Jean Paul Sartre

Filosofía contemporánea y analítica. Existencialismo negativo. Conciencia. Ateísmo. Nihilismo. Libertad. Muerte. Angustia. Crítica a la moral. Vida y obra

  • Enviado por: Soga
  • Idioma: castellano
  • País: República Dominicana República Dominicana
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Trabajo final, Vida y Obra de Jean Paul Sartre

Jean Paul Sartre es considerado el padre del existencialismo y principal y más genuino participante. Admirado como el gran filósofo de la segunda mitad del siglo XX y también por sus obras literarias, en especial por su teatro. Sartre fue ante todo un hombre público, se mantuvo siempre en la brecha tomando posición ante los avatares políticos contemporáneos y teorizó el compromiso del intelectual con el mundo y la realidad. Contribuyó al desarrollo y difusión del existencialismo con todos los medios a su alcance: obras filosóficas, ensayos, novelas, narraciones, obras teatrales, manifestaciones callejeras, etc.

Sartre es el último representante de una de las tradiciones existencialistas. Podríamos definir el existencialismo como una filosofía que reacciona contra la filosofía de las ideas y la filosofía de las cosas. La cuestión fundamental que tratará, no es tanto la existencia en toda su extensión sino la existencia del hombre, tema hasta entonces desconocido en provecho de las filosofías del mundo y del espíritu. No obstante, el existencialismo está respaldado por una larga serie de antepasados. Es el llamamiento de Sócrates “conócete a ti mismo” es el mensaje de los estoicos llamando al dominio sobre uno mismo, al enfrentamiento del destino.

Sartre es nihilista y ateo radical. Representante del existencialismo ateo francés. Desemboca su ontología en una antropología de tipo vitalista. Las principales notas que le definen son:

  • Su postura contra la metafísica de ciencias

  • El anteponer la existencia sobre la esencia

  • Y el condenar al hombre a la libertad

La fenomenología conducirá su existencialismo poco a poco hacia un marxismo de compromiso con la problemática social de la época, en la que engarza el tema de la libertad.

La libertad es el tema con el que Sartre cose toda su filosofía. Una filosofía que gira en torno a la existencia y la conciencia del hombre, pero de un hombre que está condenado a la libertad, que consiste únicamente en aquello que el hombre hace por su elección, con absoluta autonomía. El fundamento de la libertad está dentro del hombre mismo, que es totalmente responsable de sí y del mundo, sin normas exteriores, condenado a crear sus valores, libre aún sin quererlo. “La nada que no es, no podría tener más que una existencia prestada: es del ser de donde toma su ser”.

Jean Paul Sartre nació en París, Francia el 21 de Junio de 1905 en el seno de una familia burguesa. Huérfano de padre a la edad de un año. Es el fundador del existencialismo ateo, filósofo por encima de todo, pero también novelista, dramaturgo y crítico literario. Cuando tenía once años, en 1916, su madre se casó de nuevo y la familia se traslado a “La Rochela”. En el liceo de La Rochela cursó los estudios secundarios. Su padre respondía al nombre de Jean Baptiste. Siendo éste oficial de la marina en 1904, es decir, un año antes de que Sartre naciera, conoció a Anne Marie Schweitzer y le hizo un hijo al golpe.

Esa es la forma de expresarlo que tiene Sartre. Lamentablemente Sartre no llegó nunca a conocer a su padre. Desde niño era muy enfermizo, sin embargo, mostró un espíritu precoz e imaginativo, dado a inventar fantasías. Inmediatamente aprendió a leer se dedicó de lleno a la lectura. En 1921 inicia su bachillerato demostrando gran inteligencia y habilidad . En 1924 ingresó a la escuela normal superior de París donde cursó sus estudios de filosofía.

En 1929 obtuvo el título de “agregado” junto con Simone de Beauvoir a quien conoció aquel año en la Sorbona y con la que había de permanecer desde entonces.

Después de haber cumplido el servicio militar en Tours, fue nombrado profesor del Liceo de El Harve y más tarde de León. En 1933 marchó a Alemania becado por el Instituto Francés de Berlín para estudiar filosofía alemana. Conoce allí la fenomenología de Husserl y la filosofía de Heidegger la cual va a surtir gran efecto en él. En 1935 retorna a Francia, inicia su ardua labor literaria, considerada como el primer momento de su fecunda carrera de escritor. Sus primeros ensayos son filosóficos. En 1936 escribe: “La trascendece de l'ego” y “La imagination”.

En 1938 escribe “La Nausée”, la famosa novela diario que introduce ya la temática existencial. En 1940, al estallar la guerra, Sartre fue hecho prisionero durante el victorioso avance Nazi. Duró 9 meses en el campo de concentración, durante ese tiempo escribe una pieza teatral para sus compañeros. Fue liberado por razones de salud. De regreso a París es nombrado profesor de Filosofía en el liceo “Condorcet”.

Tomó parte en el movimiento de resistencia contra las fuerzas de ocupación alemana. En 1939 escribe “Le Mur”, colección de 5 relatos donde ya niega la existencia de Dios y considera al hombre como dueño absoluto del bien y del mal; de la verdad y de la mentira concluyendo que la existencia se identifica con la libertad. Escribió más tarde La Trilogía: “Les chemins de la liberté” que comprende “La Sursis” 1943, “L'age de la raison” 1945 y “Le mort dans l'ame” 1949.

En el teatro es donde Sartre logra sus mejores obras. En 1943 escribe “Les Mouches”, en 1944 “Huis Clos”. Es donde aparece la famosa frase de Sartre “El infierno son los demás”. En 1946 aparece “Morts sans sepulture”, en ese mismo año aparece “Le putain respecteuse”. En 1948 escribe “Les Mains Sales”. En 1951 aparece “Le Diable et le Bon Dieu”. En 1953 se estrena “Kean”, en 1955 “Nekrossow”, 1959 “Les Sequestres d'Altona” y por último una adaptación de “Las Troyanas” de Eurípides en 1965.

La obra filosofía fundamental de Sartre es publicada en 1943, en medio de esa actividad febril, lleva por título “L'être et le neant”, la venía preparando desde años anteriores. A partir de 1943, la fama mundial de Sartre está en auge y en adelante es considerado como el jefe del existencialismo ateo de la Escuela de París. En 1945 abandonó la enseñanza para dedicarse de lleno a su labor literaria y a viajar por el extranjero. En el mismo año 1945 funda junto a Merleaw Ponty, la revista “Les Modernes”, órgano difusor del movimiento y donde escribió diversos trabajos y artículos.

En 1946 viaja a Estados Unidos, viaje que significó el inicio de otros que van a conducirle pronto por Africa, Escandinava, Rusia y en 1959 a Cuba.

Sartre escribe críticas literarias, en este campo son importantes una introducción sobre “Baudelaire” 1947, como prefacio a una edición de este autor y sobre todo “Qu'est-ce que la litterature?” recogido en “Situations II”. Sus ideas morales las expone en la obra “Saint Genet, comedien et Martín” escrita en 1952.

El tercer momento de la actividad intelectual de Sartre es como escritor marxista. Se hizo revolucionario marxista en nombre de la libertad existencial. Escribió un extenso artículo: “Materialisme et Revolutions” publicado en “Temps Modernes” 1946. Escribe “Les comunistes et le Paix” a favor del comunismo por su solidaridad con el proletariado y la clase humilde oprimida.

En 1960 publica “Critique de la Raison Dialectique”. En la atmósfera del marxismo dedicó los últimos volúmenes de la miscelánea Situations, V, VI, VII (1964-1965) y otros artículos. En 1971-1972 escribe “L' idiot de la famille” Gustave Flaubert. Su compañera y colaboradora Simone de Beauvoir hizo lo que podíamos llamar, el papel de esposa; no logró tener hijos.

Sartre no era muy dado al exhibicionismo y la publicidad, no le interesaba lograr éxito social ó prestigio, esto lo demostró rechazando el Premio Nobel de Literatura en 1964. Quizás se debió también a su temperamento despectivo y contradictorio. En 1972 se filma la película “Sartre” de Alexandre Astruc, cuyo texto es la continuación de “Les Mots”. En 1975 proyecta el libro “Pouvoir et Liberté” que no aparecerá, aquí plantea la libertad como la idea de su trabajo.

Sartre se caracterizaba por una actitud generosa y desprendida. Su conducta privada está en contraste con la perversión y satanismo de sus personajes y con la atmósfera obscena y nauseabunda que domina en sus obras. Tenía un desbordante poder imaginativo, desde su infancia vive de continúo de su imaginación y fantasías. Posee el valioso “don” de evocar a voluntad, escenas vivas, que no distan casi en nada de lo real. Dotado de una capacidad para dar cuerpo a situaciones irreales y vivirlas como si fueran reales.

Se ha notado a través de todos los escritos de Sartre, la ausencia de una mirada de amor hacia el mundo y la humanidad. No aparece para nada el perfume de una flor, la sonrisa de un niño, todo ello delata una existencia vacía y carente de sentimientos nobles.

En los últimos años de su vida la actividad literaria ha sido víctima de una reducción considerada. Esto se debió a que a partir de 1975 había perdido casi del todo la vista. No obstante, Sartre da muestra de un amante a ultranza de la lectura y escritura. Apenas pudiendo leer algo, sin embargo, se dedica a dictar a su secretaria sus pensamientos. Con esto siente un gran alivio en medio de su dolorosa situación. La labor principal de Sartre fue siempre la lectura y elaboración de sus obras.

Sartre falleció el 15 de Abril de 1980, siendo las 9 de la mañana. Así termina una vida privada de fecundidad y que aún muerto sigue teniendo vigencia, ya que su movimiento está muy en boga en nuestros días.

Definición Sartreana del Existencialismo

Ciertamente tiene razón Sartre en su observación cuando dice que la palabra “existencialismo” se ha puesto en relación hoy con tan diversos hechos, que ya no dice nada, “rien de tout”. Sin embargo, en sus propios escritos se encuentran no pocas y exactas respuestas, que no plantean duda alguna sobre qué entiende el mismo por “existencialismo”. Esas respuestas no son fáciles, ciertamente, de reducir a un denominador común, pero se encuentran entre sí en una clara relación y la una interpreta a la otra y lo hace comprensible. Quisiera citar tres de estas “definiciones” de existencialismo.

Primera: “El existencialismo no es otra cosa que el intento de sacar todas las consecuencias de una posición unitariamente atea”. Ateísmo: ése es de hecho el punto de partida de Sartre, que él presupone sin aducir la más mínima argumentación.

Segunda: “No hay naturaleza humana...El hombre no es otra cosa que lo que él mismo hace de sí. Ese es el primer principio del existencialismo”. Continuamente mantiene Sartre esta posición: “Es un hecho que...no hay naturaleza humana alguna en la que pudiera apoyarme”.

Tercera: “La filosofía existencialista es, sobre todo, una filosofía que afirma : la existencia precede a la esencia”. Sartre, es cierto, diferencia “dos clases de existencialistas”: los cristianos y los ateos, pero ambos, dice tienen una cosa en común: la convicción de que la existencia precede a la esencia. Aunque sea ésta una afirmación muy problemática por lo que hace a los “existencialistas cristianos”, entre los que él cita a Gabriel Marcel y Karl Jaspers, no cabe duda alguna sobre qué quiere afirmar él aquí.

Esta tercera caracterización luce ser la fundamental, deja incluso de lado que explica clarísimamente la denominación existencialismo. Además, es la primera interpretación dada por Sartre.

Hay un punto de análisis que no podemos dejar atrás para entender la clave de la filosofía de Sartre y es que, para él, la existencia precede a la esencia. ¿A qué quiere referirse Sartre cuando habla de esto? Los sustantivos decisivos existence y essence, o sea existencia y esencia tienen también para Sartre el significado clásico tradicional, lo que, por lo demás, le ha valido la censura de que se encuentre todavía situado en la doctrina tradicional sobre el ser. Por essence entiende Sartre el conjunto constante, la “comunidad” de determinadas propiedades, “el conjunto de cualidades mediante las que es posible una definición”.

Esto suena no muy distinto a la afirmación de la Summa Theologica de Tomás de Aquino: Essentia proprie est id quod significatur per definitionem. Existencia para él mismo es la presencia efectiva en el mundo, la presencia ante mí. Nuevamente estamos ante una definición tradicional y totalmente plausible, por lo demás. Pero ni una cosa ni otra dicen algo sobre el modo y manera como Sartre relaciona entre sí ambos conceptos essence y existence. Es precisamente su intención declarada, no sólo ponerse en contradicción con la concepción tradicional, sino invertirla.

Expresamente, empieza por interpretar detalladamente la concepción tradicional, para luego, por contraste, poner en claro su propia tesis. Por supuesto, ha de preguntarse si aquella interpretación es acertada. Sartre habla de la visión técnica del mundo bajo la que entiende la convicción de que el hombre y el mundo han sido creados por Dios. Y añade que esa visión técnica implica, en contraposición a su propia tesis, la idea de que la esencia procede a la existencia.

Como ya es sabido, Sartre introduce como ejemplo de todo esto la fabricación de una plegadera o un abrecartas: el artesanos sabe de antemano qué es lo que intenta hacer, sabe “qué” es una abrecartas, conoce aquel conjunto de propiedades; en una palabra, conoce la essence de un abrecartas y, por tanto, la esencia de la plegadera precede a su existencia.

En opinión de Sartre, la visión religiosa tradicional, que él denomina visión técnica del mundo, se basa en la idea de que existe un artesano divino que, análogamente al fabricante de un abrecartas, da al hombre y al mundo su esencia. Realmente, Sartre no habla ya, a partir de este momento, apenas del mundo, sino sólo del hombre; lo que exclusivamente le interesa es el hombre.

Según Sartre, su existencialismo no puede ser acusado no de quietista ni de pesimista. No hay doctrina más optimista que aquella que propone que el hombre se hace a sí mismo.

Sartre niega también que su existencialismo aísle al hombre en una objetividad individual. El punto de partida es la subjetividad pero no se queda ahí: “En el punto de partida no puede haber otra verdad absoluta de la conciencia captándose a sí misma”.

El primer principio del existencialismo que concibe al hombre como un ser que se hace. No es entonces tal como se concibe solamente, sino también tal como él se quiere.

En el existencialismo, Sartre, el hombre, en cuanto existencia indeterminada, o dicho de otra manera libertad absoluta, a la que está condenado, debe todavía crearse su esencia, sin lograrlo jamás. El existencialismo de Sartre, contrariamente a la filosofía de Heidegger, no es una doctrina del “ser”, sino del hombre.

El existencialismo de Sartre presenta como una metafísica de la subjetividad creadora en la actualización de la propia existencia, mientras busca superar el subjetivismo consecuente: y existe, con todo, entre el pensamiento de Heidegger y el de Sartre una conformidad en la posición fundamental, intramundanidad del existir.

Sartre rechaza lo mismo que Heidegger, una determinación apriorística, o sea, que procede de conocimientos a priori, de la esencialidad del ser humano por delante de su existencia. Sólo en la existencia puede proyectarse fácilmente por la propia decisión del hombre. Este hombre no es ni avanza más allá de lo que él se hace.

La filosofía sartriana trata de tomarse suficientemente objetiva con el fin de adaptarse a su objeto: la subjetividad humana. Obligado a existir para explicar el mundo, Sartre pretende, sin embargo, explicar su propia existencia, según los métodos que ella inventa con respecto al mundo.

En la filosofía de Sartre la existencia se encuentra situada en el centro; se constata esta primera evidencia: “Yo existo”. Sartre se lanza a una búsqueda sistemática de todos los puntos de vistas posibles sobre la existencia. La acción de inicio es aceptar la primacía de lo real y permanecer fiel a ella. Rechaza la idea de la naturaleza humana, fundamento sólido de todo humanismo. “La existencia precede a la esencia”, cada acto humano introduce una idea de humanidad. La conciencia, en cambio, no se define como la modalidad particular del pensamiento, sino como el estallido de la existencia hacia un mundo.

Esta es una idea afín a la intencionalidad husserliana, la conciencia es un acto de exteriorización de sí; lo que mantiene a la conciencia, es pues, la certeza reflexiva del cogito, reventado, ciertamente, pero seguro de experimentarse en su lacticidad.

Jean Paul Sartre ha sido considerado como el padre del existencialismo ateo. Es quien hace de la negación de Dios la esencia misma de su sistema. Dentro de la literatura actual, Sartre es de los más leídos, a la vez que ha sido uno de los autores que más ha influido gracias a su estilo genial, quien junta la lógica del razonamiento filosófico. Traspasa las fronteras francesas y ejerce parcialmente una influencia preponderante, incluso en Alemania, fuera de los círculos de especialistas, se considera como maestro por excelencia del existencialismo ateo de este tiempo.

Dios en Jean Paul Sartre

Para Sartre, el existencialismo no es más que el esfuerzo por deducir todas las consecuencias de una lógica concepción atea. El existencialismo para Sartre, no se dedica a la prueba de la no existencia de Dios. Insiste mas en que, aunque Dios existiera, nada cambiaría.

Para él, el cambio hacia la libertad se abre con la constatación de que hay un ser en el que la existencia precede la esencia, y ese ser es el hombre. Eso significa que el hombre en primer lugar existe o se encuentra a sí mismo y solo en segundo momento se determina.

Hay 2 afirmaciones implícitas en la frase:

  • No existe un Dios en el que puede haber ideas previas de la existencia.

  • Las esencias no existen desde el principio, sino que se hacen.

En cierto aspecto, el existencialismo se nos presenta como un camino de salvación. Esta doctrina nació dentro de una crisis histórica. Las dos guerras mundiales habían dejado millones y millones de muertos. Alemania responsable de las guerras, había sido derrotada. La gente vivía en una situación difícil, hubo un pesimismo grande en Europa. El existencialismo es una posición contra la razón, tiene una posición polémica contra la razón, parte de algo concreto.

El existencialismo desemboca como doctrina, en una moral atea porque la negación de Dios creará una ética. Si Dios no existe, todo está permitido, puesto que no hay valores previos al faltar la conciencia infinitamente perfecta que lo que piense y obligue a ellos.

La supresión de Dios tiene también como consecuencia que la vida no tiene sentido alguno. Pues el hombre no puede vivir sin un sentido y sin un valor, tiene que inventárselos él mismo, por eso el valor no es más que el sentido que el hombre elige. Dado que lo que permite al hombre vivir y tener esperanza es su propio tender hacia algo, Sartre afirma que “mi existencialismo no es un quietismo descorazonador, sino que lleva con toda eficacia a un compromiso total”

Como todos sabemos, el punto de partida de Sartre es un ateísmo muy radical, que es más asunto de fe que resultado de argumentación racional. De otra parte, el pensamiento de Sartre está determinado por una experiencia especialmente poderosa de la no necesidad del mundo, pero sobre todo del hombre mismo.

El sistema sartriano es una rebelión contra Dios. Para él, Dios no es más que una idea insoportable, atormentadora contra la que hay que rebelarse si no queremos esclavizarnos. Lo considera como a un rival.

Sartre no tuvo en ningún momento de se niñez una imagen recta del Dios verdadero. Su familia se lo presentó desfigurado; cabe entonces afirmar que la postura mantenida por él, nada tiene que ver con el Dios verdadero. Luego la rebelión del Sartre niño y más tarde la del hombre maduro es contra un Dios falso, fruto de un conflicto familiar.

Sartre dice haber perdido la fe a los 11 años. Al hablar de religión, pierde su serenidad y toda capacidad de simpatía. Considera tan evidente que Dios no existe que ni siquiera ve la utilidad de eliminar y refutar las pruebas tradicionales o modernas de su existencia. Dios para Sartre no es más que una proyección del psiquismo humano. Su ambición es demostrar que la hipótesis Dios no es requerida de ningún modo para la comprensión y la realización de la existencia humana, tanto individual como colectiva. Dios debe ser negado en nombre de la libertad. Sostiene que el hombre ya no sería libre, si hubiera un orden universal y valores absolutos.

“...Sartre hace suya, bajo una fórmula nueva, la vieja técnica de Fuerbach: “Dios no es más que la proyección de la ambición irrealizable del hombre. Uno podría asombrarse que el hombre, este para sí soberanamente lúcido y libre, pueda elegir por amo y adorar a este Dios que el mismo ha creado en su imaginación. Todo se explica piensa Sartre, se reconoce que la elección y la libertad son una sola y única cosa.”

Ambiente e influencia en Jean Paul Sartre

El pensamiento sartreano está hilvanado de un modo arbitrario por las ideas de los más connotados eruditos del saber filosófico de los cuales citaremos a algunos a continuación:

Parménides: La originalidad de éste pensador consistió en haber colocado frente a frente, en ficticia antítesis irreducible, el ser y el no ser, la unidad y la pluralidad. Esta sería la columna vertebral de la filosofía de Sartre. Esto se encuentra expresado en Sartre bajo la denominación del ser en sí y el ser para sí.

El ser en sí es equivalente al ser de Parménides en cuanto que al igual que éste es una unidad en sí mismo, es plenitud impenetrable en sí mismo o sea el absoluto y aislado en su ser. En cuanto al ser para sí podríamos decir que es justamente el no ser de Parménides si éste hubiese buscado al igual que Sartre un hombre vacío, pero en sí es innegable el gran parentesco de éstos dos ser.

Aristóteles: Este sitúa a la nada en un lugar importante al dedicar algunas meditaciones a una clase de ser que es el no-ser (del cual su maestro Platón había ya hablado) y al cual le asigna la cualidad de “lo otro distinto”.

San Agustín: De él Sartre invierte su concepción antropológica teísta. La contingencia del mundo, del hombre, es captada por San Agustín como una superación a través de una apertura hacia la trascendencia que da sentido a la existencia y es captada como lo absoluto, lo definitivo, que decide el sentido de la existencia humana.

Descartes: Este ejerció una influencia perenne en la obra de Sartre con el célebre problema del yo, de la conciencia o los modos de la conciencia que constituyen el para sí sartreano.

Sartre se educó en el mundo cartesiano y da inicio a su filosofía apoyado en el pensamiento de Descartes: “yo pienso luego soy”. Con la finalidad de refutarlo y para ello utiliza el concepto de conciencia que le oferta la fenomenología.

Hegel: ¿Cómo explicar la influencia de Hegel ante un personaje que frente al idealismo buscaba la realidad concreta y ante el sistema elaborado por la razón describía la existencia en lo irracional? El punto clave está en que Sartre no toma el Hegel encumbrado en su palacio de ideas, sino al joven Hegel de la fenomenología. Mas aún: elige, de la “conciencia de la lógica no el apogeo de la razón, sino el problema de la conciencia infeliz, el problema de la experiencia irracional de sí mismo o de la existencia angustiada”.

Kierkegaard: Es considerado el padre del existencialismo y la influencia de éste filósofo sobre Sartre es irreprochable, hasta el punto de que somos capaces de afirmar que éste junto a Heidegger y Husserl constituyen la piedra angular del pensamiento sartreano.

Husserl: Las obras de Sartre se sitúan en el marco de la fenomenología de Husserl. El ser y la nada en su introducción intenta esclarecer el paso de la fenomenología a la ontología.

Heidegger: “Solo una fenomenología de la conciencia y del ser podría plantear de nuevo el problema de la imaginación del objeto percibido”. La traducción existencial de intencionalidad es ser en el mundo. Sartre opone a Heidegger la prioridad del para sí, como pura actividad que debe ser salvado de la mundanidad del en-sí.

El Ser y la Nada

En El Ser y la Nada, Sartre afirma que lo que existe es lo que aparece, lo que se manifiesta, por lo que la apariencia es la esencia misma, lo objetivo de cuanto existe. Tras esta identificación, la tarea de la filosofía es describir la apariencia, construir una ontología. A juicio de Sartre, este convencimiento de que “la apariencia, en cuanto fenómeno del ser, revela al ser tal como es”, constituye uno de los mayores progresos del pensamiento moderno.

En desgloso de la ontología sartreana existen tres grandes aspectos: Ser, conciencia y hacer. De estos se nutre y se desarrolla la parte coyuntural de la filosofía sartreana: el ser-en-sí y el para-sí.

El ser-en sí es lo que es y nada más, algo opaco, incognoscible en sí mismo, sin sentido, puesto que carece de toda relación hombre-mundo. Pero este ser-en sí no es todo el ser. Frente a él está el ser-para-sí, lo que no es nada, la nada, algo totalmente transparente, con sentido, puesto que es pura relación hombre-mundo.

Este ser-para-sí surge como resultado de la aniquilación de lo real producida por la conciencia. En este sentido Sartre lo llama lo que no es, la nada.

La conciencia es el ser por el que la nada viene al mundo. Distanciándose del ser-en sí, el ser-para-sí confiere a aquél una finalidad, convirtiéndolo en algo útil. Es decir, los objetos del mundo exteriores, seres-en sí, están ahí independientemente de que un sujeto los vea; en este sentido carecen de valor. Solamente cuando alguien, ser-para-sí, los ve y se los apropia, adquieren un valor.

El hombre es el para-si y, al estar radicalmente separado de lo en-sí, no tiene ser, esencia o naturaleza; es pura libertad, no tiene fin ni está determinado, se descubre existiendo, teniendo que decidir lo que ha de ser por sí mismo: realizarse como proyecto.

La libertad humana, pues, es el fundamento de todos los valores y es radical, no hay nada fuera de ella que pueda guiarla. El hombre está “condenado a ser libre”, no puede tener otra norma de conducta que su voluntad.

Cuando recurre a otro tipo de normas actúa de “mala fe”. De ahí la responsabilidad como “modo de ser”y la angustia ante la carencia de normas válidas para todos y la necesidad de crearse sus propias normas. De ahí también el compromiso, ya que en mis decisiones no solamente me veo afectado yo por ellas, sino que es todo el género humano el que se ve afectado una vez que decido desde la libertad de la especie humana.

Esta aceptación de la libertad absoluta es lo que Sartre entiende por autenticidad. El hombre nunca puede dejar de ser para-sí, nunca puede convertirse en en-sí; por esto más que acción es reacción ante lo dado, inconformidad; es un absurdo, una pasión inútil, y su sentimiento más característico es la náusea.

A este análisis de la conciencia humana “que opera con cosas”, Sartre añade la inclusión del otro en mí”, la intersubjetividad. Esta aparece como una interrelación entre diversos proyectos y pone de manifiesto las diversas objetivaciones que resultan de la pluralidad de formas que tienen los sujetos de relacionarse entre sí.

No obstante, hay que advertir que la objetivación de un sujeto por otro no convierte al primero en objeto para-sí, sino sólo en objeto para-el-otro. El hombre, la humanidad entera, sólo se convertiría en un todo objetivado, en nos-objeto, si se supone la existencia de un Dios omnipotente que todo lo ve. Por esto Sartre no puede creer que Dios exista. La libertad del “para-sí” es algo absolutamente necesario, de hecho un Dios autoconsciente e infinito la anularía, el sujeto opta y decide lo que debe hacer en cada situación.

La significación de los límites de la libertad son: la coexistencia en el mundo de múltiples libertades, implica límites para la libertad porque implica la trascendencia y con ella la alineación y nihilización de la libertad de cada hombre. El verdadero límite de mi libertad está pura y simplemente en el hecho de que otro me capte como otro objeto, y en el hecho, corolario del anterior, de que mi situación para el otro se convierta en forma objetiva.

Si el hombre no puede dejar de reconocer el poder de jugar que lleva la libertad ajena, en cambio sí está en su poder elegir o rechazar algo irrealizable, lo que es para los otros. Pero estos límites extremos de la libertad, precisamente por ser extremos y no interiorizarse sino como irrealizables, no serán nunca un obstáculo real para ella ni un límite padecido. Resulta entonces, que la libertad, que es la verdad de la realidad humana, es desde el punto de vista ontológico, ilimitada e infinita.

También en esta obra subyace la idea de otro límite de la libertad, un límite no meramente exterior, sino, interior, un límite que no proviene de las acciones o juicios ajenos, sino que está inscrito en la libertad misma, en su ilimitación ontológica, en la acción y por la acción. Es el límite moral de la libertad.

En la revelación y por la revelación de mi ser objeto para otro, debo captar la presencia de un ser sujeto. Esta revelación del ser para otro y en él, del otro sujeto, surge en la dimensión que la conciencia refleja, en la comprensión que no tematizaba que el hombre tiene de las estructuras de su realidad. No depende de los encuentros empíricos, no se funda tampoco en la conciencia del otro como poder objetivados. Más aún, la conciencia de la propia capacidad de objetivar a los otros se funda en la conciencia de su ser sujeto. El ser visto por otro es la verdad de ver a otros.

El Ser y la Nada, aparece reducido a una serie de brillantes aforismos sobre la condición humana. “La existencia precede a la esencia” y “el existencialismo es un humanismo”.

BIBLIOGRAFÍA

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