Introducción al pensamiento filosófico; Józef Bochenski

Literatura polaca contemporánea siglo XX. Pensamiento filosófico. Grecia. Posibilidad gnoseológica. Escepticismo

  • Enviado por: El remitente no desea revelar su nombre
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas

publicidad

Comentario sobre el texto de Józef Bochenski de la obra Introducción al pensamiento filosófico

I. Contextualización del texto

1. Tema del texto

El tema del texto es el planteamiento de la posibilidad gnoseológica a partir de las tesis gorgianas: <<…un filósofo griego llamado Gorgias de Leontino. De él se afirma que sentó y defendió hábilmente las tres tesis siguientes: 1º Nada existe. 2º Si existe algo, no lo podemos conocer. 3º Suponiendo que existe algo y lo podamos conocer, no se lo podríamos comunicar a los otros.>>, <<Diría que difícilmente existirá un hombre que, por lo menos en algún momento de su vida, no se formulase esas tres mismas cuestiones.>>.

2. Conceptos fundamentales

-escepticismo: posición filosófica que duda de la posibilidad de tener un conocimiento firme y seguro de la realidad.

-conocimiento: conjunto de creencias objetivas de las que estamos seguros y que se pueden demostrar.

3. Estructura del texto

A) Introducción sobre Gorgias (líneas 1-12)

A.1. Acercamiento a Gorgias y resumen de las tesis (líneas 1-7): <<A finales del siglo V antes de Cristo, vivió en Sicilia un filósofo griego llamado Gorgias de Leontino. De él se afirma que sentó y defendió las tres tesis siguientes…>>.

A.2. Problema planteado por las tesis (líneas 7-12): <<Lo cierto es que se nos transmitieron estas tesis como propias de él y, desde entonces, están hay como una invitación a la reflexión.>>

B) Opinión personal del autor (líneas 12-33)

B.2. Importancia del escepticismo (líneas 12-20): <<…opino que hay que tomar en serio esta invitación, por muy monstruosas o raras que tales tesis nos parezcan.>>, <<Así, con toda certeza, las tesis de Gorgias son tesis importantes.>>.

B.3. Consecuencias del escepticismo (líneas 20-33): <<…para quien aceptase estas tesis, desaparecería toda la seriedad de la vida. Todo sería para él fantasmagoría y engaño.>>.

II. Comentario del texto

En este texto, Bochenski coge la figura y el pensamiento de un filósofo griego de la Antigüedad, concretamente en el siglo V antes de Cristo: Gorgias de Leontino, cuyas tesis reflejan una clara inclinación por el escepticismo, aunque se considera a Pirrón como el primer escéptico (360 a.C.-270 a.C.). Esta postura consiste en la afirmación de que no es posible llegar a tener un conocimiento fiable de la realidad, y es un tema que sigue preocupando actualmente, ya que respecto al tema de la posibilidad de conocer o no, o de la existencia de una verdad absoluta, también desde hace siglos se han dado otras respuestas con diferentes puntos de vista, sin que todavía se haya establecido la validez de alguna de ellas sobre las demás. En oposición al escepticismo, encontramos el dogmatismo, que defiende la idea de que podemos adquirir conocimiento seguro y universal y tener la absoluta certeza; además añade que es posible ampliar ininterrumpidamente nuestros conocimientos. La postura intermedia entre las dos anteriores sería el criticismo, según la cual el conocimiento es posible, sin embargo éste no es incuestionable y definitivo, sino que debe ser revisado y criticado constantemente.

Otra concepción es el relativismo, que niega la existencia de una verdad absoluta, por eso rechaza la pretensión de un conocimiento objetivo y universal y considera que únicamente existen opiniones particulares y válidas en un determinado contexto. Y, finalmente, está el perspectivismo, relacionada con la anterior, que postula que cada sujeto o colectivo que conoce lo hace desde una perspectiva particular, pero esta visión no es falsa, porque recoge un aspecto importante de la realidad.

En un principio, las tesis de Gorgias pueden parecer monstruosas y extrañas, de ahí que algunos eruditos llegaran a pensar que se trataba de alguna broma o de que el propio Gorgias no tomaba en serio sus afirmaciones. Se trata, ciertamente de unas teorías que van en contra de todo lo establecido, puesto que nuestra existencia está basada en el conocimiento que tenemos de nuestro entorno, y si esa realidad que nos rodea no existe ¿existimos realmente nosotros?, o si no podemos conocer nada ¿de que nos sirve tener conciencia?, o si no podemos transmitir nuestros conocimientos ¿para que los tenemos? A todas estas dudas existenciales surgidas a la luz de las tesis gorgianas hay que sumar otra, que es la pregunta de que si no es posible el alcanzar el conocimiento verdadero ¿que pasa con todos los conocimientos que el ser humano ha ido adquiriendo a lo largo de la Historia? ¿Acaso son todos falsos o erróneos incluso los que son demostrables? El planteamiento de estas cuestiones y otras cuestiones hizo que muchos otros pensadores y filósofos rechazaran y criticaran el escepticismo, calificando estas tesis de “equivocadas”.

A pesar de los motivos anteriores, no podemos rechazar sin más el pensamiento gorgiano porque, como señala el autor, la mayoría de las personas, en mayor o menor grado, en algún momento de su vida se para a pensar sobre este tema, y, lo que en un principio puede parecer una idea descabellada, acaba cobrando sentido incluso hasta hacernos dudar de nuestras propias y arraigadas creencias. Esto se debe a que todo el conocimiento que poseemos acerca de la realidad nos viene dado por lo que percibimos a través de nuestros sentidos, con lo cual es lógico dudar de la veracidad de la información recibida, incluso es lógico también dudar de las demostraciones que convierten a un conocimiento en seguro y objetivo, puesto que esas demostraciones también las recibimos gracias a nuestros sentidos, que pueden engañarnos. Además, a lo largo de las distintas etapas de la Humanidad, múltiples creencias han quedado desmentidas o han sido criticadas y revisadas, por lo que esto también puede hacer pensar que nuestro conocimiento no es fiable.

En cualquier caso, siendo verdaderas o no las tesis escépticas, la aceptación de las mismas supondría dejar al ser humano sumido en un conflicto perpetuo consigo mismo. Si todo nuestro entorno es falso o imposible de conocer por nuestra razón nuestra vida carecería de sentido alguno, no podríamos distinguir entre bien y mal o entre verdadero y falso, por lo que se establecería la ley de “todo y nada vale a la vez” y crearía un enfrentamiento entre las distintas opiniones que pudieran surgir respecto a cualquier aspecto de la realidad, dejando al hombre sumido en la total ignorancia. Otra consecuencia sería que, si algo existiese y lo pudiésemos conocer pero no lo podemos transmitir a otros, toda ese conjunto de aprendizajes adquiridos socialmente, es decir, la cultura, no serían más que una masiva sucesión de erróneas mutaciones que no habrían hecho sino acentuarse con el paso del tiempo con relación a la información primitiva.

Por último, Bochenski menciona la existencia de razones que abogan por Gorgias, entre las que se podrían encontrar el hecho de que la base de nuestras creencias son las sensaciones (según afirmaba Pirrón) y, por lo tanto, como nuestros sentidos no son fiables al cien por cien, no podemos conocer la realidad o asegurar la existencia de ésta. También influye el que muchos de nuestros conocimientos son más bien certezas o dependen del punto de vista o de la perspectiva y de las circunstancias en las que nos encontramos, de modo que, en muchos casos, no hay una verdad absoluta sobre ciertos temas. Y, en cuanto a la imposibilidad de transmitir nuestros conocimientos, una razón a su favor es la capacidad del lenguaje de comunicar información, que, aunque es casi ilimitada, hay matices que no es capaz de expresar.

Como conclusión, cabe decir que, sobre el tema de si es posible o no alcanzar el conocimiento verdadero, el autor, más que una argumentación a favor o en contra, hace una invitación a la reflexión y da una serie de pautas para encaminarla, pero aún así les concede una gran importancia dentro del pensamiento filosófico.

III. Valoración

A lo largo de la Historia, desde el nacimiento mismo de la epistemología se ha discutido mucho sobre si realmente existe una verdad objetiva y es posible conocerla. Como defensores del escepticismo podemos destacar a Heráclito, que afirmaba que “todo fluye y nada permanece”, los sofistas, a los que pertenecía Gorgias, Pirrón, o Hume, principal representante del empirismo radical, que defendía que el conocimiento está circunscrito a nuestras propias experiencias. En cuanto a los defensores de que sí es posible conocer la realidad encontramos a Parménides, Sócrates (optimismo epistemológico), Platón o Descartes (optimismo radical), que se caracterizó por afirmar que mediante el método racional es posible conocer la realidad y orientar la acción humana. En una postura intermedia se encuentra Kant, máximo exponente del criticismo ilustrado.

Y, para terminar, hay que destacar que el texto, aparte de tratar el tema del conocimiento a partir del escepticismo, resalta la importancia del conocimiento en la vida del ser humano, ya que, aunque dudemos de la posibilidad de alcanzar una verdad absoluta y definitiva, debemos intentar acercarnos a ella lo más posible, que supone un esfuerzo continuo en una doble vertiente: salir del engaño y salir del error. Esta tarea debe ser llevada a cabo individualmente pero también colectivamente, desde una sociedad abierta, tolerante y preocupada por la investigación y la verdad.