Integración de niños sordos

Educación especial. Niños. Sordera. Organización escolar. Aprendizaje. Maestro. Lenguaje oral. Lectura labial. Mecanismos. Signos. Práctica educativa

  • Enviado por: NaSha
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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La organización escolar:

La primera cuestión importante que surge al plantearnos la programación escolar más adecuada para el desarrollo de los aprendizajes escolares del niño sordo es el tipo de escuela en la que el alumno va a ser escolarizado: una escuela ordinaria de integración, con sus diversas posibilidades, o una escuela específica para sordos. Sin embargo, esta primera decisión es solamente una de las que deben realizarse en relación con el programa educativo más adecuado para el desarrollo del niño sordo. Las importantes diferencias que existen entre los alumnos sordos exigen una consideración diferencial e individualizada de sus necesidades y, por tanto, del currículum escolar correspondiente. Sin duda, aquí se encuentra una de las claves de las posibilidades de progreso en los aprendizajes escolares del alumno sordo: la aceptación consecuente de la organización escolar, los objetivos y métodos pedagógicos, las ayudas proporcionadas, la distribución de materias y el horario escolar, etc., tiene que adaptarse a los niveles de cada alumno, a sus posibilidades de aprendizaje en cada momento. La decisión a favor de la integración exige un proyecto educativo y encierra en sí misma la necesidad de ir estableciendo la forma específica en la que va a concretarse esa integración para cada uno de los alumnos sordos escolarizados.

Ciertamente, la finalidad de la educación es la misma en todos los casos: favorecer el desarrollo personal, emocional, intelectual y lingüístico, la interacción social con los otros, el conocimiento de la sociedad y de las personas y proporcionar las habilidades necesarias para poder incorporarse de la forma más activa y autónoma posible al mundo de las relaciones personales, del trabajo y de la sociedad. Son estas, en resumen, las metas más importantes que persigue todo proyecto educativo, teniendo siempre en cuenta las posibilidades concretas de cada sujeto. Sin embargo, lo que debe también incorporar cualquier proyecto educativo son los objetivos más específicos, las formas concretas en las que se pueden descomponer aquellas metas generales para que puedan ser alcanzadas, los métodos de enseñanza o estrategias educativas que posibiliten, a su vez, alcanzar estos objetivos. Y los objetivos y los medios, los contenidos y la metodología, el qué y el cómo deben acomodarse a las características de los alumnos sordos, adaptarse a sus posibilidades específicas, incidir en aquellas habilidades que con mayor seguridad pueden favorecer todo el desarrollo y el aprendizaje. Por todo ello, el currículum y los programas de trabajo no deben ser homogéneos, iguales para todos los alumnos de una clase, ni siquiera iguales para los alumnos sordos integrados en la misma clase, sino que deben responder a las peculiaridades específicas de cada alumno.

El papel del maestro de apoyo especialista en la educación del niño sordo:

En la gran mayoría de los casos, la integración del niño sordo requiere la presencia de un maestro especialista de la educación del niño sordo que colabore con el maestro dentro del aula de integración para favorecer el progreso del niño y su aprendizaje.

Hay en esta primera afirmación un aspecto que merece destacarse: la necesidad de que el maestro de apoyo sea un especialista en la educación del sordo. Esto supone un conocimiento del desarrollo del niño, de sus procesos de aprendizaje y de los métodos más adecuados para que adquiera el lenguaje oral.

Igualmente debe tener competencia suficiente para utilizar los medios de expresión y comunicación que se ajusten mejor a sus posibilidades. Esta preparación específica del maestro de apoyo para colaborar con éxito en el desarrollo del niño sordo incluye también el conocimiento del lenguaje de signos. Parece razonable que entre las habilidades que debe poseer el maestro de apoyo o el logopeda que trabaja directamente con el niño, para ayudarle a resolver los problemas que encuentra en clase o hacerle más fácil la comprensión de lo que se transmite en el aula, esté el conocimiento del lenguaje propio de los sordos. Esto no quiere decir que este lenguaje deba ser utilizado necesariamente con el niño sordo. Dependerá en cada caso de las posibilidades educativas del niño y de la mayor o menor necesidad de emplear varios sistemas de comunicación con él. La decisión más adecuada depende también de la historia comunicativa den niño y del proyecto pedagógico del centro en relación con la integración del niño sordo. Otro de los puntos que suscitan discusión es el de la forma concreta de llevar adelante el apoyo que el niño necesita. De nuevo aquí hay que comenzar señalando que depende de las características del niño y de sus posibilidades comunicativas y de aprendizaje. No obstante, es posible indicar situaciones más diferenciadas: ayudando al maestro tutor o trabajando fuera de la clase en el aula de apoyo o aula de logopedia.

En la primera situación, la colaboración puede a su vez adoptar diversas modalidades. En unos casos, el maestro de apoyo necesita y prepara materiales, información, textos..., para que el tutor los utilice en clase con el niño sordo. En otros casos, puede trabajar directamente con el niño sordo, explicándole los temas que se han suscitado, clarificándole interrogantes y presentándole un plan de trabajo más adaptado al nivel del niño sordo. Finalmente puede también realizar su tarea con un grupo de alumnos entre los que está el niño sordo. De esta forma, no sólo explica la información, sino que al mismo tiempo puede impulsar, canalizar y facilitar la comunicación y el intercambio en el trabajo entre alumnos oyentes y el alumno o alumnos sordos. Esta modalidad grupal, incluso cuando se realiza fuera de clase, tiene un enorme valor pedagógico y contribuye a favorecer la integración del niño sordo.

En la segunda situación, el maestro de apoyo trabaja con el alumno fuera de la clase, en el aula especializada o de apoyo. Normalmente este trabajo se centra en la adquisición y desarrollo del lenguaje y/o en el aprendizaje de materias que son difícilmente asimilables con los compañeros oyentes. Aquí también la organización del trabajo puede ser individual o en pequeño grupo.

Las distintas modalidades que se han indicado de forma esquemática no deben entenderse como excluyentes. Por el contrario, en gran número de alumnos sordos integrados es muy positivo que la labor se realice tanto dentro del aula como en el aula de apoyo, variando el tiempo en una o en otra en función del nivel y de las posibilidades del niño sordo.

Lenguaje oral en el niño sordo:

La adquisición del lenguaje orla es una tarea larga y difícil para el niño sordo, que exige unos esfuerzos constantes. Durante los primeros años, el niño no encontrará la misma satisfacción que el oyente en el hecho de hablar, ya que su lenguaje será aún muy pobre y le entenderán muy pocas personas. Durante estos años se servirá del lenguaje oral para pedir cosas, pero difícilmente para expresar sus sentimientos, sus dudas... Estas dificultades refuerzan el planteamiento de facilitar el aprendizaje del lenguaje oral en situaciones de juego, que motiven al niño, y en los que encuentre alguna compensación a sus esfuerzos.

La pérdida auditiva del niño sordo, y su consiguiente imposibilidad de percibir la mayoría de los sonidos, obliga a tener en cuenta un conjunto de normas elementales de comunicación. Por delante de todas ellas hay que tener siempre presente que la comunicación supone intercambio, atención compartida y referencia conjunta. Cualquier programa para el desarrollo de la comunicación y del lenguaje debe estar basado e estos prerrequisitos:

1) Lo más importante es que el niño nos mire a la cara cuando hablamos, que vea nuestro rostro. Esto debe conseguirse sin obligarle; debe ser la expresión, la mirada, la mímica corporal, los gestos faciales..., los que lleven al niño a buscar nuestra cara durante la comunicación. Si queremos dirigir su mirada orientando su cara con nuestra mano cada vez que queramos hablarle, es muy probable que con el tiempo esto le resulte desagradable y que, a la larga, se produzca un bloqueo en la mirada. Esto no quiere decir que no podamos recurrir a tocarle en el cuerpo o incluso en la cara suavemente, cuando queramos indicarle que la vamos a decir algo, lo mismo que los niños oyentes les llamamos por su nombre para que nos atiendan. Dada la importancia de que el niño mire a su interlocutor (lectura labial), la situación ideal de nuestra comunicación es cuando nos mira de forma espontánea.

2) Nuestro rostro debe estar frente al del niño, no de lado ni ligeramente ladeado, con el fin de facilitar la lectura de los labios. La mejor situación es que nuestro rostro esté a la altura de los ojos del niño, por lo que el adulto debe adaptarse para conseguir este objetivo en los intercambios comunicativos.

3) Hay que procurar no hablar deprisa, fundamentalmente para que el niño pueda apreciar mejor el movimiento de los labios, pero sin que una excesiva lentitud dificulte la percepción de cada palabra como una totalidad, ni la secuencia de palabras.

4) Hay que vocalizar claramente, pero sin exageración, ya que se puede llegar a deformar la articulación y el movimiento de los labios en el intento de facilitar la lectura labial.

5) No hay que utilizar una comunicación excesivamente reducida. Hay que emplear frases sencillas, pero completas. No utilicemos nunca un estilo telegráfico; proporcionaremos al niño modelos gramaticales sencillos, fundamentales para la construcción del lenguaje.

6) Hay que hacerse entender, darle al niño todas las pistas posibles -gesticulación, mímica, etc.- que le ayuden a comprendernos y a conectar con él. Si nuestro rostro no sugiere nada el sordo dejará de atenderlo.

En general, se trata de ser expresivos, y para ello hay que recurrir a todos los medios: hay que comunicarse con los labios, con las manos, con los ojos, con todo el cuerpo.

La lectura labial:

La lectura labial es la habilidad de llegar a entender un lenguaje a través del movimiento de los labios. Es, pues, un método visual, imprescindible para que el niño sordo pueda comprender la comunicación oral. La lectura labial es una tarea difícil. Complicada, lenta y relacionada principalmente con el conocimiento previo que tengamos del lenguaje.

El entrenamiento de la lectura labial:

Lo primero es cumplir las normas de comunicación que señalábamos anteriormente, a la vez que entrenamos al niño a que fije su intención en los labios.

La lectura labial no es una habilidad que entrene sólo el especialista, sino que es algo que todos los implicados en el proceso educativo del niño deben tener en cuenta y favorecer, ya que las mejores situaciones para practicar la lectura labial son las cotidianas y naturales, a través de los intereses del niño, cuando observamos que está receptivo, etc. Especialmente son los padres quienes, teniendo la necesidad de comunicarse con su hijo, y porque disponen de más tiempo para estar a su lado, deben ejercitar este apartado.

Lo principal es hablarles una y otra vez de las mismas cosas, hablarles de la “luz”, cuando la encendemos, cuando la apagamos, cuando un juguete tiene una luz intermitente... Cualquier momento es bueno para practicar, sin forzar. Le hablaremos sobre los objetos utilizados mientras se le baña, mientras come, de lo que vemos mientras paseamos por la calle, el zoo, el campo... Estas situaciones son tanto o más útiles que las situaciones concretas de trabajo.

Mecanismos que facilitan la lectura labial:

Ni el niño sordo ni nadie podrá leer en los labios una palabra que no conoce.

Además sólo por lectura labial es difícil que el niño sordo aprenda a hablar ni a entender el lenguaje. Por tanto, lo primero que tenemos que lograr es que adquieran un vocabulario, para que posteriormente lo puedan leer en los labios.

Para conseguir este objetivo es necesario utilizar todos los recursos que tengamos, y sean más accesibles para hacer llegar nuestro mensaje al niño sordo:

1) Pistas visuales: hay que apoyarnos, al principio, en todas las pistas perceptivas de que dispongamos para que vaya conociendo las palabras, y vaya asociando un determinado movimiento de los labios con una palabra. Cuando le hablemos de la silla señalémosla, mostremos distintas fotos de sillas, hagámosle un dibujo...

2) Contexto natural: presentémosle las palabras dentro de un contexto familiar, cotidiano. Hablémosle del peine cuando lo tiene en la mano y se está peinando; del vaso cuando está bebiendo.

3) Utilización de la mímica: podemos acompañar la palabra con un gesto natural, o un signo. El niño adquirirá primero el vocabulario a través de la mímica, y a la vez comenzará a asociar un determinado movimiento de los labios con un determinado gesto o mimo.

El lenguaje de signos en la práctica educativa:

En la práctica educativa, tanto maestros como especialistas pueden utilizar el lenguaje bimodal fundamentalmente como sistema de comunicación con el niño.

Esto nos permite hacer más natural la relación con él, ya que es posible comentar y expresar muchas más situaciones. Así mismo, el niño podrá expresarse con mayor precisión y amplitud.

Aunque se pretende que la adquisición de los signos sea natural, es interesante utilizar algunos signos de manera más sistemática, especialmente aquellos que se refieren a nociones fundamentales que pueden plantear más dificultades al niño sordo:

1) Nociones espaciales (dentro, donde, fuera, debajo...)

2) Nociones temporales (cuando, después, pronto, rápido, despacio...)

3) Nociones causales (porque, para...)

4) Categorías (tamaños, colores, formas...)

5) Preguntas concretas (qué hace, quién, cuántos...)

En general, el lenguaje de signos permite el desarrollo de actividades que sería muy difícil llevar a cabo con una comunicación exclusivamente oral:

1) Contar cuentos y secuencias lógicas de acción.

2) Planificar el juego, o las actividades que se van a hacer.

3) Comentar y recordar lo que se hizo el día anterior.

4) Explicar lo que sucede, por qué hay que hacer unas cosas y otras no.

5) Etcétera

Mapa Conceptual:

  • Lo primero que hay que decidir, es la escuela a la que acudirá el niño (ordinaria de integración o una escuela específica para sordos).

  • Los niños sordos exigen una atención individualizada.

  • La aceptación de la organización escolar, objetivos y métodos pedagógicos, ayudas, horarios… son posibilidades de progreso en el aprendizaje.

  • La finalidad de la educación es: favorecer el desarrollo personal, emocional, intelectual y lingüístico, conocimiento de la sociedad, habilidades para integrarse en la sociedad en general.

  • El currículum y los programas de trabajo deben ser específicos de forma individual; ya que cada niño tiene unas necesidades diferentes al resto.

  • La integración de un niño sordo requiere la atención de un maestro especializado en el aula, que colabore y le ayude.

  • Es importante que este maestro conozca el lenguaje por signos, ya que de este modo podrá atender de un modo más adecuado al niño, a la vez de facilitarle el aprendizaje, la comunicación...

  • La adquisición del lenguaje oral es difícil para el niño sordo. Su lenguaje será muy pobre y pocas personas le entenderán.

  • Cuando hablamos es importante que el niño mire nuestro rostro (mirada, los gestos, las expresiones faciales…), nuestra cara debe estar enfrente de la suya, no de lado; procurar hablar despacio para que pueda entendernos, vocalizar claramente, utilizando frases sencillas ayudándonos de mímica, expresiones corporales…

  • La lectura labial, es un modo de poder comprendernos a través de la comunicación con un niño sordo.

  • Con habilidad debemos repetirle muchas veces el nombre de los objetos, contándole para que sirven, insistiendo en las palabras… de modo que ofrezca su atención en nuestros labios.

  • Si el niño no conoce una palabra no la podrá leer en nuestros labios, por eso es necesario que vayamos dándole conocimientos sobre los conceptos señalándolos por ejemplo, y a través de expresiones o mímica.

  • Hablar a través de signos le dará mayor libertad al niño para comunicarse.

Reflexión:

En mi opinión, creo que los niños con déficit auditivo deberían acudir a centros especializados, donde tuvieran la oportunidad de compartir con otros niños con problemas similares, diferentes situaciones y sobretodo un aprendizaje. Pero por otra parte, también creo que tienen derecho a acudir a escuelas ordinarias si lo desean, siempre y cuando tengan alguna ayuda específica individualizada, ya que como es lógico no tendrán las mismas facilidades que un niño completamente sano.

Creo que es importante que el niño sordo reciba unos aprendizajes propios para sus necesidades. Como he redactado antes el lenguaje a través de la expresión labial es muy importante, pero con el lenguaje de los signos es mucho más fácil comunicarse con los niños con estos déficit. Con el lenguaje de signos les resulta mucho más fácil expresarse y “hablar” que a través de los labios.

Me parece muy buena idea que cada niño sordo pueda tener un maestro especial para resolver problemas, y que pueda atenderle de forma individual.