Investigaciones arqueológicas

Historia. Arqueología. Funcionalismo. Estructuralismo. Materialismo histórico. Registro arqueológico. Excavaciones. Arqueometría

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ARQUEOLOGÍA GENERAL

Tema 1. CONCEPTO DE ARQUEOLOGÍA

1.- DEFINICIÓN Y EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE ARQUEOLOGÍA. LA ARQUEOLOGÍA COMO CIENCIA

Definición de Arqueología

Según una definición clásica, por arqueología se entiende la recuperación, descripción y estudio sistemáticos de la cultura material del pasado como forma de acceder a las sociedades que la construyeron. Nosotros la definimos como el estudio de la Historia a partir de los aspectos no hablados ni escritos de la cultura material. Generalmente, para definir la arqueología se suelen utilizar expresiones negativas (qué no es la arqueología) o expresiones metodológicas (qué significa la palabra arqueología); en un sentido etimológico, la arqueología es la ciencia que se ocupa del estudio de lo antiguo.

¿Por qué ponemos el énfasis en la cultura material? En primer lugar, no hay una cultura espiritual; pero es que, en la prehistoria, los restos materiales son la única parte de la cultura que sobrevivió cuando fallecieron los hombres que los fabricaron y usaron. Una de las tareas más arduas para el arqueólogo actual es saber cómo interpretar la cultura material en términos humanos, es decir, cómo se utilizaron los recipientes o porqué unas viviendas son circulares y otras cuadradas. Como destacan muchos autores, este ámbito de la arqueología tiene una serie de ventajas, cualquier cosa puede ser estudiada desde el punto de vista arqueológico, y aquí entramos dentro del campo de las definiciones negativas; la arqueología no es sólo sacar cosas de la tierra, en sentido estricto hay un conocimiento estratigráfico en cosas que no están enterradas bajo tierra, como los muros; así, la estratigrafía es el estudio de todo aquello que podemos ver, esté enterrado o no, como por ejemplo la historia de la construcción, las murallas, etc. Por tanto, la arqueología no es sólo excavación.

Por otro lado la arqueología se ocupa también del análisis formal de los objetos y de su clasificación. De hecho, para algunos autores las bases de la arqueología las puso la numismática.

El tercer aspecto es el estudio tecnológico. Es difícil separar los estudios tecnológicos de los tipológicos. La separación de los metales en hierro, cobre y bronce es tecnológica, pero esta separación vino de la necesidad de separar tipológicamente los artefactos. Normalmente el término arqueometría, en arqueología, viene limitado a estos aspectos.

La arqueología, por tanto, está muy lejos de lo que ofrecen los relatos de los primeros arqueólogos, es decir, de la aventura y lejos de cualquier veleidad convertida en moda.

Evolución del concepto

  • Arqueología como anticuarismo

  • Arqueología como Historia del Arte

  • Arqueología paleontológica y paleolítica

  • Arqueología antropológica

  • Arqueología social

Como resultado del desarrollo de la disciplina se ha ido produciendo un cambio de énfasis en el desarrollo arqueológico o, lo que es lo mismo, en la evolución del concepto. Gracias a los anticuarios, la tipología fue lo primero que se desarrolló al coleccionar objetos griegos y romanos. El interés por los restos materiales de la antigüedad clásica marcó los verdaderos inicios de la arqueología en la cultura occidental. Con el desarrollo de la arqueología se ha ido produciendo un alejamiento del anticuarismo; a medida que se desarrolló el sentimiento nacional y se buscaron las raíces de las naciones en el pasado, cualquier objeto del pasado que tuviera que ver con esa nación era objeto de coleccionismo. Pero también actuaba en la formación de las colecciones el beneficio económico que se pudiera obtener con su venta. Esta postura se agudiza con el desarrollo de los métodos y técnicas arqueológicas al dar una mayor importancia al contexto arqueológico. En este sentido, la simple búsqueda del objeto debe de estar criminalizada pues lo que se destruye seguramente es tan importante o más que lo que se recoge.

El desarrollo de la arqueología en sus primeros años también estuvo muy vinculado a la Historia del Arte, más concretamente al arte grecorromano, y al desarrollo tipológico. El problema viene del poco desarrollo del estudio arqueométrico, es decir, de las medidas de las figuras.

Dado que el propósito de la arqueología es la comprensión del género humano, constituye una disciplina humanística, una ciencia humana. Quizás lo que más vamos a desarrollar nosotros en la arqueología como ciencia va a ser su unión con la paleontología, la geología y otras ciencias naturales. Esto tuvo su origen con el desarrollo de los estudios paleolíticos. Para situar los objetos ya no sólo valía el estudio tipológico, ni siquiera el tecnológico, era necesario prestar más atención al contexto, y es aquí cuando la estratigrafía adquiere toda su importancia.

La investigación de períodos cada vez más alejados en el tiempo facilita cada vez más la aproximación a la antropología, con la que la arqueología ha estado muy ligada desde sus inicios. No tanto a la antropología biológica, que estudia el origen y evolución del hombre como ser vivo, como a la social y cultural (etnología), que se ocupa de la tecnología, pautas de comportamiento, organización social y creencias de los grupos humanos. Pero la unión entre arqueología y antropología también tiene sus problemas; pensar que los prehistóricos vivieron como muchas sociedades no evolucionadas de la actualidad supone pensar que estas últimas son sociedades que no han evolucionado en nada a lo largo del tiempo.

En este sentido, el estudio antropológico ha llevado al estudio de los aspectos sociales.

Expansión del ámbito de la Arqueología

  • En el tiempo y en el espacio

    • Grecorromana. Renacimiento y Neoclasicismo. Grandes monarquías y la Iglesia.

    • Grandes civilizaciones: inicios del siglo XIX. Colonialismo

    • Precedentes europeos: inicios del siglo XIX. Nacionalismo.

    • Pueblos extra-europeos: siglo XIX. Nacionalismo e imperialismo.

    • Desarrollo de la arqueología urbana

    • Arqueología medieval/industrial/histórica: localismo/nacionalismo

  • Del objeto al contexto

A lo largo del tiempo ha habido una ampliación del campo temporal de la arqueología. En un principio ésta estuvo muy vinculada al mundo grecorromano, de tal forma que muchos autores sitúan en el Renacimiento el nacimiento de la arqueología; a la formación de colecciones acudirán tanto la Iglesia como las grandes monarquías y la nobleza en general, en primer lugar como una forma de justificar su poder, que serán el germen de los museos que se crearon en momentos posteriores.

Durante gran parte de los siglos XVII y XVIII prácticamente no habrá preocupación por otros períodos, fuera de la época clásica, en parte determinado por la concepción bíblica de la historia. Sólo será con el desarrollo de las ideas de la Ilustración y su compenetración con la revolución francesa y las ideas napoleónicas que se buscarán las raíces nacionales y las primeras identidades de las naciones. Sin embargo, se produce un proceso que es contradictorio pues al mismo tiempo que fructifica este sentimiento nacionalista se descubren otras civilizaciones fuera del mundo grecorromano que están enclavadas en zonas que suponían una apetencia colonial, que va a ser en parte alimentada por la concepción de ciertos arqueólogos. Por otra parte, la colonización de estas nuevas zonas tiene también importancia por el mismo afán de coleccionismo; el mundo grecorromano se había quedado pequeño y la colonización de nuevos territorios supone el fomento de nuevas colecciones. Todo este proceso se inicia en el siglo XIX y continúa hasta la 2ª guerra mundial.

A partir de la 2ª guerra mundial la arqueología crece desde otro punto de vista; ya no sólo va a crecer en el plano espacial sino también en el plano temporal. Y aumenta en el plano temporal porque cada vez más interesa destacar el pasado mítico junto con el presente, y hay que llenar los huecos entre ese pasado mítico y el momento actual. La arqueología adquirirá entonces un gran desarrollo debido a que las destrucciones provocadas por la guerra en las grandes ciudades hacen que, tras la reconstrucción, aparezcan los burgos medievales y las construcciones más antiguas. Hasta tal punto se desarrolló la arqueología en estos años que la profesión de arqueólogo cambió, ahora vinculados a ayuntamientos, etc. Como en este proceso de reconstrucción de las ciudades no sólo aparecen los burgos medievales sino que también aparecen toda una serie de contextos de los siglos XVI, XVII, XVIII e incluso XIX, de los que se sabía muy poco y que muchos arqueólogos dejaban de lado, algunos investigadores tuvieron que llamar la atención sobre la importancia de estos restos.

En la misma línea, sobre todo a partir de los años 70, empezó a adquirir un gran desarrollo lo que se ha denominado arqueología industrial, la cual comenzó a estudiar el nacimiento, desarrollo y caída de la industria capitalista. Se planteó entonces cómo este patrimonio industrial podía ser factor de desarrollo, con la recuperación de poblados mineros abandonados, poblados industriales, etc.

Por último, para terminar esta introducción, destacar el hecho de que se ha pasado de dar importancia al objeto antiguo para sustituirlo por dar una mayor importancia al contexto en que aparece. A partir de este enfoque el territorio adquiere una importancia capital.

Finalidad de la arqueología

  • Anticuarismo ! enriquecimiento cultural/nacionalismo

  • Evolucionismo ! afirmación del progreso

  • Escuela histórico-cultural ! afirmación del origen de los pueblos

  • Arqueología procesual ! leyes de desarrollo: justificación del progreso y el atraso

  • Arqueología marxista ! posibilidad de cambio social/líneas de desarrollo

  • Arqueología posprocesual ! justificación de la multiplicidad y el conflicto

Cada uno de estos momentos por los que ha pasado el desarrollo de la arqueología ha buscado un beneficio social.

Durante la etapa de los anticuarios hay todo un enriquecimiento cultural.

Será con la Ilustración y con la revolución francesa cuando vea la luz una noción evolucionista de la historia.

Posteriormente, como la idea de progreso pudo resultar peligrosa, la arqueología tuvo que ajustar sus valores; lo que había que demostrar ahora era la identidad de los pueblos como un estado-nación.

Esta escuela dominó hasta mediados del siglo XX, siendo la escuela más fructífera y más permanente al haberse consolidado los tres aspectos de la arqueología: la estratigrafía, la tecnología y la tipología.

A partir de mediados del siglo XX esta concepción entró en crisis dada su afinidad con el fascismo y sobre todo con el nazismo, llegando incluso sus teóricos a legitimizar la superioridad de la raza aria. Se van a buscar entonces las leyes del desarrollo humano, preguntándose, por ejemplo, cuestiones como por qué una comunidad agrícola hizo obras de irrigación en un determinado territorio o por qué unas casas son cuadradas y otras redondas. Aunque los condicionantes sean similares a los anteriores los métodos ya no son los mismos, y esto ha favorecido también el que existan planteamientos contrarios, como los marxistas, cuyos planteamientos, que sólo habían tenido un cierto valor en cuanto al desarrollo tecnológico, se lanzan ahora a explicar cuestiones sociales.

Usos de la arqueología

  • Búsqueda de leyes del funcionamiento social (Historia)

    • Justificación del presente

    • Críticas

* Conocer, comprender y plantear

Arqueología como ciencia

  • Objeto de estudio: Determinados aspectos de los restos del pasado (compartidos, al menos parcialmente, con otras disciplinas).

  • Objetivo: La explicación histórica.

  • Teoría: Marco conceptual.

  • Método: Estrategias de investigación (dependientes de la orientación del investigador.

  • Metodología: medios directos, técnicas y procedimientos empleados para abordar el análisis de los restos (pueden derivar de otras disciplinas: estratigrafía, análisis químicos, análisis zoológicos, etc.)

    • Estratigrafía y seriación

    • Arqueometría

* Tipología

* Tecnología

    • Análisis espacial

Dado que el propósito de la arqueología es la comprensión del género humano, constituye una disciplina humanística, una ciencia humana; así pues, hoy día nadie niega que la arqueología sea una ciencia, una ciencia que es parte de la historia pues se ocupa del pasado del hombre; de ello se deduce que el arqueólogo es un historiador especializado en la investigación histórica a través de las fuentes materiales. Así pues, su objeto de estudio son determinados aspectos de los restos del pasado y su objetivo la explicación histórica. Tiene su propio método, el método arqueológico, que son las estrategias de investigación y que presenta tres fases:

  • Observación y recogida de información, a través de prospecciones y excavaciones.

  • Definición, clasificación y ordenación de los datos mediante las tipologías.

  • Explicación y elaboración del argumento histórico.

Interpretación

Teniendo en cuenta estos rasgos podemos llegar a determinar como pudo ser el proceso. Son niveles imprescindibles; para poder interpretar la evidencia y convertirla en dato arqueológico hay que ver cómo se formó. Además de los problemas que afectan a la formación y transformación del registro arqueológico existen otros problemas; cuando excavamos, lógicamente no lo recuperamos todo. Para poder hacer una correcta interpretación de estos problemas hay que hacer una serie de valoraciones; las que llamamos de nivel medio son aquéllas que permiten hacer la conexión entre los datos que tenemos y la caracterización del contexto.

2.- HISTORIA DE LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS

A) DESDE LOS INICIOS HASTA V. GORDON CHILDE

Los precursores

La primera pregunta que conviene plantearse es cuándo se puede hablar de arqueología, y esto dependerá de qué es lo que se entiende por arqueología. Para que los primeros estudios arqueológicos vean la luz habrá que esperar hasta mediados del siglo XIX, época en que la disciplina arqueológica llega a constituirse realmente como tal.

Las primeras referencias a excavaciones, es decir, a la remoción de tierras para buscar restos del pasado se remontan a la antigua Mesopotamia; Nabónido, último rey nativo de Babilonia, que reinó entre el 555-539 a.C., tuvo un gran interés por las antigüedades; excavó en un importante templo y descubrió la primera piedra de éste, que había sido depositada unos 2.200 años antes; almacenó muchos de sus hallazgos en una especie de museo en Babilonia.

Durante la Edad Media el interés por los restos del pasado fue mucho más restringido que en época clásica y se limitaba a la colección y conservación de las reliquias sagradas. Esta época parece caracterizada por un olvido, cuando no un rechazo y destrucción de los restos de las civilizaciones clásicas. No obstante, la visión cristiana que se tenía del pasado, centrada en la idea de que las únicas noticias válidas estaban contenidas en la Biblia, constituyó un punto de partida conceptual a partir del cual se desarrollaría en Europa el estudio de la Arqueología.

El momento clave para el inicio de la excavación arqueológica lo constituye el Renacimiento. Es en estos momentos cuando se desarrolla un hecho que tendrá gran repercusión, como es el coleccionismo de obras antiguas, generalmente por parte de la nobleza y de la Iglesia, que será el germen de los Museos que se crearán posteriormente. Aparecieron entonces las primeras colecciones amplias de objetos artísticos de épocas anteriores, entre las que destaca la del Vaticano, todavía hoy una de las mayores del mundo. Los materiales que comienzan a almacenarse no son siempre objeto de hallazgos fortuitos sino que se observa una cierta actividad encaminada hacia su recuperación mediante la realización de excavaciones que únicamente tienen como objetivo la “caza” de objetos de arte.

Sin embargo, hay que decir que el amor por los vestigios del pasado que entonces se daba tuvo también su lado negativo para la arqueología. Fueron frecuentes los saqueos y demoliciones de ruinas para reutilizar los viejos elementos en construcciones nuevas.

Así pues, la mayor parte de los autores consideran que es sólo en el Renacimiento cuando se puede hablar del origen de la arqueología porque es el momento en que se desarrolla una nueva concepción de la historia que enfatiza la vitalidad; los nuevos estados que están surgiendo tienden a justificarse a través de la historia; esto es una actitud que incluso lleva a cabo la Iglesia; la famosa “donación de Constantino” no es sino una falsificación de la Iglesia para justificar la existencia de los estados pontificios.

Más que en el desarrollo de la historia en sí, el desarrollo de la arqueología tal y como la concebimos tiene más que ver con la historia del arte en general y con el coleccionismo en particular. En este sentido, el único problema es que la organización y clasificación de los materiales tenía menos que ver con objetivos tipológicos y tecnológicos que con objetivos estéticos. Pese a estas limitaciones, en el Renacimiento hubo un factor que ilustró y facilitó la integración de muchos objetos, ya no sólo grecorromanos, en un contexto extra-cultural y extra-europeo tras el descubrimiento de nuevas civilizaciones. Pero también, aparte de esto, durante mucho tiempo se consideró que lo que ligó al Renacimiento con el desarrollo de la arqueología fue el nacimiento de las grandes excavaciones, que tendrían un desarrollo posterior; en este sentido hay que considerar la acción llevada a cabo en el reino de Nápoles por el futuro Carlos III de España y las excavaciones de Pompeya. Con la Contrarreforma las excavaciones arqueológicas tuvieron un gran desarrollo pues con objeto de luchar contra la herejía protestante se buscaron las antiguas iglesias y las catacumbas.

Estos tres factores (coleccionismo, descubrimiento de nuevas civilizaciones y grandes excavaciones) continuarán a lo largo del siglo XVII. En primer lugar, las excavaciones tendrían una mayor tradición en los países católicos como justificación de la tradición católico-cristiana, al buscar los restos de los antiguos mártires y las antiguas iglesias. En el caso de España, sin embargo, la cuestión fue más contradictoria y es que en muchos casos lo que se documentó fueron verdaderas tumbas prehistóricas encontradas bajo los niveles de construcción de las iglesias católicas. En el resto de Europa lo que adquiere mayor desarrollo es la derivación del coleccionismo, buscar elementos que produzcan un goce estético, pero limitado al mundo grecorromano, aunque buscando también la tradición no católica, no mediterránea, de unos países que por entonces se separaban del catolicismo. Por otra parte, esta vinculación más directa al origen de un pueblo tiene vinculaciones con el acceso de la burguesía, que se consolidará tras la revolución francesa. Por lo que respecta a la disciplina, el hecho de que el anticuario tenga que trabajar con objetos desconocidos hace que tenga que hacer unas descripciones más precisas, los objetos se adscriben a otras tradiciones y se indaga sobre las condiciones de conservación del objeto y en el estado en que éstos han llegado a nosotros.

Con la Ilustración los factores que durante el Renacimiento y la Contrarreforma habían dirigido el desarrollo de la historia en general y de la arqueología en particular convergen. Es en el siglo XVIII cuando se inicia la excavación de algunos de los yacimientos más destacados. La tradición burguesa de la ilustración de los pueblos y de las naciones con un pasado común es heredera del siglo XVII, acentuándose en el XVIII la idea de que el progreso es ilimitado; entonces, evidentemente, hay que rastrear en el pasado los estadios de desarrollo. Dentro de ese contexto de búsqueda del progreso se consolidan los desarrollos, por una parte de las excavaciones y por otra del análisis de los objetos. Se empieza a hablar ya de seriación, de como los objetos pueden ser volcados en grupos que indican un orden cronológico. Desde este punto de vista se va a fomentar la obra de Winckelman (1717-1768), considerado como el fundador de la Historia del Arte y padre de la arqueología clásica, quien publicó su primera Carta sobre los descubrimientos de Herculano. Igualmente se ha destacado la excavación de Thomas Jefferson (1743-1826), tercer presidente de los Estados Unidos, quien en 1784 cavó una zanja o sección atravesando un túmulo sepulcral indio en su propiedad de Virginia. Todos estos avances de la arqueología van acompañados con avances en otras ciencias, como la geología.

El nacimiento de la Arqueología Prehistórica como disciplina científica y la profundidad histórica

Así pues, se puede decir que en la Ilustración se habían puesto las bases para el desarrollo de la arqueología científica del siglo XIX, en un momento en que otras ciencias estaban poniendo en cuestión la trascendencia del mundo, especialmente la biología y la geología, ambas ciencias por otra parte muy vinculadas entre sí. El geólogo escocés James Hutton, en su Teoría de la Tierra (1785), había estudiado la estratificación de las rocas (su disposición en niveles superpuestos o estratos), estableciendo los principios que sentarían las bases de la excavación arqueológica, demostrando que la estratificación de las rocas era debida a procesos que todavía seguían en mares, ríos y lagos.

Esto constituyó el principio del “Uniformismo”, defendido de nuevo por Charles Lyell en su obra Principios de Geología (1833), donde rompía con la teoría catastrofista al afirmar que los fenómenos geológicos antiguos, en esencia, eran similares o “uniformes” respecto a los actuales.

Estas ideas armonizaban con los hallazgos de Charles Darwin, cuya obra El origen de las especies, publicada en 1859, estableció el concepto de evolución como la mejor explicación del origen y desarrollo de todas las plantas y animales. Según esta teoría los animales evolucionan unos a partir de otros mediante alteraciones genéticas que se transmiten a los descendientes, mutaciones reguladas por la selección natural o supervivencia de los más aptos, de modo que los cambios más ventajosos se transmiten a la descendencia y de forma gradual las características de una especie cambiarían hasta surgir otra nueva. Pero la idea de evolución no era nueva; los precedentes ya estaban en Lamarck, quien había sugerido que los seres vivos habían cambiado o evolucionado a lo largo del tiempo. Lo que Darwin demostró fue cómo se producía ese cambio, en virtud de “la selección natural o supervivencia de los más aptos”. En 1871 Darwin publicaría su otra gran obra, El origen del hombre, en el que expone que la especie humana había surgido de la misma forma.

Las teorías de Darwin tuvieron una gran influencia en la arqueología, no sólo de forma directa al poder probar que las especies, incluso el hombre, habían ido cambiando, sino que también podía explicar porqué cambiaban las sociedades. En este sentido la obra que más influyó fue la de Herbert Spencer, para quien todas las sociedades humanas evolucionan de un estado de menor complejidad a otro de mayor complejidad, asociando esta idea a las nociones de moralidad y progreso humano; para Spencer, la sociedad “civilizada” es moralmente mejor que la sociedad “salvaje”. El antropólogo británico Edward Tylor, por su parte, fuertemente influenciado por las ideas de Darwin, planteó la teoría de que todas las sociedades pasan por unos determinados estadios de desarrollo: salvajismo, barbarie y civilización; Tylor sostenía que las sociedades humanas habían evolucionado desde un estadio de salvajismo (caza primitiva), a través de la barbarie (agricultura simple), hasta la civilización (la forma superior de sociedad). Las teorías de Tylor tuvieron amplio desarrollo a través de la obra de Lewis Henry Morgan, quien añadió, dentro de cada una de estas fases, estadios tecnológicos basados en su profundo conocimiento de los indios norteamericanos vivos; sus ideas -en especial la de que el hombre había vivido una vez en un estado de comunismo primitivo, compartiendo los recursos equitativamente- influyeron poderosamente en Marx y Engels y, a través de la obra de este último, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, en toda la tradición marxista posterior.

Desarrollos propiamente arqueológicos

Estas ideas ayudaron a sentar las bases de lo que fue uno de los acontecimientos indispensables para la disciplina arqueológica: el reconocimiento de la antigüedad del hombre. Fue un inspector de aduanas francés, Jacques Boucher de Perthes, trabajando en las canteras de grava del río Somme, quien publicó en 1841 pruebas convincentes de la asociación en aquel lugar de artefactos humanos de piedra tallada y huesos de animales extinguidos, sosteniendo que esto indicaba la existencia humana mucho antes del diluvio bíblico; de esta forma la noción bíblica de que el mundo y todo lo que contiene había sido creada hacía sólo unos pocos milenios ya no pudo ser aceptada (el tiempo transcurrido desde la creación había sido calculado por el arzobispo de Armagh, James Ussher (1581-1656), colocando la formación del mundo en el año 4004 a.C., fecha que fue comúnmente aceptada en los medios académicos). Así nació la noción de una Prehistoria de la humanidad, concepto que fue de uso generalizado tras la publicación del libro de J. Lubbock, Prehistoric Times, en 1865.

Una vez que el darwinismo había facilitado la integración del hombre en un sistema evolutivo, los hallazgos de sus ancestros pudieron producir clasificaciones.

El ejemplo más claro de como pueden modificarse estas concepciones es el caso del hombre de Neandertal; descubierto en 1856, durante mucho tiempo se pensó que era un soldado francés de las guerras napoleónicas deformado por el frío tras la retirada de Rusia. Aparte de situar los hallazgos humanos, la teoría de Darwin también permitió situar los hallazgos producidos por el hombre; es cuando toma importancia Saint-Achel y otros yacimientos, donde aparecen hachas, bifaces y otros artefactos. La excavación de las cuevas de la Dordoña se realizó con tanto entusiasmo que ya hacia 1881 Gabriel de Mortillet pudo presentar en su obra La Musée Préhistorique un prototipo de la clásica secuencia francesa de la prehistoria, secuencia que el abad Breuil pudo completar en 1912.

Con el descubrimiento del origen y la evolución del hombre se sentaron las bases de la arqueología prehistórica moderna. El instrumento fundamental para su desarrollo fue la llamada teoría de las Tres Edades, de Charles J. Thomsen, una teoría que tenía precedentes. Ya el escritor griego Hesíodo, que vivió en el siglo VIII a.C., en su poema épico Los trabajos y los días concibió el pasado humano, en una visión pesimista de la historia, como un descenso en cinco etapas: la Edad de Oro y los Inmortales; la Edad de Plata, cuando los humanos eran menos nobles; la Edad de Bronce; la Edad de los Héroes Épicos; y, finalmente, su propio tiempo, la Edad del Hierro y la Terrible Aflicción. Pero sería el danés Thomsen quien en 1836, al clasificar los objetos arqueológicos del Museo de Copenhague, proponía que las colecciones se dividieran según su materia prima (piedra, bronce e hierro), estableciendo la Edad de Piedra, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, clasificación que fue considerada de utilidad por los eruditos de toda Europa.

Este sistema se fue perfeccionando de la mano de otros autores al incluir otras subdivisiones. Primeramente se estableció una subdivisión de la Edad de Piedra en Paleolítico o Antigua Edad de Piedra y Neolítico o Nueva Edad de Piedra. Por otra parte, el sueco Oscar Montelius aplicó en sus excavaciones el método de ordenar los objetos cronológicamente en función de su tipología (seriación).

Otro desarrollo que tiene lugar en el siglo XIX es la proliferación de grandes expediciones arqueológicas, sobre todo al Próximo Oriente. El esplendor de la antigua civilización egipcia ya había atraído la atención de un público ávido, tras la expedición militar de Napoleón a aquél país en 1798-1800. El descubrimiento de la Piedra de Rosetta por uno de sus soldados proporcionó la clave para que en 1822 Champollion, tras 14 años de trabajo, descifrase la escritura jeroglífica egipcia. Un ejemplo similar de brillante erudición ayudó a desvelar los secretos de la escritura cuneiforme, utilizada por muchas lenguas en la antigua Mesopotamia. Pero si la Biblia constituyó una de las principales fuentes de inspiración en la búsqueda de civilizaciones perdidas en Egipto y el Próximo Oriente, fue el poema homérico de La Ilíada el que alimentó la imaginación del banquero alemán Heinrich Schliemann y lo lanzó a la búsqueda de la ciudad de Troya, la que identificó tras una serie de campañas llevadas a cabo durante las décadas de 1870 y 1880.

A medida que se iba ampliando el ámbito arqueológico se necesitaba también un marco cronológico al haberse quedado pequeño el sistema de las Tres Edades, de forma que se realizó un gran esfuerzo en el establecimiento de sistemas cronológicos regionales y en la descripción del desarrollo de la cultura en cada zona. En las regiones donde habían florecido las primeras civilizaciones, nuevas investigaciones y descubrimientos completaron las secuencias cronológicas. Así, el espectacular hallazgo de la tumba de Tutankamon en 1922 por Howard Carter fue acompañado por el descubrimiento en Creta de la civilización minoica por parte de Arthur Evans y por la excavación de la ciudad bíblica de Ur por Leonard Wooley.

La transición a la Arqueología profesional (1850-1920)

La transición a la arqueología profesional va a tener lugar, pues, durante un largo período que va de 1850 a1920. En la segunda mitad del siglo XIX todos esos desarrollos de periodización, búsqueda de estratigrafía, grandes civilizaciones, etc. continúan.

En primer lugar, el evolucionismo va a ser puesto en cuestión tanto por razones puras como por razones políticas. El prestigio del darwinismo había servido indirectamente para justificar las viejas ideas racistas y donde más crudamente se manifestó un etnocentrismo exagerado fue en la arqueología colonial, en la que nunca se admitía que los antepasados de los actuales nativos fuesen los autores de los restos importantes que se descubrían. Así, los colonos europeos creían que los grandes túmulos del complejo cultural de los Bosques Orientales en Norteamérica eran obra de antiguos viajeros europeos o asiáticos, o bien de una “raza de constructores de túmulos” que había sido exterminada por los indios actuales, precisamente aquellos a los que ellos mismos estaban casi exterminando en ese mismo momento, lo cual aparecía como un castigo justificado por aquella falta.

En antropología se produjo al mismo tiempo una reacción contra la rigidez del modelo evolucionista unilineal, y toda una nueva generación de antropólogos como Ratzel, Graebner, Schmidt y sobre todo Franz Boas, que luego difundió la teoría en los Estados Unidos creando la poderosa escuela histórico-cultural norteamericana, empezaron a considerar cada cultura humana como una entidad única que debía ser entendida en sus propios términos, que siempre son resultado de una secuencia histórica y particular de acontecimientos (particularismo histórico). En consonancia con un cierto pesimismo del ambiente social y como antítesis del evolucionismo, que creía más en la capacidad inventiva humana, la explicación del cambio cultural ahora preferida era la difusión (difusionismo): los inventos y avances técnicos se produjeron en muy pocos sitios y de ahí se propagaban a todos los demás, bien por contacto (aculturación), bien por migración o invasión militar de las gentes que los portaban (migracionismo, invasionismo). Los hiper-difusionistas ingleses (Escuela de Manchester) pensaban que estos avances técnicos habían tenido lugar en un sólo sitio, el Egipto faraónico, justificando de esta forma su colonialismo sobre esta zona.

El historicismo venía muy bien para hacer frente a la cada vez mayor variedad del registro arqueológico, resultado de las muchas excavaciones que se hicieron entonces en toda Europa. Hacia mediados de siglo los etnólogos alemanes habían empezado a usar la palabra “cultura” para referirse a sociedades campesinas que evolucionaban más lentamente que las “civilizaciones” y poco después todos los antropólogos hablaban de “culturas primitivas” para referirse al conjunto de conocimientos, creencias, costumbres, arte, etc. que adquirían los seres humanos por ser miembros de una sociedad. Antes del cambio de siglo la palabra ya había sido pasado al campo arqueológico, denominando el conjunto de los componentes “materiales” de la cultura completa, aunque sólo aquellos más resistentes que se habían conservado desde el pasado para poder ser recuperados en las excavaciones.

Aunque el objetivo era identificar a los autores históricos de esas culturas arqueológicas -y en esto los más anhelados eran los celtas, que entonces se “descubrieron” casi por todas partes- a medida que se iba hacia atrás en el tiempo los grupos humanos eran cada vez más anónimos. En general, las nuevas “culturas” se fueron llamando por el nombre del yacimiento donde primero fueron descubiertos todos o algunos de sus componentes; así, la cultura de Unetice, que se desarrolló durante la Edad del Bronce en la República Checa, se llama así por el descubrimiento de la necrópolis del mismo nombre, al norte de Praga, en 1879.

La victoria del Difusionismo

Como modelo de explicación del cambio cultural, el difusionismo se define como la irradiación de avances técnicos y culturales desde las áreas de creación o elaboración de los mismos a otras zonas, mediante contactos, migraciones o invasiones. Los difusionistas tendían a describir conjuntos de objetos elaborados (cultura material) e identificarlos con un pueblo, otorgando a la cultura arqueológica una concepción étnica.

Para el difusionismo, o historicismo cultural, existen unas “áreas de invención” donde aparecen las ideas que dan lugar a los cambios sociales que se expresarán en la cultura arqueológica. El mecanismo de difusión será la transmisión de las ideas (fenómenos de aculturación) o bien el desplazamiento de poblaciones portadoras de tales novedades (migraciones o invasiones). Así, el megalitismo fue explicado por Childe como la llegada al occidente de Europa de una nueva religión (fenómeno de aculturación) que incluía la construcción de grandes monumentos en piedra para realizar enterramientos colectivos. La extensión del vaso campaniforme por Europa se interpretó como migraciones desde la Península Ibérica y una vuelta a la misma (centro de invención), en corrientes de flujo y reflujo, que explicaban las dos grandes fases del mismo que se constataban en los diferentes estilos cerámicos.

El origen de un determinado rasgo material (útil lítico, cerámica, objeto metálico, tipo de enterramiento, etc.) que caracteriza a una “cultura”, debe buscarse donde aparece en un momento cronológico más antiguo, constituyendo por tanto el centro de invención. Desde este punto de vista, han existido planteamientos más toscos o hiperdifusionistas, que pretendieron un único lugar de origen para la práctica totalidad de los avances culturales, como el de G.E. Smith en Egipto, lord Reaglen en Sumeria o G. Kossinna en Centroeuropa, éste último ligado a los planteamientos nacionalistas de una raza aria, superior y motor de todo progreso. Bosh Gimpera fue el representante español más cualificado en esta tendencia, aunque su difusionismo esté frecuentemente entreverado de ideas evolucionistas.

Varios arqueólogos marcaron esta época, todos ellos de países nórdicos europeos: Montelius, Kossinna y Gordon Childe. Al sueco Oscar Montelius (1843-1921) se debe la primera síntesis de la prehistoria final europea, organizada mediante la ordenación cronológica (seriación) de un gran número de hallazgos compuestos por muchos elementos del Neolítico, Edad del Bronce y del Hierro. Otra de sus ideas básicas fue la llegada por difusión desde el área nuclear del Próximo Oriente de todos los avances técnicos (agricultura, metalurgia, megalitismo, etc.) que se registraron en Europa durante los períodos anteriores (ex oriente lux), lo cual no sólo seguía la moda difusionista sino que era consecuencia del único método que entonces existía para fechar los restos europeos, por la presencia de objetos sur-orientales en los yacimientos siguiendo una cadena que enlazaba unos sitios con otros, comenzando por Egipto y pasando por las islas y el continente griegos y los Balcanes hasta Europa central y occidental. Ciudadano de una nación emergente pero pequeña y muy influida por otros vecinos poderosos, Montelius no tenía inconveniente en admitir la superioridad cultural del Levante y el Mediterráneo durante la prehistoria final, y por otro lado la idea fue acogida con entusiasmo por arqueólogos franceses y sobre todo ingleses, tal vez porque así su condición de descendientes culturales de los antiguos egipcios y mesopotámicos les justificaba de alguna manera su activa intervención colonial en la zona.

Quienes no lo aceptaron tan fácilmente fueron los alemanes, que además de tener menos intereses coloniales en la zona no estaban dispuestos a admitir la influencia semita en su región. Ese sentimiento de superioridad racial enturbia por desgracia la contribución al desarrollo de la arqueología de Gustaf Kossinna (1858-1931), quien estableció el canon del enfoque histórico-cultural con su descripción completa de la prehistoria europea dividida en un rico mosaico de culturas, correspondientes a tribus (sajones, borgoñones, etc.) y grupos culturales, huella de los grandes pueblos (alemanes, celtas, etc.), abandonando definitivamente todo concepto evolucionista, además de fijarse, por vez primera de una forma amplia, en los modos de vida prehistóricos (viviendas, economía, tumbas, rituales, etc.) y no únicamente en la tipología de los artefactos. Con todo, los aspectos racistas de Kossinna eran claros, en su búsqueda obsesiva del origen de los arios indoeuropeos, que curiosamente encontraba en las regiones del extremo norte de Alemania que acababan de incorporarse al imperio alemán tras un largo contencioso con Dinamarca, y de los datos que probasen la mayor antigüedad de las ocupaciones germanas en todo el centro de Europa, justificando así su derecho actual a esas tierras. Por otro lado, consideraba que los avances producidos en las regiones meridionales eran fruto de la mezcla con arios llegados desde el norte y que ese mismo mestizaje antiguo, que los germanos habían evitado, era la causa de su atraso presente. Fácilmente se aprecia hoy que este racismo “historicista” de Kossinna no difería mucho del “evolucionista” de Lubbock, con la diferencia de que esta versión más restringida resultaba difícilmente digerible para quien no tuviese la fortuna de ser alemán.

Ver Gordon Childe. La herencia histórico-cultural

La primera época intelectual del influyente arqueólogo australiano, instalado en Gran Bretaña, Vere Gordon Childe (1892-1957), se produjo en la órbita de Kossinna, al que siguió en las síntesis que publicó en los años veinte sobre la prehistoria europea, aunque Childe mantuvo la marca británica del difusionismo oriental como explicación última. Según él, la mayoría de las culturas se definían por un número reducido de “fósiles directores”, tipos de artefactos característicos de cada una de ellas, a los que aplicó un por entonces novedoso enfoque funcionalista: los objetos de algunos ámbitos (doméstico, ritual, las decoraciones) eran conservadores y cambiaban lentamente, mientras que otros de mayor valor utilitario, como las herramientas y armas del ámbito tecnológico, se copiaban o comerciaban más rápidamente, por lo que eran los mejores para establecer cronologías y observar el cambio cultural. Influido por las ideas de Marx y por la relativamente reciente revolución marxista en Rusia, en 1936 propuso que en el Próximo Oriente se había producido una Revolución Neolítica que dio lugar al desarrollo de la agricultura y, más tarde, una Revolución Urbana que desembocó en los primeros pueblos y ciudades.

Un avance decisivo en la ciencia arqueológica se produjo en el campo de la datación. En 1949, el químico norteamericano Willard Libby anunció el descubrimiento de la datación radio- carbónica (C-14). El verdadero impacto de su decisivo logro técnico no se sintió hasta más de una década después pero sus implicaciones eran claras: por fin los arqueólogos tendrían un medio para determinar, de forma directa, la edad de los yacimientos y hallazgos de cualquier parte del mundo sin necesidad de recurrir a complicadas cronologías comparadas de culturas con áreas ya datadas por métodos históricos.

El C-14 permitió establecer la antigüedad de determinados materiales orgánicos, con lo que muchos teóricos centros de invención se revelaron posteriores cronológicamente a las áreas colonizadas. Por ejemplo, el megalitismo del occidente de Europa era muy anterior a los tholoi (sepulcros de falsa cúpula) del Mediterráneo oriental. Pero además, las dataciones absolutas permitieron un nuevo modelo interpretativo poligenista que contradecía la premisa básica de la argumentación difusionista: las sociedades satisfacen idénticas necesidades mediante soluciones similares. Así, se demostraron varios focos de invención de la metalurgia de forma autónoma.

Entre los pioneros del diseño de proyectos bien enfocados estaba Robert J. Braidwood, de la universidad de Chicago, cuyo equipo multidisciplinar, durante las décadas de los años 40 y 50, buscó sistemáticamente en el Kurdistán iraquí yacimientos que proporcionasen evidencias sobre los orígenes de la agricultura en el Próximo Oriente. Otro proyecto americano, de Richard McNeish, hizo lo mismo en el Nuevo Mundo: su investigación en el Valle de Tehuacán durante los años 60 llevó a comprender el enorme avance que había supuesto el larguísimo desarrollo del cultivo del maíz.

Si los orígenes de la agricultura han sido tema de numerosas excavaciones durante las últimas décadas, el nacimiento de las sociedades complejas, incluyendo las civilizaciones, ha sido otro. Dos proyectos de campo americanos tuvieron éxito extraordinario: uno en Mesopotamia, dirigido por Robert Adams (con empleo de fotografía aérea, así como de prospecciones del terreno) y otro en el Valle de Oaxaca, México, bajo la dirección de Kent Flannery.

Pero el mérito a la búsqueda más enérgica en un proyecto con un objetivo arqueológico claro, en toda la historia de la arqueología, recaería en Louis Leakey y su esposa Mary Leakey, quienes retrasaron las fechas conocidas para nuestros antepasados inmediatos en varios millones de años. Ya en 1931 comenzaron su búsqueda de huesos humanos fósiles en la Garganta de Olduvai, África Oriental, pero su extraordinaria perseverancia no fue recompensada hasta 1959, cuando Mary Leakey hizo el primero de los numerosos hallazgos de fósiles de homínidos en la Garganta.

Entre los arqueólogos prominentes de la segunda mitad del siglo XIX destaca el general Augustus Lane-Fox Pitt-Rivers (1827-1900). Soldado profesional durante gran parte de su vida, Pitt-Rivers aplicó su larga experiencia militar en métodos, exploración y precisión a realizar excavaciones impecablemente organizadas en sus posesiones de Inglaterra. Se hicieron planos, secciones e incluso maquetas, y se registró la posición de cada objeto. No le interesaba recuperar tesoros sino recobrar todas las cosas, por triviales que fuesen. Fue un pionero en su afán por el registro total, y los cuatro volúmenes, impresos a sus expensas, que describen sus excavaciones en Cranborne Chase de 1887 a 1889, representan los mejores ejemplos de publicación arqueológica.

Durante la primera mitad del siglo XX destaca la figura de Sir Mortimer Wheeler (1890-1976), quien luchó con el ejército británico en las dos guerras mundiales y, como Pitt-Rivers, aplicó la precisión militar a sus excavaciones, sobre todo mediante técnicas como el método de cuadrículas. Es popular, sobre todo, por su trabajo en los poblados fortificados de Gran Bretaña, especialmente Maiden Castle. Sin embargo, es igualmente importante su nombramiento como Director General de Arqueología, desde 1944 a 1948, en la India, donde dio cursos de preparación sobre métodos modernos de campo y excavó los importantes yacimientos de Harappa, Taxila y Arikamedu.

Sir William Flinders Petrie (1853-1942) destacó, al igual que Pitt-Rivers, por sus excavaciones meticulosas y su afán por recoger y describir cada hallazgo, no sólo los objetos delicados, así como por su publicación completa. Empleó estos métodos en sus ejemplares excavaciones en Egipto y, más tarde, Palestina, desde los años 80 hasta su muerte. Petrie ideó también su propia técnica de seriación o “datación de secuencias”, que empleó para ordenar cronológicamente las 2.200 tumbas de fosa de la necrópolis de Nagada, en el Alto Egipto.

Alfred Kidder (1885-1963) fue el Americanista más destacado de su época. Además de figura importante en la arqueología maya, fue responsable, en gran medida, de dar a conocer arqueológicamente el Suroeste, con sus excavaciones, desde 1915 a 1929, en las Ruinas de Pecos, un gran pueblo del norte de Nuevo México.

Kidder fue uno de los primeros arqueólogos en emplear un equipo de especialistas que le ayudasen a analizar los artefactos y restos humanos. Además, es importante por su “anteproyecto” de una estrategia regional: 1) reconocimiento; 2) selección de criterios para clasificar cronológicamente los vestigios de yacimientos; 3) seriación dentro de una secuencia probable; 4) excavación estratigráfica para esclarecer problemas específicos; 5) análisis regional y datación detallada.

El primer funcionalismo. Premisas

El funcionalismo surge en los años 20 como reacción ante el evolucionismo. Al contrario de aquél, el funcionalismo pretende estudios actualistas, en una visión sincrónica de las sociedades y la cultura. Su principal representante fue el antropólogo B. Malinowsky, polaco de origen, aunque de formación británica. Malinowsky estaba muy influido por el pensamiento de E. Durkhein, quien en su obra fundamental sobre Las formas elementales de la vida religiosa (1912) analizaba el hecho religioso en términos de “función” en cuanto a la cohesión social. Malinowsky interpreta la cultura como un conjunto funcional e integrado de ideas, valores, costumbres, objetos materiales, etc. semejante a un organismo vivo, en el que ninguna parte se puede entender si no es con relación al conjunto. Todo cumple una función y forma parte del funcionamiento del conjunto. Además, Malinowsky relaciona la cultura con la subsistencia humana, es decir, sirve para solventar las necesidades de todo tipo del individuo y de la sociedad. Esa función que cumple cada elemento de la cultura es lo que explica su presencia en ella. En resumen, la cultura es un instrumento que nuestra especie ha creado para satisfacer sus necesidades.

El continuador de Malinowsky fue Radcliffe-Brown, si bien en los años cuarenta se separa de la interpretación funcionalista de la cultura para desarrollar un modelo que otorga mayor peso al estudio de la sociedad y sus estructuras antes que al de la cultura. La sociedad, para Radcliffe-Brown, está constituida por partes interfuncionales e interdependientes, como un sistema integrado. Estas partes, como en un organismo vivo, tienen la función de contribuir a la conservación y persistencia del organismo social.

En los momentos previos a la 2ª guerra mundial el funcionalismo no era una teoría muy extendida en arqueología. Esta teoría es importante porque dos de los principales arqueólogos del siglo XX se insertan en ella: G. Clarke y V.G. Childe. Pero hay además otras corrientes que permiten incluirse dentro del funcionalismo, en primer lugar en América. Este desarrollo culmina en la obra de Taylor que, aunque con influencias funcionalistas, siguió manteniendo una concepción de cultura dominada por la presunción de que ésta se compartía desde el nacimiento.

Más cercano al funcionalismo, pero sólo en sus aspectos empíricos de trabajo pero no en su reflexión teórica, está J. Steward. A la visión de cultura como instrumento de adaptación, añade Steward una mayor influencia del medio ambiente, del ecosistema (cantidad y distribución de los recursos existentes). Así, los estudios arqueológicos se deben centrar tanto en el análisis de los factores ecológicos como en los económicos, indisolublemente unidos, analizando modelos en la explotación de un área, captación de recursos y entorno físico, etc. Esta influencia del medio ambiente en el desarrollo y cambio cultural es especialmente significativa en las sociedades con un desarrollo tecnológico primitivo, pues han de adaptarse permanentemente a un medio físico tiránicamente cambiante (ecuación: cambio medioambiental ! cambio cultural = evolución).

La visión de la cultura y de sus cambios como indisolublemente unidos al medio físico proporcionó la aparición de una tendencia en la arqueología prehistórica, a mediados de siglo, que valoró extraordinariamente las informaciones sobre el ecosistema y su influencia en la adquisición de recursos por los grupos humanos. Esta tendencia se conoce como ecologismo cultural y tiene como ejemplo pionero las excavaciones arqueológicas realizadas por J. Clark en el yacimiento británico de Star Carr a principio de los años cincuenta. En este yacimiento se estudió el ecosistema en general (entorno físico, clima, flora, fauna, etc.) y los restos de la ocupación del poblado construido a las orillas de un lago durante el mesolítico se pusieron en relación con el medio físico y con los modelos de explotación del entorno y de ocupación del yacimiento (estacional, anual, etc.).

V.G. Childe. La importancia de los cambios socioeconómicos

Sin embargo, la obra más importante de todo el período central del siglo XX es la de V.G. Childe, no sólo por su influencia sobre otros arqueólogos sino por la influencia de sus hipótesis teóricas en arqueología, a pesar de que esta obra, en sentido teórico, no es que fuera muy amplia. Por otra parte, la obra de Childe es más conocida por el resto de prehistoriadores que por los arqueólogos.

Quizás sea uno de los primeros arqueólogos en declararse totalmente optimista sobre el conocimiento histórico a través de la arqueología; intentó en sus escritos teóricos demostrar como a partir de cada elemento se podía conocer una parte del desarrollo social. Recogió la importancia del artefacto desde el punto de vista tecnológico y funcional. Por último, y esto lo diferenciará de los trabajos funcionalistas y de la Nueva Arqueología, fue el considerar que todo lo que estaba haciendo cualquier arqueólogo era aproximarse a la realidad; él consideraba que los trabajos arqueológicos eran una aproximación a la realidad.

Como marxista, Childe planteaba que la historia no sólo debía servir para conocer el pasado sino para plantear una nueva sociedad. Como por otra parte, como todo arqueólogo de los años 30, había nacido imbuido por el nacionalismo, desarrolló algunos aspectos, el principal el de cultura arqueológica. Él la define como conjunto de artefactos que aparecen en un mismo espacio, y rechaza que sea fácil el equipararla con un pueblo; a estos argumentos añade elementos tomados del funcionalismo. Recoge también del funcionalismo el hecho de que la cultura es un conjunto de partes funcionalmente interrelacionadas. En este sentido, le fue más grato a Childe aceptar el funcionalismo porque dentro de todas las corrientes marxistas fue la más dominante en los años centrales del siglo XX. Uno de los defectos fundamentales de Childe fue que consideró siempre la superestructura como un freno de los cambios sociales.

Su obra básica se desarrolla entre los años 30 y 50, en que las alianzas de intereses entre las distintas naciones están a la orden del día. Recogía de la obra de Marx su idea de progreso, y en este sentido la obra de Childe está influida de evolucionismo decimonónico.

B) EL NACIMIENTO DE LA ARQUEOLOGÍA MODERNA

La Arqueología a comienzos de los años sesenta

La arqueología que surge hacia mediados del siglo XX se inscribió lógicamente en la tendencia positivista e inductivista, que era la base del progreso de las ciencias occidentales desde el Renacimiento. La base de los razonamientos era la inducción: de la observación de varios fenómenos particulares se induce un principio general. Por ejemplo, de varios experimentos calentando metales se puede inducir que éstos aumentan de volumen con el calor; a partir de esta ley se deducen consecuencias prácticas, como dejar un espacio libre entre los raíles de una vía férrea.

El llamado “método hipotético-deductivo” de la escuela de Viena o positivismo lógico tuvo una gran influencia en el surgimiento de la Nueva Arqueología en los años sesenta.

El proceso comienza con la formulación de una determinada hipótesis, compuesta por afirmaciones de teoría general (axiomas) de los que se deducen ciertas consecuencias (teoremas) que describen fenómenos observables. Si en la experimentación posterior esos fenómenos se muestran como ciertos, la hipótesis queda confirmada, y lo contrario ocurre si son falsos. Otro aspecto básico del positivismo lógico es que todas las ciencias comparten los mismos objetivos y métodos (la “unidad de la ciencia”), aunque las naturales dominan mejor el campo experimental y por eso las sociales deben imitar sus procedimientos, en especial los matemáticos, y olvidar aquellos aspectos que, como la subjetividad o la intencionalidad, no son directamente observables.

La Arqueología antropológica. El funcionalismo y los orígenes de la Nueva Arqueología

En un contexto político en que, pese a la guerra fría, la vida siempre iba a mejorar y el mundo no iba a vivir otro proceso como el de la 2ª guerra mundial, surge en EE.UU. una nueva corriente teórica conocida como Nueva Arqueología, aunque sus autores prefieren utilizar otros términos, de entre los que el más grato es el de Arqueología Procesual, aunque como todas las corrientes dentro de ella hay mucha variedad.

Se considera que el manifiesto de la Nueva Arqueología es el artículo que Lewis Binford publicó en 1962 titulado Archaeology Anthropology, cuyo título da idea ya de lo que desde un principio persigue: en primer lugar, desmarcarse de la historia, a la que considera una relación de batallas; no obstante, es más lógico pensar que esta concepción responde al ámbito espacial en el que nace la corriente, los Estados Unidos de América, donde la arqueología está mucho menos vinculada con la historia que en Europa. En una serie de artículos, editados más tarde en un volumen titulado New Perspectives in Archaeology (1968), Binford y sus colegas atacaron la actitud que pretendía utilizar los datos arqueológicos para escribir una especie de “historia falsificada”.

La teoría de los “nuevos arqueólogos” norteamericanos, al igual que sus colegas ingleses (D. Clarke y C. Renfrew fundamentalmente) estaba basada, en gran parte, en la teoría de sistemas. La teoría de sistemas es un método de análisis formal en el que se considera que el objeto de estudio se compone de unidades analíticas menores; de este modo, en arqueología consiste en una forma de explicación que contempla la sociedad o cultura como un resultado de la interacción o interdependencia de sus componentes; se hace referencia a éstos denominándolos parámetros del sistema y pueden incluir aspectos tales como el tamaño de la población, el modelo de asentamiento, la producción agrícola, la tecnología, etc. De esta forma, Binford entendía la cultura como un sistema de adaptación al medio integrado por varios subsistemas (tecnológico, social, ideológico, etc.) entre los cuales el de la cultura material es sólo uno de ellos pero no el más importante. Los seres humanos se adaptarían al medio ambiente a través de la cultura. Ésta se concibe por consiguiente como un sistema en el que los diferentes componentes se relacionan unos con otros como corresponde a un sistema de funcionamiento.

Los sistemas y subsistemas pueden ser definidos en la medida en que podemos determinar sus productos. No podremos observar directamente las normas de un artesano de instrumentos líticos, pero podremos analizar directamente las piezas creadas por él e inferir procesos tecnológicos (subsistema tecnológico) o de intercambio con otros grupos (subsistema comercial o de intercambio). De manera parecida no podemos desenterrar un subsistema de subsistencia pero si extrapolar y observar la cantidad de carne y por tanto las kilocalorías resultantes a partir del análisis de los restos de fauna dejados en el yacimiento.

Los subsistemas son interdependientes y se relacionan unos con otros, por lo que un cambio en una parte del sistema origina una serie de cambios en el conjunto del mismo, dando lugar a una respuesta negativa o positiva, a una transformación.

Uno de los rasgos que comparte con el centralismo y con el materialismo histórico es el enfoque materialista (vulgar). Es funcionalista: piensa que dentro de la sociedad cada elemento tiene su función, hay una serie de sistemas que son interdependientes, con lo que se vuelve al esquema evolucionista del siglo XIX. La antropología se tomó como una ciencia social, no como una ciencia histórica, con tendencia nomotética que explique el desarrollo.

Más importante es la descripción de cual debe ser el método del investigador, que dicen debe ser el inductivo-deductivo, es decir, la formulación de hipótesis, al que Binford llama “hempeliano”. Todo esto es un afán de cientifismo, el parecerse a las ciencias naturales, con una conciencia de la ciencia como neutral.

La influencia de la antropología tendrá una importancia fundamental en lo que es el trabajo normal a partir de la formulación del concepto de cultura; en este sentido critica la concepción normativa de F. Boas o cultura compartida; en este sentido, en antropología el funcionalismo ya había empezado a criticar el modelo. Dentro de los modelos funcionalistas, ponen el énfasis en el determinismo (J. Steward).

Para llevar a cabo sus propósitos, los “nuevos arqueólogos” se desviaron en gran medida de los planteamientos de la historia hacia los de las ciencias. En Gran Bretaña se habían puesto en marcha procesos similares, ejemplificados por el trabajo de David L. Clarke (1937-1976), concretamente en su libro Arqueología Analítica (1968), que reflejaba el gran interés de los nuevos arqueólogos por emplear técnicas cuantitativas más sofisticadas en las que fuera posible la ayuda de ordenadores y aprovechar ideas procedentes de otras disciplinas, sobre todo de la geografía.

Tras el debate que siguió al desarrollo de la Nueva Arqueología y el procesualismo, y como reacción a alguno de sus excesos, sobre todo a su desmesurado cientifismo, impropio de las ciencias humanas, surgen en el seno de los propios grupos procesualistas algunas corrientes críticas. De entre ellas merece destacarse la llamada Teoría de alcance medio, planteada por el propio Binford en los años 70 y con un gran desarrollo en la década siguiente.

Según Binford, el carácter científico de la arqueología depende del uso que hagamos de las analogías, es decir, de la relación que establezcamos entre pasado y presente. El arqueólogo necesariamente interpreta el pasado desde el presente, desde los datos del registro arqueológico. Pero esos datos son estáticos y están en el presente, y nosotros queremos conocer los comportamientos o sistemas culturales prehistóricos, que son dinámicos y pertenecen al pasado. Todos los arqueólogos, cuando interpretan el registro arqueológico, hacen presunciones (analogías) de alcance medio, es decir, del espacio que media entre el pasado y el presente, entre lo estático y lo dinámico. Algunas de las innovaciones metodológicas en las que se sustenta la teoría de alcance medio, de uso habitual en la arqueología prehistórica más vanguardista de las últimas décadas, se pueden resumir en las siguientes:

  • Modelos matemáticos. Construcción de determinados modelos para el tratamiento de los datos que permitan ser contrastados con las informaciones del registro arqueológico. Uno de los primeros modelos matemáticos fue el elaborado por Ammerman y Cavalli-Sforza, denominado de “la oleada de avance”, que mostraba la progresiva colonización de Europa por grupos de productores de alimentos procedentes del Próximo Oriente, es decir, la difusión del Neolítico en Europa. Igualmente entre los modelos matemáticos se pueden incluir las simulaciones por ordenador, que han experimentado un gran desarrollo en los últimos años.

  • Modelos económicos. Quizás el más conocido sea el “análisis de captación del yacimiento”, que estudia el territorio logístico de cada yacimiento y cómo en él se produce la adquisición de recursos para la supervivencia más rentable de los miembros del grupo que lo ocupan.

  • Arqueología espacial. Trata de poner en relación los restos arqueológicos con el espacio en que aparecen. Se pueden plantear en tres diferentes niveles o categorías: “microespacial”, donde se definen actividades o funciones específicas en espacios concretos, generalmente reducidos, dentro del yacimiento; por ejemplo, cuando se determinan áreas específicas de trabajo, descanso, preparación del alimento, áreas masculinas o femeninas, etc. Un segundo nivel es el llamado “semimicro” o relacionado con el yacimiento arqueológico en su totalidad, tal como definir la función del yacimiento y su relación con el entorno inmediato. Finalmente, el estudio “macroespacial”, que atiende a los modelos de asentamiento, explotación de los recursos accesibles desde el mismo (área de captación), etc.

  • Arqueología demográfica. Trata de crear modelos ecológicos de capacidad de sustentación de la población a partir de los recursos potenciales y el teórico volumen de población. Igualmente se interesa por el estudio paleodemográfico de las necrópolis, la esperanza de vida de las poblaciones prehistóricas, el volumen de población capaz de ser albergado en las diferentes estructuras arquitectónicas, etc. A partir de estos estudios se han establecido algunos modelos de desequilibrio entre población y recursos disponibles que han servido para explicar alguno de los grandes cambios en las sociedades prehistóricas, como la aparición de la agricultura y la ganadería en el Próximo Oriente.

  • Arqueología social. Trata de reconstruir modelos de organización social desde los datos de la etnología y contrastarlos con las informaciones procedentes del registro arqueológico. Por ejemplo, el volumen de población y comportamiento social que corresponde a un grupo local de cazadores-recolectores actual (equivalente a un campamento-base paleolítico) y las características y relaciones sociales del conjunto de grupos locales que constituyen el universo matrimonial o ámbito de intercambio habitual.

  • Arqueología de la muerte. Trata de determinar características económicas o sociales, tales como estratificación social o reparto de la riqueza, diferenciación de rango o sexo, etc., a través de los rituales y ajuares funerarios. Igualmente trata de acceder al ámbito conceptual o simbólico que tales rituales pueden mostrar (vida sobrenatural, prácticas animistas, antropofagia ritual, etc.)

  • Arqueología del comportamiento. Estudia como evolucionan los objetos y estructuras arqueológicas desde que fueron realizados hasta que llegan a manos del arqueólogo. En este proceso, similar a los estudios tafonómicos con restos de fauna, se producen alteraciones en el uso, reutilizaciones, alteraciones pre y postdeposicionales, etc. que están en relación con el comportamiento aleatorio de los grupos que fabricaron y, generalmente, desecharon tales objetos o estructuras con posterioridad.

  • Las primeras crisis y los cambios

    En principio hay que señalar que la Nueva Arqueología no constituye un conjunto homogéneo de investigadores; dentro de ella hay diferentes corrientes. En síntesis, se distinguen dos corrientes: la corriente Nomológica, cuyo principal representante es L. Binford; y la denominada Teoría General de Sistemas. La diferencia entre ambas está en que la primera pone más el acento en el “todo”, mientras que para la TGS no hay que establecer ninguna ley sino sólo ver como funciona el sistema.

    Ambas corrientes han sufrido críticas. La corriente Nomológica recibió críticas desde la arqueología tradicional, el anti-cientifismo. También recibió críticas desde los propios filósofos de la ciencia (Morgan y Pierre Salmon); en este sentido, las críticas tomaron dos vertientes: en primer lugar, decían que el sistema de Hempel, en el que se basaba Binford, no servía para nada, pero además decían que Binford usaba mal el modelo. Esta suma de críticas hace que hoy día muy pocos se acerquen a esta teoría.

    Es la TGS la más aceptada hoy día, siendo los principales autores que se acercan a ella Colin Renfrew, Boserup, Dunnell y Rindos, desde posiciones como el medio ambiente (Renfrew), la presión demográfica (Dunnell), las limitaciones biológicas (Rindos), etc. Una crítica a la TGS es que acentúa los defectos del funcionalismo. Uno de los rasgos más importantes que distingue a la TGS del estructuralismo y del marxismo es que en el funcionalismo los sistemas se ven, al igual que en la TGS.

    Simplificando al máximo, al final de la búsqueda de estas leyes generales, se llega, como reacción ante las críticas, a no enfatizar ninguna causa.

    Evidentemente, los nuevos arqueólogos tenían sus razones. Algunos de ellos -Renfrew y otros- se lanzaron a desarrollos teóricos que solucionaban estos problemas. Este desarrollo también tiene mucho que ver con el cambio político que se da en los años setenta -sobre todo a partir de 1973-, cuando ya no se es tan optimista. Esto condujo a una acentuación en la prehistoria de las circunstancias ambientales, hasta el punto de que se llegaron a desarrollar varias teorías.

    La arqueología cognitiva pretende integrar todos los aspectos del pensamiento humano; de ahí que piensen -Renfrew- que la conducta humana también puede ser hallada en el registro arqueológico.

    La arqueología postprocesual. Del nuevo particularismo al triunfo del idealismo

    La crisis política no acaba en el año 74, y con altibajos sigue estando presente hoy día. En este concepto tiene lugar una doble vertiente en los estudios arqueológicos, que responde a una doble vertiente en la sociedad actual. Por una parte, la globalización halla su discurso en la homogeneización. Por otra, las tendencias centrífugas han tenido su reflejo en una búsqueda de la variedad. Ambas tendencias son contradictorias a lo que planteaba la Nueva Arqueología. Los estudios globales no implican que las SR se hayan desarrollado en conjunto sino que ha habido contactos entre ellas. Esto no quiere decir que las teorías que subyacían bajo la Nueva Arqueología hayan desaparecido por completo.

    En cuanto a una explicación macro-ecológica, se suele señalar la existencia de dos teorías: la escuela formal y la teoría sustantivista (Polanyi).

    En este contexto, también aumenta el escepticismo sobre el conocimiento de la prehistoria. Además, para solucionar estos problemas sigue siendo la Nueva Arqueología la solución que se toma. Uno de los hitos en el nacimiento del post-procesualismo son los trabajos de I. Hodder.

    En este contexto de crisis social, otro hecho es la afirmación de que cualquier acontecimiento histórico tiene su reflejo en el presente.

    Otro de los conceptos importantes del postprocesualismo es el poner de manifiesto la importancia que las lagunas de la arqueología tradicional han dejado; por ejemplo, en el papel de la mujer.

    El Estructuralismo en Antropología

    La escuela de pensamiento denominada estructuralismo nace de la obra Curso de Lingüística General (1916) y del pensamiento del lingüista Ferdinand Saussure, creando especialmente una viva conciencia crítica. Para los estructuralistas la cultura es como el lenguaje. Éste, según Saussure, es un sistema de relaciones en el que el valor de cada elemento depende de todos los demás. Cada una de sus unidades tiene una estructura fonética, los significantes, que se corresponde arbitrariamente con un significado mental. La relación entre significante y significado es la significación.

    Claude Lévi-Strauss, siguiendo estos parámetros, intentó demostrar a través del estudio de los mitos de las poblaciones primitivas la existencia de leyes universales del pensamiento simbólico del ser humano. La cultura por tanto se concibe como un sistema de signos organizados por las estructuras profundas de la mente, que son inconcientes y comunes a toda la especie humana. Estas estructuras, sin embargo, afloran o se manifiestan en sus actividades conscientes y quedan reflejadas en sus creencias, costumbres y expresiones materiales del grupo, constituyendo sus significantes. Lévi-Strauss influye con sus teorías a otro etnólogo, A. Leroi-Gourhan, discípulo suyo, quien las aplicará a la arqueología prehistórica.

    Estructura. Estructuralismo.

    Se pueden considerar dos nociones más o menos intuitivas de estructura.

    Por un lado, se entiende por “estructura” un conjunto o grupo de elementos relacionados entre sí según ciertas reglas. El conjunto o grupo es un todo y no una mera suma, de manera que los miembros de ese “todo” están entrelazados entre sí de forma que no hay una independencia relativa de unos con otros sino una compenetración mutua.

    Por otro lado, una estructura puede entenderse como un conjunto o grupo de sistemas. La estructura no es entonces una realidad “compuesta” de miembros sino un modo de ser de los sistemas, es decir, aquello en virtud de lo cual los sistemas funcionan, de tal modo que los sistemas funcionan en virtud de la estructura que tienen.

    La noción de estructura ha sido entendida en los dos sentidos indicados, pero con tendencia a adoptar el segundo, que es, además, el propio de los que se consideran como estructuralistas. El estructuralismo, nacido a comienzos del siglo XX, se ha aplicado como método o como presupuesto ideológico a la mayoría de las ciencias. Su denominador común es la incorporación del concepto de estructura, tal como fue definido por la matemática, la psicología y en especial por la lingüística. El estructuralismo concibe la realidad que estudia como una serie de estructuras formadas por elementos solidarios entre sí, de forma que no puede ser modificado uno de ellos sin que esto afecte a los demás. Ha sido en el campo de la lingüística donde su aplicación ha tenido mayor resonancia, y a través de la cual ha pasado al campo de la filosofía y de la antropología. A pesar de que el término estructura no figura en su Curso de lingüística general (1916), se considera a F. de Saussure el fundador de los principios que dieron lugar a la corriente estructuralista, así como de la escuela de Ginebra, que cuenta con seguidores como Ch. Bally y A. Sechehaye. En el campo de la filosofía y de la antropología destacan como representantes del estructuralismo, C. Lévi-Strauss, J. Lacan, M. Foucault y L. Althuser.

    Estructuralismo en Arqueología

    André Leroi-Gourhan (1911-1986) es, sin duda, uno de los grandes prehistoriadores del siglo XX y a quien se deben resultados sin par de sus reflexiones y de su trabajo. En un breve resumen de sus logros podemos enumerar a manera de catálogo los ejes mayores de su obra:

        • Elaboración y perfeccionamiento del método y especialmente de la problemática de la excavación. Su mensaje más importante en este sentido es que la cuestión decisiva para una buena recuperación de los datos es la adaptación del método de excavación depurada a la estructura del yacimiento y no sólo a los objetivos propuestos. Su última gran excavación, Pincevent, popularizó el estadio final de su método: aquel de los grandes levantamientos de capas dejando en superficie todos los elementos antes de su extracción.

        • Análisis morfo-tipológico y tecnológico de las industrias. Constituye una de las mayores preocupaciones del círculo de París detectar y analizar los procesos tecnológicos de los instrumentos.

        • Empresa especial es aquella que concierne a las estructuras de habitación y la utilización del espacio y, de hecho, el desarrollo de trabajos paleoetnológicos.

        • Por último, una visión nueva del arte paleolítico, de su naturaleza, de su estructura y de su motivación. Su aproximación al arte paleolítico es expuesta a partir de 1958 y, tanto por sus normas como por su método, es realmente científica; sin duda es la primera vez que el arte paleolítico es examinado fuera de todo dogmatismo y con el rigor que tiende a caracterizar las ciencias humanas

    LA ARQUEOLOGÍA Y EL MATERIALISMO HISTÓRICO

    El relativo éxito del materialismo histórico tiene que ver con la capacidad que tiene el marxismo para explicar determinados aspectos sociales. En este sentido, una de las herramientas conceptuales que más capacidad tiene dentro del marxismo es la de función (funcionalidad de los artefactos); el problema es que cuando el materialismo histórico se formula es a mediados del siglo XIX, y además éste estaba basado en El Capital; otro hecho es que el capitalismo del que hablaba Marx no existía en la prehistoria. De ahí que muchos autores no quisieran aplicar el concepto a las sociedades antiguas del Próximo Oriente. Esta falta de referente ha hecho que dentro del marxismo, referido a la prehistoria, se usen poco conceptos como modo de producción; sí ha tenido un mayor desarrollo en cuanto al funcionalismo.

    La multiplicidad de escuelas y corrientes marxistas

    Ha nivel evolutivo de desarrollo del marxismo es muy poco lo que podemos tratar. Sí es importante en cuanto a una primera teorización. Así, en China existen teorías marxistas referidas a la prehistoria que son muy anteriores al triunfo de la revolución comunista de Mao; antes de que tuviera lugar la revolución de Mao, en China los desarrollos marxistas no estaban constreñidos por el corsé que después impondría la revolución.

    El caso de Japón es más ilustrativo de que es lo que ocurre al principio entre marxismo y arqueología; allí las teorías desarrolladas eran bastante acertadas para la época.

    Pero es en Iberoamérica el único lugar del mundo donde aparentemente el marxismo domina en arqueología, especialmente en México.

    El que ahora todos reclaman como padre de la arqueología social iberoamericana es Lumbreras, un peruano, aunque el más famoso en Occidente es el antropólogo mexicano R. Bartra, que es el que mejor se adapta al estructuralismo marxista y a la escuela de Althusser.

    Otro autor marxista, también mexicano, a tener en cuenta es Bartres. Como todo arqueólogo marxista, Bartres comparte con el procesualismo determinados aspectos. En lo que respecta al plano arqueológico, en cuanto a la metodología, se preocupa por la distinción entre registro y evidencia.

    Uno de los caballos de batalla de la escuela marxista iberoamericana ha sido la redefinición del término Cultura. En este sentido, los arqueólogos mexicanos se han dedicado a identificar en qué términos de la ideología entra el término Cultura. Ellos plantean que el término Cultura equivaldría al de formación social, pero no en el sentido que para nosotros tiene formación social, sino como modo de producción; pero un modo de producción que estaría inserto dentro de un grupo integrado en un espacio, lo que entonces sería una subdivisión; de ahí que el término “cultura” correspondería entonces a lo que nosotros entendemos por “región” o por “provincia”. Lo normal, pues, es utilizar subdivisiones. En España, por “Cultura” se utiliza más el término “grupo arqueológico”. En Europa, sobre todo en Italia, se suele utilizar por “cultura” la expresión “facies cultural”.

    Por último, existe una preocupación importante en relación a términos que tienen que ver con la sociedad. Respecto a la ideología, superando a Althusser, la sociedad no es monolítica, hay una ideología de una sociedad que es dominada, mientras que hay otra ideología de los que dominan. No hay, pues, una ideología dominante. En cuanto a la identidad, tiene que ver con la cultura; también tiene que ver con la ideología, en cuanto que se ponen límites; así, cuando por ejemplo en Italia durante el fascismo se admite que a partir de la base común todos tienen que adoptar la misma ideología, se está actuando sobre la identidad.

    El uso del marxismo en Rusia y en los países del Este de Europa es muy lineal, con poco desarrollo en el plano teórico, aplicándose pocas fórmulas; en muchos casos lo que se hace simplemente es sacar la terminología de Marx y Hengel; hay pues mucha diferencia con lo que se está haciendo en Occidente en el marco de la arqueología tradicional.

    Sin embargo, fuera de las cinco clásicas etapas -comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo real- ha llevado a cabo desarrollos interesantes y novedosos, que poco tienen que ver con el marxismo. En este sentido, puso de moda excavar en grandes áreas, despreocupándose por la profundidad de los depósitos, poniendo el énfasis en la excavación de grandes espacios, en analogía con el marxismo soviético, pues a éste le interesaba conocer cómo había sido el desarrollo de grandes áreas de población, antes que la profundidad estratigráfica de los yacimientos. Esto fue un proceso novedoso que en Occidente no se demanda hasta los años 80, cuando debía de haber sido una práctica anterior que había de haber desarrollado la Nueva Arqueología a partir de los años sesenta.

    Otra preocupación que existía era la de determinar realmente la funcionalidad de los artefactos. El gran mérito de la arqueología soviética en este campo fue determinar la funcionalidad a partir de la huella de uso de cada artefacto, dándole una mayor importancia a la traceología. Evidentemente estos trabajos se tuvieron que desarrollar porque la revolución impuso una ruptura de lo que había sido hasta ese momento la arqueología; la revolución, con su sentimiento nacionalista, desechó la arqueología tradicional.

    Por otra parte, se fueron introduciendo elementos que, aún siendo importantes en arqueología, favorecieron un escepticismo respecto a la teoría.

    Resumiendo, la arqueología en la Unión Soviética tiene más importancia respecto a la práctica que con respecto a la teoría.

    Mucho más interesante en este sentido es el desarrollo de la arqueología en Polonia. Ésta va de la mano del desarrollo general en este país de la historia como ciencia, especialmente en relación con la historia medieval del mundo campesino, en especial los instrumentos y los medios de producción del mundo campesino medieval. De hecho, la historia en general, y la arqueología en particular, se estudian en los llamados Institutos de la Cultura Material.

    El interés, desde este punto de vista, de la arqueología en Polonia es eminentemente teórico, sin desdeñar el aspecto metodológico.

    Uno de los aspectos en los que pusieron gran énfasis es en el del término “cultura”, pero entendida como cultura material. En este sentido, se puede decir que de la escuela polaca arrancan desarrollos como el del italiano A. Sarandi, de quien se desprende la teoría de que fuera de la cultura material no hay nada.

    En el plano arqueológico, los polacos tendieron a desarrollar dos tendencias: la de reconstrucción del momento de cultura cero y, una preocupación añadida en los últimos años, la de la arqueología urbana.

    Los desarrollos más actuales de la arqueología marxista no arrancan de la obra de Gordon Childe, ni mucho menos del bloque soviético. En Europa Occidental la arqueología ha recurrido de nuevo a las corrientes dominantes en antropología, en concreto a la antropología marxista.

    El más famoso antropólogo marxista es Marcel Godelier, alumno de Levi-Strauss, y como tal intentó conjugar el estructuralismo derivado de la lingüística con el marxismo. Por otra parte, siguió algunas de las hipótesis de su maestro en cuanto a la importancia del parentesco en la organización social. En este sentido, las estructuras que forman una sociedad, que no son visibles, plantean un problema, y es confundir la estructura con su existencia real, esto es, él piensa que aunque las estructuras no se vean, éstas existen, por lo que puede hablar de la estructura parental que -según él- puede actuar como infraestructura; lo que dice entonces es que las estructuras lo que hacen es que cambian de posición.

    El resto de los antropólogos marxistas franceses también se adscriben al estructuralismo, pero a otro estructuralismo como es el de Althusser y E. Balibar.

    Todos estos antropólogos marxistas han incidido en mayor o menor medida en el desarrollo de la arqueología a partir de los años 80, aunque filtrada por arqueólogos de habla inglesa. Estos autores de habla inglesa se han ocupado, gracias a la obra de sus predecesores franceses, de marcar la importancia de estudiar las diferencias sociales desde la prehistoria, viéndose como ya existían sociedades clasistas. Esto da una mayor profundidad a la posibilidad de discutir sobre el problema de la lucha de clases, y el campo de discusión pasa a ser la discusión de estos conceptos.

    Trigger, biógrafo de Childe, es el que más fielmente se mantiene a sus planteamientos: avances técnicos, importancia de los contactos, concepto de clase y lucha de clases, etc., aunque introduce una mayor importancia a los contactos sociales que, según él, producen cambios radicales.

    La influencia mayor de la antropología francesa se ha dado en lo que se denomina Neomarxismo, que intenta, primero, marcar diferencias con el marxismo lineal de la Unión Soviética; segundo, por el hecho de que se está aplicando a sociedades en las que nunca se aplicó; y tercero, porque los neomarxistas consideran que en la obra última de Marx éste habla de súper-estructura, a la que ellos dan gran importancia.

    En cualquier caso, hay dos tendencias en la súper-estructura: aquéllos que consideran la súper-estructura y la ideología en lo más alto, que son los que más cercanos se hallan al post-procesualismo. Otro aspecto que suelen enfatizar es el de las relaciones centro-periferia, donde enfatizan conceptos como los de desarrollo, intercambios…

    Las escuelas marxistas en España

    Con el triunfo del post-procesualismo, hoy día nadie se define como perteneciente a una escuela determinada, pero sí hay muchos que se declaran abiertamente marxistas, aunque en muchos casos esto es sólo una fachada, limitándose a utilizar los términos y poco más.

    Quizás la escuela con predominio marxista que más renombre tenga en España sea la universidad de Barcelona. El grupo original llegó a crear una escuela homogénea dado que en un principio muchos de sus componentes incluso compartían alojamiento. La universidad de Barcelona ha intentado buscar alternativas a los términos arqueológicos tradicionales, que se inscriben en los estudios sobre el registro arqueológico y la clasificación de sus elementos; ellos utilizan otros términos diferentes a los tradicionales de artefacto, ecofacto, etc., y utilizan términos como conjunto arqueológico, fase estratigráfica, etc.

    Más directamente en el plano sustantivo de la teoría marxista, su actuación ha estado centrada en el análisis de la producción, hasta el punto de que han llegado a elaborar un modelo para llegar a estudiar el funcionamiento de una sociedad. En este sentido, los arqueólogos de la universidad de Barcelona han valorado el trabajo y la función de la mujer, que en otras escuelas no ha llegado a ser valorada a nivel arqueológico. No obstante, suelen poner demasiado énfasis en la explicación del trabajo para justificar el desarrollo social.

    Por mucho tiempo se ha considerado a la universidad de Jaén como uno de los focos más importantes de marxismo en España, aunque aquí no hay un grupo homogéneo como en Barcelona sino que es el resultado del trabajo inicial de un solo investigador.

    El trabajo de la universidad de Jaén ha tenido una dimensión mucho más empírica al establecer la relación entre los conceptos teóricos y aquellos otros relacionados con el materialismo histórico. En este sentido, quisieron hacer lo mismo que el grupo de la universidad de Barcelona, el uso de conceptos diferentes, pero lo que hicieron fue dar un salto en el vacío.

    Por último, la preocupación principal de la universidad de Jaén ha sido la protección del patrimonio arqueológico. En este sentido, ha habido variaciones a lo largo del tiempo, desde fomentar una mayor concienciación de la gente de los pueblos, a exigir una mayor responsabilidad de los organismos oficiales.

    El mérito de la universidad de Jaén, en nuestra opinión, es haber generado en su seno el mejor teórico marxista que hay hoy día en España, Francisco Nocete, actualmente en la universidad de Huelva. Nocete siempre se ha caracterizado por el aspecto de interpretación histórica, y uno de los aspectos en los que ha puesto el énfasis para explicar el desarrollo histórico ha sido el análisis del control de la fuerza de trabajo. Otro de los aspectos en los que ha resultado innovador ha sido en la difusión histórica del origen del estado, que él ha situado entre el II y III milenio a.C. en el valle del Guadalquivir, siendo uno de los arqueólogos que más tempranamente ha situado el nacimiento del estado. Por otro lado, intenta mostrar como los sistemas de dependencia y evolución social son muy variados.

    En la Universidad de Granada no se puede hablar de escuela marxista. Aquí lo que ha ocurrido es que al ser una universidad grande siempre existe la posibilidad de que haya algún arqueólogo adscrito al marxismo, desde aquellos que siguen la escuela marxista iberoamericana, el estructuralismo marxista o el neomarxismo; también ha habido quien ha seguido la escuela soviética, con influencia de arqueólogos soviéticos. Esto ha llevado a que en Granada los diferentes autores se hayan preocupado por estudiar la importancia de los procesos de trabajo, el análisis del papel de la ideología o explicaciones globales sobre el cambio social.

    En el resto de arqueólogos lo que ahora está de moda es la influencia de la arqueología social iberoamericana, con muchas referencias al carácter revolucionario que debe tener la arqueología; de ahí que nos encontremos con frecuencia con cuestiones como modo de producción y su reducción a la infraestructura, o la afirmación del carácter científico de la arqueología.

    Sociedad/Ideología versus Cultura/Ritual

    SOCIEDAD

    Nivel estructural

    ! ! !

    IDEOLOGÍA POLÍTICA ECONOMÍA

    Justificación Organización Producción

    % % %

    No separación !

    Representación

    CULTURA

    Nivel de expresión

    Prácticas de reproducción

    y recreación de la

    MITO RITO Ideología

    3.- ARQUEOLOGÍA E HISTORIA

    Historia

    • Proceso

    • Disciplina científica

      • Funcionamiento y evolución sociedades

      • División por

        • Períodos

        • Evidencia

        • Ámbito de estudio

    Arqueología

    • Como en todas las disciplinas históricas, problemas de los filtros que ha sufrido la evidencia inicial hasta los datos que nosotros manejamos (registro arqueológico).

    M.B. Schiffer

    • Teoría de la Reconstrucción

      • Dinámica de la Cultura Material

      • Procesos de Formación del Registro

    • Teoría Metodológica

      • Recuperación analítica

      • Inferencial

    • Teoría Social

    La dialéctica del conocimiento

    • Clasificación/Descripción

      • Restos culturales y sus rasgos

        • Formales

        • Técnicos

        • Funcionales

      • Delimitación de contextos

        • Temporales

        • Espaciales

        • Culturales

        • Ambientales

    • Interpretación

      • Estrategias económicas

      • Mecanismos de justificación

      • Proceso de producción global

      • Formaciones sociales y grupos internos

      • Desarrollo histórico concreto

    Tema 2.- EL REGISTRO ARQUEOLÓGICO

    1.- NATURALEZA Y COMPONENTES DEL REGISTRO ARQUEOLÓGICO

    Categorías básicas de la evidencia arqueológica

    Sin duda, uno de los principales intereses del arqueólogo reside en el estudio de los artefactos -los objetos utilizados, modificados o hechos por el hombre-. Pero además existe toda una categoría de restos orgánicos y medioambientales no artefactuales -llamados ecofactos- que igualmente pueden revelar muchos aspectos de la actividad humana del pasado.

    Los artefactos son objetos muebles modificados o hechos por el hombre, como los útiles líticos, la cerámica y las armas de metal. Algunos investigadores amplían el significado del término “artefacto” para incluir todos los elementos de un yacimiento o paisaje modificados por el hombre, como hogares, agujeros de poste y hoyos de almacenaje, aunque éstos se suelen denominar estructuras, definidas, en esencia, como artefactos no portátiles. Las construcciones son estructuras más complejas, como edificaciones de todo tipo, desde casas y graneros a palacios y templos.

    Los restos orgánicos y medioambientales no artefactuales, o ecofactos, incluyen huesos de animales y restos de plantas, así como suelos y sedimentos. Su importancia reside en que pueden indicar, por ejemplo, qué comía la gente, o las condiciones ambientales en las que vivía.

    Pueden considerarse como yacimientos arqueológicos los lugares donde son hallados conjuntamente artefactos, construcciones, estructuras y restos orgánicos o medioambientales. Simplificando, se pueden definir los yacimientos como aquellos lugares donde quedan restos materiales de algún tipo de actividad humana. Así, por ejemplo, una aldea o una ciudad es un yacimiento, pero también lo es un monumento aislado.

    Una cuestión a tener en cuenta es la diferencia entre evidencia y registro. Es éste un tema muy conflictivo; de hecho muchos arqueólogos no distinguen entre ambos términos. La evidencia son los restos que quedan, que están ahí, muchos de ellos sepultados, lo que no quiere decir que no existan. El registro arqueológico son los datos que nosotros generamos a partir de la evidencia; estos datos pueden incluir información sobre muchos aspectos, incluso sobre aspectos que no tienen nada que ver con la ocupación humana del yacimiento, es decir, averiguar qué había allí antes de asentarse una población o como era el paisaje o el medio ambiente, etc.

    Nosotros interpretamos a través del registro arqueológico, no a través de la evidencia; así, interpretaremos el registro de una u otra forma en función de nuestra adscripción ideológica o en base a una teoría determinada: un funcionalista buscará qué función han tenido unos determinados artefactos; un materialista, los resultados de la actividad productiva; Childe hablaría de la cultura como expresión de grupos sociales; Binford buscaría los restos del comportamiento humano en respuesta al medio; etc.

    La importancia del Contexto

    Para reconstruir la actividad humana del pasado en un yacimiento es fundamental comprender el contexto de un hallazgo, sea éste un artefacto, una estructura, una construcción o un resto orgánico. El contexto de un objeto consiste en

    • su nivel inmediato (el material que lo rodea, por lo general algún tipo de sedimento como grava, arena o arcilla),

    • su situación (la posición horizontal y vertical dentro del nivel), y

    • su asociación a otros hallazgos (la aparición conjunta de otros restos arqueológicos, por lo general en el mismo nivel).

    Cuando se altera un yacimiento, removiendo el material, se destruye el contexto primario de los objetos que lo forman. Cuando posteriormente los arqueólogos excavan el material desplazado, deben ser capaces de reconocer que está en un contexto secundario. Pero las alteraciones no se limitan a la actividad humana, pues las fuerzas de la naturaleza -las transgresiones marinas o las capas de hielo, la acción del viento y el agua- destruyen invariablemente el contexto primario.

    Schiffer habla de contexto sistémico y contexto arqueológico. El contexto arqueológico es presente. Tiene importancia porque es la fosilización de un contexto social original que Schiffer llama contexto sistémico; en este sentido, el contexto sistémico sí es del pasado, y es deducible.

    · Teorías de formación. Cómo se ha formado el contexto arqueológico

    · Teorías de alcance medio. Cómo se habría usado el objeto en su contexto original

    · Teorías sociales

    Un artefacto, para que llegue al contexto arqueológico, tiene que pasar el contexto sistémico. Schiffer ha elaborado varias teorías:

    · los procesos de paso de un contexto arqueológico a uno sistémico se llama distorsión

    · los elementos que pasan de un contexto sistémico a uno arqueológico se llaman deposición

    · aquéllos que pasan de un contexto arqueológico a otro contexto arqueológico sufren un proceso de transformación

    Procesos de formación del contexto arqueológico

    Hay una serie de procesos deposicionales que han afectado tanto al modo en que fueron sepultados los hallazgos como a lo que sucedió después de enterrarlos. El arqueólogo americano Michael Schiffer ha hecho la distinción entre:

    • Procesos deposicionales culturales. Engloban las actividades deliberadas o accidentales de los seres humanos, en la medida en que fabrican o usan artefactos, construyen o abandonan edificaciones, aran sus campos, etc.

    • Procesos deposicionales naturales. Están constituidos por los acontecimientos naturales que determinan tanto el enterramiento como la supervivencia del registro arqueológico. Por ejemplo, la caída repentina de ceniza volcánica que cubrió Pompeya es una transformación natural excepcional; otra más común sería el enterramiento gradual de artefactos o estructuras por arena o tierra arrastradas por el viento; también el transporte de útiles líticos por la acción de los ríos, etc.

    Procesos de formación cultural (Ojo: pregunta de exámen)

    Se pueden dividir en cuatro tipos: reuso, depósito, reclamación y distorsión. De todos ellos el que a nosotros más nos interesa es la deposición. El reuso ocurre dentro de un contexto sistémico e incluye actividades como el reciclaje y el uso secundario.

    Hay una serie de principios o “reglas” de disociación según los cuales:

    • Los elementos encontrados asociados en el registro arqueológico no fueron necesariamente usados en la misma actividad.

    • Los elementos que fueron usados juntos no se encuentran necesariamente en el mismo contexto arqueológico.

    • La variación tipológica de los artefactos tiende a ser mayor cuanto más larga ha sido la ocupación de un asentamiento

    Cualquier elemento tiene una vida, de forma que se puede distinguir entre elementos duraderos y elementos perecederos o consumibles. Ambos tienen procesos comunes y otros que les son propios; hay casos en que un proceso que es propio de un elemento puede cambiar la función de éste, así por ejemplo, una hoz desgastada puede ser usada para otra función distinta de la suya original; incluso elementos defectuosos, como una cerámica defectuosa, puede ser empleada para otra función diferente de la suya propia. Por otra parte, el desecho puede implicar a toda la producción, como es el caso de la caída o el incendio de un edificio.

    Un artefacto puede haber entrado a formar parte del registro arqueológico en cualquiera de los siguientes cuatro estadios de su ciclo vital:

  • adquisición de la materia prima

  • manufactura

  • uso

  • recogida o abandono cuando el útil está gastado o roto

  • El enterramiento deliberado de objetos valiosos o de cadáveres es otro aspecto importante del comportamiento humano que ha dejado huella en el registro arqueológico.

    El tránsito al proceso deposicional puede ocurrir a través de diferentes actitudes de los hombres:

    • Por pérdida accidental o por destrucción

    • Por desecho intencional, bien como desecho de basura o por enterramiento

    • Por escondrijo

    • Por abandono rápido y súbito del yacimiento, en que muchos objetos tienden a quedar en su disposición original, llamándose desecho de facto

    En todas estas actitudes de los pueblos de rechazo de los objetos hay dos posturas: hay un rechazo primario, cuando el desecho se deja en el mismo lugar donde se usa (por ejemplo, el desecho de basura dentro de la casa), y un rechazo secundario, cuando el artefacto se desecha en otro lugar diferente al lugar original donde se utiliza, normalmente en lugares especiales o basureros (por ejemplo, el desecho intencional de basura en un basurero). Los desechos de facto son los artefactos, por lo general todavía utilizables, que se abandonan cuando un área de actividad se abandona precipitadamente. El rechazo primario y el secundario varían mucho en función de la permanencia de ocupación del yacimiento y en función del tamaño de éste.

    Cuando se abandona un yacimiento, la variedad de elementos que se encuentran es muy amplia. Se puede encontrar un yacimiento completamente vacío, aunque la posibilidad de que queden en él más elementos o menos depende de una serie de condiciones, como:

    • Los medios de transporte disponibles.

    • La distancia al nuevo lugar que se piensa ocupar.

    • Si existe o no intención de volver nuevamente al yacimiento.

    • Las actividades que se van a desarrollar en la nueva ocupación.

    • Las condiciones del abandono (rápido, lento, forzado, planeado, etc.)

    • La portabilidad de los elementos arqueológicos.

    • Los costes de reelaboración de ítems específicos (por ejemplo, facilidad de reciclado del metal).

    • La facilidad de comunicación que ofrezca el medio ambiente.

    Algunos procesos culturales post-deposicionales vienen determinados:

    • Por la realización de enterramientos en depósitos anteriores

    • Por el derribo de monumentos o el borrado de las inscripciones de jefes y monarcas anteriores por parte de otros gobernantes

    • Por la realización de actividades agrícolas

    • Por construcciones posteriores.

    • Por expolio y saqueo.

    • Por la misma excavación llevada a cabo por los arqueólogos, que, una vez efectuada, hace irreversible la vuelta de los objetos a su posición primitiva.

    • En la actualidad, la destrucción humana del registro ha alcanzado cotas espeluznantes debido sobre todo al drenaje de terrenos, a los cultivos, a los trabajos de construcción, al saqueo, etc.

    Procesos de formación natural

    Los procesos de formación natural pueden ser tanto deposicionales como post-deposicionales, aunque generalmente se ha prestado mayor atención a los procesos que se han originado después de abandonado el yacimiento. No obstante, los procesos post-deposicionales suelen ser también procesos de formación del depósito, no de transformación como normalmente se suele creer.

    La entidad del depósito depende de su naturaleza, donde intervienen agentes físicos (agua, viento, radiaciones, erupciones), agentes biológicos (plantas, hongos y animales) y agentes químicos. Suelen ser los agentes físicos los que causan un mayor impacto, mientras que el impacto causado por los agentes biológicos y químicos suele ser menor. De entre los agentes biológicos, el que mayor impacto suele producir para un arqueólogo es el producido por los animales, especialmente en el caso de madrigueras. Los agentes químicos afectan, desde luego, a la estratigrafía, pero afectan mucho más a los materiales, especialmente a su conservación.

    Otro aspecto a tener en cuenta es el de la duración de los procesos y la intensidad; la acción de los hongos, por ejemplo, durante un día, prácticamente no produce efectos, pero su exposición durante un período dilatado de tiempo puede producir efectos permanentes en el yacimiento. Los efectos pueden ser de tres tipos: aditivos (se añaden materiales a los que ya existen; por ejemplo, un hormiguero puede añadir bellotas a los materiales existentes); sustractivos; y sustitutivos (Nocete ha demostrado como el colágeno de los huesos es sustituido por completo). Todos los procesos pueden afectar a diferentes escalas (regional, local).

    Cualquier elemento de un yacimiento es afectado por los procesos, y en diferentes grados. También en este caso hay gradación; la alteración de los elementos depende de:

    • los procesos que actúan sobre ellos

    • el tiempo de actuación

    • la composición de los elementos

    Los elementos son de dos tipos: de materia orgánica e inorgánica. Prácticamente cualquier material arqueológico puede sobrevivir en circunstancias excepcionales; sin embargo, por lo general, las sustancias inorgánicas son mucho más resistentes que las orgánicas. Los materiales inorgánicos más comunes que sobreviven arqueológicamente son la piedra, la arcilla y los metales; de ellos son los elementos líticos, generalmente, los que mejor se conservan. Los elementos orgánicos más habituales son óseos y leñosos.

    Los procesos más habituales que tienen lugar sobre ellos son la fracturación (todos los elementos se suelen romper); la corrosión (que afecta a la superficie de los objetos, especialmente a los metales); la oxidación (al igual que la corrosión, afecta especialmente a los metales); la putrefacción (afecta sobre todo a los elementos orgánicos); el caso de la combustión -que igualmente afecta sobre todo a los elementos orgánicos (los inorgánicos no arden)- es singular, pues muy a menudo lo que hace es conservarlos mejor, especialmente las semillas. La cerámica generalmente es lo que mejor se conserva en el registro arqueológico, pero en circunstancias anómalas lo que hace es desgranarse. Los elementos metálicos facilitan que, adheridos a ellos, se conserve materia orgánica.

    Aparte de estas condiciones generales, hay condiciones excepcionales que hacen que los materiales se conserven en un buen estado. Las cuevas son “invernaderos” naturales, debido a que su interior está protegido de los efectos climáticos exteriores (en Granada hay un caso excepcional, que es la cueva de los Murciélagos, en Albuñol, cuya entrada fue sellada por el guano). La gran aridez o la sequedad evitan la descomposición gracias a la escasez de agua, que permite el desarrollo de numerosos microorganismos destructivos. De la misma forma, la refrigeración natural puede detener los procesos de descomposición durante miles de años. Los ambientes húmedos conservan muy bien la materia orgánica, especialmente las turberas; los ejemplos más claros son los lagos suizos y las turberas en Inglaterra. Las catástrofes naturales, como los volcanes, son los que mejor conservan los elementos al cubrirlos por una capa de lava, dejándolos intactos; los casos más famosos son los de Pompeya-Herculano, Akrotiri y Laetoli.

    2.- UNIDADES DE ESTUDIO EN ARQUEOLOGÍA: YACIMIENTO Y TERRITORIO

    Se han dado muchas definiciones de yacimiento. Por mucho tiempo en España se utilizó el término “estación arqueológica”, aunque los franceses emplean con más frecuencia el término site -sitio o lugar-, al igual que los ingleses. El problema es que cuando se encuentran cosas en el campo, éstas pueden ser de muchas formas, desde una ciudad hasta una lasca; se plantea entonces la discusión de hasta que punto este tipo de hallazgos merecen el nombre de yacimiento. Para salir del atolladero se han buscado, en primer lugar, definiciones, y se señala que son yacimientos aquéllos lugares donde se identifican huellas significativas de la actividad humana, mientras que a un sólo elemento los norteamericanos le suelen dar el nombre de “hallazgo aislado”.

    Hasta tal punto es problemático el tema que hay arqueólogos que han decidido suprimir el término yacimiento y hablan sólo de artefactos. Pero esto es sólo retrasar el problema. De ahí que los autores se hayan decidido por definir el yacimiento en función de la densidad de éste; en este sentido, se ha definido el yacimiento como aquél lugar en el que los artefactos, estructuras, complejos estructurales y ecofactos aparecen juntos, aunque a veces no se presenten todos ellos. Otro problema es el de definir los límites del yacimiento. Por otra parte, el término yacimiento no necesariamente indica asentamiento; yacimiento es donde se encuentra algo, y esto puede suceder en un campo de cultivo, o una vía, etc.

    Los yacimientos se pueden clasificar de muchas maneras (aunque puede haber cambios respecto a las condiciones del pasado):

    • Por su localización o posición geográfica: de montaña, valle fluvial o costero, colina, cueva, abrigo

    • Por la funcionalidad: sitio de habitación, talleres, santuarios, cazaderos, necrópolis, etc.

    • Por la cronología, si se atiende a la época en que se realizó la actividad

    • Por el tiempo de ocupación: monofásicos, multifásicos

    • Por su duración: permanentes, estacionales, intermitentes, etc.

    • Quizás lo que a nosotros más nos interesa es clasificar un yacimiento por la naturaleza y profundidad de los depósitos. En este sentido, los yacimientos pueden ser:

      • superficiales

      • enterrados

      • subacuáticos

    Sistemas de información arqueológica

    Sistema de Información Arqueológica de Andalucía (SIA)

    Funciona como una base de datos central que pone en comunicación distintas bases de datos locales. El sistema no se pudo llevar a la práctica hasta hace poco tiempo debido a que no había un ordenador con potencia suficiente para llevar todas las bases de datos arqueológicas integradas. Sus ventajas respecto al sistema manual son una mayor capacidad de gestión de datos y una mayor rapidez.

    El sistema de localización de yacimientos arqueológicos, en este Sistema de Información, está basado en la rejilla UTM.

    Descripción del yacimiento:

    1

    2

    3

    4

    5

    6

    7

    PROVINCIA MUNICIPIO Nº YACIMIENTO

    Granada ciudad:

    G

    R

    G

    R

    0

    0

    1

    Identificación del elemento:

    1

    2

    3

    4

    5

    6

    7

    8

    9

    10

    KM² HECTÁREA ÁREA NÚMERO DE ELEMENTO

    Todo ese proceso genera una ficha, que es la que se mete en el SIA para la identificación de yacimientos

    Organización del yacimiento. Se organizan en:

    · Zona

    · Subzona

    · Sector o unidad de excavación

    · Subsectores

    Organización estructural:

    · Unidades Estratigráficas Construidas y No Construidas. Son elementos de una estructura

    · Estructuras. Formada por varios elementos o unidades estratigráficas

    · Complejo Estructural. Conjunto de estructuras

    · Grupo Estructural. Es aquella unidad en la que se integran distintos complejos estructurales

    · Zona Estructural. Hace referencia a la unión de distintos grupos estructurales

    Organización secuencial:

    · Unidades estratigráficas Construidas y No Construidas

    · Fases Estratigráficas

    · Períodos Estratigráficos

    Las unidades estratigráficas construidas son fáciles de identificar. Más difíciles de identificar son las unidades estratigráficas no construidas. Una vez identificadas se utilizan una serie de fichas, con un determinado número de campos para introducir los datos: identificación, localización, estructura a la que pertenece la unidad estratigráfica, relaciones estratigráficas (geográfica, física), etc.

    Igualmente existen fichas para identificar las estructuras, en las que se anota el tipo de estructura, localización, documentación, control, datación, etc.

    De la misma forma, los grupos estructurales, complejos y zonas.

    Otra de las fichas fundamentales en una excavación es la de inventario de materiales, con campos para yacimiento, informador, zona, área, control, localización, posición, material. Junto a ésta, la de clasificación de materiales, con campos para clase, localización, clasificación tecnológica, etc.

    Una vez obtenida toda la información contextual pasamos a la ficha de diagrama de área, que nos da la información de como va evolucionando la excavación del yacimiento.

    Otra ficha es la de fotografía de área.

    Por último, este sistema funciona en gran parte como un sistema de información de capas, que permite su gestión por parte del sistema de información geográfica, para la gestión del patrimonio arqueológico.

    Tema 3.- ARQUEOLOGÍA DE CAMPO

    1.- El reconocimiento arqueológico y la prospección

    (Ojo: pregunta de exámen, en general, especialmente la parte relativa al muestreo)

    Es difícil separar los dos procesos, el reconocimiento de la prospección, de hecho hay autores que no lo hacen. Hay autores que han acuñado diferentes términos para definir los restos que se encuentran en el territorio sin recurrir a la excavación, como son los de arqueología espacial, arqueología territorial o arqueología del paisaje -esta última íntimamente relacionada con el procesualismo-; en Italia es muy frecuente hablar de arqueología del paisaje para referirse a la arqueología territorial.

    En principio, al objeto didáctico de diferenciar entre reconocimiento y prospección, en la mayor parte de los casos el reconocimiento es un proceso previo, anterior al de la prospección. No obstante, en el reconocimiento a veces se incluyen otros elementos más complejos que implican técnicas más sofisticadas, como por ejemplo el reconocimiento aéreo. Cuando un yacimiento se localiza lo normal es que se evalúe.

    Yacimientos

    Es en este tema donde habría que discutir el término yacimiento, ya visto con anterioridad. Plog, que es el que más se ha ocupado de este tema, propone otros términos distintos del de yacimiento, como non-site, o lugares que no llegan a ser yacimiento y off-site, evidencias esporádicas. En definitiva, la definición de yacimiento más comúnmente aceptada es la de “lugares donde se identifican huellas significativas de la actividad humana”. Y también “lugares donde los artefactos, estructuras, complejos estructurales y ecofactos aparecen juntos”, aunque a veces no se presentan todos los elementos; también ocurre que en ocasiones los límites del yacimiento no son fácilmente definibles. De ahí que se haya llegado a la conclusión de definir el yacimiento en función de la densidad de elementos.

    Al hablar de prospección generalmente nos referimos al conjunto de trabajos de campo y de laboratorio que son previos a la excavación arqueológica, y que incluyen sobre todo el estudio de una zona geográfica con el fin de descubrir el mayor número posible de yacimientos allí existentes. La prospección cada vez está tomando más auge por una sencilla razón: es mucho más barata que la excavación y da resultados interesantes. Únicamente se irá a la excavación cuando queramos obtener resultados más completos o definitivos sobre un yacimiento determinado.

    La prospección suele tener dos partes: el análisis previo, bibliográfico y de laboratorio, y el trabajo de campo. El primero consiste en examinar toda la información previa que existe sobre la zona de interés; el segundo es la búsqueda propiamente dicha de los yacimientos. Los datos previos se encuentran repartidos en varias fuentes, que es necesario ensamblar adecuadamente. Lo primero que hay que buscar son los mapas, bien para ubicar el yacimiento o bien para explicar porqué los yacimientos están donde están y no en otro sitio. Para eso habrá que buscar los mapas topográficos, cuya comprensión es esencial; hoy día ya se pueden encontrar mapas incluso a escala 1/2.000, siendo frecuentes los de escala 1/25.000 y 1/10.000, todos ellos muy útiles, donde aparecen los accidentes geográficos y las construcciones humanas más importantes (casas, caminos, puentes, etc.). Los mapas catastrales suelen ser menos útiles para orientarse pero, al tener muchos más datos, combinados con los topográficos, son indispensables. También son útiles aquéllos que reflejan el ambiente o la estructura del suelo, como los geológicos, etc.; en este caso, al estar hechos en escalas grandes (1/100.000 ó 1/50.000) hay que hacer mapas de detalle, siempre ayudados por un geólogo. Los mapas antiguos son interesantes por cuanto contienen información que ha desaparecido con el tiempo y que puede ser relevante desde el punto de vista arqueológico: antiguos caminos, otro tipo de uso agrícola o vegetación, edificios ya derruidos, etc.

    Habrá que pensar en qué técnicas se van a utilizar y preparar los medios adecuados: GPS, fichas, etc. En la recogida previa de información habrá que consultar la fotografía aérea antigua que exista de la zona a prospectar, cuanto más antigua mejor; la bibliografía antigua, los cultivos y los aprovechamientos; etc. De la misma forma, habrá que recoger información previa sobre los yacimientos del área a prospectar que ya sean conocidos, buscando bibliografía, en las hemerotecas, a través de la información oral que nos puedan transmitir los habitantes de la zona, los topónimos del lugar o la numismática.

    Una información muy conveniente antes del trabajo de campo es el estudio de la toponimia, los nombres propios de los lugares, que en algunos casos se vienen empleando desde muchos siglos atrás y pueden tener alguna relación con la existencia de yacimientos arqueológicos en sus proximidades. Por ejemplo, la referencia a los moros (Cueva, Puente, Tumba, Fuente, Cruz, etc., del Moro) suele estar asociada a algún yacimiento debido a que la mentalidad popular fija todo lo antiguo en esa época. Nombres que hacen referencia a construcciones (El Castillo, Castellar, Castillejo, Torre, Torrecilla, etc.) también pueden indicar algún yacimiento cercano, al igual que los que se denominan tesoros, monedas (Fuente de la Plata, Vega del Tesoro, etc.) o hallazgos arqueológicos (Cerro de la Cerámica, Piedra Escrita, Cerro del Calderico, etc.)

    El reconocimiento

    Una vez recogida toda la información habrá que hacerse una idea precisa del área, para lo cual recurrimos al reconocimiento.

    La fotografía aérea se puede utilizar -como todos los procesos de reconocimiento- para dos cosas: para la localización de yacimientos y para la realización de mapas. A nosotros para lo que más nos interesa es para el primer caso, localizar yacimientos. Existen dos tipos de fotografía aérea: oblicua y vertical. Cada una de ellas tiene sus ventajas y sus inconvenientes. En el primer caso, las panorámicas oblicuas revelan contornos y proporcionan una mayor perspectiva, por lo que son más idóneas para el descubrimiento de yacimientos; la panorámica oblicua, especialmente con luz rasante (al amanecer o al anochecer) es muy útil para ver el relieve del terreno circundante y del asentamiento, así como el alzado de estructuras. La posición vertical es más idónea para trazar planos y mapas. Los yacimientos se localizan por los cambios que se observan en el terreno, bien por los cambios de vegetación o por los cambios de color. Así mismo, la fotografía aérea es muy útil para la planificación del recorrido terrestre.

    Otro método de reconocimiento es por teledetección desde gran altura por satélite. Sin embargo, las fotografías tomadas desde satélites tienen una aplicación limitada en arqueología debido a que su escala suele ser demasiado grande. Son adecuadas sobre todo para estudios del paisaje y sus transformaciones y para localizar estructuras de gran tamaño, como por ejemplo los antiguos sistemas de riego de Mesopotamia.

    Existe un gran abanico de técnicas no destructivas, ideales para detectar un yacimiento. Son los dispositivos geofísicos de teledetección, que implican bien el paso de distintos tipos de energía a través del suelo con el fin de “leer” lo que se esconde bajo la superficie basándose en las anomalías encontradas por esta energía, o bien la medición de la intensidad del campo magnético terrestre.

    La prospección térmica se basa en las débiles variaciones de temperatura (décimas de grado) que se producen sobre las estructuras enterradas cuyas propiedades térmicas difieran de las de su entorno.

    El análisis geoquímico consiste en la toma de muestras de tierra a intervalos regulares de la superficie de un yacimiento para medir su contenido en fosfatos (fósforo).

    La prospección del subsuelo es utilizada para localizar estructuras dentro de yacimientos que ya son conocidos.

    La prospección de superficie

    La prospección de superficie, que en los últimos años ha tomado mucha importancia, es el conjunto de operaciones que sirven para obtener información sobre la ocupación de un territorio en el pasado a partir de la documentación de la dispersión de los restos de actividad humana y con una mínima remoción de los depósitos arqueológicos. Las ventajas que ofrece es que da una mayor visión territorial y tiene menores costes.

    Lo primero que hay que hacer es decidir qué zona es la que vamos a prospectar y determinar sus límites, así como el tamaño del área de prospección. En general la zona se elige en virtud de los objetivos patrimoniales o científicos del proyecto de investigación que vayamos a hacer.

    Una vez elegida la zona en función de los objetivos, hay que decidir las dimensiones del área que se va a prospectar. Los mayores inconvenientes para la determinación del tamaño vienen determinados por obstáculos ajenos a la voluntad del arqueólogo, como puede ser la accesibilidad del terreno o los recursos humanos y económicos de que se disponga.

    En cualquier caso, por muy grande que sea el área a prospectar hay que ponerle unos límites. Los límites se pueden establecer en función de tres criterios; la ventaja de cada uno de ellos varía según los autores:

    • Arbitrarios (por ejemplo, una línea). En este caso el límite no guarda relación con el interés territorial de los pueblos del pasado.

    • Culturales. Hay una cierta unanimidad entre los autores en que el mejor límite que se puede poner es el cultural, aunque éste tiene sus problemas, como son la imposibilidad de definición a priori y los cambios experimentados a lo largo del tiempo.

    • Naturales. En definitiva, los arqueólogos se decantan por los límites naturales (un río, un monte); en general éstos suelen coincidir con los límites que los pueblos establecen entre ellos; por otra parte, los límites naturales también están conectados con la utilización del espacio.

    Independientemente de los recursos disponibles -humanos y económicos- y de la dimensión de la zona que hayamos decidido prospectar, hay una serie de condicionantes externos y meramente arqueológicos que limitan la localización de los yacimientos.

    • Uno de ellos ya lo hemos visto: la accesibilidad del terreno. La accesibilidad se mide por el esfuerzo y tiempo que un prospector necesita para alcanzar un punto concreto del área y está determinada por la topografía, la vegetación y las vías de comunicación que existan. Habrá casos en que los problemas de accesibilidad sean naturales, mientras que en otros casos son generados por los propios hombres.

    • Otro aspecto también tratado es el de la visibilidad. Puede ocurrir que la accesibilidad sea fácil pero que una vez en el yacimiento no veamos nada, bien porque haya muchos sedimentos encima o porque nos lo impida la vegetación. Esta variable depende también de las estaciones: así, en zonas agrícolas no será aconsejable prospectar al final de primavera, cuando los cultivos están crecidos, sino en el otoño, cuando los campos están limpios de vegetación.

    • Otro problema, éste ya estrictamente arqueológico, es el de la perceptibilidad, es decir, que los objetos sean perceptibles o no. Esta variable no atañe a la zona completa, sino a cada yacimiento en sí mismo: un gran castro construido sobre un cerro es un ejemplo de sitio muy perceptible, mientras que los yacimientos enterrados completamente, sin ningún indicio superficial, tendrán una perceptibilidad igual a cero. En este caso interviene un componente subjetivo: depende de la persona, de sus aptitudes naturales o de la técnica elegida.

    • En cualquier caso, el problema que más discuten los teóricos es el de la intensidad. En este caso, el quid de la cuestión es saber qué entendemos por intensidad, si el número de horas/hombre por unidad de superficie o el reducir las distancias, es decir, la separación del equipo de prospección.

    Tipos de prospección. El muestreo

    En general se habla de que existen dos tipos de prospección: asistemática y sistemática. Un tipo de prospección habitual, asistemática, típica de la primera mitad del pasado siglo en España, era el llamado “viaje exploratorio”, en el que durante un fin de semana se visitaban los yacimientos que ya eran conocidos por los lugareños pero todavía no por los arqueólogos, y se recogían de cada uno algunos materiales de superficie. Sin embargo, a partir de la década de los sesenta comienzan las prospecciones más sistemáticas.

    Una vez decididos por la prospección sistemática, y obtenidos los recursos pertinentes, hay que decidirse si se va a hacer una cobertura total o un muestreo. La cobertura total es absolutamente necesaria cuando se quieren obtener determinados objetivos, o en las áreas de máximo riesgo, por ejemplo, si está proyectado construir una carretera; en este sentido, los italianos recomiendan que en el entorno de las ciudades la cobertura tiene que ser total. Otro tema a dilucidar es si se hace una prospección extensiva o intensiva.

    La prospección intensiva es el método más adecuado para alcanzar una imagen completa de una zona concreta. Consiste en la inspección directa y exhaustiva de la superficie del terreno sobre áreas relativamente pequeñas, realizada por observadores separados a intervalos regulares y utilizando cuadrículas artificiales hasta llegar a controlar parte o la totalidad del territorio de interés. Mediante la prospección intensiva podemos estar razonablemente seguros de descubrir todos los yacimientos conservados y perceptibles de una zona, y no sólo los grandes que estén situados en lugares bien visibles. Pero el método tiene un inconveniente claro: su lentitud.

    No obstante, existe una forma de obtener conclusiones generales para zonas más mayores a partir de los datos recogidos en la prospección intensiva de áreas pequeñas: el muestreo. El muestreo consiste en la elección de una parte del espacio o yacimiento que se pretende estudiar, con el fin de extrapolar los resultados obtenidos a la totalidad con un índice de fiabilidad. Existen dos tipos de muestreo: arbitrario y probabilístico. El muestreo arbitrario es aquél que hacemos a nuestro gusto, mientras que el probabilístico tiene unas bases matemáticas.

    El muestreo probabilístico puede ser aleatorio y sistemático; y éste último, alineado y no alineado. En uno y otro -aleatorio o sistemático- las unidades de muestreo pueden ser cuadradas (quadrats) o rectangulares (transects). Entre unas y otras hay diferencias: las unidades cuadradas, con la misma superficie total, proporcionan un efecto beneficioso, y es que tienen menos efecto “límite”; no obstante, los transeptos tienen muchas más ventajas -aunque tengan el inconveniente anterior- como es la de incluir diferentes nichos ecológicos o el poder rotar en un sentido u otro, de tal forma que un transepto se puede adaptar mejor a la naturaleza del terreno que un cuadrado.

    Además de la forma, otro problema sobre la elección de las unidades de muestreo es el tamaño de estas unidades. En este sentido, la problemática es similar a la de la forma. Las unidades pequeñas cubren más territorio, pero tienen el problema de que se pueden perder muchos yacimientos o bien, si son muy pequeñas, pueden dejar fuera de la muestra parte de un yacimiento. Las unidades de muestreo grandes, por el contrario, reducen los costes, aumentan las probabilidades de descubrir los elementos agrupados de un yacimiento y reducen los riesgos del denominado efecto “límite”.

    Como ejemplo ilustrativo de muestreo sistemático alineado con unidades rectangulares -transepto- tenemos el de la isla de Melos. En 1976 y 1977, un equipo dirigido por el arqueólogo John Cherry llevó a cabo una prospección en la isla griega de Melos, en el Mediterráneo Oriental. El pequeño tamaño de la isla (151 km²) la convertía en unidad ideal para la investigación. Se decidió realizar una prospección intensiva de toda la isla, pero las restricciones de tiempo, dinero y personal dieron lugar a que sólo se examinara una muestra del 20 %. La prospección se proyectó como muestreo sistemático compuesto por transeptos, el primero elegido al azar y el resto a intervalos de 5 km a partir de él. Estos transeptos abarcaban bandas de 1 km de anchura que recorrían la isla de norte a sur. Cada transepto era examinado por un grupo de 10 a 15 personas, distribuidas en uno o dos equipos, que caminaban en líneas paralelas separadas por una distancia de 15 a 25 m, de modo que se cubría una media de 1,5 a 2 km² al día. Como resultado del muestreo, el número total de yacimientos conocidos en Melos se incrementó de 47 a 130 y la densidad global resultó ser seis veces mayor de lo que se creía.

    Independientemente de los problemas de localización de yacimientos que pueda dar el muestreo, el uso del muestreo probabilístico en sí genera problemas en arqueología. Uno de ellos es que no nos da el número total de yacimientos que hay en un área determinada, por lo que tenemos un desconocimiento sobre la población total del área. Lo que se hace entonces es que se da una fracción de la muestra, medida en relación con la superficie total del territorio; la norma es que al menos se debe de cubrir entre el 5 y el 30 % del territorio. Evidentemente, la fracción de la muestra depende del tiempo de que se disponga, de los recursos, del tamaño del área que se pretenda conocer y de los objetivos que se quieran conseguir. Otro de los términos que se utilizan y que puede dar lugar a confusión es el del tamaño de la muestra; éste en general se mide en función del número de unidades estudiadas y de los resultados obtenidos.

    Objetivos del análisis territorial

    (No es probable que sea pregunta de exámen)

    El análisis del territorio es efectivo cuando se dispone de un número de yacimientos amplio. Según la orientación teórica de los investigadores, cuando se interrogan sobre el funcionamiento del territorio a unas cosas les prestan mayor atención que a otras; así, un funcionalista prestará una mayor atención a qué función cumplen los yacimientos.

    El análisis territorial tiene como objetivos:

    • Reconstruir los microambientes que rodean al yacimiento.

    • Definir el área utilizada habitualmente por los moradores de un yacimiento para su subsistencia diaria.

    • Reconstruir los recursos alimenticios potencialmente disponibles.

    • Rastrear los puntos de procedencia, en el entorno circundante, para aquellos recursos y materiales cuyos restos arqueológicos aparecen en el interior del yacimiento.

    • Reconstruir la función de los yacimientos.

    • Reconstruir las relaciones socioeconómicas entre yacimientos.

    Para hacer el análisis territorial, hoy día se tienen recursos para obtener datos del territorio que no tenían los arqueólogos antiguos, como por ejemplo la fotografía aérea.

    Un aspecto a tener en cuenta es la distinción entre territorio y paisaje. Desde hace unos años hay una tendencia denominada de arqueología del paisaje; en el marco de la arqueología procesual, estos estudios sobre el paisaje se encargan de ver cómo percibían los antiguos el paisaje circundante.

    El paisaje es la representación idealizada del territorio social o una porción de éste. Mientras que el territorio es la zona susceptible de haber sido explotada, en menor o mayor grado, por una comunidad humana. Para estudiar el territorio se han utilizado varios conceptos, que han distinguido entre territorio de explotación y territorio político, y, dentro del primero, entre territorio de explotación ampliado y territorio de explotación restringido. El territorio de explotación restringido es aquél más cercano al asentamiento, mientras que el ampliado es el que está más lejos del asentamiento; un ejemplo del primero sería el territorio de pastos, al que se accede regularmente, mientras que las minas, a las que sólo se iría en determinadas épocas del año, sería un ejemplo de territorio de explotación ampliado. Pero también aquí podría haber confusión, pues las minas podrían estar situadas en el territorio cercano al asentamiento, esto es, en el territorio de explotación restringido.

    Para estudiar el territorio lo que debemos hacer es formular análisis que no tengan en cuenta sólo aspectos económicos o de subsistencia sino también aspectos políticos, organizativos, etc., los cuales, obviamente, sufrirán cambios temporales. Para eso, primero hay que ver qué tipo de yacimiento es, pudiéndose clasificar por su localización (en montaña, en valle, en llanura), por su funcionalidad (jerárquico, de control del territorio), por la cronología o por el carácter de la ocupación.

    Una vez definidos todos estos aspectos de los yacimientos, hay que ver cuáles son las funciones de cada yacimiento en el sistema, y cual es el yacimiento que cumple la función jerárquica, bien por su posición estratégica, por el control que ejerza sobre los recursos de la zona, por la justificación ideológica, etc. Pero no todos los yacimientos son asentamientos; éstos últimos se complementan con otro tipo de asentamientos, como canteras, etc.

    Los métodos generales de análisis territorial que se usan suelen tender a dos aspectos:

    · mostrar la relación entre los yacimientos

    · mostrar la relación entre éstos y los aspectos ambientales

    Dentro de los métodos matemáticos de análisis territorial, los que más éxito han tenido son los denominados análisis estadísticos simples, entre los que se cuentan:

    • Demográficos. Una proyección demográfica es algo que se suele hacer muy a menudo. El problema de los análisis demográficos es que, de partida, no sabemos qué yacimientos son lugares de asentamiento, o el número de hijos por familia. La valoración de la demografía, pues, a partir de los asentamientos, es prácticamente imposible. Lo que se hace entonces es determinar la demografía a partir de los enterramientos; pero también aquí hay problemas, pues ¿todos los cadáveres se enterraban?

    • Site Catchment Analysis o Análisis del Área de Captación. Tiende a investigar cuáles son los recursos potencialmente explotables sin mucho esfuerzo por cada asentamiento.

    • Análisis del vecino más próximo. Pretende determinar las estrategias de ocupación del territorio en función de la distancia entre cada asentamiento y el más cercano, obteniendo así un patrón. En función de su distancia al 1 ó al 0 se habla de patrón agrupado, casual o disperso (el patrón casual es el que no tiene ninguna regularidad). El problema de este sistema es que en función del terreno cambian los resultados.

    • Anillos de von Thunen. Se basa en el hecho de que normalmente los grandes centros arqueológicos estudiados -especialmente los centros comerciales- suelen generar a su alrededor anillos de dependencia hacia su mercado. Esto no quiere decir que los centros menores no sean también centros comerciales.

    • Polígonos Thiessen. De uso más frecuente que el anterior, dados dos planos se calcula el punto intermedio entre ambos y se traza una raya, midiendo la distancia.

    • Análisis de los lugares centrales de Christaller. Se parece bastante al modelo Thiessen, sólo que prioriza el asentamiento jerárquico.

    • Modelo de circulación de los objetos. Puede servir para marcar la importancia de un centro, en función de los objetos que hasta él llegan.

    • Análisis rango-tamaño

    • Análisis topográficos

    La interpretación de un yacimiento tiene una carga subjetiva muy grande, por lo que desde la arqueología procesual se han introducido una serie de variables y de análisis estadísticos que hagan la interpretación más objetiva, entre los que los más comunes son los análisis matemáticos de agrupación y los dendrogramas.

    Las técnicas utilizadas para interpretar yacimientos se utilizan también para evaluar yacimientos.

    2.- La estratigrafía arqueológica

    En general, ya desde finales del siglo XVIII los arqueólogos empezaron a prestar atención a la estratigrafía. Uno de los primeros pasos para comprender la gran antigüedad de la humanidad fue el descubrimiento, por los geólogos, del principio básico de la estratigrafía: que los niveles o estratos se disponen uno encima de otro, como consecuencia de procesos que todavía prosiguen. Los estratos arqueológicos (es decir, los niveles de desechos culturales o naturales visibles en los cortes de cualquier excavación) abarcan períodos de tiempo mucho más breves que los geológicos, pero se ajustan al mismo principio de superposición.

    El proceso de formación estratigráfico lo puede ser de tres maneras:

    • Erosión-destrucción-abandono. Para un geólogo, el proceso de formación estratigráfico siempre será por erosión, mientras que para un arqueólogo puede ser también por destrucción o por abandono; incluso después de la destrucción o el abandono hay procesos que influyen en la formación del registro arqueológico (naturales y deposicionales)

    • Movimiento-transporte

    • Depósito-acumulación

    La estratigrafía arqueológica tiene su base en la estratigrafía geológica. La estratigrafía es el estudio de los estratos, de su aparición, composición, naturaleza, sucesión y clasificación, para intentar obtener una secuencia cronológica. Se trata de ver cómo clasificamos distintos estratos y cómo los superponemos cronológicamente.

    Existen similitudes entre la estratigrafía geológica y la arqueológica. Los geólogos han definido que la estratigrafía no es siempre continua sino que hay períodos de actividad y pausa; la formación del estrato sólo tiene lugar en determinados momentos. La superficie de formación se llama interfacies, y entre ellas aparecen los estratos.

    Existen tres principios o leyes fundamentales de la estratigrafía geológica:

  • Principio de superposición: si los estratos están dispuestos unos sobre otros, todo estrato superpuesto a otro es más reciente que él.

  • Principio de continuidad: establece que un estrato tiene la misma cronología en cualquiera de sus puntos.

  • Principio de identidad paleontológica: si dos o más estratos tienen los mismos fósiles, deben tener la misma cronología.

  • Estas leyes de la geología en algunos casos son de difícil aplicabilidad a los restos arqueológicos por la precisión con la que con éstos se trabaja.

    Harris transforma estos principios y los desarrolla así:

    • Ley de superposición originaria: en una serie de estratos y elementos interfaciales en su estado original, las unidades de estratificación superiores son más recientes, y las inferiores, más antiguas, ya que se da por supuesto que una se deposita encima de la otra, o bien puede crearse como consecuencia de la extracción de una masa de estratificación arqueológica preexistente. El lecho de un estrato recibe el nombre de interfacies, concepto que debe utilizarse cuando el techo de un estrato arqueológico ha sido modificado por causas antrópicas. Para fecharlo tenemos que datar el estrato superior y el inferior. Este principio no tiene en cuenta los elementos artefactuales. Se trata de una alternativa a una cronología relativa. (No obstante, el arqueólogo no debe de dar por sentado este principio de manera general, toda vez que puede ocurrir que, en virtud de un proceso de desplazamiento, el depósito más antiguo quede por encima de otro más moderno, como por ejemplo cuando se erosionan constantemente desde la cima de una ladera al fondo de una zanja. También los hoyos excavados desde un nivel superior, o las madrigueras de los animales (incluso de las lombrices) pueden introducir materiales posteriores en estratos más antiguos. Otro caso de perturbación es el de estratigrafía invertida: si un yacimiento ha sido desmontado en el pasado, las tierras desplazadas a alguna zona adyacente tenderán a tener la misma serie de estratos que en el yacimiento, pero colocados en orden inverso).

    • Ley de la horizontalidad original: cualquier estrato o depósito arqueológico que se haya depositado en forma no sólida tenderá a la posición horizontal. Por tanto, los estratos con superficies inclinadas, o bien fueron depositados así, o bien están determinados por la forma de la cuenca de deposición.

    • Ley de la continuidad original: todo depósito arqueológico estará determinado por su cuenca de deposición. En caso contrario, su grosor irá disminuyendo progresivamente hacia sus límites hasta terminar en forma de cuña. De no ser así, debemos intentar explicar qué es lo que ha producido ese sesgo en la deposición del estrato.

    • Ley de la sucesión estratigráfica: una unidad de estratificación arqueológica ocupa su lugar exacto en la secuencia estratigráfica de un yacimiento entre la más baja de las unidades que la cubren y la más alta de las unidades a las que cubre, teniendo contacto físico con ambas y siendo redundante cualquier otra relación de superposición.

    Los diferentes procesos de estratificación y las diferentes unidades estratigráficas a que éstos dan lugar producen variaciones:

      • En cuanto a la naturaleza y al origen de los sedimentos

      • Por el tipo y alcance del transporte

      • Por las condiciones del ambiente sedimentario

    Los procesos de formación estratigráfica dan origen a una serie de unidades llamadas estratos. Todos los estratos tienen una superficie y un volumen. De esas dos características físicas podemos definir el relieve y, por supuesto, su contorno. Otros elementos que nos ayudan a definir los estratos son su posición en la secuencia; también se diferencian por el contenido o inclusiones que tengan; por su textura o relación que mantienen la matriz y los contenidos; y por su estructura (se definen dos tipos de estructuras: una sedimentaria y otra de carácter edáfico). Con todos estos datos podemos inferir cual es la cronología y el origen de los estratos.

    Tanto por el geólogo como por el arqueólogo, los estratos se pueden distinguir en dos momentos: durante el trabajo de campo y en el laboratorio. En el campo podemos distinguir los estratos a partir de diferentes técnicas de identificación: por el color, por la compacidad y por la forma. Hay otra serie de elementos que se pueden identificar tanto en el campo como en el laboratorio, como son la textura y el tamaño de las inclusiones. Finalmente, en el laboratorio identificaremos los componentes del estrato y el tipo de inclusiones que lleva.

    La estratigrafía arqueológica puede ser estudiada a partir de una serie de fases:

    • Teoría y componentes (identificación de estratos e interfacies)

    • Registro y documentación. Dos técnicas: perfiles y plantas

    • Análisis post-excavación: analíticas sedimentarias, correlación, creación de fases y determinación de la secuencia estratigráfica.

    Los procesos de formación estratigráfica dan lugar a dos tipos de estratos:

    • Unidades estratigráficas construidas. Son siempre de carácter antrópico. Pueden ser positivas o negativas.

    • Unidades estratigráficas no construidas. Pueden tener un carácter antrópico o no. Tienen un determinado tipo de geometría y vienen definidas por sus contactos -que pueden ser gradacional, discontinuo o neto- y por su textura; también debemos definir su estructura, que puede ser de origen sedimentario o edáfico; finalmente, habrá que definir su contenido.

    Según la definición de Harris, la superficie teórica que separa una unidad estratigráfica de otra se llama interfacies (los geólogos, en lugar del término interfacies, utilizan el de techo y suelo). Hay que distinguir las interfacies de las unidades estratigráficas construidas de las no construidas. En el caso de las no construidas, las interfacies no se enumeran sino que se tratan como si formaran parte de la unidad estratigráfica. En el caso de las unidades estratigráficas construidas, a las interfacies sí se les da nombre. También llevará numeración independiente la interfacies vertical -fosa- que corte a uno o varios estratos.

    Los estratos que se ven hay que saber cómo representarlos. Harris partía de que podía haber cuatro tipos de relación entre ellos:

    • Sin ninguna relación estratigráfica directa. Esto puede ser un problema cuando no hay una referencia temporal clara entre ellos o cuando los estratos son más o menos contemporáneos.

    • Cuando hay una correlación indirecta como parte del mismo depósito original (alterado, por ejemplo, por una fosa).

    • De superposición (cuando un estrato está encima de otro) o de adosamiento (si, por ejemplo, a un muro se le hace un refuerzo, el refuerzo es siempre posterior).

    • Se trata del mismo depósito en diferentes áreas de excavación.

    Una secuencia estratigráfica se representa a través de un diagrama esquemático (matriz de Harris o “diagrama de secuencias”, que debe de contener la siguiente información:

    • Inclusión de la información de los contenidos. Éstos no fechan directamente el estrato pero ofrecen un término post quem para la información de éste.

    • Debe distinguir entre:

      • Fases estratigráficas, formaciones, cuerpos o bloques de estratificación

      • Fases estructurales

      • Períodos culturales. (Las fases no corresponden a los períodos; un período, por ejemplo, puede ocupar mil años, pero en esos mil años podemos encontrar quince fases diferentes).

    3.- La excavación arqueológica

    (Puede preguntar algo sobre estratigrafía o relativo a la excavación)

    “No es fácil hoy en día mantener un justo equilibrio entre los métodos de la Arqueología y sus objetivos, que corren el riesgo de obstaculizar los desarrollos técnicos. La excavación no debería ser, en efecto, una encuesta ciega de los vestigios escondidos en la tierra, sino una estrategia claramente orientada por cuestiones explícitas”. Estas palabras fueron dichas por Mortimer Wheeler, un arqueólogo inglés que desarrolló su actividad entre los años 40 y 50 del pasado siglo, quien desarrolló el primer método de excavación arqueológica sistemática: el método de cuadriculación de un yacimiento arqueológico, dejando entre cuadrícula y cuadrícula un espacio no excavado llamado testigo, de un metro de espesor, que tiene por finalidad el que se puedan rastrear y correlacionar los distintos niveles en los perfiles verticales de todo el yacimiento. La zona excavada se llama sondeo o corte, y las paredes de los testigos, perfiles. Los cuadrados, cada uno con su sigla, a su vez se dividen en otros cuadrados más pequeños, hasta llegar a una dimensión mínima juzgada conveniente; en esta última, la posición de un objeto será designada por su profundidad y sus coordenadas o distancias a los lados del cuadrado.

    Wheeler consideraba que un arqueólogo, por su falta de formación geológica, no estaba cualificado para identificar los estratos, por lo que pensaba que era mejor dejar unos testigos. Pero este sistema tan rígido -y ésta es una de las críticas más evidentes que se han hecho al sistema Wheeler-, en el que el testigo quedaba en medio, podía dar en ocasiones una visión deformada del yacimiento, pudiendo ocurrir que entre testigo y testigo quedara oculta la identificación del estrato o determinadas estructuras, como por ejemplo una puerta, etc. Otro problema es que al quedar parte de la estructura integrada en los testigos, a veces no se puede determinar cual es la forma total que tiene dicha estructura. Para nosotros, no obstante, el principal problema del sistema Wheeler es que, por la distinta rapidez con la que se van excavando cada uno de los registros, es imposible ver toda la estratigrafía a un tiempo. A este se añade el problema del desmonte de la estructura, es decir, qué hacer con los datos que van saliendo cuando se decide ir bajando de nivel, si conservarlos para su estudio final tras la excavación de todo el yacimiento o estudiarlos según van apareciendo.

    Frente al modelo Wheeler se contrapone el modelo Harris, arqueólogo británico que desarrolló un modelo de interpretación desde el punto de vista estratigráfico.

    • Su mejor aporte es el haber establecido los principios de la estratigrafía arqueológica, a partir de las leyes de la estratigrafía geológica; replantea los principios de la estratigrafía geológica y los aplica a la arqueología.

    • Su segunda aportación importante consiste en el desarrollo de un modelo de expresión gráfica estratigráfica conocido con el nombre de matriz de Harris, o “diagrama de secuencia” (puesto que el concepto de matriz no se acomoda a lo que pretendía desarrollar Harris). El método consiste en considerar a cada estrato (que comprende a contextos y estructuras) por igual, transformándolo en una unidad abstracta representada por un número; da lo mismo que se trate de una muralla o de un simple agujero de poste, ya que cada uno de ellos representa un “suceso” en el tiempo, sea de unos minutos o de muchos años. Según este razonamiento, si la muralla fue erigida en épocas diferentes, o se le hicieron reformas o añadidos, cada momento de la construcción se considera separado de los demás. Cada unidad es representada por un rectángulo en el diagrama, dentro del cual aparece un número identificador.

    • Otra aportación de Harris a la arqueología es lo que se denomina la excavación en “open area” o excavación en extensión, falsamente asociada a las aportaciones de Harris. Este sistema parte de una idea muy simple: el yacimiento no es una entidad que se pueda muestrear de ese modo, sino que hay que seguir el estrato hasta el final. La excavación en extensión aporta una información que nunca ofrecerá un sondeo estratigráfico, porque éste sólo ofrece una visión parcial.

    Entre los defensores de la excavación en área se encuentra el arqueólogo inglés Philip Barker, el cual hace una serie de críticas al sistema Wheeler diciendo que los testigos se sitúan o se orientan invariablemente del modo más inoportuno para aclarar las conexiones entre perfiles e impiden distinguir los patrones espaciales en áreas grandes. Es mucho mejor, según él, no tener estos testigos permanentes o semipermanentes, sino abrir áreas amplias y cortar perfiles verticales sólo cuando sean fundamentales para resolver relaciones estratigráficas especialmente complejas.

    Existen varias Arqueologías teóricas, aunque a cada una de ellas no corresponde una técnica de excavación distinta. Cualquiera que sea el método empleado, una excavación sólo será buena en la medida en que lo sean sus métodos de recuperación y registro. Gracias a la nueva Arqueología, por primera vez el arqueólogo documenta racionalmente todos los datos que extrae del relleno, información que deberá estar reglada por unos protocolos. Este es el sistema de registro. Es importante determinar que un sistema de registro no debe estar nunca impuesto, porque es esto lo que le permite al investigador desarrollar su propia posición teórica; un sistema de registro, pues, está en gran parte determinado por la posición teórica del arqueólogo, posición teórica que también determina la línea de investigación a desarrollar por dicho arqueólogo.

    Además de los problemas propiamente arqueológicos, la excavación, que implica la puesta en práctica de un conjunto de personas, implica lógicamente problemas. Una vez tomada la decisión de excavar en un determinado emplazamiento, son necesarias ciertas actuaciones que aseguren que los trabajos que se van a realizar están bien determinados y cumplen con la legalidad. Antes de nada, lo primero es la

    • Elaboración del proyecto. Ésta supone:

      • Desarrollo de una problemática (justificación)

      • Objetivos que se proponen

      • Elección de un equipo: ¿Interdisciplinar o multidisciplinar?. A este respecto, lo que la mayoría de los autores suelen recomendar es que el equipo sea multidisciplinar. Hasta hace pocos años se tendía a que el arqueólogo tuviese una formación amplia en diferentes disciplinas; pero esto implica un coste en tiempo que el arqueólogo tiene que quitar de su formación específica y de la excavación. La ventaja del equipo multidisciplinar es que la formación de sus componentes es mucho más amplia.

      • Planificación del coste de la excavación: trabajadores, traslados al yacimiento, seguro de accidentes, etc. Igualmente hay que planificar -lo que parece una perogrullada- cómo sacar la tierra. Igualmente habrá que planificar la forma de evacuar el agua en zonas pantanosas.

      • Elaboración de una metodología. Por supuesto, hay que decidir cómo se va a excavar, cómo se va a llevar a cabo la recuperación del material y cómo se va a registrar. (Algo que todos los manuales aconsejan es no llevar a cabo prácticas de trabajo en aquellas zonas que aún no se han excavado, lo cual es fácil de aconsejar pero difícil de llevar a cabo.

        • Establecer protocolos de comportamiento

        • Sistema de registro con los datos importantes

      • Redacción del proyecto (adecuación a la normativa existente)

        • Introducción histórica

        • Presentación y justificación del equipo

        • Objetivos a corto, medio y largo plazo

        • Metodología acorde a los objetivos

        • Calendario de actuaciones

        • Documentación gráfica de apoyo

        • Gestión económica y de recursos: dinero, personal, material de trabajo

    • Fotografía aérea para documentar los elementos previos a las prospecciones

    • Topografía

    • Sistema de coordenadas y situación del punto cero, que será fijo e inamovible

    • Prospecciones geofísicas (sistemas que permiten posicionar estructuras en el suelo sin alterar la estratigrafía)

    • Planteamiento de los cortes o dónde se van a realizar los sondeos o excavaciones propiamente dichas

    Una vez que hemos comenzado a excavar es necesario llevar un registro riguroso de la excavación. El registro de la excavación tiene varias facetas, todas ellas indispensables: dibujo, fotografía y vídeo de los niveles, objetos y estructuras, según van apareciendo; diario de excavación, formularios, inventario de los materiales, y dibujo y fotografía de los más relevantes de estos últimos.

    SEGUNDA PARTE

    Tema 4.- EL ANÁLISIS DE LABORATORIO. I

    1.- Concepto de Arqueometría. Técnicas de laboratorio para el estudio de los ecofactos

    Concepto de Arqueometría

    Por Arqueometría se entiende el conjunto de métodos y técnicas que permiten caracterizar y cuantificar el registro arqueológico, de manera que conviertan la evidencia arqueológica en datos y que procesen estos datos para obtener patrones que sirvan de base a la interpretación arqueológica.

    El término arqueometría literalmente indica los estudios científicos aplicados a la arqueología y fundados en métodos de tipo cuantitativo. Algunas de las técnicas analíticas utilizadas para esta cuantificación proceden del campo de ciencias como la física, la química, la geología, la botánica, la mineralogía, etc., utilizando pues métodos propios de las ciencias experimentales que se aplican sobre los aspectos básicos del registro arqueológico, es decir, yacimientos, asentamientos y estructuras.

    Historia de la Arqueometría

    La palabra arqueometría fue cuñada en los años cincuenta como título para una revista especializada, Archaeometry, publicada desde 1958 por el Laboratorio de Investigación para la Arqueología, la Historia y el Arte, de Oxford, que tiene como objetivo, entre otros, favorecer la colaboración factible entre ciencias y arqueología.

    Pero la aplicación de elementos analíticos físicos y químicos sobre los artefactos tiene una tradición anterior. Los primeros trabajos de tipo analítico se llevan a cabo en el siglo XVIII; así, en 1774 tiene lugar el análisis de una serie de bronces procedentes del mundo romano para conocer su aleación y su composición química. Por la misma época se lleva a cabo un estudio sobre pequeños vidrios romanos con objeto igualmente de tratar de identificar su composición. Pero estos estudios son todavía muy puntuales.

    En el siglo XIX ese interés sigue latente y lleva al italiano Fabroni a desarrollar el estudio de un conjunto de ajuares metálicos de tumbas etruscas, centrándose fundamentalmente en objetos de adorno y obteniéndose por primera vez, a través de esos estudios, datos de tipo social y cultural. En 1815, el inglés Humphy Davy lleva a cabo un estudio sobre edificios de época antigua, para lo que necesita saber el tipo de pintura empleado, encontrando que el pigmento empleado para obtener el color azul (cobre y silicio) era similar al azul encontrado en las tumbas egipcias. En 1888 se crea el Museo de Arte de Berlín, en donde se instaura un laboratorio para la conservación y estudio de objetos.

    La Primera Guerra Mundial supone un cambio importante en el estudio analítico del registro arqueológico, con la creación del Laboratorio de Investigación del Museo Británico (British Museum Research Laboratory). Igualmente tendrán lugar importantes avances durante la década 1920-1930, en que los suecos, a partir del fósforo, identifican hábitats arqueológicos, al ser este elemento químico un indicador relacionado con la actividad humana. Los avances en las ciencias físicas dan lugar al desarrollo de técnicas aplicables en arqueología, como es la espectrometría de emisión, a través de la cual se llevan a cabo estudios sobre procedencia y técnicas de fabricación de los artefactos, fuentes de aprovisionamiento, conocimiento de los elementos traza, etc.

    Tras la Segunda Guerra Mundial tiene lugar otro salto cualitativo con el descubrimiento en 1940 por Libby del método de datación C-14 y la creación en 1955 por la universidad de Oxford del Research Laboratory for Archaeology and the History of Art. En los últimos años los estudios arqueométricos han gozado de un gran incremento, a menudo estimulados por la aparición de nuevos procedimientos científicos.

    Técnicas de laboratorio para el estudio de los ecofactos

    Los métodos que se pueden emplear para estudiar objetos y yacimientos antiguos son muchos y están en continuo perfeccionamiento. La elección del método estará condicionada por la finalidad de la investigación, por las preguntas que se formulen y por los medios económicos disponibles. Algunos de los principales métodos de laboratorio utilizados en la investigación arqueométrica son:

  • Métodos para determinar las características químicas:

    • microquímica

    • espectrometría de emisión

    • espectrometría de masa

    • absorción atómica

    • fluorescencia de rayos X

    • etc.

    • Métodos para determinar las características estructurales y físicas:

      • infrarrojos

      • ultravioletas

      • microscopio electrónico

      • microscopio electrónico de retículo

      • rayos gamma

      • radiografía electrónica

      • radiografía de neutrones

      • espectroscopia de luz ultravioleta

      • análisis térmico

      • etc.

      • Estas técnicas requieren un equipamiento costoso que sólo está presente en laboratorios muy especializados, en los que también el personal tiene que estar muy bien formado. De ahí que para la ejecución de un buen análisis sea importante la elección del laboratorio y del arqueómetra, debiendo de seleccionarse un laboratorio de probada experiencia, especializado en el tipo de estudios que se desea realizar.

        2.- La reconstrucción del tiempo: métodos de datación cronológica

        Como dice Colin Renfrew en el prólogo a un libro (Peter James et al., Siglos de oscuridad, Crítica, Barcelona, 1993), “La historia necesita fechas. La cronología es la columna vertebral tanto de la arqueología como de la historia, ya que, sin un marco temporal, no puede establecerse una secuencia de acontecimientos, ni se puede tener una visión clara de lo que sucedió en el pasado, ni saber qué avance significativo apareció primero”. Así pues, es ambición de todo historiador colocar en el tiempo los sucesos, y sin cronología no hay posibilidad de obtener la lógica de esos sucesos. Sólo cuando se sabe qué ocurrió antes y qué acaeció después hay historia verdadera. La mayor parte de los sistemas humanos de medición se calculan en años. Esta escala temporal en años asigna fechas desde o en un momento concreto del tiempo, de forma que en el mundo cristiano, por convención, se usa para datar el tiempo el nacimiento de Cristo, contándose los años antes o después del año 1 de la era cristiana.

        El problema de obtener una cronología o datación de los objetos arqueológicos se consigue por un doble camino:

      • Fijar el objeto en un sistema cronológico universal o cronología absoluta, dando la fecha exacta de su fabricación o utilización. Así, por ejemplo, cuando decimos que la fíbula de codo del tipo de la ría de Huelva es del 750 a.C.

      • Cronología relativa o fijar que un objeto o una cultura es anterior o posterior a otra; es decir, ordenar las cosas en secuencias. Por ejemplo, establecer que la fíbula de la ría de Huelva es anterior a las fíbulas acodadas de la meseta.

      • A) Datación absoluta

        Hasta la aparición de las primeras técnicas científicas de datación, en torno a los inicios del siglo XX, la datación arqueológica dependía casi por completo de los métodos históricos, que aún hoy día todavía resultan de gran valor. Así por ejemplo, para los períodos romano y medieval europeo las monedas ofrecen una oportunidad inconfundible de datación, ya que suelen llevar el nombre del gobernante que las emitió, cuya cronología normalmente nos es conocida. Por otra parte, la fecha de la moneda indica el año en que se fabricó, de tal forma que su inclusión en un depósito sellado establece un término post quem, una fecha máxima anterior a la cual no puede ser el depósito.

        Varvas glaciares

        En 1878, el geólogo sueco barón Gerard de Geer observó que ciertos depósitos de arcilla se estratificaban de un modo uniforme. Se dio cuenta de que estos estratos o “varvas” se habían depositado en lagos en torno a las márgenes de los glaciares escandinavos, debido a la fusión anual de las capas de hielo, que habían ido retrocediendo regularmente desde el final de la última Era Glaciar. El grosor de los niveles variaba de año en año, produciendo un estrato grueso en un año cálido, con el aumento de la fusión glacial, y un nivel fino bajo condiciones más frías. Midiendo los espesores sucesivos de una secuencia completa y comparando el modelo con las varvas de áreas próximas, se demostró que era posible vincular secuencias prolongadas entre sí.

        Este sistema de datación tiene una limitación de tipo temporal, y es que sólo permite fechar evidencias arqueológicas desde la época actual hasta el inicio del retroceso de las capas de hielo glaciar en Escandinavia, hace unos 12.000 años. Tiene también una limitación de tipo espacial, y es que sólo se puede aplicar en zonas del norte de Europa.

        Dendrocronología

        La datación por este método se basa en la observación del crecimiento anual diferencial de los anillos de los árboles. El método se empezó a aplicar a partir de 1930, en que el astrónomo norteamericano A.E. Douglas, trabajando con troncos bien conservados del Suroeste americano, pudo asignar fechas absolutas a muchos de los principales yacimientos de la zona.

        La mayoría de los árboles producen un nuevo anillo de madera cada año y esos círculos de crecimiento pueden verse con facilidad en un corte transversal del tronco de un árbol talado. Estos anillos no tienen el mismo grosor, variando anualmente en función de las fluctuaciones del clima: en regiones áridas, unas precipitaciones por encima de la media anual pueden producir un anillo particularmente grueso; mientras que en zonas más templadas, la luz del sol y la temperatura pueden ser más decisivas que la lluvia y un enfriamiento repentino en primavera puede dar lugar a un anillo estrecho.

        Midiendo y combinando estos anillos se puede crear un diagrama que indica el grosor de los anillos sucesivos de un árbol en concreto. Los árboles de la misma especie que crecen en la misma zona presentarán, por lo general, el mismo patrón de anillos, de forma que se puede comparar la secuencia del crecimiento de troncos cada vez más antiguos para elaborar una cronología de la zona.

        Quizás la mayor contribución de la dendrocronología a la datación arqueológica haya sido el establecimiento de secuencias prolongadas de anillos de crecimiento, con las que ha sido posible contrastar y calibrar las fechas radiocarbónicas.

        Para crear la secuencia, la comparación se tiene que llevar a efecto en árboles de la misma especie y de la misma zona, por lo que el método tiene una restricción de ámbito espacial: sólo es aplicable a árboles de regiones exteriores a los trópicos, pues es allí donde los marcados contrastes estacionales producen anillos anuales bien definidos. El método se ha llevado a cabo en Norteamérica sobre especies de abetos y de secuoyas -algunos de cuyos ejemplares alcanzan una edad de 4.900 años-, y en Europa sobre especies de roble.

        Datación radiocarbónica

        El método se basa en la desintegración radioactiva del carbono 14.

        En 1949, el químico norteamericano Willard Libby, que durante la Segunda Guerra Mundial había sido uno de los científicos que estudiaban la radiación cósmica, publicó las primeras fechas radiocarbónicas. Las partículas subatómicas que bombardean la tierra constantemente producen electrones de alta energía. Estos neutrones reaccionan con los átomos de nitrógeno de la atmósfera para producir átomos de carbono-14 o radiocarbono, que es inestable debido a la presencia de ocho neutrones en el núcleo en lugar de los seis habituales en el carbono corriente (C¹²). Esta inestabilidad da lugar a su desintegración radioactiva a un ritmo constante. Libby calculó que la mitad del C-14 de cualquier muestra tardaba 5.568 años en desintegrarse -su vida media, aunque recientes investigaciones indican que la cifra más exacta es de 5.730 años-

        La concentración atmosférica estable de radiocarbono se transmite de modo uniforme a todos los seres vivos a través del dióxido de carbono. Las plantas lo absorben durante la fotosíntesis y son consumidas por los animales herbívoros que, a su vez, son devorados por los carnívoros. Sólo cuando muere una planta o un animal cesa la absorción de C-14 y su concentración comienza a descender debido a la desintegración radiactiva. Libby comprendió que, conociendo el ritmo de desintegración o vida media del C-14, se podría calcular la edad de una planta o un tejido animal muerto midiendo la cantidad de radiocarbono que quedara en la muestra.

        El gran logro práctico de Libby consistió en diseñar un método preciso de medición. Teniendo en cuenta que las huellas de C-14 son muy pequeñas y que tras 5.730 años se reducen a la mitad, pasados 23.000 años sólo se dispone para su medición de 1/16 de la minúscula concentración del C-14 de la muestra. Libby descubrió que cada átomo de C-14 se desintegra emitiendo partículas beta y consiguió medir estas emisiones utilizando un contador Geiger. Las muestras pueden ser de cualquier material orgánico hallado en yacimientos arqueológicos, como carbón vegetal, madera, semillas, restos de plantas, huesos humanos o de animales, etc. Pero la medición exacta de la cantidad de C-14 en una muestra puede verse perjudicada por factores como errores de recuento, la radiación cósmica de fondo, errores del propio laboratorio, cantidad de la muestra y otros factores que aportan incertidumbre a los cálculos. De ahí que las fechas radiocarbónicas vayan acompañadas invariablemente de una tasa de error probable de ±.

        A finales de los años 70 y principios de los 80 se produjo un avance importante en el método convencional de medición con la introducción en algunos laboratorios de contadores especiales de gas capaces de hacer mediciones a partir de muestras muy pequeñas. En el método convencional se necesitan unos 5 g de carbón puro ya descontaminado, lo que significa una muestra original de unos 10-20 g de madera o carbón vegetal o 100-200 g de hueso, mientras que los contadores especiales sólo precisan de unos pocos cientos de miligramos de carbón. En los últimos años, varios laboratorios han adoptado un método mucho más radical, la espectrometría del acelerador de partículas (AMS), que requiere muestras todavía más pequeñas, entre 5-10 mg, aumentando también el lapso de tiempo fechable, de 50.000 a 80.000 años.

        Libby dio por sentado que la concentración de C-14 en la atmósfera había permanecido constante a lo largo del tiempo; pero hoy se sabe que ha variado, debido en gran parte a los cambios en el campo magnético terrestre, por lo que se hace necesario realizar una corrección de las fechas radiocarbónicas. El método que demostró la inexactitud de las fechas dadas por el radiocarbono -la dendrocronología- también ha proporcionado los medios para corregir o calibrar dichas fechas radiocarbónicas.

        Aunque las fechas de radiocarbono tienen ciertos márgenes inevitables de error intrínsecos al sistema, es probable que los cálculos erróneos procedan de un muestreo mal hecho, o de una interpretación incorrecta por parte del arqueólogo, o de unos procedimientos de laboratorio inadecuados. Por esto es necesario tener en cuenta:

        • la contaminación que haya podido producir el agua en el terreno donde se ha obtenido la muestra;

        • cerrar herméticamente dentro de un envase limpio (por ejemplo, una bolsa de plástico) las muestras en el momento de su recogida, y etiquetarlas detalladamente en la parte exterior del recipiente (las etiquetas de cartón en la parte interior pueden ser una fuente importante de contaminación);

        • el contexto de deposición, esto es, la comprensión de los procesos postdeposicionales del contexto;

        • la fecha del contexto y su contemporaneidad con la muestra;

        • “una sola fecha no fecha”, se necesitan varias.

        Termoluminiscencia

        La termoluminiscedncia (TL) tiene dos ventajas sobre el carbono: puede fechar materiales inorgánicos, como la cerámica, el material inorgánico más abundante en los yacimientos arqueológicos de los últimos 10.000 años; puede fechar dichos materiales inorgánicos (como el sílex quemado) con un período de fiabilidad de hasta 80.000 años, el límite del radiocarbono. Por contra, la termoluminiscencia requiere que la muestra haya tenido una primera cochura a 500 ºC o más y, además, es menos precisa que el radiocarbono en la exactitud de sus fechas, con un margen de error en torno al 10 %.

        Bases del método: Los materiales con una estructura cristalina, como la cerámica, contienen pequeñas cantidades de elementos radiactivos, sobre todo uranio, torio y potasio radioactivo. Éstos se desintegran a un ritmo constante y conocido, emitiendo radiaciones alfa, beta y gamma que bombardean la estructura cristalina y desplazan a los electrones, que quedan atrapados en grietas de la retícula cristalina. A medida que pasa el tiempo quedan aprisionados cada vez más electrones. Esos electrones retenidos pueden escapar cuando se calienta el material a 500 ºC o más, reajustando el reloj a cero y, mientras lo hacen, emiten una luz conocida como termoluminiscencia. En el caso de la cerámica, el reloj de la termoluniniscencia se habrá puesto a cero cuando fue cocida; midiendo la cantidad de TL emitida al volver a calentar una muestra a 500 ºC o más, se puede calcular la edad del objeto desde su primera cocción.

        Resonancia electrónica del “Spin”

        Permite contar los electrones atrapados en un hueso o en una concha sin el calentamiento que precisa la técnica de la termoluminiscencia. Sobre ésta, tiene la ventaja de que no es destructivo y de que sólo necesita muestras muy pequeñas, de menos de 1 g. Por otra parte, tiene un ámbito cronológico de aplicación bastante amplio, desde 5.000 hasta más de un millón de años.

        Potasio-argón

        Es un método radiactivo que permite fechar rocas de miles de años de antigüedad. Tiene una limitación, y es que sólo puede fechar rocas volcánicas con una antigüedad no menor de 100.000 años.

        El método se basa en la desintegración radioactiva del potasio-argón, esto es, la transformación lenta del isótopo radiactivo potasio-40 en el gas inerte argón-40 dentro de las rocas volcánicas. Teniendo en cuenta que la vida media del potasio-40 ronda los 1.300 millones de años, las posibilidades de datación de yacimientos utilizados por el hombre primitivo -que pueden llegar a los 5 millones de años- son enormes.

        Series del uranio

        El método se basa en la desintegración radioactiva de los isótopos del uranio, especialmente útil para datar ámbitos cronológicos entre 50.000-500.000 años, fuera del ámbito del radiocarbono.

        Se utiliza para fechar rocas con un alto contenido en carbonato cálcico (travertino), depositado en las estalagmitas formadas por la filtración del agua en cuevas utilizadas por el hombre primitivo.

        Huellas de fisión

        El método está basado en la fisión espontánea de un isótopo del uranio-238 existente en gran cantidad de rocas y minerales, en la obsidiana y en otros cristales volcánicos, en los vidrios manufacturados y en las inclusiones minerales de la cerámica.

        El ámbito temporal que puede alcanzar la aplicación del método es considerable: entre 300.000 y 2.500 millones de años; de ahí que se haya utilizado para fechar yacimientos de la garganta de Olduvai.

        Hidratación de la obsidiana

        Esta técnica de datación se basa en el principio de que cuando la obsidiana (un vidrio volcánico utilizado a menudo de forma bastante similar al sílex para la fabricación de útiles) se rompe, comienza a absorber el agua que la rodea para formar una capa de hidratación, cuyo grosor aumenta con el tiempo y se puede medir en el laboratorio.

        Pero el ritmo de crecimiento de estas capas no es homogéneo, dependiendo de características que son propias de cada yacimiento: temperatura, exposición a la luz solar directa. Además, las obsidianas de canteras distintas tienen composiciones químicas diferentes. Por tanto, es necesario establecer una tasa de hidratación independiente para cada tipo de obsidiana.

        El método es particularmente apropiado para datar yacimientos de la prehistoria reciente, de los últimos 10.000 años, aunque también ha proporcionado fechas aceptables hasta 120.000 años.

        Racemización de aminoácidos

        Este método, aún en fase experimental, se utiliza para fechar huesos, tanto de seres humanos como de animales, de hasta 100.000 años de antigüedad.

        La técnica se basa en el análisis de los aminoácidos que componen las proteínas presentes en todos los seres vivos. La racemización de los aminoácidos se realiza a un ritmo constante, pero depende de circunstancias variables, por lo que necesita calibración.

        Tasa de cationes

        Este método de datación, desarrollado en los últimos años, se utiliza de manera restringida pues aún no está suficientemente contrastado. Permite fechar el arte paleolítico rupestre grabado en la roca.

        En condiciones desérticas, se forma una pátina en las superficies rocosas expuestas al polvo del desierto. Esta pátina se compone de minerales arcillosos, óxidos e hidróxidos de manganeso y hierro, oligoelementos y una cantidad muy escasa de materia orgánica. El método se basa en que los cationes de ciertos elementos son más solubles que los de otros y se lixivan en la pátina superficial más rápidamente que los elementos menos solubles y, por tanto, su concentración disminuye con el tiempo.

        Datación arqueomagnética

        El método se basa en la medición de los cambios magnéticos de la corteza terrestre, tanto en dirección como en intensidad. A partir de lecturas de brújulas de los últimos 400 años ha sido posible reconstruir los cambios en la dirección del norte magnético observados en Londres, París y Roma, gracias a los archivos históricos de estas ciudades. Para épocas anteriores, igualmente se pueden reconstruir esos cambios del campo magnético terrestre estudiando la magnetización de las estructuras de arcilla cocida de períodos antiguos, pues las partículas de hierro que contiene la arcilla, cocida a 650-700 ºC y no vuelta a calentar, adoptan definitivamente la dirección e intensidad del campo magnético terrestre en el momento de la cocción.

        Otro aspecto del arqueomagnetismo, importante para la datación de yacimientos del Paleolítico Inferior, es el fenómeno de las inversiones del campo magnético terrestre (el norte magnético se convierte en el sur magnético y viceversa). La inversión más reciente se produjo hace unos 700.000 años; por tanto, cualquier evidencia referente a los hombres primitivos que esté por debajo de esa inversión magnética tendrá una antigüedad superior.

        B) Datación relativa

        La datación relativa implica ordenar las cosas -depósitos arqueológicos, artefactos, estructuras- en secuencias, estableciendo cual es primero y cual va después.

        Estratigrafía

        La estratigrafía es el estudio de la colocación o deposición de estratos o niveles superpuestos. Desde el punto de vista de la datación relativa, el principio fundamental es que el nivel inferior se depositó antes que el nivel superior y, por tanto, es más antiguo. De esta forma, una sucesión de estratos proporcionaría una secuencia cronológica relativa, desde los más antiguos (abajo) a los más modernos (arriba).

        Datación de los huesos

        Se basa en el estudio químico de los elementos que forman el hueso: nitrógeno, flúor y uranio. Tras la muerte de un ser vivo, el contenido de proteínas del hueso, medido por el índice de nitrógeno (alrededor del 4 %), se reduce gradualmente debido a los procesos de descomposición química. Al mismo tiempo, el hueso absorbe dos elementos disueltos en el agua que se filtra por el terreno: el flúor y el uranio; de tal forma que el índice de ambos elementos se incrementa paulatinamente en los huesos sepultados y puede ser medido en el laboratorio. De esta forma, se pueden comparar las edades relativas de diferentes huesos obtenidos en un yacimiento, o los de un yacimiento en relación con otro.

        La aplicación más famosa del método se produjo en el caso de la falsificación de Piltdown. A principios del siglo XX se encontraron fragmentos de un cráneo humano, una mandíbula simiesca y algunos dientes en una gravera del Paleolítico Inferior de Sussex, en el sur de Inglaterra. Los hallazgos llevaron a afirmar que se había descubierto el “eslabón perdido” entre el simio y el hombre, ocupando el descubrimiento un lugar destacado en los libros de texto hasta 1953, cuando se descubrió que era un engaño total. La datación de flúor, uranio y nitrógeno efectuada por el British Museum demostró que el cráneo era humano, pero de fecha relativamente reciente (aproximadamente del siglo XIV), y la mandíbula procedía de un orangután. Tanto el cráneo como la mandíbula habían sido tratados con un pigmento especial para hacer que pareciesen antiguos y asociados.

        Secuencias tipológicas

        La forma de un artefacto -por ejemplo, una vasija-, puede definirse por sus atributos específicos de material, forma y decoración. Varias vasijas con los mismos atributos constituyen un tipo; vasijas de diferentes tipos constituyen una secuencia tipológica. Hay dos conceptos que sirven de base para elaborar una datación relativa mediante la tipología:

        • Los productos de un período y lugar determinado tienen un estilo reconocible, característico de la sociedad que los creó.

        • El cambio estilístico de los artefactos suele ser gradual y evolutivo.

        El gran maestro del “método tipológico” fue el sueco Oscar Montelius, quien formuló cronologías relativas locales para muchas de las zonas de la Europa de la Edad del Bronce en base a series tipológicas. La seriación permite ordenar los conjuntos artefactuales en una sucesión, u ordenación seriada, que luego se aplica para determinar su ordenación temporal.

        Se han utilizado dos versiones de esta técnica: la seriación contextual y la seriación de frecuencia. En la primera, lo que determina la seriación es la duración de los distintos estilos artefactuales (forma y decoración). La seriación de frecuencias se apoya principalmente en la medición de los cambios en la abundancia, o frecuencia, proporcional de un estilo cerámico.

        Fluctuaciones glaciares

        La existencia de una gran Era Glaciar (el Pleistoceno) es conocida desde el siglo XIX. A medida que las temperaturas descendían, las capas de hielo -o glaciares- se extendieron, cubriendo grandes áreas de la superficie terrestre y haciendo descender el nivel del mar en todo el planeta (el agua perdida quedó almacenada en forma de hielo). Los primeros geólogos que estudiaron los depósitos geológicos se dieron cuenta de que la Era Glaciar no había sido una etapa ininterrumpida de clima frío sino que se habían producido cuatro glaciaciones principales o períodos de avance del hielo (denominadas en Europa, de la más antigua a la más reciente, Günz, Mindel, Riss y Würm), interrumpidas por intervalos conocidos como interglaciares. Estas fluctuaciones climáticas, registradas en las columnas de sedimentos marinos, en las columnas de hielo y en los sedimentos de polen, tienen un considerable valor por lo que respecta a la datación relativa.

        Columnas de sedimentos marinos

        Las columnas de sedimentos marinos contienen conchas de microorganismos marinos conocidos como foraminíferos, depositadas en el fondo oceánico debido al avance lento y progresivo de la sedimentación. Las variaciones en la proporción de dos isótopos de oxígeno (18 y 16) en el carbonato cálcico de esas conchas constituyen un indicador sensible de la temperatura del mar en la época en que vivieron esos organismos.

        Actualmente se dispone de una secuencia de las temperaturas que refleja el cambio climático a escala global hasta 2,3 millones de años.

        Columnas de hielo

        Al igual que las columnas de sedimentos marinos, las muestras extraídas del hielo polar ártico y antártico revelan las oscilaciones climáticas ocurridas en el pasado.

        Datación polínica

        Todas las plantas con flores producen granos de polen, que son casi indestructibles. Su conservación en turberas y sedimentos lacustres ha permitido elaborar secuencias detalladas de la vegetación y del clima del pasado. Las secuencias polínicas más conocidas son las que se elaboraron para el Holoceno de la Europa septentrional, cuya sucesión detallada de las zonas polínicas abarca los últimos 10.000 años.

        Datación faunística

        La datación faunística se ha aplicado a estudios del Pleistoceno. Se basa en el hecho de que muchas especies de mamíferos han evolucionado considerablemente en los últimos millones de años, surgiendo formas nuevas y extinguiéndose las antiguas. Pero el método, en la práctica, es muy impreciso pues especies extinguidas en un área pueden haber seguido existiendo durante mucho tiempo en otra.

        3.- La reconstrucción del paleoambiente y la subsistencia

        A) Reconstrucción del paleoambiente

        La reconstrucción del medioambiente -condiciones del clima y del paisaje- es fundamental si queremos comprender cómo actuaban los individuos y las comunidades del pasado. Esta reconstrucción la podemos llevar a cabo con la ayuda de una serie de técnicas y métodos de otras ciencias, como la paleoclimatología, la geomorfología, la paleobotánica, etc.

        Paleoclimatología

        La paleoclimatología trata de reconstruir el paleoambiente a través de la climatología, es decir, conocer cómo ha sido el clima en la antigüedad. Esta información se obtiene a partir de las columnas de sedimentos de los océanos, columnas de hielo, etc.

        Los sedimentos del fondo oceánico se acumulan muy lentamente. En algunas zonas se componen principalmente de un cieno constituido por microfósiles, como las conchas de los foraminíferos del plancton. Las variaciones en la proporción de los isótopos 18 y 16 del oxígeno en el carbonato cálcico de esas conchas constituyen un indicador sensible de la temperatura del mar en la época en que vivieron esos organismos.

        Al igual que las columnas de sedimentos marinos, las muestras extraídas del hielo polar ártico y antártico también revelan las oscilaciones climáticas ocurridas en el pasado.

        Pero los isótopos igualmente nos dan información sobre las precipitaciones y, a través de éstas, sobre los vientos de la antigüedad.

        La geomorfología estudia las formas del paisaje y las variaciones que éste ha sufrido en épocas pasadas, así como la composición de los sedimentos, todo lo cual va a proporcionar información de índole económica sobre las comunidades antiguas. Actualmente, sería imposible analizar un yacimiento sin una investigación minuciosa de sus sedimentos y del paisaje circundante con objeto de conocer cómo se adaptó el hombre al territorio.

        Algunos de los efectos más importantes del cambio climático sobre el paisaje fueron producidos por la formación de glaciares, que han dejado huellas en zonas de montaña, como los Alpes y los Pirineos en Europa, donde se pueden observar los característicos valles en forma de U, con rocas desgastadas y estriadas y, en los límites del glaciar, los llamados depósitos morrénicos, que suelen contener rocas ajenas a la zona arrastradas hasta allí por el hielo.

        Otro de los fenómenos glaciares que proporciona información paleoclimática son las varvas. Los profundos lagos que rodeaban a los glaciares escandinavos recibían depósitos anuales de sedimentos tras el deshielo de la primavera. El grosor de los niveles variaba de año en año, produciendo un estrato grueso en un año cálido, debido al aumento de la fusión del glaciar, y un nivel fino bajo condiciones más frías.

        El estudio de los sedimentos (material depositado en la superficie de la tierra) y de los suelos (nivel superior y biológicamente maduro de esos sedimentos) puede darnos mucha información sobre las condiciones existentes cuando se formaron. La sedimentología nos permite conocer

        • la composición y textura de los diferentes sedimentos, que pueden incluir desde las texturas gravosa y arenosa, que drenan el agua con facilidad, hasta la textura arcillosa, que, en cambio, retiene el agua;

        • el tamaño de las partículas constituyentes de los sedimentos, que pueden ser guijarros, arenas o limos;

        • y el grado de consolidación del sedimento (desagregado o compactado).

        Una de las técnicas de estudio para el análisis de suelos consiste en aplicar una película fina de látex sintético a un perfil liso y limpio. Al secarse, el látex conserva una imagen de la estratigrafía, más fácil de examinar en detalle que el original.

        Los análisis de sedimentos pueden proporcionar datos sobre los procesos de deposición y erosión en el pasado. Por ejemplo, se ha estudiado en profundidad el modo en que se han erosionado los sedimentos de las laderas hasta acumularse en el fondo de los valles, dando lugar a desplazamientos de los asentamientos, de tal forma que las granjas de las laderas fueron abandonadas como consecuencia de la desaparición del suelo, a la vez que aumentaba el poblamiento en el fondo de los valles.

        Un tipo importante de sedimento que suele aparecer en muchas regiones del mundo es el loes, un polvo amarillento de finas partículas arrastradas por el viento y depositadas en terrenos libres de hielos, cuyo estudio ha sido muy importante para el conocimiento de la prehistoria europea, en especial los yacimientos de la cultura de bandas lineales de Europa central. El loes funciona como un indicador climático porque sólo se depositó en períodos de clima seco y relativamente frío, en el que las partículas finas de limo fueron arrastradas por el viento en un paisaje estepario, sin la suficiente vegetación o humedad para consolidar el sedimento.

        Los anillos de los árboles, al igual que las varvas, tienen un crecimiento que varía en función del clima, siente fuerte en primavera y debilitándose hasta desaparecer en invierno; cuanto mayor sea la humedad disponible, más grueso será el anillo anual. El estudio de una determinada serie de anillos puede proporcionar datos medioambientales de gran interés. El estudio de los anillos de los árboles y el clima (dendroclimatología) también ha avanzado gracias al empleo de rayos X para medir el tamaño de las células y su densidad, y estimar así la productividad medioambiental.

        Paleobotánica

        Por otra parte, la paleobotánica trata del estudio de las plantas con objeto de reconstruir la vegetación con la que se habría encontrado el hombre del pasado en un lugar y momento concretos. Estos estudios han adquirido un gran impulso a partir de los pasados años 80 del siglo XX.

        Hay dos categorías de restos vegetales que son objeto de análisis: microbotánicos y macrobotánicos.

        • Restos microbotánicos

          • análisis polínicos

          • análisis de cutículas fósiles

          • análisis de fitolitos

          • análisis de diatomeas

        • Restos macrobotánicos

          • análisis antracológicos (carbones)

          • análisis carpológicos (semillas)

          • análisis de residuos

        La palinología o estudio de los granos de polen proporciona información tanto cronológica como medoambiental de los yacimientos. Ofrece datos sobre las fluctuaciones de la vegetación a lo largo del tiempo. Las aplicaciones más conocidas del análisis polínico se centran en la época postglaciar u Holoceno, para la que se han delimitado una serie de zonas polínicas a lo largo del tiempo, cada una caracterizada por distintas comunidades vegetales (especialmente de árboles). Los estudios de polen también pueden proporcionar información sobre entornos tan antiguos como los de los sedimentos de Hadar y el valle de Omo, en Etiopía, con unos 3 millones de años de antigüedad, que ha permitido reconstruir el paisaje climático de esa época.

        Los granos de polen poseen una coraza exterior llamada exina que es casi indestructible y puede sobrevivir en ciertos sedimentos (cerámica, adobe, momias, coprolitos, incluso en los intestinos de los cuerpos conservados, etc.) durante decenas de miles de años. En los análisis polínicos se estudia bajo el microscopio y se identifica según su forma distintiva y el diseño de la superficie de las diferentes familias y géneros de plantas. Una vez cuantificadas, estas identificaciones se plasman en curvas de un diagrama polínico que muestra los porcentajes de cada familia.

        La palinología es especialmente útil para las regiones boscosas. Pero la reconstrucción de la vegetación antigua en entornos cubiertos de hierba, como los del África tropical, es más difícil por el hecho de que los granos de polen de las especies herbáceas son casi indistinguibles entre sí, incluso utilizando un microscopio electrónico de barrido. Para solventar esta dificultad se acude al análisis de las cutículas fósiles.

        La cutícula es la membrana protectora externa de la piel de hojas y briznas de hierba, compuesta de células de silicio de distintas formas y diseños, muy resistente a la acción del tiempo. Analizadas bajo el microscopio óptico o el electrónico, permiten reconstruir los cambios de la vegetación ocurridos a lo largo del tiempo.

        Una rama de los estudios microbotánicos con un gran desarrollo es la que se ocupa de los fitolitos. Son partículas diminutas de sílice procedentes de las células de las plantas y capaces de permanecer después de que el resto del organismo se haya descompuesto o quemado. Son corrientes en los hogares y niveles de ceniza, pero también aparecen en la cerámica, el yeso e incluso en los útiles líticos y en los dientes de los animales herbívoros.

        Otro método de reconstrucción medioambiental es el análisis de las diatomeas. Son algas unicelulares que poseen una envoltura de sílice que permanece tras la muerte del alga. Se acumulan en cantidades ingentes en el fondo de cualquier masa de agua en la que vivan las algas, conservándose en sedimentos lacustres y costeros.

        Proporcionan información sobre la salinidad, alcalinidad y nivel nutriente del agua, lo que permite determinar cuál era su entorno inmediato en épocas diferentes. También han sido utilizadas para indicar el momento en que los lagos se aislaron del mar en zonas de alzamiento tectónico, para localizar la situación de antiguas líneas de costa, para determinar las transgresiones marinas y para conocer la polución del agua.

        Las partículas de polen transportadas por el viento que se han quedado adheridas en la superficie de las rocas han formado una pátina de la piedra cuyo análisis puede proporcionar información sobre el cambio en las condiciones climáticas y sobre la abundancia de los diversos tipos de plantas de la vegetación inmediata.

        No obstante, esta técnica presenta dificultades debido a que las capas son tan finas que no es fácil distinguir su estratificación.

        Todas estas técnicas microbotánicas constituyen una esfera importante de investigación. Sin embargo, los arqueólogos tienen un contacto más directo con la evidencia medioambiental a través de los macrorrestos vegetales. Existen varios tipos de restos macrobotánicos que son potencialmente recuperables y que proporcionan una información importante sobre qué plantas crecieron en los alrededores de los yacimientos, cuáles fueron utilizadas y consumidas por el hombre, etc.

        La recuperación de los vegetales presentes en los sedimentos se lleva a cabo a través de las técnicas de criba (tamizado) y flotación, capaces de separar las partículas minerales de la materia orgánica debido a su distinto tamaño (criba) y densidad (flotación).

        La antracología, que se ocupa del estudio del carbón vegetal producido por la quema de la madera, ha contribuido a la reconstrucción arqueológica del entorno y del uso que el hombre hizo de esa madera. Una vez que los fragmentos de carbón vegetal han sido tamizados, clasificados y secados, el arqueólogo los puede examinar al microscopio e identificar su género y especie.

        Muchas de las muestras de carbón vegetal proceden de leña, pero otras pueden tener su origen en construcciones, muebles e instrumentos de madera quemados en algún momento de la historia de un yacimiento. Por tanto, las muestras reflejan la selección que hacía el hombre de la madera, más que la variedad de las especies que crecían en torno a un yacimiento.

        Pero no toda la madera que se analiza está carbonizada. Cada vez se recupera una mayor cantidad de madera anegada en yacimientos pantanosos. También madera desecada, que no esté quemada ni anegada, conservada bajo condiciones de frío o sequedad extremas.

        Arqueozoología

        Los restos de animales fueron la primera evidencia utilizada por los arqueólogos del siglo XIX para caracterizar el clima de las épocas prehistóricas. La razón de esta utilización fue porque en ciertos períodos, o faltaban, o existían, o eran especialmente abundantes distintas especies, y esta evidencia se suponía que reflejaba el cambio de las condiciones climáticas ocurridas.

        Al igual que con los restos vegetales, también aquí son objeto de estudio por parte del especialista dos tipos de restos: microfauna y macrofauna.

        • Microfauna

          • insectívoros, roedores y murciélagos

          • aves y peces

          • moluscos terrestres

          • moluscos marinos

          • gusanos e insectos

        • Macrofauna

          • herbívoros

          • carnívoros

        Al igual que los diminutos fragmentos de plantas tienden a ser de mayor importancia en los estudios medioambientales que los grandes, también los animales pequeños (microfauna) proporcionan mejores indicios del clima y el cambio ambiental que las especies mayores, ya que son sensibles a las oscilaciones y se adaptan con relativa rapidez, mientras que los animales grandes tienen un margen de tolerancia relativamente amplio. Además, dado que la microfauna tiende a acumularse de forma natural en un yacimiento, refleja el entorno inmediato con más precisión que los animales grandes, cuyos restos se amontonan debido a la predación animal o humana.

        Los restos de animales grandes encontrados en los yacimientos arqueológicos ayudan, sobre todo, a dar una idea de la dieta humana del pasado. Los huesos de animales muertos por el hombre o por otros animales carnívoros han sido seleccionados y, por tanto, no pueden reflejar con precisión toda la gama faunística presente en el entorno. En consecuencia, lo ideal es encontrar acumulaciones de restos de animales debidas a accidentes o catástrofes naturales, como por ejemplo animales atrapados en una inundación repentina o sepultados por una erupción volcánica.

        B) La reconstrucción de la subsistencia

        Introducción

        La subsistencia es la más elemental de las necesidades del hombre, y aunque el término incluye algunas veces al combustible y la ropa, éste se suele utilizar con el significado de la búsqueda de comida, documentada por los desperdicios de la preparación de alimentos, tanto vegetales como animales. Otra fuente importante de información sobre la dieta de los hombres del pasado nos la proporciona el estudio de los huesos humanos.

        Las causas que llevan a la presencia de animales en los yacimientos pueden ser alimentarias, para el consumo de la carne (no tienen porqué ser animales domesticados), para el aprovechamiento de las pieles, para la fabricación de útiles a partir de los huesos, para la fabricación de adornos (dientes), etc. Una pauta general a tener en cuenta es que normalmente los hombres no tienden a consumir animales carnívoros.

        Las evidencias directas del consumo de animales y plantas por los hombres del pasado nos las proporcionan los huesos y restos encontrados. Evidencias indirectas las podemos deducir a través de diferentes análisis:

        • por el análisis del estiércol;

        • aparición de insectos en el interior de recintos cerrados, indicio éste de que hubo estabulación;

        • concentraciones de roedores, que indican una acumulación de recursos agrarios;

        • también son indicadores de la acumulación de cereales la aparición de algunos insectos, como los gorgojos;

        • algunos moluscos terrestres se asocian a campos cultivados;

        • especies de pájaros, como el gorrión, nos indican la ocupación continuada de grupos de población humana; etc.

        Paleobotánica

        La gran mayoría de las evidencias vegetales que se recuperan en los yacimientos son restos macrobotánicos, por lo general desecados, anegados o conservados por carbonización. También pueden sobrevivir en lugares como letrinas, con elevadas concentraciones de sales. Estos restos suelen ser recuperados por flotación o por tamización (criba).

        Más que una gran cantidad de material recuperado en una parte del yacimiento (que únicamente refleja la situación del asentamiento en un momento determinado), el arqueólogo lo que en realidad precisa es un número mayor de muestras, aunque éstas sean de mucho menos volumen, de cada fase del yacimiento, para así conseguir información fiable sobre cuáles eran las especies explotadas, su importancia y su empleo durante la fase en cuestión. Una vez obtenidas las muestras suficientes, es necesario cuantificar los restos vegetales.

        Es fundamental tratar de entender el contexto en el que aparece una muestra vegetal, con objeto de poder llegar a conocer cuál era el uso que el hombre hacía de las plantas en la economías de caza y recolección y en la agricultura, así como qué plantas eran importantes en la dieta y cómo se recogían o cultivaban, procesaban, almacenaban y cocinaban. Todo esto significa comprender y conocer las diferentes etapas del procesamiento de las plantas, que en una economía agraria se compone de muchas etapas diferentes: siembra (a voleo o con la ayuda de un instrumento), cosecha (a mano o siega con hoz), escardado para quitar las malas hierbas, separación del grano y la paja mediante el trillado o golpeado contra un objeto fijo, rastrillado, aventado, criba (tosca o menuda), tueste y malteado, almacenaje, molienda, etc. Muchas de estas actividades están documentadas en nuestro pasado agrícola reciente y todavía pueden ser observadas a través de la etnografía o por medio de la experimentación.

        También pueden proporcionar ayuda en la reconstrucción de la dieta los restos microbotánicos.

        Los fitolitos (partículas diminutas de sílice), específicas de ciertas partes de la planta (de la raíz, tallo o flores) pueden dar información sobre la técnica concreta de siega o trilla empleada en cada especie, así como ayudar a diferenciar las especies silvestres de las domésticas; también permiten detectar la situación de campos de cultivo. Los fitolitos adheridos a los filos de las herramientas líticas pueden proporcionar información sobre las plantas en las que se utilizaron estos instrumentos, aunque puedan no haber formado parte de la dieta o haber sido recolectados para alimentación del ganado.

        Las impresiones de restos de plantas son bastante corrientes en la arcilla cocida y prueban, cuando menos, que la especie en cuestión estaba presente en el lugar donde se trabajó el barro. Sin embargo, hay que tener cuidado a la hora de interpretar estas improntas, pues no son representativas de la economía o de la dieta. Igualmente, la cerámica en la que se ha adherido una impronta de grano o semilla pudo ser desechada lejos de su lugar de fabricación; en otros casos, muchas de ellas fueron decoradas deliberadamente con impresiones de granos, quizás exagerando así la importancia de una especie.

        Las herramientas empleadas en el procesamiento de las plantas pueden ayudar a dar a conocer qué especies en cuestión se procesaron, así como el uso que se hizo de ellas. La simple presencia de cerámica, hoces o molinos de piedra prueba la existencia de cultivos cerealísticos y de un modo de vida agrícola y sedentario, aunque requieren de otras evidencias que los respalden, como restos de plantas domesticadas.

        El análisis de las huellas de uso del filo de un útil puede revelar si la herramienta fue utilizada para cortar carne, madera o alguna otra materia. El descubrimiento de fitolitos puede demostrar qué tipo de hierbas se cortaron con un útil.

        El análisis químico de las grasas conservadas en vasijas permite identificar a veces no sólo el “menú” sino incluso “recetas” concretas del pasado. Se ha demostrado, por ejemplo, que las ánforas del poblado fortificado alemán de la Edad del Hierro de Heuneburg contenían aceite de oliva y vino. En vasijas depositadas como ajuar en una tumba fenicia de Sexi (Almuñecar) pertenecientes al siglo VIII-VII a.C. se han encontrado restos de garum, generalmente asociado a la romanización de la península Ibérica (Manuel Carrilero Millán, Universidad de Almería).

        Muchas plantas sólo están disponibles en ciertas épocas del año y, por lo tanto, pueden dar información relativa a si la ocupación de un yacimiento era estacional o permanente. Las evidencias de almacenaje de alimentos pueden indicar que la ocupación de un yacimiento tenía carácter permanente.

        Arqueozoología

        El estudio de los huesos de animales encontrados en los yacimientos es un importante indicador de la dieta de los hombres del pasado. Este estudio, ya se trate de huesos de animales domesticados o salvajes, comprende una serie de aspectos que van desde la identificación de los huesos y la especie a que pertenecen, su cuantificación, la determinación del sexo y de la edad del animal en el momento en que fue sacrificado o aspectos relativos a la domesticación.

        Hay toda una serie de cuestiones que es necesario tener en cuenta antes de proceder al estudio de los restos encontrados en un yacimiento:

        • Cómo se han recuperado los restos. Es necesario saber de donde proceden tanto los restos recuperados por criba como los recuperados por flotación.

        • Definir bien cuál es el contexto de donde proceden esos restos.

        • Cuál es el porcentaje del yacimiento que ha sido excavado.

        • Tamaño de la muestra. El número de huesos recuperados, para que sea representativo, tiene que estar en relación con las características del yacimiento.

        • Características físicas de los sedimentos en los que han estado enterrados los huesos.

        • Si hubo manipulación intencionada por los hombres antiguos de los huesos o de las conchas (fragmentación intencionada de los huesos para extraer el tuétano).

        • Hay que tener en cuenta que no todas las especies se conservan igual ni todas tienen las mismas posibilidades de llegar hasta nosotros en las mismas condiciones.

        Todos estos factores de corrección hay que tenerlos en cuenta a la hora de proceder al análisis de los restos faunísticos. También hay que identificar las especies animales utilizando colecciones de referencia que nos permitan no sólo saber de qué especie se trata sino también las distintas partes del esqueleto recuperadas, con sus nombres. Finalmente, habrá que medir los huesos según unas pautas preestablecidas.

        El primer problema a determinar es si la presencia de restos faunísticos en un yacimiento se debe a la acción del hombre, o a otros depredadores, o a causas naturales; y si estos han sido sacrificados por el hombre para alimento o con fines no alimentarios (pieles para vestidos, huesos y astas para herramientas).

        Una vez que se han identificado todos los fragmentos de hueso posibles de un conjunto, es necesario cuantificarlos, tanto en relación al número de animales como al peso de la carne; la cantidad de carne que representa un hueso dependerá del sexo y edad del animal, la estación en que murió y las variaciones geográficas en cuanto al tamaño del cuerpo y a la nutrición. Un problema a tener en cuenta es el de la conservación: los huesos de mamíferos grandes sobreviven mejor que los de animales más pequeños; algunos tienen más huesos o dientes que otros; y el grado de fragmentación puede variar enormemente según la especie. Por lo tanto, contar el número de restos identificados (NRI) no basta, también se requiere el cálculo del número mínimo de individuos (NMI), es decir, la cantidad más pequeña de animales necesaria para justificar todos los huesos identificados, cuestión que no siempre es fácil de hacer. Es necesario determinar también la importancia relativa de la muestra de hueso en la dieta, es decir, deducir cuánta carne representa los huesos; así, por ejemplo, el conejo puede ser mucho más numeroso que el ciervo en la muestra de huesos analizada, pero éste habrá proporcionado mucha más cantidad de carne.

        Cuestión importante para hacer estudios de carácter económico es la de la determinación del sexo y edad del animal en el momento en que fue sacrificado, teniendo siempre en cuenta que se trata de animales sacrificados por el hombre para su consumo o para empleo de alguna de sus partes. Los porcentajes entre machos y hembras permiten hacer análisis de tipo económico; estos porcentajes varían en función de que el rebaño se haya tenido para aprovisionamiento de carne, para explotar su leche, para lana, etc. Si el rebaño ha sido criado para explotar carne, entonces los machos son sacrificados jóvenes, que es cuando mejor carne tienen.

        La determinación del sexo es fácil en aquellos casos en los que sólo los machos tienen astas (los ciervos), grandes caninos (el cerdo) o en los que exista un hueso peniano (el perro), o la hembra tenga una estructura pélvica diferente. Las medidas de ciertos huesos pueden proporcionar información, en función de que en muchas especies las hembras son más pequeñas que los machos.

        Se puede establecer la edad de un animal a partir de rasgos como el grado de cierre de las suturas craneales. O por la erupción y desgaste de los dientes. Las cuernas son un elemento indispensable tanto para determinar el sexo como la edad del animal; las cuernas de los machos jóvenes en principio podrían parecerse a las de las hembras, pero hay una serie de datos que nos permiten diferenciarlas.

        La determinación de la edad proporciona una perspectiva de las preferencias dietéticas y las técnicas de explotación, pero la estación de la muerte también es un factor crucial. Formas de estudiar la estacionalidad son, por ejemplo, la identificación de especies sólo disponibles en ciertas épocas del año, o que mudan los cuernos en una estación determinada. Conociendo en qué momento del año nacen las crías de una especie, los restos de fetos o los huesos de recién nacidos pueden indicar con precisión la estación de ocupación.

        La domesticación es la manipulación que hace el hombre de animales salvajes para, a través de cambios genéticos, dar lugar a animales domésticos. El problema está en interpretar cuando un hueso pertenece a un animal doméstico o salvaje.

        Los huesos y dientes son los restos faunísticos que aparecen con mayor abundancia en los yacimientos arqueológicos. Tradicionalmente se determina la domesticación a partir de cambios morfológicos como la reducción del tamaño de la mandíbula y el creciente agrupamiento de los dientes. Pero éstos no son criterios totalmente fiables por cuanto todavía se ignora cuánto tiempo tardaron en producirse esos efectos desde el momento en que se inició el proceso de domesticación.

        Otros cambios debidos a la domesticación se producen en la piel o la lana, diferente por ejemplo en la oveja doméstica y salvaje.

        Otro enfoque ha consistido en estudiar los cambios en poblaciones de animales en lugar de en los individuos. La introducción de animales domésticos en zonas donde sus antepasados salvajes no eran autóctonos es uno de los criterios de la intervención humana que se suele utilizar.

        Ciertas herramientas pueden indicar la presencia de animales domésticos -por ejemplo, arados, yugos, arreos de caballos-. O la aparición de un animal en un contexto inusual, como por ejemplo un perro en un enterramiento humano.

        También el arte es especialmente revelador respecto a la domesticación, con representaciones de animales domésticos.

        Las deformaciones y las enfermedades también pueden proporcionar datos convincentes sobre la domesticación. Cuando son utilizados para la tracción, los caballos, el ganado vacuno y los camellos sufren algunas veces de deformaciones en sus extremidades inferiores debidas al esfuerzo.

        4.- La identificación de las poblaciones humanas: el análisis paleoantropológico

        Uno de los principales objetivos de la arqueología es recrear la vida de los hombres que generaron el registro arqueológico. De ahí que el estudio de los restos físicos del hombre del pasado tenga que ser uno de los aspectos importantes de la investigación. Esta investigación debe llevarla a cabo en gran medida el especialista en antropología física más que el arqueólogo, quien deberá de interpretar los datos proporcionados por el antropólogo.

        El estudio de las poblaciones antiguas comprende aspectos como:

        • Estudio de los restos óseos

          • Características físicas de los individuos

          • Determinación del sexo

          • Determinación de la edad

          • Determinación de la altura y peso

          • Paleopatologías

        • Estudio sobre

          • Relaciones de parentesco

          • Pautas de conducta

          • Análisis de las huellas de pisadas

          • Análisis de los coprolitos humanos

        • Recuperación, estudio y conservación de los restos que llegan hasta nosotros

        El primer paso consiste en determinar las características físicas de los restos humanos que han llegado hasta nosotros. Esto es relativamente fácil cuando se dispone de cuerpos intactos, de esqueletos completos o de cráneos. Más especialización se requiere cuando se trata de huesos sueltos o de fragmentos. En casos como los enterramientos múltiples y fragmentarios o las cremaciones es necesario establecer el número mínimo de individuos a partir de las partes del cuerpo que son más abundantes.

        No sólo han permanecido intactos las momias que han sido tratadas intencionadamente; también se han conservado intactos cuerpos que se han desecado, congelado o conservado en la turba de forma natural. Estos cuerpos revelan características como la longitud, tipo y color del pelo; el color y marcas de la piel, como arrugas y cicatrices; tatuajes; etc. En circunstancias excepcionales pueden sobrevivir las rayas de las yemas de los dedos que dan lugar a las huellas dactilares y las líneas correspondientes de la planta del pie.

        Incluso cuando el cuerpo ha desaparecido, algunas veces pueden sobrevivir evidencias. Es el caso de las improntas dejadas por los cuerpos de los habitantes de Pompeya tras la erupción del Vesubio en el año 79 d.C., a medida que se descomponían dentro de sus envolturas de ceniza volcánica endurecida. Los modernos moldes de yeso de esos cuerpos muestran no sólo su apariencia física general, peinado, vestimenta y postura, sino también detalles sutiles como la expresión del rostro en el momento de la muerte.

        También se pueden detectar cuerpos desaparecidos por otros medios. En Sutton Hoo, Inglaterra, el ácido suelo arenoso ha destruido la mayor parte de los restos dejando únicamente una mancha sombreada en el suelo. Si esas huellas son sometidas a una luz ultravioleta, el “hueso” que contienen se hace fluorescente y puede ser registrado fotográficamente. Los aminoácidos y otros productos de la descomposición orgánica, en la tierra, pueden ayudar a identificar el sexo y el grupo sanguíneo de estos “cadáveres” invisibles.

        La evidencia física directa sobre el hombre también procede del arte antiguo, de una gran importancia cuando lo que se quiere es reconstruir el aspecto del ser humano.

        Sin embargo, la gran mayoría de los restos humanos adoptan la forma de esqueletos y fragmentos de huesos, que proporcionan una gran cantidad de información.

        Para la determinación del sexo, suele ser fácil a través de los genitales cuando se trata de cuerpos intactos o de representaciones artísticas. Si éstos no están presentes, los caracteres secundarios como pechos, barbas y bigotes son indicadores fiables. Otro caso evidente es el del enterramiento de una mujer con el feto.

        En relación con los esqueletos humanos y restos de huesos, el mejor indicador del sexo es la forma de la pelvis. Pero también la determinación del sexo se hace por las diferencias entre determinados huesos de hombres y mujeres toda vez que, dentro de individuos del mismo grupo, los huesos del hombre son más grandes, largos y robustos que los de las mujeres y tienen unas señales de musculatura más desarrolladas. La mujer posee un esternón más corto y los hombres poseen cráneos más grandes, y mandíbula y dientes también más grandes.

        En el caso de fragmentos de huesos demasiado pequeños o desgastados se acude a métodos muy desarrollados basados en análisis químicos. Entre la pubertad y la menopausia, los huesos femeninos tienen un nivel de citrato (sal del ácido cítrico) más alto que los masculinos.

        Por lo que respecta a los niños, la determinación del sexo presenta más dificultades que en el caso de los adultos. Un relativo éxito lo pueden representar las mediciones dentales, toda vez que el proceso de dentición es más rápido en las niñas que en los niños en individuos de la misma edad.

        Los mejores indicadores para establecer la edad son los dientes. A través de ellos se estudia la erupción y sustitución de los dientes de leche, la secuencia de aparición de la dentición permanente y, por último, el grado de desgaste.

        Para el estudio de poblaciones más remotas se recurre al microscopio electrónico de barrido para estudiar el esmalte dental. Éste crece a un ritmo regular y mensurable y sus líneas microscópicas de desarrollo forman estrías que pueden ser contadas. En las poblaciones actuales surge una nueva estría cada semana, aproximadamente, y hay que suponer un ritmo similar de crecimiento en nuestros antepasados homínidos.

        Los huesos también son utilizados para la determinación de la edad. La secuencia fija en la que los extremos de las articulaciones (epífisis) se fusionan con el hueso son un indicador temporal que puede ser aplicado a los restos de individuos jóvenes: la clavícula se suelda entre los 18 y los 30 años y el sacro (base de la espina dorsal) se une entre los 16 y los 23 años. Un importante indicador de la edad es el grado de fusión de las suturas entre los huesos de la bóveda craneana.

        El análisis de fragmentos óseos a través del microscopio es otro procedimiento adecuado para saber la edad (niño, joven, adulto, senil) de una persona. A medida que envejecemos la estructura de nuestros huesos cambia de un modo claro y mensurable.

        Una vez estimada la edad de una muestra, se puede calcular la duración media y máxima de la vida de esa comunidad. Así, por ejemplo, se ha calculado que los neanderthales más viejos morían antes de llegar a los 50 años y la mayor parte de ellos antes de los 40. También la mujer en la prehistoria tenía más probabilidades de morir antes que el hombre, sin duda debido a los peligros del parto.

        La altura es fácil de calcular si el cuerpo se conserva en su totalidad. Pero también es posible determinar la estatura en base al tamaño de ciertos huesos largos, especialmente los de las piernas. También se pueden utilizar los huesos de los brazos, como en el caso del hombre de Lindow, que carecía de piernas. Las huellas de los pies igualmente puedan dar una buena orientación, dado que se considera que la longitud del pie en el varón adulto equivale al 15,5 % de su estatura.

        Teniendo en cuenta que el peso en seco equivale al 25-30 % del peso en vida, éste es fácil de calcular en cuerpos intactos. También la altura puede servir de orientación para calcular el peso de un individuo.

        La paleopatología (estudio de las enfermedades antiguas) nos dice mucho más sobre la vida de los hombres antiguos que sobre su muerte, lo cual resulta beneficioso para el arqueólogo.

        Dado que la mayoría de las enfermedades infecciosas no suelen dejar huellas detectables en los huesos, sólo se puede realizar un exámen exhaustivo de las enfermedades antiguas en aquellos cuerpos que conserven tejidos blandos. A veces, el tejido superficial puede revelar evidencias de enfermedades como eczemas o afecciones similares. Por lo que respecta a los tejidos internos, hay que recurrir a los rayos X y métodos modernos para conseguir información.

        En ocasiones se pueden estudiar tejidos blandos que ya no existen, como es el caso de las huellas de pies y manos y las estampaciones de las manos sobre las paredes o rocas. Se han conservado huellas dactilares en fragmentos de loes cocido de un yacimiento del paleolítico superior en Checoslovaquia. La cueva pintada de finales del Würm de Maltravieso tiene unas 30 estampaciones de manos, algunas de las cuales carecen del dedo pulgar y de las articulaciones del meñique, que han sido interpretadas como una mutilación ritual.

        Cuando sobreviven tejidos blandos, por lo general se pueden encontrar parásitos de algún tipo. Así, en las momias egipcias se han encontrado una gran variedad de plagas, como parásitos causantes de la disentería amébica, y muchos inquilinos intestinales. Una importante fuente de información sobre los parásitos son los coprolitos humanos; los huevos de los parásitos salen en las heces encerrados en duras cáscaras, sobreviviendo de este modo.

        La genética permite un conocimiento sobre algunas enfermedades que dejan huellas en el ADN, como es el caso de la viruela y la polio.

        El material óseo es mucho más abundante que los tejidos blandos conservados y puede revelar mucha información de carácter patológico. El ser humano repite numerosas actividades y tareas continuamente a lo largo de su vida y muchas veces éstas causaron efectos en el esqueleto que se pueden analizar e interpretar. Así, se ha sugerido que la posición en cuclillas era un rasgo habitual entre los neanderthales, a partir de la elevada frecuencia de un ligero aplanamiento de las epífisis del fémur. También se cree que las articulaciones deformadas del tobillo de las momias femeninas prehistóricas de Arica, en la costa chilena, se deben a haber trabajado agachadas, quizá mientras abrían crustáceos en la playa.

        Llevar cargas puede producir cambios degenerativos en la parte inferior de la columna. En los poblados argáricos es común detectar artrosis en las cervicales debido al peso que tenían que subir, al estar la mayor parte de estos poblados situados en alturas. El análisis sobre los restos humanos del primitivo asentamiento agrícola de Tell Abu Hureyra, en Siria, revela que los huesos del tobillo y el dedo gordo del pie presentan un pulido atribuible a arrodillarse y empujar con la punta del pie al moler los cereales.

        Algunas enfermedades también dejan huellas muy claras en los huesos. La lepra, por ejemplo, erosiona los huesos del rostro y las extremidades de un modo característico. Ciertos cánceres también tienen un efecto perceptible en los huesos.

        La evidencia arqueológica más común e impresionante por lo que respecta a las técnicas médicas es el fenómeno de la trepanación o extracción de un trozo de hueso del cráneo, probablemente para aliviar la presión sobre el cerebro causada por una fractura craneal o para combatir dolores de cabeza o la epilepsia. Se conocen más de 1.000 casos y en más de la mitad de ellos la curación del individuo había sido completa.

        En ciertos casos es posible determinar el grado de parentesco entre dos individuos comparando la forma del cráneo o analizando el cabello. También averiguando el grupo sanguíneo a partir de los huesos y otros tejidos. Los nuevos trabajos en genética permiten averiguar las relaciones familiares mediante el análisis del ADN.

        Para el análisis de las huellas de pisadas, los ejemplares más famosos son los rastros descubiertos en Laetoli, Tanzania, por Mary Leakey, dejadas por homínidos hace unos 3,6-3,75 millones de años. Caminaron por un trecho de ceniza volcánica mojada que luego se endureció y sobre la que quedó la impronta de las pisadas. El análisis de las huellas dio como resultado que estos homínidos (probablemente australopithecos) caminaban ya erguidos; la longitud de la zancada indicaba que habían caminado lentamente.

        El análisis de coprolitos ha demostrado ser una fuente de información muy importante respecto a lo que comían los individuos en el pasado. En ellos se reconocen fragmentos de hueso, fibras vegetales, partículas de carbón, semillas y restos de pescado, aves, e incluso insectos, así como fragmentos de cáscaras de moluscos, huevos y nueces.

        Tema 5.- EL ANÁLISIS DE LABORATORIO. II

        1.- Técnicas de laboratorio para el estudio de los artefactos

        Una primera diferenciación sobre los materiales es aquélla que los divide en ecofactos y artefactos. Los ecofactos son aquellos materiales que se encuentran en la naturaleza y que el hombre utiliza sin modificarlos. Los artefactos son aquellos materiales producto de la actividad humana, modificados o construidos por el hombre para su utilización. Una segunda diferenciación es la que distingue a los artefactos en construidos de materiales naturales o artificiales. Los materiales naturales son los que se encuentran en la naturaleza sin que sobre ellos se haya producido ninguna transformación antes de la realizada por el hombre (piedra, hueso, madera, lana, etc.); mientras que los materiales artificiales son producto de la actividad humana (metal, vidrio, cerámica).

        El registro arqueológico está formado en una gran parte por artefactos, es decir, por instrumentos fabricados por el hombre. Para su estudio hay que tener en cuenta diversos aspectos, entre los que el primero es estudiarlos desde una perspectiva arqueológica y desde distintos enfoques: análisis arqueológico, etnográfico y experimental.

        A) Materiales naturales

        Piedra

        La piedra es el útil más común en el registro arqueológico, desde los primeros utensilios reconocidos hace unos 2,5 millones de años, hasta la adopción de la alfarería, hace unos 12.000 años. Buena parte de la piedra de los útiles primitivos fue recogida, bien en lechos de corrientes de agua o en otros puntos del paisaje; pero los lugares de origen más visibles arqueológicamente son las minas y canteras.

        Las minas más famosas son las de sílex del Neolítico de varias regiones del norte de Europa (Bélgica, Inglaterra, Polonia). Su excavación ha revelado una mezcla de minería a cielo abierto y en pozos, según el terreno y la situación del filón, apreciándose un alto grado de conocimientos técnicos por parte de los hombres antiguos para omitir las vetas mediocres y concentrarse en las de mejores materiales. Se abrían pozos de hasta 20 m de profundidad, de donde partían galerías radiales, para llegar al sílex de mejor calidad. Las galerías, una vez agotadas, eran rellenadas con los desechos procedentes de las nuevas. Un cálculo aproximado de la mina de sílex neolítico de Grimes Graves, en Inglaterra, sugiere que el yacimiento pudo haber producido 28 millones de hachas de sílex, mientras que la mina de Rijckholt, en Holanda, pudo haber proporcionado el sílex suficiente para elaborar la asombrosa cifra de 153 millones de hachas. A veces, las superficies rocosas se calentaban al principio con fuego, enfriándolas luego con agua.

        Respecto a las canteras, hay objetos inacabados o piedras abandonadas que ayudan a hacer reconstrucciones tecnológicas de cómo se efectuaba la extracción. Los ejemplos más representativos son las canteras de estatuas de la isla de Pascua y la cantera de obeliscos de Assuan, en Egipto.

        Unido al procedimiento de extracción del material está el de elaboración de los útiles líticos. En la mayoría de los casos, éstos se elaboraban quitando material de un canto o “núcleo” hasta que se conseguía la forma deseada; las lascas extraídas del núcleo también eran utilizadas como cuchillos, raspadores, etc. Las primeras herramientas reconocibles son simples choppers y lascas elaboradas mediante percusión de los cantos para obtener filos cortantes, de los que los ejemplos más conocidos son los llamados útiles olduvayenses, procedentes de la garganta de Olduvai, Tanzania. Tras centenares de miles de años, el hombre primitivo avanzó hasta tallar las dos caras del útil, produciendo el bifaz achelense, con filos cortantes bien trabajados. El avance siguiente, hace unos 100.000 años, llegó con la aparición de la “técnica Levallois” -un yacimiento de los suburbios de París donde fue identificada por primera vez- en la que el núcleo era trabajado de tal modo que se podían extraer grandes lascas de forma y tamaño decididos de antemano. Hace unos 35.000 años, en el paleolítico superior, la tecnología de base laminar se convirtió en la predominante; de un núcleo cilíndrico, con un punzón y un percutor, se extraían láminas largas y de bordes paralelos, de donde más tarde, una vez retallados y retocados, se podían elaborar una mayor variedad de útiles especializados (raspadores, buriles, perforadores). Con esta técnica se desperdiciaba menos materia prima y se obtenía una mayor longitud de filo cortante; se han hecho cálculos sobre la cantidad de filo cortante que se hubieran obtenido de 500 g de materia prima, utilizando cada una de las técnicas descritas, resultando:

        Tecnología Longitud de filo obtenido

        Olduvayense 5 cm.

        Achelense 20 cm.

        Musteriense (Paleolítico medio) 100 cm.

        Gravetiense (Paleolítico superior) 300-1.200 cm.

        Esta tarea hacia la consecución de un mayor ahorro de materia prima tiene su punto máximo en el Mesolítico, hace unos 10.000 años, con el predominio de los microlitos, diminutos utensilios líticos, muchos de los cuales fueron utilizados como barbas en armas compuestas.

        Otra cuestión es la de la función para la que se construyó un útil determinado. La única prueba directa de la función de un útil es el estudio de las diminutas huellas de desgaste que quedan en el utensilio. No obstante, hay que pensar que un único útil pudo ser utilizado con propósitos muy distintos y, a la inversa, la misma tarea se puede realizar con diferentes herramientas. El paso decisivo en el estudio de las huellas de uso llegó con la publicación en 1957 de los trabajos del ruso Semenov, que había experimentado durante décadas con el microdesgaste de los útiles primitivos.

        Las técnicas de fabricación podemos conocerlas a través de las huellas de manufactura, por representaciones artísticas, pero sobre todo a través de la arqueología experimental. La reproducción de un útil ha de hacerse utilizando la misma tecnología que los grupos que lo fabricaron.

        Hueso, asta, concha y piel

        Una gran parte de las marcas del registro arqueológico está compuesta por artefactos que utilizan el hueso, el asta o la concha para su fabricación; menos evidencias quedan de restos de pieles al ser éste un material que se degrada más fácilmente con el tiempo. Una cuestión a determinar es si las alteraciones producidas en el hueso o en las conchas han sido hechas por el hombre de manera intencionada o por el contrario son producto de la acción del tiempo. El sentido común lleva a pensar que se habrían utilizado como herramientas huesos sin trabajar; de modo similar, algunos objetos frágiles, como las cochas, pueden tener perforaciones que no sean artificiales sino naturales; para resolver esta cuestión es importante basarse en el contexto del hallazgo.

        Una vez que sepamos que un objeto ha sido fabricado por el hombre de forma artificial, el siguiente paso es tratar de conocer la técnica de fabricación. En la mayoría de las ocasiones el método de manufactura no suele ser evidente. En el caso del hueso, es importante saber el soporte del que se ha fabricado el instrumento: metápodos (huesos del pie), costillas de herbívoros de gran tamaño, pelvis, etc. Otro medio para determinar los métodos de fabricación de las herramientas de hueso es el análisis de las huellas de uso utilizando el microscopio electrónico de barrido, en combinación con la arqueología experimental.

        La arqueología experimental y el estudio de las huellas de uso son muy efectivos también para ayudar a deducir la función para la que fueron fabricados los artefactos sobre materias orgánicas. Una cuestión problemática y muy discutida es la función de los bastones de asta perforados del Paleolítico Superior europeo; la hipótesis ortodoxa es que servían para enderezar azagayas, pero hay otras muchas hipótesis que van desde que eran estacas de tiendas a piezas de arnés.

        Madera

        La madera es uno de os materiales orgánicos más importantes y versátiles, y debió ser utilizada para fabricar instrumentos y para la construcción. Pero la madera es un material difícil de conservar pues se deteriora con facilidad; sólo puede sobrevivir bajo circunstancias muy especiales: o bien en lugares muy húmedos o muy secos. En el árido entorno del antiguo Egipto, por ejemplo, se han conservado numerosas herramientas agrícolas de madera (rastrillos, azadas, palas, hoces), muebles, armas, juguetes y útiles de carpintería. Pero ha sido la madera empapada, conservada en lagos y otros lugares húmedos, la que ha proporcionado la información más valiosa respecto a las técnicas del trabajo en madera.

        Son frecuentes los objetos de gran tamaño construidos en madera, como los ataúdes de troncos de la Edad del Bronce de la Europa septentrional, cámaras mortuorias, puentes, viviendas, caminos, y especialmente una gran diversidad de vehículos con ruedas: carros, carretas, carruajes, carros de guerra, etc., pues hay que pensar que hasta la aparición del ferrocarril y del vehículo a motor todo el transporte rodado estaba hecho en madera.

        Pero fue en la construcción naval donde la tecnología de la madera alcanzó una gran expansión. Hasta el siglo XIX todos los botes y barcos estaban hechos principalmente de madera, y tal vez en ningún otro campo de la tecnología preindustrial lograron los artesanos del mundo tanta maestría como en la construcción de todo tipo de naves, desde pequeños botes fluviales hasta grandes barcos de navegación transoceánica.

        Fibras vegetales y animales

        La fabricación de recipientes, tejidos y cuerdas de piel, corteza y fibras textiles se remonta a los períodos arqueológicos más antiguos, pero estos frágiles materiales sobreviven raras veces; al igual que la madera, sólo se conservan en condiciones de gran aridez o humedad.

        Respecto a los tejidos, la cuestión más importante a investigar es cómo se fabricaban y con qué instrumentos.

        El análisis de las huellas de uso también ha sido aplicado a tejidos y fibras. Utilizando el microscopio electrónico de barrido se ha visto como los diversos tipos de roturas, daños y desgastes dejan señales en las distintas clases de fibras; las marcas de cuchillo se suelen distinguir con facilidad de las producidas por esquiladoras y tijeras.

        B) Materiales artificiales

        Por lo que respecta a los materiales artificiales o sintéticos, el desarrollo de la tecnología para su fabricación hay que estudiarla desde el punto de vista del dominio del fuego. Hasta fechas recientes, casi todos los materiales sintéticos dependían del control del calor y generalmente el desarrollo de nuevas tecnologías se ha basado en gran medida en el logro de temperaturas cada vez más elevadas bajo circunstancias controladas.

        Ya en el Paleolítico Superior se elaboraron esporádicamente figurillas de arcilla cocida, consistentes en figuras modeladas de animales y seres humanos. Un avance significativo se produjo en el Neolítico inicial del Próximo Oriente, en torno al 8000 a.C., con la construcción de hornos especiales utilizados tanto para secar los granos de cereal como para cocer el pan. A través de estas primeras experiencias pirotecnológicas posiblemente se descubrió la posibilidad de hacer cerámica cociendo arcilla. En principio, la cerámica se elaboraba con una cocción a fuego abierto en la que las condiciones “reductoras” se lograrían limitando la entrada de aire y añadiendo leña sin quemar.

        A partir de los hornos de alfarero, en los que una entrada controlada de aire podía generar temperaturas de 1.000-1.200 ºC, se descubriría la fundición del cobre, a la que siguió la tecnología del bronce tras alear cobre y estaño. Tras ésta, superados los problemas de control de las temperaturas, surgiría la tecnología del hierro (punto de fusión, 1.540 ºC).

        Hay, por tanto, una secuencia lógica en la adopción de nuevos materiales determinada por la temperatura alcanzable. En general, la producción de vidrio y fayenza -un tipo de “precristal”- aparece en una época muy posterior a la cerámica, pues son necesarios unas temperaturas mayores y un mejor control, tecnología que surge con la elaboración del bronce.

        Cerámica

        El hombre del Paleolítico, aunque aún no fabricase cerámica, podría haberlo hecho, pues cualquier fuego encendido en el suelo de una cueva habría endurecido la arcilla circundante; de hecho, a veces elaboró figurillas de terracota. La inexistencia de vasijas de cerámica antes del Neolítico es consecuencia, sobre todo, del modo de vida itinerante de los cazadores-recolectores del Paleolítico, para quienes una pesada vajilla de arcilla cocida habría sido de poca utilidad. La aparición de la cerámica coincide con la adopción de un modo de vida sedentario en el que vasijas y recipientes duraderos y fuertes son una necesidad.

        La cerámica, casi indestructible, está tan omnipresente a partir del Neolítico como los instrumentos líticos en el Paleolítico, y así como algunos yacimientos proporcionan miles de utensilios de piedra, otros contienen, literalmente, toneladas de fragmentos de cerámica. Esto es debido sobre todo a la fácil accesibilidad del material de que está hecha la cerámica; la materia prima -la arcilla- se encuentra fácilmente en todas partes y muy especialmente en el Mediterráneo. Pero es que además la arcilla es muy dúctil, se puede malear con mucha facilidad, lo que hace que se pueda utilizar para la construcción de infinidad de elementos vinculados con la preparación, conservación, transporte y consumo de alimentos.

        Metal

        Tradicionalmente se consideraba que las técnicas metalúrgicas se habían difundido a Europa desde las culturas más avanzadas del Próximo Oriente. Pero estudios más recientes ponen de manifiesto que pudo haber tres posibles núcleos independientes: el Próximo Oriente, los Balcanes y, posiblemente, la península Ibérica (en Rudna Glava, Servia, junto a uno de los meandros del río Danubio, se encuentra la mina más antigua de cobre documentada hasta la fecha).

        El invento de la metalurgia llegará cuando el hombre sea capaz de separar el mineral puro de la piedra con la que está mezclado. Ese proceso no sabemos como se descubrió: pudo ser de forma accidental al caer una de estas piedras al fuego y observar los cambios que se produjeron en ella.

        El cobre aflora en la superficie con una serie de minerales fácilmente distinguibles por el color. Normalmente aparece en distintos estratos: la parte superficial suele coincidir con metales de cobre oxidados; después hay una parte de transición, donde suele estar el nivel hidrostático, por debajo del cual se encuentran los sulfuros de cobre: pirita o calcopirita. Las primeras minas de cobre van a explotar sólo la parte superficial, donde el cobre se encuentra mezclado con rocas de color verde -malaquita- o azul -azurita-. Conforme los filones de esta capa superficial se vayan agotando, se empieza a profundizar en el terreno buscando las vetas de sulfuro de cobre, pirita o calcopirita, que presentan un color parduzco.

        El cobre, por sí solo, es un mineral blando al que no se puede sacar filo, sólo se endurece a base de martillearlo sucesivamente después de calentarlo una y otra vez. Pero, en su proceso de experimentación, el hombre se da cuenta que si mezcla el cobre con otros metales, éste adquiere dureza; el primer mineral que va a utilizar para alearlo con el cobre será arsénico (durante la Edad del Cobre y primeros años de la Edad del Bronce, los instrumentos utilizados serán de cobre arsenicado). El siguiente paso será alearlo con estaño, lo cual representará otra revolución tecnológica, dando lugar al bronce, mucho más duro que el cobre, al que se le puede sacar filo. A partir de este momento, la península Ibérica, rica en mineral de estaño, va a jugar un papel importante (cultura de Tartesos).

        La metalurgia es una de las mayores novedades tecnológicas del Neolítico. Al coincidir con el nacimiento de las sociedades complejas, muchas veces la metalurgia se ha utilizado como argumento causal del nacimiento de la desigualdad. Sea o no verdad, la tecnología metalúrgica, junto con el comercio, son aspectos claves de la formación de las sociedades complejas.

        En el sureste de Europa, la metalurgia tiene un foco, los Balcanes, con unas características peculiares e independientes del Próximo Oriente en fechas tan antiguas como las de Anatolia. Por eso se piensa que los Balcanes son un foco metalúrgico independiente que está produciendo metal ya en el V milenio a.C. Desde los Balcanes, la metalurgia se extenderá hacia los Alpes y hacia Italia, donde aparecerá otro foco en el III milenio que influirá en Francia, desde donde pasará a Cataluña. En las mismas fechas en que se forma el foco de Italia, en los Millares aparece otro foco independiente, si no de invención, sí de desarrollo de la metalurgia.

        Tras la metalurgia del cobre y del bronce, en torno al año 1000 a.C., hace su aparición en grandes cantidades el hierro en el Próximo Oriente, aunque hay evidencias de haberse trabajado bastante antes, sobre todo en la Anatolia hitita.

        Fayenza y vidrio

        Los materiales vítreos son relativamente nuevos en la historia de la tecnología. El primero en aparecer fue la fayenza, un “previdrio” que se fabricaba revistiendo un núcleo de cuarzo pulverizado con un barniz alcalino vítreo. Fue muy utilizada en el Egipto dinástico para realizar abalorios y pendientes. Su principal importancia arqueológica reside en los datos que puede proporcionar respecto a la procedencia y lugar de origen de adornos concretos.

        En torno al 2500 a,C, se fabricaron en Mesopotamia las primeras cuentas de vidrio auténtico. Una vez descubierta su técnica, el vidrio es de fabricación fácil y barata: consiste en fundir arena y enfriarla de nuevo; el líquido se enfría sin cristalizar, por lo que queda transparente. El problema a resolver era el elevado punto de fusión del sílice (material del que se compone la arena), a 1.723 ºC; si se le añade un fundente, como sosa o potasa, la temperatura desciende (la sosa la reduce a 850 ºC), pero el resultado es un vidrio de calidad bastante mala. Por un sistema de ensayo o por error se debió descubrir que añadiendo también cal se produce un resultado mejor; la mezcla óptima es de un 75 % de sílice, un 15 % de sosa y un 10 % de cal.

        Sólo se pudo fabricar vidrio después de conseguir los medios de generar temperaturas muy elevadas. Esto se produjo en la Edad del Bronce, con la aparición de hornos de carbón vegetal para fundir el metal.

        2.- Tecnología y tipología del utillaje

        Cerámica

        En arqueología, el primer paso en el estudio de la cerámica es localizar el lugar de aprovisionamiento, el sitio de donde se ha extraído la tierra o el barro, lo que se consigue a través de análisis químicos. El lugar de aprovisionamiento generalmente suele estar cercano al asentamiento. Una vez obtenida la materia prima hay que transportarla al lugar de elaboración, momento a partir del cual comienza el proceso de fabricación propiamente dicho, cuyo primer paso es la preparación de la masa para moldearla.

        Al preparar la masa de arcilla se le añaden a ésta lo que se conoce como desgrasantes, que son rellenos o inclusiones incorporadas a la arcilla para dar a ésta una mayor consistencia y manejabilidad y para neutralizar cualquier rotura o comprensión durante la cocción. Los materiales más comunes añadidos a la arcilla como desgrasante son conchas trituradas, cerámica rota, arena, hierba, paja o fragmentos de esponja. Experimentos realizados han demostrado que las conchas trituradas y quemadas hacen que la arcilla sea más resistente que la arena gruesa al choque y al impacto calorífico; tras este desgrasante, el mejor es la arena fina, pues cuanto más menudo sea el desgrasante más resistente será la vasija.

        El moldeado y la cocción son los dos procesos fundamentales para la realización de una vasija. En un principio, el moldeado se hacía a mano. Este método consistía en ahuecar con las manos el centro de una bola de arcilla, dándole forma entre el pulgar y los dedos, o bien ir poniendo sucesivamente una serie de rollos o trozos; en ambos casos, primeramente se golpeaba el barro para acabar con las burbujas de aire que pudiesen quedarle.

        Otro sistema de fabricación es el de molde, característico en la península en la Edad del Cobre. El método consistía en introducir la arcilla en moldes, generalmente de esparto, dejándola secar al sol. Una vez seca se saca del capacho, quedando adherida a las paredes de la vasija la impronta del molde; a continuación se iguala la superficie, quitándole las huellas de esparto que pudiesen quedar (cuando se han hecho varias vasijas en un mismo molde, la arcilla adherida a las paredes de éste es mucho menor y hace que no queden improntas).

        Pero el sistema más común y utilizado es la elaboración en un torno o plato giratorio, técnica que aparecería después del 3400 a.C., como muy pronto, en Mesopotamia.

        El proceso siguiente es el de secado. Antes de cocerla, la vasija ya acabada se ha de secar con el fin de eliminar el agua acumulada en el proceso de moldeado. El secado se puede llevar a cabo al aire libre o en cobertizos calentados especialmente. Durante el secado, a consecuencia de la pérdida de agua, la vasija se encoge, lo que causa una presión que puede terminar agrietándola. El proceso de secado concentra también en la superficie de la vasija las sales disueltas que, en el caso de las vasijas cerradas, puede afectar al color durante la cocción.

        La cocción es el paso más importante en el proceso de fabricación de una vasija. Mediante la cocción se transforman los minerales de la arcilla en un material nuevo, la cerámica. Los cambios físicos y químicos necesarios para esta transformación suelen tener lugar alrededor de los 550-600ºC; la cerámica que no alcanza esta temperatura durante el proceso de cocción suele desintegrarse cuando se la sumerge en agua. Hay dos modalidades de cocción:

        A cielo abierto. Las vasijas y el combustible entran en contacto directo, amontonándose sobre el suelo o en un hoyo excavado al efecto en el terreno. El método habitual consiste en amontonar las vasijas sobre una capa de combustible, además de mezclar éste dentro y alrededor de la cerámica, cubriendo incluso el montón con más combustible o con una capa de fragmentos de cerámica procedentes de cocciones anteriores. La característica más notable de la cocción abierta es el rápido incremento de la temperatura desde el primer momento y su corta duración; la temperatura sólo tarda unos pocos minutos en alcanzar su intensidad máxima, pudiéndose retirar las vasijas ya cocidas al cabo de muy poco tiempo. Sin embargo, este sistema sólo permite la cocción de muy pocas vasijas de una sola vez.

        En horno. La cerámica y el carburante están separados en compartimentos distintos; la vasija suele estar en una cámara calentada por los gases y las llamas del combustible. La atmósfera de cocción produce efectos importantes sobre la pasta de la vasija cocida, especialmente en lo que respecta al color; éste depende sobre todo de los componentes de hierro y carbono que contenga la arcilla, así como de la duración, la temperatura y la atmósfera en que se produzca la cochura. Cuando la cochura se produce en un entorno oxidante, en el que se permite la circulación de aire dentro de la cámara, el carbono se quema produciendo dióxido de carbono, dando a las vasijas un color rojizo. Cuando la cocción se produce en un entorno cerrado, sin circulación de aire (o entorno reductor), el carbono no se quema del todo y queda visible en la pasta ya cocida, dando una coloración gris oscura o negruzca.

        Durante la Edad del Bronce peninsular se utilizarán sobre todo hornos cerrados con una cúpula y una abertura lateral para conseguir un ambiente oxidante; estos hornos podían ser de planta oval, circular o rectangular, muy parecidos a los que todavía se encuentran en muchos cortijos actuales; en ellos se consiguen temperaturas que pueden llegar hasta los 1.200 ºC. Los fenicios fueron los introductores de hornos con parrilla, es decir, dotados de una cámara de fuego interior que separa los objetos a cocer.

        Por sus formas, las vasijas se pueden clasificar de manera intuitiva, sin complejidad, valiéndonos para ello de la terminología utilizada en la vajilla tradicional. Según esto, se distinguen:

        • Vasijas de formas abiertas: escudillas, cuencos, platos, fuentes, cazuelas, lebrillos...

        • Vasijas de formas cerradas: vasos, tazas, jarros, ollas, botellas, cántaros, orzas...

        Las técnicas decorativas son muchas veces difíciles de distinguir unas de otras. La decoración se puede realizar:

      • Antes de la cocción

        • Incisión: es quitar arcilla con un punzón, quedando una decoración en relieve.

        • Boquique: cuando se marcan unos puntos dentro de las líneas de incisión.

        • Cardial: son marcas realizadas con una concha sobre la superficie de la vasija; es la primera cerámica que aparece en la península Ibérica, fabricada en el Neolítico antiguo.

        • Relieve: consiste en aplicar sobre la pasta fresca otro tipo de elementos de arcilla, como cordones y otro tipo de relieves, que pueden ser continuos o discontinuos.

        • Después de la cocción

          • Esgrafiada: consiste en rayar la superficie de la vasija con un objeto (generalmente con un punzón).

          • Por aplicación

            • Grafitada

            • Engobe

            • Pintada

            • Aplicaciones incrustadas (piedra, ámbar, metal).

            • El sistema de aprehensión consiste en elementos que se incorporan a la vasija para su sujeción o sostenimiento, y puede ser:

              • Perforaciones, para sostenerlas sobre un clavo o saliente

              • Mamelones, o pequeñas protuberancias que se aplican al cuerpo de la vasija como si fueran una especie de botones; pueden ser perforados o sin perforación, de forma cilíndrica, lengüetas, etc.

              • Orejetas, o salientes más redondeados que permiten asir la vasija.

              • Asas. En el Neolítico, la mayoría de las vasijas tienen asas pues la población neolítica es todavía en gran medida itinerante, llevando a cabo desplazamientos en invierno y verano, desplazándose el grupo al completo con los rebaños en función de los pastos, por lo que las vasijas requieren tener asas para poder desplazarlas con facilidad.

              • Mangos

              Metal

              En las primeras minas que hay documentadas, tanto de sílex como de cobre, la parte explotada es la parte superficial o capa superior en contacto con la superficie del terreno. El procedimiento más fácil para hacer una mina a cielo abierto es acumular una cantidad de leña sobre el terreno, hacer un gran fuego y, una vez al rojo vivo la roca o la zona donde se va a excavar, echar agua para que la roca, con la diferencia de temperatura, se agriete, desgajando entonces trozos de roca con palos o con otros instrumentos de madera o de hueso; así, de esta forma, se va haciendo poco a poco un pozo de donde se extrae el mineral. Ésta sería la primera fase para la extracción del mineral.

              La segunda fase, tras la extracción, sería la reducción del mineral. En un primer paso, se tritura el mineral para separar más fácilmente la ganga de la mena. La mena, una vez separada, será la que se reduzca convirtiéndose en cobre. Para reducir el mineral, la mena se introduce en el interior de una vasija de cerámica, en forma de cubeta, por encima de la cual se hecha combustible (carbón, madera...) funcionando como un horno. La reducción del mineral se lleva a cabo a una temperatura de 600 ºC. La mena, con el combustible encima, hará que el cobre se libere de la piedra con la que aún está adherido, formándose bolas o trocitos de cobre sin impurezas. Después de algún tiempo funcionando la vasija-horno, se forma una especie de torta o amasijo donde van revueltos la vasija misma, el cobre, la piedra y el combustible que los ha ayudado a arder; la única opción que queda entonces es romper todo ese amasijo sacando los trozos de cobre liberados (por eso, en los yacimientos o lugares donde se ha fabricado cobre, las vasijas siempre aparecen rotas).

              La siguiente fase, una vez liberado el cobre, es la de la fundición del mineral, es decir, transformar ese trozo de mineral sólido en líquido. La fundición se realiza en otra vasija de arcilla, el crisol, especie de cuenco que suele tener un pico vertedero para verter el mineral líquido en el molde. La arcilla con la que se fabrica el crisol, al tener que resistir éste grandes temperaturas, se mezcla con una gran parte de cuarzo con objeto de darle mayor resistencia al fuego. Al contrario que la vasija-horno, cuyos restos siempre encontramos quemados por el interior, el crisol suele estar quemado por fuera pues soporta al exterior temperaturas de hasta 1000 ºC. El crisol se deposita sobre una base de combustible, generalmente en una especie de hoyo para concentrar más la temperatura, alimentado por aire a través de unas toberas que se comunican con el exterior, desde donde se acciona un fuelle para avivar el fuego y que se produzca una temperatura mayor.

              Lo que conseguimos con el crisol es cobre líquido. Pasaríamos entonces a la última fase, la manufactura de los objetos que queremos realizar. Es necesario tener preparados una serie de moldes sobre los que verter el mineral líquido, cuya forma adquirirá el mineral al enfriarse. Para los moldes es necesario elegir una piedra resistente al calor, para lo que se utiliza generalmente la arenisca, o también puede fabricarse de arcilla que, al igual que el crisol, se mezclará con cuarzo para darle mayor resistencia.

              • La forma más sencilla de preparar un molde de fundición consiste en vaciar un negativo del objeto deseado en un lecho plano de arcilla o en una losa de piedra. En el caso de la arcilla, el negativo se obtiene por simple presión de un objeto similar, el modelo, contra la arcilla plástica, retirarlo a continuación y dejar que la arcilla se endurezca. Esta técnica se conoce como fundición en horno abierto. Por supuesto, sólo puede utilizarse en la elaboración de objetos una de cuyas caras sea plana y la otra exenta de ángulos entrantes. Al principio de la Edad de los Metales la fundición en horno abierto se empleaba para la elaboración de hachas planas, puñales y objetos similares, y continuó siendo utilizada para fundir simples barras o discos a partir de los cuales pudieran ser forjados o producidos otros utensilios.

              • Para producir un objeto más complicado se precisa por lo menos un molde bivalvo. Este tipo de molde ha de estar integrado por lo menos por dos piezas o valvas, cada una de las cuales soporta el negativo de la mitad del objeto deseado. A estos dos bloques, unidos y recubiertos de arcilla, se les inyecta metal fundido en el interior a través de una abertura que se habrá dejado en uno de los extremos y que se conoce como el portillo. Para extraer la pieza fundida es preciso romper el molde. A menudo, ambas valvas se hacían de piedra, o incluso de metal, en lugar de arcilla. En este caso podían ser separadas para retirar la pieza fundida y utilizadas de nuevo. Algunos moldes, que consistían de tres y hasta cuatro valvas, debieron emplearse para fundir cadenas de bronce y otros objetos complicados. Aún cuando las valvas pueden llegar a acoplarse bien, es inevitable que algo del metal fundido se derrame a lo largo de la superficie de unión. Al enfriarse, esto presenta el aspecto de un pequeño ribete, denominado costura, que se prolongará a lo largo de los dos lados de la fundición al ser retirada del modelo. Esta costura era a menudo limada por el herrero.

              • El procedimiento de la cera perdida es el tercero de los empleados para fundir objetos de bronce. En este caso, el patrón es un modelo hecho en cera, reproducción del objeto que se desea obtener. El modelo de cera se cubre totalmente de arcilla, quedando encerrado en ella, con excepción de un orificio o abertura en el extremo superior. Cuando la arcilla está seca, el modelo recubierto se calienta, procurando que el orificio quede situado hacia abajo. Con ello la arcilla se cuece y la cera, fundida, sale a través del orificio. Una vez la envoltura se ha vaciado totalmente, se invierte y se inyecta metal fundido a través de la abertura, en el vacío interior. Como puede fácilmente comprenderse, el metal fundido adquiere la forma exacta del modelo de cera. Para retirar la pieza fundida es preciso romper el molde. Por supuesto, con el procedimiento de la cera perdida no queda rastro de costura en los moldes.

              Una quinta fase sería la forja del instrumento sacado del molde. Todo instrumento, cuando sale del molde, necesita ser acabado por el forjador. De una manera especial, los bordes de instrumentos cortantes y de armas arrojadizas han de ser afilados a martillo, lo cual los endurece al mismo tiempo. El achaflanado de la hoja de un hacha de cobre o de bronce es en parte el resultado de este martillado y, en un principio, no fue más que el resultado secundario inesperado de la operación principal del afilado. Excepto en los moldeados por el procedimiento de la cera perdida, era también indispensable alisar la costura, las partículas de metal que hubieran quedado en la abertura y otras excrecencias accidentales, mediante la lima o la sierra. Las limas de metal eran desconocidas antes de la Edad del Bronce Reciente, pero la superficie del instrumento podía ser afilada mediante piedra pómez o piedra arenisca.

              Con la metalurgia no sólo se hacen objetos e instrumentos, sino que también se van a producir lingotes de metal. Una vez reducido el metal, el fundirlo es más fácil, por lo que el lingote será fácilmente intercambiable por otra materia.

              Tema 6.- LA INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS ARQUEOLÓGICOS

              1.- La reconstrucción de las sociedades humanas: la estructura social

              Las cuestiones sociales son las más interesantes que se plantean sobre las sociedades primitivas. Se refieren a los hombres y a las relaciones entre ellos, al ejercicio del poder y a la naturaleza y escala de la organización.

              La primera cuestión a tratar es el tamaño o escala de la sociedad. Cuando se excava un yacimiento, la primera cuestión a dilucidar es si se trata de una unidad simple, como el campamento base de un grupo de cazadores-recolectores, o por el contrario es una pieza de un engranaje mayor, un asentamiento subordinado. Cualquier yacimiento, además, tendrá su propia zona de influencia y su propia área de captación para alimentar a su población. Otra cuestión es ver cómo se articula ese yacimiento con otros de su entorno inmediato.

              La siguiente cuestión a estudiar es la de su organización interna. Ver si los individuos que forman la sociedad tienen una posición social más o menos igual o si por el contrario había diferencias importantes en el status y en el prestigio. También, si había artesanos especializados y, en caso afirmativo, si eran controlados dentro de sistemas centralizados o gozaban de un status privilegiado.

              Cada tipo de sociedad exige distintos tipos de preguntas. Por consiguiente, las técnicas de investigación variarán según la evidencia del yacimiento investigado. No se puede abordar un campamento de cazadores-recolectores del Paleolítico del mismo modo que una ciudad del Neolítico.

              Para tratar de responder a la primera cuestión que hemos de plantearnos, el tamaño o escala de la sociedad, el antropólogo norteamericano Elman Service creó una clasificación cuatripartita de las sociedades, que es seguida por muchos arqueólogos que vinculan a cada tipo de sociedad unos tipos concretos de yacimientos y unos patrones de asentamiento:

            • Bandas. Son sociedades a pequeña escala de cazadores-recolectores, por lo general de menos de 100 individuos, que se trasladan estacionalmente para explotar los recursos alimenticios silvestres. Los miembros de la banda son, generalmente, parientes vinculados por matrimonio o descendencia. Las bandas carecen de dirigentes oficiales, de forma que no hay diferencias económicas o de status entre sus miembros. Sus yacimientos consisten sobre todo en campamentos de ocupación estacional y otros centros especializados, como cazaderos, en los que se matan y a menudo se despiezan grandes mamíferos, y talleres, en los que se fabrican útiles o se realizan otras actividades específicas. La mayoría de los yacimientos del Paleolítico suelen coincidir con una de estas tres categorías.

            • Tribus. Son mayores que las bandas, aunque raras veces tienen más que unos pocos miles de miembros. Su subsistencia se basa, en gran medida, en plantas cultivadas y animales domesticados. Pueden ser agricultores sedentarios o pastores nómadas con una economía itinerante basada en la explotación intensiva del ganado. Suelen estar compuestas por varias comunidades, cada una de las cuales se integra en la sociedad principal mediante lazos de parentesco. El patrón típico de asentamiento es el de granjas (patrón de asentamiento disperso) o aldeas agrícolas estables (patrón de agrupamiento), sin que haya ningún asentamiento que domine sobre el resto.

            • Jefaturas. Funcionan con base en el principio de rango o diferencias de nivel social entre los individuos. Los distintos linajes (grupo que se declara descendiente de un antepasado común) se clasifican según una escala de prestigio; el jefe del linaje de más prestigio gobierna al conjunto de la sociedad. A menudo existe una especialización local en productos artesanales y los excedentes de éstos y de los alimentos se entregan al jefe como obligación, el cual los utiliza para sostener a sus partidarios y para redistribuirlos entre sus súbditos. La jefatura, por lo general, tiene un centro de poder, a menudo con templos, residencias del jefe y sus seguidores y artesanos especializados. Aunque las jefaturas varían enormemente en tamaño, su escala suele ir de 5.000 a 20.000 individuos.

            • Estados. Conservan muchos de los rasgos de la jefatura, pero el dirigente (normalmente un rey) tiene autoridad explícita para crear leyes y hacerlas cumplir mediante el uso de un ejército permanente. La sociedad ya no depende totalmente de los vínculos de parentesco sino que se estratifica en clases diferentes. Los trabajadores agrícolas o siervos y los habitantes más pobres de las ciudades componen las clases más bajas, por encima de los cuales se sitúan los artesanos especializados y la burocracia, y, en la cúspide de la pirámide, los sacerdotes, la nobleza y los parientes del rey. El patrón de asentamiento suele ser urbano, con ciudades a veces de más de 5.000 habitantes, con edificios públicos importantes.

            • Sir William Flinders Petrie (1853-1942) destacó por sus excavaciones meticulosas y su afán por recoger y describir cada hallazgo, no sólo los objetos delicados, así como por su publicación completa. Empleó estos métodos en sus ejemplares excavaciones en Egipto y, más tarde, Palestina, desde los años 80 hasta su muerte. Petrie ideó también su propia técnica de seriación o “datación de secuencias”, que empleó para ordenar cronológicamente las 2.200 tumbas de fosa de la necrópolis de Nagada en el Alto Egipto.

              Conjunto de los elementos del lenguaje que constituyen entre sí un todo solidario. Convierten a la lengua en un sistema ordenado de reglas, que se mantiene o se enriquece mediante la interrelación de estos elementos y reglas. Se caracteriza por las nociones de totalidad, de transformación y de autorregulación. El sistema lingüístico puede estructurarse según diversos criterios: cambios históricos, sentido, sintaxis, etc.

              Cada uno de los elementos que forman parte de un todo.

              Sir Mortimer Wheeler (1890-1976), luchó con el ejército británico en las dos guerras mundiales y, como Pitt-Rivers, aplicó la precisión militar a sus excavaciones, sobre todo mediante técnicas como el método de cuadrículas. Es popular, sobre todo, por su trabajo en los poblados fortificados de Gran Bretaña, especialmente Maiden Castle. Sin embargo, es igualmente importante su nombramiento como Director General de Arqueología, desde 1944 a 1948, en la India, donde dio cursos de preparación sobre métodos modernos de campo y excavó los importantes yacimientos de Harappa, Taxila y Arikamedu.

              Lixiviar: separar por medio del agua u otro disolvente una sustancia soluble de otra insoluble.

              Hay unos parámetros en los que se divide a la población según su edad:

              • Individuos infantiles:

                • Infantil 1: de 1 a 6 años

                • Infantil 2: de 7 a 12 años

              • Individuos juveniles: de 13 a 20 años

              • Adultos: de 21 a 40 años

              • Maduros: de 41 a 60 años

              • Senil: mayores de 61 años

              74

              Nada fuera del MP y las RSP

              Oral

              Escrito

              Realmente influye siempre

              · Formación social

              · “Región autónoma”

              · “Provincia”

              · Clase social

              · Grupo familiar

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