Juan Ramón Jiménez

Literatura española contemporánea del siglo XX. Lírica y poesía. Premio Nobel. Vida y obras. Biografía. Poemas

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biografía

Juan Ramón Jiménez, (1881-1958), poeta español y premio Nóbel de Literatura.
Nació la noche de Navidad de 1888 en la calle Rivera nº 2 de Moguer, Huelva.

  • 1887 la familia se instala en la calle Nueva, en la casa que hoy es su Museo, llamada “ ZENOBIA Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ DE MOGUER”.

  • 1896, pasado el verano, se traslada Juan Ramón a Sevilla, para hacerse pintor y estudiar en la universidad la carrera de derecho.

  • 1900, el 13 de abril llega a Madrid, invitado por un amigo de Rubén Darío. A finales de Mayo vuelve a Moguer, enfermo y hastiado del ambiente madrileño.

  • 1913 conoce a Zenobia Camprubí Aymar. Se instala en la Residencia de Estudiantes.

  • 1916, Juan Ramón y Zenobia se casan en la Iglesia católica de St. Stephen, de New York.

  • 1936. El Gobierno de la República facilita a Juan Ramón Jiménez pasaporte diplomático como agregado cultural honorario de la embajada de España en Washington.

  • 1956, el 25 de octubre la Academia sueca otorga a Juan Ramón Jiménez el premio Novel de Literatura. Pocos días después, el 28 de dicho mes muere Zenobia en la Clínica Mimiya, de Santurce, Puerto Rico. Juan Ramón se recluye en su casa, en la más absoluta oscuridad.

  • 1958, el 29 de Mayo muere Juan Ramón Jiménez en la misma clínica que su mujer. El 6 de Junio son trasladados sus cuerpos a España, en cumplimiento de la última voluntad de sus tíos, y tras varios días de duelo y homenaje multitudinarios, reciben definitiva sepultura en el Cementerio de Jesús de Moguer.

Obra 

Los poemas de Rubén Darío, el miembro más destacado del modernismo en la poesía española, le conmovieron especialmente en su juventud. También sería importante la lectura de los grandes poetas del simbolismo francés, que acentuaron su inclinación hacia la melancolía.

En 1900 publicó sus dos primeros libros de poemas: Ninfeas y Almas de violeta. Poco después se instalaría en Madrid, haciendo varios viajes a Francia y luego a Estados Unidos, donde se casó con la que ya sería su compañera ejemplar de toda la vida, Zenobia Camprubí.

En 1936, al estallar la Guerra Civil española se vio obligado a abandonar España. Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico, fueron sus sucesivos lugares de residencia.

La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy numerosa, con libros que a lo largo de su vida, en un afán constante de superación, fue repudiando o de los que salvaba algún poema, casi siempre retocado en sus sucesivas selecciones. Entre sus principales antologías se encuentran:

  • Poesías escogidas (1917),

  • Segunda antología poética (1922),

  • Canción (1936)

  • Tercera antología (1957).

La influencia del modernismo se percibe en sus primeros libros, aunque su mundo poético pronto apunta, como el de Bécquer, hacia lo inefable, con unos poemas hechos a partir de sensaciones refinadas por la espiritualidad, y de sutiles estados líricos, con un lenguaje musical.

Pero el arte de Juan Ramón Jiménez se hace independiente de cualquier escuela, aunque el simbolismo, ya totalmente asumido, siga influyendo en su poesía casi hasta el final. Con el paso de los años su estilo se hace cada vez más depurado, siempre en busca de la belleza absoluta, de la poesía y del espíritu que él intenta fundir con su lirismo esencial interior, sin dejar de ser al mismo tiempo metafísico y abstracto, como se aprecia en:

  • Baladas de Primavera (1910)

  • La soledad sonora (1911).

  • Diario de un poeta recién casado (1917), escrito básicamente durante su viaje a Estados Unidos, donde conoció y se casó con Zenobia, es uno de los grandes libros de la poesía española. Contiene ritmos inspirados por el latir del mar, verso libre, prosa, sugerencias humorísticas e irónicas. El libro supone un canto a la mujer, el mundo marino y Estados Unidos.

  • Eternidades (1918)

  • Piedra y cielo (1919)

  • Estación total, un libro escrito entre 1923 y 1936, aunque no se publique hasta 1946.

La identificación del poeta con la belleza, con la plenitud de lo real, con el mundo, es casi absoluta. La palabra aúna abstracción y realidad, y el poeta se convierte en "total" -concepto ya utilizado por Juan Ramón Jiménez-, y que significa "lo universal". Poeta total, es para él, por tanto, aquel que logra la comunión con el universo, conservando, sin embargo, su voz personal.

Los escritos en prosa que formarían posteriormente la vasta galería Españoles de tres mundos (1942) empezaron a publicarse en diarios y revistas en los años inmediatamente anteriores a su exilio. Otro libro suyo escrito en prosa poética -y al que le debe gran parte de su fama universal- es Platero y yo (1917), donde funde fantasía y realismo en las relaciones de un hombre y su asno. Es el libro español traducido a más lenguas del mundo, junto con Don Quijote de Miguel de Cervantes.

Escribió ya en América los Romances de Coral Gables (1948) y Animal de fondo (1949). Con ellos y el poema 'Espacio', Juan Ramón Jiménez alcanza lo que se ha llamado su "tercera plenitud" determinada por el contacto directo con el mar.
En Animal de fondo el símbolo lo expresa con un lenguaje próximo a una religiosidad inmanente y panteísta. La poesía antes que palabra es conciencia; inteligencia que permite al poeta nombrar. El tiempo acaba fundiéndose con el espacio. El poeta simbolista y romántico, metafísico después y puro -que configuran al Juan Ramón Jiménez más hondo e intenso-, se revela finalmente como un visionario y metafísico que mantiene una alta tensión poética a partir de iluminaciones nacidas en lo profundo de su sensibilidad.

EL VIAJE DEFINITIVO

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando, 
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

LA QUE HABLA

Cállate, por Dios, que tú
no vas a saber decírmelo;
deja que abran todos mis
sueños y todos mis lirios.

Mi corazón oye bien
la letra de tu cariño…
el agua lo va contando
entre las flores del río;

lo va soñando la niebla,
lo están llorando los pinos,
y la luna rosa y el
corazón de tu molino…

No apagues, por Dios, la luz
que arde dentro de mí mismo…
Cállate, por Dios, que tú
no vas a saber decírmelo… 

Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.
Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros...
¡Qué iracunda de él y sin sentido!

...Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda...
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre! 

Aquella tarde, al decirle
que me alejaba del pueblo,
me miró triste, muy triste,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.

--¿Por qué te vas?-- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: A donde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mí tantos luceros.

La pobre hundió su mirada
allá en los valles desiertos
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo. 

CUANDO YO ERA EL NIÑO DIOS

CUANDO yo era el niño Dios, era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro.
Cada casa era palacio y catedral cada templo;
estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo;
y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro,
alegres como las nubes, como los vientos, ligeros,
creyendo que el horizonte era la raya del término.

Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo
después del primer faltar, me pareció un cementerio.
Las casas no eran palacios ni catedrales los templos,
y en todas partes reinaban la soledad y el silencio.
Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto,
con Concha la Mandadera, toda de negro con negro,
que, bajo el tórrido sol y por la calle de En medio,
iba tirando doblada del niño Dios y su perro:
el niño todo metido en hondo ensimismamiento,
el perro considerándolo con aprobación y esmero.

¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niño Dios huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo;
ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero,
morir siendo el niño Dios en mi Moguer, este pueblo!

LA NOCHE 

El dormir es como un puente 
que va del hoy al mañana. 
Por debajo, como un sueño, 
pasa el agua, pasa el alma.

EL HECHO 

Cuando ella se ha ido, 
es cuando yo la miro. 
Luego, cuando ella viene, 
ella desaparece.

EL DÍA BELLO 

Y en todo desnuda tú. 

He visto la aurora rosa 
y la mañana celeste, 
he visto la tarde verde 
y he visto la noche azul. 

Y en todo desnuda tú. 

Desnuda en la noche azul, 
desnuda en la tarde verde 
y en la mañana celeste, 
desnuda en la aurora rosa. 

Y en todo desnuda tú.

DIOS DE AMOR 

Lo que queráis, señor; 
y sea lo que queráis. 

Si queréis que entre las rosas 
ría hacia los matinales 
resplandores de la vida, 
que sea lo que queráis. 

Si queréis que entre los cardos 
sangre hacia las insondables 
sombras de la noche eterna, 
que sea lo que queráis. 

Gracias si queréis que mire, 
gracias si queréis cegarme; 
gracias por todo y por nada, 
y sea lo que queráis. 

Lo que queráis, señor; 
y sea lo que queráis.

Cada hora mía me parece 
el agujero que una estrella 
atraída a mi nada, con mi afán, 
quema en mi alma. 

Y ¡ay, cendal de mi vida, 
agujereado como un paño pobre, 
con una estrella viva viéndose 
por cada mágico agujero oscuro!

AZUCENA Y SOL 

Nada me importa vivir 
con tal de que tú suspires, 
(por tu imposible yo, 
tú por mi imposible) 

Nada me importa morir 
si tú te mantienes libre 
(por tu imposible yo, 
tú por mi imposible)

Platero y yo

Juan Ramón Jiménez, se inspira en la vida de su pueblo, Moguer; su personaje es Platero un burrito que lo acompaña en sus numerosas anécdotas, llenas de poesía.

Platero y Yo, es la recopilación de historias en el pueblo de Moguer, sobre un burrito blando, suave como una nube, o muchos burritos que son uno; todos los capítulos hacen referencia al Burrito Platero de color gris plata, cuyas descripciones personifican este animal dándole todas las características de un ser humano.

Básicamente, que el libro no fue pensado ni realizado para niños, sino para adultos, aunque los niños lo pueden leer.

EL ROCIO. Capítulo 47 de "Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez.

 

Platero - le dije - vamos a esperar las Carretas. Traen el rumor del lejano bosque de Doñana, el misterio del pinar de las Animas, la frescura de las Madres y de los dos Fresnos, el olor de la Rocina...

Me lo llevé, guapo y lujoso, a que piropeara a las muchachas por la calle de la Fuente, en cuyos bajos alero de cal se moría, en una vaga cinta rosa, el vacilante sol de la tarde. Luego nos pusimos en el vallado de los Hornos, desde donde se ve todo el camino de los Llanos.

Venían ya, cuesta arriba, las Carretas. La suave llovizna de los Rocíos caía sobre las viñas verdes, de una pasajera nube malva. Pero la gente no levantaba siquiera los ojos al agua.

Pasaron, primero, en burros, mulas y caballos ataviados a la moruna y la crin trenzada, las alegres parejas de novios, ellos alegres, valientes ellas. El rico y vivo tropel iba, volvía, se alcanzaba incesantemente en una locura sin sentido. Seguía luego el carro de los borrachos, estrepitoso, agrio y trastornado. Detrás las carretas, como lechos, colgadas de blanco, con las muchachas morenas, duras y floridas, sentadas bajo el dosel, repicando panderetas y chillando sevillanas. Más caballos, más burros... Y el mayordomo - ¡Viva la Virgen del Rocioooo! ¡Vivaaaa! - calvo, seco y rojo, el sombrero ancho a la espalda y la vara de oro descansada en el estribo. Al fin, mansamente tirado por dos grandes bueyes píos, que parecían obispos con sus frontales de colorines y espejos, en los que chispeaba el trastorno del sol mojado, cabeceando con la desigual tirada de la yunta, el Sin Pecado, amatista y de plata en su carro blanco, todo en flor, como un cargado jardín mustio.

Se oía ya la música, ahogada entre el campaneo y los cohetes negros y el duro herir de los cascos herrados en las piedras.

Platero, entonces, dobló sus manos, y, como una mujer, se arrodilló - ¡una habilidad suya! -, blando, humilde y consentido.

Bibliografía

  • Enciclopedia Interactiva de Consulta: Lectus Vergara.

  • Enciclopedia Microsoft Encarta 98.

  • Historia de la Humanidad: Editorial Planeta, 3ª Edición (1979), 1ª Edición (1977).

  • Lengua Castellana I: P. Hernández Carrión - M.D.Moreno Tarrés - M. de Javier Azcona - M.Cirera Zapatero, Editorial Edebé.

  • Literatura Castellana: David Fernández, Editorial Castellnou. 1ª Edición (1999).

  • Mundo, Historia 1º de BUP: Pilar Flores Guerrero - Rafael Fontán Ribeiro - Javier Gómez Espelosín - Luis López Puerta - Evaristo Merino Liceras, Ediciones SM.

  • Nueva Enciclopedia Larousse: Editorial Planeta, 1ª Edición (1980).

  • WWW. Yahoo.es

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