Internet

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  • Enviado por: Juan Brossa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 30 páginas
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Sumario

Capítulo 1.- ¿Y qué es eso de Internet? Origen, historia y utilidades de la Red (3-5)

1.- ¿Por qué Internet?

2.- No todo es de color de rosa

3.- ¿Para qué necesitamos realmente Internet?

Capítulo 2.- Internet y desarrollo (6-11)

1.- La viabilidad del desarrollo

2.- La medida del desarrollo

3.- La tecnología no soluciona problemas NO tecnológicos

4.- La Red y yo: identidad y globalizacón

5.- ¿Para qué pueden servir las tecnologías de la información a la gente normal?

Capítulo 3.- La sociedad de la información. ¿Está cambiamdo la forma de relacionarnos? (12-17)

1.- Los actores sociales en la Red

2.- Uno de cada 500 humanos utiliza la Red

3.- ¿Cultura universal?

4.- Represión y control estatal

5.- El planeta es ya sólo un icono

Capítulo 4. La biblioteca virtual (18-19)

Capítulo 5. De los clásicos a los net-media (20-22)

1.- El periódico electrónico como paradigma de media on line

Capítulo 6. La transformación del trabajo en la era Internet (23-27)

1.- Definición

2.- Evolución histórica

Conclusiones (28-30)

Bibliografía (31)

¿Y qué es eso de la Internet? Origen, historia y utilidades de la Red.

Aunque parezca imposible, este engendro que -para sus defensores- ayuda a la democracia y consolida la horizontalidad es una creación de los militares. Durante la década de los 60's, bajo las tensiones de la guerra fría, el Pentágono estaba muy preocupado por la posibilidad de que sus tropas quedaran acéfalas durante un ataque nuclear, para enfrentar esta eventualidad diseñaron un sistema de computadoras interconectadas de tal manera que si una de ellas desapareciera, el sistema buscará un camino alternativo de manera que siempre se mantuviera siempre el intercambio de información.

Internet es esencialmente un conjunto de protocolos que permiten que las máquinas que manejan información (computadores de cualquier tipo) se interconecten entre sí, sin importar el tipo de computador o el método de conexión que se utilice. Así por ejemplo pueden entrar “en línea” ultramodernos computadores con conexiones satelitales con antiguas máquinas conectadas por radio. Los técnicos en computadores llaman a esto una red de arquitectura abierta.

Existen muchas herramientas de comunicación que han sido desarrolladas usando las conexiones de Internet, la más útil es el correo electrónico que permite intercambiar mensajes o cartas con cualquier usuario de la red que tenga un casillero, el costo de envío del mensaje es igual para una comunicación con el escritorio del lado que al otro lado del mundo. Los grupos de noticias (también conocidos como conferencias) son espacios de debate temático en los que los participantes aportan a través de notas que se organizan automáticamente. Otro servicio muy popular es el de transferencia de archivos o FTP, su sigla en inglés, que permite bajar al computador del usuario archivos (programas, documentos, gráficos) desde computadores remotos.

A comienzos de la década de los noventas se logró en Suiza, que la información disponible en la red pudiera ser consultada en un formato amable para el usuario final, se podía por fin usar dispositivos como el ratón (mouse) para dar instrucciones a servidores remotos y por primera vez al información de la red podía ser presentada diagramada con gráficos y fotografías. Surgieron verdaderas publicaciones en línea, lo que ahora llamamos el world wide web, que podía traducirse como la telaraña mundial.

El desarrollo del web ha permitido que las personas normales, sin mayores conocimientos de computación, puedan usar con relativa facilidad los servicios de la Internet y por lo tanto es más fácil vender servicios comerciales de Internet.

Más recientemente han aparecido programas que permiten el uso de la multimedia en la comunicación por Internet, así es posible realizar llamadas telefónicas internacionales, comunicaciones entre usuarios usando video y ambientación con sonido y movimientos de las páginas o sitios del web.

¿Por qué Internet?

Usar Internet es estar de moda, pero las razones para usar Internet son más que un asunto de modas. Internet es parte de un fenómeno social y tecnológico que está produciendo grandes y profundas transformaciones en la sociedad contemporánea. Este capítulo hace un análisis pragmático de las ventajas y desventajas del uso de Internet desde los movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil.

En general lo que se puede hacer con la Internet es más o menos lo mismo que hacemos en nuestro trabajo cotidiano, sin embargo la red se convierte en una herramienta privilegiada en la medida en que nos permite:

  • Aumentar la efectividad de la distribución de la información con herramientas como el correo electrónico se puede llegar a cada vez más gente de manera efectiva. En pocos minutos la información que Usted produce está disponible para su uso en cualquier parte del mundo, no necesita intermediarios para asegurar que el correo llegue.

  • Disminuir el tiempo para esta tarea se pueden alcanzar un número inmenso de gente en todo el mundo con solo mandar un mensaje de correo a una lista de personas

  • Disminuir los costos involucrados. Si bien la compra de un computador, de los programas para que funcione y la capacitación inicial de las personas que lo usan son bastante costosas, una vez instalados y conectados a Internet los costos marginales tienden a ser cero, es decir, le va a costar lo mismo mandar una comunicación a una persona que a mil, y le costará lo mismo mandarle un archivo a su colega en la oficina del lado que a su amigo que se fue a vivir a China.

  • Aumentar el alcance de nuestra acción a un ámbito global. Nos guste o no el mundo está cada vez más globalizado y la acción de la sociedad civil requiere un alcance mundial y con el apoyo de Internet movimientos sociales han logrado alcanzar un reconocimiento internacional que tal vez de otra forma tal vez no sería posible. Los Sin tierra de Brasil, los zapatistas en México o las organizaciones que vienen presionando contra el libre comercio y que se dieron cita en Seattle a finales de 1999 y de nuevo en Washington en las reuniones del Banco Mundial son algunos de los ejemplos más conocidos.

  • No todo es color de rosa

    ¡Pero cuidado! No nos confiemos, la Internet no es la panacea de la solución de los problemas, es necesario asumirla de manera crítica y clara sin dejarse tentar por los discursos grandilocuentes que ven en la Red la solución a todos los problemas de la humanidad. Tenga en cuenta que:

    • Internet es usada principalmente por los estratos medios y altos de la población, principalmente los varones (más de un 54% ), con formación universitaria y los residentes en los grandes centros urbanos. Claro, esto es en términos estadísticos, existen casos aislados muy interesantes.

    • Las grandes empresas cada vez monopolizan más el tráfico de información en Internet, además la los programas de trabajo en la red (como los visualizadores del web, los gestores de correo electrónico, etc.) son cada vez más productos de grandes corporaciones y no de programadores individuales que los aportaban a la comunidad.

    • Si bien el crecimiento de la red es exponencial, doblándose su tamaño en unos pocos meses, todavía hay grandes regiones del mundo que no están conectadas y gran parte de la gente tampoco. En los Estados Unidos apenas un 25 a 30% de la población usa Internet, en América Latina los porcentajes son aun menores y no sobrepasan el 3% de la población ni siquiera en los países con mayor población conectada.

    • Los sistemas de represión ya han generado toda una estrategia para intentar tomar el control de las redes de comunicación. Si bien se espera que el principal mecanismo de control de la información sea el mercado, las agencias de inteligencia y control social de muchos países están trabajando en mecanismos de control a las comunicaciones telemáticas, tal vez el más famoso de estos sistemas de vigilancia en Internet es el proyecto Echelon, pero no es el único.

    ¿Para qué necesitamos Internet?

    Hay muchas razones para acudir a la Internet. Con frecuencia son razones personales de alguien en un grupo de trabajo, esas razones pueden variar desde el altruista interés de conocer a fondo la situación de derechos humanos en Chechenia hasta el la muy individualista búsqueda de pornografía en las Red.

    Es muy fácil encontrar disculpas para entrar a la Red pero no es tan fácil encontrar razones. Podríamos agrupar algunas buenas razones para usarla en ocho categorías:

    • Investigar y mantenerse actualizado sobre lo que sucede en el mundo

    • Generar interlocuciones con organizaciones que trabajan temas análogos en otras partes del país o del mundo, incluso en otras partes de la misma ciudad. La interlocución puede llegar a convertirse en coordinar esfuerzos en pro de una causa

    • Buscar oportunidades de entrenamiento, capacitación y educación para el equipo de trabajo de la organización. También podría pensarse que su organización ofrezca a través de Internet servicios de capacitación

    • Presentar resultados de investigaciones, proyectos o actividades. Sistematización del trabajo y la reflexión que su organización ha venido llevando a cabo

    • Solicitar apoyo en la acción. Suscitar solidaridades. Brindar información de fondo sobre situaciones de alerta o denuncia

    • Realizar campañas de acción de alcance mundial, para incidir en las políticas públicas.

    • Presentar la información básica sobre la organización (datos de contacto, misión y visión, perfil, proyectos, áreas de trabajo etc.)

    • Solicitar apoyo financiero. Conseguir fondos. Esto se puede conseguir en parte también ofreciendo o vendiendo servicios específicos de la organización

    Internet y desarrollo

    Internet puede ser una herramienta para el desarrollo, la inclusión social de los grupos excluidos de los beneficios de este desarrollo, no solo en Europa, sino en África, América Latina, Asía o de los mismos países del primer mundo. Pero hay que llevar esa apuesta a sus justas dimensiones. Es decir, no se puede confiar ciegamente en que Internet o las tecnologías de información y comunicación son la única o mejor solución a los problemas de la pobreza, el hambre, la incapacidad para decir sobre sus vidas y la carencia de alternativas de futuro para la mayor parte de la humanidad.

    Este capítulo examina algunos puntos sobre la relación entre desarrollo y tecnologías informáticas, buscando identificar los posibles alcances de este nuevo fenómeno tecnológico y prever sus impactos negativos y los problemas que puede generar su implementación.

    La viabilidad del desarrollo

    El concepto de desarrollo, tal como lo usamos hoy en día, surge apenas en 1949, cuando el presidente Truman es reelecto en los Estados Unidos al final de la guerra y plantea en su discurso de posesión la necesidad de que los gringos se comprometan a solucionar el problema del subdesarrollo en el resto del mundo.

    Esto tiene dos implicaciones:

    • El desarrollo se plantea como meta deseable y necesaria para todos los pueblos del mundo.

    • El desarrollo se define básicamente la búsqueda del cumplimiento de algunos parámetros materiales de la misma manera en que los cumplen los autodenominados países desarrollados.

    La idea del desarrollo ha tenido muchos otros momentos de crisis. Ya en 1948 Ghandi hablaba de como para tener un nivel de crecimiento económico como el que tenían los ingleses de la época habían tenido que explotar una zona de Asia varias veces más poblada y más extensa que la misma Gran Bretaña. Los ambientalistas durante los últimos años han demostrado hasta la saciedad que la forma de desarrollo que llevamos no es viable y que para cumplir los sueños del desarrollo del conjunto de la humanidad es decir ponernos todos en el nivel de consumo de energía, materiales y servicios ambientales que tienen los estadounidenses promedios o los europeos promedios necesitaríamos cuatro planetas como este para explotar.

    A finales de los años 60s y comienzos de los 70s estuvo muy en boga la idea del crecimiento 0 y de que no había desarrollo ulterior posible. El movimiento ambientalista (naciente en ese momento) contribuyó en buena parte al análisis crítico de la sociedad del consumo y el desecho, señalando problemas como la destrucción de las áreas naturales y la irracionalidad del consumismo. En los años subsiguientes el discurso oficial hizo un enorme esfuerzo por "domesticar" el carácter subversivo de las ideas ambientalistas, fruto de ese esfuerzo es el concepto de desarrollo sostenible, una idea ambigua que no define nada pero que logra generar consenso entre intereses diversos.

    Los ambientalistas criticaron la destrucción del mundo para la producción de artículos suntuarios, desechables y de corta vida útil, el desarrollo sostenible contesta que no hay problema mientras se recicle. Los ambientalistas pedían incentivar nuevas formas de relacionarse con el resto de la naturaleza, basándose en el saber de muchas otras culturas, el conservacionismo contemporáneo quiere preservar áreas de vida silvestre del planeta a costa de la gente que siempre los habitó.

    La medida del desarrollo

    Otro punto clave para el análisis es cómo se "mide" el desarrollo. En ese punto no solo los ambientalistas, sino sobre todo las mujeres han logrado hacer críticas muy certeras a la idea de desarrollo imperante. La medición del desarrollo está basada en la medición de cosas, generación de cosas, comercio, consumo. Esa medición desconoce la calidad y la utilidad de los bienes y servicios producidos. No importa si la producción se base en venenos, armas o contaminación, lo importante es que haya plata que cambia de manos, así se produce "desarrollo".

    En el trabajo de la reproducción de la sociedad que realizan las mujeres no hay intercambio de dinero, el trabajo que ellas (y a veces los niños o los viejos) realizan no es desarrollo, no genera riqueza. Una mujer que tiene que caminar horas para recoger leña o conseguir agua, cultivar un huerto, cuidar los niños, arreglar la casa y todo lo demás, no trabaja, no produce desarrollo. Un burócrata que lo único que hace es sentarse en un escritorio a negarle sus derechos a la gente, sí trabaja, aporta al desarrollo.

    La Oficina de Estadísticas de Naciones Unidas ha estado en los últimos años intentando crear indicadores más adecuados del desarrollo, el índice de desarrollo humano o el Gidi son ejemplos de ello. Estos nuevos indicadores intentar incluir los elementos de equidad de género, la sostenibilidad ambiental y otros aspectos de la calidad de vida, sin embargo persisten los debates sobre este tema.

    El acceso a la educación, es decir la escolarización bajo los parámetros del saber occidental, o la disponibilidad de productos y servicios de la modernidad como medicinas o computadores también se incluyen los indicadores más recientes. Son indicadores mejores que los antiguos, pero aun implican una uniformación de la gente que pude leerse como construcción de pobreza.

    ¿Internet si puede ayudar al desarrollo? Sí, pero ¿a cuál desarrollo? ¿a mantener la sostenibilidad de qué? ¿de todo el planeta? ¿de cada uno de sus componentes? Que se desarrolla, que se sostiene no son cuestiones sencillas de resolver, el solo ofrecer tecnologías para solucionar los problemas casi nunca es suficiente

    La tecnología no resuelve problemas no tecnológicos

    Ante el entusiasmo que las nuevas tecnologías de información y comunicación generan cabe preguntarse hasta dónde esas tecnologías solucionan los problemas estructurales del mundo contemporáneo, como el hambre, el acceso a los recursos y al conocimiento, el reconocimiento cultural, la democracia, etc. que es lo que los adalides de las tecnologías nos ofrecen.

    No es la primera vez en la industria reciente que la tecnología se plantea como la panacea para los males de la humanidad. En los años 50s se decidió que el problema del hambre en el mundo era un problema de tecnología, los campesinos de los países pobres no sabían producir alimentos y había que ayudarlos con tecnología. Entonces se inventaron lo que se llamó la Revolución Verde, que esencialmente consistía en hacer inversiones tecnológicas en los sistemas de producción agrícola para disminuir el problema del hambre en el mundo. Las tecnologías agrícolas incluían la mecanización, el mejoramiento de semillas, el uso masivo de insumos químicos y el riego sistemático, entre otros.

    Se vendieron miles de tractores, se recogieron y "mejoraron" montones de semillas, se usaron millones de toneladas de agroquímicos, etc, etc. Hoy el problema del hambre en el mundo es peor que entonces, el cuerno africano está entrando de nuevo en una hambruna, sin embargo se produce más comida que nunca antes. Aunque hay suficiente grano en el mundo para que cada ser humano reciba como un kilo al día, muchas personas (en especial niños) mueren a diario por problemas relacionados con el de hambre; mientras tanto los cerdos en Europa comen bastante grano para producir más carne de la que en realidad necesitan los europeos. En los últimos cincuenta años se ha producido una profunda erosión en la variedad de los alimentos que producimos y consumimos. Cientos de especies y miles de variedades han prácticamente desaparecido de los campos de cultivo y en el mejor de los casos sólo se conservan en los laboratorios de las empresas de biotecnología o en los remotos campos de los agricultores más pobres del planeta. La solución tecnológica al problema del hambre solo trajo más hambre, contaminación, erosión genética y deudas para los campesinos que creyeron en tecnología y la intentaron comprar. El hambre era -y es- ante todo un problema político.

    Ahora nos dicen que otras tecnologías las TIC nos van a solucionar el problema de la democracia, el de la educación o el de la salud. Se dice que Internet puede ayudar a la democracia, poniendo a disposición de la ciudadanía toda la información que manejan los organismos de representación y permitiendo a los ciudadanos aportar información, ideas y críticas; propiciando el encuentro de posturas diversas, buscando líneas de consenso. De esta manera, la documentación técnica que manejarían los representantes políticos sería "más democrática" aun estando en las mismas manos.

    Pero no nos hemos preguntado si los problemas de la democracia, como la falta de interés y de participación de l@s ciudadan@s, su sensación de impotencia frente al poder, etc. son causados por razones solucionables con tecnología. Lo mismo podemos decir de la educación, del acceso a servicios de sanidad o atención de la salud y de muchas de otras cosas de las que con frecuencia se nos dice no van a tener problemas en la medida en que se les incorporen las tecnologías de información y comunicación.

    Internet está muy lejos de ser la panacea. Los problemas de la democracia, la educación, la salud, el hambre o cualquiera de los síntomas del llamado subdesarrollo son generalmente políticos, relacionados con la forma en que hacen las cosas los detentores del poder.

    La red y yo: identidad y globalización

    Dice Manuel Castells en su libro "la era de la información" que el hecho de que los fundamentalismos musulmán, cristiano (con todas sus diferentes caras) y hasta budista se den al mismo tiempo que el arrollador avance de la globalización de la economía y los avances en la tecnología que nos llevan a la era de la información no es casual.

    Ante la economía globalizada y la uniformización cultural de los medios, la educación y el avance del desarrollo, lo tradicional, lo antiguo, lo pasado de moda cobra singular importancia para los seres humanos normales. Para los ciudadanos del mundo, aquellos que tienen acceso a Internet, reciben información de todas partes la red se justifica por si misma. No sucede lo mismo para las personas normales, ellas esperan que las redes sirvan para algo en el mundo donde hay que comer, vestir, amar y todo lo demás...

    "Yo no quiero ser solo 1001001101101100110101010111101101010101010 quiero tener sentido en la vida, la red me ofrece el mundo pero me quita lo que tengo al lado, esos pequeños elementos que le dan sentido a la vida. Sí, quiero ir a la Red al mundo pero siendo algo, siendo alguien, estando en algún lado".

    El problema no es tecnológico. La solución no es universal, el desarrollo no es un monorriel con un solo sentido en el que los países avanzados van adelante y los otros atrás. La gente quiere construir identidad ser diferente de los otros saber que cree en sus propios dioses y que tiene una patria o un lugar de origen, o un "combo" del cual sentirse parte.

    La Internet hoy como la televisión antes han sido un excelente mecanismo para que mucha gente descubra que es pobre, para construirle la pobreza. No es más rico el quien más tiene, sino quien menos necesita, pero el modelo universal del consumidor de tarjeta de crédito, el trabajo de oficina, el automóvil y el computador personal no deja espacio para pensar otras formas de ser en el mundo.

    Los que se atreven a salirse del paquete pasan a formar las bolsas del olvido, de la que hablan los zapatistas. Si no entras a ser consumidor global, con forma de pensar global y esperanzas que puedan ser atendidas por el mercado no sirves, desapareces del mapa. No importa que seas un indigente de Nueva York o toda una comunidad indígena de América Latina, Africa, Asia o Australia. Si no consumes no sirves...

    Internet debe servir para ayudar a las comunidades y las organizaciones que las acompañan enfrentar su problemas y encontrar soluciones novedosas que no desconozcan su tradición, sus valores su identidad. A mantener y desarrollar su propia forma de ser en el mundo. Internet, no solo puede servirles para que podamos "hacerles el favor" de ayudarles a desarrollarse sino para ellos puedan decirnos en nuestros propios medios lo estúpido que puede ser a sus ojos nuestro afán de desarrollo.

    ¿Para qué le pueden servir las tecnologías de las información a la gente normal?

    Hay dos razones poderosas para que los "marginados del desarrollo", los antagonistas del sistema y los disoñadores de mejores mundos hagan uso de la Red. La primera en la red se pude encontrar solidaridad e interlocución con propuestas alternativas de mundo y la segunda, si es que aunque la gente corriente le de la espalda a estas tecnologías el poder que están adquiriendo y el que va a tomar con el tiempo va a tener mucha influencia en la vida cotidiana de la gente.

    Hay que apropiarse de estas tecnologías en el doble sentido de hacerlas propias y de usarlas de manera adecuada, pero eso se logra en concreto, sin generalizaciones como "acceso a la información", "contacto con el mundo" o potencial de tener lo último en cualquier cosa. Es necesario generar propuestas concretas en campos específicos: apoyo a la educación, mejora de la salud, apoyo a la gestión municipal, etc. partiendo de las necesidades que tiene la gente y no de las ofertas que están en capacidad de ofrecer los expertos en la tecnología.

    Hay que pensar los impactos que genera la tecnología, no solo los benéficos, sino también los negativos, por ejemplo el impacto sobre la cultura local y su identidad, la exclusión de nuevos sectores o el desarrollo de nuevas formas de exclusión. Se debe identificar estrategias que permitan evitarlos o por lo menos minimizarlos.

    Desde las tecnocracias de las grandes ciudades se puede pensar que lo mejor es implementar programas masivos de conexión de alta tecnología para permitir a las comunidades acceder al mundo, o suponer que la sola instalación de la infraestructura de comunicación es suficiente para desarrollar un área marginada, sin embargo las recetas generales pueden ser ineficientes, es necesaria la implementación de soluciones específicas para las condiciones concretas de cada zona, de cada comunidad.

    Un punto importante es pensar las necesidades de tecnología específicas, para grupos poblaciones específicos. Hasta hace unos10 años existía una amplia gama de opciones de conectividad y paquetes tecnológicos de diversos costos y posibilidades, con el tiempo se impuso el modelo TCP/IP de Internet, pero marginalmente siguen existiendo sistemas de conexión como FIDO, Packet Radio y otros que para la mayoría de expertos en computación están pasados de moda, pero que prodrían jugar un papel importante en brindar a poblaciones aisladas oportunidades de conexión sencillas. Es necesario investigar más en la llamada "baja tecnología".

    Además hay que tener en cuenta los obstáculos que existen para que la gente pueda usar las tecnologías, enfrentar estos obstáculos requiere no sólo grandes inversiones sino también importantes ajustes en la estructura social y el orden de prioridades de las políticas en tecnología de los gobiernos y las empresas. Podemos agrupar estos problemas en tres grandes grupos:

    • Barreras económicas: en Latinoamérica -por ejemplo- un computador mínimo cuesta el equivalente a un año completo de lo que aquí se llama salario mínimo legal que es el ingreso de la mitad de los colombianos (otra cuarta parte está desempleada). A parte eso hay que sumar los costos de software, servicios, capacitación, etc. Cuando una comunidad no tiene escuela, o si la tiene está muy mal dotada, puede resultar ridículo ofrecerles un computador como solución a sus problemas educativos

    • Barreras tecnológicas: Grandes áreas del mundo no están conectadas o su conexión es de mala calidad y alto costo. Eso hace que los usuarios de la Red se concentren en las grandes ciudades. En muchos países existen programas y políticas que buscan masificar el acceso a la red e intentan en parte enfrentar este problema

    • Barreras culturales: Estas son las más complicadas, para usar la red existen una serie de condicionamientos culturales que desde el comienzo excluyen a mucha gente. Se necesita ser competente en lectoescritura, en otras palabras saber leer y escribir (y ojalá en inglés también). Se necesita tener una tradición de comunicación escrita (es decir estar acostumbrado a leer información y a escribir comunicaciones) se necesita familiarizarse con una serie de metáforas que describen la tecnología y su uso (piense por ejemplo en la idea de escritorio o incluso en el concepto de archivo). Se necesita desarrollar la motricidad fina para desarrollar las destrezas manuales para controlar el ratón o escribir con fluidez y así una larga lista.

    Solucionar las obstáculos tecnológicos y económicos no solo implica una importante inversión social en dinero, la cual seguramente debe ser efectuada por los gobiernos, también implica una clara voluntad política de escuchar a las comunidades y brindarles las opciones necesarias, en muchos casos puede implicar tener la claridad de cuáles son las prioridades, puede ser muy loable el interés por hacer que una sociedad entre en la era de la información, pero si la gente no esta satisfaciendo sus necesidades básicas, las tecnologías de información no son ninguna garantía.

    Enfrentar las barreras culturales es un aspecto más complejo, parte de reconocer que el conocimiento no reside únicamente el saber occidental moderno, sino que la gente, la gente corriente de las comunidades también tiene conocimientos valiosos. De hecho sectores de tecnología de punta como la biotecnología no podrían funcionar sin el conocimiento tradicional acumulado a través de mecanismos muy diferentes a las tecnologías de información. Es necesario planear el uso de tecnologías de información a partir de un diálogo de saberes que haga explícitos los interesas, potencialidades, necesidades y ofertas de las partes.

    Apostarle a usar las nuevas tecnologías de información y comunicación en las comunidades más pobres y los grupos alternativos o antagonistas del sistema es correr el riesgo de llevar estos grupos sociales a una mayor homogenización cultural y una menor beligerancia política, correr el riesgo de disminuir su capacidad de resistir. Pero también es asumir el reto de aumentar su capacidad de acción de ponerlos en contacto con otros grupos y otras comunidades en otras partes del mundo que también están resistiendo y construyendo alternativas, disoñando nuevos mundos posibles. Si ese reto se asume la red es una herramienta para el empoderamiento, para poder asumir cada vez más la capacidad de decidir sobre el futuro individual y la construcción colectiva de mundo.

    La sociedad de la información: ¿Está cambiando la forma de relacionarnos?

    Hace cinco años en los países sudamericanos, sólo unos pocos expertos de la computación habían oído hablar de la Internet, hoy los medios la ofrecen a diario como uno de los últimos productos de indispensables para estar comunicados, para estar inn o tal vez para estar incomunicados.

    A pesar del apabullador ingreso de más de una veintena de proveedores de servicios de Internet en el mercado nacional, muchos colombianos y colombianas ignoran aun que la Internet no es una empresa en sí, no tiene propietarios, ni centros... es, hasta ahora, el más exitoso experimento de organización sin gobierno -¿anarquía?- que haya realizado la humanidad.

    Pero la maravilla tecnológica tiene implicaciones en la sociedad: un médico que atiende en un pequeño hospital de África puede ahora comunicarse en horas o minutos con colegas suyos en Estados Unidos, un profesor de filosofía latinoamericano puede participar en un debate sobre la posmodernidad con sus colegas franceses y de otros países y una pequeña cooperativa de artesanos del sureste asiático podría estar negociando directamente con sus potenciales compradores en Europa. Todo esto con unos costos inferiores a lo que nunca se habían imaginado. Por el otro lado está la uniformación de las formas de comunicación, la imposición del inglés como idioma predominante y la exclusión de vastos sectores de la humanidad, los que no leen, los que no escriben y los que no pueden tener un computador, una línea telefónica y, en general, afrontar los costos del servicio.

    En los últimos años se ha desarrollado todo un discurso sobre el advenimiento de la sociedad de la información, las especulaciones por un futuro mediado por los computadores colman millones de páginas de libros y revistas de todo el mundo, así como varios terabytes de información en montones de “servidores” de la Internet. Se espera que la posibilidad de mejores comunicaciones, más eficientes y más rápidas puedan llegar a mejorar la calidad de vida de las sociedades modernas. Mayor democracia, facilidades para la participación social, mecanismos claros y baratos de acceso a la información pública son algunos de los sueños de los promotores de la era de la información. Homogeneización de las formas del pensamiento, nuevas vías para la imposición cultural de quienes se abrogan el derecho de ser “cultura universal”.

    ¿Cómo saber que posición adoptar frente a este mounstro que invade el mundo? Se dice que existen por lo menos unos 50 millones de computadores conectados permanentemente a la Internet a lo largo y ancho del mundo; pero lo que más asombra son las extraordinarias tasas de crecimiento, tal parece que el número de computadores conectados se duplica cada año aproximadamente. Más que tomar una posición este ensayo pretende reflexionar sobre la implicaciones en el desarrollo social que tiene este fenómeno.

    Los actores sociales en la Red

    Una vez desarrollada la infraestructura básica de la red una buena parte de los nodos de trabajo se instalaron en la universidades donde la tecnología desarrolló y -en algunos casos- se puso al servicio de otras causas. El impulso que las comunidades académicas le dieron al desarrollo de las redes de computadores se ha reflejado en tres campos: nuevas y mejores herramientas para el intercambio de información, mayor volumen de información en la red y mejor calidad de la información.

    A través de las universidades nuevos actores sociales aprendieron a usar la red con propósitos a veces muy diferentes a su inicial propuestas militarista. Activistas ambientalistas, mujeres en la lucha por sus derechos, defensores de los derechos humanos, activistas de la libertad de opción sexual, anarquistas, socialistas de todos los matices, indígenas e indigenistas todos principalmente en los Estados Unidos y Canadá fueron descubriendo las posibilidades de intercambio de información que les daba la Red. De allí nacen propuestas de solidaridad con el Tercer Mundo que permitieron que Internet pasará las fronteras y empezara a interconectar otros países. Muchas universidades del sur y algunas organizaciones sin ánimo de lucro fueron las primeros conectados desde el subdesarrollo.

    Aproximadamente hasta 1993 (antes de la aparición del web) la red era usada principalmente para la transmisión de información educativa, académica, de investigación y montones de basura, incluyendo una buena dosis de pornografía. Para entonces, los activistas sociales y políticos, en especial los marginados de los grandes espacios de poder, ya habían cogido una gran ventaja sobre los militares en su habilidad para usar los recursos de la red.

    Los intentos de actividad comercial eran controlados a través de drásticos mecanismos de control social, como el de bombardear el casillero del “infractor” con mensajes de correo inútil venido de miles -a veces millones- de personas que usaban la Red.

    Una parte del éxito de organizaciones como Greenpeace o Amnistía Internacional se debe a haber logrado usar adecuadamente las ventajas de una comunicación efectiva y barata a través de redes de computadores. Gracias a la infraestructura telemática se puede lograr que actores sociales marginales y aislados puedan tener eco en la comunidad internacional. La red sirve de caja de resonancia a las propuestas excluidas al permitir que grupos relativamente pequeños y aislados geográficamente puedan tener presencia internacional y capacidad de hacer públicas sus posturas ante diversas coyunturas de una manera efectiva y rápida.

    El punto máximo de este fenómeno de uso de las redes, por propuestas “alternativas” se presenta desde comienzos del 94 cuando el EZLN utilizó los recursos de Internet para informar al mundo de sus acciones en Chiapas. Para los zapatistas la acción en la Red es tan importante como su acción militar en el terreno, muchos periodistas han entrevistado al sub-comandante Marcos usando correo electrónico; los resultados y propuestas del encuentro en la Realidad (un pequeño pueblo de Chiapas) por la vida y contra el neo-liberalismo también se encuentran en su sitio web.

    Dentro de los activistas progresistas en la red, cabe destacar el trabajo desarrollado por la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones APC, formada en 1989 por siete miembros y que durante estos años ha logrado llevar comunicaciones a organizaciones sociales que trabajan en temas como derechos humanos, medio ambiente, mujeres y género, paz y cuestiones del desarrollo en general.

    Pero no solo los "progresistas" están en la Red, igualmente se puede encontrar en línea información de grupos neonazis que incluyendo fórmulas para preparar bombas como la que pusieron en Oklahoma, la negación de holocausto nazi y las justificaciones para el predominio racial de los arios.

    Muchos grupos religiosos también tienen una presencia en la Red, entre ellos cabe destacar a la iglesia cientológica que al parecer no sólo ha logrado hacer mucho dinero de sus simpatizantes a través de la venta de aparatos, sino que además ha estado envuelta en varios escándalos, entre ellos la persecución a un nodo de Internet en Finlandia que ofrecía el servicio de correo electrónico anónimo. Llama en especial la atención el importante crecimiento de la Red en los países como Irán y Argelia donde, al parecer, es usada por integristas islámicos para coordinar su acción internacional.

    Tampoco se puede negar la presencia de imágenes, películas y otra información pornográfica en la Red, a esto hay que añadir que en algunos países se han presentado casos de pedofilia usando la Red.

    Uno de cada quinientos humanos utiliza la Red

    Internet está lejos de ser la panacea de la comunicación. A pesar de su desbordado crecimiento, la Internet puede estar llegando a unos cien millones de personas, lo que quiere decir (en los cálculos más optimistas) que apenas una de cada quinientas personas que están en el mundo tiene acceso a la red. Pero los problemas no terminan ahí. Los países del hemisferio norte, especialmente Estados Unidos, concentran la mayor cantidad de usuarios de la red y de la información disponible en ella.

    Existen también barreras técnicas, económicas y culturales para el desarrollo de sistemas democráticos de información.

    Las barreras tecnológicas están frecuentemente relacionadas con la posición geográfica. Por ejemplo, la capacidad de transmisión de información (o ancho de banda) de toda le Red en Colombia a la columna vertebral de la Internet en Estados Unidos es apenas igual a la de una sola universidad mediana en ese país. Lo que es peor, las conexiones entre diferentes proveedores de servicios de Internet en Colombia pasan por Estados Unidos, así muchos computadores que geográficamente están muy cerca, están muy lejos en términos de Internet. Todas las conexiones entre los países latinoamericanos van hasta la columna vertebral de la red. Como consecuencia en la Internet un servidor en el estado de Hawaii, Estados Unidos, está más cerca que uno en Mérida, Venezuela. Por la alocada dinámica consumista del mercado, los costos de los máquinas y accesorios cada vez más potentes y de servicios conexos -por ejemplo el uso de servicio telefónico en transmisión de datos- con el uso de la red son también una barrera creciente para el uso de los servicios de la red.

    ¿Cultura universal?

    Las barreras económicas y tecnológicas no son fáciles de superar, sin embargo las barreras culturales son las más preocupantes. La red surgió de un contexto cultural específico y es reflejo de esa misma estructura cultural. Predomina la información y el debate escrito, la información en inglés y las temáticas de interés global. Las sociedades latinoamericanos de tradición cultural oral, lengua española e interés en temas regionales solo representan una pequeña fracción -aunque creciente- de la información disponible en la red. Otras culturas que no usan en su escritura caracteres latinos o no tienen cercanía a las metrópolis coloniales apenas son mencionadas como tema de investigación.

    El temor al uso de la tecnología es otra importante barrera, incluso usuarios que no tienen barreras económicas, tecnológicas o lingüísticas para el acceso a Internet suelen tener temor de “dañar algo dentro del ordenador” o no poder controlar qué es lo que pasa durante la conexión a la red. Este tipo de temores suelen ser enfrentados con capacitación en las destrezas de manejo del computador y de la red, que no siempre logran superar los obstáculos culturales.

    Una vez vencidos este tipo de problemas se enfrentan otro tipo de problemas: cuando se logra entrar por primera vez al web, por ejemplo, se tiene la sensación de estar ante un mar de información y se pueden pasar horas encontrando información sorprendente, pero cuando se intenta ubicar una información específica se suelen tener problemas en acceder a ella. Es muy probable que se pueda siempre encontrar información sobre casi cualquier tema, aunque no siempre sea tan fácil o rápido como prometen los vendedores del servicio, sin embargo es importante tener en cuenta que así sea necesario pasar un largo rato en la búsqueda de la información, con frecuencia se consigue mucha más información y muchos más barata que por cualquier otro medio.

    No hay que olvidar que Internet hace parte de la propuesta de saturación de información que la modernidad impone, para lograr acceder a información útil, pertinente, relevante y oportuna con frecuencia es necesario escogerla en medio de montones de información incompleta, ligera, inexacta y a veces hasta completamente falsa.

    Un fenómeno creciente entre lo usuarios de la red es sentir que el mundo esta -virtualmente- al alcance de sus manos y que si no es a través de estos medios no pueden comunicarse con la gente, para muchos resulta más fácil ser fulano@servidor.dom que ser Fulano de Tal, una persona normal. La adicción a la Red podrá ser en unos pocos años un fenómeno comparable con la adicción a los estupefacientes, recientes estudios han encontrado que la Red es para muchas personas con problemas un espacio para ser como desearía ser, muchos de ellos y ellas mienten a sus familiares con frecuencia sobre la cantidad de tiempo que pasan en la Red, dejan a un lado sus obligaciones de trabajo por navegar sin necesidad en la Internet y se comunican más con personas que son únicamente direcciones electrónicas que con la gente que tienen a su alrededor.

    La Internet comercial

    La consecuencia más inmediata de la aparición del web fue la posibilidad de usar la red comercialmente, no solo el uso se hizo más fácil para el usuario final, sino que la apariencia de los contenidos mejoró sustancialmente, era entonces más atractivo para las empresas crear catálogos en línea a través de los cuales sus clientes podían obtener información y servicios.

    El mercado empresarial y hogareño han sido los espacios más importantes de crecimiento de la Red en los últimos años, en países como Colombia sólo se comienza a generalizar el servicio de acceso a partir de la existencia de servicios comerciales, incluso las universidades (con contadas excepciones) únicamente lograron conexión a partir de este proceso.

    Nadie sabe a ciencia cierta cuantos usuarios tiene el mercado de Internet, pero aun las estimaciones más tímidas consideran que representan un mercado potencial importante, no solo por la venta de los servicios de conexión, sino por los productos y servicios relacionados: software, modems y máquinas, servicios telefónicos, etc.

    En los primeros tiempos el servicio de acceso a Internet era suntuario, los usuarios tenían que pagar por el tiempo de conexión y por la cantidad de información que enviaba o recibía, después únicamente se pagaba el tiempo de conexión, más una cuota básica. Más recientemente se está imponiendo la modalidad de tarifa plana en la que el usuario cancela un valor único mensual sin importar la cantidad de tiempo que permanece en línea o la cantidad de información que manda o recibe.

    Represión y control estatal.

    Durante los últimos años los gobiernos -en especial el gringo- han estado muy preocupados por definir mejores mecanismos de control sobre esta forma de comunicación. La Ley de Decencia de los Estados Unidos es la muestra más importante de esta tendencia. Con la disculpa de controlar la pornografía y proteger a los niños de la pedofilia (se han presentado casos esporádicos), el gobierno pretende generar mecanismos que regulen el acceso a la información.

    A esta posición han reaccionado muchos grupos de defensores de las libertades civiles no sólo en ese país sino en casi todo el mundo. El día que el congreso yankee aprobó la ley, miles de páginas de muchos servidores fueron reemplazadas por pantallas en negro como señal de protesta. Los mecanismos de censura incluyen la posibilidad del cierre de servidores y un estricto control a los mecanismos de cifrado o encriptación de mensajes de correo, que le permitiría a las agencias gubernamentales abrir mensajes “sospechosos”.

    Otros gobiernos han sido aun más drásticos en la creación de mecanismos de censura, el de China controla severamente los proveedores comerciales de Internet y restringe el acceso a ciertas zonas de la red que contienen información considerada como penetración cultural, “cuando uno abre la ventana para que entre aire fresco, también se meten las moscas” comentó un funcionario chino.

    El gobierno austríaco, buscando compensar la mala fama que le dio el pasado nazi de Kurt Wahlheim, ha restringido el acceso a servidores de la red en Estados Unidos conocidos por tener información de la extrema derecha.

    Sin embargo, muchos activistas sociales creen que -como paso con la prensa escrita en otros tiempos- va a ser el mercado el mecanismo de control y exclusión de propuestas diferentes a la ideología dominante. El paulatino aumento en los costos directos e indirectos (en especial por la necesidad de aumento en las especificaciones tecnológicas) del acceso a la información van haciendo la red cada vez más lejana para muchas organizaciones la posibilidad de publicar su información a través de medios electrónicos. Sin embargo, la posibilidad de acceso a la red como servicio de consumo es cada día más barata y accesible. Es decir la comercialización de Internet tiende a convertir la red en algo similar a la televisión donde son muchos los que pueden consumir pero pocos los que pueden producir.

    El planeta es ya sólo un icono

    El mundo ya nos es tan grande, es apenas ese pequeño globo azul que tenemos en las manos, para cuidarlo, para administrarlo, así lo han comprendido los grandes centros del poder mundial. El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y las grandes compañías transnacionales han visto que es necesario no solo elevar las exigencias ambientales para garantizar a largo plazo la rentabilidad del capital, sino que hay que homogeneizar los patrones de consumo y reorganizar la división internacional del trabajo, para ellos eso es sustentabilidad.

    Mientras las economías de los países del norte se empiezan a centrar en los sectores terciario y cuaternario de la economía -es decir en la era de la información-, se espera que otros países asuman las labores industriales, en especial aquellas que implican grandes impactos ambientales y sociales. El sureste asiático y Latinoamérica parecen estar destinados a cumplir este nuevo rol de países de “clase media”. Para garantizar ese futuro se imponen en los países planes de ajuste estructural, que incluyen liberalización de la economía, construcción de infraestructura (incluyendo infraestructura para tele-comunicaciones), apertura de los mercados.....

    El papel de los estados nacionales se desdibuja, las compañías transnacionales se convierten en actores sociales de primer orden en el escenario global, consolidan espacios geográficos acordes con la dimensión de su ambición: toda Europa, toda Norteamérica, todo el Pacífico. El desarrollo necesita una red de comunicaciones acorde al tamaño de esas expectativas de crecimiento, Teledesic, el grandioso sistema de “Internet en el cielo” formado por 840 satélites imaginado por Bill Gates y Craig McCaw, dos de los tipos más ricos del mundo es uno de las posibilidades para ese crecimiento. ¿Es el futuro, la lucha de las pequeñas comunidades locales por no ser absorbidas o arrasadas por las grandes compañías transnacionales?

    ¿Es la Internet, al fin de cuentas, sólo una táctica más del gran capital para la homogeneización y la opresión de los menos poderosos? El crecimiento de la red se da gracias a las expectativas de la modernización de los países, los estados y el sector privado hacen grandes inversiones en tecnología e infraestructura de telecomunicaciones pensando principalmente en adaptar los países “atrasados” a las condiciones del mercado global. Las grandes transnacionales productoras de computadoras, programas, tecnología y servicios de telecomunicaciones son las más beneficiadas con el desarrollo de la red.

    Usando la Internet, la mano de obra africana se puede incorporar al mercado global en puestos como la vigilancia de centros comerciales. Los bancos del Estados Unidos están pensando en contratar digitadoras caribeñas para introducir la información sobre sus transacciones en sus computadores a mucho menor costo que contratando mano de obra local.

    La biblioteca virtual

    "Yo, ahora, sólo compro libros a través de Internet, ya no voy más a las librerías". Esta frase más típica de un diálogo de Blade Runner o de 2001, una odisea en el espacio, es una realidad. Los más escépticos-ratas de biblioteca- siguen confiando en la utilidad de la vieja biblioteca como centro de documentación donde yacen cubiertos del polvo del olvido los viejos clásicos. ¿O qué haríamos si se nos planteara conseguir la versión digital del Ulises de Joyce, o compliquemoslo un poco más, una versión digital de El Capital de Marx? Seguramente algunos tendrían sus reservas y se mostrarían escépticos sobre la utilidad de las nuevas bibliotecas digitales. Muchos antes se recorrerían las librerías de viejo. Pero, ¿Cuánto tiempo tendrían que esperar a que se les consiguiera el ejemplar que quieren o el de cualquiera de los autores que son fogacitados por la voracidad publicadora de la industria editorial y que desaparecen de las estanterían antes de que nos demos cuenta de que existen?" Algunos ante estas dificultades se quedarían sin respuesta. Ahí es donde entra la biblioteca virtual y las posibilidades que ofrece hoy la Red y el libro electrónico. Pero, ¿pagando, no? Y muchos agacharán sus cabezas y se resignarán a recorrer las vastas bibliotecas milenarias cegados por su desconfianza en las posiblidades del libro electrónico y de la Red.

    La industria editorial es posiblemente el primer sector productivo que está viendo como emerge ante sus ojos su imagen especular en el ciberespacio. Es cierto que el libro se prestaba que ni pintado como conejillo de indias de este experimento. Pero su proyección en Internet desborda el marco de la palabra escrita o del hipertexto. Lo que está surgiendo es un arsenal de capacidades nuevas para lidiar con el conocimiento y, sobre todo, para adquirirlo con nuevos puntos de referencia que rebosan los diques culturales que hemos edificado, tan eficientemente, durante siglos. La biblioteca digital (¿habría que escribirla ya en mayúsculas?), tan denostada por los amantes del papel o del gozo innegable del recorrido por las librerías de siempre, derrumba los muros del acceso a la producción escrita. Desde cualquier rincón del mundo, sin distinción de sexo, edades, posición social o cultural, basta la conexión a la red para traspasar las barreras tan pacientemente edificadas por el rigor económico. Los grandes centros que caracterizaron al mundo colonial, concentrando la producción científica, literaria, ensayística o del género que sea en las metrópolis, quedan ahora al alcance del dedo que golpee la tecla adecuada. Además, algunos estudiantes -entre los que me incluyo- agradecerían la accesibilidad que da el libro electrrónico en épocas de exámenes y de trabajos. Además, allí se conservan mejor y no hay riesgo de que su soporte apergaminado se disuleva en las manos.

    La biblioteca digital nos obligará a desarrollar nuevas capacidades para movernos por entre sus pobladas estanterías. Como explica muy bien Umberto Eco, "puedo entrar en una librería y comprender su composición en un instante. Le echo un vistazo al lomo de un libro y sé de qué más o menos va gracias a unas cuantas señales reconocibles. Si leo Harvard University Press ya sé que no será una novela barata. Cuando accedo a la Red ya no tengo esta experiencia". No en estos momentos y no él. Pero la velocidad a la que se edifica la biblioteca digital, junto con el "espíritu Internet", esa forma tan peculiar de compartir y distribuir conocimientos, esa experiencia se convertirá dentro de poco en un juego de niños. En España, por ejemplo, Biblionet acaba de comenzar a catalogar todos los libros escolares. Escuelas y colegios pueden acceder ahora a libros fichados por expertos y puestos al alcance de profesores y alumnos de una manera sencilla y rápida. Y no sólo a las obras que han constituido el acerbo tradicional de estos centros, sino a un vastísimo catálogo al estar todo el sistema interconectado, a su vez, a las otras ibibliotecas que proliferan por la red. Allí donde antes reinaba el maestro y después el acceso selectivo a la biblioteca física (la Biblioteca del Señor, como la califica Eco) --un modo jerárquico de acceder al conocimiento--, ahora se impone el modo descentralizado y electrónimente distribuido de llegar hasta el inmenso reservorio de conocimiento construido por el género humano.

    La biblioteca digital plantea desde luego nuevos problemas, dificultades que son propias del ciberespacio. Para empezar, ante una riqueza escrita de esta naturaleza, ¿quién será finalmente el profesor que eduque al niño, quién oficiará de guía del adulto? ¿Cuál será el resultado de un proceso de formación que no tendrá fin o un fin determinado? ¿Cuáles serán los rasgos sobresalientes de una educación en un ámbito difuso, superpoblado e interactivo? Estos son algunos de los retos que debe asumir la cultura Internet y que debe aprender a corregir en la medida de lo posible en un futuro.

    De los media clásicos a los netmedia.

    Desde hace ya algún tiempo, se ha venido hablando de un nuevo fenómeno comunicativo que, por su importancia, va a marcar un punto y aparte en la historia de los medios de comunicación. Los medios electrónicos han nacido. Se trata de un nuevo producto informativo, que se supone va a dar el salto definitivo de la letra impresa a la lectura en una pantalla, que va a definir el concepto en este nuevo milenio. La edición informática parece que va a ser el recambio, a medio plazo, del tradicional medio impreso, aunque la convivencia entre ambos se augure aún larga.

    Aún no se sabe lo que va a dar de sí Internet, porque aún no se ha empleado a fondo su potencialidad, pero lo que sí sabemos que está creando es el hábitat adecuado para que se desarrolle la prensa electrónica. Es decir, para que el público, convertido en con­sumidor de los textos, del sonido y de la imagen que le ofrece esta red telemática, acceda a los periódicos que en ella encuentra como un producto más. Si al convertirnos en usuarios de la prensa elec­trónica vamos a abandonar la de papel tampoco lo podemos pro­nosticar, ni cuáles van a ser los plazos de vida de una y otra si ello se da.

    Si estamos o no ante una revolución similar a la que llevó a cabo Gutenberg al inventar la imprenta, allá por el siglo XV, es algo que otros ya han tratado de forma admirable y que no nos correspon­de a nosotros abordar aquí. Es obvio que a lo largo de este último tercio de siglo el periodismo ha ido tendiendo de forma inexorable hacia la informatización; la primera fase, hoy en día totalmente consolidada en todo el mundo occidental - en la actualidad hasta la revista más modesta se escribe y diseña mediante ordenador -, es la de la informatización del proceso productivo, mientras que el resultado final se sigue ofreciendo en el soporte tradicional, es decir, en papel. La segunda fase, en cambio, que comenzó a fra­guarse con el videotexto y el teletexto en las décadas anteriores y está profundizándose cualitativamente en la actualidad, es la in­formatización del producto, cuyo soporte ya no es el antiguo papel sino la moderna pantalla.

    Desde que el ordenador se ha introducido en los diversos ámbitos, el económico y laboral, el académico, las tareas productivas y las rela­ciones sociales han dado un cambio importante. En el campo de las comunicaciones, éstas se han hecho, ya planetarias e instantáneas a través de la conexión de ordenadores dispuestos en cualquier parte del planeta, abriéndole a la prensa nuevos horizontes. Tras la informatiza­ción de la producción del periódico sobre papel, la prensa ha comen­zado ahora a difundirse a través de esas redes telemáticas, fundamen­talmente de Internet, pensando crear un nuevo modelo de periódico electrónico con personalidad propia. Es decir, incluyendo contenidos específicos para ese medio y aplicando una manera periodística de trabajar la información diferente.

    La penetración de la informática en la sociedad ha adquirido caracteres generales: el ordenador se ha implantado en todas las facetas de la vida, tanto desde la empresa, con lo que ha supues­to de avance económico, como desde el ámbito académico persi­guiendo la eficacia investigadora, y desde el hogar para el ocio y el trabajo. El ordenador personal no sólo ha modificado nuestros há­bitos, sino que, desde la telemática, al conectarnos con otros apa­ratos dispuestos en centros de todo el mundo, nos está abriendo una gran ventana de dimensión planetario, aún de imprevisible desarrollo e incidencia en nuestra vida. En el caso particular de la prensa sobre papel, también se ha servido del ordenador para in­formatizar sus tareas de producción desde el trabajo de la redacción, y la impresión. Ahora se halla en el camino de convertirse en un producto electrónico con características propias que llegará al usuario a través de la pantalla, en buena medida por la red Inter­net, embrión de las futuras autopistas de la información.

    El periódico electrónico como paradigma de media on-line

    El ordenador, en estas últimas décadas, se ha introducido en todos los ámbitos: tanto en las empresas (y un periódico lo es), con la finalidad de mejorar y abaratar el producto, como en el ámbito personal, por lo que el redactor está habituado a trabajar con él no sólo en la redacción sino conectado desde su casa para solven­tar también asuntos diferentes a los periodísticos. Esto significa que la aparición del periódico electrónico responde y se enclava perfectamente dentro de la informatización de la socie­dad, como un hecho más, producto de las nuevas tecnologías que han dado lugar a alianzas entre empresas multimedia.

    Si los jóvenes comienzan a moverse como pez en el agua, sumergidos en las redes telemáticas desde sus casas, desde los cen­tros de estudio y de trabajo, no podemos pensar que el periódico electrónico, desarrollado aún de manera incipiente pero que ha elegido la vía Internet o alguna de las redes conectada a ella para su difusión, no vaya a encajar perfectamente en esta nueva socie­dad que venimos describiendo. El periódico electrónico cuajará a través de las generaciones más jóvenes, habituadas a tener un ac­ceso más fácil a una información que, presentada de una manera más variada y amena, ofrecerá la profundidad que el usuario elija. De hecho, incluso ahora, el porcentaje de información que utili­zamos ante una red telemática es mínimo si lo comparamos con el que nos ofrece a través del hipertexto que conexiona unos temas con otros nada más «pinchar» en diversos puntos clave.

    Cíclicamente, la prensa ha tenido que hacer frente a profundas renovaciones que, si bien le ha supuesto un coste económico impor­tante, incluso dejando muertos en el camino, sabe perfectamente que es la única vía para sobrevivir. Siempre que la prensa ha apli­cado nuevas tecnologías ha tenido que sortear problemas como la oposición de los trabajadores afectados. En 1962, los 8 millo­nes de habitantes de Nueva York se quedaron sin diarios duran­te más de cien días debido a la huelga de los trabajadores de la Unión Tipográfica Internacional que se oponían a la introducción de tecnologías electrónicas por acarrear la pérdida de muchos pues­tos de trabajo.

    La empresa periodística no puede ser muy ágil en su conjunto en adaptarse a las nuevas tecnologías de producción de periódi­cos, que se desarrollan con enorme rapidez, por su complejidad y porque necesita un tiempo para amortizar las últimas inversiones. Esa adecuación le supone un esfuerzo importante, pero no por ello deja de intentarlo. Le ocurrió lo mismo cuando se vio amenazada por los medios de comunicación audiovisuales: radio y, sobre todo, televisión. Ante ellos, no ha entrado a competir sino que ha reaccionado con la imitación: ha buscado en la imagen y en la oratoria de la televisión y de la radio ideas para sus páginas.

    El periodismo electrónico interactivo multimedia se halla todavía en una fase incipiente. Aunque los adelantos se suceden sin cesar, aún no se han aprovechado todas las posibilidades que la técnica ofrece. Ello es debido, en buena medida, al hecho de que la mayoría de los proyectos de periodismo electrónico multimedia interactivo los están llevando a cabo empresas dedicadas a la edición de periódicos impresos. Por ejemplo, hoy es perfectamente posible actualizar casi instantáneamente, tan o más rápido que la radio o la televisión, las informaciones.

    El periódico impreso ofrece noticias de ayer; la radio y la televisión, noticias de hoy, y hasta noticias de ahora mismo. El periódico electrónico en línea permite hacerlo también. Podrían ofrecerse noticias de hoy, y renovarse si se registran cambios. Es posible dar cuenta del terremoto sucedido hace unos minutos en determinada zona del mundo, y, a medida que se reciben nuevas informaciones, actualizar los textos, los gráficos, las imágenes, los sonidos incluso. Nuestro corresponsal en determinada guerra podría, con su ordenador y su teléfono portátiles, enviamos la última hora de lo que está ocurriendo en la última punta del mundo.

    Esta realidad se hará más palpable con el desarrollo de los enlaces telefónicos por satélite. En cambio, son muy pocos los que lo hacen hoy en día. Por el contrario, prefieren poner en la red telemática una edición electrónica con noticias de ayer. Eso tiene lógica en el caso del periódico tradicional, que tiene que ser impreso -a veces millones de ejemplares- y distribuido en los puntos de venta físicamente, lo que se hace a costa de tiempo. En el caso del periodismo electrónico en línea, eso no tiene sentido. Puede alegarse que no existen lectores suficientes para desarrollar proyectos originales de periodismo en línea, pero también es cierto que esos lectores no llegarán mientras obtengan lo mismo, o menos, que en la edición en papel, a la que están acostumbrados, que hoy en día se lee mejor y que, en muchos casos, les sale más barata. La mayoría de los lectores sólo se plantea el acceso a un periódico en línea cuando no puede conseguirlo de otra manera, o lo consigue muy tarde. Es el caso de los residentes en el extranjero, que no pueden leer de otra manera el periódico de su país, o de su ciudad, o tienen que esperar varios días a que llegue a donde viven o al servicio de correos, soluciones ambas bastante caras, por otra parte.

    El periodismo electrónico no puede limitarse a este servicio alternativo a la edición impresa. Es una de las razones que ha impulsado a investigar en otras formas de enviar y presentar la información, como antes se hizo, por ejemplo, con el periódico por fax. El desarrollo de la informática, la extensión de las redes telemáticas y la edición electrónica están, en cambio, provocando la aparición de nuevas formas de comunicación, cuyos modelos están por definir.

    La transformación del trabajo en la era Internet

    La creciente presencia y pujanza de lo que Negroponte ha popularizado como el mundo digital, así como las cada día mayores capacidades de conectividad, están propiciando una incertidumbre generalizada sobre cuáles serán las fronteras donde se remansen los cambios que se están produciendo. Y que afectan por igual a los trabajos que a los ocios, hasta el punto de desdibujar lo que permitía distinguir entre la actividad laboral y lo que era más específico del sosiego doméstico.

    La triple convergencia de factores tecnológicos, empresariales y regulatorios está abriendo un sinfín de posibilidades para repensar, por tanto, la vida cotidiana o el quehacer empresarial, aplicando maneras nunca vistas. La movilidad creciente y la disponibilidad de medios para no perder nunca el contacto en esta sociedad reticular están abriendo nuevos horizontes para lo que se ha dado en llamar las economías virtuales. Las empresas y sus empleados ya no necesitan encontrarse sobre unos territorios determinados ni precisan estar sobre espacios conexos, en el sentido de antaño. Necesitan e sí que la conectividad que les facilitan las redes les permita intercambiar informaciones, compartir decisiones y actuar con inteligencia y sentido en pos de los objetivos corporativos. Necesitan, en definitiva, que haya medios y procedimientos que faciliten los nuevos procesos de producción, comercialización y presencia en unos mercados que se ensanchan y se disputan sin parar. Y en los que no cabe defenderse mediante el abrigo de barreras regulatorias o la creencia de contar con eficacias y competitividades perennes. La innovación incesante e imparable hará añicos cualquier pretensión de esta naturaleza, desde las capacidades personales que aseguraban la empleabilidad hasta la jubilación.

    La competitividad empresarial empieza a depender cada día más de las capacidades de distribución y de la imaginación para concitar esfuerzos, sin que sea preciso que a quienes se invita a participar en los procesos empresariales tengan que estar codo con codo o pertenecer a la misma entidad mercantil que ha instrumentado la nueva cadena productiva. El nacimiento de empresas virtuales, está dando al traste con una organización que tenía en la fábrica y las organizaciones que en ella se articularon la expresión más fehaciente de dónde se manejaban recursos y como se asignaban responsabilidades para su empleo óptimo.

    Las empresas ya no tienen por qué tener unas presencias geográficas estables, ni tienen por qué suponer que todos los recursos tengan que ser propios o compartir los mismos reglamentos. La estabilidad se restringe así a los núcleos decisionales más específicos y se permite, en consecuencia, que se dispersen otros recursos y habilidades más genéricas. O que se convenga que tales recursos y potencialidades se aporten por unidades funcionales y empleados no permanentes o ni siquiera propios.

    Nos encontramos ante un cambio o transformación radical que se produce cada pocos cientos de años en la historia. Un cambio tan extenso y profundo que supone el que los nietos - y aun los hijos- sean incapaces de comprender el mundo en que nacieron sus padres. Uno de sus teóricos, Peter Drucker, considera que sólo ha tenido tres antecedentes:

    a) El siglo XIII, cuando, entre otros fenómenos, el mundo europeo cambió su centro del campo a la ciudad, surgieron los gremios como nuevos grupos sociales dominantes, renació el comercio entre grandes distancias y nacieron las universidades como nuevos centros de cultura, en sustitución de los monasterios.

    b) Un segundo antecedente se produjo después, con la invención de la imprenta, la Reforma protestante y el Renacimiento, el descubrimiento de América y la creación de la Infantería española, «primer ejército permanente desde las legiones romanas».

    c) La siguiente transformación se corresponde con la Revolución Industrial.

    Toffier, en su ya clásica obra La tercera ola, habla de tres oleadas: la agrícola, la industrial y la de la información, en la que acabamos de entrar.

    Ocurre ahora, sin embargo, que la transformación no se limita a la sociedad y a la historia occidentales. Es mundial. Global. Afecta a todos y es difícil predecir cómo va a ser el mundo que resulte de ella. De lo único que podemos estar seguros es de que la sociedad que surja del presente reordenamiento de valores, creencias, estructuras sociales y económicas, sistemas e ideas políticas será realmente diferente de lo que podamos imaginar. Puede que incluso sea necio tratar de predecir el futuro con una mínima pretensión de exactitud.

    El teletrabajo se inserta en el mundo social, económico y empresarial, tal y como queda expuesto en los capítulos anteriores. Y en un marco coyuntural como éste, con tantas potencialidades de estructuralidad, las nuevas formas de relación laboral ocupan un lugar preeminente. Tanto, que a veces resulta difícil escapar a la sospecha de que han adquirido una importancia simbólica desproporcionado a su realidad actual.

    No es extraño que el teletrabajo resulte atractivo porque, para muchos, este tipo de actividad laboral promete lo mejor de los dos mundos predominantes en la existencia del hombre actual en cuanto miembro del cuerpo social: plena participación en el mundo del trabajo con lo que tiene de integrador en la sociedad -, fundamentalmente en el tráfico internacional de ideas e información, y, al mismo tiempo, refugio en el santuario protector del hogar, libertad y vida de comunidad.

    Por eso puede decirse que, en principio, el teletrabajo tiene dos motivaciones principales:

    Una, racionalización del consumo de recursos individuales y sociales, fundamentalmente tiempo y energía, y de los costes empresariales, y dos, vuelta a la naturaleza o, al menos, a la comunidad de nivel más humano, como rechazo a la masificada sociedad industrial, con sus corporaciones monstruosas y sus ciudades incómodas, caras y deshumanizadas.

    También es cierto que estas ciudades son focos de actividad cultural y de relaciones sociales, pero estos papeles los irán asumiendo, cada vez más, las redes y los medios de comunicación: teatro, cine, conciertos, museos virtuales alcanzarán cualquier rincón del globo (y de cada hogar) con una variedad y diversidad prácticamente infinitas, vía cable. A su vez, la videoconferencia y las relaciones entabladas vía redes telemáticas pondrán en relación a personas y colectivos con similares gustos y aspiraciones en cualquier lugar del mundo.

    Por otra parte, el teletrabajo es un modo de organización del trabajo capaz de adaptarse perfectamente a las actividades de una proporción creciente de la población. Puede concernir a las actividades terciarias de todas las empresas, independientemente de su sector de actividad. Cuando se organiza adecuadamente, responde a las aspiraciones de los asalariados tanto como a la de las empresas, haciendoque se incrementen, al mismo tiempo, la satisfacción personal y la competitividad empresarial.

    En definitiva, el teletrabajo no es más que un modo de organización del trabajo que pretende ser más racional y sacar partido de los nuevos útiles de la informática y de las telecomunicaciones. Pretende responder a los nuevos tipos de contratos de producción de los servicios y a la evolución de los mercados.

    El teletrabajo anuncia, por otra parte, la aparición de estructuras socio-organi­zativas propias de la sociedad de la información. Y ha de analizarse a la luz de lo que supone el abandono de una civilización basada en los bienes materiales a otra en que predominan los bienes inmateriales. Algo que nos obliga a cambiar nuestras perspectivas para introducimos en un nuevo paradigma que nos permita comprender y organizar los nuevos modos de relaciones laborales.

    En este sentido, puede afirmarse que, al igual que el taylorismo fue una res­puesta organizativa al progreso técnico introducido por la mecanización, la organización fundamentada sobre el teletrabajo podría ser una de las respuestas al progreso inducido por la informática y las telecomunicaciones.

    De este modo, el teletrabajo tiene un brillante porvenir ante sí. Además, encierra una considerable ventaja competitiva. El taylorismo proponía una racionalización de los métodos de producción inducida por el gran impulso de mecanización de la eco­nomía industrial; del mismo modo, la organización del trabajo a distancia, al poner en función los múltiples progresos tecnológicos que se nos ofrecen hoy en día, va a representar una verdadera revolución en nuestras formas de trabajar. Sin embargo, contrariamente a la de Taylor, esta revolución beneficiará también al hombre, a su calidad de vida, a su autonomía y a su bienestar, tanto como a la productividad de las empresas.

    Pero el teletrabajo no tiene por qué presentarse como una ruptura impuesta por decreto. Son el pragmatismo, la evolución de las mentalidades, las situaciones con­cretas los que, lentamente, decidirán los nuevos modos de organización laboral.

    Definición

    Conceptualmente el teletrabajo se define como "trabajo a distancia". Esta definición, que es la más sencilla que se puede obtener, significa que la actividad profesional o empresarial se realiza en un lugar distante del que ocupa la organización o persona para la cual se realiza el trabajo.

    De una forma más precisa, y vinculada a los importantes avances de las nuevas tecnologías de la información, se define el teletrabajo como "actividad profesional realizada a distancia y haciendo uso de las telecomunicaciones". Esta definición, más exacta que la anterior, es la que comúnmente tiene mayor aceptación y lo que en este estudio se entenderá por teletrabajo.

    Para ilustrar este matiz considérese, por ejemplo, el caso de un agente de ventas. No se considerará que está realizando teletrabajo cuando desarrolle su actividad normal como se viene haciendo de manera tradicional, es decir, usando bloc y bolígrafo. Sin embargo, si a ese mismo vendedor se le equipa con un terminal portátil para captura de pedidos, los cuales envía a la oficina a través de las redes de telecomunicaciones, si utiliza el correo electrónico como medio de comunicación con su empresa y recibe las listas de precios y productos a través de un módem, sí se considerará que está realizando teletrabajo.

    Como puede suponerse el teletrabajo es un concepto en constante desarrollo, debido a la fuerte dependencia que tiene de las nuevas tecnologías en las que se basa. Esta evolución hace posible aproximar día a día un número mayor de actividades profesionales y empresariales al entorno de vida del trabajador. Por ello, el teletrabajo está haciendo evolucionar la concepción tradicional de ciertos métodos de trabajo.

    Evolución histórica del teletrabajo

    Las primeras referencias que se tienen del teletrabajo se producen en Estados Unidos durante la primera gran crisis mundial del petróleo, en la década de los 70.

    Ante la grave crisis y los cambios en las estructuras de costes, las grandes compañías americanas iniciaron procedimientos para la reorganización de sus recursos productivos, de manera que les permitieran disminuir el consumo de productos derivados del petróleo y con ello ahorrar gastos.

    Simultáneamente, en los ámbitos empresariales de aquella época comenzaron a tener difusión las nuevas teorías del management, que consideraban la información como un recurso estratégico para la empresa. Las tecnologías de la información, por su parte, comenzaban a experimentar un fuerte desarrollo tecnológico, por lo que se vio en ellas una herramienta que podría facilitar la distribución de la información a través de los distintos departamentos y sucursales de la empresa, al tiempo que podría significar un cierto ahorro en tiempo y coste de manipulación de la información.

    A ello se sumó la aparición de los ordenadores personales, en los que existía una gran integración de tecnologías, que empujó a estas compañías a realizar mayores inversiones en tecnologías de comunicaciones, por considerar que el uso de las telecomunicaciones podría significar, además de una nueva forma de distribución de información entre sus distintos centros de trabajo, un ahorro de combustible, cuyo precio estaba experimentando un fuerte y rápido crecimiento. Las empresas analizaron en profundidad el transporte físico interno y externo, y estudiaron los costes y beneficios asociados a cada una de las opciones y cómo podrían evolucionar al adoptar las nuevas tecnologías de comunicación. A partir de ese momento comienzan a emerger gran número de pensadores, autores e investigadores, que propugnan nuevas formas de organización para las empresas. Aparecen nuevos tipos de trabajo, que se denominan teletrabajo porque se realiza a distancia y utiliza las telecomunicaciones. Indudablemente, este punto fue crítico, y sin el avance paralelo de las tecnologías de la información, el teletrabajo habría quedado en una simple teoría sin demasiadas posibilidades de evolución, al no poder ampliar su contenido progresivamente.

    En la década de los 80 existe ya un gran número de investigadores y estudiosos del teletrabajo, al tiempo que se inician algunos proyectos piloto en este campo. Aparecen también sus primeros detractores, que opinan que el simple beneficio económico no justifica el profundo cambio estructural necesario en la empresa, y, por lo tanto, propugnan que se estudien con mayor detalle los efectos que este cambio de filosofía laboral puede provocar en el trabajador y en la estructura organizativa de la empresa.

    El teletrabajo deja de considerarse un simple trabajo con cierto contenido tecnológico para convertirse en un auténtico fenómeno social, que es preciso analizar desde diversos puntos de vista y desde diversas perspectivas.

    A través de esta evolución, se van produciendo cambios de mentalidad en las organizaciones empresariales y en los trabajadores. Se pasa, por ejemplo, de un concepto de centralización de los servicios de la empresa, anterior al uso de estas modernas tecnologías, a una concepción de descentralización de la organización. De un concepto de horario fijo a otro de horario flexible. Cambian también el concepto de servicio, considerado tanto en el sentido interno, es decir, hacia otros departamentos de la propia empresa, como en el externo, es decir, el que se da al cliente o a otras empresas. Consecuentemente, se redefinen las relaciones con trabajadores, clientes y proveedores.

    Analizando, por ejemplo, el cambio organizativo necesario para la descentralización en la empresa, se observa que desde la revolución industrial la tendencia en los países desarrollados había sido centralizar las actividades en el lugar de trabajo. La razón era simple, ya que se necesitaba estar cerca de los proveedores de materias primas, de los trabajadores y de las vías de transporte.

    A partir del momento en el que el sector industrial empezó a perder importancia como fuente de empleo en favor del sector servicios, los trabajos aparecían bastante más ligados a la creación, transformación y envío de información, por lo que los trabajadores necesitaban hacer cada vez mayor uso de las nuevas tecnologías de la comunicación, como teléfono, ordenador personal, etcétera.

    Los grandes ordenadores corporativos pasaron a configurarse como redes de ordenadores departamentales de menor tamaño, interconectados entre sí y con permanente intercambio de infamación con otras redes. Los ordenadores personales pasaron a formar parte de las redes departamentales, sustituyendo, por sus mayores prestaciones y menor coste, a los terminales.

    El software, por su parte, también comenzó a hacerse más flexible y más fácil de utilizar por el usuario, lo que acercó las tecnologías de la información a nuevos grupos de usuarios que carecían de la fuerte especialización en el uso de esas tecnologías que hasta ese momento se necesitaba.

    Por otro lado, las redes públicas de comunicación empiezan a soportar mayor capacidad de transmisión de datos, ofreciendo nuevos tipos de servicios y prestaciones. Con esta nueva situación parece que la centralización ya no es un imperativo para el correcto desarrollo de la actividad empresarial.

    Se llega, por lo tanto, a la conclusión de que puede ser tal el número de tareas y actividades que habría que redefinir, que podría merecer la pena iniciar un profundo cambio organizativo de la empresa y de los servicios para que, orientándolos hacia la información, se pudiera hacer uso de todas las tecnologías al alcance del trabajador.

    Conclusiones

    Uno de los pilares básicos de las autopistas de la información y de Internet es, aunque resulte evidente, la información.

    Lo cierto es que con Internet y las nuevas tecnologías de la información, especialmente, nunca en la historia del hombre habíamos estado tan bien comunicados, ni se había llegado a ese grado tal de acceso barato y directo a la información. El salto cuantitativo de la información que supone Internet conlleva un gran impacto social, lo que se está llamando la nueva era de la información.

    Eso también presenta graves problemas debido a la dificultad de hallar aquello que en concreto se busca. Esto último ha propiciado la creación de nuevos departamentos en le mundo de la empresa para estas tareas y al mismo tiempo están en auge las máquinas y programas buscadoras más potentes para así evitar la pérdida de tiempo y el estrés que provoca el exceso de información.

    Todo este avance es muy positivo de cara a los países occidentales pero pensamos que aquí hay un detalle crucial: el desfase tecnológico entre el norte y el sur. ¿Cómo pueden impactar las autopistas de la información en este “escalón universal”?. Pensamos que aún con dificultades las autopistas de la información ofrecen una oportunidad muy buena para mejorar la calidad de las comunicaciones (al ser más rápido y más barato que los medios tradicionales como el correo o el teléfono) y con ello mejorarán las ayudas para los países más necesitados.

    También vemos otra idea muy positiva: es una forma inmejorable de enterarnos con veracidad de las noticias que ocurren en los países pobres (económicamente hablando). Recordemos que en éstos ha sido demasiado frecuentes aún los intereses coloniales de los gobernantes de los países occidentales. Éstos, lógicamente, esconden noticias muy crudas que de enterarse la opinión pública, cada vez más sensibilizada en estos temas de desigualdad y ecología, no toleraría.

    Además de estar mejor informados “de las mismas fuentes” gracias a Internet y las autopistas de la información, la telecompra deja en evidencia las desigualdades en el mundo. La explicación es sencilla. Se supone que en Internet los precios deberían ser los mismos para todos los internautas, pero lo que ocurre es que el nivel de vida en los distintos países no es el mismo. Ese hecho nos obliga a cuestionarnos cuál es el destino de la humanidad. Si vamos hacia la uniformidad del planeta con un reparto equitativo de la riqueza o bien se pondrán los precios adaptados a las características de cada país y todo continuara como hasta el momento. Sea como fuere, lo importante es la evidencia de que algo no está funcionando bien y cuando menos obligará a los economistas a hacer una profunda reflexión.

    La técnica, en este caso las telecomunicaciones, juega aquí un papel importantísimo que puede provocar la reacción de las personas que pueden “palpar” in situ, consultando las propias fuentes de información, las evidencias que los medios de comunicación tradicionales esconden.

    Hablando sobre nuevas tendencias en tecnología, parece ser que entre las opciones que se están barajando destaca la idea de utilizar la televisión para conectarse a Internet. Eso aumentaría por un lado la penetración de la red en los hogares, ya que hoy día la TV ocupa el lugar principal en la habitación que más tiempo se pasa. Por otro lado, tendría la ventaja de que si empieza a instalar cable óptico para la TV (cosa que no puede pasar a corto plazo) la capacidad del cable aumentaría considerablemente, mejorando con ello las velocidades de transmisión y los tiempos de espera para cargar las webs.

    Se evidencia aquí un nuevo problema: el control de la comunicación. Hoy en día Internet es un medio un tanto selvático donde aún no existen legislaciones ni controles claros. Si bien los medios de comunicación tradicionales están sometidos a un fuerte control del dinero cabe preguntarse si ocurrirá lo mismo en Internet y las demás opciones comunicativas.

    Ahí subyace el compromiso: es preciso un control que evite mentiras, fraudes y errores que puedan llegar a ser muy graves pero a su vez se trata de que no coarte las libertades personales de los usuarios.

    Sobre el tema de la legislación me gustaría comentar que Internet, al igual que otros medios comunicativos, parece que tengan como una ética implícita: cuando alguien toma una determinación sobre la red la comunidad de internautas suele unirse para realizar acciones al respecto como poner “bombas” por e-mail a alguien como protesta, enviar cartas a miles de personas para colapsar la red, etc.

    Por ejemplo, algo que nos resulta muy cotidiano y que vivimos de cerca es el terrorismo de ETA. Parece ser que existe una página dedicada a Herri Batasuna que habla de las penurias y faltas de democracia en Euskadi. En julio del año 1998 asesinaron a un concejal del PP de Ermua en Guipúzcoa, la comunidad en la red se rebeló contra Herri Batasuna colapsando dicha web.

    Por lo visto, ironías de la incomunicación del mundo más comunicado que existe, todavía no sabían que los miembros de ETA son terroristas y no miembros de un grupo de liberación nacional o algo así como gran parte de los internautas pensó. Por suerte ya lo han corregido y aunque les ha costado un poco de tiempo enterarse ya han reaccionado. Así pues, sobre la legislación habrá mucho que discutir en un futuro próximo.

    Es curioso comentar la discusión que ha provocado la idea del teletrabajo. Existen quienes lo defienden con gran firmeza insistiendo en que de este modo no sólo es más rentable para la economía de los particulares por el hecho de reducir el número de traslados a las grandes urbes sino que además es mejor para la ecología. Entre los detractores, la idea que tienen es que si bien las personas pueden vivir en lugares alejados de las grandes urbes gracias al teletrabajo, ese hará aumentar la polución en esos mismos lugares. Parece ser que como siempre todo resulta un compromiso y la respuesta estará en un equilibrio justo entre las dos opciones.

    Cabe destacar también el impacto de las autopistas de la información en las redes telefónicas ya que también es posible, con un equipo adecuado de audio, establecer llamadas telefónicas a precio de tarifas planas. Además, con el ritmo creciente de la red, las empresas telefónicas empiezan a barajar posibilidades por tiempo de uso más que por una tarifa común, siendo así la política como “tanto se usa, tanto se paga”.

    Sin embargo, se observa que si bien es cierto que estamos mejor comunicados en general con todo el mundo gracias a los avances tecnológicos de las autopistas de la información, parece que se prevé el mayor cambio en la historia jamás visto por el salto cuantitativo en la comunicación que se nos avecina. Si se analiza el cambio de hábitos que esto está provocando, queda claro que hay un mayor número de personas comunicándose, pero al mismo tiempo, puede estar disminuyendo la relación interpersonal presencial, la de persona a persona. Así pues, parece paradójico que un aumento cualitativo de las comunicaciones pude producir una disminución brutal de las relaciones interpersonales presenciales.

    Por poner ejemplos, antes era casi imposible resolver las cosas cotidianas aisladamente en una empresa, centro escolar, etc. como despachar asuntos burocráticos diversos con los diferentes encargados, administrativos, etc. Ahora y en el futuro, gracias a las nuevas tecnologías mediante el correo electrónico es posible realizar estas actividades aisladamente. Apenas debe necesitarse la presencia física para firmar cuando así se requiera y de hecho ni tan siquiera eso cuando se avance en la firma electrónica.

    Con esto, lo queda claro es que las relaciones interpersonales, “físicamente” hablando, sin duda van a disminuir y con ello se pierde una parte del trato humano directo cuyas consecuencias están por observar.

    El ocio parece que de momento se llevará el 50% de los servicios de Internet. Parece mentira pero es que entre los juegos y la pornografía realmente esto es así.

    Los niños permanecen una media de tres horas en Internet cuando la utilizan mientras que los mayores sólo están una hora según la consultora Find/svip de USA. Esto queda plasmado en los contenidos de la red. Hay una gran cantidad de juegos en la red, pero de hecho los que parecen tener más éxito son los MUD (Multi User Dimension) como por ejemplo el juego del Diablo que gracias a la tecnología de los chats permite el juego on line de múltiples usuarios aunque estén en los lugares más dispersos del planeta.

    El crecimiento de estos juegos se debe entre otras cosas a la interactividad que permiten. La mayoría son juegos de rol donde cada cual escoge su personaje que debe representar, y al igual que su versión no virtual estos juegos están teniendo mucho éxito.

    Por otro lado la pornografía es un tema que también está preocupando sobretodo a las empresas que ven como se les va el tiempo y el dinero malgastado por sus trabajadores al visitar webs porno (básicamente fotografías) de Penthouse y Playboy, que en este momento son las webs más visitadas de Internet, según varias consultoras americanas.

    En ambos casos deberíamos analizar el cambio de hábitos e impacto psicológico que ello conlleva. Si bien parece que comunica a personas que en la realidad serían apocadas o tímidas cabe preguntarse si de este modo se resuelven sus problemas o sólo es un “apaño” momentáneo.

    Cabe destacar el impacto de las tecnologías de la comunicación en la educación. Es realmente increíble por la gran cantidad de posibilidades que se abren en este campo. Desde la enseñanza a distancia a el complemento que puede aportar para los métodos tradicionales, lo cierto es que se tata de una ventana abierta al mundo que sin duda, a los más curiosos entre todos, los niños, les ayudará a tener un conocimiento más profundo. Además, la interactividad que caracteriza a las nuevas tecnologías la hace amigable y les invita a adentrarse en todo un mundo desconocido e intenso.

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