Introducción al derecho

Teoría del derecho. Caracter según Freud. Ciencia jurídica. Orden. Sistemas jurídicos. Internacional. Fuentes del dereho. Moral. Justicia

  • Enviado por: Federico
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 61 páginas
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RESUMEN DE INTRODUCCION AL DERECHO

DEFINICIÓN DE Derecho

Dificultades que hacen a la definición de Derecho (Nino)

Según Carlos Santiago Nino, la imposibilidad de dar una definición estricta del concepto de Derecho, radica en cierta adhesión de los autores en lo que respecta a la relación ente el lenguaje y la realidad. Existen dos teorías sobre la concepción del lenguaje:

a- convencionalista

según esta concepción, el significado otorgado a una palabra esta determinado por las reglas convencionales que conforman las condiciones de uso de dicha palabra.

b- esencialista

Esta concepción del lenguaje sostiene que para definir una palabra, es necesario captar la verdadera esencia de la palabra.

La palabra “Derecho” al igual que muchas otras palabras, posee tres características, que dificultan su definición:

a- ambigüedad

b- vaguedad

c- carga emotiva

a) la ambigüedad es la característica propia de las palabras que admiten diferentes interpretaciones en cuanto a su significado. La expresión derecho posee tres distintos significados:

- Derecho objetivo

- Derecho subjetivo

- Ciencia del Derecho

  • el Derecho objetivo comprende el conjunto de normas de un determinado sistema normativo ejemplo: el código penal, es un conjunto de leyes penales, y se considera como derecho penal.

  • Derecho subjetivo, define las facultades, prerrogativas o atribuciones, que son propias de las personas.

  • La Ciencia del Derecho, es la expresión utilizada, para significar al Derecho en relación con lo pertinente a los conocimientos jurídicos y la realidad jurídica.

b- la vaguedad referencia el grado de imprecisión generado al tratar de definir una determinada palabra u objeto debido a que no es posible enunciar, teniendo en cuenta el uso ordinario, propiedades deben estar presentes en la totalidad de los casos en los cuales la palabra se usa. Existen dos tipos de características:

- características definitorias: son aquellas indefectiblemente deben estar presentes para poder definir como tal, al objeto o palabra en cuestión.

- características concomitantes: su presencia no es imperiosa en la definición.

La vaguedad esta constituida por tres rasgos fundamentales, los cuales son:

  • coactividad: debido a que se trata de un conjunto de normas coactivas

  • normas generales: son aquellas normas que admiten en su composición sentencias o jurisprudencia, esto produce una cierta falta de precisión debido a la amplitud conceptual admitida por la norma

  • normas dictadas por autoridad competente: estas normas no admiten en su formación las costumbres o usos sociales.

c- la carga emotiva es algo inalienable al lenguaje, ya que este mismo se utiliza para transmitir ideas, las cuales están impregnadas por los sentimientos y convicciones de las personas que las transmiten. Una palabra puede tener una carga emotiva positiva(buena) o negativa (mala) la palabra Derecho tiene una connotación positiva(aunque no siempre! ) ya que nos transmite una sensación amena, al contrario de palabras como por ejemplo: cruel, bastardo, mentiroso, político (jeje)

Iuspositivismo vs Iusnaturalismo

Iusnaturalismo

El iusnaturalismo es una concepción filosófica(errónea), que sostiene(increíblemente) que la moral tiene una estrecha relación con el derecho(incluso llegando a sostener que la moral es el fundamento de un sistema jurídico, cuando ni siquiera pueden postular una facking definición de moral, entonces… what hell es la moral? Pero no desviemos el curso de acción) aseverando que esta intrincada relación debe ineludiblemente reflejarse en la definición de Derecho.

Las dos tesis más “importantes”, que resumen la concepción naturalista son:

1. hay principios morales y de justicia, universalmente validos y asequibles a la razón humana (este precepto pierde todo tipo de validez, al advertir las notables discrepancias respecto a una u otra cultura, por ejemplo vemos que en ciertas culturas esta aceptado socialmente dar muerte a los ancianos o a las mujeres que cometen adulterio… entonces where demons this the facking universality?)

2. un sistema normativo o una norma solo puede tener carácter jurídico, se conforman a los (supuestos) principios universalmente validos

Los iusnaturalistas (además de los pequeños inconvenientes mencionados anteriormente) tienen otro inconveniente (pero casi imperceptible eh!) no sos capaces de establecer la génesis basal de estos principios; al respecto existen dos posiciones:

  • Teológica: sostiene que bla bla bla... origen en dios.

  • Racionalista: origen intrínseco a la naturaleza y estructura humana

Iuspositiviso

Esta corriente filosófica sostiene que, si bien existe una relación (casi imperceptible) entre Derecho y moral, la misma no pude ser tenida en cuenta en el concepto de Derecho (ya que esto produciría que la definición sea malditamente ambigua, vaga y por demás estupida)

Dentro de esta filosofía, se distinguen distintos estratos(en función del grado de positivismo denotado por los autores que los conforman… pero siempre dentro de parámetro de objetividad aceptables, no como los iusnyts ---iusnyt = adjetivo descalificativo que es utilizado como seudónimo del sujeto que adhiere a concepciones iusnaturalistas---)

  • metodológico o conceptual: sostiene que todo sistema normativo valido debe ser considerado como un sistema jurídico, no obstante lo cual, en el caso que cuyo sistema sea considerado injusto, por los individuos que quienes esta destino, estos pueden abstenerse de la aplicación de dicho sistema.

  • Escepticismo ético: sostiene que los juicios valorativos son subjetivos y relativos.

  • Ideológico: postula que el Derecho positivo debe ser observado y aplicado dejando a un lado los escrúpulos morales.

  • Formalismo jurídico: afirma que el Derecho debe estar compuesto exclusivamente por normas juridicas, excluyendo las normas de carácter consuetudinario y jurisprudencial.

  • Realismo jurídico: asevera que los sistemas jurídicos son incompletos, inconsistentes, redundantes, y están compuestos meramente por sentencias y no por norma jurídicas.

Caracteres del Derecho (Freud)

1. rol regulador

Reg. las conductas de los individuos imponiendo límites a través de las fucking instituciones. Dice Freud que el derecho no evita problemas sino que busca la mejor forma de resolverlos (sostener esta ridícula estipulación, y por demás esta decir que es completamente errónea, conlleva a sostener la reducción del derecho, en cuanto a su actuación, a la espera de la suscitación de un conflicto, para recién entonces intervenir, como vemos esto no tiene sentido por justamente el derecho es de carácter preventivo es decir contiene normas destinadas a evitar conflictos entre los individuos, tomemos un ejemplo: por que existe una norma que indica que en caso de que yo me atreva a robar/hurtar el bonito coche de mi vecino me veré supeditado a las correspondientes consecuencias legales, pues porque esta conducta traería aparejada un lógico conflicto de intereses, en donde el citado vecino tratara de acreditar su posesión sobre el bien y viceversa, pero para EVITAR esto la norma afortunadamente estipula una bendita sanción, es obvio que no puede prevenir la totalidad de los casos… siempre hay un desubicado que viola la sagrada norma…)

Tipos de conflictos:

a- internos

Dan lugar a contradicciones y/o redundancias entre las distintas normas juridicas.

b- externos

Son conflictos de índole extrajuridica, se suscitan en el transcurso de la vida social, ejemplo: un homicidio.

c- conflictos propios del derecho

Esta clase de conflictos son pertinentes a las discusiones filosóficas, ejemplo: iuspositivismo vs. Iusnaturalismo(ja xD)

Doble función del Derecho

Directa: regulación positiva de la sociedad.

Indirecta: corrige errores, irregularidades y anomalías.

2. carácter dogmático

El derecho es obligatorio para todos los habitantes que se encuentren inmersos en una sociedad regida por un sistema jurídico determinado; en caso de que se quebrante la ley, la misma estipulara el correspondiente efecto jurídico coligado a nuestra conducta.

Las leyes son dictadas por los legisladores, los cuales prevén en sus normas una indeterminación, para que luego los jueces determinen la sanción en función de cada caso particular.

3. se funda en un orden convencional

Es obligatorio, de carácter coactivo, es aplicado por una determinada autoridad, la cual esta facultada para hacerlo, no es de carácter universal sino que esta circunscripta a una determinada unidad política, correspondiendo a cada unidad política un propio sistema jurídico.

4. posee significación práctica

Procura la estabilidad del estado regulando la conducta de los individuos.

El Derecho evoluciona conforme al desarrollo de la sociedad, además posee las cualidades de anticipación y contestación.

Normativismo-decisionismo-institucionalismo

  • Normativismo (kelsen)

Esta tesis propone elevación de la norma hacia un contexto de superioridad, ante casos particulares (se objeta a Kelsen, mentor de esta tesis, de absolutizar y aislar a las normas jurídicas, supeditando la realidad social a ellas. Quienes objetan esto en contra de kelsen lo hacen suponiendo, o por lo menos eso parece, que las normas tienen un origen místico o divino; es decir las normas jurídicas son dictadas en función de las necesidades y virtudes de la sociedad a la que responden, a lo que apunta kelsen es a la cabeza de los iusnyts… ehh ah sorry, apunta a dar a la normas un cierto revestimiento de superioridad de modo tal de poder utilizarlas como una especie de lineamiento o guía de los distintos hechos jurídicos, supeditando a ellas los casos particulares, en caso de que la relación fuese a la inversa, provocaría que la labor jurídica sea excesivamente engorrosa debido a la falta de precisión del sistema)

Kelsen se propone, depurar el derecho de toda materia extra-jurídica

Además kelsen adopta el principio de la cadena de validez, la cual tiene por origen la famosa-y-siempre-bien-ponderada Norma Fundamental.

  • Decisionismo (Freud)

Sostiene que el orden jurídico esta fundado tomando como base la autoridad de la decisión, expresada a través de una orden; de esta autoridad decisoria se deriva la validez de all facking system.

Ya lo decía Hobbes “todo Derecho, ley o norma, toda interpretación de una norma, todo orden, esta formado por la por la voluntad del soberano”

  • institucionalismo (Hart)

Sostiene que el elemento principal del Derecho son las instituciones. Argumenta que la norma tiene validez independiente y autonomía dentro de las instituciones.

Las instituciones representan en el Derecho la categoría de la duración, continuidad y realidad.

Existen dos tipos de instituciones:

  • personalizadas: a través de los jueces

  • no personalizadas: las reglas del Derecho son establecidas socialmente

Desarrollo o vida de una institución

  • Nacimiento: a través de operaciones de fundación, las cuales le proporcionan los fundamentos jurídicos necesarios para su continuidad.

  • Vida: una vida positiva y objetiva, en función de las operaciones jurídicas de gobierno.

  • Muerte: su existencia perece debido a una abrogación o disolución

Orden jurídico (Freud)

La complejidad de los sistemas jurídicos, surge en andas de la confusión que se produce entre, el orden jurídico y la interpretación que los hombres hacen de este.

Características de los órdenes jurídicos

  • Durables: esta durabilidad esta en función de la inmutabilidad de lo que establece el orden jurídico, dándole un presumible grado de estabilidad.

  • Abstractos: esto significa que regula en forma general los casos típicos que se repiten de forma irregular durante el transcurso de la vida social, es decir que no se establece en función de un caso particular

Orden jurídico como orden normativo

Los sistemas jurídicos se crean en función de las decisiones humanas que la ejecutan, aplican y dan validez si designamos a tales decisiones bajo el nombre de “normas” podríamos decir que un orden jurídico es u orden normativo.

Finalidad del orden jurídico

Los ordenes jurídicos se crean con el propósito de de alcanzar un grado de paz, seguridad, justicia, igualdad y libertad, de tal modo que se asegure la subsistencia y el correcto funcionamiento de la sociedad en que rige. (una linda utopía!)

Clases de orden jurídico

Sistema de leyes (Derecho codificado)

  • Europa continental, países iberoamericanos

  • Los principios esenciales están estipulados en códigos

  • Los juristas aplican la ley el desarrollo de el Derecho en función de las reformas constitucionales y su proceso de formación

Sistema consuetudinario (common law)

Comprende varios tipos de constitución judicial, puede tratarse de un simple Derecho popular (Derecho costumbrista) o de un Derecho elaborado y desarrollado (Derecho legal)

Diferencia entre orden jurídico y orden legal

El orden legal es aquel al que obedecen los jueces, es a lo que se le llama “la ley”; en cambio el orden jurídico es mucho más amplio, este último incluye la jurisprudencia normas consuetudinarias, etc.

Ciencia jurídica

Kelsen

Este autor refiere que para que la ciencia jurídica sea llamada como tal, debe estar purificada de elementos extraños a ella, como por ejemplo aspectos sociológicos, económicos, políticos, etc.

La ciencia jurídica es una ciencia normativa no por que dicte normas sino por el hecho de que las describe, estos enunciados descriptivos se llaman “proposiciones jurídicas” las normas y las proposiciones se diferencian entre si por su función lingüística, es decir la norma tiene una función prescriptiva y la proposición una función descriptiva.

Ross

Este autor se limita a criticar a kelsen y señala que las proposiciones jurídicas deberían ser enunciados del “ser” y o del “deber ser”, al igual que las normas jurídicas, incluso sin importar que lo que describan estas proposiciones, sean las mismísimas normas jurídicas (una locura!)

Alchourron y Buligyn

Estos autores afirman, sin mayores preocupaciones, que las tareas de la ciencia jurídica se dividen en dos grupos:

1. tarea empírica

Determinar que enunciados forman la base del sistema jurídico

2. operaciones lógicas sistematización del Derecho

Esta tarea se divide en dos subprocesos:

  • derivar las consecuencias lógicas, de manera tal que podamos apreciar los efectos lógicos (lagunas, contradicciones y redundancias)

  • remplazar la base original por una más económica es decir un conjunto de principios más reducidos y más generales.

Norma jurídica

Von Right

Definición: Este autor la define como una clase particular de normas dentro de una clase general (oh…cuanta precisión!)

Clasificación: se dividen en primarias y secundarias.

- Primarias:

a. normas definitorias (determinan una actividad específica)

b. normas técnicas (indican los medios para alcanzar un fin determinado, poseen una proposición anakastica, que debe ser verdadera para que la norma sea eficaz)

c. normas prescriptivas (poseen autoridad y sujeto normativo, prevén una sanción)

- Secundarias

a. ideales (definen un patrón óptimo)

b. costumbres (conductas repetitivas asequibles de una sanción en caso de incumplimiento)

c. morales (¿?... según el autor son difíciles de definir, pero guardan cierta relación con las norma definitorias y técnicas)

Desarrollo las normas prescriptivas

Elementos:

1. carácter

Está relacionado con los operadores lógicos, la norma puede ser de carácter permisivo, prohibitivo, obligatorio

2. contenido

Es la conducta, entendiendo esta última como toda acción o actividad, que la norma declara obligatorio, prohibido o permitido.

3. condición de aplicación

Son las condiciones o circunstancias, dadas las cuales se podrá aplicar el contenido de la norma; según la application condition las normas se dividen en:

  • categórica, no necesita de otra condición mas que la especificada por la norma

  • hipotética, requieren una condición adicional para su aplicación

4. autoridad normativa

Es el emisor, es decir quien dicta la norma; según la normative authority la clasificación pertinente es:

  • heterónomas, no incluyen al emisor

  • autónomas, incluyen al emisor

5. sujeto normativo

Es a quien se dirige la norma, se clasifica en:

-particular

-general, se subdivide en:

° Conjuntivas, a todos los individuos de una clase especifica

° Disyuntivas, a un conjunto determinado dentro de una clase especifica.

6. ocasión (la ocasión hace al ladrón… no tiene nada que ver pero esta copada la frase!)

Es la ubicación en tiempo y espacio en donde se podrá aplicar el contenido de la norma en cuestión. Se clasifica en:

  • particular, ocasión especifica

  • general, conjunto de ocasiones

7. promulgación

Es la formulación de la norma, consiste en expresarla a través de un sistema de símbolos, establecido convencionalmente, mediante el cual será posible dar a conocer su existencia entre quienes deban observarla.

8. sanción

Es la amenaza de daño o castigo, para quien desobedezca la norma o haga caso omiso de ella.

Kelsen

a. las normas jurídicas como juicios de “deber ser”

el mencionado autor distingue 2 tipos de juicios:

  • ser, son enunciados descriptivos, susceptibles de verdad o falsedad

  • deber ser, son enunciados prescriptitos, no susceptibles de v o f

Los juicios de deber ser, sirven para interpretar los actos de voluntad, que están dirigidos hacia otras personas.

La norma jurídica es un juicio hipotético del deber ser, la cual posee una sanción, como rasgo característico y esta supeditada a la realización efectiva de una conducta. La norma jurídica esta destinada a los órganos encargados de procurar su aplicación.

b. estructura de la norma jurídica

las normas jurídicas, desde un punto de vista mas realista o empírico que el mencionado anteriormente, constituyen técnicas de motivación social, es decir que son mecanismos que tienen como función principal inducir a los individuos a orientar su conducta en torno a ciertos intereses, preestablecidos en la estructura del orden jurídico, los cuales se supone, deben estar en función de los objetivos mencionados anteriormente, y en beneficio de la totalidad de la sociedad en la cual rige (cabe destacar que esta ultima es una condición necesaria pero no suficiente, ya que es notable que en los sistemas jurídicos no siempre son muy claros los objetivos que persigue y oh casualidad siempre benefician a un reducido grupo de nefastos personajes)

Siguiendo con kelsen, observamos la siguiente clasificación, en cuanto a las técnicas de motivación social:

  • directa, indica explícitamente que conducta es la deseable (para quien?)

  • indirecta, (esta es una técnica marcadamente psicópata), se basa en implementar un incentivo para inducir a actuar de determinada manera, es decir no se establece explícitamente la conducta “buena”, sino que se lo hace implícitamente “marcando el camino correcto” (aunque creo que es mas sano caminar al costado de ese camino, ya lo dice la letra… “caminito al costado del mundo”… yeah! facking good music) a través de un incentivo “bueno” o premio, para la conducta “buena” o “malo” o sanción para castigar la conducta “mala”

Sanción: es un acto coactivo consistente en la privación de un bien jurídico, el cual será arrebatado por la fuerza bruta( y mucho mas!) si así lo ameritase la situación, la cual es ejercida o ejercitada por la autoridad que posea la competencia jurídica para hacerlo, siendo aplicada dicha sanción a raíz de una conducta, la cual debe estar estipulada negativamente en el ordenamiento jurídico.

c. clases de normas jurídicas

Primarias

Establecen la relación entre el hecho ilícito/delito/ “conducta mala” y la sanción correspondiente para la misma. Este último elemento es lo que diferencia a las normas jurídicas genuinas o primarias de las secundarias.

Secundarias

Son aquellas que prescriben la conducta que permite no hacerse acreedor de la sanción estipulada en la norma primaria. Estas normas son secundarias debido a que suponen la existencia de una norma primaria o genuina, sin la cual las primeras no tendrían ninguna significación jurídica ya que jurídicamente no imponen ninguna obligación.

Sistemas jurídicos

La teoría del derecho esta constituida por dos partes igualmente importantes:

  • teoría de la norma jurídica, es la parte del Derecho que estudia en forma abstracta las distintas facciones de las normas jurídicas aisladas en si mismas.

  • Teoría de el orden jurídico, estudia los efectos y consecuencias, pertinentes a las diferentes relaciones entre las normas jurídicas, es decir estudia el “comportamiento” de la norma jurídica no en forma aislada sino en relación con otras, conformando una especie de red jurídico-normativa que solemos denominar sistema jurídico.

Los institucionalistas fueron los primeros en comenzar a percatarse de esta relación entre las normas jurídicas, desechando la teoría de la norma jurídica y tildándola de obsoleta.

El autor itálico Norberto Bobbio, declara al respecto que los institucionalistas se equivocan al desmerecer a la teoría de la norma jurídica, siendo esta parte complementaria e igualmente importante dentro Derecho la teoría del Derecho, pero no obstante no deja de acreditar la sagacidad de los institucionalistas al advertir la susodicha relación.

Rasgos distintivos de los sistemas jurídicos

a. sistemas normativos

Existen distintos sistemas normativos como por ejemplo: religión, moral, usos sociales, juegos y(!) el derecho, es decir los sistemas jurídicos son una clase de sistemas normativos. (la típica precisión Von rigniana)

Ante la bienaventurada pregunta de ¿Qué es un sistema jurídico? Los autores Alchourron y Buligyn, si mayores precauciones (eh incluso haciendo caso omiso de la contaminación que hacen del Derecho, con esa especie de basura matemática, que algunos se atreven a llamar lógica… repito BASURA MATEMÁTICA) postulan lo siguiente:

Basándose en la definición de “un tal” Tarsky(que no se que carajo tiene que ver con el Derecho) sobre sistema deductivo de enunciados, siendo este un conjunto de enunciados que comprenden todas sus consecuencias lógicas; dicen que un sistema jurídico seria aquel sistema deductivo que posee entre sus consecuencias lógicas al menos una norma (definición que repugno completamente)

b. Sistemas coactivos

Según Kelsen un sistema jurídico, será aquel sistema que este compuesto únicamente por normas jurídicas (parece razonable no?), destacando la sanción o sea la coactividad normativa característica de la norma jurídica, como un elemento genuinamente asociado a los sistema jurídico.

Según asegura Carlos Nino, debemos definir a las normas jurídicas en función del sistema jurídico y no a la inversa como Kelsen (¿? sin palabras!) no obstante esto, le es inevitable a Nino acreditar la veracidad de la estipulación Kelseniana, acerca de la coactividad como “marca registrada”(si me permiten el termino comercial) de los sistemas jurídicos. Aseverando el mencionado autor que un sistema normativo es un sistema jurídico cuando en su composición existen algunas normas que estipulen actos coactivos, aunque no todas lo hagan (esto pareciera ser un problema meramente proporcional… 70% normas jurídicas y 30% garvagel instructions!… si no entendieron el sarcasmo se joden!)

c. sistemas institucionalizados

Los sistemas jurídicos son sistemas institucionalizados ya que estipulan órganos u autoridades; aseguran los fervorosos institucionalistas, entre ellos Hart, quien afirma que un sistema jurídico se caracteriza por tener normas de reconocimiento (primarias) y normas de cambio y adjudicación (secundarias). Hart imagina una sociedad con un sistema normativo rudimentario, y postula que las normas primarias se originarían, por la falta de certeza acerca de cuales normas tienen vigencia en dicha sociedad, siendo así que estas normas indicarían que condiciones debe reunir una norma para ser una norma valida. En lo que respecta a las normas secundarias, estipula que su origen es consecuente del carácter estático de dicho sistema, esto seria así debido a que aparentemente en dicha sociedad no existiría una autoridad definidamente visible, siendo así que las normas secundarias otorgarían competencia a ciertos individuos para introducir y/o eliminar normas dentro del sistema (…y colorin colorado… hart es un tarado!)

Kelsen, en referencia a la institucionalización de los sistemas jurídicos, manifiesta que estos últimos se diferencian de otros sistemas normativos por su carácter dinámico.

Sistema estático, es aquel cuya conformación esta dada únicamente por normas primitivas y las inferencias lógicas que de ellas se desprenden.

Sistema dinámico, en estos se genera una transmisión de autoridad, es decir el sistema confiere competencia ciertos individuos para que introduzcan o deroguen normas validas, además de incluir las normas primitivas y las respectivas inferencias lógicas.

Criterios de pertenencia e individualización

Criterios de pertenencia

Estos criterios se esfuerzan por establecer cuando una norma jurídica por ejemplo “N” pertenece a un sistema jurídico “S”

Para esto se utiliza la “cadena de validez” según Raz, o “cadena de subordinación” según Von Right.

Raz define el concepto de cadena de validez como, el conjunto de todas las normas tales que:

  • cada una de ellas autorice la creación de una sola norma, o en su defecto de ninguna.

  • La creación de cada una de ellas este en función de una sola norma del conjunto.

Siguiendo el ejemplo, “N” pertenecerá a “S” si y solo si “N” fue creada conforme a los requisitos impartidos por una norma cuya existencia dentro del el sistema anteceda a “N” es decir pertenecerá al sistema cuando el acto de dictar “N” ha sido hecho conforme a una norma ya existente en el sistema, y así sucesivamente hasta llegar a un punto o momento en donde no existirá una norma anterior, estaremos frente a la primer norma positiva del sistema.

Kelsen sostiene que “N” pertenece a “S”, siempre y cuando “N” concuerde con una norma ya existente del sistema, en cuanto a los siguientes requisitos:

  • Que quien la haya dictado “N” estuviera autorizado para hacerlo

  • Que el procedimiento mediante el cual fue dictada “N” haya sido el pertinente para la adopción de dicha conducta

  • Que el contenido que posea “N” fuere en arreglo a la norma que estipula su creación

Criterios de individualización

Estos criterios se disputan (quizás demasiado o en vano) por intentar descifrar cual de ellos es mas factible para diferenciar un sistema jurídico “X” de un sistema jurídico “Y”

Es indistinto decir que se disputan la incógnita de cuando dos normas pertenecen al mismo sistema.

Los 5 criterios más irrelevantes (jaja!) son:

1. el criterio territorial

Este criterio, un tanto ilusorio, toma al ámbito territorial de aplicación como aquel elemento facultado para diferenciar al sistema jurídico “X” del sistema jurídico “Y”; es decir dos normas pertenecerían a un mismo sistema cuando coincida la aplicación territorial de las mismas. La ilusoriedad (si me permiten patentar la palabra) de este criterio, se pone de manifiesto al pretender atravesar el tamiz de las siguientes objeciones:

En primer lugar, lamentablemente, debo notificar a quien haya ideado este criterio, que el concepto “territorio” dentro de esta disputa, no hace referencia a un lugar típicamente físico, sino que es un concepto meramente jurídico, debido esto a que el concepto “territorio” es una estipulación jurídica, es decir es un concepto creado por el mismísimo sistema jurídico (y por si no quedo claro…) , es decir(!) el sistema jurídico es autónomo en cuanto a su aplicación territorial (no necesita que nadie le indique donde debe aplicarse, sino que el solo dice donde se va aplicar… que polenta que es!!)

En segunda ubicación, este criterio hace lugar a una dificultad no menor en cuanto a su interpretación, debido a que existen normas las cuales incluso perteneciendo a un mismo sistema jurídico, no les es impedimento para aplicarse únicamente en un territorio especifico, no pudiendo aplicarse en otro, es decir tenemos las normas A y B, aplicándose A al territorio T y B dentro del territorio imaginario H. por ejemplo podríamos tomar el caso de una ordenanza municipal dictada(por algún psicópata) en la ciudad de Bahía White, la cual, por demás seguro es, no será aplicada en la ciudad de Fuckyou (ah que no es una ciudad… je por ahora…!!) siendo igualmente verdadera la relación inversa, pues tendremos dos normas que no obstante perteneciendo a sistema jurídico Argentino, se apliquen en distintos territorios.

2. criterio del origen en un cierto legislador (John Austin)

También conocido como el criterio de el legislador y sus secuaces.

Questo criterio, como nos anticipa deliberadamente el titulo, carece, de todo precisión histórica y empírica, desde que resulta casi irrisoria la pretensión de que un sistema jurídico, con lo que estas palabras representan, pueda fundarse en torno a una misteriosa persona con facultades jurídicas ilimitadas y que ha sido el creador de todas las normas del sistema.

Austin sostiene que un cierto sistema jurídico esta formado por todas las normas que fueron directa o indirectamente dictadas por un cierto legislador. Dicho legislatore posee facultades soberanas, en otras palabras su poder legislativo no esta conferido, ni limitado por ninguna norma, como si esto fuera poco, questo legislatore también dicta normas indirectamente a través de un legislador delegado, el cual ha sido dotado de cualidades legislativas por nuestro amigo el soberano.

Sostener esta farsa, es una locura, pero también se puede inferir a través de un proceso típicamente lógico, que los sistemas jurídicos se diferencian entre si, por “el fundador” o sea el legislador soberano o sea la fuente de validez del sistema; questa afirmación implica sostener, que al ser dependiente el sistema jurídico del legislador soberano, el cambio de este tendrá consecuencias irreparables en el sistema, tanto es así que en dicho caso estaremos frente a un sistema completamente diferente, pero sin advertir variaciones en cuanto a su contenido.

3. criterio de la norma fundamental

El mayor exponente de esta tesis, el brillante autor Hans Kelsen, sostiene que la primer norma del sistema, a la cual llega a través de la cadena de validez, recibe validez de una norma no positiva e hipotética, la cual llama norma básica o fundamental; el mencionado autor argumenta que los juristas utilizan implícitamente este concepto en sus elaboraciones. La validez de esta norma no pede ser puesta en juicio sino que debe ser supuesta; la objeción que ha recibido esta ultima estipulación, es que el suponer la validez de la norma fundamental implicaría suponer otra norma fundamental y así infinitamente.

A raíz de los hechos se deduce que los sistemas jurídicos se diferencian entre si mediante la norma fundamental. Raz objeta a este criterio, que el contenido de la norma fundamental es en función de las primeras normas positivas del sistema, en consecuencia, afirma Ras, antes de formular la norma fundamental ya deberíamos tener un sistema jurídico individualizado y estructurado jerárquicamente, lo que llevaría a pensar que la norma fundamental no cumpliría su función

4. criterio de la norma de reconocimiento (Hart)

Conforme a este criterio, un sistema jurídico se diferencia de otro, de acuerdo directa o indirectamente a la regla de reconocimiento que prescribe la aplicación de todas sus normas. Hart sostiene la falta de sentido, en cuanto a la búsqueda de la validez de dicha regla, ya que esta sirve para predicar la validez de las otras normas, en un ejemplo más que elocuente dice que seria cometer la misma torpeza que medir el patrón métrico del museo de Paris.

Empero, Hart no consigue la comprobación de su afirmación, respecto de que un sistema posee solo una reglas de reconocimiento, siendo así Hart admite que el criterio de la regla de reconocimiento puede suscitar diferentes fuentes independientes de normas primitivas validas, dado esto, nada nos impediría pensar que una regla de reconocimiento determina dos fuentes de valides diferentes, la veracidad de esta ultima afirmación desecha la posibilidad de distinguir a dos sistemas jurídicos haciendo uso de la regla de reconocimiento.

5. criterio de reconocimiento de los órganos primarios

Joseph Raz afirma que para determinar que normas pertenecen a un sistema jurídico e individualizar este respecto de otros sistemas, es necesario basarse en los órganos que aplican las normas a casos particulares.

Este criterio presenta varias dificultades:

Como primera medida, se advierte la dificultas para determinar cuales son los órganos primarios; la facultades poseídas por dichos órganos están estipuladas por el sistema jurídico, siendo así que para determinar quienes poseen estas facultades, es imperioso conocer primero que normas pertenecen al sistema, es decir caemos en el mismo vicio apócrifo, que en el criterio territorial, siendo si que no podemos identificar al sistema mediante sus órganos primarios, estando estos últimos estipulados por el sistema.

Como segunda medida, existe una marcada dificultad para precisar cual es el facking elemento que unifica a los distintos órganos primarios, dado que las normas que estos reconocen forman parte del mismo sistema.

Por último, y en consecuencia de lo expuesto anteriormente, nos encontramos frente a la dificultad presentada para determinar las condiciones que debe reunir una norma para asegurar que ésta es reconocida por tales órganos.

Valides y existencia del Derecho

1. Distintos significados de validez

Es preciso, dado que la definición de la palabra validez nos ofrece grandes dificultad debido a su ambigüedad, dar cuenta de los usos mas frecuentes denotas por este vocablo.

  • Valides en referencia a la existencia

Es posible hacer referencia a la valides de una norma dentro de un sistema, a través de la existencia de dicha norma. Estipulando que si la norma existe dentro del sistema, pues entonces será valida.

  • Valides en referencia a la justificabilidad

Una norma o un sistema serán validos, cuando se presenta la situación que lo estipulado por este sistema debe ser obedecido en función de una incierta y supuesta “fuerza moral” que lo justifica

  • Validez e referencia a la obligatoriedad jurídica

Podríamos suponer, sin mayores preocupaciones, que la validez de una norma radica en otra norma la cual declara de carácter obligatorio a la primera; pero no podremos suponer mediante ente mecanismo que el sistema será valido puesto que es dificultoso sostener que para todas las normas del sistema encontraremos, dentro de ese mismo sistema una norma que las declare obligatorias.

  • Validez en referencia a una autoridad competente

Simple, una norma es valida cuando ha sido dicta por una autoridad competente; para este caso tampoco podríamos predicar la validez del sistema.

  • Validez en referencia a la pertenencia

Una norma será valida dentro de un sistema, cuando pertenezca a ese sistema; aquí tampoco es factible el análisis de la valides del sistema, puesto que implicaría un error lógico, el postular la pertenencia del sistema a si mismo.

  • Validez en referencia a la eficacia o vigencia

Una norma o un sistema determinado serán validos en la medida de que quienes deban observarlo, así lo hagan.

2. conceptos normativos y descriptivos de validez

Una diferencia crucial en cuanto a los distintos significados de validez, esta configurada por el hecho de la inclusión o no, como parte del concepto, de la connotación de valides referida a la justificabilidad o fuerza moral de la norma.

  • El concepto normativo, se presenta en los casos en los casos en donde la mencionada inclusión es efectiva, lo que implica la existencia de una especie de justificación, para realizar una acción o tomar una decisión, lo que se traduce en el deber de observar y aplicar dicho sistema.

  • El concepto descriptivo, aparece cuando se asocia el concepto de valides con cualquiera de las otras connotaciones mencionadas en párrafos anteriores, la aplicación de estos conceptos depende solamente de la posibilidad o no de aplicarlos.

Concepto de validez según kelsen

El mencionado autor emplea al referirse al mencionado vocablo (bah!), un concepto descriptivo, ya que se refiere a validez con el sentido de existencia, y la existencia de una norma esta dada en función de la creación conforme a una norma superior.

Relación entre sistema jurídico y Derecho internacional

El Derecho internacional esta constituido fundamentalmente por normas consuetudinarias, estas normas tienen un origen impreciso ya que nacen de las costumbres, en el caso del Derecho internacional, respecto del actuar de los estados; pero también cabe destacar la importancia de los tratados los cuales están respaldados por una norma consuetudinaria llamada Pacta Sunt Servanda, la cual prescribe que los pactos deben cumplirse.

Valides del Derecho internacional

Kelsen sostiene la tesis utilizada en los sistemas jurídicos, o sea el de la norma fundamental, suponiendo para ello que “los estados deben comportarse como acostumbran a hacerlo”

Kelsen distingue tres posiciones en cuanto a las posibles relaciones entre un sistema jurídico individual y el conjunto de sistemas jurídicos conocido como Derecho internacional

  • Monismo internacional, esta posición afirma que el Derecho nacional forma parte del Derecho internacional, confiriendo este ultimo validez a los primeros.

  • Monismo nacional, sostiene la veracidad de la relación inversa, es decir que el Derecho internacional forma parte de los distintos Derecho nacionales, siendo este ultimo la fuente de validez del primero.

  • Pluralismo, sostiene que Derecho internacional y Derecho nacional, son independientes

La concepción Kelseniana es mayormente compatible con la concepción del monismo internacional, apoyándose en la norma fundamental, que es la fuente de valides del Derecho nacional.

Del principio de efectividad

La pretensión de esta regla es prescribir el reconocimiento de todo sistema, que durante un tiempo prudencial, (notamos cierto grado de imprecisión… 20 días?,3 años?) ejerza el control coactivo en un cierto territorio, en este sentido este principio guarda cierta relación con la norma fundamental ya que su función es conferir competencia a un cierto grupo de individuos, los cuales no poseían en si mismos una autorización positiva.

Fuentes del Derecho

Configuran las diferentes formas a través de las cuales se pude llegar a crear una norma jurídica. Se clasifican en:

1. deliberada

2. espontánea

1. la creación deliberada es generada a través de un acto jurídico, realizado por una autoridad competente y como característica principal es apreciable la efectiva intención de crear una norma. Las formas de creación deliberada son:

  • Legislación, creación de normas mediante el típico procedimiento destinado a ese fin; las leyes son norma jurídica que han sido obviamente dictadas por una autoridad competente, teniendo dichas normas el carácter de fuerza obligatoria y están destinadas a un numero o grupo de gente indeterminado

  • Sentencias, según Nino, esta también puede ser considerada una forma de creación de normas, argumentando que los jueces estipulan la creación de normas particulares en sus sentencias, aunque muchos autores prefieren dudar de esta afirmación(con toda razón!)

  • Contratos, es una forma de crear una norma panicular, entendiendo que las partes se hacen acreedoras de derechos y obligaciones que deben cumplir, es decir que dos individuos cualesquiera, se autorregulan positivamente, siempre dentro del marco de sus limitaciones.

2. el procedimiento espontáneo, tiene origen en un acto que a ciencia cierta no tiene un espíritu de creación normativa, pero que no obstante esto, se suscita el nacimiento de una norma. Podemos distinguir dos formas básicas:

  • Costumbres, surge a partir de la reiteración sucesiva de comportamientos ejecutados por los miembros de una sociedad, aunque no es necesario que la totalidad de ellos lo hagan; es preciso distinguir en este punto, la diferencia entre un hábito y una costumbre. Los hábitos (como por ejemplo fumar) no dan origen a normas aun cuando estén presentes en muchos individuos, es decir no por que mucha gente fume, esta conducta se va a convertir en una “costumbre Argentina” y muchísimo menos podría desrice que configure una norma y que todos debemos fumar por que a un par de imbeciles se les halla ocurrido empezar a hacerlo(que locura!); Hart declara al respecto, que un comportamiento repetido, solo da origen a una norma cuando esa repetición de actos se toma como guía para criticar o elogiar a quienes se ajustan a ella. Este concepto de Hart me causa un tanto de risa, si seguimos el ejemplo anterior y suponemos que el numero de imbeciles que fuman se multiplica considerablemente, hasta determinado punto, que empiece a verse como “normal” esta conducta, e incluso hasta tomarse como una “buena costumbre”, entonces bien que tendremos? Tendremos una secta de imbeciles cada ves mayor que empieza a fumar para no ser tildado de “raro” y no ser criticado por la secta de imbeciles que fuma, siendo objeto de comentarios tales como: ¡como que no fumas vos no sos normal! en fin… (puñado de imbeciles!)

  • Jurisprudencia, son todas las resoluciones jurisdiccionales del estado, podría desrice que de un conjunto de fallos y precedentes se desprende una norma o regla general, sobre determinado punto respecto de un tema especifico y en la medida en que un tribunal llamado a pronunciarse sobre un caso similar, utilice esta regla, para alcanzar un cierto grado de objetividad, se habla de la jurisprudencia como fuente del Derecho. Es preciso notar que muchos autores prefieren no tomar a la jurisprudencia como fuente del Derecho, objetando a cuyo respecto, de tal modo podrían crearse una especie de “súper jueces” con poderes ilimitados y con fines perversos, acabando con la existencia de todo sistema jurídico y apoderándose de la tierra (jaja!)

Fallos plenarios, se dan cuando las cámaras nacionales se reúnen en un tribunal plenario para unificar jurisprudencia y evitar contradicciones (en otras palabras se ponen de acuerdo para mentir va!) Estos fallos son de carácter obligatorio para las salas de las cámaras y también para los tribunales inferiores.

En el perverso sistema del Common law, la jurisprudencia es de uso obligatorio.

Conceptos básicos

1. Sanción

a. Es un acto coercitivo de fuerza efectiva o latente

  • Consiste en la presión aplicada sobre cierta persona para obligarla a cumplir una norma

  • La coerción impulsa a los individuos a actuar de determinada manera

  • La coerción es una amenaza de castigo jurídico o moral

b. Tiene por objeto la privación de un bien jurídico

  • Estos bienes a los cuales se refiere la sanción, son a los que generalmente la sociedad considera como un bien, aunque no podemos generalizar. El sistema jurídico establece una escala jerárquica valorativa, en cuanto a los bienes, para evitar, que la sanción quede supeditada al parecer del acusado.

c. Ejercido por autoridad competente

  • Los encargados de aplicar la norma están autorizados en función de una norma que les otorga competencia

  • La competencia entonces, dependerá del orden jurídico establecido

  • Estos funcionarios competentes son los encargados de realizar los procedimientos pertinentes para efectivizar la sanción

d. Es consecuencia de una conducta

  • Puede hablarse de una sanción, solamente en aquellos casos en que la coerción se ejerza en respuesta de una actividad bajo conciencia y totalmente voluntaria por parte del acusado

2. Acto antijurídico o delito

Kelsen, sostiene que el acto antijurídico, es la conducta de aquel hombre contra quien, o contra cuyos allegados, se dirige la sanción establecida, establecida como consecuencia, y estipulada en una norma valida.

Von Beling, define un delito como:

La acción típica, culpable, antijurídica, que esta sometida a una adecuada sanción y que reúne los requisitos de punibilidad; entendiéndose por acción, un movimiento corporal violento (genio!);por tipicidad se refiere a que la acción concuerde plenamente con la descripción estipulada en la norma ; por culpable, se refiere a que la acción esta acompañada de un cierto componente psicológico pudiendo ser la acción, dolosa o culposa; por antijurídica, que la acciona este estipulada en una norma jurídica, estando dicha acción sometida a una sanción; y será punible cuando reúna los tres requisitos mencionados anteriormente.

3. responsabilidad

Hart estipula la siguiente distinción:

  • Por causa, se usa para denotar que un acto o fenómeno, es por causa de un cierto evento, siendo este ultimo el responsable

  • Por función, responsabilidad en función del rol

  • Por capacidad, esta en función de la capacidad de comprensión de los actos

  • Por reproche moral, es cuando para una determinada conducta existe cierta responsabilidad moral

Kelsen realiza dos divisiones:

a. - directa, deriva de nuestros propios actos

- indirecta, responsabilidad por actos de otro

b. - subjetiva, se requiere para ser sancionado, que el sujeto, haya querido o previsto los efectos de sus actos

- objetiva o por resultado, solo juzga los hechos, no es requerido que el sujeto haya previsto los efectos de su conducta

4. deber jurídico

Esta relacionado con el concepto de antijuridicidad, de tal modo que puede decirse que conforma la actitud opuesta

Kelsen, sostiene que solo puede existir deber jurídico, cuando existe una sanción par la actitud opuesta, o sea el acto antijurídico.

Genaro Carrio, uno de los mas brillantes juristas Argentinos, ha objetado esta tesis de kelsen, asegurando que no se puede pretender reducir el deber jurídico solo a aquellos casos, en los cuales existe una sanción, mas específicamente dice que constituye un “serio desequilibrio conceptual” (seguido de esta imprudencia, Nino se toma el atrevimiento, de acotar deliberadamente, que dicho desequilibrio se encontraría en toda la teoría de kelsen… ahora si… nos tapo el agua señores… Nino te fuiste al carajo man! Luego Nino objeta que la posición de kelsen puede erigirse dentro del ámbito penal, tomándolo casi como una posibilidad remota, pero que así no lo es, en materias como Derecho internacional ,comercial, ect. Lo que se ha olvidado Nino es de citar un solo maldito ejemplo que confirme su aserción, lo que me conduce a pensar que no los tiene.

Tengo la ligera impresión de que los sagaces y elocuentes autores que critican esta concepción ¬ si… también se incluye Nino… y bue!¬ no se han percatado de que el titulo del debate era el “deber jurídico” no “el deber” a secas; es necesario practicar una estricta diferenciaron entre el deber propiamente jurídico y el deber, que podríamos llamar, ciudadano. El deber jurídico, es aquel que nace de la obligación impuesta por una norma jurídica, en otras palabras es la obligación jurídica impuesta, por el orden jurídico, a los individuos que se encuentran bajo la regulación positiva de dicho sistema. En cambio el deber ciudadano deriva de las responsabilidades de solidaridad contraídas al formar parte de una sociedad. Tomemos por ejemplo el homicidio, digamos en una sociedad que se rige bajo un orden jurídico como el Argentino, que estipula como consecuencia de esa conducta, una estadía, en algún lugar, con todo pago, de 8 a 25 años, dependiendo de la situación económica, pues bien, siendo así, los individuos que se encuentren dentro de esa sociedad, tendrán el deber jurídico de no matarse entre sí, a menos que necesiten vacaciones; pero bien, algo totalmente diferente, es que este deber jurídico se encuentre acompañado por el deber ciudadano de no matarse entre si, digamos supuestamente la sociedad Argentina no acostumbra a matarse entre sí, o al menos en teoría. Pero que carajo, supongamos una sociedad en donde no se rigen bajo el poder inconmensurable de un orden jurídico (que locura!) pues es claro que los individuos que vivan en esa sociedad, no tendrán el deber jurídico de no matarse entre sí; talvez tengan el deber ciudadano de no matarse entre sí, suponiendo que no tienen la costumbre de matarse unos a otros.)

5. Derecho subjetivo

Este concepto no hace referencia al conjunto de normas entendido típicamente como una lacónica definición de Derecho objetivo, sino que se hace mención de la situación particular en la que se encuentra una persona respeto del orden jurídico, es decir esta situación particular alude a las facultades o prerrogativas que posee una persona en función del Derecho objetivo, las cuales le permiten exigir, por parte de otra persona, un determinada conducta.

6. capacidad

Actitud para adyco (adquirir derechos y contraer obligaciones) en referencia al art. 31 CC

Se clasifica en:

- Capacidad de Derecho, en principio todas las personas somos capaces de adyco (aunque hay excepciones)

  • Capacidad de hecho, esta relacionado con la efectiva posibilidad de ejercer por si mismo tales derechos

El principio general del Derecho civil, es que en principio todos somos capases, salvo en el caso en que la ley declare expresamente a cierto individuo incapaz para realizar cierto acto jurídico. Entonces encontraremos la siguiente clasificación:

a. incapacidad de Derecho

- absoluta, seria el caso de una persona que no pudiera ejercer ningún derecho por si misma, ni tampoco a través de un representante; esta situación no existe en nuestro sistema jurídico.

- relativa, esta configurada en función de las limitaciones impuestas por la ley, en cuanto al ejercicio de los derechos.

b. incapacidad de hecho

- absoluta, definido en el art. 34 CC, son aquellas personas que no pueden ejercer ningún Derecho por si mismas, solo a través de sus representantes.

- relativa, solo pueden ejercer algunos derechos por si mismos (menores adultos)

7. competencia

Es la facultad que posee una persona para obligar jurídicamente (o por otras vías..je!) a otra, más técnicamente, capacidad que ostenta un individuo, de tal manera que haciendo uso de ella, podrá sancionar normas heterónomas. Para que un individuo pueda ostentar dicha competencia, deberá estar autorizado por una norma jurídica valida que le permita hacerlo, siguiendo con la cadena, dicha norma seguramente ha sido dictada por un funcionario de mayor competencia que el anterior, (digamos, que la tiene mas grande… siempre hablando de competencia no!) y así podríamos continuar derivando competencia, deliberando haber quien la tiene mas grande, pero arribaremos a un determinado punto, en vistas del cual, no nos será posible divisar un funcionario competente, es decir estaremos frente, a lo que podríamos llamar, haciendo uso de un viejo concepto, el legislador originario, el cual, descaradamente, se ha tomado el atrevimiento de autorizar a otro funcionario, sin estar autorizado para hacerlo, por una norma valida.

8. persona jurídica

- art. 32 CC. Ente capaz de adyco.

- aunque es verdad que muchos juristas dudarían en considerar la posibilidad de que un ser, diferente a un humano, pueda ejercer alguna clase de derechos.

Al respect existen varias estupidas teorías:

  • T. negativista, sostiene que no puede existir un ente ideal, distinto de un humano, sino que una persona jurídica, no son mas que un montón de pendejos, unidos por un facking patrimonio de afección.(es decir en verdad, la persona jurídica es una especie de fachada, que usan ciertos personajes, para poder realizar ciertos negocios turbios, sin poner en peligro su maldito trasero y ante cualquier problema la responsabilidad radica en el ente ideal, para eso se inventaron las sociedades anónimas, para que no halla responsables)

  • T. realista, sostiene que existen entes distintos a las personas, e independiente de la conducta de los individuos que la conforman, que se llaman “personas colectivas” (entonces seria una especie de colectivo humano? Que loco…)

  • T. de la ficción, sostiene que empíricamente se no existen entes distintos a las personas físicas, pero que el sistema puede suponer su existencia (seria como una especie de gran farsa avalada estatalmente)

  • T. de kelsen, las personas jurídicas, solo pueden existir dentro del orden jurídico. Este autor distingue dos tipos de personas jurídicas, pública y privada.

Hermenéutica

Es la science que se encarga de interpretar los jodidos textos jurídicos. Las normas se trasmiten a través de la palabra escrita, como sabrán el lenguaje posee ciertos inconvenientes, como la vaguedad y la ambigüedad, lo que produce variaciones en cuanto a su significado, este significado varia según la interpretación que se haga de dicha norma. Entonen el menester de la hermenéutica será descifrar el intrincado y oscuro significado, que ha tratado de darle el aun mas oscuro legislador.

Según Ross, existen dos tipos posibles de interpretación:

  • Subjetiva, el significado será determinado en función de la intención del dictador (no se hace referencia a Perón, sino a quien creo la norma!)

  • Objetiva, el significado se limitara estrictamente a lo que efectivamente dice la norma

La interpretación presenta varios conflictos:

  • Ambigüedad, diversos significados

      • Semántica, en relación a una palabra

      • Sintaxis, en relación a una oración

  • vaguedad, falta de precisión

  • carga emotiva, esta presente en el lenguaje, favorece la vaguedad

Defectos lógicos del sistema

  • contradicciones normativa

Se produce cuando dos o mas normas estipulan para un determinado caso diferentes soluciones

Alchourron y Buligyn, insisten nuevamente con su facking basura matemática, intentando transformar un complejo sistema jurídico en una especie crucigrama lógico-patético, que más bien se parece a un estupido software y no a un ordenamiento jurídico destinado a regular la vida real de una persona real.

Los mencionados autores, estipulan el concepto de inconsistencia normativa, que es lo mismo que una contradicción, solo que utilizan un nombre más “matemático”. Siendo esto insuficiente, también estipulan una ridícula clasificación inflexible e incompatible, con la complejísima realidad jurídica, pero en fin:

  • total-total

  • total-parcial

  • parcial-parcial

(Obviamente ni me voy a gastar en desarrollarlas)

Ross establece ciertas reglas con las cuales se puede hallar una solución para los casos que presentan una contradicción:

  • ley superior, prevalece la norma de mayor jerarquía

  • ley posterior, prevalece la norma mas actual

  • ley especial, prevalece la norma especifica, que regule un tema determinado

Debe notarse que es preciso que se respete el orden de importancia, el cual esta dado en forma descendente, es decir una norma de jerarquía superior prevalece ante las otras dos opciones y así…

  • Contradicciones axiológicas o valorativas

Se configura cuando una norma presenta distintas variantes en cuanto a la interpretación valorativa para su aplicación. Es decir que una norma determina una resolución, no obstante la cual puede ser cuestionada en cuanto a su valoración por ser injusta o por lo que fuere.

  • Redundancias

Se producen cuando un determinado caso posee mas de una solución, las cuales no se contradicen, entonces lo que se deberá determinar es que solución es más compatible con el caso en cuestión. Se clasifican e la misma forma que las contradicciones.

Derecho y moral

Nino

Este autor dice que para justificar “moralmente” las decisiones de los funcionarios que aplican las normas generales a casos particulares, existen dos problemas filosóficos:

1. ¿se puede justificar la validez de los juicios valorativos, a través de procedimientos típicamente racionales?

Nino sostiene que si la answer a esta question fuera negativa como ¬ según nino ¬ escépticos de la talla de kelsen lo afirman, pues entonces lo que sucederá será:

  • La jurisprudencia no será una ciencia

  • La jurisprudencia no será una actividad teórica racional

  • La jurisprudencia será algo parecido a la poesía

Bien en cuanto a la cuestión de ver e la jurisprudencia como una ciencia en el sentido estricto de la palabra, conformaría una tarea un tanto compleja debido a la enorme variabilidad valorativa que poseen las personas, solo a modo de ejemplo podríamos mencionar lo que respecta a la legalización de drogas como la marihuana, tema que produce grandes discrepancias valorativas, haciendo realmente dificultoso el hecho de poder hallar en la jurisprudencia, los elementos necesarios para conformar una ciencia.

Con respecto a la segunda cuestión, es preciso notar que el asunto es probar la VALIDES de los juicios valorativos a través de procedimientos racionales, que esto no se posible, no significa que el hecho de que los jueces apliquen las normas, no sea un actividad teórica racional.

Y por ultimo decir que la jurisprudencia es algo parecido a la poesía… bue! es un poco mucho no?

2. ¿Cuáles son los principios “morales” y de justicia que se utilizaran como indicador, para la valoración?

Frente a este interrogante se nos presente uno de los obstáculos mas difíciles de sortear, el cual creo yo, diluye toda posibilidad de realizar el cometido de los facking moralistas y los hidden iusnaturalistas.

Existen tres ramas de la philosophie éthiq-stupide, encargadas del análisis de estos problemas:

I. Ética analítica, estudia, inútilmente, la posibilidad de justificar racionalmente juicios de valor

II. Ética normativa, intenta, inútilmente, determinar los principios básicos de justicia y “moralidad”

III. Ética descriptiva, o realista, describe los juicios de valor formulados en una determinada sociedad y época, para determinar cuales son las cosas que el general de los individuos de dicha sociedad considera justas o buenas y cuales sus contrarias.

  • ética analítica

  • teorías descriptivistas

  • 1.1 Naturalismo

  • Subjetivista

  • Objetivista

  • 1.2 no-naturalismo

  • Subjetivista

  • Objetivista

  • teorías no descriptivistas

  • 2.1 emotivismo

    2.2 prescriptivismo

  • ética normativa

  • teorías teleologicas

  • 1.1 Santo Tomas y la perfección del hombre

    1.2 el utilitarismo y la felicidad general

  • teorías deontologicas

  • 2.1 Kant y el reino de los fines

    2.2 Rawls y la posición originaria

    2.3 Carlos Nino y la piedra filosofal (jaja este no va!)

  • Ética descriptiva

  • la fundamentacion liberal de los derechos individuales básicos

  • el Derecho como instrumento para hacer efectiva la moralidad

  • la justificación de la pena

  • el papel de los jueces en una sociedad democrática

  • I_1 teorías descriptivistas

    Sostienen que los juicios de valor constituyen enunciados descriptivos de alguna clase de hechos. En consecuencia estos juicios tienen un significado cognoscitivo, por ende son susceptibles de verdad o falsedad y en principio tales juicios pueden ser justificados racionalmente.

    Empero los descriptivistas no llegan a ponerse de acuerdo acerca de a que hechos se refieren tales juicios morales y como se determina su verdad o falsedad, dando lugar a las siguientes posiciones:

    1.1 Naturalismo

    Se caracteriza por afirmar que las words éticas designan propiedades observables y que los juicios de valor son verificables empíricamente.

    No obstante dentro de esta posición no hay acuerdo acerca de que hechos observables son descriptos por los juicios de valor, originando dos posiciones:

  • Subjetivista, sostiene que los juicios éticos hacen referencia a sentimientos y actitudes, las cuales pueden ser referentes a un individuo o a el general de los individuos de una determinada sociedad; esta posición sido criticada por no permitir la existencia de desacuerdos éticos, ya que según esta posición los juicios de valor solo hacen referencia a la posición valorativa de determinada persona o grupo frente a cierta situación o hecho, en caso de que estos tuvieran opiniones distintas todas podrían ser perfectamente ciertas (a no ser que alguno de ellos este mintiendo)

  • Otra punto de vista dentro del subjetivismo evita algunos problemas al tomar como referencia solo a el general de una sociedad lo que permitiría la existencia de desacuerdos éticos, no obstante, esto no es posible, si comparamos a una sociedad determinada con otra, no estado claro además que sociedad debería tomarse como indicador. Además esta posición concluye en que la minoría dentro de un grupo social, siempre estará equivocada.

  • Objetivista, sostiene que los juicios de valor describen hechos empíricamente verificables que no consisten únicamente en sentimientos o actitudes de cierta gente. Esta posición obviamente ha recibido fuertes e irrefutables criticas, como por ejemplo la denominada “Falacia Naturalista” by G. E. Moore, la cual acusa al naturalismo objetivista y al naturalismo en general de transgredir la cadena de Hume, la cual postula la existencia de un abismo lógico entre el plano de “ser” y de “deber ser”, confundiendo y mezclando los valores con los hechos empíricos (con la cadena de Hume no se jode ok?)

  • 1.2 no-naturalismo

    Afirma que los juicios de valor son descriptivos pero que no pueden ser comprobados empíricamente, por que los hechos descriptos no son naturales.

    Esta posición tiene dos variantes:

  • Subjetivista o intuicionista, sostiene que los juicios éticos por ejemplo decir que algo es “bueno” constituye una palabra simple que no puede ser definida en términos de otras, al igual que la palabra amarillo no se puede definir verbalmente; a esto los naturalistas objetan que la palabra amarillo se puede definir ostensivamente, es decir indicando objetos que sean amarillos; si bien esto es verdad, dice Moore, la palabra bueno no se puede definir ostensivamente ya que además de ser una palabra simple es una palabra no-natural, es decir que no puede ser observada a traes de los sentidos, sino solo a través de de cierta “intuición intelectual”

  • Subjetivista o “teoría del mandato divino” (divinista?)

  • Esta “teoría” “sostiene” que algo “bueno” o “correcto” es aquello que ha sido “ordenado” por “dios” y algo “malo” o “incorrecto” es aquello que ha sido “prohibido” por “dios”

    I_2. Teorías no descriptivistas

    Esta concepción sostiene q los juicios de valor no designan propiedades típicamente físicas, de modo que los juicios valorativos no son susceptibles de verdad o falsedad, ya que no se profieren con el objetivo de transmitir información acerca de cómo es la realidad, sino con propósitos tales como por ejemplo influir en la conducta de las personas

    2.1 emotivismo o “teoría del boo-hurrah”

    Esta teoría fue expuesta en su plenitud por C. Stevenson (the emotive theory of ethics)

    Bien, según lo que dice Nino, de lo que dijo Hudson, de lo que decía Stevenson… (quilombo y medio!), bueno Stevenson distingue tres características de los juicios de valor:

    a) permiten la existencia de desacuerdos éticos

    Al proferir un juicio valorativo, estamos adoptando una posición moral, Stevenson divide a esta posición moral en dos partes independiente una de la otra, las creencias y las actitudes; por ejemplo (el incansable ejemplo utilizado en infinidad de situaciones y casos, cuya objetividad parece tener una relación inversamente proporcional a su popularidad… todo un tema…) el tema de la pena de muerte, pues bien se podría dividir la posición moral de una persona, frente a esta situación, por un lado podríamos suponer que la persona esta en desacuerdo con la aplicación de la pena de muerte, esto seria lo que refiere a la actitud, pero no obstante este desacuerdo la misma persona podría estar de acuerdo con que la pena de muerte disminuye la criminalidad.

    b) tienen por objetivo expresar actitudes y provocarlas en los demás

    Según esta posición los juicios de valor no tienen la función de transmitir información, sino de expresar sentimientos, este significado emotivo es un rasgo distintivo de los juicios de valor, no obstante lo cual según Stevenson, los juicios de valor también poseen un significado descriptivo. El significado emotivo expresa la actitud y el significado descriptivo denota la creencia.

    c) el método de comprobación empírica no es suficiente para justificar racionalmente los juicios de valor

    Stevenson señala que en referencia a una determinada posición moral, solo se peden dar razones a favor o en contra en cuanto a las distintas creencias, no siendo así en cuanto a la adopción de cierta actitud, sino que solo se puede crear causas para inducir a la persona a que adopte nuestra posición, esto se puede lograr haciendo uso de lo que Stevenson llamo “definición persuasiva”.

    La despectivamente llamada, “teoría del boo-hurrah” debido a que parece identificar el lenguaje moral con exclamaciones de agrado o desagrado, ha sido objeto de algunas impugnaciones, una de las cuales es que esta posición destruye la moralidad, puesto que el significado del juicio moral seria principalmente emotivo, no existiendo manera de de decidir racionalmente entre juicios morales discordes (o sea una especie de fascismo encubierto)

    Otra de las críticas imputadas a Stevenson es que confunde el significado de un enunciado o expresión con los efectos que pueda causar el uso del mismo; ya que un determinado juicio valorativo puede tener efectos psicológicos diferentes según las personas y la ocasión, sin que por ello su significado se altere.

    2.2 prescriptivismo

    Según R. M. Hare, quien desarrollo esta teoría, los juicios valorativos se usan para orientar o aconsejar a otra persona sobre el accionar o la toma de decisiones. Afirma que si a un juicio valorativo le otorgamos un significado puramente descriptivo, se desvirtúa completamente la función de los juicios morales, pues al hacer esto ¬ según Hare ¬ si dijéramos por ejemplo “tal cosa es buena” solo estaríamos atribuyendo ciertas propiedades a tal objeto y no recomendando questo objeto por tener esa propiedad; esto no quiere que los juicios valorativos no tengan relación con las propiedades del objeto en cuestión, al contrario una de las características de las valoraciones es que ellas dependen de las propiedades físicas del objeto, es claro que no tiene sentido proferir juicios valorativos distintos respecto de dos objetos constitutivamente idénticos, pero esto no quiere decir que al valorar tales objetos estemos describiendo esas propiedades, sino que las utilizamos como parte del criterio en el cual nos basamos para recomendar tal o cual objeto y en esta recomendación se encuentra la valoración; tales criterios conforman el significado descriptivo de los juicios valorativos, pero el rasgo distintivo de estos es su significado prescriptito. En consecuencia afirma Hare que los juicios valorativos son prescripciones.

    Esta teoría postula la posibilidad de universalizar los juicios valorativos, es decir los juicios valorativos serian prescripciones universalizables, esto significa que quien postula un juicio valorativo azume la obligación moral de extender este juicio a todas las situaciones que presenten las mismas características.

    (y ahora la clásica…) Esta teoría ha sido objeto de duras criticas (jaja… un clásico!); una de ellas objeta que questa teoría confunde el significado con la fuerza de los juicios valorativos, es decir confunde los que uno dice con tales juicios, con lo que uno hace al emplearlas en ciertos contextos. En este sentido G. J. Warnock, objeta que el prescriptivismo incurre en el mismo error que el emotivismo, esta ultima se basaba en los efectos que provocaban los juicios de valor y el prescriptivismo igualmente pretende identificar a los juicios valorativos con lo que uno hace cundo los formula.

    II_1. teorías teleologicas

    1.1 Santo Tomas y la perfección del hombre o “teoría de la basura religiosa”

    Bien solo puedo decir que me resulta animosamente estupido, analizar una teoría que postula preceptos tan terriblemente estupitos e igualmente vacíos como “el bien debe hacerse y el mal debe evitarse”. En fin son realmente deplorable las postulaciones de esta teoría, en donde se estipula la existencia de un plan divino para el universo debemos creer que dios o sea un ser completamente imaginario es decir un producto fabulativo de la imaginación humana, nos ha revelado ciertos preceptos, como los 10 mandamientos, creo que los mas acertado seria suponer que esos mandamientos fueron escrito por algún imbecil de acuerdo a su interés y que tenia la suficiente viveza como para suponer que la mayoría de las otras personas, que generalmente apenas y podían escribir su maldito nombre, terminarían creyendo.(no quiero explayarme demasiado en cuanto a bardear a la religión por que se desvirtuaría el tema… quizás en otro texto con ese fin) Simplemente es necesario hacer notar que el hecho de que teorías como esta continúen en aparente vigencia o discusión da cuenta de por que en el transcurso de tanto tiempo la sociedad halla avanzado tan poco.

    1.2 el utilitarismo y la felicidad general

    Teoría que se basa en el “principio de la mayor felicidad” para evaluar moralmente las acciones humanas, es decir establece que un acto será bueno o no, de acuerdo a la contribución de sus consecuencias a la felicidad, entendiendo a esta ultima como la suma de placeres, o satisfacciones de deseos o intereses, etc; de todos a quienes tales consecuencias afectan.

    Esta es una doctrina consecuencialista, es decir que sostiene que las acciones no tienen valor moral en si mismas sino que este valor radica en sus consecuencias. La bondad o maldad de las consecuencias de una acción, a su es esta determinada por la efectiva materialización de ciertos estados de cosas que se consideran intrínsecamente buenos (o malo indistintamente). Es preciso entonces, distinguir los estados de cosas que son buenos en si mismos y los estados de cosas utilizados como medios para materializar lo que es bueno, en forma intrínseca. Esto es la parte más básica del utilitarismo, y en la cual la mayoría coincide pero luego las teorías utilitaristas difieren ampliamente.

    Una de las teorías utilitaristas es la de J. J. Smart, este autor distingue dos clasificaciones del utilitarismo: a) utilitarismo egoísta vs universalista; b) utilitarismo hedonista vs idealista. a) según si las consecuencias de una determinada acción afectan solo al actuante o a toda la humanidad; b) según si se toma como bien intrínseco solo al placer o también a otros estados de cosas tales como el conocimiento.

    Pero aun quienes adhieren a este principio consecuenciaista, universalista y hedonista, tomando esto como una especie de “estándar utilitarista”, difieren respecto de su interpretación y alcances, dando lugar a distintas especies de utilitarismo.

    • utilitarismo de actos vs utilitarismo de reglas

    según los actos, sostiene que el principio de utilidad, es aplicable directamente a cada acto individual, de modo tal que es preciso en cada caso, para establecer si una acción es moralmente buena, que sus consecuencias incrementen el bienestar general mas de lo que puedan disminuirla, es decir se hace una especie de promedio.

    En cambio el utilitarismo de reglas, sostiene que los actos individuales no se juzgan como moralmente correctos o incorrectos (buenos o malos, aunque esta calificación parece estar meticulosamente evitada) por la aplicación directa del principio de utilidad sino de acuerdo con ciertas reglas morales, (las cuales son positivas o ideales dependiendo del criterio del autor) como por ejemplo las que prohíben matar, violar las promesas, etc; siendo estas reglas, y no los actos, las que se evalúan y confrontan con el principie of utilita

    • utilitarismo positivo vs utilitarismo negativo

    El primero prescribe promover la felicidad o bienestar.

    El segundo prescribe minimizar el sufrimiento o la miseria.

    Se ha debatió la existencia de alguna distinción entre estos dos conceptos (la posta es que no existe ninguna maldita diferencia lo único que cambia es la forma en que se dice, o sea utiliza el “sinónimo inverso” ¬ si me permiten la expresión ¬ de felicidad o sea no-miseria; otro ejemplo seria sombra = no-luz)

    • utilitarismo clásico vs utilitarismo porcentual

    el clásico sostiene que la felicidad general es el bien intrínseco, entendida aquella como la suma de total de placeres y satisfacciones.

    La segunda posición, sostiene que la felicidad general debe resultar como el cociente entre la división entre la felicidad total y el numero de personas, de modo que se obtiene una utilidad promedio (yo diría que se obtiene una ridícula formula económica y por cierto bastante perversa… ahora entiendo lo de la cajita feliz de Mc. Donald… con la cajita feliz todos contentos… imbeciles!!)

    Bien todo muy lindo pero llego la hora de las críticas.

    La primera critica pertinente al utilitarismo, es que si la bondad o maldad de un acto (palabras que son sorteadas con gran habilidad) depende de que el conjunto de todas sus consecuencias favorezcan o no a la felicidad general, resulta que no nos será posible establecer tales propiedades ya que las consecuencias de un acto son infinitas.

    En segundo place, nos encontramos con la difícil situación (para los utilitaristas) obtenida de comparar intereses y deseos de distinta gente e índole, para poder hacer el calculo que permite evaluar las consecuencias de las acciones, cabe destacar que entonces la minoría se vería obligada a aceptar los estándares de felicidad impuestos por la mayoría (digo, yo me pregunto, no es un tanto egoísta y anti-open-mind?)

    In fourth place, una critica mas profunda, es que en benéfico de la preciada felicidad general, puede conducir, en ciertos casos (o sea cuando el happiness-balance es positivo… pero positivo para quien??) a admitir que es moralmente correcto por ejemplo matar o torturar a una persona para salvar la vida de otras, o condenar a un inocente, etc. (no es necesario recordar los variados incidentes aberrantes que se han suscitado, a favor de la supuesta felicidad general, a lo largo de la historia de EE.UU.)

    II_2.teorías deontologicas

    2.1 Kant y el reino de los fines

    Esta es una teoría formalista, o sea que un acto sea moralmente bueno no depende de que maximice cierto bien intrínseco, sino que depende de que su naturaleza inherente constituya el cumplimiento de un deber, siendo este ultimo más importante que la bondad del acto.

    Kant establece que los principios morales son universalmente validos para todos los seres racionales, independientemente de sus deseos o inclinaciones contingentes. Como un ser fenoménico el ser humano, esta sujeto a las leyes de la naturaleza, las cuales poseen carácter empírico, por eso estamos bajo el influjo de ciertos deseos que responden a causas naturales; no obstante esto también, el ser humano, como un ser puramente racional, es completamente libre y capaz de guiarse por las leyes universales de la razón practica, es decir que en questo sentido, no estamos sujetos a las contingencias del mundo físico. Kant afirma entonces que los principios morales son autónomos, categóricos y universales; son autónomos por que constituyen leyes que uno se auto-dictamina con abstracción de los mandatos de cierta autoridad humana o divina o de nuestros propios deseos; y son categóricos por que a diferencia de los imperativos hipotéticos (o sea en términos Von Rignianos “reglas técnicas”) estos no establecen ciertos fines o deseos para cumplir con lo ordenado; bien entonces suponiendo que todo lo que dijimos es verdad, podremos suponer que tales leyes o principios morales son universales, ya que como dijimos, el ser humano (…el ser urbano!) como ser puramente racional, es decir con abstracción de nuestras inclinaciones o deseos contingentes (que es lo que nos diferencia uno de otro) se guía por las leyes universales de la razón practica, entonces concluimos con que un ser racional se guiara por la misma ley que los demás seres racionales y por ello se deduce que tales leyes morales, obligan a todos los seres racionales por igual.

    El requisito de la universalidad de los principios morales, es fundamental, en lo que Kant considera el principio básico de la moralidad, su famosísimo Imperativo Categórico: “obra solo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo, que se torne ley universal

    Kant sostiene que este imperativo categórico, sirve para obtener los verdaderos principios o máximas morales.

    Sin embargo Kant se pregunta si este imperativo categórico del cual se derivan todas las leyes morales, es un principio necesario para todos los seres racionales, entonces supone que para contestar esta pregunta debe encontrarse algún fin ultimo o absoluto (un fin en si mismo) que una a todos los seres racionales (o sea un fin independiente de los deseos) en respuesta a esto Kant afirma que el ser humano, es un fin en si mismo y en consecuencia el hombre debe tratarse a si mismo como a los demás, como a un fin y no solo como medios. Ante estos hechos Kant encuentra posible formular la siguiente máxima: “obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu propia persona como en la de los demás, siempre como fin en si mismo y nunca solamente como un medio. El reconocimiento de este principio, por parte de los hombres, origina entre ellos una especio de “reino de los fines”, es decir que los hombres estarían ligados unos a otros a través de “fines y medios” que constituirían las leyes morales.

    Kant sostenía que el único elemento verdaderamente bueno es la “buena voluntad”. Alguien obra con buena voluntad cuando cundo lo hace no por inclinación sino por respeto o conciencia del deber, no basta con hacer objetivamente lo que dicta nuestro deber, para obrar con buena voluntad, entonces la moralidad de una persona radica según Kant, en hacer el bien no por inclinación sino por deber.

    En fin la teoría Kantiana es realmente extensa y resulta cuanto menos muy interesante, aun cuando no se este de acuerdo con el lineamiento de esta posición filosófica. Son discutibles y susceptibles de errores muchos de los conceptos, pero no dañan adustamente el complejo y minucioso atractivo de esta teoría.

    En cuanto a las críticas, son extensas, como es de suponer para una teoría de tal envergadura.

    Una de las principales criticas esta dada por el hecho de preguntarse si realmente tiene sentido un sistema moral completamente abstraído de los propósitos, apetitos deseos e inclinaciones propios de los hombres, a caso no es en cierta forma la moral, aquellas pautas que facilitan la satisfacción de tales deseos, disminuyendo la mutua interferencia? (Aclaro que solo me limito a trasladarles, lo mas objetivamente posible, la posición de Nino)

    Se ha objetado también el hecho de sostener que el deber impuesto por principios morales debe cumplirse, sin importar las consecuencias que esto acarree, constituye una posición extremadamente formalista y que carece de un fundamento racional.

    Por ultimo cabe destacar que si bien el requisito de la universalidad establece una amplia restricción para determinar que juicios morales son correctos, esta restricción resulta insuficiente para excluir la posibilidad de que alguna persona formule juicios morales detestables. Siempre hay algún fanático que esta dispuesto a defender y garantizar la universalidad de un juicio moral indignante, aun a costa de de verse perjudicado por cuyas consecuencias.

    2.2 Rawls y la posición originaria

    Esta tesis sigue al detalle el lineamiento de la teoría Kantiana, como así ¬ según Nino ¬ se complace en recalcar su autor (jaja!)

    Para posibilitar esta teoría, J. Rawls su mentor (quien fuera su gran mentor lo ha dotado con el filo aquel…), azume una concepción de justicia en función de la equidad a la que llama “justice as fairness”, según esta posición los principios de justicia, son los principios que elegirían seres que gocen de completa libertad y racionalidad, las cuales solo se preocupan por su propio interés estando en una posición de igualdad. Para mejorar la visualización de de esta proposición Rawls imagina una situación ficta a la que llama “posición originaria” (mas bien diría yo una “posición imaginaria” es como demasiado imaginario todo!), la cual es una especie de reunión o encuentro casual de seres

    auto-interesados y típicamente racionales, (supongo que se referirá a los seres humanos, al menos son los seres mas parecidos a algo racional que yo conozca… a menos que el chabon haya tenido algún encuentro del tercer tipo o algo así!) dichos seres se encontrarían en una posición de igualdad y de libertad de decisión, tras un “velo de ignorancia” que les impide conocer sus condiciones particulares ¬ posición social, preferencias, raza, intereses, etc. ¬ así también como las de su sociedad, pero no respecto a las leyes generales de índole social, además deben deliberar y decidir por unanimidad cuales serán dichos principios, los cuales regirán para juzgar las instituciones básicas de su sociedad.

    Bien las criticas a esta teoría no son muchas, no es que sea mala pero… talvez demasiado imaginaria

    Se ha objetado que los principios que puedan surgir de dicha situación no serian de justicia, sino de “prudencia racional”

    También se acusa de ser muy “pete” (jaja) la idea de que seres supuestamente distintos a los humanos realicen un supuesto contrato hipotético

    Se ha argumentado en contra de esta tesis, que la situación (o sea la “posición imaginaria”) no seria totalmente neutra en sentido moral, ya que Rawls presupone una posición específica, con prejuicios de distinta índole.

    En fin es una teoría muy imaginaria y muy Kantiana, demasiado…

    III_1. la fundamentacion liberal de los derechos individuales básicos

    Bien los Derechos individuales son los Derechos que posee todo aquel ser que presente rasgos de humanidad.

    Nino afirma, al igual que muchos otros autores, que estos Derechos son de carácter moral, es decir distintos a los Derechos jurídicos (en vista de la situación yo creo mas acertado considerar a estos Derechos como Derechos típicamente jurídicos, sostener lo contrario seria incurrir en la falacia iusnaturalista y su absurda pretensión de universalidad moral; los Derechos básicos son aquellos preceptos, principios, derechos, reglas, o como sea, que un determinado sistema jurídico considera pertinentes e indispensables para el desarrollo y mantenimiento de la actividad humana de la sociedad en la cual se erige, dado esto su carácter básico, y los cuales estarán sino estipulados expresamente, cuanto menos garantizados indirectamente a través de normas que restringen la interferencia intersubjetiva (para citar a un groso!) provocadas por las conductas y voluntades de las distintas personas en relación mutua. Sostener el carácter moral de los Derechos básicos, seria sostener la posibilidad, hoy ya ridícula, de existencia y funcionamiento de una sociedad compleja que no este regulada bajo un sistema jurídico)

    No obstante los convincentes, o al menos para mi, argumentos proscriptos anteriormente, Nino sostiene el carácter moral de tales Derechos, inquiriendo para esto, que tales Derechos incluyen de que se establezcan normas jurídicas que prescriban medios de garantía de ellos. (pues bien parece un tanto paradójica esta cuestión, ya que entonces los Derechos básicos no pueden ser garantizados sino a través de normas JURÍDICAS lo que me lleva a pensar en la no posibilidad de existencia de tales Derechos sin la existencia de normas jurídicas que los estipulen, es decir lo primero se reduce a lo segundo.)

    Los tres principios básicos, de acuerdo con los ideales liberalistas y el pensamiento filosófico moderno, serian los siguientes:

    a. principio de la inviolabilidad de la persona

    Establece la no imposición de cargas y/o sacrificios no compensables a ciertos individuos (sin su consentimiento) en andas o en favor de el general de la sociedad (o sea bardea mal a el principio utilitarista!)

    Este principio refleja la tesis Kantiana de que la humanidad es un fin en si mismo y no se debe usar solo como un medio, restringiendo de tal modo la ingerencia estatal en la esfera de libertad individual de las personas.

    b. principio de la autonomía de la persona humana

    Prescribe que el estado no puede interferir en los planes de vida individuales, limitándose a diseñar y garantizar instituciones para facilitar el logro de tales planes y para minimizar la interferencia mutua.

    Este principio resulta el impedimento para que la fuerza política imponga coactivamente a los individuos determinados “modelos” o planes de vida, restringiendo a estos la libertad de elegirlos.

    c. principio de la dignidad de la persona humana

    Establece que las personas deben ser tratadas y juzgadas sobre la base exclusiva de acciones voluntarias, y no por otras propiedades, causas, motivos, razones o circunstancias (sea raza, sexo, clase social, etc.)

    este principio asegura la participación democrática, la correcta aplicación de las penas, la no discriminación, etc, etc.

    III_2. el Derecho como instrumento para hacer efectiva la moralidad

    (Aquí tuve que hacer una especie de censura por que lo que decía Nino era demasiado “pete”)

    La pregunta pertinente aquí seria ¿debe el Derecho darle carácter jurídico a las normas morales vigentes en la sociedad?

    Bien la respuesta a esta pregunta es llanamente negativa (como diría Nino) la moralidad de la gente al Derecho no le debe importar un carajo; os voy a contar una historia: (fragmento manipulado de la novela de Paulo Coelho, “veronika decide morir”)

    Un hechicero quería destruir un reino, entones coloco en el pozo de agua una poción que al ingerirla las personas se volvían locas, pues bien la cosa es que al otro día estaban todos locos. Pero el rey que tenía un pozo personal no había enloquecido y veía a toda la gente comportándose estupidamente y diciendo cosas sin sentido. Pero toda la gente que estaba loca veía al rey como un loco, diciendo cosas inútiles y dictando leyes sin sentido. Entonces concluyeron que el rey había enloquecido y querían destronarlo. Terminando con que el rey desesperado por no perder su trono bebió de el pozo y se volvió loco empezó a decir cosas estupidas y actuar como los demás, de inmediato los súbditos se arrepintieron viendo que el rey estaba mostrando tanta sabiduría

    Bien y os preguntaran ¿que carajo tiene que ver esto con la moral y el Derecho? Pues bien como dije antes el Derecho no debe importarle la moral, es decir que la mayor parte de la gente crea correcta una determinada conducta, no significa que efectivamente sea correcto, o acaso un montón de imbeciles,(por muchos que sean!) no pueden estar equivocados?

    III_3. la justificación de la pena

    Las sanciones penales se distinguen de otras por implicar la finalidad de poner a sus destinatarios en una situación desagradable o infringirles sufrimiento, si este sufrimiento desapareciera la pena perdería su razón de ser. Muchos filósofos, de este modo han tratado de buscar una justificación moral de la pena. Esta justificación puede ser abordada desde dos ópticas, utilitarista o kantiana.

    El utilitarismo justifica la pena si y solo si no hay otra forma menos perjudicial de saldar el daño, y siempre y cuando el perjuicio que esta acarree sea menor que el perjuicio que sufriría la sociedad si la pena no se aplicara.

    En cambio para el retribucionismo es decir la “mirada kantiana” se rige por la ley de Talión es decir la pena que consiste en hacer sufrir al delincuente un daño igual al que causo (o sea ojo por ojo…) esto siempre y cuando, claro, que el acusado sea efectivamente culpable.

    Las objeciones a esta ultima postura son evidentes (aunque aun así Nino pareciera ser la que mas le complace) por un lado es casi propia de la barbarie la ley de Talión, e implica una concepción que hoy en día es completamente inentendible, si decimos haber avanzado tanto como sociedad, y por otro lado es igualmente estupido el poner a la pena sobre un maldito pedestal y sostenerla hasta el extremo, aun cuando esta traiga mas perjuicios que satisfacciones, como decía Kant “aunque perezca el pueblo…

    Y el utilitarismo, bueno… tiene ese típico aroma yankee, que justifica hechos “extraordinariamente aberrantes”(como diría Hart) como por ejemplo culpar a gente inocente en beneficio de la supuesta “felicidad general” hasta llegar a justificar homicidios, y obviamente pasando por todo tipo de otros delitos estafas, complots, corrupción, etc, etc.

    III_4. el papel de los jueces en una sociedad democrática

    aquí cabe formular la siguiente pregunta ¿Cómo los jueces deben hacer uso de el cierto grado de libertad que les otorga el sistema jurídico (que dependiendo del sistema jurídico, será mayor o menor) para resolver aquellos casos, en donde el mismo sistema no es demasiado claro? Esta cuestión plante varias dificultades, una de ellas esta configurada por el hecho de que los jueces generalmente no son funcionarios en forma directa por el pueblo, sino que son nombrados en forma vitalicia mediante procesos ajenos a el “control social” por darle algún name. Siendo esto así resulta cuestionable el hecho de que los jueces adopten dediciones sobre la base de principios ideologías o valoraciones, que no están homologados por los poderes del estado que cuentan con representatividad democrática (o al menos en teoría)

    Ronald Dworkin, ha desarrollado una ¬ según Nino ¬ interesante teoría, destinada a superar los problemas que a nuestra cuestión atañen (bah formalista!)

    En esta teoría se hace una distinción entre: a) los principios, que establecen Derechos y b) las políticas, que fijan objetivos colectivos. Los derechos se distinguen de los objetivos colectivos por dos motivos: 1. los Derechos son distributivos e individuales, mientras que los objetivos colectivos son agregativos y generales; 2. los Derechos constituyen una especie de limite contra las decisiones fundadas en objetivos colectivos. En base a esta distinción Ronald sostiene que los jueces deben limitarse a juzgar de acuerdo a principios, dejando de lado las consideraciones referidas a políticas a los demás poderes estatales.

    Por ultimo Ronald plantea otra restricción a esa cierta libertad que poseen los jueces, diciendo que: los principios que los jueces deben observar para tomar sus decisiones, deberán formar parte de una teoría que no solo permita justificar dediciones futuras de los jueces, sino que también justifiquen todas las normas institucionalmente reconocidas, esto es lo que él denomina el requisito de “consistencia articulada”

    Criticas: primero la estricta distinción entre políticas y principios que en teoría suena tan complaciente, en la practica la verdad no es tan clara; segundo es ridículo suponer que los jueces no tengan en cuenta en sus dediciones consideraciones pertinentes a las políticas es decir a los objetivos colectivos y pretender que los jueces se limiten a decidir sobre la base de principios; y por ultimo el requisito de “consistencia articulada” que ¬ según Nino ¬ ata a los jueces a normas que podrían ser injustas.

    Aftalión

    En su completísimo manual (no es solo un libro que se reduce a meros conceptos de Derecho sino que ofrece la posibilidad de adquirir conocimientos íntimamente relacionados con el Derecho, que por lo general los demás libros no nos ofrecen, que nos brinda una amplia y generosa visión de las inagotables fases del Derecho… muy recomendable) de “Introducción al Derecho” E. R. Aftalión y comp. , comienza desarrollando la concepción del Derecho como “conducta” para luego al final del capitulo concluir con la relación entre Derecho y moral.

    Este autor divide a la conducta humana en dos grandes partes:

    a) ética, la cual pretende señalar cual es la moral ideal vigente, es decir el propósito o finalidad del Derecho, excluyendo las conductas incompatibles con este y el ámbito facultativo de las personas

    b) técnica, consiste en imaginar cuales son los tramos de conducta, cuales son las acciones que, estructuradas casualmente, nos van a conducir a la finalidad o propósito establecido

    A su vez la Ética se divide en:

    • Derecho

    • Moral

    Según G. Del Vecchio cada acción humana es susceptible de ser observada en relación con otra conducta humana, ya sean dos o más conductas del mismo sujeto o sean dos o más conductas de distintos sujetos. Este autor sostiene que en la conducta se puede observar una “interferencia subjetiva” y una “interferencia intersubjetiva”.

    La interferencia subjetiva, se refiere a la interferencia advertida en cuanto a la posibilidad que tiene una determinada persona para elegir entre distintas conductas, de las cuales elegirá una y rechazara todas aquellas que sean incompatibles con la elegida.

    De acuerdo con lo dicho entonces, la moral, estará configurada por esta interferencia subjetiva.

    El menester del Derecho, entonces será la interferencia intersubjetiva, es decir cuando entran en contacto la conducta de dos o mas personas. El Derecho será entonces esa conducta compartida, en interferencia intersubjetiva.

    Según Cristian Tomasio, quien fuese quizás uno de los primeros en contemplar enteramente el problema de la distinción entre Derecho y moral, señala que el Derecho se tiene por principio lo iustum y la moral lo honestum. Siendo la moral todo lo pertinente al foro interno (forum internum) de las personas y el Derecho lo referente al foro externo (forum externum).

    El estado entonces, según Tomasio, no puede interferir en el foro interno de las personas, ya que este mundo de los deseos y intenciones, le es totalmente ajeno, de esto se deduce que la moral no es coercible, mientras que el Derecho si lo es y que la moral tiene como fin el perfeccionamiento intimo, mientras que el Derecho tiene como fin la coexistencia social.

    Según Emmanuel Kant, que recibió cierto influjo del anterior autor, la moral y el Derecho se diferencian en base a los distintos “motivos del obrar”, estos motivos están constituidos por las que llama “acciones internas” y la representación física de tales motivos son las “acciones externas”. De acuerdo con esto la moral se refiere a esos motivos y el Derecho solo al aspecto externo de los actos, entonces siguiendo este razonamiento, la conformidad de la “acción” con la “ley” prescinde de los motivos que determinan el acto o la abstención de este.

    Estas teorías que siguen un mismo razonamiento presentan ¬ según Aftalión ¬ fallas notables:

    In first place, la moral no se reduce únicamente a la consideración del aspecto interno de la conducta, por el contrario, lo decisivo suele ser el aspecto externo

    Y en segundo lugar, el Derecho tampoco se reduce solo al forum externum, el animus tiene gran injerencia en las distintas ramas de la ciencia jurídica.

    Según C. O. Bunge, quien hizo eco de la ridícula “tesis” (ni siquiera se podría llamar teoría) de el Derecho como un “mínimo de ética”, el derecho seria solo una pequeña parte de la ética (entendida como sinónimo de moral)

    Dice este autor: “la mayor amplitud ideológica de la moral la hace mucho mas basta y completa… los hombres que ajustan su conducta y sus ideas a la moral, las ajustan con mayor razón al Derecho. Pues quien hace lo más hace lo menos. En cambio hay hombres que infringen a cada paso los preceptos morales y que, sin embargo, respetan y acatan los jurídicos. No faltan bribones hábiles, que quedan siempre al margen de los códigos, es decir que no se hacen acreedores a las sanciones legales. La aplicación del Derecho comprende, pues, un campo mucho mas reducido que el de la moral. La moral viene a ser como el medio ambiente ideológico dentro del cual se desenvuelve el Derecho”

    (analicemos algunas frases que realmente causan risa: “los hombres que ajustan su conducta y sus ideas a la moral, las ajustan con mayor razón al Derecho | o sea que el chabon ya da por hecho que el Derecho debe ajustarse a la moral de la sociedad, o sea sin importar que pueda ser una moral aberrante o que dentro de una sociedad que exista una minoría que tenga ideas un tanto perversas y el Derecho refleje la moral de la mayoría, es decir la minoría que actuaría según su moral, no estaría sin embargo conforme al Derecho |. “Pues quien hace lo mas hace lo menos” | esta es la frase mas estupida que escuche en mi vida | “La moral viene a ser como el medio ambiente ideológico dentro del cual se desenvuelve el Derecho” | la moral el medio ambiente ideológico del Derecho, sin palabras…|)

    Esta tesis ha atraído a cierto puñado de imbeciles por su simplicidad y comodidad conceptual, pero sin embargo dista notablemente de poseer algo de veracidad.

    Del análisis formulado por Del Vecchio, se concluye que el Derecho y la moral, son dos posibles ópticas de la conducta humana y son universales en el sentido de que comprenden todas las acciones humanas. La moral considera la relación de las distintas acciones de una misma persona y el Derecho pone en relación esas acciones con las acciones de otras personas. Es decir, el Derecho ante una acción dada, en lugar de compararla con las demás acciones omitidas por el mismo sujeto, la pone en relación con la de otros en cuanto la impiden o no impiden realizarla, o sea toda acción humana permite al mismo tiempo e independientemente los dos enfoques con lo que queda completamente descartada el absurdo de la mayor amplitud de la moral, siendo ridícula la intención de comparar y sobreponer reduciendo uno al otro ambos enfoques.

    Esta confusión parece nublarle la vista a nuestro amigo Bunge, al no advertir que la falta de una sanción estatal para ciertos supuestos no significa no significa que dichas acciones escapen al ámbito jurídico, expresado claramente por la máxima “todo lo que no esta prohibido esta permitido

    DE La justicia

    En el manual de Aftalión, se dedica todo un capitulo a este tema, y no es para menos teniendo en cuenta la envergadura del tema. De modo que en base a ello desarrollaremos el concepto de justicia.

    Justicia según Platón

    Tema central entre la ciencia platónica, desarrollado en profundidad en los tomos 2, 3 y 4 de su obra “La Republica”. Allí se pueden observar los diálogos con Glaucón, quien propone para reflexionar sobre la justicia, analizar como aparece esta en la ciudad, para luego por analogía, colectiva determinar en que consiste la justicia como atributo del hombre. Esta concepción distingue a la justicia simultáneamente como virtud del estado y como virtud.

    Según platón la justicia en el estado es el equilibrio entre los distintos estamentos sociales que lo conforman: sabios, a quienes corresponde el gobierno y dirección de la cosa publica (Res Publica), estos tienen como virtud la sabiduría y prudencia; guerreros, que defienden la ciudad del acecho de sus enemigos, su virtud es la valentía; y por ultimo los trabajadores o artesanos (que presiento que se lleva la peor parte… y encima se tiene que bancar que le digan frases estupidas como “el trabajo dignifica”) los cuales deben trabajar para sostener la ciudad, virtud: templanza. De acuerdo a esto la justicia será el equilibrio entre la prudencia, el valor y la templanza. Entonces según platón esto también podrá observarse en cada individuo, siendo las tres funciones del alma en los individuos, correlativas con las de los estamentos del estado, las siguientes: inteligencia, voluntad, y sentidos. Siendo aquí también la justicia, el equilibrio entre los tres. El hombre justo será aquel que posea intrínseca y armónicamente, templanza, sabiduría y valor.

    La justicia es, en cambio, una suerte de virtud formal, pero suprema, que se supraordina a las demás virtudes, estableciendo entre ellas una relación armónica. Para platón la justicia reinara en el estado cuando los sabios lleguen a gobernantes o los gobernantes sean sabios. (oh shit... that is so, so facking far!)

    Justicia según Aristóteles

    Este autor diferencia dos enfoques o conceptos, el primero siguiendo el pensamiento de Platón, en cuanto a la justicia como una virtud individual, pero con la variante del famoso y repudiable “Punto Medio”, que ve a la justicia como el justo medio entre el defecto y el exceso; el segundo es el odioso (y aun mas repudiable) concepto de la “justicia social” es decir así como una justicia colectiva

    Bien critiquemos el concepto de “punto medio”. Ha simple vista, es claro que eso de “ser prudente y buscar el punto medio”, suena muy elegante y fácil en la teoría, pero cuando bajamos al mundo de la (sombría) realidad las cosas no son tal sencillas y no es posible determinar con certeza cual es el facking "half point". Y justamente esto es lo que hace la vida humana tan rica y compleja, imposible es reducirla a un punto medio. La falacia de esta concepción aristotélicamente repugnante, es que este prestidigitador, escoge de antemano una virtud, y la coloca deliberadamente como el “punto medio” entre dos extremos, es decir, esta teoría resulta inútil para determinar el punto medio, puesto que para construirla, se ha partido ya de ciertas virtudes consideradas de antemano como los “puntos medios”. En fin, una gran mentira…

    Pues bien en cuanto al segundo concepto de justicia, usted se estará preguntando… what fack is the social justice? well I have not a facking idea! Pero el concepto de Aristóteles suena bien así que muchos se encargan de ponderarlo y defenderlo sin siquiera poder definirlo, es que ni siquiera quien lo creo dio una definición, solo dijo que existe una justicia distributiva, una justicia conmutativa, bla, bla, bla… en fin basura… this is not a “mathematical equation” this is Right man!

    Justicia según Ulpiano

    No hay mucho que decir la famosa definición de “dar a cada uno lo suyo” mas específicamente decía: “iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi (justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo)

    La Posta

    Todas muy lindas las definiciones que dan estos chabones, pero la verdad es que están como el orto (de onda…)

    Algunas aclaraciones respecto al concepto de justicia:

    La justicia no es un fin. Algunos ilusos suelen decir que la justicia es el fin del Derecho. Una cosa es el fin y otra distinta es el valor del fin. El fin es una situación propuesta a nuestra libertad como termino de llegada, situación a la cual se llega cuando efectivamente el fin se realiza, en cambio al valor no se llega nunca, es decir un fin es un estado, al que se puede llegar, o sea determina un futuro; en cambio el valor no es un estado sino que es una cualidad que no determina un futuro sino que al contrario abre, a la existencia humana, el futuro indeterminado.

    Las utopías justamente, presentan a la justicia como un fin que se va alcanzar algún día (espera tranquilo…). Por ejemplo el marxismo, que pronostica el advenimiento de una sociedad sin clases sociales, es decir donde se alcanzaría de una vez y para siempre la justicia entre los humanos, concluyendo así con la evolución histórica (esto ya suena demasiado novelesco). En cambio ya muchísimo tiempo antes San Agustín ya anticipaba que la justicia no iba ser alcanzada nunca en la tierra y no se equivocaba, ya que la justicia no es un fin.

    La justicia no es una virtud. Este es un error que tiene origen en la concepción platónica de justicia y que se arrastró hasta el siglo XIX. Debe quedar en claro para evitar este error, que el valor justicia posee completa autonomía de las virtudes morales.

    La justicia es un valor social o bilateral. Es claro que el difundido concepto de la “justicia social” posee gran ambigüedad (vaguead, carga emotiva, indefinición, imprecisión, etc, etc.) pues lleva a pensar que se trata de una especie dentro del genero justicia, es decir como si pudiera existir alguna justicia que no fuese social! Este inconveniente puede ser menos notorio, si decimos que la justicia social haría referencia a una cierta manera de realizarla en la comunidad (aunque de todos modos la indefinición es abismal).

    La justicia es el valor jurídico supremo y central. No es el único valor jurídico, pero es de gran importancia dentro de un ordenamiento jurídico, es lo que, para decirlo de algún modo “marca el camino” o la dirección a donde apunta valorativamente hablando, un orden jurídico. Analizar en detalle todos los valores que encierra un complejo sistema jurídico es tarea de la “estimativa jurídica” considerada como una rama de la teoría general de los valores.

    ...to put in march the mechanisms of the death.

    TRATADO DE LOS TRES IMPOSTORES

    CAPÍTULO I

    DE DIOS

    1.- Aunque todos los hombres desean conocer la verdad, hay muy

    pocos que gocen de ese privilegio: unos son incapaces de buscarla

    por sí mismos, otros no quieren esforzarse en ello. No hay que

    extrañarse, pues, si el mundo está lleno de opiniones vanas y ridículas:

    la ignorancia es lo que más fácilmente puede darles curso; es

    la única fuente de las ideas falsas que hay sobre la divinidad, el

    alma, los espíritus y casi todos los demás objetos propios de la religión.

    La costumbre ha prevalecido; nos atenemos a los prejuicios

    del nacimiento y a propósito de las cosas más esenciales nos rendimos

    ante personas interesadas que tienen por ley sostener con

    empecinamiento las opiniones recibidas y que no se atreven a rebatirlas

    por miedo a destruirse a sí mismos.

    2.- Lo que hace que el mal no tenga remedio es que, después de

    haber establecido las falsas ideas que se tienen de Dios, no se deja

    nada de lado en el empeño de comprometer al pueblo a creerlas sin

    permitirle examinarlas; al contrario: se le carga de aversión hacia los

    filósofos o los verdaderos sabios por miedo a que la razón que enseñan

    le haga ver los errores en que está inmerso. Los partidarios de

    esos absurdos lo han conseguido hasta tal punto que es peligroso

    combatirles. A esos impostores les interesa demasiado que el pueblo

    sea ignorante como para consentir que se le desengañe. Por eso,

    uno está obligado a encubrir la verdad o a sacrificarse a la violencia

    extrema de los falsos sabios o de las almas bajas e interesadas.

    3.- Si el pueblo pudiera comprender en qué abismo le arroja la

    ignorancia, se sacudiría enseguida el yugo de esos indignos conductores,

    porque es imposible dejar actuar a la razón sin que ella

    descubra la verdad. Esos impostores lo han entendido tan bien

    que, para evitar los buenos efectos que produciría de manera infalible

    han procurado pintárnosla como un monstruo incapaz de inspirar

    ningún buen sentimiento y, aunque censuran en general a los

    que no son razonables, les desagradaría enormemente que la verdad

    fuera escuchada. Así vemos sin cesar cómo esos enemigos del

    buen sentido caen en continuas contradicciones y es difícil saber

    qué pretenden. Si es cierto que la recta razón es la única luz que

    debe seguir el hombre y si el pueblo no es tan incapaz de razonar

    como intentan hacerle creer, es preciso que los que intentan instruirle

    se apliquen a rectificar sus falsos razonamientos y a destruir

    sus prejuicios; se verá entonces cómo sus ojos poco a poco se despiertan

    y a su espíritu convencerse de esta verdad: que Dios no es

    nada de lo que habitualmente imaginan.

    4.- Para lograrlo no hacen falta ni altas especulaciones ni penetrar

    mucho en los secretos de la naturaleza. Sólo se necesita un poco de

    buen sentido para juzgar que Dios no es ni colérico ni envidioso,

    que la justicia y la misericordia son falsos títulos que se le atribuyen

    y que los profetas y los apóstoles que hablan de ello no nos

    enseñan ni su naturaleza ni su esencia.

    En efecto, para hablar sin disimulo y para decir la cosa como es

    ¿no es preciso convenir que los Doctores no eran ni más hábiles ni

    mejor instruidos que el resto de los hombres, que, lejos de ello, lo

    que dicen acerca de Dios es tan grosero que para creerlo hay que

    ser puro populacho? Aunque el asunto es bastante evidente por sí

    mismo, vamos a hacerlo aún más claro examinando esta cuestión:

    ¿hay algo que indique que los profetas y los apóstoles son distintos

    al resto de los hombres?

    5.- Todo el mundo está de acuerdo en que por el nacimiento y las

    funciones ordinarias de la vida no había nada que les distinguiera

    del resto de los hombres. Eran engendrados por hombres, nacían de

    las mujeres y conservaban su vida del mismo modo que nosotros.

    En lo que se refiere al espíritu, hay quien pretende que Dios animaba

    bastante más el de los profetas que el de los demás hombres, que

    se comunicaba con ellos de una forma totalmente particular: es algo

    que se cree tan de buena fe como si fuera asunto probado. Sin tener

    en cuenta que todos los hombres se parecen y que todos tienen el

    mismo origen, se dice que esos hombres han pertenecido a un tiempo

    extraordinario y han sido escogidos por la divinidad para anunciar

    sus oráculos. Pero, además de que no tenían ni más espíritu que

    el vulgo ni el entendimiento más perfecto ¿qué hay en sus escritos

    que nos obligue a tener de ellos tan alta opinión? La mayor parte de

    las cosas que han dicho es tan oscura que es incomprensible y está

    tan desordenada que es fácil darse cuenta de que ni ellos la entendían

    y de que no eran sino bribones ignorantes. Lo que ha originado

    la opinión que se tiene de ellos es la insolencia con la que se han jactado

    de que Dios les entreaba sin intermediación de ningún tipo

    todo lo que ellos anunciaban al pueblo; creencia absurda y ridícula

    puesto que ellos mismos confesaban que Dios sólo les hablaba en

    sueños. No hay nada que sea más natural para los hombres que

    soñar, por lo que hay que ser muy descarado, vano e insensato para

    decir que Dios habla con uno por esa vía, y aquél que se lo cree debe

    ser muy crédulo y muy loco para tomar los sueños por oráculos divinos.

    Aunque supusiéramos por un momento que Dios se hace oír

    por alguno mediante sueños, visiones o cualquier otro medio que se

    quiera imaginar, nadie estaría obligado a creérselo porque lo diga

    un hombre que está sujeto a error e incluso al engaño y a la impostura:

    vemos también que en la antigua Ley no se tenía a los profetas

    tanta estima como se les tiene hoy. Cuando se estaba harto de su

    cháchara, que a menudo sólo pretendía sembrar la revuelta y desviar

    al pueblo de la obediencia debida a los soberanos, se les hacía

    callar con diversos suplicios: el mismo Jesucristo no escapó al justo

    castigo que merecía; él no tenía como Moisés un ejército preparado

    para defender sus opiniones1: añadid a ello que los profetas estaban

    tan acostumbrados a contradecirse los unos a los otros que entre

    cuatrocientos2 no había ni uno sólo verdadero. El objetivo de sus

    profecías, al igual que las leyes de los principales legisladores, era

    sólo eternizar su memoria haciendo creer a los pueblos que ellos

    1.- Moisés hizo morir de una vez a 24.000 hombres por haberse opuesto a su Ley.

    2 .-Está escrito en el Libro primero de los Reyes, capítulo 22, versículo 6 que Ajab,

    rey de Israel, consultó a 400 Profetas que resultaron todos falsos a la vista de

    cómo se cumplieron sus Profecías.

    Hablaban con Dios. Los más finos políticos han actuado siempre de

    ese modo, aunque esa artimaña no siempre les ha funcionado a los

    que no tenían, como Moisés, el instrumento de poder que garantizara

    su seguridad.

    6.- Dicho esto, examinemos un poco la idea que los profetas han

    tenido de Dios. Si hay que creerles, Dios es un Ser puramente corporal:

    Miguel le ve sentado; Daniel, vestido de blanco y en la forma

    de un anciano; Ezequiel le ve como un fuego... y así para el Antiguo

    Testamento. En cuando al Nuevo, los discípulos de Jesucristo imaginaban

    verlo como una paloma, los apóstoles como lenguas de

    fuego y san Pablo como una luz que le deslumbra y le ciega. En lo

    que toca a la contradicción de sus sentimientos, Samuel3 creía que

    Dios no se arrepentía jamás de lo que había resuelto; por el contrario,

    Jeremías4 nos dice que Dios se arrepiente del bien que había

    decidido hacer; Joel5 nos enseña que sólo se arrepiente del mal que

    ha hecho a los hombres; Jeremías dice que no se arrepiente en absoluto.

    El Génesis6 nos enseña que el hombre es amo del pecado y que

    hacer el bien sólo depende de él, pero san Pablo7 asegura que los

    hombres no tienen ningún poder sobre la concupiscencia sin una

    gracia totalmente particular de Dios, etc. Tales son las ideas falsas y

    contradictorias que esos pretendidos inspirados nos dan de Dios y

    que se quiere que nosotros aceptemos sin caer en que nos representan

    la divinidad como un ser sensible, material y sujeto a todas las

    pasiones humanas. Después de todo eso vienen a decirnos que Dios

    no tiene nada común con la materia y que es un Ser incomprensible

    para nosotros. Yo desearía muy vivamente saber cómo puede hacerse

    concordar todo eso, si es justo creer en contradicciones tan visibles

    y tan poco razonables y si, en fin, debe tenerse en consideración

    el testimonio de hombres tan groseros como para imaginar, a pesar

    3..- Capítulo 15, versículos 2 y 9.

    4.- Capítulo 18, versículo 10.

    5.- Capítulo 2, versículo 13.

    6.- Capítulo 4, versículo 7.

    7.- Romanos, 15, 9, versículo 10.

    de los sermones de Moisés, ¡que un becerro era su Dios! Pero sin

    detenernos en los ensueños de un pueblo educado en la servidumbre

    y en el absurdo, decimos que la ignorancia ha producido la creencia

    en todas las imposturas y errores que reinan hoy entre nosotros.

    CAPÍTULO II

    DE LAS RAZONES QUE HAN LLEVADO A LOS HOMBRES A FIGURARSE

    UN SER INVISIBLE AL QUE COMÚNMENTE SE LLAMA DIOS

    1.- Aquellos que ignoran las causas físicas tienen un temor8 natural

    que procede de la inquietud y de la duda en la que están sobre

    si existe un Ser o una potencia que tenga el poder de dañarles o de

    conservarles. De ahí la propensión que tienen a suponer causas

    invisibles que no son sino los fantasmas de su imaginación a los

    que invocan en la adversidad y alaban en la prosperidad. Finalmente

    hacen dioses de ellos, y este temor quimérico a las potencias

    invisibles es el origen de las religiones que cada cual forma a su

    modo. Aquellos que querían que el pueblo fuera contenido y retenido

    por semejantes ensueños han cultivado esa semilla de religión,

    han hecho de ella una ley y, finalmente, han reducido a los

    pueblos a la obediencia ciega por terror a lo que pueda venir.

    8.- Caetera quae fieri in terris Caeloque tuentur / Mortales pavidis cum pendent

    mentibu' saepe, / Et faciunt animos humilis formidine Divom / Depressosque

    premunt ad terram propterea quod / Ignorantia causarum conferre Deorum /

    Cogit ad imperium res & concedere regnum. / Quorum operum causas nulla

    ratione videre / I ossunt baec fieri Divino numine rentur. (Lucrecio, De rerum

    naturae, Libro VI, vs. 49 et ss.) [Nota del editor: la traducción castellana de

    Eduardo Valenti (Madrid, CSIC, 1983, vol. II, pag. 136) -que, por otra parte,

    difiere en algún punto en la fijación del texto latín- dice: “... y todo lo demás que

    los mortales ven suceder en la tierra y en el cielo - que a menudo tiene sus mentes

    suspensas de terror, les abate el ánimo con el temor a los dioses, y los aplasta al

    suelo, pues la ignorancia de las causas hace atribuir a los dioses el imperio de la

    Naturaleza y concederles el reino. Pues de ningún modo pueden comprender las

    causas de tales efectos, y los creen obra de un poder divino.”]

    2.- Una vez encontrado el origen de los dioses, los hombres han

    creído que éstos se les parecían y que, como ellos, harían todas las

    cosas con vistas a algún fin. Así, dijeron y creyeron de forma unánime

    que Dios lo ha hecho todo para el hombre y, recíprocamente,

    que el hombre sólo está hecho para Dios. Ese prejuicio es general,

    y cuando se piensa en la influencia que ha debido tener necesariamente

    sobre las costumbres y las opiniones de los hombres, se ve

    claramente que es de ahí de donde han tomado pié para formarse

    las ideas falsas del bien y el mal, del mérito y el demérito, de la alabanza

    y la humillación, del orden y la confusión, de la belleza y la

    deformidad y de todas las cosas de ese tipo.

    3.- Cada cual debe estar de acuerdo en que todos los hombres están

    en una profunda ignorancia al nacer y que lo único que es para

    ellos natural es buscar lo que les es útil y beneficioso: de ahí procede,

    1º, que se crea que para ser libre es suficiente sentir en uno

    mismo que se puede querer y desear sin preocuparse de las causas

    que disponen a querer y desear, puesto que no se conocen; 2º, como

    los hombres actúan siempre para un fin que prefieren a cualquier

    otro, sólo tienen como objetivo conocer las causas finales de

    sus acciones y se imaginan que después de eso ya nada les plantea

    dudas y, como encuentran en sí mismos y fuera de ellos diversos

    medios para conseguir lo que se proponen, y en vista de que tienen,

    por ejemplo, ojos para ver, orejas para oír, un sol para iluminarles,

    etc., han concluido que no hay nada en la naturaleza que

    no esté hecho para ellos y de lo que no puedan disfrutar y disponer;

    pero como saben que no son ellos los que han hecho todas las

    cosas han creído tener bastante fundamento para imaginar un ser

    supremo autor de todo; han pensado, en una palabra, que todo lo

    que existe era la obra de una o varias divinidades. Por otra parte,

    siendo desconocida para los hombres la naturaleza de los dioses

    que han admitido, la han considerado fijándose en sí mismos,

    imaginándolos susceptibles de las mismas pasiones que ellos; y

    como las inclinaciones de los hombres son diferentes, cada cual ha

    rendido un culto a su divinidad según su humor, pretendiendo obtener

    sus bendiciones y de ese modo disponer de la naturaleza para

    sus propios deseos.

    4.- De ese modo el prejuicio se ha tornado en superstición; ha

    arraigado de tal modo que las gentes más burdas se han creído

    capaces de penetrar en las causas finales como si tuvieran de ellas

    un conocimiento total. Así, en lugar de mostrar que la naturaleza

    no hace nada en vano, han creído que Dios y la naturaleza pensaban

    del mismo modo que los hombres. Como la experiencia ha

    mostrado que infinitas calamidades perturban la tranquilidad de la

    vida, como las tormentas, los terremotos, las enfermedades, el

    hambre, la sed, etc., atribuyen todos esos males a la cólera celestial;

    creyeron a la divinidad irritada contra las ofensas de los hombres,

    que no han podido quitarse de la cabeza semejante quimera ni deshacerse

    de esos prejuicios pese a los ejemplos diarios que demuestran

    que los bienes y los males han sido siempre comunes tanto a

    los buenos como a los malos. Este error procede de que resulta más

    fácil permanecer en la ignorancia natural que abolir un prejuicio

    recibido de hace tantos siglos y establecer algo que sea verosímil.

    5.- Este prejuicio les ha llevado a otro consistente en creer que los

    juicios de Dios eran incomprensibles y que, por esa razón, el conocimiento

    de la verdad escapaba a la capacidad del espíritu humano;

    un error en el que aún estaríamos si las matemáticas, la física y

    algunas otras ciencias no le hubieran destruido.

    6.- No hacen falta largos discursos para mostrar que la naturaleza

    no se propone ningún fin y que todas las causas finales son sólo ficciones

    humanas. Basta con probar que esa doctrina niega a Dios las

    perfecciones que se le atribuyen. Eso es lo que vamos a mostrar.

    Si Dios actúa por un fin, ya sea para él ya para otro, desea algo

    que no tiene y habrá que convenir que hay un tiempo en el que Dios,

    no teniendo aquello por lo que actúa, ha deseado tenerlo: eso convierte

    a Dios en un indigente. Pero para no omitir nada de cuanto

    pueda apoyar el razonamiento de cuantos tienen la opinión contraria,

    supongamos por ejemplo que una piedra que se desprende de

    un edificio cae sobre una persona y la mata; es preciso, dicen nuestros

    ignorantes, que esa piedra haya caído con el propósito de matar

    a esa persona, pero eso sólo ha podido pasar porque Dios lo ha querido.

    Si se les responde que es el viento el que ha causado la caída en

    el momento en que ese pobre infeliz pasaba, os preguntarán por qué

    pasaba precisamente en el momento en que el viento tiraba esa piedra.

    Replicadles que iba a cenar a casa de un amigo que le había

    invitado y querrán saber por qué ese amigo le había invitado en ese

    momento y no en cualquier otro; os harán así una infinidad de

    curiosas preguntas para remontarse de causa en causa y haceros

    confesar que la sola voluntad de Dios, que es el asilo de los ignorantes,

    es la causa primera de la caída de esa piedra. Del mismo modo,

    cuando miran la estructura del cuerpo humano caen en la admiración;

    y como ignoran las causas de unos efectos que les parecen tan

    maravillosos, concluyen que es un efecto sobrenatural en el que no

    pueden tener participación las causas que nos son conocidas. De ahí

    procede el que quien quiere examinar a fondo las obras de la creación

    y penetrar en tanto que auténtico sabio en sus causas naturales

    sin atenerse a los prejuicios formados por la ignorancia, pase por un

    impío o sea inmediatamente desacreditado por la malicia de aquellos

    a los que el vulgo reconoce como los intérpretes de la naturaleza

    y de los dioses: esas almas mercenarias saben muy bien que la ignorancia

    que mantiene al pueblo en el asombro es lo que les permite

    subsistir y lo que conserva su crédito.

    7.- Habiéndose imbuido por tanto los hombres de la ridícula opinión

    de que todo lo que ven está hecho para ellos, han hecho un

    asunto de religión el adaptarlo todo a sí mismos y juzgar del valor

    de las cosas por el beneficio que se obtiene de ellas. Después de eso

    han formado las nociones que les sirven para explicar la naturaleza

    de las cosas, para juzgar sobre el bien y el mal, sobre el orden y

    el desorden, sobre el calor y el frío, sobre la belleza y la fealdad, etc.,

    que en el fondo no son lo que ellos imaginan: maestros en formar

    así sus ideas, se jactan de ser libres; se creen con derecho a decidir

    sobre la alabanza y la reprobación, sobre el bien y el mal; han llamado

    bien a aquello que les beneficia y a lo que atañe al culto divino

    y mal, por el contrario, lo que no conviene ni a lo uno ni a lo

    otro: y como los ignorantes no son capaces de juzgar sobre nada y

    sólo tienen alguna idea de las cosas por la ayuda de la imaginación

    que toman por juicio, nos dicen que no se conoce nada en la naturaleza

    y se figuran un orden particular en el mundo. En fin, creen

    que las cosas están bien o mal ordenadas según les resulte fácil o

    difícil imaginarlas cuando los sentidos se las presentan; y como se

    para uno de buena gana en lo que menos fatiga el cerebro, se convence

    uno de que está bien fundado el preferir el orden a la confusión,

    como si el orden fuera otra cosa que un puro efecto de la imaginación

    humana. Así, decir que Dios lo ha hecho todo con orden

    es pretender que él ha creado el mundo de la manera más fácil de

    ser concebida por la imaginación humana, en favor de ella o, lo que

    en el fondo es lo mismo, que se conocen con certeza las relaciones

    y los fines de todo lo que existe, afirmación demasiado absurda

    para que merezca ser refutada en serio.

    8.- En cuanto a las demás nociones, son simples efectos de la misma

    imaginación que no tienen nada de real y que son sólo las diferentes

    afecciones o modos de los que esa facultad es susceptible:

    cuando, por ejemplo, los movimientos que los objetos imprimen en

    los nervios a través de los ojos son agradables a los sentidos, se dice

    que esos objetos son bellos. Los olores son buenos o malos, los sabores

    dulces o amargos, lo que se toca es duro o blando, los sonidos

    bruscos o agradables, según que los olores, los sabores y los sonidos

    golpeen o penetren en los sentidos. A partir de esas ideas encontramos

    gente que cree que a Dios le gusta la melodía del mismo modo

    que otros han creído que los movimientos celestes eran un concierto

    armonioso; lo cual muestra suficientemente que cada uno se persuade

    de que las cosas son como se las figura, o que el mundo es

    puramente imaginario. No es nada extraño, por tanto, que casi no

    haya dos hombres de la misma opinión y que incluso hay quien se

    vanagloria de poner todo en duda: porque, aunque los hombres tengan

    un mismo cuerpo y se parezcan todos en muchas cosas, difieren,

    sin embargo, en muchas otras; por eso lo que le parece bueno a

    uno es malo para otro, lo que a uno le gusta a otro le disgusta. De ahí

    es fácil concluir que los sentimientos sólo se diferencian en razón de

    la organización y de la diversidad de las coexistencias, que el razonamiento

    cuenta poco en ello y, en fin, que las nociones de las cosas

    del mundo son sólo un puro efecto de la imaginación.

    9.- Es evidente, por tanto, que todas las razones de las que el común

    de los hombres acostumbra a servirse cuando se pone a explicar

    la naturaleza, son sólo formas de imaginar que nada prueban

    menos que aquello que se pretende; dan nombres a esas ideas

    como si existieran en algún lugar distinto a un cerebro así prevenido.

    No se les debería llamar seres sino puras quimeras. No hay

    nada más fácil que refutar los argumentos fundados en esas nociones;

    por ejemplo: si fuera cierto, se nos dice, que el universo procede

    y es una consecuencia necesaria de la naturaleza divina, ¿de

    dónde proceden las imperfecciones y los defectos que se ven en él?

    Esta objeción se refuta sin ninguna dificultad. Sólo se podría juzgar

    de la perfección y de la imperfección de un ser si se conociera su

    naturaleza y esencia, y es extralimitarse creer que una cosa es más

    o menos perfecta en función de que guste o disguste y de que sea

    útil o inútil a la naturaleza humana. Para cerrar la boca de los que

    preguntan por qué Dios no ha creado a todos los hombres buenos

    y felices basta con decir que todo es lo que es necesariamente y que

    en la naturaleza no hay nada imperfecto porque todo se sigue de la

    necesidad de las cosas.

    10.- Dicho esto, si se pregunta qué es Dios, respondo que esa palabra

    nos representa el ser universal en el que, por hablar como san

    Pablo, tenemos la vida, el movimiento y el ser. Esta noción no tiene

    nada que sea indigno de Dios, porque si todo es en Dios todo se

    sigue necesariamente de su esencia y es preciso que sea tal como lo

    que contiene porque es incomprensible que seres totalmente materiales

    sean mantenidos y estén contenidos en un ser que no es. Esta

    opinión no es nueva. Tertuliano, uno de los mayores sabios que los

    cristianos hayan tenido, ha dicho contra Apelles que lo que no es

    cuerpo no es nada y contra Praxeas que toda sustancia es uncuerpo9

    . Esta doctrina, además, no fue condenada en los cuatro primeros

    concilios ecuménicos o generales10.

    9.- Quis autem negabit Deum esse corpus, etsi Deus Spiritus? Spiritas etiam corporis

    sui generis, in sua effigie. TERTUL., Adv. Prax., cap. 7. [Nota del editor:

    ¿Quién niega que Dios es un cuerpo afirmando, con todo, que es un espíritu? El

    espíritu es también en cierto modo cuerpo, su imagen].

    10.- Esos cuatro primeros Concilios son: 1º, el de Nicea en 325 bajo Constantino y

    el Papa Silvestre; 2º el de Constantinopla en 381 bajo Graciano, Valentiniano y

    Teodosio y el Papa Dámaso I; 3º el de Éfeso en 431 bajo Teodosio el joven y

    Valentiniano y el Papa Celestino; 4º el de Calcedonia en 451 bajo Valentiniano y

    Marciano y el Papa León I.

    11.- Estas ideas son claras y simples y las únicas que sobre Dios

    podría formarse un buen espíritu. Sin embargo, hay pocos que se

    contenten con semejante simplicidad. El populacho acostumbrado

    a los placeres de los sentidos pide un Dios que se parezca a los reyes

    de la tierra. Esa pompa, ese esplendor que les rodea, le deslumbra

    de tal modo que quitarles la idea de un Dios parecido a esos reyes

    sería como quitarles la esperanza de ir después de la muerte a

    engrosar las filas de los cortesanos celestes para gozar con ellos de

    los mismos placeres que se disfrutan en la corte de los reyes; como

    privar al hombre del único consuelo que le impide desesperarse

    por las miserias de la vida. Se dice que es preciso un Dios justo y

    vengador que castigue y premie; se quiere un Dios susceptible de

    todas las pasiones humanas: se le atribuyen pies, manos, ojos y

    orejas y, sin embargo, se pretende que un Dios así constituido no

    tenga nada de material. Se dice que el hombre es su obra maestra

    e incluso su imagen, pero no se quiere que la copia sea semejante

    al original. En fin, el Dios del pueblo de hoy está sujeto a bastantes

    formas más que el Júpiter de los paganos. Lo más extraño es que

    cuanto más choquen y se contradigan esas nociones con el buen

    sentido más las reverencia el vulgo, porque obstinadamente cree lo

    que los Profetas han dicho al respecto aunque estos visionarios sólo

    fueran entre los hebreos lo que los augures y los adivinos fueron

    entre los paganos. Se consulta la Biblia como si Dios y la naturaleza

    se explicasen en ella de manera particular, aunque ese libro no

    sea más que una reunión de fragmentos cosidos al gusto de los

    rabinos que según su fantasía han decidido lo que debía ser aprobado

    o rechazado en función de lo que encontraran conforme u

    opuesto a la ley de Moises11.

    Tal es la malicia y la estupidez de los hombres. Pasan su vida

    discutiendo y persisten en el respeto a un libro en el que casi no hay

    más orden que en el Corán de Mahoma, un libro, digo, que nadie

    entiende de tan oscuro y mal concebido como es; un libro que sólo

    sirve para fomentar las divisiones. Los judíos y los cristianos pre-

    11.- El Talmud dice que los Rabinos deliberaron si había que eliminar el Libro de los

    Proverbios y el Eclesiastés de entre los canónicos. Los dejaron porque en ellos se

    habla elogiosamente de Moisés y de su Ley. Las Profecías de Ezequiel habrían

    sido suprimidas del Catálogo si cierto canónigo no se hubiera puesto a conciliarlas

    con la misma Ley.

    fieren consultar ese galimatías que escuchar la ley natural que

    Dios, es decir la naturaleza, en tanto que es el principio de todas las

    cosas, ha escrito en el corazón de los hombres. Todas las demás

    leyes no son sino ficciones humanas y puras ilusiones puestas de

    actualidad no por los demonios o malos espíritus que sólo existen

    en la imaginación sino por la política de los príncipes y los sacerdotes.

    Los primeros han pretendido así dar más peso a su autoridad,

    los segundos han querido enriquecerse con el despacho de

    una infinidad de quimeras que venden caras a los ignorantes.

    Todas las demás leyes que han sucedido a las de Moisés, es

    decir las leyes de los cristianos, sólo se apoyan en esta Biblia cuyo

    original no aparece, que contiene cosas sobrenaturales e imposibles,

    que habla de recompensas y castigos para las acciones buenas

    o malas, pero sólo para la otra vida por miedo a que la trampa sea

    descubierta porque nunca pase nada de eso. Así, el pueblo, fluctuante

    entre la esperanza y el temor, es mantenido en su deber por

    la opinión que tiene de que Dios sólo ha hecho a los hombres para

    hacerlos eternamente felices o desdichados. Eso es lo que ha dado

    lugar a una infinidad de religiones.

    CAPÍTULO III

    LO QUE SIGNIFICA LA RELIGIÓN:

    CÓMO Y POR QUÉ SE HA INTRODUCIDO EN EL MUNDO

    UN NÚMERO TAN GRANDE DE ELLAS

    1.- Antes de que la religión fuera introducida en el mundo, sólo se

    estaba obligado a seguir la ley natural, es decir, a conformarse a la

    recta razón. Ese único instinto era el vínculo al que los hombres

    estaban sujetos; y ese vínculo, aunque es muy simple, les unía de

    tal modo que las divisiones eran raras. Pero cuando el miedo les

    hizo suponer que hay dioses y potencias invisibles, elevaron altares

    a esos seres imaginarios y, sacudiéndose el yugo de la naturaleza y

    de la razón, se ligaron por varias ceremonias y por un culto supersticioso

    a los vanos fantasmas de la imaginación. Es de ahí de donde

    deriva la religión, que tanto ruido hace en el mundo. Habiendo

    admitido los hombres potencias invisibles con poder absoluto

    sobre ellos, las adoraron para ablandarlas y además imaginaron

    que la naturaleza era un ser subordinado a esas potencias. A partir

    de ahí se la figuraron como una masa inerte o como una esclava

    que sólo actúa siguiendo las órdenes de esas potencias. Desde que

    esa falsa idea golpeó su espíritu, sólo tuvieron desprecio por la

    naturaleza y respeto para esos pretendidos seres a los que llamaron

    dioses. De ahí procede la ignorancia en la que tantos pueblos están

    sumergidos; ignorancia de la que los auténticos sabios les podrían

    sacar, por muy profundo que sea el abismo, si su afán no estuviera

    atravesado por los que guían a esos ciegos y que viven sólo aprovechando

    sus imposturas.

    Pero aunque parezca haber muy pocas posibilidades de éxito en

    esta empresa, no hay que abandonar el partido de la verdad; aunque

    sólo fuera en consideración de los que padecen los síntomas de

    ese mal, se necesita que un alma generosa diga las cosas como son.

    La verdad, sea del tipo que sea, no puede nunca perjudicar, mientras

    que el error, por muy inocente e incluso útil que parezca, a la

    larga debe tener necesariamente efectos muy funestos.

    2.- El temor que ha dado origen a los dioses ha hecho también la

    religión; y desde que los hombres se han metido en la cabeza que

    hay ángeles invisibles que son la causa de su buena o mala suerte,

    han renunciado al buen sentido y a la razón y han tomado sus quimeras

    por otras tantas divinidades que se ocuparían de su comportamiento.

    Así, tras haber forjado dioses, quisieron saber cuál

    era su naturaleza y, imaginando que debería ser de la misma substancia

    que el alma, que creían parecida a los fantasmas que aparecen

    en el espejo o durante el sueño, creyeron que sus dioses eran

    substancias reales, pero tan tenues y tan sutiles que, para distinguirlas

    de los cuerpos, las llamaron espíritus, pese a que esos cuerpos

    y esos espíritus no son, efectivamente, más que una misma

    cosa y sólo se diferencian en la cantidad, puesto que ser espíritu o

    ser incorporal es algo incomprensible: el motivo es que todo espíritu

    tiene una figura que le es propia12 y se encuentra circunscrito

    12.- Ved el pasaje de Tertuliano citado, parágrafo 10, cap. II.

    a cierto lugar, es decir que tiene límites y que, en consecuencia, es

    un cuerpo por muy sutil que se le suponga13.

    3.- Los ignorantes, es decir la mayor parte de los hombres, habiendo

    establecido de este modo la naturaleza de la substancia de sus dioses,

    trataron también de descubrir por qué medio esos agentes invisibles

    producían sus efectos; pero no pudiendo conseguirlo a causa de su

    ignorancia, creyeron sus conjeturas juzgando ciegamente sobre el

    porvenir en función del pasado: como si del hecho de que algo haya

    sucedido en otra ocasión de tal manera se pudiera concluir razonablemente

    que sucederá o que debe llegar constantemente de la misma

    forma; sobre todo cuando las circunstancias y todas las causas que

    influyen necesariamente en los sucesos y las acciones humanas determinando

    su naturaleza y su actualidad son diversos. Consideraron,

    pues, el pasado, y conjeturaron bien o mal para el futuro según hubiera

    resultado bien o mal la misma empresa en otras circunstancias. Por

    eso, como Phermion se deshizo de los lacedemonios en la batalla de

    Naupacto, tras su muerte los atenienses eligieron otro general del

    mismo nombre; como Anibal sucumbió ante las armas de Escipión el

    Africano, por este éxito los romanos enviaron a la misma provincia a

    otro Escipión contra César, lo que no sirvió ni a los atenienses ni a los

    romanos: así, tras dos o tres ejemplos, varias naciones han atribuido

    a los lugares, a los objetos y a los nombres sus buenas o malas fortunas;

    otros se han servido de ciertas palabras que llaman encantamientos

    y las han creído tan eficaces que se imaginaron hacer hablar

    a los árboles con ellas, convertir un trozo de pan en un hombre o en

    un Dios y metamorfosear cuanto apareciera ante ellos14.

    4.- Estando establecido de este modo el imperio de las potencias

    invisibles, los hombres las reverenciaron en primer lugar como sus

    soberanos, es decir, mediante signos de sumisión y de respeto,

    13.- Ved Hobbes, Leviathan, de homine, cap. 12, pp. 56, 57, 58. [Nota del editor: en

    castellana, pp. 209 y ss. de Leviathan, edición preparada por C. Moya y A. Escohotado

    para la Editora Nacional, Madrid, 1983. La misma referencia vale para las

    notas siguientes].

    14.- Hobbes, ibidem, cap. 12, pp. 56 y 57.

    como los presentes, las plegarias, etc. Digo en primer lugar porque

    en ese encuentro la naturaleza no enseña a usar sacrificios sangrientos:

    éstos han sido instituidos únicamente para la subsistencia

    de los sacrificadores y de los ministros destinados al servicio de

    esos dioses imaginarios.

    5.- Ese germen de Religión (quiero decir: el temor y la esperanza)

    fecundado por las pasiones y las opiniones de los hombres, ha producido

    este gran número de extravagantes creencias que son la

    causa de tantos males y tantas revoluciones que suceden en los

    Estados. Los honores y las grandes rentas que han atribuido al

    sacerdocio o a los ministros de los dioses, han favorecido la ambición

    y la avaricia de esos hombres astutos que han sabido sacar

    provecho de la estupidez de los pueblos; éstos han caído tan profundamente

    en su trampa que sin darse cuenta se han acostumbrado

    a lisonjear la mentira y a odiar la verdad.

    6.- Establecida la mentira y prendados los ambiciosos del dulzor de

    ser elevados por encima de sus semejantes, intentaron éstos adquirir

    reputación fingiendo ser los amigos de los dioses invisibles que

    el vulgo temía. Para lograrlo mejor, cada uno los pintó a su modo y

    se permitió multiplicarlos tanto que se encontraban a cada paso.

    7.- La materia informe del mundo fue llamada dios Caos. Del mismo

    modo se hizo un dios del Cielo, de la Tierra, del Mar, del Fuego, de los

    Vientos y de los Planetas. Se hizo el mismo honor a los hombres y a

    las mujeres; los pájaros, los reptiles, el cocodrilo, el buey, el perro, el

    cordero, la serpiente y el cerdo, en una palabra, todos los tipos de animales

    y plantas fueron adorados. Cada río, cada fuente, lleva el nombre

    de un Dios, cada casa tiene el suyo, cada hombre tiene su propio

    genio. En fin, bajo la tierra y sobre ella todo está lleno de dioses, espíritus,

    sombras y demonios. No era suficiente con fingir divinidades en

    tantos lugares imaginables; hubieran creído ofender al tiempo, el día,

    la noche, la concordia, el amor, la paz, la victoria, la contención, el

    embotamiento, el honor, la virtud, la fiebre y la salud, hubieran creído,

    digo, agraviar a tales divinidades que se consideraban siempre listas

    a caer sobre la cabeza de los hombres si no se les hubieran levantado templos y altares.

    Inmediatamente se les ocurrió adorar a sugenio, al que algunos invocaron con el nombre de Musas;

    otros adoraronsu propia ignorancia llamándola Fortuna.

    Santificaron sus desenfrenoscon el nombre de Cupido, su cólera con el de Furias, sus partes

    naturales con el nombre de Priapo; en una palabra,

    no hubo nada a lo que no dieran el nombre de un dios o de un demonio15.

    8.- Siendo los fundadores de las religiones conscientes de que la

    base de sus imposturas era la ignorancia de los pueblos, se les ocurrió

    mantenerlos en ella por la adoración de las imágenes en las que

    fingían que habitaban los dioses; eso hizo caer sobre sus sacerdotes

    una lluvia de oro y de beneficios, que se miraron como cosas

    santas porque fueron destinadas al uso de los ministros sagrados,

    y nadie tuvo la temeridad ni la audacia de pretenderlas ni tocarlas

    siquiera. Para equivocar mejor al pueblo, los sacerdotes se pretendieron

    profetas, adivinos, inspirados capaces de penetrar el futuro;

    se vanagloriaban de tener relación con los dioses y, como es natural

    querer conocer el propio destino, esos impostores no dejaron de

    lado una circunstancia tan ventajosa para sus deseos. Unos se establecieron

    en Delos, otros en Delfos y en otros lugares en los que,

    con ambiguos oráculos, respondieron a las preguntas que se les

    hacían: incluso las mujeres intervinieron; los romanos recurrían a

    los Libros de las sibilas en las grandes calamidades. Los locos pasaron

    por inspirados. Los que fingían tener una relación familiar con

    los muertos eran llamados nigromantes, otros pretendían conocer

    el futuro por el vuelo de los pájaros o por las entrañas de los animales.

    En fin, los ojos, las manos, el rostro, un objeto extraordinario,

    todo les parecía de buen o mal augurio; hasta tal punto es cierto

    que la ignorancia recibe la impresión que se desea cuando se ha

    encontrado el secreto para prevalerse de ella16.

    9.- Los ambiciosos, que han sido siempre grandes maestros en el

    arte de engañar, han seguido ese camino cuando han establecido

    15.- Hobbes, ibidem, cap. 12, pag. 58.

    16.- Hobbes, ibidem, cap. 12, pp 58 y 59.

    leyes; y, para obligar al pueblo a someterse voluntariamente, le han

    persuadido de que las habían recibido de un dios o de un diosa.

    Sea lo que fuere de esta multitud de divinidades, aquellos entre

    los que han sido adoradas, a los que han llamado paganos, no tenían

    un sistema general de religión. Cada república, cada estado,

    cada ciudad y cada particular, tenían sus ritos propios y pensaban

    de la divinidad en su fantasía. Pero después se han levantado legisladores

    más pérfidos que los primeros, que han empleado medios

    más estudiados y más seguros al establecer leyes, cultos, ceremonias

    adecuadas para alimentar el fanatismo que querían establecer.

    Entre un gran número de ellos, Asia ha visto nacer a tres que se

    han distinguido tanto por las leyes y los cultos que han instituido

    como por la idea que han dado de la divinidad y por la forma en que

    se han dedicado a propagar esa idea y a hacer sus leyes sagradas.

    Moisés fuel el más antiguo. Después vino Jesucristo, que trabajó

    sobre su plan y conservó el fondo de sus leyes aboliendo el resto.

    Mahoma, que es el último en aparecer en escena, ha sacado de ambas

    religiones elementos con los que componer la suya e inmediatamente

    se ha declarado enemigo de las dos. Veamos los caracteres

    de los tres legisladores; examinemos su conducta para ver a partir

    de ellas quienes tienen razón, si aquellos que les reverencian como

    hombres divinos o los que les consideran pérfidos e impostores.

    10.- De Moisés.

    El célebre Moisés, nieto de un gran mago17 según dice Martín Justino,

    tuvo todo a su favor para convertirse en lo que llegó a ser.

    Todos saben que los hebreos, de los que se hizo jefe, eran una

    nación de pastores que el rey Faraón Osiris I recibió en su país en

    consideración a los servicios que había recibido de uno de ellos en

    la época de una gran hambruna: le dio ciertas tierras en el oriente

    de Egipto en una región fértil en pastos y, en consecuencia, buena

    para alimentar a sus rebaños. Durante cerca de doscientos años se

    17.- No hay que entender esta palabra en la acepción vulgar, pues quien dice mago

    entre gente razonable entiende por ello un hombre capaz, un hábil charlatán, un

    sutil prestidigitador cuyo arte consiste en la sutilidad y la destreza, y no en algún

    tipo de pacto con el diablo, como cree el vulgo.

    multiplicaron considerablemente, ya sea porque al ser considerados

    extranjeros no se les obligaba a servir en el ejército ya porque

    por los privilegios que Osiris les había concedido muchos naturales

    del país se unieron a ellos o porque, en fin, algunos grupos de árabes

    se les habían unido en calidad de hermanos porque era de la

    misma raza. Sea como fuere, se multiplicaron de una forma tan

    sorprendente que no pudiendo ya mantenerse en la región de Gossen

    se expandieron por todo Egipto y le dieron al Faraón un justo

    motivo para temer que no serían capaces de realizar ciertas acciones

    peligrosas en caso de que Egipto fuera atacado (como entonces

    sucedía con frecuencia) por sus habituales enemigos los etíopes;

    así, una razón de estado obligó a ese príncipe a quitarles sus privilegios

    y a buscar los medios para debilitarlos y dominarlos.

    El Faraón Orus, apodado Busiris por su crueldad, que sucedió a

    Memnon, siguió su plan en relación con los hebreos y, queriendo

    eternizar su memoria por la erección de pirámides y la construcción

    de la ciudad de Thebas, condenó a los hebreos al trabajo de los

    ladrillos para cuya formación era muy adecuadas las tierras de su

    país. Durante esta servidumbre fue cuando nació el célebre Moisés,

    el mismo año en que el rey ordenó que se arrojaran al Nilo todos

    los niños varones de los hebreos al no encontrar medio más seguro

    de hacer perecer a ese pueblo primitivo de extranjeros. Así, Moisés

    estuvo expuesto a perecer en las aguas en un cesto recubierto

    de brea que su madre puso entre los juncos al borde del río. El azar

    hizo que Thermutis, hija del Faraón Orus, fuera a pasear por ese

    lugar y que al oír los gritos de ese niño, la compasión -tan connatural

    a su sexo- le inspirase el deseo de salvarle. Muerto Orus le sucedió

    Thermutis y, al serle presentado Moisés, le hizo dar una educación

    como la que podía recibir el hijo de la reina de una nación

    que era entonces la más sabia y educada del universo. En una palabra,

    decir que fue educado en todas las ciencias de los egipcios es

    decirlo todo; y es presentarnos a Moisés como el más grande político,

    el más sabio naturalista y el mago más famoso de su tiempo:

    además, es claro que fue admitido en la orden de los sacerdotes,

    que eran en Egipto lo que los druidas entre los galos. Los que no

    saben cuál era entonces el gobierno de Egipto quizá no se molestarán

    por enterarse de que, habiendo terminado sus famosas dinastías

    y dependiendo todo el país de un solo soberano,

    estaba entonces dividido en varias regiones no demasiado extensas.

    Se llamaba monarcas a los gobernadores de esas regiones y

    ordinariamente esos gobernadores pertenecían a la poderosa orden de los sacerdotes,

    que poseían casi un tercio de Egipto. El rey nombraba esas

    monarquías; y si creemos a los autores que han escrito sobre Moisés,

    comparando lo que han dicho con lo que ha escrito Moisés

    mismo se llegará a la conclusión de que era monarca de la región

    de Gossen y que debía ese puesto a Thermutis, a quien debía también

    la vida. Ese es el que Moisés fue en Egipto, donde tuvo todo el

    tiempo y los medios para estudiar las costumbres de los egipcios y

    de los de su propia nación, sus pasiones dominantes y sus inclinaciones,

    conocimientos de los que después se sirvió para excitar la

    revolución de la que fue motor.

    Habiendo muerto Thermutis, su sucesor renovó la persecución

    contra los hebreos, y Moisés, apartado del favor del que había vivido,

    temió no poder justificar algunos homicidios que había cometido;

    así decidió huir: se retiró a Arabia, que linda con Egipto. El

    azar le condujo a la casa de un jefe de alguna tribu del país y los servicios

    que prestó y las habilidades que su dueño creyó percibir en

    él le merecieron sus favores y una de sus hijas en matrimonio. Hay

    aquí que remarcar que Moisés era tan mal judío y que por aquellas

    fechas conocía tan poco al temible Dios que después imaginó, que

    desposó a una idólatra y que no pensó en circuncidar a sus hijos.

    En los desiertos de esa Arabia, cuidando los rebaños de su suegro

    y de su cuñado, es donde concibió el deseo de vengarse de la injusticia

    que el rey de Egipto le había infligido, llevando al interior

    de esos estados la turbación y la sedición. Se vanagloriaba de poderlo

    conseguir fácilmente; tanto por su talento como por la disposición

    en que sabía que encontraría a los de su nación, ya irritados

    contra el gobierno por los malos tratos que se les hacía padecer. Por

    la historia de esta revolución que nos ha dejado o, al menos, que

    nos ha dejado el autor de los libros que se atribuyen a Moisés, parece

    que su suegro Jethro participaba en el complot, así como su hermano

    Aaron y su hermana María, que había permanecido en Egipto

    y con la que sin duda había mantenido correspondencia.

    Sea como fuere, por su ejecución se ve que había preparado un

    vasto plan, como buen político, y que supo aplicar contra Egipto

    toda la ciencia que había aprendido, me refiero a su pretendida

    magia: algo en lo que era más sutil y más hábil que todos los que en

    la corte del Faraón tenían esas destrezas por oficio.

    Por sus pretendidos prodigios ganó la confianza de los de su

    nación, a los que hizo sublevarse y a los que se unieron los revoltosos

    y descontentos egipcios, etíopes y árabes. En fin, alabando el poder

    de su divinidad, las frecuentes entrevistas que mantenía con ella, y

    haciéndola intervenir en todas las medidas que tomaba con los jefes

    de la revuelta, les convenció hasta tal punto que le siguieron hasta

    seiscientos mil hombres combatientes, sin las mujeres y niños, a través

    de los desiertos de Arabia, todos cuyos recovecos conocía. Después

    de seis días de marcha en una penosa retirada, ordenó a los que

    le seguían consagrar el séptimo a su Dios mediante un reposo público

    para hacerles creer que Dios le favorecía, que aprobaba su dominación,

    y para que nadie tuviera la audacia de contradecirle.

    Nunca hubo un pueblo más ignorante que los hebreos, ni más

    crédulo por tanto. Para convencerse de esa profunda ignorancia

    sólo hace falta recordar en qué situación estaba ese pueblo en Egipto

    cuando Moisés le hizo rebelarse; era odiado por los egipcios por

    su profesión de pastoreo, perseguido por el soberano y empleado

    en los trabajos más viles. Entre semejante populacho no fue muy

    difícil para Moisés hacer valer sus talentos. Les hizo creer que su

    Dios (al que a veces se refería simplemente como a un ángel), el Dios

    de sus padres, se le había aparecido; que por mandato suyo se aprestaba

    a conducirles; que le había elegido para gobernarlos y que ellos

    serían el pueblo elegido de ese Dios a condición de que creyeran lo

    que él les diría de su parte. La utilización sagaz de sus prestigios y

    del conocimiento que tenía de la naturaleza, fortificó sus exhortaciones:

    y confirmó lo que les había dicho mediante lo que llaman

    prodigios, que son siempre capaces de impresionar mucho al

    populacho imbécil.

    Se puede hacer notar sobre todo que creyó haber encontrado un

    medio para mantener a los hebreos sometidos a sus órdenes persuadiéndoles

    de que le mismo Dios era su conductor, de noche bajo

    la figura de una columna de fuego y de día en la forma de una nube.

    Pero también puede probarse que esa fue la más grosera astucia de

    este impostor. Durante la estancia que había hecho en Arabia había

    aprendido que como el país es vasto y deshabitado, la costumbre de

    los que viajaban en grupos era tomar guías que les conducían de

    noche mediante un brasero cuya llama seguían y de día mediante el

    humo de ese mismo brasero, que todos los miembros de la caravana

    podían descubrir y, así, no perderse. Esa costumbre estaba todavía

    en uso entre los medas y los asirios; Moisés se sirvió de ella y la

    hizo pasar por un milagro y por una marca de la protección de su

    Dios. No me creáis cuando digo que es una astucia: creed al mismo

    Moisés que en el capítulo 10 de Números, versículos 19 hasta 33,

    ruega a su cuñado Hobad que vaya con los israelitas para mostrarles

    el camino, puesto que él conocía el país. Eso es demostrativo porque,

    si era Dios el que marchaba delante de Israel noche y día como

    nube o como columna de fuego ¿podía haber mejor guía? Sin embargo,

    tenemos a Moisés exhortando a su cuñado con la mayor urgencia

    a servirle de guía; es decir, que la nube y la columna de fuego

    sólo eran Dios para el pueblo, pero no para Moisés.

    Los pobres imbéciles, entusiasmados al verse adoptados por el

    señor de los dioses a la salida de una cruel servidumbre, aplaudieron

    a Moisés y juraron obedecerle ciegamente. Al ser confirmada

    su autoridad, quiso hacerla perpetua y, con el amplio pretexto de

    establecer el culto de ese Dios del que se decía lugarteniente, hizo

    en primer lugar a su hermano y sus hijos jefes del palacio real, es

    decir, del lugar que creía adecuado para que se produjeran los oráculos,

    que estaba fuera de la vista y de la presencia del pueblo. A

    continuación hizo lo que siempre se ha hecho en los nuevos establecimientos,

    a saber, prodigios, milagros con los que los simples

    eran deslumbrados y algunos aturdidos, pero que daban lástima a

    los que eran penetrantes y leían a través de esas imposturas.

    Por muy astuto que fuera Moisés, hubiera tenido mucha dificultad

    para hacerse obedecer si no hubiera tenido la fuerza en sus

    manos. La astucia triunfa raramente sin las armas.

    Pese al gran número de primos que se sometieron ciegamente a

    los deseos de este hábil legislador, hubo personas lo suficientemente

    valientes para reprocharle su mala fe diciéndole que bajo

    falsas apariencias de justicia y de igualdad se había apoderado de

    todo, que al estar ligada a su familia la autoridad soberana nadie

    tenía ya derecho a pretenderla y que, en fin, no era tanto el padre

    del pueblo cuanto su tirano. Pero en esas ocasiones, como consumado

    político, Moisés perdía a esos descreídos y no perdonaba a

    ninguno de los que criticaban su gobierno.

    Fue así, con precauciones semejantes y haciendo siempre pasar sus

    suplicios por venganza divina, que reinó como déspota absoluto; y

    para acabar del mismo modo que había empezado, esto es, como

    pérfido e impostor, se arrojó a un abismo que había abierto en medio

    de un lugar solitario al que se retiraba de cuando en cuando con

    el pretexto de ir a hablar en secreto con Dios, para garantizarse así

    el respeto y la sumisión de sus súbditos. Por lo demás, se arrojó a

    ese precipicio preparado desde hacía tiempo para que su cuerpo no

    fuera encontrado y se creyera que Dios se le había llevado para

    hacerle semejante a él: no ignoraba que la memoria de los patriarcas

    que le habían precedido era muy venerada aunque se habían

    encontrado sus sepulcros, pero eso no era suficiente para satisfacer

    una ambición como la suya: era preciso que se le reverenciara como

    a un Dios sobre el que la muerte no había hecho presa. Sin duda,

    a eso tendía lo que dijo al comienzo de su reino: que era establecido

    por Dios para ser el Dios del Faraón. Elías a ejemplo suyo,

    Rómulo, Zamolxis y todos los que han tenido la absurda vanidad

    de eternizar sus nombres, han ocultado el momento de su muerte

    para que se les creyera inmortales.

    11.- Pero, por volver a los legisladores, no ha habido ninguno que

    no haya hecho emanar sus leyes18 de alguna divinidad y que no

    haya intentado convencer de que él mismo es algo más que un simple

    mortal. Numa Pompilio, habiendo degustado el dulzor de la

    soledad, intentó no dejarla aunque fiera para ocupar el trono de

    Rómulo, pero viéndose forzado a ello por las aclamaciones populares

    aprovechó la devoción de los romanos y les insinuó que conversaba

    con los dioses y, así, si le querían absolutamente como rey

    suyo, tenían que decidirse a obedecerle ciegamente y observar religiosamente

    las leyes e instrucciones divinas que le habían sido dictadas

    por la ninfa Egeria.

    Alejandro Magno no tuvo una vanidad menor; no contento con

    verse amo del mundo quiso que se le creyera hijo de Júpiter. Perseo

    pretendía también haber nacido del mismo Dios y de la virgen

    Danae. Platón veía a Apolo como su padre, que le había tenido de

    18.- Ved Hobbes, ibidem, cap. 12, pag. 59 y 60.

    una virgen. Hubo aún otros personajes que tuvieron la misma locura:

    sin duda todos esos grandes hombres creían esos ensueños fundados

    en la opinión de los egipcios que sostenían que el espíritu de

    Dios podía tener comercio con una mujer y fecundarla.

    12.- De Jesucristo.

    Jesucristo, que no ignoraba ni las máximas ni la ciencia de los egipcios,

    dio curso a esa opinión; la creyó útil para su propósito. Considerando

    hasta qué punto Moisés se había hecho célebre aunque

    sólo había gobernado un pueblo de ignorantes, se propuso edificar

    sobre ese fundamento y se hizo seguir por algunos imbéciles a los

    que convenció de que el Espíritu Santo era su padre y su madre una

    virgen: esas buenas gentes, acostrumbradas a contentarse con sueños

    y fantasías, adoptaron esas nociones y creyeron todo lo que él

    quiso, tanto más cuanto que un nacimiento semejante no era para

    ellos algo demasiado maravilloso19.

    Haber nacido de una virgen por la intervención del Espíritu-

    Santo no es ni más extraordinario ni más milagroso que lo que

    cuentan los Tártaros de su Gengis-kan, cuya madre fue también

    una virgen. Los chinos dicen que el dios Foé debía la existencia a

    una virgen fecundada por los rayos del sol.

    Este prodigio sucedió en una época en la que los judíos, cansados

    de su Dios como lo estuvieron de sus jueces20, querían tener

    uno visible como las demás naciones. Como el número de bobos es

    infinito, Jesucristo encontró súbditos por todas partes; pero como

    su extrema pobreza era un obstáculo invencible21 para su ascenso,

    los fariseos, tan pronto admiradores suyos como celosos de su au-

    19.- Qu'un beau Pigeon à titre d'aile / Vienne obombrer una Pucelle, / Rien n'est

    surprenant en cela; / L'on en vit autant en Lydie: /Et le beau Cygne de Léda /

    Vaut bien le Pigeon de Marie. [Nota del editor: Nada hay de sorprendente en que

    un palomo que es espíritu cubra a una jovencita; ya se vió algo así en Lidia: el hermoso

    cisne de Leda -referencia a la esposa de Tíndaro, que fuera poseída por Zeus

    bajo la apariencia de un cisne- vale por el palomo de María].

    20.- Cuarto Libro de Samuel, capítulo 8. Los israelitas descontentos con los hijos de

    Samuel pidieron un rey.

    21.- Jesucristo era de la secta de los fariseos, es decir, de los miserables, que se oponían

    a los saduceos que formaban la secta de los ricos, etc. Véase el Talmud.

    dacia, le hundían o le ensalzaban según el humor inconstante del

    populacho. Corrió el rumor de su divinidad pero, desprovisto de

    fuerzas como estaba, era imposible que triunfara su intención: algunos

    enfermos que curó y algunos supuestos muertos que resucitó

    le dieron cierta fama pero, sin dinero y sin ejército, sólo podía

    perecer; si hubiera tenido esas dos cosas habría tenido tanto éxito

    como Moisés y Mahoma o como todos los que han tenido la ambición

    de ascender por encima del resto. Ha sido más infeliz pero no

    ha sido menos hábil que ellos y algunos momentos de su historia

    prueban que el mayor defecto de su política fue no ocuparse lo suficiente

    de su seguridad. Por lo demás, no encuentro yo que haya

    tomado sus medidas peor que los otros dos; su ley, al menos, se ha

    convertido en la regla de la creencia de los pueblos que se precian

    de ser los más sabios del mundo.

    13.- De la política de Jesucristo.

    ¿Hay, por ejemplo, algo más sutil que la respuesta de Jesús a propósito

    de la mujer sorprendida en adulterio? Habiéndole preguntado

    los judíos si tenían que lapidar a esa mujer, en lugar de responder

    positivamente a la pregunta, lo que le habría hecho caer en una trampa

    que sus enemigos le tendían (la negativa estaría directamente contra

    la ley y la afirmativa le habría hecho convicto de rigor y de crueldad,

    lo que le habría enajenado la aceptación de aquellos espíritus),

    en lugar, digo, de contestar como lo habría hecho un hombre común,

    dijo que aquél que entre vosotros esté libre de pecado tire la primera

    piedra. Respuesta hábil y que atestigua bien su presencia de espíritu.

    Otra vez, interrogado sobre si había que pagar el tributo a César

    y viendo la imagen del príncipe en la moneda que le mostraban, eludió

    la dificultad respondiendo que se entregase a César lo que pertenece

    a César. La dificultad consistía en que se hacía culpable de

    lesa majestad si negaba que hubiera que pagar y que si decía que

    había que pagar echaba abajo la ley de Moisés, cosa que decía no querer

    hacer porque se creía, sin duda, demasiado débil para hacerlo

    impunemente, porque cuando consiguió hacerse más famoso la

    cambió casi por completo: hizo como esos príncipes que prometen

    siempre confirmar los privilegios de sus súbditos mientras su poder

    no está aún bien establecido pero que después no tienen ninguna

    preocupación por mantener sus promesas.

    Cuando los fariseos le preguntaron con qué autoridad pretendía

    predicar y enseñar al pueblo, Jesucristo, captando su intención de

    acusarlo de falsedad (si respondía que de una autoridad humana,

    porque no pertenecía a la casta sacerdotal que era la única encargada

    de la instrucción del pueblo, si decía predicar por orden expresa

    de Dios, porque su doctrina era opuesta a la ley de Moisés),

    salió de la dificultad poniéndoles a ellos en un aprieto al preguntarles

    en nombre de quién había bautizado Juan.

    Los fariseos, que por política se oponían al bautismo de Juan,

    se hubieran condenado a sí mismos si hubieran confesado que era

    en nombre de Dios, y si no lo decían se exponían a la rabia del populacho

    que pensaba lo contrario. Para salir del mal paso respondieron

    que no lo sabían, a lo que Jesucristo respondió que eso le

    eximía de decirles por qué y en nombre de quién predicaba.

    14.- Esos eran los pretextos del destructor de la antigua ley y del

    padre de la nueva religión que se edificó sobre las ruinas de la antigua

    y en la que una mente imparcial no encuentra nada que sea

    más divino que en las religiones que le han precedido. Su fundador,

    que no era nada ignorante, viendo la extrema corrupción de la

    república de los judíos, la juzgó próxima a su fin y creyó que debía

    renacer otra de sus cenizas.

    El temor a que lo hicieran antes hombres más hábiles que él le

    hizo apresurarse para establecerse por medios opuestos a los de Moisés.

    Aquél empezó por hacerse terrible y formidable para las otras

    naciones; Jesucristo, por contra, las atrajo a él por la esperanza de las

    ventajas de otra vida que se obtendría, decía, creyendo en él; mientras

    que Moisés sólo prometía bienes temporales a quienes observaran

    su ley, Jesucristo hizo esperar algo que no acabaría jamás; las

    leyes de uno sólo miraban lo externo, las del otro se dirigen al interior,

    influyen en los pensamientos y toman en todo el camino contrario

    a la ley de Moisés. De ahí se sigue que Jesucristo creyó, como

    Aristóteles, que con la religión y con los estados pasa como con todos

    los individuos, que nacen y que se corrompen, y como sólo surge algo

    de aquello que se ha corrompido, ninguna ley cede ante otra que no

    le sea totalmente opuesta. Pero como resulta penoso decidirse a

    pasar de una a otra y como, la mayor parte de los espíritus son difíciles

    de sacudir en materia de religión, Jesucristo, a imitación de los

    demás innovadores, recurrió a los milagros, que siempre han sido el

    refugio de los ignorantes y el asilo de los ambiciosos hábiles.

    15.- Fundado así el cristianismo, Jesucristo pensó hábilmente sacar

    provecho de los errores de la política de Moisés y hacer su nueva ley

    eterna, empresa esta en la que triunfó posiblemente más allá de sus

    esperanzas. Los profetas hebreos creían honrar a Moisés predicando

    un sucesor que sería semejante a él, es decir, un Mesías, grande

    en virtudes, poderoso en bienes y terrible para sus enemigos; sin

    embargo, sus profecías produjeron un efecto totalmente contrario

    pues muchos ambiciosos tomaron en ello ocasión para hacerse

    pasar por el Mesías anunciado, lo que causó revueltas que han durado

    hasta la total destrucción de la antigua república de los hebreos.

    Jesucristo, más hábil que los profetas mosaicos, para desacreditar

    de antemano a quienes se levantaran contra él, ha predicho que un

    hombre así sería el gran enemigo de Dios, el favorito de los demonios,

    la reunión de todos los vicios y la desolación del mundo.

    Tras esos bellos elogios parece que nadie debe sentirse tentado

    de proclamarse el Anticristo, y no creo que pueda encontrarse un

    mejor secreto para eternizar una ley, aunque no hay nada más fabuloso

    que lo que se ha contado sobre ese pretendido anticristo. Cuando

    san Pablo vivía decía que ya había nacido y, por tanto, se estaba

    en vísperas del regreso de Jesucristo; sin embargo, han pasado ya

    más de 1600 años desde la predicación del nacimiento de ese formidable

    personaje sin que nadie haya oído hablar de él. Confieso que

    algunos han aplicado esas palabras a Evión y a Cerinto, dos grandes

    enemigos de Jesucristo cuya pretendida divinidad combatían, pero

    puede también decirse que, si esa interpretación es conforme con el

    sentimiento del apóstol, lo que no es creíble en modo alguno, esas

    mismas palabras designan en todos los siglos a una infinidad de anticristos

    que, no siendo auténticos sabios, han creído no faltar a la

    verdad diciendo que la historia de Jesucristo es una fábula22 des-

    22.- Es el juicio que al respecto hacía el papa León X, como se ve en esta expresión

    tan conocida y tan audaz en un siglo en el que el espíritu filosófico progresaba aún

    tan poco: “se sabe desde tiempos inmemoriales, le decía al cardenal Bembo, hasta

    qué punto nos ha sido beneficiosa esa fábula de Jesucristo”. Quantum nobis nostrisque

    que ea de Christo fabula profuerit, satis est omnibus seculis notum.

    preciable y que su ley no es sino una sarta de fantasías que la ignorancia

    ha puesto de moda, que el interés mantiene y que la tiranía

    protege.

    16.- A pesar de todo se pretende que una religión establecida sobre

    fundamentos tan débiles es divina y sobrenatural, como si no se

    supiera que no hay nadie tan presto a cursar las más absurdas opiniones

    que las mujeres y los idiotas; pero no es extraño que Jesucristo

    no tenga ningún sabio que le siga: el sabía perfectamente que

    su ley no podía concordar con el buen sentido. Sin duda, es por eso

    que declamaba tan a menudo contra los sabios que excluía de ese

    reino suyo en el que sólo se admite a los pobres de espíritu, los simples

    y los imbéciles: los espíritus razonables deben consolarse porque

    no tendrán nada que disputar con los insensatos.

    17.- De la moral de Jesucristo.

    En cuanto a la moral de Jesucristo, no se ve en ella nada de divino

    que daba hacerla preferible a los escritos de los antiguos; mejor aún:

    todo lo que se ve está sacado de ellos, o los imita. San Agustín23 confiesa

    haber encontrado en algunos de sus escritos todo el principio

    del evangelio según san Juan: se añade a eso que este apóstol estaba

    acostumbrado hasta tal punto a copiar a los demás que no le

    resultó difícil usurpar a los profetas sus enigmas y sus visiones para

    componer con ellos su Apocalipsis. ¿De dónde procede, por ejemplo,

    la conformidad que se encuentra entre la doctrina del Viejo y del

    Nuevo Testamento y los escritos de Platón si no es de que los rabinos

    y los que han compuesto las escrituras han plagiado a ese gran

    hombre? El nacimiento del mundo es más verosímil en su Timeo

    que en el libro del Génesis; no puede decirse, sin embargo, que eso

    procede de que Platón hubiera leído en su viaje a Egipto los libros

    judaicos, ya que, según señala san Agustín24, el rey Ptolomeo aún no

    los había hecho traducir cuando ese filósofo hizo aquel viaje.

    23.- Confesiones, libro 7, cap. 9, v. 20.

    24.- Ibidem.

    La descripción del país que Sócrates le hace a Simias en el Fedón,

    tiene infinitamente más gracia que el Paraíso terrenal, y la fábula

    de los andróginos25 está incomparablemente mejor traída que todo

    lo que aprendemos en el Génesis sobre la extracción de una de las

    costillas de Adam para formar a la mujer, etc. ¿Hay algo más parecido

    a los dos incendios de Sodoma y Gomorra que el que causó

    Faetón? ¿Hay algo más conforme con la caída de Lucifer que la de

    Vulcano o la de los Gigantes arrojados al abismo por el rayo de

    Júpiter? ¿Qué cosas se asemejan más que Sansón y Hércules, Elías

    y Faetón, José e Hipólito, Nabucodonosor y Licaón, Tántalo y el

    rico avariento, el Maná de los israelitas y la ambrosía de los dioses?

    San Agustín26, san Cirilo y Teofilacto comparan a Jonás con Hércules,

    apodado trinoctius porque estuvo tres días y tres noches en

    el vientre de la ballena.

    El río de Daniel descrito en el capítulo 7 de sus profecías, es una

    imitación visible del Pyriflegeton del que se habla en el diálogo de

    la inmortalidad del alma. Se ha sacado el pecado original de la caja

    de Pandora, el sacrificio de Isaac y de Jefté del de Ifigenia, cuyo

    lugar ocupó una cierva. Lo que se cuenta de Lot y de su mujer es

    totalmente conforme a lo que nos cuenta la fábula sobre Baucis y

    Filemón; la historia de Perseo y de Bellerofon es el fundamento de

    la de san Miguel y el demonio al que venció. En fin, constantemente

    los autores de la Escritura han transcrito casi palabra por palabra

    las obras de Hesíodo y de Homero.

    18.- En cuanto a Jesucristo, según Orígenes27 Celso mostraba que

    había sacado de Platón sus sentencias más bellas. Así, aquella que

    dice que para un camello será más fácil pasar por el ojo de una

    aguja que para un rico entrar en el reino de Dios28. Los que creen

    en él le deben a la secta de los fariseos a la que pertenecía su creencia

    en la inmortalidad del alma, en la resurrección, en el infier-

    25.- Véase, en el Banquete de Platón, el discurso de Aristófanes.

    26.- Ciudad de Dios, libro I, cap. 14.

    27.- Contra Celso, Libro 6.

    28.- Libro 8, cap. 4.

    no, y la mayor parte de su moral, en la que no veo nada que no esté

    ya en la de Epicteto, de Epicuro y de muchos otros; éste último era

    citado por san Jerónimo29 como un hombre cuya virtud avergonzaba

    a los mejores cristianos y cuya vida era tan mesurada que sus

    mejores comidas no pasaban de un poco de queso, pan y agua: con

    una vida tan frugal, este filósofo, pagano como era, decía que era

    preferible ser desafortunado pero razonable a ser rico y opulento

    sin tener razón, añadiendo que es extraño que la fortuna y la razón

    se encuentren reunidas en un mismo sujeto y que no se podría ser

    feliz ni vivir satisfecho si nuestra felicidad no es acompañada de

    prudencia, justicia y honestidad, cualidades de las que resulta la

    verdad y la sólida voluntad.

    En cuanto a Epicteto, no creo que jamás hombre alguno, incluido

    el mismo Jesucristo, haya sido más firme, más austero, más constante

    y haya tenido una moral práctica más sublime que la suya. No

    digo nada que no me sería facilísimo probar si este fuera el lugar indicado

    pero, por temor a sobrepasar los límites que me he prescrito, de

    las bellas acciones de su vida no contaré sino un solo ejemplo. Siendo

    esclavo de un liberto llamado Epafrodito, capitán de la guardia de

    Nerón, a ese bestia se le ocurrió retorcerle la pierna; Epicteto, dándose

    cuenta de que así encontraba placer, le dijo sonriendo que veía

    claramente que el juego sólo terminaría cuando le hubiera roto la

    pierna, cosa que sucedió tal y como había predicho. ¡Bien!, siguió

    diciendo con el rostro impasible y sonriendo, ¿no te había dicho que

    me romperías la pierna? ¿Hubo alguna vez constancia semejante a

    esta? Y ¿puede decirse que Jesucristo la haya alcanzado?, él que lloraba

    y temblaba de miedo con la menor alarma y que, cerca de la

    muerte, puso de manifiesto una totalmente despreciable pusilanimidad

    que no se vio en ninguno de sus mártires.

    Si la injuria de los tiempos no nos hubiera privado del libro que

    Arriano hizo sobre la vida y la muerte de nuestro filósofo, estoy

    seguro de que tendríamos otros muchos ejemplos de su paciencia.

    Seguro que de esta acción se dirá lo que dicen los sacerdotes de las

    virtudes de los filósofos, que es una virtud que tiene por base la

    vanidad y que en realidad no es lo que parece; pero se perfectamen-

    29.- Contra Joviniano, Libro 2, cap. 8.

    te que los que usan ese lenguaje son gente que dice en el púlpito todo

    lo que les viene a la boca y creen haber ganado bien el dinero que se

    les entrega por instruir al pueblo cuando han declamado contra los

    únicos hombres que saben lo que es la recta razón y la verdadera virtud;

    hasta tal punto es cierto que nada en el mundo aproxima tan

    poco a los hábitos de los verdaderos sabios como las acciones de

    esos hombres supersticiosos que los desprecian; éstos parecen

    haber estudiado sólo para llegar a un puesto con el que obtener el

    pan, son vanos y se felicitan cuando lo han logrado como si con ello

    hubieran llegado a un estado de perfección aunque para ellos no sea

    sino un estado de ociosidad, de orgullo, de licencia y voluptuosidad

    en el que la mayoría no siguen siquiera las máximas de la religión

    que profesan. Pero dejemos a esas gentes que no tienen ninguna

    idea de la virtud y examinemos la divinidad de su maestro.

    19.- Después de haber examinado la política y la moral del Cristo,

    en las que no se encuentra nada que sea tan útil y tan sublime como

    en los escritos de los antiguos filósofos, veamos si la reputación que

    ha adquirido tras su muerte es prueba de su divinidad. El pueblo

    está tan acostumbrado a la sinrazón que me extraña que se pretenda

    sacar alguna consecuencia de su conducta; la experiencia nos

    muestra que corre siempre detrás de fantasmas y que no dice ni

    hace nada que revele buen sentido. Sin embargo, han fundado su

    creencia sobre quimeras de ese tipo que han estado siempre de

    moda pese a los esfuerzos de los sabios que siempre se han opuesto

    a ellas. Algunos esfuerzos que han realizado para eliminar las

    locuras reinantes sólo han prosperado cuando el pueblo se ha hartado

    de ellas. Por más que Moisés se jactase de ser el intérprete de

    Dios y probase su misión y sus derechos con signos extraordinarios,

    a poco que se ausentara (es lo que hacía de cuando en cuando

    para hablar, decía, con Dios, y es lo que igualmente hicieron Numa

    Pompilio y otros varios legisladores) a su regreso sólo encontraba

    signos del culto a los dioses que los hebreos habían visto en Egipto.

    Por más que les tuvo 40 años en un desierto para hacerles perder

    la idea de los dioses que habían abandonado, ellos no lo habían

    olvidado todavía, querían siempre tener dioses visibles que

    marchasen delante de ellos y los adoraban obstinadamente pese a

    las crueldades que se les hicieran padecer.

    Sólo el odio que se les insufló hacia las otras naciones mediante un

    sentimiento de orgullo del que son capaces los más idiotas les hizo

    perder sin darse cuenta el recuerdo de los dioses de Egipto para

    ligarse al de Moisés. Le adoraron algún tiempo con todas las circunstancias

    marcadas en la ley, pero le dejaron después para seguir

    la ley de Jesucristo, por esa inconstancia que hace correr detrás de

    las novedades.

    20.- Los más ignorantes de los hebreos habían adoptado la ley de

    Moisés; fueron gentes semejantes las que corrieron tras Jesús. Y

    como su número es infinito y se aman los unos a los otros, no hay

    que extrañarse si esos nuevos errores se extendieron rápidamente.

    No es que las novedades no sean peligrosas para quienes las abrazan,

    pero el entusiasmo que excitan anula el temor. Así, los discípulos

    de Jesucristo, por muy miserables que eran siguiéndole y

    aunque estuvieran muertos de hambre (como se ve por la necesidad

    que los llevó un día, junto a su conductor, a arrancar espigas

    del campo con las que alimentarse) no empezaron a desanimarse

    hasta que vieron a su maestro en manos de los verdugos y sin posibilidad

    de proporcionarles los bienes, el poder y las grandezas que

    les había hecho esperar.

    Tras su muerte, sus discípulos, en la desesperación de ver frustradas

    sus esperanzas, hicieron de la necesidad virtud; desterrados

    de todos los lugares y perseguidos por los judíos que querían tratarles

    como a su maestro, se propagaron por las regiones vecinas

    en las que, a partir del relato de algunas mujeres, propalaron su

    resurrección, su filiación divina y el resto de las fábulas de las que

    tan llenos están los Evangelios.

    La dificultad que tenían para triunfar entre los judíos les llevó a

    buscar fortuna entre los gentiles y a intentar ser más felices entre los

    extranjeros pero, como se necesita más ciencia de la que tenían porque

    los gentiles eran filósofos y, así, demasiado amigos de la razón

    para rendirse ante tonterías, los seguidores de Jesús convencieron a

    un joven30 de espíritu ardiente y activo un poco mejor instruido que

    unos pescadores iletrados o más capaz de hacer oír su cháchara. Éste,

    30.- San Pablo.

    asociándose con ellos por un golpe del cielo (pues era preciso algo

    maravilloso) atrajo algunos partidarios a la secta naciente por el temor

    a las pretendidas penas del infierno tomadas de las fábulas de

    los antiguos poetas y por la esperanza de las alegrías del paraíso, al

    que tuvo la imprudencia de decir que había sido alzado.

    Esos discípulos, a fuerza de trucos y engaños, procuraron a su

    maestro el honor de pasar por un Dios, honor al que Jesús no había

    podido llegar en vida: su muerte no fue mejor que la de Homero, ni

    siquiera tan honorable, porque seis de las ciudades que éste último

    había destruido y despreciado se hicieron la guerra para saber a

    cuál correspondía el honor de ser su ciudad natal.

    21.- Por todo lo que hemos señalado se puede concluir que el cristianismo,

    como todas las demás religiones, no es más que una impostura

    groseramente tejida cuyo éxito y cuyo progreso extrañaría a sus

    propios inventores si volvieran al mundo; pero, sin adentrarnos más

    en un laberinto de errores y de contradicciones visibles de las que ya

    hemos hablado bastante, digamos algo de Mahoma, que ha fundado

    una ley sobre máximas totalmente opuestas a las de Jesucristo.

    22.- De Mahoma.

    Apenas los discípulos del Cristo hubieron destruido la ley mosaica

    para introducir la ley cristiana, los hombres, arrastrados por su

    ordinaria inconstancia, siguieron a un nuevo legislador que se alzó

    por los mismos métodos que Moisés; adoptó como él el título de

    profeta y de enviado de Dios; como él hizo milagros y supo aprovechar

    las pasiones del pueblo. Al principio se vio escoltado por un

    populacho ignorante al que explicaba los nuevos oráculos del cielo.

    Esos miserables, seducidos por las promesas y por las fábulas de

    ese nuevo impostor, expandieron su renombre y lo exaltaron hasta

    el punto de eclipsar el de sus predecesores.

    Mahoma no era un hombre que pareciera adecuado para fundar

    un imperio; no era excelso ni en política ni en filosofía31; no sabía ni

    leer ni escribir. Era tan poco firme que a menudo habría abandona-

    31.- “Mahoma, dice el conde de Boulainvilliers, ignoraba los saberes normales, pero

    seguramente no ignoraba todos los conocimientos que un gran viajero puede adquirir

    con espíritu natural cuando se esfuerza en emplearlo de forma útil. No era igno57

    …do su empresa si no hubiera sido obligado a sostener la apuesta por

    el ingenio de uno de sus seguidores. Desde que empezó a hacerse

    famoso, Corais, poderoso árabe, celoso de que un hombre sin importancia

    tuviera la audacia de engañar al pueblo, se declaró su enemigo

    y obstaculizó sus propósitos, pero el pueblo, convencido de que

    Mahoma hablaba con Dios y los ángeles, hizo que prevaleciera sobre

    su enemigo; la familia de Corais llevó la peor parte y Mahoma, viéndose

    seguido de una muchedumbre estúpida que le creía un hombre

    divino, creyó no necesitar ya más a su compañero; pero por miedo a

    que éste descubriera sus imposturas quiso prevenir esa situación y

    para hacerlo con más seguridad le colmó de promesas y le juró que

    sólo quería llegar a ser grande para compartir con él el poder a cuya

    consecución había contribuido. “Estamos cerca, le dijo, del tiempo de

    nuestro enaltecimiento: tenemos un gran pueblo al que nos hemos

    ganado y ahora se trata de asegurárnosle mediante el artificio que tan

    felizmente has imaginado”. Al mismo tiempo, le convenció para que

    se ocultara en la fosa de los oráculos.

    Se trataba de un pozo desde el que él hablaba para hacer creer al

    pueblo que la voz de Dios se dirigía a Mahoma, que estaba en medio

    de sus prosélitos. Confundido por las promesas de ese pérfido, su

    asociado fue a la fosa para simular el oráculo, como hacía normalmente;

    Mahoma se colocó entonces al frente de una multitud engreída

    y se oyó una voz que decía: “Yo que soy vuestro Dios, declaro que

    he elegido a Mahoma para ser el profeta de todas las naciones; de él

    aprenderéis mi verdadera ley que ha sido alterada por hebreos y

    cristianos”. Hacía mucho tiempo que este hombre hacía ese papel,

    pero finalmente fue pagado con la mayor y más negra ingratitud.

    Mahoma, escuchando la voz que le proclamaba como hombre divino,

    volviéndose hacia el pueblo, en nombre de ese Dios que le recorante

    en su propia lengua, cuyo uso, y no la lectura, le había permitido adquirir toda

    su finura y su belleza. No ignoraba el arte de saber hacer odioso lo que es verdaderamente

    condenable y de pintar la verdad con los colores simples y vivos que impiden

    desconocerla. En efecto, todo lo que ha dicho es verdad en relación a los dogmas

    esenciales de la religión, pero no ha dicho todo lo que es verdad, y es en eso en

    lo que nuestra religión difiere de la suya”. Algo después añade “que Mahoma no ha

    sido ni grosero ni bárbaro, que ha conducido su empresa con todo el arte, toda la

    delicadeza, toda la constancia, la intrepidez, la gran visión de la que Alejandro y

    César hubieran sido capaces en su lugar, etc.”. (Vida de Mahoma por el conde de

    Boulainvilliers, Libro 2, pp. 266, 267 y 268, ed. de Amsterdam, 1731).

    nocía como su profeta, le ordenó que llenera de piedras esa fosa de

    la que había salido en su favor un testimonio tan auténtico, en

    memoria de la piedra que Jacob erigió para marcar el lugar en el que

    Dios se le había aparecido. Así murió el miserable que había contribuido

    al ascenso de Mahoma; sobre ese montón de piedras ha establecido

    su ley el último de los más célebres impostores: ese fundamento

    es tan sólido y está asentado de tal modo que después de más

    de mil años de reino aún no se percibe nada que haga pensar que

    pueda resquebrajarse.

    23.- Así se hizo grande Mahoma, y fue más afortunado que Jesús

    puesto que vio antes de morir el progreso de su ley, algo que el hijo

    de María no pudo hacer a causa de su pobreza. Fue también más

    afortunado que Moisés que, por un exceso de ambición, se arrojó él

    mismo a un precipicio para acabar sus días. Mahoma murió en paz

    y con sus deseos satisfechos; además, tenía la certeza de que su

    doctrina subsistiría después de su muerte porque la había acomodado

    al genio de sus seguidores, nacidos y crecidos en la ignorancia,

    cosa que un hombre más hábil quizá no hubiera podido hacer.

    Aquí tienes, lector, lo más notable que se puede decir sobre los

    tres célebres legisladores cuyas religiones han subyugado una gran

    parte del universo. Eran tal como los describo; os corresponde a

    vosotros examinar si merecen que les respetéis y si es excusable que

    os dejéis conducir por unos guías a los que ha engrandecido sólo la

    ambición y cuyas fantasías eterniza la ignorancia. Para libraros de

    los errores con los que os han cegado leed lo que sigue con espíritu

    libre y desinteresado; ese será el medio para descubrir la verdad.

    CAPÍTULO IV

    VERDADES SENSIBLES Y EVIDENTES

    1.- Siendo Moisés, Jesús y Mahoma como acabamos de describirles,

    es evidente que no es en sus escritos donde hay que buscar una

    verdadera idea de la divinidad. Las apariciones y las conferencias

    de Moisés y de Mahoma, al igual que el origen divino de Jesús, son

    las mayores imposturas que hayan podido realizarse, de las que

    tenéis que huir si amáis la verdad.

    2.- No siendo Dios, como se ha visto, otra cosa que la naturaleza o,

    si se quiere, el conjunto de todos los seres, de todas las propiedades

    y de todas las energías, es necesariamente la causa inmanente

    y no distante de sus efectos; no puede ser llamado ni bueno, ni

    malo, ni justo, ni misericordioso, ni celoso; esas son cualidades que

    sólo convienen al hombre; por consiguiente, Dios no puede ni castigar

    ni recompensar. Esa idea de castigos y de recompensas sólo

    puede seducir a los ignorantes que no conciben el ser simple al que

    se llama Dios sino bajo imágenes que no le convienen en absoluto.

    Los que utilizan su juicio sin confundir sus operaciones con las de

    la imaginación y que tienen la fuerza de deshacerse de los prejuicios

    de la infancia, son los únicos que se forman de él una idea clara

    y distinta. Le comprenden como la fuente de todos los seres, que

    los produce sin distinción, sin que para él unos sean preferibles a

    los otros y sin que le cueste más producir al hombre que al más

    pequeño gusano o la planta más insignificante.

    3.- No hay que creer por tanto que el ser universal que comúnmente

    llamamos Dios presta más atención a un hombre que a una

    hormiga, a un león o a una piedra; para él no hay nada bello o feo,

    bueno o malo, perfecto o imperfecto. No se preocupa por ser alabado,

    rezado, buscado, acariciado; no es en absoluto conmovido

    por lo que los hombres hacen o dicen, no es susceptible de amor, ni

    de odio32; por decirlo de una vez, no se ocupa más del hombre que

    32.- Omnis enim per se divum natura necesse est / Inmortali aevo summa cum pace

    fruatur, / Semota ab nostris rebus sejunctaque longe; / Nam privata dolore

    omni, privata pericliis, / Ipsa suis pollens opibus: nihil indiga Nostri, / Nec bene

    pro meritis capitur, nec tangitur ira. Lucrecio, De rerum naturae, Libro I, v. 57 et

    ss. (sic.) [Nota del editor: en la edición castellana citada, vol. 1, pag. 10, en la traducción

    correspondiente a los que -allí- son los versos44 a 49, se dice: “Pues es

    necesario que todo ser divino goce por sí mismo de una vida eterna con la paz más

    profunda, separado de nuestras cosa, retirado muy lejos; porque, exento de todo

    dolor, exento de peligros, fuerte por sus propios recursos, sin necesitar de nosotros,

    ni se deja captar por beneficios ni conoce la ira.”].

    del resto de las criaturas sean del tipo que sean. Todas estas distinciones

    no son más que invenciones de un espíritu estrecho; la ignorancia

    las imaginó y el interés las fomenta.

    4.- Así, un hombre sensato no puede creer ni en Dios ni en el infierno,

    ni en espíritus ni en diablos, de la manera en que comúnmente

    se habla de ellos. Todas esas grandes palabras han sido forjadas

    sólo para deslumbrar o para intimidar al vulgo. Que los que quieren

    convencerse mejor aún de esta verdad presten una seria atención

    a lo que sigue y se acostumbren a no realizar juicios más que

    después de una madura reflexión.

    5.- La infinidad de astros que vemos por encima de nosotros ha

    permitido que se afirme la existencia de otros tantos cuerpos sólidos

    en los que se mueven, entre los cuales hay uno destinado a la

    Corte Celestial en el que Dios está como un rey en medio de sus cortesanos.

    Ese lugar es la morada de los bienaventurados, en la que

    se supone que las almas buenas van a reunirse abandonando el

    cuerpo. Pero, sin detenernos en una opinión tan frívola y que ningún

    hombre de buen sentido puede admitir, lo cierto es que eso que

    llaman Cielo no es otra cosa que la continuación del aire que nos

    rodea, fluido en el que los planetas se mueven sin ser sostenidos

    por ninguna masa sólida, al igual que la tierra que habitamos.

    6.- Al igual que se ha imaginado un cielo en el que se ha fijado la

    morada de Dios y de los bienaventurados, o, según los paganos, de

    los dioses y las diosas, después se ha imaginado, como ellos, un

    Infierno o lugar subterráneo al que se dice que descienden las almas

    de los pecadores para ser atormentadas; pero esa palabra infierno, en

    su significado natural, no expresa otra cosa que un lugar bajo y hueco

    que los poetas han inventado para oponerle a la residencia de los

    habitantes celestes, que han supuesto alta y elevada. Eso es lo que

    significan exactamente las palabras infernus o inferi de los latinos o

    la griega Hades; es decir, lugar oscuro como un sepulcro o cualquier

    otro lugar profundo y temible por su oscuridad. Todo lo que se dice

    al respecto es sólo efecto de la imaginación de los poetas y de la perfidia

    de los sacerdotes; todos los discursos de los primeros son figurados y

    apropiados para impresionar a los espíritus débiles, tímidosy melancólicos;

    fueron convertidos en artículos de fe por quienes tienen

    el mayor interés en mantener esa opinión.

    CAPÍTULO V

    DEL ALMA

    1.- El alma es algo más delicado de tratar que el cielo y el infierno;

    viene por tanto muy bien hablar de ella con mayor extensión para

    satisfacer la curiosidad del lector; pero antes de definirla hay que

    exponer lo que piensan de ella los más célebres filósofos. Lo haré

    en pocas palabras para que pueda recordarse con mayor facilidad.

    2.- Unos, han pretendido que el alma es un Espíritu o una substancia

    inmaterial, otros han sostenido que es una porción de la divinidad;

    algunos hacen de ella un aire muy sutil, otros dicen que es una

    armonía de todas las partes del cuerpo, otros, en fin, que es la parte

    más sutil de la sangre que se separa de ella en el cerebro y que se distribuye

    por los nervios; dicho ésto, la fuente del alma es el corazón en

    el que se engendra y el lugar en el que ejerce sus funciones más

    nobles es el cerebro puesto que allí está separada de las partes más

    groseras de la sangre. Estas son las diversas opiniones que se han

    dado sobre el alma. Sin embargo, para desarrollarlas mejor las clasificaremos

    en dos tipos: en uno estarán los filósofos que la han hecho

    corporal y en el otro los que la han mirado como algo incorpóreo.

    3.- Pitágoras y Platón han supuesto que el alma era incorpórea, es

    decir, un ser capaz de subsistir sin la ayuda del cuerpo y que puede

    moverse por sí misma. Pretenden que todas las almas particulares

    de los animales son porciones del alma universal del mundo, que

    esas porciones son incorpóreas e inmortales o de la misma naturaleza

    que aquella, del mismo modo que es fácil entender que cien

    pequeños fuegos son de la misma naturaleza que un fuego grande

    del que se hubieran desgajado.

    4.- Estos filósofos han creído que el universo estaba animado por una

    substancia inmaterial, inmortal e invisible, que lo hace todo, que

    actúa continuamente y que es la causa de todo movimiento y la fuente

    de todas las almas, que son emanaciones suyas. Como esas almas

    son muy puras y de una naturaleza infinitamente superior al cuerpo,

    no se unen -dicen- inmediatamente sino mediante un cuerpo sutil

    como la llama o ese aire sutil y extenso que el vulgo toma por cielo.

    Después toman un cuerpo aún más sutil, después otro un poco

    menos grosero y siempre así, por grados, hasta que pueden unirse a

    los cuerpos sensibles de los animales a los que descienden como a

    prisiones o sepulcros. Según ellos, la muerte del cuerpo significa la

    vida para el alma, que estaba en él como sepultada, y donde sólo muy

    débilmente podía ejercer sus muy nobles funciones; así, por la muerte

    del cuerpo el alma sale de su prisión, se desembaraza de la materia

    y se reúne con el alma del mundo del que había emanado.

    Así, siguiendo esta opinión, todas las almas de los animales son de la

    misma naturaleza y la diversidad de sus funciones o facultades procede

    únicamente de la diferencia de los cuerpos en los que entran.

    Aristóteles33 admite una inteligencia universal común a todos

    los seres y que, respecto de las inteligencias particulares, hace lo

    mismo que la luz a los ojos; y como la luz hace a los objetos visibles,

    el entendimiento universal hace a los objetos inteligibles.

    Este filósofo definió el alma como aquello que nos hace vivir,

    sentir, concebir y mover; pero no dijo nada de qué ser es ese que es

    la fuente y el principio de sus nobles funciones; en consecuencia,

    no es en él donde hay que buscar la clarificación de las dudas que

    tenemos sobre la naturaleza del alma.

    5.- Dicearco, Asclepíades y Galeno en algunas cosas, han creído

    también que el alma era incorpórea, pero de otra manera, porque

    han dicho que el alma no es sino la armonía de todas las partes del

    cuerpo, es decir, lo que resulta de una mezcla exacta de los elementos

    y de la disposición de las partes, de los humores y de los

    espíritus. Así, dicen, al igual que la salud no es una parte de aquél

    que se encuentra bien, aunque esté en él, aunque el alma esté en el

    33.- Véase el diccionario de Bayle, artículo “Averroes”.

    animal eso no significa que sea una de sus partes, sino el acuerdo

    entre todas las que le componen.

    Sobre esto hay que señalar que estos autores consideran el alma

    incorpórea a partir de un principio totalmente opuesto a su intención,

    porque decir que no es un cuerpo sino sólo algo inseparablemente

    unido al cuerpo, es tanto como decir que es corporal, porque

    no sólo se llama corpóreo a lo que es cuerpo sino a todo lo que es

    forma o accidente, o lo que no puede ser separado de la materia.

    Estos son los filósofos que sostienen que el alma es incorpórea

    o inmaterial; se ve que no están de acuerdo consigo mismos y, en

    consecuencia, que no merecen ser creídos.

    Pasemos a los que confiesan que el alma es corpórea o material.

    6.- Diógenes creyó que el alma está compuesta de aire, de donde

    deriva la necesidad de respirar, y la definió como un aire que pasa

    desde la boca a través de los pulmones hasta el corazón, donde se

    calienta y desde donde se distribuye en seguida a todo el cuerpo.

    Leucipo y Demócrito dijeron que era de fuego y que, como el

    fuego, estaba compuesta de átomos que penetran fácilmente en

    todas las partes del cuerpo y le hacen mover.

    Hipócrates dijo que estaba compuesta de agua y de fuego;

    Empédocles de los cuatro elementos. Epicuro creyó, como Demócrito,

    que el alma está compuesta de fuego, pero añadía que en esa

    composición entra el aire, un vapor y otra substancia que no tiene

    nombre y que es el principio del sentimiento, que de esas cuatro

    substancias diferentes se forma un espíritu muy sutil que se expande

    por todo el cuerpo y que se debe llamar alma.

    Descartes sostiene también, pero de forma lamentable, que el

    alma no es nada material; digo de forma lamentable porque nunca

    un filósofo razonó tan mal sobre este asunto como ese gran hombre,

    y os mostraré cómo lo hace. En primer lugar, dice que hay que

    dudar de la existencia del propio cuerpo, creer que no se tiene; después,

    razonar del siguiente modo: no hay cuerpo y sin embargo yo

    existo; por tanto yo no soy un cuerpo y en consecuencia sólo puedo

    ser una substancia que piensa. Pese a que este bello razonamiento

    se destruye a sí mismo, diré sin embargo en dos palabras

    cuál es mi sensación.

    1º, Esa duda que Descartes propone es totalmente imposible

    porque aunque alguna vez se piense no pensar que hay

    cuerpos, sin embargo es cierto que los hay cuando se piensa.

    2º, Quien crea que no hay cuerpos debe estar seguro de que él

    no es uno porque nadie puede dudar de sí mismo, o, si está

    seguro de ello, su duda es totalmente inútil.

    3º, Cuando dice que el alma es una substancia que piensa no

    nos dice nada nuevo. Todos están de acuerdo, pero la dificultad

    está en determinar qué es esa substancia que piensa

    y él no la resuelve más que los demás.

    7.- Para no andar con rodeos como él hace, y para tener la idea más

    sana posible sobre el alma de todos los animales, sin excluir al

    hombre que es de la misma naturaleza y que no ejerce funciones

    diferentes sino por la diversidad de los órganos y de los humores,

    hay que prestar atención a lo que sigue.

    Es cierto que hay en el universo un fluido muy sutil o una materia

    muy fina y siempre en movimiento cuyo origen está en el sol; el

    resto está repartido en los demás cuerpos más o menos según su

    naturaleza o su consistencia. Eso es el alma del mundo; eso lo que

    le gobierna y vivifica, y de lo que alguna porción está en todas las

    partes que le componen.

    Este alma es el fuego más puro que hay en el universo. No arde

    por sí mismo sino por diferentes movimientos que confiere a las

    partículas de los demás cuerpos en los que entra, arde y hace sentir

    su calor. El fuego visible contiene más de esta materia que el

    aire, éste más que el agua, y la tierra aún mucho menos. Las plantas

    tienen más que los minerales, y los animales aún más. En fin,

    este fuego encerrado en el cuerpo le hace capaz de sentimiento y es

    lo que se llama alma o lo que se llaman espíritus animales, que se

    extienden por todas las partes del cuerpo. Pero es cierto que siendo

    este alma de la misma naturaleza en todos los animales, se disipa

    a la muerte del hombre igual que a la de las bestias. De ahí se

    deduce que lo que los poetas y los teólogos nos dicen sobre el otro

    mundo es una quimera que han parido y que han vendido por razones

    fáciles de adivinar.

    CAPÍTULO VI

    DE LOS ESPÍRITUS QUE LLAMAN DEMONIOS

    1.- Dijimos antes cómo se introdujo entre los hombres la noción de

    los espíritus y mostramos que esos espíritus no son sino fantasmas

    que sólo existen en su imaginación.

    Los primeros doctores del género humano no eran lo suficientemente

    ilustrados para explicar al pueblo lo que eran esos fantasmas,

    pero no dejaron de decirle lo que pensaban de ellos. Unos, viendo

    que los fantasmas se disipaban y no tenían ninguna consistencia, los

    llamaron inmateriales, incorpóreos, formas sin materia, colores y

    figuras sin ser pese a todo cuerpos con color o con figura, añadiendo

    a ello que podían revestirse de aire, como de un hábito cuando

    querían hacerse visibles a los ojos de los hombres. Otros decían que

    eran cuerpos animados pero hechos de aire o de otra materia más

    sutil que hacían más densa a voluntad cuando querían aparecer.

    2.- Si estos dos tipos de filósofos eran opuestos en la opinión que

    tenían sobre los fantasmas, coincidían en los nombres que les

    daban, pues todos les llamaban demonios, en lo que resultan tan

    insensatos como los que durmiendo creen ver las almas de las personas

    muertas y que cuando se miran en un espejo es su alma lo

    que ven o, en fin, que las estrellas que ven reflejadas en el agua son

    el alma de las estrellas. Tras esta ridícula opinión caen en un error

    que no es menos absurdo al creer que esos fantasmas tienen un

    poder ilimitado, noción desprovista de razón pero común entre los

    ignorantes o que se imaginan que los seres que no conocen tienen

    un poder maravilloso.

    3.- Esta ridícula opinión no fue divulgada hasta que los legisladores

    se sirvieron de ella para apoyar su autoridad. Ellos establecieron

    la creencia en los espíritus que llamaron religión, esperando

    que el miedo que el pueblo tendría a esos poderes invisibles les

    mantendría en su deber; y para dar mayor peso a ese dogma, distinguieron

    los espíritus o demonios en buenos y malos: unos fueron

    destinados a incitar a los hombres a observar sus leyes, los

    otros a sujetarlos y a impedir que las transgredieran.

    Para saber lo que son los demonios basta con leer a los poetas

    griegos y sus historias y, sobre todo, lo que Hesiodo dice al respecto

    en su Teogonía, donde trata ampliamente de la generación y del

    origen de los dioses.

    4.- Los griegos fueron los primeros que los inventaron. De ellos han

    pasado, mediante sus colonias en Asia, a Egipto e Italia. Es ahí

    donde tuvieron conocimiento de ellos los judíos que estaban dispersos

    por Alejandría y otros lugares. Se sirvieron con alegría de

    ellos del mismo modo que otros pueblos pero con la diferencia de

    que no llamaron demonios, como los griegos, a los buenos y malos

    espíritus de manera indistinta, sino sólo a los malos, reservando

    sólo para los buenos demonios el nombre de espíritu, de Dios, y llamando

    profetas a quienes eran inspirados por el buen espíritu;

    además, consideraron efecto del espíritu divino todo lo que miraban

    como un gran bien, y efecto del demonio-malo o del espíritu

    maligno todo lo que consideraban un gran mal.

    5.- Esta distinción entre el bien y el mal les hizo llamar demoníacos

    a esos que nosotros llamamos lunáticos, insensatos, furiosos o

    epilépticos, como también a los que hablaban un idioma desconocido.

    Un hombre contrahecho y sucio, en su opinión, estaba poseído

    por un espíritu inmundo; un mudo estaba poseído por un espíritu

    mudo. En fin, las palabras espíritu y demonio se les hicieron

    tan familiares que hablaban de ellos en cualquier ocasión; es claro

    entonces que los judíos creían, como los griegos, que los espíritus o

    fantasmas no eran puras quimeras ni visiones sino seres reales

    independientes de la imaginación.

    6.- De ahí procede que la Biblia esté llena de cuentos sobre los espíritus,

    los demonios y los demoníacos, pero en ningún lugar se dice

    cómo y cuándo fueron creados: algo que no puede perdonarse a

    Moisés que, se dice, se puso a hablar de la creación del cielo y de la

    tierra. Jesús, que habla bastante a menudo de ángeles y de espíritus

    buenos y malos, tampoco nos dice si son materiales o inmateriales.

    Eso pone de manifiesto que los dos no sabían más que lo que

    los griegos habían enseñado a sus ancestros. De no ser así Jesucristo

    sería tan censurable por su silencio como por su malicia al

    negar a todos los hombres la gracia, la fe y la piedad que aseguraba

    poder darles.

    Pero, por volver a los espíritus, lo cierto es que palabras como demonios,

    satán, diablo, no son nombres propios que designen a algún

    individuo y que sólo los ignorantes lo creyeron, tanto entre los griegos

    que los inventaron como entre los judíos que los adoptaron: después

    que estos últimos fueran infectados por esas ideas, atribuyeron

    esos nombres que significan enemigo, acusador y exterminador

    tanto a los poderes invisibles como a los visibles, es decir, a los gentiles,

    de los que decían que habitaban el reino de satán, mientras que

    sólo ellos en su opinión habitaban el reino de Dios.

    7.- Como Jesús era judío y, en consecuencia, estaba fuertemente

    imbuido de esas opiniones, no hay que extrañarse si a menudo se

    encuentran en los evangelios y en los escritos de sus discípulos las

    palabras diablo, satán, infierno, como si se refirieran a algo real o

    efectivo. Sin embargo, como ya hemos mostrado, es muy evidente

    que no hay nada que sea más quimérico, y si lo que hemos dicho no

    fuera suficiente para probarlo basta con dos palabras para convencer

    a los obstinados.

    Todos los cristianos están de acuerdo en que Dios es el origen

    de todas las cosas, que las ha creado y las conserva y que sin su

    ayuda retornarían a la nada. Siguiendo este principio él ha creado

    eso a lo que se llama diablo o satán. Ya lo haya creado bueno o malo

    (algo de lo que aquí no se habla) es, incontestablemente, obra del

    primer principio. Si subsiste, pecador como es según se dice, sólo

    puede ser por la voluntad de Dios. Pero ¿cómo se puede concebir

    que Dios conserve a una criatura que no sólo le odia a muerte y le

    maldice sin cesar sino que además se esfuerza en corromper a sus

    amigos para tener el placer de mortificarle? ¿Cómo, digo, es posible

    que Dios deje subsistir a ese diablo que le ocasionaría la mayor

    pena posible, que le destronaría si pudiera y que apartaría de su

    servicio a sus favoritos y elegidos?

    ¿Cuál es aquí el objetivo de Dios o, mejor, qué se nos quiere decir

    hablando del diablo y del infierno? Si Dios lo puede todo y nada es

    posible sin él ¿de dónde procede que el diablo se odie, le maldiga y

    le arrebate a sus amigos? O bien Dios lo consiente o no lo consiente.

    Si lo consiente, el diablo, al maldecirle, no hace sino lo que debe

    hacer, puesto que no puede lo que Dios no quiere; en consecuencia,

    no es el diablo sino el mismo Dios quien se maldice; ¡sería

    absurdo que alguna vez sucediera algo así! Si no lo consiente, resulta

    que no es cierto que sea omnipotente y en consecuencia, existirían

    dos principios, uno del bien y otro del mal, uno que quiere una

    cosa y otro que quiere lo contrario. Pero ¿a dónde nos lleva este

    razonamiento? A conseguir que se confiese, sin réplica posible, que

    ni Dios, ni el diablo, ni el paraíso, ni el infierno, ni el alma, son lo

    que la religión dice, y que los teólogos, es decir los que venden fábulas

    como si fueran verdades, son gente de mala fe que abusa de la

    credulidad de los pueblos para insinuarles lo que a ellos les conviene,

    como si el vulgo fuera absolutamente indigno de la verdad o

    sólo debiera alimentarse de quimeras en las que cualquier hombre

    razonable sólo ve el vacío, la nada y la locura.

    Hace demasiado tiempo que el mundo está infectado de esas

    opiniones absurdas. Sin embargo, en todo momento ha habido espíritus

    sólidos y hombres sinceros que, pese a la persecución, se

    han rebelado contra los absurdos de su siglo como acabamos de

    hacer en este pequeño tratado. Los que aman la verdad encontrarán

    en él, sin duda, algún consuelo; es a ellos a los que quiero agradar

    sin preocuparme de la opinión de aquellos para quienes los

    prejuicios son oráculos infalibles.

    Felix qui potuit rerum cognoscere causas,

    Atque metus omnes & inexorabile fatum

    Subjecit pedibus, strepitumque Acherontis avari.

    Virgilio, Georg., libro 2, vs. 490.

    DE TRIBUS IMPOSTORIBUS

    Muchos sostienen que hay Dios y que hay que rendirle culto,

    antes de haber entendido qué sea Dios, qué sea ser (puesto que es

    algo común a los cuerpos y a los espíritus sea cual sea su diferencia)

    y qué sea rendir culto a Dios. Entre tanto, valoran el culto a

    Dios por la medida del culto de los fastos humanos.

    Describen qué es Dios desde la aceptación de su ignorancia:

    ciertamente, como es diferente de las demás cosas, necesitan ensalzarlo

    rechazando los conceptos verdaderos. Dicen que es un ser

    infinito, es decir, un ser cuyos límites ignoran. Dicen que es el creador

    del cielo y de la tierra, pero no dicen cuál es su creador, porque

    no lo saben, porque no lo entienden.

    Otros dicen que tiene en sí mismo su origen y afirman que su

    ser no lo tiene sino de sí mismo. Y al decirlo dicen algo que no entienden.

    No concebimos su principio, dicen; por tanto, no lo hay

    (¿por qué no, no concebimos a Dios, por tanto no lo hay?). Esta es

    la primera regla de la ignorancia.

    No hay prolongación al infinito ¿por qué no? Porque la inteligencia

    humana debe detenerse en algo. ¿Por qué? Porque así sucede

    habitualmente, porque no puede imaginar algo que esté más

    allá de sus límites; como si se dijera: no concibo el infinito, por

    tanto no lo hay.

    Y sin embargo, como muestra la experiencia, entre los seguidores

    del Mesías algunos establecen prolongaciones infinitas en las

    propiedades o en las personas divinas, sobre cuya limitación hasta

    ahora sin embargo hay disputa, estableciendo así totalmente que

    hay prolongación al infinito. Del infinito, en efecto, es generado el

    Hijo; del infinito procede el Espíritu Santo.

    Infinitamente se extiende la generación, la procedencia. En efecto,

    si empezase o si terminase una vez esta generación, esta procedencia,

    el concepto de eternidad dejaría de tener sentido.

    Si se está de acuerdo con ellos en esto, en que la procreación

    humana no puede extenderse al infinito, cosa que concluyen a

    causa de su finito intelecto, ¿no habrá que suponer también que ha

    habido generaciones entre los dioses tan numerosas como entre los

    hombres? Y entre tantos dioses ¿cuál asume el papel de principal?

    Porque todas las religiones admiten dioses intermedios aunque no

    sea con esos mismos términos. El principio según el cual un ser

    superior por naturaleza al hombre debe ser único se derrumba.

    Por esto se puede decir que de la diversidad de los dioses surge la

    diversidad de las religiones y la variedad de los cultos; la devoción

    de los pueblos paganos se apoya fundamentalmente en ello.

    A los dioses paganos se les reprochan matanzas y adulterios

    pero, además de que ya hace tiempo fueron entendidos en sentido

    místico por los más sabios de esos pueblos, habría que decir lo

    mismo de otros: tantas carnicerías de gentiles perpetradas por

    Moisés y Josué por mandato de Dios. El Dios de Israel impuso a

    Abraham un sacrificio humano. No fue consumado por una situación

    extraordinaria, pero no habría podido mandar o no habría

    sido tomado en serio por Abraham nada que de manera absoluta

    fuera contrario a la naturaleza de Dios. Mahoma prometía todo el

    orbe a quien siguiera su superstición. Y a los cristianos les vaticinaron

    la muerte de sus adversarios y el sometimiento de los enemigos

    de la Iglesia; y no fue pequeño a partir de que los cristianos

    accedieran al gobierno de lo público. ¿No es admitida la poligamia

    por Mahoma, Moisés y, según algunos, por el Nuevo Testamento?

    ¿No ha sido procreado el hijo de Dios de una peculiar conjunción

    entre Dios Espíritu Santo y una virgen casada?

    Las demás cosas que se objeta a los paganos sobre sus ridículos

    ídolos y sobre el mal uso que hacen del culto, no son tantas como

    para que no puedan objetarse cosas similares a los seguidores de

    otras religiones. Ese mal uso procede más de los ministros que de

    los fundadores de las religiones y es más de los discípulos que de

    sus maestros, como sería fácil mostrar.

    Por lo demás, para volver a lo que decía al principio, a este Ser

    que pone fin al proceso del intelecto, unos le llaman Naturaleza,

    otros Dios. Para unos son la misma cosa, para otros cosas diferentes.

    Unos sueñan mundos desde la eternidad y llaman Dios a la

    conexión entre las cosas, otros afirman que Dios es un ser separado

    que no puede ser visto ni entendido, aunque entre éstos las contradicciones

    no sean infrecuentes. La religión, en la medida que

    concierne al culto, unos la sitúan en el miedo y otros en el amor a

    las potencias invisibles. Pero al ser falsas las potencias invisibles se

    acusan de idolatría unos a otros, cada cual según sus principios.

    Sostienen que el amor nace de la benevolencia, e incluyen la gratitud

    que, sin embargo, surge preferentemente de la afinidad de los

    humores al igual que las buenas acciones de los enemigos provocan

    un odio mucho mayor, aunque esto no se atreven a confesarlo ninguno

    de esos hipócritas. ¿Quién diría que el amor emana de la benevolencia

    de quien introdujo en el hombre partículas de león, de oso y

    de otras bestias feroces, para que se precipitara a una naturaleza contraria

    a la inclinación del creador? ¿Quién, conociendo la debilidad

    de la naturaleza humana, pondría a los hombres ante un árbol cuyo

    fruto sin duda pese a la advertencia consumirían, que sería fatal para

    ellos y, según dicen algunos, para toda su descendencia? ¡Y se pretende

    aún que a pesar de todo esto, como si se les hubiera hecho un

    gran bien, se mantengan venerantes y agradecidos! “Eso querría Ulises...”.

    Toma un arma mortal, por ejemplo una espada, si estás seguro

    de que puedes prever (cosa que algunos, en la medida en que

    entraña contingencia, niegan a Dios) que aquél que elijas la tomará

    para darse a sí y a toda su progenie una muerte miserable, una muerte

    que cualquiera temería perpetrar si le quedara siquiera un poco de

    humanidad. Toma una espada, digo, tú que eres padre o que eres

    amigo; y si eres padre o verdadero amigo dásela a tu amigo o a tu hijo

    ordenándoles que no la usen, aunque sin dudar que van a atacar a

    alguien o van a producir una terrible matanza entre los suyos. Piensa

    ¿qué padre serías si así actuaras? ¿Qué burla, si no ésta, merece ser

    prohibida? Dios estaba obligado a prevenirla.

    Dicen que debe ser alabado por su buena acción, porque, dicen, si

    Dios existe tiene que ser honrado. Del mismo modo podrían deducir:

    existe el Gran Mogol y por tanto debe ser honrado. ¿Le honran

    los suyos? ¿Por qué? Para satisfacer su orgullo desmedido y el de

    todos sus magnates. Nada más. Es venerado principalmente por

    miedo a la potencia visible (que se termina con su muerte) y por la

    esperanza de una recompensa. Es la misma razón que hay para el

    culto a los parientes y otros individuos importantes. Y como las

    potencias invisibles son consideradas más fuertes y mayores que

    las visibles, dicen que deben ser más veneradas. Por otra parte se

    dice que Dios debe ser honrado en pago de su amor. Pero ¿qué

    amor es ese que provoca un crimen infinito para una descendencia

    inocente por el error de uno sólo, que era previsible y estaba predeterminado

    (concediendo la posibilidad de una predestinación

    siquiera mínima)? Pero hay redención, dices. Pero ¿de qué manera?

    Un padre condena a un hijo a la miseria extrema para que otro

    caiga en tormentos no menores por la redención del primero.

    Los bárbaros no inventaron nada tan frívolo.

    Pero ¿por qué debe Dios ser amado? ¿Por qué debe ser honrado?

    Porque creó. ¿Para qué? Para nuestra ruina. ¡Porque, en realidad,

    conoce de antemano los errores que se producirán, y ha puesto

    a la vista la manzana prohibida como medio sin el que no podrían

    caer! Y pese a ello debe ser venerado porque todas las cosas

    dependen de él para llegar a ser y, añaden otros, para ser y también

    para conservarse.

    ¿Para qué, en fin, debe ser Dios adorado? ¿Acaso necesita ser

    honrado o se calma con ello? La cosa es así: los parientes y los

    benefactores son, entre nosotros, venerados ¿pero qué es esa veneración?

    La sociedad humana vela por las necesidades recíprocas y

    la veneración procede de que se cree que un poder más grande y

    más cercano será una ayuda para nosotros. Nadie quiere ayudar a

    otros sin que haya reciprocidad respecto de las propias necesidades.

    Se denomina reconocimiento de ayuda y agradecimiento, y

    exige un reconocimiento mayor, que además se haga público,

    quiere que el otro quede a disposición como un servidor para suscitar

    en los otros la gloria y la admiración de su magnificencia. Sin duda

    nos halaga que los demás nos crean lo bastante capaces como para

    ayudar en las necesidades particulares o en las comunes; nos pavoneamos;

    y por ello la magnificencia se cuenta entre las virtudes.

    Pero ¿quién no ve en ello la imperfección de nuestra naturaleza?

    ¿Acaso alguien diría que Dios, lo más perfecto que existe, necesita

    algo? Si es perfecto y ya en sí mismo lo suficientemente contento y

    honrado como para estar por encima de todos los honores externos

    ¿quién diría que desea algo así, si no es porque lo necesita? Desear

    honores es signo de imperfección e impotencia.

    En este punto algunos arguyen insistentemente que hay acuerdo

    en todas las naciones: pero casi todos ellos insisten en este argumento,

    o bien habiendo hablado únicamente con sus paisanos o

    bien tras haber ojeado tres o cuatro libros que tratan sobre un supuesto

    convencimiento universal, sin medir rigurosamente hasta

    qué punto al autor le constan las inclinaciones del universo. Por otra

    parte, esta gente no ha consultado a todos los autores. Además, tengamos

    en cuenta que estamos tratando del culto, basado en Dios

    mismo y en sus obras, no en cualquier interés de determinada sociedad.

    Pues no hay nadie que no entienda que interesa muchísimo a

    los gobernantes y a los ricos de la república el hecho de tener alguna

    forma de religión para debilitar la ferocidad del pueblo.

    Por otra parte, y atendiendo a la primera cuestión, ¿quién creería

    que en la principal sede de la religión cristiana, Roma, tantos

    libertinos y -por decirlo más duramente- tantos ateos, vengan a

    tener su refugio y quién, habiéndolo creído, podría decir que el

    consenso de todas las gentes es: Dios existe, hay que darle culto? A

    saber, porque hombres de buen juicio también lo sostienen. ¿Qué

    hombres de buen juicio? El Sumo Pontífice, los augures, los adivinos

    entre los antiguos, Cicerón, César, los príncipes, y los sacerdotes

    que a ellos se adhieren, etc. Pero ¿cómo podemos tener constancia

    de que no sólo lo dicen sino que creen lo que dicen, y no

    muestran tales juicios por interés propio? Es el caso que éstos controlan

    el timón y, con la ayuda de la credulidad del pueblo, amenazando

    con el supremo poder y castigo de seres invisibles, inventando dolosamente

    en ocasiones una relación estrecha e íntima con esos poderes,

    se apropian para su bienestar buenos beneficios e

    incluso excesivos. No hay que maravillarse de que los sacerdotes enseñen tales cosas,

    porque así tienen que mantener su régimen de vida.

    Y de esta manera se entienden los dictámenes de hombres de

    buen juicio.

    Supongamos que este universo dependa de la dirección de un primer móvil;

    en ese caso, la dependencia sería desde el inicio.

    ¿Qué impide, para que exista la pretendida primera ordenación de

    Dios, que todas las cosas, al ser previamente regulado su curso, se

    dirijan hasta el término preestablecido si alguien ha decidido preestablecerlo?

    Ya no serán necesarios nuevos cuidados, ni dependencia

    ni apoyos, sino que será suficiente con dispensar desde el

    principio a cada cosa el poder impulsor. ¿Y por qué se va a pensar

    que no se ha hecho así? No hay razón para creer que Dios se dedique

    a pasar consulta a todos los elementos y partes del universo

    como un médico a los enfermos.

    ¿Y qué decir del testimonio de la conciencia, de donde procede

    el miedo originado por las malas acciones, si no creyéramos que

    existe en lo alto alguien que nos ve y nos juzga, a quien le disgustan

    los crímenes como algo absolutamente contrario a su culto?

    No se trata de profundizar en la naturaleza del bien y del mal,

    ni en los peligros de los prejuicios ni en la vacuidad del temor excesivo

    que nace de ideas preconcebidas. Yo solamente digo de dónde

    nacen todos los crímenes: nacen de la corrupción y de la alteración

    de la armonía que lleva a socorrer la necesidad recíproca que une

    al género humano; y digo que esa creencia de quien, más que socorrer

    la indigencia humana, la promueve, le hace odioso. Así ocurre

    que se tema incurrir en el odio o el desprecio de los otros, o en la

    correspondiente denegación por parte de los demás de la ayuda

    que uno necesita, o perder su influencia y poder sobre los demás,

    ya que, desde luego, debe temer que los demás le priven del poder

    de causar daño.

    Dicen que así es como actúan aquellos que no poseen la luz de la Sagrada

    Escritura, según la luz natural y siguiendo el dictamen de su

    conciencia, lo cual muestra que Dios ha inculcado al intelecto

    común de los hombres algunas chispas de su conocimiento y voluntad

    y que, si obramos según ellas, se ha de decir que actuamos

    rectamente. ¿Y qué razón puede existir para dar culto a Dios si no es

    ésta? Por otro lado, se disputa con muchos argumentos si las bestias

    obran según la guía de la razón, y es una cuestión no resuelta, por lo

    que yo no me manifiesto. ¿Quién te asegura que no sea así o que un

    bruto animal educado no aventaje alguna vez en intelecto y en capacidad

    de juicio a un hombre rudo y salvaje? Lo digo tal cual es: la

    mayor parte de los hombres ociosos que dejaron a un lado el pensamiento

    común por elucubraciones de los asuntos más sutiles a fin de

    satisfacer su orgullo y su utilidad, inventaron muchas sutiles reglas

    a las que ni Tirsis ni Alexis, ocupados en su trabajo pastoril y rústico,

    pudieron dedicarse. Por lo cual éstos dieron su confianza a los

    especuladores ociosos como a los más sabios, habría que añadir:

    como a los más aptos para imponerse a los insensatos. ¡Ea, buen

    Alexis, acude a los Panes, Silvanos, Sátiros, Dianas etc., dales culto;

    pues estos grandes filósofos te darán cuenta del sueño de Pompiliano

    y te contarán su trato carnal con la ninfa Egeria; y por eso te quieren

    atar a su culto, y desean sacrificios y la grasa del rebaño, y tu

    sudor, en pago de su obra, y para propiciar la reconciliación y la gracia

    de aquellas potencias invisibles. De este modo, como Tirsis da

    culto a Pan, Alexis a los faunos, Roma a los Martes, Atenas a los dioses

    desconocidos, hay que creer que estas buenas gentes conocieron

    ciertas cosas por la luz de la naturaleza, porque habían sido inventadas

    y atribuidas por los ociosas especuladores, y eso por no hablar

    más duramente contra las religiones de los otros. ¿Y por qué esta

    misma razón no les ha dictado la aberración de dar ridículamente

    culto a simulacros y a piedras como si fueran habitáculos de sus dioses?

    Como las buenas mujercitas van en pos de Francisco, Ignacio,

    Domingo y otros semejantes con tan ferviente adoración, debemos

    creer que la razón dicta al detalle que a determinado hombre santo

    se le ha de rendir culto, y que éstos, por la luz natural, han penetrado

    en el culto de alguna potencia superior ya no visible. Cuando lo

    cierto es que estas cosas no son sino fábulas de nuestros ociosos

    sacerdotes para un incremento más exquisito de su sustento.

    Por tanto ¿no existe Dios? Sea, existe; ¿Por tanto hay que darle culto?

    Pero no se sigue que quiera un culto. Pero lo quiere, porque lo

    grabó en el corazón. ¿Qué más, pues? Seguiremos la guía de nuestra

    naturaleza. Pero se reconoce que tal guía es imperfecta:

    ¿En qué? Viene bien para apacentar la sociedad humana con

    cierta tranquilidad. Pues los otros religiosos que se rigen por la

    revelación no viven más felices. Pero hay más, porque Dios exige de

    nosotros un conocimiento más exacto de Dios.

    Pero tú de cualquiera religión que seas, no me das ese conocimiento

    que prometes. En, cualquier tipo de revelación qué sea Dios

    queda bastante más oscuro que antes. ¿ Y cómo vas a establecer más

    claramente esa cuestión que supera todo intelecto con conceptos del

    intelecto? ¿Qué te parecen estas sentencias: A Dios nadie le conoció

    nunca; más, el ojo no lo vio; más, habita en una luz inaccesible; más,

    después de la revelación permanece como un enigma? Pero creo

    que a cualquiera es notorio cuánta claridad haya en el enigma. ¿Y de

    dónde deduces el hecho de que Dios exija esas cosas? ¿Acaso del

    deseo del intelecto de superar los límites de su condición y de entender

    perfectamente todo lo que hace, o de otra parte?

    ¡De una revelación especial! ¿Quién eres tú para decir eso?

    ¡Díos mío! ¡Cuánto batiburrillo de revelaciones! ¿Vas a fiarte de los

    oráculos de los gentiles? De ellos ya se burló la antigüedad. ¿De los

    testimonios de tus sacerdotes? Te ofrezco sacerdotes contradictorios.

    Disputad unos con otros: pero ¿quién será el juez? ¿quién

    pondrá fin a la controversia?¿Presentas los escritos de Moisés, de

    los profetas, de los apóstoles? Se te enfrenta el Corán, que sostiene

    que lo anterior queda corrupto tras la más reciente revelación. Y su

    autor se ufana de haber perseguido con la espada y con divinos

    milagros las corruptelas y polémicas de los cristianos, como Moisés

    las de los gentiles. Mahoma con la fuerza, por la fuerza también

    Moisés subyugó Palestina. Uno y otro apoyados en grandes milagros.

    Y se ponen en tu contra las colecciones de escritos de sus

    secuaces, así como los de los Vedas y los brahmanes desde la remota

    antigüedad, por no hablar de los chinos. Tú, que estás escondido

    en un rincón de Europa, olvidas estos hechos, niegas. Bueno, tú

    verás. Pero con la misma tranquilidad aquellos niegan lo tuyo. ¡Y

    qué serie de milagros no necesitaríamos para convencer a los habitantes

    del mundo si nos constara que el mundo se ha fundado y originado

    en el huevo de Escorpión y que la tierra se sostiene sobre la

    cabeza de Taurus y que los primeros principios del universo estarían

    fijados en los tres primeros libros de los Vedas si cierto envidioso

    hijo de Dios no hubiera robado estos tres primeros volúmenes!

    Los nuestros se reirían, y sería para ellos esto un nuevo argumento

    para afianzar su religión pero sin otro fundamento más que lo que

    hay en el cerebro de sus sacerdotes. ¿ Y, además, de donde han venido

    tantos inmensos volúmenes acerca de los dioses de los gentiles

    y esa sarta de mentiras? Con bastante habilidad, Moisés, que habiendo

    primero aprendido las artes de los egipcios, es decir, el culto

    de los astros y de la magia y después con la ferocidad de las armas,

    despojó de sus tronos a los reyezuelos de Palestina y a la manera del

    coloquio de Pompiliano llevó a un ejército confiado en sus fuerzas a

    las posesiones de hombres pacíficos: todo para llegar a ser él mismo

    el gran caudillo, príncipe y dictador del pueblo, y su hermano sumo

    sacerdote. Sucesivamente por vías más dulces y seduciendo al pueblo

    a base de una pretendida santidad…me horroriza decir más; y

    sus secuaces por medio de engaños piadosos, desde los más escondidos

    conventículos, primero se apoderaron de la ingenua plebe de

    paganos, después de los odiosos príncipes del pueblo, retoños de la

    nueva religión forzada, que los temían. Finalmente, otro, aficionado

    a la guerra, se agregó con falsos milagros los más feroces pueblos de

    Asia, mal tratados por los emperadores cristianos; siguiendo el

    ejemplo de Moisés subyugó a los desacordados y desocupados príncipes

    de Asia e impuso su religión a golpe de alfanje. El primero se

    tiene por corrector del paganismo; el segundo, del judaísmo; habrá

    que ver quién lo será de Mahoma, del mahometismo.

    Sin duda, la credulidad de los hombres está sometida a los fraudes,

    cuyo abuso, bajo el pretexto de alguna utilidad, con merecimiento

    se llama IMPOSTURA. Sería ahora no sólo demasiado largo sino

    también tedioso desarrollar con amplitud la naturaleza y las clases

    de la impostura. Pero debemos notar que, si se ha reconocido una

    religión natural y el debido culto divino, puesto que se dice que ha

    sido dictada por la naturaleza, entonces el líder de toda nueva religión

    es sospechoso de impostura; y más aún habiendo intervenido

    en cualquier religión propagada tantos fraudes, como es evidente

    para todos y obvio a la luz de lo ya dicho y de lo que se seguirá

    diciendo.

    Por tanto permanece esta apropiada alegación como inmutable:

    que la religión y el culto a Dios según el dictamen de la luz

    natural es conforme a la verdad y a la justicia. Pero quien pretende

    establecer otra cosa relativa a la religión, algo nuevo o algo disonante,

    y establecerlo con la autoridad de un poder superior invisible,

    es necesario que ponga por delante de forma evidente su poder

    de reformar si no quiere ser tenido por todos como impostor, que

    va en contra de la opinión de todos no basándose ni en la razón

    natural ni en la autoridad de una especial revelación. Y más aún, es

    necesario que sea honesto en su vida y costumbres de manera que

    pueda ser considerado por la multitud digno, como para recibir en

    coloquio familiar al sumo y santo espíritu a quien nada impuro le

    place; y esta cualidad no la pueden probar ni sólo su propio testimonio,

    ni una vida pasada suficientemente piadosa, ni algunos

    milagros, es decir, acciones extraordinarias; pues eso es habitual

    en los hombres más artificiosos y engañadores, mentirosos, hipócritas

    que con estas artes se buscan provecho o gloria; y no hay que

    olvidar que algunos llegaron hasta tal grado de locura que se dirigieron

    espontáneamente a la muerte para que se creyera que despreciaban

    sinceramente todos los bienes, como algunos entre los

    antiguos filósofos. Y no debemos creer que éstos estaban sostenidos

    por especiales poderes divinos, más bien lo hicieron a causa de

    la insania desde una vacua imaginación y por la vana esperanza de

    montañas de oro. Pues éstos ni juzgaron rectamente la realidad ni

    eran verdaderos doctores; para que los juzgues bien dije que no

    sólo es insuficiente su propio testimonio, sino que es necesario

    confrontarlos unos con otros entre sí y con otros testigos, tanto cercanos

    y conocidos como desconocidos, tanto amigos como enemigos;

    y después, una vez recogidos los testimonios de todos, penetrar

    la verdad de cada uno de los doctores acerca de sí mismo, igual

    que la de los demás. Y si nos son desconocidos los testigos mismos,

    habrán de ser consultados los testigos de los testigos, y así sucesivamente.

    Hay que añadir, además, el examen de tu capacidad de juicio:

    si eres capaz de discernir lo falso en tales o tales circunstancias,

    sobre todo si está envuelto en apariencias de verdad, añadir también

    la investigación sobre de dónde sacar las características de la verdad

    que quieres conocer; habiendo confrontado también por el juicio de

    otros qué hayan concluido a partir de tal demostración o testimonio.

    Sólo con estas condiciones será lícito deducir si, quien se presenta

    como mensajero de una revelación de la voluntad divina, lo es en

    verdad y si su dictado se ha seguir a pie firme. Pero cuidemos

    mucho en este asunto de no caer en un círculo vicioso.

    Y dado que la naturaleza de las principales religiones consiste en

    que la más reciente se sobrepone a la anterior (la de Moisés al paganismo,

    la del Mesías al judaísmo, la de Mahoma al cristianismo) y

    que no siempre ni en todo la religión posterior hace tabla rasa de la

    anterior, incluso es posible que se base en ella, como hacen el Mesías

    y Mahoma; es preciso escrutar minuciosamente todas y cada una,

    no sólo la última, ni la segunda ni la primera, y más si cualquiera de

    ellas es acusada de impostura, como son imputados los judíos por

    el Mesías de haber falsificado la Ley o como son acusados los cristianos

    por Mahoma de haber falsificado el Evangelio. Y no es nada

    extraño, cuando cada una de las sectas cristianas imputa a cada una

    de las otras haber alterado los textos del Nuevo Testamento; para

    que pueda estar claro que el que se propone como fundador es el

    guía de la nueva religión verdadera y que los que a sí mismo se arrogan

    el papel de guías tienen que ser escuchados. Así pues no se ha

    de dejar a un lado el examen de ninguna secta, sino dedicarse al examen

    de todas más allá de cualquier prejuicio. Pues, si una sola se

    omitiera, esa misma podría ser, quizá, la más verdadera. Es decir, el

    seguidor de Moisés podría seguir la verdad, incluso después de los

    cristianos; y no hay que cesar en este punto: hay que indagar también

    la verdad de la religión cristiana.

    Es claro que cada una de las sectas asegura que todos los doctores

    están en su seno, que cada una se considera segura y que se ha

    asegurado día a día, y que no se pueden presentar otras sectas mejores.

    Entonces, o tendríamos que creer a todas -lo que es ridículo- o a ninguna,

    lo que es más lógico, por lo que ninguna debe quedar fuera

    de la confrontación hasta que se encuentre una vía verdadera.

    Para saber que dos más dos son cuatro no hay que reunir a

    todos los matemáticos. Lo mismo que no conocemos a nadie que

    pueda dudar de que dos más dos son cuatro, nadie duda de que las

    religiones discrepan unas de otras en el fin, en los principios y en

    los medios. Supongamos que yo ignoro el camino recto de la salvación

    y me inclino por los brahmanes o por el Corán. Entonces vienen

    Moisés y los demás a decirme: “¿Qué mal te hemos hecho

    nosotros para que nos rechaces, siendo como somos mejores y más

    verdaderos?” ¿Qué responder? “He creído en Mahoma o en los

    gimnosofistas porque he nacido y he sido educado en su doctrina

    de la que se deduce que tu religión y su continuadora, la de los cristianos,

    han sido desde hace mucho tiempo abolidas y que son

    corruptas o corruptoras” Y ellos, entonces, me responderán que no

    quieren saber nada de Mahoma y de los gimnosofistas, quienes son

    los que están lejos del verdadero camino de la salvación; y que

    están convencidos de que son ellos los corruptores y los impostores

    y que han engañado al pueblo con falsos milagros y con mentiras.

    Y también me dirán que no hay que dar fe a uno solo de los

    hombres o a una sola de las sectas rechazando las otras sin el debido

    examen previo; que con el mismo derecho podría decir un etíope,

    sin haber salido nunca de su tierra, que no hay bajo el sol hombre

    alguno que no sea negro.

    Por lo demás, en el examen de las demás sectas, debemos cuidarnos

    mucho de emplear la misma diligencia en examinar todas,

    y de que no sea que una de ellas magnificada con una gran dedicación

    y se toquen apenas de refilón las otras, dejadas a un lado porque

    nos hayan parecido, por cualquier toma de posición a primera

    vista, dañosas o por la mala reputación tocante a su fundador. Y no

    tenemos que tomar inmediatamente como dogma o como testimonio

    indubitable sobre una religión contraria lo que diga el primer

    vagabundo que llegue. Pues es cierto que, con la misma autoridad,

    sólo por la opinión pública y con el solo reconocimiento del nombre,

    en un principio la religión cristiana para unos era objeto de

    horror, para otros de ludibrio: entre algunos, porque daban culto a

    la cabeza de un asno; entre otros, porque comían y bebían a sus

    dioses, etc. De tal manera que un cristiano, en resumen, era considerado

    como un enemigo declarado de Dios y de los hombres, aunque

    tales habladurías fuesen o torcidamente entendidas o eminentes

    falsedades. Creencias que se consolidaban y en parte se originaban

    en el hecho de que los adversarios de esta religión o no trataban

    abiertamente o no lo hacían directamente con los propios

    cristianos ni, entre ellos, con los más sabios, sino que dieron en

    creer al primer profano, o al desertor, o al enemigo de ellos. Y, siendo

    la condición de este examen que proponemos, asunto de tan

    gran dificultad, ¿qué diremos de los niños, de las mujeres, de la

    mayoría de la plebe? Hay que excluir de la seguridad en su religión

    a todos los niños y a la mayor parte de las mujeres para quienes,

    incluso aquellos aspectos más claros que pueden deducirse de los

    principios de una religión, son tinieblas. Y si observas honestamente

    su modo de vida deduces que, exceptuando poquísimas,

    carecen prácticamente de la facultad de penetrar en tales misterios.

    Nada voy a decir de la inmensidad del pueblo humilde o de los rústicos,

    para quienes su máximo cuidado es la búsqueda de sustento;

    las demás cuestiones o las asumen sin más o las rechazan. Así se

    entiende que quede una mínima parte del mundo que pueda ponderar

    todas las religiones, que pueda discutir propiamente sobre la

    suya, que sea capaz de discernir adecuadamente los argumentos de

    verdad y de fraude, en los que ciertamente puede ser engañado con

    algunas minucias. El resto, mucho más numeroso, da su confianza

    sin más a los maestros de lo sagrado cuya ciencia y capacidad de

    juicio en lo tocante a religión se tienen como reconocidas.

    Y esto es lo que sucede en cualquier religión, y es lo que hacen todos

    aquellos que, o no saben leer ni escribir, o no tienen nada que leer.

    Pero tenemos que considerar que el hecho de que los doctores de una

    religión estén capacitados para saber discernir lo verdadero de lo falso,

    por su juicio y su experiencia probados, no es suficiente; hay algo

    que tiene que estar más allá de la capacidad de juicio, y es que los

    tales doctores no sólo tengan el poder de distinguir la verdad de la falsedad,

    sino que, además, tengan voluntad de hacerlo.

    De hecho tenemos que estar seguros, ante todo, de que no quiere ser engañado ni

    quiere engañarnos quien de este modo profesa ciencia y voluntad.

    ¿Y a quién elegiremos, entre los tan dispares doctores de una

    secta señalada? Pues cuando vemos socios y hermanos que en

    muchas cuestiones disputan, por muy amigos que sean, estos que

    entre sí discrepan mantienen sus diferencias o bien por no comprender

    rectamente o bien por carecer de voluntad para profesar la

    verdad. Y puede ser lícito que esto acontezca en proposiciones

    secundarias, pero de alguna forma devienen sospechosos también

    en lo que afecta a las demás; en uno y otro caso la verdad es una sola,

    y quien se aleja de ella en un aspecto, ya sea por falta de discernimiento,

    ya sea por mala voluntad, acaba siendo sospechoso, y con

    razón, en todo lo demás. Por consiguiente, para poder deducir la

    capacidad o la autenticidad de cualquier doctor en religión, ante

    todo tienes que ser tan hábil como él, de otro modo te podría envolver

    con suma facilidad; y, además, si no te fías completamente de él,

    tendrá necesidad del testimonio de otros, y éstos a su vez de otros,

    lo que tiende al infinito; testimonios referentes a la verdad de sus

    doctrinas y a que él enseña con sinceridad, dejando de lado el fraude.

    Y habrá que tener prueba sólida acerca de los que testifican esas

    doctrinas y esa autenticidad. ¿Y aquí qué término pondremos? No

    es suficiente que tales asuntos hayan sido ya debatidos entre ellos;

    debe juzgarse también con qué rectitud se ha hecho. Pues las

    demostraciones expuestas no son ni ciertas ni evidentes, puesto que

    prueban las cosas dudosas con otras, a su vez, más dudosas aún; de

    tal forma que, a la manera de los que dan vueltas en círculo, vuelves

    siempre, a la postre, al punto donde has empezado la carrera.

    Para dilucidar si alguien es realmente doctor de una religión o

    impostor, tenemos que usar de nuestra experiencia propia -que no

    nos compete en relación con los tres grandes fundadores de la religión

    judaica, cristiana y mahometana ya que son muy lejanos de

    nosotros y están desde hace mucho tiempo muertos- o de la experiencia

    ajena, que, en el caso de que nos la comunique alguien, llamamos

    testimonio. Queda aún una vía intermedia, esto es, la de

    conocer a alguien a través de sus escritos, a lo cual podríamos

    llamar testimonio propio de alguien acerca de sí mismo.

    Nada escrito queda de Cristo. De Moisés se duda si existe algo. De Mahoma

    queda el Corán. Los testimonios ajenos son o bien de amigos o bien

    de enemigos, no se da un término medio, según el consabido:

    “quien no está conmigo está contra mí”. En lo tocante al testimonio

    personal acerca de sí mismo, en los escritos de Mahoma se arroga

    y atribuye propiedades divinas, al igual que Moisés y cualquier otro.

    En lo tocante a testimonios de extraños, los amigos y sectarios de

    Mahoma, de él han hablado más o menos lo mismo que los sectarios

    de las demás religiones de sus propios fundadores. Los enemigos

    de una secta hablan mal de ella, de igual forma que los seguidores

    hablan bien. Por otra parte, lo que cada uno testimonia sobre sí

    mismo es demasiado débil y de ningún peso, si no es para confundir

    al oyente desprevenido. Las afirmaciones de los favorables están

    amasadas con la misma harina, porque es evidente que lo que dicen

    es lo mismo que su líder. Y a los enemigos tampoco hay que darles

    crédito, porque hablan interesadamente. Y, a pesar de todo, cualquier

    seguidor de cada una de las tres religiones, con razones de

    muy poco peso, niega todo fundamento a la impostura del adversario

    y se arroga firme fundamento de verdad a la suya, verdad que

    no se apoya más que en su propia alabanza, o en las afirmaciones

    de los seguidores, o en las retractaciones de los contrarios.

    No obstante, en nuestra tierra, a Mahoma se le tiene sin ningún

    género de duda como un impostor. Pero ¿por qué? No por su propio

    testimonio, ni por el testimonio de los suyos, sino por el de sus

    enemigos. Pero, por el contrario, entre los mahometanos es considerado

    como el profeta más santo. ¿Y por qué? En parte por su propio

    testimonio, en parte, más todavía, por el testimonio de sus

    seguidores. Proceden del mismo modo los que consideran a Moisés

    bien como santo doctor, bien como impostor. Y esa es la única razón

    por la que, contra lo debido a la justicia, a Mahoma y a los demás,

    éste le tenga por santos, aquel por farsantes. Por tanto, al modo

    escolástico, se puede con toda firmeza concluir de este modo:

    La justicia exige que, si concurre la misma argumentación contra

    cualquiera respecto a la acusación o negación de impostura, sea

    colocado en la misma categoría que Mahoma.

    Es así que contra Moisés concurre la misma argumentación. Ergo

    se ha de exigir la misma justicia con Mahoma y no puede ser considerado

    impostor.

    Pruébase la menor en cuanto a la negación de impostura: ésta

    se deduce de lo antedichos testimonios, o bien del mismo Mahoma,

    o bien de Moisés escribiendo laudatoriamente sobre sí mismos, o

    bien de los testimonios de sus respectivos seguidores; y de aquí es

    necesario por justicia que se deduzca:

    1. La misma fuerza probatoria que los seguidores de Moisés tienen

    en cuanto a eximirle de impostura, la deben tener también los

    seguidores de Mahoma.

    - Es así que los amigos de Moisés poseen fuerza probatoria

    para liberarle de impostura por medio de testimonios

    favorables, etc. Por tanto, etc.

    2. Y la fuerza probatoria que para este fin tienen los libros de Moisés,

    es la misma que tiene El Corán.

    Es así. Por tanto.

    Hay que añadir algo más: que los musulmanes toman del

    mismo Nuevo Testamento (por mucho que, según ellos estén corruptos)

    distintos argumentos; sobre todo sostienen que Cristo

    instituyó a favor de su Mahoma un nuevo pacto al predicar la llegada

    del futuro Paráclito y haber detectado la corrupción de los

    cristianos. Y que, aunque el Corán sea acusado de muchas estulticias

    y de cuentos fabulosos e, incluso, impíos, todo eso puede explicarse

    en un sentido espiritual y suavizarse de otras maneras, en

    cuanto que introduce una profunda santidad y una rigurosa regla

    en las costumbres y, sobre todo, impone la abstinencia de vino. Y,

    si se objeta que el vino es un don de Dios, se puede responder: también

    lo son los venenos y no hay que consumirlos. Y lo que se suele

    decir, que el Corán rebosa una excesiva carnalidad y que llena la

    vida eterna de placeres corporales, y que permite claramente la poligamia,

    eso no tiene tanta importancia como para desprestigiarlo,

    si tenemos en cuenta que Moisés permitió la poligamia y que en el

    Nuevo Testamento admite banquetes en la vida eterna, por ejemplo:

    “Os sentaréis en la mesa con Abraham, con Isaac, etc.”. O: "No

    probaré el vino sino en el reino de mi padre". Sobre el Cantar de los

    Cantares de Salomón nada hay que añadir porque todas esas cosas,

    explicadas en el buen sentido, se dice que no contienen nada malo,

    igual que puede decirse con la misma razón del Corán. Y si somos

    excesivamente rigurosos contra las palabras del Corán, debemos

    usar del mismo rigor contra los escritos de Moisés y de otros. Por

    tanto, los argumentos para absolver de impostura a Moisés no

    parece que tengan el necesario peso y la necesaria justicia.

    I. Los intercambios divinos de Moisés se apoyan en su propio

    testimonio o en el de sus seguidores, y por tanto no pueden

    tener mayor valor que los similares argumentos de los musulmanes

    sobre las conversaciones de Mahoma con Gabriel:

    y lo que es más importante, esas conversaciones de Moisés,

    son puestas bajo sospecha de impostura por el mismo Moisés

    (si es que todo lo que cree el vulgo que escribió Moisés lo

    escribió él en efecto), como se explicará más adelante.

    II. La santidad de Moisés no es fácil de aceptar, nadie la puede

    fácilmente reconocer con justicia conociéndose, como se

    conocen, sus gravísimos crímenes. Entre ellos:

    a) Latrocinio, lo que nadie pone en duda sino sus fieles; pero

    éstos no eran jueces justos de los hechos, ni pueden ocultarlos

    una cita favorable de Lucas en los Hechos de los

    Apóstoles, pues persiste la disputa sobre la sinceridad y

    veracidad de este testigo.

    b) Incitación a la rebelión, pues no está probado que dicha

    rebelión hubiera tenido su origen en Dios, más aún,

    puede deducirse lo contrario, ya que en otro lugar se cita

    que la resistencia contra los tiranos está prohibida.

    c) Las guerras, o como se les quiera llamar, contra el

    mandato del mismo Moisés V y VII, masacres, botines violentos, etc.

    De la misma forma que el Papa en las Indias, o

    Mahoma en sus territorios, abusando de un pretendido

    titulo divino, expulsaron de sus dominios a los antiguos

    propietarios

    d) La doctrina del robo de cosas ajenas bajo el pretexto de

    préstamo.

    e) La obligación que toma Moisés ante Dios, por la cual se

    comprometía a morir eternamente en favor de su pueblo,

    pues, sin duda, esta súplica tiene tales implicaciones que

    destruyen la esencia divina (Éxodo, XXX, 31, 32).

    f) Su negligencia ante el precepto divino referente a la circuncisión

    (Éxodo, IV, 24, 25, 26). Y finalmente:

    g) El pecado capital de Moisés, a saber, la incredulidad máxima

    y crasa de quien se lee que hizo tantos milagros por

    la virtud de Dios, y que por el mismo Dios es gravemente

    advertido con amenaza de castigo a causa de su resbaladiza

    fe (Números, XX, 12).

    En lo que atañe a la prueba del segundo argumento, es decir, la

    acusación de impostura, podemos decir: No nos consta por experiencia

    propia que Mahoma sea un impostor, como ya se dijo, sino

    por el testimonio no de sus partidarios, sino de sus detractores.

    Estos tales son todos los no mahometanos, según el dicho: "El que

    no está conmigo está contra mí", etc. De lo cual se concluye:

    Cualquiera que sea la fuerza que un testimonio de detractores

    tenga en la causa de uno, esa misma fuerza se debe atribuir en la

    causa de otro. Si no es así, seremos parciales, condenando a uno

    por el testimonio de sus enemigos y no condenando a otro por lo

    mismo: con este criterio se destruirá cualquier justicia.

    Es así que el testimonio de los enemigos en la causa de Mahoma

    tiene tal valor que se considera impostor a Mahoma. Por tanto,

    etc.

    Afirmo, además, que la sospecha de que Moisés es un impostor

    puede sostenerse no sólo por argumentos externos, sino internos;

    por lo cual puede argumentarse tanto por su propio testimonio como

    por el ajeno de los otros sucesores suyos:

    I. Si los libros que se creen escritos por Moisés son de él

    II. o de los compiladores

    III. o de Esdras en algún caso; y

    IV. escritos en idioma samaritano

    V. o en lengua hebrea propia. Y si no es así

    VI. si esta lengua puede ser entendida por nosotros.

    Todas estas cuestiones puede objetarse por muchas razones y, en

    principio puede demostrarse, con los primeros capítulos del Génesis,

    que esa lengua no la podemos traducir rectamente. Reconozco

    que no he podido dedicarme a estos asuntos pero quiero argumentar

    en tanto que hombre

    1- A partir del testimonio personal de Moisés y en concreto...

    a) Sobre su vida y costumbres, que antes hemos explicado: que si

    se equiparan a las de Mahoma bastante (por su agresividad

    guerrera exhibida, sobre todo, contra los inocentes), en otras

    cosas en nada se diferencian.

    b) Sobre la autoridad de su doctrina. Aquí es pertinente lo dicho

    antes sobre las conversaciones de Moisés con Dios, de las que se

    ufana, pero, al parecer, con demasiada generosidad.

    Cualquiera que declara tener un trato, que no puede existir, con

    Dios convierte ese presunto trato, según justicia, en sospechoso.

    Es así que Moisés… Luego…

    Queda probado, porque se ufana de haber visto él lo que en el Viejo

    el Nuevo Testamento se dice después muchas veces que ningún ojo

    ha visto, esto es, como suele decirse, a Dios cara a cara (Ëxodo,

    XXXII, 11; Números, XII, 8).

    Vio a Dios 1) en su propia forma, no en imagen ni en sueño.2)

    Cara a cara, como un amigo a su amigo, habla con él boca a boca.

    Y cualquier visión, una de dos 1) es como la de los amigos que

    hablan cara a cara, boca a boca; 2) es como la que se dice de los bienaventurados

    en la otra vida, visión propiamente dicha y precisa de

    Dios. Es así que Moisés… Ergo…

    Se prueba la menor por las citas antes aducidas y por el dicho del

    Apóstol: “pero entonces cara a cara”, etc. Hay la misma oposición en

    las citas de Moisés y en la cita del Apóstol. Y, por otro lado, es verdad

    ciertísima entre los cristianos que nadie puede nunca ver a Dios en

    esta vida. Y además se añade expresamente en Éxodo, XXXIII, 20:

    “Mi rostro nunca lo veréis”. Estas son palabras que arroja Dios a Moisés.

    Y contradicen expresamente las citas antes alegadas de tal manera

    que no pueden excusarse a no ser que hayan sido añadidas por un

    compilador, con lo cual todo lo demás se tornará sospechoso.

    c) Sobre la doctrina misma de Moisés, que es la de la Ley o la evangélica.

    Entre todas las leyes, que en razón de la brevedad no

    podemos tocar, predomina el Decálogo, que se tiene como la

    obra especial de Dios y se denomina Pacto del monte Horeb.

    Pero parece más bien inventado por Moisés que escrito por Dios,

    porque estos mandamientos en sí mismos no reflejan la perfección

    de Dios: 1) o porque son superfluos, como los tres últimos, según el

    argumento de los dichos de Cristo (Mateo, V) que están contenidos

    en el primero, y el noveno y décimo no deben estar separados, o

    habría que distinguir pospreceptos también en el décimo; 2) o porque

    son defectuosos: pues cuando dice “no desearás tener dioses

    extranjeros”, “no desearás maldecir a Dios”, “no desearás violar los

    sábados”, “no desearás ultrajar a tus padres” y cosas semejantes

    ¿acaso no podemos presuponer que Dios se ocuparía en prohibir

    cosas más importantes que las pequeñas concupiscencias sobre

    transgresiones domésticas, del campo o de los bienes del prójimo,

    y además en detalle y en un orden tan peculiar y raro?

    En lo tocante a la doctrina evangélica de Moisés, Deuteronomio

    XVIII, 21, 22 establece unos signos excesivamente resbaladizos y

    groseros de la futura aparición del gran profeta o del Mesías, porque

    esos signos dejan en suspenso la fe en la profecía durante un

    tiempo excesivo. Se sigue de esta profecía que Cristo, habiendo vaticinado

    la destrucción de Jerusalén, no debe ser considerado como

    auténtico profeta hasta que este hecho se haya cumplido (ni

    Daniel, antes de que se cumplieran sus profecías). Y, por tanto, a

    los que vivieron entre los judíos en el intervalo entre la vida de

    Cristo y la destrucción, no se les puede inculpar por no creer en él,

    a pesar de que Pablo les lance el anatema a quienes no se adhirieron

    a Cristo antes de la destrucción.

    Por tanto, cualquier signo que permita durante largo tiempo la

    libertad de creer con seguridad o no creer en el Mesías no puede tener

    origen en Dios, sino que, razonablemente, se tiene como sospechoso.

    Es así que se dan estos signos, etc. Por tanto, etc.

    No es un obstáculo lo que se afirma sobre el cumplimiento de otras

    profecías. Porque la señal auténtica y característica de un gran profeta

    es ésta: que se cumpla lo que ha profetizado. Por tanto, según los

    hechos, no puede ser considerado como tal profeta.

    Otro absurdo que parece seguirse de la misma cita es el siguiente:

    que ese criterio, que debería ser el criterio divino de todos los profetas,

    en ciertas profecías no puede encontrarse claramente por ningún

    lado, a saber, porque lo hacen sin definir el tiempo o porque lo

    hacen de forma definida pero con palabras que admiten un amplio

    margen de interpretación (como, por ejemplo, dentro de poco, enseguida,

    próximamente, etc.) Por ejemplo, muchos han predicho el fin

    del mundo, y Pedro dijo que estaba muy próximo. Por tanto, hasta

    tanto no llegue ese día no puede ser considerado verdadero profeta.

    Así por tanto, se tiene que juzgar la cita de Moisés.

    d) Sobre las historias de Moisés. Si el Corán es acusado de incluir

    muchas fabulaciones, ciertamente podemos observar en el

    Génesis otras muchas que no pueden sino provocar sospecha

    en el lector atento: como la creación del hombre del barro, el

    soplo del espíritu, Eva hecha de la costilla del varón, una serpiente

    que habla y seduce a un hombre lleno de sabiduría y a

    quien no se le ocultaba que la serpiente estaba poseída por el

    padre de la mentira; el acto de comer la manzana, fatal para

    todo el orbe, que convierte uno de los atributos de Dios, la clemencia

    (que se identifica, además, con su esencia) en finita,

    igual que la rehabilitación de los pecadores convertiría la ira de

    Dios en finita, y por ello a Dios en finito, pues la ira de Dios es

    el mismo Dios; hombres que viven ochocientos y novecientos

    años, el viaje de los animales en el arca de Noé, la torre de Babel,

    la confusión de lenguas, etc. Estos relatos, y otros mil semejantes,

    tienen que parecer necesariamente como fabulaciones a

    cualquier observado de libre pensamiento. Son más que nada

    relatos propios de rabinos porque también el pueblo judío es

    muy propenso a las fabulaciones, y no son en absoluto discordantes

    con los relatos de Ovidio, de los chinos o de los brahmanes

    hindúes, que cuentan cómo una bella doncella, nacida de un

    huevo, parió el mundo. En especial parece insistir Moisés en el

    hecho de que Dios continuamente se contradecía: por ejemplo,

    todo era bueno, pero no era bueno que Adán estuviese solo. De

    donde se colige que había algo externo a Adán que no era bueno

    y que podía dañar la perfección de Adán; pero, teniendo en

    cuenta que incluso esta misma soledad de Adán era obra de

    Dios, porque había creado no sólo la bondad de las esencias

    sino también la bondad de las cualidades; eran, pues buenas

    todas las cosas creadas precisamente en la cualidad en que Dios

    las había creado.

    Demuestro: cualquier obra creada por Dios no es posible que no

    sea buena.

    Es así que la soledad de Adán… etc. Por tanto, etc.

    I) Quienes se dedican al estudio de las genealogías del Antiguo Testamento

    encuentran en Moisés muchas dificultades. No las vamos

    a exponer, salvo este caso: que Pablo, en Timoteo, I, 4; advirtió

    que las genealogías son inútiles, su estudio era infructuoso,

    incluso había que evitarlo. ¿A qué vienen, pues, tantas genealogías

    de Moisés, tan diferentes de hecho, incluso tantas veces repetidas?

    Veamos un ejemplo particular que lleva, como mínimo, a

    la sospecha de corrupción o a la inadvertencia de los compiladores:

    es la diferente manera de enumerar las esposas de Esaú:

    ESPOSAS DE ESAÚ

    Génesis, XXVI, 34: Judit, hija de Berith, Hitita; Basmath, hija de

    Helón, hitita.

    Génesis, XXVIII, 9: Mahalaad, hija de Ismael, hermana de Nabajoth,

    que sucedió a las dos primeras

    Génesis, XXXVI, 2: Ada, hija de Helón, hitita; Ahalibama, c.l.; Basmath,

    hija de Ismael, hermana de Nabajoth

    Según esto, la Ada de Génesis XXXVI se dice que es Basmaath en

    Génesis XXVI, hija de Elón el hitita. Y la Basmath de Génesis

    XXXVI es Mahalaad en Génesis XXVIIII, donde se indica que ha

    sido desposada después de Judit y Basmath, nombradas antes en

    Génesis XXVI. No hay modo de conciliar estos datos. Y estos ejemplos,

    y otros semejantes, alimentan la sospecha de que los escritos

    que tenemos como de Moisés han sido redactados por compiladores,

    y que, en ocasiones, cometieron errores al escribir.

    Y, por último, puede achacarse A Moisés esa excesiva tautología

    y repetición inútil, y, además, siempre con variantes, como si las

    diversas enumeraciones hubiesen sido recopiladas por diversos

    autores.

    II) Cómo se puede acusar a Moisés de sospecha por el testimonio

    de otros, y no sólo de sus enemigos, sino también de los que se

    declaran abiertamente sucesores y seguidores. Que son:

    1) Pedro (Hechos, XV, 10), que califica las leyes de Moisés como

    insoportables, de donde se deduce que o Dios sería un tirano, lo

    que no puede ser, o que Pedro dice falsedades, o que las leyes de

    Moisés no son divinas.

    2) Pablo, que siempre habla negativamente de las leyes de Moisés,

    lo cual no haría si las considerara de origen divino. Como en

    Gálatas, IV, donde las llama:

    a) Cautividad, v 3, 4. ¿Quién llamaría así a las leyes de Dios?

    b) Miserables preceptos, v9

    c) En el v 30 escribe: "Repudia a la esclava con su hijo". La

    esclava es el testamento del Monte SINAI, que es la Ley

    de Moisés según el v 24. ¿Quién puede tolerar esta expresión:

    "Repudia la ley de Dios junto con sus hijos y sectarios"

    Aunque el mismo Pablo no cumpla con lo que aquí

    y en el capítulo siguiente (Gálatas, v2,3) dice, al circuncidar

    a Timoteo (Hechos, XVI, 2)

    d) Llama a la Ley letra muerta y afirma que no permanecen

    los otros preceptos anteriores. Y también que no tienen

    una luz digna de estima (v 10)

    ¿Quién diría estas cosas de una santísima ley de Dios? Si, ciertamente,

    fuera divina como el Evangelio, debería tener la misma claridad,

    etc.

    Los testimonios de aquellos que están fuera de la Iglesia judaica

    o de la cristiana….

    Falta el resto…

    2