Jubileo: Un camino para aprender

Creencias. Juan Pablo II. Metas. Fe. Igualdad. Sacrificio. Peregrinación. Solidaridad. Perdón. Mensaje cristiano

  • Enviado por: Juan Fernando Pina
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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EL JUBILEO: “UN CAMINO PARA APRENDER”.

Ante el tercer milenio (Juan Pablo II)

Profesor:

(Alicante)

Jubileo, éste año vas a ser “el año”, con tu llegada pretenderemos crear la igualdad de todos los hijos del Padre. Hoy el Sol brilla y en la clase todos tenemos cara de perros enfadados y hemos sufrido durante siete horas, siete voces, siete formas de expresarse pero cuando se acababa el día hemos hablado de tí, de lo grande que eres y de lo importante que sería que cada cual de éstos hijos lo supiese como nosotros lo sabemos y por esto yo quiero transmitir a todos los demás que tenemos que llegar hacia ti por medio de un camino pedregoso, desértico, con mucho sol por el día y con un frío intenso por la noche (aunque cuando lleguemos a la tan esperada meta un señor muy bueno nos estará esperando, si éste es nuestro Padre, Padre de todos y de todo, entonces ya nos habremos dado cuenta de lo superficial que puede llegar a ser todo Lo que nos rodea y, en cambio, lo bonito que es conocer la amistad, el amor por los demás, el perdonar y el ser perdonado y también la conversión porque nadie nace sino se hace, las condiciones no nos han sido muy buenas pero, ¿he necesitado algo más para llegar a ti? No, sólo he necesitado comprender por lo que ha pasado mi compañero de camino y por lo que he pasado yo. Y sabiendo esto deduzco que hemos vivido.

Ahora se ha acabado la clase, pero, ¿nuestros pensamientos también se acaban? No, creo que no.

Durante ésta tarde he pensado mucho, pero ya estoy cansado, así que me he acostado. De repente me he quedado dormido y no sé ni como, pero he empezado a soñar:

Llovía, el cielo en mil tonos de grises se difuminaba con la tristeza del paisaje, de repente miro a mí alrededor todos eran como yo, iguales, parecía como si hubiese alrededor de mi mil espejos, al principio no lo comprendí, pero cuando me acerqué a ellos lo empecé a comprender, cada uno de ellos tenía una voz diferente, un lenguaje distinto y sus gestos no eran los míos; Fue entonces cuando me planteé ¿por qué soy todos yo, y nadie soy yo?, Como una luz en la oscuridad vino a mi mente la deseada respuesta, “todos somos iguales”, dicho por alguien, pero que en ese justo momento no sabía de quien se trataba.

Vi que todos empezaron a saludarse y a abrazarse, y cómo un señor repetía continuamente: “estáis perdonados hijos míos”, yo creía parecer un extraterrestre en medio de tanto amor, de tanta amistad, de tanto perdón, de tanta solidaridad,...

Después de los saludos todos empezaron a andar. Yo, anteriormente, había establecido una conversación con un chico al que le pregunté sobre esto, él tampoco sabía nada, pero sí tenía una pequeña intuición: “seguirlos a ellos, será seguir el camino de la vida”. Yo en todo momento le hice caso porque era un buen compañero de viaje, el primer día no hablamos casi nada, cosa que no me gustó demasiado, pero hicimos noche en una especie de cueva, todo oscuro ya que no cesaba de llover.

Estando allí, mi compañero me preguntó: “¿Llevas fuego?”, Yo le contesté que no fumaba, pero que siempre llevaba un mechero, entonces me dijo que porqué lo llevaba, a esto le contesté con un “por sí acaso”.

Más tarde me volvió a hacer una pregunta extraña: “¿Llevas dinero?”. Yo cada vez le entendía menos, porque cerca de dónde estábamos no parecía haber nada para pagar, yo le contesté que sí, que cuanta cantidad quería, él me preguntó que porqué lo llevaba, a lo que yo respondí con otra pregunta: “¿Para qué me preguntas si llevo si no quieres?”, Se calló durante unos instantes, supongo para meditar su contestación, enseguida me formuló otra de sus preguntas que me dio que pensar esa noche: ¿Para qué quieres un mechero y dinero si no vas a fumar ni tienes nada para comprar?.

Esa noche me di cuenta del mensaje que me quería transmitir, era que no hacía falta cargarse con cosas que para vivir no eran imprescindibles, por lo que llevarlas encima sería un estorbo.

Al día siguiente me levanté pero todo estaba mojado y me deprimió bastante, me hubiera gustado cantar pero no estaba animado, y de nuevo emprendieron su viaje, yo perdí a mi amigo y no lo encontraba por ninguna parte, por lo que tuve que empezar solo el camino, pero llevábamos poco tiempo cuando se me acercó alguien y me dijo que por qué iba sólo, yo no tenía el humor necesario para contestarle, y no le hablé. No se despegó en todo el día de mi lado, lo que hizo que me sintiera satisfecho, ya se empezaban a ver caras de cansancio, mientras que yo iba con mucha energía porque me había provisto de algunos alimentos y de agua suficiente para ese día. Mi nuevo compañero de viaje me miró beber y comer, yo le ofrecí a él pero contestó que no, yo lo vi con la boca muy seca y insistí en darle, pero me dijo que no era el único que tenía sed, entonces yo me giré hacia los demás y todos tenían la lengua fuera, miré mi botella y la tenía medido vacía y enseguida por mi cabeza pasaron imágenes mías tirando agua y bebiendo sin sed, no les hice mucho caso, porque me dije: “está lloviendo mucho, puedo llenar mis botellas”, pero dicho esto el Sol salió, paró de llover y todo quedó como un desierto, me volví a plantear una pregunta, esta mañana quería que hiciese sol y ahora que llueva ¿por qué todo es tan difícil?.

Dejé las botellas en el suelo y anocheció. Aquella noche no era fría por lo que no tuvimos que buscar refugio mientras yo confuso por todo no tenía palabras, pero creí conveniente preguntarle a mi nuevo compañero de viaje sobre lo que ese día me había pasado.

El se sentó a mi lado y me contó un cuento que decía así: “Había una vez un rey que lo poseía todo y a su servicio tenía a toda la ciudad, pero ésta no tenía nada para comer y sufrían mucho, al rey le daba absolutamente igual lo que les pasara porque sus trabajos los cumplían bien.

Al cabo del tiempo, empezaron a morirse todos sus trabajadores y luego en palacio también empezaron a morirse todos sus siervos y criados, se preguntó la causa y su mujer le contestó que la avaricia rompía el saco, refiriéndose como a la avaricia sus riquezas y el saco roto las continuas muertes, más tarde la ciudad pasó a ser un enorme cementerio, dónde solo sobrevivieron él y su esposa.”

Esto me impactó, pero siguió: “Con esto te quiero decir que la solidaridad vale mucho más que todas las riquezas que pueda poseer el rey y hay que compartir cuando se tiene y no importa con quien se comparte.”

Aprendí la lección y me iba dando cuenta día a día que todos estos acompañantes me estaban ayudando a vivir.

Cada día me volvía a levantar y me encontraba con un compañero distinto al del día anterior y uno cada uno de ellos me enseñaba a andar por el trágico camino que nunca acababa.

Yo, cada día iba comprendiendo más este viaje, y con mucho pensar y deducir llegué a una conclusión: todas las personas somos iguales y vamos viviendo, algunos no saben como vivir y se quedan en el camino, en cambio muchos queremos saber llegar y para esto cada uno de nosotros hemos recorrido un largo camino para llegar, en fin hemos sufrido, pero ha merecido la pena.

Pero aún no comprendía el por qué de tanta

Lección, el significado de ellas y el final del camino.

Seguíamos andando y andando pero nunca aparecía el final de este gran camino. Hasta que un día el camino se nos hizo corto, sin cansancio y hasta alegre, de repente se abrió delante de nosotros el cielo, se oyó una gran voz indicándonos el camino hasta ella.

Todos corrieron hasta allí y ninguno pudo entrar ya que todos íbamos sucios, sucios de pecado y tan cerca de nosotros la puerta al descanso, a la paz, a la amistad, al amor, a la libertad. Todos empezamos a saltar, a abrazarnos y besarnos y gritando no parábamos de decir: ¡por fin!, El camino se ha acabado, ¡hemos sobrevivido!.

Y como si de una ducha se tratase del cielo caía agua y no paraba, todos quedamos limpios de pecado para poder entrar con nuestro Padre a través del portal abierto en el cielo. Al entrar, mi padre me estaba esperando y corriendo fui para besarlo, pero todos hicieron lo mismo, otra vez me volví a cuestionar; “¿por qué besan a mi padre?”, Él que me había oído, enseguida supo que contestarme; “hijo mío, yo soy ele padre, padre de todos y todos seáis como seáis sois mis hijos.”

Ring!, ring!, ring!, Miro el reloj; “¡las siete y media de la mañana!, Llego tarde al instituto.” Pero feliz de saber que puedo llegar junto a todos mis hermanos hacia ti, Jubileo.

Feliz y sin pecado, sabiendo tu significado voy a llegar hasta ti. Por lo que voy a intentar transmitir tu mensaje a todos los que quieran saberlo para que no celebren la noche del milenio de cualquier manera y sepan su significado, para que la pasen con amor felicidad y convencidos de que todos seamos como seamos tenemos todos, los mismos derechos a seguir mi traumático pero educativo sueño.