John Stuart Mill

Economía. Economista inglés. Siglo XIX. Ley de Mill. Biografía. Obra

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JOHN STUART MILL

Filósofo y economista británico, nació en Londres en 1806 y murió en Aviñón en 1873.

J.Stuart Mill sólo tuvo como preceptor a su padre, James Mill (1773-1836), quien se esforzó en inculcarle la disciplina rigurosa del filósofo Bentham.

Esta misma rigidez constituyó la fuente de una crisis intelectual que Mill explica en su Autobiografía: sumergido en una especie de “atonía emocional”, llegó a sentirse totalmente indiferente a todo lo que hasta entonces le interesaba. Atribuyendo esta reacción a un exceso de análisis, descubrió la importancia del sentimiento inmediato, de su originalidad cualitativa. Lector atento del poeta Wordsworth, supo aprovechar las lecciones de S. T. Coleridge para poner al desnudo verdades insospechadas por los utilitaristas.

El pensamiento de Stuart Mill tiene su origen en el empirismo de Hume: considera que la asociación de ideas es el fenómeno psíquico fundamental. Los principios primeros son asociaciones de ideas convertidas en constantes por el hábito, que pierden así todo valor metafísico. Sobre este fondo de asociacionismo debe ser juzgada la lógica de Stuart Mill.

Stuart Mill Economista

Desde 1848, Stuart Mill fue el principal representante de la economía política clásica.

En su A System of Logic, Ratiocinative and Inductive (lógica, 1843), John Stuart Mill reconoció que Auguste Comte, al formular la ley, “de los tres estados”, estableció los principios de una “ciencia general de la sociedad”, consagrada a la observación de los hechos sociales; pero, al lado de esta disciplina descriptiva, había sitio para una ciencia deductiva en la que la economía política sería una de sus partes. Mill fue uno de los primeros autores que sistematizó el objeto de la economía política.

Pero tropezó en seguida con un problema que expuso con franqueza: pretender establecer leyes generales en el seno de una sociedad que constantemente se va modificando. Respondió a esta objeción diciendo que se puede llegar a tener en cuenta las modificaciones de la sociedad y aplicar a cada caso particular las enseñanzas de la economía política, especie de ciencia eterna y general. “Quien conozca la economía política, especie de ciencia eterna y general. “Quien conozca la política de Inglaterra conoce la economía política actual o posible, de todas las naciones, con tal que tenga buen sentido para que no espere obtener la misma conclusión a partir de premisas diferentes.”. Afirmación que contrasta con la que podría formular el historiador, para el cual, por el contrario, la historia relata unos hechos que no se reproducirán jamás. En el fondo, Stuart Mill tomó a la inversa la historia, e incluso llegó a “una negación real de la historia”. Pero su óptica le dio una gran confianza con respecto a la economía política, que se expresa notablemente en sus Principios de Economía Política.

Stuart Mill estaba, puede que inconscientemente, influido por el sistema jurídico y social de su época: para él, y durante bastante tiempo, la economía debería ocuparse de las “condicione de existencia y progreso propios de una sociedad fundada en la propiedad particular y la competencia de los individuos”. Su ciencia económica se desplega en un decorado construido sobre el fundamento de la propiedad privada. Pero Mill creyó que el modelo que describió era válido para todos los tiempos y lugares; no obstante, no puede dejar de ver los males que padece el capitalismo, ni el problema de la depauperación; se esforzó por otra parte en dar una explicación a estos males.

Como soluciones, recomienda, en primer lugar, que las sociedades avanzadas limiten el crecimiento demográfico mediante el control de natalidad, pues se trata, ante todo, de elevar el nivel de vida por habitante. Se encuentra aquí un resurgimiento del maltusianismo. La asociación capital-trabajo y la cooperativa de producción aparecen, por otra parte, como soluciones que conviene fomentar. Pero el remedio mas curiosos reside en una sociedad que había llegado a un estado estacionario, es decir, a un punto en que la masa de capital había cesado de aumentar. Mill comprobó además que la caída de las tasas de beneficios es automática y conduce a las sociedades occidentales a un punto en el que el proceso de acumulación de capital se detiene al desaparecer el motivo mismo de esta acumulación.

Un partidario del crecimiento “cero”

“No puedo experimentar -escribió Stuart Mill- por el estado estacionario de los capitales y de la riqueza esa aversión sincera que se manifiesta en los escritos de economistas de la vieja escuela. Creo que sería preferible a nuestra situación actual. Confieso que no me seduce especialmente el ideal de vida que nos presentan los que creen que el estado normal del hombre es el de luchar sin fin para salir adelante, que esta contienda donde se pisotea, donde se dan codazos, donde se destruye, donde se anda pisando los talones y que es el modelo de la sociead actual, sea el destino más deseable para la humanidad, en lugar de ser simplemente una de las fases desagradables del progreso industrial”.

Keynes y Schumpeter demostraron que no se podía concebir un sistema capitalista estacionario. La posición de Stuart Mill fue, en este sentido, difícil de sostener, pues optó de alguna manera por un compromiso: Mill deseaba conservar el capitalismo, parando el crecimiento, deteniendo el desarrollo de las fuerzas productivas.

La teoría de Stuart Mill concerniente a la determinación de los términos del intercambio entre dos países es más sólida. Para Stuart Mill, los términos del intercambio dependen de la importancia, en cada país, de la demanda de productos nacionales formulada por los otros países: en otros términos, la demanda que existe en cada país de los productos del otro.

Esto es lo que se ha denominado la ley de Mill, cuya importancia, con el paso del tiempo, se ha demostrado muy limitada.

Principales obras de Stuart Mill

  • Lógica, 1843.

  • Ensayos sobre algunas cuestiones no tratadas de política económica, 1844.

  • Principios de economía política, 1848.

  • Consideraciones sobre el gobierno representativo, 1861.

  • Examen de la filosofía de Sir William Hamilton, 1865.

  • Augusto Comte y el positivismo, 1865.

  • Inglaterra e Irlanda, 1868.

  • Autobiografía, 1873.