Islas Falkland

Disputas territoriales. Malvinas. Postura británica y argentina. Guerra y estrategias. Efectos. Situación actual

  • Enviado por: Pablo Tapia
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 16 páginas
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Conflicto Atlántico Sur

Antecedentesx

El conflicto del Atlántico sur proviene de la disputa sostenida entre Argentina y Gran Bretaña, relativa a la soberanía sobre las islas que constituyen los Archipiélagos de las Falkland o Malvinas, Georgias del Sur, Islotes Shag o Córmoran y Sandwich del Sur. En este trabajo han quedado afuera las islas Orcadas del Sur, ya que se encuentran al sur del paralelo 60º por lo tanto se abordan bajo el Tratado Antártico.

La situación geográfica: A unos 800 km. de las costas argentinas, frente a la entrada oriental del Estrecho de Magallanes, al noroeste del Cabo de Hornos, se extiende un conjunto de 200 islotes: Las Malvinas o Falkland. Se trata de unos 12.000 km2 de superficie esparcidos sobre 192 km. en el mar.

Gran Bretaña trató de resolver el problema de los Archipiélagos Georgias del Sur y Sandwich del Sur por la vía jurídica, recurriendo en mayo de 1955 a la Corte Internacional de la Haya. Solicitó de este alto tribunal, que determinara a quién correspondía la soberanía sobre las citadas islas, consideradas por la parte recurrente como “dependencias” de las Falkland o Malvinas. Sus argumentos se basaban en una carta patente emitida por el rey Eduardo VII en 1908 y reiterada en 1917 por el rey Jorge V. El gobierno Argentino rehusó admitir que la controversia fuera sometida a la citada corte, argumentando que la soberanía territorial, heredada de España en virtud de loa norma jurídica de sucesión de Estados, el uti possidetis juris de 1810, no podía depender del juicio de terceros. En consecuencia, las actuaciones fueron archivadas en marzo de 1956.

El problema de las Falkland tiene una larga historia. Su origen remoto surge de la ocupación violenta de las islas por parte de Inglaterra en 1833, desalojando a la guarnición y colonos argentinos que la habían ocupado en 1820, luego de haber permanecido abandonadas desde el retiro de las fuerzas españolas en 1811. Gran Bretaña ha ejercido su dominio en forma continuada desde 1833, justificándolo con los derechos que le otorgan el descubrimiento y la ocupación. Argentina ha reclamado persistentemente su soberanía sobre ellas, fundamentándolo principalmente en los títulos heredados de España en virtud dela norma del uti possidetis juris, al igual que para el resto de las islas del Atlántico Sur.

El presente trabajo considera como punto de partida la resolución 2.065 del 16 de diciembre de 1965, tomada por la Asamblea General de Naciones Unidas. Obviamente, las hostilidades comenzadas en las islas Malvinas el 2 de abril de 1982 se originaron como consecuencia del fracaso de las negociaciones sobre su soberanía, iniciadas en 1965 a instancia de las Naciones Unidas.

En la mencionada resolución se tomó nota de la existencia de una disputa entre los gobiernos de Argentina y Gran Bretaña acerca de la soberanía sobre las islas Falkland o Malvinas, y se invitó a ambos gobiernos a proseguir sin demora las negociaciones a fin de encontrar una solución pacífica al problema en cuestión, teniendo en cuenta la Carta de las Naciones Unidas y los intereses de la población de la islas. A partir de entonces, los dos gobiernos iniciaron un período de conversaciones que terminaron de forma abrupta en abril de 1982.

Para Gran Bretaña, la posesión de las islas Falkland como objetivo político ha tenido diversas connotaciones, cuya importancia varía a través de los últimos 150 años.

La Justificación de los Británicos

La primera y más relevante ha sido de orden estratégico. La posición de las islas permitía a la Real Armada proteger el vasto sistema de comunicaciones marítimas destinado a sustentar al Imperio Británico. Su cualidad de base naval fue comprobado en ambas guerras mundiales, en la primera para destruir la Escuadra del conde von Spee en la batalla de las Falkland, y en la segunda para la cacería del acorazado liviano que, irónicamente, llevaba el mismo nombre del Almirante alemán.

Posteriormente, por el decaimiento y reducción de su imperio marítimo y sus prioritarios compromisos militares con la OTAN ( Organización Tratado Atlántico Norte), Gran Bretaña evidenció indiferencia y una desvalorización estratégica de las islas.

Otra connotación que valoriza la posesión, no sólo de las Falkland sino de las Islas Georgias, Sandwich y Orcadas del Sur, son los reclamos territoriales de Inglaterra sobre la Antártica, ya que al perder la soberanía de las islas los argumentos británicos también perderían fuerza.

A lo anterior se ha sumado, en las últimas décadas, el potencial económico de las islas y la Zona Económica Exclusiva, para la explotación de los recursos marinos disponibles en esta área.

Un factor que ha incidido en la reticencia británica de ceder la soberanía de las Falkland, es el respeto por la voluntad de los isleños. La gran mayoría ha expresado su deseo de permanecer en calidad de súbditos británicos, manteniendo su estilo de vida. Muy pocos aceptarían ser gobernados desde Buenos Aires.

La actitud del gobierno argentino

Para comprender la actitud tomada por el gobierno argentino, resulta interesante recordar las recomendaciones efectuadas por el General(r) Sr. Juan E Guglialmelli, director de la revista Estrategia, del instituto Argentino de Estudios Estratégicos y de Relaciones Internacionales. Interpretando el sentir argentino después de la quinta ronda de negociaciones realizadas en Nueva York en febrero de 1981, Guglialmelli escribió textualmente, en el número 67/68 de la mencionada publicación:

“Ha llegado, por lo tanto, para Argentina el momento de tomar al toro inglés por las astas, reclamando definiciones que no pueden ser postergadas. En este sentido, se debe conminar a Gran Bretaña para que antes de fin de este año (1981) acepte, definitivamente, negociar el tema de la soberanía sin sujeciones a cualquier otro aspecto ajeno al mismo, como es el caso de la cooperación económica. Frente a este reclamo habrá que estar preparado para dos posibles respuestas del Reino Unido:

Si es afirmativa,

-Sostener la restitución de las islas en un plazo no mayor a diez años, en cuyo lapso podríamos aceptar un gobierno compartido. El interés de los isleños, ante esta posibilidad, será preocupación fundamentalmente de nuestro país.

Si es negativa,

-”Dar por terminadas las negociaciones con Gran Bretaña, denunciando el hecho y sus causas a la ONU, así como para la opinión pública mundial”.

-”Interrumpir parcialmente el apoyo otorgado a los malvinenses ( bajo los términos del Acuerdo sobre Comunicaciones de 1971). En ese sentido, aquel sostén se limitaría al sistema aéreo, al otorgamiento de becas (cooperación educacional) y al transporte y atención de enfermos en nuestro territorio (cooperación en materia de sanidad)”.

- “Explotar al máximo los vulnerabilidades británicas antes mencionadas”.

-”Preparar las condiciones políticas y militares, tanto en el orden nacional como internacional, para ocupar por la fuerza las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, en la oportunidad que lo considere más conveniente el gobierno argentino”.

“Nuestra propuesta puede parecer extremadamente dura. Sin embargo, ante las reiteradas actitudes británicas, constituye el único camino para restituir a la patria, de una vez por todas, el territorio nacional aún cautivo”.

Para Argentina, recuperar definitivamente esos territorios australes ha constituido permanentemente un objetivo político de gran importancia, pues considera que la ocupación británica afecta su integridad territorial. Por ello, la recuperación de las islas Malvinas constituye un poderoso factor para la unidad nacional argentina. El canciller Miguel Ángel Zagala Ortiz -en un discurso difundido por radio y televisión en 1964- expresaba: “Las Malvinas nos han servido para convencernos de que las generaciones más remotas, los sectores sociales y políticos más distintos y encontrados, se puedan juntar y se juntan ante las grandes causas nacionales. Las Malvinas han dado continuidad a la unidad argentina. Su recuperación significará el triunfo de la unidad argentina”.

La seguridad es un aspecto importante que Argentina esgrime para acelerar la recuperación de las Malvinas. El profesor Juan Carlos Moreno -en su libro La recuperación de las Malvinas, editado en 1973- se refería al latente peligro de que la Unión Soviética se apoderase de ellas, afirmando que el interés de Moscú residiría en el control de la conjunción de los océanos Atlántico y Pacífico, en una mayor supervisión de las operaciones científicas en la Antártica y en el aprovechamiento intensivo de la pesca en las riquisimas aguas australes.

El valor estratégico de las islas Malvinas es, indudablemente, otra poderosa razón para considerar su recuperación como un apremiante objetivo político para Argentina. La revista especializada Estrategia (nº 6, de 1970) describe el valor de la ubicación geográfica de las islas tiene para la estrategia argentina, desde el punto de vista de dos hipótesis bélicas. En un conflicto mundial permite el adelanto hacia el este de puntos de apoyo naval y dominar los accesos norte y este de las áreas focales de vinculación de los océanos Atlántico y Pacífico, para mantener la soberanía en el mar argentino y proteger las líneas de comunicaciones marítimas aliadas. En un conflicto local con operaciones en el Pacífico, las islas tienen un valor decisivo para la estrategia naval argentina, por ser pivote de las operaciones para mantener bajo control los accesos sur y sudorientales al mar argentino, y negar el flanqueo de las líneas de comunicaciones a dicho teatro. Si las operaciones fueran en el Atlántico, con el centro de gravedad hacia el norte, el valor estratégico de las islas sería evitar el flanqueo de las líneas de comunicaciones argentinas hacia el este.

A lo agregado por la revista , cabe agregar que Argentina consideraría la celebración de un Tratado del Atlántico Sur como un instrumento para afirmar la seguridad estratégica del área y los intereses argentinos comprometidos. Para Argentina un eventual Tratado configuraría una eficaz oportunidad geoestratégica para Argentina, puede ser el marco para expeler de su espacio marítimo a Gran Bretaña, contener a Chile en su “vocación bioceánica” -excluyéndolo del Atlántico- y reprimir el expansionismo brasileño hacia el este.

Suposiciones

En todo caso, la sucesión de acontecimientos tendía a acelerar un cambio en la situación. El creciente desinterés que Gran Bretaña aparentaba por las islas Falkland, corroborado por el anunciado retiro del HMS Endurance del Atlántico sur -único buque permanentemente estacionado en ésa área- y por la nueva política del Ministerio de Defensa británico, que reestructuraba las fuerzas navales para cumplir sus compromisos casi exclusivamente en el ámbito de la OTAN, en nada contribuyó a desincentivar la creencia en Buenos Aires de que algún momento Argentina podría convertirse en dueña de las islas Falkland y de sus dependencias.

A lo anterior debe agregarse la mejoría de las relaciones entre Argentina y Estados Unidos, que inducía a creer que Washington lograría persuadir a Gran Bretaña de no intervenir tras la toma de las Falkland por Argentina.

Por último, la posición dilatoria adoptada por Gran Bretaña en las negociaciones de febrero de 1982, al encontrarse abrumada con problemas en Polonia, Afganistán y Medio oriente, terminó por exasperar los ánimos del gobierno argentino y lo llevó a seguir las recomendaciones del General Guglialmelli, ya citadas textualmente.

La chispa que prende la mecha

En cuanto a las causas inmediatas que sirvieron como detonante para desatar esta guerra no declarada , existen dos hechos ocurridos en marzo y que aparentemente no tendrían relación entre sí:

a) el desembarco de 39 operarios argentinos en las islas Georgias del Sur el día 19, declarado ilegal por el Foreign Office, y

b)la concentración ilegal de la C.G.T. argentina el día 30, que presentó serios problemas al frente interno del país obligando al gobierno a acudir a un recurso extremo para desviar la atención de la opinión pública.

Por su parte, la decidida y enérgica reacción británica para restablecer sin condiciones su soberanía en las islas Falkland y sus dependencias, fue motivada principalmente por dos factores:

a) la flagrante y deliberada agresión territorial de Argentina con el empleo masivo de la fuerza, que puso en jaque a todo el sistema de equilibrio internacional de Occidente, fundado en el respeto a la integridad territorial y en la condena a la agresión armada.

B) El segundo factor se refiere a la condición militar del gobierno Argentino, lo que -a juicio de los británicos- magnificaba el carácter aberrante de la agresión que violentaba la voluntad democráticamente expresada por los isleños, que explícitamente se oponían a toda autoridad argentina en las islas.

Los antecedentes del conflicto del Atlántico sur aquí expuestos revelan la compleja trama de los numerosos factores de relación internacional que lo generaron, y cuya firme textura -a partir de su remoto origen- va sufriendo crecientes alteraciones que la lleven, finalmente, a su rápido deterioro y rompimiento, al acentuarse hasta límites y inmanejables la progresiva aceleración de los aspectos más disociadores de su desarrollo histórico.

Política y Estrategia

Este análisis corresponde a los dos niveles superiores: por un lado el gobierno y por otro el frente bélico, puesto que abarca los factores políticos y estratégicos, siendo predominantes los primeros en en el escalón superior, donde actúa la estrategia total, política de guerra o la conducción de esta.

Al analizar el aspecto concepción de la guerra se han presumido las consideraciones que cada país beligerante actuó previamente a fin de seleccionar el instrumento o modelo político estratégico de conducción más adecuados para lograr sus respectivos objetivos político. Todo esto basándonos en la evaluación de la conducción efectivamente realizada por cada uno desde el comienzo -2 de abril de 1982- hasta el cese definitivo de las hostilidades, reconocido por Argentina el 14 de junio.

Posible concepción de la guerra.

Cabe entonces referirse, en primer término, a los elementos primordiales que pudieron ser determinantes del carácter del conflicto, que debió ser previsto por cada país.

La mantención de la imagen y dignidad de Gran Bretaña ante el mundo, frente a lo que se consideraba una agresión a sus intereses en ultramar, unida a aspectos de orden fundamentalmente económico y estratégicos, inherentes a las islas invadidas por Argentina, concitó la voluntad de lucha y cohesión general de apoyo al gobierno en el desarrollo del máximo esfuerzo requerido para su recuperación.

Se presume que Argentina confiaba en un éxito basado en lograr el fin deseado, sin tener que enfrentar una decidida respuesta británica, consistente en el empleo de toda la fuerza requerida.

Resulta claro que la posesión de los archipiélagos satisface plenamente cada objetivo político nacional, materializado en el objetivo geográfico de carácter insular sobre el cual debían accionar ambos países a través del mar, el que representaba una gran separación de ambos. Todo esto señala con claridad el rol preponderante del poder naval para aislar el objetivo, y para defenderlo o recuperarlo. De modo que la gravitación de las operaciones navales en este conflicto determinaba su carácter esencialmente marítimo, lo que imponía una conducción estratégica sensiblemente similar al modelo típico, denominado de la forma limitada.

Sin embargo, hay que destacar que -antes de tomar la resolución de escoger la fuerza como medio resolutivo para enfrentar la situación- se presentaban tres alternativas posibles para seleccionar el instrumento más adecuado, a saber:

1)Plantear la situación de crisis

2)Conflicto con predominio de otros medios resolutivos en lugar de la fuerza

3) Conflicto armado con predominio del empleo de la fuerza para alcanzar el objetivo.

El transcurso de los acontecimientos posteriores permiten deducir la posibilidad de que Argentina haya escogido como instrumento la alternativa 1 antes señalada, confiando en que ella bastaría para convencer a Gran Bretaña de la necesidad de negociar y ceder la soberanía de las islas sin lucha. Por el contrario, tuvo que enfrentar una severa y decidida respuesta británica, lo que lo llevó a intensificar acciones de estrategia del tipo indirecta y finalmente enfrentar una guerra marítima de las características antes mencionadas.

Gran Bretaña, por su parte, parece haber previsto integralmente todas las alternativas posibles, su sucesión lógica y la aplicación del poder dosificado en coordinación con la presión de los frentes diplomáticos y económico, todo dentro de un frente interno cohesionado estrechamente en torno al gobierno.

Conducción de la guerra

El análisis expuesto a continuación considera tres puntos de vista: la maniobra de la crisis, la estrategia indirecta y la conducción de la forma limitada. Ello no significa -en modo alguno- una separación en el tiempo en el empleo de estos tres instrumentos , puesto que es obvio que hay una superposición de todos ellos, según sea el punto de vista considerado. Así, durante la maniobra de crisis, por ejemplo, hubo estrategia indirecta y también el empleo de la fuerza.

Maniobra de crisis

Considerando lo expuesto anteriormente, analizaremos el estado de tensión previo al empleo de la fuerza.

Es importante destacar que en todo el proceso debieron estar presente, como un aspecto fundamental de la decisión, las características de los conductores políticos adversarios.

Un breve análisis de la conformación y actuación del gobierno argentino ante situaciones anteriores hubiera indicado claramente un alto grado de discreción que caracteriza su accionar en el ámbito de estas crisis.

Por otra parte, es indudable que Argentina se enfrentaba a Gran Bretaña, uno de los líderes del mundo occidental, caracterizado por un sistema de gobierno siempre atento al control político interno y con una voluntad política ampliamente reconocida ante situaciones que comprometieran significativamente sus intereses nacionales.

Si lo que pretendía Argentina era evitar crear una causa aparente para iniciar un conflicto, es dable suponer que al desembarcar civiles en una ocupación pacífica de las Georgias sólo buscaba ventajas políticas y/o económicas, posiblemente relacionadas con el objetivo político, pero no éste en sí. Estas ventajas podrían haber consistido en obtener de Gran Bretaña un compromiso para realizar negociaciones decisivas respecto a la soberanía sobre las islas Falkland y desviar la atención de su frente interno hacia ése ámbito, dad su difícil situación económica y social.

El reto así planteado por Argentina dejó un amplio espectro de posibilidades de reacción a Gran Bretaña, que resolvió actuar con energía en el campo diplomático y con la amenaza de empleo extremadamente moderado de fuerzas en la zona de tensión.

La reacción británica estuvo adecuada al reto en cuanto a su intensidad, pero no cubrió sus vulnerabilidades ante una probable escalada en la crisis. Tan es así, que el no reforzamiento de las reducidas fuerzas de presencia incentivó el empleo de la fuerza por parte de Argentina sobre esos objetivos.

Argentina se encontró entonces que frente a la alternativa poco atractiva de entrar en negociaciones para resolver el asunto de los civiles en las Georgias, sin haber logrado su propósito de crear las bases de una negociación decisiva respecto de las Falkland, se le presentaba esta otra alternativa de mayor riesgo, pero también de mayor beneficio, ya que de tener éxito le permitiría con toda probabilidad alcanzar los objetivos inicialmente planteados.

Si se estima que el error de la maniobra de crisis británica fue el no cubrir sus vulnerabilidades, el de Argentina estuvo en esta apreciación político-estratégica del riesgo-beneficio que significaba el incrementar considerablemente la amenaza y el empleo de la fuerza, como respuesta a la reacción adversaria.

La ocupación de las islas, como respuesta argentina a la reacción británica al reto, colocaba a Gran Bretaña en una situación inaceptable, lo que la obligó a hacer frente en el plano militar a la amenaza planteada.

La crisis concebida como una maniobra que siempre debe ser reversible, había llegado al punto irreversible; ninguno de los adversarios podía retirarse sin grave menoscabo de sus intereses y de su prestigio; el próximo paso era la guerra.

Estrategia Indirecta

Recordar definiciones importantes antes de seguir.

Estrategia indirecta: Es aquella que espera lograr lo esencial de la decisión a través de otros medios en vez de la victoria militar

Maniobra exterior: Su propósito es lograr libertad de acción, a la vez que privar de ella al adversario, mediante acciones políticas, sicológicas y económicamente realizadas en el ámbito internacional, fuera del teatro particular de la guerra, para la obtención de una coyuntura favorable en el tablero mundial.

Maniobra interior: Es realizada dentro del espacio geográfico donde se pretende conseguir determinados resultados, y una vez logrado el margen de libertad de acción deseado a través de la maniobra exterior, la maniobra interior comprende el empleo de fuerzas materiales, morales y otras, de sucesiva o alternativamente, dependiendo la proporción entre ellas de la situación respecto al adversario y de la naturaleza y significación de los objetivos.

De acuerdo con estas definiciones, la maniobra exterior argentina se basó en la descolonización. Las vulnerabilidades que trató de explotar fueron la situación interna de Gran Bretaña, su declinación como potencia mundial y la falta de voluntad de lucha demostrada a través de las negociaciones por los territorios en disputa, todo ello dentro del marco general del enfrentamiento Este-oeste, del cual Argentina esperaba obtener beneficios de ambas partes.

La maniobra interior fue concebido como un gran golpe de mano ejecutado vigorosamente con una abrumadora superioridad de fuerzas, de modo de completar la operación en 48 horas.

Con ello se pretendía presentar un hecho consumado indiscutible que sirviera de base para las futuras negociaciones.

A pestar de que ello se logró plenamente, la estrategia indirecta argentina fracasó porque no se cumplieron dos condiciones indispensables. Ellas son:

a) La maniobra exterior no logró la libertad de acción suficiente, y

b) El objetivo no pareció suficientemente limitado para ser aceptado por la comunidad internacional.

Ante la falta de fuerzas en presencia para evitar el hecho consumado, Gran Bretaña se vio obligada a desarrollar una contramaniobra exterior, utilizando los campos diplomáticos, económicos e interior para persuadir a Argentina de que devolviera las islas, mientras preparaba una fuerza militar suficiente para recuperar la soberanía. El elemento esencial que motivó esta reacción británica fue su dignidad y prestigio.

Debido a la reacción británica, y de acuerdo a la forma cómo fueron desarrollándose los acontecimientos, el gobierno argentino tuvo oportunidades favorables para haber retirado sus fuerzas en forma honorable sin perder prestigio, oportunidades que rechazó por diferentes razones.

Por parte de Gran Bretaña, la estrategia indirecta -y dentro de ella la maniobra exterior- tuvo su aplicación concreta y acertada en el accionar del frente diplomático respecto a la pronta obtención de la resolución Nº 502 de la O.N.U., que declaraba como agresor a Argentina exigiendo el retiro de las fuerzas invasoras, y también obteniendo, además, el apoyo de Estados Unidos. El frente económico logró, por su parte, el apoyo de la Comunidad Económica Europea y de otros estados amigos, que impusieron sanciones económicas a Argentina.

Por otro lado, mantuvo permanente enlace con organizaciones como la Cruz Roja, demostrando su acatamiento de los acuerdos internacionales y preocupación por su imagen ante la comunidad internacional.

Conducción de la forma limitada

La intransigencia argentina ante los requerimientos de Gran Bretaña no dejó más alternativa que un enfrentamiento armado en el área objetivo, conflicto que se desarrollarían en un teatro marítimo e insular, en el cual el poder naval sería el elemento principal.

Ante esta alternativa, que se veía venir, ambos Gobiernos debieron haber considerado la posibilidad de desarrollar una conducción estratégica de la forma limitada.

De haberse adoptado esa solución, la misión de la Armada argentina habría tenido que ser necesariamente materializar el aislamiento del objetivo geográfico por mar, para obligar al adversario a una ofensiva atenuada.

El hecho de que la defensa de las islas se haya basado en el empleo de los medios de la Fuerza Aérea desde el continente y del ejército en las islas, y no mediante el poder naval, es algo que escapa a este y se considera que fue decisivo en el resultado final de enfrentamiento armado.

Se considera que si Argentina hubiera estado convencida de que la ocupación de las islas llevaría a una virtual guerra con Gran Bretaña, no las habría ocupado o las medidas militares habrían sido otras más adecuadas para asegurar la defensa de las islas.

Gran Bretaña, por su parte, comprendiendo claramente la esencia de la guerra y el rol preponderante del poder naval, orientó su estrategia -previamente- hacia el aislamiento del objetivo, luego a debilitar a sus defensas y al incremento paulatino en el desembarco de fuerzas participantes en operaciones de proyección, para finalmente reconquistar las islas que constituían el objetivo estratégico final de sus Fuerzas Armadas, con lo cual logró su objetivo político y contribuyó a quebrantar la voluntad de lucha del adversario, junto con el esfuerzo de los otros tres frentes.

La comunión para alcanzar los objetivos

Se dice que la guerra es conjunta y eso -desde luego- es una realidad palpable, aunque es preciso reconocer que en ocasiones las características del teatro o área de operaciones, de los objetivos y de las herramientas militares que es preciso emplear, condicionan el concepto anterior. Resulta así que un enfoque conjunto en un cierto nivel de la conducción puede ser materializado en otro nivel por un accionar diferente. Sin embargo, en el conflicto del Atlántico sur resalta justamente, y a todo nivel, la necesidad de una conceptualización conjunta en la formulación de la estrategia y de los planes de operaciones y, fundamentalmente, en el desarrollo de las operaciones y en la toma de decisiones una vez producidas las hostilidades.

La conducción conjunta argentina.

La designación del General Menéndez como Gobernador Militar, es decir, con responsabilidad política de gobierno; la del general Dahler, que luego fue reemplazado por el general Jofré como Comandante del escenario de operaciones Malvinas, o sea, con responsabilidad sobre el escenario terrestre, y la del almirante Lombardo, comandante del escenario de las operaciones del Atlántico sur con jurisdicción 200 millas medidas desde la costa y alrededor de las islas conquistadas, vale decir, con responsabilidad sobre el teatro marítimo, no indicarían la creación de un mando conjunto, sino más bien una asignación de áreas de responsabilidad de las cuales se daba cuenta al mando institucional.

De esta manera la conducción conjunta no habría estado a nivel de teatro de operaciones, sino que ella se habría materializado a nivel de Junta de Comandantes en Jefe, y las instituciones habrían designado las personas a cargo de las respectivas áreas de responsabilidad, manteniendo el control directo sobre ellas.

Sólo así se explica la relación del general Menéndez con el General Galtieri y la forma en que participaron la Fuerza Aérea y la Armada en el teatro de operaciones.

Lo anterior podría ser producto de que, en un comienzo, no se pensó en un enfrentamiento militar con Gran Bretaña y se decidió aplicar el mismo criterio que rige para el resto del país , en donde no existen teatros conjuntos sino que cada institución asume la responsabilidad del área que le corresponde.

Otra razón podría ser que en las Fuerzas Armadas argentinas no se considera apropiada la creación de un comando conjunto a nivel del escenario, sobre todo cuando la conducción es de la forma limitada y el esfuerzo de todas las instituciones se desarrollaran en ese teatro.

La conducción conjunta británica

Analizar la conducción conjunta británica en el conflicto resulta indudablemente mucho más fácil que para el caso argentino, por prácticamente la antítesis de éste. Desde el inicio del conflicto se advirtió, a través de las fuentes periodísticas que la planificación inicial y alistamiento de una Fuerza de Tarea de Intervención estaba en manos del Estado Mayor Conjunto. Es notable la fotografía en la cual aparecen -poco después de la ocupación argentina- frente a una carta de situación, un almirante, Generales del Royal Marines y del Ejército y un brigadier General del Aire. Es evidente, por el desarrollo de los futuros acontecimientos, que en esta planificación se adoptaron las ideas directivas de lo que iba a ser la reacción es británica. Estas ideas consistieron en efectuar el aislamiento y envío de una Fuerza de Tarea al Atlántico sur, la cual iba a ser progresivamente incrementada, en la medida que se fuera desarrollado la situación político-estratégica.

La previsión de las necesidades operativas y logísticas de esta empresa es materia de un estudio aparte. Pero -en síntesis- todo este accionar dio la impresión de una clara determinación del objetiva final, la reconquista de las islas, y de un todo armónico, ponderado y eficiente capaz de lograrlo. Por ejemplo, en la etapa de la crisis inicial, ya la 5ª Brigada de Infantería fue puesta en alerta y realizó un período de intenso entrenamiento de combata en el país de Gales, cuya topografía era semejante a la de las islas Falkland.

El producto final de la rápida planificación y alistamiento inicial fue una fuerza de tarea conjunta de gran envergadura, la cual -bajo el mando del Almirante Woodward- actuaría en pos de la consecución de la empresa bélica. La conformación de la fuerza integraría unidades navales de todos los tipos, con su aviación embarcada, una fuerza expedicionaria integrada por Royal Marines, Ejército y fuerzas especiales. Las ayudas para la obtención de inteligencia, debe asumirse que fueron de una alta tecnología y, consecuentemente, de gran eficacia.

Las operaciones conjuntas

El desarrollo de las operaciones, en lo que corresponde a este análisis, tiene su culminación ebn la obtención del objetivo mediante la ejecución de operaciones anfibias, de diversos tipos, magnitud y faseamiento. Tales operaciones, en un análisis general, al igual que la conducción de la defensa por parte de argentinos, se tratan a continuación. Cabe, sin embargo, agregar que en ese contexto no se analizarán las operaciones anfibias previas realizadas por los argentinos, así como la reconquista de las islas Georgias del sur por los británicos, por no arrojar antecedentes que merezcan ser mencionados en forma especial, excepto la aplicación de la doctrina de las técnicas anfibias.

Situación Británica

En esta campaña naval que apuntaba a la reconquista y la mantención de determinados objetivos geográficos, la ejecución de las operaciones finales que obtendrían el objetivo pudieron haber considerado, al menos en una fase inicial de la crisis, una o varias operaciones anfibias estrictamente navales. Sin embargo, existían los siguientes factores que conspiraban contra este enfoque simplificado:

a) La fuerza de desembarco integrado por Royal Marines, al igual que el caso de las unidades navales británicas, cumplía un importante papel en la planificación de la guerra de la OTAN. Si se empleaban para obtener el objetivo quedaban de todas formas amarradas a las necesidades de mantención del mismo, esto es defender las islas para disuadir o evitar una eventual recaptura por parte de los argentinos.

b) La extensión del objetivo geográfico que era preciso reconquistar y asegurar, era considerable

c) El progresivo incremento de las fuerzas argentinas que confluían en refuerzo de la posición, unido a la organización defensiva en desarrollo y a los factores de tiempo y espacio, debía conducir a un avanzado grado de capacidad de resistencia para el momento en que se pudiera materializar el asalto anfibio.

Luego, la operación en gestación debía atenerse a un criterio básico conjunto: conquista de una cabeza de playa mediante un asalto anfibio desarrollado por los especialistas, Royal Marines, puesta en tierra de una Fuerza Expedicionaria de Ejército y prosecusión de las operaciones, en forma eminentemente terrestre, para la conquista del objetivo. Aún así y probablemente basados en un criterio de economía de los medios, a fin de no aumentar las fuerzas de ejército se consideró la asignación de la Fuerza de Desembarco a la Fuerza Expedicionaria, después de la conquista de la cabeza de playa. El mando conjunto de esta fuerza expedicionaria recayó en la persona del General Moore, Royal Marine, pese a que el aporte de las fuerzas de Ejército era cuantitativamente superior, hecho que denota aún más la ausencia de mezquindades institucionales en el seno del alto mando conjunto británico, una de las bases y fundamentos del criterio conjunto.

Se hizo evidente una alta capacidad para la planificación de estas operaciones bajo condiciones de tiempo, limitado, unida a la disposición de una doctrina y procedimiento de operación normales que simplificaron los factores de complejidad propio de este tipo de situaciones. Considerando las características de concurrecia, detalles y paralelismo del planeamiento anfibio entre las diferentes fuerzas navales, terrestres y aéreas participantes, la capacidad aludida debe entenderse en términos de un entrenamiento y trabajo conjunto sistemático, desde el tiempo de paz.

Situación Argentina

El problema a que se veía enfrentadas las fuerzas argentinas en presencia no era diferente del de los múltiples defensores que , a través de la historia, esperaron y se opusieron a una invasión dese el mar. No pudiendo ser fuertes en todos los lugares, al existir sitios de desembarco en gran parte del perímetro costero de la isla, debían elegir entre las posibilidades de desembarco más probables para establecer su defensa, o bien confiar en el rechazo del desembarco mediante una reacción vigorosa desde el interior a base de reservas con cierta movilidad. Se entiende que una posición central en este último curso de acción conllevaba un esfuerzo logístico de gran envergadura, y no hay antecedentes que permiten afirmar su factibilidad. DE los antecedentes disponibles se perfila un dispositivo a base de un núcleo principal que controlaba los accesos a puerto Stanley, un núcleo secundario en Goose Green y otros. Dentro de estas medidas se dio especial importancia a la protección de los aeródromos y pistas de contingencia, que permitan la operación de los medios aéreos de segunda línea. Obstáculos de diversa índole, artillería de costa y especialmente antiaérea, completaban esta organización defensiva. Lo más probable es que la intención operativa de las fuerzas argentinas haya sido la defensa de posición, en los alrededores de Puerto Stanley.

La hora de la verdad y el desenlace final

En la madrugada del día 21 de mayo de 1982 Una Fuerza de Tarea Anfibia conjunta efectúa el esperado asalto, en bahía San Carlos, extremo noroeste de Falkland del este. Sin embargo, esta operación es sólo la culminación de una serie de operaciones de apoyo o de fuerza avanzada que se fueron sucediendo en las semanas previas al desembarco. Estas operaciones, entre las que debemos citar incursiones anfibias, fintas, demostraciones, bombardeo naval y aéreo, guerra sicológica, etc., buscaron y obtuvieron los siguientes efectos.

a) Sicológicos, al mantener bajo permanente presión a las fuerzas argentinas en presencia, con el consiguiente desgaste físico y moral.

b)Decepción táctica, al mantener la incertidumbre sobre el momento y lugar del desembarco, impidiendo así concentrar las fuerzas de la defensa en un área determinada;

c)Neutralización y destrucción de los medios adversarios que podrían oponerse al desembarco, tales como artillería, aviación de combate, obstáculos y defensas de playas, y

d)Obtención de inteligencia acerca del dispositivo adversario.

La operación misma fue precedida de varias maniobras de diversión, consistentes en el bombardeo naval contra las fuerzas argentinas de Puerto Stanley, una incursión helitransportada por parte del Esquadrón Superior de Botes en los alrededores de Puerto Darwin, y ablandamiento e interdicción por parte de la aviación de combate basada en los portaaviones.

Para la operación decisiva, los británicos adoptaron la maniobra táctica en vez del choque frontal. En efecto, la elección del lugar del desembarco y el posterior desarrollo de las acciones terrestres indicaría que se aplicó la estrategia de la aproximación indirecta propiciada por Lidell Hart, en lugar de desembarcar en Puerto Stanley como lo esperaba el mando argentino, para lo que había diseñado su sistema de defensa en la isla. También puede ser que ése dispositivo defensivo, con centro en dicho puerto, haya influido en la decisión británica de desembarcar en San Carlos.

El desarrollo de las acciones tácticas para conquistar la cabeza de playa, así como las operaciones terrestres que dieron por resultado la rendición de las fuerzas argentinas y la obtención del objetivo por la parte bretona, dan base a otro estudio más amplio y desarrollado. Una forma de sintetizarlas sería decir que correspondieron a la materialización de un plan de operaciones tácticamente bien diseñado, logísticamente bien apoyado y ejecutado por unidades con combatientes de una alta calidad profesional, con la aplicación de todas las técnicas, medios y procedimiento de la guerra convencional moderna en este campo. Por sobre todo lo anterior se destaca una clara capacidad de los británicos para desarrollar operaciones conjuntas, en base a doctrina común, flexibilidad y experiencia en esta importante modalidad de empleo de fuerzas de diferentes instituciones.

Reflexiones

El conflicto bélico que se desarrolló hace quince años en el Atlántico sur es un tema que invita a la reflexión. En especial, debería ser meditado por los gobernantes y por quienes tienen la responsabilidad de la conducción de las relaciones internacionales. La crisis anglo-argentina es un hecho grave y trascendente para la convivencia entre los países sudamericanos. Los sucesos allí ocurridos nos llevan a la triste conclusión de que la política internacional más que nunca está basada en el poder y menos en la moralidad y justicia.

La ofensiva argentina y la consiguiente reacción británica constituyen un categórico argumento para quienes creen que los conflictos internacionales se resuelven mediante conversaciones diplomáticas o en el seno de organismos internacionales. Ello sería válido si imperase la cordura, pero no debemos olvidar la trágica realidad histórica, que hace que la guerra sólo una forma más enérgica de expresar un pensamiento político. Lo es, asimismo, para quienes suponían que esta parte del globo estaba ajeno a la guerra. La guerra no declarada entre Argentina e Inglaterra llevó a unos y otros a constatar bruscamente que a la postre el conflicto se resolvió por medio de las armas y se impuso la más fuerte.

Las islas Falkland o Malvinas -junto a las Georgias del sur y Sandwich del sur, todas ellas pertenecientes al Reino Unido desde comienzos del siglo pasado- constituyen para ambos Gobiernos, dado el valor estratégico, las posibilidades económicas e importancia política que revisten.

La ubicación geográfica y configuración de ellas permiten emplear algunas de las mencionadas islas para apoyar fuerzas navales importantes que , operando desde esta posición estratégica, pueden controlar el tráfico marítimo que fluye desde los Océanos Índico y Pacífico hacia las potencias del mundo occidental. Este movimiento marítimo, ya importante en tiempo de paz por la estrechez de los canales de Suez y Panamá para las naves de gran tamaño, ante un eventual cierre de estas vías llegaría a ser vital para Estados Unidos y sus aliados en una confrontación armada con la Unión Soviética. Los soviéticos así lo han comprendido y han establecido las bases necesarias para emplear sus fuerzas aeronavales desde las costas de África, para interrumpir este tráfico cuando su estrategia lo requiera. También lo apreciaron los norteamericanos cuando vislumbraron la posibilidad de que sus aliados ingleses perdieran dicha posición.

Por otra parte, el espacio marítimo enmarcado por estas islas contiene riquezas que, aunque no prospectabas suficientemente ni cuantificadas a la fecha, son potencialmente importantes en cuanto a los recursos renovables y los no renovables: la pesca abunda ,como asimismo los nódulos metálicos, y los depósitos de petróleo bajo el lecho marino serían más extensos que los existentes en el Mar del Norte. Además de ello, por su proximidad y proyección sobre la Antártica, constituirán un sólido argumento para quién ostente su dominio cuando el continente blanco sea abiertamente disputado al término del tratado Antártico.

Por todo lo anterior, las islas en referencia han concitado el interés de Argentina en lo último decenios.

Oportuno es recordar que las islas Falkland fueron descubiertas por un inglés a fines del siglo XVI, y que a pesar de ser disputadas inicialmente por los españoles y los ingleses lo cierto es que permanecen en poder del Reino Unido desde 1833. Los argentinos han presentado reclamos de soberanía en distintas épocas, abogando proximidad y herencia del derecho de propiedad de España. El gobierno británico siempre desestimó tales reclamaciones, por carecer de fundamentos legales e históricos. No obstante, ha mostrado buena disposición para negociar y ha hecho concesiones al gobierno Argentino.

Los logros obtenidos no han sido considerados suficientes por Argentina, así como el lento desarrollo de las negociaciones. El paso siguiente a tomar fue el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, que llegaron a ocupar un lugar preponderante dentro del plano sudamericano, para luego emplearlas en la coyuntura bélica con los resultados ya conocidos. La ocupación de las islas por la fuerza llevó a Argentina al enfrentamiento con el Reino Unido, conflicto aunque limitado en el tiempo, en el espacio y en el esfuerzo, tuvo consecuencias desastrosas para aquel país, la unidad americana y la cohesión del mundo libre frente al enemigo común.

Aparentemente, una mala apreciación de la situación llevó al gobierno argentino a la ocupación de las islas Falkland. Supuso -tal vez- que el Reino Unido no reaccionaría en los mismos términos, en razón de su lejanía, su ostensible reducción del poder naval y la aparente indiferencia en cuanto al valor atribuido a la posesión de dichas islas. Olvidaron -a caso- que excepción hecha de la emancipación de Norteamérica, el Reino Unido no ha permitido nunca la independencia de sus dominios por la fuerza y menos que le arrebaten algunas de sus posesiones; por otra parte, que Mrs. Thatcher -primer ministro británoco- ha evidenciado poseer la fuerza de carácter y voluntad para no dejarse aminalar por la violencia. No olvidemos que no la intimidó la huelga de hambre que costó la vida a varios irlandeses. La reacción británica no se hizo esperar y tras una corta lucha, pero con cientos de vidas humanas y cuantiosas pérdidas materiales por ambos bandos, las islas volvieron al Reino Unido.

Argentina no fue el único perdedor de este desafortunado encuentro bélico. La solidaridad hemisférica resultó también seriamente dañada. Argentina no obtuvo el consenso requerido cuando solicitó la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR); y no podría haber sido de otra manera. Si bien es cierto que algunos países solidarizaron abiertamente con la causa argentina, con distintas motivaciones, el TIAR no operó y la mayoría de los países observó -de hecho- la neutralidad. Esta abierta discrepancia y la actitud de Estados Unidos trizó seriamente el tratado, que costará mucho recomponerlo y mucho mas suscribir uno nuevo.

La posición de Estados Unidos es comprensible. Fracasada su postura mediadora no le quedó otra alternativa que apoyar al aliado más confiable, dada la importancia estratégica de las islas Falkland para su propia seguridad. No hay duda de que en esta decisión pesaron las continuas desidencias argentinas en favor de la Unión Soviética, en distintos acuerdos propuestos por Estados Unidos.

Por otra parte, la alianza occidental también se vio afectada. En primer término, el enfrentamiento de dos países del mundo libre -equipados con armamento de manufactura occidental- dejó en evidencias las bondades y los defectos de los diversos sistemas de armas. En segundo lugar, por solidaridad con el Reino Unido, los países de la OTAN fueron arrastrados a adoptar medidas restrictivas contra el gobierno argentino, que afectaron económicamente a unos y a otros; por tanto, apenas superada la crisis dichas medidas comenzaron a ser levantadas unilateralmente con la misma prontitud con que fueron impuestas.

Lo anterior lleva a concluir que los conflictos internacionales -por pequeños que sean- pueden desencadenar una guerra por sola voluntad de uno de los gobiernos involucrados. El comienzo del conflicto puede preverse y manejarse, pero es imposible predecir su desarrollo y menos su desenlace. El contrincante más fuerte termina por imponerse, esté o no la justicia de su parte. El apoyo de la comunidad internacional estará supeditado a sus propios intereses y no a declaradas amistades. Las organizaciones internacionales actuarán conforme a los intereses del grupo dominante; de tal modo, que sis un país no es capaz de defenderse por sí mismo no puede esperar que otros lo hagan por él, que reconozcan sus derechos y -tal vez- ni siquiera que respeten su derecho a existir.

El viejo aforismo romano: si vis pacem, para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra), adquiere plena vigencia en el presente. Parafraseando el

pensamiento del español Ortega y Gasset en La Rebelión de las Masas, debemos reconocer que se el prepararse adecuadamente para la guerra representa un enorme esfuerzo económico, éste se justifica plenamente ante el enorme costo de un conflicto bélico y sus catastróficos efectos.

Línea de mando británico

1º Ministro

Gabinete de Guerra

hacienda

comercio

asuntos exteriores

commonwealth

Min. de Defensa

Sr. John Nott

Jefe de E Mde la defensa

Almte Sir Terence Lawin

Cmte en jefe de la operación corporativa

Almte Sir John Fieldhouse

Jefe E M

Vice almte Sir

David Halifax

ComteF.O 317 Comte Fuerzas Comte Fuerzas Comte Fuerzas

Contraalmirante Submarinos Aéreas-RAF Terrestres

Sir J Woodward Vicealmirante Teniente Gral General de División

Peter Hebert Sir John Curtiss Sir J Moore

III Brigada V Brigada

Comandos Infantería

Gral de Brigada Gral de Brigada

Julian Thomson Anthony Wilson

Introducción

Este año 1997, se conmemora 15 años del conflicto sostenido por Inglaterra y Argentina, por la posesión territorial de las islas Malvinas o Falkland.

Al momento de comenzar a realizar este trabajo de investigación, recurrió a varias fuentes, ya sea tanto oficiosas(consulados), como particulares con un gran dominio del tema, ya que algunos de los entrevistas fueron profesores de la Academia de Guerra Chilena, en los específicos momentos en que se desarrollaba la guerra.

La primera gran aclaración que debo señalar, es que para los derrotados todavía esta latente las muertes de sus compatriotas y representa un gran dolor y hasta malestar tener que abrir una puerta que ellos consideraban sellada para siempre.

De los libros conseguidos, dos son de origen Argentino, y más bien se trata de la experiencia de periodistas que tuvieron la oportunidad de situarse en las islas para cuando sucedían los combates. Se trata de experiencias y visiones personales de lo que ahí sucedía, en vez de un análisis más objetivo de como ocurrían los hechos. Es por esto que no me sirvieron de la forma en que yo esperaba, ya que sin duda el periodista no puede tener la objetividad precisa si su país es el que pelea y sus compañeros los que mueren.

Sin duda que Argentina, jamás consideró una reacción británica tal como sucedió.

Los problemas internos del país Argentino, determinó en gran medida la decisión, por parte de la Junta Militar, presidida por el General Galtieri, de volver a hacer soberanía en las islas. En tiempo determinó que esta fue una medida distractiva, para acallar los problemas internos y sacar a relucir un patriotismo y nacionalismo enfervorizado.

Un teme aparte no tratado en estas páginas, es la política comunicacional adoptada por parte del gobierno Argentino, para con sus conciudadanos, ya que estos fueron engañados con falsos triunfos durante casi todo el conflicto, pero sin duda ése tema serviría para un par de trabajos más.

Bibliografía

1)Bendala Ayuso, Francisco, La campaña de las Malvinas, editorial San Martín, Madrid, 1985

2)Roth, Roberto, Después de Malvinas Qué...?, editorial La Campana, Buenos Aires, 1982.

3)Kasanzew, Nicolás,Malvinas a Sangre y Fuego, editorial Abril.S.Buenos Aires,1983.

4)Publicación de la Armada de Chile, Revista de Marina de Chile, publicación Bimestral (noviembre-diciembre 1982)

5) Entrevista a Francisco Ghisolfo Araya,Contraalmirante en la fecha del conflicto, actualmente en retiro.

6) Entrevista a Ricardo Riesco Sotomayor,capitán de Fragata IM en la fecha del conflicto, actualmente en retiro.