Inmigración marroquí en España

Geografía. Sociedad. Movimientos migratorios. Migraciones. Inmigrantes ilegales

  • Enviado por: Belen Montiel Dominguez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 23 páginas
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Índice:

  • Índice 1

  • Prefacio: La mujer inmigrante 2-3

  • Causas de la emigración en la cuenca mediterránea 4-6

  • El empleo femenino en Marruecos 7-11

  • Feminización de la inmigración en España 12-14

  • Características de la inmigración marroquí femenina en España 15-18

  • El Islam de la emigración 19-21

  • Conclusión 22

  • Bibliografía 23

  • Prefacio: La mujer inmigrante

    Uno de los temas de más candente actualidad y que presenta una compleja y heterogénea realidad es la de la inmigración magrebí en España. Desde comienzos de la década de los 90 son numerosos los estudios acerca de este hecho, que tienen como objetivo el profundizar en las causas de este fenómeno novedosos pero constante y arrojar un poco de luz sobre la realidad y la problemática social que padece este colectivo.

    En un principio el fenómeno de la inmigración en España desató numerosos estudios de tipo estadístico, pero del todo insuficientes para dar una explicación de lo sucedido. Más tarde, se optó por impulsar estudios e investigaciones más cercanas a la sociología y la antropología, ciencias que han contribuido a realizar un retrato aproximado del colectivo de inmigrantes magrebíes en España y su realidad.

    Dentro de esta parcela se encuadran numerosos estudios acerca de la mujer magrebí y su inserción en la sociedad española. Estos estudios pretenden ahondar en las características de este colectivo, que encuentra un doble reto en su inserción en el mundo laboral y social dentro del país receptor por su doble condición: inmigrantes y mujeres. Si a esto añadimos su condición de musulmanas, encontramos como esta índole se convierte en una traba para su integración en la sociedad receptora.

    La investigación antropológica de cualquier tipo presenta ciertas dificultades intrínsecas, pero cuando este estudio se centra en el colectivo femenino de inmigrantes musulmanas deben vencerse numerosas barreras y estereotipos de tipo social, cultural y religioso. El contacto con este grupo se hace difícil no sólo por su larga jornada laboral, sino también por la falta de comunicación con el mundo exterior que sufren, debido a la férrea estructura patriarcal de su cultura.

    La concepción patriarcal de la cultura musulmana supedita a la mujer a la figura de un varón, bien representada en la figura del padre, hermanos, tíos o primos en un primer estadio de su vida y, más tarde, sometida al marido y familiares de éste, tras el matrimonio. La mujer no posee ningún tipo de consideración social, en el sentido de que no tiene entidad ni autoridad por sí misma, que le es conferida únicamente gracias al marido o a la familia de origen. El hábitat natural de las mujeres musulmanas es la casa, donde la sociedad las destierra, vetándoles cualquier excursión de la esfera de lo íntimo.

    En esta exposición limitada pretendemos arrojar un poco de luz sobre cuáles son las causas internas y externas que impulsan a estas mujeres,- nacidas y educadas en el seno de una sociedad tradicional de hombres y para hombres-, a salir de ese ámbito establecido y abandonar el país de origen, con todas las consecuencias que ello conlleva. Para luego establecerse en una nueva sociedad occidental encontrada en muchos aspectos con la sociedad musulmana, y experimentar cambios, crisis y evoluciones en su escala de valores, tanto en el ámbito socio-cultural como en el religioso.

    Causas de la emigración en la cuenca mediterránea

    El Mediterráneo es actualmente frontera geográfica que separa dos orillas enormemente diferenciadas, no desde el punto de vista cultural y racial, sino desde el punto de vista económico y político. La cuenca mediterránea está actualmente compuesta por los estados europeos de la orilla norte (51% de la población), frente a los estados árabes de la orilla sur y este (34% de la población), y la población turca que representa el 15% restante. Sin embargo, cifras y estudios actuales en la evolución de la demografía en el Mediterráneo revelan un crecimiento considerable de la población sur, con respecto a la población norte, que tiende a disminuir en su crecimiento poblacional (de hecho el bajo índice de natalidad de países euromediterráneos como España o Italia contrastan con el alto índice de nacimientos registrados en la cuenca sur).

    Esta primera diferenciación demográfica choca con una realidad acuciante en la parte sur: aunque menos denso demográficamente que el norte, los países del sur no cuentan con recursos suficientes para su población ni garantizan su situación en un futuro inmediato. La principal problemática de estos países se encuentra en las condiciones de vida y de trabajo, la estructura de la población, la explosión urbana y la extrema juventud de su población (en Marruecos, la mitad de la población tiene menos de 20 años). Estos condicionantes son las causas del subdesarrollo que arrastran los países del sur desde su nacimiento como naciones independientes. Mientras que la población no deja de crecer constantemente, el gobierno de estas naciones no puede garantizar las demandas sociales, económicas, educativas y laborales básicas.

    Los países árabes de la cuenca mediterránea están sumidos en un atolladero económico. La tasa de crecimiento del Producto Interior Bruto ha descendido a la mitad y no se dispone de dinero suficiente para crear nuevos puestos de trabajo, necesarios para un desarrollo de la economía nacional. Junto a la enorme tasa de paro existente (hasta el 40% de la población activa), está la incapacidad de pagar unos sueldos acordes a los empleos y la cualificación de los ciudadanos. Sin duda, la envergadura del problema es el origen del fenómeno de la emigración hacia la cuenca norte del mediterráneo en las últimas décadas (Francia, Bélgica, Países Bajos y Alemania desde los años 60; Italia y España a partir de los 80).

    Ante realidades y cifras de este calibre, es comprensible que fenómenos como la inmigración crezcan constantemente, e incluso se dramatice la entrada de estos contingentes a países europeos a través de las redes de inmigración ilegal. La cuestión de los “espaldas mojadas” es un tema diario en cualquier medio de comunicación español. El ciudadano está acostumbrado a ver en los medios de comunicación las situaciones límite a las que se someten estos ciudadanos magrebíes (es necesario apuntar que la emigración clandestina ya no está sólo protagonizada por hombres, cada vez hay una mayor presencia de mujeres y menores).

    El tema de la inmigración - ya sea legal o ilegal- esconde tras de sí una cuestión mucho más grave, que no sólo atañe a lo países receptores. El profesor Bernabé López declara acerca de esta cuestión: “el Magreb es hoy una bomba de relojería que Europa puede desactivar. Los países del Magreb son conscientes de ello y esperan sacar su propio partido”.

    Por parte de la Unión Europea, es necesario llevar a cabo una política solidaria de inserción de la población inmigrante, tolerante con la cultura que representan y respetuosa con los intereses y derechos del individuo. Pero esta política está incompleta sin la participación activa de los países magrebíes emisores de los inmigrantes. La solución al problema reside en una política de fomento al desarrollo para este tipo de países, que garantice en un futuro la evolución y el progreso integral. Sin embargo, el primer gesto que deben adoptar países como Marruecos es la aceptación de la existencia del fenómeno de la emigración clandestina, hecho que apenas aparece reflejado en la prensa marroquí. Sobre este aspecto hay que aclarar que en Marruecos existen cuantiosas ayudas económicas por parte del gobierno a la prensa escrita y una velada censura diaria que vigila por la integridad de los pilares en los que se cimienta el poder - Dios, Patria y Rey-. Por tanto, es inaceptable que se difundan este tipo de noticias que atentan contra la imagen de una patria unida (¿qué ciudadano leal a estos principios quiere abandonar su Patria?). A ojos de la opinión general, este tipo de hechos son aislados, como se afirma en el artículo de Ángeles Ramírez: “ En Tánger y Tetuán se dice que la gente que cruza en patera no es de la zona, que viene del interior. Y siempre se les llama los Beni Meskine”.

    Una panorámica de la difícil situación que arrastran los países magrebíes es la razón que explica las causas del fenómeno que azota a las dos cuencas del Mediterráneo contemporáneo.

    El empleo femenino en Marruecos

    Históricamente, el acceso de la mujer al mercado de trabajo se ha desarrollado en unas condiciones desiguales y discriminatorias, con respecto al hombre. En las sociedades industrializadas, actualmente se ha conseguido un sistema global de tratamiento colectivo y en este marco la situación de la mujer trabajadora ha ido avanzando a pasos agigantados. En contraposición a este fenómeno, en las sociedades subindustrializadas - como es el caso de Marruecos -, la contribución de las mujeres al sistema laboral general se produce bajo unas condiciones históricas y sociales muy diferentes. El salario no constituye todavía la forma dominante del trabajo y el débil nivel de empleo y de los ingresos casi no favorece la creación y la valoración del trabajo.

    Aunque la industrialización tuvo un primer efecto de feminización del trabajo en el Magreb, la agudización de la crisis económica combinada con los impactos negativos de la aplicación de las Políticas de Ajuste Estructural (PAS) favorecieron una discriminación de género en el mercado laboral: en 1989 se produjo un impulso positivo de la tasa de actividad masculina en detrimento de la tasa femenina que sufrió una regresión hasta llegar en 1991-92 a la supresión de numerosos empleos femeninos en Marruecos. En 1991 en Marruecos la tasa de paro urbana se cifraba en un 64,2 % para los hombres y en un 70,6 % para las mujeres.

    La situación económico-social por la que atraviesa Marruecos, en relación a los intensos y crecientes flujos migratorios hacia la UE. y la proliferación de redes de inmigración ilegal, suscita cuestiones de fondo como la siguiente: ¿es el empleo en Marruecos sinónimo de desarrollo?.

    En países como Marruecos, la evolución de la feminización del empleo es mucho más lenta y está bastante alejada de los valores que se asocian a la liberación de la situación laboral de las mujeres occidentales. Como apunta el profesor Filali Meknassi: “En Marruecos, la participación de las mujeres en la actividad económica no parece engendrar forzosamente valores igualitarios. Constituye incluso para una mayoría de ellos un tributo suplementario a la sociedad masculina”.

    En el año 1956, con la llegada de la independencia marroquí, el número de trabajadoras en el medio urbano era de un total de 160.000 mujeres. A partir de esta fecha, y de forma casi constante, la evolución numérica ha sido bastante considerable, puesto que la actividad de las mujeres se ha cuadruplicado en los 35 últimos años pasando del 5,9% al 21,8% de la población activa. Los cambios no sólo han sido cuantitativos, sino también cualitativos, aunque la mayoría de estos nuevos cambios introducidos son puramente teóricos, y sólo contemplan los derechos de igualdad laboral entre sexos de una forma hipotética.

    Esto se debe a que los estados magrebíes, tras sus respectivas independencias, asumieron en sus Constituciones ciertos derechos universales comúnmente reconocidos por todos los estados modernos, entre ellos la total igualdad entre sexos. La misma voluntad política de integración en esa modernidad relativamente universal les llevará a adherirse, en diferente grado, a los textos internacionales que expresan los deberes del Estado con respecto a la mujer y la familia y a adoptar una gesticulación oficial a favor de la emancipación de la mujer.

    La constitución marroquí proclama la igualdad de sexos desde 1.962, tanto en el terreno de derechos políticos, como de educación y trabajo. A su vez, en el Código del Trabajo aparece la Ley 25-95 promulgada el 3 de julio de 1.995 que manifiesta: “ toda discriminación basada en la raza, color, sexo, situación conyugal, religión, opinión política, ascendencia nacional u origen social, que tenga como efecto destruir o alterar la igualdad de oportunidades o de trato en materia de empleo o de profesión , sobre todo en lo que respecta a contratación, gestión y reparto del trabajo, formación profesional, salario, avance y concesión de ventajas sociales, despido disciplinario, jubilación forzosa(...)”. En el año 1.993 se anuló la autorización marital para ejercer actividades asalariadas o comerciales por parte de las mujeres, último vestigio de discriminación sexual en el panorama legal marroquí.

    Sin embargo entre lo estipulado y la realidad hay un distancia insalvable. La cobertura teórico-jurídica marroquí en el terreno de derecho laboral es plena, sin embargo la realidad del empleo, y en especial, la del sector femenino, está muy alejada de estas promulgaciones legales, como ilustran las condiciones reales de las trabajadoras en Marruecos.

    El principal problema del empleo femenino en Marruecos es la diferencia entre el dominio de lo simbólico y la realidad. Es patente en la sociedad marroquí la participación de la mujer en el mundo laboral, pero las condiciones de su situación distan mucho de ser adecuada: casi dos tercios de las mujeres marroquíes están desempleadas. El 36% restante trabaja en la explotación familiar. Queda entonces menos de millón y medio de mujeres activas en Marruecos.

    El sector laboral más feminizado es sin duda el de la agricultura, que ocupa a un 52% de las mujeres, frente al 41,4% de los hombres. Sin embargo, el 84% de las mujeres ocupadas en este sector lo hace en calidad de “ayuda familiar”. Esto quiere decir que al considerarse su trabajo una ampliación de las actividades domésticas, éste no le da derecho a ningún tipo de remuneración ni cobertura social de ningún tipo(subsidio de desempleo, seguridad social, baja laboral).

    Esta es la situación dominante en el medio rural, en cambio en el medio urbano se han alcanzado algunas mejoras y progresos, aunque el paro es la tónica general en la ciudad, con casi un 80% de paro entre las mujeres en edad laboral. Las mujeres trabajadoras en el medio urbano lo hacen principalmente en el sector de la industria y el cuero. El perfil de este tipo de trabajadoras responde a mujeres jóvenes, analfabetas o con escasa formación, que responden a un modelo ideal de trabajador dócil y barato, puesto que no existe actividad sindical entre ellas.

    En la función pública la situación laboral de la mujer mejora, pero también es palpable la inferioridad de su condición. Los sectores públicos más feminizados son la sanidad y la educación, aunque la mayoría de funcionarias ejercen su trabajo en lo más bajo del escalafón, percibiendo un salario inferior a 32.500 dirhams anuales, es decir, menos de 570.000 pesetas al año. La discriminación salarial es por tanto una realidad tangible en el Marruecos actual, por no mencionar los elevados ingresos que registran funcionarios que ocupan puestos de responsabilidad, a los que accede una mujer de cada 83 hombres.

    En Marruecos la economía informal afecta a un 57 % de la población activa. La mujer como primera afectada por el desempleo se incorpora masivamente al sector marginal de la economía: venta de productos alimenticios de elaboración propia en las calles de las medinas, trabajos artesanales textiles... Un fenómeno muy extendido en la actualidad y especialmente visible en Marruecos es el del contrabando, cientos de mujeres marroquíes pasan la frontera por Ceuta y Melilla con enormes cargamentos de productos de contrabando que en la mayoría de los casos, ni siquiera comercializan ellas, son los hombres los que obtienen el beneficio de la venta.

    Una de las conclusiones que pueden sacarse de estas cifras es que el empleo femenino no puede garantizar la emancipación de la mujer con respecto al hombre, ni fomentar la evolución sociocultural que se ha alcanzado en sociedades industrializadas, donde la autonomía de la mujer es un hecho indiscutible.

    Según el profesor Rachid Filali Meknassi: “En los países socialistas, los esfuerzos de industrialización y los ideales de igualdad convirtieron la integración profesional de las mujeres en un objetivo económico, político e ideológico a la vez. Los resultados conseguidos son también importantes. Por el contrario, en los países del Sur, el crecimiento económico no ha resultado de provecho pleno más que a las élites en el poder y a los sectores sociales aliados a éstas. La gran mayoría de la población no ha accedido a los frutos del crecimiento económico y ha crecido al margen de las estructuras de la economía moderna. El trabajo de las mujeres no podía por tanto tener las mismas funciones ni generar necesidades sociales susceptibles de resolverse en el plano de la sociedad” .

    La incorporación de la mujer al mundo laboral es un factor revolucionario en las sociedades magrebíes, ya que modifica el reparto tradicional de papeles entre los sexos. El acceso a la educación y al trabajo son factores claves de cambio porque implica, en gran medida, una apropiación del espacio público, reservado tradicionalmente a los hombres. Pero aunque estos cambios supongan una evolución positiva no hay que olvidar que aún existen unas diferencias abismales entre las zonas rurales y los grandes núcleos urbanos, y que normalmente las tasas de población activa femenina no son indicativas del trabajo real de las mujeres .

    En los países del Magreb los modelos que promueve la economía moderna han fracasado rotundamente, incluso han sido interpretados como una invasión valores culturales exteriores que han producido desconfianza entre la población. Este repliegue alimentado por los sectores islámicos más radicales no favorece en absoluto la liberación de las mujeres, más bien han provocado una consolidación del papel tradicional asignado a la mujer islámica: la maternidad y la protección de la moralidad.

    Esta realidad es la causa de que en los últimos años asistamos a un fenómeno de feminización de la inmigración magrebí, especialmente hacia la UE., (tunecinas y argelinas en Francia; marroquíes en España). De la situación y características de estas últimas vamos a tratar a continuación.

    Feminización de la inmigración en España

    Una panorámica general de la situación de la inmigración no comunitaria en España revela que existe una feminización paulatina de la población inmigrante. Además, la presencia de estas trabajadoras revela que hay un aumento considerable de inmigrantes solteras, viudas o separadas, es decir, cada vez más mujeres acometen solas su proyecto migratorio.

    Esta feminización progresiva del fenómeno migratorio se ajusta a las demandas del mercado de trabajo actual y está en sintonía con el cambio experimentado por las mujeres españolas en los últimos años, las cuales han alcanzado un lugar dentro del mercado laboral primario, más estable y mejor remunerado. Por tanto, hay una demanda de empleo femenino en el sector del trabajo doméstico, que las mujeres inmigrantes cubren en España.

    Estudios comparativos acerca del fenómeno migratorio en la Comunidad Europea han revelado recientemente la particularidad del fenómeno de la feminización de la inmigración en nuestro país. Las aparición de este hecho se debe a la coincidencia espacio-temporal entre la consolidación de España como país receptor de inmigrantes y una serie de condiciones que han favorecido la salida de mujeres procedentes de Marruecos en busca de emancipación. La proximidad geográfica entre España y Marruecos es también un factor decisivo para el afianzamiento de este fenómeno.

    El proceso de feminización del colectivo marroquí se ha producido de manera sistemática en todo el país, aunque los ritmos de llegada y el carácter de esta feminización son variables, y dependen en gran medida de las ofertas de empleo de cada comunidad autónoma.

    Madrid es la comunidad donde se registra una mayor concentración de mujeres marroquíes (38.6% de la población femenina).Un dato importante reseñado por A. Ramírez es el de la importancia de las redes de relación, que hace que la mayoría de las mujeres marroquíes que residen en Madrid se conociera entre ellas antes de emigrar, y se haya establecido una suerte en cadena.

    En Barcelona también se cuenta con un importante porcentaje (22.2,% del total), aunque en esta comunidad el incremento de la inmigración femenina ha ido a remolque de la masculina, principalmente por el proceso de reagrupamiento familiar.

    El caso de la costa del Sol es destacado, pues la población femenina sobrepasa a la masculina y constituye el 13.7 % del total de las marroquíes en España. Aunque en los últimos años se está experimentando un equilibrio entre la población inmigrante marroquí, con la entrada de más varones. En la Costa del Sol el caso de la feminización no es un fenómeno novedoso, ya que la provincia de Málaga se puede considerar la pionera en la inmigración femenina marroquí en España. Este fenómeno surge en los años del “boom” turístico y el auge de la “jet-set”marbellí, que genera numerosos puestos de trabajo en el sector doméstico y servicios. Muchos patronos son familias procedentes de la Península Árabe, por lo que las empleadas marroquíes se ven beneficiadas por su procedencia arabo-islámica, que facilita el entendimiento entre ambas partes.

    Parejo al fenómeno de feminización de la inmigración legal, encontramos una aumento considerable de la presencia femenina dentro de la inmigración ilegal en los últimos años. Las mujeres, que siempre han estado ausentes de las pateras, comienzan a participar en este tipo de intentos, aunque en un porcentaje muchísimo más bajo que los varones y menores (pueden representar un 25% de la emigración clandestina hacia España).

    La escasa participación de las mujeres marroquíes en la emigración ilegal se justifica por el hecho doblemente vergonzoso que supone para su honra y la de su familia. Como se recoge en el artículo de Ana Ramírez, el uso de la patera supone: ”el lanzarse a un futuro incierto, y además, si lo hace, esta acción es interpretada como síntoma de que no tiene nadie que la cuide, o su familia no la quiere bien, porque si no, no lo permitirían”.

    La feminización de la inmigración es una realidad que ha invertido, en gran parte, la dinámica del reagrupamiento familiar. Esto origina en gran medida un vuelco en la estructura familiar tradicional marroquí. La mujer en muchos casos pasa a convertirse en la cabeza de familia y esto implica cambios transcendentales internos,-en la autoestima-, y externos, -en el comportamiento social-, con el consiguiente aumento de la autonomía dentro y fuera del ámbito familiar.

    En definitiva, el fenómeno de la feminización de la inmigración magrebí en España es un hecho reciente, pero que se consolida en cifras. A su vez, es un elemento totalmente novedoso para la historia de la emigración marroquí. La relevancia del hecho no es la emigración de las mujeres en sí, sino la realización de este acto en soledad, sin el apoyo ni la protección del varón. A partir de estos datos, surge un interrogante: ¿es la emigración femenina síntoma de cambio en la sociedad marroquí actual?. El hecho de que haya cada vez más mujeres inmigrantes significa que en Marruecos está cambiando la condición y el papel de las mujeres. Aunque también se revela la generalizada crisis económico-social que afecta al país, y que debe plantearse sinceramente como signo evidente de un deseo de cambio por parte de la sociedad marroquí: hombres y mujeres.

    Características de la inmigración marroquí femenina en España

    Las mujeres magrebíes forman una colectividad que, aunque no muy mayoritaria,-insistimos en la progresiva feminización del mercado laboral extracomunitario en nuestro país-, sí que presenta numerosas características que le confieren el grado de comunidad.

    La comunidad femenina magrebí residente en España no es homogénea, no puede tomarse como un todo uniforme, sino que deben realizarse determinados subgrupos dentro de este colectivo. La clasificación puede realizarse atendiendo a diversos factores:

  • Ubicación laboral

  • Edad

  • Nivel de estudios

  • Procedencia: urbana/rural

  • Estado civil

  • Años de permanencia en España

  • El factor común que une a todas ellas es su condición de mujeres trabajadoras. Existen en España actualmente inmigrantes trabajadoras de numerosas condiciones. Muchas de ellas trabajan en fábricas o en ocupaciones relacionadas con la agricultura, aunque la mayoría encuentran trabajo en el servicio doméstico, sector en el que se cometen numerosas irregularidades y abusos.

    La mayoría de ellas asumen que su trabajo es inferior al trabajo que desempeñan las mujeres españolas. Por ello, conseguir algún derecho en su trabajo es una gracia para ellas, en un entorno abocado a la marginalidad en muchos casos (venta ambulante, contrabando, prostitución). A esto se añaden las negativas cifras de paro, aún más acuciantes en nuestra comunidad autónoma, lo que hace que conserven su trabajo al precio que sea (ínfimas condiciones, salarios bajos,...), y esto mismo las empuja a desempeñar las profesiones peor consideradas por la sociedad y las peor remuneradas.

    Las cifras están en contra de las mujeres en muchos aspectos, aún así en los últimos años se ha triplicado el número de mujeres inmigrantes ocupadas, frente a las cifras de hace unos años, cuando la mayoría de mujeres inmigrantes llegaban a España por el proceso de reagrupamiento familiar, situación que les impide trabajar, al menos con un contrato laboral.

    Las mujeres se concentran claramente en el servicio doméstico (86.3%), la hostelería (13%) y los servicios (6%), mientras que los hombres se encuentran mucho más repartidos laboralmente y, por tanto, geográficamente. Existe una acusada generización del empleo que, a su vez, influye en la ordenación de los inmigrantes marroquíes por sexo y en determinadas zonas de especialización.

    Un dato bastante característico de la emigración femenina es la del grado de especialización y experiencia laboral anterior de estas mujeres. En un gran número, las inmigrantes no desempeñaban ningún tipo de actividad remunerada en su lugar de origen o en caso de ejercer algún tipo de actividad no en el mismo terreno. La mayoría de ellas no trabajaban ( 37.7%) o estudiaban (15.3%), y las que trabajaban lo hacían como empleadas (15.7 %) o en el sector textil (18.7 %). Sólo un 3.7% ejercía su profesión en el servicio doméstico.

    Más de la mitad de las mujeres inmigrantes residentes en España son mayores de 25 años. Concretamente, en la comunidad de Madrid el 56.1% tienen entre 26 y 35 años, que contrasta con el 2.2% que tienen más de 45 años. Esta mujeres se encuentran en plena edad laboral, aunque cada vez emigran más jóvenes.

    Según datos extraídos en una encuesta realizada en la Comunidad de Madrid, el 33% de las mujeres son analfabetas, el 30% posee estudios primarios, 22% ha cursado estudios secundarios y un 6% son universitarias. La mayoría de las marroquíes eligen España por su cercanía geográfica , aunque deben enfrentarse al desconocimiento del idioma y a su precario nivel de estudios. Entre las emigrantes se da como rasgo común su procedencia de clases bajas, pero el nivel educacional y sus recursos culturales varían enormemente si proceden de un ámbito rural o urbano.

    La principal área emisora de mujeres inmigrantes es la zona del Garb-Atlántico (43.7% del total), la más cosmopolita de Marruecos, compuesta por Kenitra, Rabat, Salé, Mohammedia, Casablanca, Ben Sliman, Settat, el-Yadida, Safi y Essaouira. El segundo lugar de procedencia es la zona de la Yebala (33.7%), integrada por Tetuán, Tánger, Chefchauen y Larache. Es evidente el carácter urbano de la emigración femenina marroquí, puesto que es mucho más difícil emigrar para una mujer del ámbito rural, que nunca ha salido de este entorno. En cambio, la mayoría de las mujeres no han nacido en zonas urbanas, aunque han residido previamente en una urbe antes de emigrar. Se produce en el conjunto de los casos una migración interior campo/ciudad antes de acometer la migración exterior.

    El estado civil mayoritario en estas mujeres es el de solteras (65.2%), seguidas de las casadas (25.6%), divorciadas (4.5%) y viudas (3.2%). Es evidente la presencia mayoritaria de mujeres sin vínculo matrimonial, bien porque lo perdieron o porque no lo han contraído, pues poseen más facilidades psicológicas para emigrar. Muy rara vez se dan casos de mujeres casadas que optan por emigrar como una salida a la economía familiar (las inmigrantes casadas llegan a España remolcadas por sus maridos años después).

    Cuando la mujer inmigrante entra en contacto con la sociedad receptora surgen nuevas situaciones que provocan cambios internos y externos. Según los años de permanencia en España, las inmigrantes revelan una mayor tolerancia y una relajación paulatina del férreo sistema tradicional marroquí, basado en el sentido del honor, la religión y la familia. Estas son las nuevas situaciones creadas por la emigración, expuestas en un artículo de Angeles Ramírez:

    1. Con la incorporación de las mujer al mercado de trabajo se producen

    cambios significativos como la autonomía económica respecto de los demás y la relación con el mundo exterior y con la actividad pública sin la mediación de un hombre.

  • Nuclearización de la familia y debilitamiento consiguiente del control

  • familiar y social. La base emocional y social de la vida de la inmigrante cambia profundamente, y en el caso de las solteras se produce el relajamiento de algunas costumbres.

  • Pérdida del control social y desaparición de la red de relación

  • femenina. La red de apoyo se pierde o se deshace (control de la madre, tías, primas, amigas, vecinas,... que juegan el rol de guardianas de la honra en sus lugares de origen).A esto se añade el anonimato que proporcionan las grandes ciudades, con lo que las acciones se representan de modo diferente y cambian de contenido. Lo que hubiera sido intolerable para la propia interesada -y para su entorno- comienza a descargarse de ciertos valores negativos y tabúes alimentados por la sociedad patriarcal marroquí.

    4. Conocimiento directo de nuevos modos de comportamiento y de

    nuevas concepciones del mundo en el país receptor.

    5. Ausencia del país de origen. Esto representa en sí un cambio y es a la vez un factor de cambio. Su ausencia, motivada por su trabajo en el extranjero, supone un gran prestigio en los niveles inmediatos. La posición de la inmigrante trabajadora cambia en sus relaciones familiares y su entorno, al ser la responsable de los ingresos familiares. Hay una equiparación con el papel del varón.

    Estas transformaciones externas (económicas, sociales) e internas(psicológicas, religiosas), que causa la emigración, representan un cambio importante en las relaciones de género, dentro de la sociedad marroquí. Las construcciones culturales alrededor del sexo cambian, se transforman, y los modelos de hombre y mujer y las relaciones entre ellos cambian igualmente, por lo que la mujer inmigrante ya no vuelve a ser la misma que era, ni se sentirá identificada con las compatriotas que jamás han emigrado.

    El Islam de la emigración

    Las características y particularidades que adopta la inmigración de mujeres marroquíes por el hecho de ser musulmanas se debe al doble papel que el Islam posee dentro de su sociedad, ley de Dios y sistema sociopolítico. El Islam, como otras religiones, legitima y sostiene los sistemas de género, como puntualiza repetidas veces el Libro Sagrado del Islam:

    “Los hombres están por encima de las mujeres, porque Dios ha favorecido a unos respectos de otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas en favor de las mujeres...”El Corán 4, 38/34.

    La cuestión de las relaciones de género en el mundo musulmán se basa en el «Dios dijo...», que viene a justificar o legitimar el sistema de relaciones de género, que asociamos a los países islámicos y que se caracteriza por una total subordinación de las mujeres a los hombres en el plano jurídico, socioeconómico y político. Este sistema de géneros es el principio estructurante de la sociedad marroquí y el referente del colectivo de inmigrantes marroquíes en España.

    Hasta el siglo XIX, la sociedad árabe adjudicaba a la mujer un papel que la excluía de cualquier ámbito que no fuese el estrictamente doméstico y familiar. Mientras el espacio natural de la mujer era el privado, en la realización de su función de esposa y madre, el espacio público pertenecía al hombre, jefe político, guerrero y cabeza de familia.

    Es interesante advertir al respecto que el Islam no es el único factor determinante y estructurante en las sociedades musulmanas y sus fenómenos. La inmigración magrebí tiene numerosos factores en común con otro tipo de inmigración, pero el Islam en este caso juega un papel identificador entre el colectivo magrebí y el resto de inmigrantes.

    El Islam es un elemento omnipresente en la identidad de las inmigrantes marroquíes. Sin embargo, no hay que caer en el error de interpretar esta migración como una huida del Islam y sus costumbres. El cambio no se produce antes de salir. Las mujeres que salen -excepto las que pertenecen a una élite educada, cuyo motivo para salir no suele ser el trabajo- no tienen como objetivo la liberación de yugos religiosos ni tradicionalistas. El momento del cambio se produce después, cuando una vez en el país de inmigración, se dan situaciones totalmente nuevas, que producen un cambio en la concepción de la religión y las costumbres asociadas a esta .

    Por tanto, la emigración de las musulmanas no constituye una ruptura o rechazo con su sistema de origen, más bien se produce una metamorfosis, o en muchos casos, los lazos con la tradición se ven reforzados. “El cambio no es algo buscado: el acceso a la ganancia de autonomía no se busca, digamos que se encuentra, en cuanto que las mujeres asumen aquí otros roles”, según Ana Ramírez.

    El estatus que la mujer musulmana posee dentro del Islam suscita gran interés dentro de la sociedad occidental. La imagen de la mujer arabo-islámica se opone a la imagen de la mujer occidental de forma antagónica. Esta deformidad de la realidad supone un nuevo estereotipo del discurso ideológico occidental y, a su vez, un lastre para la mujer árabe, que si bien es verdad que todavía debe luchar en ciertos aspectos, no se encuentra del todo anulada por su género o religión.

    En este sentido, otro estereotipo que los diversos estudios realizados en torno al colectivo de mujeres magrebíes denuncian e intentan desterrar de la creencia general la idea de que estas mujeres emigran respondiendo a un deseo de liberación y huida de su situación “opresiva”. La mujer magrebí emigra por una necesidad puramente económica o bien porque en su propio país no encuentra oportunidades para ocupar un puesto de trabajo acorde con la formación adquirida (al igual que la inmigración masculina). Jamás debe traducirse la iniciativa de estas mujeres como un abandono o rechazo a su cultura de origen. Al contrario, las mujeres no se conciben fuera de este sistema, porque eso sería para ellas estar fuera de la sociedad.

    La religión ocupa un lugar preferente en el proceso de conciliación entre la cultura de origen y la sociedad receptora. En este proceso el Islam se desprende de su función de regulación moral, y se asumen los discursos occidentales que tienden a colocar a la religión en el ámbito de lo privado. Por tanto, pasa a convertirse en una seña de identidad, más que en un modo de vida, o un código de comportamientos. Las inmigrantes musulmanas intentan realizar una síntesis proporcionada entre lo nuevo y lo tradicional. Por un lado, adoptan la libertad individual que les proporciona el mundo occidental, y por otro lado conservan aquellos valores tradicionales que consideran que Occidente ha perdido, como los valores colectivos, la familia, la solidaridad (frente al individualismo imperante en las sociedades occidentales, la crisis de la familia como unidad de referencia y estabilidad emocional del individuo).

    Qué significa ser musulmana para estas inmigrantes, qué obliga y qué implica. El ser musulmana actúa cómo una explicación de los propios comportamientos, actitudes y formas de ver la vida. El Islam de la inmigración se enfoca desde un aspecto culturalista de la religión, se trata de una cuestión de identidad.

    El respeto de los preceptos religiosos sigue siendo una constante entre estas mujeres, pero en los casos en que la relativización de la cultura resulta más patente puede intuirse cierta racionalización en ese respeto. Las inmigrantes comprenden que asentarse en un país extraño implica adaptarse a otras formas de vida imperantes y son conscientes que hay que hacer cosas que en Marruecos estarían vedadas por la sociedad. Incluso el marido, al residir fuera de Marruecos, puede mostrar cierta flexibilidad en su autoridad como guardián de la moral y la honra.

    Respecto a su relación y opinión acerca de las mujeres occidentales, las inmigrantes marroquíes diferencian terminantemente lo que implica el ser musulmana, de los cánones imperantes en las occidentales. Se abstienen de juzgar el modus vivendi de las españolas, aunque tienen claro que ellas cómo musulmanas no lo harían nunca.

    Sin embargo, en muchos casos estas mujeres acometen cambios externos que imitan a las occidentales: la ropa, fumar, salir de noche, métodos anticonceptivos,... Pero se mantienen los parámetros fundamentales de respeto al hombre, a la familia y a Dios .

    Conclusión

    La progresiva feminización del fenómeno de la inmigración magrebí en nuestro país es garantía de cambios a largo plazo dentro de la sociedad tradicional marroquí. La hegemonía del patriarcado se va desplomando poco a poco con este tipo de fenómenos. El cambio en las mentalidades de estas trabajadoras marroquíes, - independientemente de su edad o estado civil-, se refleja en los nuevos hábitos y opiniones, que van a ir consolidándose en el tiempo con las segundas generaciones: hijas de emigrantes marroquíes nacidas en España. Estas mujeres del futuro serán mucho más libres de lo que fueron sus madres, acceden a estudios secundarios y superiores, lo que les garantizará mejores puestos de trabajo. Esta transformación, por otro lado, no significa que se pierda o desprecie la cultura de origen y la religión, como se ha remarcado en este trabajo, simplemente estará sujeto a un fenómeno de sincretismo entre la cultura de origen y la de llegada.

    La mujer inmigrante va ganando puestos en su deseo de igualdad con respecto al varón, aunque todavía debe luchar contra el círculo vicioso que constituyen las ínfimas condiciones laborales y la mano de obra infravalorada sustentada por las redes de inmigración ilegal.

    Por otra parte, la inserción de las marroquíes en el mundo laboral, independientemente de las condiciones, es un factor que consolida la propia identidad de las mujeres y la igualdad en las relaciones de género a corto plazo. La fidelidad cultural está garantizada, y estas mujeres comprenden que emancipación no es sinónimo de pérdida de valores, - creencias alimentadas por el sexismo tradicionalista. Además, el hecho de haber acometido su proyecto migratorio, -solas o en compañía de un hombre-, les aporta seguridad y esto se traduce en términos de maduración y aprendizaje.

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