John Molyneux

Estudios de la naturaleza humana. Socialismo. Pensamiento socialista. Capitalismo. Antisocialismo

  • Enviado por: José Alfredo Silva
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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¿Es la naturaleza humana una barrera al socialismo?

Por John Molyneux

Introducción

En este folleto John Molyneux combate la idea de que el socialismo no puede llevarse a cabo debido a la naturaleza innatamente codiciosa y egoísta del ser humano.

Es en el seno de la sociedad capitalista donde se forjan actitudes y valores individualistas y competitivos como la avaricia y la codicia. Solamente a través de un cambio profundo en las condiciones de vida y en la experiencia vital de la gente estas actitudes podrían ser superadas.

Las condiciones de vida que en un determinado momento en una sociedad pueden parecer naturales, pueden cambiar en otro momento y en otro tipo de sociedad. Las personas cambian en situaciones cambiantes. Pensamos que el socialismo puede llevarse a cabo porque conocemos sociedades donde el trabajo se ha realizado y se realiza colectivamente y el producto final es el resultado del esfuerzo de muchos hombres y mujeres. Es bajo el capitalismo como este trabajo se convierte en explotación y sufrimiento. También es cierto que debemos y podemos aprender de la historia, para no caer en los errores del pasado, como el estalinismo o capitalismo de Estado. Valores como la solidaridad, el igualitarismo, la cooperación, etc., son difíciles de mantener en un sistema como el capitalista, pero son valores que la gente posee. Son conductas y actitudes que pueden ser aprendidas y reforzadas culturalmente.

Si los avances tecnológicos han llegado tan lejos en la historia de la humanidad bajo este sistema, ¿qué no será posible bajo el socialismo, donde la actividad artística y creativa se verá enormemente incrementada? El autor nos argumenta cómo el socialismo puede garantizar una vida digna a toda la humanidad y un enriquecimiento moral y espiritual del ser humano.

El argumento antisocialista

El socialismo es un bello ideal, pero resulta irrealizable. ¡No se puede cambiar la naturaleza humana! Ésta es la más común y contundente de todas las objeciones hechas al socialismo. Es el primer argumento que aparece en el puesto de trabajo, en la calle o en el bar. Es el argumento ante el que muchos intelectuales y políticos retroceden.

Es también un argumento aceptado por muchos a los que sinceramente les gustaría ver una sociedad mejor pero no pueden llegar a creer que sea posible. Es incluso aceptado por algunos que se consideran socialistas como muchos seguidores del PSOE e Izquierda Unida.

El efecto resultante es el abandono del ideal socialista a cambio de una reforma superficial del sistema. Es la renuncia a intentar cambiarlo desde el fondo.

El argumento de la naturaleza humana puede parecer muy útil a los que se oponen al socialismo. Es corto, preciso e incisivo. Una respuesta de una sola frase que en apariencia cierra la discusión, y que trae a colación otros tópicos: "siempre deberá haber gente gobernando", "la gente es por naturaleza egoísta", "siempre habrá quien quiera tener más que los demás", "las revoluciones siempre acaban mal y conducen a la tiranía".

El argumento se alimenta de la vieja idea cristiana según la cual todos nacemos con el pecado original heredado a través de generaciones, desde Adán y Eva en el jardín del Edén. La noción de que hay un fallo elemental en la naturaleza humana que hace imposible la genuina igualdad y la cooperación entre las personas parece proporcionar una explicación perfecta para muchos de los males del mundo, como el racismo y el sexismo; cuestiones políticas específicas como la degeneración de la Revolución Rusa en la dictadura de Stalin, y el fracaso aparente del socialismo en la Europa del Este y China son atribuidos a la naturaleza humana.

Estas ideas parecen conectar con la experiencia personal de prácticamente todo el mundo. ¿Quién no ha visto a alguien compitiendo desesperadamente en búsqueda de una promoción, o no ha sido decepcionado por un amigo o no se ha visto frustrada por la apatía y egoísmo de los demás? Estas experiencias han ayudado a elevar el argumento de la naturaleza humana a la categoría de 'sentido común'. Sin embargo veremos por qué es completamente falso.

La naturaleza humana cambia

¿Por qué se dice que la naturaleza humana siempre hará imposible el socialismo? Se argumenta que hay una serie de características, de formas de comportamiento y de actividades básicas que son comunes a todos, o prácticamente a todos, los seres humanos y que éstos son incompatibles con el logro de una sociedad sin clases, basada en la propiedad común y en el control colectivo.

En particular, se sostiene que la mayoría de la gente es inherentemente insaciable y ambiciosa. De tal manera que quieren más de lo que les correspondería en el justo reparto de bienes materiales, y aspiran al dominio sobre los demás.

Cualquier examen de cómo se comportan las personas en nuestra sociedad nos muestra que dicho argumento está equivocado. Desde luego hay muchos ejemplos de codicia y ambición. Basta echar una mirada a los innumerables políticos y magnates corruptos como Javier de la Rosa, Mario Conde o Luís Roldán.

Pero hay también personas que arriesgan sus vidas para salvar a los demás: Nelson Mandela pasó 27 años en la cárcel por una causa en la que creía; en 1989 estudiantes y trabajadores permanecieron firmes en la plaza de Tiananmen (en China) mientras los tanques los arrollaban. Además encontramos ejemplos en la vida cotidiana: padres que dedican sus vidas a cuidar de sus hijos minusválidos, trabajadores que, desinteresadamente eligen trabajar en servicios sociales cuando podrían ganar mejores sueldos en oficinas o fabricas, la actitud generosa de muchas personas ante la pobreza y las necesidades sociales...

Cuando se tratan temas como la asistencia sanitaria gratuita, los vagabundos, las pensiones de la tercera edad y las ayudas a los pobres, la opinión pública es mayoritariamente generosa y caritativa. Mientras la moral de los políticos aparece cada día más sucia hay gente dispuesta a hacer acampadas como las del 0'7 en 1994 con una actitud de desinterés y solidaridad.

Incluso cuando los gobiernos planean las guerras imperialistas más cruentas y voraces, son conscientes de que para conseguir el apoyo del público tienen que venderlas proclamando un motivo decente.

Los británicos justificaron su intervención en la Primera Guerra Mundial declarando que iban a rescatar a la desvalida Bélgica. La misma excusa sirvió como pretexto en la Guerra del Golfo. Esta vez fue el desvalido Kuwait, cuando lo que realmente estaba en juego era el petróleo.

No citamos estos ejemplos con la intención de demostrar que la naturaleza humana sea innatamente generosa. Pero queremos poner de manifiesto que es absurdo decir que las personas son innatamente codiciosas; especialmente cuando hablamos de la sociedad capitalista, donde cada paso anima a la codicia, a la competencia y a la avaricia.

De hecho, una persona no es innatamente buena o mala. Una persona es, a la vez, egoísta y generosa, cobarde y valerosa, exigente y cohibida. Hay individuos que sacrificarían todo por sus familias pero no levantarían un dedo por sus vecinos. Hay otros que donan generosamente para obras de caridad pero hacen pasar privaciones a sus hijos. Algunas personas tienen una simpatía sin límites por los animales pero tienen poca consideración con los humanos, mientras otras hacen todo lo contrario.

Todo depende de las circunstancias. Depende de si la gente se siente vulnerable y amenazada o fuerte y segura de sí misma. Depende de las actitudes con las que uno ha crecido y se ha formado a lo largo de su vida.

En pocas palabras, la gente cambia cuando sus condiciones de vida y experiencias cambian.

Si esto es válido para los individuos, la historia muestra que lo es incluso más para las sociedades y las clases sociales. El ejemplo de la Revolución Rusa, el resultado de la cual puede hacer pensar en la inalterabilidad de la naturaleza humana, de hecho demuestra lo contrario.

Durante siglos el pueblo ruso sufrió y fue oprimido bajo la tiranía de los zares. Era la tierra de la más profunda ignorancia y superstición, de las actitudes más atrasadas hacia las mujeres y del antisemitismo más fuerte. Un observador superficial podría haberlo visto como si existiera algo profundo en la naturaleza del pueblo ruso que les hubiera hecho soportar esta situación (a diferencia de los "amantes de la libertad" de la Europa occidental, por ejemplo).

En 1905 y con más fuerza aun en 1917, ese mismo pueblo ruso se sublevó contra el zarismo. Hicieron huelgas y manifestaciones, lucharon y se insurreccionaron; hicieron la revolución más grande de la historia de la humanidad.

Esta revolución pretendía cambiar el mundo: tomó las fábricas, repartió la tierra a los campesinos, libró a Rusia de la guerra imperialista, concedió el derecho a la autodeterminación a las minorías nacionales, decretó la completa igualdad legal de la mujer, eligió a un judío (Leon Trotski) como presidente de su principal consejo obrero y le colocó a la cabeza de sus ejércitos revolucionarios.

A nuestro observador le parecería ver ahora a la naturaleza del pueblo ruso quemando con ardor salvaje, otra vez muy diferente de la moderada naturaleza europea. En los años 20 y 30, la revolución fue abatida por la burocracia estalinista que aplastó a obreros y campesinos, condenó a millones de personas al hambre y a millones más a la muerte en los campos de trabajo de Siberia. Ahora nuestro experto en el carácter ruso lo vería todo como la confirmación de la tendencia innata rusa hacía la tiranía.

En realidad la "naturaleza" del pueblo ruso sus actitudes colectivas, psicología y formas de comportamiento, las cuales en cualquier caso diferían según las clases sociales cambió profundamente, con las transformaciones de las circunstancias materiales.

El largo reinado de los zares con su psicología servilista se apoyaba en el extremo atraso de la economía rusa. La caída del zar y el apogeo del entusiasmo revolucionario tuvo sus raíces en el desarrollo del capitalismo ruso, con una débil clase capitalista enfrentada a una poderosa clase obrera capaz de agrupar junto a ella a las masas campesinas.

El colapso de la revolución a causa del estalinismo y el aparente regreso a la apatía, resignación y docilidad fue un producto del aislamiento, a raíz del fracaso de la revolución europea y la destrucción virtual de la clase trabajadora rusa en la terrible guerra civil de 1918-1921

Cuando cambiaron las circunstancias cambió 'la naturaleza'. Podemos extraer esta conclusión del estudio de 20 años de historia rusa, y podemos llegar también a ella estudiando la historia de la humanidad.

Formas de comportamiento que son aceptadas como naturales y eternas por sociedades particulares en períodos históricos particulares, son rechazadas como completamente "antinaturales" por otras sociedades en otros períodos.

Para la mayoría, en el siglo XVII, la esclavitud negra parecía una regla perfectamente natural: procedía de la inherente inferioridad natural de los negros. Hacia la mitad del siglo XIX, sin embargo, la esclavitud había llegado a ser vista por una amplia mayoría como una violación de la naturaleza humana. En los EE.UU. esos dos puntos de vista sobre la naturaleza y los derechos de los negros coexistieron: uno predominaba en el norte y el otro en el sur.

Para el indio norteamericano la propiedad privada de la tierra era antinatural. Para el terrateniente del siglo XVIII era el derecho humano más básico. Para los griegos antiguos, la homosexualidad era la forma de amor sublime. Para los victorianos ingleses era degradante. Para el hindú tradicional los matrimonios de conveniencia han sido norma durante siglos. Para la mayoría de la sociedad occidental actual es algo antinatural. Cambiar las condiciones sociales es cambiar la "naturaleza humana".

Podríamos dar muchos otros ejemplos. Se pone así de manifiesto la naturaleza mudable de las actitudes humanas, de la moralidad y del comportamiento, y el papel determinante que juega la cultura en la vida humana; lo que se aprende socialmente es más que lo heredado genéticamente. Vemos también como la cultura evoluciona siguiendo los cambios de las circunstancias materiales.

¿Qué es la naturaleza humana?

Las personas cambian cuando cambian sus circunstancias. ¿Pero significa eso que no exista en absoluto la "naturaleza humana?” A veces los socialistas se han visto tentados a apoyar esta afirmación como una manera rápida de combatir el argumento antisocialista.

Sin embargo, resulta muy problemático negar absolutamente la existencia de una "naturaleza humana".

En primer lugar eso podría dar a entender que los seres humanos son totalmente manipulables, que un régimen totalitario que controlara completamente los medios de comunicación y la educación infantil sería capaz de hacer de la gente lo que quisiera, y que por lo tanto eliminaría cualquier posibilidad de revuelta. Es evidente que esto no es así; ni en la Alemania de Hitler ni en la Rusia de Stalin los dos regímenes más totalitarios que han existido se pudo suprimir toda resistencia o todo pensamiento. Incluso en los campos de concentración, hubo resistencia.

Existe siempre un límite para el poder del Estado de lavar el cerebro, y ese límite se alcanza cuando, entre otras cosas, la opresión del Estado entra en conflicto con las necesidades básicas de la gente.

En segundo lugar, sugerir que no existe la naturaleza humana implica que no hay características comunes compartidas por los seres humanos que los diferencien de otros animales. Esto no es, obviamente, así. Si fuera así no sería posible hablar ni de especie humana ni de historia humana.

¿Entonces qué se puede decir sobre la naturaleza humana?, ¿Debemos empezar hablando de la biología?

Está claro que los seres humanos son una especie biológica distinta, que posee un código genético específico. Este código genético determina la estructura física básica de los seres humanos.

Desde luego, esta naturaleza biológica no es fija ni eterna. Pero la escala temporal de la evolución es extremadamente lenta y de un orden completamente diferente a la escala temporal del desarrollo histórico. Biológicamente los seres humanos de hoy en día no son substancialmente diferentes de los seres humanos de hace 10.000 o incluso 20.000 años. Pero para el tema que nos ocupa, la posibilidad del socialismo, la naturaleza física del ser humano puede ser considerada como constante.

Esta naturaleza física dota a los seres humanos de ciertas necesidades y capacidades comunes que son la base de la naturaleza humana.

Las más fundamentales e indiscutibles de esas necesidades son el aire, la comida y el agua, y a continuación el vestuario, la vivienda y el calor. Existe la necesidad de sueño, de algún tipo de cuidado para los niños, (ya que los seres humanos, no como otras especies animales, tardan varios años en lograr incluso la mínima autosuficiencia), de la sexualidad para propagar la especie, etc.

Las capacidades incluyen los cinco sentidos, un cerebro grande, la posibilidad de andar recto, una mano que permite operaciones precisas, cuerdas vocales que permiten el habla, etc. Se puede objetar que no todos comparten esas capacidades algunos nacen ciegos, sordos o minusválidos de otro tipo pero éstas son excepciones específicas.

Estas necesidades y capacidades, compartidas por todas las personas en todas las sociedades de todos los tiempos durante los últimos 20-30.000 años constituyen los primeros elementos definitorios de la naturaleza humana.

Sin embargo, es la manera particular en que las capacidades están usadas para satisfacer las necesidades, lo diferencia a los seres humanos de todas las otras especies. Los seres humanos satisfacen sus necesidades trabajando juntos para producir sistemáticamente los medios de subsistencia.

Desde luego los animales también trabajan, en un sentido: las ardillas acumulan nueces, los leones cazan, los castores construyen presas, los pájaros construyen nidos, las termitas construyen moradas, algunos simios han llegado a aprender a utilizar palos como herramientas, etc.

Sin embargo el trabajo humano se convirtió gradualmente en algo cualitativamente más avanzado. La producción sistemática y consciente de herramientas de medios de producción incrementó enormemente el poder productivo del trabajo.

Mientras el trabajo animal permanece predominantemente instintivo y por lo tanto repetitivo durante generaciones, el trabajo humano es aprendido y desarrollado; en principio lentamente, pero alcanza una rapidez progresiva.

El trabajo animal deja el entorno prácticamente sin alterar o lo modifica sólo marginalmente, pero el humano lo transforma progresivamente.

El carácter social del trabajo tiene también una importancia fundamental. Fue el filósofo griego Aristóteles, quien caracterizó al hombre como un "animal social" y de hecho los seres humanos siempre han vivido en grupos, nunca como individuos aislados.

De la misma manera su trabajo ha sido siempre social y cooperativo desde el principio de los tiempos. Por ejemplo, cuando la gente de la edad de piedra cazaba las grandes piezas, lo hacían colectivamente en una partida o grupo nómada.

Con toda probabilidad fue este trabajo de colaboración el que determinó otra característica básica de los seres humanos, el desarrollo del lenguaje.

Todas las sociedades humanas conocidas han alcanzado un nivel de complejidad lingüística considerable. El idioma es decisivo en el desarrollo de la conciencia social. A través de él la cultura puede ser aprendida y heredada de generación en generación.

Podemos ahora resumir las principales características de la naturaleza humana. Los seres humanos son una especie biológicamente distinta con ciertas necesidades básicas comunes que se satisfacen a través del trabajo social colectivo, el cual conduce al desarrollo del lenguaje, de la conciencia social y de la cultura.

El punto clave en esta definición de naturaleza humana es que mientras plantea unas continuidades importantes, también contiene un elemento dinámico en la forma del trabajo social.

Cuando los seres humanos transforman su entorno también se transforman a si mismos y sus relaciones con los demás; al ejercitar su capacidad para satisfacer sus necesidades, sus capacidades se incrementan y se desarrollan: "con comer viene el apetito", como dijo Marx.

Cuando ciertas necesidades básicas están satisfechas, esas necesidades se amplían y aparecen otras nuevas.

La necesidad de comer como tal se convierte en la necesidad de comer con una cierta calidad. La necesidad de vestirse se transforma, de la necesidad de cubrirse de pieles, a una necesidad de adquirir dinero para comprar ropa hecha en las tiendas.

En el momento en que la forma de producción cambia también cambia la organización de la sociedad. Cuando pasamos de la caza y la recolección a la agricultura y de ésta a la manufactura e industria, pasamos también del pequeño clan nómada al pueblo establecido, a la ciudad y a la nación moderna. En el proceso el comportamiento y las actitudes cambian radicalmente. Como Marx dijo en el Manifiesto Comunista:

"con cada modificación en las condiciones de vida, en las relaciones sociales, en la existencia social, cambian también las ideas, las nociones, y las concepciones, en una palabra, la conciencia del hombre".

No sólo la naturaleza humana no es inmutable, sino que la capacidad para el cambio y el desarrollo es una parte esencial de la naturaleza humana. Esa es una de las claves que distingue a los seres humanos de los demás animales.

Como punto final, esta naturaleza que acabamos de describir: ¿es fundamentalmente buena o fundamentalmente mala? Ni una cosa ni la otra.

El significado básico de "bueno" es el de aquello que sirve a la naturaleza humana para satisfacer sus necesidades y facilitar su desarrollo. El significado de "malo" es aquello que dificulta el desarrollo de la naturaleza humana y la satisfacción de sus necesidades.

Ésta es la razón de que la consideración de "bueno" y "malo" se transforme según los períodos históricos. Las circunstancias cambian, las necesidades de la gente cambian y también su moralidad. Lo mismo sucede con las distintas clases sociales en cada momento histórico: sus condiciones de vida difieren al igual que sus intereses son opuestos y por lo tanto desarrollan una moralidad diferente.

Capitalismo y naturaleza humana

Como todo lo demás, el sistema económico capitalista está siempre cambiando. El capitalismo de hoy es muy diferente del capitalismo de la época de Karl Marx y Alfonso XII.

Cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista en 1848, el capitalismo tan solo estaba establecido plenamente en parte de Europa occidental y el norte de América. Hoy domina el mundo entero. En 1848 las principales unidades de producción capitalista eran fábricas de pequeña dimensión en manos de individuos o familias. Hoy el capitalismo está dominado por multinacionales gigantes como Exxon, Ford o ICI.

Cuando Federico Engels escribió Las condiciones de la clase trabajadora inglesa en 1844, los trabajadores de Manchester, incluyendo a los niños, trabajaban entre 12 y 14 horas diarias por unos peniques. Vivían en casas que eran poco más que agujeros en el suelo. Hoy los trabajadores han mejorado su situación considerablemente, pero condiciones de trabajo y de vida tan malas o peores se pueden encontrar en Calcuta, El Cairo y Río de Janeiro.

A pesar de estos y de otros muchos cambios, podemos señalar algunas características fundamentales que definen el sistema económico capitalista:

1. Los medios de producción claves (tales como fábricas, tierra, maquinaria y transporte) son propiedad o están controlados efectivamente por una pequeña minoría de la población: los capitalistas.

2. El acceso al control y la propiedad de los medios de producción está vedado para la gran mayoría de la población y así las personas se ven obligadas a vender su capacidad de trabajo, conocida como fuerza de trabajo, a los capitalistas. Además están obligadas a venderla en condiciones que permiten a los capitalistas extraer un excedente o beneficio de ella.

3. Los medios de producción están distribuidos entre diferentes capitalistas (individuos, grupos o Estados capitalistas), y ésto provoca la competencia entre ellos.

La causa de la competencia es el beneficio. La competencia continua en pos del beneficio mueve a los dirigentes de cada unidad capitalista a explotar al máximo a sus trabajadores.

Los partidarios del capitalismo han argumentado siempre que de alguna manera éste refleja a la "naturaleza humana". Había un elemento de verdad en este argumento, cuando el capitalismo emergió como un sistema que ofrecía una capacidad mayor para satisfacer las necesidades básicas de alimentación y alojamiento que el sistema anterior, el feudalismo. Actualmente, sin embargo, resulta un absurdo.

En primer lugar es absurdo decir que es "natural" o "instintivo" que la gente se comporte de una manera capitalista cuando no se llegó al capitalismo hasta después de 2 millones de años de evolución humana.

Ni el intercambio de mercancías en general ni la compra y venta de fuerza de trabajo (la característica central del capitalismo) aparecen en ninguna parte en las primeras fases de la historia humana.

Por el contrario, la historia demuestra que la gente se vio obligada a vender su fuerza de trabajo y a trabajar para un empresario sólo cuando se le privó por la fuerza de cualquier posibilidad de ganarse la vida trabajando para sí misma.

La emergencia de una clase con la riqueza suficiente para invertir en la industria y comprar la fuerza de trabajo a gran escala requirió un proceso brutal al que Marx llamó "acumulación originaria del capital". Esta acumulación se hizo a costa de la esclavitud de millones de africanos y su transporte a las Américas, el genocidio de una gran parte de la población indígena del centro y del sur de América, la expoliación y empobrecimiento de la India y el lejano Oriente y de otras innumerables barbaridades.

Además, el capitalismo y la clase capitalista para establecer su dominio tuvieron que desarrollar una serie de luchas revolucionarias violentas y guerras civiles contra la antigua aristocracia feudal. Esto incluyó la decapitación de reyes en Francia e Inglaterra. Por lo tanto podemos decir que no hay nada "natural" en el desarrollo del capitalismo.

Tampoco es cierto que el capitalismo haga del propio interés del individuo la fuerza motivadora de la producción. La fuerza motivadora de la producción capitalista es el beneficio. Pero los beneficios sólo existen para una minoría pequeña de la sociedad que posee el capital. Para la gran mayoría de individuos el capitalismo representa la negación de su propio interés.

Por ese motivo los capitalistas siempre están instando a los trabajadores a no ser egoístas. Los empresarios siempre han pretendido hacer leyes que restringiesen la capacidad de los trabajadores para perseguir su propio interés a través de sus sindicatos.

Lejos de ser una expresión de la naturaleza humana, el capitalismo toma la característica más distintiva e importante de la naturaleza humana la capacidad para el trabajo y la distorsiona profundamente.

El capitalismo hace el trabajo ajeno al trabajador, utiliza la fuerza de trabajo como una mercancía para ser comprada y explotada. En vez de ser el medio por el que los seres humanos transforman conscientemente la naturaleza para satisfacer las necesidades colectivas e individuales, el trabajo se transforma sencillamente en el medio necesario para ganar el dinero que les permita la supervivencia social.

Los trabajadores pierden todo control sobre su propio trabajo, que se ve reducido a una tarea pesada, que destruye física y psicológicamente al trabajador. El resultado es que la mayoría de personas pasan 40 o 50 años en un trabajo que odian, que apenas toleran y que les inflige un cansancio y un daño muy profundo.

El capitalismo niega la posibilidad de trabajar a gran numero de personas y les arroja al paro en el momento en que su trabajo deja de producir suficientes beneficios. Así algo que está en la esencia del ser humano, ya desde aquellos cazadores-recolectores la oportunidad de participar en un trabajo social útil está hoy negado a millones de personas.

La alienación del trabajo no sólo afecta al ámbito laboral, también influye en toda la relación social. Las relaciones entre trabajador y trabajador, entre padres e hijos, hombres y mujeres, las relaciones amorosas y sexuales se ven también distorsionadas.

Las personas se tratan entre sí como objetos y mercancías que se usan y se manipulan. El sexo se transforma en mercancía y es utilizado para vender otras mercancías. A menudo los individuos más oprimidos y alienados buscan compensar, en el lugar de trabajo o en la sociedad en general, su falta de poder y posesión abusando de otros aún más vulnerables.

Nada de esto es ni natural, ni producto de la naturaleza humana; es el producto de un sistema que viola a la naturaleza humana.

Finalmente, el capitalismo resulta atrozmente inadecuado para la satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos: la necesidad de agua, comida, vestido y alojamiento. Cada año la producción de alimentos supera el crecimiento de población y son acumulados enormes "lagos de vino" y "montañas de ternera". Sin embargo, cientos de millones de personas pasan hambre y decenas de millones mueren a causa ella. Multitud de personas sufren y mueren de enfermedades que son fácilmente previsibles. En los países ricos de Occidente existen recursos para construir hoteles y oficinas de lujo. Sin embargo muchas personas se amontonan en los portales de las calles porque no tienen una cama donde dormir.

Todo esto ni es natural ni viene impuesto por la naturaleza humana. Los indígenas del Kalahari son capaces de procurarse una dieta mejor cazando y recolectando en zonas áridas, que los millones que mueren del hambre provocado por el mercado o que malviven en los márgenes de las grandes ciudades del mundo. Los Inuit en el Ártico son capaces de construir refugios de hielo más cálidos que la gente que fabrica lechos de cartón para dormir en las entradas de los bancos.

Estas infamias suceden porque el capitalismo determina que la prioridad de cubrir las necesidades vitales dependa del poder adquisitivo, al mismo tiempo que condena a un gran número de personas, a carecer de este poder adquisitivo

En su rumbo en busca de beneficios, el capitalismo contamina el aire y el agua y amenaza el medio ambiente que permite y sostiene la vida humana.

Socialismo y naturaleza humana

Si, considerado desde el punto de vista de la naturaleza humana, el capitalismo queda condenado, ¿qué podemos decir desde el mismo punto de vista, sobre el socialismo?

Si aceptamos la existencia de una naturaleza humana básica, cabe preguntarse si es posible que enraizada profundamente en ésta exista alguna característica que imposibilite el logro de una sociedad autogobernada y sin clases en que todos sean iguales y libres.

¿Existe tal vez un deseo fundamental de poder, una necesidad de dominio que condena a la sociedad a la eterna división entre gobernantes y gobernados?

¿Es posible que la existencia de desigualdades físicas naturales entre individuos constituya un obstáculo a la igualdad social?

Podemos dar una respuesta objetiva y sencilla a éstas y otras cuestiones semejantes: durante decenas de miles de años, por no decir cientos de miles, los seres humanos vivieron en sociedades sin propiedad privada, divisiones de clase, liderazgos o Estados.

El testimonio arqueológico muestra que las primeras herramientas hechas a mano piedra de sílex datan de hace alrededor de 2.5 millones de años. Desde entonces hasta el desarrollo de la agricultura hace diez mil años vivieron primero como recolectores oportunistas, y después como cazadores recolectores organizados en pequeños grupos nómadas en la mayoría de los casos.

Durante este período no se cultivaba la tierra, no existía la cerámica, ni ningún medio de transporte. No era posible para la comunidad ni para los individuos que la componían acumular un excedente de productos más allá de lo necesario para la subsistencia diaria.

Al no existir tal excedente, no pudo existir tampoco división alguna de la sociedad en clases, ni estamento alguno viviendo del trabajo de los demás. Tampoco pudo existir un Estado con gobernantes permanentes que dispusiesen de cuerpos especiales de hombres armados a su disposición para mantener el poder. Todo el mundo se hallaba involucrado en la producción de lo necesario para la subsistencia. Así durante el 99% del tiempo en que los seres humanos han habitado el planeta han vivido en comunidades sin clases.

La existencia de sociedades sin clases no es tan solo un asunto de estudio arqueológico o de deducción lógica; pueblos de cazadores, recolectores han sobrevivido hasta hace poco con una forma de vida similar de tal manera que han podido ser estudiados por antropólogos modernos.

Un buen ejemplo son los !Kung San del Kalahari en el sur de África que han sido estudiados de cerca por antropólogos, especialmente por el norteamericano Richard Lee.

Los !Kung viven en el desierto del Kalahari desde hace al menos diez mil años. Viven en pequeños grupos de alrededor de treinta personas, y trasladan sus campamentos cada par de semanas. Acumulan muy pocas cosas materiales, únicamente lo que pueden llevar con ellos cuando se mudan, sin embargo poseen una rica cultura oral. Un conocimiento profundo de su entorno les permite conseguir un nivel de vida diario razonable. La comida cazada o recolectada se comparte colectivamente entre la comunidad. Lee escribe:

El compartir impregna profundamente el comportamiento y los valores de los !Kung, dentro de la familia y entre familias. Así como el principio de beneficio y racionalidad es consustancial a la ética capitalista, lo es el de reparto a la conducta social en sociedades recolectores.

Los !Kung son muy igualitarios; no solamente no tienen una división entre ricos y pobres, sino que tampoco tienen jefes o líderes. Una vez Richard Lee preguntó si los !Kung tenían líderes. "Desde luego tenemos líderes," contestaron, "de hecho somos todos líderes, cada uno de nosotros es un líder sobre sí mismo."

Sintetizando las lecciones de su estudio sobre los !Kung y su conocimiento de otras sociedades cazadoras recolectoras Richard Lee escribe:

El hecho de que el reparto comunitario de recursos alimenticios haya sido observado directamente en años recientes entre los !Kung y en decenas de otros grupos de recolectores constituye un hallazgo que no debería ser subestimado.

Su universalidad significa un fuerte soporte a la teoría de Marx y Engels sobre una fase del comunismo primitivo que precedió la aparición del Estado y la división de la sociedad en clases...

Una verdadera vida comunal es a menudo descartada como un ideal utópico aceptable en teoría pero inalcanzable en la práctica. Pero el estudio de estas comunidades recolectoras evidencia lo contrario. Una manera de vivir igualitaria no sólo es posible sino que de hecho ha existido en muchos lugares del mundo y durante largos periodos de tiempo.

Con esto no se pretende sugerir que las personas de estas sociedades se encuentren en "un estado de naturaleza socialista" o que la naturaleza humana es "esencialmente socialista". Esto sería darle la vuelta al argumento antisocialista repitiendo el mismo error básico.

De hecho, el tipo de vida de los cazadores recolectores fue el resultado de una larga evolución cultural, y muchas de sus características principales, incluida la de compartir, tienen que ser socialmente aprendidas y reforzadas culturalmente.

Como Richard Lee comenta apropiadamente: "cada bebé humano nace dotado de la capacidad de compartir y de la capacidad de ser egoísta". Sin embargo, la evidencia antropológica sí demuestra que la naturaleza humana y el socialismo no son de ninguna forma incompatible.

El socialismo moderno promete mucho más que simple compatibilidad con la naturaleza humana. El socialismo de hoy no significa un regreso a las condiciones del comunismo primitivo sino un avance enorme basado en los logros tecnológicos alcanzados tras miles de años de sociedad de clases.

El comunismo primitivo estuvo basado en la ausencia de cualquier excedente acumulado; el socialismo moderno está basado en el hecho de que las fuerzas de producción han sido desarrolladas hasta un punto en el que hay suficiente excedente para asegurar una vida digna para todos sin que las personas deben consumir su existencia en un trabajo penoso.

Socialismo hoy significa la toma de posesión de la inmensa riqueza, de la capacidad productiva y de la ciencia y tecnología monopolizadas actualmente por las multinacionales, los capitalistas riquísimos y sus Estados, y sometiéndolas a un control democrático y colectivo a escala internacional.

Esto aseguraría la alimentación, y el vestido para todo el mundo y el fin de la pobreza y del hambre. En el proceso se uniría la raza humana, se acabaría con la explotación, con los antagonismos nacionales, con la guerra, el racismo y la opresión sexual, al desaparecer las circunstancias materiales que los sostienen.

La gente accedería al control colectivo de su propio trabajo y de los productos de su trabajo. Así se superaría la alienación y la distorsión de la naturaleza humana que ha persistido a lo largo de miles de años de esclavitud y servidumbre, y que ha culminado con el trabajo capitalista a sueldo.

Así se transformarían y liberarían las relaciones personales y sociales; se produciría un entorno adecuado para satisfacer las necesidades humanas y facilitar el desarrollo humano; sería posible planificar racionalmente los efectos de la actividad humana sobre la naturaleza y por lo tanto poner fin a la destrucción incontrolada del medio ambiente.

Una característica fundamental de la especie humana es la creatividad artística. El grabado más antiguo del mundo tiene 300.000 años. Cada sociedad humana tiene su propia música y baile.

Bajo el capitalismo, como bajo todas las sociedades de clase, la actividad artística es un campo reservado para unos pocos privilegiados; la creatividad de la mayoría se ve frustrada y aplastada. El socialismo liberará esta creatividad con la generalización de la educación y del acceso al tiempo libre y así se restaurará el elemento artístico en la producción. Esto dará lugar a un gran florecimiento cultural.

Así, el socialismo no sólo satisfará las necesidades materiales básicas comunes a todos los seres humanos, sino que también traerá consigo un desarrollo, enriquecimiento y engrandecimiento de la naturaleza humana. No sólo es posible; es necesario y vale la pena luchar por ello.

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