Inicio de la era de las revoluciones

Historia contemporánea. Revolución norteamericana. Tratado de París. CAida de Nueva York

  • Enviado por: Antonia
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TEMA 2. EL INICIO DE LA ERA DE LAS REVOLUCIONES: LA REVOLUCIÓN NORTEAMERICANA.

La colonización de Norteamérica no se efectuó según reglas fijas, establecidas de antemano por la corona como sucedió en la América española. Ingleses y franceses empezaron a poblar Norteamérica creyéndose autorizados por la prioridad del descubrimiento, que los ingleses atribuían a Cabot, navegante por cuenta de Inglaterra, y los franceses a Verrazano, por cuenta de Francia. Pero ni unos ni otros dieron gran importancia a la cuestión de precedencia, porque había tierras para todos.

El Tratado de París de 1763 (fin de la Guerra de los Siete Años) había marcado el hundimiento del primer imperio colonial francés y el triunfo del poderío colonial inglés. Inglaterra recibe de Francia la colonia del Senegal, todas las posesiones de la India (salvo cinco plazas) y, lo más importante, todos los territorios situados entre el Atlántico y el Mississippí, y las islas de Granada, San Vicente, Dominica y Tobago. De España recibe la Florida, las posesiones al este del Mississippí y el derecho de poder cortar palo campeche en Honduras. Inglaterra devuelve a España las conquistas hechas en Cuba y Filipinas, pero conserva Menorca. Por su parte, Portugal conserva la colonia de Sacramento. Por último, Francia liquida su primer imperio colonial cediendo en compensación a España la Lousiana, es decir, todos los territorios norteamericanos situados al oeste del Mississippí.

Sin embargo, aunque las ganancias de Inglaterra fueron considerables y la elevó al rango de potencia mundial, no había conseguido reducir a Francia y a España a naciones de segundo grado.

Así, Inglaterra en el s. XVIII poseía la más importante colonia de población del mundo. Estaba formada por trece territorios escalonados a todo lo largo de la costa atlántica de América del Norte, fundadas en épocas y condiciones diferentes. Al desarrollarse, estos territorios adquirieron características propias, que permiten distinguir tres grupos, en función de su género de vida, la forma de su sociedad política y sus actividades productivas:

  • Al Norte, 4 colonias formaban el grupo de Nueva Inglaterra: Massachussets, Connecticut, New Hampshire y Rhode Island. Poblada en gran parte por puritanos, de fuerte carácter religioso, que impregnaba profundamente la vida pública. Su ciudad más importante era Boston.

  • Al Sur, 5 colonias: Virginia, Maryland, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. De carácter mucho más rural que las colonias del norte, con pocas ciudades. La explotación del suelo se fundamentaba en el sistema de la plantación, con importante mano de obra negra importada de África. Los ricos plantadores, generalmente anglicanos, formaban una sociedad aristocrática, muy distinta a la sociedad de Nueva Inglaterra. La ciudad más importante era Charleston.

  • En la zona central, 4 colonias: New Jersey, New York, Delaware y Pennsylvania. Su población estaba muy mezclada -ingleses, alemanes, suecos, holandeses- y contenía representaciones de todas las sectas religiosas (Pennsylvania había sido fundada por cuáqueros, que llevan al extremo la igualdad del hombre respecto a Dios y de la revelación directa y personal al individuo. Son pacifístas). Su ciudad más importante era Filadelfia.

Aunque las colonias gozaban de libertades políticas análogas a las de los ciudadanos de Inglaterra, no ocurría así en el campo económico. Las colonias de América eran, ante todo, un mercado reservado a la metrópoli, y los colonos no tenían derecho a crear determinadas industrias. Los problemas económicos contribuían, por ello, a separar a las colonias de la metrópoli, en un momento en que la autonomía política, muy amplia, y la mentalidad norteamericana estaban creando una nacionalidad distinta de la nacionalidad inglesa.

Tras la Guerra de los Siete Años, Inglaterra, que atravesaba una situación financiera delicada, decidió en 1765 gravar a los colonos con un impuesto de guerra consistente en un sello que los coloniales habían de estampar en todos sus documentos, contratos y hasta periódicos para darles carácter oficial (→ papel sellado con timbre del Estado). Ello produjo un gran descontento entre los colonos, que sostenían que ningún ciudadano inglés debía pagar un impuesto si no había sido antes aceptado por él o por sus representantes. El gobierno de Londres, por su parte, argüía que el Parlamento representaba a todos los súbditos de la Corona. (→ Los americanos consideraban que sólo las Asambleas coloniales estaban cualificadas para aprobar impuestos en su nombre).

El sentimiento de descontento se tradujo en la creación de organizaciones -Los Hijos de la Libertad, Comités de Correspondencia, Minutemen- dirigidas por hombres como Samuel Adams, John Adams y James Otis. Los brotes aislados de sentimiento nacionalista, como la matanza de Boston (1770), el incendio del barco inglés `Gaspee' (1772) y la rebelión del te de Boston (1773), prepararon el camino para la reunión del primer Congreso Continental (1774), celebrado en Filadelfia, del que surgió la Declaración de Derechos (→ La mayoría de los diputados de las colonias no querían romper con Inglaterra, sino solamente que se reconocieran sus derechos). Mientras tanto, los coloniales empezaron a armarse. El primer conflicto armado tuvo lugar en Lexington y Concord en abril de 1775. Un mes después se reunió el segundo Congreso Continental, que se hizo cargo de la dirección de la sublevación, asumió todos los poderes y nombró a George Washington comandante en jefe del ejército. Este Congreso, después de haber tratado inútilmente de encontrar una fórmula conciliadora con Inglaterra, declaró la independencia de los Estados Unidos de América el 4 de julio de 1776. Esta Declaración de la Independencia, redactada por Thomas Jefferson, recogía los principios del derecho natural racional, afirmando algunos derechos que consideraba inalienables en el hombre (vida, libertad, felicidad), a la vez que exponía las quejas de las colonias. Finalmente, concluía declarando las colonias “estados libres e independientes”. La Declaración de Independencia de los EEUU no era ni más ni menos que una declaración de guerra a la corona británica. La guerra fue larga y difícil (1776-1783): la situación militar de los americanos era angustiosa (sin recursos, sin armas ni municiones, sin vestidos y mal organizados). Sin embargo, Inglaterra acababa de salir de las largas luchas europeas y coloniales de mediados de siglo y debía combatir lejos de sus bases.

Los americanos buscaron la alianza de Francia, la gran enemiga de Inglaterra (aunque las colonias hubieran luchado contra Francia durante la Guerra de los Siete Años). Los franceses, desde el principio, se habían interesado por la causa americana. En un principio, se limitó a una ayuda indirecta (armas y municiones, además de subsidios).

La caída de Nueva York en manos de los ingleses quedó compensada por las victorias de Washington en Trenton y Princeton. Pero fue la decisiva victoria de las colonias en Saratoga (1777) la que persuadió a Francia a entrar oficialmente en la guerra al lado de los americanos (1778). Francia reconocía la soberanía e independencia de los EEUU e intentó el apoyo de España. Ésta ofreció una alianza a cambio de la promesa de Menorca, Gibraltar, Florida y las Honduras británicas (1779). En 1780, Francia consiguió la unión de Holanda contra los ingleses.

El conflicto que enfrentó a Inglaterra, Francia, EEUU y más tarde también a España y Holanda tuvo como escenario principal, además de los EEUU, las Antillas y la costa de la India y, de manera general, todas las zonas neurálgicas marítimas y coloniales. El ejército franco-español intentó, sin éxito, reconquistar Gibraltar. Por el contrario, Menorca fue recuperada. En el océano Índico y en las Antillas, la flota francesa desplegó una intensa actividad.

Sin embargo, el resultado de la guerra se jugaba en América. Finalmente, en 1781, los ingleses perdieron Yorktown, atacado por un ejército franco-americano apoyado por la flota francesa, y tuvieron que aceptar el Tratado de Versalles (1783).

El Tratado de Versalles (1783) incluía cuatro acuerdos. El acuerdo anglo-americano donde Inglaterra reconocía la independencia de las 13 colonias y les cedía los territorios del sur de Canadá. El acuerdo anglo-holandés que fijaba la restitución recíproca de las conquistas, excepto Negapatau, última factoría holandesa en la India y que quedaba en poder de los ingleses. El acuerdo anglo-español que preveía la devolución a los españoles de Menorca y gran parte de la Florida, cuya frontera quedaba fijada en el Mississippí, pero los ingleses se quedaban con Gibraltar. Y, por último, el acuerdo anglo-francés por el que cedía a Francia los establecimientos ocupados en la India y en el Senegal, algunas Antillas, St. Pierre-et-Miquelon y el derecho de pesca en Terranova.

Después de la victoria, los americanos atravesaron una grave crisis, a la vez política y financiera. Política porque cada una de las trece colonias que se habían asociado para luchar contra la metrópoli se consideraba independiente o con derecho a ser independiente. Financiera porque era evidente la necesidad de una moneda común a los trece estados. La deuda era enorme, surgía el problema de los impuestos: los Estados no querían atender a los gastos de la colectividad, había que aclarar la situación de las tierras del Oeste, habitadas por indios y donde habría numerosas discusiones por la delimitación de fronteras.

George Washington prestó su influencia en favor del establecimiento de un sistema político fuerte y se reunió la Convención de Anápolis (1786) para tratar problemas económicos y comerciales. Se propuso la reunión de una Convención con poderes constituyentes para preparar la unión continental. Esta Convención (1787), presidida por Washington y formada por 55 delegados entre los que figuraban los hombres más prestigiosos del país, elaboró, tras no pocas discusiones, los artículos de la Constitución, que había de ser ratificada por convenciones locales.

Tras dura controversia política entre federalistas y autonomistas, la Constitución recibió la aprobación de 9 estados, lo que bastaba para su adopción. Sin embargo, no entró en vigor hasta 1789.

La Constitución reconoce la existencia de un nuevo pueblo, el de los Estados Unidos, y suprime la soberanía e independencia de los 13 estados. Se crean instituciones federales con dos objetivos: la prosperidad general y la defensa común. Establece la separación de poderes: legislativo (formado por dos cámaras: la Cámara de los Representantes, formada por diputados de cada Estado, y el Senado, que examina y vota las leyes aprobadas por la Cámara de Representantes), ejecutivo (el presidente puede realizar su propia política, nombrar ministros, etc. pero no puede proponer leyes ni legislar) y judicial (con un Tribunal Supremo que decidía si las leyes eran conformes con la Constitución).

George Washington fue elegido por unanimidad como presidente de los EEUU en 1789. Con él triunfaba la tendencia federalista, que contribuiría a fortalecer la Unión.