Investigación sobre el entendimiento humano; David Hume

Historia de la Filosofía. Filósofos ingleses. Empirismo. Ilustración. Racionalismo. Naturalismo. Conocimiento. Leibniz. Locke. Berkeley. Impresiones. Ideas. Conocimiento. Causalidad

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'Investigación sobre el entendimiento humano; David Hume'

DAVID HUME: INVESTIGACIÓN SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO

APUNTES

CURSO 2005-2006

1. Problemática propia de este tema.

2. Dimensión histórica del siglo XVIII.

2.1. Condicionantes universitarios: La Universidad de Oxford

2.2. Condicionantes culturales: La Ilustración

2.2.1. Racionalismo.

2.2.2. Naturalismo.

3. El Empirismo.

3.1. El problema del conocimiento.

3.2. Racionalismo: Las ideas en Leibniz (1646-1716).

3.2.1. Clasificación de las ideas.

3.3. Empirismo: Las ideas en Locke (1632-1704).

3.3.1. Origen de las ideas.

3.3.2. Qué es la idea.

3.3.3. Clasificación de las ideas. La sustancia.

3.4. George Berkeley (1685-1753).

3.4.1. Características de su pensamiento.

3.5. David Hume (1711-1776).

4. El conocimiento en Hume.

4.1. Impresiones e ideas.

4.2. Relación entre impresiones e ideas.

4.2.1. Semejanza.

4.2.2. Correspondencia.

4.2.3. Representación.

4.2.4. Origen.

4.3. Tipos de conocimiento.

4.3.1. Conocimiento por relaciones entre ideas.

4.3.2. Conocimiento por conocimiento de hechos.

4.4. El problema de la causalidad.

4.4.1. Conclusión.

4.5. El problema de la sustancia.

4.5.1. Mundo

4.5.2. Dios.

4.5.3. Yo.

4.6. Fenomenismo, escepticismo y relativismo.

5. La ética y la política en Hume.

5.1. Del liberalismo de Locke al emotivismo de Hume.

5.1.1. El empirismo-emotivismo de Hume.

5.2. Crítica del racionalismo moral.

5.3. El emotivismo moral.

6. Interpretación de textos: Investigación sobre el entendimiento humano

Cuestiones sobre las secciones I a la IV

1. Problemática propia de este tema.

La reacción contra el racionalismo se llama empirismo y es propia del siglo XVIII. El empirismo abarca una trayectoria histórica que va desde Aristóteles, pasando por Tomás de Aquino y Bacon, y la figura cumbre del empirismo, el escocés Hume (1711-1776), que publica en 1748 su Investigación sobre el conocimiento humano.

El empirismo es otra forma de interpretar el problema del conocimiento: ¿Cuál es la capacidad del entendimiento humano? Hay que determinar sus límites y saber hasta dónde puede llegar. El objeto del conocimiento son las ideas; el punto en que se acentúan más las diferencias entre racionalistas y empiristas es el origen de las ideas: los racionalistas sostienen su origen innato, mientras que los empiristas consideran que todas las ideas proceden de la experiencia.

Con el empirismo se niega la autoridad filosófica, y se exalta el conocimiento sensible; se critica la metafísica porque ésta niega el valor de la experiencia. Éste es el corte histórico más radical que se da entre la tradición metafísica platónico-aristotélica y la filosofía moderna. Se empieza a prescindir de todo aquello que predominó durante siglos en el pensamiento occidental. Su postura contra el racionalismo le servirá para oponerse al dogmatismo y resaltar los valores humanos de tolerancia y convivencia.

¿Cuál es la diferencia fundamental con el racionalismo? Que el empirismo basa su conocimiento en la experiencia sensible, y no en la pura razón. No podemos estar seguros de nada, por lo tanto, seamos prudentes y aceptemos las libertades y acostumbrémonos a respetar a los otros. Nuestros débiles conocimientos nos bastan para vivir; conformémonos con ellos sin pretender desentrañar los enigmas metafísicos ni afirmarnos en verdades absolutas.

Aquí se plantean muchos problemas: si el empirismo se basa en la experiencia como fuente de conocimiento, y esto es lo que se valora por encima de todo, ¿ya no tienen valor las verdades eternas e inmutables? ¿Ya no tienen nada que hacer los valores eternos, necesarios, universales, esos que trascienden los casos particulares?

2. Dimensión histórica del siglo XVIII.

El racionalismo y el empirismo son contemporáneos (siglos XVII y XVIII). El empirismo se extiende a lo largo de dos siglos, por eso, vamos a decir algo del siglo XVIII, que es el tiempo en que vive Hume, dado que las características del XVII las expusimos en el tema de Descartes. El contexto filosófico del empirismo del siglo XVIII está determinado por los dos factores:

2.1. Condicionantes universitarios: La universidad de Oxford.

De entre las universidades medievales sobresalieron muy llamativamente París y Oxford.

La Universidad de París estaba dirigida por la Iglesia Católica, y se dedicó sobre todo al estudio metafísico y lógico de Aristóteles; sus preferencias se dirigían a las especulaciones abstractas y de tipo racional.

Por el contrario, la Universidad de Oxford estuvo siempre más alejada del influjo eclesiástico, se interesó más por el Aristóteles físico y naturalista, dejando de lado las abstracciones estériles; se predica a la observación de la naturaleza, siempre con la preocupación de resolver problemas concretos, mucho más que los metafísicos.

Aquí sobresalen todos los precursores del empirismo: Bacon y Ockham.

La cultura inglesa, en general, siempre mantuvo una postura pragmática frente a la continental, dedicada a los grandes problemas especulativos; se preocupan más de transformar la naturaleza en cosas útiles para el hombre, que sólo en contemplarla.

Después de la Gloriosa Revolución inglesa de 1688, triunfan las libertades políticas, religiosas y económicas. Inglaterra se convierte en la primera potencia comercial y capitalista; su sistema político parlamentario, que se basa en la doctrina del “pacto social” y no en la monarquía de derecho divino, es el modelo a imitar. Los teóricos del liberalismo, como Locke y los científicos como Newton, ingleses, fueron los inspiradores de la Ilustración europea.

2.2. Condicionantes culturales: La Ilustración.

Lo que caracteriza a esta expresión es su postura crítica: un análisis agudo de la realidad, que nace de la aplicación de la Razón a todos los dominios del saber humano (religiosos, éticos, políticos, científicos, sociales, etc.). Esto quiere decir que se van a replantear todos los valores sociales admitidos hasta entonces; y es lo que dará lugar a esa llamada crisis de la conciencia europea.

Sin embargo, este siglo destaca por un profundo cambio en la visión del mundo. Ahora, cuando hablamos de humanidad, de civilización, de la liberación de la mujer, de los derechos humanos, de la igualdad entre hombres, de la separación de la Iglesia y el Estado, de los valores de la tolerancia, del análisis racional de los dogmas religiosos, etc., estamos tocando asignaturas pendientes del siglo XVIII.

La Ilustración es un proceso de divulgación y aplicación práctica de los grandes principios establecidos por la filosofía y la investigación científica del siglo anterior.

La ilustración inglesa destaca, fundamentalmente por dos aspectos:

  • El liberalismo inglés, que exalta los derechos del individuo como naturales e inalienables delante del poder del estado y de la sociedad. Las ideas empiristas sobre los derechos del hombre han llegado a ser patrimonio de la humanidad y figuran, en todas las constituciones, como derechos fundamentales.

  • El deísmo proclama la fe en un dios creador de este mundo que está regido por leyes internas y necesarias que excluyen cualquier posible intervención posterior que lo pueda desviar de su orden natural. Defienden, en consecuencia, una religión natural -sin misterios ni iglesias-, enmarcada dentro de los parámetros de la razón. De esta visión nació la masonería.

La ilustración francesa defiende el ateísmo, ataca el cristianismo y propugna la revolución como medio para cambiar el sistema político en nombre de la razón, la libertad y el progreso. Sus pensadores más representativos fueron: Diderot, Voltaire, Montesquieu y Rousseau.

La ilustración alemana destaca por apartar el cosmos y la metafísica y sustituirlos por el interés hacia el hombre y su psicología. Sus representantes son Wolff, el emperador Federico II y Kant.

Dos son los principios típicamente renacentistas que dieron lugar al pensamiento ilustrado: el Racionalismo y el Naturalismo.

2.2.1. Racionalismo.

La mayoría de los filósofos tienen el sentimiento de liberar el espíritu humano de la “barbarie” a que está sometido el Hombre, y orientarle hacia las luces de la Razón.

Esta confianza en la razón tiene su expresión filosófica en la Enciclopedia (Diccionario razonado de las Ciencias, las Artes y Oficios; es una obra colectiva que trataba de dar soluciones racionales a cuantos problemas preocupaban a la sociedad noble y burguesa de su tiempo).

La razón lleva a la mayoría de los filósofos, no a todos, al deísmo -religión natural-, que considera al Ser Supremo como ordenador del Mundo y como aquél que establece las leyes de la Naturaleza.

Piensan que la mayoría de las sociedades deben estar organizadas para la dicha y la felicidad materiales; se considera como legítima la búsqueda del placer; se empieza a exigir el respeto a los derechos naturales, y, como consecuencia, se valoran la filantropía y la tolerancia religiosa. La doctrina que divulgan socava la religión revelada, la autoridad de la Iglesia y la Monarquía de derecho divino.

2.2.2. Naturalismo.

El ideal de la ilustración fue la Naturaleza (herencia del Renacimiento): lo natural es abarcado por la Razón; así, estaban en franca oposición con lo sobrenatural, lo tradicional, lo religioso; sus fórmulas reciben el nombre de “Religión natural”, “Derecho natural”, “Estado natural”, “fuerza de la razón humana”, “predominio de la conciencia libre”. etc.

Existía un optimismo irrefrenable, basado en las luces de la razón, sobre el futuro de la humanidad: creencia en un progreso indefinido; los mismos gobernantes, suficientemente ilustrados, podían resolver cuantos problemas y miserias afectasen a los hombres, tanto materiales como espirituales. Este naturalismo se abate sobre la Monarquía y la Iglesia, que en aquel momento era tanto como decir que iba contra el armazón que sostenía la sociedad entera.

3. El Empirismo.

3.1. El problema del conocimiento.

En esta época diversos autores se ocupan del problema del conocimiento del hombre, como algo complementario previo a todas las demás cuestiones filosóficas: ¿cuál es la capacidad del entendimiento humano? Ahora el hombre y su mente es el centro de las preocupaciones; no es Dios, como ocurrió en el Medievo.

Racionalistas y empiristas se preguntan por la capacidad del conocimiento humano, cuáles son sus límites, y hasta dónde puede llegar. Ambas corrientes entienden por conocimiento una representación en la mente humana del objeto que se da fuera de ella, de la realidad exterior. Y lo que representa las cosas en la mente son las ideas.

El punto en que se acentúan más las diferencias entre racionalistas y empiristas es quizá el origen de las ideas: los primeros dicen que son innatas, se encuentran en la mente humana desde el principio; los empiristas, por el contrario, sostienen que la mente humana está en blanco y todas las ideas proceden de la experiencia sensible.

Ya en el siglo XIV la experiencia se toma como la base del conocimiento: Copérnico, Galileo, Kepler y Leonardo da Vinci.

Con el empirismo se niega la autoridad filosófica, incluso la de Aristóteles, y se exalta el conocimiento sensible, se critica la metafísica, porque ésta niega el valor de la experiencia (recordemos lo que decía Bacon).

Vamos a ver a continuación algunos autores del racionalismo y del empirismo, para tener una visión del conjunto de la teoría del conocimiento.

3.2. Racionalismo: Las ideas de Leibniz (1646-1716).

Lo mismo que Descartes, Leibniz admite las ideas innatas como punto de partida del conocimiento humano; sigue también a Platón (“el alma ya contiene originariamente los principios de varias nociones y doctrinas que los objetos externos únicamente despiertan en ocasiones, como yo sostengo con Platón...” Nuevos Ensayos)

La mente humana no es como un papel en blanco en el cual se pueden escribir las ideas provenientes de las experiencias sensibles, sino que nuestra mente ya está llena de ideas o principios. En el proceso y origen del conocimiento, Leibniz da muy escaso valor a la experiencia sensible.

3.2.1. Clasificación de las ideas.

Leibniz distingue dos tipos de verdades:

Verdades de razón

Son verdades analíticas (proposiciones en las que el predicado no añade nada que no esté contenido en el sujeto); por ejemplo: “el todo es mayor que la parte”. Son propias de la lógica y de las matemáticas.

Se trata de verdades necesarias y eternas: son así y no pueden dejar de ser así, no se puede pensar lo contrario, y además, son para siempre.

Estas verdades se basan en el principio de no contradicción; una cosa no puede ser y dejar de ser al mismo tiempo.

Verdades de hecho

Son verdades contingentes: pueden ser o no ser, o dejar de ser. No son necesarias. Pueden suceder o no haber sucedido. Por ejemplo: Fleming inventó la penicilina; su opuesto también pudo ser verdad: Fleming no inventó la penicilina, o pudo haber inventado otra cosa.

Se basa en el principio de la razón suficiente: todos los hechos tienen alguna razón suficiente para suceder. Al no ser verdades analíticas, no basta con analizar el predicado y el sujeto, se necesita otra cosa.

3.3. Empirismo: Las ideas en Locke (1632-1704).

Hizo sus estudios superiores en la Universidad de Oxford, donde después fue profesor. Su interés por la filosofía se despierta tras leer a Descartes, de quien tendrá gran influencia. No solamente estudia filosofía (cartesiana fundamentalmente), sino física, química y medicina. Fue un defensor valiente de los ideales liberales y librepensadores y se vio mezclado en los avatares de la vida política inglesa. Fue desterrado por sus ideas y aprovechó para ir a Holanda después de la revolución de 1688. Sus obras principales fueron: Ensayo sobre el entendimiento humano, Pensamiento sobre la educación, dos Tratados sobre el gobierno civil y Carta sobre la tolerancia. Podemos considerar a Locke como un adelantado de las ideas modernas: antepuso a los problemas filosóficos los problemas críticos y, antes de la Ilustración francesa, insistió en los valores de la libertad humana.

3.3.1. Origen de las ideas.

El empirismo de Locke comienza rechazando la existencia de las ideas innatas. Locke toma como afirmación fundamental el que “todas nuestras ideas provienen de la experiencia”. El problema fundamental que hay que plantearse es cómo se originan esas ideas.

3.3.2. Qué es la idea.

Por ideas entiende todo lo que ocurre en nuestra mente cuando pensamos. Éstas nos son suministradas por los sentidos. El problema estará en cómo se corresponden dichas ideas con la realidad.

Idea, para Locke, es “todo aquello que conocemos o percibimos”. Por tanto, lo mismo es una noción abstracta, que el color, el olor, el tamaño de una cosa, la figura... Nosotros tenemos la noción de idea como algo abstracto; sin embargo, para Locke es todo aquello que, de una manera o de otra, es percibido o conocido.

3.3.3. Clasificación de las ideas. La sustancia.

Locke distinguió entre ideas simples y complejas:

Simples: Son datos inmediatos de nuestro conocimiento: color, olor... Éstas pueden provenir:

  • de la sensación; es decir, de la experiencia externa:

    • de las cualidades primarias: Se encuentran en los objetos y no pueden separarse de ellos. Son cualidades primarias el tamaño, figura...

    • de las cualidades secundarias: Son aquellas que no puede decirse que se encuentren en los objetos sino que consisten en el influjo que se produce en nuestros órganos sensoriales. Son cualidades secundarias el olor, color...

  • de la reflexión; es decir, de la experiencia interna: es el conocimiento que la mente humana descubre de la percepción de su propia actividad. De acuerdo con el principio de que todo conocimiento comienza por los sentidos, debemos señalar que la sensación es previa a la reflexión y ésta sólo puede venir después de aquella.

  • Complejas: Todos nuestros conocimientos se fundamentan en las ideas simples. En la percepción de estas ideas nuestro entendimiento se comporta de una manera pasiva y, en este sentido, carece absolutamente de capacidad para hacer surgir una sola idea. Sin embargo, es activo en la elaboración de las ideas complejas y, de este modo, puede manipular de una u otra forma, una y otra vez, las ideas simples para hacer surgir ideas complejas o éstas, a su vez, para combinarlas de formas nuevas y diferentes.

    A este respecto, Locke distinguió tres clases de ideas complejas, a saber: modos, relaciones y sustancias. Los modos equivalen a lo que Aristóteles entendía por accidentes, es decir, se trata de ideas que expresan modificaciones o afecciones de la sustancia. En cuanto a las relaciones, se trata de las ideas que expresan referencias de una cosa a otra, por ejemplo: padre, hermano, joven, viejo, semejante, la idea de causa, etc. Ahora bien, la idea compleja de mayor significado es la idea de sustancia; pues con ella nos referimos a cosas que existen en sí mismas.

    En la tradición filosófica occidental, la sustancia había sido concebida como la realidad fundamental, en la que se daba el ser de manera especial. Sustancia era el ser que existía en sí y cuya naturaleza se manifestaba en sus actividades. La idea de sustancia es un concepto que forma parte de muchos sistemas filosóficos. Descartes llega a admitir la evidencia de tres sustancias, entre las cuales persistía un elemento no demostrable pero necesario para entender las cosas. Esta idea no había estado cuestionada en la filosofía hasta la llegada del empirismo.

    Para Locke sustancia “es una colección de un cierto número de ideas simples y compuestas consideradas como unidas en un solo sujeto.” Por ejemplo, la mesa; yo percibo un conjunto de sensaciones (color, tamaño, forma...). Pero esas sensaciones no son la mesa. ¿Qué es la mesa?, no lo sabemos. Lo único que percibimos es el color, el tamaño..., algo que sirve de soporte..., pero no sabemos qué es. La sustancia, soporte de esas cualidades, es incognoscible. La llamamos “sustancia” por una necesidad psicológica, pero no podemos saber nada de ella.

    La idea de sustancia, pues, no puede ser conocida, sino meramente inferida, es decir, es un no-sé-qué que se encuentra más allá de nuestras percepciones y de toda capacidad de nuestro conocimiento.

    3.4. George Berkeley (1685-1753).

    Es un hombre profundamente religioso -mitad místico y mitad empirista- y puso la filosofía al servicio de la fe. Mostró gran preocupación por la crisis religiosa que estaba atravesando Europa por culpa de la expansión del materialismo. Esto es lo que le lleva a la reflexión filosófica. En 1734 es ordenado obispo anglicano. Su obra fundamental es Tratado sobre los principios del conocimiento humano (1710).

    3.4.1. Características generales de su pensamiento.

    Recoge las afirmaciones fundamentales de Locke y, después de destacar sus incoherencias, trata de sacar las conclusiones:

    Locke dice:

    • Idea es todo lo que percibimos o conocemos. Luego, solamente conocemos las ideas.

    • Nuestras ideas son representaciones de la realidad exterior.

    Berkeley dice: Si yo no conozco la realidad exterior, sino sólo la idea ¿cómo puedo afirmar que la idea es la representación de esta realidad? Por tanto, conocemos ideas (en el sentido de Locke: sensaciones...), pero también conocemos las cosas (por ejemplo, la silla en la que nos sentamos...); luego, las cosas son ideas; es decir, no hay cosas e ideas, sino ideas; el ser de las cosas es el ser percibidas: el ser de las cosas se agota en ese ser percibidas.

    Por tanto, no existen las cosas fuera de la mente; la única realidad es la mente que las percibe. ¿Por qué las percibe?, ¿de dónde recibe las impresiones? No de las cosas (que no existen), sino de Dios.

    Así, del empirismo de Locke se llega al idealismo inmaterialista de Berkeley.

    3.5. David Hume (1711-1776).

    Nace en Edimburgo en 1711. Su familia le envía a estudiar derecho a la universidad de Edimburgo, pero Hume era uno de estos espíritus inquietos, curiosos, atentos a los nuevos aires que soplaban fuera de los centros oficiales de enseñanza y se ahogaba en las aulas. Estudia lógica, retórica, matemáticas y filosofía natural (física), materia esta última con la que entró en contacto con las aportaciones de Newton. Deja la Universidad y se decanta a la lectura y el estudio de Newton, de la literatura científica y de la filosofía. En 1734 se retira a Francia para conectar con un mundo intelectual por el cual sentía afinidad y reinició los estudios de filosofía en La Flèche. Hizo amistad con Rousseau y se lo llevó a Inglaterra con la intención de conseguirle una vida digna. En Francia es donde escribe su primera obra, Tratado acerca de la naturaleza humana (1739). Tres años más tarde vuelve a Londres a publicarla, pero el fracaso fue total. En 1752 publica sus Discursos políticos; a partir de entonces crece su fama. Se le pide a la Iglesia Anglicana que le excomulgue por sus escritos “subversivos contra la religión y la moral”. La Iglesia Católica le incluye en el índice de libros prohibidos.

    Intenta repetidas veces la cátedra en la Universidad de Edimburgo, pero es rechazado “por sus ideas heréticas”. Su trato amable y cordial le ayuda a superar todas estas cosas. En 1769 se retira a Edimburgo a “disfrutar de sus bienes y de la compañía de damas discretas”. Muere en 1776.

    Obras:

    Tratado sobre la naturaleza humana (1739).

    Investigación sobre el conocimiento humano (1748).

    Investigación sobre los principios de la moral (1751).

    Diálogos sobre la religión natural (1779).

    Así como Locke se mantuvo en una postura empirista moderada, Hume no hizo ninguna concesión a las teorías clásicas y llevó hasta el extremo las consecuencias epistemológicas. Hume pensaba que toda la filosofía clásica no poseía ningún significado objetivo y había servido para sostener toda una amplia corriente cultural plagada de suposiciones, fanatismos intransigentes y creencias infundadas. Ante este fanatismo dogmático, la solución había de ser el criticismo, es decir, el intento de poner freno a las infundadas creaciones de la imaginación.

    Hume, según confiesa en su obra Tratado sobre de la naturaleza humana, pretende contribuir al avance del conocimiento, fundamentando sobre todo la seguridad. Esto sólo se puede conseguir construyendo la ciencia de la naturaleza humana. Ésta es la única ciencia del hombre, y de ella surgirán el resto de las cuestiones: un sistema moral que nos diga qué debemos hacer, una ciencia política que nos oriente sobre el gobierno adecuado, una física que nos muestre el funcionamiento del mundo material... ya que ha de construir la ciencia de las ciencias. Para ello, toma en consideración cuatro aspectos:

    • Conocimiento: Hay que estudiar el conocimiento humano; su alcance y validez , qué posibilidades de conocimiento tiene, etc.

    • Ideas: Hay que estudiar la naturaleza de las ideas que empleamos, porque en ellas se fundamenta nuestro conocimiento.

    • Fundamento: Hay que hacerlo con un fundamento nuevo: el método experimental. Hay que trasladar a las ciencias del hombre el método empleado por Newton en la ciencia (por eso se llamará a Hume el Newton de las ciencias morales).

    • Experiencia: Hay que basar el conocimiento únicamente en la experiencia y en la observación; el ámbito de la experiencia humana. No podemos ir más allá de la experiencia.

    Y para llevar a cabo este proceso, debemos hacer un estudio del alcance de nuestro conocimiento.

    4. El conocimiento en Hume.

    4.1. Impresiones e ideas.

    Para Locke “todo aquello que conocemos o percibimos es una idea” (por ejemplo, el color, el dolor...). Hume no está contento con esta definición de idea. Él divide los contenidos del conocimiento, las percepciones (unidades de conocimiento sensible) en dos clases:

    • Impresiones: Es el conocimiento por medio de los sentidos. Son fruto inmediato de las percepciones. Unas tienen rasgos vivos y fuertes, otras aparecen en nuestro entendimiento con menos fuerza y vigor.

    Pueden ser:

    • sensaciones: el olor de hierba fresca. (sentidos externos)

    • pasiones: la excitación de un beso pasional. (sentidos internos)

    • emociones: lo que sentimos cuando sabemos que se nos quiere. (sentidos internos)

    • Ideas: Se nos muestran más débiles. Podemos constatar que no son nada más que copias de las impresiones debilitadas por la lejanía del tiempo y por tanto con rasgos menos específicos y concretos. Aquí Hume niega en nuestro entendimiento aquello que otros filósofos llamaban ideas abstractas.

    Ejemplo: estoy percibiendo esta clase: paredes, suelo, mesas... (impresión). Ahora cierro los ojos y sigo imaginando la misma clase: estoy percibiendo lo mismo pero con menos viveza. La primera es una impresión; la segunda es una idea.

    Impresiones e ideas constituyen todo el material de nuestro conocimiento. Todos nuestros pensamientos deben encontrarse fundamentados en la experiencia y, según Hume, nada puede haber en el entendimiento que no haya estado antes en la experiencia.

    Las impresiones son todas nuestras sensaciones. Las ideas son las imágenes débiles de las impresiones.

    Tanto las impresiones como las ideas pueden ser:

    • Simples: No admiten distinción ni separación (el color azul, la idea de azul), y son las de mayor valor cognoscitivo.

    • Complejas: Son la combinación de las ideas simples, es decir, se pueden separar: sí admiten distinción dentro de ellas (manzana: varios colores, forma, tamaño, peso, etc.), y pueden dividirse en partes.

    4.2. Relación entre impresiones e ideas.

    4.2.1. Semejanza.

    Entre las impresiones e ideas simples hay una gran semejanza. Toda percepción de la mente aparece a la vez como impresión y como idea. Por ejemplo, las ideas que me formo de esta clase cuando cierro los ojos son representaciones exactas de las impresiones que he percibido. Con las complejas no siempre se da esa semejanza, porque muchas de nuestras ideas complejas no han tenido nunca impresiones correspondientes.

    4.2.2. Correspondencia.

    A toda idea simple le corresponde una impresión simple.

    4.2.3. Representación.

    Las ideas no son copia exacta, son representación de la experiencia: las ideas son imágenes de las impresiones.

    4.2.4. Origen.

    La impresión siempre es anterior a la idea. La impresión es causa de la idea, pero no al revés. La idea procede siempre de la impresión, mediata o inmediatamente. Nunca en orden inverso.

    Se introduce, así, un criterio tajante para decidir acerca de la verdad de nuestras ideas: una idea es verdadera si procede de alguna impresión. Si podemos señalar la impresión correspondiente a esa idea, es una idea verdadera; si no podemos, es una idea falsa. Por tanto, el criterio y el límite de nuestro conocimiento son las impresiones.

    4.3. Tipos de conocimiento.

    Nuestro entendimiento es un continuo fluir de impresiones e ideas. Pero es un fluir ordenado, siguiendo unas leyes comunes a todos los entendimientos. Las ideas poseen una cualidad asociativa, por esto nuestro entendimiento va de una idea a la otra llevado por este flujo de asociaciones continuas. Según Hume, estas leyes pueden ser:

    • de semejanza: un chico bajo al lado de uno alto nos puede recordar a “Don Quijote y Sancho Panza”

    • de continuidad en el tiempo y el espacio: el canto de villancicos y el cava nos puede recordar a la Navidad.

    • de causa-efecto: una nube oscura y unos relámpagos nos pueden anunciar lluvia.

    Hasta ahora hemos visto la distinción entre impresiones e ideas, que es una distinción que se refiere a los elementos del conocimiento. Ahora vamos a ver otra distinción que hace Hume en referencia a los modos o tipos de conocimiento.

    4.3.1. Conocimiento por relaciones entre ideas.

    Son simples operaciones mentales a través de las cuales se analiza y compara el significado de las ideas poseídas y su relación lógica, independientemente de la experiencia.

    Son enunciados analíticos y necesarios, su contrario no es posible y forman las verdades de razón. La Lógica y las Matemáticas pertenecen a este tipo de conocimiento (ciencias formales). Las verdades matemáticas pueden ser conocidas a priori de la experiencia.

    Aunque todas las ideas tienen su fundamento en las impresiones, podemos tener conocimiento de las ideas sin necesidad de recurrir a las impresiones.

    Ejemplo: “El todo es mayor que la parte”: éste es un razonamiento que se basa en la relación entre las ideas de todo y parte. Prescindiendo de que haya en realidad todos y partes, esta proposición será siempre verdadera. La relación entre estas ideas es, en cuanto tal, independiente de los hechos.

    La conexión de los contenidos mentales se hace en virtud de la ley de la semejanza.

    4.3.2. Conocimiento por conocimiento de hechos.

    Si los análisis y comparaciones los hace de impresiones que recibe a través de la experiencia reciben el nombre de relaciones de hecho. Como tales son variables y su contrario siempre es posible. Si analizáramos la una y la otra sin contar con el hecho experimental que las une no sería posible establecer entre ellas ningún tipo de relación. El significado de una de ellas no nos lleva a la otra. Son cuestiones (verdades) de hecho. Las ciencias físicas y las sociales se fundamentan en estas relaciones.

    En las cuestiones de hecho no existen verdades universales y no puede existir la certeza a priori: los hechos son siempre contingentes y por lo tanto lo contrario de cualquier hecho es posible. Es por esta razón que a Hume no le gusta usar la palabra “verdad” para hablar del hecho, sino que prefiere la denominación “cuestión”.

    A Hume le interesan más las cuestiones de hecho. La experiencia nos pone de relieve, por ejemplo, que en el pasado siempre al hecho de poner la leche al fuego ha sucedido el hecho de que la leche se ha calentado, o el hecho de que todos los días pasados haya salido el sol; pero con relación a estos hechos nada más ¿qué sucederá mañana? No lo podemos saber. Probablemente volverá a pasar.

    Además del conocimiento que tenemos como relación entre las ideas, tenemos otro conocimiento de hechos, “factual”, basado en las impresiones. El conocimiento que tengo de esta habitación, del prado que está enfrente, del frío del Pirineo, del calor del verano, todo es conocimiento de hechos. Tiene su fundamento en las impresiones.

    Todos nuestros razonamientos sobre cuestiones de hecho se fundamentan en la ley causa-efecto. El ejemplo típico de Hume es el de la bola de billar:

    Una bola de billar inmóvil sobre una mesa y otra que se mueve hacia ella rápidamente. Las dos chocan, y la bola que en un principio estaba en reposo, ahora está en movimiento. Es evidente que el movimiento de la primera bola fue la causa, fue anterior que el movimiento de la segunda bola, que fue el efecto. Hay una prioridad en el tiempo.

    Si observamos que un fenómeno B sigue regularmente a otro A, se desarrollará en nosotros un hábito, en virtud del cual tenemos tendencia a asociar dichos fenómenos, de tal modo que siempre que se nos aparezca A, esperamos que suceda B, pues nos “imaginamos” que existe alguna conexión entre ellos. Hablaremos de esto más tarde.

    Este es el caso en que tanto la causa como el efecto están presentes en los sentidos. Esta naturaleza son todos nuestros razonamientos en la conducta de la vida, y de aquí se deriva toda la filosofía, con la única excepción de la geometría y la aritmética. Es decir, podemos justificar esta operación en todos los casos.

    A toda idea le tiene que corresponder una impresión; si no hay correspondencia, hay falsedad. El límite de nuestro conocer es la impresión: el conocimiento de la mente humana está completamente limitado por las impresiones. El conocimiento no tiene otra base que las impresiones: este conocimiento es el que nos hace reflexionar sobre el punto fundamental en la filosofía de Hume: la causa.

    4.4. El problema de la causalidad.

    El análisis llevado a cabo anteriormente nos pone en camino a la crítica que Hume realizó al principio de causalidad. La ciencia pretendía conocer todas las cosas por sus últimas causas y recurría a principio como:

    “todo lo que comienza a existir exige una causa”

    “no existe efecto sin causa”

    “la naturaleza obra siempre por un fin”

    “toda acción origina una reacción”...

    Hume dice que todo esto carece de fundamento, pues ninguna impresión nos lo mostraba.

    Hemos visto que, según Hume, nuestro conocimiento de los hechos queda reducido a las impresiones actuales (por ejemplo, esta clase) y pasadas (por ejemplo, el recuerdo de esta clase).

    Pero no podemos tener conocimiento de hechos futuros, porque no podemos tener impresiones de un hecho que todavía no ha sucedido, de un hecho futuro.

    Ejemplo: si pongo agua en el fuego, se calienta o hierve; si llueve, me mojo; si me arrimo al fuego, me caliento o me quemo.

    Y afirmamos, además, su nexo causal (o conexión necesaria). Por ejemplo, el fuego es causa de que hierva el agua; el agua es la causa de que me moje.

    ¿Cómo podemos estar seguros de esta verdad? Porque el criterio de verdad consiste en saber si a esa idea le corresponde una impresión, y aquí no puedo tener impresión de un hecho que todavía no ha sucedido; he visto que después de poner el agua al fuego, hierve, pero ¿sucederá siempre así? Lo que afirmamos como causalidad necesaria, ¿es así? ¿Tenemos derecho a afirmarlo así? Podemos observar la continuidad, la prioridad y la sucesión, pero de ninguna manera la conexión necesaria.

    Si nuestro conocimiento se reduce a impresiones de hechos, no podemos tener impresiones de futuro y, por consiguiente, tampoco tenemos impresiones de la conexión necesaria entre el fuego que calienta y el agua que hierve.

    Del pasado solamente hemos observado la sucesión constante entre un fenómeno y otro. Tenemos experiencia de esto: siempre que llueve, me mojo; es decir, siempre que sucedía el primer hecho, sucedía el segundo: el segundo viene detrás del primero como mera sucesión, uno después del otro. Esta sucesión es lo que hemos observado, pero lo que no hemos observado es la relación necesaria entre una cosa y otra; no tenemos experiencia de que un segundo hecho haya sido causado por el primero.

    Del futuro sólo podemos afirmar una creencia: creemos que el agua me mojará, que el calor me quemará... No hay conocimiento, sino creencia (Invest. conocim.). La certeza proviene del hábito: la costumbre que tenemos de ver un fenómeno después de otro hace que lo afirmemos con certeza; pero esa certeza no proviene del conocimiento, sino de la costumbre.

    Hume puede admitir cierto nexo causal entre percepciones, pues en esto consisten las leyes de asociación (una impresión nos hace recordar a otras) pero siempre negará el valor objetivo de dicho principio. Los puentes con la realidad (con las cosas) se encuentran rotos, el velo de las percepciones se cierra sobre él mismo.

    4.4.1. Conclusión.

    • No podemos afirmar el principio de causalidad (“Todo efecto tiene su causa”), porque:

    • Nuestras impresiones son del pasado, no del futuro.

    • No tenemos impresiones de la causalidad necesaria.

    • Hay una unión de impresión a impresión, pero esta unión no es de causa a efecto, sino de simple sucesión. Por ejemplo, siempre que ha llovido me he mojado; hay una simple sucesión de hechos, pero no hay una unión causal.

    • No hay unión de impresión a no impresión: de la impresión no podemos deducir algo de lo cual yo no tengo impresión. Por ejemplo, yo no tengo impresión de la causa; por tanto no puedo concluir que el agua es la causa de que me moje.

    • Problema: Si yo no puedo afirmar ninguna cosa de la que no tengo impresión ¿qué pasa con Dios, el mundo, yo? Porque de ninguna de estas realidades puedo tener impresiones, como va a demostrar Hume. Se trata del problema de la sustancia.

    4.5. El problema de la sustancia.

    Hemos visto que, según Hume, todo nuestro conocimiento se reduce a impresiones e ideas; nuestro entendimiento está completamente limitado por las impresiones, de tal modo que nos impide abordar cuestiones abstractas; y entre las más abstractas está el problema de la sustancia. La sustancia es un concepto al que no corresponde ninguna impresión.

    Hume no hace ninguna concesión, como hacía Locke: a nuestra idea de sustancia, de Yo, de Mundo, de Dios, no corresponde impresión alguna. La palabra “sustancia” sólo designa un conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas; por tanto, el concepto clave de la Metafísica carece de valor (Tratado sobre de la naturaleza humana).

    4.5.1. Mundo.

    Locke justificaba la realidad del mundo distinta de la mente diciendo que la realidad extramental es la causa de nuestras impresiones.

    Hume no puede aceptar esta afirmación, porque no tenemos impresiones de la relación causa-efecto. Yo lo único que puedo afirmar es que “tengo una impresión”, pero no puedo afirmar que mi impresión corresponda a una realidad exterior. La realidad está más allá de las impresiones. Si lo afirmo estoy deduciendo una cosa de la cual yo no tengo impresión.

    Por tanto, no podemos afirmar la existencia de una realidad corpórea distinta de nuestras impresiones. Lo único que podemos afirmar es la realidad de nuestras impresiones, pero no realidad alguna distinta de ellas.

    4.5.2. Dios.

    Tanto Locke como Berkeley habían afirmado la existencia de Dios desde el principio de la causalidad. Naturalmente, Hume lo niega:

    • De Dios no tenemos ninguna impresión y, por tanto, no podemos afirmar su existencia. Dios sería una sustancia, una realidad en sí, por lo tanto no puede ser objeto de nuestras impresiones: no podemos conocer a Dios.

    • No hay nexo causal entre las impresiones y Dios, que está más allá de nuestras impresiones. No podemos afirmar su existencia. La pregunta que hay que hacerse es: ¿De dónde provienen esas impresiones?

    Hume dice: no lo sabemos; no tenemos más conocimiento que nuestras impresiones, el límite de nuestro conocimiento son las impresiones. Sabemos que las tenemos, pero nada más; no sabemos de dónde vienen. Es un escepticismo total.

    Tanto la teología como la filosofía han intentado demostrar con la razón la existencia de Dios, pero no tenemos ninguna impresión de esta idea. Por lo tanto, Hume no puede afirmar su existencia.

    Para demostrar la existencia de Dios, la razón ha encontrado dos tipos de argumentos:

    • inductivos (a priori) en la definición de Dios.

    • deductivos (a posteriori)

    Tanto los unos como los otros son refutados porque descansan en el principio de causalidad, es decir, el hecho de tener un cosmos tan perfecto, implica tener un arquitecto perfecto (Dios). Por esto no tiene un fundamento lógico ni empírico.

    4.5.3. Yo.

    Desde Descartes se había afirmado la realidad del “yo” como sustancia distinta de nuestros pensamientos, por intuición inmediata: “pienso, luego existo”. Aquí no interviene la idea de causa, sino que se afirma por intuición inmediata. Pero Hume lo debe negar:

    • Sólo tenemos intuición de nuestras impresiones.

    • El “yo” o “persona” no es una impresión: es aquello que se supone como sujeto al que se refieren nuestras impresiones. Pero de ello no tenemos impresión.

    • Nuestras impresiones no son constantes, sino variables: una impresión sucede a la otra; siento dolor, después siento tristeza, después alegría... Nunca existen todas al mismo tiempo, sino que se suceden. Por tanto, no hay una impresión constante y permanente.

    En consecuencia, no existe el yo como sustancia distinta de las impresiones.

    ¿Cómo podemos explicar la conciencia que tenemos todos de nuestra propia identidad? Por ejemplo, yo soy el mismo que ayer estaba en casa, que estoy ahora en clase... Hume no tiene otra explicación que la memoria: gracias a la memoria conocemos la conexión existente entre las diferentes impresiones que se suceden. El error consiste en que confundimos sucesión con identidad.

    Estamos delante de otra ficción de nuestra imaginación de la diversidad de impresiones para la idea de la identidad. Esta transición fácil que hace la mente es causada por el hábito de asociar ideas por su semblanza, continuidad y causa-efecto. Por lo tanto y con la idea de aceptar esta ficción, nuestra mente crea otra, la del alma, del yo como sustancia.

    4.6. Fenomenismo, escepticismo y relativismo.

    El empirismo de Hume lleva necesariamente al fenomenismo al escepticismo y al relativismo.

    • Solamente conozco las impresiones; mi entendimiento está completamente limitado por las impresiones: no puedo conocer nada más allá de las impresiones.

    • El origen del conocimiento es la experiencia; todo conocimiento es conocimiento de ideas e impresiones, pero no sé de dónde vienen.

    • No puedo establecer relaciones causales: lo único que podemos observar es la sucesión constante de los hechos.

    • Niego la sustancia corpórea, porque conozco la realidad exterior diferente de las impresiones; éstas son accidentales, y me quedo sin conocer la sustancia.

    • No conozco una sustancia pensante distinta de ellas.

    Como puede verse, la conclusión de Hume no puede ser más pesimista, pues el criticismo de su filosofía le ha llevado a un callejón sin salida. De este modo, termina cayendo en un fenomenismo ¿Qué podemos conocer? Únicamente fenómenos, y esta posición le lleva a un escepticismo. ¿De qué puedo estar seguro? Absolutamente de nada (sólo de mis percepciones) y el escepticismo conduce a un relativismo: no existe una verdad objetiva y común, cada cual posee su verdad individual y distinta.

    Hume, en lugar de aspirar a una certeza metafísica e indudable, aspira a encontrar una certeza moral y ésta nos basta en la vida cotidiana. Aunque la razón sea incapaz de proporcionarnos una verdad absoluta, mi propia naturaleza humana, mi propio sentido común basta para guiarme en los avatares de la vida.

    Luego, la realidad es puramente fenoménica (lo que aparece, el fenómeno), y no sabemos nada más: de ahí el escepticismo que llega consigo. Así se reconoce él mismo.

    Hume era un filósofo práctico, hace una crítica durísima del racionalismo y ha denunciado los abusos de la razón. Llega más lejos que Locke y Berkeley ya que concluye que sólo tenemos percepciones y de ellas no podemos deducir ni la existencia de la materia (como afirma Locke) ni la del espíritu (como afirma Berkeley). Pretendió sustituir la certeza de la razón por la simple creencia, la probabilidad o la fe.

    Sólo hay un conocimiento a priori de los enunciados matemáticos y la lógica y el resto, son conocimientos a posteriori. Hume propone valorar modestamente los límites del conocimiento humano y atenerse, sobre todo, a los hechos.

    5. La ética y la política de Hume.

    Hume analiza la ciencia del hombre usando el mismo criterio que usó en el estudio de los principios metafísicos: la verdad de cualquier juicio ha de estar ratificada por la observación o por la experimentación.

    5.1. Del liberalismo de Locke al emotivismo de Hume.

    Para Locke, los hombres en estado natural son libres e iguales entre sí. No coincide ni con Rousseau (“los hombres son naturalmente buenos”) ni con Hobbes (“los hombres son naturalmente malos”). Para Locke:

    • los hombres pueden violar los derechos de los demás (no son buenos)

    • pero tienen la ley moral descubierta por la razón (no son malos)

    Al mismo tiempo, el hombre tiene unos derechos, en concreto el derecho a la propiedad. Para defender ese derecho es necesario el Estado, porque el hombre:

    • es incapaz por sí solo de repeler las agresiones.

    • se puede exceder al repelerlas.

    La conclusión es que la organización política es de derecho natural; su fundamento está en el consenso de todos los ciudadanos, en el pacto político: a través de este pacto los individuos renuncian a parte de su libertad para poder gozar de ella con mayor seguridad.

    5.1.1. El empirismo-emotivismo de Hume.

    La pretensión de Hume es construir una ciencia del hombre; por eso, su obra principal se titula Tratado acerca de la naturaleza humana. La teoría política de Hume es mucho más consecuente con el empirismo que la de Locke: los supuestos de “estados de naturaleza” y “pacto social” se pueden calificar de ficciones indemostrables. Es la utilidad de los hombres lo que explica la formación de las sociedades a partir de la célula familiar. La única organización social que está fundamentada en la naturaleza es la familia. La atracción sexual unió al hombre y a la mujer y de esta unión nacieron los hijos. Así nace la familia, la única asociación fundada en la naturaleza. Y no hay que buscar una fundamentación a la legitimidad del poder: éste es un hecho, una experiencia que se funda a su vez en otros hechos o experiencias (usurpación, toma del poder, transmisión hereditaria, elecciones democráticas...)

    Esta teoría se llama utilitarista y hay un ataque al racionalismo de la Ilustración al negar la existencia de verdades eternas o absolutas que rigen en la sociedad humana y defiende la costumbre y el interés con sus fundamentos. Por supuesto, niega todo origen divino de la autoridad. Si el origen y fundamento de la sociedad es la utilidad, la obediencia política sólo obliga si el gobierno que está en el poder es útil, es decir, si mantiene paz y orden. En política, Hume fue moderado y enormemente prudente.

    La teoría del conocimiento, que hemos visto, es sólo una parte. Hume pretende llevar a cabo en relación con el hombre una tarea parecida a la realizada por Newton en relación con la naturaleza: la constitución de una ciencia basada en el método experimental. La experiencia le lleva, en moral, a rechazar el fundamento racional de los juicios morales, para basarlos en las emociones: el origen de los juicios sobre el bien y el mal se funda en el sentimiento de aprobación o rechazo que se tenga.

    Su doctrina moral la podemos dividir, para mayor claridad, en dos partes: en la primera analizaremos la crítica que hace al racionalismo moral; en la segunda veremos el emotivismo moral, es decir, el sentimiento como fundamento de los juicios morales. Hume es un subversivo de la moral, al poner su fundamento en el propio sentimiento, no en la razón. Es una consecuencia más de su escepticismo: “es el sentimiento mismo lo que constituye nuestra alabanza o admiración; no vamos más allá ni nos preguntamos por la causa de la satisfacción.” (Tratado, III, 1, 2, p. 692)

    5.2. Crítica del racionalismo moral.

    Según Hume la moralidad de una acción no depende del objeto sino del sujeto que la realiza. Por lo tanto, se ha de analizar primero la naturaleza humana, que es la responsable última del hecho moral.

    La ética en general se podría describir como el conjunto de principios, normas y valores a través de los cuales se emiten juicios sobre el bien y el mal, a la luz de la razón, que cada cual ha elaborado para orientar su conducta.

    El primer problema que se presenta a la ética de Hume consiste en saber si las percepciones morales son impresiones o ideas; porque las impresiones son previas a las ideas, razón por la cual hemos de considerar que éstas derivan de aquéllas. La moralidad no es sólo impresión ni sólo idea, sino una curiosa combinación de ambas, que Hume describe así: “una idea vivaz relacionada o asociada con una idea presente” (Tratado, I, p.215)

    ¿Cuál es el fundamento de esos juicios?, ¿en qué se basan?: ésa ha sido la pregunta que se han hecho todos los filósofos desde los griegos, para responder que el fundamento está en la razón: la razón conoce la naturaleza del hombre y de ese conocimiento deduce lo que va en contra de la naturaleza -y por tanto es malo- y lo que es conforme a naturaleza -y por tanto es bueno.

    Hume se opone a este pensamiento (Tratado, III, I, 1-2). Según él, la razón no es el fundamento de los juicios morales, porque:

    • Los juicios morales determinan nuestro comportamiento. Cuando decimos que tal acción es buena, esa afirmación nos incita a realizar esa acción. Lo mismo en el caso de afirmar que una acción es mala, lo afirmamos para no realizar esta acción. Los juicios morales, por tanto, se hacen para determinar nuestro comportamiento en orden a obrar siempre bien.

    • La razón no puede determinar nuestro comportamiento. El conocimiento intelectual no puede determinar el que nosotros hagamos una acción o la evitemos: el conocimiento -según Hume- es de relaciones entre ideas o de hechos:

    • El conocimiento de relaciones entre ideas (por ejemplo, las matemáticas) por sí mismo no impulsa a realizarlas: es un conocimiento puramente intelectual.

    • El conocimiento de hechos: los hechos son solamente hechos, no juicios morales. El hecho en sí (por ejemplo, un crimen) no es un juicio: el juicio se hace en el interior de uno mismo, en el sentimiento; allí se reprueba el crimen o se alaba la virtud. Mientras no lleguemos al sentimiento, no ha habido juicio.

    El bien, el mal, la belleza no son valores éticos absolutos, simplemente expresan sentimientos, impresiones subjetivas. El hecho de que sean aceptados por la mayoría sólo demuestra que la naturaleza humana es uniforme pero todo se puede explicar en términos de costumbres y hábitos humanos.

    5.3. El emotivismo moral.

    La ética para Hume es un tema de primera importancia, es un asunto que le interesa por encima de todos los demás (Tratado, III, 1, 1, p.672). Como hemos visto, la ética de Hume es de carácter emotivista; rechaza los intentos de fundar la ética en la razón. Había sido la trayectoria constante desde los griegos: el fundamento de los juicios morales estaba en el entendimiento. Hume afirma que la moral se halla fundada en el sentimiento. La moralidad es más propiamente sentida que juzgada. Porque la razón es incapaz de mover al hombre; el hombre actúa por motivaciones, por impulsos, por afectos, por pasiones, que son los que le mueven a hacer cosas; y también porque el bien y el mal morales, los deberes, la virtud y el vicio no son relaciones de ideas, ni son de hecho, cuestiones racionales. Deben tener su origen en otro sitio, y Hume denuncia el falso argumento de casi todos los filósofos, que pretenden construir una ética racional y demostrativa.

    Distinguió el papel que en la moral desempeñan las facultades cognoscitivas del que desempeñan las facultades emotivas. Las primeras aportan datos, nos presentan los elementos y circunstancias que se hallan en determinados hechos; pero las emotivas son las que descubren el auténtico valor moral.

    http://www.filosofia.net/materiales/tem/hume.htm (Hume)

    http://www.filosofiayderecho.com/biblioteca-e/hume.htm (texto íntegro en inglés)

    http://www.mgar.net/docs/hume.htm (resumen Hume y enlace autores posteriores selec)

    http://www.webdianoia.com/moderna/hume/ (la mejor)

    http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiamedievalymoderna/Hume/ (Hume por temas con textos)

    portalamat.info (Hume vs. Descartes)

    http://www.mercaba.org/Filosofia/empirismo_britanico_y_david_hume.htm (Empirismo)

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