Jane Eyre; Charlotte Brönte

Literatura inglesa del Siglo XIX. Romanticismo. Narrativa romántica victoriana. Crítica social. Problemática femenina. Hermanas Brönte

  • Enviado por: Antoniome
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 31 páginas

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JANE EYRE

Primera parte

Capítulo 1

Jane Eyre era una muchacha de diez años, que vivía con su tía, la señora Reed, sus primos Eliza, John y Georgiana, y las dos criadas, Bessie y Abbot. Era debilucha y fea y además al morir sus padres, quedar huérfana y sin ningún dinero tuvo que ser adoptada por la familia Reed. Estos eran los principales motivos por la que era maltratada y humillada especialmente por su primo John.

La historia empieza en el interior de la casa donde sus primos y su tía estaban junto a la chimenea, y Jane castigada junto a Bessie. No había ningún motivo por el que tuviera que estar castigada y muy indignada entró en un pequeño comedorcito donde comenzó a leer 1 libro con viñetas, escondida tras unas cortinas. Poco después su primo entró a la salita y comenzó a gritar su nombre. Tuvo que salir de su escondite con cierto temor y en cierto momento, le lanzó el libro que le había quitado anteriormente. Le abrió una brecha y ella por primera vez se revolvió. Sus primas avisaron a la señora Reed y como Jane esperaba fue castigada al “cuarto rojo” aun habiendo sido herida y maltratada por su primo, cuatro años mayor.

Capítulo 2

Fue llevada a esta sala cogida por Bessie y Abbot, y sentada en un pequeño banquillo. Intento ponerse en pie, pero tras la amenaza de ser atada desistió. Las dos doncellas salieron cerrando la puerta con llave.

Jane humillada comenzó a observar y describir la habitación. Se acordó de los objetos de valor que su tía guardaba en un cajón junto a una miniatura de su difunto marido, y eso provocó que se pusiera a pensar en su tío y en el deseo de que pudiera observar la injusticia que estaba cometiendo la familia Reed. El señor Reed era la única persona de esa familia que la había querido como una hija y había sido justa con ella. Pero había fallecido hacía nueve años.

Jane volvió a pensar en el odio a su primo y el porque de si era la que mejor se comportaba de la familia, era la oveja negra. Pensó en huir de esa casa pero no tenía donde ir, o en dejarse morir y la pregunta de porque tenia que sufrir de esa manera se apoderaba de ella.

Seguía lloviendo sobre la casa y volvió a pensar en su tío y la posible reaparición de él en forma de fantasma. De repente, apareció una luz por la ventana que se movía y Jane se precipitó sobre la puerta aterrorizada, lo que provoco que vinieran las dos criadas. Se pensaron que lo había hecho para llamar la atención y la señora Reed la castigo una hora mas en esa horrible sala. Fue encerrada de nuevo y la desesperación le causo una perdida de conocimiento.

Capítulo 3

Jane, al volver en si, se sintió como saliendo de una pesadilla. Se encontraba en la cama de siempre, junto a Bessie, y en la cabecera estaba sentado el señor Lloyd, un boticario. Le saludó, le animó a recuperarse y dijo que volvería al día siguiente. Bessie muy amable se despidió de Jane y se fue con Abbot a dormir. Estuvieron hablando cerca de media hora mientras ella intentaba comprender la conversación.

Al día siguiente cuando se despertó se dio cuenta de que no había ningún miembro de la familia Reed. Bessie regresó a la habitación de Jane y le traía un trozo de pastel, en un plato que pocos días antes había soñado con ver y su tía no le había dejado. Pero en su situación, con una lagrima detrás de la otra en las mejillas lo que menos le apetecía era comer. Bessie le preguntó de nuevo, con una amabilidad muy extraña, si quería un libro y le fue a buscar los viajes de Gulliver. Lo empezó a leer, pero por primera vez le aborrecía, y mientras, Bessie iba cantando una canción. Poco después llegó de nuevo el señor Lloyd y le preguntó como se encontraba y el porque de su desmayo. Jane en una muestra de amor propio dijo que lo que causo su desmayo fueron los malos tratos. También el boticario le preguntó porque estaba tan triste. Ella le contestó que se encontraba muy sola y apartada de cualquier vida normal y social.

Sonó el timbre y Bessie tuvo que ir a comer. Mientras, el señor Lloyd se quedó hablando con Jane y le preguntó, si desearía ir con otros parientes aunque fueran más pobres y si le gustaría ir a la escuela. A la primera pregunta le contestó un no ya que pensaba que era gente diferente, con otro lenguaje y muy inculta. A la segunda un, “estaría encantada”.

Volvió Bessie y la señora Reed justo estaba llegando en coche. El señor Lloyd fue a hablar con la señora y un rato después oyó una conversación entre Bessie y Abbot. Primero escuchó la historia de cómo era su familia y después la de muerte de sus padres, con un mes de separación, a causa de unas fiebres.

Capítulo 4

Pasaron los días y Jane comía, dormía y pasaba el día sola entre el cuarto de jugar y una pequeña habitación. Sus primos no se le acercaban, tan solo su primo John, al que le propinó el puñetazo más fuerte de su vida. La señora Reed la llevó al cuarto y Jane instintivamente le dijo que ojalá su tío viera la injusticia que estaba cometiendo en los últimos años. Se llevó dos bofetadas y siguieron transcurriendo los meses hasta mitad de enero. Las navidades las había pasado sola y sin regalos, como esperaba hasta que un día, mientras Jane daba de comer a los gorriones Bessie llegó y la comenzó a arreglar. Algo se avecinaba. Bessie, una vez arreglada la envió al salón y al entrar vio a un hombre muy alto, con el que su tía estaba hablando. Este señor, Brocklehurst, comenzó a hablar con Jane y la señora Reed interrumpió para llamarle mentirosa. Ella resignada y por no dar mal impresión ante la persona que le llevaría al internado durante varios años se mantuvo callada. Una vez el señor Brocklehurst se fue Jane con un ataque de rabia le contestó que no era una mentirosa. La señora Reed intentó decirle que la quería mucho... pero no consiguió convencerla y Jane anotó su primera victoria frente a su tía, aunque poco después sintió remordimientos. Jane volvió al cuarto de jugar y cogió un libro pero no estaba por la labor de leerlo. Salió al jardín y estuvo pensando un rato, hasta que Bessie le llamó. Salió y comenzó a hablar con ella. Bessie, le preguntó si estaba feliz de ir al internado y si la echaría de menos. Ella dijo que si que quería ir a aprender y después de asegurarse de que durante los dos días que quedaban para que se fuera no le regañaría, le dio un abrazo. Bessie le dijo que era la persona que más quería en esa casa aunque le riñera continuamente y la besó.

Esa tarde se fueron sus primos y su tía, y fue una de las mejores tardes de su vida, donde Bessie le contó sus cuentos preferidos y le cantó varias canciones. Era una de las pocas tardes que se fue a dormir muy, muy feliz.

Capítulo 5

Eran las 5.30 de la mañana y Jane ya estaba preparada para marchar. Se despidió de Bessie y se montó en la diligencia que había llegado para llevarla al colegio. Tardan bastantes horas en llegar al colegio, y hacen una parada para comer. Jane, llegó a la noche al colegio, Lowood, y estaban dos señoras esperándola. La llevaron a una sala donde se esperó y entraron dos señoras más. Hablaron un poco con ella y la llevaron a cenar. Al entrar al comedor observó a las más de 80 alumnas que estaban estudiando y la profesora pidió a las jefas de grupo que trajeran la cena. Jane no probó bocado y una vez acabaron todas se distribuyeron por las habitaciones. Eran largas y en cada cama dormían dos niñas. Rápidamente se durmió ya que estaba muy cansada. Por la mañana se enteró que había dormido con la señorita Miller, una de las que había ido a recogerla.

Comenzó a vestirse y bajaron a rezar. Una hora después desayunaron, pero la gran mayoría se dejaron en el plato la comida puesto que estaba quemada. Acabado de desayunar se permitía hablar más fuerte hasta las nueve, cuando empezaban las clases de nuevo. Se formó un gran silencio y las diferentes clases se pusieron a estudiar hasta las doce, donde la señora que había ido a recogerla, que Jane notaba que era mucho más inteligente que las demás, repartió pan con queso a todas las alumnas por no haber podido comer en el desayuno, que pagaría ella. Después de esto salieron al patio donde había diversos huertos, y Jane con una actitud rara fue a hablar con una chica que estaba leyendo. Le preguntó varias cosas y sonó el timbre de ir a comer. Después de esto el único suceso que Jane destaca es como castigaban en clase de historia a una chica que le había dado conversación.

Capitulo 6

El día siguiente amaneció como el anterior, y tras hora y media de oraciones con un frío inaguantable Jane se puso a coser en el aula asignada. La señorita Scatcherd castigó severa e injustamente a su reciente amiga, Helen. En cuanto pudo fue a ver a su amiga que estaba leyendo, y se pusieron a hablar. Jane pregunto por el carácter de las profesoras y asimiló las diferencias entre ellas. Poco después vino la jefa de clase y mandó a Helen a ordenar sus cajones.

Capítulo 7

Durante todo aquel trimestre todas las alumnas lo pasaron mal por el frío. No podían salir al jardín y las chimeneas eran insuficientes para todas.

Una tarde de esas, el señor Brocklehurst regresó tras su ausencia. La señorita Temple no tardó a pronunciar sus mejoras, y por la contra Brocklehurst le explicó todas sus quejas. Las tuvo que admitir, y a continuación, él mandó cortar el pelo a unas cuantas chicas por tenerlo rizado. En ese preciso instante, a Jane se le rompió la pizarra que tenia entre sus brazos, y el despiadado jefe mandó a Jane a subirse a una silla. La criticó e humilló por la explicación de su tía delante de todas las profesoras y alumnas y tuvo que quedarse encima del taburete hasta la cena. Fue de los peores momentos de su vida, siendo el blanco de todos los rumores de la sala.

Capítulo 8

Ya era la hora de tomar el té, y por fin pudo bajar. Se fue directamente a una esquina y se puso a llorar instintivamente. Otra vez humillada y marginada por culpa de su tía que decía que era “el infierno viviente”.

Helen rompió su llanto para intentar animarle y decirle que aunque Brocklehurst hubiera dicho esto la gran mayoría no se lo creería y la gente le ofrecería su amistad. Pero sirvió de poco y Jane siguió llorando hasta que Helen le dio un abrazo y vio como venia la señorita Temple. En un tono muy amable, le ofreció a Jane y a Helen que fueran a su despacho. Una vez llegaron Jane explicó la historia real de los hechos a la profesora, y ella, al nombrar al señor Lloyd añadió que le enviaría una carta para acabar de corroborar sus hechos. Después, le preguntó a Helen sobre su enfermedad. Helen agradeció su preocupación y, a continuación la profesora hizo sonar una campanilla para que la criada trajera algo de comer. Trajo una ración insuficiente para las tres de tostadas pero al no poder conseguir más, ofreció a Jane y a Helen una gran ración de pastel que comieron muy a gusto. La señorita Temple también hizo que Helen tradujera una pagina de un libro en latín a su idioma. Jane quedó asombradísima de la facilidad con la que lo hizo, al igual que la maestra. Una vez acabó la traducción, la señora Temple les dio un fuerte abrazo a las dos amigas y se marcharon al dormitorio.

A la semana, mientras un día desayunaban, la señorita Temple anunció a todo el colegio el error del señor Brocklehurst sobre Jane, ya que era una buena chica y un conocido de Jane y la misma señorita lo había corroborado. Aquella noche Jane se durmió enseguida con la barriga llena, soñando en que algún día su sueño de ser aceptada y querida se haría realidad, y cada vez estaba más cerca.

Capítulo 9

La primavera fue llegando y tras la nieve derretirse aparecieron las primeras flores. Todo era maravilloso hasta que en el colegio una epidemia de tifus hizo enfermar a más de la mitad de las alumnas. El colegio se hizo una enfermería y las pocas alumnas que quedaban sanas tenían casi una libertad ilimitada.

Jane salía cada día a dar paseos por los jardines y se hizo amiga de Mary Ann Wilson. Era una chica divertida con la que se llevaba muy bien pero sin duda su mejor amiga era Helen pero por su desgracia no podía verla. Era una de las que estaba enferma pero no de tifus, sino de tuberculosis. Jane pensaba que era una enfermedad fácilmente curable, hasta que una tarde, después de dar un largo camino con Ann, vio al médico que había llegado al colegio. Jane preguntó a la enfermera por Helen, y tuvo que oír la gravedad en la que se encontraba su amiga. Se suponía que tardaría poco en morir.

Jane esa noche no pudo conciliar el sueño y un par de horas más tarde de haberse ido a la cama y tras asegurarse de que sus compañeras dormían, fue a ver a Helen.

Helen con una dulzura y tranquilidad asombrante comenzó a hablar con Jane. Le pidió que se metiera a la cama con ella, y Jane así lo hizo. Hablaron bastante rato, en el cual Jane no dejaba de cuestionarse el destino de Helen y a donde iría a parar. Las dos eran muy felices abrazadas y se quedaron dormidas.

Cuando Jane se despertó ya eran por la mañana y la señorita Temple hizo que fuera a su habitación. Los dos siguientes días no tuvo noticias de su amiga hasta que por fin se entero del desgraciado informe. Al parecer, la señorita Temple se encontró en la cama a las dos amigas abrazas, Jane durmiendo y Helen muerta. Posteriormente se hizo un pequeño entierro y tan solo una lápida de mármol gris la recuerda.

Capítulo 10

La epidemia fue desapareciendo y se investigó el motivo del brote de tifus. El nombre del señor Brocklehurst quedó desprestigiado y otras personas ayudaron a aumentar la calidad de vida de la escuela.

Jane Eyre continuó en la escuela durante ocho años más, seis de alumna y dos de profesora. Durante este tiempo la vida fue bastante monótona para ella pero era feliz. En el tiempo de alumna intentaba esforzarse al máximo de cara al futuro y de profesora igual. La directora, la señorita Temple, se hizo imprescindible en su vida, y después de su marcha, tras casarse con un clérigo, se sintió profundamente sola. Decidió por entonces cambiar de aires y de profesión. Siempre había querido descubrir mundo, y después de la llegada al colegio no se había movido. Escribió un anuncio a escondidas para ser institutriz y una carta llegó en su respuesta. Parecía de una señora mayor, cosa que prefería y le daba un empleo con el doble de sueldo y encargándose de una niña de diez años. La señora, llamada Fairfax pedía informes de conducta y de estudios. Jane, pidió los informes y reveló su secreto a la nueva directora. Le fue concedido después de pedir autorización a la señora Reed, aunque ya era mayor de edad. Una vez preparado todo se quedó esperando a la mañana siguiente donde un carruaje vendría a buscarla. Esa misma noche recibió una visita muy inesperada, la de Bessie. Ambas se alegraron muchísimo de verse porque anteriormente no habían podido encontrarse. Bessie ya tenia dos hijos y un marido. No pudieron hablar mucho rato y se despidieron. Durante la madrugada, Jane cogió el carruaje que le llevaría a su destino, Thornfield, aunque previamente se despidió "in extremis" de su anterior niñera, Bessie durante unos breves minutos.

Capítulo 11

Jane llegó a un pueblecito y esperó al lado de un fuego en una pequeña posada hasta que vinieron a buscarla. Tardó unas dos horas en llegar al destino, ya que el caballo iba muy lento aunque la distancia no ascendía ni a seis millas. Una vez acabó el viaje, Jane vio una gran casa. Salió una doncella a recibirla, y la acompañó hasta un saloncito, donde le esperaba la señorita Fairfax. Jane se sentó al lado del fuego y charló brevemente con ella. Era una señora mayor y vestía con el velo negro. Una vez se presentaron, la señora Fairfax la acompañó a su habitación y Jane después de desvestirse cayó rápidamente en sueños.

Jane se despertó bien salido el sol. Se vistió con su mejor ropa, aunque no era nada elegante, y salió a dar un paseo al jardín. La señora Fairfax no tardó en salir a tomar el sol y ambas se conocieron un poco más. La señora le explicó que ella era el ama de llaves y su amo era el señor Rochester. La función de Jane seria enseñar a una niña de diez años, la cual estaba llegando en un carro junto a su niñera. Jane se quedó asombrada de la cabellera rubia tan cuidada de la niña. Se llamaba Adèle y era francesa, al igual que su niñera. Apenas ninguna de las dos hablaba ingles, así que Jane tuvo que hablarle en francés. Entraron en la casa, y durante la primera clase, Jane solo se dedicó a preguntarle sobre su vida. Adèle en principio era tímida pero luego se soltó. Ella le dijo que venia de Francia con el señor Rochester y su niñera, Sophie, en barco. Tuvo que emigrar con el señor Rochester, puesto que su madre acababa de morir y él se encargó de ella. Era bueno con ella y le hacia muchos regalos. Las dos dibujaron un rato y Jane decidió darle fiesta por la tarde. El primer día era mejor no cansarla en exceso.

Jane se separó de Adèle y la señora Fairfax decidió enseñarle toda la casa. Era muy grande y estaba toda muy limpia.

Después de esto era mediodía y ya, la hora de comer. La mesa estaba preparada.

Capítulo 12

Pasaron los fríos meses de octubre, noviembre y diciembre. Se hizo afectuosa la relación de Jane con la señora Fairfax y Adèle mientras Jane se entretenía en los ratos libres que tenia en el ático, contemplando las colinas o dando paseos.

Una tarde de enero, Jane dio fiesta a Adèle y decidió salir de Thornfield. Otra vez volvía a empezar a aborrecer la estancia, y la compañía cada vez se hacia más monótona.

Salió hacia Hay, un pueblecito a unas dos millas, donde echaría una carta de la señora Fairfax. Durante el camino se sentó un rato en unos escalones, y aunque hacia un frió que hacia helar el agua, ella no lo sufría. Iba bien protegida.

Jane estaba pensando en las ganas que tenia de conocer mundo cuando vio a un perro y a un jinete cabalgando en dirección hacia ella. Jane continuó su paseo y escuchó un terrible estruendo. El mozo se había caído y parecía herido. Jane ofreció su ayuda pero el caballero rechazó de manera ruda. Esto propició la insistencia por su parte de ofrecerle ayuda. Era un caballero de unos treinta y cuatro años y inspiraba confianza. El mozo se fue a sentar a los escalones donde había estado sentada Jane y tras la insistencia de ayuda aceptó. De manera amable el caballero le preguntó de donde venia, y que hacia a estas horas paseando. Jane contestó que de Thornfield, una casa de su amo, el señor Rochester. También preguntó el señor a que se dedicaba y tras la contestación de institutriz y la ayuda de Jane para subir al caballo prosiguió su camino. Jane entregó la carta y volvió a su hogar pensando en el suceso. Entró a la casa y fue a la habitación de la señora Fairfax. Allí encontró el perro que había visto anteriormente con el caballero, llamado Pilot. Jane preguntó a la doncella que de donde había salido y recibió la respuesta de que había venido con su amo, el señor Rochester. Se quedó muy sorprendida y tras saludar a la señora Fairfax fue a cambiarse de ropa puesto que estaba mojada tras la lluvia caída en su regreso.

Capítulo 13

Adèle y Jane tuvieron que cambiar de sitio de estudio por las numerosas visitas al señor Rochester. Una de las tardes él pidió conocer a Jane y ella bajó al salón donde hablaron numerosos asuntos y experiencias. Él le preguntó por su familia, estudios y sus habilidades. Le mandó tocar una pieza de piano y enseñarle sus cuadros. Le gustaron en especial tres y después de observarlos un buen rato, darle su opinión y consejo se despidió hasta el amanecer siguiente. Subió a su habitación y una vez cambiada fue a hablar con la señora Fairfax. Jane se durmió hasta que por la mañana volvió a romper el día pero no sin antes pensar en ese algo especial que notaba a su amo.

Capítulo 14

Durante los siguientes días Jane vio poco a su jefe. Tan solo al cruzarse desinteresadamente por los pasillos se lanzaban un saludo de cortesía hasta que, en una noche lluviosa y fría, después de una reunión del señor Rochester, él volvió a requerir la compañía de Jane. Ella fue junto a Adèle tal como había ordenado y por fin la muchacha recibió el regalo tan esperado. Se fue a jugar a una esquina y Jane se quedó observando al señor Rochester. Él con una pregunta retórica, en principio, empezó la conversación pero Jane sin pensar la respuesta, se le escapó lo que de verdad pensaba. Él le dijo que se sentía comunicativo y en ese día no le tendría en cuenta su impertinencia.

Pidió a Jane que hablara de algo, de lo que fuera, de una manera demasiado brusca, pero se arrepintió y se interesó por sus sentimientos, aunque también él explicó los sucesos de su vida. Le explicó sus memorias, preocupaciones y defectos, y una vez Jane acabó de ejercer su papel de escuchar la intimidad de su amo, se llevó a Adèle a dormir.

Esa noche como en otras se quedo pensando en lo escuchado por parte de su amo.

Capítulo 15

Una tarde el señor Rochester se encontró con Adèle y Jane en el jardín y mientras la cría se entretenía jugando con Pilot, el perro, Jane estuvo escuchando la historia del nacimiento de Adèle y lo que había ocurrido años atrás. Adèle era hija de una bailarina francesa de la que el señor Rochester había estado muy enamorado y esta por su dinero había fingido quererle. Los actos ocurrieron así: una noche el señor Rochester fue a ver a su amada por sorpresa y mientras la esperaba salió al balcón. Minutos después ella llegó y al salir del carruaje el señor Rochester vio que le acompañaba otro hombre. Decidió esconderse y por una rendija escucho las duras críticas a su persona y el desengaño que estaba sufriendo. El señor Rochester decidió entrar a la habitación y tras una discusión la bailarina tuvo que marcharse. Ella no merecía su amor, sino ser objeto de desdén. Por la mañana, sin embargo, el amante y el señor Rochester se batieron en duelo y el amante quedo herido por bala en el brazo.

Seis meses después, el señor Rochester se enteró de que la bailarina había dejada abandonada a un bebe que había tenido, y él aunque sabia que no era su hija decidió adoptarla. Esta era la historia de Adèle.

Jane se fue a su habitación y su amo a la suya. Ella se quedó dormida pero oyó una carcajada y sintió una peste a humo. Se levantó muy asustada y tan solo vio una espesa nube de humareda y fuego en la habitación del señor Rochester. Fue a avisarle y como no se despertaba, tuvo que arrojar numerosos cubos de agua. Una vez el fuego apagado y su amo despierto, Jane le explicó lo que había sucedido. El señor Rochester le pidió una vela y subió al tercer piso y mientras, Jane se quedó a oscuras esperándole. No encontró a nadie y tras pedirle a Jane que no se lo contara a nadie, el señor Rochester se fue a la biblioteca y Jane a su habitación, aun que no pudo pegar ojo en toda la noche. No entendía que podía haber pasado y tampoco porque su amo no quería que la gente de esa casa se enterara de los hechos.

Segunda parte

Capítulo 1

Durante toda la mañana del siguiente día, Jane daba por hecho que el señor Rochester aparecería mientras ella daba clase a Adèle, pero acabaron las clases sin que apareciera. Nada las interrumpió, excepto un pequeño alboroto después del desayuno, cerca de la habitación del señor Rochester. Eran la señora Fairfax, Leah, y Grace Pool, la costurera. Tenían una conversación sobre lo sucedido. Antes de bajar a comer, Jane pasó por delante de la habitación, para preguntarle a Leah lo sucedido según el señor Rochester, pero quiso poner a prueba a Grace Poole. Le preguntó que había pasado y ella le explicó que el señor Rochester se había quedado dormido mientras leía con la vela encendida y se habían incendiado las cortinas. Por suerte se había despertado antes de que las llamas llegaran a las sábanas o a la madera y había podido apagar el fuego con unas cuantas jarras de agua. Grace Pool, añadió que era raro que nadie escuchara nada, pero Jane contradiciéndole dijo que estaba segura de haber oído una carcajada. La costurera le preguntó si había hablado con el señor Rochester para contárselo esa mañana y ella contestó que no había tenido tiempo. Grace protestando dijo que por que no se había levantado a mirar si pasaba algo y Jane le contestó que tuvo miedo y cerró con cerrojo para sentirse más segura. Vino la cocinera y le dijo que la señora Fairfax la esperaba así que Jane se fue. Durante la comida peguntó a la señora Fairfax sobre la personalidad de Grace, y Jane, para sí misma, el por que seguía en Thornfield si la noche anterior el señor Rochester se había mostrado casi seguro de su culpabilidad. Jane pensó en la posibilidad de un antiguo amorío pero lo descartó pronto.

Jane estuvo muy nerviosa en su clase con Adèle y esta se dio cuenta del hecho. Jane aún no había visto al señor Rochester por la casa y ya se estaba haciendo de noche. Pensó que seguramente lo vería antes acostarse pero la impaciencia se apoderaba de ella. Tenía muchas cosas que decirle. Fue a tomar el té con la señora Fairfax y esta le informó de que el señor Rochester se había ido de viaje a casa del señor Eshton, y no volverá como mínimo en una semana. Jane preguntó si en esa fiesta iban haber señoras y le dijeron que sí, muchas señoras de gran belleza. Hablaron de una en concreto, la que más resaltaba entre las demás, Ingram. Destacaba, no solo por su belleza sino también por sus habilidades. Y no estaba casada. Se puso hacer un retrato de sí misma y de Ingram y compararlos así intentar dejar de pensar en su amo. En una hora estaba echo al carboncillo su retrato y en quince días rematado el de Ingram.

Capítulo 2

Jane quiso meterse en la cabeza que lo único que la unía con el señor Rochester era su salario, pagado por su amo y seguir con sus tareas diarias. Hacía ya dos semanas que no sabían nada de él hasta que llegó una carta suya dirigida a la señora Fairfax. En la carta decía que regresaba dentro de tres días, y no vendría solo, sino que con sus amigos de la buena sociedad de Leas. El señor Rochester daba la orden de que se tuvieran preparados todos los dormitorios, se hiciera limpieza a fondo en la biblioteca y los salones y se contratase a más personal. Tras tres días de mucho movimiento y ajetreo, todo estaba listo para que los invitados fueran recibidos en el té de las seis de la tarde. Mientras esperaban la bienvenida, Jane escuchó un trozo de una conversación entre Leah y una de las nuevas asistentas, en la que hablan de Grace Pool. Esta se entera que cobra mucho dinero y que Thornfield guarda un misterio del que queda totalmente excluida.

Llegó la hora y la señora Fairfax se arregló. Sería la persona que acompañaría a cada invitado a su habitación correspondiente. Adèle también se quiso mudar y así lo hizo aunque ese día no fuera a ser presentada.

Los invitados se retrasaron y nada más llegar todas las señoritas se fueron a cambiar de vestidos, entre ellas la señorita Ingram. Mientras Jane, cogió algo de comer para Adèle, Sophie y ella ya que hacía más de cinco horas que no comían nada. La cena duró hasta más de las diez y se oían pasos de los criados que no dejaban dormir. Adèle y Jane se sentaron en el rellano de la escalera para escuchar el piano acompañado por voces que estaban sonando. Dieron las once y la niña ya se quedó dormida. Jane la llevó a la cama. Los invitados no se fueron a dormir hasta la una de la madrugada. El día siguiente lo dedicaron a hacer una excursión por los alrededores, algunos a caballo y otros en carruaje. La señorita Ingram y el señor Rochester galopaban juntos. Estaba claro que el señor Rochester la admiraba. La señora Fairfax avisó a Jane que su amo le había pedido que bajara esa noche al salón con Adèle. También dijo que los invitados no estarán más de dos o tres semanas, ya que llegan las vacaciones de semana santa. Jane al bajar al salón observa a las diferentes señoras y podía decir que la señorita Ingram parecía ser la pareja ideal para el señor Rochester aunque le quedaba la esperanza de que para su amo no. Adèle mientras, jugaba con dos de las señoras. Al servir el café los caballeros hicieron acto de presencia en la sala. El último en entrar fue el señor Rochester. Tras un rato, Jane intentó salir por la puerta lateral y el señor Rochester la alcanzó. Mantuvieron una conversación sobre la ausencia del amo y lo que habían hecho cada uno. Él le dice que la quiere ver todas las noches ahí abajo. Antes de irse le dice que vaya a avisar a Sophie de que recoja a Adèle, le dice buenas noches mi... y desaparece bruscamente.

Capítulo 3

Aquellos días en Thornfield eran muy alegres y por todos sitios había animación. Una de las noches jugaron a “las charadas” que consistía en representar obras y escenas de teatro. Se agruparon en dos grupos y mientras unos actuaban los otros tenían que adivinar su significado. Tras el primer grupo, en el que estaba el señor Rochester, actuó el segundo. En ese tiempo Jane comenzó a pensar en los defectos de la señorita Ingram. Era muy guapa pero era una persona borde y bastante inútil. Jane estaba atenta a todos sus movimientos, igual que el señor Rochester. A Jane le entró la duda de sí de verdad el señor Rochester estaba enamorado de esta. Si la señora Ingram hubiera sido bondadosa, dulce, sensata y noble, a Jane solo le hubiera quedado resignarse, pero en cambio, su torpeza y mediocridad le hacia ser eso, una simple fachada de mujer. Tras sus pensamientos se retiró y al día siguiente por la tarde el señor Rochester tuvo que marchar un rato por unos asuntos económicos. Fue una tarde aburrida y no se sentía la alegría que transmitía su amo. A mitad de la tarde llegó un señor de mediana edad que decía venir a ver a su amigo, el señor Rochester. Jane en la cena se enteró que él, llamado Mason y el señor Rochester se conocieron en un viaje a las Antillas y desde entonces habían mantenido una buena relación amistosa. En pocos minutos entró un criado diciendo que había una señora bastante vieja, que decía ser bruja y que no conseguían echarla de la casa sin haber conseguido su propósito, es decir, haber hablado con cada una de las jóvenes chicas de esa habitación. Entonces la señorita Ingram decidió ir a verla, contradiciendo a su madre, y tras un rato de espera volvió al comedor.

Sin ninguna explicación se sentó en el sofá a leer y durante muchos minutos seguía sin pasar página y sin soltar palabra. Se notó que la buja no le había dicho lo que quería oír. Después fueron las otras tres chicas juntas porque les daba miedo entrar por separado y a la vuelta contaron que esa bruja había adivinado cada uno de sus movimientos en el pasado. Estaban verdaderamente asombradas. Por último cuando ya querían echarla, la bruja dijo que no se iba sin hablar con Jane. Esta fue hasta la biblioteca, donde la bruja estaba sentada y tras decirle al criado que no tenia miedo y que podía retirarse entró a la sala.

Capítulo 4

Al entrar a la sala, Jane fue a calentarse las manos al lado de la chimenea y la bruja se ofreció para leerle la mano. Jane intrigada pero sin dejarse acobardar, le dijo que hiciera lo que quisiera. Tras la insolencia mostrada por la bruja, Jane le correspondió por igual. Jane le acabó pagando la plata y la bruja le leyó la mano. La institutriz, se arrodilló y la vieja gitana le comenzó a preguntar sobre sus sentimientos, y sus costumbres cuando estaba en el salón con la gente de bien. Después de una infinidad de preguntas, Jane se cansó y le dijo que no venia a un interrogatorio, sino a que le adivinara el futuro. La abuela le dijo que su porvenir estaba aun un poco confuso y le explicó cada cosa que identificaba en su rostro. Empezó por los ojos, siguió por la boca, y acabó por la frente. Jane hizo un movimiento, en parte de asombro y le cogió la mano. Se fijo que no era normal para ser de una abuela gitana y esta poseía un anillo que le resultaba muy familiar. Finalmente la supuesta bruja pronunció las palabras de sí le conocía. Era el señor Rochester y Jane ya lo había conocido. Le ayudó a quitarse el disfraz y habló con Jane. Esta le informó sobre el forastero que había llegado. Al nombrar su apellido, el señor Rochester se puso muy pálido. Dijo que era golpe muy duro y le cogió el brazo a Jane, al cual se abrazó tiernamente. Finalmente, y tras Jane consolarle, decirle que nunca dejaría que le hicieran daño y estaría a su lado, el señor Rochester, un poco más animado hizo avisar al señor Mason y Jane les dejó solos. Jane se retiró y oyó pasada la medianoche como el señor Rochester guiaba al invitado a su habitación. Jane se quedó más tranquila y se durmió.

Capítulo 5

Jane se despertó. Un terrible grito en medio de la noche estremeció a toda la casa. Se había oído encima de la habitación de Jane y una voz pidiendo ayuda volvía a escucharse. La gente había salido a las puertas y estaba todo muy confuso. El señor Rochester intentó calmarlo todo diciendo que había sido una pesadilla de la sirvienta, y poco a poco se fue recuperando la normalidad. Pero Jane estaba segura de que no era una pesadilla y se vistió. Un rato después el señor Rochester pico en su habitación, y le pidió a Jane que le acompañara con mucho sigilo. Llegaron al tercer piso y él abrió una puerta con llave. Cuando Jane entró vio al señor Mason muy herido y con cantidad de sangre desparramándose. También estaba Grace Pool, la costurera. El señor Rochester le paso una esponja por el cuerpo para limpiar la sangre al herido y le dijo a Jane que continuara haciéndolo, que él iría a por un medico. Tardó mas de una hora y Jane ya había perdido la cuenta de cuantas veces le había limpiado la sangre. Mientras Jane no paraba de hacerse preguntas sin respuestas. Cuando el señor Rochester llegó con el medico, el herido había perdido mucha sangre. El amo mandó curarle en media hora y mientras, el señor Rochester entabló conversación con Mason. El amo le decía que no tenia que haber ido a hablar con ella y que tenia que haber forcejeado desde el primer momento.

El señor Rochester mandó a Jane por ropa para vestir al invitado y por una droga que le calmaría el dolor. Salieron al jardín antes de que saliera el sol, donde el señor Mason se montó en un carro y despareció junto al medico. Después de desaparecer el invitado, el señor Rochester se quedó hablando con Jane. Se sentaron y vieron salir el amanecer. Jane preguntó que porque la asesina de Grace Pool seguiría trabajando en la casa. El señor Rochester le pidió que se olvidara de eso. Tras esto Jane tuvo que meterse en un papel imaginario donde ella era el señor Rochester. Hablaron de cómo el verdadero señor Rochester se sentía, su pensamiento de que la boda le ayudaría a superar el pasado y de lo agradecido que le estaba a Jane por ayudarle. Después de esto se separaron antes de que la gente saliera y les viera juntos. Era mejor no llamar mucho la atención.

Capítulo 6

Al día siguiente por la tarde la señora Fairfax mandó llamar a Jane. Había venido alguien a visitarla. Era el cochero de la señora Reed, el marido de Bessie, aquel en que ocho años atrás jugaba con ella montándole en el caballito de su prima. Venia a comentarle la muerte de su primo John, que se había suicidado. John, además, había llevado a la ruina a la familia Reed y su madre le había tenido que sacar varias veces de la cárcel. Después de esto la señora Reed se puso muy enferma y no se ha vuelto a levantar. Ahora solo decía que quería ver a Jane, y por eso había venido a buscarle. Jane decidió cumplir su voluntad sin más y fue a pedir al señor Rochester unos días. Él se sorprendió de la noticia ya que nunca antes le había hablado sobre esta familia, pero finalmente accedió y dejó que se marchara con la condición de que volviera. También le iba a dar un billete de 50, lo que suponía más del triple de su salario. Jane le dio que no necesitaba tanto y el señor Rochester no le replicó. Le dijo que con diez libras, no tardaría mucho tiempo en regresar y, además, tendría que volver para recoger las cinco libras que le faltaban. Se despidieron y el señor Rochester le pidió por favor que regresara pronto.

Dos días después Jane llegó a Gateshead. Al entrar en la casa vio a Bessie a la cual abrazó mientras daba de mamar a su tercer hijo, con el cochero de la familia Reed. Jane tomó el té con ellos dos, mientras hablaban sobre diversos temas. Finalmente Jane fue a saludar a sus primas, Eliza y Georgiana. No hablaron casi, durante mucho rato y Jane decidió subir a ver “a su tía”. Al entrar Jane intentó ser amable, pero la señora Reed se notaba que no había cambiado y la seguía odiando. Jane intentó hablar pero estaba delirando así que volvió a bajar y durante diez días no pudo subir a visitarla, ya que no se encontraba en condiciones, así que se dedicó a pintar un retrato del señor Rochester. El día que pudo subir, La señora Reed mandó buscar una carta para Jane, que había en el tocador. Provenía del señor John Eyre de las islas Madeira y pedía que Jane se fuera a vivir con él, ya que no tenia hijos y quería adoptarla. La carta estaba fechada de tres años atrás, y en cambió Jane no había recibido noticia. Su tía le dijo, además, que nunca le había querido como una hija y que no había cumplido la promesa a su marido, que decía que la cuidaría hasta que fuera mayor. Ahora pedía clemencia a Dios, y que le perdonara sus defectos. Después de esto bajo a la sala, y esa misma noche, la señora Reed murió sin el amor de ninguna persona, sola en la habitación. Cuando se enteraron Georgiana se puso a llorar, pero en cambio Eliza y Jane se quedaron pensativas y no derramaron ninguna lagrima.

Capítulo 7

Jane quiso marcharse justo después del funeral, pero primero Georgiana y después Eliza le suplicaron que se quedara con ellas. La autora cuenta que Georgiana se casó tiempo después con un señor rico, y Eliza se hizo madre superiora de un convento al que donó toda su fortuna.

Por fin Jane cogió el camino de vuelta hacia Thornfield, su casa, pero ¿por cuanto tiempo seguiría siéndolo?. Durante su ausencia la señora Fairfax le escribió una carta a Jane en la que decía que ya se habían ido los invitados y que el señor Rochester había ido a Londres, aunque iba a volver pronto. La carta también decía que los comentarios que se oían eran de que pronto la señorita Ingram contraería matrimonio con el señor Rochester.

Durante todo el viaje Jane estuvo pensando lo que pasaría con su vida y que haría cuando la señorita Ingram y Adèle fueran expulsadas de la casa. Jane llegó a Millcote y decidió ir caminando bajo aquel espléndido día hacia Thornfield. Llegó hasta las puertas de su casa, Thornfield. El señor Rochester estaba leyendo en el jardín y la vio llegar. Se levantó y le saludó. También le recrimino con un tono en parte bromista, tanto tiempo de ausencia. El señor Rochester le invitó a pasar dentro de la casa y después de ese acontecimiento, dos semanas de calma no interrumpida le prosiguieron. Había ratos en que estaban Jane y su amo en el salón junto a Adèle. Siempre que Jane estaba triste el señor Rochester le animaba. ¡Pobre de ella cuando se tuviera que marchar de Thornfield y separarse del señor Rochester con lo que le amaba!

Capítulo 8

Era la víspera de San Juan cuando Jane salió al jardín a ver la puesta del sol. Tras un olor inconfundible a cigarro, el impulso le llevó al huerto. Allí volvió a oler ese aroma a cigarro, y tras intentar escapar por la espalda del señor Rochester, la voz del amo se escuchó. Esta decía que se fijara en la mariposa, que parecía un ejemplar muy inverosímil. Tan pronto como dijo esto la mariposa se marchó volando y desapareció. El señor Rochester entonces, entonó una conversación con Jane. Ella tenia un mal presagio. El señor Rochester, al principio tímidamente, le hizo entender a Jane que tenia que marcharse y separarse de Adèle, la señora Fairfax y por supuesto el mismo. Tendría que abandonar Thornfield. Le había encontrado unas niñas a las cuales cuidar en Irlanda y allí acabaría todo. Jane replicando se le escapó que estaba muy lejos y que había una barrera que le impedía marcharse. La distancia, el mar... y sobretodo él. Intentó arreglarlo, y mientras, las primeras lagrimas se comenzaron a deslizar por sus mejillas. Poco a poco el sollozo se fue haciendo intenso y sonoro hasta que Jane desató todos sus sentimientos y declaró su amor incansable e imparable hacia el señor Rochester. También dice que la separación entre ella y él seria como su muerte. El señor Rochester se quedó muy parado, y mientras, Jane siguió sacando al exterior todos sus sentimientos. Finalmente el señor Rochester le pidió un poco de calma. Era verdad que ellos dos eran almas gemelas como había dicho Jane, y que él sentía lo mismo que ella. No quería a la señora Ingram, sino a Jane, aquella chica sincera a la que no le preocupaba ni el dinero ni la belleza, sino que el interior de la persona. Le pidió a Jane que compartiera el resto de sus días con él, y que por favor le creyera. Jane no lo acababa de hacer, pero la frase con la que concluyo el señor Rochester, en la que le pedía que por favor se preocupara por su felicidad, que el se encargaría de la de ella acabó de convencerla. Se abrazaron justo cuando comenzaron a caer las primeras gotas de la fuerte tormenta que caería. Regresaron a casa y el señor Rochester la besó varias veces. La señora Fairfax les vio y Jane, subió corriendo por las escaleras hasta su habitación. Aquella noche su enamorado fue a visitarla y preguntarle como estaba tres veces, con lo cual Jane se sintió como la protagonista del mejor cuento de hadas.

Capitulo 9

Se levantó y lo que más deseaba Jane en esos momentos era ver a su prometido. Bajó al jardín, estuvo paseando y poco después la señora Fairfax le llamo para desayunar. Después de un incomodo desayuno en el cual Jane intentó terminar lo ante posible, se disponía a subir corriendo a darle clase a Adèle, cuando se la encontró bajando por las escaleras. Decía que el señor Rochester le había mandado a jugar y que le estaba esperando. Jane subió lo más rápido que pudo. El señor Rochester le piropeó y le dijo que le iba a vestir con las mejores ropas y joyas. Esa misma tarde él le iba a llevar a Millcote para comprar media docena de vestidos y a recoger las joyas que ya había encargado a un banquero. Jane le pidió por favor que no lo hiciera y que no estaba dispuesta a transformar por completo su apariencia. De momento lo único que quería era que se limitase a decirle a la señora Fairfax que se iban a casar en un mes, que todo siguiera igual hasta la boda y que le explicara a Jane porque había cambiado de esposa. El señor Rochester le dijo que para darle celos y Jane, se enfado. Ella no quería que jugara con los sentimientos de las personas pero finalmente él le hizo entrar en razón y la convenció de que esa mujer no le quería por nada más que por su fortuna.

Jane se fue a la habitación a vestirse porque ni aun habiéndole dado las condiciones había conseguido convencerle para no ir a comprar trajes a Millcote. Cuando bajo la señora Fairfax le dio la enhorabuena y mientras el señor Rochester se fue a buscar el carruaje se quedaron ellas dos juntas. La señora Fairfax fue muy dura con ella y le dijo que: si de verdad se casaba por amor, que tendría que tomar muchas precauciones... y eso provocó que a Jane se le cayeran las lagrimas. Adèle apareció justo en el momento que las cosas se pintaban peor y salió con ella para ir al pueblo. Tras una pequeña discusión entre el señor Rochester y Jane, Adèle fue se montó con los dos en el carruaje. Cuando llegaron Jane consiguió convencerle que no quería joyas ni vestidos, pero tuvo finalmente que aceptar 2 trajes. Volvieron y Jane le dijo que no iba a permitir que se gastara su fortuna en ella y que hasta la boda no hubiera más complicidad que la que había antes.

Durante los siguientes días el señor Rochester mandó a Jane bajar a las siete en punto cada día, y hasta un día le cantó una canción para ella. Ese día, y tras cantar el señor Rochester esa canción que hubiera enamorado a cualquier mujer, Jane se despidió con buenas noches y se retiró a su habitación. Jane pensaba que estaba haciendo lo correcto marcando territorio, tal como le había avisado la señora Fairfax y teniendo bajo control a su amado. Así no tendrían ningún problema antes de la boda, aunque esas tardes junto a su amor, se le hacían muy largas para no seguir el impulso que le llamaba a desatar la pasión por el señor Rochester.

Capítulo 10

Todo estaba preparado. No faltaba ningún detalle. Al día siguiente se iba a producir la boda y después de eso el señor Rochester se marcharía junto a Jane en un viaje que les llevaría por toda Europa. Los equipajes estaban preparados, pero había algo que preocupaba a Jane. El señor Rochester había salido a arreglar unos asuntos y eran más de las diez y aun no había vuelto. Después de dar mil vueltas, Jane decidió salir al Jardín a esperarle en la verja. Tras mucho rato de espera, emprendió el camino por donde se suponía que iba a regresar el enamorado. Cuando no había caminado ni diez pasos, Jane vislumbró por el horizonte a un jinete. Sin duda ninguna era el señor Rochester al cual Jane fue corriendo a abrazar y darle un beso. Estaba lloviendo y hacia mucho viento. Regresaron rápido a Thornfield, y tras cambiarse, estuvieron en el salón. Jane le contó todas sus preocupaciones, en especial un sueño que había tenido y un incidente que había ocurrido. En el sueño, ella regresaba a Thornfield con un hijo muy pequeño y se encontraba unas ruinas. En la lejanía, estaba el señor Rochester que se alejaba cada vez más.

Tras esto le contó lo que había visto esa noche. Una mujer había entrado en su habitación. Jane estaba muy asustada y la intrusa, le rompió el velo y tras esto, le apagó la vela que poseía a escasa distancia de sus ojos. La husmeadora era alta, recia y con una gran cabellera negra. Su apariencia le describe Jane como cadavérica. El señor Rochester intentó calmarla y le pidió que no se preocupara de nada. Habría sido la misteriosa Grace Pool quien habría roto el velo que Jane encontró partido por la mitad al amanecer. En cuanto al rostro de la mujer, el señor Rochester, comentó a Jane que había sido fruto del sueño anterior y el cansancio que le apaleaba.

En un futuro, el señor Rochester le explicaría porque esa señora estaba aun bajo ese techo, con detalles que ahora no podía revelar. A Jane no le convenció el argumento pero creyó mejor no preguntar más. El señor Rochester le pidió que fuera a dormir con Adèle, y Jane así lo hizo. Paso lo que quedaba de noche abrazada a Adèle pero no consiguió pegar ojo.

Capítulo 11

Sophie ayudó a Jane a vestirse con el vestido de novia y un velo apenas bordado que había hecho la pequeña novia del señor Rochester sustituyendo al roto. Jane no había tardado mucho en vestirse pero para el señor Rochester se había hecho interminable. En cuanto la futura esposa bajo, salieron los dos juntos de la casa, y a Jane casi no le dio tiempo ni a probar bocado, ni a despedirse de la señora Fairfax o Adèle. Cuando bajaron al jardín se pararon ambos a tranquilizarse, y Jane por entonces vio a dos hombres que tenían pinta de colarse en la ceremonia. Así fue y cuando los novios entraron, los dos hombres que había visto Jane les siguieron. Tras el rutinario acto del principio de las bodas, se produjo también la normalmente inútil frase de sí hay algún motivo por el cual se deba parar la boda, que hable ahora o calle para siempre. Fue entonces cuando todo se torció. Uno de los hombres que había entrado mandó pararla. Argumentaba que el señor Rochester ya se había casado anteriormente con una persona que aún vivía, concretamente en Thornfield. El que había interrumpido el acontecimiento nupcial, se sacó un documento oficial del bolsillo el cual reconocía a la hija de Thomas Mason, su mujer. Esa boda se había celebrado 15 años atrás en Puerto España. El señor Rochester intentó desmentir, pero había un testigo, el señor Mason, que decía ser el hermano de tal esposa. El señor Rochester con una sonrisa sarcástica, hizo síntomas de no creer lo que estaba sucediendo. Salieron fuera de la iglesia y todos, exceptuando al reverendo, se dirigieron hacia la casa del señor Rochester. El señor Rochester llevó cogida de la mano en todo momento a Jane. Se dirigieron hacia la sala en la que habían atacado al señor Mason, el mismo que tiempo atrás había venido como amigo del señor Rochester, el mismo que había estado a punto de morir por el ataque de aquella mujer, el mismo que ahora había destrozado la boda de Jane. Allí estaba Grace Pool con otra mujer, la mujer loca que había visto destrozándole el velo. El señor Rochester empezó a hablar. La loca saltó al cuello del señor Rochester, y él le cogió de las manos y la amarró a una silla. El señor Rochester siguió hablando. Decía que si que era verdad que era su esposa, pero de la cual no había podido disfrutar ni una tarde, y que a pesar de que se había casado, la persona a la que más había querido, y tal vez la única, era Jane. Una persona amable, seria, que le entendía y le respetaba, que no quería su dinero, sino su amor. El señor Rochester pidió entonces que se marcharan de la sala para poder desatar a “ese tesoro”. Salieron los dos intrusos con Jane y cuando bajaron por la escalera el abogado le dijo a Jane que no tenia ninguna culpa y que a su tío de Madeira le alegraría saberlo. El señor Mason decía conocerle, pero también decía que ese tío que tenia estaba muy enfermo y alomejor ya no podría enterarse de que se había parado la boda.

Los dos intrusos se marcharon. Jane se quedó en su habitación pensado en todo lo que había pasado y en el desvanecimiento de toda su felicidad. Ahora solo le quedaba huir y separarse de la persona que más quería. No había más alternativas.

Tercera parte

Capitulo 1

Tras un buen rato de desespero, en el cual no había picado nadie a la puerta, Jane estuvo apunto de desmayarse. No cayó al suelo, ya que justo abrir la puerta, el señor Rochester la cogió. Le empezó a hablar, y Jane se mantuvo en silencio hasta que finalmente, con la pregunta de que si pensaba que era un canalla, se decidió a contestar. Tras un si rotundo, le dijo al señor Rochester que se encontraba enferma y que quería agua. El señor Rochester la bajó en brazos a la biblioteca y le dio una copa de vino. Tras beber unos sorbos y recuperarse lo justo para poder hablar, el señor Rochester intentó besarla, pero ella le apartó. Jane ya no pintaba nada en esa casa. Estaba decidida a marcharse, y a intentar buscar una nueva vida.

Lo primero que hizo fue comunicarle al señor Rochester que tendría que buscar una nueva institutriz para Adèle, y después, que su mujer no tenía la culpa de estar loca y que si ella, Jane, también lo estuviera, si le encerraría. El señor Rochester le dijo que no, porque a ella si que la quería con el corazón, que la amaba. Él también le dijo que se quería ir a vivir con ella a un santuario que tenía, donde olvidarse de todas las penas. Jane le dijo que no pensaba ir jamás, y que la soledad era muy triste, que fuera con Adèle. Al señor Rochester le dio un pequeño ataque de desenfreno. Jane intentó calmarle, y le pidió que se sentara, que hablarían todo lo sucedido.

Cuando se calmó un poco, aunque seguía teniendo un sentimiento de desespero, le preguntó a Jane si es que ya no le quería. Ella le dijo por última vez, que le amaba, pero que no podía quedarse con él bajo el mismo techo. Que se tenía que marchar. Tras varios intentos del señor Rochester por convencerla, decidió contarle todos los sucesos de su vida. Empezó contándole, que su padre había regalado toda la fortuna a su hijo mayor, y a él, no le había dado ni una libra. Tiempo después, y tras una serie de remordimientos por parte de su padre, decidió casarle con la hija del señor Mason, el cual le daría 30000 libras que le parecían suficiente. Se casaron casi sin haber hablado, y no cal decir, que toda la familia de la esposa, le había ocultado que su esposa, y su madre, estaban locas. Tras estar viviendo una continua pesadilla con su mujer, la cual estaba la mayor parte del día gritando tan fuerte, que ni con dos paredes que separaban a la mujer del marido, le hacían posible la vida. Fue entonces cuando el señor Rochester se vio obligado a encerrarla en Thornfield, con Grace Pool de cuidadora. Esta mujer haría lo que hiciera falta por dinero. El señor Rochester empezó a viajar por Europa, donde encontró tres amantes. La primera era la madre de Adèle, de la cual ya sabía la historia. Tras este falso amor, el señor Rochester encontró dos más, pero ninguna le hizo feliz.

Tuvo que volver a Inglaterra por asuntos de negocios, y fue entonces cuando encontró a una pequeña mujer sentada en una escalera. Diez pasos más para delante, el caballo resbaló y esa niña fue quien la ayudó, a pesar de su rudo carácter a levantarse. Tal como Jane recordaba, el señor Rochester le preguntó que donde vivía y tras asegurarse que podría volver a verla le dejo marcharse. Si hubiera sabido que no le volvería a ver, la hubiera retenido para hablar, ya que le había ya notado algo especial a aquella muchacha. Se pasó todo el rato en el que Jane estuvo fuera pensando en ella. Durante todo el día siguiente estuvo espiándola a escondidas. El señor Rochester se acordaba perfectamente de que ese día había nevado, pero que, aún así, estuvo jugando con Adèle en el jardín. Pasaron varias semanas en las cuales el señor Rochester fue observando su comportamiento, hasta que finamente una tarde, le pidió que fuera a hablar con él.

Jane le pidió que no siguiera hablando de eso, y pensó para sus adentros, que si seguía escuchando todo lo que significaba para él, no conseguiría separarse. Él le hizo caso, ya que le pareció oportuno dejarlo y hablar del presente. Había encontrado una mujer, Jane, que le entendía y le quería, con la cual decidió casarse. El señor Rochester reconocía haberse equivocado mintiéndola pero ahora estaba arrepentido y le pedía por favor, que le prometiera fidelidad y fuera de él. Tras una pausa, Jane en una situación en la que tenia que escoger entre el corazón o el pensamiento le dijo, “señor Rochester, no seré suya”. El señor Rochester se sintió desolado, y tras abrazar a Jane le hizo otra vez la pregunta. Jane le dijo que no y se separó de sus brazos. El señor Rochester estuvo apunto de llorar en presencia de Jane, pero aguantó. Estaba profundamente dolido y desalmado. Para Jane la situación era como de vida o muerte, y se decidió finalmente por hacer caso a sus pensamientos y marcharse. Jane se dirigió hacia la puerta y el señor Rochester, se puso boca abajo en el sofá. Jane antes de marcharse regresó al lado del señor Rochester y le besó en la mejilla. Tras el señor Rochester suplicarle que por favor no se fuera, a Jane no le quedaron más fuerzas que para irse corriendo y quitando todas las ilusiones a la vida del señor Rochester y a la suya propia.

Aquella noche no pudo dormir, y en los primeros rayos, recogió la ropa que le quedaba y se marchó de puntillas hacia el jardín. Casi cayó en la tentación de abrir la puerta de su amado, pero su cabeza le mantuvo firme. Tampoco podía despedirse de Adèle, ya que todo seria más difícil, así que emprendió el camino. Mientras caminaba no dejó de pensar en la felicidad que dejaba atrás y que si volvía, aún nadie se habría dado cuenta. Pero no podía dar marcha atrás, no podía traicionar a sus pensamientos. Una diligencia pasó por delante de Jane, y ella la paró. Le pagó y mandó al cochero, ir lo más lejos de aquel sitio. Jane no pudo parar de llorar durante todo el camino.

Capítulo 2


Después de dos días de viaje, el conductor dejó a Jane en un cruce de cuatro caminos llamado Whitcross. Allí Jane estuvo observando un cartel donde estaba escrito la lejanía de diversos pueblos. Al verse imposibilitada a llegar a uno de ellos antes de que sucumbiera la noche, decidió acercarse a unos arbustos, donde tras comer el medio panecillo que le quedaba, se durmió.
El día amaneció y Jane se levantó. Decidió emprender el camino hacia el pueblo más cercano. Al medio día se encontraba ya en él, y su cansancio y su hambre hizo que entrara a una panadería a pedir algo de comer. A la panadera no le hizo la menor gracia encontrarla, pero posiblemente por un sentimiento de pena, le dejó sentarse en una silla. Jane no se atrevió a pedirle nada para comer. Transcurrió un rato hasta que Jane decidió seguir su camino. Estaba desesperada y eso hizo que fuera picando por muchas puertas ofreciéndose para trabajar. En ninguna de ellas lo consiguió y tras visitar también la iglesia, a pedir el cobijo que no obtuvo al no estar el párroco, volvió a caer la noche. Jane, se adentró en el bosque tras obtener una pequeña rebanada de pan del hijo de un granjero y las sobras de potaje de una niña. No sabía si volvería a despertar algún día cosa que no le dejó descansar tranquila. En uno de esos momentos de desesperó que sufrió, vio a lo lejos una especie de luz. Jane, no supo si era la luz del cielo o la del infierno, pero en cualquier caso, tenía que acercarse. Sacó fuerzas de flaqueza y consiguió llegar a asomarse a mirar por la ventana de donde provenía la luz. Vio a tres mujeres, dos de ellas eran jóvenes y la otra parecía la doncella y tras un rato escuchando la conversación decidió picar en la puerta. Le abrió Hannah, la doncella, que le preguntó que quería. Jane le suplicó que le dejara hablar con las señoritas pero Hannah no se lo permitió. La doncella le dio un trozo de pan y la dejo bajo la lluvia que caía intensamente. Jane estaba a punto de desmayarse cuando una voz masculina le ofreció para entrar en la casa. La voz era de un hombre llamado St. John. Dieron agua a Jane y tras recuperarse un poco, esta dijo a St. John, Hannah y las dos chicas, llamadas Diana y Mary, que se llamaba Jane Elliot. Jane creyó que era mejor adoptar un seudónimo. St. John intentó convencerla para que dijera con quien había vivido, pero Jane se opuso. Finalmente, St. John decidió convocar una reunión entre los tres hermanos para decidir que hacer con ella.
Paso un rato hasta que vino una de las hermanas. Le ayudó a subir a una habitación y a acostarse entre unas sabanas limpias y calientes. Jane cayó dormida en un abrir y cerrar de ojos.

Capítulo 3


Jane Eyre estuvo varios días sin poder levantarse de la cama. Ni siquiera comía ni se movía de la cama. Hannah venia a visitarla varias veces al día, cosa que molestaba mucho a Jane. Diana y Mary entraban una o dos veces y St. John solo le visitó una vez en todo el tiempo que estuvo en la cama.
Pasaron los días hasta que una buena mañana, Jane, se vio capacitada para comer unas tostadas, ducharse, arreglarse y vestirse con la ropa lavada que le habían dejado. Una vez echo todo esto, Jane bajó a la cocina y se puso a hablar con Hannah. Jane le pidió que le dejara ayudar, y la doncella le dio unas grosellas para limpiar. A continuación, Hannah le pidió disculpas por no dejarle entrar esa noche, pero que no podía dejarla pasar sin el consentimiento de sus dueños. Hannah también le habló sobre la familia Rivers. Mary, Diana eran institutrices y St. John, un párroco. Todos tres eran hermanos, y hubieran sido ricos a no ser de la estafa que le hicieron a su padre.
A la hora del té, regresaron los tres hermanos del paseo que estaban dando y invitaron a Jane a ir al salón. Allí el párroco volvió a intentar sonsacar información a Jane, y ella, agradecida que estaba, se la dio hasta un cierto punto. Les hablo de su nacimiento, educación y sobre la vida que había llevado, pero no les contó lo del señor Rochester para mantener en secreto de donde venia. Tampoco quería remover más sobre lo que pasó con él. Recordarlo posiblemente le trajera malos recuerdos.
Ya habían tomado el té, y Jane se sentía un poco incomoda al interrogatorio al que le estaba sometiendo St. John. Éste le preguntó si se llamaba de verdad Jane Elliot, y tras Jane dudar, afirmó que así no se llamaba. Se veía obligada a no poder decir su verdadero nombre para no tener que volver de donde venia. Jane aprovechó para pedirle a St. John un trabajo. Le daba igual el trabajo y el sueldo mientras fuera honrado. Y así fue como St. John le dijo que le iba a ayudar en todo lo posible, pero que el trabajo no estaría muy bien remunerado. Tras esto St. John volvió a la lectura y Jane aprovechó para subir a descansar a su habitación.

Capítulo 4

Durante los días siguientes, Jane se fue recuperando. A ella, ahora, le encantaba estar y charlar con Diana y Mary. Las hermanas se notaban que eran mucho más cultas y hablaban sobre temas que Jane apenas había oído hablar. Pero eso, a Jane, ya le iba bien. Le gustaba escucharlas y aprender. Diana y Mary también habían leído mucho más, y a Jane, le gustaba leer esos libros para poder comentarlos cuando los acababa. Y así fueron pasando los días. Diana le hacía clase a Jane de alemán y Jane, a ella y a Mary, de pintura. Sobre el párroco, Jane poco podía decir. Era reservado y Jane casi nunca le oía hablar.

Poco tardó en pasar un mes, y eso significaba que todos se tendrían que separar. Diana y Mary tendrían que volver a trabajar, y Jane aprovechó un momento que tuvo a solas con el párroco, para saber si le había buscado trabajo. St. John le dijo que si seguía en pie la frase “estoy dispuesta a aceptar cualquier trabajo digno, sea cual sea”. Jane afirmó, y después de esto, el párroco le dijo que le había buscado un trabajo de maestra. Jane quedó sorprendida. Era un trabajo poco remunerado y muy pesado, pero lo tenía que aceptar. Jane empezaría a trabajar la semana siguiente.

Ya era la víspera de la marcha de las hermanas hacia Londres cuando recibieron una carta. Ésta decía que su tío John había muerto y que su fortuna la donaba al otro pariente, en lugar de St. John, Diana y Mary, puesto que no tenia ni mujer ni hijos. Diana, tras esto, le dijo a Jane que ese tío era el que había arruinado a su padre, pero que no lo habían conocido. Por eso mostraban tanta indiferencia a su muerte. La fortuna del tío podía ser de unas 20.000 libras, y ellas, con 1.000 cada una ya se hubieran considerado ricas. Además, St. John hubiera podido aprovechar el dinero haciendo bien para el pueblo. Cambiaron de tema y se fueron a dormir. Al día siguiente, se separaron y la casa quedó cerrada.

Capítulo 5

Jane ya tenía casa. Era pequeña y rustica, pero suya. Sus amigas le habían dado ropa que poder guardar en el pequeño armario y al lado de la chimenea, estaba muy cómoda. De repente, Jane, notó que estaba llorando. Se había puesto a pensar en el señor Rochester. No lo volvería a ver, y esto le ponía muy triste. En su cabeza daba vueltas la idea de ceder y volver con él. Si volviera, podría vivir envuelta de riquezas en los prados de Marsella. Pero no era el camino adecuado a seguir. No podía permitirse arrepentirse. El señor Rochester le había ocultado todo su pasado. Jane, abrió la puerta ante la visita de St. John y su perro. Le traía un paquete de sus hermanas con acuarelas, papel y lápices. Jane le invitó a pasar pero el párroco rehusó. No podía quedarse. Tras un silencio se quedaron los dos contemplando la puesta de sol al mismo tiempo en el que St. John le explicó que debía ser fuerte como él, que lo estaba intentando ante un motivo sentimental. Espontáneamente una voz dulce intercedió en el silencio. Provenía de una chica impresionantemente bella. Se acercaba al canon ideal de la belleza. En su rostro no había ningún defecto. Era perfecta. St. John sin mirarla le dijo que ya era tarde y que no tenía que pasear sola. La señorita le dijo que venia a conocer a la maestra. Dirigió la mirada a Jane y le preguntó que si todo era de su agrado. Jane afirmó mientras que pensaba que era la señorita Oliver, y eso significaba que no tan solo era bella, sino que también rica. La señorita Oliver invitó a St. John a que se fuera con ella a visitar a su padre. Se lo pidió varias veces y en ninguna de ellas el párroco le miró. Tras la insistente negativa, la señorita Oliver se marchó y una vez se alejó, el párroco emprendió el camino firmemente envuelto en un sumo y profundo silencio. Aquella situación había permitido a Jane dejar de pensar en sus tristezas.

Capítulo 6

Jane continuo con su profesión de maestra y pronto se dio cuenta de las diferencias entre sus alumnas. Tras acostumbrarse a las normas de Jane, vinieron todas aseadas y limpias. La mayoría se esforzaban día a día en estudiar y hacer los deberes. En poco tiempo Jane se hizo bastante popular en el pueblo y la señorita Oliver mantuvo su promesa de venir a menudo a la escuela. Venia normalmente a las clases de catecismo que impartía St. John y se notaba que estaba enamorada de él. También, modestia aparte, que podía ejercer el poder de que se fijara en ella aunque él lo intentara disimular.

La señorita Oliver también, frecuentemente, iba a casa de Jane. A pesar de su belleza y riqueza, la señorita Oliver no era extremadamente egoísta ni mimada. Jane hasta le cogió cariño. Una tarde en las que la señorita Oliver fue a visitar a Jane, removió los sus armarios y encontró varios libros y bocetos que afirmaban que sabia francés, alemán y dibujo. La señorita Oliver le pidió a Jane que le hiciera un esbozo y así lo hizo. Apareció la noche y al no ver, Jane le pidió que regresara al día siguiente. Vino con su padre y se notaba que la hija había elogiado el trabajo de Jane. En el rato en que estuvo acabando el esbozo, los dos miembros de la familia Oliver no pararon de hablar de St. John y aun, sino había quedado claro, se notó la preferencia de la joven rica ante el párroco.

Un día de los que no había escuela, Jane se dedicó a retocar el boceto de la señorita Oliver. En eso que St. John picó a la puerta. Había venido a ver como estaba pasando el día de fiesta y al ver el boceto se quedó perplejo. Jane decidió aprovechar para conseguir sonsacar aquella información que atormentaba el párroco sobre su amada. Tras Jane romper aquella apariencia dura y fría, St. John sacó un reloj y le pidió que hablara de ella durante un cuarto de hora. Tras la negativa de Jane, St. John decidió ser él el que hablara. Le explicó que a pesar de que amaba a la señorita Oliver, sabía que si decidía renunciar a la iglesia se arrepentiría. Una vez pasado el tiempo acordado, el párroco se levantó, miro un papel donde Jane había hecho unas pruebas de color y cortó un trozo. St. John se marchó, y tras Jane quedar mirando aquel trozo de papel y no descubrir nada, dejó de pensar en el suceso y siguió a lo suyo.

Capítulo 7

Estuvo nevando toda la noche, pero Jane, aún así, recibió otra visita mientras leía. St. John de nuevo. El visitante se quitó la capa llena de nieve y se sentó en silencio en una silla. Jane al ver que no hablaba siguió con lo que estaba haciendo, pero la impaciencia se apoderó de ella y para entablar conversación preguntó por las hermanas del párroco. Tras esto hablaron de varios temas sin importancia hasta que por fin, St. John pidió a Jane que dejara el libro que le tenía que explicar una cosa. Empezó y para sorpresa de Jane, el párroco abordó la historia de la vida de nuestra protagonista. Comentó el nacimiento, la vida con la familia Reed, el tiempo en el internado, el tiempo de institutriz, el casi casamiento con el señor Rochester y por último, que esta persona era una de las personas más buscadas del país. Hasta él, St. John, había recibido una carta de un abogado de apellido Briggs que la buscaba. Después de esto y como Jane no preguntaba el supuesto nombre de la institutriz, St. John abrió su billetero y le enseño aquel papel donde había hecho las pruebas de color. El mismo donde había escrito Jane su apellido original. Jane le reconoció su verdadero nombre y St. John le informó sobre el motivo por el cual el abogado le buscaba. Su tío de Madeira había muerto y le había nombrado única heredera de su fortuna de 20.000 libras. Cuando lo dijo, St. John se dispuso a marcharse pero Jane le frenó. No le convencía que por ser un simple párroco le hubiera enviado el abogado una carta. St. John decidió explicarle que su verdadero nombre era St. John Eyre Rivers. Jane no daba crédito a lo que se le estaba pasando por la cabeza. El párroco prosiguió su explicación y le dijo que su madre tuvo dos hermanos. El primero se caso con Jane Reed y el segundo se dedicó a los negocios y vivía en Madeira. Jane tomo aire y dijo que por consecuencia ella, era la prima del párroco y de Diana y Mary. St. John le afirmó su suposición y Jane, se puso a dar palmas y botes. De repente tenia tres primos adultos que ya conocía y con los cuales tenia confianza. Jane le comunicó al párroco que repartiría su fortuna entre los cuatro, porque al fin y al cabo tenían los mismos derechos que ella. St. John le pidió que se calmara y volviera a pensar lo del repartimiento de la herencia. No hacía falta que la repartiera para que fuera su prima. Se volvió a levantar y tras asegurarse de que Jane seguiría en la escuela hasta que encontrara una sustituta, se marchó. Jane continuó con la idea de repartir la herencia y tras un tiempo de papeleo, los primos al ver su firmeza, aceptaron y se hizo el traspaso de bienes.

Capítulo 8

Llegó la navidad y al Jane despedirse de sus alumnas, se dio cuenta de los avances que habían tenido todas. Después de esto, Jane fue a hablar con St. John y le pidió que Hannah se fuera con ella. El párroco intrigado, le preguntó que para que la necesitaba y Jane, le contestó que para que le ayudara a preparar la casa de los primos para cuando llegaran.

Tenían que pasar varios días hasta la llegada de los primos a casa, y Jane los dedicó a fregar, limpiar, cocinar y comprar muebles y cortinas nuevas. Y llegó el esperado día. Primero llegó St. John al cual Jane le enseño toda la casa. Éste se mostró frío y no le dijo a Jane ningún comentario. Tan solo cogió un libro y se puso a leer. A Jane esto le molestó bastante y pensó en lo egoísta que era. De repente Hannah entró en el salón, donde se encontraban los dos primos gritando la llegada de Diana y Mary. Jane y la doncella fueron a recibirlas y las abrazaron y las besaron. Jane también les enseñó la casa, y éstas, si que le dieron la enhorabuena por haber acertado con sus gustos. Los cinco estuvieron tomando el té y tras una hora de entusiasmo un chico picó a la puerta. Decía que su madre se estaba muriendo y St. John salió disparado para ver a esa mujer. Eran las nueve y no regresó hasta medianoche. Eso sí, regresaba con la satisfacción de haber cumplido su deber.

Tras una semana de alegría con charlas y faenas domesticas, a Diana le dio por preguntarle a St. John sobre la señorita Oliver. El párroco cerró el libro que estaba leyendo y le contestó que ésta se iba a casar con un aspirante que conocía de hacía dos meses. Las dos hermanas se retiraron de la sala donde estaban los cuatro primos y St. John aprovechó para decirle a Jane que ya veía como había conseguido seguir el camino correcto. Jane le dijo que alomejor sí, pero que alomejor tenía que pagar un precio muy alto por tomarlo. Tras esto el párroco siguió en su lectura y Jane estudiando el alemán. Un día que también estaban solo ellos dos, St. John le pidió que dejara de estudiar alemán y aprendiera el indostaní, una lengua que decía ser muy útil. Jane no supo negarse y aceptó. St. John en los siguientes días resultó ser un maestro comprensivo, pero muy exigente.

Tras varias semanas de mantener correspondencia con el abogado acerca de la herencia, Jane le preguntó sobre el señor Rochester. El abogado no sabía nada, y Jane cada vez estaba más preocupada. A pesar del tiempo que había transcurrido, su gran amor no desaparecía de su cabeza. Jane envió varias cartas a Thornfield para preguntar por él pero en ninguna obtuvo respuesta. Una tarde St. John le pidió a Jane que le acompañara a dar un paseo. Tras un rato caminando, se sentaron en una pradera. Y fue entonces, cuando un inesperado suceso se cumplió. El párroco le pidió a Jane que se fuera con él a la India a ayudar a esos niños que la necesitaban. Jane se quedó pensativa y St. John añadió que era la persona ideal para acompañarle en su propósito, como su mujer. Ella era disciplinada con el trabajo, serena con los acontecimientos, generosa, por ejemplo con la fortuna y dócil ya que abandonó el alemán por un idioma que a ella no le interesaba. También Jane era obediente, eficaz, desinteresada, leal, valiente y dulce. Ella le pidió que le dejara pensar unos instantes. Tras estos momentos, Jane le contestó que iría ya que si que se veía con corazón de hacerlo pero como su “hermana”. Discutieron varios minutos ya que Jane no aceptó ir como su esposa y St. John no cedió. Finalmente, él dijo que aunque ahora no le quisiera, después de la boda aparecería un poco de amor y si llegaba el caso cumpliría con sus apetencias sexuales. Jane se levantó ofendida y le dijo que le menospreciaba por ofrecerle esto. Pero rectificó al instante y le pidió perdón por su sobresalto. Aquella noche, St John no le dio ni las buenas noches y cuando salió del salón para ir a dormir, Jane corrió tras él y le dijo buenas noches. Le dio un apretón de manos y tras Jane volver a pedirle perdón, St. John le dijo que no tenía que perdonar nada porque no le había ofendido. A Jane le sentó fatal.

Capítulo 9

St. John tenía preparado un viaje para despedirse de unos amigos antes de partir a la India, pero lo aplazó una semana. Una de esas tardes mientras el párroco paseaba por el jardín, Jane volvió a intentar reconciliarse con él. Ella le pidió que le volviera a tratar afectuosamente pero él le salió en las mismas, conque se casara con él. Jane volvió a negarse argumentando que él no tan solo no le amaba, sino que casi le odiaba. Tras un silencio, St. John le intentó explicar lo absurdo que sería viajar sin que estuvieran casados pero ella le interrumpió. Jane intentó calmar el ambiente pero St. John le dijo que sino iba como su esposa, tendría que ir como ayudante de la esposa de otro misionero, para así no romper su promesa. Ella le contestó que no había prometido nada y que no pensaba ir sin antes asegurarse de que no era más necesaria en otro lugar. Él se alejó y Jane entró a la casa. Allí le esperaba Diana que le preguntó que le pasaba. Le había estado espiando esa media hora que hablaban y que ojalá fuera porque estaban enamorados. Diana nunca había visto a su hermano tan pendiente de nadie y ojalá fuera para que se casaran y se quedaran en Inglaterra. Jane afirmó con la cabeza pero que no estaban enamorados. Él solo la quería hacer para llevarse una colaboradora a la India. St. John no la quería y tan solo la veía como una herramienta de trabajo. Diana comentó a Jane que era una pena que solo lo hiciera por eso, ya que en el fondo era bueno. Jane asintió pero también le explicó que de tan alto que miraba se olvidaba de las personas y los sentimientos. Llegó la hora de cenar y estuvieron los cinco habitantes de la casa en el salón. Tras esto, se despidieron de él ya que se iba a ver aquellos amigos. A Jane, St. John le volvió a insistir en lo hablado. De repente Jane notó como un impulsó que le recorría todo su cuerpo. Salió inmediatamente al jardín y oyó una voz como en el interior de su mente que la llamaba. Ella gritó a las colinas que qué quería y tras cortar el paso a St. John ( que le había seguido) se dirigió a su habitación. Rezó unos instantes y se tumbó en la cama. Estaba impaciente porque amaneciera.

Capítulo 10

Amaneció y Jane se dedicó más de dos horas a ordenar sus cosas. St. John le escribió una carta que deslizó por debajo de la puerta. Ésta le comunicaba que esperaba que resistiera la tentación y en 15 días se fuera con él a la India. Tras esto Jane se asomó por la ventana y vio como St. John cogía el camino hacia Whitcross para coger el carruaje que le llevaría a su destino. Durante el desayuno, Jane comunicó a Diana y a Mary su decisión de emprender un viaje. Le preguntaron si se encontraba bien de salud ya que estaba pálida y tras asegurarse de que si, Jane eligió el mismo camino que había seguido St. John horas antes. Cogió un carruaje y se marchó a Thornfield. El viaje duró 36 horas y le dejó a dos millas de su antigua casa. Emprendió el camino y poco después estaba ya ante las verjas de sus recuerdos. Entró entusiasmada con la esperanza de encontrar a su amado paseando por el jardín. Pero fue la misma, la ilusión que traía que el chasco que se llevó. Donde antes estaba aquella mansión ara solo quedaban unas cuantas cenizas. Era normal que nadie contestara sus cartas. Lo que estaba presenciando era lo mismo que soñó en aquellos sueños de años atrás... Tras observar detenidamente, Jane se dio cuenta de que el incendio ya hacia tiempo que se había producido y fue a un posadero cerca de allí para informarse. El posadero le explicó todo lo ocurrido. Hacía un año (explico la versión tal como Jane conoce todos los hechos) la esposa escondida del señor Rochester se escapó de la vigilancia de Grace Pool y fue directa a quemar la cama y las cortinas donde tiempo atrás había dormido Jane. En la casa ya solo habitaban cinco personas, el señor Rochester, la loca, los criados y el señor Rochester. La señora Fairfax la envió a vivir con unos parientes suyos lejanos con una pensión vitalicia. Adèle fue enviada a un internado y el señor Rochester rompió relaciones con todos sus amigos. El señor Rochester salvó la vida de Grace Pool, la de los criados y intentó salvar la de su esposa, pero esta se tiró desde el ático y murió en el acto. Tras ver esto, el señor Rochester intentó escapar del fuego pero una viga le cayó encima y provocó que el médico le tuviera que amputar una mano y que se quedara ciego. Ahora vive en un caserío de su propiedad totalmente aislado con dos criados. Jane pidió inmediatamente que le prepararan un carruaje que le llevara hasta allí y sí llegaba antes de que el sol se pusiera, le pagaría el doble.

Capítulo 11

Llegó al anochecer y fue caminando una milla hasta la verja de la casa ya que para el carruaje, el camino a partir de ahí, se hacía imposible. Jane vio salir de la puerta de la casa un bulto humano, y a pesar de lo oscuro que estaba, Jane reconoció a su amado, Edward Fairfax Rochester. De pronto vio salir a uno de los criados, el señor John que le ayudó a entrar. Fue entonces cuando después de que se hubiera cerrado la puerta de la casa, Jane picara. Salió a responder la otra criada, Mary, que se sobresaltó al verla. Entró a la cocina y le pidió que le arreglara una habitación y recogieran su equipaje. Sonó una campanilla por parte del seor Rochester y Mary fue a ver que quería y a comunicarle sin decir el nombre, que tenía una visita. Al volver, Mary le dijo que no le quería recibir sino se identificaba mientras le llenaba un vaso de agua. Jane decidió tomarse la suficiente libertad para llevarle ella el vaso de agua, y así lo hizo. El señor Rochester le preguntó si era Mary y Jane le respondió que se había quedado en la cocina. El señor Rochester intentaba tocar a quien le estaba hablando mientras decía si era un espejismo que estaba oyendo la dulce voz de su amada. Jane le acercó su mano y le dijo que era ella de carne y hueso. El señor Rochester se puso a gritar su nombre. Jane le dijo que a partir de entonces no se iría nunca más de su lado, sino le molestaba... y que si le dejaba sería su cuidadora, su enfermera y su ama de llaves. El señor Rochester se quedó callado y Jane tras pensar que alomejor había sido muy brusca intentó soltarse, pero él no le dejó. Le enseñó las secuelas de su accidente y Jane le dijo que no se preocupara que le quería igual con o sin cicatrices. Su amor era mucho más profundo que eso. Jane le dijo que aunque el no cenara, esa noche lo iba a hacer. Poco después ya estaba servida una cena muy apetitosa y tras esto el señor Rochester le preguntó sobre lo que había estado haciendo tanto tiempo. Jane le dijo que no pensaba contárselo hasta por la mañana para que así estuviera seguro de que no se iba a ir. Justo antes de marcharse el señor Rochester le preguntó si donde había vivido había solo mujer. Jane echo a correr a su habitación riendo sola.

Amaneció y Jane bajó a verle a la hora de desayunar. Tras esto, Jane sacó a pasear al señor Rochester durante todo el día. Ante la insistencia del señor Rochester por saber lo que había hecho todo este tiempo, ella le contó todas sus peripecias suavizando el tramo de sus penurias. Le explicó cosas de su primo y le contó al principio, todas sus cosas buenas. El señor Rochester le dijo que si estaba enamorada de él ya se podía ir, mientras la abrazaba con más fuerza. Tras esto Jane le explicó que le enseño indostaní y el interés que había mostrado por ella, y que se disponía a llevársela a la India como su esposa. El señor Rochester le pidió entonces que se levantara de sus rodillas. Jane le negó porque estaba muy a gusto. Le comentó entonces lo poco cariñoso, lo poco que la quería y como se habían despedido. Jane riendo le dijo que había estado intentando ponerlo un poco celoso para distraerlo. El señor Rochester le dijo a Jane que necesitaba una esposa... ella le dijo que entonces tenia que escoger a la que más quisiera. Él le preguntó que si quería casarse con él a pesar de su estado. Ella le afirmó que le quería más que nunca y que si sufrir era poder estar con la persona que más quería, a la que quería besar, a la que quería abrazar... Entonces a ella le encantaban los sacrificios. El señor Rochester le regalo un reloj y como se estaba haciendo de noche regresaron a la casa. En el camino, el señor Rochester le explicó que hacía cuatro días por la noche, un suceso le ocurrió. Estaba pensando en lo mucho que la quería y sin querer salió de sus labios las palabras: Jane, Jane, Jane... y poco después una voz de no sabe dónde le respondió que donde estaba. Él sintió como una esperanza y una alegría a la vez. Jane se quedó paralizada. Había sido el mismo día y a la misma hora que ella había respondido las mismas palabras que el señor Rochester le había dicho.

Capítulo 12. Conclusión

Jane se casó con el señor Rochester. Fue una boda sencilla sin invitados. Cuando regresaron a casa se lo comunicaron a los dos criados. Le felicitaron alegres, pero con discreción, tal como ellos eran. Jane escribió enseguida a St. John y a sus primas comunicándoles su matrimonio con el señor Rochester. Sus primas le comunicaron que irían a verlos en cuando acabaran la luna de miel. Los dos enamorados se rieron ya que para ellos, seria una luna de miel eterna. De St. John, Jane no recibió ninguna carta hasta seis meses después. Respecto a la pequeña Adèle, Jane decidió sacarla de aquel internado tan lejano donde no era feliz y traerla a uno más cercano. Pronto mejoró su estado físico y anímico ya que allí si que era feliz. Ahora, Jane lleva diez años casada con el señor Rochester y sabe lo que es vivir entregada en cuerpo y alma a una persona que le ama. Él siguió ciego durante dos años cosa que ayudó a compenetrarlos más aún, y un día, él le preguntó si llevaba puesto algo brillante en el cuello y un vestido azul. Jane afirmó y él le explicó que desde hacía un tiempo la nube que le cubría su visión se había debilitado. Viajaron a Londres a que fuera visitado por un especialista muy famoso y acabó por recuperar la vista de un ojo. Ahora no puede leer o escribir mucho rato pero puede moverse sin la ayuda de nadie. Cuando le pusieron en los brazos a su primer hijo, pudo apreciar que había heredado numerosos de sus rasgos. Diana y Mary por su parte tan bien eran muy felices. Las dos estaban casadas. El marido de Diana es una bellísima persona y capitán del ejercito, mientras Mary se caso con un clérigo digno de ella. Las dos hermanas visitan a las primas a menudo y se quieren mucho todos. En cuanto a St. John no se a casado ni se casará. La última carta que Jane recibió de él decía que su próxima carta podía venir escrita por una caligrafía desconocida ya que posiblemente pasaría a un mundo mejor. Esta ultima carta dice que siente como el Señor le llama y él lo espera con gran ansiedad.

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