Juan Ramón Jiménez

Literatura española contemporánea del siglo XX. Biografías. Poesía. Autor

  • Enviado por: Danielita Vargas
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  • País: Chile Chile
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JUAN RAMON JIMENEZ

(1881 - 1958)

Nació en Moguer, una cuidad de la ciudad de Andalucía, el 24 de Diciembre de 1881. Estudió con los jesuitas su primera enseñanza, y luego en la Universidad de Sevilla la carrera de Filosofía, desde 1892 a 1896.

Su sensibilidad poética ya le había despertado desde niño, dedicándose a los versos y a la pintura. De 1898 a 1901 realizó sus primeras publicaciones en revistas de Huelva y de Sevilla, con claras influencias modernistas. Juan Ramón Jiménez, además de ser admirador de Góngora y Bécquer, lo era también de Rubén Darío. En 1898 hizo su primer Viaje a Madrid, donde se contactó con el poeta nicaragüense. En 1900 publicó sus dos primeros libros: ALMAS DE VIOLETAS Y NINFEAS.

En 1902 viajó por el sudoeste de Francia y por Suiza. En ese tiempo Jiménez tiene contacto con el simbolismo y se acerca a Verlaine, D´Annunzio y Carducci entre 1902 y 1905 el poeta de nuevo está en Madrid y hace amistad con Antonio Machado, Villaespesa, Valle-Inclán y Martínez Sierra. Se dedica a leer clásicos griegos y latinos y estudia inglés y alemán, La época de 1905 a 1912 la pasa en Moguer escribiendo. En esos años publica unas series de libros, en 1912 regresa a Madrid a la Residencia de Estudiantes (que después acogería a García Lorca) donde nuevamente intenta aprender griego y latín.

Toda la poesía que hasta este año ha publicado puede considerarse de una primera etapa del poeta con muchas influencias de Darío, Verlaine, Rimbaud, Bécquer; Sheley, Keatsy y Góngora. La que le sigue denota una depuración lírica más propia, en su único estilo. En 1916 el poeta contrajo matrimonio con Zenobia Camprubí Aymar, traductora de Tagore, y desde entonces su colaboradora. En esa fecha viaja a Estados Unidos y se interesa en la lectura de autores irlandeses. Además, comienza a depurar y corregir su obra, que ya es famosa.

Colabora en las revistas Sí, Índice, Ley, e intenta el proyecto de obra, Anonimato, que no se materializa.

En la época que comprende desde 1927 hasta 1930 viaja por España e intenta radicarse en Sevilla, pero luego llega la guerra civil en 1936 e el poeta decide irse, primero a Puerto Rico, luego a la Florida, y, finalmente, a Washington.

En 1957 Juan Ramón Jiménez por fin se radicó en Puerto Rico, donde trabajó como profesor de la Universidad de ese país: allí lo sorprendió la concesión del Premio Novel, en 1957.

Juan Ramón Jiménez, quien empezó como noventayochista, hubo de pasar después del modernismo por varios “ismos” que le llevaron a constituirse en uno de los escritores clásicos de la lengua castellana. Y finalmente muere en 1958.

SUS OBRAS

1900 : Almas de Violetas - Ninfeas

1902 : Rimas

1903 : Arias tristes

1905 : Jardines lejanos

1908 : Elegías intermedias

1909 : Olvidanzas: las hojas verdes

1910 : Elegías lamentables - Baladas de primavera

1911 : Pastorales

1912 : Melancolía

1913 : Laberinto

1915 : Estío

1917 : Poesías escogidas - Sonetos espirituales

1918 : Eternidades

1919 : Piedra y cielo

1923 : Poesía y Belleza

1936 : La poesía cubana

1945 : Luces de mi copla

1949 : Animal de fondo

(1914 : libro de prosa PLATERO Y YO)

OBRA

La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy numerosa, con libros que a lo largo de su vida, en un afán constante de superación, fue repudiando o de los que salvaba algún poema, casi siempre retocado en sus sucesivas selecciones. Entre sus principales antologías se encuentran Poesías escogidas (1917), Segunda antología poética (1922), Canción (1936) y Tercera antología (1957).

La influencia del modernismo se percibe en sus primeros libros, aunque su mundo poético pronto apunta, como el de Bécquer, hacia lo inefable, con unos poemas hechos a partir de sensaciones refinadas por la espiritualidad, y de sutiles estados líricos, con un lenguaje musical.

Pero el arte de Juan Ramón Jiménez se hace independiente de cualquier escuela, aunque el simbolismo, ya totalmente asumido, siga influyendo en su poesía casi hasta el final. Con el paso de los años su estilo se hace cada vez más depurado, siempre en busca de la belleza absoluta, de la poesía y del espíritu que él intenta fundir con su lirismo esencial interior, sin dejar de ser al mismo tiempo metafísico y abstracto. Como se aprecia en Baladas de Primavera (1910) o La soledad sonora (1911).

Diario de un poeta recién casado (1917), escrito básicamente durante su viaje a Estados Unidos, donde conoció y se casó con Zenobia, es uno de los grandes libros de la poesía española. Contiene ritmos inspirados por el latir del mar, verso libre, prosa, sugerencias humorísticas e irónicas. El libro supone un canto a la mujer el mundo marino y Estados Unidos.

Siguen Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919) y uno de los puntos más altos de su poesía, Estación total, un libro escrito entre (1923 y 1936), aunque no se publique hasta 1946. La identificación del poeta con la belleza, con la plenitud de lo real, con el mundo, es casi absoluta. La palabra aúna abstracción y realidad, y el poeta se convierte en “total” concepto ya utilizado por Juan Ramón Jiménez, y que significa “lo universal”. Poeta total, es para él, por tanto, aquel que logra la comunión con el universo, conservando, sin embargo, su voz personal.

Los escritos en prosa que formarían posteriormente la vasta galería Españoles de tres mundos (1942) empezaron a publicarse en diarios y revistas en los años inmediatamente anteriores a su exilio. Otro libro suyo escrito en prosa poética y al que le debe gran parte de su fama universal es Platero y yo (1917), donde funde fantasía y realismo en las relaciones de un hombre y su asno. Es el libro español traducido a más lenguas del mundo, junto con Don Quijote de Miguel de Cervantes.

Escribió ya en América los Romances de Coral Gables (1948) y Animal de fondo (1949). Con ellos y el poema “Espacio”, Juan Ramón Jiménez lo que se ha llamado su “tercera plenitud” determinada por el contacto directo con el mar.

En Animal de fondo el símbolo lo expresa con un lenguaje próximo a una religiosidad inmanente y panteístas. La poesía antes que palabra es conciencia: inteligencia que permite al poeta nombrar. El tiempo acaba fundiéndose con el espacio. El poeta simbolista y romántico, metafísico después y puro que configuran al Juan Ramón Jiménez más hondo e intenso, se revela finalmente como un visionario y metafísico que mantiene una alta tensión poética a partir de iluminaciones nacidas en lo profundo de su sensibilidad.

Juan Ramón Jiménez
SELECCION DE POEMASJuan Ramón Jiménez

EL VIAJE DEFINITIVO

...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros

cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol,

y con su pozo blanco.

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,

las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en le rincón aquel de mi huerto florido y encalado,

mi espíritu errará, nostálgico...

y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y placido...

Y se quedará los pájaros cantando.

TRISTEZA DULCE DEL CAMPO.

La tarde viene cayendo.

De las praderas segadas

llega un suave olor a heno.

Los pinares se han dormido.

Sobre la colina, el cielo

es tiernamente violeta.

Canta un ruiseñor despierto.

Vengo detrás de una copla

que había por el sendero,

Copla de llanto aromada

con el olor de este tiempo;

copla que iba llorando

no sé qué cariño muerto,

de otras tardes de septiembre

que olieron también a heno.

YO NO SOY YO.

Soy este

que va mí lado sin yo verlo;

que, a veces, voy a ver,

y que, a veces, olvido.

El que calla, sereno, cuando hablo,

el que perdona, dulce, cuando odio,

el que pasea por donde no estoy,

el quedará en pie cuando yo muera.

ELLO.

Existe; ¡yo le ha visto,

(y ello a mí)!

Su esbeltez negra y honda

Surjía y resurjía

En la verdura blanca del relámpago,

Como un árbol nocturno de ojos bellos,

Fondo tras fondo májicos.

Lo sentí en mí, lo mismo, vez tras vez,

Que si el rayo me heladara los sentidos

Con su instantaneidad.

¡Lo he visto, lo he tenido;

¡me ha tenido, me ha visto!