Jorge Manrique

Literatura española de la Edad Media. Poesía y lírica medieval y prerrenacentista. Temas: Ubi sunt. Tempus fugit. Coplas manriqueñas. Pie quebrado

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Jorge Manrique(1440-1479)

Biografía

     Muy poco se sabe de la vida de este gran poeta, que también ilustró la corte de don Juan II. Su padre era conde de Paredes, uno de los más influyentes personajes de aquel reinado y que mayor parte tomaron en sus hondas discordias; como Santillana, fue de los más enconados enemigos del Condestable de Luna.
     Jorge Manrique desempeñó en la corte importantes cargos, pero nada se sabe con precisión acerca de él.
     Fue comendador de Santiago.
     De sus obras poéticas se conoce muy poco, sobresaliendo entre todas sus composiciones su Elegía a la muerte de su padre, el maestre don Rodrigo.
     Se caracteriza por una delicadeza realmente asombrosa para aquella época, delicadeza que no solamente hallamos en el lenguaje, sino que hasta también en los sentimientos expresados, que son de una nobleza y una altura de miras como correspondía a un aristócrata de buena cepa.
     Un solo detalle basta para hacer comprender esto: a pesar de la enemistad de su padre con don Álvaro de Luna, de la que seguramente no dejaría él de participar, en la elegía de la muerte de su padre se apiada del fin trágico del favorito del rey con estas palabras:

Pues aquel gran Condestable
maestre que conocimos
tan privado,
no cumple que de él se hable,
sino sólo que le vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿Qué fueron sino pesares,
al dejar?

     Jorge Manrique murió en 1479, dejando pocas obras, como hemos dicho, pero bastantes por sus méritos para su eterna fama.

(Antología de los mejores poetas castellanos, Rafael Mesa y López. Londres: T. Nelson, 1912.)

 

Selección de poemas

Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
 contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
 tan callando;
   cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
 da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo pasado
 fue mejor.

                    II

   Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
 e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
 por pasado.
  Non se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
 lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
 por tal manera.

                    III

   Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
 qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
 e consumir;
   allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
 e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
 e los ricos.

            INVOCACIÓN

                    IV

   Dexo las invocaciones
de los famosos poetas
 y oradores;
non curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
 sus sabores.
   Aquél sólo m'encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
 de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo non conoció
 su deidad.

                    V

   Este mundo es el camino
para el otro, qu'es morada
 sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
 sin errar.
   Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
 e llegamos
al tiempo que feneçemos;
assí que cuando morimos,
 descansamos.

1.  VIDA Y OBRA DEL AUTOR.

    Vida.

     Sin duda alguna, Jorge Manrique es uno de los nombres más insignes de la literatura española medieval. En su breve existencia logró un perfecto equilibrio entre las actividades militares y la contemplación poética. Nacido de Paredes de Nava hacia 1440, perteneció a un noble linaje castellano, el de la familia Manrique. Es el cuarto hijo de don Rodrigo Manrique, conde de Paredes, y de doña Mencía de Figueroa, descendía por su abuela paterna, doña Leonor de Castilla, de la estirpe real de los Trastámara, y por su madre, prima del marqués de Santillana, estaba entroncado con el potentísimo linaje de los Mendoza.

     A lo largo del reinado del último Trastámara, el rey don Enrique IV, se desarrolla su carrera militar a ritmo rápido: Caballero de la Orden de Santiago, Comendador de la villa manchega de Montizón, Trece Santiaguista. Es harto sabido que la figura de su padre se impuso en don Jorge, tanto en vida como después de la muerte, con la fuerza de un modelo ejemplar. Así pues, participó al lado de su padre en los incesantes conflictos que dividieron a la aristocracia castellana en dos bandos.

     Si de su padre, don Rodrigo Manrique, recibió la formación caballeresca es probable que de su tío, el poeta Diego Gómez Manrique, recibiera la formación poética.

     Tres años escasos sobrevivió don Jorge a su padre, cuya orientación política siguió peleando en favor de doña Isabel. En 1479 murió a consecuencia de las heridas recibidas en el asalto del castillo Garci Muñoz.

     Jorge Manrique se había casado hacia 1470 con doña Guiomar de Castañeda, hija del conde de Fuensalida, y de doña María de Silva. De este matrimonio nacieron Luisa y Luis, éste heredó la encomienda de Montizón y el título de Trece de Santiago. No dejó descendencia conocida.


    Obra.

     Bien es sabido que Jorge Manrique no alcanzó la gloria de la fama por sus hazañas militares sino por la composición de Coplas por la muerte de su padre, en las que, eso sí, evoca sus empresas bélicas y exalta la valentía y el vigor moral del guerrero. Y es que, a decir verdad, vida y poesía van de la mano en la trayectoria manriqueña. Así pues, la creación cancioneril reaviva los tratos cortesanos que habían dejado huella en la memoria histórica.

     Es frecuente establecer una división de la obra manriqueña en tres subgéneros poéticos distintos (amoroso, burlesco y doctrinal).

     POESÍA AMOROSA.

     La poesía amorosa manriqueña no aporta originalidad y se inserta en la corriente del amor cortés, tal como había sido concebido por los provenzales. Para el poeta cortesano, el amor es el eje de la existencia: alabar a la dama y servirla es el constante ejercicio al que se consagra el enamorado; frecuentemente la señora pertenece a un estado social más alto y la pretensión del amante se convierte en auténtica osadía. Crea una poesía amorosa sin un sentimiento sincero, a partir de los tópicos del amor cortés. El poeta profesa una verdadera religión de amor, cree firmemente en el Dios de Amor y es consciente de que la plenitud amorosa sólo llega con la muerte, donde se halla el supremo bien. Después de divinizar el amor, Jorge Manrique lo proclama «señor», en el sentido en que la sociedad medieval se da la relación de señor y súbdito. Así, el amante ha de servir a su amada de un modo paralelo al del servicio caballeresco feudal: amar es servir.

     En la poesía amorosa manriqueña se refleja una de las constantes de su vida: la guerra. El amor se funde con imágenes medievales castrenses y se expresa con un léxico belicoso (fuerza, rabia, amenazas, herir, combatir,...). Castillo de amor es toda una alegoría de la vida guerrera, tan familiar para Manrique, en la que el enamoramiento se representa como el asalto a una fortaleza (entendida como ciudadela y virtud). Eso mismo ocurre en otro de sus poemas, Escala de amor.

     POESÍA SATÍRICA.

     Jorge Manrique compuso tan sólo tres poemas burlescos en los que nunca llegó a la sátira feroz y encarnizada. En el primer poema burlesco, A una prima suya que le estorbaba unos amores, el poeta juega con el doble sentido de la palabra «prima», cuerda para tañer y pariente, refiriéndose al mal servicio que le hacía una prima suya en unos amores y al desconcierto que produce en el instrumento una prima mal templada. La segunda composición, Coplas a una beoda que tenía empeñado un brial en la taberna, es la más conocida por lo jocoso del tema: se dirige a una mujer borracha que empeña su manto o brial para poder seguir bebiendo. El último poema burlesco, Un convite que hizo a su madrastra, es el más extenso de los tres y fue escrito probablemente en 1476. En él hace un retrato esperpéntico de un banquete dedicado a doña Elvira. Este poema deja patente el poco respeto que doña Elvira despertaba en su hijastro Jorge Manrique.

     POESÍA MORAL.

     Se incluyen en este grupo las cuarenta coplas dobles dedicadas a la muerte de su padre, compuestas en el último tercio del siglo XV. Si Coplas por la muerte de su padre ocupa un lugar privilegiado en la historia de la cultura hispánica no es porque aborde un tema que es omnipresente en la cultura medieval castellana: la muerte, sino por el peculiar tratamiento que hace de dicho tema. Jorge Manrique prescinde de la pomposidad y el engolamiento propios en los poemas elegíacos de aquella época para dar una sensación de intimidad. Si observamos estrofa por estrofa comprobaremos que a diferencia de lo que ocurre en Danza de la Muerte, en las Coplas no hay ninguna descripción sobre la descomposición del cuerpo humano. Manrique considera a la muerte como un personaje, se reduce casi a una voz interior y mantiene un diálogo con don Rodrigo. Otra alteración del esquema tradicional es la utilización que hace del tópico «ubi sunt», no para evocar las glorias antiguas de personajes lejanos sino para presentar la fugacidad de unos rasgos esenciales que son conmovedores porque los sitúa en un pasado inmediato. Sin embargo, la mayor nota de originalidad está en concebir la muerte como parte integrante de la vida. La lectura de las Coplas nos induce a reflexionar sobre el sentido de la vida.

     Están escritas en pie quebrado y se observa una organización en tres partes simétricas:

  • de la I a la XIII reflexiona sobre la muerte en abstracto.

  • XIV-XXIV. Visión más concreta de la muerte presentándonos un desfile de ilustres personajes históricos.

  • XXV-XL. Individualización de la muerte con el caso de su padre. Incluye el elogio de virtudes naturales y el diálogo de la muerte con don Rodrigo.

  •      Si bien el punto de partida de las Coplas es un hecho concreto: la muerte de don Rodrigo Manrique, padre del poeta, lo que hay en estos versos va más allá de una mera representación universal de la muerte. Estos versos nos invitan a una reflexión melancólica sobre lo que ha sido, lo que ya no es y no podrá volver a ser; a asumir la fugacidad como algo inherente a la vida misma y como aquello que la dota de belleza. El profundo amor a la vida es lo que Jorge Manrique nos transmite a través de las Coplas.

    http://cervantesvirtual.com/bib_autor/00000523.shtml