner la realidad, es el punto de partida de que Kant se sirve para deducir todas las verdades de toda realidad posible.

    En efecto, las variedades de todo juicio posible contendrán en su seno las variedades de toda realidad posible, puesto que como hemos visto el juicio lógico es el acto de poner la realidad. Por consiguiente, las diversas formas del acto de poner la realidad o sea del juicio, contendrán en su seno las diversas formas de la realidad misma puesta. Ahora bien, ¿cuáles son las formas diferentes del acto del juicio? Están estudiadas, como hemos dicho, desde Aristóteles, y son estas según su clasificación:

    tabla de los

    juicios

    CANTIDAD

    CUALIDAD

    RELACION

    MODALIDAD

    Universal todos los hombres son mortales (Cuando el S es tomado en toda su extensión)

    Afirmativo Pedro es bueno.

    Categórico El agua está compuesta de oxígeno e hidrógeno (Aquel que se afirma sin condición alguna el P del S )

    Problemático El niño puede caerse (Se afirma del S el P como posible)

    Particular Algún hombre es sabio (Cuando el S es tomado en parte)

    Negativo Pedro no es bueno.

    Hipotético El agua hierve a 100º (Aquel que se afirma bajo condiciones el P del S)

    Asertórico El niño se ha caído (Se afirma el P como efectivo del S)

    Individual Juan es músico

    (Cuando el S es tomado individualmente)

    Indefinido Alguien no es bueno ( Nos dice el P lo que no es, pero queda el S con unas posibilidades infinitas de lo que es)

    Disyuntivo El agua se halla en estado sólido , líquido y gaseoso ( Se afirma alternativamente varios predicados )

    Apodíctico El triángulo ha de tener tres ángulos (El P se afirma del S como teniendo necesariamente que ser P del S )

    Vemos en la tabla cómo los juicios se dividen atendiendo a la cantidad, cualidad, relación y modalidad; y cómo cada uno de ellos puede dividirse en otros tres. (Cada uno de ellos se sigue de un ejemplo para que se vean las diferentes formas que tenemos de predicar sobre la realidad, es decir de formular juicios.)

    Si ésta es la clasificación tradicional de los juicios, y si el acto de juzgar es al mismo tiempo acto de poner, acto de asentar la realidad, entonces las diferentes variedades en que puede presentarse la realidad, estarán todas ellas contenidas en las diferentes formas de los juicios que acabamos de enumerar. Bastará sacar, extraer de cada una de esas formas del juicio la forma correspondiente de la realidad, obtendremos así, según Kant, la tabla de las categorías

    conceptos puros

    del entendimiento

    ( categorías )

    Totalidad, multiplicidad y unidad, son inferidos de los juicios particulares singulares y universales. Esencia, negación y limitación de los afirmativos, negativos e infinitos. La categoría de substancia procede del juicio categórico, causalidad proviene de los juicios hipotéticos, y la categoría de acción recíproca de los juicios disyuntivos. De la cuarta manera de dividir los juicios extrae Kant las siguientes categorías, de los juicios problemáticos la categoría de posibilidad, de los juicios asertóricos, la categoría de existencia y de los juicios apodícticos, la categoría de necesidad

    *

    CANTIDAD

    CUALIDAD

    RELACIÓN

    MODALIDAD

    Totalidad

    Esencia

    (Realidad)

    Sustancialidad / inherencia

    Posibilidad / imposibilidad

    Multiplicidad

    Negación

    Causalidad / dependencia

    Existencia / inexistencia

    Unidad

    Limitación

    Comunidad / reciprocidad de acción

    Necesidad /

    contingencia

    El `descubrimiento' de los conceptos puros, cuántos son y cuáles son a partir de la clasificación de los juicios, es denominado por Kant, deducción metafísica de las categorías

    ¿Qué significan estas categorías? ¿qué sentido tienen? ¿qué función desempeñan? Esto es lo que va a proponerse ahora en la parte de la Analítica que le queda y que llevará como epígrafe:

    deducción

    trascendental

    de las categorías

    Kant se propone mostrar que las categorías son las condiciones de la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en a física, pero realmente su propósito irá más allá.

    Desde Newton tenemos una física matemática, que es la fiel expresión de la realidad de las cosas. Tenemos, pues, un conocimiento. De eso no se puede dudar. Este es el punto de partida de Kant. Tenemos un conocimiento científico, o sea universal y necesario, de la naturaleza. Pues bien, ¿qué condiciones hacen posible ese conocimiento? ¿cómo puede haber ese conocimiento? Se necesitan las siguientes condiciones: se necesita que hayan objetos, porque sin objetos no hay conocimiento de objeto; que tengan un ser, una esencia, porque si los objetos no tuvieran un ser, una existencia, no habría conocimiento del ser de los objetos; se necesita que esos objetos que hay y que estan provistos de ser, estén relacionados entre sí como causa y efecto, porque si no habría posibilidad de conocimiento, no podríamos ver el enlace entre ellos, su surgir, su desaparecer....En suma, todo lo que las categorías nos dicen son las condiciones, sin las cuales, no habría conocimiento.

    Ahora bien, esas condiciones sin las cuales no habría conocimiento, ¿cómo las tenemos nosotros? Podría decirse: es que esas categorías, que son las condiciones de todo conocimiento, nos vienen de las cosas, son las cosas las que nos han regalado las categorías. Pero eso es imposible, porque si las cosas, o sea las impresiones sensibles, fueran las que estuviesen encargadas de darnos las categorías, nos quedaríamos sin categorías, porque las cosas no nos envían ni la unidad, ni la pluralidad, ni la totalidad, ni la causa, lo que nos envían son impresiones!

    Si todo lo que hay en la ciencia, si todas las condiciones del conocimiento hubieran de sernos proporcionadas por las impresiones sensibles que las cosas nos envían, entonces tendría razón Hume. No tendríamos seguridad alguna en el conocimiento científico, esperaríamos que el sol saliera mañana, por la simple costumbre de haberlo visto salir hasta ahora.

    Si no proceden de las cosas tienen que proceder, por tanto, de nosotros. (¡otra vez Copérnico con su giro!) Las categorías son conceptos, pero conceptos puros “a priori”. Y sin categorías, no podríamos decir nada de la realidad, no podríamos predecir acontecimientos, no podríamos formular juicios sintéticos a priori. En fin, la física no sería posible como ciencia

    Conclusiones

    a la E. y A.

    Kant lo que ha hecho hasta ahora, con su teoría del conocimiento, ha sido justificar la ciencia, rescatar el carácter de necesidad y universalidad que Hume había puesto en entredicho, y sobre todo ofrecernos una propedéutica* para la metafísica.

    Hagamos un pequeño repaso: Kant ha eliminado por completo todo residuo de realismo aristotélico fijando la correlación fundamental entre el sujeto y objeto de conocimiento, diciéndonos que el objeto del conocimiento no es objeto del conocimiento sino en tanto cuanto se provea de las condiciones del conocimiento. Ahora bien, esas condiciones del conocimiento es el sujeto de conocimiento el que se las da al objeto, el que convierte la cosa en sí misma, en objeto de conocimiento, en fenómeno.

    El yo es la unidad puramente vital de nuestro ser, de nosotros mismos, pero cuando el yo se convierte en sujeto cognoscente, consiste en “proponerse un objeto a conocer”. Y ese “proponerse un objeto a conocer” no consiste en otra cosa sino en prestar, en imprimir en las cosas a conocer, los caracteres categoriales del ser, de la substancia, de la causalidad, etc.

    Si el físico no estuviera convencido de que: 1) hay objetos, 2) de que esos objetos pueden ser conocidos, 3) de que están sometidos a causas y efectos, y 4) de que hay leyes en la naturaleza que van a ser precisamente las que va a intentar descubrir ¿qué sentido tendrían los pasos que da hacia su laboratorio? ¿qué sentido tendría preguntarse por la inducción como método de investigación empírica?

    Inducción y deducción son dos métodos de investigación. La deducción se comprende muy fácilmente. Consiste en una serie de razonamientos que son todos de tipo analítico. Dada una premisa se extrae una conclusión que está contenida en la premisa inicial. La legitimidad de la deducción queda determinada simplemente por la aplicación del principio de identidad. Pero, ¿qué legitima la inducción? Ese es un problema crucial que Kant ya ha dado solución.

    Si decimos, “el calor dilata los cuerpos” estamos enunciando una premisa obtenida por y mediante la experiencia, es decir, que a partir de observaciones particulares hemos llegado a una conclusión general. Preguntar por la legitimidad de la inducción, método de investigación empírica, consistía al mismo tiempo, en preguntarse sobre la posibilidad de los juicios sintéticos a priori, preguntarse por la misma ciencia.

    (Kant rompe el estado de incertidumbre y escepticismo al que había llegado -sin proponérselo- Hume, estado en el que la perjudicada era la propia ciencia. Conviene recordar en este momento el problema de la causalidad en Hume, y la “respuesta” o “solución” que ofrece el propio Kant)

    Fenómeno /

    noúmeno

    Repitiendo (otra vez!). Lo que el yo es cuando se convierte en sujeto cognoscente, lo es en relación con el objeto a conocer, y lo que el objeto a conocer es cuando deja de ser mera sensación, mero montón de impresiones, para convertirse en objeto a conocer, lo que el objeto a conocer, lo es no “en sí” (noúmeno), sino en relación con el sujeto cognoscente. Y entonces, ni el sujeto cognoscente es “en sí”, ni el objeto a conocer es “en sí”, sino que el sujeto cognoscente es tal para el objeto, en la función de conocer, y el objeto a conocer es tal para el sujeto cognoscente, en la función de conocer, pero no “en sí y por sí” (fenómeno)& .

    El error de todos los anteriores filósofos (idealistas) fue considerar que de algún modo podía penetrarse en el “en sí”, en el “yo en sí”, en el yo independientemente de que sea sujeto cognoscente, o en la “cosa en sí”, independientemente de que sea objeto a conocer.

    Creían los filósofos anteriores que las categorías eran propiedades de las cosas en sí mismas. Hume tenía razón al disipar la idea del yo y la idea del alma en una serie de impresiones, en cuya serie no hay ninguna impresión que sea especialmente la del yo. Ni el sujeto cognoscente, ni el objeto conocido o a conocer, son “en sí”. Son como dice Kant, fenómenos.

    Hasta aquí podemos observar cuál es la filosofía que propugna y defiende Kant, el idealismo trascendental: que consiste en la afirmación de que el espacio el tiempo y las categorías son condiciones de posibilidad de la experiencia, de los fenómenos, y no propiedades o rasgos reales de todas las cosas en sí mismas.

    DIALÉCTICA

    trascendental

    Hemos visto con la Estética y la Analítica, las condiciones de todo conocer, las condiciones de toda objetividad en general. Pero existe desde los tiempos inmemoriales una disciplina, un quehacer intelectual que se llama metafísica. La metafísica tiene la pretensión de conocer las cosas en sí mismas, del conocimiento nouménico de la realidad. La metafísica cree poder demostrar que el sujeto cognoscente, independientemente de que sea sujeto cognoscente, es en sí y por sí un alma, y que ese alma es simple y por lo tanto inmortal. También la metafísica pretende que el objeto a conocer constituye en sí y por sí una substancia, el universo; asegura además, que por medio de razonamientos puros puede llegarse a conocer la cosa en sí y por sí que contiene en su seno la razón de todas las cosas, o sea, Dios.

    Kant llega en este momento a preguntarse: esta disciplina, ¿es posible como ciencia objetiva? ¿es legítima como disciplina? Eso que la metafísica pretende hacer, ¿puede hacerse? La respuesta a estas preguntas las desarrollará en la última parte de la Crítica de la Razón Pura que lleva el nombre de Dialéctica Trascendental.

    El término dialéctica ha adoptado varios sentidos a lo largo de la Hª. de la Filosofía; por ejemplo, en Platón cobraba el significado en cuanto método de ascenso de lo sensible a lo inteligible, permitiendo pasar de la multiplicidad a la unidad, y mostrar a esta como fundamento de aquella.

    En Aristóteles era una forma no demostrativa de conocimiento, es más bien disputa que ciencia.

    En Hegel y Marx, tomará otro sentido que ya trataremos en su debido tiempo, pero veamos ahora el que nos interesa:

    dialéctica significará para Kant, el tratamiento critico del razonar falso o sofístico, y dialéctica trascendental*, como una crítica del entendimiento y de la razón en atención a sus pretensiones de suministrarnos conocimientos de las cosas en-sí y de realidades suprasensibles, traspasando los límites de la experiencia, límites trazados y fijados en la Estética y Analítica.

    La misión de la Dialéctica consistirá pues, en mostrarnos cómo tales errores o ilusiones de la metafísica especulativa provienen de pasar por alto la distinción entre fenómeno y noúmeno. Podemos adelantarnos a la conclusión final, sabiendo de antemano que la metafísica no cumple los requisitos exigidos para ser ciencia como la física y la matemática, es decir, sus juicios no son sintéticos y a priori al mismo tiempo. Pero, sin embargo, aparece una pregunta fundamental: ¿cómo entonces llega la razón a formar “estos objetos”, alma, universo, Dios?. Prosigamos con el siguiente apartado:

    el proceder de la

    razón (Vernunft)

    El entendimiento se ocupa directamente de fenómenos y los unifica en juicios. La razón no se ocupa directamente de fenómenos de la misma manera, sino indirecta o mediatamente: la razón acepta los conceptos y los juicios del entendimiento e intenta unificarlos a la luz de un principio superior. Veamos como procede siguiendo el ejemplo que nos indica el mismo Kant:

    Si (A) todos los hombres son mortales

    y si (B) todos los estudiosos son hombres

    entonces concluimos que,(C) todos los estudiosos son mortales

    La conclusión (C) se entiende como consecuencia de la premisa mayor (A), y por medio y a través de la premisa menor (B). Pero está claro que también podemos proceder a buscar la condición de la verdad de la premisa mayor, es decir, podemos intentar presentar la premisa mayor (A)“Todos los hombres son mortales” como conclusión ella misma de un silogismo; veamos el ejemplo siguiente:

    Todos los animales son mortales

    Todos los hombres son mortales

    (B!!)Todos los hombres son mortales

    La nueva premisa mayor de este nuevo silogismo, puede entenderse como unificación de toda una serie de juicios como: todos los hombres son mortales, todos los gatos son mortales, todos los elefantes son mortales, y luego podemos someter la premisa mayor “Todos los animales son mortales” a un proceso análogo mostrándola al final como condición de un silogismo, unificando de este modo un campo más amplio aún de juicios varios.

    En los ejemplos dados hasta ahora es obvio que la razón no produce espontáneamente esos conceptos y juicios. En esos ejemplos la razón se ocupa de la razón deductiva entre los juicios suministrados por el entendimiento en su uso empírico. Pero es un rasgo peculiar de la razón el que no se contente en ningún estadio alcanzado en este proceso de unificación con ninguna premisa que sea aún ella misma condicionada, que pueda, esto es, presentarse como conclusión de un silogismo. La razón busca lo incondicionado, y lo incondicionado no es dado en la experiencia. Proceder hacia arriba es una máxima de la razón. La razón nos empuja a buscar una unificación cada vez mayor del conocimiento, a tender cada vez más hacia lo incondicionado.

    Hasta aquí hemos visto que es legítimo que la razón obre así, que tienda a buscar siempre síntesis superiores, así obra el científico, el investigador. Sin embargo las consecuencias pueden ser otras, y será Kant quien tenga que denunciarlas. Volvamos por ahora a la cuestión fundamental: ¿cómo han surgido en nosotros los conceptos, alma, universo, Dios?

    Llamamos alma a la síntesis que la razón verifica de todas nuestras vivencias.

    Del mismo modo el concepto universo surge como síntesis de la razón a todo objeto de conocer, a todo cuanto existe.

    Y en Dios se ha hecho la suprema síntesis, la síntesis en cuyo seno está contenida radical o germinalmente la última suprema razón, no sólo de las cosas que existen, del mundo, del universo, sino también de mis vivencias y de mi alma misma.

    Pues bien, a esas unidades supremas, a esas unidades totalitarias, Kant les da el nombre de ideas. Este término aparece constantemente a lo largo de la historia y con usos y acepciones diferentes. Lo encontramos por vez primera en Platón, significando la visión de la esencia de las cosas, unidad del mundo inteligible. Idea en Locke, significó cualquier fenómeno psíquico. En Hume idea se contrapone a impresión, vivencia que reproduce una anterior impresión. Y ahora nos encontramos con que Kant da a la palabra idea otro sentido, que es el de estas unidades absolutas, el de estas unidades totalitarias, que la razón, saltando por encima de las condiciones del conocimiento, saliéndose de esos límites, construye más allá de los límites de toda experiencia posible.

    "Puede decirse que el objeto de una mera idea trascendental es algo de que no se tiene concepto, aún cuando dicha idea ha sido producida necesariamente en la razón, según sus leyes originarias. Pues en realidad, de un objeto que debe ser adecuado a la exigencia de la razón no es posible ningún concepto del entendimiento, es decir, un concepto que pueda ser mostrado en una experiencia posible y hecho intuible en ella. Mejor y menos expuesta a malas inteligencias sería la expresión que dijera: que nosotros no podemos tener del objeto, que corresponde a una idea, ningún conocimiento, aunque sí un concepto problemático.

    Ahora bien, por lo menos la realidad trascendental (subjetiva) de los conceptos puros de la razón se funda en que, por un raciocinio necesario, somos conducidos a esas ideas. Así pues, habrá raciocinios que no contengan premisas empíricas y por medio de los cuales de algo que conocemos inferimos alguna otra cosa, de que no tenemos ningún concepto, y a la cual, sin embargo, por una ilusión inevitable, damos realidad objetiva. Esos raciocinios, pues, por su resultado, merecen llamarse más bien paralogismos que raciocinios; aun cuando por su advenimiento podrían muy bien llevar este último nombre, pues no han sido fingidos ni han nacido casualmente, sino que han sido originados en la naturaleza de la razón. Son sofismas no de los hombres sino de la razón pura misma, de los cuales ni el más sabio de los hombres podría desasirse; acaso podrá, después de mucho esfuerzo, evitar el error, pero de la ilusión que sin cesar le obsede y engaña, no puede librarse nunca por completo.

    De estos raciocinios dialécticos hay pues tres especies, tantas como son las ideas a que conducen sus conclusiones. En el raciocinio de la primera clase, infiero del concepto trascendental del sujeto, que no contiene nada múltiple, la absoluta unidad de ese sujeto mismo, del cual, de esta manera, no tengo ningún concepto. A este raciocinio dialecto le daré el nombre de paralogismo trascendental. La segunda clase de raciocinios sofísticos está dispuesta sobre el concepto trascendental de la absoluta totalidad de la serie de condiciones, para un fenómeno en general dado; y de que tengo siempre un concepto contradictorio de la incondicionada unidad sintética de la serie, en una parte, infiero la exactitud de la unidad opuesta, de la cual, sin embargo, no tengo ningún concepto. Al estado de la razón, en estos raciocinios dialécticos, daré el nombre de antinomias de las razón pura. Por último, en la tercera especie de raciocinios sofísticos, infiero de la totalidad de las condiciones para pensar objetos en general, en cuanto pueden serme dados, la absoluta unidad sintética de todas las condiciones de la posibilidad de las cosas en general; es decir, de cosas que no conozco, según su mero concepto trascendental, infiero un ser de todos los seres, que conozco menos aún por un concepto trascendental y de cuya incondicionada necesidad no me puedo formar ningún concepto. A este raciocinio llamaré ideal de la razón pura."

    Hemos hablado anteriormente de la legitimidad de la razón de obrar así. No es por tanto caprichosa. La razón aspira en el fondo de sí misma a llegar a lo incondicionado. Sin embargo lo incondicionado no se da en nuestra experiencia. Entonces, en vez de ir de condición en condición en un proceso infinito, en una serie infinita, salta sobre la serie, toma la totalidad de la serie, la sintetiza en una idea y la estatuye en el alma, el universo y Dios.

    Fue el filósofo racionalista Wolff el que especificó dentro de la metafísica, las tres disciplinas que estudian estas `ideas': La psicología racional tendrá como objeto de estudio el alma; la cosmología racional, el mundo; y la teología racional a Dios

    “la primera contendrá la unidad absoluta (incondicionada) del sujeto pensante; la segunda, la unidad absoluta de la serie de las condiciones del fenómeno: y la tercera, la unidad absoluta de la condición de todos los objetos del pensamiento en general”

    Kant nos denunciará los errores lógicos cometidos por estas disciplinas.

    psicología

    racional

    Kant ataca duramente a la psicología racional, a la parte de la metafísica encaminada a mostrar que el alma es simple y por tanto inmortal. Kant hace ver que nosotros no podemos predicar del alma absolutamente nada, porque el alma no puede ser objeto a conocer, no puede ser fenómeno dado en la experiencia. En la experiencia, en el tiempo, que es donde se dan los fenómenos anímicos, lo único que obtenemos cuando miramos hacia nosotros mismos es una serie constante de vivencias, que van desplazándose unas a otras (ahora una vivencia, luego esta otra, luego otra) y que además cada una de la vivencias tiene en sí, dentro de sí, una señal doble: es por un lado vivencia de un yo y por otro lado vivencia de una cosa; pero no encontramos ninguna vivencia que pueda ser considerada como eso que llamamos el alma. Por lo tanto, no podemos, sin transgredir las leyes del conocimiento (objetivo), considerar el alma como una cosa a conocer. Tendríamos que extraer, sacar el tiempo, que es el marco o el carril general en donde discurren nuestras vivencias, para encontrar fuera del tiempo eso que llamamos alma, simple, substancia, inmortal. Pero nosotros no podemos salirnos del tiempo, puesto que el tiempo es, junto con el espacio, la primera de las condiciones de todo conocimiento posible. La razón comete un simple paralogismo*, o razonamiento equivocado: el atribuirle al concepto alma la categoría de substancia, saltándose, como hemos visto los límites impuestos en la Estética (tiempo). La psicología metafísica es transgresora porque comete una totalización indebida.

    cosmología

    racional

    Kant en este apartado va a dedicarse al segundo gran problema de la metafísica: el problema del universo. Aquí utilizará un método profundo. El método consistirá en mostrar lo que Kant llama antinomias$ de la razón pura. Las antinomias son el resultado de un proceder ilógico, error de principio (y desde el principio), al considerar los metafísicos el mundo como una cosa en sí, y llegar al sorprendente resultado de que al universo podemos predicar propiedades contradictorias al mismo tiempo. Cada una de estas contraposiciones, tesis y antítesis, las llama antinomias. Kant nos descubre cuatro.

    Primera antinomia:

    Tesis: el universo tiene un principio en el tiempo y límites en el espacio.

    Antítesis: el universo es infinito en el tiempo y en el espacio

    Segunda antinomia:

    Tesis: todo cuanto existe en el universo está compuesto de elementos simples, indivisibles.

    Antítesis: lo que existe en el universo no está compuesto de elementos simples, sino de elementos infinitamente divisibles.

    Tercera antinomia:

    Tesis: el universo tiene que haber tenido una causa, que no sea ella a su vez causada

    Antítesis: el universo no puede tener una causa que ella a su vez sea causada

    Cuarta antinomia:

    Tesis (variante de la anterior): ni en el universo ni fuera de él no puede haber un ser necesario

    Antítesis: en el universo o fuera de él ha de haber un ser que sea necesario

    En las dos primeras antinomias el error consiste en que se ha tomado el espacio y el tiempo como cosas en sí mismas, en vez de tomarlos como formas que nuestra facultad de conocer aplica o imprime a los fenómenos. La solución a las dos consiste en decir que son falsas las tesis y las antísesis, porque se parte de un supuesto contrario a las leyes y condiciones del conocimiento.

    Pero las dos últimas antinomias, la solución para Kant es la contraria. La tesis y la antítesis pueden ser ambas verdaderas porque las tesis se toman en el sentido ajustado a las leyes del conocimiento. Pero en cambio las dos antítesis se salen de las condiciones de todo conocimiento posible y se refieren a cosas “en sí” mismas. Las tesis son válidas en el mundo de los fenómenos, mientras que las antítesis son válidas en el mundo de los noúmenos.

    (Kant empieza a dejarnos entrever que hay dos tipos de conocimiento, uno físico, y otro, más alla de lo físico!)

    teología

    racional

    Kant también encuentra en las pruebas que tradicionalmente se vienen dando de la existencia de Dios -el ideal de la razón pura-, un error de razonamiento, el cual consiste, igualmente que en los anteriores, en eludir la razón las condiciones de todo conocimiento posible, de toda objetividad posible.

    Kant agrupa las pruebas tradicionales de la existencia de Dios en tres argumentos principales: el argumento ontológico, el argumento cosmológico y el argumento físico-teológico

    argumento ontológico

    Fue San Anselmo el que propuso por primera vez el argumento ontológico, siendo posteriormente Descartes el que nos ofrece exposiciones más detalladas. Es el argumento que consiste en partir de la idea de un ser, de un ente perfecto hasta llegar a su existencia. (Un ente perfecto no es un ser carencial, pues entonces sería imperfecto, por tanto tiene existencia = no le falta nada).

    Kant discute este argumento y muestra que la existencia, tiene un sentido muy claro y muy completo en la serie de las condiciones del conocimiento posible. Existir, la existencia, es una categoría, que aplicamos a las percepciones sensibles. Podemos decir que tenemos idea de un ente perfecto, y que ese ser perfecto existe porque en la idea de ente perfecto está contenida la idea de existencia. Pero de ideas no salimos. La existencia auténtica, o como dice Kant “lo que diferencia a cien táleros* realmente existentes de cien táleros ideales” no es nada más que esto: que los cien táleros ideales no son sensibles, perceptibles.

    argumento cosmológico

    Consiste este argumento en ir enumerando series de causas hasta tener que llegar a detenerse en una causa incausada, que es Dios. Es muy fácil de refutar: el error del razonamiento consiste en que se cesa de pronto de aplicar la categoría de causalidad sin motivo alguno

    argumento físico-teológico

    Este es el argumento popular por excelencia, es el de la finalidad (teleologismo). Consiste en describir y descubrir en la naturaleza una porción de formas reales de cosas, (como por ejemplo de la maravilla de la estructura del ojo humano a la maravilla de los organismos animales), formas y organizaciones que no pueden explicarse sino suponiendo una inteligencia creadora que les haya impreso esas formas tan perfectamente estructuradas para la realización de los fines. Es el argumento sacado de la teología. Pero Kant aquí también muestra que el concepto de fin es uno de esos conceptos metódicos que nosotros hacemos para la descripción de la realidad, pero de lo cual no podemos sacar ninguna otra consecuencia, sino que tal o cual forma es adecuada a un fin. No podemos, sin salirnos de los límites de la experiencia, sacar de esa adecuación a un fin conclusiones referentes al creador de esas formas.

    Resultados y

    conclusiones

    Siguiendo la Dialéctica hemos visto cómo Kant va mostrando en cada una de las argumentaciones de la metafísica el error que todas ellas cometen, y que consiste en que se salen de los límites de la experiencia, en que aplican las categorías o no las aplican según capricho, en que toman por objeto a conocer lo que no es objeto a conocer, sino cosa en sí misma. La metafísica por consiguiente, comete la falta especial de querer conocer lo incognoscible. Es pues, una disciplina imposible, imposible como conocimiento objetivo de la realidad, imposible como ciencia!!!

    La Crítica de la Razón Pura nos conduce a la conclusión de que la metafísica es imposible como conocimiento científico. Todo razonamiento que tenga la pretensión de ser a un mismo tiempo conocimiento científico y llegar a captar cosas “en sí”, es necesariamente inválido, imposible, y la metafísica desde Parménides viene teniendo la pretensión de ser, en efecto, un conocimiento científico, racional, teorético, pero, como hemos visto, es absolutamente imposible.

    Pero, ¿no habrá otra vía, otro camino, que no sea el del conocimiento científico, teorético y que nos conduzca a las cosas “en sí” de la metafísica. Supongamos que haya una vía no científica, cognoscitiva, sino apoyada en otra actividad de la conciencia humana, que no sea la actividad de conocer. Entonces la Dialéctica Trascendental cobra una importancia suma. ¿Por qué? Porque si bien es cierto que la Dialéctica Trascendental demuestra que la razón humana, en su labor cognoscitiva, teorética, no puede hacer de la metafísica una ciencia objetiva, también demuestra que no se puede refutar la metafísica que por otras vías (no científicas) se haga. De modo que Kant, sabia y previsoramente, le ha puesto una coraza a la nueva metafísica que va a hacer. La Dialéctica Trascendental elimina la metafísica como conocimiento teorético, pero elimina también los ataques que el conocimiento teorético científico pueda hacer a otra metafísica que no esté basada en la actividad cognoscitiva de la razón, sino en otras actitudes.

    !Zapatero a tus zapatos! Kant concede a los físicos el que no tengan que ocuparse en afirmar el alma, ni Dios, ni el universo, pero también les exige que no se ocupen de esos objetos tampoco para refutarlos. Que los físicos hagan física en su laboratorio y no intenten hacer metafísica ni siquiera para refutar sus argumentos, pues la harían muy mal.

    Kant elimina todo idealismo iniciado por Descartes y elimina la propensión de Hume de negar radicalmente toda actividad metafísica, concluyendo que la metafísica no podrá ser nunca objeto de un conocimiento racional. Pero va a inagurar las bases de una `nueva' metafísica.

    ¿En qué consistirá a partir de ahora la metafísica? Ya se ha dicho que `la nueva metafísica' tendrá un tratamiento diferente en otro campo no propiamente empírico. Para ello Kant tendrá que escribir la Crítica de la Razón práctica para asentar las bases de la moralidad en el campo práctico. No olvidemos lo que ha hecho Kant hasta ahora: ha hecho filosofía! ¿y en qué ha consistido?, pues en señalar los límites del conocimiento empírico y procurar que no haya interferencias entre ciencia y metafísica. Esta parte de su obra, que podríamos calificar de epistemológica, será considerada en los siglos posteriores por algunas corrientes del pensamiento como la única posibilidad de actividad filosófica.

    CRÍTICA DE LA

    RAZÓN PRÁCTICA

    Kant en la primera crítica ha hecho un gran esfuerzo explicándonos la posibilidad del conocimiento de los hechos, marcando al mismo tiempo los límites a ese conocimiento. Ahora bien, es obvio que la actividad racional humana no se limita sólo al conocimiento de hechos, al conocimiento de objetos. El hombre necesita también conocer cómo ha de obrar, cómo ha de ser su conducta, responderse a sí mismo a las preguntas:

    *b) ¿qué debo hacer? y,

    c) ¿qué me está permitido esperar?

    Si la metafísica es imposible como conocimiento científico, o como dice Kant, teorético, especulativo, no se ha dado todavía la última palabra para que en otro ámbito, no sea en absoluto imposible. Kant piensa que tras el examen crítico de la razón pura existen unos caminos conducentes a los objetos de la metafísica, pero que no son los conocimientos del conocimiento teórico-científico. ¿Cuáles son estos caminos?

    la conciencia

    Nuestra personalidad humana no consta solamente de la actividad de conocer. El hombre trabaja, el hombre está junto a sus semejantes, establece vínculos morales, religiosos, políticos...por consiguiente el campo vasto de la actividad humana trasciende con mucho de la simple actividad del conocimiento.

    Entre otras, hay una forma de actividad espiritual que podemos condensar en el nombre de “conciencia moral”. La conciencia moral contiene dentro de sí un cierto número de principios, en virtud de los cuales los hombres rigen su vida. Acomodan su conducta a esos principios y, por otra parte, tienen en ellos una base para formular juicios morales acerca de sí mismos y de cuanto les rodea. Esa conciencia moral es un hecho de la vida humana, tan real, tan efectivo, como el hecho del conocimiento.

    Mas la conciencia moral no es conocimiento objetivo, no nos presenta la realidad esencial de algo, sino que es un acto de valoración, y ese acto de valoración es el que nos pone en contacto directo con otro mundo, que no es el mundo de los fenómenos, que no es el mundo de los objetos a conocer, sino un mundo puramente inteligible, en donde no se trata ya del espacio, del tiempo ni de las categorías; es un mundo de realidades suprasensibles a las cuales no llegamos como conocimiento, sino como directas intuiciones de carácter moral que nos ponen en contacto con otra dimensión de la conciencia humana, que es la dimensión no cognoscitiva sino valorativa y moral. De modo que nuestra personalidad total es la confluencia de dos focos, por decirlo así: uno, nuestro yo como sujeto cognoscente, que se expande ampliamente sobre la naturaleza en sus causas y efectos y su desarrollo en la ciencia, en el conocimiento científico. Pero al mismo tiempo ese mismo yo, que cuando conoce se pone a sí mismo como sujeto cognoscente, ese mismo yo es también conciencia moral, y superpone a todo ese espectáculo de la naturaleza, sujeta a leyes naturales de causalidad, una actividad estimativa, valorativa, que se refiere a sí misma, no como sujeto cognoscente, sino como activa, como agente; y que se refiere a los otros hombres en la misma relación.

    Pues bien, en ese conjunto de principios que constituyen la conciencia moral, encuentra Kant la base que puede conducir al hombre a la aprehensión de los objetos metafísicos.

    A ese conjunto de principios de conciencia moral Kant le da un nombre que ya utilizó Aristóteles. Aristóteles llama a la conciencia moral y sus principios “Razón práctica” (nous practikós). No es la razón aplicada al conocimiento de las cosas, sino que es la razón aplicada a la acción, a la práctica, aplicada a la moral.

    Los calificativos morales como bueno, meritorio, pecaminoso, etc. los solemos predicar a las cosas, aunque esos calificativos no conviene a las cosas que son indiferentes al bien y al mal, sino sólo a las personas humanas. ¿Por qué? Pues porque en los actos del hombre podemos distinguir dos elementos: lo que el hombre hace efectivamente y lo que quiere hacer. Los juicios bueno o malo no los emitimos a los actos de un hombre, sino a su voluntad. Decimos que un hombre tiene buenas o malas intenciones, que tiene buena o mala voluntad.

    el imperativo

    De ello se sigue la siguiente pregunta ¿en qué consiste una voluntad buena. Encaminado en esta dirección Kant advierte que todo acto voluntario se presenta a la razón, a la reflexión, en la forma de un imperativo* . En efecto, todo acto, en el momento de iniciarse, de comenzar a realizarse, aparece a la conciencia bajo la forma de mandamiento: `hay que hacer esto', `esto tiene que ser evitado'...

    Esa forma de imperativos Kant los dividirá en dos clases: los imperativos hipotéticos y los imperativos categóricos.

    Imperativos hipotéticos son aquellos imperativos que no se formulan de modo absoluto, sino condicionado, y cuya fuerza normativa depende de la aceptación previa de una condición, obligando sólo a aquellas personas que quieran conseguir el fin que se propongan. Tal sería el imperativo “Si quieres sanar de tu enfermedad, toma tal medicina”. El imperativo toma la medicina, será solamente válido si se quiere sanar.

    En cambio hay otros imperativos que no están sujetos a condición alguna. Por ejemplo no matarás, no robarás. Kant quiere reducir -y en esto consiste el llamado formulismo ético kantiano- todas esas leyes morales materiales a un único imperativo categórico de índole formal, a una estructura vacía de contenido material, pero que permita regular la conducta moral.

    Una voluntad es plena y realmente pura, moral, valiosa, cuando sus acciones están regidas por imperativos auténticamente categóricos.

    Autonomía y heteronomía

    Kant hace una distinción entre voluntad autónoma y heterónoma. Todas las éticas que la historia conoce, y en las cuales los principios de la moralidad son hallados en contenidos empíricos de la acción, resultan necesariamente heterónomas; consisten necesariamente en presentar un tipo de acción para que el hombre ajuste su conducta a ella

    Solamente es autónoma aquella formulación de la ley moral que pone en la voluntad misma el origen de la propia ley. Ahora bien, esto obliga a que la propia ley que se origina en la voluntad misma no sea una ley de contenido empírico, sino una ley puramente formal

    Tres diferentes formulaciones nos ha dejado del imperativo categórico único:

  • obra según la máxima que pueda hacerse a sí misma al mismo tiempo ley universal.

  • obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca únicamente como medio.

  • obra por máximas de un miembro legislador universal en un posible reino de los fines.

  • Pero para que el hombre sea un sujeto moral, es decir, que pueda decidir autónomamente a través de su conciencia, se necesitan unos presupuestos que fundamenten esa posibilidad.

    Los postulados de

    la Razón Práctica

    En tiempos de Kant se distinguían, entre las proposiciones matemáticas, tres tipos:

    a) Axiomas, proposiciones evidentes por sí mismas y que no necesitan demostración ni pueden demostrarse; por ejemplo, “toda cantidad es igual a sí misma”

    b) Teoremas, proposiciones que no son evidentes por sí mismas, pero que pueden ser demostradas, hecho lo cual ya se hacen evidentes; por ejemplo, el teorema de Pitágoras.

    c) Postulados, proposiciones que no son evidentes por sí mismas y no pueden demostrarse, pero que se aceptaban ya que, caso de no hacerlo, era imposible construir la Matemática. Tal era el caso del postulado 5º de Euclides, el famoso postulado de las paralelas, según el cual, en un plano y por un punto exterior a una recta sólo puede trazarse a dicha recta una paralela.

    La libertad

    Si la conciencia moral es un hecho tan hecho como el hecho de la ciencia, y si del hecho de la ciencia hemos extraído nosotros las condiciones de la posibilidad del conocimiento científico, igualmente del hecho de la conciencia moral tendremos que extraer también las condiciones de la posibilidad de la conciencia moral. Y una primera condición de la posibilidad de la conciencia moral es que postulemos la libertad de la voluntad (del latín postulo = pedir) El postulado de la libertad es el primer postulado con que Kant inagura la metafísica extrayéndolo de la ética.

    El hombre no está programado. ¿Cómo podría ser la voluntad moralmente meritoria, digna de ser calificada de buena o de mala, si la voluntad estuviese sujeta a la ley de los fenómenos, a la ley de causalidad, sujeta a un determinismo natural?

    Es un hecho que nosotros lo malo lo censuramos, lo vituperamos, y es un hecho también que al santo lo respetamos, lo alabamos, lo aplaudimos. Esta valoración que hacemos de unos hombres en el sentido positivo y otros en el sentido negativo (peyorativo) es un hecho. ¿Qué sentido tendría este hecho si la voluntad no fuese libre?

    Pues bien, siguiendo con nuestra labor de postulación nos encontraremos con el segundo postulado de la razón práctica:

    La inmortalidad

    Un deber irrealizable es algo sin sentido, una contradicción. Todo deber exige el poder ser realizado. Sin embargo, en esta vida es imposible para el hombre realizar plenamente el cumplimiento del deber por el puro respeto a su carácter de deber. Tal pureza de intención no la puede conseguir el hombre de forma completa. Luego es necesario que exista otra vida donde se alcance esa perfección y donde el deber se realice solamente por ser deber. La perfecta moralidad exige, pues la inmortalidad.

    Dios

    Hay una serie de condiciones metafísicas que han de cumplirse, condiciones de la conciencia moral. Hemos visto una, la libertad de la voluntad. Otra de ellas es la inmortalidad del alma. La tercera es la seguridad de que en ese mundo no hay abismo entre el ideal y la realidad; la seguridad de que en ese mundo no hay separación o diferenciación entre lo que yo quisiera ser y lo que soy, entre lo que mi conciencia moral quiere que yo sea y lo que la flaqueza humana en el campo de lo fenoménico hace que sea.

    La característica de nuestra vida moral es desgarramiento, dolor, sacrificio, tragedia. En nuestra vida nosotros nos encontramos con que quisiéramos ser santos, pero no lo somos. En nuestra vida colectiva, encontramos que quisiéramos que la justicia fuese total y plena y completa, pero nos encontramos con que muchas veces prevalece la injusticia y el crimen. Tiene que existir `alguien' que garantice la armonía y el encuentro entre la felicidad y el cumplimiento del deber, armonía sin la cual el deber no tendría sentido.

    -Por lo tanto es absolutamente necesario que tras este mundo, en un lugar metafísico allende este mundo, esté realizada esa plena conformidad entre lo que “es” en el sentido de realidad y lo que “debe ser” en el sentido de la conciencia moral. Y a esa unión de lo más real que puede haber con lo más ideal que puede haber, la llama Kant Dios.

    Dios es, pues, aquel ente metafísico en donde la más plena realidad está unida a la más plena idealidad

    Así pues, por estos caminos, que no son los caminos del conocimiento científico, sino que son vías que tienen su origen en la conciencia moral, llega Kant a los objetos metafísicos que en la Crítica de la Razón pura había declarado inaccesibles para el conocimiento teorético. Lo auténticamente importante de su obra, sobre todo por las repercusiones que tiene en la filosofía posterior a él, es la afirmación de que la filosofía no se ha de realizar utilizando la razón especulativa, sino que es fruto de la razón práctica.

    Bibliografía:

  • García Morente. Lecciones preliminares de filosofía. Porrúa. México 1971

  • J. Barrio Historia de la Filosofía. Vicens Vives. Barcelona 1979

    Copleston. Historia de la filosofía. Vol. 6. Ariel

    Ferrater Mora. Diccionario de Filosofía

    * sinónimos: disposición, reglas, normativa = conjunto de normas que rigen una organización

    *dogmático/dogmatismo: en filosofía guarda una relación directa con la teoría del conocimiento. Se entiende en tres sentidos: 1. Como la posición propia del realismo ingenuo, que admite no solo la posibilidad de conocer las cosas en su ser verdadero, sino también la efectividad de este conocimiento en el trato directo y diario con las cosas. 2. Como la confianza absoluta en un órgano determinado de conocimiento, principalmente la razón 3. Como la completa sumisión sin examen personal a unos principios o a la autoridad que los impone o revela

    * Recordar el texto introductivo a la C.R.P. referente a la metafísica: “Ensáyese pues una vez si no adelantaremos más en los problemas de la metafísica, admitiendo que los objetos tienen que regirse por nuestro conocimiento, lo cual concuerda ya mejor con la deseada posibilidad de un conocimiento a priori de dichos objetos, que establezca algo sobre ellos antes de que nos sean dados”.

    & “No puede haber duda de que todo nuestro conocimiento empieza con la experiencia...Pero aunque todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia, de ello no se sigue que todo él proceda de la experiencia”

    *” independiente de la experiencia”, que no tiene su origen en la experiencia

    * Metafísica tiene dos acepciones en Kant: 1. En el sentido tradicional y 2. como “fundamento de cualquier sistemático conocimiento de la naturaleza”. (Conjunto de aquellos conocimientos básicos que sirven de fundamento a la ciencia empírica de la naturaleza) Que no haya confusiones “a posteriori”!

    $ Kant llama “apariencia” al objeto de una intuición sensible. Y en la apariencia se distinguen dos elementos: la materia y la forma

    * “Sin la sensibilidad no nos sería dado objeto alguno, y sin el entendimiento ningún objeto sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegos...Estas dos potencias o facultades no pueden intercambiar sus funciones. El entendimiento es incapaz de intuir y los sentidos son incapaces de pensar. El conocimiento no puede surgir sino de la cooperación de ambos

    % Revisar en páginas anteriores el plan de la C.R.P., segunda parte

    * Kant denomina a las categorías, según la cantidad en axiomas de la intuición; según la cualidad en anticipaciones de la experiencia; según la relación en analogías de la experiencia; y según la modalidad en postulados del pensamiento empírico en general

    * enseñanza preparatoria para el estudio de una disciplina

    & lo que aparece o se muestra al sujeto (de conocimiento)

    * 2ª división de la 2ª parte de la Lógica Trascendental

    *raciocinio, razonamiento o silogismo falso en el que no existe conciencia de su falsedad. Hay que distinguirlo del sofisma, en el que sí existe conciencia de su falsedad, teniendo su utilización, como único objetivo, confundir mediante disputa al contrario

    $ de ðððð = contra; y ððððσ = ley. Conflicto entre dos leyes

    * tálero. Moneda de plata que fue la unidad monetaria de los países germánicos

    * Recordemos que Kant ya ha dado respuesta en la Estética y en la Analítica a la primera pregunta de orden gnoseológico: ¿qué puedo saber?

    * prescripción de orden moral que obliga a cumplirse

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