Judaísmo

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ÍNDICE

EL JUDAÍSMO ANTES DE JESUCRISTO: LOS ORÍGENES

EL JUDAÍSMO ANTES DE JESUCRISTO: LOS ORÍGENES

EN EL DESIERTO

Hace tres mil quinientos años debieron existir centenares de tribus en el vasto desierto que se extiende desde el mar Rojo hasta el altiplano sirio. Puesto que era muy difícil, si no imposible que un grupo de pastores pudiera existir de forma aislada, las tribus estaban unidas en confederaciones, enlazadas por un antepasado común pero distante y por una historia mitológica compartida, constituida a menudo pr una maravillosa amalgama de cuentos transmitidos oralmente de generación en generación.

Las tribus confederadas se llamaban a sí mismas los hijos del antepasado común, pero eso era un mero medio de identificación que los pastores del desierto utilizaban para todas y cada una de las naciones. Nuestro interés se concentra en un grupo singular de tribus que se llamaban a sí mismas Los Hijos de Israel, o en su propia lengua, los Bené-Israel.

Todo lo que sabemos de esas tribus, con algún grado de certeza, es que, generación tras generación, compartieron la amarga existencia del desierto luchando entre sí, guerreando de vez en cuando unas contra otras y vagando por el desierto durante cientos y cientos de años.

Periódicamente, cuando la sed y el hambre empujaban a los Bené-Israel a la desesperación, cruzaban el río Jordán o se marchaban del Sinaí para cruzar sus espadas de punta de bronce y sus cuchillos de cobre contra las disciplinadas filas de soldados revestidos de malla. Y en las raras ocasiones en que su valor desesperado salía vencedor, eran detenidos por las murallas de piedra.

Y de nuevo, debilitados, medio muertos de sed y de hambre, dejaban a un lado su valor y suplicaban ayuda, y, algunas veces, esa súplica les era concedida. En algunas ocasiones, cuando el rey de Egipto necesitaba esclavos para trabajar, o tenía otras necesidades, permitía que los pastores llevaran su ganado al delta del Nilo. Otras veces, algún reyezuelo palestino les concedía el derecho a usar el agua y el permiso para pastar, posiblemente a cambio de mujeres.

Tras un sinfín de años de sufrir la esterilidad del desierto, tuvieron lugar tres cambios que canalizaron las vidas de aquellos pastores, de aquellas criaturas de campo abierto, en una dirección diferente.

En primer lugar, desde el oeste les llegó el hierro de los hititas, quienes habían aprendido que un hombre armado con cobre y bronce no podía enfrentarse y vencer a otro que llevase un casco y una espada de hierro.

En segundo lugar, apareció el caballo. No sabemos en qué lugar encontraron los caballos por primera vez los hijos de Israel, pero lo más probable es que entrase en sus vidas al mismo tiempo que el carro, aquella increíble invención de la humanidad que iba a cambiar no sólo la forma de guerra, sino todo el estilo de vida de la antigüedad. Como quiera que fuese, el carro apareció en toda la cuenca mediterránea más o menos al mismo tiempo, unos mil doscientos años antes de nuestra era.

Tras estos dos cambios, llegó un tercero: un hombre llamado Moisés.

Sin Moisés los judíos son impensables, inimaginables, en un sentido tanto histórico como contemporáneo. Moisés fue el judío, entro en la historia como el judío, y así entró el judío en la historia y se convirtió en parte de ella.

Desde hace más de cien años, expertos críticos en el Antiguo Testamento han indagado acerca de la persona de Moisés, pero, al parecer, todos ellos han pasado por alto el hecho de que hace dos mil años también había eruditos críticos del Antiguo Testamento, y ninguno de ellos dudó de la existencia de Moisés. El motivo más probable es que en las grandes bibliotecas de Egipto, particularmente en la de Alejandría, existía mucho material acerca de Moisés.

Posteriormente todas esas bibliotecas fueron destruidas, así que si bien tenemos referencias de la existencia de libros sobre Moisés, estos ya no existen. Los judíos, como parte interesada, no sintieron necesidad alguna de documentar la existencia de Moisés, ya que su propia existencia era prueba suficiente de la de aquel.

Pero el hecho es que no sabemos quién fue Moisés, en términos de su origen. ¿Pertenecía realmente a la casa real egipcia? ¿Fue rescatado de las aguas por la hija del rey? ¿Fue un niño abandonado por los levitas? ¿Fue él en verdad, como escribió el antiguo historiador greco-egipcio Maneto, un despreciado arribista que condujo a los “leprosos” fuera de Egipto por orden de los dioses egipcios? Esta última propuesta está llena de interés, aunque la palabra leproso es una traducción errónea. El sentido que utilizó Maneto era sucio, siendo un leproso alguien a quien se considera sucio en un sentido físico. El empleo que hizo del término, tenía el sentido religioso, o sea, ritualmente corrupto.

¿Entonces, a quiénes sacó Moisés de Egipto? ¿Quiénes fueron esas gentes? ¿Qué habían hecho para ofender a los dioses egipcios? ¿Eran los levitas? ¿Y quiénes fueron los levitas? Esa curiosa tribu de los Bené-Israel que no recibió tierra alguna en el reparto de la Palestina conquistada, sino sólo el derecho al sacerdocio. ¿Y por qué sólo los levitas entre todas las tribus tienen nombres egipcios?

Hasta la fecha no hay respuestas para estas preguntas, tan sólo sabemos que en algún momento del siglo XIII antes de nuestra era, probablemente durante el largo reinado de Ramsés II, un hombre llamado Moisés condujo a sus seguidores fuera de Egipto.

Podemos extraer ciertas conclusiones sobre los levitas más o menos precisas: eran pastores, y por lo tanto no eran egipcios, porque no había tribus de pastores que formaran parte de la nación egipcia; también tenían alguna conexión con los Bené-Israel, puesto que de lo contrario su fusión con las tribus de Simeón, Judá y Ken no habría sido tan pacífica; habían residido en Egipto, como testimonian sus nombres egipcios; aceptaron a Moisés, bien porque era uno de ellos, o bien porque provenía de la casa real egipcia; y, además, adoraban a un dios particular.

Aquel dios era su Dios, y se habían constituido como una tribu de sacerdotes porque su Dios había conquistado a los demás dioses de los Bené-Israel. Luego su dios fue Yavhé, el dios celoso y justo.

Moisés y el pueblo al que guiaba no eran monoteístas: Los levitas tenían un dios que era el primero entre todos los dioses.

Éste era un dios del desierto, un dios al que no se podía adorar en templos u hogares, como a los demás dioses. Los levitas tuvieron que adentrarse en el desierto a una considerable distancia para poder verlo y servirle. Y si vieron a Yavhé, ¿qué vieron, entonces? El Éxodo es muy explícito:

“Marcharon de Sucot y acamparon en Etam, en los límites del desierto. El Señor iba delante de ellos, en forma de una columna de humo durante el día, para guiarles en su camino, y de noche en forma de una columna de fuego.”

Humo de día y fuego de noche, ¿podría darse una descripción de un volcán en erupción? Un Dios que vive en la cima de una montaña, que no consentía los ídolos. “Aquel que toque la montaña, morirá,” nos dice el Éxodo.

Un volcán a punto de entrar en erupción: un dios de lo más temible.

Cuando toda Palestina fue conquistada por los Bené-Israel, en el reparto de tierras, los levitas no obtuvieron una porción de tierra, sino el derecho a ejercer el sacerdocio y a recaudar impuestos en 48 ciudades.

Ya en tiempos de David, los levitas se habían dispersado por toda Palestina, y no todos ejercían el sacerdodio.

LA TIERRA

“La Tierra de Israel”, Erets-Israel, es tan antigua como el tiempo, como la memoria del hombre, como la historia escrita del hombre. Es el lugar donde se formó el primer alfabeto verdadero, para que los hombres pudieran escribir su historia. Y, paradójicamente, ya era la tierra de Israel mucho antes que los bárbaros guerreros de los Bené-Israel le invadieran y la conquistaran con sus carros de combate.

Palestina, o Canaán, sufrió tres invasiones, todas ella llevadas a cabo por los Bené-Israel:

La primera invasión se inició hace unos cuatro mil años, y duró algo menos de quinientos años. Los pastores de aquella primera invasión no sabían nada del Señor Yavhé. Con el tiempo fueron olvidande el pastoreo y sus dioses, y empezaron a adorar a la diosa madre, Astarté.

La segunda invasión debió comenzar hace unos tres mil quinientos años, y duro al menos cien. Es la que está referida en el libro de Josué y en el de Los Jueces.

La tercera invasión data de hace unos tres mil doscientos años, o al menos se inició en esta época bajo la dirección de Moisés. La principal diferencia entre esta invasión y la de Josué era que una sola tribu de Bené-Israel dominaba la invasión, la tribu de los yehudim. Además esta tribu adoraba a un dios desconocido por el resto de los Bené-Israel: el Señor Dios Yavhé.

La construcción de una gran alianza entre los yehudim y las otras muchas tribus de Bené-Israel tiene que haber surgido como respuesta a la amenaza de los filisteos. Éstos formaban un pueblo guerrero, con una población numerosa y un ejército disciplinado, que había construido cinco ciudades fortificadas en la llanura costera del sur de Erets-Israel. Hay indicios de que en tiempos de Moisés y durante los cien años siguientes, mantuvieron en el desierto puestos militares, construidos sin duda para hacer frente a las incursiones de los judíos.

Los judíos eran conocidos entre los filisteos y las demás tribus de Bené-Israel con un nuevo nombre: Judá (Yehuda), “el cachorro del león”.

La historia del judío es la historia de su Dios, de sus creencias. Se podría decir que Moisés estableció el monoteísmo, pero este punto de vista, de alguna manera, falsea la verdad. Yavhé, el Señor Dios de Moisés, era un dios entre muchos, al que Moisés unió a un pueblo, los yehudim, una tribu perteneciente al numeroso y diseminado pueblo semita de los Bené-Israel. A este contrato entre Yavhé y un pueblo se le dio el nombre de berit, y dicho berit o tratado, permaneció con los judíos. “Yo soy el señor tu Dios, quien te ha sacado de las tierras de Egipto, la casa de la esclavitud. No tendrás más dioses que Yo.” Cada tribu tenía sus propios dioses, y en cada olivar y bosque de cedros podía encontrarse altares a diferentes dioses. De norte a sur se erigían templos a Astarté. Pero estos eran los dioses de los demás. Yavhé era el dios de Moisés, el dios de los levitas, el dios de los judíos.

REYES

Samuel fue un levita, un sacerdote de Yavhé, a quién se encomendó la difícil tarea de unir a dos enemigos irreconciliables contra los filisteos: los judíos adoradores de Yavhé y la confederación del norte de las tribus de Josué.

Al unir Judea y Samaria, Samuel se topó con un problema: escoger a un señor de la guerra que gozara tanto del favor de las tribus del norte como de las del sur.

Al final escogió a Saúl, miembro de la pequeña tribu de los benjaminitas. Él era del norte, y odiaba el culto a Astarté, culto que persiguió cruelmente mientras estuvo en el poder. Al principio pareció que además de detener a los filisteos, lograría derrotarlos, pero su naturaleza oscura y su persecución casi fanática de los cultos, aplastaron a la confederación.

Tras la muerte de Saúl, el sacerdote dio su bendición a un joven judío cuyo nombre era David. Éste fue quien dio el primer paso a la paz, y fue el primer verdadero rey de todas las tribus de Bené-Israel. Pero esta hegemonía de los yehudim sobre los Bené-Israel duró sólo dos generaciones: la de David y la de su hijo Salomón. Tras la muerte de éste, el reino se dividió y la confederación del norte se separó de los judíos para siempre.

David fue un hombre extraordinario en todos los sentidos. Hacía gala de un gran encanto personal, belleza, coraje e ingenio. Poseía el don de colaborar con las circunstancias. Se desposó con la hija de Saúl.

También fue oportunista, ambicioso, cruel, encallecido y no carente de la vena paranoica que había torturado a Saúl. Cuenta la leyenda que mató a un gigante filisteo de la ciudad de Gat llamado Goliat. Si es así, los filisteos le debieron de estar agradecidos. Cuando David asumió el papel de general y rey, propuso a los filisteos una alianza contra los jesuitas. Una vez en Jerusalén, firmó la paz con éstos, y volvió las máquinas de guerra filisteas contra sus propios creadores, conquistó sus cinco ciudades y las incorporó al Erets-Israel, e hizo de Jerusalén su capital, donde comenzó los planos de un gran templo a Yavhé y estableció su culto en todas sus tierras, aunque permitió que cada tribu conservase sus dioses, siempre que Yavhé fuese el primero.

Se pueden decir muchas cosas sobre la supuesta “sabiduría de Salomón”. Salomón representaba la segunda generación de prosperidad y riqueza. Su padre había robado, matado y conquistado hasta lograr reunir un gran imperio. Salomón heredó la riqueza pero no el genio ni el carácter dinámico de David. También cabe decir que no dio muestras de la agudeza o la creatividad de su padre. En otras palabras, Salomón no era muy sabio.

Para Salomón siempre fue más fácil pagar mercenarios que tratar con los fanáticos giborim, puesto que era rico: su padre había saqueado una docena de opulentas ciudades. Y Salomón compró grandes ejércitos y contrató miles de mercenarios. Alimentar a su ejército requería más alimentos de los que se producían en toda Judea en aquella época.

Pero la fortuna de Salomón no era ilimitada, y al final tuvo que recurrir a los impuestos, algo nuevo en Erets-Israel. A la muerte de Salomón, la gente de las tribus del norte pidió que se anulasen estos impuestos, pero Roboam, hijo de Salomón, rechazó esta súplica, ante lo cual la antigua confederación del norte se alzó contra los judíos y proclamó rey a Jeroboam ben Nebat.

Y así, el imperio de los judíos, que había durado dos generaciones, se acabó para siempre.

Pero lo más importante de todo es que los reflexivos judíos cuando atribuyeron el final del imperio a la voluntad de Yavhé fueron capaces de ver que el que antes había sido un dios de la guerra, fiero y celoso, era entonces proclamado por los profetas como un dios que también era justo.

EL EXILIO

De toda la serie de eventos que moldearon al pueblo judío a lo largo de su historia, ninguno fue tan importante y decisivo como el cautiverio en Babilonia. Los judíos fueron conducidos a la cautividad como representantes provinciales de una confederación tribal casi desconocida que ocupaba la ciudad de Jerusalén y las colinas adyacentes. Setenta años más tarde, liberados del cautiverio por el emperador Ciro, los judíos de Babilonia se habían convertido en los primeros judíos modernos. Durante este mismo período, el Señor Yavhé se convirtió en la presencia invisible que era el Dios de todos los hombres.

Los judíos veían a Babilonia como la cuna de la civilización, el hogar de origen del hombre, el lugar de la Torre de Babel, de Noé, del Jardín del Edén, de hecho, el lugar de origen de sus mitos más preciados. Los babilonios hablaban un idioma no muy distinto al hebreo, y en ciertas ciudades de Babilonia era idéntico.

Por su parte, los babilonios deben haber mirado a los judíos con profundo respeto. De ahí que los cautivos judíos fueran tratados con amabilidad y consideración, y no sufrieron grandes privaciones. Una vez en Babilonia se construyeron casas para ellos, y se les dieron parcelas de tierra para el cultivo, y se les permitió quedarse con el oro y las joyas que habían traído de Jerusalén. Así comenzó la primera Diáspora.

Y fue entonces, durante el exilio, que los judíos pasaron de la idea de un dios que vive únicamente en su templo, idea que predominaba en la antigüedad, a la idea de un dios omnipresente que está en todas partes, allí donde haya un creyente. Y fue el hallarse tan lejos de los templos de su Dios lo que hizo que la prisión de Yavhé se rompiera de una vez por todas, lo que estableció Su universalidad y lo que inspiró la maravillosa doctrina del Profeta Desconocido. La respuesta de los judíos a esta crisis fue simple pero profunda: “El Señor Dios Yavhé es mi pastor. Nada me falta.

Cuando al final del período de setenta años de exilio el emperador persa Ciro garantizó a los judíos el derecho a regresar a Jerusalén, sólo una parte aceptó su oferta, y si bien fue la mayoría, una importante minoría eligió permanecer en Babilonia, que se convertiría en uno de los grandes centros judíos del mundo antiguo.

Ciro era amigo de muchos judíos. Ellos gustaban de su vigor nómada y él, a cambio, respetaba el inmenso conocimiento que los judíos poseían sobre el mundo y sus ciudades. Ciro y su caballería persa fundaron un nuevo imperio, y los judíos babilonios ayudaron a planear y a llevar a cabo la conquista de Babilonia. Los judíos le aconsejaron, ayudaron y proporcionaron apoyo, y posibilitaron que entrase en Babilonia pacíficamente. A su vez, él se mostraba dispuesto a darles lo que pidiesen mientras fuese razonable y estuviese en su poder.

Pero cuando llegaron a Jerusalén, lo que los judíos encontraron fue un erial, un valle de muerte y destrucción. Trabajaron duramente para reconstruir la ciudad, y al final lo consiguieron, bajo el mando de dos hombres extraordinarios: Nehemías y Ezra. A su muerte estos dejaron un estado judío viable. La ciudad aún era pequeña, pero estaba viva. Sus murallas habían sido reconstruidas y servían de defensa, y contaban con la amistad y protección de la poderosa Persia.

Así prosiguieron por más de cien años, y fue entonces cuando, de modo repentino, cayó el Imperio Persa, y en el horizonte apareció una nueva estrella: Alejandro Magno.

CREACIÓN DE LA TORÁ

Ya establecidos en Jerusalén, los estos judíos no perdieron el contacto con los de Babilonia, ni con todos los que se habían dispersado por el mundo a lo largo de su historia. Los judíos, ahora muchos de ellos comerciantes, viajaban de un lugar a otro, y a su regreso traían noticias de aquellos parientes lejanos que optaron por no regresar a Jerusalén. Y estas noticias cada vez se volvían más oscuras respecto a cuán confuso, supersticioso e incluso degradado se había vuelto el culto a Yahvé. De pronto, los comerciantes judíos se percataron de que su religión -que también significaba su ley, su código y su ética- se hallaba en el umbral de convertirse en una religión mundial. Era necesario encontrar algún medio que creara un tejido, una red imperecedera que mantuviera la Comunidad judía unida como un solo pueblo, sin importar lo fragmentada que estuviera.

Es respuesta a esta necesidad se formó un comité editorial compuesto, probablemente, por levitas e importantes jefes tribales. Este comité editorial recopiló la biblioteca completa de cuanto habían llevado a Jerusalén. Incluía sus más arcaicos manuscritos, fragmentos de pergamino de antigüedad incalculable, cientos de tablas de barro con inscripciones cuneiformes, rollos de los libros de Moisés, las leyes des Levítico y del Libro de los Números, mitos, leyendas… No sabemos lo vasta que fue la recopilación en cuanto a tradición popular, leyendas, historia, códigos y religión; pero debió de tratarse de una cantidad ingente de material, y el trabajo del comité hubo que prolongarse durante años.

Fue un notable grupo de hombres, el de estos editores, y un notable fruto el creado por sus manos: cinco libros que se titularon los Libros de Moisés, o la Ley, la Torá; y toda una serie de libros adicionales sobre historia, profecía, ética y poesía en loor a Yahvé.

Hasta el momento, Yahvé había sido, por encima de todo, un Dios de justicia. Persistían todavía el ojo por ojo y diente por diente. Se recompensaba el bien y se castigaba el pecado, y la terrible espada de Yahvé, una espada de justicia inflexible, se blandía sin piedad. Pero entonces se planteó una nueva idea: así como el calor del sol acaricia igualmente el bien y el mal, así el amor y la compasión de Yahvé impregnan el universo. Ahora Yahvé tenía una nueva dimensión de misterio y esplendor. Los judíos eran su pueblo elegido, pero ellos no eran quienes para cuestionar los modos o las razones de su elección. Y el propósito de Yahvé era tan misterioso como Su Ser, y no le concernía al judío cuestionar o interpretar su propósito.

HERODES

Durante su corta vida ( 356 - 323 a. C.), Alejandro Magno construyó un gran imperio, en el cual estaba la tierra de los judíos. Cuando éste conquistaba Oriente Medio, los judíos, aunque hubiesen querido, no se encontraban en condiciones de resistir al ataque. Y no lo hicieron. Habían transcurrido más de mil años desde que Moisés los guiara hasta las colinas de Judea, y durante aquel tiempo habían visto nacer y morir muchos imperios, incluido el suyo propio en tiempos de Salomón. Firmaron la paz con los griegos y, en el año 330 antes de nuestra era, su diminuta tierra de Judea pasó a formar parte del imperio greco-egipcio de los ptolomeos.

Desde el tiempo de su retorno al exilio en Babilonia hasta el final de la protección de los Ptolomeos, los judíos experimentaron, en total, una época de trescientos años de paz, un período durante el cual su filosofía religiosa. Yavhé había perdido tanto Su nombre como Su carácter originario: se había transformado en Dios, el Supremo. Fueron los tiempos de la aparición del Shabbath. Durante aquel período pacífico la lengua judía paso de ser el hebreo a ser el arameo.

El helenismo llevó a los judíos a avanzar un paso más en su concepto de Yavhé. Los griegos egipcios, a su vez, quedaron fascinados con el concepto judío de Dios, por su severa ética y por su humanismo, mucho más avanzado que el griego. Para que todo este cambio pudiera tener lugar, debía producirse un intercambio de idioma: los griegos aprendieron arameo y los judíos griego. Alejandría comenzó a reemplazar a Babilonia como gran centro de la Diáspora.

Cuenta la leyenda que Ptolomeo II, alrededor del año 240 a. C., se apasionó tanto con la historia y cultura de este pueblo que encargó la traducción de la Biblia a la lengua griega.

En el 198 a. C. Antíoco el Grande, descendiente de Seleuco, un general de Alejandro Magno cuyo reino se extendía por el norte y este de Palestina, derrotó a los ejércitos greco-egipcios y ocupó Palestina. Pero tanto Antíoco como su hijo veían al pueblo judío desde un único punto de vista: la avaricia.

(Durante aquellos años de paz, Judea había sido dirigida por el sumo sacerdote, título hereditario que ostentaban los descendientes de Sadoc, supuesto descendiente de Aarón, el hermano de Moisés. Tan poderosa y numerosa era esta familia que constituyó una clase especial, los saduceos. Frente a los saduceos había un grupo de antiguas familias de sacerdotes que habían quedado excluidos, y que fueron llamados fariseos. Eran mucho más pobres que los sacerdotes de Jerusalén, pero más cercanos al pueblo, y por ello más amados.)

Cuando Antioco el Grande conquistó Palestina y Judea, los judíos no opusieron resistencia. Una vez conquistada la ciudad, tomaron fuertes tributos al Templo, y aún más duros a los campesinos, lo que sembró el descontento entre los judíos.

La lucha contra Antioco el Grande fue iniciada por Matías, sus cinco hijos y un puñado de ciudadanos del pueblo de Modín. Estos rebeldes reclutaban a sus hombres entre la gente de los pueblos, ya que en Jerusalén el gobierno judío no hacía nada por ellos. Consiguieron grandes avances, y acabaron por organizar un ejército.

A la muerte de su padre y ante el asesinato de sus cuatro hermanos, Simón, el mayor, acaudilló la lucha y finalizó la liberación de la tierra y la ciudad. Fue nombrado sumo sacerdote y gobernador, y bajo su regencia aquella tierra gozó de paz y libertad. Siete años más tarde fue asesinado, y así acaba el extraño y noble capítulo de los cinco hermanos hasmoneos en el escenario de la historia.

Juan Hircano, hijo de Simón el Hasmoneo, tomó el poder tras el asesinato de su padre. Los sirios habían reunido un considerable ejército mercenario, y avanzaban hacia Jerusalén, y Juan Hircano no pudo detenerlos, y los sirios ocuparon Jerusalén.

El principal enemigo de Siria en esta lucha fue el pueblo de Parta, situado en el corazón del antiguo imperio Persa. Tras una reorganización de su ejército, Juan Hircano asestó un golpe mortal a los sirios, atrapándolos entre judíos y partos, y tuvieron que huir.

Tras esto los hasmoneos pasaron a ser la clase dominante, y los fariseos se horrorizaban de sus acciones. La respuesta de Juan fue romper definitivamente con ellos.

Juan Hircano murió en el 105 a. C., y su hijo Judá lo sucedió, aunque estuvo apenas unos meses en es poder. Juan tenía otro hijo, al que temía no sin razón, pues era un verdadero monstruo. Este otro hijo, Alejandro Jannay, fue encarcelado, pero urdió una trampa para matar a su hermano, y tras conseguirlo se autoproclamó rey.

Dio prueba una vez más de que el poder corrompe. Al parecer, mataba por placer, y aquel período fue el único en el que los judíos hicieron proselitismo a escala masiva. A ciertas poblaciones Jannay les dio a elegir entre el judaísmo o la muerte.

Los fariseos, horrorizados ante estas y otras acciones, organizaron una rebelión.

A la muerte de Jannay, reinó su esposa, Salomé Alejandra, que trajo a los fariseos a la corte. Cuando Salomé murió, sus hijos quiseron hacer gala de la monstruosidad de su padre, pero los romanos intervinieron para poner fin a esa locura, y nombraron gobernador de la reducida ciudad a un idumeo llamado Antipater. Como era frecuente en esa época, murió envenenado, tras lo cual fue sucedido por su hijo, conocido como Herodes el Grande.

Herodes también fue un monstruo. Como gobernador de Galilea mató a muchos fariseos que daban muestra de un mínimo de desaprobación al reinado de su padre, Antipater. Crucificó a campesinos Galileos que se negaron a pagar tributo por no tener con qué pagarlo. Por estos crímenes fue juzgado por los miembros del Sanhedrín, y habría sido sentenciado a muerte de no ser por la intervenció de los romanos. Una vez nombrado rey por los romanos, mandó matar a los miembros del Sanhedrín que lo habían juzgado. Era un hombre enérgico, que asesinaba a todos sus enemigos. Asesinó a su cuñado, Aristóbolo III, a su mujer, Mariamne, y a los dos hijos que tuvo con ella, y a su primer hijo, Antipaper, todos ellos acusados de diferentes conspiraciones. A pesar de que todo el país prosperó enormemente, nadie le tuvo ningún aprecio, y nadie lo lloró a su muerte, cuatro años antes del nacimiento de Jesucristo.

EL JUDAÍSMO EN EL s.XX

EL RETORNO A SIÓN

El congreso de Basilea

Existe una fortaleza que fue conquistada por el rey David que se designa como la morada de Yahvé, por eso los judíos se refieren a Sión cuando hablan de volver a Jerusalén. En 1897 se celebró un congreso en Basilea en el que diversos grupos de judíos intentaron fundar un Hogar Nacional. Sus objetivos eran librarse del acoso del antisemitismo que resurgía en varios países europeos y provocaba pogromos. No se decidió del cual sería el lugar unos querían la tierra prometida y otros solo una tierra propia.

La búsqueda de una patria

Se consideran que forman parte de un pueblo diferente, se basan en el Torá siempre han intentado buscar una patria que les rehabilite como pueblo ante ellos y el mundo entero. El retorno ha tenido varios puntos de vista, los pragmáticos quieren un apoyo internacional, los reformistas, de ideología liberal, piensan que hay que reducir el sionismo a términos religiosos, los conservadores consideraban que el retorno podía ser a cualquier tierra en la que pudiesen establecerse y los rabinos ortodoxos lo entendieron como una guerra mesiánica que se tendría que terminar con el regreso a la tierra de origen.

El estado de Israel

1917 los británicos tenia Palestina bajo su control, más tarde en 1948 las Naciones Unidas hicieron realidad la promesa de hacer Palestina un hogar nacional para los judíos y les autorizaron a que proclamaran en esa tierra su Estado independiente. Siempre mostraron nostalgia por la Tierra Prometida.

Unos comienzos difíciles

En 1959 se dotó de una constitución en la cual hay dos cuestiones importantes:

-El parlamento elige al presidente

-El establecimiento de un ministerio especial que se encarga de los temas religiosos(cuenta con departamentos para judíos, cristianos y drusos)

Los conflictos con los musulmanes siempre han sido muy frecuentes, en 1980 Jerusalén fue nombrada como capital de Israel lo q hizo que se enturbiaran mas las cosas con los musulmanes. En 1995 el reconocimiento de la Autoridad Nacional Palestina, se concibió como el principio de un esfuerzo por la convivencia pacifica.

EL HOLOCAUSTO JUDÍO

La intolerancia

El asentamiento de los judíos fuera de su patria tras la diáspora los obligo a compartir la historia de otros países a lo largo de los siglos, eso suponía verse envueltos en conflictos con sus conciudadanos no judíos, sufrir prejuicios contra ellos y su exclusión de ciertos puestos en la sociedad. El talante liberal supuso cierto alivio para las comunidades judías. Tras la Revolución Francesa fueron admitidos en todos los niveles de la sociedad europea. En el siglo X|X algunos consideraron que el sionismo podía ser una “gran conspiración” para el dominio del judaísmo en Europa, esto provoco de nuevo un rechazo hacia los judíos en el que se mezclaban cuestiones religiosas políticas, económicas y sociales.

El antisemitismo del siglo XX

El episodio más virulento y organizado de toda la historia del antisemitismo se iba a dio en Alemania tras el ascenso al poder de los nazis. Al finalizar la Gran Guerra, Alemania intento hacer los perjuicios antisemitas y encontrar científicos judíos alemanes, pero los nazis tenían el antisemitismo como una de las ideas principales de su programa y cuando subió al poder inicio su política de persecución contra los judíos. Fue un antisemitismo sin duda muy violento, se les negó el derecho a la nacionalidad, se les expulsó de los puestos de trabajo y sus negocios fueron expropiados en beneficio de los arios. La consecuencia fue el exilio de más de 4000.000 judíos alemanes, quienes no pudieron emigrar o los que Vivían en países que fueron ocupados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y fueron confinados en guetos, recordando las practicas medievales. En 1941 en el gueto de la Varsovia ocupada murieron mas de 40.000 judíos.

De la persecución al exterminio

El pueblo judío acostumbro a considerar que el genocidio nazi formaba parte integrante de su identidad y lo temían como una prueba decisiva del talante antisemita. Una vez llegado Hitler al poder se sistematizaron las persecuciones. En 1941 en un discurso Hitler proclamo que a lo relacionado con los judíos estaba dispuesto a solucionarlo: Si los judíos ocasionaban una nueva guerra mundial sufrirían la destrucción, la guerra mundial había llegado y con ello la aniquilación de los judíos.

La “solución final”

La política antisemita nazi culminó con dos formas de exterminio:

-El transporte masivo de judíos a los frentes de batalla, donde eran colectivamente eliminados-

-El confinamiento en campos de concentración, donde 6.000.000 fueron exterminados en las cámaras d gas y en los hornos crematorios, era la llamada “solución final” al problema judío. Este dramático holocausto dio a conocer el llamado “problema judío” a todo el mundo y se reconoció la urgente necesidad de crear el Estado de Israel. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los procesos judiciales llevados a cabo por los aliados en Nuremberg contra los nazis concluyeron con la condena de estos últimos y demostraron que los judíos eran inocentes.

La Soah incumbe a todos

El antisemitismo estaba en el corazón del sistema de exterminio como parte de un sistema de selección. La matanza de los judíos de Europa no puede considerarse como fenómeno exclusivo del pueblo judío porque al margen de este drama está el resto de Europa que no sufrieron el exterminio pero tampoco fueron incapaces de impedirlo, lo que quieren decir con esto los judíos es que el problema del genocidio no incumbe solamente al pueblo judío, sino también a la conciencia moral de todo la humanidad.

EL JUDAÍSMO EN LA ACTUALIDAD

Geografía del judaísmo

Aproximadamente existen un total de 20.000.000 de judios en el mundo pero solo viven 3.000.000 en el Estado de Israel, en Estados Unidos reside el 40% de los judíos de todo el mundo, en Europa mas o menos 1.500.000 de personas judías y en menor cantidad Asia y África.

Escuelas judías

Tres grandes escuelas surgieron con motivo de las confrontaciones entre judíos y gentiles:

-El reformismo: que intenta suavizar los ritos de modo que se puedan limar las diferencias son los gentiles, y se esfuerza en adecuar la tradición a las exigencias sociales de cada época.

-El conservadurismo: escrupuloso en el cumplimiento de las letra de los Libros Sagrados, conserva el patrimonio espiritual. Es mayoritaria en Europa, y en Israel participa un grupo político

-La ortodoxia, o hashidimo: Se distingue por su fervor religioso sin restricciones y la observancia rigurosa de los preceptos. Imbuida de esperanza mesiánica, forma pequeñas comunidades muy cerradas.

Los rabinatos

El judaísmo se organiza en rabinatos, atienden a sus intereses generales, defienden los derechos de las diferentes comunidades judías y aseguran el desarrollo de los servicios e, incluso, de los civiles, extendidos por el mundo, tienen como autoridad superior al Gran Rabinato de Jerusalén, que a su vez está compuesto por dos colegios: uno de rito askenazí y otro de rito sefardí .En Israel existe un Ministerio que controla y fomenta las actividades religiosas y que posee tareas muy variadas.

El judaísmo en el estado de Israel

Las dificultades de la Comunidad judía en el mundo y en Israel testimonian una vitalidad que tiende hacia la unidad para enfrentarse a los desafíos de su adaptación a la actualidad. Su deseo de vivir la unidad como un pueblo encuentra dificultades incluso en l Estado de Israel, existen discrepancias y conflictos entre diversos grupos religiosos que en la actualidad giran básicamente en torno a dos posiciones bien definidas:

-Los más tradicionales serian que las leyes del Estado estuvieran fundamentadas en la Torá.

-Los más liberales entienden que la religión debe estar separada del Estado.

Un Mesías de justicia y paz

Los sectores más ortodoxos del pueblo judío mantienen la esperanza en la llegada del Mesías, reconocen en los templos actuales indicios que apoyan la esperanza pero añaden que para que esto ocurra es preciso que el pueblo judío se esfuerce en el cumplimiento de la hajalá (la ley)buscando su perfección personal, y eliminando de su vida todas las formas de maldad. “Si todos los judíos observaran adecuadamente dos Shabbaths sucesivos, vendría el Mesías”.

La santidad de la tierra de Israel

La proclamación del Estado de Israel reunió a los judíos dispersos en una esperanza profética de libertad, justicia y paz((los laicos y los muy religiosos). Esta alianza fue un poco incómoda, los laicos tenían influencia política e influencias y los muy religiosos pensaban que la santidad de la tierra de Israel penetraría en las alma de aquellos. En 1967 algunos sionistas religiosos han manifestado su idea de que la creación del Estado de Israel era el principio de la redención del pueblo judío, esta idea surge de su insatisfacción con el mundo real cuando lo comparan con las enseñanzas religiosas sobre la perfección y el poder de Dios.

Los judíos en España

Cuatro siglos después de su expulsión, el rey Alfonso X|| abrió España a los judíos para que regresaran y pudieran librarse de las persecuciones que los amenazaban en Europa. Tras la Primera Guerra Mundial se inauguró la Casa Universal de los Sefarditas y comenzó a otorgarse la nacionalidad a los descendientes de estos antiguos judíos españoles que así lo solicitaran. Hoy están regulados sus derechos de culto y libertad religiosa, hay unos 13.500 judíos en España y existen sinagogas y oratorios en las principales ciudades españolas(Alicante, Barcelona, Ceuta, Madrid, Málaga, Sevilla y Valencia). Hay también un centro de Estudios Judeocristianos.