Integración de inmigrantes en España

Sociología. Migración. Movimientos migratorios españoles. Inmigración. Fases. Factores. Estado del Bienestar. Instituciones españolas. Políticas. Educación y formación. Acceso a servicios sanitarios y sociales. Estrategias

  • Enviado por: Floren
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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EL ESTADO DEL BIENESTAR Y LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA. SU INTEGRACIÓN SOCIAL

MÓDULO DE ESTRATEGIAS Y POLÍTICAS DE NUEVA AGENDA EN EL ESTADO DEL BIENESTAR

MASTER EN GESTIÓN Y ANÁLISIS DE POLÍTICAS PÚBLICAS

INDICE

I.- INTRODUCCIÓN A LA INTEGRACIÓN DEL INMIGRANTE

1.- Fases de la integración

2.- Factores de la integración

II.- EL ESTADO DE BIENESTAR Y LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA

1.- Las instituciones del bienestar y la integración de los inmigrantes

2.- Políticas de integración de los inmigrantes y políticas de bienestar

3.- Acceso de los inmigrantes a la educación y a la formación

4.- Acceso de los inmigrantes a los servicios sanitarios

5.- Acceso de los inmigrantes a los servicios sociales

III.- ESTRATEGIAS Y NIVELES DE INTEGRACIÓN DE LOS INMIGRANTES

Nota: el presente trabajo se ha elaborado consultando fuentes y publicaciones editadas por el Servicio de Publicaciones del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (Instituto de Migraciones y Servicios Sociales, serie OFRIM, serie ESTUDIOS); Consejería de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid); Delegación del Gobierno de Madrid etc.-

I.- INTRODUCCIÓN A LA INTEGRACIÓN DEL INMIGRANTE

Desde el momento mismo en que una persona decide abandonar su país para incorporarse a otra nación, en especial si su objetivo es trabajar, se inician en ella una serie de procesos de toma de decisiones, fundamentalmente, de tipo sociológico, económico y psicológico. Uno de esos procesos y sin duda no el menos importante, consiste en esa disposición inicial a hacer un esfuerzo por acomodarse, en una forma variable y progresiva a esa parcela del mundo a la que se dirige. Tal predisposición adaptativa requiere unas condiciones mínimas iniciales por parte del emigrante y el apoyo que pueda prestarle el país de acogida.

Este auténtico entrar en una “casa ajena” para vivir y participar en ella - a la que se reduce en definitiva el emigrar - supone una voluntad recia por parte del emigrante y un espíritu de comprensión y reciprocidad por parte del país de acogida.

Ya desde hace tiempo se ha reconocido como terminología más adecuada la de integración, prefiriéndola, desde luego, a la de asimilación. Al hacerlo se ha querido expresamente alejar del concepto de integración toda idea de absorción, de desaparición del inmigrante, en cuanto a la desposesión de su mentalidad y personalidad, así como de su cultura, sus ideas, costumbres e idioma.

Podemos configurar la integración como un esfuerzo recíproco- del inmigrante y de los nacionales - de comprensión mutua, que permita, aceptando y haciendo propios los aspectos positivos que se encuentren en el otro, respetar y conservar aquellas particularidades nacionales que se consideren necesarias y fundamentales, aceptando las tradiciones culturales, religiosas y étnicas sin imponer las propias.

1.- Fases de la integración

Configurada la integración como un proceso que se lleva a cabo lentamente, dependiendo del paso del tiempo de un lado y de la superación de una serie de obstáculos espirituales y materiales, de otro, parece necesario abordar la cuestión de la descripción muy variable de estas fases, que pese a su diversidad, cabe sistematizar.

El proceso no es aplicable más que a emigraciones de cierta duración, pues en las consideradas temporales o inferiores a un año, no parece que pueda pretenderse hablar de integración en un sentido sociológico auténtico. En ese marco puede hablarse, en principio, de las siguientes etapas: la integración que podíamos llamar a distancia o preintegración, la integración inicial, ya en el país de destino y la integración definitiva, también en el país de acogida. Esta última fase supone, al menos, un conocimiento del idioma, la toma de contactos periódicos con los nacionales, la participación de los niños de la familia inmigrante en el sistema escolar y el reconocimiento objetivo de los pros y los contras de la nación de origen y de la nación a la que se ha inmigrado.

Los primeros pasos en el camino de la integración hacen referencia a hechos puramente externos y relativamente superficiales culturalmente hablando. El inmigrante en el nuevo país acepta la forma dominante de vestido, acepta el tipo de alimento, adquiere las técnicas de trabajo y se va conformando a los hábitos del grupo. El cuerpo de cultura material es aceptado prontamente y en general sin resistencia emocional. Más tarde y más lentamente, aprende el idioma, si ese es el caso, y con él puede apreciar ya algo los valores inmateriales que le rodean. Hace amistades, participa en la vida política y comunitaria, coopera con otros en el esfuerzo por intereses comunes y en cierta forma se va atando con lazos de interés y de sentimiento con su grupo. Cada día que pasa, se define en los términos de sus compañeros y desarrolla un sistema de actividades similares hacia ellos. Al mismo tiempo sus recuerdos y lazos sentimentales con su antigua cultura disminuyen.

Puede hablarse, en definitiva, de tres fases bien diferenciadas:

  • Adaptación: se trata de un período de corta duración durante el cual el inmigrante se va haciendo al su nuevo país. Hay naturalmente que contar con que en este periodo juegan una serie de factores personales y familiares, que harán más o menos difícil su superación.

  • Asentamiento: Físico, individual y moral. Fundamentalmente consiste en encontrar un trabajo estable y satisfactorio, lograr la documentación que le permita disfrutar de una residencia permanente en el país si carece de ella, tener hogar propio, recibir a su familia y educar a los hijos.

  • Integración: en sentido específico, es decir, un compartir humanamente con los nacionales, poder hablar en su idioma, sentirse acogido y querer ser acogido.

  • Aculturación: es decir, habituación a las modalidades culturales, políticas y sociales del país de acogida. Aceptación y compenetración con las normas, maneras de pensar y actuar.

  • Nacionalización: fase que se ha venido considerando como el estadio último de la integración, aunque no siempre sea exacto en un orden sociológico.

  • 2.- Factores de la Integración

    Se ha hablado de tres factores ineludibles que influyen decisivamente en la progresiva integración del inmigrante y a su vez en las actitudes que los nacionales mantienen respecto a aquellos. Estos son: la predisposición del inmigrante a cambiar, la disposición de la sociedad receptora a reconocer las diferencias y finalmente el grado de estabilidad, o dicho de otra forma, el tipo de estructura del área receptora.

    Así pues, esquemáticamente, puede hacerse referencia a factores individuales de un lado y factores sociales de otro, combinados ambos con los tipos de emigración, que afectan a las relaciones sociales de los inmigrantes y a las diferencias socioculturales entre áreas de origen y destino.

  • Factores individuales. Se entiende por tales aquellos que hacen referencia a una situación personal del inmigrante y que en su gran mayoría dependen con exclusividad de él mismo, dado que antes de su partida puede conocer una serie de circunstancias que le afectan. Dentro de este tipo de factores pueden incluirse:

  • Causas de la emigración: es evidente, al menos estadísticamente, que el motivo de emigrar tiene en la mayoría de los casos una raíz económica, pero también es cierto que tras ella existen una serie de circunstancias no económicas: ideológicas, políticas, sociales, religiosas, etc.

  • Sexo: se ha debatido sobre la mayor o menos capacidad del hombre y de la mujer para la integración. En un mundo con una mentalidad bien distinta sobre lo femenino y su lugar en la sociedad de la existente no hace más de cincuenta años, no creo que quepa hacer distinciones. La penetración de la mujer en todos los sectores de la vida nacional, permiten sólo hacer referencia a un menor grado de integración atribuido a la mujer en su calidad de ama de casa (en el único caso en que inmigre sin trabajo acompañando al marido o compañero) y a los consiguientes contactos sociales más reducidos con los miembros del país de acogida. En cualquier caso, ese problema sería meramente circunstancial y pasajero.

  • Estado: ¿Se integran mejor los solteros o los casados? Para responder a esa imprecisa pregunta habría que distinguirse, entre casados con su familia en el país de inmigración, o aquellos, que la tienen aún en el país de origen. En el primer caso, parece que tiene ciertas ventajas el soltero - menos preocupaciones, obligaciones mínimas, más tiempo para aprender el idioma - en el segundo, en cambio, las posibilidades parecen ser iguales en el casado que en el soltero. De todos modos, también es cierto que la familia es un incentivo para penetrar más en el mercado de trabajo y establecer nuevos contactos sociales aminorando el aislamiento inicial, aunque por otra parte crea una tendencia a cultivar la propia lengua de origen lo que resta fuerza integrativa.

  • Edad: el factor de la edad ejerce una gran influencia en las posibilidades de integración. El hombre o la mujer joven se adapta mejor a nuevas y diferentes circunstancias

  • Tiempo del contrato: la inmigración a corto plazo constitutye uno de los factores que impiden la integración. El inmigrante con contrato de trabajo temporal no tiene materialmente tiempo de establecer los contactos sociales ni superar las fases de integración aludidas.

  • Aspiraciones y status social y cultural anterior: el inmigrante oscila en cuanto a apetencias y aspiraciones se refiere, entre una gama de aspectos que pueden ir desde un mejoramiento profesional, intelectual y cultural, de status social, por tanto, hasta el simple mejoramiento económico. Algunos expertos afirman que el aislamiento y la falta de integración guardan relación inversa con el grado de preparación laboral y cultural del inmigrante. En la medida en que la preparación es mayor aumentan sus vinculaciones sociales y disminuye la sensación de soledad; en sentido inverso, cuando la preparación laboral y cultural decrece, la comunicación con los nacionales se hace más difícil y la integración más complicada. En el fondo, puede admitirse que a mayor distancia cultural entre inmigrantes y nacionales, más dificultades de integración.

  • Factores sociales: el inmigrante destaca su interés por encontrar y tener la seguridad de empleo. Existen dos problemas.

  • El de la llamada “absorción económica”, es decir, no sólo que el inmigrante tenga asegurado el empleo a su llegada al nuevo país, sino su capacidad para sostener su empleo. Esa absorción económica ha sido descrita como un camino hacia la integración cultural, bien a través de la mera adopción del tipo ocupacional del país de inmigración, bien mediante el cambio o perfeccionamiento de este modelo a través de la introducción de nuevas actividades y ocupaciones económicas. La integración cultural lleva más tiempo que las absorción económica y por ser más lenta limita en mayor medida el numero de inmigrantes que pueden ser integrados por año.

  • En segundo lugar, habría que insistir en la relación directa entre integración y facilidad para elegir trabajo por el propio inmigrante en el país de acogida, bien desde el primer momento, si no lleva un contrato expreso, o bien desde que haya cumplido su contrato inicial. Un inmigrante que toma un empleo para el que ha sido seleccionado, lo realiza en la esperanza de que más tarde podrá optar por otro mejor. Ha sido puesto de manifiesto en numerosas ocasiones que la libertad de trabajo en una ocupación de propia elección y la movilidad ocupacional son factores decisivamente determinantes en la integración cultural del inmigrante a largo plazo. Claro que la teoría se topa con la práctica. Quiero decir que, a menudo, el trabajador inmigrante se enfrenta a la imposibilidad legal de cambiar de trabajo e incluso de lugar de residencia.

  • Finalmente, el ciudadano del país de acogida puede ver al inmigrante como:

      • Un conciudadano más, totalmente necesario, debido a la escasez de población que impide el desarrollo del país.

      • Como un mero elemento de fuerza laboral, admitido como solución de emergencia y que se va a ocupar de una serie de labores a las que los naturales del país no están dispuestos a acceder, sobre todo por los bajos salarios que se ofrecen.

      • Como un competidor, en el sentido más amplio de la palabra.

    Parece claro que por mucho que se faciliten los medios de integración, las dificultades del segundo y tercer caso son evidentes, subsanable en cierta manera mediante lo que se ha dado en llamar “educación psicológica de la comunidad receptora”.

    Como resumen de esta serie de puntos de vista sobre factores de integración, puede indicarse que:

    • Un inmigrante que no tenga intención de radicarse en el país de acogida de una forma permanente, no hará esfuerzo por su integración.

    • La proximidad del país de emigración dificulta el proceso de integración

    • En países de inmigración donde existen colectivos numerosos e influyentes de la misma nacionalidad del inmigrante, los primeros pasos son mucho más fáciles, aunque la integración no tiene por que ser más rápida.

    • A más semejanza de la estructura social de los países de emigración e inmigración, más facilidades de integración.

    • A mayor nivel profesional y cultural del inmigrante, más rápida y suave será la integración.

    II.- EL ESTADO DE BIENESTAR Y LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA

    1.- Las instituciones del bienestar y la integración de los inmigrantes

    Es bien sabido que el uso y significado de la expresión “Estado de Bienestar” (Welfare State) tomó forma en Inglaterra a principios de los años 40 y alcanzó en seguida una gran difusión mundial. Se relacionaba con un estilo de sociedad en que el Estado se legitimaría asumiendo democráticamente las responsabilidades de una política social capaz de hacer posible a todos sus ciudadanos el liberarse de las amenazas de la pobreza, la enfermedad, la ignorancia y el desempleo. Desde el principio se entendió de maneras distintas por quienes lo promovieron o lo votaron, limitándose los unos a apoyar la responsabilización del Estado en el logro de esos fines, mientras otros además entendían que esa responsabilización tenía que ejercerla mediante instituciones propias o públicas que garantizaran el logro de lo pretendido y otros, por su parte, consideraban además que ello necesitaba realizarse mediante una redistribución igualitaria de las rentas de todos los ciudadanos.

    En España, debemos retrotaernos a la Ley de Accidentes de Trabajo en la Industria de 30 de enero de 1900 que, basada en la idea de la responsabilidad de la empresa, permitía a ésta asegurar el riesgo, de modo que el trabajador quedara a fin de cuentas protegido. Se sigue un tiempo en que van teniéndose en cuenta y promoviéndose otras clases de previsiones de riesgos, voluntarias todavía y costeadas por las empresas o por los trabajadores o por ambos a la vez, y para fomentarlas se crea por ley de 27 de febrero de 1908 el Instituto Nacional de Previsión. Éste vendrá después a gestionar directamente los seguros sociales, varios de los cuales se convierten de voluntarios en obligatorios. Y finalmente, ya después de la Guerra Civil, se convertirá el Instituto Nacional de Previsión en el organismo gestor de toda la Seguridad Social española.

    En su inicio, la seguridad social sólo cubría accidentes de trabajo, hasta llegar a ofrecer casi completos servicios de salud, pensiones y ayudas al desempleo. Eso es lo que aporta la Seguridad Social cuando el fin del régimen franquista abre el camino para concebir esas prestaciones como derecho de la ciudadanía y perfeccionamiento de la democracia española, superando así las perspectivas legitimadoras del régimen con que se habían diseñado. Y así, a partir de lo ya existente, se dará en España el paso hacia lo que hoy tiene de Estado de Bienestar.

    Se retoman pues en España los servicios y prestaciones preexistentes (el acceso a los servicios de salud, las pensiones y ayuda al desempleo, la asistencia social de emergencia) procurando coordinarlos con la nueva idea de cohesión social que preside la concepción del Estado de Bienestar. Se separan los servicios al subdividir las competencias del Instituto Nacional de la Seguridad Social, sucesor del Instituto Nacional de Previsión, entre los Institutos de la Salud (INSALUD), del Empleo (INEM) y de los Servicios Sociales (IMSERSO).

    En cuanto a la promoción de una enseñanza gratuita, que en Inglaterra se había considerado piedra angular en el camino hacia la democratización de la cohesión social y la calidad de vida, en España también se procura, si bien sin apenas relacionarla con lo perteneciente a la gestión conjunta del Estado de Bienestar. En España, el gran problema de la vivienda tampoco se relaciona con los más básicamente atendidos, al traspasarse a los gobiernos locales y autonómicos las competencias que retiene el Estado para lo referente a pensiones y subsidios de paro.

    Además, otros tres factores específicos van a afectar al modo como se fue configurando nuestro Estado de Bienestar: la entrada en la Comunidad Europea, el giro de los países desarrollados hacia un mayor liberalismo económico ocurrido desde fines de los años 70 y las transformaciones inducidas en la convivencia política por el desarrollo de los medios audiovisuales de comunicación.

    La entrada de España en la Comunidad Europea llevó a que los servicios del Estado de Bienestar tendieran a parecerse en España a los que se ofrecían en los demás países comunitarios, si bien su aplicación concreta da lugar a diversos efectos no deseados, debidos a la cultura del gasto estatal existente en España y a las diferencias estructurales existentes entre España y los demás países europeos con respecto a algunos ámbitos de prestación de los servicios del bienestar.

    En cuanto a la cultura del gasto estatal existente en España, solamente una minoría tiene conciencia de que lo que gasta el Estado proviene de los impuestos de todos los ciudadanos y de que el Estado de Bienestar no significa que se tenga que dar algo a cambio de nada. Esto ha llevado a que las demandas que existen respecto de nuestro Estado de Bienestar estén en ocasiones desconectadas de la realidad.

    En cuanto a las diferencias estructurales que entre España y otros países existen en los ámbitos de aplicación de algunas prestaciones del bienestar, las más importantes son seguramente las que se refieren a las regulaciones del mercado de trabajo. La clase empresarial coincide en que la rigidez de las regulaciones laborales conlleva la proliferación del mercado negro y la distorsión al alza del número de los que deben recibir las prestaciones por desempleo.

    El proceso de acercamiento de España a los niveles europeos del Estado de Bienestar se enfrenta muy pronto a la problemática de la llamada crisis del Estado de Bienestar, que se inicia por el retorno del liberalismo, por el control del déficit público, por la búsqueda de eficiencia en la gestión de los servicios y por la introducción de formas de gestión propias del sector privado.

    La crisis del Estado de Bienestar tuvo dos resultados importantes. El primero de ellos es el tema de la legitimización del Estado de Bienestar y el segundo que se reforzara el consenso relativo a la conveniencia de adoptar en los países desarrollados las políticas sociales propias del Estado de Bienestar.

    Como resumen de todo lo anterior puede decirse que la organización de nuestro Estado de Bienestar tuvo lugar por mimetismo de otros países y reaprovechamiento de políticas sociales precedentes más bien que en función de un diseño articulado y global.

    2.- Políticas de integración de inmigrantes y políticas de bienestar.

    En lo países democráticos y desarrollados de Europa, la intervención de las instituciones del bienestar en la acogida y protección de los inmigrantes comenzó a actuar sin esperar a que la opinión pública y los distintos gobiernos asumieran la cuestión de la integración de los inmigrantes. En todo lo perteneciente a los servicios de salud, desempleo, accidentes del trabajo y escolarización de los hijos, los inmigrantes recibían las mismas prestaciones que los ciudadanos nativos.

    Pero todo esto, hasta mediados de los 70, se va haciendo como consecuencia de los derechos de todo trabajador en un Estado socialmente evolucionado, al margen de lo que pudiera significar para la integración estable de la población inmigrante. A partir de entonces, esa puesta en juego va a replantearse y evaluarse en términos de su operatividad para una convivencia social pacífica, teniendo en cuenta su repercusión sobre los nuevos flujos migratorios que han empezado a suscitar inquietudes y xenofobias.

    En este ámbito, se atribuye a las prestaciones del bienestar la venida de contingentes que no van a poder encontrar trabajo y a la supuesta falta de interés de ciertos inmigrantes por salir del desempleo. Otras voces se refieren a que las prestaciones del bienestar se utilizan por los propios inmigrantes para mantener una vida marginal y dependiente de la sociedad de acogida.

    A partir de mediados de los 70 y en el campo de la opinión pública surgen dos posiciones extremas y una intermedia: la postura anti-inmigración; la postura de defensa incondicionada de los inmigrantes con su acceso a las prestaciones del bienestar y una intermedia, que también defiende la extensión a los inmigrantes de las políticas del bienestar, pero ajustando estas políticas a los nuevos contextos, de modo que sean realmente efectivas para la integración de los inmigrantes y no produzcan efectos perversos o no deseados.

    Para la línea anti-inmigración las prestaciones del bienestar producen un efecto llamada que infla los flujos y deteriora su calidad. Por eso sus partidarios insisten en el cierre de fronteras y en el argumento de que Europa ni debe ni puede pagar por el desempleo y la miseria de los que siguen viniendo a pesar de arriesgarse al paro.

    En sentido contrario se desarrolla un planteamiento de carácter ético que insiste en los derechos que tienen los inmigrantes a las prestaciones. Y es ante esa polémica como se desarrolla la postura intermedia y que será la consensuada finalmente por los Gobiernos de la Unión Europea: derechos de los inmigrantes y participación de éstos en las instituciones del bienestar para que puedan alcanzar en su integración el nivel necesario de acomodo económico y social. Pero todo ello con un control de los flujos en función de los mercados de trabajo para que una proporción suficiente de los llegados sea contribuyente neto a los gastos de las instituciones. Es decir, que Europa no reciba más inmigrantes que los que puede integrar, ayudando al desarrollo de los países de origen, a fin de atenuar las presiones migratorias.

    Esos principios no se han llevado a la práctica. Por un lado, las ayudas a los países de origen no han servido para reducir las presiones migratorias y por otro, el propósito de no recibir en Europa a más inmigrantes que los que se pudiera integrar se ha entendido como el propósito de no recibir sino aquellos que pudieran ser absorbidos por el mercado de trabajo, vinculando la admisión de los inmigrantes a sus perspectivas de empleo. Pero con ello también se ha llegado a exigir unos permisos de trabajo de muy compleja tramitación, lo que ha dado lugar a que se transgrediera esa exigencia legal muy frecuentemente surgiendo entonces una importante bolsa de inmigración ilegal no regularizada.

    Cuando los Gobiernos se dan cuenta que los inmigrantes tienen una idea de permanencia y que no piensan volver a sus países de origen, se renueva entonces la discusión acerca de si su integración deberá promoverse mediante programas específicamente diseñados para ellos o si por el contrario deben encauzarse a través de las mismas instituciones del Estado de Bienestar destinadas en cada país a la cohesión e integración de los nacionales.

    En España se arguyó que las necesidades de los inmigrantes no eran iguales que las de los nacionales, ni tampoco era la misma su situación de partida. En contra de esa opción se observa que las necesidades de los inmigrantes son las mismas que las del segmento más desfavorecido del país de acogida. También se observa que el atender a la población inmigrante a través de programas especiales puede significar por una parte reservar para ellos recursos económicos y humanos especiales a los que no pueden acceder los propios nacionales, lo que representaría una discriminación positiva a su favor. Además, ese intento de abrirles vías de integración diferentes y especiales supondría algo contradictorio, en tanto que sería una propuesta de integrarles manteniéndoles separados.

    Así pues, cuando España se incorporó al grupo de países de recepción de inmigrantes, optó por la no discriminación positiva y, por tanto, por intentar integrarlos a través de los mismos servicios del bienestar dedicados a los nacionales, considerando como políticamente inconveniente intentar integrar a los inmigrantes de modo diferente al existente en el país de acogida para todos los demás ciudadanos.

    España se incorpora a la Unión Europea y, por tanto, a las reuniones de ministros europeos responsables para cuestiones de inmigración, antes de convertirse en un país receptor de inmigración. Ese es el punto del que se parte cuando la Administración del Estado comienza a ocuparse de regular la inmigración.

    Las prestaciones del bienestar empezaron a extenderse a los inmigrantes por humanitarismo y exigencias éticas antes de aplicarse como vía para la integración. Esa es la perspectiva desde la que se mira todavía por un a mayoría de españoles y también por los inmigrantes.

    3.- Acceso de los inmigrantes a la educación y formación

    El disfrute de las prestaciones que el Estado ofrece a los inmigrantes en los campos de la educación y de la formación es realmente muy amplio. También por parte de los propios inmigrantes existe la obligación de asumir la oferta educativa y formativa que se les ofrece, por lo menos en cuanto se refiere a sus hijos menores o en los casos en que estén recibiendo algunas formas de salario social.

    Puede pensarse, en un principio, que la integración de los escolares hijos de trabajadores inmigrantes en el sistema educativo español es, como poco, compleja y, a menudo, difícil y poco exitosa. Sin embargo, parece ser que la integración escolar funciona relativamente bien y que los niños inmigrantes, además de participar en los juegos y actividades con sus compañeros españoles, formando pandillas y grupos con el resto de los escolares, tienen un rendimiento académico normal.

    Sin embargo, habría que tomar esa observación con cierta reserva, pues todo ello dependería de las circunstancias de cada centro escolar. No parece creíble que la imagen que a veces quiere darse de que los centros escolares donde hay un fuerte componente inmigrante son algo así como una Arcadia feliz sea correcta. El rendimiento académico del niño inmigrante no puede resultar del todo satisfactorio, al menos en un principio, ya que viniendo de un ambiente muy distinto necesitará un tiempo para integrarse en el entorno socio educativo en el que está inmerso y eso repercute en su aprovechamiento académico.

    En la integración del niño inmigrante deben tenerse en cuenta las siguientes variables:

    • Edad en la que el alumno se incorpora al centro educativo: cuando mayor sea el niño, más dificultoso será obtener buenos resultados en su expediente académico, teniendo en cuenta además los problemas inherentes a su preadolescencia o, en su caso, adolescencia.

    Si el alumno se incorpora en la educación infantil o en los primeros cursos de la educación primaria, los resultados académicos serán distintos a si se incorpora posteriormente. En el primer caso, resulta obvio pensar que los resultados serán más prometedores porque el alumno se integrará mejor.

    Evidentemente, el alumno de padres inmigrantes que ha nacido en España y que se ha incorporado al sistema educativo desde el primer momento no ofrece ninguna diferencia sustancial con cualquier alumno de nacionalidad española.

    • Escolarización del alumno en su país de origen: consta la existencia de un porcentaje de alumnos que se incorporan al sistema educativo español sin haber estado escolarizados antes o, si lo han sido, puede ser que lo hayan sido en sistemas educativos que nada tienen que ver con el español, como pueden ser los de los niños que proceden de países orientales o árabes. En esos casos, la integración escolar debe ser de por si muy compleja, aunque en los centros públicos se tiene una especial sensibilidad cuando ello sucede, ayudándoles de forma personalizada para que los alumnos que destacaban en la enseñanza de su país no se desmotiven al no obtener en el centro de enseñanza español los mismos resultados a que están acostumbrados.

    • Destructuración de las familias: la inmigración puede provocar desestructuración de las familias, ya que se dan casos de hijos que se desplazan únicamente con uno de los progenitores o que previamente a reagruparse han permanecido durante varios años bajo la tutela de un familiar en su país de origen con contactos muy esporádicos con sus padres que se encontraban ya en España.

    • Frecuentes cambios de domicilio: la movilidad geográfica de los padres, en función de la localidad donde encuentran un puesto de trabajo perjudica la integración de los alumnos y, por supuesto, debe afectar profundamente a su rendimiento escolar. De hecho, no es necesario que el alumno sea inmigrante para que su rendimiento disminuya, ya que cualquier niño, nacional o foráneo, al que sus padres cambian continuamente de centro escolar puede padecer un trastorno emocional perjudicial.

    • Las creencias religiosas: aunque en líneas generales la religión no debe influir de un modo definitivo en los resultados académicos, es un hecho que por ejemplo en los países de cultura musulmana tiene un reflejo negativo en el sexo femenino.

    Siendo España un estado laico, sus centros escolares públicos debieran mantener esa laicidad extensible tanto a los símbolos religiosos católicos como a los de cualquier otra religión. El velo en la cultura islámica tiene una fortísima connotación religiosa y por ello si se porta en los centros escolares públicos se hace una manifestación y demostración de religiosidad incompatible con el carácter laico del Estado.

    • Nivel de estudios de los progenitores: el nivel educativo de los padres de los niños inmigrantes, como los de los hijos de nacionales, es de gran importancia, como parece obvio resaltar. Se nos ha dicho que en muchas ocasiones los padres inmigrantes gozan de un nivel cultural y educativo superior al de los españoles y que por ello sus hijos se integran mejor. Aunque no he podido consultar estadísticas fiables sobre el particular, creo que no puede generalizarse en absoluto. En principio, los trabajadores que emigran desde los países económicamente más débiles suelen ser personas sin preparación que no pueden incorporarse al mercado de trabajo nacional. Ese podría ser el caso de Marruecos, Bolivia, República Dominicana, Colombia, Filipinas etc. Otra caso diferente puede ser el de los cuadros medios o superiores originarios de países como Argentina, Polonia, Rumania y algunos otros países del este europeo que a causa de crisis coyunturales emigran para buscar un futuro mejor, pero honestamente que deben ser los menos.

    También, deberíamos tener muy en cuenta las peculiaridades por país de procedencia, en tanto en cuanto la integración del alumno inmigrante no es la misma.

    • Marruecos: la integración no es la misma, pues depende del sexo del alumno. Existe una marcada diferencia entre los sexos. Al finalizar la enseñanza obligatoria muchas alumnas no continúan en su aprendizaje y se quedan en su casa ayudando en las tareas domésticas y cuidando a sus hermanos mayores. Al término de la ESO, algunos alumnos marroquíes acceden a la Formación Profesional, pero al Bachillerato son muy pocos los que se incorporan y menos todavía a la Universidad. Los padres no tienen grandes expectativas en el aspecto académico y pretenden orientar a sus hijos al mercado laboral.

    Podría resaltarse también que se suele dar un fuerte absentismo que se acentúa más si cabe en el caso de las niñas, que se quedan en casa para colaborar en las tareas domésticas y sobre todo en el periodo del ramadán con el objeto de ayudar a los preparativos de la cena.

    • Ecuador: Los alumnos de origen ecuatoriano se integran perfectamente debido sobre todo a que la lengua no ofrece problemas, pero presentan un bajísimo nivel académico limitándose a saber escribir.

    La integración escolar se ve facilitada por el carácter de las propias familias que son muy colaboradoras con el centro de enseñanza, siendo los niños muy disciplinados y mostrando respeto por los profesores y nula conflictividad.

    • Colombia: como muestra de que los alumnos de una misma área geográfica no tienen los mismos problemas, puede resaltarse que en el caso de los colombianos la indisciplina es superior al de los ecuatorianos o bolivianos. La integración se resiente al tratarse de familias muy desestructuradas, con poco control doméstico y familiar sobre los adolescentes, que en el caso de las niñas gozan de un temprano desarrollo sexual con resultado de posibles embarazos.

    Por todo ello y por el escaso seguimiento escolar, el aprovechamiento académico es deficiente con bajas expectativas de continuación.

    • Rumania, Polonia y demás países del este europeo: en esos casos sí que parece ser cierto que los hijos de los trabajadores inmigrantes presentan una buena formación académica fruto de las políticas educativas de los países ex comunistas. Sin embargo, además de los problemas de idioma tienen otros como la pérdida del sentido de disciplina que traen inicialmente, ya que con mucha rapidez asimilan las costumbres de los jóvenes españoles, lo que en cierta manera nos puede hacer pensar en que se integran perfectamente.

    De acuerdo con los datos básicos de que se dispone sobre el disfrute de la enseñanza obligatoria para los menores hijos de inmigrantes, así como de las cifras facilitadas por el INEM sobre el uso que hacen los inmigrantes de las diversas posibilidades de capacitación laboral, las conclusiones principales que pueden obtenerse son las siguientes:

    • Durante el curso 2000-2001 se matricularon 133.684 hijos de extranjeros en las enseñanzas obligatorias en todo el territorio del Estado, lo que representa casi el 2% de todo el alumnado matriculado (6.887.096 alumnos). La distribución por provincias habría sido muy desigual, ascendiendo a 38.587 los alumnos matriculados en Madrid y a 16.393 en Barcelona. Por zonas de procedencia los más numerosos serían con gran diferencia los hijos de inmigrantes procedentes de Sudamérica (26,3% del total) seguidos de los procedentes del Magreb (21,6%).

    • Los inmigrantes casi sin excepción escolarizan a sus hijos menores y en esto se benefician de nuestro Estado de Bienestar. Cabrían dudas en el caso de menores marroquíes mayores de 14 años.

    • Los inmigrantes están satisfechos con la enseñanza que reciben sus hijos, pero apenas participan en las Asociaciones de Padres de Alumnos y en ellas se sienten incómodos e incluso rechazados.

    • Se producen tensiones entre los docentes, porque la presencia de hijos de inmigrantes tardíamente incorporados a la enseñanza española volvería demasiado heterogénea la composición de las aulas. Estas tensiones pueden repercutir sobre los mismos menores inmigrantes y a partir de los 14 años ocasionaría una significativa tendencia al absentismo escolar.

    • Se constata un gran descontento entre los inmigrantes venidos a España con el objetivo de completar estudios superiores. Las dificultades que encuentran para el reconocimiento de sus estudios y títulos, así como para la obtención de becas, provocan en ellos resentimiento y rechazó.

    Resumiendo, puede decirse que los inmigrantes hacen uso de las prestaciones escolares existentes para sus hijos y de dicho uso se sienten relativamente satisfechos. Pero por otra parte, los muchos menores que ingresan en la enseñanza española a las edades de 11 o 12 años ocasionan dificultades a los profesores y éstos opinan que los centros escolares no cuentan con los recursos humanos y económicos convenientes para hacer frente a esas dificultades con garantía de éxito. El disponer de más profesores preparados para las situaciones interculturales o de aulas menos masificadas facilitaría el proceso.

    4.- Acceso de los inmigrantes a los servicios sanitarios

    En este campo se ha producido un espectacular cambio en los últimos tres años, sobre todo desde que la Ley 4/2000 faculta a los inmigrantes empadronados para acceder a los servicios de salud, aunque no estén afiliados a la Seguridad Social y ni siquiera regularizados. Por eso, puede decirse que hoy en día los inmigrantes tienen un acceso normalizado y fácil a los servicios de salud y que lo utilizan sin problemas.

    Según datos proporcionados por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, un 30% de los inmigrantes, en noviembre de 2002, dice haber recibido asistencia sanitaria pública, de lo que se deduce que la proporción no sería inferior, sino en todo caso superior, a la de la población española.

    Esta referencia se complementa con los últimos datos obtenidos sobre la integración de los inmigrantes, según los cuales el 82% de ellos dice saber a quien dirigirse para informarse de lo que necesitan en orden a obtener atención sanitaria y a la hora de valorar la atención que reciben atribuyen por término medio 3 puntos sobre 4 a la facilidad que encuentran para tratar con los profesionales de los servicios sanitarios.

    También, desde otro punto de vista, la buena opinión reinante entre los inmigrantes a propósito de nuestros servicios sanitarios resulta confirmada por el elevado número de tarjetas sanitarias solicitadas para menores hijos de peticionarios extranjeros.

    Por la parte que concierne a los profesionales de la sanidad pública, existe la apreciación de que los inmigrantes fallan bastantes veces en acudir a las horas de consultas previstas, de que les representa no pequeña dificultad la tramitación de sus demandas, de que no siempre se atienen a las indicaciones médicas y de que sus relación con los facultativos y los tratamientos se ve afectada por los enfoques culturales a través de los que entienden su relación con los médicos. Existen otras dificultades, además de las anteriores, para los inmigrantes, como puede ser el temor al deterioro que podría producirse en sus situaciones laborales si se ausentan del trabajo por atender a su salud.

    Resumiendo, puede decirse que los inmigrantes tienen la posibilidad de acceder a las prestaciones sanitaria y que de hecho acceden a ellas, recibiendo un trato relativamente satisfactorio

    5.- Acceso de los inmigrantes a los servicios sociales

    Dado que estos servicios del Estado de Bienestar se prestan por las Administraciones Locales se haría necesario, para llegar a una estimación correcta de su uso, estudiar una muestra de Ayuntamientos, estudio que por razones obvias no resulta posible emprender en el marco del presente trabajo. En principio, debe tenerse en cuenta que existe una gran diferencia entre las zonas rurales, donde a veces los Ayuntamientos tienen muy pocos servicios o incluso discriminan negativamente a los inmigrantes y las zonas urbanas, donde la presión de la prensa y el control de los representantes políticos impiden a los Ayuntamientos desviarse demasiado de lo que se considera políticamente correcto.

    Si nos atenemos a los datos de lo que se dispone acerca del uso por los inmigrantes de los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid, nos encontramos con que los inmigrantes hacen un uso de los Servicios Sociales de la Administración local parecido al de los nativos de estratos socio-económicos inferiores. Se observa que la proporción entre demandas de primera atención presentadas en los centros de distrito de Madrid y número de inmigrantes es menor en lo referente a los procedentes de Asia, como consecuencia de que los chinos no suelen recurrir a nuestros servicios sociales. Es en cambio algo mayor en lo referente a América Central por la presencia del colectivo dominicano, cuya inserción tiende a recurrir más que en otros casos a organismos públicos. Y lo mismo ocurriría con los marroquíes, aunque hay que tener en cuenta sus dificultades de idioma que les puede frenar a la hora de presentar sus demandas.

    Resumiendo:

    • Los inmigrantes pueden obtener, estén o no regularizados, las prestaciones de nuestro Estado de Bienestar que se refieren a la educación gratuita de sus hijos, a la asistencia sanitaria y a los servicios sociales de emergencia.

    • Los inmigrantes utilizan la mayoría de las oportunidades que les ofrece nuestro Estado de Bienestar en lo que se refiere a la educación infantil, a los servicios de salud y a los servicios sociales de emergencia , pero en cuanto a las situaciones laborales no todos los inmigrantes pueden ayudarse de las prestaciones y normativas que nuestro Derecho establece para la protección de los trabajadores.

    • El uso por los inmigrantes de las prestaciones de nuestro Estado de Bienestar no es abusivo, registrándose sólo entre algunos la tendencia a aprovecharse de los servicios sociales de emergencia para suplir gastos que por sí mismos podrían asumir.

    III.- ESTRATEGIAS Y NIVELES DE INTEGRACIÓN DE LOS INMIGRANTES

    La integración en una sociedad pluralista no es simple adaptación a un medio social supuestamente homogéneo, es encontrar en ese medio social un sitio desde el que se conviva cívicamente con los que son distintos. Como ya se ha dicho al principio del presente trabajo, hay que superar la idea de que integrarse es, en una sociedad pluralista, asimilarse a lo que hay, como si toda la carga de la integración tuvieran que levantarla los inmigrantes sin que los nativos hicieran nada de su parte. En este sentido los comentarios sobre el distinto grado de integración de los colectivos de inmigrantes se refieren sobre todo a su adaptación. Así pues, se dice que los latinoamericanos se integran mejor que los marroquíes y que los chinos no se integran en absoluto.

    Las distintas estrategias que predominan en los diferentes colectivos de inmigrantes con respecto a los modos de enfrentarse con la discriminación nos hace decir lo siguiente, si bien de una manera muy esquemática:

    • Los chinos asumen internamente el hecho de que son diferentes y no les importa la discriminación. De hecho, se adaptan muy poco a las formas más comunes de convivencia existentes entre nosotros.

    • Los subsaharianos también asumen el hecho de que son diferentes y creen que la discriminación les perjudica, pero se enfrentan sin demasiados complejos a esa circunstancia.

    • Los marroquíes asumen también y mantienen el hecho de que son diferentes, pero se resienten mucho de la discriminación.

    • Los dominicanos se resienten bastante de la discriminación, pero además no aceptan que se les considere diferentes.

    • Los peruanos tienen conciencia de la discriminación, pero sortean sus efectos adaptándose mejor que otros colectivos a los medios en que se mueven.

    • Los ecuatorianos parecen orientarse a una postura intermedia entre la de los peruanos y la de los dominicanos.

    • Los polacos y rumanos no se consideran diferentes y no asumen ser discriminados.

    Estas maneras de posicionarse ante la discriminación van aparejadas a marcas o diferencias físicas y culturales que se atribuyen a los colectivos de inmigrantes por los propios nacionales. Las marcas somáticas o físicas son muy patentes en el caso de los subsaharianos, chinos y algo menos en dominicanos, ecuatorianos y la mayoría de peruanos, pero casi inexistentes en el caso de los inmigrantes procedentes de la Europa del este. En cuanto a las marcas culturales, son los marroquíes y los chinos los que sufren discriminación por parte de la población española. La manera de posicionarse frente a esa discriminación es muy distinta dependiendo del colectivo de que se trate. Así pues, a los chinos no les importa, pero a los marroquíes les importa mucho, por lo que la cuestión aquí es más delicada que en lo que se refiere a las marcas físicas, porque entran en juego estereotipos de mayor apariencia racional. De hecho, a los marroquíes les hace más difícil la convivencia cívica, siendo su progreso en la integración el más complejo de todos.

    Relacionadas con las diferencias culturales hay otras que afectan a las estrategias de integración de los distintos colectivos. Tal vez la más característica es la actitud ante la ley y la autoridad. Los marroquíes, quizás por sus tradiciones religiosas, creen en la ley y en la autoridad. Los trabajadores procedentes de los antiguos países comunistas del este europeo también tienen un cierto sentido de respeto a la ley y a la autoridad. En cambio los latinoamericanos no creen mucho en leyes y autoridades. En cuanto a los chinos, creen en sus usos, pero muy poco en la confrontación abierta. Se dice que un marroquí cumplirá en su trabajo con la palabra dada; un latinoamericano lo hará si le conviene; los chinos se arreglaran entre ellos.

    Se atribuye a los marroquíes un fundamentalismo religioso que les dificultaría la plena inserción en la sociedad española, pero en lo religioso no puede decirse que la mayoría de los venidos a España lo sea. Naturalmente, resulta necesario referirse a los trágicos sucesos acaecidos en Madrid el 11 de marzo de 2004, que desbarataría esa afirmación si generalizáramos ese presunto fundamentalismo. En cualquier caso, sí que aparece en ellos un sentido de la autoridad y la ley que se echa de menos en otros inmigrantes y en muchos nativos. Pero eso más bien que un inconveniente es algo que les llevaría a ser ciudadanos más cumplidores que la mayoría con las normas de la sociedad española.

    De acuerdo con todo lo expuesto, cabía preguntarse finalmente si puede justificarse una evaluación diferencial del grado al que han llegado en su integración los distintos colectivos. Si por integración se entiende algo parecido a asimilación (con las reservas ya dichas anteriormente): los peruanos habrían avanzado en la integración más que los demás, exceptuando a los polacos y rumanos que serían los primeros, luego los dominicanos y ecuatorianos, así como los subsaharianos. Los chinos no se habrían integrado nada.

    Pero si por integración se entiende el proceso de ingresar en una convivencia cívica pluralista, entonces la evaluación resulta más compleja. En todo caso, los peruanos vuelven a puntear alto, por detrás de los inmigrantes europeos, pero también los chinos. Los marroquíes y los dominicanos lo tienen más difícil. Los subsaharianos sorprenden por su manera pragmática de tomar las cosas.

    Pero, en cualquier caso y como ya se ha manifestado reiteradamente, la integración no depende sólo del proceder de los inmigrantes, sino también en gran medida del modo de acoger los españoles a los que van viniendo.

    El futuro de la convivencia entre españoles e inmigrantes dependerá pues de las formas de proceder que se vayan esbozando entre los inmigrados, pero también de las formas de proceder de los españoles, así como de la evolución a medio y largo plazo de los flujos migratorios que están llegando a nuestro país.

    Pero la incógnita principal hacia el futuro no está en los recién llegados. Está en la generación de sus hijos, es decir en el comportamiento que tendrá esa segunda generación. No se sabe todavía que actitud tomará esa generación cuando en Madrid o Barcelona los jóvenes hijos de marroquíes o latinoamericanos se cuenten por miles. Por ahí han llegado los problemas cívicos más serios que han surgido en Europa y probablemente lo mismo sucederá en España: bandas organizadas de jóvenes conflictivos, inadaptados, sin trabajo, que se agrupan en busca de protección.

    Los miembros de las bandas latinas son cada vez más jóvenes y violentos. Un informe elaborado por la policía nacional para la Delegación del Gobierno de Madrid revela que el 80% de los integrantes tienen entre 14 y 15 años. En cambio los cabecillas son mayores de edad (entre 18 y 25 años). La policía y la Guardia Civil tienen identificados en la comunidad de Madrid a 750 miembros de bandas. Las células básicas de las bandas latinas tienen entre 20 y 30 miembros en los que se ha descubierto una disminución de la edad de los captados. Su entrada se produce ahora entre los 12 y los 15 años de edad.

    El documento elaborado por la Brigada de Información asegura que la mayor parte de los integrantes se encuentran en España por reagrupamiento familiar. La mayoría fracasa en los estudios y no acude al instituto. Sufren un grave problema de adaptación a los valores culturales de nuestra sociedad, comportándose de acuerdo a los de su país de origen que reproducen en su comportamiento.

    Hay otro denominador común en los miembros de las bandas. Sus padres se encuentran ausentes la mayor parte del día y carecen del control paterno adecuado, mostrando además una actitud xenófoba hacia otros grupos étnicos y culturales.

    A juicio de la policía el fenómeno de las bandas latinas está en estado larvario. La dimensión del problema no es comparable a la de otros países, sin que ello suponga obviar la extrema peligrosidad que puedan acarrear sus acciones.

    Para la policía la actividad que desarrollan estos grupos son encuadrables dentro del pandillerismo juvenil, sin vinculación a actividades delincuenciales de grupo para la obtención de beneficios económicos. Las bandas latinas pugnan entre sí por el control de un territorio consustancial a la existencia del grupo. No se tienen noticias de que dichas bandas estén detrás de extorsiones a comerciantes o de delitos de agresión sexual o relativos a la prostitución.

    La propia policía pone el acento en la necesidad de adoptar medidas de ámbito social, a nivel educativo y judicial que competen a otras instituciones, como pueden ser los ayuntamientos.

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