Introducción
En este trabajo nosotras pretendemos mostrar que sucedía en nuestro país a finales del siglo XIX, específicamente entre los años 1880 y 1900, y mostrar con detalles la creación del Instituto Pedagógico, el año 1889.
Para ello hemos recurriremos a diferentes fuentes, y esperamos que se entiende y que se logre el objetivo, que es ver la importancia de la creación de este Instituto en el ámbito educacional.
Para comprender las razones de la creación del Instituto Pedagógico, primero haremos una reseña histórica de la situación de Chile, en el ámbito político, social y cultural, luego veremos lo que pasa con respecto a la educación, aquí tomaremos en cuenta la Facultad de Filosofía y Humanidades, de la Universidad de Chile, ya que, ésta influirá considerablemente en la creación del Pedagógico. Y finalmente hablaremos detalladamente de la creación de dicho establecimiento, quién lo fundó, donde, cuando, porqué, y las consecuencias que trajo para la educación chilena.
I- Contexto Histórico de Chile entre los años 1800 y 1900
1- Presidentes:
Domingo Santa María (1881-1891)
Por diferencias con el ministro del Interior Manuel Antonio Tocornal en torno a cómo enfrentar el conflicto que España había generado al ocupar las Islas Chinchas del Perú, renunció en mayo de 1864. Siguió participando en los debates en torno al conflicto con España desde la Cámara, como diputado por Valparaíso.
Cuando Chile declaró la guerra a la nación europea, fue destinado a Lima como agente especial y ministro. De gran espíritu de unión americanista frente a la agresión europea, consiguió que Perú también declarara la guerra a ese país, en gran parte debido a las relaciones que había establecido años antes cuando se había autoexiliado en Lima.
En 1865 se convirtió en ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago y al año siguiente en consejero de Estado. Entre 1867 y 1873 fue elegido diputado por Curicó, San Felipe y Putaendo, y en marzo de 1879, senador por Concepción. Estando en esos cargos se involucró en uno de los temas políticos que luego enfrentaría en su presidencia: las reformas a la Constitución y los conflictos entre el Estado y la Iglesia, por ejemplo, sobre los entierros de no católicos en cementerios religiosos.
Santa María fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores en 1879. Tuvo, según él mismo lo recordaría con posterioridad, importante participación en la Guerra del Pacífico, debiendo subrogar a Rafael Sotomayor en la cartera de Guerra y Marina, y a Antonio Varas en la de Interior el mismo año.
Sus biógrafos destacan que desde estos cargos en el gobierno de Pinto, organizó la actividad política pensando en su próxima candidatura presidencial. Atrajo a distintos sectores al favorecer a sus líderes con algún cargo en el gabinete que él organizaba por ser subrogante en la cartera de Interior.
Al acercarse la fecha de las elecciones presidenciales, los grupos políticos volvieron a agitar sus banderas para elevar a sus candidatos. Apoyado por el gobierno, los radicales y algunos nacionales, Santa María fue proclamado por el oficialismo.
La oposición —encabezada por el Partido Conservador— apoyó al general Manuel Baquedano González, quien debido a los rumores de que el gobierno no trepidaría en gastos para hacer triunfar a su postulante a la primera magistratura, renunció ante la vergüenza de una derrota.
En agosto de 1881, Santa María resultó electo por una cantidad de 255 votos de un total de 305, y se le proclamó Presidente de la República el 18 de septiembre de 1881, cuando tenía 56 años.
El primer gabinete de Santa María se formó con José Francisco Vergara en Interior; José Manuel Balmaceda en Relaciones Exteriores; José Eugenio Vergara en Justicia, Culto e Instrucción Pública; Luis Aldunate en Hacienda; y Carlos Castellón en Guerra y Marina.
De inmediato debió enfrentar la continuación de la guerra que se libraba en territorio peruano. En octubre de 1883 se firmó el Tratado de Ancón, que puso término a la guerra con Perú, y en 1884 se llegó a una tregua con Bolivia.
El conflicto posibilitó la incorporación al territorio nacional de dos regiones con abundantes recursos minerales. El gobierno de Santa María reconoció los certificados salitreros de los capitalistas ingleses que se habían apoderado de ellos durante la guerra.
Jose Manuel Blamaceda (1881- 1886)
José Manuel Balmaceda fue proclamado candidato a la presidencia de la República en Enero de 1886 en Valparaíso. Recibió el apoyo de los partidos Nacional, Liberal y una fracción del Radical, lo que le permitió contar con una fuerte mayoría política. Resultó triunfador el 15 de junio de ese año.
Como lógico sucesor de Santa María, Balmaceda subió al poder en medio de una estrepitosa tempestad política, que se expresaba en violentos escenarios de lucha parlamentaria.
Al asumir la primera magistratura, se propuso lograr la unión de todas las fracciones liberales y mas aun de cimentar la unidad nacional, como una forma de superar los enfrentamientos y las luchas partidarias y electorales del período anterior. En este clima inició su gestión de gobierno que se caracterizó por una extraordinaria actividad política y administrativa.
El gobierno de Balmaceda se inició en condiciones favorables desde el punto de vista económico a raíz del crecimiento de las rentas fiscales y el remate de terrenos salitreros de propiedad del Estado, lo que dio un importante desahogo económico.
Bajo su mandato el crédito chileno adquirió en Europa un prestigio excepcional y es así como en 1890 existía un importante excedente en las arcas fiscales. La bonanza derivada de la activa explotación del salitre en Antofagasta y Tarapaca, entregó anualmente al fisco millones de pesos por concepto del impuesto aduanero que gravaba la exportación. Por otra parte, un floreciente desarrollo del comercio vino a incrementar una más dichos ingresos.
El gobierno dispuso de considerables recursos que fueron destinados a importantes obras públicas, para lo cual se hizo necesaria la creación en 1887 del Ministerio de Obras Públicas.
Entre sus acciones más destacadas estuvieron la canalización del Mapocho; el dique de Talcahuano; los puentes sobre los ríos Biobío, Laja y Ñuble; y la dotación de agua potable a 15 ciudades. Además, se dejaron iniciados los estudios para implementar esta medida en 36 nuevas ciudades
Se logró construir el Internado de Santiago -actual Internado Barros Arana-, la Escuela Normal de Preceptores, y la Escuela Militar. Asimismo, Balmaceda impulsó la modernización diez puertos; ordenó construir 10 faros, la canalización del río Mapocho y abrir el Instituto Pedagógico.
La actividad gubernativa tambien se extendió a la administración financiera: se modificó el sistema tributario, tratando de hacerlo más equitativo y se suprimieron algunos impuestos menores. Se perfeccionaron los mecanismos fiscalizadores y se pagó parte importante de la deuda pública.
Las ideas económicas de Balmaceda chocaban de manera violenta con el espíritu liberal individualista de la época.
Pensó en nacionalizar la industria del salitre, ya que la economía chilena se fortalecería considerablemente si las utilidades provenientes de la extracción de este mineral quedaban íntegras en el país. Por otra parte, Balmaceda se propuso evitar el monopolio ya que este era una amenaza que limitaba la producción con el objeto de elevar el precio de ese producto. Estaba tambien la cuestión del transporte del salitre, por lo que se planteaba darle un carácter nacional a la empresa de los ferrocarriles de la región.
En otra área, las oscilaciones en la banca privada llevaron a pensar al Presidente en la necesidad de crear un banco estatal que controlara y pusiese coto a las contracciones del crédito y la usura. Su idea no prosperó.
Todas sus iniciativas indiscutiblemente repercutieron en los ánimos y conflictos que estallaron en la guerra civil del 91.
En cuanto a la proceso político, este tendió a ser cada vez más difícil y complejo. La unificación de la familia liberal -liberales de gobierno, liberales disidentes, nacionales y radicales- que él intentó, no fue posible. Los partidos liberal disidente, radicales y el partido conservador combatieron casi todas las iniciativas gobiernistas, iniciándose un periodo de obstrucción y rivalidades entre el Congreso y el ejecutivo.
La desconfianza y recelo que existían en los partidos políticos por las prácticas fraudulentas en los comicios electorales -muy características de las administraciones de Errázuriz Zañartu y Santa María, pero no tanto en las de Pinto y Balmaceda-, eran una de las causas de la constante rotativa ministerial.
En enero de 1889 Enrique Salvador Sanfuentes fue incorporado como Ministro de Industria y Obras públicas -antes lo había sido de Hacienda- y se le vio de inmediato como el candidato que el Presidente quería para sucederlo en el cargo. Ni la renuncia a la cartera ni desmentidos consiguieron convencer a los círculos liberales de que no existía tal candidatura y de que el Presidente no intervendría en la designación de su sucesor. Este hecho produjo un rechazo amplio, que incluyó a algunos de sus antiguos partidarios, deteriorando la base política de Balmaceda.
Se formó la combinación política integrada por los partidos Nacional, Radical, Liberal doctrinario y Liberal Mocetón. Esta se conoció como el cuadrilátero, nombre que se le dio por estar integrado por cuatro partidos, opositores a Balmaceda. La alianza le exigió al Presidente: libertad electoral, independencia de los partidos respecto del Presidente y la sujeción del Ejecutivo al Congreso.
Balmaceda aceptó y el cuadrilátero quedó con cuatro carteras ministeriales.
Esto significaba para el mandatario la pérdida del control sobre la Cámara de Diputados.
Los intereses diversos de Balmaceda y de los partidos frente a las futuras elecciones produjeron la caída sucesiva de sus gabinetes.
Con esto se iría cada vez más anulando toda posibilidad de entendimiento.En Octubre Balmaceda clausuró el periodo extraordinario de sesiones, sin que se hubiesen despachado las leyes de presupuesto y de fuerzas del ejército. Formó entonces un nuevo gabinete de amigos personales.
El 1 enero de 1891 el Presidente hizo público un manifiesto en el que declaraba que regiría para ese año el mismo presupuesto del año anterior. Cuatro días después, con la firma de todos sus ministros, dispuso que lo anunciado entraba en vigencia, ya que el Congreso no habia despachado la Ley de Presupuesto.
Con este acto Balmaceda violaba la Constitución y de hecho asumía la dictadura. La mayoría parlamentaria respondió firmando un acta de deposición de Balmaceda. Así el conflicto constitucional tocaba fondo.
La sublevación de la Escuadra el 7 de Enero encabezada por el capitán de Navío Jorge Montt, dio inicio al conflicto armado contra Balmaceda, en cambio el ejército permaneció leal al Presidente.
Las tropas balmacedistas fueron derrotadas en las batallas de Concón y Placilla en agosto de 1891. Al conocer Balmaceda las noticias de la derrota, delegó el mando en el general Manuel Baquedano, quien era neutral en la contienda, a cuyas órdenes puso la guarnición militar para el resguardo de la población.
Balmaceda se asiló en la legación Argentina el 24 de agosto. Días mas tarde la Junta de Gobierno revolucionario, presidida por Jorge Montt, se instaló en la capital. Luego de escribir a sus familiares y redactar su testamento político, en el cual explicaba su acción, el Presidente puso fin a su vida, el 18 de Septiembre de 1891. En esa misma fecha concluía su mandato constitucional.
Jorge Montt (1891-1896)
Al estallar la Guerra del Pacífico en 1879, las primeras operaciones marítimas demostraron la superioridad de la flota peruana, no obstante el mayor poder de fuego y de blindaje de los buques chilenos.
Montt estuvo en la primera campaña de guerra que tras seis meses de un conflicto marcado por la incertidumbre, la captura el 8 de octubre del poderoso Huáscar, en el Combate Naval de Angamos, fue fundamental, en tanto aniquiló la fuerza naval, y por ende sus comunicaciones marítimas.
Jorge Montt también tomó parte en diversos enfrentamientos y acciones de guerra contra tropas peruanas y bolivianas. Entre ellos, el Combate de Angamos, el 8 de octubre de 1879, y el Asalto y Toma de Pisagua, el 2 de noviembre del mismo año.
Además, estuvo presente en el bloqueo de Iquique, entre el 5 de abril y el 17 de mayo de 1879, y más tarde en el bloqueo de Arica, que comenzó el 4 de diciembre de 1879 y se prolongó hasta febrero del año siguiente. Esto neutralizó la artillería de los fuertes costeros. Al término de la guerra, Montt era comandante de la Escuadra.
En 1884 viajó a Europa, de donde regresó tres años después, tras lo cual fue nombrado gobernador marítimo de Valparaíso.
En el conflicto constitucional de 1891, tuvo una influyente participación. El proceso revolucionario comenzó con la sublevación de la Escuadra, que estaba a su mando. El día 7 de enero de 1891 esta zarpó desde Valparaíso rumbo al Norte. Ocupadas las provincias del Norte en el mes de abril, se organizó una Junta de Gobierno que se instaló primero en Iquique. Quedó formada por Jorge Montt, Ramón Barros Luco y Waldo Silva.
La Junta de Gobierno fue la que organizó el Ejército y dirigió a las tropas durante la Guerra Civil hasta que se obtuvo el triunfo en la Batalla de Placilla el 28 de agosto. Montt fue el comandante de la Escuadra en este enfrentamiento y en el de Concón, el 21 de agosto.
Luego del triunfo de las fuerzas revolucionarias en Placilla, Jorge Montt llegó junto a sus tropas a Santiago, y fue recibido con desfiles y honores por los revolucionarios capitalinos.
Posteriormente, esta Junta se trasladó a Santiago y Jorge Montt quedó como Presidente de la República en forma provisoria, hasta que el nuevo Mandatario asumiera el cargo.
Después del triunfo de los sectores constitucionalistas, el país entró en un clima de tranquilidad y, sin el fantasma de la intervención electoral, el parlamentarismo empezó a practicarse sin trabas. Los partidos políticos que se agrupaban en la Alianza Liberal, obtuvieron los dos tercios en el Congreso, mientras que el tercio restante quedó en manos de los conservadores.
Una conversión liberal-radical determinó nombrar a Jorge Montt como su candidato, a pesar - se dice- de su negativa inicial. Montt pensaba que sería una resolución poco acertada su nombramiento, porque daba una imagen negativa en el exterior, como en aquellos países donde el caudillo vencedor de una revolución, era después Presidente.
Lo que quería evitar era perder la imagen que Europa tenía de Chile: la de país un civilizado. A pesar de ello aceptó y salió vencedor, ya que ambos bloques acordaron apoyar la candidatura presidencial del almirante Jorge Montt, quien resultó electo el 26 de diciembre de 1891.
Montt no representaba a ningún partido político y era extraño por completo a la política. Aceptó el cargo de Presidente en parte por las circunstancias que vivía el país, en que justamente se necesitaba un hombre que estuviera al margen de los conflictos partidarios. Se había distinguido por su prudencia y buen criterio como jefe de la Revolución.
La actitud tolerante del Primer Mandatario permitió que las odiosas enemistades provocadas por la Guerra Civil no amenazaran las paz pública.
No se mezcló en las luchas de las agrupaciones partidarias y siempre aceptó respetuoso las resoluciones del Parlamento, demostrando que el propósito de su gobierno era realizar con total lealtad los principios del sistema parlamentario.
Su primer gabinete fue el mismo que tuvo durante su mandato como jefe de la Junta de Gobierno. A lo largo de su administración se produjeron nueve cambios ministeriales.
Montt empezó gobernando con todos los partidos que habían derrotado a Balmaceda y cuando se restablecieron las combinaciones tradicionales de la Alianza y la Coalición el año 1892, el Presidente respetó la mayoría aliancista. De acuerdo con esta, organizó sucesivos gabinetes ministeriales, terminando su mandato con un gabinete de administración.
La organización de los balmacedistas como partido político y su regreso a las luchas cívicas dos años después de la Revolución, fueron una muestra elocuente de su franco compromiso con las libertades públicas.
En septiembre de 1893, el Presidente Montt promulgó una reforma a la ley electoral, en la cual se suprimió la base municipal que se había dado al sistema electoral, entregando esta a la junta de mayores contribuyentes. De esta forma la clase dirigente no hizo sino consolidar el predominio político que había conquistado en la Revolución de 1891.
Una vez realizadas esta reforma, que afianzaba el poder de la oligarquía, los partidos políticos tuvieron grandes expectativas en las elecciones del año siguiente. Todas las corrientes de opinión estuvieron de acuerdo en que la libertad electoral debía confirmarse en los comicios de 1894. Esta libertad era sentida como la "más trascendental conquista política alcanzada por el país después de la independencia de la Corona española".
Estos anhelos de la oligarquía fueron plenamente compartidos por el Primer Mandatario. Esto permitió que la renovación del Congreso se llevara adelante con entusiasmo, absoluta corrección y entera libertad electoral.
En el mismo sentido de lo anterior, se puede señalar las dos leyes de amnistía promulgadas bajo su mandato: una en 1893 y otra en 1894; ambas permitieron cicatrizar heridas del pasado.
En otro ámbito, se creó el Consejo de Defensa Fiscal.
Durante el gobierno de Jorge Montt también se sancionaron y ratificaron importantes reformas constitucionales, las que establecían mayores atribuciones al Poder Legislativo. Entre las más importantes se pueden señalar: la ampliación de las incompatibilidades parlamentarias y la aprobación de una reforma sobre veto presidencial de las dos cámaras. Además, se estableció que se requería el acuerdo del Senado para los nombramientos de ministros diplomáticos y la facultad de convocar al Congreso a sesiones extraordinarias, cuando lo estimara conveniente o cuando la mayoría de ambas cámaras lo pidiera por escrito.
La Marina fue objeto de especial atención del Presidente; se creó la Dirección General de la Armada y se aumentó la fuerza naval con dos embarcaciones adquiridas en astilleros ingleses.
Bajo su gobierno se reabrieron las puertas a los capitales extranjeros -alemanes y estadounidenses-, rematándose las salitreras para, junto a la contratación de nuevos empréstitos extranjeros, poder obtener nuevos recursos financieros. Al término del período de Jorge Montt se decretó la ley de conversión metálica, no obstante, no se logró detener el déficit fiscal y la deuda externa continuó aumentando.
En esas condiciones entregó el país a Federico Errázuriz, el Presidente que lo sucedió en 1896.
Federico Errazuriz (1896-1901)
Después de muchos conflictos asume la presidencia. Su gobierno se inició el 18 de septiembre de 1896 con características muy similares a las de su antecesor.
El equilibrio de poderes se había nivelado aun más. El Presidente contaba con mayoría en el Senado, no así en la cámara de diputados.
La situación económica se había deteriorado con la crisis progresiva del salitre y la consecuente desocupación que esto acarreaba, con los consiguientes conflictos sociales. A esto se agregaban los conflictos con Perú, Bolivia y Argentina, que estaban en un momento crítico.
En estas precarias condiciones, lo importante era fortalecer el consenso de la Coalición, lo que se expresó en la formación del primer gabinete integrado por tres liberales y tres conservadores.
La labor como Presidente de Errázuriz, se destacó por el indiscutido avance en el plano educacional, mediante la creación de diversos establecimientos de enseñanza profesional y de la salud como, por ejemplo, los cursos de matronas, de enfermeros y enfermeras, la Escuela Profesional de Niñas de Valparaíso, el Instituto Comercial de Santiago; un liceo de niñas en Santiago y otro en Iquique.
En los aspectos materiales, se favoreció el servicio de tranvías tanto en Santiago como en Valparaíso, San Felipe, y San Bernardo. Durante su gobierno la capital fue dotada de un moderno servicio de alcantarillado y se construyó el estanque de Peñuelas, destinado al suministro de agua para Valparaíso.
En materia de hacienda pública, en cambio, su gestión fue estéril, ya que la tan ambicionada conversión metálica -a la que él era contrario, no así la mayoría parlamentaria- debió ser dejada de lado debido a la amenaza de guerra con Argentina.
El público que temía el regreso al papel moneda, retiró apresuradamente sus depósitos de los bancos, y dejó a estos en una situación muy complicada. Este hecho obligó al Estado a emitir billetes fiscales de curso forzoso, postergándose así el retorno al régimen metálico hasta 1902.
El gobierno de Errázuriz Echaurren debió hacer frente al agudo problema limítrofe con Argentina que surgió del tratado de 1881, y de la disputa de la Puna de Atacama. Esto casi desembocó en un conflicto armado, pero, finalmente se impuso la política pacifista del Presidente y el litigio fue entregado a un arbitraje, que solo se resolvió en 1902, en el gobierno de Riesco.
Una vez que el conflicto fue entregado al arbitraje de Inglaterra, el Presidente Errázuriz y el Presidente Roca de la República Argentina celebraron una pomposa entrevista en el Estrecho de Magallanes. Este acto es conocido como El Abrazo del Estrecho y se celebró en la ciudad de Punta Arenas el 15 de febrero de 1899.
Errázuriz no pudo concluir su período por razones de salud. Su estado físico era delicado y había tenido que viajara Alemania para tratarse. La primera vez -entre el 11 de junio y 11 de octubre de 1900- dejó a cargo del país a Elías Fernández; y la segunda vez, como se ha señalado anteriormente, entregó el mando a Zañartu. Este desempeñó la vicepresidencia hasta el cambio de mando, ya que Errázuriz falleció de una trombosis cerebral el 12 de julio de 1901, en Valparaíso.
2- Cronología: Hechos más importantes por fechas
-
Fundación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
-
Toma de posesión de la Isla de Pascua.
-
Creación del Ministerio de Obras Públicas.
-
Restablecimiento de relaciones diplomáticas con Roma.
-
Creación de los Registros Electorales.
-
Creación de la Provincia de Antofagasta.
3- Sociedad y Cultura:
Durante gran parte del siglo XIX, la sociedad chilena fue esencialmente rural. Sin embargo, desde al década de 1860, comenzó a cambiar de fisonomía.
Entre los factores que explican este proceso, podemos mencionar: la prosperidad que había traído primero la expansión económica de mediados de siglo, y, luego la riqueza del salitre. Por otra parte, la educación alcanzó niveles hasta entonces no conocidos y, finalmente, la existencia de un Estado en crecimiento aseguró el empleo para muchos.
La sociedad chilena de la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, estuvo integrada por: La Aristocracia, una naciente Clase Media, el Campesinado y un Proletariado urbano industrial.
Desde los años sesenta, la Aristocracia tradicional - cuya riqueza provenía de la propiedad de la tierra- se emparentó con las fortunas que se habían desarrollado con la industria, la banca, el comercio y la minería.
La nueva clase alta era mundana, preparada y rica. Entre sus características se encuentra su afán imitativo de modas europeas, y el culto a la fortuna y el apellido, requisitos fundamentales de ascenso social. Desde un punto de vista político, el parlamentarismo fue el triunfo de su clase.
Junto con al aristocracia, a fines del siglo XIX surge la llamada “Clase Media”. Su gestación está directamente relacionada con el esfuerzo educacional emprendido en Chile desde la década del 60, particularmente en lo que a educación pública se refiere. A lo anterior se vino a sumar el crecimiento desarrollo del Estado, al cual, al irse volviendo más grande y complejo, requirió de una mano de obra calificada.
Cuesta definir sus rasgos, ya que, originalmente, carecieron de algún distintivo claro. 0 bien se asemejaban a la pequeña aristocracia rural -particularmente en sus modos y costumbres- o fueron asumiendo un fuerte sentido imitativo de la aristocracia. Copiaban su lenguaje, sus modas, hasta sus comidas; pero de un modo imperfecto o demasiado artificioso, por lo que fueron llamados "siúticos". Con el tiempo, fueron adquiriendo rasgos diferenciadores tanto en la aristocracia como del proletariado, constituyéndose así en una nueva clase social.
El Campesinado constituía el grupo más numeroso dentro de la sociedad. Racialmente era mestizo, ya que surgió de la mezcla de blancos, indígenas, y, en menor proporción, negros. Estaba conformado, fundamentalmente, por el inquilino y el peón rural. El primero habitaba las grandes haciendas, en donde el patrón le entregaba una porción de tierra en usufructo. A cambio, el inquilino y su familia debía colaborar en todas las faenas agrícolas y ganaderas. El peón, por su parte, realizaba labores de temporero, emigrando de una hacienda a otra en la medida que se requirieran sus servicios.
El Proletariado tuvo un origen muy similar al de la clase media, sólo que primaron en su constitución otros factores. Entre ellos podemos mencionar el empobrecimiento que comienza a observarse en el mundo rural. Esto llevó a muchos campesinos a tener que buscar nuevas oportunidades en los centros urbanos y, posteriormente, en las labores salitreras. Sin embargo, la solución no fue exitosa, ya que las condiciones de vida de los trabajadores dejaban mucho que desear: bajos sueldos, hacinamiento, enfermedades epidémicas, promiscuidad.
El conjunto de problemas materiales y morales que afectaban a la clase trabajadora a comienzos de siglo se conoce como "Cuestión Social".
La primera manifestación de los problemas, que aquejaban a los trabajadores, fue la huelga salitrera de 1890. Los obreros se organizaron, espontáneamente, para solicitar a los empleadores una mejora en las condiciones de trabajo. La respuesta de los empleadores y de las autoridades fue la represión.
El inicio del cuestionamiento en torno a la realidad de los trabajadores comenzó a partir de la Encíclica Rérum Novárum, en 1891. Para diversos sectore cercanos a la Iglesia, la preocupación social demostrada por el Papa obedecía a desinformación o bien respondía a la realidad europea; pero, en ningún caso, a la chilena. Para otro particularmente los más jóvenes, había que hacer algo más que la simple caridad respecto de la situación miserable del trabajador.
La vorágine de cambios que trajo el nuevo orden liberal no pudo ser absorbida y canalizada por el sistema político. La sociedad no logró adaptarse con la rapidez suficiente para asimilar las nuevas condiciones, corrigiendo los efectos y defectos que se evidenciaban en el camino. Debido a ello, desde fines del siglo XIX surgen en Chile y en el mundo, movimientos contestatarios, partidos obreros, como: el Demócrata (1887), el Obrero Socialista (1912), el Comunista (1922) y el Socialista (1933); y otra serie de organizaciones progresistas, tanto de izquierda como de derecha, que iniciarán una lucha para derribar el orden burgués y extender al pueblo los beneficios de la vida moderna.
La historiografía
Quizás, una de las disciplinas que más evolucionó en el siglo XIX fue la historiografía. Tuvo, como característica, el que muchos de sus cultores fueron, a la vez, destacados hombres públicos. Entre sus principales exponentes, encontramos a:
Diego Barros Arana (1830-1907), quien fuera político, diplomático y gran intelectual. Su principal obra, fue: la "Historia General de Chile", en 16 volúmenes; un clásico en su materia, hasta el día de hoy.
Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1888). Como intendente de Santiago, llevó adelante una notable obra de hermoseamiento de la capital, que incluyó la remodelación del cerro Santa Lucía. Como historiador, cuenta, entre su abultada producción: "Relaciones históricas", "Cosas de Chile", e "Historia de Valparaíso".
Sobresalieron también: Gregorio Víctor (1830-1899) y Miguel Luis Amunátegui (1828-1888). Los hermanos Amunátegui son recordados por su activa participación política e inquietud intelectual. Entre sus obras, encontramos: "La Reconquista española" y "La dictadura de O'Higgins".
La pintura
En los primeros años de¡ siglo XIX no hubo novedades importantes en el campo pictórico. Las obras de arte - con temática fundamentalmente religiosa- siguieron llegando de otras ciudades americanas y de Europa. El principal artista que llega a Chile, fue el mulato Gil de Castro, que retrató a los próceres de la Independencia. Posteriormente, llegan artistas europeos, imbuidos de¡ espíritu romántico, que recorren el mundo en busca de fama y aventuras. Entre éstos, destacan: el bávaro Mauricio Rugendas (1802-1858), que retrata algunos personajes populares de nuestro país; y el bordalés Raimundo Monvoisin (1790-1870), que plasma la cara aristocrática de la sociedad.
Ante la carencia de cultores nacionales, en 1849 se funda la Academia de Pintura, a cargo de¡ napolitano Alejandro Cicarelli (1810-1879). Con ella, se da inicio a la enseñanza formal de este arte en Chile, lo que derivará en el surgimiento, a finales de siglo, de importantes figuras.
Los primeros pintores destacados que tuvo nuestro país, fueron: Manuel Antonio Caro (1835-1904) y Antonio Smith (1832-1877). En el taller de este último se educan artistas tan importantes como: Pedro Lira (1845-1912), Alberto Orrego Luco (1854-1931), Onofre ]arpa (1849-1940), y Alfredo Valenzuela Puelma (1856-1909). Pero, será con la pintura impresionista de Juan Francisco González (1853-1933), que el arte pictórico chileno alcanzará su mayor cumbre del siglo XIX y principios del XX.
II- Contexto Educacional en Chile a fines del
Siglo XIX
Desde los primeros años de vida republicana, una de las mayores inquietudes de los sucesivos gobiernos fue la educación. El espíritu Ilustrado de los fundadores de la República, asociaba la educación al progreso. Se creía que sólo un pueblo instruido iba a ser capaz de aprovechar los beneficios de la vida independiente. Por esto, no resulta extraño que, en medio de las tribulaciones de 1813, José Miguel Carrera encontrara tiempo para preocuparse de la fundación del Instituto y la Biblioteca Nacionales.
Durante los años de la "Anarquía", la educación quedó mayoritariamente en manos de particulares y de la Iglesia. Un hecho destacado es que, en 1828, don José Joaquín de Mora, y su esposa, fundaron dos importantes establecimientos educacionales: la Escuela de Chile y la Escuela de Señoritas de Santiago, donde se implantó en forma definitiva el método Lancasteriano. Entretanto, los sectores más pobres asistían a las escuelas que mantenían las parroquias.
Desde 1813 hasta 1912, año en el que los educadores evalúan el siglo de vida independiente y el rol de la Educación en Chile (Primer Congreso de Enseñanza Secundaria), la naciente nación se movió entre divergencias y una importante convergencia: el postulado de que la Educación es el centro y motor fundamental de todo progreso y bienestar nacional, era compartido por una mayoría nacional. Las divergencias, múltiples y variadas, especialmente las pugnas entre carreristas y o'higginistas y, luego, entre pipiolos y pelucones, las guerras internas y externas, la confrontación entre libertad de enseñanza y estado docente (culminada en 1872, con la pugna entre A. Cifuentes y D. Barros Arana), interfirieron muchas veces la acción cultural y la educación popular, aunque no impidieron que a través de las décadas se produjeran importantes avances en el plano de la institucionalidad educativa, tales como:
Constitución de 1833 (M. Egaña), la cual consagra la educación pública como atención preferente del Estado; fundación en 1842 de la Universidad de Chile (A.Bello) y Escuela Normal de Preceptores (D.F. Sarmiento), y en 1854, de Preceptoras; dictación de la Ley Orgánica de Instrucción Primaria (1860, M. Montt), por la cual se estructura la carrera de maestro y se declara el carácter gratuito de la enseñanza primaria; creación de Liceos femeninos (Copiapó, La Serena) e incorporación de la mujer al sistema educativo integral (M.L. Amunátegui), en 1877; fundación de la Universidad Católica (1888, M. Casanova) y del Instituto Pedagógico (1889, V. Letelier), que inaugura la formación profesional del Profesor Secundario; realización de dos Congresos de Educación (1889 y 1902); creación de Liceos de Hombres (La Serena, 1821; Talca, 1827) y Fiscales de Niñas ( Valparaíso, 1892 y Santiago, 1893); Escuelas Normales, Industriales, Técnicas, Agrícolas y Comerciales (especialmente bajo el Gobierno de J.M. Balmaceda), así como de Colegios particulares a lo largo del país.
Finalmente, creación del Instituto Superior de Educación Fisica (1906, J. Cabezas) y, para culminar, promulgación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, gratuita y laica (1920, D. Salas).
Todo este largo período fundante de la cultura nacional está afincado implícitamente en postulados humanistas, en lineamientos emancipatorios y republicanos y en inspiraciones ilustradas, firme aunque insuficiente sustento para superar la crónica reticencia y oposición de la clase terrateniente y de sectores recalcitrantes de la Iglesia Católica.
Junto a la dinámica socio-política interna, la presencia y acogida de notables pensadores provenientes del extranjero : Antonio de Gorbea, Fernando Zegers, Andrés Bello, Claudio Gay, Ignacio Domeyko, Juan B. Alberdi, Domingo F. Sarmiento, entre otros, y una pléyade de profesores alemanes contratados para las Escuelas Normales (José A. Núñez) e Instituto Pedagógico (tras la estadía en Europa de Valentín Letelier y Claudio Matte), significó un aporte sustantivo para el larvado proceso de avance educacional y para el posterior acceso de la clase media al aparato político institucional y cultural del país.
1- Don Andrés Bello
En el escenario socio-cultural del siglo XIX emergen relevantes dos figuras centrales y simbióticas: una institución, la Universidad de Chile, y una personaje: don Andés Bello, las cuales, a su vez, operan como necesario fondo para la posterior aparición de otro importante actor social: el Instituto Pedagógico.
Para muchos, Bello ha sido el principal forjador de nuestra génesis socio-cultural, no sólo nacional sino latinoamericana. Sus múltiples fundaciones tienen como objetivo primordial educar al pueblo y acostumbrarlo a pensar por sí , para lo cual era necesario fomentar los establecimientos públicos para formar ciudadanos útiles. Amén de sus proyectivas incursiones en los campos de la Gramática, el Derecho, la Literatura, la Historia, la Legislatura, el Teatro y otros tantos, su principal rol fue el de Educador, difusor de las `luces' y, en especial, de los Derechos Humanos ('conocer sus derechos y obligaciones'). No sólo fue maestro de todos los dirigentes políticos de la época y gestor de nuestra Historia y poesía con contenido nacional, sino importante agente en la creación de Escuelas Nocturnas y Normales, difusor de textos y Bibliotecas populares, y animador de la Ley de Instrucción Primaria (1860). Todo ello aunado por su basal vocación pedagógica que lo hacía predicar y actuar considerando que la Educación es el vehículo más adecuado para la formación de ciudadanos.
Su obra fundamental y más fecunda, por institucional y proyectiva, será la Universidad de Chile, de la cual fuera su (re)electo Rector (vitalicio), durante 22 años,
Resulta admirable constatar hoy la avizora perspicacia del Maestros de maestros: su anticipada visión sistémica de la personalidad; su visión fundante y proyectiva respecto a la identidad y cultura nacional; su clara percepción a cuanto al rol a desempeñar por profesionales formados en las competencias pedagógicas y, en fin, su previsión respecto a lo económico
2- La Facultad de Filosofía y Humanidades (U. De Chile)
La Ley Orgánica de la U. de Chile (19 de Noviembre de 1842), en el primer artículo establece la tuición y `dirección e inspección de todos los establecimientos de educación', a la primera de las cinco Facultades originales: la Facultad de Filosofía y Humanidades, a la cual se le señala (art. 8º) como misión específica “ la dirección de las escuelas primarias...y una atención especial a la lengua, literatura naciona, historia y estadística de Chile” .
Será esta matriz, en su letra y en su espíritu, la que animará, tras la separación de la instrucción primaria de la Universidad (1860), la posterior fundación del Pedagógico. Muy pronto será esta Facultad, a pesar de su carencia formativo-profesional, y otorgará su sello propio a la tarea cultural universitaria.
Todo este estadio político-cultural y educacional tuvo como idea-fuerza y signo identificatorio distintivo, el concepto de Estado-Docente, laico, gratuito y democrático. Sobre este tejido valórico, articulado en la secuencia “Instituto Nacional - Escuelas Normales y Facultad de Filosofía y Humanidades”, y a través de la posta social-humanista de personajes señeros como Andrés Bello,
Ignacio Domeyko, Pedro Montt, José M. Balmaceda, Claudio Matte y el infatigable mentor Valentín Letelier, es que será hará posible, no sin resistencias y tras largo embarazo, el nacimiento de esta Institución partera de la educación del siglo XX, que dió en llamarse Instituto Pedagógico.
III- La creación del Instituto Pedagógico
“El Instituto Pedagógico no se ha fundado propiamente para enseñar el castellano ni ninguna ciencia, se ha fundado para formar profesores, enseñando práctica y teóricamente la metodología de la enseñanza de cada ramo... porque una cosa es saber, otra saber enseñar, y otra saber enseñar el arte de enseñar”( Valentin Letelier).
1- El larvado parto de la criatura pedagógica.
Dentro de los limitados márgenes de desarrollo cultural logrado durante el siglo XIX, el nivel de enseñanza primaria había alcanzado importantes metas:
La formalización de instituciones formadoras de maestros (Escuelas Normales), una primera Ley de Instrucción Obligatoria, que implicaba, además, la autonomía de esa rama de la Universidad de Chile (1860), un Primer Congreso Nacional (1889) y, coronando todo, la promulgación de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria (1920), bajo la inspiración del normalista chillanejo y egresado del Pedagógico Darío Salas.
Por la lógica expansión del sistema se fue avizorando gradualmente la
necesidad de preocuparse de la Enseñanza Secundaria. El soporte inicial prestado por el Instituto Nacional y la colaboración de profesionales diversos ya no fue suficiente, por lo cual hubo esfuerzos por normalizar el rol de Profesor Secundario e institucionalizar su formación.
A ello respondieron, por una parte, la Ley Orgánica de 1879 (que regularizó la Enseñanza, estatal y gratuita, en Secundaria y Superior) y, por otra, los Proyectos presentados, especialmente por parte de Ignacio Domeyko (`El Semanario' - 1842), Diego Barros Arana (Ayudantías en el Instituto Nacional, 1863-1867) y, ya como precursores directos, Valentín Letelier y Claudio Matte (1885), para instaurar modalidades de formación profesional de `Profesores de Estado'. La idea de Letelier (`Seminario de Profesores), es aprobada por el Ministro F. Puga quien, en 1888, ordena al Ministro de Chile en Berlín la contratación de seis profesores alemanes con estudios superiores en las materias.
Una descripción elocuente respecto a la situación de la enseñanza secundaria durante el siglo XIX, nos la expone el propio fundador, don Valentín Letelier(1895):
“ Profesores de instrucción secundaria tenemos como cuatroscientos, instituidos por obra y gracia de los nombramientos gubernativos... En Chile es creencia general que cualquier ingeniero puede hacer una buen profesor de matemáticas... Es éste un gravísimo error, porque lo más propio para aquilatar la idoneidad de un profesor no es su saber, es su didáctica...No hay arte más delicada, más compleja, más subordinada al conocimiento de la psicología que el arte de enseñar... Profesores que enseñen y eduquen, que no se limiten a dar y tomar a libro abierto como lección el texto sacramental de un manual, profesores que se curen menos de recargar la memoria que de cultivar las facultades activas de cada educando...y hacer del estudio lo que deber ser, esto es, el arte de investigar: profesores tales hemos contado muy pocos hasta la renovación del arte pedagógico en los últimos años... para todos los chilenos, defender el Instituto Pedagógico es defender uno de los agentes más poderosos de la cultura nacional, y suprimirlo es imposibilitar la formación del profesorado chileno, es hacernos perpetuos tributarios de la pedagogía extranjera ”.
La idea bellista de don Valentín, era recurrir a la importación de pedagogos extranjeros para que, tras su aportativo saber, se formaran y desarrollaran autónomamente los cuadros profesionales propios para la institucionalización de la carrera docente (secundaria) y su proyección cultural a nivel nacional, que fue lo que efectivamente sucedió.
2- Nacimiento del Instituto Pedagógico y su nutrición alemana
En 1889, la Universidad de Chile, sobre la base de su antigua Facultad de Filosofía, Humanidades y Bellas Artes creada en 1843, fundó el Instituto Pedagógico. La naciente institución tomaba a su cargo la formación a nivel universitario, del profesorado de la educación secundaria, cumpliendo así una función cultural profesionalizada y en aquellas aulas se formaron sucesivas generaciones de maestros, venciendo resistencias múltiples, con el apoyo de Pedro Montt y Diego Barros Arana, el Proyecto Letelier se concretará el 29 de Abril de 1889, a través de la acción de los Ministros de Educación F. Puga y J. Bañados, durante la Presidencia de J.M. Balmaceda, y bajo la égida de don Valentín Letelier. Fungía de Rector de una Universidad de Chile casi indiferente, J. Ignacio Vergara.
Por cierto, no fue tarea fácil organizar y echar a andar el Instituto; al contrario, pocas creaciones educacionales se han estructurado en un ambiente tal de resistencia, ataques, controversias y recelos como el que tuvo que afrontar el Pedagógico. Prácticamente no hubo sector de la opinión pública que no mostrara, de una manera u otra, su oposición a la creación del Instituto, desde el Consejo de Instrucción Pública y la Universidad de Chile, que lo desconocían por no haber sido consultados como lo disponía la ley, hasta la propia Facultad de Filosofía, que veía amenazado su prestigio al tener que absorber labores docentes, propias de las facultades profesionales de la época.
Durante medio siglo, la Facultad de Filosofía se había mantenido ajena a la formación de profesionales, dedicada exclusivamente al cultivo de las letras y humanidades. Organismo rector de la cultura nacional, era, indudablemente, el de mayor influencia en la Universidad y en la intelectualidad de la nación. La única Facultad no docente de la Universidad de Chile se hacía ahora responsable de la formación de los profesores secundarios, y, por primera vez en 46 años, sus dependencia se abrían al ingreso de alumnos. Hasta ese entonces, el papel de la Facultad de Filosofía y Humanidades en la educación chilena era de orientar y supervisar la enseñanza, no el de proveer los profesores. Para ello se contaba con facultades profesionales y las congregaciones religiosas : médicos para impartir la biología y las ciencias naturales, ingenieros para la enseñanza de las matemáticas y la física, farmacéuticos para la botánica y la química, abogados para la historia y las letras, y sacerdotes para la filosofía, lógica y psicología. En total, el país contaba con unos 400 profesores de liceo entre profesionales, sacerdotes y autodidactas, todos ellos en pie de guerra frente a la competencia que se avecinaba y al inminente reconocimiento oficial que los nuevos maestros pudiesen lograr de las autoridades educacionales. Por otra parte, la medida, ya concretada, de traer un selecto grupo de profesores alemanes de reconocido nivel académico, no dejaba de causar inquietud y malestar entre los integrantes de la Facultad, que veían seriamente amagado no sólo su prestigio, sino también su propia fuente de trabajo. Algo de tranquilidad se logró al exigir en los contratos de los maestros alemanes una dedicación exclusiva a la docencia, con prescindencia taxativa de la investigación y de la creación de escuelas científicas. Si a todo lo expuesto se agrega la indudable identificación del Pedagógico con el gobierno de Balmaceda, transformado desde el primero de enero de 1891 en una dictadura, resulta poco menos que sorprendente el que la joven institución pudiese sobrellevar los embates y mantenerse enhiesta en el papel y objetivos que se les asignaran. Irguiéndose, a veces solitaria, la gigantesca figura de Valentín Letelier, verdadero impulsor y creador del Instituto Pedagógico, enfrentaba una y otra vez a los detractores: "para todos los chilenos defender el Instituto Pedagógico es defender uno de los agentes más poderosos de la cultura nacional; suprimirlo es imposibilitar la formación del profesorado chileno; es hacernos perpetuos tributarios de la pedagogía extranjera".
Las clases, hecha la selección desde Agosto, se iniciarán en Abril de 1990, en la Alameda Las Delicias Nº 178, con dos secciones: Humanidades Superiores y Ciencias. La enseñanza, con duración de tres años, fue gratuita (30 becas), con régimen de internado.
El primer cuerpo académico del Instituto Pedagógico estaba constituido por un chileno, Enrique Nercasseau y Morán, y por los siguientes profesores alemanes: Jorge Enrique Schneider (pedagogía, filosofía, lógica, metodología, moral y filosofía de las ciencias), Juan Steffen (historia y geografía), Federico Hansen (filología, gramática general, lingüística, latín, griego, francés, inglés, alemán, retórica e historia literaria), Reinaldo Von Lilienthal (aritmética, álgebra, geometría, trigonometría y mecánica; sólo estuvo unos meses en Chile y retornó a Alemania, donde se destacó como uno de los más grandes matemáticos de su época. Fue reemplazado por Augusto Tafelmacher, quien ejerció hasta 1907), Federico Johow (ciencias naturales, biología, zoología, botánica e higiene; notable botánico, Johow fue designado como primer director del Instituto Pedagógico), Rodolfo Lenz (gramática) y Alfredo Beutell (química y mineralogía). Luego se agregarán los Profesores Domingo Amunátegui Solar en Derecho Constitucional, y Francisco Jenschke, en Gimnasia. Entre otros continuadores del elenco docente inicial, figuraron: W. Mann, R. Poenisch, F. Servat, W. Ziegler, J. Montebruno, J.M. Gálvez.
Si bien los profesores alemanes realizaron trabajos de investigación, lo hacían más bien a título individual. No era su papel el formar investigadores ni continuadores capaces de seguir y acrecentar su obra. Por lo demás, esto a nadie le interesaba mayormente. Ellos tenían como misión formar profesores secundarios, no escuelas científicas, y bien sabe el país lo brillantemente que cumplieron su tarea. No obstante, su enorme prestancia intelectual convirtió en discípulos a sus primeros alumnos, pudiéndose proyectar su obra a través de productos auténticamente chilenos. Así, por ejemplo, a comienzos de los treinta, la prestancia científica del Pedagógico, a nivel internacional, se hallaba centrada exclusivamente en la cátedra de botánica de Federico Johow.
La desaparición inexorable de los primeros alemanes provocó una crisis educacional y un deterioro tal en la formación de los profesores que, en 1929, el gobierno optó por una nueva importación. De los nuevos profesores alemanes contratados en esa época, la mayor parte retornó a su patria al poco tiempo, no dejando mayor huella. Sólo dos se avecindaron definitivamente en Chile : el matemático Carlos Grandjot y el químico Fernando Oberhauser. La labor que desarrollaron por más de tres décadas de docencia e investigación marcó indeleblemente la enseñanza de sus respectivas disciplinas en este país.
La actuación del equipo germano inaugural fue controvertida: atacada (De la Barra , 1899) y defendida (Letelier, 1895; Mann, 1910); a través de ella, la impronta que marcará la teoría y práctica profesional de los Profesores Secundarios, ya presente en la formación de los Primarios normalistas, será la pedagogía científica del filósofo J. F Herbart , precursor de la Psicología experimental. Para este educador alemán, era necesario superar la tendencia metafísica y afianzar una pedagogía científica, postulando que la mente se forma por la adquisición sistemática de representaciones, de ideas provenientes de la experiencia y resultantes del contacto del individuo con el mundo exterior, con las cosas. De aquí la importancia del método y de la manera como se presenten los contenidos al educando, razón por la cual propone el suyo: la programación de etapas o `pasos formales', según la naturaleza e interés de las materias.
En el caso específico de la educación chilena, ello condujo a la aplicación del llamado `Plan Concéntrico', por el cual las materias afines (`que pertenezcan a un mismo orden de conocimientos y en conformidad al crecimiento de las facultades del niño') agrupadas en áreas (humanística, científica, artística), se desarrollarían gradualmente desde al inicio de la Secundaria hasta el último año (6º).
Junto con el estreno docente de los primeros egresados, el Plan se aplica en los Liceos desde 1893, con el respaldo del Ministro Diego Barros Arana (quien ya lo había experimentado en el Instituto Nacional, con el concurso de maestros alemanes) y del Director Domingo Amunátegui. En lo curricular implicó el reemplazo del Latín por dos idiomas modernos; la inclusión de asignaturas técnicas como Canto, Gimnasia y Dibujo, y el aumento de las horas de Ciencias físicas y naturales. Tal mutación programática fue resistida por sectores tradicionalistas (por su carácter laico), nacionalistas (por la influencia didáctica extranjera), y antagonistas del positivismo contemporáneo implicado en el modelo.
La verdad es que, en términos objetivos, tanto la acción de los profesores alemanes como los cambios curriculares generados resultaron, a la postre, un aporte trascendental y constructivo para la evolución de la educación chilena. El quehacer laboral y la influencia magisterial de los fundadores del Pedagógico fue ingente e inmensa: todos ellos eran doctores y estaban habilitados para la Docencia, todos ellos dejarán asentadas bases productivas acerca de sus respectivas disciplinas, todos ellos escribieron y difundieron sus investigaciones, entre otros medios, a través de los Anales de la Universidad de Chile.
De este fundacional grupo, distinguiremos simbólicamente a dos de sus integrantes: J. E. Schneider y Domingo Amunátegui. Del primero, Schneider, baste decir que fue el fundador de la Psicología Experimental y del Liceo de Aplicación (1843), para muchos de entonces, el `alma del Pedagógico'. Su acción fundadora fue continuada por otros: Wilhelm Mann, su sucesor, creará el primer Gabinete de Psicología Experimental (1907); luego, los chilenos Luis Tirapegui, inaugurará los estudios psicométricos en Chile, y Abelardo Iturriaga, creará el Instituto de Psicología (1941), piedra básica del origen y desarrollo de la Psicología nacional. Del segundo, Amunátegui, diremos que no sólo fue su primer y duradero Director chileno (1892-1911) sino su verdadero `constructor', siendo él quien cambiara su sede a Cumming con Alameda e inaugurara el ingreso de la mujer al Pedagógico, cuya primera egresada será la Profesora Dorila González (1895). En 1908 aplica un nuevo Plan de 4 años para sus 144 estudiantes. Luego, se convertirá en Rector magnífico de la U. de Chile (1911-1923).
Al iniciar su desempeño como Director del Pedagógico (1892), Amunátegui emite el siguiente diagnóstico, así reseñado en carta al Ministro de Instrucción
Pública:
“ El Instituto Pedagógico de Chile representa el primer esfuerzo que en nuestro país se hace para sistematizar la carrera del profesorado...el látigo ha sido reemplazado por la palabra persuasiva. No basta decretar un Plan de estudios ni combinar nuevos programas; se necesita, además, que los individuos encargados de aplicar éstos y aquél consagren toda su inteligencia y toda su voluntad al buen éxito de la obra “.
El influjo de este equipo docente y directivo fue decisivo para la impronta identificatoria de la formación pedagógica de los `Profesores de Estado en instrucción secundaria' quienes, a partir de los 26 egresados en 1892, constituirán un aporte sociocultural significativo y constante en el país, tanto desde las aulas de Liceos y Colegios, como desde el Ministerio de Educación y otros organismos culturales.
La notable calidad de sus primeros egresados, conjuntamente con el prestigio e idoneidad de su cuerpo académico, lo hicieron rodearse rápidamente del respecto y consideración no sólo de los chilenos, sino también de las naciones hermanas, que emularon e hicieron propia su estructura y objetivos. Efectivamente, en la década de los cuarenta, el gobierno de Venezuela contrató una misión chilena, constituida entre otros por Juan Gómez Millas, Eugenio González Rojas y Horacio Aravena Andaur, para organizar un Instituto Pedagógico a imagen y semejanza del chileno.
No es posible hablar del Instituto Pedagógico sin mencionar el gigantesco impulso otorgado por Juan Gómez Millas, desde el decanato de la Facultad de Filosofía y Educación, y posteriormente en la rectoría de la Universidad, al desarrollo de la ciencia y la investigación en este campus. La década del 45 a 55 no sólo nos permitió el traslado desde la casona Cumming (actual Liceo de Aplicación) a los terrenos del Instituto Inglés de Macul 774, sino también la aparición de centros de investigación, cuyo nivel de excelencia trascendió las fronteras de la Facultad y de la nación. Aquí tenemos, entre otros, los Centros de Investigaciones Zoológicas, de Folklore, de Entomología, de Literatura Hispanoamericana, de Radiación Cósmica, etcétera.
Hasta 1953, durante seis décadas los Planes del Instituto rigieron y cautelaron los de las demás instituciones formadoras de Profesores Secundarios en el país. La mayoría de los integrantes de las primeras cohortes tituladas en el Pedagógico tuvo una acción social y cultural de gran proyección para la educación nacional, en lo docente y en lo gremial. De su primera hornada, destacamos algunos nombres, tales como: Alejandro Venegas, Enrique Molina, Julio Montebruno, Maximiliano Salas, Fidel Pinochet, Antonio Bórquez., Luis Torres. Con esta pléyade de Profesores Secundarios se complementaba y enriquecía el importante rol que venía cumpliendo el Magisterio primario formado en las Escuelas Normales, tanto de la capital como de provincias Muchos normalistas prosiguieron estudios en el Instituto Pedagógico, así como muchos Profesores titulados en el Pedagógico se desempeñaron como profesores y directivos en Escuelas Normales. Será este inmenso caudal de profesionales primarios y secundarios, el que generará una evaluación crítica y polémica respecto a la situación nacional, a raíz del Centenario de la Independencia y que, paralelamente, iniciará diversos movimientos reivindicativos y sindicales en el ámbito laboral.
Desde el decanato de la Facultad de Filosofía y Educación pasaron directamente a la rectoría de la Universidad de Chile Domingo Amunátegui Solar, Juan Gómez Millas y Eugenio González Rojas. Desde su secretaría general, Horacio Aravena Andaur pasó a la rectoría de la Universidad Técnica del Estado. El Pedagógico proveyó también a la Universidad de Concepción de su rector fundador, Enrique Molina Garmendia. Intimamente ligados al Pedagógico estuvieron las actuales autoridades centrales de la Universidad de Chile, Juan de Dios Vial Larraín y Marino Pizarro. Entre sus egresados, y posteriormente integrante de su plantel docente, nos encontramos con el ex Presidente de la República Pedro Aguirre Cerda, y con el Premio Nobel Pablo Neruda.
En su Departamento de Historia se formaron y ejercieron la docencia los Premios Nacionales Eugenio Pereira Salas, Guillermo Feliú Cruz, Néstor Meza, Ricardo Krebs, Mario Góngora y Rolando Mellafe. Fueron también productos y profesores del Pedagógico los Premios Nacionales de Literatura Mariano Latorre, Ricardo Latcham, Nicanor Parra, Rodolfo Oroz y Roque Esteban Scarpa, y los Premiso de Educación Roberto Munizaga, Luis Gómez Catalán, José Herrera y Marino Pizarro. Sin ser egresados del plantel, el Pedagógico contó durante varios años con el extraordinario aporte formativo de los Premios Nacionales de Ciencias, Héctor Croxatto y Danko Brncic.
3- El Instituto Pedagógico y el crítico comienzo del siglo XX
A pesar de las divergencias, hubo en Chile durante el siglo XIX, una cierta estabilidad institucional. En contraste con lo que sucedía en el resto de las naciones latinoamericanas, se impulsó una integración territorial de las regiones, avanzando en su consolidación como República bajo la férrea hegemonía de la burguesía terrateniente, a la vez que factores geo-políticos y económicos coadyuvaron para mantener al pueblo sojuzgado e inerme. Podemos decir, por ende, que en lo grueso y mirando retrospectivamente el itinerario de este siglo, el paisaje resulta magro y pobre, especialmente respecto al pueblo mayoritario. Lo alcanzado en el plano institucional republicano, en términos de consolidación de la identidad y cultura nacionales y de parcelados avances en el
área de la Educación, no logra compensar ni dar respuestas a los requerimientos básicos de los niños, jóvenes, mujeres, indígenas, obreros y campesinos de la patria. La división de clases, la explotación laboral, el centralismo, la conformación cultural elitesca y otros déficits del desarrollo social generan un diagnóstico compartido por diversos analistas, entre ellos el
filósofo y Profesor del Pedagógico Luis Oyarsún (1967:15), para quien la cuestión era que "el pueblo, entre tanto, trabajaba y dormía. A veces llegaba a adquirir el alfabeto. El régimen imperante descansaba en una base feudal” . Y el planificador educacional, Oscar Vera (1985: 35), quien sintetiza: ` La población era mero instrumento pasivo de la dominación política y económica de las clases altas' . Y así era : no más del 40% de la población sabía leer y escribir, y la mayor parte lo hizo a látigo, huasca y guantes, especialmente el inquilinaje que asistía a las aulas rurales.
No es extraño entonces que, tras la exclusiva predominancia organizacional del Estado y de la Iglesia, en este tiempo finisecular se fuese implotando un subterráneo y múltiple movimiento social cuya explosión conducirá, con el despertar del nuevo siglo y bajo la coyuntura del Primer Centenario de la Independencia, a la conformación de variadas organizaciones sociales y gremiales que buscarán satisfacción a sus carencias, y cauces para un desarrollo socio-económico y cultural más justo y equitativo.
4- Consecuencias de la Creación del Instituto Pedagógico
En los comienzos del siglo XX, se acuna el nacimiento de importantes movimientos gremial-educacionales, inicialmente de carácter profesional o mutualista : Centro de Profesores de Chile (1901), Sociedad de Profesores de Instrucción Primaria (1903), Asociación de Educación Nacional (1904), Centro de Estudios Pedagógicos (1905), Federación de Estudiantes U. de Chile (FECH - 1906), y Sociedad Nacional de Profesores (SONAP - 1909). Por constituir una importante matriz del desarrollo profesional-docente, resulta relevante el rol cumplido por la Asociación de Educación Nacional, entre cuyos fundadores se contaron P. Aguirre Cerda, C. Matte, C. Fernández, P. Bannen, D. Salas e Isaura Dinator, y en cuyos treinta y tres artículos de Declaración de Principios se planteaba una educación destinada a formar mejores ciudadanos, cautelando el desarrollo de sus condiciones físicas, intelectuales y caracterológicas, con espíritu de investigación y con un alto sentido práctico de la vida.
Se postulaba ya, el respeto a la diferencias regionales, la negación a la extranjerización de la enseñanza , la continuidad y unidad del sistema : todo esto en un marco un tanto elitista y despolitizado, de semidemocratización y de ordenamiento oficialista, muy en el estilo de A. Bello, J. Dewey y D. Salas.
Será en 1922, que recién emerja una orgánica definidamente sindical: la Asociación General de Profesores (AGP), la cual agruparía a profesores normalistas, muchos de ellos provincianos y estudiantes del Pedagógico, por tanto, integrantes de la FECH. Su acción gremial la realizaron al margen de los partidos políticos, ya que éstos no se comprometían con el problema educacional, recibiendo, en cambio, importantes apoyos unipersonales como los de G. Mistral, P. Neruda, J. Vasconcelos y J. Bardina, entre otros. Paralelamente a la acción socio-gremial se gesta, en este tiempo, una enjundiosa producción crítica a cargo de connotados docentes : Filosofía Educacional (V. Letelier, 1902); Mi credo pedagógico (J. Dewey, traducido por D. Salas, 1905); Sinceridad (A. Venegas, 1910); Nuestra inferioridad económica (F.A. Encina, 1912); Educación económica e intelectual (L. Galdames, 1912); La cultura y la educación general (E. Molina, 1912) ; El problema nacional (D. Salas, 1917).
Impactante fue, además, la publicación de `Cartas de la aldea' (1908), del maestro primario Manuel J. Ortiz, en la cual se mostraba crudamente, a través de un expresivo lenguaje, la realidad de la educación en provincias, y el drama vivido cotidiamente por los maestros rurales.
Este inmenso acopio gremialista y crítico-productivo, en un escenario local dinamizado por movimientos populares, y mundial focalizado en la primera guerra europea y en la revolución rusa, abre las compuertas para la impetuosa generación del 20, alcanzándose cimeras realizaciones gremiales y socio-educativas. En este contexto y en aquellas décadas, serán los educadores, primordialmente forjados en las aulas del Pedagógico, con su compromiso profesional humanista-democrático, quienes liderarán un proceso de cambio en el sistema educacional y cultural del país.
El 20 de enero de 1981 se crea la Academia Superior de Estudios Pedagógicos, a la que se integra la Facultad de Educación sin conservar su estructura de Facultad.
El D.F.L. N°7 de fecha 17 de febrero de 1981, establece el Instituto Profesional denominado Academia Superior de Ciencias Pedagógicas que sucede al organismo anterior.
Esta nueva institución recupera su carácter universitario en el año 1986, surgiendo la actual Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.
La tradición de la UMCE se encuentra inserta en la más brillante historia de la enseñanza pedagógica en Chile.
Desde 1889 hasta la fecha, en consecuencia, ha habido un único organismo académico bajo cuatro denominaciones distintas y diferentes configuraciones jurídicas. Es por ello que la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, legalmente es sucesora y continuadora del Instituto Pedagógico, fundada en los valores de la cultura occidental cristiana y en los de nuestra nacionalidad y asume su misión en forma responsable, dinámica y en constante actualización.
Conclusión
Al finalizar este trabajo podremos concluir que la creación del Instituto Pedagógico fue de gran ayuda para la educación en Chile, ya que, hasta ese momento no se conocía ninguna Institución encargada de formar a los que en el futuro serían nuestros maestros. Si bien es cierto esta tarea no fue fácil, pero los ideales de sus creadores fueron más fuerte, que los de aquellos que solo se preocupaban de su propio beneficio y no del crecimiento educacional del país.
También es importante considerar que en ese momento en nuestro país no se vivía un momento de gran prosperidad, ya que, aún permanecían las consecuencias de la Guerra del Pacífico, los problemas económicos respecto a las salitreras, que ya hace tiempo venían aquejando la economía del país y las constantes luchas políticas, lo que hicieron aún más dificultosa la misión de mejorar la educación en el país.
Como podemos ver los obstáculos fueron muchos, pero, sin embargo, la creación del pedagógico siguió adelante, con excelentes resultados, y es así como ahora podemos contar en Chile con una de las mejores Instituciones encargadas de la formación de pedagogos.
Bibliografía
- Historia y Geografía de Chile, Samuel Vial M., Tercera Edición.
- Historia de Chile, Francisco A. Encina, Editorial Arcilla.
- Historia y Geografía de Chile, Carlos Fredes Aliaga.
- www.uchile.cl/instituto/historia/jornada/
- www.puc.cl/historia
- www.tercera.cl
- www.icarito.cl/especiales/historiachile/
- www.ercilla.cl
- www.lasegunda.com
Indice
Introducción ..................................................................................................................... 1
I- Contexto histórico de chile entre los años 1800 y 9000 .................................. 2
1- Presidentes ................................................................................................................... 2
2- Cronología: Hechos más importantes por fechas ............................................... 13
3- Sociedad y cultura .................................................................................................... 15
II- Contexto educacional en Chile a fines del Siglo XIX ...................................... 19
Don Andrés Bello ...................................................................................................... 20
La facultad de filosofía y humanidades (Universidad de Chile) ................... 21
III- La creación del Instituto Pedagógico ............................................................... 23
El larvado parto de la criatura pedagógica ........................................................ 23
Nacimiento del Instituto Pedagógico y su nutrición alemana ........................ 24
El Instituto Pedagógico y el crítico comienzo del Siglo XX ........................... 31
Consecuencias de la creación del Instituto Pedagógico .................................. 32
Conclusión ......................................................................................................................... 34
Bibliografía ...................................................................................................................... 35
1