Julio Romero de Torres: Símbolo, materia y obsesión

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'Julio Romero de Torres: Smbolo, materia y obsesin'

Julio Romero de Torres

Símbolo, materia y obsesión

Julio Romero de Torres.

Símbolo, materia y obsesión.

El simposio tiene como principal objetivo el desterrar los ángulos muertos y estereotipos vertidos durante tanto tiempo sobre el artista. Intenta descubrir su verdadero rostro, su verdadera identidad, arraigo cultural e importancia pictórica desde la sociedad de la época hasta nuestros días.

El simbolismo y sus mitos

El simbolismo se concibe más que como un movimiento artístico consciente como una idea. Es una idea donde se confunde lo antiguo con lo moderno, tiene gran importancia la ambigüedad.

Analizaremos esta “idea” desde el punto de vista de siete conceptos míticos: la belleza, el dandismo, la decadencia, el artificio, la espiritualidad, el sexo y la mujer.

La Belleza

Los simbolistas entienden la belleza como una categoría a priori. Estamos acostumbrados a pensar que la belleza sólo se puede ver desde fuera, que pertenecen a una identidad emotiva. Los simbolistas tratan de radicalizar aspectos objetivos que ellos consideran bellos, llegando a ser obsesivos en sí mismos. Lo bello es objeto de la codicia, la admiración y el deseo. Son por tanto herederos de Gautier en lo respectivo a esta obsesión. Consideran que si algo es arte, debe imitarse pues es bello.

En esta búsqueda por la belleza contribuyeron los estudios sobre el renacimiento, que fueron determinantes en la concepción de su estilo. Admiran la belleza maldita y fatal de La Gioconda de Leonardo Da Vinci, y toman también los caracteres de representación del renacimiento como son el retrato femenino, estereotipado y con paisajes perdidos de gran belleza a la vez que difusos, y el desnudo.

Es influyente para los simbolistas la aparición de un nuevo arte como es la fotografía, que significa un cambio en la percepción en comparación a la pintura, pues concentra la expresividad, incide en el dibujo, en las sombras y en los grises.

En el simbolismo adquiere un gran protagonismo la expresión y la gesticulación, pues en ellos se aprecia desde el máximo dolor al máximo placer.

Para ellos lo artístico es lo ostentoso y lo caro, además los objetos son místicos, fetichistas.

La belleza no está en nosotros, sino que es el refugio frente a lo vulgar de la vida. Lo natural es lo opuesto a lo bello. Por eso se buscan lugares imaginarios donde se desearía morar eternamente. Los artistas eligen por ello a la exótica India y a las civilizaciones perdidas: Cartago, Egipto, y sobretodo Bizancio, pues es un imperio en constante decadencia durante siglos. También se siente atracción por las ciudades ancladas en el pasado, que no se corresponden con el tiempo moderno ni se han integrado, siendo las favoritas Florencia, Venecia y Brujas.

El Dandismo

El dandy: intelectual burgués de escala social baja que asciende a una más alta por su alto nivel cultural. Es elegante y refinado. Siente fascinación por la sofisticación y es diletante, ve en la belleza un gozo. Lleva ropas caras, es extravagante y posee un cierto humor irónico. En una definición que hacer Oscar Wilde ellos dice : “... la vida es la mayor belleza y la primera de los artes..”

Los artistas se caracterizan en sus autorretratos como Dandis, aparecen con languidez británica, misteriosos, recostados con dejadez en los sillones.

La Decadencia

Para ellos la vida es un Apocalipsis final. Nacer es el inicio del final que nos espera. Pero no son pesimistas, sino que creen en que hay que aprovechar las circunstancias. Sienten un placer morboso por la decadencia. Y como ya hemos dicho antes, por las civilizaciones, pueblos, ciudades y personas en decadencia.

En su iconografía podemos apreciar:

Lo melancólico. Tonalidades discretas y lugares tristes y depresivos, decrepitud. Utilizan lo silencioso y olvidado que sugiere que algo pasó pero ya fue abandonado.

La muerte. Sobre todo de mujeres bellas.

Los viejos poderes del mundo, como los cardenales, la nobleza, que aunque todavía tienen poder, ya no lo representan.

El Artificio

Crear una huida de lo natural. Como dijimos antes la belleza es algo opuesto a lo natural, no se puede encontrar la belleza copiando la naturaleza. Importancia del gesto como el extremo de la sofisticación, pues indica un significado oculto que desconocemos y la mano, la máxima expresividad gestual y de las actividades mágicas. La pose se usa como un recurso y la mirada, los ojos como reflejo del espíritu.

El decorado donde están los personajes es ficticio. O bien son recargados y majestuosos, o dan la ilusión de que lo visto no pertenece a la realidad. Son lugares reales pero a la vez artificiosos.

Sienten fascinación por aquellas ceremonias y rituales en los que se desarrollan por normas ya establecidas, más allá de la voluntad de los propios participantes. En Julio Romero se distinguen dos ritos: los toros y la copla.

La Espiritualidad

Pasión por lo trascendente, por lo menos racional y por lo suprasensorial. En Europa sienten fascinación por la liturgia católica, pues para los países ortodoxos de norte es muy llamativa su gran cantidad de ritos. Consideran lo religioso como punto de confluencia de la extrema virtud y el extremo vicio. Se usa la mitología como vehículo de la espiritualidad. Sienten atracción por lo masónico y lo mágico: brujas, satanismo,...

El Sexo

Se dice que el fin del siglo XIX se estaba obsesionado por el sexo, pero lo único que sucede es que se rompen tabúes y se naturaliza. Cobra gran importancia el desnudo, que encarna la fantasía erótica. Desaparece el pudor y aparece por primera vez el vello púbico en los lienzos. Idea del sexo como perversidad y exhibicionismo.

Se muestra la angroginia asociada a lo absoluto, como signo de pureza y de renuncia al sexo, también de ambigüedad.

La Mujer

Aparece con belleza triste y melancólica, a la vez que como mujer fatal, dueña de su cuerpo, dominante, perversa, presuntuosa, deseada y destructora. Aparecen las figuras híbridas: sirenas, faunos, esfinges,...

Julio Romero de Torres en las colecciones argentinas.

En Argentina se tomó como base a Julio Romero de Torres para estudiar la pintura española de la época. Se tomaba la Gaceta de Madrid como meridiano del ámbito cultural hispanoamericano que estaba siendo saqueado por la cultura francesa e italiana.

En Argentina se publicaba Plus Ultra, una revista lujosa que tenía como destinatarios a las élites de la sociedad. En su interior se insta a los lectores al coleccionismo con unas hojas de buena calidad donde había buenas reproducciones de obras de arte de la actualidad. En ella, se mostraban también fotos de las mansiones de los artistas y de intelectuales. El estilo que se proponía era neoespañol/neocolonial y se elegía como rasgo de distinción. La obras de Julio Romero de Torres estaban muy bien consideradas y ocupaban lugares de privilegio en el hogar.

En Buenos Aires había constantemente exposiciones de arte español con selecciones de los mejores pintores entre ellos Julio Romero. En las exposiciones internacionales los españoles son los principales protagonistas. Se crea un Salón, al estilo del Salón de París, desde donde se dicta la estética de la tradición, dando, como no, suma importancia a lo hispano.

La presencia del pintor cordobés en Buenos Aires fue muy intensa. En textos de Valle-Inclán se le promociona antes de llegar, así como en las revistas de la época, y cuando llega es recibido con un gran éxito por el público, pues se empiezan a considerar sus obras como objeto de gran distinción sociocultural. Mientras tanto, en Madrid se lamenta la pérdida de estas obras.

En la senda de los simbolismos europeos.

Su influencia por lo europeo comienza en 1904, cuando realiza un viaje a París y por los países bajos. Observa a los artistas europeos y toma imágenes de ellos, imitando sus formas e imágenes. Se convierte en un eco de las señales artísticas europeas.

Este simbolismo quiere rescatar la edad de oro de la pintura. En él las personas aparecen como espectros con vestimentas clásicas en bosques sombríos, acantilados, lugares perdidos.

En 1905, recibe su primer gran encargo en el Círculo de la Amistad, en donde "juega" a ser un pintor europeo más, con un estilo poco romeriano, en el que quiere demostrar el conocimiento que ha adquirido. Se le pide que represente la música, la lectura y la escultura, y que mezcle lo clásico con lo contemporáneo.

En los años posteriores copiaba algunas pinturas antiguas de El Prado, de las no conocidas, y de pintores simbolistas europeos, agudizando su estilo. Empieza a dibujar las figuras en primer plano y el fondo desdibujado. El pintor primero dibuja las personas y luego les da historia, tomando como modelos de belleza los italianos del trescento y quatrecento, pero sobretodo tomando ejemplo de la obra de Leonardo Da Vinci. Del manierismo italiano toma la quietud de los personajes, el fetichismo y la sensación de atemporalidad.

Su simbolismo resultó más semejante al del norte de Europa que al de los franceses, por ejemplo. El decadentismo, sin embargo, fue más de los simbolistas centroeuropeos, de los que también tomó el sadismo callejero, la perversión sofisticada y elegante y la mujer fatal. El pecado de la carne acababa en la muerte del hombre, relación entre el sexo y la muerte. Encontró en Von Stuck una fuente de inspiración y un gusto que fue correspondido.

Evolución de la crítica sobre Julio Romero de Torres.

La obra de Julio Romero no fue comprendida por la gran parte de los críticos de su tiempo. La mayoría de estos se movieron entre dos polos opuestos: los reproches hacia la forma externa y las adulaciones que provocaban el lirismo en algunos de sus cuadros. Estas visiones enfrentadas provocaron basculaciones en cuanto a la consideración de sus cuadros.

La primera etapa romeriana tuvo una falta de interés por parte de la crítica. Estos cuadros se caracterizan por temas y formas concebidos para obtener reconocimientos en los certámenes nacionales.

En la segunda etapa, durante sus viajes europeos, se produce una evolución en su estética que cambió la forma de parecer de los críticos, que vieron cómo las tendencias europeas se introducían en la tradición española.

En la tercera etapa, se convirtió en el pintor de la alta burguesía, por lo que su crítica dejó de ser negativa. Tuvo siempre un gran defensor como fue Valle-Inclán, que decía de él que era el “Leonardo cordobés”.

Reflejos de la alteridad. Julio Romero de Torres como pintor orientalista.

En Europa se consideraban a los extremos de ella, España y Rusia, como símbolos del oriente extinguido: los árabes y Bizancio. Oriente era el lugar de lo ambiguo.

El orientalismo era cercano al simbolismo. Se usaban fondos orientales, las mujeres eran poseísticas con mirada penetrante. En el orientalismo, el observador era un poco un voyeur, se limitaba a ver la escena pero sin involucrarse.

Para los viajantes europeos España es Andalucía.

Romero de Torres y el simbolismo. El “Leonardismo”.

En su obra, y sobre todo entre 1908 y 1915, Julio Romero siente una atracción obsesiva por Da Vinci, y sobre todo por La Mona Lisa, y dentro de ella, sobre todo por su sonrisa. En este periodo encontramos la reiteración del modelo de la Gioconda en numerosos cuadros suyos.

La Mona Lisa tiene una posibilidad infinita, inagotable, tiene múltiples interpretaciones. Podría ser madre, soltera, monja, prostituta, vieja, joven, sana, enferma,... es una ambigüedad absoluta, un manojo de contradicciones.

Siempre se ha sentido admiración por la Mona Lisa, pero son los simbolistas los que las transforman en un fetiche. Ella es el emblema de la tradición artística occidental, se le desea poseer, raptar pero a la vez es inalcanzable. Los simbolistas vinieron a desarrollar esta idea, ven a la Mona Lisa como una mujer fatal, muerta y después resucitada, una vampiresa.

Dos historias paralelas: Vividoras del amor y Las democilles d´Avignon.

Las vividoras del amor (1906). Pintado por Julio Romero de Torres, fue rechazado de las exposiciones nacionales por considerarlo inmoral. Es un cuadro donde ya Romero se había decantado por la pintura simbolista, pero todavía tiene ciertos rasgos naturalistas.

La composición es un interior donde se distribuyen figuras femeninas, está muy estudiada y elaborada.

En la habitación tenemos cuatro mujeres. La sentada es la que más nos remite al mundo de Romero. La prostituta de la derecha es de espíritu modernista. La que está recostada tiene una mirada más insinuante y provocativa. La que aparece adormilada en el rincón es la que menos participa en el cuadro, es la más neutra, no participa en el juego de miradas. La cuarta, la que está apoyada en el quicio de la puerta, dirige una mirada directa al espectador, contrasta con la anterior. Está medio desaliñada como si acabara de recibir a un cliente. Su rostro es lemas tremendo, su fealdad la hace más provocativa.

Las señoritas D´Avignon (1907) está pintado por Pablo Picasso, y aunque textualmente no coinciden ambos cuadros, para este último fue una fuente de inspiración el cuadro de Julio Romero.

La intuición de lo moderno. Julio Romero de Torres a partir de 1915.

Julio Romero de Torres no sólo mira hacia atrás (Leonardo) sino que también lo conecta con cierta modernidad. Esto se produce a partir del 1915, en el que el autor pese a que no quiere ser moderno, pues quería tener una audiencia distinguida mundial a la vez que ser un ídolo para el pueblo, se adelanta a su tiempo. No es un moderno consciente pero prepara la instauración del modernismo.

Se produce una relación con la metafísica, desdoblamiento. A partir de 1915 el primer plano abandona esa lejanía y se vuelve tangible. La utilización de fetiches, mezclar la religión y la sexualidad y la necrofilia, son matices que él utiliza y que posteriormente serán utilizados por los surrealistas. El propio Dalí fue alumno en su juventud de Julio Romero, y en sus obras posteriores se ven muchas características e imágenes de la obra del cordobés: las imágenes dobles, espectrales y delirantes. El método paranoico-crítico lo descubre con Julio Romero, así como el mensaje de las manos.

Julio Romero de Torres y los estereotipos femeninos en la Autarquía.

Se dice muchas veces que Julio Romero de Torres estaba relacionado con el franquismo, pero no hay nada más alejado de la realidad.

La Autarquía comprende los primeros años de la dictadura de Franco, cuando España sufría del bloqueo internacional, que duró hasta 1951. En esta época se produjo un olvido del pintor, tal vez intencionado aunque sí se utilizaran algunas de sus imágenes, pero siempre con fines comerciales y para representar el folclore español. Eran rechazados para todas las exposiciones nacionales. El mundo oficial lo abandona, pero no el pueblo, pues sigue apreciando sus obras.

En esta época se despreciaba lo moderno y la mujer estaba recluida, se hablaba de las tres Ces ( casa, comida, costura) y esto era opuesto a la mujer Romeriana (mística, transgresora, resignada, dueña de sí misma). Además en la obra de Romero había mucho trasfondo sexual, lo cual ni mucho menos gustaba al régimen opresor. A las mujeres que eran libres se les decía que eran inmorales, pues la mujer debía ser madre, ama de casa, como mucho podía ejercer “profesiones de mujeres”, como enfermera y maestra. Por lo que la mujer de Romero debía ser algo que debía ser rechazado por inmoral.

Julio Romero de Torres. Símbolo, materia y obsesión.