John Ronald Reuel Tolkien

Literatura universal contemporánea del siglo XX. Narrativa fantástica y la novela maravillosa. Vida y obras. Estilo literario. Críticas

  • Enviado por: Jorge Lembach
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 26 páginas
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Instituto Presidente Errázuriz

Trabajo de Investigación sobre

John Ronald Reuel Tolkien

(John Ronald Reuel Tolkien)

Introducción

A lo largo de este trabajo analizaremos la vida y obra de uno de los más grandes cultores del género maravilloso, John Ronald Reuel Tolkien, quien a lo largo de su creación artística ha desarrollado un nuevo mundo, un universo mágico que desafía nuestra credibilidad.

Esperamos cumplir la misión que nos hemos propuesto, y no dejar a nadie defraudado.

El Autor.

Biografía

SUS PRIMEROS AÑOS

El 3 de enero de 1892 nace John Ronald Reuel Tolkien en la ciudad de Bloemfontein (Sudáfrica), hijo del prestigioso gerente de banco Arthur Reuel Tolkien y Mabel Suffield (de los Suffields de Evesham). Dos años después nace su hermana menor, Hilary.

En 1895 parte con su madre y su hermano a Inglaterra, dejando a su padre en Sudáfrica, quien muere un año más tarde.

En 1904 muere su madre a causa de la diabetes. En ese entonces, Ronald estudiaba en la Escuela King Edward's.

En 1908, Ronald conoce a Edith Bratt, romance que luego descubre el Padre Francis Morgan, mentor y tutor de Ronald, quien en 1910, le prohibe que se sigan viendo. Este mismo año, Ronald gana una beca para el Exeter College de Oxford.

LOS AÑOS EN OXFORD Y LA T.C.B.S

En 1911, se forma la T.C.B.S, un grupo de amigos llamado Tea Club, que se reunían a tomar el té en Barrow's Stores, y por lo que se le conocía al grupo con esas cuatro iniciales. El grupo varió poco, pero al final se definió un núcleo integrado permanentemente por Tolkien, Christopher Wiseman, R.Q. Gilson y más tarde, Geoffrey Baceh Smith. Ese mismo año, Ronald comienza a estudiar en la Exeter College de Oxford lengua y literatura inglesas, graduándose cuatro años más tarde, con honores de primera clase.

El 22 de marzo de 1916, se casa con Edith, a quien había vuelto a ver desde tres años antes. Edith fue a vivir a Great Haywood, mientras que Ronald se embarcó a Francia como subteniente del 11º batallón de los Lancashire Fusiliers y sirve como oficial de señales de batallón. En noviembre de ese mismo año vuelve a Inglaterra, enfermo de "fiebre de trincheras". En esa guerra, murieron dos compañeros de la T.C.B.S, Smith y Gilson, y con eso, la sociedad llegó a su fin.

EL COMIENZO DE UNA MITOLOGÍA

Mientras se recuperaba en Great Haywood, Tolkien comenzó a escribir “El Libro de Los Cuentos Perdidos”, donde escribió toda la mitología que desde hace años había concebido, inspirada en viejas leyendas finesas y nórdicas, como el “Kalevala” y la historia de “Kullervo”; libro que más tarde se convertiría en “El Silmarillion”.

En 1917, nace su hijo mayor, John.

Al siguiente año vuelve a Oxford, y en 1919 comienza a trabajar como tutor free lance.

En 1920, es designado Lector de Lengua Inglesa de la Universidad de Leeds, donde se establecen al siguiente año con su familia. Nace su segundo hijo, Michael.

En 1922, Tolkien y E.V. Gordon comienzan a trabajar en su edición de Sir Gawain and the Green Knight

Dos años después, Tolkien es designado profesor de Lengua Inglesa en la Universidad de Leeds. Nace su tercer hijo, Christopher; quien se convertiría en su más fiel seguidor y heredero literario.

En 1925, Tolkien vuelve a Oxford y se establece en Nortmoor Road, para iniciar su trabajo de profesor de Anglosajón de Rawlinson y Bosworth.

En 1929, nace su hija Priscilla.

APARECEN LOS HOBBITS

En 1930 Tolkien empieza a escribir El Hobbit, el cual fue aceptado para su publicación seis años más tarde, y por fin en el otoño de 1937 es publicado por Allen & Unwin.

Como recomendación por el gran éxito de El Hobbit, Tolkien comienza a escribir su continuación, que luego se convertiría en El Señor de Los Anillos.

En 1949, completa su gran obra, y es publicado uno de sus cuentos, Egidio, el granjero de Ham

En 1954, son publicados los dos primeros volúmenes de El Señor de Los Anillos, y un año más tarde, el tercero.

En 1959, Tolkien se retira de su cátedra.

En los siguientes años, se publicaron otras de sus obras, cuentos cortos y algo "aislados" de su obra primordial: Las aventuras de Tom Bombadil, en 1962; Árbol y Hoja, En 1964, y El herrero de Wootton Major, en 1967.

LOS ÚLTIMOS AÑOS

En 1968, los Tolkien se establecen en Lakeside Road, Poole. Tres años más tarde, muere Edith Tolkien en noviembre, a la edad de ochenta y dos años. Un año después, en 1972, Tolkien vuelve a Oxford, donde la Universidad de Oxford le otorga un Doctorado Honorario en Letras.

En 1973, Ronald muere en una clínica el 2 de septiembre, a la edad de ochenta y un años.

Y si alguien visita el cementerio de Wolvercote en Oxford, atravesando varias hectáreas de sepulcros, hasta la zona donde sepultan a los feligreses católicos, encontrará una losa de granito Cornualles gris, donde puede leerse la inscripción:

Edith Mary Tolkien, Lúthien, 1889-1971. John Ronald Reuel Tolkien, Beren, 1892-1973.

Obras

El Hobbit ("The Hobbit")

Su primera obra conocida en todo el mundo, que surgió como un cuento para niños; supuestamente independiente del mundo y de la mitología que había creado, pero que en última instancia, tuvo cabida en la historia de la Tierra Media. "El Hobbit” o “Historia de Una Ida y Una Vuelta" incursionó en el mundo literario con la aparición del simpático hobbit Bilbo Bolsón (Baggins), quien se lanza a una emocionante aventura con un grupo de enanos exiliados y el reconocidísimo mago Gandalf, en busca del tesoro de los enanos de Erebor, y la restauración del Reino Bajo la Montaña.

El Señor de Los Anillos ("The Lord Of The Rings")

La gran Obra de Tolkien, que nació como una continuación de “El Hobbit” (sugerida por Allen & Unwin), tras el rotundo éxito que ésta fue. La historia épica recoge ahora sí muchos de los aspectos mitológicos de la cosmogonía creada por Tolkien años atrás, y los evoca a lo largo de las aventuras de los hobbits y la comunidad del anillo como recuerdos de épocas pasadas.

La obra, separada en tres extensos volúmenes, narra la historia de la destrucción del Anillo Único, posesión del Señor Oscuro, ahora en manos de Frodo Bolsón, quien lo recibió de Bilbo, quien a su vez encontró el anillo mágico en una de sus aventuras narradas en "El Hobbit". El primer volumen "La Comunidad del Anillo” (“The Fellowship of the Ring)", narra el viaje de Frodo y sus amigos hobbits a Rivendel, donde se determina que la compañía del anillo - formada por los cuatro hobbits Frodo, Sam, Merry y Pippin; el elfo Legolas; el enano Gimli; Boromir, el príncipe de Gondor; y Aragorn, montaraz y heredero de los reinos de Arnor y Gondor; y el poderoso mago Gandalf - debe ir a la Tierra de Mordor, territorio de Sauron, el Señor Oscuro, a destruir el anillo en las grietas del Monte del Destino, donde fue forjado.

El segundo volumen "Las Dos Torres” (“The Two Towers)", narra las aventuras de los diferentes miembros de la comunidad, una vez disuelta, y los preparativos para la gran Guerra sostenida entre Gondor y las huestes enemigas de Mordor, comandadas por los temibles espectros del anillo, también llamados Nâzgul. El tercero y último, "El Retorno del Rey” (“The Return Of The King") narra la terrible guerra del anillo, sostenida en las tierras adyacentes a Minas Tirith, la gran fortaleza de los hombres; y la destrucción del anillo en el monte del destino, tras una larga y penosa travesía de Frodo y Sam por la Tierra Tenebrosa.

“El Señor de Los Anillos”, es, según las mismas palabras de Tolkien, una historia de Hombres, en la que los elfos tienen poca (por no decir nula) participación, pues su fin en esta tierra ha llegado.

“El Silmarillion”("The Silmarillion")

La gran obra de Tolkien, donde reúne toda la mitología y cosmogonía de la Tierra Media, obra que no fue publicada hasta 1976, cuando Tolkien ya había fallecido. Christopher, tercer hijo de J.R.R. Tolkien, ha reunido en un solo libro, los extensos manuscritos que Tolkien escribiera desde los dieciocho años sobre la Tierra Media y su mitología.

El libro se divide en varias partes: El Ainulindale y el Valaquenta, una especie de Génesis, en el que se narra cómo los Poderes del Mundo o los Ainur, conciben el mundo con su música, y van forjando la Tierra: Arda.

El Quenta Silmarillion es una historia de Elfos, en la que se narra su historia desde su éxodo hacia el Oeste, donde se forjan los Silmarils, gemas de inmensa hermosura, que atrapan la luz de los Dos Árboles de los Valar, luz incluso más pura y antigua que la del Sol y la Luna; gemas que serían robadas por Melkor, el Poder Oscuro de Arda, y que los Noldor (una importante raza de elfos) han jurado recuperar a cualquier costo.

Con este incesante propósito, transcurre la historia de los elfos en Beleriand, un amplio territorio al noroeste de la Tierra Media, donde edifican grandes reinos de hermosura sin par: Gondolin, Nargothrond, Menegroth... reinos que, así como grande fue su magnificencia, grande fue también su caída.

Pero también los hombres y los enanos participan en esta historia, aunque en menor escala, luchando contra las fuerzas del mal, encabezadas por los peligrosos Dragones, los aterradores Balrogs, y las grandes huestes de orcos.

“Las Aventuras de Tom Bombadil” ("The Adventures Of Tom Bombadil")

Es una colección de poemas sobre este enigmático y a su vez divertido personaje, quien aparece al comienzo de la larga travesía de Frodo y sus compañeros en "El Señor de Los Anillos", y sobre otras historias hobbits.

La mayoría de estos poemas fueron escritos entre 1920 y 1930, aunque el libro no se llegó a publicar hasta 1962.

“Egidio, el Granjero de Ham” ("Farmer Giles of Ham")

Esta breve narración, publicada en 1949, es otra historia de un auténtico antihéroe... quien, como Bilbo en "El Hobbit" o Frodo en "El Señor de Los Anillos", pasa de ser un hombre común, a rey, por los azares de una aventura.

Árbol y Hoja” ("Tree And Leaf")

Este libro, publicado en 1964 contiene su ensayo "Sobre los cuentos de hadas", el breve cuento "Hoja de Niggle” (“Leaf By Niggle)", en el que Tolkien narra la historia del artista Niggle, de su vida y su muerte, y en el que Tolkien plasma su pensamiento sobre su propia obra subcreativa, y su concepción sobre la subcreación en vida (en su caso, sus ideas sobre Tierra Media), y sobre la realidad que tiene dicha subcreación en el estado después de la muerte; y el poema "Mitopoeia", sobre los mitos.

“El Herrero de Wootton Mayor” ("Smith of Wootton Major")

Otro cuento tardío de Tolkien (publicado en 1967), narra, como especie de Autobiografía, la historia de El Hijo del Herrero, quien se traga una estrella mágica que lo lleva al mundo de Fantasía (como Tolkien viaja en su imaginación a las tierras misteriosas de la Tierra Media), pero ahora sentía que se aproxima el final, y considera que debe entregar a otro su estrella, su propia inventiva.

Como admite el mismo Tolkien, su obra no es una alegoría, pero sí existe un contenido alegórico de la Iglesia y el Pastor, y un sentido personal en la narración.

“Los Cuentos Inconclusos” ("The Unfinished Tales")

Los Cuentos Inconclusos es otra recopilación de manuscritos de Tolkien, que no tuvieron cabida en el Silmarillion, e ilustran con más detalle algunos pasajes de la Primera, Segunda y Tercera Edad de la Tierra Media.

En "I. La Primera Edad" se narra la Historia de Tuor y su Llegada a Gondolin y La Historia de Los Hijos de Húrin.

En "II. La Segunda Edad" se narra sobre la isla de Númenor, la Atlántida Tolkiniana, y sobre la Línea de Elros, Reyes de Númenor.

En "III. La Tercera Edad" son narrados algunos acontecimientos aislados que ocurrieron en dicha época, como el Juramente de Cirion y Eorl, La Batalla de Los Campos Gladios, La Búsqueda de Erebor, y la Batalla de los Vados de Isen.

En "IV. Los Drúedain, Los Istari y Los Palantiri", se recogen aspectos sobre los drúedain, los hombres salvajes que habitan unos reducidos territorios de Gondor, Los Istari, raza de los enigmáticos, pero poderosos magos, como Gandalf el Gris, y Saruman el Blanco; y Los Palantiri, aquellas piedras de antaño que los hombres de Gondor utilizaban para comunicarse a distancia.

“El Libro de Los Cuentos Perdidos 1”("The Book of Lost Tales 1")

Es la forma original como se llamaban a los manuscritos predecesores de El Silmarillion, y en el que se cuenta la historia de la Creación de Arda, según la oyó Eriol en la Isla Solitaria, de boca de los elfos. Aunque existe para cada cuento una cantidad de manuscritos y revisiones, Christopher Tolkien logró ordenarlos de modo que se pudiera ver la evolución de lo que su padre concibió en primer término y lo que quedó en el Silmarillion.

“El Libro de Los Cuentos Perdidos 2”("The Book of Lost Tales 2")

Continuando con la serie, narra las primeras versiones de los cuentos de Beren y Lúthien, de Turámbar y el Foaloke (Túrin Turambar), de la Caída de Gondolin, y el Viaje de Earendel (Earendil).

Aunque fueron muchos los cambios que sufrieron estos cuentos, hay mucho detalle que ilustra mejor el reducido material que llegó hasta el Silmarillion.

“Las Baladas de Beleriand” ("The Lays Of Beleriand")

Es una gran obra poética, en la que se recopilan algunas baladas de la primera edad, de las cuales la más importante es la Balada de Leithian, que narra la historia completa de Beren y Lúthien, una de las más bellas historias de los Elfos.

“La Formación de la Tierra Media” ("The Shaping Of Middle Earth")

Un libro donde se narran algunos pasajes de la Tierra Media en sus inicios: Cómo se formó en un principio, algunas versiones de los Anales de Beleriand, los primeros mapas de Arda (Tierra Media y las Tierras Imperecederas), y algunos pasajes de las últimas versiones de "El Silmarillion".

“El Camino Perdido” ("The Lost Road")

El Retorno de la Sombra ("The Return Of The Shadow")

La Traición de Isengard ("The Treason Of Isengard")

La Guerra del Anillo ("The War Of The Ring")

Estas obras son una recopilación de Christopher Tolkien, de los manuscritos originales de "El Señor de Los Anillos", propiedad de la Universidad de Marquette, en la que se narra cómo fue la evolución de esta magna obra... Desde lo que se comenzó a escribir como una obra de hobbits, al cotidiano estilo de "El Hobbit", hasta lo que llegó a ser una gran obra épica de Hombres, de un estilo más arcaico y serio.

“The Road Goes Ever On: A Song Cycle”

El Libro es una colección de canciones, compuesto por él mismo y Donald Swann, del cual se lanzó incluso una grabación discográfica, en la que se puso música a las canciones de la Tierra Media, y en la que Tolkien mismo narra algunas de sus obras.

“Sauron Derrotado” ("Sauron Defeated")

Es una galería de pinturas y dibujos hechos por el mismo Tolkien, y que aparecieron en las primeras ediciones de "El Hobbit", y en algunos calendarios.

“Cartas de J.R.R. Tolkien” (“Letters of J.R.R. Tolkien”)

Es una recopilación, hecha por Humptfrey Carpenter y Christopher Tolkien, de las más importantes cartas que Tolkien escribió a lo largo de su vida, a familiares, editores, y sobre todo, a gente común que le hacía preguntas sobre su obra.

En estas cartas se puede descubrir más sobre el mundo y pensamiento de Tolkien, que lo que se puede leer en sus obras.

“Las Cartas de Papá Noel” (“The Letters Of Father Christmas”)

Es la recopilación de las cartas que Tolkien escribió y adornaba con dibujos, para desear feliz Navidad a sus hijos, a su peculiar estilo de inventar historias cada año, para una Navidad diferente.

“El Señor Bliss” (“Mr. Bliss”)

Es un corto cuento infantil que Tolkien escribió y adornó con pinturas. Tolkien era muy aficionado a los cuentos infantiles, y los inventaba para divertir a sus hijos, aunque sólo éste fue publicado.

Estilo General

Al examinar la obra de Tolkien, lo primero que salta a la vista es la utilización que se le da como método de escape de la realidad, que va cada vez más quitando lo natural a nuestro entorno.

A lo largo de toda su obra, Tolkien va creando un universo nuevo, toda una cosmogonía que sólo viene a tener existencia de la mano de su creador. En ella, todo tiene un aire fundacional, muy cercano a los orígenes. Todo tiene aspecto antiguo, pero a veces sin serlo: se trata de un cambio de perspectiva, que Tolkien logra con maestría incomparable.

En este universo cada suceso tiene una profundidad histórica tremenda: todo está ligado a algo que pasó hace mucho tiempo atrás, todo está encadenado.

Aquí se nota el carácter épico de sus creaciones, en que todo va encaminado al cumplimiento de una misión, que se encadena con otra y otra, todo tendiente a la consumación de un destino que va cambiando constantemente.

Paradójicamente, todos los personajes que Tolkien destina para el cumplimiento de la misión, en que se compromete todo el universo, son verdaderos antihéroes: son sacados de pronto de su realidad tranquila y son enviados a salvar el mundo. No tienen conciencia de sus capacidades, sin embargo, al llegar el momento crucial generalmente salen airosos de su labor.

Desde el principio hasta la última página de la obra de Tolkien se nota la semejanza con la providencia divina. Tolkien juega a ser dios, y determina los destinos de todos sus personajes. Esto no tendría nada de particular, considerando que la mayoría de las novelas se rigen por esta premisa, sin embargo, la relación primordial se nota en la estructura de sus novelas, partiendo por el “Silmarillion” y su cosmogonía tan semejante a la bíblica, llegando al “Señor de los Anillos”, en que la redención de toda la humanidad queda encargada a una persona, aparentemente débil, luchando contra una fuerza maligna que finalmente es derrotada.

Una lectura más concienzuda y técnica de las obras de Tolkien podría mostrarnos algunas de sus debilidades, por ejemplo, la pobre descripción de las expresiones de los rostros: Todo se queda en “ojos brillantes” o “tez clara”, pero no hay nada más allá de eso, a diferencia de la descripción de la luz: todo es luz, de plata, de oro, del sol, de la luna, todo es muy rico en descriptivas luces, amén de ciertos momentos en sus narraciones toman el curso tedioso de la descripción acuciosa de los paisajes, de los viajes (muchas veces excesivos), etc.

Sin embargo, todo lo anterior no es nada, en comparación con el genio inventivo de su escritor, que fue capaz de crear en transcurso de su vida lo que muchos pueblo demoran miles de años en hacer. Por ejemplo, en este momento, el arquetipo del mago es Gandalf, y todo aquel que practique su noble oficio es comparado con él; pero el mito de Merlín tomó más de mil años en ser creado, y por todo una nación.

De modo que aunque los defectos de Tolkien y su obra puedan ser incontables, nunca sobrepasarán a las bondades de su literatura.

Referencias Críticas

  • El padre de los hobbits

  • Tolkien, un destacado filólogo y reconocida autoridad en mitología escandinava, es uno de los fenómenos literarios más sorprendentes de este siglo. A pesar de su escasa productividad literaria -producto de su desorganización y pereza -, le bastó “El señor de los Anillos” para transformarse en un escritor de categoría. Hasta el momento de su muerte, en septiembre de 1973, la venta de esta publicación le reportó más de US$4 millones y ya en 1977 estaba traducido a más de doce idiomas. Actualmente sólo en Gran Bretaña se venden más de cien mil ejemplares al año. Pero a su autor le tomó por sorpresa el enorme entusiasmo que convirtió a este libro en un verdadero culto. En 1967 lo asediaban fabricantes de juguetes, jabones, compañías de cine y otras empresas que querían capitalizar la locura por sus personajes mitológicos. Él rechazaba todas las proposiciones. En estados Unidos e Inglaterra se formaron agrupaciones con sus miles de admiradores, los que incluso realizaron diversas fiestas de disfraces para celebrar el cumpleaños de los seres mágicos creados por Tolkien: Bilbo, Frodo y Gandalf, entre otros.

    Daniel Grotta; revista Qué Pasa, 5-x-1992.

  • Del reino Tolkien

  • Tolkien creó un lenguaje y una civilización ficticia. Para algunos, su gran mérito es que logra dar vida a espacios y mundos de tal modo que la literatura contemporánea de ficción está influida, de una u otra forma, por lo que él escribió: “Aparentemente es una aventura épica, pero hay en ella una variedad infinita de personajes, ricos es detalles y pasiones que luchan a favor del bien o del mal. El bien es presentado por Tolkien, encarnado en varios personajes, como si fueran islas. El mal, en cambio, es encarnado por una gran fuerza unitaria. Sin embargo, esto que pareciera ser desalentador, adquiere otro matiz al comprobar que al destruirse la cabeza del mal, todo su poder decae. Por el contrario, aunque uno de los personajes del bien sea destruido, siempre habrá una esperanza, una isla que sobreviva y dé la pelea. Su riquísima descripción está completamente al servicio de la acción, lo que la vuelve efectiva”.

    Llovet postula que el culto a Tolkien se debe al universo que creó, y no al subtexto de su obra: “Lo que Tolkien deja ver a primera vista es lo que importa. Siempre es posible encontrar cosas nuevas, personajes o aspectos que uno se había saltado. La riqueza de este universo es lo que transforma su público en fanáticos. Por ello, gran número de artistas plásticos se inspiran en él para crear sus personajes. Y por ello, Tolkien es Tolkien”.

    Actividad cultural; El Mercurio, 30-x-1995.

  • J.R.R. Tolkien y su cosmovisión mágica.

  • El primer rasgo que sorprende al lector de Tolkien es su excelencia narrativa. Pero ésta es una materia reservada a doctos críticos, vedada para simples lectores impresionables con el episodio particular e incapaces de entender el valor total de la obra. Como única intromisión, valga anotar la notable fuerza épica del relato tolkeniano, prácticamente desaparecida en una literatura que tiende a ser neutralmente paisajista.

    El mundo creado por Tolkien sorprende por su minuciosa complejidad. En una época que se caracteriza precisamente por huir pavorosamente de la dificultad, un escritor nacido en los confines de África, decide consagrar su impresionante capacidad creativa sólo a una gran obra. En efecto, desde “El hobbit” (1937) hasta los textos inacabados publicados después de su muerte, la fantasía creada por Tolkien parece referirse a un único gran universo, completo y rico en su sólida evocación a un pasado posible. En esta última materia, no es difícil concordar la inspiración creada y su relación con un serio estudioso de la lengua anglosajona de la Universidad de Oxford.

    En este orden de cosas, es claro que la creación de Tolkien recoge con extraordinaria fuerza y verosimilitud el mundo mitológico de los pueblos celtas que poblaron en la antigüedad el territorio insular británico. Los rastros de la historia medieval inglesa no son difíciles de encontrar. Por lo pronto, la perífrasis “El señor de los Anillos”, utilizada como título de la obra nuclear de Tolkien, es posible descubrirla en poemas del medioevo inglés y en epopeyas germánicas en relación con la persona del rey. Otros recursos, como el agua de la espada (sangre) y el camino de las velas (mar), del mismo origen, también son ubicables dentro de la fantasía del escritor. Asimismo, el ancestral amor élfico hacia el mar no puede dejar de vincularse al espíritu del desconocido poeta medieval inglés que escribió “El Navegante”, ni la lectura de “La Batalla de Maldon y Beowulf” separarse de los momentos más intensos de la aventura de Frodo y Sam o de la gesta heroica de los jinetes de la Marca.

  • El mundo total de Tolkien

  • La proeza de haber creado narrativamente un cosmos completo es mucho más impresionante si se piensa en la manera de escribir de Tolkien, quien no inventó primero ese cosmos para luego aplicarlo a una novela, sino que opero más bien al revés. Por ejemplo, el mundo de los hobbits y la novela “El hobbit” se originaron cuando, casi distraídamente, Tolkien escribió en una hoja en blanco: ”En un agujero de la tierra vivía un hobbit”. Sólo después de la invención de la palabra se puso a averiguar qué eran lo hobbits. Primero inventó a Aragorn sin saber cuál sería su protagonismo en la novela; el rol -esencial- vino después. Y más aún: primero inventó como filólogo un idioma completo, el élfico, y sólo en una segunda instancia comprendió que el lenguaje presupone una mitología que lo justifique, y se puso a inventarla. No puede darse una estructura más poética que esta: primero el idioma, luego su mitología inmanente, luego la historia posterior a esa mitología.

    Tampoco es simple crear la mitología completa de un mundo propio y autosuficiente: los relatos arquetípicos del tiempo mítico previo al nacimiento de cualquier civilización histórica. El punto inicial de los mitos es, por supuesto, una cosmogonía: la invención de los orígenes del universo, la creación del mundo por Ilúvatar, el nombre élfico de Dios. Luego vienen los demás mitos anteriores al tiempo, y por último una historia de miles de años antes de llegar a los hechos narrados. Esta circunstancia explica un grandioso atributo de “El Señor de los Anillos”: el efecto de profundidad histórica de cada acontecimiento. Todo lo que sucede en la novela incorpora como parte de sí mismo una larga historia anterior, a veces explícita, casi siempre implícita, que resuena en el suceso cargándolo con la misteriosa y eficaz resonancia de un pasado remoto pero vivo.

    Ignacio Valente; El Mercurio (suplemento).

  • El Hobbit

  • En los designios de dios nunca está lo más alto sin lo más bajo, y es también en la miseria donde brilla como en ninguna otra parte su luz. Incluso como para que la grandeza yazga en la bajeza. Tanto, que puede llegar a decirse que todo termina por ser bueno… incluidas las consecuencias del pecado. Pues Él extrae de donde quiere el bien, incluso desde el pecado. De sus resultados y efectos, interiores y exteriores, se hace para enderezar toda rama y hacerla crecer.

    En literatura las intenciones no siempre coinciden con los resultados, y no tienen por qué hacerlo. Pero dudo que en Tolkien hubiera una formulación teológica y bíblica para “El hobbit” ex profeso. En él, como en todo artista, existe un inevitable humus que subyace, que está allí y que obviamente no tiene que ver sólo con cuestiones relacionadas directamente con la formalidad artística. Un cierto y particular humus sí, pero lo suficientemente rico como para identificarse y hasta igualarse con la persona. Por lo que es acertado decir: “Érase una vez un humus…” que, de alguna manera, habló.

    Braulio Fernández Biggs; Artes y Letras, El Mercurio.

  • El Señor de los Anillos

  • Que un pequeño hobbit deba desprenderse de un anillo mágico para salvar a todo el mundo del mal, suena sólo a lo que es: una fantasía. Pero que el oficio de J.R.R. Tolkien suspenda la credibilidad del lector y lo haga un testigo comprometido con “El señor de los Anillos” es una realidad. Sin duda, las letras son capaces de sugerir mundos nuevos, pero un género como la literatura fantástica deja en evidencia que lograr esta complicidad es casi un oficio de magos, como aquellos que abundan en las historias. No es simple, y uno de los notables en ciencia-ficción, Olaf Stapleton, lo dejó en claro como una ley: “Nuestro objetivo no consiste pura y simplemente en crear una ficción admirable desde el punto de vista estético; no se trata de crear ni historia ni ficción, sino un mito”.

    Y mitos son los que transcurren en sitios como la Tierra Media, Zothique, Urth o Terramar, donde la brújula humana no marca sino el norte de la imaginación pura. Se trata de mapas que coinciden no sólo con territorios inexistentes, sino que además están habitado por elfos, dragones, enanos o torturadores que, aunque no tiene muchos parámetros con el género humano, se mueven por las mismas emociones y sentimientos.

    Considerado un género espurio -al igual que sus semejantes, la ciencia-ficción y el horror supranatural -, la fantasía heroica se ha abierto paso gracias a la fidelidad de sus lectores. Así es como la obsesión de estos seguidores ha instalado en el mundo real y editorial este tipo de novelas. Un ejemplo fue lo que aconteció con Tolkien. Cuando los dos primeros libros de “El Señor de los Anillos” fueron publicados en 1954, era fantasioso pensar que iban a convertirse en éxitos, y así también ocurrió con libros semejantes.

    4-i-1998.

  • El racionalismo es derrotado por la fantasía

  • Antes de morir, Tolkien recibió un doctorado “honoris causa” y una condecoración nacional. Todos reconocían en él al gran académico y filólogo que dejó traducido al inglés moderno el libro de caballería más excelso de la literatura inglesa. (“Sir Gawain y el Caballero Verde”) y al gran escritor que hizo gozar a tanto y tantos lectores de todas las lenguas.

    Su esposa murió en 1971 y él en 1973. Sobre su tumba hizo grabar los nombres de los dos enamorados que protagonizan su mejor poema de amor: “Beren y Lúthien”. Su hijo Christopher ordenó sus escritos inéditos y publicó el libro en el que su padre había trabajado toda su vida, “El Silmarillion”, y agregó algunos apéndices a “El Señor de los Anillos”. A cien años del nacimiento de esta “figura única en la literatura”, como lo denominó el periódico “Guardián” a su muerte, la obra de J.R.R. Tolkien atesora valores permanentes cuando exhibe la fantasía como la mejor arma para derrotar un racionalismo añejo. Su obra penetra nuestra imaginación mientras nos adentramos en las Tierras de Mordor entre hobbits, orcos y elfos para buscar junto al protagonista:

    “Un anillo para gobernarlos a todos

    Un anillo para encontrarlos

    Un anillo para atraerlos a todos y atarlos a las tinieblas”

  • Tolkien: la cumbre del género maravilloso

  • En “El Señor de los Anillos” hay una proliferación increíblemente rica de seres maravillosos, algunos preexistentes en la fantasía céltica, otros creados por nuestro autor: elfos, ents, trols, trasgos, orcos… Todos ellos representan alguna dimensión -agigantada- de l naturaleza humana, puesto que se trata en definitiva, de nuestra condición sobre la Tierra. Pero la creación más pura y personal de Tolkien se contiene en los protagonistas principales de la saga: los hobbits, esos pequeños seres que encarnan no lo heroico sino, todo lo contrario, lo burgués de nosotros mismos (en el sentido “bueno” de la palabra). Los hobbits son, casi de suyo, antihéroes: Cómodos, plácidos, discretos amantes de la buena vida… El hecho de que en esta novela sean ellos quienes alcancen el más alto heroísmo responde a una constante del mundo de Tolkien: el protagonismo heroico es propio de la salud natural y el coraje latente de seres medianejos, en conjunción con las circunstancias que los obligan a crecerse, y con los poderes superiores cuyos designios cumplen misteriosamente y por igual los grandes y los pequeños seres libres.

    Habría tanto que decir de la hechura formal de esta obra, así como de su pletórica humanidad.

    Ignacio Valente; 2-viii-1992

  • El Señor de los Anillos

  • La historia se plantea sobre la base de la idea del antihéroe que realiza un viaje que lo enfrenta al mundo y a sí mismo, descubriendo, de esta manera, la realidad y sus propias capacidades. A partir de esto, el autor plantea una historia de fuerte carácter épico, donde el continuo enfrentamiento del bien y del mal, revela la humanidad a través de personajes sencillos y especiales, llamados hobbits. Las características de honor, la sumisión, la valentía, y el miedo a la oscuridad del mal que caracterizaron a la sociedad medieval, se convierten en el centro de la narración que se mueve en diversos espacios y que juega con los pensamientos, acciones, temores y, sobre todo, la ambición de sus personajes.

    Una de las características más especiales de los libros es el hecho de que el autor crea todo un mundo ficticio, con reyes, fechas de fundaciones y batallas, épocas anteriores y hasta detallados mapas, que ayudan a ubicar los movimientos de la historia y de los personajes.

    Aunque fue escrita hace más de tres décadas, destaca en la narración el fuerte sentido ecológico respecto a la fragilidad de la naturaleza y de la vida misma.

    Juan Pablo Valdivia; El Alba nº21, 15-iv-1996

  • Homenaje a Tolkien

  • El éxito alcanzado por las obras de J.R.R. Tolkien en casi todos los idiomas y casi todos los países provocó la aparición de innumerables imitadores. Trolls, dragones, espíritus malignos, gente pequeña, Tierra Media, bosques mágicos, invadieron páginas y páginas de libros por lo general muy bien editados y con un temible aire de "best-sellers"

    Pero escritores como Tolkien no aparecen en cada esquina, y menos movidos por la ambición y el deseo de éxitos fulminantes. Hace falta el genio y el don de creación capaz de dar un rico trasfondo espiritual a lo que parece una fantasía. El resultado de la mayoría de estas imitaciones es una pobreza literaria con muy buenos dibujos.

    Hernán Poblete Varas; El Mercurio (suplemento), 24-.xii-1995

    Resumen de “Ainundalë. La música de los Ainur”

    En este cuento, Tolkien nos narra su propia cosmogonía: Dios, Ilúvatar, creó a sus ángeles, los Ainur.

    Ilúvatar les comunica un tema para cantar: a través de este canto cada uno desarrollo sus propios talentos, pero siempre guardando una armonía perfecta, inspirada por el corazón de Ilúvatar.

    Pero uno de los ainur, Melkor, el más grande de entre ellos, decidió entretejer en la música los deseos de su propio corazón, y quiso sobresalir de en medio del canto. Y una discordancia se alzó en torno a Ilúvatar, y muchos siguieron a los pensamientos de Melkor más que los que habían tenido en un principio. Entonces Ilúvatar se levantó y comenzó un nuevo canto entre los Ainur, pero nuevamente Melkor impuso su propio pensamiento, hasta que pareció que junto a Ilúvatar dos músicas se tocaban: una suave, armónica, pero inspirada por un profundo dolor, que era lo que le daba belleza; y una estruendosa, sin armonía, y poco variada. Entonces Ilúvatar se puso de pie delante de los ainur, y era terrible mirarlo a la cara, y la música cesó.

    E Ilúvatar les dijo que a través de su canto habían creado cosas maravillosas, y que nadie podía alterar su canto sin su consentimiento. Y les mostró lo que habían creado: un globo que se sostenía sobre el vacío, pero sin ser del vacío, y les mostró a los elfos, y a los hombres, y se alegró el corazón.

    Y envío a catorce de entre los Ainur a ordenar todo en Arda para el bien de los hijos de Ilúvatar. Y Melkor, que se había revelado contra Ilúvatar fue también a arda, y los Ainur establecieron su morada en Eä, y comenzaron a llevar a cabo lo que había sido prefigurado en la habitación de Ilúvatar, en el palacio más allá del tiempo.

    Melkor sintió envidia de lo que estaban haciendo los Ainur en Arda, porque ellos habían transformado Arda en un jardín de deleite. De modo que puso todos sus esfuerzos en destruirlo. Y todo lo que los Ainur hacían, Melkor lo corrompía, así que nada pudo ser como era en los pensamientos primitivos de los Vala. Pero, aún así, la tierra se iba desarrollando cada vez mejor, preparándose para recibir luego a los hijos de Ilúvatar.

    Comentario de la obra

    Sorprende la similitud de este cuento con la cosmogonía cristiana: Dios, el todopoderoso que habita en un lugar fuera del tiempo, crea a sus ángeles, que serán sus ayudantes en la obra de la creación y que le rinden tributo constante. Sin embargo, el más importante de entre ellos se rebela y decide actuar por cuenta propia, estropeando el proyecto perfecto que Dios había urdido para el bien de sus hijos.

    Todos tiene su equivalencia dentro de esta obra, todo tiene un paralelo, sino igual, muy semejante. Esto abre una inquietud: ¿Qué significa el hecho de que no pueda haber creación humana desde la nada? Muchas veces olvidamos que somos seres limitados, y que todo lo que nosotros hagamos necesariamente tiene que partir de algo preexistente.

    A veces es necesario recordar esto, nosotros que buscamos la respuesta a los mayores enigmas del universo, que queremos ser dueños de la vida y de la muerte, olvidándonos que a veces es necesario reconocer con humildad nuestra ignorancia, darnos cuenta de nuestras limitaciones humanas.

    La obra de Tolkien puede ser muy buena, muy imaginativa, muy creativa, y todos los adjetivos positivos que se le quieran agregar, sin embargo, nunca, jamás, su creación será absolutamente original, siempre tendrá un sustrato independiente, y muchas veces indefinible, que determinará en buena medida su obra.

    Así pues, la riqueza de Tolkien, a mi parecer, consiste en ser capaz de poner, junto a lo preexistente, lo mejor de su humanidad. Él mismo lo ha demostrado en el primer cuento de su libro “El Silmarillion”.

    Conclusiones

    A través de este trabajo de investigación nos hemos dado cuenta de la inmensa capacidad artística de J.R.R. Tolkien, quien fue capaz de crear un mito, antes trabajo exclusivo de pueblos enteros y miles de años.

    Esperamos que este trabajo de investigación pueda servir para dar a conocer a Tolkien, y una vez dado a conocer, poder difundir su obra.

    El Autor

    Bibliografía

  • La mayor cantidad de información fue extraída de internet, debido a que los medio tradicionales no dan mucha cuenta de J.R.R. Tolkien.

  • Referencias Críticas de la Biblioteca nacional (Estilo).

  • Sumario

  • Introducción 2

  • Biografía 3

  • Obras 6

  • Estilo general 12

  • Referencias críticas 14

  • Resumen de obra 24

  • Comentario de obra 25

  • Conclusiones 26

  • Bibliografía 27

  • 10)Sumario 28

    23

    26