Juárez el Republicano; Josefina Zoraida Vázquez

Historia de México del siglo XIX. Política mexicana. Benito Juárez. Presidente de la República. Constitución de 1857. Leyes de Reforma

  • Enviado por: El remitente no desea revelar su nombre
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 11 páginas

publicidad
cursos destacados
Graba audio con Apple Logic Pro 9
Graba audio con Apple Logic Pro 9
En este curso aprenderemos a realizar grabaciones de audio de calidad utilizando Apple Logic Pro 9. Exploraremos todo...
Ver más información

Iníciate con Ableton Live
Iníciate con Ableton Live
El curso da un repaso general por las órdenes y menús más básicos, para poder generar...
Ver más información


BENITO JUAREZ

Juárez es un caso extraordinario en la historia, ya que nacido en el seno de una etnia monolingüe y aislada de la sierra de Oaxaca y de humildes orígenes, fue capaz de forjarse una sólida y ascendente carrera que lo llevaría hasta el primer puesto de la Republica. Don Benito ha sido seguramente el único presidente conocedor del derecho canónico y civil y capaz de leer latín, ingles, y francés.

Gobernó durante catorce años en medio de una guerra civil y una intervención extranjera, determinantes para consolidar el régimen republicano y con ello, el futuro de México. Su convencimiento de la necesidad de multiplicar las escuelas llevó Benito a fundar un verdadero sistema de instrucción pública, para que con ello un mayor número de mexicanos tuviera un mejor futuro.

La vida de don Benito Juárez se entretejió con los con los difíciles años de la construcción del Estado Mexicano; por eso tenemos que seguirla paralelamente a su desarrollo, para comprenderla dentro del complejo contexto nacional. La admiración por su firmeza en la defensa de sus principios liberales y de la soberanía nacional, traspaso las fronteras de México. En 1865, el Congreso de la Republica de Colombia le rindió un tributo en reconocimiento a su lucha contra el imperialismo francés; el 11 de mayo de 1867 el Congreso colombiano lo declaro “Benemérito de las Ameritas”

Don Benito construyo su imagen de civil republicano, estoico y austero, capaz de enfrentar la adversidad con la impasibilidad de un verdadero estadista. Para mostrar la distancia que separaba a un gobierno civil y liberal le la dictadura santanista que le había precedido, eligió la austeridad como sello de su gobierno.

UNA LARGA ESTAPA DE GRANDES CAMBIOS ESFUMO LA PROSPERIDAD DEL VIRREINATO

Las coyunturas comerciales y la laboriosidad de sus habitantes habían permitido a Oaxaca gozar una gran prosperidad el siglo XVIII, gracias a la demanda internacional de sus tintes de añil y cochinilla y la producción estable de sus minas y de su azúcar.

Al ocupar el trono español, la dinastía de los Borbones se empeño en convertir los reinos americanos en verdaderas colonias, decretando reformas para que aumentaran la productividad y pudieran proveerle a la corona mayores recursos para sus guerras europeas. La serie de reforma y comerciales promovidas por los Borbones les produjeron enormes ganancias, pero generaron un gran malestar en la población de os reinos americanos.

La Nueva España, su reino más rico sería el más afectado, y por lo tanto también Oaxaca, La Corona estableció nuevos monopolios y nuevos impuestos. En 1804 se obligo a la iglesia a enviar sus capitales rumbo ala península, pero estos recursos servían de banco a rancheros, hacendados, mineros, por lo que la medida afecto la producción del virreinato y despertó las inquietudes que conducirían a la lucha independentista.

El general Napoleón Bonaparte, que se había convertido en Emperador, había forzado a Carlos IV y su hijo Fernando VII a abdicarle la Corona, la que entrego a su hermano José. Este hecho se convertiría en coyuntura favorable para iniciar la lucha independentista en todos sus reinos americanos...

La importancia de Nueva España para la Corona española hizo que la guerra se extendiera por once años y fuera muy sangrienta. La lucha se expandió por todos los rincones del territorio, obstaculizó las comunicaciones y afecto la economía, la recolección de impuestos y multiplico el bandidaje en los caminos bloqueando el comercio. A estos males se sumarían los cambios que traería la revolución liberal española que promulgaría la Constitución de 1812. Y dividiría el ejercicio del gobierno en tres poderes, limitando el del monarca.

La Constitución de 1812 se promulgó en marzo en España y se juró en Nueva España en septiembre, en una ceremonia cívica en la que se mezclaban viejas y nuevas práctica, juras, pendones y Tedeum en iglesias y catedrales.

La gran paradoja fue que la Constitución de 1812 serviría de modelo a los miembros del Congreso constituyente convocado por don José María Morelos. L a Constitución en Apatzingán se promulgó en 1814 cuando el movimiento insurgente que Morelos había llevado a su culminación empezaba a declinar. Al año siguiente, don José Mará fue capturado y después de enfrentar un doble juicio civil y eclesiástico, murió fusilado.

JUAREZ LUCHA CONTRA LIMITACIONES Y OBSTACULOS

Benito Pablo Juárez nació el 21 de marzo de 1806 en Guelatao, Oaxaca, sus padres Marcelino Juárez y Brígida García. A pesa de nacer en un rincón de la Republica Mexicana, la vida de Benito Juárez transcurrió paralelamente a la de la nueva nación; pudo aprovechar las nuevas oportunidades que ésta le ofrecía, a pesar de las profundas desigualdades de su sociedad. En 1809 benito quedo huérfano, paso a vivir con sus abuelos y luego con su tío, con la ayuda de su hermana y un hombre honesto con el oficio de encuadernador don Antonio Salanueva éste lo envió a la escuela Real, con el tiempo Don Benito mantuvo sus anhelos de aprender Gramática.

Con el tiempo su protector lo apoyo para seguir estudiando la religión, el 18 de octubre de 1821 sin conocimiento de gramática castellana “ni de las materias de la educación primaría” inicio el estudio de la gramática latina el Seminario “en calidad de capense” es decir como alumno externo.

EL PAIS EN BUSCA DE UN SISTEMA DE GOBIERNO

El Coronel, realista Agustín de Iturbide había aprovechado el malestar que invadía a la Nueva España, por el pronunciamiento español para restaurar la Constitución de 1812 en el Imperio para consumar la independencia sin derramamiento de sangre.

Después de apalabrar a jefes importantes del ejercito y de la sociedad, logró convencer al jefe suriano, don Vicente Guerrero, a sumarse a su ejército con la jura del Plan redactado por Iturbide.

El 27 de septiembre de 1821, Iturbide, Guerrero y O´Donojú encabezaron los festejos que celebraban la fundación del Imperio Mexicano.

El rechazo de los Tratados de Córdoba y la imposibilidad de coronar un Borbón le abría el camino a don Agustín de llegar al trono, pues su popularidad era indudable.

Para impedir la fragmentación del territorio, poder imponer su autoridad y someter a las provincias, el Supremo Poder Ejecutivo tuvo que movilizar tropas, aunque sin el intento de llegar aun enfrentamiento, pues nada mas se pretendía negociar un convenio desde una base de poder.

En 1824 se logró redactar la Constitución y promulgada el 4 de octubre del mismo año. La Constitución declaró a la nación constituida como Estados Unidos Mexicanos, con un sistema republicano, representativo y federal.

Un año más tarde, en 1825 Gran Bretaña reconoció la independencia de México y firmo un tratado ventajoso para el país. Esto permitió que llegaran al país, una avalancha de inversionistas interesados en las minas que yacían inundadas por el abandono durante la guerra de independencia, lo que significo una inyección de recursos a la economía.

La situación de la economía, el contraste social y la injusta repartición de la riqueza hicieron fracasar todas las formas de gobierno, federalismo, centralismo y también dictadura. Esto hizo que un gobierno cada vez más débil, fuera incapaz de defenderla soberanía nacional. Esto fue grave, pues las dimensiones de su territorio, las e su mercado y su producción de plata tan necesaria para el comercio internacional y el pago de las guerras, convirtieron a México en el país mas amenazado del continente.

EN ESE CONTEXTO EL JOVEN ZAPOTECA SE COVIERTE EN UN OAXAQUEÑO LIBERAL

Al tiempo que se fundaba el estado mexicano, Juárez iniciaba sus estudios formales en el seminario de Oaxaca. Su inquietud natural seguramente lo hizo un atento observador de los acontecimientos nacionales y los oaxaqueños. Aunque el joven zapoteca debe haberse concentrado en el aprendizaje de la gramática latina y que los aprobó en agosto de 1823 con Excelentes.

Pero las inquietudes mexicanas se habían polarizado con la caída del imperio y el regionalismo pareció fragmentar la nación. Oaxaca, Zacatecas, Jalisco y Yucatán se declararon estados libres y soberanos.

Los liberales se opusieron en Oaxaca, lo que permitió la promulgación de algunas leyes que favorecían la libertad”.

Una de ellas resultaría fundamental para la carrera de Don Benito y para la transformación de ese estado: “el establecimiento d un colegio civil que se denominó Instituto de Ciencias y Artes”, totalmente libre de la influencia de la iglesia y que habría camino a las nuevas carreras con intereses laicos.

Durante 1829, el país y el estado se conmovieron por la sucesión presidencial y la noticia de la llegada de la expedición de reconquista que encabezaba el español Isidro Barradas; los estudiantes del instituto se alistaron en la milicia cívica y Juárez fue nombrado teniente de una de las compañías.

En Oaxaca, el liberalismo no fue campo de liberales como en otros estados, sino que se extendió por todos los estratos sociales y étnicos. De esa manera, comerciantes y abogados coloniales acaudalados se convirtieron en liberales destacados, pero también grupos medios y populares.

Gracias a que Don Benito contaba con el título de abogado con patente oaxaqueña, la legislatura decidió nombrarlo como magistrado interino de la Corte de Justicia, cargo que ocupó por poco tiempo, pues la caída de los radicales, sería desterrado a Tehuacan por algunos meses. Su destierro fue revocado y Juárez pudo volver a Oaxaca al ejercicio de la abogacía.

Juárez reconocía que no todos los curas eran codiciosos, pero a los que lo eran, no era fácil someterlos a las leyes. Juárez, convencido de la justicia de sus quejas, procedió a presentar el caso ante el Provisiorato, el tribunal eclesiástico. El asunto era caso difícil después de la suspensión de las reformas dictadas en 1833.

Como expresaría él mismo, la experiencia confirmó su “propósito de trabajar constantemente para destruir el poder funesto de las clases privilegiadas”.

DEL LIBERALISMO CENTRALISTA A LA RESTAURACIÓN DEL FEDERALISMO

En 1820el gobierno español había autorizado a un norteamericano que había sido su súbdito en la Louisiana, una concesión de territorio para introducir 300 colonos honestos. El permiso autorizó la entrada de colonos católicos, que pudieran importar todo lo necesario para su vida, con siete años libres de impuestos, pero se exigía que los colonos fueran católicos, juraran la Constitución de 1812 y la legislación vigente. Como estaba prohibida la entrada de esclavos, se suponía que no los introducirían, pero como el Septentrión estaba casi deshabitado, el gobierno decidió mantener la misma política, a pesar de que ya tenía noticias del interés norteamericano en obtener Texas.

Además, como la frontera era extensísima, el gobierno fue incapaz de vigilarla y de exigir a los colonos que cumplieran con las lentes y los requisitos que se les habían impuesto. Muchos aventureros y colonos pobres entraron y se asentaron donde quisieron, al tiempo que la mayoría de los que fueron introducidos a las colonias, no eran católicos e introdujeron esclavos.

Los habitantes de Texas, entonces bajo la ley mexicana, no estaban conformes con el decreto gubernamental (1829) que abolía la esclavitud, y el plan de Santa Anna para centralizar el gobierno incrementó su resentimiento. En 1833 se les concedió una extensión de tres años y en 1834, el estado de Coahuila y Texas hizo reformas para aumentar la representación de los colonos, autorizó el uso de inglés en trámites administrativos y judiciales y el sistema anglosajón de juicio por jurado, de manera que se habían atendido sus quejas juntas.

Santa Anna partió al frente de un ejército a someter a los rebeldes. La expedición se inició con victorias, pero un descuido en el campo San Jacinto, permitió a los tejanos tomar prisionero a Santa Anna el 21 de abril de 1836, cuando fuera derrotado de manera decisiva por el líder tejano Samuel Houston. La independencia de la República de Texas se consolidó con el apoyo y el reconocimiento de Estados Unidos y México no pudo organizar una nueva expedición por falta de dinero, lo que permitió que Texas se consolidara.

En diciembre de 1836 se promulgaban las Siete Leyes y, el 1° de enero las juraban las autoridades y las corporaciones. La nueva constitución complicaba el funcionamiento del gobierno con un cuarto poder, el Poder Conservador. Los estados se convertirían en departamentos y el gobierno central o nacional quedaba a cargo de la hacienda nacional y el control de los impuestos y de su gasto, forma en la que se buscaba fortalecerlo.

La debilidad del gobierno invitó la intervención de los poderes extranjeros. Texas se empeñó en extenderse hacia Nuevo México y su flota hizo constantes incursiones a puertos mexicanos. En 1838, Francia bombardeó y bloqueó Veracruz, al tiempo que los Estados Unidos presionaban por reclamaciones injustas e iniciaban la penetración hacia California.

En diciembre de 1844 una “revolución democrática” dirigida por el Congreso con apoyo de la Suprema Corte y el Ayuntamiento de la capital, desaforó al presidente Santa Anna e inauguró un gobierno constitucional que pretendía conciliar a los partidos, combatir la corrupción, ampliar la descentralización y reconocer a la República Texana para evitar la guerra con Estados Unidos pues el presidente, José Joaquín de Herrera estaba consciente de la extrema debilidad del país y de la superioridad militar de los Estados Unidos, pero su intento de negociar con Texas fracasó y los federalistas radicales y monarquistas aprovecharon la situación para acusar al gobierno de intentar vender Texas y California.

La situación mexicana era lastimosa: una sociedad dividida, un gobierno sin recursos, un ejército poco profesional con armas obsoletas y son los servicios de santidad e intendencia, hacían harto predecible la derrota.

A partir del 3 de Junio después de aprobar una ley el Congreso dejó de reunirse no sin antes haberle arrebatado la facultad de firmar la paz al ejecutivo, desempeñado por Pedro María Anaya o por el propio Santa Anna.

La depresión dominaba el ánimo nacional. A la pérdida de vidas y la destrucción se sumaron rebeliones y ataques de indios de las praderas ahora norteamericanas, sin que el vecino cumpliera con el artículo XI del tratado que los comprometía a detenerlas. Por desgracia, los políticos no aprendieron la dura lección y mantuvieron sus discordias y una mancuerna de conservadores y puros obstaculizaron el gobierno moderado.

JUÁREZ SE ENTRENA POLÍTICAMENTE EN EL CENTRALISMO Y ENTRA AL ESCENARIO NACIONAL

El liberalismo centralista de las Siete Leyes restringió el voto censitario que abolió los ayuntamientos constitucionales. Los ayuntamientos de ciudades y poblados que los tenían antes en 1808 quedaron bajo el control de perfectos, política que mantendría más tarde el liberalismo reformista. En 1843, las bases orgánicas flexibilizaron el sistema, permitiendo la colaboración de los federalistas moderados y de algunos radicales como Ignacio Basadre y Crecencio Rejón.

En Oaxaca el ambiente político se mantuvo más abierto ofreciendo oportunidades para liberales como Juárez. Por su prestigio Juárez fue elegido en 1840 como orador en la celebración del 16 de septiembre, con un discurso que interpretaba la independencia como recuperación de la libertad perdida con la conquista.

La Academia Teórico-Práctica de Jurisprudencia premiaba el prestigio que Juárez había alcanzado, al hacerlo su vicepresidente en 1842 junto con José María León que era el presidente.

La “ciudad de los palacios” con sus suntuosos edificios y 200 mil habitantes deslumbró a Don Benito, que llegaba con una cata de presentación al gobernador Arteaga para Gómez Farías. En el nuevo congreso federalista que se inauguró el 6 de diciembre Don Benito mantuvo una actitud casi invisible; sin embargo formó parte de la comisión que discutió el decreto el 11 de enero y votó su aprobación.

Fue de los opositores a las reformas a la constitución propuestas por Marino Otero, que al final las suscribieron a cambio de que el congreso declarará “subversivo” y anticonstitucional el gobierno impuesto por los “polkos” oaxaqueños.

Juárez era un liberal hecho y aunque leía latín, francés e inglés no contaba con la brillantez de un Melchor Ocampo; en cambio tenía una pasta de estadista, como lo denotan sus notas a algunas horas. Las de Tácito y la Historia de los Reyes Católicos de William Prescot parecen haberle despertado mucho interés.

LOS DOS DESTINOS SE CONJUGAN

Álvarez incorporó a su gabinete a intelectuales de mediana edad y buena educación y Juárez ocupó la Secretaría de Justicia. Algunos eran puros como Ocampo y otros moderados como Comonfort. Álvarez, un viejo líder de los pueblos mulatos e indígenas del estado de Guerrero, creado durante la guerra con Estados Unidos, se sentía incomodo con la vida política de la capital y de las necesidades de mediar entre las facciones. Ocampo, molesto por las confrontaciones de Comonfort, terminó por renunciar.

Don Benito, más pragmático y menos dogmático, permaneció y logró que se promulgara la famosa ley Juárez que suprimía los fueros y facultaba al gobierno federal para nombrar a los miembros de la Suprema Corte de Justicia “la chispa que produjo el incendio de la reforma”.

Juárez, rodeado de puros, se empeñó a reorganizar el estado, estimular su economía y recuperar el Istmo, que Santa Anna le había quitado a Oaxaca. Hizo abrir el Instituto de las Ciencias y reorganizar la Guardia Nacional. Pudo hacer una extensa presentación contra el estado orgánico provisional de la República, expedido por Comonfort, que establecía el centralismo.

El contexto de rebeliones en los que trabajaron los constituyentes hizo que se moderaran su reformismo para evitar la ruptura. La Constitución de 1857 resultó más conciliadora que lo previsto. Como en la de 1824, el gobierno federal quedó supeditado a los estados, lo que condenó al gobierno federal y al ejecutivo a la debilidad. El legislativo mantuvo la supremacía y, hasta 1824 estuvo investido en una sola cámara.

El poder judicial federal convertido en protector de las garantías individuales y estatales se fortaleció y limitó algo “la soberanía” estatal. Se prohibieron alianzas y coaliciones entre estados o de estos con potencias extranjeras y se mantuvo el voto indirecto para la elección de autoridades federales. La más importante novedad de la constitución fue el hacer una “declaración de derechos del hombre”.

Juárez publicó la Constitución en su estado. A pesar de la recepción hostil del clero, los liberales se apresuraron a redactar la Constitución Estatal correspondiente y, juraba se hicieron las elecciones que reeligieron a Juárez gobernador. Para mostrar su oposición, el clero cerró la catedral y creyó que el gobernador haría uso de la fuerza para realizar el Tedeum acostumbrado, pero Don Benito aprovechó el incidente para cancelar “la costumbre que había de que los gobernantes asistiesen hasta a las procesiones y aún a las de monjas”.

Don Benito asumió la presidencia de la Corte, pero como el congreso desconfiaba de Comonfort, aprobó que mantuviera al mismo tiempo la cartera de gobernación. A diferencia de Comonfort, Juárez era seguro t sereno de sus metas.

Juárez abandonó la ciudad el 12 de enero y llegó a Guanajuato, donde el 19 de enero estableció su gobierno con Ocampo, Guillermo Prieto, Manuel Ruiz y León Guzmán en el gabinete. El avance conservador lo forzó a trasladarse a Guadalajara el 13 de febrero, donde víctima de un atentado en marzo, pasó a Colima el 20.

Gracias a las facultades extraordinarias que el Congreso había concedido a Comonfort en noviembre de 1857, Juárez pudo utilizarlas hasta l 9 de mayo d 1961 y, como no había congreso se erigió como único poder constitucional legítimo. Estas armas le permitieron lidiar con gobernantes fuertes como Manuel Gutiérrez Zamora (Veracruz), Jesús González Ortega (Zacatecas), Santos Degollado (Michoacán) y Santiago Vidaurii (Nuevo León-Coahuila), quienes lo reconocieron como representante del constitucionalismo no siempre lo obedecieron.

La sangrienta guerra consumió los recursos de los dos partidos. Los gobernadores liberales confiscaron bienes eclesiásticos para sostener la lucha adelantándose al gobierno nacional en la instrumentación de la reforma.

Por fortuna para los liberales como los conservadores se habían negado a vender territorio, el gobierno norteamericano decidió acercarse a Veracruz para tantear si los liberales eran más flexibles. Buchanan optó por enviar a Robert McLane como ministro plenipotenciario, con facultades para decidir sobre el terreno. McLane llegó a Veracruz y las dotes diplomáticas de Ocampo lograron que se extendiera el reconocimiento en abril.

Juárez decretó las Leyes de Reforma en un complejo contexto. Sus principios liberales eran firmes, pero su sentido político le aconsejaba no atizar el incendio. Aunque las diferencias de su gabinete eran de matiz, eran importantes Juárez y Ocampo querían someter a la iglesia el poder civil, pero no aniquilaría como pretendía Lerdo. Sin embargo, la hora de la reforma definitiva había llegado y el 12 de julio de 1859 publicó los decretos que nacionalizaban los bienes del clero, la separación de la iglesia y el estado, la exclaustración del clero regular y la extinción de corporaciones eclesiásticas; el 23 de julio, se estableció el registro civil de nacimientos, matrimonio y defunciones y el 31 la secularización de cementerios.

Ignacio Zaragoza, comandante de ejército de Oriente, se trasladó a Puebla para organizar la defensa. La batalla e inició en las cumbres de Aculzingo y el 5 de mayo prosiguió en Puebla. Las huestes mexicanas desplegaron todo su valor ante un general Lorensez que menospreciaba a las gavillas de Juárez, pero el mejor ejército del mundo pudo ser vencido.

LA ETAPA FINAL

La República logró restaurarse, pero las condiciones eran delicadas como siempre, la hacienda estaba exhausta y el desorden general. El gran ejército era oneroso y la autoridad nacional era débil ante los jefes regionales que se pertrechaban en un federalismo radical y unos ayuntamientos que exigían autonomía y las tierras que la ley Lerdo les había arrebatado. En cuanto se pudo, el 18 de agosto, Juárez cumplió con su promesa de convocar a elecciones. En la convocatoria, anexó la proposición de hacer reformas a la Constitución “para afianzar la paz y consolidar las instituciones, estableciendo el equilibrio de los poderes supremos”.

Aunque su actitud recordaba a Comonfort de 1857, su plan era preciso: reestablecer el senado, asegurar el veto presidencial a las disposiciones del congreso variar la forma de sustituir al presidente de la república y devolver al clero sus derechos cívicos. De cierta manera era una agenda conciliatoria destinada a ganar votos y a limitar la autoridad del congreso, pero causó escándalo.

La prensa aprovechó para fustigarlo con crueles caricaturas y la oposición a organizar la resistencia a las reformas. Pero su prestigio hizo que Don Benito obtuviera 7422 votos, su paisano Porfirio Díaz 2709, a pesar de ser el héroe militar de la guerra de intervención y el apoyo de los radicales.

Los movimientos rebeldes y los enemigos se multiplicaron y empañaron el sueño de Don Benito de establecer un estado de derecho en el país. En este tramo, Juárez contaba con una experiencia política que le indicaba que reindicaba que, para poner los cimientos de un gobierno constitucional, no podía aplicar el método frontal que había utilizado para gobernar Oaxaca.

Juárez moderó su intento inicial de aplicar con rigor la ley, y en busca de la conciliación solo fueron ejecutados media docena de generales. El papado que había condenado las reformas, aceptó entonces normar obispos para las sedes vacantes, por primera vez sin intervención del gobierno mexicano.

Matías Romero, secretario de Hacienda hasta 1872fue otro gran colaborador, cuya capacidad permitió que pusiera en orden las finanzas públicas y elaborara, por primera vez en la historia del país un presupuesto, aunque los gastos de pacificación le impidieron reducir el déficit.

Las metas de Juárez eran típicamente liberales: promover la educación, la colonización promover todos los ramos de la economía con inversiones extranjeras y construir comunicaciones. Para favorecer la vida económica ratificó las concesiones otorgadas por el Imperio al Banco de Londres y Sudamérica y a la compañía constructora del ferrocarril de México a Veracruz cuyo primer tramo de México a Puebla lo pudo inaugurar Juárez el 16 de septiembre de 1869.

La más entrañable ambición de Don Benito era multiplicar escuelas y modificar el programa de enseñanza para formar los ciudadanos leales y progresistas que la nación necesitaba. Un requisito esencial para que la instrucción fuera laica, debía borrar las huellas de toda tradición retardataria, por eso poco a poco después de su retorno a la Ciudad de México nombró una comisión que estudiaría este problema. La comisión fue presidida por el positivista Gabino Barreda y de sus trabajos surgió una ley, el 1° de diciembre de 1867. Esta ley orgánica de instrucción pública que regiría la labor educativa del gobierno federal, estaba destinada a “difundir la ilustración en el pueblo” como ”el medio más seguro y eficaz de moralizarlo y establecer de una manera sólida la libertad y respeto a la Constitución y a las leyes”.

El 15 de mayo de 1869 apareció la reforma de la Ley Orgánica con la ambiciosa meta de establecer “el número de escuelas de instrucción primaria de niños y niñas que exigían su población y sus necesidades”.

Las elecciones de 1871 despertaron nuevas inquietudes. Los votos se repartieron y Juárez obtuvo 5837 votos, Díaz 3555 y Lerdo solo 2874 votos. Aunque Don Benito no alcanzó la mayoría, el 12 de octubre de 1871 el Congreso lo declaró presidente por un nuevo periodo.

Desde 1870, la salud de Don Benito había empezado a resentirse. Después de todo, la presidencia durante dos guerras lo había hecho victima de muchas penalidades.

La campaña para la reelección, el levantamiento de Díaz y la campaña para someter a los rebeldes significaron duras pruebas para Juárez. En marzo de 1872 sufrió el primer ataque al corazón. Aunque pareció superarlo, la inestabilidad del país le producía ansiedad. El 8 de julio tuvo un nuevo ataque, pero en cuanto se sintió mejor, reanudo su vida normal. Todavía el lunes 16, comió y bebió como de costumbre; media copa de jerez.. Durante todo el día 18, los dolores no lo abandonaron, pero ese día fue el desenlace estaba rodeado de familiares y ministros Don Benito se rindió ante la muerte. Juárez fue enterrado el 23, en el Panteón de San Fernando, junto a su mujer y a sus cinco hijos. Curiosamente el austero Juárez tuvo unos funerales ceremoniosos a manera casi virreinal.

La división política como tantas cosas que lo s habían favorecido en su vida, le habían permitido d don benito gobernar catorce años y morir en la silla presidencial, pero quizá también habían acelerado su muerte.

Don Benito Juárez como ser humano tenía grandes virtudes y grandes pasiones; fue buen ciudadano, hombre común curioso, inquieto que gozaba con la música y el baile, buen esposo. Desde luego su carrera es única si contamos su origen en un lugar remoto, en medio de mexicanos marginados y al que voluntad y disciplina le permitieron conquistar el saber y elevarse por encima de sus contemporáneos. Juárez supo aprender de sus experiencias y convertirse en verdadero estadista y, sin duda fue el hombre que le país necesitaba en esos momentos cruciales. Por eso hoy que vivimos tantos desordenes y crisis su vida resulta una buena inspiración para retomar el camino.

Vídeos relacionados