Juegos Olímpicos

Sedes Olímpicas. Medallero. Deportes olímpicos. Olimpiadas

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BÉISBOL

1992

El “dream team” en este deporte, que debutaba como disciplina olímpica, fue el equipo cubano que dominó el torneo desde el primer día y coronó su trayectoria con una victoria inapelable en la final ante China Taipei por un contundente 11-1. El fracaso fue para los inventores del béisbol, lo norteamericanos, quienes sólo lograron la medalla de bronce. Italia y España ocuparon las últimas plazas.

1996

Al igual que en Barcelona el equipo cubano dejó claro por qué el beisbol es considerado el deporte nacional de la isla. Los cubanos ganaron nuevamente la medalla de oro derrotando a Japón en la final por 13-9 y relegando a Estados Unidos al tercer puesto.

CROQUET

1900

Este deporte fue un paseo para la delegación francesa que hizo un pleno total: ganaron todas las medallas en disputa tanto en las categorías individual 1 bola, individual 2 bolas y dobles.

FRONTÓN

1908

Uno de lo varios deportes que entraron en Londres por primera vez en el programa olímpico. El oro lo ganó el norteamericano Jay Gould, mientra que oro y plata fueron para los británicos Eustace Miles y Neville Lytton.

RACKETT

1908

El rackett es una especie de tenis pero jugado contra un frontón; un deporte que posteriormente desaparecería del programa olímpico

SOFTBALL

1996

Deporte debutante en los Juegos Olímpicos, que ganó Estados Unidos. La plata fue para China y el bronce para Australia.

PENTATHLÓN MODERNO

1996

Alexander Parygin, de Kazakstan, se impuso en la competición de pentatlón, consiguiendo así la primera medalla olímpica para esta república ex soviética. A un punto de distancia quedó el ruso Eduard Zanovka mientras que el húngaro Jano Martinek se llevó la medalla de bronce.

CRICKET

1900

El torneo de cricket fue un "mano a mano" entre británicos y franceses. El duelo lo ganaron los ingleses, que se impusieron en el partido final por un claro 262 - 104.

POLO

1900

Todavía no se disputaban los deportes por equipos nacionales así que el oro en polo fue a parar a un combinado británico-norteamericano. Cabe destacar que el equipo que ganó la medalla de plata estaba integrado por el español José de Madre, acompañado por el norteamericano Walter McCreery y los británicos Frederick Freake y Walter Buckmaster.

1908

Un deporte de típica raigambre británica que, cumpliendo todos los pronósticos, fue dominado por lo equipo locales, que coparon el podio. El conjunto ganador fue el formado por Charles Miller, Patterson Nicholl, George Miller y Herbert Wilon.

1920

Aparte de la gran actuación en fútbol la representación oficial española consiguió también una medalla de plata en polo. El aristocrático equipo estaba formado por el duque de Santo Mauro, el marqués de Villabrágina, el conde de la Maza y el duque de Alba y perdió en la final ante Inglaterra por 13-11 después de derrotar a Estados Unidos por 13-3.

1924

Sorpresivamente el equipo argentino formado por Arturo Kenny, Juan Nelson, Enrique Padilla, Juan Miles, Guillermo Naylor consiguió la medalla de oro desplazando a lo combinados norteamericano y británico, segundo y tercero respectivamente.

VOLEY PLAYA

1996

El volley playa debutó en Atlanta como disciplina olímpica. En categoría masculina dos parejas norteamericanas coparon oro y plata mientras que los canadienses fueron terceros. En mujeres Brasil ocupó a su vez los dos escalones superiores del podio, dejando el tercer puesto para Australia.

TENIS DE MESA

1988

En Seúl debutó este deporte como disciplina olímpica, dominada completamente por chinos y coreanos, que mantuvieron un apretado duelo y acabaron repartiéndose medallas. En categoría individual se impuso el coreano Yoo Nam Kyu mientras que en dobles el oro fue para el equipo de China.

1992

El oro en tenis de mesa se lo disputaron dos viejos amigos: el sueco Waldner y el francés Gatien. Ambos se conocían tanto que les era difícil imponerse el uno al otro. Sus familias veraneaban juntas cuando ambos eran niños y durante los años previos a Barcelona 1992 entrenaron juntos. En estas circunstancias el partido fue reñidísimo y espectacular, acabando con la victoria del sueco por la mínima. En categoría femenina la china Deng se impuso a su compatriota Qiao. China, la gran potencia, se impuso también en dobles masculinos y femeninos.

1996

No hubo color. Lo chinos se llevaron los cuatro oros (masculinos y femeninos, individual y dobles) en disputa. Y también todas las platas aunque con la salvedad de que la medalla de plata individual femenina la ganó Cheng Jun, de Taiwan.

BADMINTON

1992

Debutó este deporte como disciplina olímpica con dominio total de los indonesios. Alan Budi Kusuma en categoría masculina y Susi Susanti en femenina ganaron las dos medallas de oro en un deporte que mueve pasiones en Asia. Tantas que el magnate de origen indonesio Allan Budikusuma anunció antes de los Juegos que premiaría con medio millón de dólares cada medalla de oro que ganasen sus compatriotas. Caballeroso él, además le regaló a Susi Susanti un apartamento valorado en 100.000 dólares. En dobles no hubo “prima” porque ambos oros se los llevaron parejas coreanas.

1996

El danés Poul-Erik Hoyer-Larsen rompió la hegemonía asiática en este deporte al imponerse al chino Jiong Dong en individuales masculinos. En dobles Indonesia se impuso a Malasia. En categoría femenina Bang Soo-Hyun, de Corea, ganó el oro mientras que el equipo chino se impuso en dobles. En dobles mixtos oro y plata fueron para parejas coreanas.

BALONMANO

1936

El balonmano, al igual que el baloncesto, debutó en Berlín como disciplina olímpica. El torneo lo ganó Alemania que se impuso a Austria por 10-6. Suiza quedó en tercer lugar.

1972

El balonmano tuvo una fugaz aparición olímpica en Berlín 1936. Después de 46 años de ausencia volvió a los Juegos con victoria de Yugoslavia ante Checoslovaquia por 21-16. El bronce fue para Rumanía.

1976

En la segunda competición olímpica de balonmano desde 1936 la URSS arrasó tanto en categoría masculina como en femenina. En la final masculina se enfrentó a Rumanía y ganó por 19-15, quedando Polonia en tercer lugar. En mujeres la medalla de plata fue para la RDA y la de bronce para Hungría.

1980

La RDA y la URSS disputaron una final de infarto que acabó con victoria alemana por un ajustado 23-22. En tercer puesto quedó Rumanía. En categoría femenina las soviéticas sí se llevaron el oro ganando a Yugoslavia mientras que la RDA acabó en tercer lugar.

1984

La selección de Yugoslavia hizo doblete imponiéndose tanto en categoría masculina como en femenina. En masculina ganó en la final a la RFA por 18-17. Rumanía se llevó la medalla de bronce. En categoría femenina Yugoslavia se impuso a Corea del sur mientras que China quedó en tercer lugar.

1988

La revelación en este deporte fue el equipo coreano revelación, que ganó una meritoria medalla de plata al perder la final ante la URSS por 32-35 en un partido vibrante. España consiguió el noveno puesto. En categoría femenina las coreanas sí se hicieron con el oro derrotando en la final a Noruega. En tercer lugar quedó la URSS.

1992

El Equipo Unificado se impuso en la final a Suecia, la entonces campeona el mundo, por 22-20. En tercer lugar quedó Francia, que debutaba en los Juego Olímpicos. La selección española, entrenada por Javier García Cuesta, obtuvo un quinto puesto que supo a decepción. En categoría femenina Corea se impuso a Noruega en la final por 28-21 y el bronce fue para el Equipo Unificado.

1996

La selección española, capitaneada por el barcelonista Iñaki Urdangarin (quien posteriormente se convertiría en el esposo de la Infanta Cristina) consiguió la mejor clasificación olímpica de su historia al ganar la medalla de bronce contra Francia, campeona del mundo, que derrotó a los españoles por 27-25 en semifinales. Hasta ese momento los españoles habían arrasado al ganar Alemania por 22-20, a Argelia por 20-14 y a Brasil 27-17. La medalla de oro la gano, finalmente Croacia. El equipo español, estaba formado por Enric Masip, Talant Dujshebaev, José Salvador, Aitor Iñaqui Etxaburu, Jesú Fernández, Jaume Fort, Mateo Garralda, Raúl González, Rafael Guijosa, Fernando Hernández, José Javier Hombrados, Jorge Núñez, Josu Olalla, Alberto Urdiales, Juan Pérez Márquez e Iñaki Urdangarin.

RUGBY

1900

El rugby fue uno de los deportes disputados en París que fue posteriormente excluido de los Juegos Olímpicos. El momento culminante de la competición se vivió en el partido Francia-Alemania, que se disputó en un ambiente crispado y con una fuerte vigilancia policial porque se temían incidentes a causa de la rivalidad de ambas potencias en el ámbito colonial y el resentimiento francés originado de la derrota en la guerra franco-prusiana (1870). Para respiro de las autoridades ganó Francia por amplio margen, lo que evitó manifestaciones populares antialemanas en París, que podrían haber complicado las ya de por sí difíciles relaciones entre ambos países.

1908

Los "deportes de otoño" (grupo de disciplinas que así catalogadas por los organizadores y que se disputaron dos meses más tarde que el resto) fueron prácticamente dominados en su totalidad por los británicos. La notoria excepción fue el rugby ya que el equipo australiano borró al británico de la faz de la tierra con el contundente resultado e 32 puntos a 3.

1920

Saltó la sorpresa en rugby, deporte de tradición británica, con una final atípica: Estado Unidos - Francia. Y más atípico aún fue el resultado: los franceses fueron arrollados por los norteamericanos por un contundente 8-0.

1924

La final de rugby fue una repetición de la que tuvo lugar en Amberes 1920: Estado Unidos y Francia se disputaron la medalla de oro. La única diferencia estuvo en la derrota de Francia: si en Amberes perdió por un abultado 8-0 en París la cosa rozó la ignominia ya que fueron borrados del campo por los norteamericanos por un doloroso 18-3 ante su propio público. Fue en rugby que Rumanía consiguió su primera medalla olímpica, quedando en tercer lugar.

VOLEIBOL

1964

El voley-ball debutó en Tokio como disciplina olímpica, con victoria de la URSS en categoría masculina. Checoslovaquia y Japón obtuvieron, respectivamente, plata y bronce. En categoría femenina Japón se llevó la medalla de oro mientras que la URSS y Polonia quedaron en segundo y tercer puesto.

1968

Dominio del equipo soviético tanto en categoría masculina como femenina. Los hombres sufrieron una derrota ante Estados Unidos por 3-2 en un partido pleno de incidentes, que no les impidió ganar el oro. En segundo lugar quedó Japón. En categoría femenina la URSS se impuso a Japón, que partía como favorito. Los japoneses lograron, así, la dos medallas de plata en este deporte.

1972

En categoría masculina se impuso la selección japonesa a la RDA por 3-1 mientras que la URSS quedó tercera. En mujeres la URSS ganó a Japón por 3-2 y el bronce fue para Corea del Norte.

1976

Gran decepción para los soviéticos, que llegaron tanto a la final masculina como a la femenina y las perdieron ambas. En hombres lo hicieron ante Japón, por 0-3, mientras que en mujeres les derrotó Polonia por 3-1.

1980

La URSS se impuso tanto en categoría masculina como en femenina. En la final de hombres los soviéticos ganaron a Bulgaria por 3-1, dejando a Rumanía en el tercer puesto. En la competición femenina la URS se impuso en la final a la RDA también por 3-1. Las búlgaras fueron terceras.

1984

Los Estados Unidos derrotaron a Brasil por 3-0 en la final mientras que la medalla de bronce fue para Italia. En categoría femenina los podios fueron para China, Estados Unidos y Japón.

1988

La final enfrentó a los Estados Unidos y a la URSS, con victoria de los primeros por 3-1. En tercer lugar quedó Argentina. En este deporte hubo un buen protagonismo de los equipos latinoamericanos porque, además del bronce argentino, Perú logró la medalla de plata en categoría femenina (la tercera de su historia) perdiendo en la final ante la URSS por 3-2, mientras que el combinado de Chile quedó tercero.

1992

Brasil se impuso en la final a Holanda por 3-0 mientras que Estados Unidos quedó en tercer lugar. En categoría femenina el oro fue para el equipo de Cuba, que ganó al Equipo Unificado por 3-1. También aquí las estadounidenses se llevaron el bronce.

1996

Holanda se impuso a Italia en la final, mientras que Canadá se llevó el bronce. En categoría femenina Cuba ganó a China, relegando a Australia al tercer puesto.

TIRO CON CUERDA

1900

Una curiosa y divertida especialidad de origen universitario que fue introducida en esta edición y posteriormente desaparecería del programa: dos equipos de forzudos enfrentados tirando de ambos extremos de una cuerda hasta que uno consigue desequilibrar al otro. El oro lo consiguió un equipo combinado de suecos y daneses mientras que la plata la ganó la representación francesa.

1904

Los universitarios norteamericanos se enfrentaron en esta disciplina, que se introdujo en París 1900 y que posteriormente desaparecería del programa olímpico. El equipo ganador fue el compuesto por Oscar Olson, Sidney Johnson, Henry Seiling, Conrad Magnusson y Patrick Flanagan.

1908

Otra de las disciplinas nacidas en los campus universitario británicos que fue dominada en su integridad por equipos de esta nacionalidad. Estos se llevaron oro, plata y bronce, desbancando a los norteamericanos que habían triunfado en Saint Louis 1904.

1912

Una vez más los locales hicieron valer su fuerza y el equipo sueco consiguió desequilibrar al de Gran Bretaña, los grandes especialistas en este rudo deporte de origen universitario.

1920

El equipo británico se impuso en la final a Holanda mientras que Bélgica consiguió el bronce. Los británicos recuperaron así su título ganado en Londres 1908 y que les fue arrebatado en el último momento por los suecos en Estocolmo 1912. Esta fue la última vez que se disputó esta pintoresca disciplina en unos Juegos Olímpicos.

ATLETISMO

1896

Los Juegos Olímpicos de Atenas, por el sólo hecho ser los primeros de la Era Moderna, fueron los que tuvieron un carácter más amateur. Demasiado amateur quizás, ya que los atletas participantes estuvieron más sobrados de voluntarismo, entusiasmo y fe en ese nuevo movimiento olímpico, que de nivel deportivo. Las competiciones se abrieron a todo el que quiso participar, no existían aún la selecciones nacionales e incluso algunos de los atletas fueron turistas que se apuntaron con más ganas que condición física. Todo ello no fue obstáculo para los Juegos cosecharan un gran éxito. Los espectadores griegos, quizás conscientes de que estaban recreando a finales del siglo XIX un pasaje hermoso de su historia antigua, contribuyeron con su participación entusiasta a convertir este evento aún titubeante y de futuro no demasiado claro en una fiesta deportiva y popular sin precedentes. En la jornada inaugural el Estadio Panteático de Atenas recibió 60.000 espectadores, entre los que se contaba la familia real griega, algunos de cuyos miembros participaron activamente en la organización de los Juegos. Dicho estadio fue construido en el año 330 A.C. y se encontraba en ruinas hasta poco antes de los Juegos, para los que fue restaurado con mármol blanco bajo la dirección del arquitecto Giorgios Averoff, quien además había donado un millón de dracmas para la organización de los Juegos. La entrega de los espectadores locales fue recompensada por la victoria de un griego, Spiriddon Louis, en la prueba estrella: la maratón, competición emblemática de los Juegos y uno de sus más claros nexos con el pasado. Concebida por el estudiante francés de mitología griega Michel Bréal, la maratón reproduce la legendaria carrera del soldado ateniense Filípides, quien corrió del campo de batalla cercano al pueblo de Marathón hasta la ciudad para dar la noticia de la victoria sobre el ejército persa invasor en el año 409 A.C., muriendo inmediatamente después a causa del esfuerzo. El ambiente, las referencias históricas y las resonancias épicas de la prueba convirtieron a Spiridon Louis en el primer héroe olímpico, que sus compatriotas compararon a los atletas de la antigüedad.

1900

En triste contraste con el entusiasmo que despertaron en Atenas 1896 los Juegos Olímpicos (en cuya organización participó el mismo rey de Grecia Jorge I) la edición de París estuvo a punto de acabar con el movimiento olímpico. El barón de Coubertin perdió el control de la organización ante la injerencia el gobierno francés y los Juegos acabaron siendo un acto más de relleno de la Gran Exposición Universal, con el nombre de "Championnats d'Exposition". "Ha sido un milagro que el movimiento olímpico sobreviva a estos Juegos", dijo Coubertin cuando acabó todo. La desorganización, el caos y un cierto desinterés (las pruebas se alargaron durante 5 meses y no hubo ceremonias de apertura ni clausura propiamente dichas) se reflejaron claramente en las condiciones de las pruebas atléticas. Mientras que en Atenas se restauró el estadio Panteático (construido en el año 330 A.C.) para albergar las competiciones, en París los atletas tuvieron que evolucionar en un campo de hierba situado en el Bois de Boulogne, de superficie irregular y que frecuentemente se encontraba mojado. Incluso, en algunas ocasiones, atletas y jueces desconocían que estaban participando en los Juegos Olímpicos. Los corpulento árboles que flanqueaban la pista pusieron en aprietos a los atletas que tuvieron que hacer esfuerzo para no rozarlos con el hombro mientras que en las pruebas de obstáculos las vallas eran postes telefónicos quebrados. Asimismo, más de un discóbolo vio como su lanzamiento acababa en lla copa de un árbol. A pesar de la acumulación disparates el nivel deportivo aumentó notablemente en París 1900, así como el número de participantes, que ascendió a 1.330 (1,319 hombres y 11 mujeres). El dominio norteamericano en atletismo apuntado en Atenas se confirmó plenamente aquí: 17 de los 23 títulos cruzaron el Atlántico. En consonancia con el carácter atípico de estas olimpiadas uno 3.000 espectadores acudían diariamente a presenciar las pruebas en el Bois de Boulogne, mientras que el palco de honor permanecía vacío, una muestra de la poca importancia que daban las autoridades a los Juegos.

1904

Una vez más el atletismo volvió a ser el deporte rey de los Juegos Olímpicos y, una vez más, dominado sin discusión por los norteamericanos que ya en Atenas 1896 y en París 1900 habían hecho sentir la potencia deportiva de sus universidades. En Saint Louis no sólo consolidaron esta supremacía sino que arrasaron consiguiendo 238 medallas (simbólicamente hablando ya que no se entregaban todavía estos trofeos) y 80 de los 100 primeros puestos. La indudable calidad de algunos de los atletas norteamericanos se sumó a la escasa representación de deportistas extranjeros, especialmente europeos, debido a lo remoto de la sede olímpica. En efecto, un viaje de Europa a Estados Unidos suponía en 1904 once días de navegación más 40 horas de tren hasta Saint Louis, ubicado en el sur profundo del país, en el estado de Missouri. A ello se sumó la inestable situación política en Europa, con la guerra ruso-japonesa en pleno apogeo y la alineación de la potencias occidentales en los bloques que diez años más tarde se iban a enfrentar en la Primera Guerra Mundial. En definitiva, toda una aventura que desanimó a la mayor parte de los potenciales participantes y que incluso hizo desistir al mismo barón de Coubertin. Por ello, los atletas norteamericanos no tuvieron demasiada oposición y los Juegos Olímpicos casi se convirtieron en una competición atlética entre universidades el país. Concretamente, los atletas de la Universidad Washington de Saint Louis habían impuesto su ley cuatro aaños antes en París. Esta vez, de los 681 participantes sólo 100 eran extranjeros y de estos casi la mitad procedían de Canadá. En total fueron representados 12 países, con sólo 64 atletas europeos, lo que salvó a duras penas el carácter internacional de los Juegos que, al igual que en París, se prolongaron durante meses. Los norteamericanos ganaron 22 de las 24 pruebas de atletismo y 68 de las 72 medallas. Entre las pruebas que perdieron estaba el decathlón, competición que se disputaba por primera vez y que fue ganada por el irlandés Thomas F.

1908

Los de Londres fueron los Juegos Olímpicos de las novedades a pesar del poco tiempo del que dispusieron los británicos para su organización. Efectivamente, la Olimpiada de 1908 debía celebrarse originalmente en Roma pero los destrozos provocados por la erupción del volcán Vesubio dos años antes, así como las querellas entre la Ciudad Eterna, Milán, Turín y Venecia, que se disputaban la supremacía deportiva del país, decidieron a las autoridades romanas a renunciar. El COI otorgó urgentemente los Juegos a Londres, en cuya organización participó la familia real. Nuevamente, y por última vez, los Juegos coincidieron con una Exposición Universal (como en París 1900 y Saint Louis 1904) pero, sin embargo, en esta oportunidad la feria no opacó el espíritu olímpico sino que éste fue bien entendido y asumido por los responsables. El resultado fue que los Juegos de 1908 fueron los mejor organizados hasta entonces, tuvieron un gran nivel deportivo, contaron por primera vez con la participación de varias federaciones e incluyeron una novedad que se convertiría en una de las tradiciones más representativas del olimpismo: el desfile inaugural. Las pruebas de atletismo se desarrollaron en una ubicación especialmente favorable: el nuevo y moderno estadio de Sheperd's Bush, con capacidad para 70.000 espectadores. Como en las anteriores ediciones el atletismo fue el deporte estrella de los Juegos, aunque esta vez compartió protagonismo con la natación y el remo, este último un ddeporte muy popular en Gran Bretaña. Los norteamericanos siguieron imponiendo su ley en las pruebas atléticas pero, por primera vez, su dominio empezó a ser contestado por parte de atletas británicos, lo que añadió mayor emoción a algunas pruebas y, sobre todo, abrió perspectivas muy gratas para la evolución de este deporte. En total, los norteamericanos consiguieron 16 victorias en las 27 pruebas disputadas, mientras que los británicos lograron 8. Toda Olimpiada tiene su ídolo y en Londres éste fue el norteamericano Melvin Winfield Sheppard, quien se convirtió en el atleta más reconocido de la época, constituyendo con su compatriota James Meredith la pareja más contundente del mediofondo.

1912

Si los Juegos de Londres significaron una sustancial mejora en lo tocante a organización, en Estocolmo se perfiló definitivamente lo que serían las Olimpiadas en el futuro. Fue la edición mejor coordinada hasta el momento, la primera que no coincidió ni estuvo supeditada a una Exposición Universal u otro evento paralelo y también la primera que reportó un superávit económico a los organizadores. El Gobierno sueco supo conservar la independencia de los Juegos lo que dio un impulso al movimiento olímpico que le permitiría superar el bache de ocho años ocasionado por la Primera Guerra Mundial (que dio comienzo en 1914). Fueron los primeros Juegos que se disputaron en unas fechas prefijadas (del 6 al 15 de julio) e introdujeron novedades como los cronómetros eléctricos o la entrega de medallas en el podio mientras se iza la bandera nacional de cada atleta. En Estocolmo se crearon importante infraestructuras, especialmente para las pruebas atléticas, como el Estadio Olímpico, hecho con ladrillo rojo el cual, en 1958, todavía pudo albergar los Campeonatos de Europa de Atletismo. La participación fue la más alta hasta el momento (2,484 hombres y 57 mujeres representando a 28 países) El nivel deportivo fue espectacularmente alto y se tardaría muchos años en superarlo: en la pista atlética se batieron 14 récords mundiales y se inició el historial de tres más. Dramáticamente, la mayoría de atletas participantes estarían enfrentándose dos años más tarde en las trincheras de una Europa convertida en campo de batalla, donde muchos murieron. Como ya venía siendo tradición el atletismo fue el gran espectáculo y los norteamericanos se llevaron el oro en 16 de las 28 pruebas disputadas. Pero, si en Londres 1908 fueron los atletas británicos quienes hicieron una cierta sombra a la supremacía americana, en Estocolmo lo corredores finlandeses se constituyeron en la gran revelación dando inicio a una larga tradición atlética.. La estrella de los Juegos, con sus 23 años, 1,83 metros y sus 80 kilos, fue el norteamericano Jim Thorpe, nacido en una tribu de pieles rojas de Oklahoma, de quien el rey Gustavo V de Suecia dijo que era "el atleta más grande del mundo".

1920

Los Juegos de Amberes fueron los primeros organizados después del paréntesis de ocho años causado por la Primera Guerra Mundial. La sombra de la aún reciente contienda (no hacía ni dos años desde su finalización) planeó sobre la Olimpiada comenzando por la elección de la sede: se decidió que fuera Amberes en atención a la devastación sufrida por Bélgica. Así, la organización no fue ni un pálido reflejo de lo que había sido Estocolmo 1912 y, con el poco tiempo del que se dispuso, las infraestructuras fueron insuficientes: todavía no se habían retirado las ruinas de los bombardeos, el estadio de Beerschot estaba todavía en construcción cuando empezaron los Juegos y muchos atletas tuvieron que alojarse en barracones atestados, durmiendo en camas plegables de campaña. El gran mérito de los Juegos de Amberes fue, precisamente, el hecho de que se celebraron. Después de la gran tragedia de la guerra sirvieron para aglutinar a la juventud deportiva de todo el mundo, gran parte de la cual quedó muerta en el campo de batalla. Fue por ello que los de 1920 fueron llamados los “Juegos de la Paz” aunque, con las heridas de la guerra aún abiertas, ni el barón de Coubertin consiguió que el Comité Olímpico Belga accediera a invitar a los países perdedores: Alemania, Austria, Hungría, Bulgaria y Turquía. La recién nacida Unión Soviética, en plena revolución, declinó participar. A pesar de todos los problemas, los Juegos salieron adelante con brillantez gracias al apoyo del rey Albeerto I, la colaboración financiera de armadores, comerciantes de diamantes y exportadores y al tesón del conde Henri de Baillet-Latour, que en 1925 sucedería a Pierre de Coubertin como presidente del COI. Los “Juegos de la Paz” introdujeron dos novedades que se mantienen hasta hoy: la bandera olímpica y el juramento de los atletas. La inclusión de la llama no se dio hasta Amsterdam 1928. Además, en Amberes se estableció un récord de participación (2,607 atletas, 73 de ellos mujeres) que no se batiría hasta Berlín 1936.

1924

Casi un cuarto de siglo después de la desorganizada olimpiada de París 1900, la capital francesa volvió a ser la sede de los Juegos, en honor al barón Pierre de Coubertin quien se retiraba de la presidencia del COI dando paso al conde Henri Baillet-Latour. Ni París, ni Francia ni el mundo eran ya lo mismos. Habían pasado muchas cosas: una guerra mundial, la transformación del mapa de Europa, la revolución soviética, profundas modificaciones políticas económicas y sociales…. Los “felices 20” fueron una época violenta, tensa, desesperada, en la que las ansias de diversión y la vitalidad frenética no eran más que una catarsis después de la tragedia de la guerra y una reacción ante el miedo, la inseguridad y la incertidumbre colectivas. Los Juegos Olímpicos no pudieron sustraerse a este ambiente y las tensiones de la posguerra se reflejaron en ellos. La excelencia deportiva convivió con algunas actitudes chauvinistas y xenófobas. La Francia vencedora de los años 20 estaba muy instalada en su gloria y, al principio, no se tomó muy en serio la organización de las Olimpiadas en París, hasta el punto de que el COI amenazó con trasladar la sede a Lyon. Una vez puesto en marcha el mecanismo, el cruce de iniciativas dispares y la descoordinación convirtieron la organización en un cúmulo de discusiones bizantinas que no parecieron acabar hasta que en 1923 el Gobierno aprobó un crédito para que el Racing Club de Francia cediera sus terrenos en Colombes, fuera de París, y se leevantara un estadio con capacidad para 60.00 espectadores, así como una villa olímpica que resultó ser un conjunto de casitas de madera. A pesar de todo, los Juegos fueron un éxito e inauguraron una nueva era del olimpismo. Nada que ver con la “feria” de tintes vergonzosos de 1900. Las federaciones cobraron un importante protagonismo, se estandarizaron las reglas de cada deporte y se crearon mecanismos para asegurar que los mejores deportistas de cada disciplina fueran enviados a competir. El nivel deportivo, siguiendo la tónica de Amberes 1920, se disparó así como la participación: intervinieron 3.

1928

Amsterdam 1928 fue una edición decisiva en la historia de los Juegos Olímpicos. Por primera vez se abrieron las pruebas de atletismo y de gimnasia a las mujeres, a pesar de la oposición del barón Pierre de Coubertin (que tenía 62 años y era ya ex presidente del COI) quien siempre adujo que la participación femenina era una traición al “legado histórico” de los Juegos. El Vaticano también criticó la decisión, empezando por el Papa Pío XII que consideraba la prueba de 800 metros “inhumana” e “impropia” para una mujer. Fue una larga lucha, pero en 1928 el mundo había cambiado. La Primera Guerra Mundial había abierto las puertas del trabajo a las mujeres, haciéndolas indispensables para la producción en la retaguardia. Después, los años 20 consagraron un nuevo estilo de mujer trabajadora, independiente y con estilo que rompió gran parte de los moldes sociales mantenidos desde siglos atrás. Con Henri Baillet-Latour en la presidencia del COI, los Juegos empezaron a adecuarse a la nueva época. Hacía ya algunos años que se habían creado organizaciones atléticas femeninas, que en 1922 y 1926 organizaron sus propias competiciones siguiendo el modelo de los Juegos Olímpicos. Los buenos resultados conseguidos convencieron a la Federación Internacional de Atletismo Amateur de que las mujeres merecían su lugar. Un total de 249 mujeres participaron en los diversos deportes. Lo cierto es que las críticas papales, prejuicios aparte, demostraron tener cierto fundamento. En los 800 metros muchas de las participantes, poco acostumbradas a la distancia, llegaron en tal estado de desfallecimiento que la prueba no se volvió a incluir hasta 25 años más tarde. Fue la Olimpiada más universal celebrada hasta el momento: participaron 46 países (aunque Haití, Cuba y Panamá enviaron un solo atleta) con el debut de algunos como Argentina, Nueva Zelanda, Egipto, Irlanda o la India y la inclusión de la llama olímpica, que completaba los símbolos del movimiento. También fue la Olimpiada del regreso de Alemania, después de 16 años de ausencia, que presentó un potente equipo de 223 deportistas, al igual que Austria -el otro gran derrotado en la guerra- que también regresó.

1932

A pesar de los devastadores efecto de la Gran Depresión, que golpeó profundamente a Estados Unidos y a la mayoría de países industrializados, los Juegos de Los Angeles fueron de una organización modélica, la mejor hasta el momento y la que marcaría la pauta para siguientes ediciones. California, la meca del cine en los años del Hollywood dorado, era ajena a la crisis y los Juegos contaron con la presencia de estrellas del celuloide como Charles Chaplin, Douglas Fairbanks, Gary Cooper, Mary Pickford o Joan Crawford que quisieron posar al lado de las estrellas deportivas. Los Juegos no notaron ni los 15 millones de desempleados en Estados Unidos, ni el ascenso imparable de Hitler y Mussolini ni la inestable situación política internacional. La Olimpiada fue iniciativa de un joven empresario californiano llamado William May Garland, que ya había pedido los Juegos para su ciudad en 1919. Garland movilizó los apoyos financieros necesarios para levantar unos Juegos concebidos en parte como un negocio, que dieron un beneficio de 1 millón de dólares de la época. A pesar de que las competiciones quedaron algo dispersas debido a la gran superficie de Los Ángeles, fueron los primeros Juegos que se plantearon como un espectáculo de masas: más de 1 millón 250 mil espectadores, la mayoría de los cuales pasaron por el imponente “Memorial Coliseum”, construido en 1923 bajo los auspicios de Garland. El estadio contaba con la pista de atletismo más rápida el mundo en la época, quee contribuyó a derribar 9 récords mundiales masculinos y 11 femeninos, además de 30 récords olímpicos. Por primera vez se construyó una Villa Olímpica digna de tal nombre en el suburbio de Baldwin Hills que contaba con 50 bungalows de estilo colonial español y disponía de hospital, biblioteca, oficina de correos y 40 cocinas que servían platos de todo el mundo (las mujeres fueron alojadas en hoteles). La participación descendió respecto a ediciones anteriores debido a la crisis económica y a la lejanía de Los Angeles: 1.

1936

Los Juegos Olímpicos de Berlín concitaron lo mejor y lo peor. Lo peor es sobradamente conocido: el partido nazi, en el poder desde 1933, planteó los Juegos como una espectacular y colosal operación de propaganda. Fueron los “Juegos de Hitler”, diseñados al milímetro para ejercer de caja de resonancia de la ideología nazi. Por primera vez hubo una amenaza de boicot, por parte de Estados Unidos, generada por las presiones de la comunidad judía, y que al final no se llevó a efecto por las garantías dadas por Hitler al representante norteamericano, Avery Brundage (futuro presidente del COI). Los Juegos fueron por primera vez instrumentalizados políticamente. Lo mejor, sin embargo, fue una organización perfecta, impecable, de una precisión matemática cuya máxima expresión fue la monumental ceremonia de inauguración. Más aún, el nivel deportivo -en especial en atletismo- rayó a una altura inédita hasta entonces en lo que colaboraron las magníficas instalaciones. El Estadio Olímpico, construido en Grunewald sobre las ruinas del que debió acoger la Olimpiada de 1916, tenía una capacidad para 110.00 espectadores. Se introdujo por primera vez el relevo de la antorcha desde Olympia hasta la sede de los Juegos: se turnaron 3.300 atletas que recorrieron 3.076 kilómetros a través de Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria, Checoslovaquia y Alemania. Además fueron los primeros Juegos televisados de la historia a través de un circuito cerrado que emitía a pantallas gigaantes instaladas en diversos teatros de la ciudad, que permitieron a los berlineses ver las pruebas en directo y sin pagar. También se usó el télex para transmitir los resultados y zeppelines para transportar los noticieros cinematográficos a otros países. Un despliegue de medios técnicos y humanos sin precedentes que benefició por igual a la propaganda y al deporte. Alemania fue la gran triunfadora consiguiendo 35 de la 130 medallas de oro que se disputaron. Sin embargo los alemanes no pudieron resistir el huracán norteamericano en atletismo.

1948

En 1948, tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Europa todavía estaba en ruinas. Desde los últimos Juegos Olímpicos de Berlín 1936 habían pasado doce años y el mundo había soportado la mayor tragedia de la humanidad, la guerra más devastadora de la historia. El fin de la guerra mundial trajo el inicio de la guerra fría, con el peligro nuclear y el enfrentamiento este-oeste: 1948 fue el año del bloqueo de Berlín, la primera vez que el riesgo de una guerra EEUU-URSS fue algo real. Dos ediciones de los Juegos Olímpicos se habían quedado por el camino: Tokio 1940 nunca pudo celebrarse y cuando se decidió trasladar la sede a Helsinki, Alemania invadió Finlandia. El mundo estaba en llamas, el COI dispersado y ya ni se planteó la posibilidad de celebrar los Juegos correspondientes a 1944, asignados a Londres. Después del nazismo, el holocausto y la bomba atómica el ideal olímpico parecía un candoroso y anacrónico sueño; algo irrecuperable. Pierre de Coubertin había fallecido antes de la guerra y en 1942 lo hizo el segundo presidente del COI, Henri de Baillet-Latour. Sin embargo el movimiento olímpico pudo renacer de entre las cenizas del mundo gracias al empeño de los herederos de Coubertin. El día 20 de agosto de 1945, con el armisticio de EEUU y Japón, terminó la guerra. Al día siguiente el presidente del COI, el Sueco Sigfried Edstrom, convocó una reunión del organismo. Sólo le respondieron el británico Lord Aberdale y el norteamericano Avery Brundaage (futuro presidente del COI). Pero fue suficiente. En los meses siguientes desarrollaron una frenética labor para convencer al mundo de que los Juegos Olímpicos debían volver a celebrarse, y debían hacerlo en Londres, destruida por los bombardeos, arruinada económicamente pero símbolo de la resistencia, del tesón y de la victoria. Y el mundo descubrió que, después de la catástrofe, quizás era necesario acontecimiento como los Juegos, que hermanara a los pueblos y que difundiera un mensaje de paz. Gran Bretaña asumió el reto.

1952

Helsinki tenía que haber sido la sede de los Juego de 1940, que no se celebraron a causa de la Segunda Guerra Mundial. La espera de 12 años valió la peña porque los escandinavo se esmeraron en tal forma que relanzaron definitivamente el espíritu olímpico, superando las tensiones de la guerra fría o el conflicto suscitado por la guerra de Corea. También fue la edición en la que quedó patente la gran resonancia mundial de los Juegos, que los convertiría a pesar de los deseos del COI y de los organizadores, un campo de enfrentamiento político. Este extremo quedó muy claro con el duelo EEUU-URSS, un duelo tanto deportivo como propagandístico que trasladó al terreno olímpico el crispado pulso que ambas superpotencias mantenían en política internacional. La última participación olímpica de Rusia fue en Estocolmo 1912, cuando aún reinaba el zar Nicolás II. Tras una revolución, dos guerras mundiales y el surgimiento del imperio soviético, la ahora URSS se planteó el hecho de ganar medallas olímpicas como una cuestión de Estado, una actitud que no haría más que ir “in crescendo” en las sucesivas ediciones en función de la tirantez de las relaciones con Estado Unidos. Los norteamericanos, in embargo se impusieron sobradamente en el medallero (40 oros por 22 soviéticos) y, lo que es más importante, en las disciplinas de mayor prestigio, especialmente en atletismo. Ante esta batalla mitad deportiva mitad política el resto de países quedaron en un segundo plano. Tal era la tennsión entre ambos países que, a pesar de que la Villa Olímpica estaba en Kapyla, a tres kilómetros del Estadio Olímpico, lo organizadores decidieron ubicar a los representantes de la URSS y algunos países socialistas fuera de Helsinki, en el pueblo de Otaniemi. Finlandia entera se volcó en los Juegos. Unas 70.000 persona llenaban cada día el Estadio Olímpico, construido para la frustrada Olimpiada de 1940, que tuvo que ser ampliado para albergar al entendido público que acudía con blocs, cronómetros e historiales de los participantes.

1956

Helsinki tenía que haber sido la sede de los Juego de 1940, que no se celebraron a causa de la Segunda Guerra Mundial. La espera de 12 años valió la peña porque los escandinavo se esmeraron en tal forma que relanzaron definitivamente el espíritu olímpico, superando las tensiones de la guerra fría o el conflicto suscitado por la guerra de Corea. También fue la edición en la que quedó patente la gran resonancia mundial de los Juegos, que los convertiría a pesar de los deseos del COI y de los organizadores, un campo de enfrentamiento político. Este extremo quedó muy claro con el duelo EEUU-URSS, un duelo tanto deportivo como propagandístico que trasladó al terreno olímpico el crispado pulso que ambas superpotencias mantenían en política internacional. La última participación olímpica de Rusia fue en Estocolmo 1912, cuando aún reinaba el zar Nicolás II. Tras una revolución, dos guerras mundiales y el surgimiento del imperio soviético, la ahora URSS se planteó el hecho de ganar medallas olímpicas como una cuestión de Estado, una actitud que no haría más que ir “in crescendo” en las sucesivas ediciones en función de la tirantez de las relaciones con Estado Unidos. Los norteamericanos, in embargo se impusieron sobradamente en el medallero (40 oros por 22 soviéticos) y, lo que es más importante, en las disciplinas de mayor prestigio, especialmente en atletismo. Ante esta batalla mitad deportiva mitad política el resto de países quedaron en un segundo plano. Tal era la tennsión entre ambos países que, a pesar de que la Villa Olímpica estaba en Kapyla, a tres kilómetros del Estadio Olímpico, lo organizadores decidieron ubicar a los representantes de la URSS y algunos países socialistas fuera de Helsinki, en el pueblo de Otaniemi. Finlandia entera se volcó en los Juegos. Unas 70.000 persona llenaban cada día el Estadio Olímpico, construido para la frustrada Olimpiada de 1940, que tuvo que ser ampliado para albergar al entendido público que acudía con blocs, cronómetros e historiales de los participantes.

1960

La Olimpiada de Roma se vio algo más libre de tensiones políticas que las dos ediciones anteriores. En 1960 se vivía un tenue “deshielo” de la guerra fría: Stalin había muerto, Nokita Khruschev practicaba un nuevo estilo en la política soviética y la crosis de los misiles de Cuba todavía estaba por llegar. A pesar de la tensión entre la RFA y la RDA y del sostenido nivel de enfrentamiento dialéctico entre este y oeste, el mundo vivía una paz relativa (la guerra de Corea había terminado y la de Vietnam estaba aún por comenzar) y el foco de tensión se centraba en el Tercer Mundo, con los acelerados -y a veces caóticos- procesos de descolonización que estaban cambiando el mapa político de la Tierra. El contexto fue favorable para que en Roma 1960 cobraran impulso los ideales olímpicos de hermandad (al menos por unos días) y para que los Juegos se convirtieran en una verdadera fiesta, favorecida por el fuerte calor reinante y por los atractivos de la Ciudad Eterna que acabaron generando un ambiente que los propios atletas definieron de “afrodisíaco”. La Villa Olímpica fue escenario de relaciones más allá de la “hermandad deportiva”, algunas de las cuales dieron jugosos titulares a los “paparazzi” italianos, como el romance interracial entre Livio Berruti (ganador de los 200 metros) y la norteamericana Wilma Rudolph “la Gacela Negra” campeona en los 100 y 200 metros y del relevo 4x100 metros), en una época en la que Martin Luther King todavía no había pronunciado su diiscurso de “ayer tuve un sueño”. Todo con la bendición del Papa Juan XXIII, que recibió a los atletas en la Plaza de San Pedro casi más de 1500 año después de que San Ambrosio, obispo de Milán, suprimiera por paganos los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. Los felices 60 habían empezado. La TV difundió en directo por primera vez los Juegos a todo el mundo, que pudo ser testigo del despertar deportivo de África. A la vez que los países africanos iban alcanzando su independencia, sus atletas comenzaban a imponer su calidad, encabezados por el etíope Abebe Bikila.

1964

Casi 20 años después de la Segunda Guerra Mundial, Japón había renacido de sus cenizas y vivió un boom económico que lo estaba convirtiendo en una potencia tecnológica y en unos de los países de primera fila. Los Juego Olímpicos fueron una oportunidad para mostrar a todo el mundo el “nuevo Japón” que había enterrado su pasado militarista y se perfilaba como una de las puntas de lanza de la modernidad. Tokio debió ser la sede de la Olimpiada de 1940, que no se celebró debido a la guerra. Un cuarto de siglo más tarde los nipones organizaron sus juegos y los convirtieron en los más perfectos de la historia hasta el momento inaugurando una nueva era en el olimpismo. Efectivamente, en Tokio se introdujo el uso masivo de la tecnología, utilizándose por primera vez computadoras para controlar los resultados. Asimismo, los Juegos se convirtieron definitivamente en un espejo en el que se reflejaba la situación política del momento, las inquietudes de un mundo en constante evolución, una tendencia ya detectada en Melbourne 1956 y en Roma 1960. La TV, la tecnología y la participación masiva de países hicieron de los Juegos un evento universal, con todas las contradicciones que ello implica. Las características de cada época fueron marcando las diferente ediciones de los Juegos: en Tokio se vivió la eclosión de los deportistas del África negra, que ya habían dado un serio toque de atención en Roma 1960. El Tercer Mundo era ya una realidad que dejaba sentir su peso. Por otrra parte, esta fue la última edición en la que Alemania presentó un equipo unificado: el Muro de Berlín dividía ya físicamente Europa en este y oeste y las dos Alemanias (RFA y RDA) fueron su símbolo más claro y dramático. China Popular boicoteó una vez más lo Juegos en presencia por la admisión de Taiwán mientras que Estados Unidos y la URSS, aunque viviendo una época de cierto “deshielo” después del susto de la crisis de los misiles cubanos, continuarían su particular pulso por el medallero. Por segunda vez consecutiva la URSS consiguió más medallas (96, 30 de oro) aunque Estados Unidos logró más de oro (90, 36 de oro) y recuperó nuevamente su supremacía en atletismo.

1968

Los Juegos Olímpicos de México fueron los más amenazados de la historia y estuvieron a punto de no celebrarse. El convulso contexto político de 1968 no ayudaba mucho a organizar eventos internacionales: fue el año en que estalló el “mayo francés”, del asesinato de Marthin Luther King y Robert Kennedy. Dos meses antes de la Olimpiada los soviéticos invadieron Checoslovaquia atajando de raíz el experimento democrático de la “primavera de Praga” de Dubcek, al igual que hicieron con Hungría en 1956. Simultáneamente, la guerra del Vitenam entaba en su etapa más sangrienta. Sin embargo, el hecho que estuvo a punto de acabar con la olimpiada fue la protesta popular en México contra el régimen del presidente Díaz Ordaz. Diez días antes del inicio de los Juegos una multitudinaria manifestación estudiantil fue reprimida de manera brutal por el Ejército causando un número indeterminado de muertos que según algunas fuentes superó los 300. La “matanza de Tlatelolco” fue una tragedia que estremeció al mundo, desacreditó al gobierno mexicano y estuvo a punto de hacer fracasar los Juegos, salvados sólo por la diplomacia del presidente del COI, Avery Brundage. La convulsión política mexicana no impidió una organización perfecta y la introducción definitiva de la tecnología en los Juegos, algo que ya había empezado en Tokio 1964. África se convirtió ya definitivamente un una gran potencia atlética y se batieron 252 récords algunos de los cuales han hecho historia, como el salto dee Bob Beamon. El número de participantes ascendió a 5.531, de los cuales 781 eran mujeres, que representaron a 120 países, incluyendo las dos Alemanias (RFA y RDA) que por primera vez compitieron separadas iniciando una fuerte rivalidad. Norteamericanos y soviéticos siguieron adelante con su pulso particular acaparando la mayor cantidad de medallas (107 para Estados Unidos y 97 para la URSS) mientras que Hungría (32 medallas) se confirmaba, aunque a gran distancia, como la tercera potencia. En los meses previos a los Juegos la cuestión de la altura vino a sembrar dudas acerca de la posibilidad de realizar pruebas atléticas en Ciudad de México, que está situada a 2.

1972

Los Juegos Olímpicos de 1972 fueron lo nunca visto, para bien y para mal. Nunca se había dado hasta el momento una organización tan perfecta, con una ciudad completamente volcada en los Juegos que puso a su disposición toda su potencia económica, que era mucha. Los Juegos de Munich fueron dieron el pistoletazo de salida del gigantismo: las olimpiadas ya eran un espectáculo de masas, un gran negocio, una excusa para realizar grandes proyectos arquitectónicos y una plataforma de reivindicación política. El “espíritu olímpico” comenzaba a diluirse ante el éxito y la grandilocuencia de los Juegos. Los alemanes crearon una nueva “ciudad olímpica” a doce kilómetros de Munich, en la construcción de la cual trabajaron 15.000 obreros. Fue el complejo deportivo más grande y espectacular que se había visto, simbolizado por la enorme cúpula de material acrílico que cubría el estadio (decían que sólo la ésta valía tres veces más de lo que se gastó en organizar los Juegos de Roma 1960). La técnica superó al voluntarismo. Eran otros tiempos. Pero si la organización fue grande mayor aún fue la tragedia. El ideal olímpico de paz saltó por los aires cuando, mediada la olimpiada, un comando del grupo terrorista palestino Septiembre Negro asaltó la Villa Olímpica y secuestró a parte de la delegación israelí. Hasta entonces los Juegos habían reflejado las tensiones de la guerra fría y habían sido afectados por la coyuntura política. Pero nadie había imaginado algo así. El entrenadoor de lucha y un atleta israelí murieron en el asalto. Luego vinieron las tensas negociaciones con los Juegos paralizados y el mundo conteniendo el aliento. Septiembre Negro pedía la liberación de algunos activistas encarcelados. Israel se negó a negociar y el gobierno alemán sólo pudo ofrecer dinero, que fue rechazado. Al final se acordó que los terroristas se retirarían con sus rehenes al aeropuerto, donde los liberarían, y podrían partir en un vuelo a El Cairo. Pero fue una trampa del Ejército alemán, que apostó tiradores de elite en el aeropuerto.

1976

Después de que la matanza de Tlatelolco estuviera a punto impedir la celebración de México 1968 y de que los palestinos de Septiembre Negro tiñeran de sangre Munich 1972 parecía difícil que en Montreal 1976 hubiera más problemas. Sin embargo la organización de esta olimpiada fue extremadamente complicada, tanto que hasta 20 días antes de la inauguración no se terminó el estadio. Y si en las ediciones anteriores el efecto de la coyuntura política se había reflejado en los Juegos esta vez, aunque no hubo violencia, la cosa fue en cierto modo peor: se produjo el primer boicot. Ya hacía años que los Juegos Olímpicos habían perdido su carácter de fiesta de la paz estrictamente deportiva. El gigantismo, el creciente profesionalismo de los atletas, los negocios, la constante y perniciosa injerencia política y el doping entre otros aspectos convirtieron a los Juegos en un monstruo con vida propia que comenzaba a escapárseles de las manos al COI y a los organizadores. Eso sucedió en Montreal, capital de la provincia francófona canadiense de Quebec y enfrentada tradicionalmente al gobierno federal por sus tendencias separatistas. Cuando la ciudad fue nombrada sede de los Juegos, Ottawa anunció que no apoyaría económicamente su organización por lo que Montreal tuvo que autofinanciarse y plantear una olimpiada austera después del boato de Munich 1972. Sin embargo, los “austeros” 310 millones de dólares presupuestados de inflaron hasta 1.500 y la ciudad se endeudó hasta el añoo 2004. La falta de tiempo y el encarecimiento de los precios, debido a la crisis del petróleo, redujeron la construcción de las instalaciones previstas al Estadio, con capacidad para 73.000 espectadores, la piscina y el Montreal Forum. Pero lo más grave vino de fuera y tuvo una importante repercusión en los resultados deportivos, especialmente en atletismo. Meses antes de los Juegos se produjo en Sudáfrica la revuelta en el ghetto negro de Soweto. La represión de la policía produjo más de 100 muertos y fue la más clara muestra de la brutalidad del régimen del apartheid.

1980

El boicot africano a Montreal 1976 abrió la caja de Pandora. La palabra “boicot” fue la maldición de los Juegos Olímpicos en tres ediciones resumiendo todo el daño que la injerencia de la política puede hacerle al espíritu olímpico. La “tregua de la paz”, la fiesta en que los pueblos deberían acudir unidos en torno al deporte se desmoronó completamente en Moscú 1980. En 1979 la URSS invadió Afganitán e instaló allí un gobierno prosoviético. Los Estados Unidos reaccionaron duramente y una de sus represalias fue declarar el boicot a los Juegos de Moscú. La decisión de Jimmy Carter significaba un golpe tremendo al olimpismo que se agravó cuando otros 36 países de la órbita occidental decidieron sumarse al boicot. Otros países, aunque apoyaron la postura norteamericana, hicieron encaje de bolillos diplomático para que sus atletas acudieran. Fue el caso de España, cuya delegación desfiló en Moscú no bajo la bandera nacional sino con una bandera blanca con el escudo del Comité Olímpico Español. Otros 20 lo hicieron bajo la bandera olímpica, para expresar su rechazo a la invasión soviética pero su apoyo a los Juegos. En total participaron 81 países. La ausencia de algunos de los más significativos hizo que los resultados estuvieran desvirtuados y que llegaran al podio deportistas que, en condiciones normales, lo hubieran tenido más difícil. Fue ante este panorama que el barcelonés Juan Antonio Samaranch asumió la presidencia del COI, tres días antes del inicio de los Jueegos, sustituyendo a Lord Killanin quien en su discurso de despedida tuvo duras palabras contra la utilización política de los Juegos. Toda la diplomacia del COI no pudo evitar un boicot que tendría su segunda parte cuando, cuatro años más tarde, los soviéticos y sus satélites se negaran a acudir a Los Angeles 1984. Marcados por la polémicas, los Juegos fueron inaugurados por Leonid Breznev en una de sus últimas apariciones públicas y desde la misma ceremonia tuvieron un halo de gigantismo y fastuosidad muy en la línea soviética.

1984

La elección de Los Angeles como sede de la Olimpiada de 1984 fue, políticamente hablando, un despropósito. La nominación quizás se llevó a cabo con un criterio de equilibrio: al fin y al cabo a finales de los 70 y principios de los 80 se vivía un nuevo recrudecimiento de la guerra fría que, aunque nadie lo imaginaba, estaba entrando en su última etapa. Ronald Reagan gobernaba en Estados Unidos con su mensaje conservador y neoliberal apostando por la recuperación de los valores tradicionales y profundos de Norteamérica. Era la época de “Rambo” y del “Born in the USA” de Bruce Springsteen. Pero también era el momento en que desde la Casa Blanca se calificaba a la URSS como “el imperio del mal” (una retórica digna de los años 50) y en el que una nueva escalada armamentista cristalizaba con la Iniciativa de Defensa Estratégica, popularmente conocida como “la guerra de las galaxias”. Pero esta concepción de equilibrio político hizo mucho daño a los Juegos Olímpicos, que sufrieron su tercer boicot consecutivo. En este contexto internacional y después del boicot sufrido por Moscú 1980 era impensable que los soviéticos acudieran a la cita olímpica en Los Angeles. Y, una vez más, la política devaluó unos Juegos que tuvieron más de espectáculo hollywoodiense y de escaparate de la tecnología que de nivel deportivo. La simple comparación de los resultados de los Juegos de Los Angeles con los de los Mundiales de Atletismo celebrados en Helsinki en 1983 resultaba reveladora. Enn atletismo sólo se batió un récord mundial: el de relevos 4x100, que ganó el equipo norteamericano. Sin embargo, a esas alturas los Juegos eran ya, para bien y para mal, mucho más que deporte. A pesar del boicot la participación fue alta: mientras a Moscú acudieron 80 países Los Angeles acogió a 140. Fue esa diferencia, quizás, la que llevó a Ronald Reagan a comentar lacónicamente “ellos se lo pierden” cuando se confirmó el boicot del bloque socialista. Una de las sorpresas fue la participación de Rumanía, que rompió con la consigna soviética del boicot.

1988

Las Olimpiadas de Seúl fueron las segundas organizadas en Asia. Un continente inmenso y en su mayor parte desconocido para los occidentales. Corea no escapaba a ese desconocimiento: se trata de un pequeño y remoto país que históricamente siempre ha sufrido las consecuencias de encontrarse en medio de dos gigantes regionales: China y Japón. Es quizás por ello que los coreanos tienen un fuerte orgullo nacional y una cultura rica y diferente, como se pudo comprobar en la ceremonia de inauguración. Pero eso lo sabemos ahora. Antes de 1988 gran parte del mundo sólo identificaba a Corea del Sur con el conflicto larvado que mantenía (y sigue manteniendo) con su vecina socialista, Corea del Norte, desde que el país sufrió una partición en la cruenta guerra que tuvo lugar en los años 50. El Paralelo 38, límite entre las dos Coreas es aún periódicamente uno de los “puntos calientes” del escenario internacional y en 1988 después de los dos boicots producidos en Moscú y Los Angeles, esa nueva injerencia de la “guerra fría” en los Juegos era especialmente delicada. El COI, con Juan Antonio Samaranch a la cabeza, intentó que ambas Coreas participaran con un equipo unificado en los Juegos, para lo cual se iniciaron largas y difíciles conversaciones que, al final, no fructificaron. Otras iniciativas, como la lanzada por Fidel Castro para que la Olimpiada se repartiera entre Seúl y Pyongyang, también fueron rechazadas. Como resultado Seúl fue la cuarta edición que sufrió un boicott, protagonizado por Afganistán, Cuba, Albania, las Seychelles, Nicaragua, Madagascar, Etiopía y, asimismo, Corea del Norte. Sin embargo el “miniboicot” no tuvo capacidad de desestabilizar los Juegos gracias a la participación de Estados Unidos, la URSS y todos los países europeos de la órbita socialista y, sobre todo, de la China Popular, aliada política de Corea del Norte que avaló con su presencia los Juegos de Corea. La URSS, en su última participación olímpica antes de desaparecer como país, dominó el medallero con 132 medallas (55 de ellas de oro) superando ampliamente a los Estados Unidos (94 medallas, 36 de oro), que fueron desbancados también por la RDA con 102 medallas (37 de oro).

1992

En Barcelona las pruebas atléticas alcanzaron un gran nivel aunque no hubo grandes sorpresas. Carl Lewis continuó su “reinado” atlético a pesar de que, a causa de una enfermedad, no pudo clasificarse para defender su título de los 100 metros lisos. Fue una decepción tanto para él como para el público pero el “hijo del viento” estaba hecho de la pasta de los ganadores y salió de Barcelona con dos medallas de oro. La primera la consiguió en salto de longitud, que fue su tercera victoria olímpica consecutiva en esta especialidad, con un “vuelo” de 8,67 metros, tres centímetros más que su compatriota Mike Powell. La segunda la logró integrando el equipo norteamericano de 4x100 metros, que batió el récord mundial con una marca de 2'55”74. Los 100 metros fueron para el británico Lindford Christie, que consiguió así su única victoria olímpica. A pesar de ello Christie es uno de los velocistas más importantes del cambio de década. Era jamaicano de nacimiento, como Ben Johnson, y al igual que éste emigró con su familia huyendo del hambre, en su caso a Gran Bretaña, donde llegó a tener problemas con la policía por responder a golpes a los insultos racistas. A pesar de su calidad no fue preseleccionado para Los Angeles 1984 probablemente a causa de su afición por la vida nocturna. En 1985 encontró en Paul Roddan, rígido exfuncionario de Correos, el hombre que le “pondría en cintura” y encauzaría su carácter hacia el entrenamiento. En 1986 comenzó una sensacional carrera ganaando los 100 metros en el Europeo de Stuttgart. Fue tres veces consecutivas campeón de Europa, bronce en el Mundial de Roma 1987 y plata en los Juegos Olímpicos de Seúl con un tiempo de 9,97, por detrás de Ben Johnson (después descalificado) y Carl Lewis, lo que le convirtió en el primer europeo que bajaba de los 10 segundos en los 100 metros. En Barcelona, a sus 32 años, no era en principio el favorito ya que competía con especialistas más jóvenes, en concreto Leroy Burrell, considerado el sucesor de Carl Lewis.

1996

Hubo muchas estrellas en Atlanta pero una vez más, Carl Lewis hizo historia ganando su cuarta medalla de oro consecutiva en salto de longitud, con un “vuelo” de 8,50 metros. Era la novena medalla olímpica del “hijo del viento”, quien pareció que podría conseguir la décima cuando su compatriota Leroy Burrell se “cayó” del equipo norteamericano de relevos 4x100 metros a causa de una lesión en el tendón de Aquiles. Después de una semana entera de especulaciones acerca de la cuestión, Lewis no fue incluido en el equipo que fue incapaz de superar a los canadienses, quienes contaban entre sus filas al ganador de los 100 metros lisos, Donovan Bailey. Fue la primera vez en la historia olímpica que el equipo de relevos norteamericano perdía el oro sin ser descalificado. Los americanos sí pudieron ganar el relevo de 4x400. Sin duda, Donovan Bailey fue el gran protagonista atlético. Canadiense de origen jamaicano, cuatro años antes era aún un deportista aficionado que se dedicaba con su padre a dirigir un gabinete de asesoría económica que rendía lo suficiente como para desplazarse en un Porsche. Mientras Lindford Christie ganaba los 100 metros en Barcelona con 9”96, Bailey se contentaba con una modesta marca de 10”42 debido a su preparación irregular y sus frecuentes salidas nocturnas. En 1993 se integró como uno más en el equipo canadiense y ese mismo año entró en contacto con Dan Pfaff, entrenador de la Universidad de Louisiana y el hombre que le convencería de seguir un duro programa de entrenamiento y musculación. Su progresión fue brillante y en los Campeonatos de Canadá hizo un tiempo de 9”91 que le colocó en la elite mundial del sprint. Durante el año 1996 sus actuaciones no fueron brillantes: el 18 de abril, con ocasión de la inauguración el Centennial Olympic Stadium de Atlanta acabó tercero en una carrera por detrás de Dennis Mitchell y Carl Lewis. Pero sus miras estaban puestas en los Juegos Olímpicos. Los pronósticos daban como favorito al namibiano Frankie Fredericks (medalla de plata en Barcelona), a Ato Boldon de Trinidad y Tobago y hasta al campeón de 1992, el veterano Lindford Christie.

BALONCESTO

1936

El torneo de baloncesto fue incluido por primera vez en los Juegos Olímpicos en Berlín y contó con la participación del inventor de este deporte, el norteamericano William Naismith. La final la disputaron Estados Unidos y Canadá. El oro fue para los estadounidenses por un marcador ridículo: 18-8. Este resultado, escaso aún teniendo en cuenta la época, se justifica por la lluvia que cayó durante el partido, que se jugaba al descubierto.

1948

En el segundo torneo olímpico de la historia (este deporte fue introducido en Berlín 1936) EEUU retuvo el título ante Francia por 65-21. En el tercer puesto se ubicó Brasil.

1952

Los norteamericanos, inventores de este deporte, se impusieron al equipo de la URSS por 36-25. El equipo de Uruguay acabó tercero.

1956

Por primera vez en la historia olímpica la final de baloncesto tuvo un marcador elevado. Estados Unidos se impuso a la URSS por 89-55 con una actuación brillantísima de Bob Rusell. El tercer clasificado fue Uruguay.

1960

Estados Unidos ganó su quinto título olímpico consecutivo imponiéndose, como en Melbourne, a la URSS por 81-57.

1964

Continuó la hegemonía norteamericana que, por tercera vez consecutiva, se impuso a los soviéticos por 73-59.

1968

La URSS, medalla de plata en las cuatro últimas ediciones de los Juegos “pinchó” esta vez ante Yugoslavia que disputó la final contra Estados Unidos. Con un resultado ajustadísimo de 63-62 los norteamericanos consiguieron su séptima medalla de oro consecutiva. El equipo español, capitaneado por Nino Buscató se colocó séptimo en su segunda participación olímpica.

1972

La final de baloncesto más extravagante de la historia se produjo en Munich. El partido era el de casi siempre: EEUU-URSS (en México el puesto de los soviéticos fue ocupado por Yugoslavia… sin que eso sea un precedente). La novedad fue la victoria, por primera vez, de la URSS y de una manera inverosímil. Fue lo que se conoció como “la victoria de los tres segundos”. Sucedió así: a tres segundos del final Estados Unidos ganaba por 50-49 y los soviéticos pidieron tiempo muerto, pero los árbitros no lo oyeron y el juego siguió. Cuando los estadounidenses pensaban que habían ganado, la mesa ordenó que se diera el tiempo muerto a la URSS y que se jugaran de nuevo los tres segundos. Cundió el nerviosismo; sacó el soviético Sergei Belov bajo la canasta e hizo un larguísimo pase a Alexander Belov que, con total sangre fría recibió y encestó ante la estupefacción de los americanos. Ganó la URSS 51-50 pero las protestas fueron de antología: el equipo USA se negó a recoger la medalla de plata y hasta amenazó con no participar en otra olimpiada.

1976

Los Estados Unidos no cumplieron su amenaza de no volver a participar en la competición de baloncesto después de la “final de los tres segundos” de Munich que dio la victoria a la URSS en circunstancias polémicas. Al contrario, volvieron con rabia y reconquistaron su trono ante Yugoslavia por 77-59. Lo Yugoslavos habían ido, soprendentemente, los verdugos de la URSS en semifinales. Pero los soviéticos sí se impusieron en el primer torneo de baloncesto femenino olímpico, ganando a los norteamericanos por 112-77. En este equipo figuraba la famosa Uliana Semenova, una torre de 2,10 metros y 128 kilos de peso.

1980

A pesar de la ausencia de Estados Unidos (vencedores en 8 de 9 olimpiadas), sorprendentemente la URSS no ganó como todos esperaban. Los soviéticos fueron batidos en semifinales por Italia, que jugó la final contra Yugoslavia. El partido acabó con triunfo yugoslavo por 86-77. La Unión Soviética disputó la medalla de bronce contra España y ganó por 117-94. El cuarto puesto era ya un aviso de lo que podía hacer la elección española de Antonio Díaz Miguel en la que destacaba Juan Antonio San Epifanio “Epi”, uno de los jugadores más carismáticos del baloncesto español. Epi participó en cinco olimpiadas (Montreal 1976, Moscú 1980, Los Angeles 1984, Seúl 1988 y Barcelona 1992). Su mayor éxito olímpico (y también el de la selección) fue la medalla de plata en Los Angeles, jugando ante un “dream team” norteamericano capitaneado por Michael Jordan.

1984

Los Angeles fue el escenario de la mayor hazaña del baloncesto español, de la mano de Antonio Díaz Miguel. La selección española se convirtió en una de las potencias mundiales de este deporte al ganar la medalla de plata. Sólo el gran coloso norteamericano, capitaneado por Michael Jordan y repleto de estrellas de la NBA pudo cerrar el paso a España en la final, por 96-65. Los nombres de los integrantes del equipo español de Los Angeles han quedado para la historia “Epi”, Fernando Martín, Romay, Solozábal, De la Cruz, Llorente, Margall, Arcega, Beirán, Giménez y López Iturriaga. La medalla de plata de Los Angeles fue la culminación de un trabajo constante de Díaz Miguel, cuyo equipo fue subiendo peldaño a peldaño. Nacido en 1933 y exjugador del Estudiantes (del que posteriormente fue entrenador) Díaz Miguel fue nombrado seleccionador nacional en 1965. Sus primeros pasos fueron duros ya que España descendió a segunda división. Pero posteriormente se consiguió el ascenso y la selección acudió a México 1968 después de quedar primera en el preolímpico de Monterrey. En 1973 España derrotó a la URSS en la final del Campeonato de Europa celebrado en Barcelona y en 1982 quedó cuarta en el Campeonato del Mundo de Cali, consiguiendo una histórica victoria contra Estados Unidos. En 1983 la selección quedaba tercera en el Campeonato de Europa de Nantes. Después de una década de trabajo constante el cuarto puesto conseguido en Moscú 1980 fue un serio aviso de lo que estaba por venir, la medalla de plata. Este fue el momento culminante del baloncesto español. En Seúl 1988 España perdió gas y acabó octava mientras que en Barcelona 1992 pasó una situación bochornosa al ser eliminada de la competición por Angola. Después del fracaso de Barcelona el tiempo de Díaz Miguel, tras 27 años de seleccionador, había pasado y fue destituído. Los nombres más brillantes del baloncesto español de los 80 estaban en esa selección que tocó el cielo en el país donde se inventó este deporte. El capitán del equipo era Juan Antonio Corbalán, que jugó u último encuentro internacional en la final contra Estados Unidos.

1988

Seúl fue el año del primer fracaso olímpico de la selección española. Después de ganar brillantemente la medalla de plata en Los Angeles, el conjunto de Díaz Miguel no cumplió las expectativas que había creado y sólo logró un octavo puesto tras perder ante equipos mediocres como Australia y Puerto Rico. La caída en picado de la selección continuaría hasta el gran desastre de Barcelona 1992. En la final la URSS ganó a Yugoslavia en un gran partido de los soviéticos.

1992

Barcelona 1992 se recordará siempre como el mayor ridículo protagonizado por el baloncesto español. Una actuación más que mediocre de una selección que tras tocar el techo con la medalla de plata en Los Angeles 1984 de la mano de Antonio Díaz Miguel no supo renovar sus esquemas y acusó el ambiente caótico que se vivía en el básket español a principios de los 90. La mala clasificación en Séul (un octavo puesto) fue un aviso tras el que no se tomaron medidas. El resultado fue catastrófico. En su país y delante de su público la selección es española perdió cuatro de los cinco partidos disputados y el único que ganó, contra Brasil, fue por un punto de diferencia. El equipo tocó fondo con la histórica, vergonzosa, derrota por veinte puntos de diferencia ante Angola, una selección que sólo contaba con tres profesionales en sus filas. Para el recuerdo quedaron datos reveladores: España llegó a tardar trece minutos en anotar una canasta después del descanso. El público, hastiado, simplemente acabó coreando y aplaudiendo la actuación de los africanos, que casi salieron a hombros. Juan Antonio San Epifanio “Epi”, un nombre mítico del baloncesto español, comentó al término del partido: “no me merecía una despedida como esta”. En fin, un espectáculo lamentable que removió los cimientos del baloncesto español. Curiosamente la mejor actuación de España fue también su derrota más abultada. Perdió por 41 puntos ante el “deam team” de Estados Unidos, cuando ya no tenía ninguna opciónn de clasificarse. Pero lo hizo con dignidad, jugando al nivel que desde un principio se esperaba de ella y manteniendo el marcador igualado durante buena parte del encuentro. El oro, naturalmente, fue para el “dream team” un equipo de jugadores excepcionales, lo más granado de la NBA que nunca más volverá a reunirse. Con una ambigua declaración, “los Juegos Olímpicos no mantendrán su prestigio ni sobrevivirán en el siglo XXI si no acogen a los mejores deportistas”, Juan Antonio Samaranch, presidente del COI, había abierto la puerta a la participación de profesionales.

1996

Después del fenomenal ridículo de España en Barcelona 1992 (con la triste derrota por 20 puntos de diferencia ante Angola) la selección no acudió a los Juegos de Atlanta. La medalla de oro la ganó la segunda parte del “dream Team” que conservaba alguno de los integrantes del equipo irrepetible de 1992. En la final los norteamericanos se impusieron a Yugoslavia por 95-69 pero los europeos vendieron cara la piel: a falta de 14 minutos para el final el resultado era de un ajustado 51-50 favorable a los norteamericanos. Hizo falta la excepcional actuación de David Robinson, que encestó 28 puntos, para lograr el oro.

CICLISMO

1896

Si bien en Atenas la competición todavía no estaba organizada por selecciones nacionales, el dominio en las diversas disciplinas pareció repartirse por países. Al igual que los norteamericanos se impusieron en atletismo, los franceses fueron incontestables en ciclismo, deporte de larga tradición en Francia. Los franceses ganaron seis de las 18 medallas en juego, cuatro de ellas de oro gracias a dos hombres: Paul Masson y Leon Flameng. El héroe galo fue Paul Masson, quien ganó tres de las seis pruebas ciclísticas que se disputaron: los 10 km. pista, la prueba de velocidad de 1.000 metros y la vuelta rápida a la pista. Su compatriota Flameng fue algo más irregular pero igualmente brillante. Se impuso en los 100 km. pista, fue plata en los 10 km. y bronce en los 1.000 metros velocidad.

1900

Se desarrolló en el Parque de los Príncipes y cabe anotar que, a pesar de que éste era (y sigue siendo) un deporte muy popular en Francia y de que el dominio en Atenas 1896 correspondió a los corredores franceses, sólo se disputó una prueba, la de 2.000 metros velocidad. La superioridad gala se repitió, copando el oro (Georges Taillander) y la plata (Fernand Sanz). El bronce fue para el norteamericano

1904

El ciclismo recuperó un protagonismo que había perdido en París 1900 y frente a la única prueba disputada entonces, en Saint Louis se corrieron 7 carreras, que fueron un duelo mano a mano entre dos norteamericanos, Marcus Hurley y Burton Downing, que se repartieron nada menos que once medallas, 6 de ellas de oro en pruebas denominadas en millas, al sistema americano. Por victorias el líder fue Hurley, el rey del sprint, que se impuso en la prueba de la milla en pista (1.609 m.), la media milla (804,5 m.), 1/3 de milla (536,66 m.) y ¼ de milla (402,24 m.). Además consiguió el bronce en la prueba de las 2 millas (3.218 m.). Precisamente las 2 millas fueron uno de los oros de Downing, junto con las 25 millas (42.225 m.). Asimimo, Downing fue la sombra de Hurley en la millas, 1/3 de milla y 1/4 de milla, pruebas en las que se colocó segundo. Asimismo fue bronce en la media milla. Ante la exhibición de Hurley y Downing, su compatriota Edward Billington tuvo que recoger las sobras, nada despreciables ya que fueron cuatro medallas: plata en la media milla y lo bronces de la milla, 1/3 de milla y ¼ de milla.

1908

Las pruebas de ciclismo se disputaron en el estadio: el velódromo era la pista de atletismo envuelta en 600 metros de cuerda. Sobre esta superficie los británicos se impusieron en todas las pruebas excepto en la de 2.000 metros tándem, que se llevaron los franceses Maurice Schilles y André Aufray.

1912

Desde los juegos de Atenas 1896 en cada Olimpiada las pruebas de ciclismo variaban radicalmente a juicio de los organizadores sin seguir ningún criterio de regularidad. Así en Estocolmo se suprimieron todas las pruebas de velocidad en pista y sólo se celebraron dos carreras de ruta, sobre una distancia de 320 kilómetros. La carrera por equipos la ganó Suecia mientras que en la prueba individual el ganador fue el sudafricano Rudolph "Okey" Lewis por delante del británico Frederick Grubb.

1920

Después del “bajón” producido en Estocolmo dónde sólo se celebraron dos carreras ciclísticas en ruta, en Amberes volvieron las pruebas de velocidad en pista. Las de 1920 fueron las competiciones ciclísticas olímpicas más completas hasta esa fecha. El hombre más rápido fue el holandés Maurice Peeter, que ganó el oro en la prueba de los 1000 metros. En los 2000 metros tándem la pareja británica Ryan-Lance se llevó el oro. En las carreras por equipos Italia ganó la prueba de persecución mientras que Francia se impuso en la de ruta, sobre una distancia de 175 kilómetros. En la ruta individual el ganador fue el sueco Hans Stenqvist, que también integró el equipo de su país que fue plata por equipos.

1924

Los ciclistas franceses se hicieron con la victoria en cuatro de las seis pruebas disputadas. Lucien Michard fue el hombre más rápido al imponerse en la prueba de los 1000 metros mientras que Lucien Choury y Jean Cugnot ganaron la de 2000 metros tándem. Cugnot también fue bronce en lo 1000 metros velocidad. Armand Blanchonnet fue el primero en la carrera de ruta, sobre una distancia de 188 kilómetros. El combinado francés ganó también la ruta por equipos mientras que Italia retuvo su título en la prueba de persecución por equipos.

1928

Por primera vez se celebró en unos Juegos Olímpicos un prueba contrarreloj, sobre una distancia de 100 metros, que ganó el danés Willy Falck Hansen. Dinamarca consiguió 3 oros en las seis pruebas disputadas. Además de la contrarreloj Henry Hansen se impuso en la prueba de ruta individual, sobre una distancia de 168 kilómetros y lo propio hizo el conjunto danés que participó en la ruta por equipos. Los italianos siguieron dominando la prueba de persecución por equipos como venía siendo ya casi tradicional. En la prueba de 1000 metros velocidad el ganador fue el francés Roger Beaufrand.

1932

Los corredores italiano continuaron con su dominio en la prueba de persecución, que ganaron por cuarta vez consecutiva. Además ampliaron sus victorias a la carrera de ruta por equipos, sobre una distancia de 100 kilómetros, y a la individual en la que se impuso Attilio Paresi con u compatriota Guglielmo Segato en el segundo lugar. En total los ciclistas italianos se llevaron 5 medallas en Los Angeles. En la contrarreloj la victoria fue para el austríaco Edgard “Dunc” Graf mientras que la prueba de 1000 metros velocidad la ganó el holandés Jacobus Van Egmond.

1936

El francés Robert Charpentier fue el hombre más destacado con sus tres medallas de oro: en ruta individual, sobre una distancia de 100 kilómetros, ruta por equipos y en la persecución de 4000 metro. Sus compatriotas Pierre Georget y Guy Lapébie consiguieron dos medallas cada uno. Entre los tres lograron las 7 medallas francesas en Berlín, muy por encima de las 3 conseguidas por los alemanes, aunque 2 de ellas fueron de oro. Se trata de la prueba de 1000 metro velocidad, que e adjudicó Toni Merkens y los 2000 metros tandem. La contrarreloj fue para el holandés Arie Van Vliet, que también fue plata en velocidad.

1948

Los ciclistas italianos continuaron destacando aunque esta vez cambiaron de especialidad (eran tradicionalmente fuertes en persecución por equipos) y e impusieron en lo 1000 metro velocidad gracias a Mario Ghella y en 20 metros tándem. Francia fue el país que acumuló mayor número de medallas, un total de cinco de las que 3 eran oros. Ganaron en 4.000 metros persecución por equipos, mientras que José Beyaert se impuso en la carrera de ruta individual sobre una distancia de 194,63 kilómetro y Jacques Dupont ganó la contrarreloj. El oro en ruta por equipos fue para Bélgica.

1952

Italia volvió a ganar en la prueba de 4000 metros persecución, en la que lo corredores transalpinos tenían un dominio tradicional pero de la que habían sido descabalgados en Londres 1948. Asimismo, Enzo Sacchi se impuso en los 1000 metros velocidad. El australiano Russel Mockridge fue medalla de oro en la contrarreloj y junto a su compatriota Lionel Cox se impuso también en 2000 metro tándem. Bélgica ganó la carrera de ruta por equipos, sobre una distancia de 190,4 kilómetros y la ruta individual, gracias a la actuación de André Noyelle. En Helsinki se produjo la única participación olímpica de Jacques Anquetil, uno de los mejores ciclistas de todos los tiempos, que ganó el bronce con el equipo francés de ruta.

1956

El equipo italiano ganó por sexta vez la carrera de 4000 metros persecución por equipos. La primera vez fue en Amsterdam 1928 y en otras dos ocasiones quedaron segundos. El altísimo nivel ciclístico italiano quedó demostrado una vez más con las tres medallas de oro obtenidas. Además de la persecución Leandro Fassin ganó la contrarreloj y Ercole Baldini la carrera de ruta, sobre una distancia de 187,73 kilómetros. La otra gran potencia del pedal, Francia logró cuatro medallas aunque sólo 2 de oro: la ruta por equipos y los 1000 metros velocidad, que se llevó Michel Rousseau. Australia ganó los 2000 metro tándem.

1960

El primer caso conflictivo de dopaje en los Juegos Olímpicos se dio en Roma en la jornada inaugural y mostró el problema de manera dramática. En la prueba de contrarreloj por equipo, que ganó Italia, participó el danés Knud Jensen, de 23 años, que al final de la carrera sufrió un colapso que lo condujo a una muerte fulminante después de pocas horas. Oficialmente se quiso explicar su fallecimiento atribuyéndolo a una insolación ya que el calor en Roma era sofocante y Jensen había corrido sin gorra. Sin embargo se demostró que el danés había consumido estimulantes. En lo que se refiere a resultados los italianos, grandes especialistas de la disciplina no podían fallar ante su público y dieron un recital obre la bicicleta: lograron el oro en todas las modalidades excepto en ruta individual, que ganó el soviético Viktor Kapilonov, sobre una distancia de 175,38 kilómetros. Italia ganó en total 7 medallas destacando las dos de oro de Gante Gaiardani, que se impuso en la contrarreloj y en los 1000 metros velocidad.

1964

Los italianos demostraron una vez más ser lo grandes especialistas del pedal. Mario Zanin logró el oro en la ruta individual, sobre una distancia de 194,83 kilómetros. Por su parte, Giovanni Rentella, se impuso en 1000 metros velocidad y el equipo transalpino ganó en 2000 metros tándem. Holanda ganó los 100 kilómetro contrarreloj por equipo mientras que el belga Patrick Sercu se impuso en los 1000 metro contrarreloj. La persecución individual la ganó el checo Jiri Dale mientras que la RFA se impuso en la modalidad por equipo.

1968

El dominio italiano en las últimas olimpiadas fue contestado por la delegación francesa, que dominó sin miramientos. En los 1000 metros contrarreloj se impuso Pierre Tentin mientras que Daniel Morelon ganó en los 1000 metros velocidad. Ambos fueron también los vencedores en los 2000 metros tándem mientras que Daniel Rebillard e imponía en la persecución. El honor italiano lo salvó Pierfranco Vianelli en la carrera de ruta. La polémica saltó en la persecución por equipos cuando el conjunto de la RFA fue descalificado, presuntamente porque un de los corredores empujó a un compañero para darle impulso. Entre protestas el oro fue para Dinamarca.

1972

En este deporte se dio uno de los casos de doping: uno de los integrantes del equipo holandés de 100 kilómetros ruta se retiró por un pinchazo pero luego se demostró que había ingerido estimulantes, por lo que se sancionó a todo el grupo. Otro perjudicado por el antidoping fue el español Jaime Huélamo, que había ganado el bronce en la ruta individual y se vio obligado a devolver la medalla tras dar positivo en el control. El francés Daniel Morelón, que había hecho doblete en México en los 1000 metros velocidad y en tándem, reeditó en Munich su victoria en el sprint. Posteriormente, en Montreal 1976 ganaría la medalla de plata. Las victorias estuvieron muy repartidas aunque la URS consiguió imponerse en 2 pruebas: la contrarreloj por equipos y los 2000 metros tándem. El noruego Knut Knutsen ganó en los 4000 metros persecución, mientras que en la prueba por equipos lo hizo la RFA. En la ruta individual el oro fue para el holandés Heunie Kuiper, mientras que el danés Niels Frebay se impuso en los 1000 metros contrarreloj individual.

1976

El alemán federal Gregor Braun fue el líder de su conjunto nacional y consiguió la medalla de oro en persecución individual y por equipos. La RFA fue el único país que consiguió un doblete. El sueco Bert Johansson se impuso en la ruta individual sobre una distancia de 175 kilómetro, mientras que el checo Anton Tkac lo hizo en la prueba de velocidad. En la contrarreloj individual ganó el alemán oriental Klaus Grünke mientras que los soviéticos se impusieron por equipos.

1980

El duelo entre soviéticos y alemanes orientales, repetido en tantos otros deportes, acabó con victoria de la URSS con tres oros, por dos de la RDA. Los soviéticos se impusieron en los 100 kilómetros contrarreloj, la persecución por equipos y la ruta individual, obre 189 kilómetros, que ganó Sergei Sukhoruchenkov. Los alemanes ganaron, a su vez, las pruebas de velocidad: Lothar Thorn lo hizo en los 1.000 metros contrarreloj y Lutz Hegslich en los 1.000 metros velocidad. La persecución individual fue para el suizo Robert Dill-Bundi.

1984

Sin duda la estrella de este deporte fue una mujer, la norteamericana Connie Carpenter, de 27 años, casada con un ciclista olímpico y madre de familia, que se convirtió en la primera atleta estadounidense que consiguió una medalla de oro en ciclismo desde 1912. Carpenter llevaba 12 años en la competición internacional y, curiosamente, había participado como patinadora en los Juegos Olímpicos de Innsbruck 1972. Además de la victoria de Carpenter los ciclistas norteamericanos se llevaron tres medallas de oro más. La más destacada fue la de Steve Hegg quien ganó los 4.000 metro persecución individual batiendo al campeón del mundo, el alemán federal Rolf Golz. Sin embargo no pudo integrar el equipo norteamericano que disputó la prueba por equipos y que ganó la plata por detrás de Australia. En la prueba de ruta kilómetros se impuso A. Grewal. En los 1000 metros velocidad el oro fue para Gorski mientras que el también norteamericano N. Valis conseguía la medalla de plata. El alemán Schmaldike se impuso en la contrarreloj individual mientras que el combinado italiano -infaltable la medalla italiana en cualquier competición cicilista- lo hizo en la prueba por equipos.

1988

La RDA se hizo con tres victorias. Lutz Hesslich ganó el oro en los 1.000 metros velocidad mientras que Olaf Ludwig venció en ruta individual sobre una distancia de 196,8 kilómetros. Los alemanes del este también se impusieron en la contrarreloj por equipos. La persecución fue coto cerrado para los soviéticos que ganaron la prueba por equipos mientras que Gintautas Umaras lo hizo en individual. En categoría femenina la soviética Erina Salmaee se impuso en los 1.000 metros velocidad mientras que la holandesa Monique Knol lo hizo en la ruta.

1992

La primera medalla conseguida por un español en los Juegos de Barcelona fue la de José Manuel Moreno, oro en los 1.000 metros contrarreloj, con una marca de 1'3”342. Nacido en Amsterdam de padres españoles inmigrantes, Moreno residía en Chiclana (Andalucía) desde los 7 años y practicaba el ciclismo desde los 12 años, aunque conjugándolo con otros deportes hasta los 17. En 1988 ganó el Campeonato de España de Velocidad y estuvo a punto de entrar en las semifinales en Seúl 1988. Pero se confirmó como un gran especialista al ganar en 1990 tres torneos de la Copa de las Naciones y ser por dos veces subcampeón de Europa de velocidad y persecución. En 1991 ganó dos pruebas de la Copa del Mundo y dos medallas de oro en los Juegos Mediterráneos de Atenas, en los 1.000 metros y en velocidad. Fabio Casartelli y Giovanni Lombardi diaron a Italia dos medallas oro, repectivamente en la carrera a los puntos y en la ruta individual. En la contrarreloj por equipos España quedó en quinta posición mientras que el oro fue para Alemania. Los alemanes también ganaron la persecución por equipos la prueba de velocidad individual, que se adjudicó Jens Fielder. José Manuel Moreno fue octavo en esta prueba. En persecución individual ganó el británico Christopher Miles Boardman.

1996

A nadie le extrañó que la medalla de oro en la contrarreloj olímpica recayera en Miguel Indurain, el mejor ciclista de todos los tiempos. Pero la sorpresa grata fue eque en esta prueba la medalla de plata fuera para el español Abraham Olano un joven guipuzcoano nacido en 1979 que en 1996 llevaba cuatro años como ciclista profesional. En su palmarés estaban senas victorias en el campeonato de España de fondo carretera en 1994 y el campeonato el Mundo de la misma especialidad en 1995. Olano siguió la estela de Indurain encaramándose al podio con un crono de 1:04:17, a 12 centésimas del campeón navarro. De Indurain está todo dicho citando sus cinco victorias consecutivas en el Tour de Francia entre 1991 y 1995. Entrenado por José Miguel Echávarri, Indurain era por sus condiciones físicas, una máquina para el ciclismo: en reposo su ritmo cardíaco era de 28 pulsaciones por minuto, que podían subir a 195 en un momento de esfuerzo y recuperarse en 30 segundos hasta 50 pulsaciones. Ello significaba que, en pleno esfuerzo, el corazón de Indurain podía bombear 50 litros de sangre por minuto. Esta potencia, unida a una capacidad torácica de ocho litros hicieron del navarro el dominador absoluto e incontestable del ciclismo mundial durante 10 años. Gregario de Pedro Delgado, a quien ayudó a ganar el Tour de Francia de 1989, fichó en 1990 por el equipo Banesto y terminó décimo en el Tour de ese año. A partir de entonces la prueba reina del ciclismo llevaría su nombre. Cabe destacar también en categoría femenina a la francesa Jeanie Longo quien, a sus 36 año, saboreó la victoria olímpica en la prueba de ruta, además de llevarse la medalla de plata en ruta contrarreloj. La Francesa, una de las mejores especialistas mundiales, ya había sido medalla de plata en ruta en Barcelona 1992. Francia obtuvo dos medallas de oro: en los 4.000 metros persecución por equipo y en los 1.00 metros contrarreloj, que ganó Florian Rousseau. Los italiano Andrea Colinelli y Silvio Martinello se impusieron respectivamente en los 4.

GIMNASIA

1896

Los alemanes y, en menor medida los griegos, compartieron el protagonismo en estas pruebas que, junto con el atletismo y la natación, son la especialidad emblemática de los Juegos Olímpicos. Herman Weingärtner, Carl Schuhmann y Alfred Flatow fueron los primeros nombres destacados del palmarés gimnástico olímpico, poniendo las bases de lo que es hoy una disciplina a medio camino entre el deporte y el arte. En total los alemanes se llevaron 11 medallas, 5 de ellas de oro: barra fija individual y por equipos, barra paralela individual y por equipos y salto de caballo. La estrella alemana fue Herman Weingärtner que se llevó 5 medallas, entre ellas el oro en barra fija. Alfred Flatow fue oro en paralelas y plata en barra fija mientras que Carl Schuhmann se impuso en salto de caballo. Este último deportista es uno de los casos más curiosos de la primera edición de los JJOO, una suerte de "deportista completo ya que también compitió en halterofilia (en la categoría de súper pesados) ganando una medalla de plata, y en lucha grecorromana, donde consiguió el oro en lo pesos súper pesados. Los griegos hicieron honor a su tradición histórica con 7 medallas, repartidas en dos oros, dos platas y 3 bronces. Los campeones griegos fueron Ioannis Mikopoulos en anillas y Nicolaos Adriakopulos, en cuerda.

1900

En París 1900, y durante varias ediciones sucesivas más, no se concedían medallas por aparato sino que se realizaba el llamado "concurso general" en el que se daba una puntuación parcial por varios ejercicios, ganando el atleta que mayor puntaje total obtenía. Los gimnastas franceses coparon el podio: se trataba de Gustave Sanras (302 pts.) Noël Bas (295 pts.) y Lucien Deimanet (293 pts).

1904

La escasez de deportistas extranjeros en Saint Louis favoreció que los norteamericanos arrasaran en los aparatos individuales. Sin embargo, en el "concurso general" individual (puntuación acumulada de la actuación en varios aparatos) las medallas se fueron a Europa, destacando el austríaco Julius Lenhart que logró el oro con 69,80 puntos tras un ajustadísimo duelo con el alemán Wilhelm Weber, que se quedó con 69,10. El tercer clasificado fue el suizo Adolf Spinnler. Los norteamericanos se tomaron la revancha en el "concurso general" por equipos, donde coparon el podio. El oro fue para el conjunto de Philadelphia Tumverein. En aparatos los reyes indiscutibles fueron los norteamericanos Anton Heida con 5 medallas, 4 de ellas de oro; y George Eyser con 6 mdallas, 3 de oro. Entre ambos elevaron el nivel gimnástico a niveles aún no vistos en unos Juego Olímpicos. Ambos depuraron tanto su técnica que tuvieron que compartir la medalla de oro en salto de potro, empatados a 36 puntos. Heida se impuso además en las pruebas de "cuatro ejercicios", potro con aros y barra fija, además de ser segundo en paralelas. Eyser sumó a su oro "ex aequo" las victorias en cuerda y paralelas, además de ser plata en cuatro ejercicios y potro con aros y bronce en barra fija.

1908

La gimnasia consiguió su primer su primer mito olímpico en los Juegos de 1908 en la persona del italiano Alberto Braglia, quien con su extraordinaria actuación dio un gran impulso a una disciplina que, por aquel entonces, todavía estaba considerada e segunda fila. El italiano logró una medalla de oro en lo que se denominaba el "concurso general" que consistía en la suma de puntos en cinco aparatos. Su resultado fue de 317 puntos por 318 del británico Tysal. En la siguiente edición, Estocolmo 1912, Braglia también fue medalla de oro. En Londres, a diferencia de Saint Louis, no se entregaron medallas por aparatos, costumbre que se extendió algunas ediciones más. Si no hubiera sido por eta eventualidad, Alberto Braglia sería hoy uno de los deportistas olímpicos con mayor número de medallas. En el "concurso general" por equipos el podio fue copado por los nórdicos: Suecia, Noruega y Finlandia fueron oro, plata y bronce, respectivamente.

1912

La gimnasia, lo mismo que la natación, adquirió en Estocolmo carta de naturaleza como uno de los tres deportes esenciales del olimpismo, gracias a las buenas ejecuciones y a lo entendido del público sueco. Al igual que en Londres 1908, en Estocolmo la estrella más destacada fue el italiano Alberto Braglia, considerado el mejor gimnasta olímpico de la primera década del siglo XX. Braglia se llevó el oro en el "concurso general" que constaba de cuatro aparatos (todavía no se daban medallas por aparatos en aquella época a pesar de que en Saint Louis 1904 sí se había hecho) con 135 puntos, por 132 del segundo clasificado, el francés Louis Segura. Además, Braglia fue el líder del conjunto nacional italiano, que se hizo con la victoria por equipos. En ejercicios libres el oro fue para Noruega. En esta olimpiada se incluyó como parte del programa una competición de gimnasia sueca que ganó, obviamente Suecia, seguida por Dinamarca y Noruega.

1920

En Amberes ya no participó el famoso gimnasta italiano Alberto Braglia, el rey del “concurso general” en las dos anteriores ediciones y artífice del triunfo del equipo de su país. Sin embargo su legado quedó y la hegemonía italiana en gimnasia se mantuvo inalterada. Giorgio Zampari recogió el testigo de Braglia ganando la medalla de oro en el concurso general (suma de actuaciones en varios aparatos, ya que no se daban medallas por aparato) y en el concurso por equipos el conjunto italiano volvió a imponerse. Se mantuvieron las competiciones de ejercicios libres y gimnasia sueca introducidos en Estocolmo, que fueron dominados por suecos, daneses y noruegos).

1924

Después de 20 años se volvieron a conceder medallas por aparatos, algo que no se hacía desde Saint Louis 1904. Desde entonces hasta esta Olmpiada únicamente se premiaba el “concurso general” individual y por equipos, sumatorio de puntos de la actuación en varios aparatos. Las disciplinas fueron 9: anillas, barra fija, paralelas, potro con aro, potro, salto de potro y trepar a la cuerda además del concurso general individual y por equipos, que se mantuvieron. Lo italianos mantuvieron una tradición e más de una década y volvieron a ganar el concurso general por equipos además de la medalla de oro de Francesco Martino en anillas. La herencia del gran Alberto Braglia todavía seguía viva. Yugoslavia, que recién existía como país independiente desde el final de la Primera Guerra Mundial, se estrenó en el medallero olímpico gracias a una de las más destacadas figuras gimnásticas de esta olimpiada, Leon Strkelj, que ganó el oro en la modalidad de barra fija y el concurso general individual. También hicieron doblete lo suizos con las victorias de August Güttinger en paralelas y Josef Wilhelm en potro de aros. Suiza fue el país con mayor número de medallas, un total de 7, mientras que Francia consiguió 5, 1 de ellas de oro. Franz Kirz logró la primera medalla en gimnasia para Estados Unidos desde Saint Louis 1904, al imponerse en salto de potro.

1928

Poco a poco la gimnasia se iba consolidando como uno de los tres deportes clave de los Juegos, junto con el atletismo y la natación. En Amsterdam la disciplina estuvo dominada por los suizos, que se llevaron cuatro de las ocho medallas de oro en disputa, destacando los nombres de Georges Miez (oro en barra fija y concurso general) y Hermann Hänggi (oro en potro con aros). Este año las mujeres participaron por primera vez en gimnasia (al igual que en atletismo), aunque con muy poco éxito ya que no volvió a haber participación femenina en este deporte hasta 28 años más tarde. Sólo compitieron en concurso general por equipos ya que no e programaron pruebas individuales femeninas, ni en concurso ni por aparatos. El oro se lo llevó Holanda, que se impuso a Italia y Gran Bretaña.

1932

El húngaro István Pelle fue la gran estrella gimnástica de Los Angeles ganando cuatro medallas, dos de ellas de oro. Pelle se impuso en potro con aros y en los ejercicios de suelo, mientras que quedó en segundo lugar en las paralela y en el concurso general. Otro nombre destacado fue el del italiano Romeo Neri, que fue oro en el concurso general individual (superando a Pelle) y en barras paralelas. Su compatriota Savino Guglielmenti se impuso en salto de potro, consiguiendo la tercera medalla de oro para Italia, una de las potencias gimnásticas de la época. Es también digno de mención el finlandés Heikki Savolainen que ganó 4 medallas (dos platas y dos bronces). Savolainen ya había conseguido un tercer puesto en Amsterdam 1928 y, aunque en la olimpiada de Berlín 1936 no participó, regresó a los Juegos de Londres 1948 donde, a pesar del tiempo transcurrido (tenía 12 año más) hizo su mejor actuación y e llevó el oro en potro con aros. El país con mayor número de medallas de oro fue Estado Unidos, que logró cinco.

1936

Los alemanes dominaron en este deporte gracias a las grandes actuaciones Karl Schwarzmann, que ganó tres medallas de oro, y de Konrad Frey. En total la selección alemana se hizo con 6 e las 8 medallas de oro que se disputaron en gimnasia. Fue destacable también el papel del suizo Eugen Mack que ganó cuatro medallas, 3 de plata y una de bronce. En categoría femenina sólo se celebró el concurso general, que ganó el equipo de Alemania. La plata fue para Checoslovaquia y el bronce para Hungría.

1948

La gimnasia fue un duelo emocionante entre finlandeses y suizos en el que se impusieron los nórdicos con un total de 10 medallas, 6 de ellas de oro. El gran nivel de los finlandeses queda demostrado con un dato: tres de las medallas de oro conseguidas lo fueron en una misma disciplina, potro con aros, donde no hubo manera de romper la igualdad entre Veikko Huhtanen (que también fue oro en concurso general individual y logró un bronce), Paavo Altonien (vencedor, asimismo, en salto e potro) y Heikki Savolainen. Éste último merece una mención aparte por ser un caso atípico de longevidad deportiva. Su primera participación fue en 20 año antes, en Amsterdam 1928, donde consiguió un tercer puesto. En Los Angeles 1932 fue el gimnasta con mayor número de medallas (dos platas y dos bronces) y, aunque en la olimpiada de Berlín 1936 no participó, regresó a los Juegos de Londres a pesar del tiempo transcurrido (tenía 12 años más) hizo su mejor actuación y subió al fin a lo más alto del podio. Los suizos se quedaron con 9 medallas aunque sólo 3 pudieron ser de oro: Karl Frei en anilla, Josef Stalder en barra fija y Michael Reusch en paralelas. En categoría femenina el concurso general fue ganado por Checoslovaquia

1952

Fue la disciplina en la que más impactaron los soviéticos llevándose un total de 22 medallas, 9 de ellas de oro. La gran figura soviética fue Viktor Tchukarin quien consiguió tres victorias: concurso general individual, potro con aros y alto de potro. Asimismo, en categoría masculina la URSS ganó en anillas y concurso general por equipos. En categoría femenina las victorias soviéticas fueron en concurso general por equipos, potro, salto de potro y concurso general individual, éste último ganado por Maria Gorokhovskaya). El veterano finlandés Heikki Savolainen disputó en Helsinki u quinta olimpiada consecutiva con un balance de 2 medallas de oro, 1 de plata y 7 de bronce.

1956

En categoría masculina la URSS convirtió la gimnasia en su feudo particular. Estado Unidos no pudo conseguir ninguna medalla mientras que los soviéticos acapararon 11 medallas, entre ellas 7 de los 9 oros en disputa. Víktor Chukarin realizó una actuación casi tan brillante como la de Helsinki 1952, donde ganó 3 medallas de oro y una de plata. En esta ocasión también e llevó cuatro medallas, pero sólo dos victorias, en paralelas y concurso general. La otra figura soviética fue Valentin Muratov con dos medallas de oro (ejercicios en suelo y salto de potro) y una de plata. La supremacía soviética sólo pudo ser contestada en número de medallas por Japón, que también obtuvo 11 aunque sólo una de oro. La consiguió el brillante Takashi Ono, en barra fija, además de tres podios más. Ono se lo puso especialmente difícil a Chukarin en el concurso general y se quedó en un tris de arrebatarle el oro. En categoría femenina la gimnasia fue un duelo Hungría-URSS (con todas sus connotaciones políticas) que acabó en tablas: ambos países lograron 6 medallas, cuatro de ellas de oro. El enfrentamiento quedó sintetizado en el duelo entre la húngara Agnes Keleti y la soviética Larissa Latynina las grandes estrellas de la gimnasia femenina que acapararon las cuatro medallas de oro respectivas. Keleti ganó en concurso general individual, por equipos, salto de potro y ejercicios de suelo, mientras que Latynina hizo lo propio en barras asimétricas, gimnasia de grupo con aparato, potro y suuelo, esta última ex aequo con su adversaria húngara. Mayor igualdad, imposible.

1960

Las termas romanas de Caracalla, habilitadas para albergar las pruebas de gimnasia y las de lucha, fueron testigo de una nueva eclosión de la soviética Larisa Latynina, una de las mejores gimnastas de la historia, que ganó un total de 18 medallas en las tres Olimpiadas en las que participó. En Melbourne 1956 ganó cuatro oros una plata y un bronce. Tenía 21 años y ya estaba casada (una situación muy distinta de la de las actuales gimnastas). En 1960 acababa de dar a luz a su primer hijo, lo que no le impidió imponerse en el concurso completo individual, por equipos y en ejercicios de suelo, ganando además dos medallas de plata y una de bronce. Posteriormente participaría en Tokio 1964 donde, ya con 29 años y madre por segunda vez, donde ganó sus dos últimas medallas de oro, acompañadas de dos platas y un bronce.

1964

Esta fue la última participación de la soviética Larisa Latynina, una de las mejores gimnastas de la historia, que ganó un total de 18 medallas en las tres Olimpiadas en las que participó. Con 29 años y madre de dos hijos ganó dos medallas de oro (concurso general por equipos y ejercicios de suelo) acompañadas de dos de platas (concurso completo individual y potro) y dos de bronce (barras asimétricas y barra fija). Latynina comenzó su palmarés olímpico en Melbourne 1956 donde ganó cuatro oros una plata y un bronce. Tenía 21 años y ya estaba casada (una situación muy distinta de la de las actuales gimnastas). En 1960 acababa de dar a luz a su primer hijo, lo que no le impidió imponerse en el concurso completo individual, por equipos y en ejercicios de suelo, ganando además dos medallas de plata y una de bronce. Mientras la estrella de Larisa Latynina se apagaba en Tokio surgía un nuevo astro gimnástico: la húngara Vera Caslavska, que logró dos oros, en potro y salto de potro, aunque su actuación más espectacular se daría en México 1968. También fue la última participación olímpica de Takashi Ono, el japonés que plantó cara durante cuatro olimpiadas al poder soviético en gimnasia. En Tokio, sin embargo, no pudo obtener subir al podios. A lo largo de su carrera Ono obtuvo 13 medallas: 5 de oro, 4 de plata y 4 de bronce. Su heredero fue Yukio Endo, abanderado nipón en el gran duelo que sostuvieron los soviéticos y los japoneses. Endo ganó en concurso individual y bbarras paralelas, mientras que Shuji Tsumi consiguió tres medallas de plata. En total Japón obtuvo 9 medallas, 5 de ellas de oro. La URSS se llevó 9 medallas, aunque una sola era de oro. La consiguió en barra fija Boris Shaklin, uno de los mejores gimnastas soviéticos. Shaklin había sido la estrella gimnástica de Roma 1960, con 4 medallas de oro. A lo largo de su carrera obtuvo 10 medallas olímpicas.

1968

La checa Vera Caslavska ya había brillado con luz propia en Tokio 1964 al lograr dos medallas de oro. Pero en México se produjo su gran actuación, convirtiéndose en “la novia azteca” al ganar cuatro medallas de oro y dos de plata, completando así el total de 7 oros y 4 platas en tres participaciones olímpicas. Caslavska fue la líder del equipo checo que se tomó como un reto nacional imponerse a las gimnastas soviéticas (la invasión e Checoslovaquia por parte de la URSS se había producido meses antes). Por cierto, lo de “la novia azteca” es literal, porque recién acabada la competición contrajo matrimonio en la catedral de México con el atleta checo Josef Odlozil. En categoría masculina Japón se convirtió en la gran potencia gimnástica imponiéndose sobre la URSS. Los nipones vencieron en el concurso general por equipos mientras que Sawao Kato lo hizo en el individual, además de ser oro en ejercicios de suelo y plata en anillas. Yukio Endo, que ya había destacado en Tokio 1964 se consagró aquí con su actuación decisiva en el concurso general individual además de la medalla de oro en paralelas y la de plata ex aequo en ejercicios de suelo. Por parte soviética destacó Mikhail Voronin que consiguió dos medallas de oro, os de plata y dos de bronce en diversos aparatos. Nuevamente el potro con aros fue para el yugoslavo Miroslav Cerar, quien estaba imbatido en la especialidad desde 1962.

1972

Munich marcó el inicio de una nueva era en la gimnasia. Con la irrupción de la soviética Olga Korbut, que tenía 17 años pero aparentaba muchos menos, comenzaron a proliferar las gimnastas-niñas. Atrás quedaron mujeres hechas y derechas como Larisa Latynina, que entre victoria olímpica y victoria olímpica podía ser madre. Ahora, Olga Korbut desbancó a la líder de su equipo, Ludmila Turischeva, una representante de la vieja escuela, considerada la última gimnasta-mujer de la época clásica. Korbut, grácil y etérea con sus escasos 38 kilos y su 1,50 de altura, era una suplente del equipo soviético. Sorprendió cuando casi ganó el oro en el concurso general, aunque una caída en paralelas se lo impidió y la victoria fue para Turischeva. Pero después la sorprendente niña se impuso en ejercicios de suelo y barra de equilibrios, y fue plata asimismo en las barras asimétricas. Con su participación la URSS logró nuevamente la victoria en concurso general por equipos, que detentaba desde Helsinki 1952. La alemana oriental Karin Janz hizo doblete en salto y barras asimétricas. En categoría masculina se reprodujo la guerra entre soviéticos y japoneses que había admirado a todo en México 1968. Los japoneses eran la gran potencia gimnástica desde Roma 1960 y en Munich consolidaron esta posición gracias, en gran medida a la magnífica actuación de Sawao Kato, que ganó en concurso general y paralelas, además de capitanear al conjunto que se impuso en concurso general por equipos. Kato, el sucesor de Yukio Endo (que fue su compañero de equipo en México) y del maestro Takashi Ono, llevó a una perfección nunca vista sus movimientos y se convirtió en el máximo triunfador en dos olimpiadas, algo que sólo habían conseguido anteriormente el mítico italiano Alberto Braglia (1908 y 1912) y el soviético Víctor Tschukarin (1952-1956). Kato consiguió, además, las medallas de plata en potro con aros y barra fija. Posteriormente, en Montreal 1976 y con 30 años, Kato aún estaría en condiciones de ganar el oro con el equipo japonés y la plata en el concurso individual.

1976

Para hablar de gimnasia en Montreal sólo hay que pronunciar el nombre de Nadia Comaneci y podemos estar seguros de que todo está dicho. Cuatro años antes Olga Korbut había inaugurado la era de las “gimnastas-libélulas”, las niñas prodigio de aspecto frágil y vulnerable capaces de las más increíbles evoluciones. Nadia es su máximo exponente histórico. Al igual que sucede con Mark Spitz en natación nadie ha conseguido igualar su hazaña en Montreal: a sus 14 años y con 40 kilos de peso logró cinco medallas (tres de oro) y siete dieces, la puntuación máxima en gimnasia; algo que jamás se había visto. Ni se ha vuelto a ver. Tres de estos dieces los consiguió en el concurso general individual, en el que se impuso a las grandes especialistas soviéticas: Nelli Kim y Ludmilla Turischeva la campeona de Munich 1972 que, a sus 23 años, podía ya considerarse “vieja” para la gimnasia. Después de esto hubo gente que pagó hasta 200 dólares por una entrada que valía 20 para ver a Comaneci. Fue una buena inversión porque la verdadera explosión de la rumana se produjo en los finales por aparatos. Sus dos actuaciones en barras asimétricas fueron puntuadas globalmente con un 20 y en barra de equilibrios se quedó a cinco décimas. Además, se hizo con el bronce en salto de potro. Nadia tenía una gracia, audacia y seguridad inéditas que la llevaron a ejecutar los más arriesgados y plásticos ejercicios. Bajo su liderazgo Rumanía se encaramó al segundo puesto mundial en gimnasia, detrás de la URSS. Son recordados sus perfecto vuelos de una barra asimétrica a otra, sus peligrosos mortales y la creatividad de sus ejercicios de suelo, que crearon escuela. Había nacido en la localidad rumana de Georghiui-Dej, al pie de los Cárpatos, en una familia obrera, y desde los seis años se entrenaba cuatro horas diarias. Sin embargo, la vida de la niña grácil que hacía lo imposible con una sonrisa en los labios no fue muy agradable. Nadia se convirtió en patrimonio nacional de Rumanía y fue explotada por el régimen de Ceaucescu.

1980

Después de la gran brillantez de las actuaciones de Montreal 1976, el boicot dejó a la gimnasia seriamente “tocada” en Moscú especialmente en categoría masculina. Por parte femenina las mayores figuras eran del Este, por lo que el boicot no afecto tanto. Sin embargo la gimnasia femenina sufrió un azote peor: la nefasta actuación de los jueces, quienes llegaron a viciar algunas de las competiciones. Los problemas en este sentido ya se habían producido en ediciones anteriores pero en Moscú adquirieron tintes de escándalo cuando la puntuación de la soviética Yelena Davidova en el concurso general fue rectificada mientras la rumana Nadia Comaneci era puntuada ostensiblemente por debajo de lo que merecía. La operación dio la victoria a Davidova por 79.150 puntos mientras que la “novia de Montreal” y la alemana oriental Maxi Gnauck compartían la plata con 79,075 puntos. En el concurso por equipos también se impuso la URSS superando a Rumanía y a la RDA. La soviética Natalia Shaponikova ganó el oro en salto, la alemana oriental Gnauck lo hizo en barras asimétricas, Nadia Comaneci venció en la barra de equilibrios y la veterana soviética Nelli Kim (doble medallista en Montreal) ganó en ejercicios de suelo. Las ausencias de China y Japón en la competición masculina le restaron brillantez. Sin embargo el soviético Alexander Ditiatin tomó el testigo de su compatriota Nikolai Andrianov (el triunfador de Montreal) y se impuso claramente en el concurso general individual, lograando incluso varios dieces de puntuación. Andrianov quedó en segundo lugar. Ditiatin también ganó en anillas mientras que Andrianov lo hizo en salto. El resto de aparatos se repartieron entre gimnastas soviéticos y alemanes orientales excepto el potro con aros, donde se impuso el húngaro Zoltan Magyar. La URSS se impuso también en el concurso general por equipos.

1984

Fue uno de los deportes que más sufrió con la ausencia de los países del Este a causa del boicot, y hubiera podido ser peor si Rumanía lo hubiera secundado. Sin embargo, donde nadie lo esperaba saltó la sorpresa en forma de una “libélula” norteamericana de 16 años capaz de hacer sombra a las gimnastas del bloque socialista. Se trataba de Mary Lou Retton, llamada “la hormiga atómica” (medía 1,43 metros) quien se impuso en el concurso individual femenino. Su triunfo no fue casual: su entrenador fue el rumano Bela Karoly, el descubridor de Nadia Comaneci, quien se había exiliado en Houston huyendo del régimen de Ceaucescu. Mary Lou logró en su actuación dos “dieces” que le reportaron la victoria ante la única rival de peso que tuvo, la rumana Ekaterina Szabo, aunque en las finales por aparatos no ganó ninguna prueba. Sí consiguió la plata en concurso general por equipos y en salto de potro, así como el bronce en ejercicios de suelo y barras asimétricas. Posteriormente, sabiendo que las gimnastas soviéticas y rumanas no le iban a dar respiro, aprovechó el tiempo y la popularidad firmando suculentos contrato publicitarios e interviniendo como comentarista de TV. En el concurso general por equipos las rumanas no dieron opción al equipo norteamericano y dominaron también en los aparatos. Ekaterina Szabo, además de su plata en concurso general, fue oro en ejercicios de suelo y en salto de potro, mientras que su compatriota S. Pauca (bronce en concurso general) ganó en barrra de equilibrios. La china M. Yahong se impuso en barras asimétricas mientras que la canadiense Lori Fung lo hizo en rítmica. En categoría masculina chinos y japoneses les pusieron las cosa difíciles a los norteamericanos. El nipón K. Gushiken se impuso en concurso general individual y en anillas, además de ser plata en salto de potro y bronce en barra fija. Sus compatriotas S. Morisue y L. Yun se impusieron respectivamente en barra fija y salto de potro. Este último también fue plata en ejercicios de suelo.

1992

La gimnasia masculina en Barcelona tuvo un nombre propio, el de Vitali Scherbo, que compitió por el Equipo Unificado. Bielorruso de nacimiento, este muchacho de 18 años vivió con naturalidad el derrumbe de la URSS y e colgó al cuello 6 medallas de oro con la misma facilidad con la que conducía un descapotable muy poco “soviético”. Scherbo fue en Barcelona una máquina contra la que nada pudieron ni norteamericanos ni chinos, que sólo lograron imponerse en barra fija (Trent Dimas) y en ejercicios de suelo (Li Xiosahuang). De manera perfecta pero con una frialdad que impidió que el público se entusiasmara con él, Scherbo ganó el concurso general individual por delante de otros dos miembros del Equipo Unificado, Grigori Misioutine y Valery Belenki. Capitaneó al combinado a la victoria en la competición por equipos y se impuso en paralelas, salto de caballo, caballo con arcos y anillas sin dar opción a nadie. Su grandeza deportiva no tuvo un correlato en su carácter ya que el bielorruso hizo gala de un comportamiento arrogante que le ganó la animosidad de sus compañeros de equipo, jueces y hasta entrenadores. A pesar de sus éxitos no fue recibido como héroe nacional en Bielorrusia, tal como sería de esperar. Lo contrario sucedió con la china Li Lu quien, a falta de una dominadora clara en gimnasia, se colgó el título de “novia de Barcelona” con su figura de minúscula “libélula” y su excepcional actuación en barras asimétricas, con la que cosechó el único 10 unánime de toda la competición, lo que le valió el oro. Se esperaba un duelo a muerte entre la rusa Svetlana Boguinskaia y la norteamericana Kim Zmeskal pero ambas decepcionaron. El concurso individual lo ganó Tatiana Goutsou, del Equipo Unificado. Las hermanas españolas Sonia y Cristina Fraguas quedaron novena y decimotercera, respectivamente, en esta prueba. En el concurso por equipos también se impuso el Equipo Unificado, seguido de Rumanía. España quedó en una meritoria quinta posición detrás de las potencias de China y Estados Unidos.

1996

El equipo de gimnasia artística pasó a la historia por ser el artífice de la primera medalla de oro española en esta disciplina, dominada tradicionalmente por gimnastas del este, chinas y, eventualmente, norteamericanas. Desde Barcelona 1992, donde la española Carolina Pascual logró la medalla de plata en gimnasia artística, este deporte experimentó un importante impulso en España que cristalizó en Atlanta con el oro logrado por Nuria Cabanillas, Estela Giménez, Estívaliz Martínez, Tania Lamarca, Lorena Guréndez y Marta Baldo. Las españolas, que obtuvieron 38,933 puntos sostuvieron un apretado duelo con el equipo de Rumanía, que al final quedó con 38,866, y con Rusia que obtuvo la medalla de bronce. En categoría masculina no hubo claros dominadores: en el concurso general individual se dio un duelo a muerte entre el chino Li Xiashuang, el ruso Alexei Nemov y el bielorruso Vitali Scherbo, el ganador de seis medallas de oro en Barcelona 1992. Scherbo no estuvo a la altura de los anteriores Juegos y sólo logró tres medallas de bronce. Xiaoshuang obtuvo el oro en el concurso individual. Por equipos se invirtieron los papeles y Rusia ganó el oro dejando la plata y el bronce para China y Ucrania. Ningún deportista ganó en más de un aparato aunque el ruso Alexei Nemov pudo llevarse el oro en salto de potro y el bronce en ejercicios de suelo, por detrás del chino Xiaoshuan y del griego Ioannis Melissanidis, que obtuvo el oro. El alemán Andreas Wecker fue oro en barra horiizontal mientras que el italiano Yuri Chechi lo fue en anillas. En paralelas ganó el ucraniano Rustan Sharipov mientras que en potro con aros lo hizo el suizo de origen chino Li Donghua. Cabe destacar al español Jesús Carballo, quien obtuvo 57,412 puntos en la final individual y logrando el decimotercer puesto, el más alto conseguido por un español en unos Juegos Olímpicos. En categoría femenina la Ucraniana Lilia Podkopayeva fue la más destacada imponiéndose en el concurso general y en ejercicios de suelo, consiguiendo además la medalla de plata en potro, que ganó la norteamericana Shannon Miller.

MONOÁUTICA

1908

Una inédita competición olímpica que no tendría posteriormente continuidad. Se compitió en tres categorías: embarcaciones de ocho metros, en que la victoria fue para Gran Bretaña; Open Class, donde venció Francia; y embarcaciones de 20 metros, categoría dominada también por británicos.

HALTEROFILIA

1896

En esta disciplina, que contó con pocos participantes, se disputaron sólo dos categorías: pesos súper pesados y alzamiento a un solo brazo. En ambas se dio una situación curiosa: la igualdad entre todos los participantes fue tal que no se entregaron medallas de bronce. En los súper pesados se impuso el danés Viggo Jensen al levantar 111,5 kilos y se repartieron nada menos que cinco medallas de plata que fueron a parar a un húngaro, dos griegos y al alemán Carl Schuhmann, un deportista polivalente que también había sido medalla de oro en gimnasia (salto de caballo) y en lucha grecorromana. En el alzamiento a un solo brazo el oro fue para el británico Elliot, que levantó 71 kilos mientras que el danés Jensen y el griego Nikopoulos (oro y plata súper pesados respectivamente) compartieron el segundo puesto.

1904

Se disputaron únicamente dos categoría: súper pesados y la denominada "halteras all-around". A pesar de que la gran mayoría de levantadores eran norteamericanos el oro en súper pesados se lo llevó un griego, Perikles Kakousis, quien levantó 111,58 Kgr. dejando a muy atrás al segundo clasificado, el estadounidense Oscar Osthoff, que no pudo pasar de los 84,37 Kgrs.

1920

Victorias muy repartidas por nacionalidades. El país con más oros fue Francia gracias a la victoria de Henri Grance en los pesos medios y a la de Ernest Cadine en los pesados. En los súper pesados el dominio fue italiano: Filippo Botino ganó levantando 265 kilos, frene a los 235 de su compatriota y segundo clasificado Pietro Bianchi. En halterofilia Estonia consiguió las primeras medallas de su historia olímpica: Alfred Neuland fue oro en los pesos ligero y Alfred Schmidt plata en los pesos pluma.

1924

Se disputaron cinco categorías en esta disciplina, que fue un reparto entre italianos y franceses. Los transalpinos se llevaron tres oros (pesos súper pesados, pluma y medios) mientras que los galos lograron dos (semipesados y ligeros). Ninguno de ambos consiguió platas o bronces. El país con más medallas fue Suiza, que ganó cuatro de plata.

1928

La halterofilia tuvo acento germánico en Amsterdam. Los perdedores de la Primera Guerra Mundial, Alemania y Austria, se tomaron una pequeña revancha en esta disciplina ganando dos oros cada país. Alemania se impuso en lo ligeros y los súper pesado mientras que Austria lo hizo también en los ligeros (el levantador austríaco Han Haas ganó ex aequo con el alemán Kurt Helbig) y lo pluma. Egipto consiguió una de su os primeras medallas olímpicas al imponerse El Sayed Mohamed Noseir en los semipesados.

1932

De las cinco categorías que se disputaron los levantadores franceses se impusieron en tres. Fueron Louis Hostin en los pesos semipesados, René Duvenger en los ligeros y Raymond Suvigny en los pluma.

1936

Egipto se destapó como una potencia a tener en cuenta con cinco medallas, dos de ellas de oro. Fueron la de Khadr Sayed El Touni en pesos medios y la de Anwar Mohammed Merbah en ligero, ex aequo con el austríaco Robert Fein. Alemania también logró cinco medallas pero sólo un oro, el de Josef Mayer en los pesos pesados.

1948

Después de conseguir 5 medallas de oro en Berlín 1936 Egipto confirmó en Londres su condición de potencia en halterofilia llevándose tres oros: el de Mahmoud Fayad en pesos pluma y los de Attia Haumoda e Ibrahim Hassan Shams ex aequo en lo ligeros. Shams ya había conseguido un bronce en 1936. Sin embargo los norteamericanos fueron los grandes dominadores de la especialidad con un total de 8 medallas, de las cuales 4 eran de oro, en los pesos gallo, súper pesados, medios y semipesados. Entre ellos destacó un imponente negro llamado John Davies, que asombró a todo el mundo al levantar sin una mueca 425,5 kilos, rompiendo así el récord del mundo. Cuatro años después, en Helsinki, Daves repitió triunfo y batió su propio récord. En el equipo norteamericano figuraba también Joe Di Pietro, un enano de 1.40 de estatura que fue capaz de levantar 307 kilos, ganando la medalla de oro en los pesos gallo.

1952

El fornido norteamericano John Daves, que en Londres 1948 había sorprendido a todo el mundo al levantar 425,5 kilos, revalidó su título en los pesos pesados batiendo su propio récord con un alzamiento de 460 kilos. Los estadounidenses consiguieron además los oros en semipesados, ligero y medio; un total de 6 medallas. La URSS consiguió 7 podios pero sólo 3 de oro, los correspondientes a lo peso gallo, pluma y semiwelter.

1956

Fue una competición en el más puro estilo “guerra fría”. Siete medallas para los Estados Unidos y las mismas para la URSS. Los norteamericanos consiguieron 4 oros (súper pesados, gallo, pluma y semiwelter) por 3 de los soviéticos (semipesados, medios y ligeros).

1960

Nuevamente la URSS fue un rodillo llevándose cinco de los siete oros en disputa. La figura soviética fue Yuri Vlasov que se ganó el apelativo de “la grúa humana” al pulverizar el récord mundial de los pesos pesados levantando nada menos que 537,5 kilos.

1964

La URSS fue la gran dominadora en solitario, llevándose 7 medallas, cuatro de ellas de oro, en los pesos semipesados, superwelters, gallo y pesados. Polonia, Checoslovaquia y Japón obtuvieron cada uno una medalla de oro.

1968

Si bien la altura perjudicó las marcas en atletismo y natación todo lo contrario sucedió en halterofilia, donde se batieron 12 récords del mundo y 59 olímpicos. La gran figura fue el soviético Leonid Zhabotinsky que renovó su título en los pesos pesados conseguido en Tokio 1964 levantando 572,5 kilogramos. En total la URSS se llevó cuatro medallas de oro.

1972

La aparición del soviético Vasili Alexeev en los pesos pesados fue algo espectacular: con un increíble levantamiento de 640 kilos estableció un nuevo récord olímpico. Para hacerse una idea baste decir que el ganador en lo super pesados, el soviético Jaan Talts, levantó 580 kilos. Los atletas búlgaros se llevaron tres medallas de oro, dominando la especialidad en los pluma, medios y semipesados.

1976

Hay algunos levantadores que se merecen el apodo de “grúas humanas” y uno de ellos es el soviético Vassili Alexeiev, que con su 1,86 metros y sus 156 kilos es uno de los mayores representantes (en todos los sentidos) de la halterofilia. Ingeniero de minas, quería ser jugador de voleibol pero la realidad se impuso y acabó participando en dos olimpiadas, Munich y Montreal, en las que se impuso en los pesos súper pesados levantando 440 kilos. Intentó repetir en Moscú 1980 pero tras fracasar en un primer intento con 180 kilos abandonó discretamente. La URSS consiguió un total de 7 oros, por 2 de Bulgaria. En este deporte se produjeron los casos más flagrantes de doping en Munich, con un total de ocho, do de los cuales habían sido medalla de oro.

1980

La gran figura de la especialidad en los pesos pesados, el soviético Vassili Alexeiev, (campeón en Montreal) se retiró dignamente tras fracasar en su primer intento de levantar 180 kilos. El testigo lo recogió su compatriota Sultan Rachmanov que se hizo con el oro levantando 440 kilos. En total la URSS se hizo con cinco oros, por dos de Bulgaria.

1984

Los tomaron el testigo de los ausentes levantadores soviéticos llevándose cuatro medallas de oro, en las categorías mosca, gallo, pluma y ligero, así como dos platas. Rumanía y la RFA hicieron doblete consiguiendo dos victorias cada una.

1988

Destacó en este deporte la Impresionante actuación el turco Naim Suleimanoglu (antes búlgaro con apellido Suleimanov) quien levantó en dos 342,5 kilos en los pesos medios. Al margen de este detalle el dominio fue de los soviéticos, que se llevaron 6 medallas de oro de las 10 e disputa. Las restantes se repartieron entre búlgaros (2) y alemanes del este (1). La halterofilia fue una de las disciplinas en las que hubo más casos de dopaje, entre ellos el del español Fernando Mariaca, que había tomado un antigripal con sustancias prohibidas.

1992

Fue la competición más floja de los Juegos, que algunos calificaron de auténtico fracaso. Ninguno de los favoritos estuvo a la altura, incluida la “grúa humana” de Turquía, Naim Suleimanoglu, que ganó en su categoría con una ejecución no muy brillante levantando veinte kilos menos que en Seúl. La excepción fue el búlgaro Ivan Ivanov, que ganó el oro en categoría de 52 kilos. Se igualaron algunos récords olímpicos pero no se batió ninguno del mundo. El Equipo Unificado cosechó el mayor número de oros, con un total de cinco).

1996

El turco de origen búlgaro Naim Suleimanoglu destacó una vez más y consiguió su tercer oro consecutivo en los pesos pluma, tras las victorias de Seúl y Barcelona. Además del de Suleimanoglu Turquía obtuvo otro oro, en peso mosca. Grecia también hizo doblete, en las categorías de 82,5 kilos y en los pesos pesados, mientras que China se impuso en los gallo y ligeros. Rusia y Ucrania se repartieron un oro cada uno.

HOCKEY SOBRE CÉSPED

1908

Un nuevo deporte olímpico entró en escena el Londres y fue coto cerrado de los anglosajones. La final tuvo un toque tenso ya que Gran Bretaña ganó a Irlanda por un contundente 8-1. Gales y Escocia se llevaron la medallas de plata y de bronce.

1920

El hockey hierba fue introducido en los Juegos Olímpicos en Londres 1908, desapareció del programa en Estocolmo 1912 y volvió a ser incluido en Amberes. La victoria correspondió al equipo favorito, Gran Bretaña, que se impuso en la final por 5-1 a Dinamarca. El bronce fue para Bélgica.

1928

El hockey hierba, continuando con su intermitencia, volvió a aparecer en el programa olímpico. Fue introducido en Londres 1908, se “cayó” del programa en Estocolmo 1912, volvió a ser incluido en Amberes 1920 y nuevamente fue apartado en París 1924. A partir de Amsterdam se consolidó definitivamente. La India, que debutaba en la Olimpiada de Amsterdam, empezó su dominio en esta especialidad, que se prolongaría durante seis ediciones consecutivas de los Juegos hasta que fue desbancada por Pakistán en 1960. Los indios hicieron una actuación memorable en el torneo: marcaron un total de 29 goles y sólo encajaron 1.

1932

El reinado de la India en este deporte no había hecho más que empezar. Su medalla de oro era sólo la segunda de una serie de seis victorias consecutiva, hasta Roma 1960. En esta ocasión lo indio se impusieron a Japón por un contundente 11-1. El equipo de Estado Unidos se llevó el bronce.

1936

La India continuaba con su estela de victorias consecutivas y dio una lección de hockey a los alemanes a quienes venció por un contundente 8-1. La selección holandesa quedó en tercer lugar.

1948

Inalterablemente, la India seguía acumulando medallas de oro en hockey hierba olimpiada tras olimpiada. Sin embargo esta victoria tuvo un sabor especial: los indios ganaron la final en Londres ante Gran Bretaña el mismo año que su país consiguió la independencia y dejó de ser colonia británica. En ese mimo 1948 la India se sumiría en una sangrienta guerra civil que acabó con la secesión de Pakistán. La tercera clasificada fue Holanda.

1952

La India logró su quinta medalla de oro consecutiva imponiéndose a Holanda por 6-1. La medalla de bronce fue para Gran Bretaña.

1956

La octava y última victoria consecutiva de la India en esta especialidad. Los indios se impusieron ajustadamente por 1-0 ante Pakistán, que aprendió bien la lección y en Roma 1960 les destronaría acabando con una hegemonía de 36 años.

1960

Después de ocho ediciones ininterrumpidas ganando el oro, la India cayó de su pedestal en hockey hierba. Fue un acontecimiento histórico. Pakistán, medalla de plata en Melbourne 1956, se impuso a los indios por 1-0 cerrando una etapa en la historia de este deporte. El tercer clasificado fue España, que consiguió su única medalla en Roma 1960. Era la segunda de bronce y la octava en el palmarés nacional. El seleccionador Ernesto Willing creó un equipo compacto con jugadores procedentes en su mayoría de los clubes de Polo y Egara. Los más destacado fueron Carlos del Coso, Josep Colomer, Rafael Egusquinza, Juan Angel Calzado, José Antonio Dinares, Narciso Ventalló, Ignacio Macaya, Eduardo Dualde, Pedro Murúa, Joaquín Dualde, Pere Amat, Francisco Caballer, Pedro Roig y Luis María Usoz. La medalla se consiguió al ganar a Inglaterra por 2-1, remontando un 1-0 adverso en el descanso.

1964

La India recuperó su trono perdido al vencer a Pakistán por 1-0. Los indios, que habían dominado la disciplina durante 8 ediciones consecutivas, fueron derrotados en la final de Roma 1960 por Pakistán, de quienes se tomaron la revancha en Tokio. España quedó en cuarta posición y estuvo a punto de conseguir una nueva medalla de bronce en esta especialidad (la primera la logró en Roma 1960) pero Australia se impuso en la prórroga.

1968

Después de décadas de dominio sólo velado por la medalla de oro de Pakistán en Roma 1960, la India hizo su peor actuación en hockey hierba y “sólo” consiguió la medalla de bronce. Pakistán se impuso en la final por 2-1 ante Australia, consiguiendo su segundo título.

1972

El equipo de Pakistán, medalla de plata, dio el espectáculo más lamentable de los Juegos. Después de perder la final contra la RFA, que practicó un juego muy duro, se mostraron en desacuerdo con un arbitraje que consideraban “casero” y expresaron ruidosamente su protesta, agrediendo incluso a un oficial. Después, en el podio, pisotearon la medalla de plata y se la metieron despectivamente en los bolsillos. Se ganaron una expulsión a perpetuidad, aunque posteriormente se levantó la sanción tras una excusa oficial.

1976

El dominio tradicional de indios (siete veces campeones) y pakistaníes se vio al fin roto por otros país. La final, inédita, fue Nueva Zelanda-Australia y se impusieron los neozelandeses por 1-0. El equipo español acabó sexto tras perder por goleada ante la RFA.

1976

El dominio tradicional de indios (siete veces campeones) y pakistaníes se vio al fin roto por otros país. La final, inédita, fue Nueva Zelanda-Australia y se impusieron los neozelandeses por 1-0. El equipo español acabó sexto tras perder por goleada ante la RFA.

1980

Por primera vez el equipo español de hockey hierba se encaramó a una final olímpica disputándola nada menos que con el gran especialista de la disciplina, la India. Los españoles perdieron por 4-3. Fue el segundo podio español conseguido en esta disciplina, después de la medalla de bronce que se logró en Roma 1960. En categoría femenina se impuso el equipo de Zimbabwe, que logró así para su país la única medalla olímpica de su historia. Checoslovaquia y la URSS fueron, respectivamente, segundo y tercero.

1984

Pakistán consiguió su tercera victoria olímpica al imponerse a la RFA por 2-1. El equipo de Gran Bretaña quedó tercero. En categoría femenina el oro fue para Holanda.

1988

El equipo de Gran Bretaña se impuso a la RFA en la final por 3-1 mientras que el bronce fue a parar a Holanda. España consiguió un noveno puesto, lo que significó la peor clasificación de todos los tiempos en esta disciplina. En categoría femenina Australia se impuso a Corea por 2-0 mientras que las holandesas repitieron bronce.

1992

Las mujeres fueron las protagonistas de esta disciplina en Barcelona al ganar la selección española femenina la medalla de oro. Las chicas se impusieron por 2-1 Alemania. Esta victoria fue más meritoria si se tiene en cuenta que antes de los Juegos apenas existían 500 jugadoras federadas en toda España. El seleccionador nacional, José Manuel Brasa, hizo un trabajo encomiable llevando al oro a un equipo debutante. Los nombres de sus integrantes han quedado como símbolo y ejemplo a seguir: González, Dorado, Ramírez, Maiques, Barea, Manrique, Rodriguez, Olive, Barrio, Maragall, Motos, Tellería y Coghen. Fue un triunfo sin precedentes ante una selección alemana contra la que se había conseguido empatar en primera ronda (2-2). Después se ganó a Canadá 2-1, y a Australia 1-0, pasando a la semifinal en segundo puesto, tras Alemania. En semifinales se ganó a Corea 2-1 para enfrentar en la final al “monstruo” alemán. El éxito femenino opacó el buen hacer de la selección masculina que acabó en quinto lugar cediendo dos partidos ante potencias como Pakistán y Holanda.

1996

España dio la cara y la cruz en hockey hierba. En categoría masculina los españoles lograron el mejor resultado de su historia al alcanzar la medalla de plata. El equipo formado por Ignacio Cobos, Ramón Sala, Jaime Amat, Pablo Usoz, Jordi y Javier Arnau, Víctor Pujol, Juan Antonio Dinarés, Juan Escarré, Antonio González, Juantxo García, Xavier Escudé, Joaquín Malgoa, Oscar Barrena, Pol Amat y Ramón Jufresa hizo un excelente torneo ganando 1-0 a Alemania, 3-0 a la gran potencia Paquistán y 2-1 a Argentina. Posteriormente aplastaron a Estados Unidos por un contundente 7-1. Aunque perdieron un único partido contra la India por 1-3 pudieron pasar a semifinales donde se impusieron a Australia por 2-1. En la final no pudieron superar a Holanda (equipo que ya había derrotado a España en Barcelona 1992) y perdieron por 3 - 1. Sin embargo, las chicas dieron la peor imagen. La selección que ganó brillantemente la medalla de oro en Barcelona se desmoronó completamente y quedó última en el torneo tras perder todos los partidos menos uno, que empataron a 2 contra Gran Bretaña. La medalla de oro fue para Australia.

LUCHA GRECORROMANA

1896

En esta disciplina sólo se disputaron combates en la categoría de los súper pesados. En una época en que los atletas aún no estaban necesariamente especializados en un deporte concreto, el ganador en lucha grecorromana fue el alemán Carl Schummann, un asiduo al podio ya que también fue medalla de oro en gimnasia (salto de caballo) y plata en halterofilia. El segundo y tercer puesto fueron para los griego Tsitres y Christopoulos.

1908

Fue en esta disciplina en la que Rusia consiguió sus primeras medallas olímpicas: 2 platas en los pesos ligeros y súper pesados. El dominio en general fue para los representantes nórdicos: suecos y finlandeses coparon cuatro de las seis medallas en medio y semipesado. La sorpresa la dio el italiano Enrico Porro ganando en los pesos ligeros, mientras que el húngaro Richard Weisz se impuso en los súper pesados.

1912

La lucha grecorromana propició una de las grandes anécdotas de la olimpiada de Estocolmo. En la categoría de pesos medios se disputó un combate digno más de dioses griegos que de hombres: el finlandés Alfred Asikainen y el ruso Max Klein estuvieron nada menos que once horas luchando sin descanso. Al final, el finlandés se retiró vencido por el agotamiento. Pero el ruso acabó también en tal estado que tuvo que renunciar a la final por lo que el oro fue para el sueco Claes Johanson, que ganó sin combatir. El dominio, en general, fue para los luchadores nórdicos, destacando los de Finlandia, que se llevaron 3 oros (pesos pluma, ligero y súper pesado), 2 platas y 2 bronces.

1920

Esta disciplina fue coto cerrado de lo nórdico: entre finlandeses y suecos se llevaron 13 de la 15 medallas en disputa. Especialmente destacados estuvieron los luchadores finlandeses, que se llevaron 10 medallas, 3 de ellas de oro en los pesos pluma, ligero y súper pesados. A mucha distancia le siguieron lo suecos con 3 medallas, aunque 2 de ellas fueron de oro.

1924

No solamente en atletismo los finlandeses brillaron con luz propia ya que en París continuó en París su dominio de la lucha grecorromana, consolidado desde hacía ya algunas ediciones de los Ju0egos. Los luchadores finlandeses se hicieron con 3 de las 6 medallas de oro en disputa, en las categorías de pesos ligeros, medios y pluma. En esta última categoría el ganador fue Kaarlo “Kalle” Anttila, que en Ambere 1920 había ganado la medalla de oro de los pesos ligeros. Finlandia se llevó, en total, 10 medallas de las 18 que se repartieron en esta especialidad.

1928

Alemania y Finlandia quedaron empatadas en número de medallas, cuatro en total para cada país. Asimismo, ganaron cada uno una medalla de oro. Por parte alemana fue Kurt Lucht, que se impuso en el peso gallo mientras que el finlandés Vaiimö Kokinen hizo lo propio en los medio. Suecia obtuvo 2 medallas, una de ellas de oro (súper pesados), al igual que Hungría, cuya victoria fue en los ligeros. El egipcio Ibraim Mustafá, oro en los semipesados, fue uno de los dos campeones que iniciaron el palmarés olímpico de este país.

1932

Los suecos dominaron la disciplina con cuatro medallas de oro obre 7 disputadas. Destacaron los nombres de “viejos conocidos” de la afición. En los pesos ligeros se impuso Erik Malmberg, quien ya había subido al podio en París 1924 y Amsterdam 1928. En los semipesados Rudolf Svenson revalidó su título de 1928. Cral Westergren e Ivar Johanon fueron oro en súper pesados y welter, repectivamente. Aimismo, el finlandés Vaïno Kokkinen defendió con éxito su título de los pesos medios obtenido en 1928.

1936

En una competición muy disputada donde los podios estuvieron bastante repartidos destacó Suecia con sus 6 medallas, 3 de ellas de oro en los pesos welters, medios y semipesados. Estonia logró 3 medallas incluyendo el oro en lo súper pesados mientras que Alemania, con 4 medallas, no pudo obtener ninguna victoria.

1948

Los luchadores suecos impusieron su técnica y se llevaron 5 medallas de oro sobre un total de ocho categorías, en los pesos gallo, ligero, welters, medios y semipesados. A ellas se sumaron otras dos medallas de plata. El poderío sueco sólo pudo ser contestado por Turquía que, con dos oros en los pesos súper pesados y pluma y un total de cinco medallas dejó claro que era un país a tener en cuenta. Algo que se confirmó con la gran actuación de los turcos en la otra disciplina afín: la lucha libre.

1952

La disciplina no tuvo historia y se resume destacando las 7 medalla de la URSS, que le aseguraron el dominio en este deporte. Cuatro de ellas eran de oro, las correspondientes a los pesos moca, pluma, ligeros y súper pesados. Por detrás la representación húngara se impuso en pesos gallo y welters. Fue uno de los pocos deportes en los que Estado Unidos no consiguió ninguna medalla.

1956

Los soviéticos arrasaron la disciplina sin contemplaciones y se llevaron siete medallas de oro. Del resto de participante sólo sobresalió Finlandia con sendos oros en lo pesos ligeros y pluma.

1960

La URSS, con cinco medallas (3 de oro) dominó la disciplina aunque no con claridad ya que los luchadores turcos, que se habían labrado una sólida reputación en ediciones anteriores lograron el mismo número de victorias. Los turcos se impusieron pluma welters y semipesados mientras que lo soviéticos lo hicieron en pesados, gallo y ligeros. Rumanía y Bulgaria lograron respectivamente 3 medallas, una de ellas de oro.

1964

Los turcos perdieron su hegemonía en este deporte y sólo lograron una medalla de oro, en los pesos ligeros. Sin embargo los podios estuvieron muy repartidos,. Lo húngaro, con victorias en los pluma y los pesados, y los soviéticos, ganadores en mosca y gallo fueron los más destacados.

1968

Los luchadores turcos de “cayeron” definitivamente en esta disciplina, que pasó a ser patrimonio de los países socialistas. Bulgaria -semipesados y mosca-, Hungría -gallo y pesados- y la RDA -welters y medios- se repartieron las victorias.

1972

Los países del Este no dieron opción a nadie más en esta disciplina. La URSS consiguió cinco medallas de oro mientras que Rumanía logró un doblete. Bulgaria y Hungría se llevaron las dos victorias restantes.

1976

Fue una competición sin historia con dominio absoluta, una vez más, de la URSS que se llevó siete de los 10 oros en disputa. Sólo Polonia (pluma), Yugoslavia (medios y Finlandia (gallo) pudieron arañar algunas victorias. En total los soviéticos consiguieron 10 medallas.

1980

Como venía siendo habitual la URS dominó claramente la disciplina, mermada de luchadores de otros países a causa del boicot. Los soviéticos se llevaron un total de 8 medallas, entre ellas 5 de oro. El resto se lo repartieron Hungría (2 oros) Bulgaria, Rumanía y Grecia el único país no socialista del palmarés.

1984

La ausencia de los soviéticos, los tradicionales dominadores de este deporte, permitió que entrar un poco de aire en el medallero. Los Estados Unidos consiguieron dos oros (semipesado y superpesados) y lo mismo hizo Rumanía (medios y pesados). La RFA, Japón, Italia, Corea del Sur y Finlandia se repartieron el resto de victorias.

1988

En gimnasia se dio un caso inédito: todas las medallas (oro plata y bronce) de este deporte tanto en categoría masculina como en femenina fueron a parar a países de la órbita socialista destacando, como era habitual, la URSS y Rumanía. Sólo la norteamericana Phoebe Mills pudo arañar un bronce en barra de equilibrio, y aún este compartido con la rumana Gabriela Potorac. El soviético Vladimir Artemov se coronó nuevo "zar" gimnástico en Seúl imponiéndose en el concurso individual a sus compatriotas Valery Lyukin y Dimitri Biloserchev en lo que fue una competición ajustadísima y espectacular. Artemov y Lyukin tuvieron otro duelo en paralelas, saldado con victoria del primero por 25 centésimas. La igualdad entre ambos era tanta que compartieron la medalla de oro en barra fija. Artemov fue, asimismo, medalla de plata en ejercicios de suelo. Biloserchev, tercero en concurso individual fue oro en anillas, ex aequo con el alemán del este Holger Behrendt y compartió asimismo la victoria con el búlgaro Lubomir Gueraskolv y el húngaro Zsolt Borkai en potro de aros. Casi huelga decir que la URSS ganó el concurso general por equipos, seguida de la RDA. En categoría femenina el gran duelo se produjo, nuevamente, entre soviéticas y rumanas y se personalizó con el enfrentamiento entre la rumana Daniela Silivas con Elena Shushunova. Esta última se impuso a Silivas en el concurso individual por sólo 25 centésimas. Sin embargo la rumana ganó el oro en ejercicios de suelo, barra dee equilibrio y barras asimétricas, además de la plata en el concurso individual y el bronce en salto de potro, siendo la gimnasta más galardonada de Seúl. Shushunova, por su parte, fue también plata en potro y bronce en asimétricas. En el concurso por equipos la URSS se impuso a Rumanía y a la RDA.

1992

Como siempre la calidad esta disciplina la pusieron los deportistas de la ex URSS, con tres medallas de oro (categorías 48 kg., 74 kg. Y 130 kg.) mientras que los húngaros se hicieron con dos victorias (82 kg. y 68 kg.). Cabe destacar el buen papel de los luchadores cubanos, que ganaron en la categoría de 100 kg., lograron dos bronces y “colaron” un representante en seis de las nueve finales.

1996

El ruso Alexander Karelin, apodado “el oso de Siberia” fue a la lucha grecorromana lo que el turco Suleimanoglu a la halterofilia. En sus tres participaciones olímpicas (Seúl, Barcelona y Atlanta) ganó el oro en los pesos super pesados. Polonia fue la potencia en esta disciplina, con oros en los pesos pesado, pluma y ligeros. El dominio de los países d la ex URSS fue también destacado con dos victorias de Ucrania (semipesados y gallo) y una para Kazakstán y Armenia.

REMO

1900

Este deporte, junto con la esgrima, el polo y el tiro, fue uno de los que contó con una representación española. Fue concretamente una embarcación catalana que participó en la modalidad de cuatro con timonel integrada por Ricardo Margarit, José Fórmica, Juan Camp, Orestes Quintana y Antonio Vela. No subieron, sin embargo, al podio, que estuvo frecuentado por franceses quienes lograron en total 6 medallas, dos de las cuales fueron de oro. Alemania y Holanda tuvieron una actuación igual de destacada: 3 medallas cada país, una de ellas de oro.

1904

La casi totalidad de las medallas fueron ganadas por norteamericanos. Los únicos extranjeros que subieron al podio, con una medalla de plata, fueron los de la representación canadiense de ocho sin timonel, conformada por J. Wright, D. McKenxie, W. Wadsworth, G. Strange, P. Boyd, G. Reiffenstein, W. Rice, A. Bailey y T. Loudon. El resto de medallas, 13 sobre 14 diputadas, se repartió entre una constelación de remeros norteamericanos. Destacó la pareja formada por John Mulcahy y William Varley que se llevó dos medallas de oro, en las categorías de dos y dos sin timonel.

1908

Era completamente previsible que lo británicos se llevaran la victoria en las pruebas de remo, un deporte con larga tradición en la Islas cuyo máximo exponente era (y sigue siendo) la tradicional regata Oxford-Cambridge.

1912

Los remeros ingleses siguieron haciendo honor a su larga tradición manteniendo la hegemonía en este deporte al conseguir 2 medallas de oro de las cuatro disputadas. William Kinnear se impuso en skiff mientras que el equipo británico venció en ocho sin timonel. Además, consiguió la plata en cuatro con timonel.

1920

En Amberes los Estados Unidos ganaron dos medallas de oro en remo gracias a John Beresford Kelly, un millonario de 31 años ampliamente conocido en los medios deportivos y olímpicos pero que pasaría posteriormente a un nivel superior de fama por ser el padre de la futura actriz y princesa de Mónaco, Grace Kelly. Kelly, un gran deportista, que entre 1919 y 1920 ganó 126 competiciones de remo consecutivas, tuvo que soportar que los organizadores de las aristocráticas regatas de Henley, las más prestigiosas de Gran Bretaña, le impidieran participar porque consideraban que “ni obreros ni artesanos ni comerciantes pueden ser considerados como amateurs”. En Amberes Kelly se tomó la revancha imponiéndose en “single sculls” por un segundo de diferencia ante el británico Jack Beresford, otro gran remador que ganaría, a lo largo de cinco OlImpiadas, tres medallas de oro y dos de plata. Media hora después, sin apenas descanso, se impuso en la prueba de “double sculls” formando pareja con su primo Paul Costello. En París 1924 Kelly repetiría su triunfo en “double sculls”. Su pasión deportiva la continuó su hijo, John Kelly, que ganó la medalla de bronce en “single sculls” en Melbourne 1956.

1924

El duelo entre estados Unidos y Suiza acabó igualado, los representantes de ambos países consiguieron el mismo número de medallas, cinco, dos de las cuales eran de oro. Estado Unidos se impuso en 8 in timonel y en “doble sculls”. En ésta última disciplina gracias a la pareja John Kelly (el padre de la futura princesa Grace de Mónaco) y Paul Costello, que revalidaron el triunfo conseguido en Amberes 1920. Lo suizos ganaron en dos con timonel y en cuatro con timonel. Los oros se repartieron también por parejas para Gran Bretaña que ganó en cuatro con timonel y en skiff, con Jack Beresford, que había sido el gran rival de Kelly cuatro años antes.

1928

El norteamericano Paul Costello consiguió en Amsterdam su tercera medalla de oro consecutiva en unos juegos olímpicos en doble sculls formando pareja con Charles McIlvaine. En Amberes 1920 Costello había sido pareja de embarcación del popular John Kelly, uno de los más grandes remadores de la historia y padre de la futura princesa de Mónaco, Grace Kelly. Las victorias estuvieron muy repartidas. Sólo los norteamericanos pudieron conseguir dos medallas de oro: la de Costello-McIlvaine y la del equipo de 8 sin timonel. En total la representación estadounidense se llevó 5 medallas. Gran Bretaña consiguió cuatro, entre ellas el oro en cuatro in timonel. Italia y Suiza lograron dos medallas cada una, incluyendo sendos oros.

1932

La medalla de oro en “4 sin timonel” fue para el equipo norteamericano del cual formaba parte Jack Beresford, longevo remador que participó en cinco ediciones de los Juegos Olímpicos consiguiendo medalla en todas. Beresford ya había ganado el oro en la modalidad de skiff en Amberes 1920 y París 1924 mientras que en Amsterdam 1928 fue oro en “8 sin timonel”. Posteriormente, en Berlín 1936, sería también oro en “doble scull”. Además de la medalla de Beresford la representación norteamericana se llevó el oro en “2 con timonel” y en “doble sculls” más la plata en skiff. A cierta distancia, lo británicos consiguieron dos victorias, en “2 sin timonel” y en “4 sin timonel”.

1936

Berlín fue el escenario de la última participación olímpica del británico Jack Beresford, longevo deportista que participó nada menos que en cinco ediciones de los Juegos. Debutó en Amberes 1920 donde fue plata superado en skiff por el gran John Kelly (padre de la futura princesa de Mónaco). En París 1924 ganó el oro en la misma categoría mientras en Amsterdam 1928 fue segundo en “ocho con timonel”. En Los Angeles 1932 consiguió el oro en “4 sin timonel” y en Berlín culminó su carrera ganando la prueba de “doble scull” junto a Leslie Southwood. Ambos tenían 37 años. Sin embargo los dominadores en este deporte fueron los alemanes que consiguieron que ganaron cinco de las siete medallas de oro disputadas. Las dos restantes fueron para Estados Unidos, que se impusieron por 6 décimas a Italia en “ocho”, y para Gran Bretaña con Beresford y Southwood en “doble sculls”.

1948

Gran igualdad entre norteamericanos y británicos: ambos países consiguieron 3 medallas, dos de ellas de oro. Los estadounidenses se impusieron en 8 sin timonel y 4 sin timonel, mientras que los remeros de Gran Bretaña ganaron en doble sculls y 2 sin timonel. La superioridad anglosajona sólo fue contestada por Italia que logró un oro en 4 sin timonel pero fue el país con mayor número de medallas, un total de cuatro. En skiff ganó el australiano Mevyn Wood.

1952

Estados Unidos consiguió tres medallas, dos de ellas de oro. Fueron las correspondientes a las categorías 2 sin timonel y 8 con timonel. La URSS también subió tres veces al podio pero fue sólo una vez con victoria. Se trataba de Yuri Tyukalov en Skiff.

1956

La medalla de bronce en skiff fue para John Kelly, hermano de la princesa de Mónaco Grace Kelly, e hijo de John Kelly, uno de los mejores remadores de la historia, que consiguió dos medallas de oro en Amberes 1920 y en París 1924. Los norteamericanos consiguieron tres medallas de oro (2 con timonel, 2 sin timonel y 8 con timonel) y un total de seis podios, superando a los remeros soviéticos que lograron cuatro medallas, dos de oro. Estas fueron las de doble sculls y skiff, que se llevó Vyacheslav Ivanov. Australia consiguió cuatro medallas, aunque ninguna victoria.

1960

El soviético Vyacheslav Ivanov, que ya había conseguido la medalla de oro en la modalidad de skiff en Melbourne 1956, revalidó su victoria y fue una de las dos medallas de oro que logró la URSS, además de la de 2 sin timonel. Los soviéticos se llevaron un total de cinco medallas, encabezando el palmarés. Alemania consiguió cuatro medallas pero tres de ellas fueron de oro por lo que lo que fue el país con actuación más destacada. Los remeros germanos se impusieron en 2 con timonel, 8 con timonel y cuatro con timonel.

1964

El soviético Viatcheslav Ivanov dio su última lección olímpica en la modalidad de skiff, al imponerse por tercera edición consecutiva en esta modalidad. Ivanov, además de sus victorias en Melbourne 1956 y Roma 1960 había logrado el récord mundial de la especialidad en 1962 y fue cuatro veces campeón de Europa entre 1956 y 1967. Además del skiff los soviéticos se impusieron en doble sculls mientras que los norteamericanos también lograron dos oros: en ocho con timonel y en 2 con timonel.

1968

Por primera vez en la historia ningún remador norteamericano consiguió medalla de oro. Entre las dos Alemanias se llevaron la mitad de las victorias: la RDA en 2 sin timonel y 4 sin timonel, y la RFA en ocho. Los soviéticos ganaron en doble sculls, Italia se impuso en 2 con timonel y el holandés Henri Jan Wienese fue oro en skiff.

1972

Al igual que en México 1968 los norteamericanos estuvieron ausentes de la parte alta del podio en esta disciplina, que habían dominado durante décadas. Los alemanes orientales fueron los remeros más efectivos consiguiendo 7 medallas, 3 de las cuales eran de oro: 2 con timonel, 2 sin timonel y 4 sin timonel. La URRS se impuso en doble sculls y en skiff, donde el ganador fue Yuri Malishev. Nueva Zelanda se hizo con la victoria en ocho.

1976

Dominio total de la RDA tanto en categoría masculina como en femenina: en total consiguieron 14 medalla, 9 de ellas de oro. En hombres las únicas victorias no alemanas fueron las de Noruega en doble scull y la del finlandés Pertti Korppinen en skiff. Por parte femenina Bulgaria se llevó la dos medallas dejadas por la RDA, en doble sculls y 2 sin timonel.

1980

Los remeros de Alemania Oriental arrasaron llevándose 7 de los 8 oros. Únicamente el finlandés Pertti Karppinen, el gran especialista en skiff, les plantó cara y reeditó su victoria de Montreal 1976. El finlandés volvería a ganar en la misma categoría, por tercera vez consecutiva, en Los Angeles 1984.

1984

Una de las cinco medallas españolas en Los Angeles se consiguió en remo. La lograron Fernando Climent y Luis Lasurtegui en la especialidad de dos sin timonel, prueba que ganó el equipo rumano. Climent era un sevillano afincado en la localidad gerundense de Banyoles (famosa por su lago donde se practican deportes acuáticos) el cual era sólo suplente de la formación oficial: Lasurtegui -Oyazabal. Este último no pudo participar por una bronquitis. Lasurtegui, nacido en Pasajes de San Juan, se entrenaba también en Mequinenza y Banyoles y practicaba el remo desde los ocho años en la modalidad de skiff. No hubo un dominio claro de ningún país en este deporte en categoría masculina pero en femenina arrasaron las remeras rumanas, que se llevaron cinco de las seis medallas de oro en disputa, consiguiendo además la plata en la prueba restante.

1988

La pruebas de remo y piragüismo se llevaron a cabo en el río Han que divide en dos la ciudad de Séul. El acondicionamiento del Han fue uno de los grandes logros de la Olimpiada: pocos años antes era un río contaminado y pestilente pero se purificaron sus aguas, se drenó su fundo y en su orilla se construyeron unas magníficas instalaciones. Los hermanos italianos Giuseppe, Carmine y Agostino Abbagnale fueron las grandes estrellas de este deporte, tanto que después de los Juegos la RAI hizo una serie sobre su carrera deportiva con el título de "Una historia italiana". Nacidos en Pompeya los dos hermanos mayores, Giuseppe y Carmine, se encontraban cada día a las 4:30 de la mañana con su timonel, Giuseppe Di Capua, para desarrollar un severo entrenamiento. El resultado: durante 11 años fueron prácticamente imbatibles. En Los Angeles ganaron la medalla de oro de dos con timonel. Cuatro años más tarde, en Seúl, los tres volvieron imponerse en la misma especialidad. En la misma olimpiada el hermano menor, Agostino, ganó la medalla de oro en la categoría de cuatro sculls junto con Piero Poli, Gianluca Farina y David Tizzano. Giuseppe y Carmine intentaron conseguir su tercera medalla consecutiva en Barcelona 1992 pero sólo lograron la plata y posteriormente se retiraron, ya que en Atlanta no estaba prevista la inclusión de su especialidad (dos con timonel) en el programa. Agostino sí acudió a Atlanta y, junto a David Tizzano, consiguió la medalla de oro en doble sculls, laa cuarta medalla de oro y quinta olímpica para la familia. En categoría femenina cuatro de las cinco medallas de oro disputadas fueron para la RDA.

1992

Reparto de medallas en remo. Alemania fue oro en skiff (Thomas Lange) y en cuatro scull mientras que Australia ganó en cuatro sin timonel y doble scull. Gran Bretaña también hizo doblete con victorias en dos sin timonel y dos con timonel. Canadá se impuso en ocho con timonel y Rumanía en cuatro con timonel. En categoría femenina repitieron doblete las alemanas (doble scull y cuatro scull) y las canadienses (ocho con timonel y dos sin timonel). En skiff ganó la rumana Elisabeta Lipa mientras que Alemania se hizo con el oro en cuatro scull.

1996

Victorias absolutamente repartidas en esta disciplina. Italia se impuso en single sculls mientras que Suiza lo hizo en single sculls peso ligero. En dos sin timonel ganó Gran Bretaña y en ocho con timonel se impuso Holanda. El oro en cuatro sin timonel y cuatro sin timonel peso ligero fue, respectivamente, para Dinamarca y Australia mientras que en cuatro sculls se impuso Alemania. En categoría femenina Rumanía consiguió dos oros: doble sculls ligero y ocho con timonel. En cuatro sculls la vencedora fue Alemania y en skiff Rusia. En dos sin timonel e impuso Australia y lo propio hizo Canadá en doble sculls.

TIRO CON ARCO

1900

Las circunstancias en las que un deportista español consiguió la primera medalla olímpica (simbólica aún) están rodeadas de un cierto misterio. De hecho no se sabe exactamente el nombre del aristocrático deportista: se barajan los nombres de Pedro Pidal y Santiago Pidal, y no queda claro si era marqués de Villaviciosa o de Vistahermosa. La intriga se complica y resulta que tampoco ha quedado esclarecido si participó en tiro con arco en tiro al pichón. Lo cierto es que, en una de las dos disciplinas, consiguió el segundo puesto inaugurando el palmarés español. Un estreno bastante curioso ya que España no presentó oficialmente equipo olímpico en París y Pidal participó por su propia iniciativa aprovechando que se encontraba en la ciudad como turista, según señala el investigador deportivo Juan Fauría García. Sea como fuere la de París fue la primera edición de unos Juegos Olímpicos con participación española y, aunque con lagunas históricas, se consiguió un podio.

1904

Las mujeres no pudieron participar en tenis como en París 1900 pero sí se permitió su concurso en tiro con arco. La líder fue la norteamericana Lida Howell, que se impuso en las categorías de Columbia doble y nacional doble. Sin embargo fue relegada al tercer puesto en la categoría de nacional simple en la que las británicas Sybill "Queenie" Newall y Beatrice Hill Lowe ocuparon los primero puestos. En categoría masculina los norteamericanos Philip Bryant, Robert Williams y William Thompson fueron oro, plata y bronce respectivamente y por este orden en las categorías de doble round americano y doble york.

1908

Sólo se disputaron dos categorías y las victorias se repartieron casi equitativamente entre franceses y británicos. En 50 m. Estilo continental el oro fue para el francés Eugène Grisot, mientras que el segundo y tercer puesto fueron a parar también a dos de su compatriotas. El británico William Dod fue el vencedor en York Round seguido de un compatriota y un norteamericano.

1920

El dominio correspondió aplastantemente a los arqueros belgas, que se llevaron 13 medallas de las cueles 7 eran de oro. Destacó Hubert Van Innis con dos victorias, en las categorías de 28 y 33 metros tiro al blanco móvil. A mucha distancia de los belgas las representación francesa se hizo con 6 medallas, aunque sólo una de ellas fue de oro. Se trata de Julién Brulé en los 50 metros tiro al blanco móvil.

1972

Después de 52 años de ausencia el tiro con arco volvió al programa olímpico. La última vez que se celebró esta competición fue en Amberes 1920, la primera olimpiada después del paréntesis de la Primera Guerra Mundial. Se disputaron solamente dos pruebas, masculina y femenina, ambas ganadas por Estados Unidos gracias a John Willis y Doreen Wilber.

1976

Desde el regreso del tiro con arco a las olimpiadas, en Munich 1972, los norteamericanos dominaron tanto en categoría masculina como en femenina. En Montreal los ganadores fueron, respectivamente, Luan Ryon y Darrell Pace.

1980

En categoría masculina se impuso el finlandés Torni Poikolainen, mientras que en femenina ganó la soviética Ketevan Losaberidze.

1984

Los norteamericanos D. Pace y R. McKinney se llevaron oro y plata en categoría masculina mientras que en femenina las medallas viajaron a Asia: la coreana H. S. Seo fue oro y la china L.Li logró la plata.

1988

Dominio casi total de los tiradores coreanos en esta disciplina. En categoría femenina ganaron las dos medallas de oro (individual y por equipos) mientras que en masculina se impusieron en equipos. La victoria individual masculina fue para el norteamericano Jay Barrs, que superó al coreano Park Sung Soo por sólo dos puntos.

1992

El equipo español de tiro con arco se apuntó un histórico e inesperado oro en la final masculina. El conjunto estaba formado por Antonio Vázquez Megido, Juan Carlos Holgado y Alfonso Menéndez, quienes se impusieron a Finlandia, uno de los equipos favoritos, por un ajustado 238-236. La final fue de infarto. En la primera serie los españoles lograron un 81-73 y en la segunda un empate a 81, sin embargo en la tercera los finlandeses recortaron las diferencias. Para conseguir la victoria Vázquez debía alcanzar la zona 9 con su última flecha, lo cual consiguió. En la competición individual el francés Sebastien Flute ganó contra todo pronóstico al surcoreano Jae-Hun Chung. En categoría femenina las tiradoras coreanas no tuvieron rivales.

1996

En tiro con arco no se pudo repetir la buena actuación española de Barcelona 1992 donde se consiguió el oro en la final masculina. En Atlanta los norteamericanos hicieron buena su condición de locales imponiéndose en categoría individual (Justin Huish) y por equipos. Corea del Sur dominó la especialidad en categoría femenina con victoria de Kim Kyung-Wook en individual y del conjunto nacional por equipos.

VELA

1900

Se desarrolló en Meulan y tuvo color nacional: los franceses se llevaron 14 medallas, entre ellas cuatro de oro. La representación británica, sin embargo, a pesar de lograr sólo la mitad de podios consiguió cinco victorias.

1908

Siendo Gran Bretaña un pueblo de marinos no es extraño que la vela se incluyese en el programa olímpico en Londres 1908. Las embarcaciones británicas ganaron oro y plata en la categoría de 12 metros y alcanzaron también la victoria en las clases 6, 7 y 8 metros. Sólo e quebró u hegemonía en la clase 3-10 toneladas, con la victoria de una embarcación francesa.

1912

Se disputaron regatas en cuatro categorías, en las cuales las embarcaciones noruegas alcanzaron dos victorias. Fue en la categoría de 8 metros y en la de 12 metros. Suecia fue medalla de oro en la categoría de 10 metros y Francia en la de 6, aunque esta última fue casi una excepción porque, en general, el podio estuvo frecuentado por deportistas nórdicos (suecos, daneses, finlandeses) y rusos.

1920

La vela experimentó un espectacular desarrollo como disciplina olímpica en Amberes. De las cuatro categorías disputadas en Estocolmo 1912 se pasó a 13, por lo que lógicamente se disparó la participación. Noruega comenzó a perfilarse como una potencia en este deporte llevándose 6 medallas de oro, casi la mitad de las que había en disputa. Las embarcaciones noruegas fueron especialmente destacadas en la categoría “8 metros” donde lograron oro y plata. Asimismo, se impusieron en las categorías de 6 y 7 metros, en Typ 1907 de 8, 10 y 12 metros y en Typ 1919 de 10 y 12 metros. Redondearon su actuación con la plata y el bronce en Typ 1907 de 6 metros. El dominio nórdico no quedó ahí ya que los suecos, aunque a mucha distancia de sus vecinos, se llevaron do medallas de oro, en las categorías de 30 m2 y 40 m2, en la que también fueron plata. Sólo algunas embarcaciones holandesas pudieron plantar cara al “poder vikingo” y arañar un par de victorias: oro en lo 6,5 metros y oro y plata en los 4 metros.

1924

A pesar de la esperanzadora evolución que había protagonizado la vela en Amberes 1920, donde se disputaron regata en 13 categorías distintas, en París el nivel cayó nuevamente y sólo hubo regatas en tres modalidades, de las cuales dos fueron ganadas por embarcaciones noruegas. Fue en las categorías de 6 y 8 metros, además de la medalla de plata obtenida por Herik Robert en clase Finn. La victoria en esta categoría fue para el belga Léon Huybrechts.

1928

Se disputaron solamente tres categorías. En los 6 metros la medalla de oro fue para Suecia mientras que en los 8 metros se impuso Francia. El sueco ven Thorrell fue el vencedor en la regata clase Finn.

1932

Las dificultades económicas hicieron que España participara en sólo dos deportes en Los Angeles (vela y tiro) con una reducida representación de seis deportistas. A pesar de ello el regatista barcelonés Santiago Amat consiguió el bronce en la clase “Monotipo Olímpico”, superado por el francés Lebrun y el holandés Maas. Fue la segunda medalla individual de la historia olímpica de España. La primera, de plata, la consiguió el Marqués de Villaviciosa en Tiro con Arco en París 1900. Amat ya había participado en París 1924, donde quedó cuarto en la clase “Hispania”. Posteriormente, en Amsterdam 1928, navegó con un “monotipo holandés” con el que no se sintió cómodo y acabó en octavo lugar entre 32 participantes. Aunque en Los Angeles tuvo que adaptarse nuevamente a ese tipo de embarcación tuvo una excelente actuación en 15 de las 18 regatas disputadas lo que le reportó el bronce. Cuando se disponía a participar en Berlín 1936 junto a su cuñado Pedro Pí Castelló le sorprendió la Guerra Civil. Posteriormente se dedicaría a la enseñanza náutica creando una escuela de profesores que cristalizaría en la medalla de plata de Montreal 1976 y la de oro de Moscú 1980. Murió en 1982, a los 95 años. Los Estados Unidos ganaron dos oros (clases 8 metros y Star) mientras que Suecia se impuso en 6 metros y el francés Jacques Lebrun hizo lo propio en clase Finn.

1936

Alemania consiguió tres medallas, una de ellas de oro, en la clase Star. Las otras tres categorías disputadas fueron 6 metros, que ganó Gran Bretaña; 8 metros, donde se impuso Italia; y Finn que fue para el holandés Daniel Kagchelland.

1948

Las embarcaciones norteamericanas se impusieron en dos de las cuatro categorías disputadas, 6 metros y Star. En la clase Swallow la medalla de oro fue para Gran Bretaña mientras que en clase Finn el ganador fue el danés Paul Evstroem, quien revalidaría su título en Helsinki 1952.

1952

El danés Paul Evstroem revalidó la medalla de oro conseguida en Londres 1948 en la clase Finn. Evstroem es uno de los más destacados regatistas de la época y de la historia olímpica. Consiguió cuatro medallas de oro consecutivas en clase Finn en las olimpiadas de Londres, Helsinki, Melbourne y Roma. Aunque hubo bastante reparto de medallas los Estado Unidos destacaron con sus dos medallas de oro en las clase 5,5 metros y 6 metros mientras que Italia s hizo con el oro en clase Star y Noruega en clase Dragon.

1956

El danés Paul Elvstroem consiguió su tercera medalla de oro consecutiva en la clase Finn. Todavía lograría una más en los juegos de Roma 1960. En la clase sharpie el oro fue para las embarcaciones de Australia y Nueva Zelanda ex aequo, mientras que Suecia ocupó el primer puesto en las clases 5,5 metros y Dragon.

1960

La bahía de Nápoles fue el escenario del cuarto y último triunfo del danés Paul Evstrom en clase Finn. Elvstrom era ya un mito de la vela que, siempre navegando sólo, había dominado la especialidad en Londres 1948 (donde tenía 20 años), Helsinki 1952, Melbourne 1956 y, ahora, en Roma. El danés siguió en activo hasta 1970, pasados los 40 años y participó en Tokio 1964 y México 1968, aunque ya no logró el podio.

1964

No hubo grandes dominadores en las diferentes categorías. Los australianos se hicieron con el oro en la clase 5,5 metros mientras que la representación de las Islas Bahamas consiguió el primer oro olímpico de su historia, en la clase Star. Uno de los tripulantes era D. Knowles, que ya había logrado el bronce en la misma categoría en Melbourne 1956. En la clase Dragon ganaron los daneses mientras que el alemán Wilhelm “Willi” Kuhveide fue medalla de oro en clase Finn. Nueva Zelanda e impuso en Flying Dutchman.

1968

Los Estados Unidos se impusieron en las clases Dragon y Star, dominando la especialidad. Valentin Menkin ganó el oro para la URSS en la clase Finn, mientras que los británicos vencieron en Flying Dutchman y los suecos en clase 5,5 metros.

1972

Las embarcaciones australianas se impusieron en las regatas de las clases Star y Dragón. Se introdujeron dos nuevas clases -Soling y Tempest- que sustituyeron a la clase 5,5 metros. Los ganadores fueron, respectivamente, Estados Unidos y la URSS. En Flying Dutchman se impuso Gran Bretaña mientras que el francés Serge Maury lo hizo en clase Finn.

1976

La mala actuación general de la representación española en Montreal se vio salvada por dos medallas de plata. Una de ellas fue la de Antonio Gorostegui y Pedro Luis Millet en la clase 470 de vela. Esta fue la especialidad en la que los españoles se mostraron más competitivos ya que la pareja Abacal-Benavides fue séptima en Flying Dutchman y la embarcación pilotada por Gancedo y Turró acabó novena, mientras que el Soling de Costas-Anglada acabó duodécima, la misma posición conseguida por Doreste en Finn. Antonio Gorostegui fue uno de lo más destacados regatistas españoles. Antes e su participación olímpica ya había sido campeón mundial de la IYRU, el organismo patrocinador e las regatas más prestigiosas del mundo, y campeón mundial e clase 470, así como medalla de oro en la misma categoría en los Juegos Mediterráneos de 1975. Posteriormente dio el salto a la clase Star en la cual, tras cinco años de búsqueda, formó pareja con Luis Doreste, con quien ganaría en 1982 el Campeonato de Europa y en 1983 y 1984 el Campeonato Mundial. Gorostegui no acudió a Los Angeles 1984 pero sí lo hizo Doreste, que fue medalla de oro junto a Roberto Molina. Se retiró en 1988. La RFA hizo doblete en las clases 470 y Flying Dutchman, mientras que Gran Bretaña se imponía en Tornado, Dinamarca en Soling y Suecia en Tempest. En Finn ganó el alemán oriental Jochen Schümann.

1980

La primera medalla de oro olímpica para la vela española se consiguió en Moscú de la mano de Alejandro Abascal y Miguel Noguer. Si Antonio Gorostegui y Pedro Luis Millet llevaron a España al podio en Montreal con su plata en 470, la pareja Abascal- Noguer con su victoria en Flying Dutchman se hizo con la segunda medalla de oro en la historia olímpica nacional. La primera fue la conseguida por el equipo militar de hípica en Amsterdam 1928. La victoria española fue espectacular. Abascal y Noguer sólo tuvieron necesidad de disputar seis de las siete regatas ya que tras clasificarse en primer lugar en tres de ellas y segundo, cuarto y quinto puesto en el resto, se aseguraron la victoria. La pareja ya era conocida en los Juegos por su séptimo puesto en Montreal, donde el fuerte viento les rompió el mástil cuando iban líderes. Con esta victoria la vela española conseguía su tercera medalla. La primera la había logrado el mítico Santiago Amat en 1932. Alejandro Abascal participó en Los Angeles 1984 aunque sólo consiguió un cuarto puesto y posteriormente se retiró. Por otra parte, el soviético Viktor Mankin ganó su tercera medalla de oro consecutiva, esta vez en clase Star. En México 1968 había ganado en Soling, en Munich 1972 se pasó a Tempest consiguiendo también el oro y categoría en la que consiguió la plata en Montreal 1976.

1984

El gran triunfo de España en Los Angeles, tan resonante casi como la plata en baloncesto, vino de la mano de la pareja formada por Luis Doreste y Roberto Molina, quienes ganaron la medalla de oro en la clase 470 de vela. Era la segunda victoria olímpica española en esta disciplina después del “oro de Moscú” conseguido cuatro años antes por Alejandro Abascal y Miguel Noguer en clase Flying Dutchman y el tercer podio nacional en la historia de este deporte. Doreste y Molina, ambos canario, tuvieron serias dificultades para clasificarse en la fase de selección y, “a priori” eran una de las parejas que menos contaban para la medalla. Luis Doreste lograría, posteriormente la medalla de oro en Barcelona 1992, en Flying Dutchman. En la clase Star quedó séptimo su hermano, José Luis, quien en Seúl 1988 sería medalla de oro en clase Finn. Estados Unidos se impuso en las clases Soling, Star y Flying Dutchman, mientras que Nueva Zelanda obtuvo el oro en Tornado y Finn. Por primera vez se introdujo el windsurf como deporte olímpico, competición que ganó el holandés Van Der Berg.

1988

El único oro español en Seúl vino, una vez más de la vela. José Luis Doreste, hermano del Luis Doreste, quien ganó en Los Angeles el oro en 470 junto a Roberto Molina, subió a lo más alto del podio en la modalidad Finn. "Josele", como es conocido por sus amigos, se inició a los 14 años en la clase Optimist por tradición familiar: los cinco hermanos Doreste se dedican a la vela. En 1973 fue campeón de España en clase Láser y cuatro años más tarde fue segundo en el Mundial de Finn y medalla de oro En los Juegos del Mediterráneo. En 1982 fue campeón del mundo de clase Star junto a Antonio Gorostegui, con quien revalidó el título en 1986 y 1988. Participó en cuatro Juegos Olímpicos. En Montreal 1976 fue 12º, en Moscú 1980 quedó en decimoséptima posición y en Los Angeles 1984 se encaramó hasta el séptimo puesto. En Seúl toda una vida dedicada a la vela dio sus frutos con la medalla de oro tras la cual "Josele" se retiró. A pesar de ello en 1990 comenzó a prepararse para los Juegos de Barcelona, aunque al final no entró en el equipo español.

1992

Si en alguna disciplina España exhibió un gran dominio fue en vela, con un total de cuatro medallas de oro y una de plata, derrotando en toda línea a los Estados Unidos, que sólo consiguieron un oro. El reto era estar a la altura de las anteriores actuaciones: cinco medallas entre Los Angeles 1932 y Seúl 1988. Pero lo que se había hecho a lo largo de más de 50 años se logró de nuevo de golpe, en una sola edición. En Barcelona la vela dejó de disputarse lejos del núcleo de las competiciones y las pruebas se realizaron frente a la Villa Olímpica, con la novedad añadida de que se transmitieron en directo por TV. Jordi Calafat Esterlich y Francisco Sánchez Luna lograron el oro en clase 470 aunque la irregularidad de la pareja hizo que no se definiera su victoria hasta la última jornada a pesar de haber ganado en las primeras regatas. El patrón de la nave, Calafat, navegaba desde 1980 y e los meses previos a la Olimpiada había ganado la Carnaval Race, la Copa Internacional de Primavera, la Copa de España y el Campeonato del Mundo de la categoría. Sus “contrapartes” femeninas tampoco fallaron. Theresa Zabell Lucas y Patricia Guerra Cabrera se hicieron con el oro en la misma categoría, 470. Nacida en Gran Bretaña, Theresa Zabell había sido en 1985 campeona del mundo de clase Europa y cuarta en el mundial de 470 en 1991. Patricia Guerra, nacida en Las Palmas de Gran Canaria, había participado en Seúl junto a Adelina González en 470, obteniendo una décima plaza. En 19991 fue cuarta en el mundial de 470 y primera en el de 1992. En clase Finn el oro fue para José María Van der Ploeg, quien participó en Barcelona casi por azar. A pesar de ser un experimentado navegante (se inició en 1973), tres años antes nadie apostaba por él. Van der Ploeg cosechó un fracaso al no poder clasificarse para los Juegos de Los Angeles. Fue entonces que juró no volver a intentarlo. Sin embargo rompió el juramento y en Seúl fue entrenador de José Luis Doreste (medalla de oro en Finn) a quien hizo de sparring consiguiendo que no perdiera la concentración y colaborando efectivamente en su victoria.

1996

La “armada invencible” española demostró en Atlanta que los éxitos de Barcelona no fueron casualidad. En la clase 470 femenina la ganadora Theresa Zabell revalidó su medalla de oro conseguida en 1992. Esta vez su pareja fue Begoña Vía Dufresne, hermana de Natalia Via Dufresne, quien en Barcelona fue medalla de plata en clase Europa. Desde las Olimpiadas de Barcelona la trayectoria de Theresa Zabell fue impresionante: ganó los campeonatos del mundo en 1994 (año en que también se impuso en el de Europa), 1995 y 1996, erigiéndose en una de las mayores especialistas de la categoría. En 1995 recibió el Premio de la Federación Internacional de Vela como mejor regatista mundial del año. Su compañera de embarcación, Begoña Via Dufresne, había ganado en 1994 el Campeonato de Europa de Alemania, el Campeonato del Mundo de Francia y el Campeonato de España. El año anterior a las Olimpiadas fue primera en el Preolímpico de Savannah y en el Campeonato del Mundo de Canadá. En Atlanta Zabell y Via Dufresne fueron cuartas en la primera regata. En la segunda quedaron segundas y se colocándose en esa misma posición en la general. Después de siete regatas eran líderes y se aseguraron la medalla de plata, aunque en la última regata no fallaron y se llevaron el oro. El segundo oro español en vela lo lograron Fernando León y José Luis Ballester en clase Tornado. Se impusieron con tanta autoridad que no tuvieron necesidad de disputar la última regata. Ambos deportistas ya tenían expperiencia olímpica. Fernando León, nacido en Las Palmas de Gran Canaria y con 22 años de experiencia en el deporte, ya había participado en Seúl 1988 y en Barcelona 1992 fue sexto en clase Soling. En 1994 se pasó a clase Tornado en la que consiguió el Campeonato del Mundo, siendo tercero en 1995. José Luis Ballester, natural de Vinaroz, también participó en Barcelona 1992, aunque quedó en duodécimo puesto. En 1993 fue campeón de España y en 1994 ganó el Campeonato del Mundo, siendo tercero en 1995. En la clase Soling Luis Doreste, Domingo Manrique y David Vera fueron octavos en la clasificación final mientras que José María Van Der Ploeg medalla de oro en Barcelona 1992, acabó séptimo en clase Finn.

BOXEO

1904

El boxeo se estrenó como disciplina olímpica en Saint Louis, con 7 categorías: súper pesado, gallo, pluma, ligero, medio y semi-medio. Por u propio carácter de deporte debutante se dio alguna situación extraña, como que algunos deportistas compitieran en varias categorías. El caso más espectacular es el del norteamericano Charles Mayer que ganó el oro en los pesos medios y la plata en los súper pesados. Sin tanta exageración Harry Spanger fue oro en los ligeros y plata en los semi-medios, mientras George Finnegan logró el oro en peso mosca y la plata en peso gallo. En los pesos súper pesados el vencedor fue Samuel Berger.

1908

Lo británicos tenían una curiosa distinción entre deportes "de verano" y "de otoño". Estos últimos incluían el boxeo, el fútbol, el hockey, el patinaje o el rugby y se disputaron dos meses después el resto de las pruebas. En boxeo se disputaron cinco categorías, dos menos que en Saint Louis 1904 y lo británicos demostraron tener la mejor pegada ya que e llevaron nada menos que 14 e las 15 medallas en disputa. El copo británico del podio sólo fue roto en la categoría de los pesos medio dónde pude "colarse" el australiano Reginald "Snowy" Baker con una medalla de plata.

1912

La competición de boxeo fue cancelada por los organizadores suecos, quienes adujeron que se trataba de un deporte desagradable. Esta supresión provocó una fuerte controversia y decidió al COI a reducir la autonomía de los organizadores locales en las siguientes ediciones.

1920

El boxeo volvió a los Juegos Olímpicos después de doce años de ausencia, ya que en la última edición celebrada (Estocolmo 1912) fue apartado del programa por los organizadores suecos que lo consideraban un deporte desagradable, lo que motivó cierta tirantez con el COI. El boxeo en Amberes tuvo acento anglosajón. Una nueva camada de boxeadores norteamericanos empezó a dejar sentir su pegada logrando tres medallas de oro. Fueron Frank Di Genara en el peso mosca; Samuel Morberg en el ligero y Edward Eagan en los semipesados. A ellos se añadieron las victorias de los británicos Ronald Ramsan en los súper pesado y Henry Malin en los medios. Gran Bretaña fue, con seis medallas, el país que más subió al podio; seguido de Canadá con 5 aunque los canadienses sólo lograron un oro, gracias a la victoria de Albert Schneider en los semimedios.

1924

Las medallas se repartieron básicamente entre Estados Unidos y Gran Bretaña. Lo norteamericanos subieron seis veces al podio, dos de ellas con victoria. Fue en el peso mosca, que ganó Fidel La Barba, y en el pluma, donde se impuso John Fields. Los británicos ganaron cuatro medallas, dos de oro. Henry Mallin revalidó el título olímpico de los pesos medios que obtuvo en Amberes, mientras que Henry Mitchell se impuso en los pesos semipesados.

1928

Los italianos fueron los grandes dominadores de este deporte, llevándose 3 medallas de oro en los pesos medios (Piero Toscani), ligero (Carlo Orlandini) y gallo (Vittorio Tanagnini). Por primera vez subió al podio un boxeador argentino, Arturo Rodríguez, que ganó el oro en los súper pesados. La representación argentina obtuvo también una medalla de oro y una de bronce.

1932

El boxeo argentino ya dio un toque de atención en Amsterdam 1928 con tres medalla, una de ellas de oro. En Los Angeles demostraron que no era flor de un día y mejoraron su actuación consiguiendo dos medallas de oro en los pesos súper pesados (Santiago Lovell) y en los pluma (Carmelo Robledo). Norteamericanos y sudafricanos obtuvieron también dos victorias. Por parte estadounidense Carmen Barth se impuso en los pesos medianos y Edward Flynn en los welters. El sudafricano David Carnten ganó en los pesos semipesados y su compatriota Lawrence Stevens hizo lo propio en los ligeros.

1936

Argentina se reveló como un país a tener en cuenta en el mundo del boxeo con cuatro medallas, una de ellas de oro correspondiente a los pesos pluma. El país que más subió al podio fue Alemania, con cinco medallas, dos de ella de oro, en las categorías mosca y súper pesados. Francia se impuso en los pesos medios y semipesados.

1948

El boxeo argentino, que fue la revelación en los años 30 continuó su brillante trayectoria y obtuvo 3 medallas, entre ellas las de oro en los súper pesados (Rafael Iglesias) y en los mosca (Pascual Pérez). En el equipo húngaro figuraba László Papp, boxeador que consiguió su primera medalla de oro en los pesos medios. Papp (no confundir con su casi homónimo Laszlo Papp, medalla de plata en lucha grecorromana en Amberes 1928) considerado el mejor boxeador amateur de los años 40 y 50 fue el único capaz de conseguir tres oros en tres olimpiadas consecutivas (Londres 1948, Helsinki 1952 y Melbourne 1956) antes de la aparición del cubano Teófilo Stevenson. Su compatriota Tibor Csik fue medalla de oro en pesos gallo.

1952

Floyd Patterson se impuso en la categoría de los pesos medios. Contaba sólo con 17 años y fue declarado el mejor boxeador de la olimpiada. Años después Patterson sería derrotado por el sueco Ingemar Johansson, el último boxeador blanco capaz de ganar en los pesos pesados. Sin embargo en Helsinki Johansson fue descalificado en la final por su falta de combatibidad ante el norteamericano Edward Sanders. Estados Unidos ganó en total 5 medallas de oro: la de Patterson más las de los pesos superligeros, pesados, mosca y semipesados. Los soviéticos fueron los que consiguieron más medallas (6) pero ninguna de ellas de oro.

1956

En Melbourne se produjo la última actuación olímpica del húngaro László Papp (no confundir con su casi homónimo Laszlo Papp, medalla de plata en lucha grecorromana en Amberes 1928) considerado el mejor boxeador amateur de los años 40 y 50 quien fue el único capaz de conseguir tres oros en tres olimpiadas consecutivas (Londres 1948, Helsinki 1952 y Melbourne 1956) antes de la aparición del cubano Teófilo Stevenson. Papp se hizo con el oro en los súper welters desarrollando un fino estilismo acompañado de su contundente pegada con la izquierda. Después de la olimpiada, ya con 30 años, Papp se pasó al profesionalismo con gran éxito: es uno de los pocos boxeadores que nunca bajó del ring derrotado. La URSS y Gran Bretaña fueron los países con mayor número de medallas, 6 y 5 respectivamente. Los soviéticos se impusieron en los pesos pluma, súper ligeros y medio, mientras que los británicos lo hicieron en lo mosca y los ligeros. Estados Unidos consiguió dos medallas de oro, en lo peso pesados y semipesados.

1960

El boxeo en Roma está asociado al nombre de Cassius Clay (no fue Muhammad Alí hasta 1967). El pugilista más grande de todos los tiempos comenzó a abrirse paso a golpes como amateur en uno Juegos Olímpicos, al igual que otros nombres ilustres del ring como László Papp, Floyd Patterson o Teófilo Stevenson. Clay tenía 18 años en 1960 y se proclamó campeón de los semipesados venciendo por un fulminante k.o. al polaco Pietrzykowsky. Inmediatamente después iniciaría su carrera profesional que le llevó a ser el único boxeador de la historia capaz de recuperar tres veces el título de los pesos pesados. Los ídolos locales fueron los italianos Nino Benvenutti, ganador en la categoría de los welter, Francesco Musso en los welter y Francesco de Piccoli en los pesados.

1964

Cuatro años después de la victoria de Cassius Clay en los pesos semipesados de los Juegos de Roma, otro nombre clave del boxeo se dio a conocer. Se trataba de Joe Frazier, un piernicorto púgil de 20 años que suplía una cierta lentitud de movimientos con una impresionante potencia de pegada. Frazier mandó a la lona de un puñetazo cuatro veces al argentino Oywello antes de que este cayera por k.o. en la final de los pesados. En lo año 70, ya como profesionales, Clay y Frazier escribirían algunas de las páginas más importantes de la historia del boxeo arrebatándose mutuamente la corona de los pesos pesados. Sin embargo el boxeador más famoso de Tokio fue un español, Vicente Loren, que para expresar una diferencia de criterio con el árbitro, lo noqueó de un contundente directo.

1968

Por tercera vez consecutiva los Juegos Olímpicos fueron el escenario donde se dio a conocer uno de los grandes nombres del boxeo. En Roma 1960 fue Cassius Clay y en Tokio 1964 Joe Frazier. En esta ocasión se trataba de un chico de 19 años con una gran potencia en los puños, aunque todavía falto de técnica. Se llamaba George Foreman y se impuso en la final de los pesados al soviético Iona Tschpulis en el segundo asalto, fracturándole sin contemplaciones el tabique nasal. Como boxeador profesional Foreman fue campeón del mundo en 1973 al derrotar a Joe Frazier, título que defendió dos veces con éxito y que sólo perdió en 1974 ante Cassius Clay en el mítico combate de Kinshasa (Zaire) en el que el ya Muhammad Alí puso fin a su imbatibilidad de 40 combates (37 por k.o.).

1972

Por cuarta olimpiada consecutiva se destapó una gran figura en boxeo: fue el cubano Teófilo Stevenson, que ganó la primera de sus tres medallas de oro consecutivas en los pesos pesados. La de Stevenson fue la primera medalla de oro que ganaba Cuba desde la olimpiada de Saint Louis 1904 cuando el equipo de esgrima, capitaneado por Ramón Fonst, se llevó 4 de los 5 oros en disputa. Lo curioso fue que Stevenson no tuvo que disputar la final ya que su rival, el rumano Alexe, se rompió un dedo en la semifinal y no pudo pelear. En los pesos medios un contundente soviético llamado Viacheslav Lemeshev ganó todos sus combates por k.o. En la categoría de los minimoscas, que ganó el húngaro Györgi Gëdo, el español Enrique Rodríguez Cal obtuvo la medalla de bronce ex aequo con el británico Evans.

1976

Norteamericanos y cubanos protagonizaron una lucha feroz por el podio. Al final los Estados Unidos se llevaron oros por 3 de lo caribeños. Destacó en especial el campeón norteamericano de los superligeros, un joven de 20 años llamado Ray Leonard, que se ganó el apodo de “Sugar” por un estilo similar al de uno de los históricos del boxeo profesional, Ray “Sugar” Robinson. Tras su éxito olímpico y al igual que en su momento hicieron Casius Clay o George Foreman, se pasó inmediatamente al profesionalismo y en 1979 se convirtió en el campeón mundial de los welters al derrotar al portorriqueño Wifredo Benítez. Después de 34 victorias consecutivas (17 por k.o.) Ray encontró su primera derrota ante Roberto “Mano de piedra” Durán, precisamente en Montreal. Posteriormente se tomó la revancha y unificó el título de los welters ganando a Tom Hearns en Las Vegas. En este combate se embolsó alrededor de 1.300 millones de pesetas, aunque se produjo un desprendimiento de retina que lo alejó definitivamente del ring. Por su parte, el cubano Teófilo Stevenson reeditó el título de los pesos pesados que había conseguido en Munich 1972.

1980

El boicot impidió la participación de los púgiles norteamericano, que en Montreal 1976 habían ganado cinco medallas de oro. Los grandes beneficiados fueron los cubano, quienes, capitaneados por Teófilo Stevenson, lograron seis medallas de oro. El propio Stevenson consiguió su tercera victoria consecutiva en la categoría de los pesos pesados imponiéndose al soviético Pyotr Zayev.

1984

Dominio completo y sin paliativos de los púgiles norteamericanos en esta disciplina: se llevaron nueve medallas de oro de las 12 en disputa. Entre los podios hubo nombres que posteriormente serían muy sonados en el ámbito profesional, como el de Pernell Whitaker, oro en la categoría de 60 kilos, o Evander Holyfield, que fue medalla de bronce en la categoría de 81 kilos.

1988

El "miniboicot" de varios países socialistas del tercer mundo sólo afectó al boxeo, por la ausencia de lo grandes especialistas cubanos. Sin la gran potencia pugilística presente los pronósticos se abrieron mucho y no hubo un dominador claro. Estado Unidos se llevó tres oros (en los pesos gallo, semipesados y pesado) mientras que la RDA logró dos. La revelación fueron los boxeadores coreanos Kim Kwang Sun, oro en la categoría de 71 kilos y Park Si Hun (vencedor en los mosca). El escándalo en esta disciplina lo protagonizó el público en el combate del local Byun Jong Il, que derivó en una monumental bronca porque el juez declaró perdedor al púgil coreano. Algunos espectadores furibundos llegaron a agredir al juez. El incidente puso en entredicho la continuidad del boxeo como deporte olímpico.

1992

La selección cubana, después de su ausencia en Seúl a causa del “miniboicot”, dejó las cosas en su sitio y no ofreció dudas acerca de quienes dominaban el panorama pugilístico amateur. Se llevaron un total de siete medallas de oro y dos de plata, de un total de doce categorías en disputa. Destacó Félix Savón quien se impuso en los pesos pesados sin ninguna dificultad. En los pesos ligeros ganó el norteamericano Oscar de la Hoya, posteriormente uno de los más cotizados boxeadores del circuito profesional. La gran sorpresa la dio el español Faustino Reyes, de 17 años, que consiguió la medalla de plata en el peso pluma tras ser derrotado en la final por el alemán Andreas Twes, medalla de plata en Seúl y subcampeón del mundo. Natural de Marchena (Sevilla), demostró sus dotes a los 13 años ganando un combate ante un chico de 18 años que pesaba 10 kilos más que él. Subió oficialmente al ring en 1989 ganando la medalla de oro del Campeonato de España juvenil. En 1992 había disputado más de cuarenta combates, perdiendo sólo dos (incluida la final olímpica). Su entrenador juraba que hubiera ganado el oro de no haberse disputado la final en España, ya que Reyes estaba sometido a mucha presión.

1996

El boxeo español tuvo un 10% de efectividad en Atlanta ya que el único representante español, Rafael Lozano, logró la medalla de bronce en la categoría de 48 kilos. Esta era la segunda medalla olímpica consecutiva de un púgil español, después de la plata lograda por Faustino Reyes en Barcelona 1992. Nacido en Córdoba, Rafael Lozano ya había logrado un diploma olímpico en Barcelona. Entrenado por Maunel Pombo, en 1994 fue medalla de plata en el Campeonato de Mundo y poco antes de los Juegos ganó la medalla de oro en el Boxam '96. En Atlanta se aseguró el bronce ganando en cuartos de final al indonesio Lamasara por 10 - 9 pero se le escapó la plata al perder en semifinales contra el filipino Mansueto Velasco. Como era habitual los púgiles cubanos llevaron la batuta en la mayoría de categorías, logrando cuatro medallas de oro y tres de plata.

ESGRIMA

1896

A pesar de sus decepciones en atletismo, donde pensaban que por razones históricas iban a dominar, los griegos hicieron un buen papel en otros deportes como la esgrima, donde ganaron 3 medallas de oro. Destacaron especialmente en la modalidad de sable en la que Ioanni Georgiadis y Telemakos Karakalis fueron, respectivamente, oro y plata. Asimismo, su compatriota Leonidas Pyrgos se impuso en la modalidad de florete para maestros de armas.

1900

Se desarrolló en el Palacio de las Tullerías. Las investigaciones del experto Juan Fauría García señalan la presencia de un tirador español en la modalidad de espada, llamado Gort. Esta fue una de las primeras participaciones españolas en unos Juegos Olímpicos, ya que en Atenas no hubo representación de nuestro país. Al margen de este detalle, para la historia queda abrumador dominio de los franceses, que se llevaron nada menos que 15 de las 21 medallas en disputa, entre ellas 5 de oro en las modalidades de espada para amateurs y maestros de armas, espada para maestros de armas, florete, florete para maestros de armas y sable. El único deportista que escapó al "rodillo" galo fue, curiosamente, un cubano, Ramón Fonst, que fue oro en espada y plata en espada para amateurs y maestro de armas.

1904

Un deportista que ya había destacado en París 1900, el cubano Ramón Fonst, brilló aún más en esta edición. Fonst lideró al equipo cubano que supo aprovechar la ausencia de tiradores italianos y franceses para imponerse con claridad llevándose 4 de los 5 oros en disputa. En total, Fonst consiguió tres medallas de oro, en las categorías de espada y florete individual y en florete por equipos junto con su compatriota Manuel Díaz y el norteamericano Albertson Van Zo Post (muchas diciplinas, en esta época todavía no e disputaban con representaciones nacionales). El dominio cubano se completó con el oro de Manuel Díaz en sable, mientras que el estadounidense Van Zo Post logró el oro en garrote individual, además de su participación el la victoria del equipo cubano.

1908

Los representantes europeos recuperaron la supremacía perdida temporalmente por su ausencia en Saint Louis, que propició el triunfo de los tiradores cubanos. En Londres franceses y húngaros se repartieron victorias. Gastón Alibrer fue oro en espada individual, categoría en la que las medallas de plata y de bronce también las ganaron esgrimistas franceses. Los galos también se impusieron en espada por equipos. Los húngaros también se llevaron dos oro gracias a su equipo de sable por equipos y a Jenö Fuchs, que se impuso en sable individual.

1912

La victorias en distintas categorías de la esgrima estuvieron repartidas por nacionalidades. En espada destacaron los belgas con el triunfo de Paul Anspach en individuales y de su combinado nacional en la prueba por equipos (del que Anspach también formaba parte). Los italianos se lucieron con el florete donde Nedo Nadi y Pietro Speciale fueron, respectivamente, oro y plata. No hubo competición de florete por equipos. Por último los húngaros dieron un recital en la categoría de sable copando oro, plata y bronce. El ganador húngaro fue Jenö Fuchs, quien revalidaba así su medalla olímpica conseguida cuatro años antes, en Londres 1908.

1920

El italiano Nedo Nadi, ganador de la medalla de oro en florete de Estocolmo 1912, volvió a participar en Amberes a pesar de los ocho años transcurridos y nuevamente se llevó una victoria, esta vez en la categoría de sable. Lo hizo, además, acompañado de su hermano, Aldo Nadi, quien ganó la medalla de plata en la misma especialidad. La esgrima fue, en general dominada por los tiradores franceses que lograron ocho medallas, aunque sólo una de ellas fue de oro. Destacaron los nombres de Armand Massard y Roger Ducret, ambos con dos medallas; una individual y una por equipos. La medalla de plata en la categoría de espada por equipos fue ganada por Bélgica, en cuyo combinado se encontraba Victor Boin. Éste fue el primer deportista de la historia que alcanzó el podio en dos deportes diferentes ya que en Estocolmo 1912 formaba parte del equipo belga de waterpolo que consiguió el bronce.

1924

La gran estrella de la esgrima en esta olimpiada fue el francés Roger Ducruet, quien ya había conseguido una medalla de plata en Amberes 1920. En París, ante su público, protagonizó un “exploit” y ganó una medalla de oro en florete individual, dos más formando parte de los equipos franceses de espada y florete, y dos medallas de plata en espada y sable individual. Ducruet tuvo un hábil compañero en los equipos de florete y espada por equipos: su compatriota Lucien Gaudin, que también había sido plata en florete por equipos en Amberes. Gaudin, era ya un esgrimista conocido que protagonizaría un gran papel en la siguiente edición de los Juegos, Amsterdam 1928. En total los tiradores franceses consiguieron 6 medallas en esgrima. Por otra parte el equipo italiano, que había logrado cinco oros en Amberes, no repitió su actuación pero retuvo su título en sable por equipos. Los húngaros y los belgas se llevaron 4 medallas respectivamente. Al margen de los resultados, dos hechos destacaron en esta disciplina. Por primera vez se permitió la participación femenina en las pruebas de esgrima. Por otra parte, se produjo un incidente cuando el equipo italiano se retiró de la competición cantando el himno fascista.

1928

El francés Lucien Gaudin consiguió las medallas de oro en las modalidades de florete y espada individual, con 42 años. Gaudin está considerado el mejor esgrimista de la primera mitad del siglo pero un cúmulo de circunstancias adversas casi increíbles impidió que consiguiera una medalla individual antes de 1928 a pesar de que hacía más de una década que nadie le discutía su superioridad. Gaudin empezó a competir en 1904 pero Francia no acudió ese año a los Juegos de Saint Louis. En 1905, con 19 años, Gaudin era campeón el mundo pero los organizadores de los Juegos de Londres 1908 no incluyeron el florete en el programa. En Estocolmo 1912 Francia decidió no participar en esgrima y los Juegos de 1916, que estaba previsto que se desarrollaran en Berlín, no se celebraron a causa de la Primera Guerra Mundial. Fue en Amberes 1920, ya con 34 años, cuando al fin pudo participar en una Olimpiada, consiguiendo la plata en florete por equipos. En París 1924 estaba aquejado de una ligera parálisis en la mano derecha, aunque a pesar de ello logró el oro por equipos en florete y espada. Y, por fin, en Amsterdam 1928 logró proclamarse campeón individual en esas dos disciplinas, además de conseguir la plata en florete por equipos. Sus dos combates finales, los hizo al borde del desfallecimiento, cayendo desmayado al final del último. Cabe destacar también al equipo húngaro de sable que en Amsterdam ganó la primera de siete medallas de oro consecutivas. A él pertenecía Ödön Tersztyyansky, que también alcanzó la victoria en sable individual. Asimismo, la representación italiana se impuso en espada y florete por equipos.

1932

El esgrimista francé Lucien Gaudin, considerado el mejor tirador de la primera mitad del siglo XX, acabó su carrera en Los Angeles con una brillante actuación: a sus 46 años fue medalla de oro en espada y florete individual. Gaudin consiguió siete medallas olímpicas en sus cuatro participaciones olímpicas y ha quedado como un emblema histórico de este deporte. El equipo italiano se impuso en las modalidades de florete y espada por equipos. Integrado en él e encontraba un tirador que iba a seguir la estela de Lucien Gaudin, incluso por la similitud de apellido. Se trataba de Giulio Gaudini, quien en Amsterdam 1928, ya había ganado una medalla de bronce en florete por equipos. Gaudini fue el esgrimista con mayor número de medallas en Los Angeles: a las dos victoria por equipos sumó una de plata en sable individual y el bronce en florete individual. Posteriormente, en Berlín 1936, Gaudini integraría el equipo italiano que ganó el oro en florete por equipos. En total, el tirador italiano consiguió durante toda su carrera 9 medallas olímpicas repartidas en tres ediciones, superando a Lucien Gaudin. Si Gaudini no pudo conseguir también el oro en sable individual fue porque le cerró el paso el húngaro Ödön Terztyánsky, que también capitaneó al equipo magiar que e hizo con la victoria en sable por equipos. Los húngaros revalidaron su victoria de Amterdam e iban a dominar la modalidad de sable por equipos hasta Tokio 1964, es decir, ocho victorias consecutivas.

1936

Los italianos dejaron constancia de su calidad como esgrimistas, algo que seguirían haciendo en las siguientes ediciones de los Juegos. El equipo italiano se impuso en espada y florete mientras que Franco Ricardi ganó el oro en espada individual. En las filas del equipo de florete se encontraba Giulio Gaudini, uno de los mejores y más famosos tiradores de la época que consiguió 9 medallas participando en tres Olimpiadas: Amsterdam, Los Angeles y Berlín. Hungría continuó su tradicional dominio en sable por equipos e individual (Endre Kabos fue el ganador en esta prueba). Además, la húngara Ilona Elek ganó la prueba femenina de florete individual, la única abierta a las mujeres.

1948

El dominio húngaro en la categoría de sable individual (Aladár Gerevitch) y por equipo continuó y aún habría de mantenerse por muchos años. Francia logró tres victorias, en espada y florete por equipos y en florete individual (Jehan Buka), mientras que Italia se mantuvo fiel a su tradición de potencia esgrimista y fue el país con más medallas, con un total de seis, de las que la conseguida por Luigi Carbone en espada individual era de oro. En categoría femenina destacó la húngara Ilona Elek, que a sus 41 años retuvo la medalla de oro en florete individual que había logrado en Berlín 1936.

1952

El personaje más brillante fue sin duda el francés Christian d'Oriola, considerado junto con su compatriota Lucien Gaudin el mejor esgrimista de todos los tiempos. D'Oriola fue el dominador en la modalidad de florete durante 10 años y en la Olimpiada de Helsinki registró su mejor actuación aunque ya había sido oro en florete por equipos y plata en individual. En esta ocasión el francés ganó los ocho combates que disputó, adjudicándose la medalla de oro y revalidó el título por equipo. En Melbourne 1956 volvió a ganar el oro individual totalizando 4 medallas de oro y 2 de plata en 3 olimpiadas. Los italianos fueron los más destacados, llevándose 8 medallas entre ellas el oro en florete individual femenino, la única competición de esgrima abierta a las mujeres. La ganadora fue Irene Canter. Eduardo Mangiarotti se impuso en espada individual y, junto a su hermano Dario y otros tiradores integró el equipo de espada por equipos que ganó el oro. Por su parte los húngaros continuaron acumulando victorias en sable por equipos y en individual (Paul Kóvacs).

1956

El francés Christian d'Oriola, considerado junto con su compatriota Lucien Gaudin el mejor esgrimista de todos los tiempos, ganó el oro en florete individual, su sexta medalla y cuarta de oro en un total de tres participaciones olímpicas. Los húngaros continuaron con su tradicional dominio del sable por equipos e individual, esta vez ganado por Rudolf Karpati, que conseguía su cuarta medalla de oro. A lo largo de su carrera Karpati participó en cuatro olimpiadas ganando un total de seis oros. Los italianos se hicieron con el oro en espada y florete por equipos, así como en espada individual por mano de Carlo Pavesi.

1960

Se produjo una situación de igualdad entre la URSS, Francia y Hungría, que lograron las mismas medallas de oro repartiéndose las categorías y gracias a un destacado tirador en cada equipo. Por parte de la URSS el hombre fue Viktor Zhdanovich, que se llevó el oro en florete individual y por equipos. Los italianos contaron con Giuseppe Delfino en espada individual y por equipos mientras que los húngaros una vez más se impusieron en las dos categorías del sable con Rudolf Kárpáti, su tirador más veterano. Kárpáti consiguió en Roma su quinta y sexta medallas de oro consecutivas en la especialidad finalizando así su carrera después de cuatro participaciones olímpicas.

1964

Fue en apretado “mano a mano” entre húngaros y soviéticos. Como era tradicional, un húngaro, Tibor Pésza, se impuso en sable individual aunque los magiares perdieron su ya clásico dominio del sable por equipos, que fue a parar a la URSS. Se desquitaron ganando en florete y espada por equipos, en esta última categoría compartiendo el oro con los soviéticos. También ganaron en florete individual, ex aequo con Polonia. Por su parte, la URSS e impuso en espada individual.

1968

Los tiradores italianos hicieron en México una de sus peores olimpiadas: por primera vez en muchas ediciones no consiguieron ninguna medalla de oro. Los franceses, tradicionalmente asiduos en el podio también “pincharon” aunque salvaron el honro nacional con el oro en florete por equipos. El resto de victorias fueron para el otro lado del Telón de Acero. Lo húngaros, parecieron cambiar de especialidad y después de décadas dominando en sable se llevaron el oro en espada por equipos y espada individual, de la mano de Gyözö Kulcsar. Rumanía, la URSS y Polonia ganaron, respectivamente, en florete individual, sable por equipos y sable individual. En categoría femenina sólo se disputaron competiciones de florete individual y por equipos, ambas ganadas por tiradoras soviéticas.

1972

Una vez más los húngaros hicieron un doblete, como era habitual desde hacía décadas. Csaba Fenyvesi ganó en espada mientras que el conjunto magiar lo hizo en la modalidad por equipos. Polonia también tuvo dos oros capitaneada por Witold Woyda, quien ganó en florete individual y formó parte del conjunto que ganó en la prueba por equipos. Italia se impuso en sable por equipos mientras que el soviético Viktor Sidyak hizo lo propio en sable individual. La segunda medalla para Italia la coniguió Antonella Ragno-Lonzi en florete femenino. La competición por equipos fue para la URSS.

1976

Tanto la RFA como la URSS hicieron doblete. El alemán Alexandre Puch se impuso en espada individual mientras que el conjunto germano lo hacía en florete por equipos. Los soviéticos dominaron en sable individual con Viktor Krovopouskov y se impusieron también en la modalidad por equipos. El infaltable oro italiano lo aportó Fabio dal Zotto, en florete individual mientras que Suecia se imponía en espada por equipos. En categoría femenina Ildika Schwrczenberger dio un oro a Hungría, antaño país dominador e la especialidad. En equipos se impuso la URSS. La anécdota la puso un “ingenioso” tirador soviético, Boris Onischenko, quien en la prueba de esgrima del pentatlón moderno se había dotado de un sistema electrónico que le permitía hacer “tocados” a voluntad. Fue descubierto y expulsado a su país.

1980

Después de años de participaciones discretas los tiradores franceses volvieron con fuerza al podio llevándose dos oros en categoría masculina (espada y florete por equipos) y los dos en disputa en categoría femenina (florete). La URSS tuvo tres victorias. Viktor Krovopouskov consiguió su tercera y cuarta medallas olímpicas en sable individual e integrado en el conjunto que ganó en sable por equipos. En florete individual ganó Vladimir Sminov. En espada individual el oro fue para el sueco Johan Hermenberg.

1984

El dominio francés de la especialidad en Moscú 1980 fue contestado por los italianos, con quienes mantuvieron un duelo por el podio. El italiano Mauro Numa ganó el oro en florete individual, categoría en la que su compatriota Stefano Cieroni ocupó la tercera plaza. En la florete por equipos los Italia superó a la RFA y a Francia y lo mismo hizo en sable por equipos, donde se impuso a Francia y a Rumanía. Los franceses pudieron imponerse en espada individual gracias a Philippe Boise aunque sólo fueron segundos en espada por equipos, que ganó la RFA. En categoría femenina el oro en florete individual fue para la china Luan Jujie mientras que por equipos ganó la RFA.

1988

Los alemanes federales tuvieron la actuación más destacada con tres medallas de oro entre ellas las dos en disputa en categoría femenina: Arndt Schmitt se impuso en sable individual masculino mientras que Anja Frichel lo hizo en florete femenino. El francés Jean François-Lamour fue oro en espada individual mientra que el equipo galo se impuso en sable. En florete individual ganó el italiano Stefano Cerioni mientras que en la modalidad por equipo se impusieron los soviéticos.

1992

Alemania en las pruebas por equipo y Francia en las modalidades individuales fueron las naciones más destacadas en esgrima. España tuvo una actuación muy discreta: Manuel Pereira, que había sido campeón mundial de espada cosechó un mediocre 48º puesto. La mejor actuación española fue la de Antonio García, quinto en sable individual. En categoría femenina Italia se impuso en las dos competiciones, diputadas florete individual y por equipos.

1996

Los rusos se revelaron como la nueva gran potencia en esgrima, con cuatro medallas de oro y una de plata. El conjunto ruso ganó en florete y sable por equipos mientras que Alexander Beketov se imponía en espada individual y Sergei Podnyakov lo había en sable. La respuesta occidental la dio Italia con la victoria en espada por equipos y el oro de Alessandro Puccini en florete individual. En categoría femenina Francia se llevó las medallas de oro en la primera competición olímpica de espada para mujeres, tanto en equipos como en individual (Laura Flessel). En florete por equipos ganó Italia y en florete individual la rumana Laura Badea.

JUDO

1964

El judo se introdujo en Tokio como deporte olímpico y lo que debería haber sido una fiesta para los nipones se convirtió en una decepción nacional que incluso provocó varios casos de harakiri. El motivo fue la derrota del campeón local Akio Kaminaga, en la categoría Open. Todo el país tenía puestos los ojo en su paladín, pero contra todo pronóstico fue derrotado por el holandés Anton Geesink, quien había aprendido artes marciales en oriente. El ídolo japonés fue derrotado en su casa en el deporte nacional, que se estrenaba como disciplina olímpica y encima por un europeo. Demasiado fuerte para algunos.

1972

Introducido en Tokio 1964, donde la derrota en categoría Open del local Akio Kaminaga ante el holandés Anton Geesink fue una tragedia nacional, el judo volvió a ser disciplina olímpica después de estar ausente de México 1968. Una nueva decepción nipona en la categoría reina ya que el ganador fue el holandés Willem Ruska, aunque los japoneses dominaron las de menor peso.

1976

Por primera vez desde que el judo debutó en los Juego Olímpicos (en Tokio 1964) un judoka japonés consiguió la medalla de oro en la categoría reina, la open. E trataba de Haruki Vemura. Los españoles De Frutos y Juan Carlos Rodríguez quedaron, respectivamente, cuarto y quinto.

1980

Los judokas franceses fueron la revelación, favorecidos por la ausencia de los japonenses. Thierry Rey ganó el oro en los pesos super ligeros mientras que Angelo Parisi se impuso en los pesados y fue plata en la categoría reina, la Open. En esta última el ganador fue el alemán oriental Dietmar Lorenz. Los soviéticos ganaron dos oros, en ligeros y semimedios.

1988

En la final de los pesos pesado se impuso el japonés Hitoshi Saito, el único de esta nacionalidad que ganó un oro en judo imponiéndose al alemán oriental Henry Störh. Las lágrimas de este gigante de 1.80 metro y 140 kilos después de la victoria emocionaron al público. Saito fue el primer judoka que, haciendo gala de una técnica basada en la "fuerza tranquila" consiguió dos títulos olímpicos consecutivos. Al oro de Seúl hay que sumarle el conseguido en Los Angeles en la categoría de 95 kilos.

1992

Al igual que en hockey en judo las mujeres fueron las protagonistas. Miriam Blasco, con su victoria en la categoría de los pesos ligeros, consiguió la primera medalla de oro olímpica española en categoría femenina. Poco después vendría la de su compañera de equipo Almudena Muñoz en los pesos semiligeros. El oro de Miriam Blasco fue la recompensa a años de dedicación constante al judo. Vallisoletana de nacimiento, formaba parte del equipo español desde 1980 y desde 1988 era ininterrumpidamente campeona de España. En 1991 se proclamó campeona del mundo, de Europa y de España. Se retiró después de su éxito olímpico. Un día después que Miriam Blasco, Almudena Muñoz la emulaba a pesar de que nunca había ganado una medalla ni en los campeonatos de mundiales ni de Europa y que acudía a Barcelona en calidad de suplente. Nacida en Valencia, había sido Campeona de España junior en 1987 y campeona absoluta en 1990 y 1991. En los ambientes deportivos arrastraba la leyenda de que su capacidad competitiva era de nivel medio. Lo desmintió. En categoría masculina la mayoría de favoritos cumplieron las expectativas. Japón logró dos oros (pesos semimedios y ligeros) y lo mismo consiguió el Equipo Unificado (pesos superligeros y pesados).

1996

En Atlanta, España se confirmó como una potencia a tener en cuenta en judo. El madrileño Ernesto Páez ganó la primera medalla española masculina en este deporte en al quedar segundo en la categoría 95 kilos. Nacido en 1970 y con una discreta participación en Barcelona 1992, Páez no tenía todavía ningún título en su palmarés por lo que no figuraba a priori entre los favoritos. En la final se enfrentó al francés David Doulliet quien le ganó por ippon. En categoría femenina se produjo un brillante relevo generacional. La medalla de oro de Barcelona 1992, Miriam Blasco, asumió junto a Josean Arruza la responsabilidad de entrenar a Yolanda Soler, una madrileña que consiguió la medalla de bronce en categoría 48 kilos. Yolanda había sido séptima en la misma categoría en los Juegos de Barcelona y campeona de Europa consecutivamente en 1993, 1994 y 1995. La cosecha española se completó con Isabel Fernández, otra “pupila” de Miriam Blasco, que logro también la medalla de bronce en la categoría 56 kilos. Nacida en Alicante, en 1992 fue campeona de España de 52 kg. y en 1993 campeona de España de 56 kilogramos. En el combate por el tercer puesto derrotó a la británica Nicola Faibrother por un yuko.

PIRAGÜISMO

1936

El piragüismo se introdujo como deporte olímpico en Berlín 1932 y el podio tuvo un marcado acento germánico. Entre Alemania y Austria se repartieron 13 medallas, entre ellas 5 de oro. Austria tuvo 6 medallas, 3 de ellas de oro. El austríaco Gregor Hradetzky hizo doblete en 10.000 metro kayak monoplaza desmontable y 1000 metros kayak monoplaza. Los austríacos también se impusieron en 1000 metro kayak biplaza. Los alemanes, con 7 medallas, vencieron en las categorías de 1000 metros kayak biplaza y 10.000 metros kayak monoplaza. Las categoría de canoas estuvo reservada a los húngaros, que vencieron en 1000 y 10.000 metro canoa biplaza.

1948

Entre suecos y checoslovacos no dejaron casi opción al reto de participantes. En el equipo sueco estacó Gert Fredriksson, que ganó sendos oros en 1000 metros kayaks monoplaza y 10.000 metros kayak monoplaza. Además los suecos se impusieron en 1000 metros y 10.000 metro kayak biplaza totalizando cuatro victorias. Los checos también obtuvieron cuatro medallas, pero sólo 3 de oro, en 1000 y 10.000 metro canoa monoplaza y en 1000 metro canoas biplaza.

1952

Claro dominio de los finlandeses, que dieron un recital ante su público. La pareja formada por Kurt Wives y Y. Hietamen logró el doblete en los 1000 y los 10.000 metros kayak biplaza. Sylvi Saimo se impuso en 500 metros kayak monoplaza mientras que Thorvald Strömberg hizo lo propio en 10.000 metros. En total Finlandia consiguió 6 medallas. Suecia se hizo con 4 medallas destacando la actuación de Gert Fredriksson que ganó el oro en 1.000 metro kayak monoplaza y la plata en 10.000 metros. Fredriksson es uno de los mejores piragüistas de la época. Participó en 4 Olimpiadas consiguiendo un total de 8 medallas (dos en cada participación) de las cuales 6 fueron de oro.

1956

Rumanía se reveló como una gran potencia de la canoa, destacando Leon Rotman con dos oros en 100 y 10.000 metros canoa monoplaza. Además los rumanos ganaron en 1000 metro canoa biplaza. Hungría sólo consiguió un oro, el de 10.00 metro kayak biplaza, pero logró Csiete medallas, las mismas que la URSS. Los soviéticos se impusieron en 10.00 canoa biplaza y 500 metros kayak monoplaz

1960

Se incluyó por primera vez la competición femenina, en las modalidades de 500 metros kayak monoplaza y biplaza. En ambas ganaron piragüistas soviéticas. En categoría masculina destacó el sueco Gert Fredriksson que realizó su cuarta y última participación olímpica. Fredriksson era uno de los deportistas más veteranos, poseedor de una trayectoria brillante en la especialidad: contabilizó un total de 8 medallas olímpicas, 6 de ellas de oro. Las dos últimas las ganó en Roma. Junto a su compatriota S.O. Sjödelius se impuso en los 1000 metros kayak biplaza y fue bronce en los 1000 metro kayak monoplaza.

1964

Reparto de oros entre Suecia y la URSS. Los suecos ganaron en 1000 metros kayak biplaza. Uno de los miembros del equipo era S.O. Sjödelius, que había ganado también el oro en Roma 1960 junto al gran especialista Gert Fredriksson. Los suecos también se impusieron en 1000 metros kayak monoplaza. Por u parte lo soviéticos ganaron en 1000 metros canoa biplaza y 1000 metro kayak de cuatro plazas. En categoría femenina la soviética Lyumila Panayeva-Khvedosyuk se impuso en 500 metros kayak monoplaza mientras que las alemanas lo hicieron en biplaza.

1968

En categoría femenina, la soviética Lyudmila Pinayeva-Khedosyuk reeditó la victoria conseguida en Tokio 1964 en la modalidad de 500 metro kayak monoplaza. En categoría masculina el húngaro Mikály Hesz fue oro en 1000 metros kayak monoplaza mientras que su compatriota Tibor Tatai ganó en 1000 metros canoa monoplaza. Hungría fue el país más presente en el podio, con un total de 5 medallas, seguido de cerca por la UR con cuatro, aunque sólo la de 1000 metro kayak biplaza fue de oro.

1972

Total e incontestable dominio de la URSS: lo soviéticos se llevaron 6 oros de los ocho en disputa. Estacó nuevamente la gran especialista Lyudmila Pinayeva-Khvedosyuk, posiblemente la mejor deportista femenina en esta especialidad. La soviética se impuso en 500 metros kayak biplaza, logrando así su cuarta medalla (tercera de oro) en tres participaciones consecutivas.

1976

El equipo español de clase K-4 consiguió una de las dos medallas de plata que se llevó España en Montreal (la otra fue en la clase 470 de vela). Estaba formado por Herminio Menéndez, Luis Ramos Misioné, José Estaban Celorrio y José Díaz Flor. Además, los piragüistas españoles consiguieron clasificarse para a cuatro de las cinco finales. Menéndez fue cuarto en K-1 y la misma plaza consiguió Seguí del Riego en 500 metros K-2. La URSS consiguió 5 medallas de oro y 2 platas, dominando la especialidad. Destacó la pareja Petrenko-Vinogradov, oro en 500 y 1000 metro canoa biplaza. Sus compatriota Romanovsky y Nagony fueron oro en 1000 metro kayak biplaza y plata en 50 metros.

1980

En Moscú se dio un nuevo éxito del piragüismo español de la mano de Herminio Menéndez, quien en Montreal 1976 había ganado ya la medalla de plata en clase K-4 junto a sus compañeros Luis Ramos Misioné, José Estaban Celorrio y José Díaz Flor. Menéndez, campeón del Mundo de la especialidad en 1975, superó su actuación de Montreal ganando en la capital soviética dos medallas. En categoría 500 metros kayak biplaza (K-2) quedó segundo formando equipo con Guillermo del Riego, mientras que en 1.000 metros K-2 fue medalla de bronce con uno de sus compañeros de Montreal, Luis Ramos Misioné.

1984

El piragüismo siguió dando alegrías al deporte español. En Montreal fue la medalla de plata del equipo de K-4, capitaneado por Herminio Menéndez y en Moscú un doblete del mismo Menéndez, que consiguió la plata en 500 m. K-2 junto con Guillermo del Riego, mientras que en 1.000 metros K-2 fue medalla de bronce con uno de sus compañeros de Montreal, Luis Ramos Misioné. En el podio de Los Angeles no estuvo Menéndez pero sí sus sucesores. Narciso Suárez y Enrique Mínguez se llevaron la medalla de bronce en la categoría 500 metros C-2. Enrique Mínguez, vallisoletano de 24 años que trabajaba de oficial tornero en Renfe ya había obtenido un séptimo puesto en Moscú. El dominio en general correspondió a los neozelandeses que se llevaron cuatro medallas de oro: en 500 metros K-2 por equipos, en 1.000 metro K-1 por equipos, aí como en 1.500 y 1000 metros K-1 individuales, ganados respectivamente por Ian Ferguson y Alan Thompson.

1988

La URSS dominó en la especialidad de canoa imponiéndose en 500 y 1.000 metros C-2 y en los 1.000 metros C-1, con victoria de Ivan Klementiev. En kayak norteamericanos y húngaros se repartieron la mayoría de victorias. Los estadounidenses se impusieron en 1.000 metro K-2 y 1.000 metros K-1 (Grag Barton) mientras que en 500 metros K-1 ganó el húngaro Zolt Gyulay y el equipo magiar se impuso en 1.000 metro K-4. Nueva Zelanda ganó los 500 metros K-2. En categoría femenina la RDA se impuso en 500 metros K2 y K-4 y Bulgaria en 500 metros K-1 (Vania Guechava).

1992

Los grandes vencedores fueron los alemanes que acapararon seis medallas de oro, dos de plata y una de bronce, por lo que subieron al podio en nueve de las once finales disputadas. El nivel en esta especialidad fue muy alto, como lo demuestra el hecho de que se batieron ocho récords mundiales y doce olímpicos.

1996

Esta fue la última participación de la alemana Birgit Fischer, toda una leyenda del piragüismo, con un palmarés incomparable: ocho medallas en cuatro ediciones consecutivas de los Juegos Olímpicos, desde Los Angeles 1984 a Atlanta 1996. En categoría masculina cabe destacar al checo Martin Doktor, que se impuso en las pruebas de 500 y 1.000 metros C-1. El equipo alemán ganó el oro en 500 metros K-2 y 1.000 metros K-4. Italia se llevó la victoria en 1.000 metro K-2 y en 500 metro K-1 (Antonio Rossi). El noruego Knut Holmann se impuso en 1.000 metros K-1, una prueba en la que el español Agustín Calderón quedó quinto. En Atlanta se disputaron por primera vez pruebas de slalom. El alemán Oliver Fix ganó la prueba de Kayak 1 muentras que el eslovaco Michal Martikan lo hizo en Canadian 1. En Canadian 2 se impuso el equipo de Francia.

HÍPICA

1900

Se desarrolló en Breteuil, donde belgas y franceses se repartieron la mayoría de medallas. La representación belga fue la más destacada con 4 medallas, 2 de ellas de oro, en salto de longitud y salto de obstáculos; mientras que los franceses ganaron en salto de altura y consiguieron dos podios más.

1912

El alemán Frederick Von Rochow ganó el oro en el "concurso individual" y asimismo formó parte del equipo alemán que quedó segundo en la prueba por equipos, que fue ganada por Suecia. Los locales dominaron también en las pruebas de doma en las que Carl Bonde y Gustav-Adolf Boltenstem se llevaron, respectivamente, el oro y la plata.

1920

Las pruebas de hípica fueron escenario para un recital ecuestre de los suecos, quienes ganaron 9 medallas, de ellas 4 de oro. Destacaron especialmente en concurso completo donde Graf Helmer Moemer y Äge Lundstrom ganaron, respectivamente, oro y plata. Ellos dos junto con Georg Von Braun integraron el equipo que se impuo también en concurso completo por equipo. U compatriota Janne Lundblad ganó el oro en doma individual mientras que el equipo sueco se llevó el “Premio de las Naciones”. En la especialidad de salto de obstáculos destacaron los italianos, que coparon los dos primeros escalones del podio gracias a Rommasso Lequio di Assaba y Alessandro Valerio.

1924

Suecia confirmó su posición de potencia en hípica (los suecos ganaron 4 oros en Amberes) aunque con la sombra de los jinetes holandeses muy cerca. Ernst Linder se impuso en doma individual mientras que el equipo sueco se hizo con la medalla de oro 0en el Premio de las Naciones, además de conseguir dos medallas de plata. Por parte holandesa Adolph Van der Voort van Zijp ganó el concurso completo individual mientras que el combinado nacional e impuso en el concurso completo por equipos.

1928

La primera medalla de oro para España se consiguió en Amsterdam y fue la única en muchas décadas. No habría otras hasta que “Paquito” Fernández Ochoa fue campeón en los Juegos de Invierno de Sapporo de 1972. En unos Juegos de Verano hubo que esperar a Muscú 1980, cuando la pareja Abascal-Noguer en impuso en vela. El equipo español se impuso en la Gran Prueba de las Naciones de hípica, que cerraba los Juegos. Estaba integrado por José Álvarez de las Asturias (marqués de los Trujillos), José Navarro-Morené (conde de la Casa de la Loja) y Julio García Fernández, que acabaron el recorrido (1.600 metros y 16 obstáculos) con sólo 4 puntos de penalización; 8 menos que Polonia y 10 menos que Suecia. Los holandeses dominaron el concurso completo individual -obtuvieron oro y plata- y por equipos mientras que los representantes alemanes se impusieron en doma individual y por equipos.

1932

La sorpresa en hípica la dio un desconocido japonés, Takeishi Nishi, que obtuvo la medalla de oro en salto de obstáculos. En la modalidad de doma los jinetes franceses desplazaron a los alemanes (ganadores en Amsterdam 1928) y se llevaron la victoria en la categoría individual (Xavier Lesage) y por equipos. El holandés Charle Pakud de Mortanges fue el ganador del concurso completo individual mientras que el combinado norteamericano se impuso en la modalidad por equipo. Estados Unidos fue el país que más medallas obtuvo, con un total de cinco.

1936

El dominio alemán fue absoluto e incontestable: los anfitriones se llevaron todas las medallas de oro que se repartieron entre 3 jinetes. Ludwig Stubbendorff ganó el concurso completo individual y por equipos. Heinz Pollay la doma individual y por equipos y Kurt Hass el salto de obstáculos y el Premio de las Naciones.

1948

La revelación en hípica fue México, con dos oros, y en especial el jinete Humberto Mariles Corés, que ganó el alto de obstáculos, integró el equipo que se impuso en el Premio de las Naciones y logró un bronce en concurso completo por equipos. Francia se llevó también dos oros, en doma por equipos y en concurso completo individual donde Bernard Chevalier hizo honor a su apellido. La representación española realizó su mejor actuación en esta disciplina, logrando la medalla de plata en el Premio de las Naciones (por detrás de México), el mismo galardón conseguido en Amberes 1920. De ese equipo todavía se mantenía José Navarro Morenés, conde de la Casa de la Loja, que se convirtió en el olímpico español más laureado del momento. Junto a él estuvieron Jaime García Cruz, y Marcelino Gavilán. Con esta, España alcanzaba su sexta medalla olímpica. Estados Unidos tenía en ese momento 946.

1952

Dos jinetes suecos se llevaron 4 de las 6 medallas de oro en disputa. Se trataba de Hans Von Blixen-Fineck Jr. que ganó en concurso completo individual y por equipos, y Henri Saint Cyr, vencedor en doma individual y por equipos. Gran Bretaña consiguió el oro en el Premio de las Naciones: fue la única medalla de los británicos que en Helsinki protagonizaron una actuación ridícula en todo lo que no fue hípica. El francés Pierre Jonquères d'Oriola fue oro en salto de obstáculos, prueba que volvería a ganar en Tokio 1964.

1956

Melbourne 1956 estuvo a punto de quedarse sin pruebas de hípica a causa de la legislación australiana que exigía seis meses de cuarentena a los caballos traídos del exterior. El revuelo fue considerable ya que era impensable que la equitación se “cayera” del programa /olímpico y tampoco e podía cambiar la sede de los juegos. Al final se logró una solución de compromiso y la hípica se celebró en Estocolmo, en la misma ubicación donde se desarrollaron las pruebas de la olimpiada de 1912, con la advertencia del COI de que esta decisión no iba a ser considerada un precedente. Dominaron Alemania, Suecia y Gran Bretaña mientras que el veterano alemán Hans Winkler (que había sido medalla de bronce en Helsinki, se adjudicó el Premio de las Naciones superando por un escaso margen a los hermanos italianos D'Inzeo.

1960

Alemania ganó el Premio de las naciones mientras que los hermanos italianos Raimundo y Piero d'Ienzo lograron oro y plata en el concurso individual. Destacó asimismo el australiano Lawrence Morgan, que fue medalla de oro en concurso completo individual y por equipos.

1964

Mario Checcoli consiguió para Italia el oro en el concurso completo individual y formó parte del conjunto que ganó la prueba por equipos. Los alemanes se llevaron el oro en la doma por equipos y en el Premio de la Naciones. Un veterano olímpica, el francés Pierre Jonquères d'Oriola ganó en salto de obstáculos y fue segundo en el Premio de las naciones mientras que el suizo Henri Chammartin se impuso en doma individual.

1968

Victorias repartidas como en pocas ocasiones. Jean Jacques Goyan logró para Francia el oro en el concurso completo individual y Gran Bretaña se impuso en equipos. La doma individual la ganó Ivan Kizimov, de la URSS mientras que en saltos el norteamericano William Steinkraus se llevó la medalla de oro. Los jinetes de Canadá y la RFA se impusieron, respectivamente, en el Premio de las Naciones y en doma por equipos.

1972

El alemán Hans Gunter Winkler logró su quinta medalla en cinco olimpiadas consecutivas formando parte del equipo que se impuso en el Premio de las Naciones y cerrando así una trayectoria brillante. Otro jinete veterano que también empezó su andadura olímpica en Melbourne 1956, el italiano Piero D'Inzeo se hizo con un bronce. El británico Richard Meade hizo el doblete ganando en concurso completo individual y por equipos. La RFA también subió dos veces a lo alto de podio: además del Premio de las Naciones Liselott Linberhoff venció en doma individual. Grazimo Mcinelli se llevó a Italia la victoria en saltos mientras que la UR se impuso en doma por equipos.

1976

El norteamericano Edmund Coffin hizo el doblete al imponerse en el concurso completo individual y capitanear al conjunto estadounidense que ganó en la modalidad por equipo. La RFA también se llevó dos victorias, en doma por equipos y en salto, con la actuación de Alwin Schokemoehle. La doma individual fue para el suizo Christine Stückelberger mientras que Francia se impuso en el Premio de las Naciones.

1980

La competición ecuestre fue una de las más afectadas por el boicot. Una muestra de ello es que en saltos ganó el polaco Jan Kowalczyk: era la primera vez que un jinete del Este se imponía en esta categoría desde Amsterdam 1928. La URSS se impuso en las pruebas por equipos: el concurso general, la doma y el Premio de las Naciones. La doma individual fue para la austríaca Elisabeth Theuer mientras que el italiano Euro Federico Roman ganó el concurso individual.

1984

Norteamericanos y alemanes se repartieron la mayoría de victorias aunque el jinete más destacado fue el neozelanés Mark Todd quien, con 18 años, se impuso claramente en el concurso completo. Estados Unidos fue oro tanto en concurso completo por equipos como en salto por equipos, así como en alto individual donde ganó J. Fargis mientra que C. Hormfield obtuvo la medalla de plata. Los alemanes coparon las victorias tanto en la modalidad por equipos como en individual, en la que se impuso R. Klimke.

1988

Dominio de los alemanes federales que se impusieron en saltos, doma y en el concurso completo por equipos. Además Nicole Uphoff fue oro en doma individual. El concurso completo individual se lo llevó el neozelandés Mark Todd mientras que el concurso individual de altos fue para el francés Pierre Durand.

1992

Los alemanes demostraron una vez más su destreza hípica llevándose el salto de obstáculos individual (L. Beerbaum) y la doma individual (L. Uphoff), así como la doma por equipos. Los australianos les siguieron en el palmarés con la victoria de R. Ryan en concurso completo individual y el oro en la modalidad por equipos. Holanda ganó en salto de obstáculos por equipos.

1996

Nuevamente los alemanes impusieron su ley en las pruebas de hípica ganando cuatro oros en las seis competiciones disputadas. Se les escaparon, sin embargo, el concurso general individual, que ganó el neozelandés Blyth Tait, y por equipos, que se adjudicó Australia. En la competición de saltos el equipo español logró la quinta posición.

TENIS

1896

Como ya se ha dicho, los Juegos de 1896 tuvieron tanto de fiesta como de prueba deportiva por lo que la combinación de amateurismo y falta de experiencia por ser los primeros después de tanto tiempo produjo anécdotas que hoy se recuerdan con una sonrisa. Una de ellas fue la protagonizada por John Boland turista británico (en realidad de origen irlandés) de paso por Atenas que, con la flema propia de un caballero victoriano, se inscribió casualmente en la competición de tenis y no sólo ganó en individuales sino también en dobles acompañado del alemán Friedrich "Fritz" Tramm.

1900

El tenis, que no se disputó en París sino en la isla de Puteaux, fue el primer deporte en el cual una mujer ganó una medalla olímpica (simbólicamente hablando porque en 1900 todavía no se entregaban) ya que en los Juegos de Atenas 1896 todos los atletas fueron hombres. La británica Charlotte Cooper fue la primera deportista que subió a lo más alto del podio y lo hizo por partida doble al ganar el torneo individual y los dobles mixtos, acompañada de Reginald Doherty. En el torneo individual masculino el oro también fue para un británico: Lawrence Doherty. Uno de los integrantes del equipo francés que ganó la medalla de plata en dobles masculinos fue un joven de 17 años llamado Max Decugis. 20 años después, ya con 37 años, Decugis ganaría el oro en dobles mixtos en Amberes 1920, formando pareja con su compatriota Suzanne Lenglen, una de las mejores tenistas de la historia.

1904

A diferencia de París 1900, las mujeres no tuvieron cabida en la competición de tenis, que fue ganada en individuales por el norteamericano Beals Wright. El mismo Wright fue medalla de oro también en dobles, formando pareja con su compatriota Edgard Leonard.

1908

Los tenistas británicos arrasaron tanto en categoría masculina como en femenina. En esta edición se disputó también, aparte del tenis tradicional, un torneo de tenis de salón, que también fue coto británico. No hubo, por otra parte, torneo de dobles femeninos ni mixtos, por lo que las mujeres sólo estuvieron representadas en los individuales. El oro en individuales masculino fue para Josiah Ritchie, que también fue plata en dobles. Los vencedores de los dobles fueron la pareja formada por George Hillford y Reginald Doherty. En individual femenino el oro fue para Dorothea Lambert-Chamber. El ganador en tenis de salón fue Arthur Gore, también se impuso en los dobles junto a Herbert Barrett. En categoría femenina fue Gladys-Eastlake-Smith quien subió al podio.

1912

Sorprendentemente, en un deporte que por tradición dominaban ingleses, franceses y, eventualmente, algún norteamericano, el sudafricano Charles Winslow consiguió la victoria en individuales masculinos, mientras que la plata fue para su compatriota Harold Kitson. Ambos completaron la redonda actuación sudafricana en Estocolmo formando pareja e imponiéndose en el torneo de dobles. En categoría femenina la ganadora fue la francesa Marguerite Broquedis. No hubo torneo de dobles femeninos pero sí de dobles mixtos, donde se impuso la pareja alemana formada por D. König y H. Schamburgk. Al igual que en Londres se disputó un torneo de tenis de salón que ganó el francés André Gobert en iniviuales masculinos y la británica Edith Hannam en femeninos.

1920

Las mujeres comenzaron a causar sensación en Amberes: si en natación fue la tricampeona norteamericana Ethelda Bleibtrey, en tenis fue la francesa Suzanne Lenglen, que ganó dos medallas de oro y una de plata. Lenglen, deportista desde su infancia, a los 15 años era ya la dominadora del tenis femenino y lo siguió siendo hasta que en 1926 se pasó al profesionalismo. La crítica la consideró invencible ya que consiguió nada menos que 12 títulos en Wimbledon y sigue siendo celebrada como una de las mejores tenistas de todos los tiempos. En individuales Lenglen despachó con facilidad a la británica Holman, mientras que en dobles mixtos ganó formando pareja con su compatriota Max Decugis, que contaba entonces 37 años y que había conseguido su primera medalla (plata en dobles masculinos) 20 años atrás, en París 1900.

1924

Después de 1924 el tenis desapareció de los Juegos a causa de la creciente profesionalización de los deportistas y no regresaría como disciplina olímpica hasta Seúl 1988. Una paradoja ya que por esa época Francia vivía emocionada con lo éxitos de los llamados “mosqueteros”: Cochet, Lacoste, Borotra y Brugnon. Sin embargo los “mosqueteros” no pudieron batir a los norteamericanos a pesar de que vendieron cara la derrota. El oro en individuales se lo llevó Vincent Richards, que necesitó cinco sets para batir a Cochet, mientras que en dobles la pareja Richards-Hunter también necesitó los cinco sets para ganar al combinado Cochet-Brugnon. Al igual que en Amberes 1920 una mujer fue la estrella tenística en París: la norteamericana Hellen Wills que se benefició de la ausencia de la gran Suzanne Lenglen por una enfermedad y ganó las medallas de oro en la competición individual y en los dobles. La representante española, Lily Álvarez, tuvo una buena actuación ya que llegó a cuartos de final en individuales y en dobles mixtos.

1988

Después de décadas de ausencia del programa olímpico (no se disputaba desde París 1924) el tenis volvió en Seúl y dio una alegría a España con la medalla de plata en dobles conseguida por la pareja Emilio Sánchez Vicario-Sergio Casal, que perdieron la final contra los norteamericanos Ken Flach y Robert Seguso. Sergio Casal, barcelonés de nacimiento, nunca ha brillado mucho como tenista individual a pesar de la derrota que le infligió a Boris Becker en una eliminatoria de Copa Davis, pero junto a Emilio Sánchez ha formado una pareja de dobles de reconocida trayectoria internacional. En 1978 pasó a ser tutelado por la Federación Española que presidía Lluis Bruguera. En 1981, con Manuel Santana como entrenador, empezó a jugar sus primeros partidos de Copa Davis y en 1982 fue campeón de España, aunque al año siguiente estuvo ad portas de la retirada al perder dos partidos de Copa Davis que tenía virtualmente ganados y que le costaron a España la pérdida de la categoría. Su mejor año fue precisamente 1988, cuando ganó la medalla de plata y el Open USA en dobles, después de haber llegado a la final del Master. En los años siguientes con Emilio Sánchez acumularon victorias en dobles. La trayectoria de Casal se distingue tanto por ser uno de los tenistas que más torneos disputaba al año como por haberse mantenido al margen de las polémicas del entorno de Pato Álvarez. Emilio Sánchez Vicario es el segundo hermano de una familia de tenistas cuyo mayor exponente es Arantxa. En 1983 fue campeón de España absoluto (un año más tarde que Sergi Casal) y subcampeón de Europa sub-18. En 1984 debutó en la Copa Davis y fue eliminado de Roland Garros en tercera ronda por Jimmy Connors. En los Juegos Olímpicos de Los Angeles cayó en primera ronda pero en 1986 afianzó su carrera venciendo en los torneos e Munich y Niza y llegando a la final del Open de Roma, donde cayó ante el checo Ivan Lendl. Ese año fue la victoria de dobles en el Open USA y el segundo puesto en Winbledon que los catalogó como una de las mejores parejas del mundo.

1992

Fue uno de los deportes que más alegrías dio a España, con tres medallas conseguidas. En categoría masculina el catalán Jordi Arrese se llevó la medalla de plata perdiendo ante el suizo Marc Rosset. Sin embargo al helvético le costó cinco sets y otras tantas horas de partido doblegar al español, quien se había iniciado en el circuito profesional en 1984. Previamente se había estado entrenando con Lluis Bruguera (el padre de Sergi Bruguera) quien le sometió a un entrenamiento tan severo que le quedaron las piernas torcidas, lo cual le valió el sobrenombre de “Alicate”. En 1987 fue seleccionado para el equipo español de Copa Davis y en 1989 fue el artífice de la clasificación para los cuartos de final de esta competición al ganar un punto decisivo ante México. En 1990 ganó el Open de San Remo y el Torneo de Praga y en 1991 el Trofeo Villa de Madrid, el Torneo Río de Janeiro y la final de dobles del Torneo de San Marino. En dobles femeninos la pareja Arantxa Sánchez Vicario-Conchita Martínez consiguió una segunda medalla de plata, al igual que hicieron Emilio Sánchez y Sergio Casal en Seúl. Arantxa, la menor de la familia Sánchez Vicario lo ha sido casi todo en el mundo del tenis, incluyendo la líder del ranking ATP, y si no ha arrasado más aún ha sido por la coincidencia en el tiempo con jugadoras de la calidad de Steffi Graf o Monica Seles. Entrenada por el ex campeón Andrés Gimeno en 1984 ganó el Campeonato de España infantil. En 1986 debutó en el circuito internaacional de la mano de Manuel Orantes, quien la dejó al ser nombrado capitán del equipo de Copa Davis. Con su nuevo entrenador, Antonio Hernández, comenzó una trayectoria de éxitos que cristalizaría en 1988 con su primera victoria en un torneo internacional (el Open de Bélgica). En 1989, entrenada por Juan Núñez, dio la gran campanada al derrotar a la todopoderosa Steffi Graf en la final de Roland Garros dando comienzo a una meteórica carrera. En Barcelona 1992, Arantxa fue la deportista más laureada ya que además de la plata en dobles se hizo con el bronce en categoría individual.

1996

El tenis fue, al igual que en Barcelona, el deporte que dio más alegrías a España, junto con la vela. Por tercera edición olímpica consecutiva había españoles en el podio. En categoría masculina Sergi Bruguera, consiguió la medalla de plata tras perder con el norteamericano André Agassi en tres sets. Hijo de Lluis Bruguera (ex presidente de la Federación Española y ex entrenador de Jordi Arrese, que ganó la plata en Barcelona 1992) Sergi estaba ya considerado en Atlanta a sus 25 años uno de los mejores jugadores del mundo. Profesional desde 1985, su gran explosión se dio en 1994 cuando ganó dos torneos de Grand Slam: el Roland Garros y el Open de Estados Unidos. En 1995 se consagró definitivamente al imponerse en la “catedral del tenis”, Wimbledon, y poco antes de las Olimpiadas había ganado por segunda vez Roland Garros. Arantxa Sánchez Vicario ganó la medalla de plata en el torneo individual al perder en la final contra la norteamericana Lindsay Davenport. Desde Barcelona Arantxa había seguido una progresión ascendente. Aunque pasó un bache en 1993, año en que no ganó ningún torneo, se rehízo en 1994 ganando por segunda vez Roland Garros e imponiéndose en el Open de Estados Unidos. En 1995 ganó en Wimbledon y en los meses previos a los Juegos obtuvo su tercer Roland Garros. Arantxa y Conchita Martínez subieron nuevamente al podio aunque no pudieron igualar la medalla de plata de Barcelona y quedaron terceras en dobles femeninos al perder en semifinales contraa las checas Novotna y Sukova por 6-2 y 7-6. En el partido de consolación se impusieron a las holandesas Bollegraf y Schultz. Entre las dos olimpiadas Conchita Martínez consolidó su carrera y se colocó en la elite mundial al ser la primera española que ganó Wimbledon, en 1994.

FÚTBOL

1900

Fue ya en la segunda edición de unos Juegos que el fútbol, un deporte aún joven, encontró su sitio y desde entonces ha estado siempre presente a diferencia de otras disciplinas como el rugby o el tenis que se "cayeron" del programa en un momento u otro. El primer campeonato olímpico lo ganó Gran Bretaña, que se impuso en la final a Francia por un contundente 4-0. El bronce fue para Bélgica.

1904

A pesar de que en Norteamérica el fútbol no era (y no es aún) un deporte muy popular, se mantuvo en el programa olímpico lo cual es meritorio teniendo en cuenta la falta de equipos europeo en esta olimpiada. Por ambas razones (poco interés y ausencia de europeos) el nivel no fue muy alto. Se impuso en la final la selección de Canadá a uno de los combinados norteamericanos por un contundente 4-0.

1908

En el país natal del fútbol era impensable que ganara otra selección que no fuera la británica, como así sucedió. Los locales se impusieron por 2-0 a Dinamarca, mientras que la medalla de bronce fue para Holanda, que ganó en el partido de consolación a Suecia también por 2-0.

1912

La selección de Gran Bretaña defendió y revalidó con éxito su título olímpico obtenido en Londres 1908 imponiéndose en la final a Dinamarca por 4-2. El bronce fue para Holanda que en el partido por el tercer y cuarto puesto machacó sin piedad a una desacertada selección de Finlandia a la que ganó por un abultado 9-0.

1920

En Amberes España presentó por primera vez un equipo olímpico oficial (en París 1900 había participado un español a título individual: Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, que consiguió una medalla de plata aunque la historia no deja claro si fue en tiro con arco o en tiro al pichón). El debut oficial español se saldó con un rotundo éxito: la selección española de fútbol conquistó la medalla de plata después de una exhibición que cimentó el mito de la “furia española”, que perdura en nuestros días. El conjunto español de 1920 está plagado de nombres históricos en el fútbol español. El equipo base en los cinco partidos disputados estaba formado -cuando las lesiones lo permitían- por Zamora, Vallana, Arrate, Samitier, Belauste, Eguiazábal, Pagaza, Sesúmaga, Patricio, “Pichichi” y Acedo. La selección estaba compuesta mayoritariamente por jugadores del País Vasco con el añadido de dos catalanes (Samitier y Zamora) y de un castellonense (Sancho) debido al deseo del seleccionador, Paco Bru, de contar con los más fuertes físicamente, que estuviesen acostumbrado a las condiciones climatológicas adversas y a jugar en campo de hierba (en aquella época la mayoría de campos eran aún de tierra). La actuación española fue aún más brillante si se tiene en cuenta que las expectativas eran casi nulas y que todo el mundo esperaba hacer las maletas después del primer partido contra Dinamarca, subcampeona olímpica en Saint Louis 1908 y Estocolmo 1912. Contra pronóstico, los españñoles vencieron 1-0 con gol de Patricio, lo que dio alas al equipo. Sin embargo la selección afrontó el segundo encuentro al día siguiente sin haber descansado lo suficiente (tuvieron que viajar de Bruselas a Amberes, donde se diputaba el partido contra Bélgica). A ello se sumó la deserción del portero suplente, Agustín Eizaguirre, que emprendió el viaje de regreso sin avisar a nadie aduciendo que, ante la imponente actuación de Zamora él ya no tenía nada que hacer allí. Asimismo hubo una cierta tensión interna provocada por la presión de los jugadores vascos, que desbordó al técnico y resultó en que la alineación fue definida por los propios futbolistas.

1924

El gran éxito de la selección española en Amberes 1920 (medalla de plata) no pudo ser reeditado en París y el equipo nacional volvió a casa con una gran decepción: un gol en propia puerta de Vallana eliminó a España en el primer partido, disputado contra Italia en el Sin embargo el fútbol empezó a demostrar su potencial como deporte de masas. La Olimpiada fue el escenario donde se dio a conocer el deslumbrante equipo uruguayo, conocido como “La Celeste”, que derrotó en la final a Suiza por un contundente 3-0 gracias al concurso de figuras como Andrade y Scarone. Seis años más tarde, en 1930, Uruguay se proclamaría campeón de la Copa del Mundo.

1928

En 1928 el fútbol era ya un deporte de masas que provocó una gran expectación, especialmente por la vibrante final entre el campeón de París 1924, Uruguay -que estaba considerado el mejor equipo de la época- y Argentina. El encuentro quedó 1-1 y, como en la época no estaba establecida aún la tanda de penaltis, la final se repitió, ganando los uruguayos por 2-1. Uruguay fue la selección campeona en el Mundial de 1930. En las filas del equipo olímpico jugaban aún Andrade y Scarrone, veteranos de 1924. Por parte de Argentina jugaban Luis Monti y “Muno” Orsi que fueron campeones del Mundo en 1934….. con la selección italiana después de nacionalizarse. Nuevamente, la selección española sufrió una decepción y, al igual que en París 1924, fue eliminada por Italia, esta vez en segunda ronda. En primera ronda España había arrollado a México, que participaba por primera vez, por 7-1. En segunda ronda empató 1-1 con los italianos pero en la repetición del encuentro recibió una dosis de su misma medicina y perdió por un escandaloso 7-1. La medalla de plata de Amberes 1920 ya quedaba lejos.

1936

La final de fútbol enfrentó a las selecciones de Italia y Austria. El oro fue para los italianos, dirigidos magistralmente por Vittorio Pozzo, quienes ganaron por 2-1 en la prórroga. Dos años antes Italia se había proclamado campeona del Mundo.

1948

En la final la selección de Suecia se impuso a la de Yugoslavia por 3-1. La medalla de bronce fue para Dinamarca.

1952

A pesar del gran nivel conseguido en atletismo y del entusiasmo que suscitaba, el deporte que movió mayores masas en Helsinki fue el fútbol. Nada menos que 370.000 espectadores pasaron por el estadio para ver a la fantástica selección húngara capitaneada por Ferenc Puskas, que se impuso a Yugoslavia por 2-0 después de propinar escandalosas goleadas a Suecia (6-0 que fue medalla de bronce), y Turquía (7-1). Fue un equipo como se han visto pocos que al año siguiente haría historia al ser la primera selección capaz de vencer a Gran Bretaña en su feudo de Wembley, por un contundente 3-6. Varios de sus integrantes pasarían luego a jugar en el fútbol español. El equipo titular estaba compuesto por Grosics, Buzansky, Lorant, Lanto, Bozik, Zakarias, Hidegkuti, Kocsis, Palotas, Puskas y Czibor.

1956

La efectividad futbolística se trasladó en Melbourne hacia los países del este. La selección de la URSS se impuso a Yugoslavia por 1-0 mientras que Bulgaria quedó en tercer lugar.

1960

La final se disputó entre Yugoslavia y Dinamarca, ganando los yugoslavos por 3-1. El tercer clasificado fue Hungría que ganó a Italia por 3-1 acabando con las ilusiones del público romano de ver a su selección en el podio final.

1964

La final la disputaron Hungría y Checoslovaquia. El partido acabó con victoria magiar por 2-1.

1968

El árbitro fue el protagonista de la final de fútbol, disputada entre Hungría y Bulgaria. El de negro, de nacionalidad mexicana y llamado De Diego, lució una gran incompetencia y expulsó discutiblemente a tres jugadores búlgaros, lo cual sentenció el partido a favor de Hungría, que ganó 4-1. Una sorprendente selección japonesa ganó la medalla de bronce imponiéndose por 2-0 a México. El equipo español ganó a Brasil por 1-0 y a Nigeria por 3-0, y empató a cero con Japón. Estos resultados le franquearon el paso a la segunda ronda, donde fue eliminado por México, que ganó 2-0.

1972

El equipo de Polonia se llevó la medalla de oro ante Hungría por 2-1 mientras que la medalla de bronce la ganó la URSS.

1976

La final la diputaron las selecciones de Polonia y la RDA, ganando la primera por 3-1. La medalla de bronce fue para los soviéticos.

1980

La URSS tuvo mala suerte en los deportes de equipo de su olimpiada. Derrotada en baloncesto y balonmano, también lo fue en fútbol donde la RDA le cerró el paso a la final por 1-0. La medalla de oro fue para Checoslovaquia, que se impuso a los alemanes por 1-0. En el partido de consolación los soviéticos vencieron a Yugoslavia por 2-0, ganando el bronce.

1984

La selección de Francia ganó a Brasil en la final por 2-0 mientras que Yugoslavia se llevaba la medalla de bronce.

1988

La URSS dio la campanada ganando a la selección de Brasil que era la gran favorita. Lo soviéticos se impusieron por 2-1 mientras que la RFA se llevó la medalla de bronce.

1992

España logró la medalla de oro imponiéndose por 3-2 a Polonia en la final culminando una actuación sobresaliente en la que fue primera en su grupo de eliminatoria tras ganar a Colombia por 4-0, a Egipto por 2-0 y a Qatar por el mismo resultado. La selección, entrenada por el veterano Vicente Miera, ganó y convenció en la primera ronda. Le tocó superar su prueba de fuego en el partido contra Italia en cuartos; un encuentro complicado en el que se impuso por 1-0. Después de cinco victorias consecutivas toda España empezó a soñar. El fútbol no ha sido nunca un deporte estelar en los Juegos Olímpicos, donde el interés se centra más en el atletismo, la natación o la gimnasia. El partido inaugural de Barcelona 1992, EEU-Italia, no tuvo muchos espectadores. Pero el temido fracaso de público fue esfumándose ante el arrollador paso de la selección española que entusiasmó a todo el país hasta llegar al delirio con la victoria por 2-0 ante Ghana en semifinales, que aseguraba la medalla de plata. Nunca se había llegado tan lejos desde Amberes 1928 donde el legendario equipo de Zamora, Vallana, Arrate, Samitier, Belauste, Eguiazábal, Pagaza, Sesúmaga, Patricio, “Pichichi” y Acedo se colocó en segundo puesto acuñando el tópico de “la furia española”. Los “furiosos” del 92 llegaron más lejos y consiguieron la medalla de oro contra Polonia por 3-2 en un partido formidable por su calidad y emoción, gracias a un gol de Quico en el último minuto. Los nombres de este equipo son algunos de los mejores del fútbol español: Toni, Ferrer, López, Solozábal, Abelardo, Lasa, Amavisca, Guardiola, Berges, Luis Enrique, Quico y Alfonso, muchos de ellos posteriormente internacionales con la selección absoluta. Los goleadores de la gran final fueron Abelardo (min. 62) y Quico por partida doble (min. 72 y 90). El partido puso el Camp Nou boca abajo y entre los espectadores se contaron los Reyes, quienes llegaron a tiempo para ver el gol del empate firmado por Quico. El toque negativo, que pasó completamente desapercibido en la monumental fiesta futbolística, fue la ausencia del presidente de la FIFA, el brasileño Joao Havelange, quien se negó a presenciar la final en protesta por el trato “de segunda” que el fútbol recibe en los Juego Olímpicos.

1996

La selección española de fútbol no pudo igualar la brillante victoria conseguida en Barcelona 1992 y quedó eliminada en cuartos de final al perder contra Argentina por un contundente 4-0. La gran sorpresa la dio la selección nigeriana que ganó la medalla de oro al imponerse en la final a Argentina por 3-2. Brasil obtuvo la medalla de bronce. En categoría femenina Estados Unidos se impuso en la final a China por 2-1.