Johann Sebastian Bach. Georg Fiedrich Haendel

Música barroca de cámara. Vida. Obras. Compositores barrocos

  • Enviado por: Jose María Rodríguez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 23 páginas

publicidad
cursos destacados
Graba audio con Apple Logic Pro 9
Graba audio con Apple Logic Pro 9
En este curso aprenderemos a realizar grabaciones de audio de calidad utilizando Apple Logic Pro 9. Exploraremos todo...
Ver más información

Curso completo de piano - Nivel básico
Curso completo de piano - Nivel básico
Este curso de piano está pensado para todos aquellos principiantes que deseen comenzar a tocar el piano o el...
Ver más información


Johann Sebastian Bach,

Biografía

Los Bach constituyen el caso más clamoroso de cantidad y calidad de talento familiar de la historia de la música, y se diría igualmente que de la historia y la cultura.

Bach no solo ha sido uno de los genios de la música, sino uno de sus mayores suministradores de curiosidades como el que más hijos tuvo o el que más hijos músicos dejó o también uno de los que más obras compusieron.

Johann Sebastian Bach nació en Eisenach (Alemania) el 21 de marzo de 1685 en el seno de una familia de antiguos orígenes húngaros. Fue el último de 8 hermanos, de los cuales solo 4 no murieron jóvenes. Estudió en la Lateinschule, una institución que cuidaba por igual el estudio de las humanidades y de la teología. En 1694 murió su madre, Maria Elizabeth, y su padre Johann Ambrosius contrajo nuevas nupcias con Barbara Margaretha Keul, quien había enviudado ya dos veces. La tercera fue ya muy pronto, pues a los tres meses de su nueva boda murió el padre de Johann Sebastian. Éste fue recogido por su hermano mayor, Johann Christoph, de 22 años, un buen organista que vivía en Ohrdruf y que comenzó a enseñarle el manejo de los instrumentos de teclado. Al mismo tiempo, el joven Bach conoció las obras de los mejores compositores de la época, y, según cuenta la leyenda, las copió a la luz de la luna para que su hermano, que las consideraba demasiado modernas, no se enterase. Así, el niño accedió a las páginas de los músicos como Buxtehude, Pachelbel o Froberger. Pero su hermano, con el que mantenía magníficas relaciones y cuyo hijo Johann Heinrich fue, a su vez, recogido a la muerte de su padre por su tío Sebastian, se entero y se las requiso, pasando de nuevo al poder de Johann Sebastian a la muerte de Johann Christoph.

A los 15 años, y como ya había poco sitio en la casa de un Johann Christoph con familia numerosa, se marchó a Lüneburg. Allí, mientras recibía su paga como cantante en el coro de la iglesia de San Miguel, tomó lecciones de Georg Boehm, un músico en la línea de los organistas holandeses y del norte de Alemania, con el que mantuvo siempre magníficas relaciones, hasta el punto que llegó a ser su agente a la hora de vender sus ediciones de sus partituras en el norte de Alemania. La estancia en Lüneburg se complemento con idas y venidas a Hamburgo, que esta a 50 km., de donde actuó como violinista y donde tomó contactos con la música francesa en los conciertos de corte en que participó. En esta época ya había compuesto algunas de sus obras, tenía sus lógicas ambiciones y consiguió que le contratasen en Weimar, aunque fracasó en su primer intento de ser organista en la iglesia de San Bonifacio en Arnstadt. En 1703 consiguió ese puesto , y al año siguiente presentó una larga lista de cantatas que compuso. Allí, además, participo como violinista en la pequeña orquesta del conde Von Gunther y dirigió el coro de la iglesia. Con la opinión en contra de sus superiores, acudió a Lübeck para escuchar a Buxtehude.

Hacia la emancipación:

Weimar y Köthen

En 1707 ganó el puesto de organista en Mülhausen, y el 17 de octubre se casó con Maria Barbara, prima suya y mujer que fue fundamental en los momentos más difíciles de aquellos años. Su obra siguió creciendo y presento ya conciertos para clave y obras diversas para órgano. Pero la estancia en Mülhausen fue corta, pues el incendio en la ciudad, con los costes posteriores que la reconstrucción implicó, y las no muy buenas relaciones con las iglesias hicieron su permanencia allí bastante incómoda. Se trataba de una disputa en la que los fieles más apegados al quietismo calvinista no acababan de comprender la grandeza instrumental y coral de las cantatas de Johann Sebastian. Así pues, en 1708, los Bach, ya con su primer hijo, una niña, marcharon a Weimar, donde el compositor había obtenido el puesto de organista de la corte.

Weimar fue ya lo que se podría llamar un destino de primera, una corte de importancia en la que el duque Wilhelm Ernest procuró el desarrollo de las artes, y muy especialmente de la música. No se debe olvidar que Weimar fue unos años después el centro de las actividades de Goethe y su círculo. Es muy importante tener en cuenta el hecho de que al duque le interesaba por igual la música religiosa y profana, lo que supuso que Johann Sebastian debió trabajar en ambos campos y hacer crecer su obra en una dirección múltiple. Sin embargo, Bach dirigió la orquesta, pero no la capilla, lo que significaba más responsabilidades en la música profana que en la religiosa, quedando ésta al mando de Samuel Drese.

Al mismo tiempo, Bach recibió diversas ofertas tentadoras como organista, comenzando por la de Liebfraeunkirche de Halle, la ciudad natal de Haendel, que no aceptó por razones económicas. Lo mismo ocurrió en Kassel, aunque no conste el ofrecimiento formal, o en Weissenfels, donde sí aceptó el encargo de una cantata por parte del duque Wilhelm. También se le celebró en Dresde, donde ganó un torneo de órgano al virtuoso francés Louis Marchand, llegado de la corte de Versalles. Todas estas manifestaciones de afecto, estos triunfos inmediatos, le hicieron sentirse demasiado constreñido en Weimar y, a espaldas del duque, Bach se comprometió con el príncipe Leopold de Anhalt-Köthen, lo que hizo que aquél, airado, encarcelara durante un mes al músico.

Los Bach -seis de cuyos hijos, entre ellos los luego también compositores Wilhelm Friedemann y Johann Christian, habían nacido en Weimar- marcharon a Köthen a principios de 1718. Los diez años pasados en Weimar habían sido extraordinariamente fecundos en cuanto a obras compuestas, pero la época de Köthen lo fue igualmente (Conciertos de Brandemburgo, Suites inglesas, Suites francesas, Invenciones, Fantasía cromática, Sonatas para violín y clave, Sonatas y Partitas solas para violín solo y para violonchelo solo), añadiéndose a ello una gran actividad como maestro de música. La vida en Köthen no fue demasiado complicada para Bach. La corte fue esencialmente calvinista, por lo que su trabajo se centró en la orquesta palatina, con un buen salario. El príncipe Leopold era un hombre sensible a la música, un buen intérprete de multitud de instrumentos y un aceptable cantante. La corte no era muy boyante, no se trataba de una de las grandes, pero la vida transcurría tranquila, el trabajo resultaba llevadero y las relaciones entre el príncipe y su director de música, excelentes. Además, en la cercana localidad balnearia de Carlsbad, Bach conoció en 1719 al margrave de Brandeburgo, quien le encargó unas cuantas composiciones para conjuntos de instrumentos que constituyeron los llamados Conciertos de Brandeburgo, una de sus obras más significativas. También acudió a Halle para conocer a Haendel, y de allí nació la leyenda de que, informado este último por alguien de mala fe de que el carácter de Bach no iba a agradarle, salió de la ciudad para Inglaterra sin deseo alguno de conocer a su colega.

Segunda boda y destino final

A la vuelta de uno de sus viajes a Carlsbad, Bach se encontró con la muerte de Maria Barbara. Las circunstancias familiares, los muchos hijos, le llevaron a casarse de nuevo. Lo hizo un año y medio después de la muerte de su esposa, en diciembre de 1721, con Ana Magdalena Wilken, con la que tuvo trece hijos, que sumados con los que tuvo con Maria Barbara hacían un total de 20. Al mismo tiempo, Bach intentó su contratación como organista en la Jakobikirche de Hamburgo, pero fracasó en su propósito. Sin embargo surgió pronto una nueva oportunidad, pues la muerte de Johann Kuhnau en 1722 dejó libre el puesto de Kantor (responsable de la música) en la iglesia de Santo Tomás en Leipzig. El puesto era, en realidad, de menor importancia que el de Köthen, pero otorgaba un cierto prestigio por el renombre de sus anteriores ocupantes. Lo cierto es que la plaza había sido ganada antes por Telemann, quien no pudo aceptar el puesto por estar ya contratado en Hamburgo.

Las obligaciones de Bach en Leipzig no eran ni mucho menos escasas. Entre ellas estaba la especialmente poco grata de tener que enseñar latín a los niños de la escuela, además, desde luego, de música. También tuvo que actuar con ellos cono una especie de prefecto de disciplina, lo que para alguien que sabía lo que era trabajar en una corte, pero también disfrutar de su ambiente, debió de hacerse un poco duro. Pero el inconveniente se acrecentó por la poca disposición de los alumnos, no muy bien educados en general, poco ordenados para la vida y con escasas posibilidades de llegar a la notoriedad, en oposición a quienes se formaban en las escuelas particulares de la ciudad. En aquel tiempo, Telemann fundó los llamados Collegium Musicum -Bach dirigiría el de Leipzig-, una especie de orquestinas que daban sus conciertos en los cafés, y a las que iban a parar muchos de los alumnos de las escuelas de música. La importancia de los Collegium Musicum fue decisiva cuando comenzó a variar el estatus de los músicos de la época y de periodos posteriores: un paso importantísimo hacia su independencia, hacia lo que hoy día se llamaría su profesionalización plena, sin depender de forma exclusiva -a veces en una cierta forma de esclavitud no sólo intelectual- de sus patrones de las más o menos poderosas cortes europeas.

De la obligación y la libertad

Como dice el gran musicólogo Adolfo Salazar, <los hombres del temple de Bach son capaces de soportar las mayores contrariedades, si ello resulta en beneficio de las obras que ejecutan no por compromisos con Concejos municipales, sino por el mandato superior de su genio>. Por eso compuso, sin encargo alguno, la Pasión según San Mateo, su grandísima obra maestra, y por eso el Concejo se lo reprochó y no sólo le negó su apoyo para dar la primera audición de la pieza, sino que le castigó con una reducción de su sueldo. Bien es verdad que también procuró, ante la crisis, remediar la carestía con la que el Kantor se encontraba a la hora de utilizar una orquesta reducida y paupérrima. Como compensación de las muchas penalidades de Leipzig, el rey de Sajonia le concedió en 1736 el título honorífico de compositor oficial de la Capilla de la corte, la misma orquesta que hoy día, más de dos siglos y medio después, se conoce como la Staatskapelle de Dresde, y que sigue siendo, como lo era entonces, una delas mejores orquestas del mundo.

Adolfo Salazar, en su precioso libro Juan Sebastián Bach, imprescindible para quien desee un acercamiento en castellano a la vida y a la obra de Bach, recuerda las obras que escribió durante sus años en Leipzig. De esa apabullante lista, destacan la Pasión según San Juan, Pasión según San Mateo, Pasión según San Marcos (perdida) Oratorio de Navidad, numerosísimas cantatas, Conciertos para clave, seis partitas de la colección Klavierübung y cantatas profanas, entre ellas la curiosa y bien conocida Cantata del café, además de transcripciones de conciertos escritos originalmente para violín.

Los malos tiempos finales

Todo este trabajo fue confluyendo a la vez en una situación no demasiado agradable respecto de sus patrones en Leipzig, que incluso le estaban buscando un sustituto para cuando se muriera. A ello se le añadió el creciente interés por los conciertos de los Collegium Musicum, lo que hizo que el trabajo del Kantor perdiera prestigio y, sobre todo, lo que hoy día se llamaría <gancho> popular. Bach se vio envuelto sin querer en disputas acerca de su propia música. Cuya profundidad fue confundida por sus atacantes con pesadez. Todo ello fue minando las relaciones del Kantor en la ciudad. Sólo los viajes a Dresde y a Berlín parecían consolarle un poco. En Berlín, por ejemplo, era muy bien recibido por el rey Federico el Grande, experto en música y soberano de muy especial sensibilidad artística. De uno de esos viajes surgió también una de sus más grandes obras: La ofrenda musical, dedicada al rey en carta fechada el 7 de julio de 1747.

El hecho decisivo de los últimos años de la vida de Johann Sebastian Bach lo constituyeron sus dificultades en la vista, algo que también le sucedió a Haendel. Fue en 1749 cuando notó síntomas alarmantes, y aprovecho la llegada a Leipzig del oculista inglés John Taylor para ponerse en sus manos. Bach sufrió dos operaciones que a juzgar por los testimonios de las mismas debieron resultar bastante sangrientas, aunque también hay quien afirma que probablemente el problema definitivo vino del posterior periodo de recuperación, que el músico no pudo superar. El caso fue que días antes de morir recuperó la vista, pero sobrevino una apoplejía y murió en las primeras horas de la noche del 28 de julio de 1750. De su evidente pérdida de popularidad da idea el hecho de que se le enterró en una tumba sin nombre en un cementerio que después fue destruido para reurbanizar la zona, de manera que sus restos se perdieron para siempre. Antes de morir concluyó El arte de la fuga, una de sus composiciones más importantes y de mayor trascendencia, aunque tardó en ser comprendida.

A la muerte del maestro, la familia Bach se dispersó. Los hijos continuaron desempeñando sus trabajos como músicos de corte, y la herencia escrita se aventó igualmente de manera muy poco digna. Anna Magdalena murió en la miseria diez años después, y las hijas siguieron parecida suerte. Ninguno de los vástagos músicos obtuvo la gloria de su padre, pero sí representaron eslabones de sumo interés en la historia de la música, sobre todo como elementos de transición entre los últimos coletazos del postrer barroco y los inicios del romanticismo, a través del llamado Sturm und Drang en algunos casos y del seguimiento de la Escuela de Mannheim en otros.

Obras

Profanas

Organo

Variaciones canónicas, Passacaglia y tema fugado, sonatas en trío, Tocata y fuga en re menor.

Teclado

El clave bien temperado, Variaciones Goldberg, Tocatas, Invenciones, Sinfonías, Suites inglesas, Suites francesas, Partitas.

Violín y violonchelo solos

Sonatas y Partitas para violín solo, Suites para violonchelo solo.

Obras para orquesta y conciertos

Conciertos de Brandemburgo, Conciertos para clave, Suites.

Otras

El arte de la fuga, La ofrenda musical.

Cantatas

De la cacería, Eolo apaciguado, El combate de Febo y Pan, Hércules en la encrucijada, Desvaneceos al fin acongojadas sombras, Cantata del café, Cantata campesina.

Sacras

Organo

143 Preludios corales

Cantatas

  • Mülhausen

  • 200 Aproximadamente, Dios es mi rey. Actus tragicus. De lo profundo te llamo, señor. El tiempo de Dios es el mejor. Cristo nace en el sudario.

    • Weimar

    • Tuve gran sufrimiento. Amor de Jesús. El cielo ríe y la tierra se regocija

      • Leipzig I

      • Oh tu, eternidad, palabra de trueno. Mira y ve si hay mayor tristeza. Vendrán todos los de Sabá y Oye.

        • Leipzig II

        • Cristo Nuestro Señor vino al Jordán. In Jesús que a mi alma. Tengo mi corazón y mi sentido en Dios. Qué hermoso brilla el lucero matutino un fuerte castillo. Quédate con nosotros pues llega la noche.

          • Leipzig III

          • Se libró una batalla. Llevaré con gusto mi cruz.

            • Leipzig IV

            Despertad que la voz nos llama. Te agradecemos, Dios. Alaba a Dios en todos los países. Cantata nupcial.

            Motetes

            Alabad al señor todas las gentes. Jesús mi alegría. No temas pues estoy junto a ti. Ven Jesús, ven. Cantad una nueva canción al señor.

            Oratorios

            De Pascua. De Navidad. De la Ascensión.

            Pasiones

            Según San Mateo. Según San Juan.

            Obras con textos latinos

            Magnificat. Misa en si menor.

            Georg Friedrich Haendel,

            Biografía

            Aunque la distancia temporal suele borrar los contornos y deformar las imágenes, y pese a que los contemporáneos no tuvieron la precaución de legar un detalle suficientemente pormenorizado, se puede suponer que Georg Friedrich Haendel era de aspecto fuerte y corpulento, rebosante de salud, de mirada franca y desafiante, a veces burlona, otras irónica. Culto y exquisito en gustos y modales, su religiosidad era sincera y se traducía en repentinos actos de bondad, mientras que aquella naturaleza física le inclinaba a manifestaciones coléricas de imprevisibles consecuencias.

            Nació en Halle (Sajonia) el 23 de Febrero de 1685, año pródigo para la historia de la música, puesto que, menos de un mes más tarde y cerca de allí, en Turingia, llegó al mundo Johann Sebastian Bach y, más al sur, en Nápoles, en Octubre del mismo año vio la luz Domenico Scarlatti. Tres compositores que reflejaron la madurez musical de su siglo.

            Primeros años

            El padre de Haendel era barbero y cirujano y estaba casado en segundas nupcias con Dorothea Trust, con la que tuvo tres hijos, el mayor de los cuales fue Georg Friedrich. Educado con cariño pero con rigor, ya de pequeño manifestó su inclinación musical. Al descubrir un viejo clave en el granero de su casa, lo convirtió en su juguete infantil. Esta aptitud convenció a su reacio padre a encargar la preparación musical de Georg, que corrió a cargo del organista Friedrich Wilhelm Zachow. El avispado muchacho aprendió con Zachow el manejo del violín, del clave, del órgano y del oboe, así como la técnica del contrapunto y de la instrumentación. Zachow fue su primer y único maestro, al que estuvo unido siempre con lazos de respeto y amistad. A la muerte del organista, el compositor sostuvo económicamente a su viuda. Se supone que en aquel periodo de aprendizaje, Haendel escribió algunas piezas musicales destinadas a los servicios litúrgicos.

            En 1696 compuso sus primeras obras, unas sonatas para oboe, donde ya se podían apreciar su rica inventiva y un vigoroso trazado. En uno de sus viajes a Berlín fue presentado a Federico III, que quedó deslumbrado por la agilidad interpretativa al clave del pequeño músico, preocupándose desde entonces de su carrera musical. Pero Haendel por deseo de su padre, comenzó los estudios de derecho en la Universidad de Halle, al mismo tiempo que se encargó de la tarea de organista de la catedral.

            En 1702 conoció a Georg Philipp Telemann. Entre ellos nació una amistad que se desarrolló a lo largo de la vida de ambos. Muerto su padre, Haendel abandonó sus estudios de leyes y decidió independizarse y seguir su destino.

            Aconsejado por Telemann, viajó a Hamburgo y logró el puesto de segundo violín en el Teatro de la Ópera, el primer centro lírico alemán, inaugurado en 1678. El cargo y las clases particulares que consiguió le fueron suficientes para subsistir holgadamente. En 1704 estrenó, con buena acogida, La pasión según San Juan. La amistad iniciada con el músico Johann Matheson se vio enturbiada, seguramente por motivos profesionales, y Haendel, a quien Hamburgo ya le resultaba estrecha, sobre todo después del fracaso de dos óperas, decidió partir hacia Italia aprovechando la invitación del hermano del gran duque de Toscana. Es posible también que la ciudad alemana resultara ya pequeña para la ambición de dos músicos pujantes y rivales.

            En Florencia permaneció poco tiempo, pues el duque de Toscana ya tenía un músico a su servicio: Alessandro Scarlatti. Se trasladó a Roma, donde se relacionó con otros colegas, como Scarlatti hijo y Arcangelo Corelli. Al no poder estrenar su ópera Rodrigo, retornó a Florencia, donde la dio a conocer en 1708. En Venecia tuvo lugar el estreno de Agrippina, que obtuvo un éxito entusiasta. Uno de los asistentes, impresionado por la belleza de la obra, le ofreció el cargo de maestro de capilla de su corte. Se trataba del príncipe Ernesto de Hannover. El músico aceptó el cargo, pero tomándose un permiso previo de doce meses que pensaba emplear en una estancia en Londres. En 1710 llegó a Londres sin saber aun los lazos que le ligarían a esa ciudad y a ese país durante el resto de su existencia.

            Haendel en Inglaterra

            Londres resultó un lugar fastuoso para los ojos asombrados del compositor, que anteriormente había vivido en ciudades con muchos valores culturales pero de carácter provinciano. Haendel fue recibido abiertamente por la nobleza, incluso la misma reina Ana le concedió una entrevista. Poco tiempo después le otorgo una pensión de doscientas libras esterlinas anuales. Asistió a los conciertos organizados por Thomas Britton, donde conoció al libretista Aaron Hill y al empresario suizo Johann Jacob Heidegger. Se supone que asistía con regularidad al teatro, donde probablemente escuchó el Etearco, de Bononcini.

            En febrero de 1711 tuvo lugar en el Teatro del Rey la presentación de su primera ópera londinense, con libreto de Aaron Hill, Rinaldo, que impresionó al público por la belleza de su música, la espectacularidad de la acción y la brillante labor de los cantantes. El éxito animó a Haendel a permanecer en la ciudad, pidiendo a Hannover una amplificación de su permiso.

            Al morir repentinamente la reina de Inglaterra, la sucedió en el trono Georg de Hannover, hermano de Ernesto, al que Haendel había dejado en la estacada. Se supone que el músico, para desagraviar al soberano, compuso la Música acuática, consiguiendo el perdón real por efecto de esa hermosa composición. Así, encontrándolo por este hecho libre de responsabilidades y de nuevo respetado, Haendel zanjó la cuestión definitivamente afincándose en la ciudad inglesa, donde compatibilizó la educación musical de la corte con sus tareas compositivas.

            En 1719 se le nombró director de la Real Academia de la Música, institución aplicada a la representación de óperas en Londres y que seguía el modelo de la institución francesa del mismo nombre. El rey aseguraba 1.000 libras anuales para su sostenimiento, que era compartido con figuras prestigiosas de la nobleza, como las casas de Manchester, Chandos y Newcastle. De los libretos se encargaron Paolo Antonio Rolli y Nicola Haym (Aaron Hill había huido llevándose el taquillaje de uno de los estrenos) y Heidegger de las realizaciones escénicas.

            A partir de 1720 Haendel compuso obras maestras cono Ottone (1723), Giulio Cesare (1724), Rodelinda (1725), Scipione (1726) y Admeto (1727) con destino a la academia que regentaba. Los cantantes contratados por el compositor en Italia se convirtieron en ídolos del público, cono las sopranos rivales Faustina Bordoni (que luego se casó con el compositor Hasse) y Francesca Cuzzoni, Francesco Bernardi (llamado el Senesimo) y Giuseppe Boschi. En 1727, Haendel se hizo ciudadano inglés. Ese mismo año falleció el rey Jorge I y subió al trono inglés su hijo, que reino como Jorge II.

            La desgracia parecía ahora abatirse sobre el compositor. El nuevo rey disolvió la Academia. Se estrenó La ópera de los mendigos, una parodia no sólo sobre la política del momento, si no que alcanzaba también a las obras de Haendel. El éxito de esta obra inauguro la moda de las óperas-baladas así mismo se creó una empresa rival para la producción de óperas, que organizaba un grupo de nobles al frente de los cuales estaba el príncipe de Gales. La Ópera de la Nobleza contaba con un importante soporte financiero del que carecía Haendel. Se contrató a los compositores Nicola Porpora y Johann Adolf Hasse en condiciones económicas ventajosas.

            La década de 1730 fue dificultosa para Haendel, per eso no impidió que surgiera una producción de importancia capital, como las óperas Orlando (1733), Ariodante (1735), Alcina (1735) Serse (1738), y los oratorios Athalía (1733), Saúl e Israel en Egipto (1738). También fue muy intensa y decisiva su producción en el campo instrumental. Tanta inspiración y laboriosidad contrastaban con su complicada situación financiera, agobiado por préstamos y acreedores, que amargaron su existencia y quebrantaron su ya delicada salud.

            La despedida

            Una invitación dublinesa en 1741 facilitó a Haendel la salida de Londres, donde cada vez eran peor recibidas sus composiciones. En Dublín el compositor recuperó su confianza y, con ella logró un respiro económico. En abril de 1742 dio a conocer El Mesías, que triunfó luego en la capital inglesa, pero el compositor tuvo que destinar sus resultados pecuniarios a obras de caridad. Este magnífico oratorio coincidió con la madurez creadora de Haendel y con la religiosidad que a veces aparece en la vejez de los seres humanos. Ésta fue la época de sus grandes oratorios, que hoy día asombran por su belleza profundidad y equilibrio. Entre ellos, Teodora, obra que no gustó al público, pero que fue la predilecta del compositor, por encima del resto de su catálogo. El estado de sus finanzas le obligó a componer la música incidental de Alceste como pago de sus deudas a John Rich, director del Covent Garden.

            En 1750, año del fallecimiento de Bach -compositor con el que Haendel nunca se encontró-, la salud del músico pareció mejorar, lo cual le animó a hacer una visita a su tierra natal. En Alemania se encontró con Telemann y con algunos parientes que aún vivían en Halle. A Telemann siempre <le agradeció el préstamo de tanta música> y de regreso a Londres le envió un ramillete de plantas tropicales, ya que también era un apasionado botánico.

            Pero la vista del compositor comenzó a debilitarse a principios de 1751. Su madre había padecido ceguera senil y Haendel pensó que había heredado la enfermedad materna. Las horas diarias de luz en Londres siempre invadida por la niebla y la oscuridad, eran escasas en los meses invernales en que estaba componiendo el oratorio de Jephte. En uno de los márgenes de la partitura autógrafa de Haendel escribió: <No tengo fuerzas para continuar. Mi capacidad de vista es casi nula, sobre todo en el ojo izquierdo>.

            Asustado, redactó su testamento antes de someterse a una delicada operación que realizó el famoso médico Samuel Sharp del Hospital Guy de Londres. Sharp le aconsejó que se entrevistara con su organista ciego desde los dos años de edad para asimilar sus experiencias. Esta estúpida salida doctoral irritó al compositor.

            Dos años después, en 1753, perdió completamente la vista y tuvo que someterse a una intervención quirúrgica. Pero los esperados resultados no llegaron a producirse. Haendel se resignó a la pérdida de visión, recluyéndose en su casa en Londres. John Taylor oculista que también había atendido a Bach, intentó en 1758 una tercera operación.

            Desde 1751, año de la escritura del hermoso oratorio de Jephte (estrenado el 26 de febrero 1752, cuando el músico estaba ya inmerso en la oscuridad visual), no compuso nada.

            El 7 de Abril 1759, explicó su contemporáneo Charles Burney, Haendel asistió a una ejecución de El Mesías. <Estaba allí, gigantesco, rodeado de músicos, nobles y fieles amigos. Sus ojos apagados no podían ver nada, pero cuando los primeros sonidos de su música se abalanzaron sobre él, su cansado rostro se iluminó y pareció que agitaba los brazos cantando o quizás orando. Cuando sonó The trumpet shall sound elevó sus ojos ciegos, como si supiera que podía ya presentarse tranquilo ante Dios>. Su fallecimiento ocurrió a las ocho de la mañana el 14 de abril de 1759 en su morada de la calle Book. Los funerales en la abadía de Westminster fueron celebrados seis días después, con una asistencia de admiradores que rebasó los límites del templo. Se cantaron unas antífonas de William Crofts. Más de un siglo después, fue enterrado en la misma tumba el cuerpo del escritor Charles Dickens.

            Obras

            -Música orquestal

            Concerti Grossi

            Música acuática

            Reales fuegos artificiales

            -Oratorios

            El Mesías

            Saul

            Israel en Egipto

            Sanson

            Judas Macabeo

            Salomón

            Theodora

            Jephte

            -Óperas

            Rodrigo

            Agrippina

            Rinaldo

            Amadici

            Radamisto

            Rodelindo

            Julio César

            Tamerlano

            Ariodante

            Alcina

            Serse

            Deidamia