Inflación

Macroeconomía. Proceso inflacionista. Clases y grados. Costes. Aumento precios. Efectos y consecuencias

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LA INFLACION

1.EL PROCESO INFLACIONISTA Y CLASES DE INFLACIÓN

1.1 EL PROCESO INFLACIONISTA. CONCEPTO

Pocos fenómenos económicos han sido capaces de atraer la atención, no sólo de los economistas sino incluso del hombre de la calle, con la amplitud e intensidad que lo ha hecho la inflación. Y ello está perfectamente justificado por la variedad y profundidad de los efectos que de ella se derivan. Es un terna sobre el que la literatura profesional es muy frondosa, pero no siempre existe unanimidad en cuanto a la precisión de lo que debe entenderse por inflación.

Del proceso inflacionista hay que decir ya inicialmente que tiene dos características: se trata de algo que hace referencia al dinero, o sea, es fenómeno monetario —se habla de inflación como de la enfermedad corroe el valor del dinero—, y es un proceso acumulativo, es decir, que vez puesto en marcha se autoalimenta, se acelera por sí mismo y es muy difícil de controlar, y por esto es muy peligroso.

De la inflación se han dado muchas definiciones o descripciones, a veces confundiendo la esencia de la misma con alguna de sus consecuencias efectos; así, se ha dicho que la inflación es: 1) el alza generalizada en e nivel general de precios, o 2) la elevación del tipo de cambio de las divisas extranjeras, o 3) la financiación de un nivel creciente de salarios. Otras veces se ha definido la inflación atendiendo a alguna de sus causas, como el decir que es: 1) una situación de abundancia de dinero, o 2) un aumento de la renta total de la sociedad.

A nosotros nos parece que lo esencial de la inflación reside en que se trata de un desequilibrio del mercado, en el que aumenta una de las corrientes, la monetaria, y no aumenta, por lo menos en la misma proporción, la otra, la real. O, dicho lo mismo de otra forma, es un desequilibrio originado por un incremento de la demanda en general no acompañado por un incremento paralelo de la oferta.

Utilizando la terminología keynesiana habría que decir que la inflación se caracteriza por un exceso de demanda global sobre la oferta global. Un autor de filiación keynesiana, K. KURIHARA, la define así: «La brecha inflacionista.., puede definirse por un exceso de gastos anticipados sobre una producción total disponible a precios base». Es decir, que las disponibi­lidades monetarias superan a la valoración de la renta real realizada a los precios base.

Un enfoque fecundo para analizar la dinámica de los procesos inflaciona­rios es considerarlos como una pugna entre grupos sociales o económicos

—que no tienen por qué coincidir con el concepto de clase social— y que pudiendo ejercer poder económico efectivo pretenden o participar en el producto global en una proporción superior a la actual, o alterar la composición del gasto total, o hacer recaer sobre otros grupos los efectos de una inflación ya en marcha, ya que ese enfrentamiento puede aparecer tanto en la causa como en la consecuencia de la inflación.

Así define RALPH TURVEY a la inflación: «Un proceso resultante de la competencia por mantener la renta real global, el gasto real total y o el output total a un nivel que se ha hecho materialmente imposible, o por intentar aumentar cualquiera de ellos hasta un nivel materialmente imposible».

Aun cuando se trate de un efecto del desequilibrio entre demanda y oferta o de la pugna entre grupos, tenemos que contar desde el principio con que la inflación va unida a un proceso de alza de precios, y tenemos que contar con ello porque se trata de un efecto tan inmediato y tan patente a primera vista, que no puede extrañar el que haya una fuerte tendencia a identificar la causa con el efecto. Ahora bien, no toda elevación de precios es de tipo inflacionista, ya que aquélla puede provenir de una contracción de la oferta de bienes. La subida de precios de carácter inflacionario tiene un origen de tipo monetario, o sea, producido por una expansión generalizada de demanda.

1.2 GRADOS DE LA INFLACIÓN

1. inflación galopante, cuando el desequilibrio entre demanda y oferta adquiere tal envergadura que los precios se disparan hacia arriba en proporción notable; se denomina también a veces hiperinflación. Es consecuencia de que entra en juego la llamada «espiral inflacionis­ta» en la que los incrementos de precios y salarios se influencian mutuamente y de forma continua.

2. Inflación reptante (creeping inflation): se caracteriza por un alza suave pero constante en los niveles de precios.

3. inflación reprimida: a pesar del desequilibrio del mercado, la autoridad —congelando precios y salarios— consigue eliminar, por lo menos temporalmente, la subida de precios. Hay quienes afirman que una situación en la que existen excesivos controles de precios significa siempre la existencia de una inflación reprimida. Se consigue así suprimir la principal manifestación de la inflación, pero no se ataca el fondo del mal. El control de precios tendrá que ir acompañado de otras intervenciones, como racionamientos, contro­les directos sobre las inversiones y el comercio exterior.

1.3 CLASES DE INFLACIÓN

1. Se denomina inflación de demanda cuando el desequilibrio se produce originalmente por un aumento de la demanda que sobrepasa las posibilidades de la oferta, pudiendo ser variadas las causas que expansionan la demanda, como veremos en el apartado siguiente.

2. Se denomina inflación de costos cuando, en ausencia de todo incremento previo de la demanda, el desequilibrio se inicia a consecuencia de que los diferentes grupos perceptores de rentas aspiran a unas participaciones en la renta nacional que sumadas todas exceden las posibilidades del producto social; la presión principal

—aunque no única— provendrá del mundo laboral y se manifestará en alzas de salarios que repercuten inmediatamente en los costos de producción.

La diferencia entre la inflación de demanda y la inflación de costos es la causa que da origen inicialmente al proceso, ya que con inflación de demanda habrá una elevación de salarios y precios, y con inflación de costos habrá, a su vez, un aumento de la demanda a través, por lo menos, de un mayor poder de compra en manos de la población asalariada.

A veces se suele hablar también de una inflación de estrangulamiento para designar la situación en la que el proceso comienza por un desequilibrio en un sector económico concreto, en el que al desbordar la demanda a una oferta de cierta rigidez, se originan unas elevaciones de precios que pueden irse comunicando a otros sectores de la vida económica.

2. EXPLICACIÓN COYUNTURALISTA DE LAS CAUSAS DE LA INFLACIÓN

2.1 LA INFLACIÓN DE DEMANDA

A )Vamos a exponer primero la explicación que puede considerarse ya clásica de las causas que originan la inflación, y a través de esta explicación se perfilará mejor en qué consiste el mismo fenómeno inflacionario, sobre todo cuando se trata de una inflación de demanda. Esta explicación la denominamos coyunturalista porque sólo se fija en las causas inmediatas y fluctuantes a corto plazo del desequilibrio del mercado; se le puede llamar también explicación de carácter monetario debido a que la oferta monetaria juega un papel central en la explicación del proceso, y teoría keynesiana de la inflación, por ser la doctrina latente en la obra de KEYNES aplicable a este fenómeno.

Según esta explicación, la condición que hay que suponer para que se produzca un proceso inflacionario es que la economía se encuentre en una situación de pleno empleo coyuntural. Mientras exista paro, los incrementos que se vayan produciendo en la demanda total harán que los recursos ociosos se pongan a producir a corto plazo, con lo que el aumento de la demanda lleva consigo un aumento de la oferta y no se produce el desequilibrio entre ambas fuerzas. Es decir, mientras la economía sea sensible a la cantidad no se produce la inflación.

Cuando el recurso más escaso está produciendo hay pleno empleo; si la demanda aumenta, cuando es rígida la oferta y no puede expansionarse la producción, se provoca el desequilibrio entre demanda y oferta. Entonces la causa inmediata de la inflación es una demanda total por encima de la demanda que produce la situación de pleno empleo, o bien, el querer gastar por encima de lo que permite la elasticidad productiva del sistema. Una economía trabajando a pleno empleo coyuntural se dice que es sensible a los precios, ya que el aumento de la demanda incide en un aumento del nivel general de precios —efecto inmediato, como veremos, de la inflación—.

B) Si se quiere profundizar más en las causas de la inflación habrá que estudiar los componentes de la demanda total, ya que si ésta aumenta por encima de cierto nivel será porque aumenta alguno o algunos de sus componentes. Representando por C el consumo privado, por ¡ la inversión privada, por GP el gasto público y por Exp. e Imp. las exportaciones e importaciones respectivamente, tenemos que la demanda total será:

DT=C+I+GP+Exp.—Imp.

En realidad la actividad estatal es bivalente, ya que el Estado gasta y recauda, pero como el ingreso público procede de la renta privada, una variación del ingreso público supondrá una variación de signo contrario del gasto privado, por eso desde el punto de vista de la demanda total, al incluirse en ésta el C y la ¡ privadas prescindimos del ingreso público.

Como la inflación está provocada por un exceso de demanda total sobre el nivel de la demanda de pleno empleo, el aumento de la demanda total vendrá producido por el aumento de alguno de sus componentes, no contrarrestado por la disminución de otro. Refiriéndonos a las importacio­nes, como llevan signo negativo, habrá que decir lo contrario de lo que se dice de los demás componentes de la demanda total.

Los aumentos del C, 1, GP y Exp. son de suyo inflacionarios; el que de hecho provoquen o no inflación dependerá del efecto final sobre la demanda total y de la situación coyuntural, en la que se encuentre la economía

—pleno empleo o paro—. Insistimos en que lo que produce la inflación no es el que aumente alguno de los componentes de la demanda total, sino el que aumente ésta por encima de cierto nivel. Para una mayor puntualización de las causas que pueden provocar el incremento de los componentes de la demanda, así como para la representación gráfica del proceso inflacionario, habrá que esperar a la sección siguiente y, en parte, a la sección 9.

C)Si la inflación viene causada por el incremento de alguno o algunos de los componentes de la demanda total, se puede preguntar dónde se encuentra el aspecto monetario de la misma, que dijimos que era esencial. Pues bien, para que sea posible un incremento de la demanda es necesario que las instituciones creadoras de dinero pongan a disposición de los sujetos económicos correspondientes nuevos medios de pago. Si la demanda no es alimentada con nuevo dinero no podrá ser ejercitada en el mercado, y la presión inflacionista se debilitará, aunque es posible que por un cierto tiempo y al principio un mero incremento en la velocidad de circulación del dinero —disminución de la preferencia de liquidez— pueda crear suficiente corriente monetaria y, por lo tanto, demanda, como para iniciar el proceso inflacionario, aunque éste acabará por anularse si no se ponen en circulación nuevos medios de pago, ya que es imposible que el desatesoramiento sea suficiente para mantener una demanda creciente.

Antes hemos apuntado la idea de la inflación como resultado del enfrentamiento de distintos grupos sociales capaces de ejercitar realmente poder económico, y aunque, como veremos en el epígrafe siguiente, este enfoque es útil especialmente para explicar ciertos tipos de inflación de costos, es también aplicable a casos de inflación de demanda.

D) De acuerdo con su concepción general de equiparar el dinero a la renta y de sustituir el elemento monetario por el salario, PEDERSEN define la inflación de esta forma: es «la financiación de un nivel creciente de salarios». En esta definición se incluyen las dos características del proceso

inflacionario: la modificación monetaria y el proceso acumulativo. La condición para que se inicie un proceso inflacionario, dice PEDERSEN, es, por regla general, que las expectativas de rentabilidad de los empresarios sean tales que éstos encuentren ventajoso ampliar la ocupación, y que la Banca esté dispuesta a financiar este aumento. Además de esta condición, necesaria pero no suficiente, se requiere que la mano de obra esté ocupada, de tal modo que la mayor demanda de trabajo conduzca a un aumento de salarios, y que este aumento no sea tan grande que la ganancia esperada por los empresarios quede por debajo de lo normal.

2.2.LA INFLACIÓN DE COSTES

A) Suelen llamar los economistas «inflación de costos» al proceso en el que la causa originaria es un incremento autónomo de alguno o algunos de los componentes de los costos, como consecuencia de que alguno o algunos de los factores productivos —tomando el concepto de factor productivo en un sentido amplio—, constituido en grupo social, intenta conseguir una participación mayor en el producto obtenido, sin que los demás factores se avengan a reducir la suya. Se suele llamar también a este tipo de inflación «inflación de oferta» y también «inflación de pugna por la renta». Claro que una cosa es que un grupo social intente una participación mayor en la renta real nacional y otra que lo consiga de hecho, ya que, aun cuando el grupo social que presiona disponga de suficiente poder económico para conseguir en un primer momento un aumento monetario de su participación en la renta global, el reajuste del sistema puede disminuir e incluso anular totalmente el incremento real.

B) Simplificando los distintos casos podemos distinguir tres supuestos:

1. La masa asalariada se encuentra insatisfecha con el nivel actual de su renta real y consigue incrementos autónomos de salarios a través de la presión sindical, huelgas, etc.

2. Los empresarios están insatisfechos con su participación en la renta real y consiguen incrementos autónomos de sus beneficios brutos a través de un encarecimiento de los precios.

3. Pueden darse incrementos de los costos no laborales, como, por ejemplo, los impuestos o el precio de alguno o algunos productos importados. La causa de la elevación de los impuestos puede ser la presión de los funcionarios públicos y/o de las clases pasivas que pretenden una mejora de su participación en la renta real.

Como se ve, la causa radical de la inflación está en el desequilibrio entre la actual distribución de la renta y la distribución deseada. Si el grupo social insatisfecho con su actual participación dispone de suficiente poder económico-social para conseguir de forma inmediata una alteración a su favor de la distribución de la renta, se provocará un nuevo desequilibrio, ya que otros grupos habrán salido perjudicados, y si éstos disponen de suficiente poder adoptarán una actitud defensiva que supondrá nuevas presiones en los costos, con lo que la inflación se refuerza. Al desequilibrio inicial no sucede una nueva situación de equilibrio, sino un nuevo desequilibrio, que si es superado dará paso a una nueva situación en la que reaparecerá el desequilibrio inicial, con lo que continuará el enfrentamiento de por lo menos dos grupos sociales que disponen de suficiente poder económico para modificar la distribución monetaria del Producto Social.

C) Los dos grupos sociales cuyo enfrentamiento es más agudo y más general son, sin duda, el de empresarios y el de asalariados, y el respectivo poder económico para imponer condiciones depende tanto de la coyuntura económica por la que pasa el país como del entorno socio-político en el que se desarrolla la vida económica.

El proceso acumulativo sólo puede ceder porque: o el poder de presión de algún grupo social se debilita, o lo detienen medidas políticas, o se llega a un acuerdo entre los distintos grupos al comprobar la imposibilidad de obtener entre todos una renta superior a las posibilidades de la producción nacional. Esto último supone el llamado «pacto social» a escala nacional.

Haciendo referencia a este enfoque de la inflación escribe el Prof. RENÉ MAURY: «La yuxtaposición de estas pretensiones (de vivir mejor) que son todas por igual respetables consideradas separadamente pero cuya satisfac­ción general excede las posibilidades de la economía, engendra inevitable­mente la inflación... Esta refleja a su manera el costo de la necesidad contemporánea y en cierto modo institucional de igualdad».

D) Al exponer la inflación de demanda dijimos que tiene su origen en un aumento autónomo de la demanda total, y al exponer la inflación de costos decimos que la causa originaria es un aumento autónomo de los costos de producción. En ambos casos subrayamos el aspecto original, ya que en un segundo momento los procesos se mezclan: el incremento de demanda provoca subida de precios y costos y el aumento de rentas de algún grupo social se traduce en una intensificación de la demanda de bienes de consumo.

E) Hemos insistido en la idea de que la inflación es el resultado del enfrentamiento de distintos grupos sociales capaces de ejercitar realmente poder económico. Esto es evidentemente claro en el caso de la inflación de costos, pero es también aplicable a la inflación de demanda. Una de las causas más generales y claras de tensión inflacionista de demanda que acompaña normalmente a los procesos de desarrollo económico es el hecho de que la inversión planeada supera a la capacidad de ahorro voluntario del sistema. Entonces —como veremos más tarde— la inflación provoca un ahorro forzoso suficiente para liberar los factores productivos necesarios para la inversión. Es decir, que tenemos aquí un enfrentamiento o tensión entre el empresario inversionista y el consumidor-ahorrador. Lo mismo cabría decir cuando el incremento de la demanda se debe a una intensifica­ción del gasto público, en lo que aparece evidente la pugna entre el sector público y el privado.

F) Hemos indicado antes que una de las causas que pueden incidir en el desencadenamiento de la inflación de costos es la elevación de precios de los productos adquiridos en el exterior. Tenemos aquí lo que se denomina una «inflación importada», que en el sentido más estricto sería la ocasionada por la inflación de otros países contagiada a los precios internos a través de la subida de los precios de los productos importados. La intensidad de la inflación inducida por el comercio exterior depende de estos tres factores: de la intensidad de la inflación exterior; del volumen relativo de las importaciones; y de la mayor o menor facilidad con que el encarecimiento de los productos importados se transmite a un gran número de bienes y servicios dentro del país, lo que dependerá de la naturaleza de esos productos importados.

Un proceso similar al anterior es el producido por cualquier elevación de los precios de algún o algunos productos importados, aun cuando la causa no sea precisamente la inflación de los países exportadores. Ejemplo claro de esto lo tenemos en el encarecimiento del petróleo, impuesto —con base en su situación oligopolística— por los países exportadores de esta fuente de energía y que ha repercutido de una forma vigorosa en los niveles de precios de los países importadores.

Estos casos que hemos visto pueden denominarse «inflación importada de costos», para distinguirla de una inflación provocada simplemente por un saldo positivo de la balanza de pagos, que daría lugar a una «inflación importada de demanda».

3. EXPLICACIÓN ESTRUCTURALISTA DE LA INFLACIÓN

A) La explicación coyunturalista o teoría «monetarista» de la inflación, de clara inspiración keynesiana, ha sido especialmente elaborada y trabajada por economistas de países desarrollados, y las normas prácticas de política económica antiinflacionista que de ella se derivan, han sido aplicadas con éxito en esos países. El Fondo Monetario Internacional se basa también en este enfoque cuando aconseja una política de restricción financiera sin distinción a los países que sufren tensiones inflacionarias. Sin embargo, frente a esta explicación y a esta tesis, ha surgido en estos últimos años otro enfoque distinto sobre las causas que provocan la inflación en los países subdesarrollados y en vías de desarrollo. Esta nueva explicación de tipo estructuralista ha sido expuesta y defendida sobre todo por los economistas que trabajan en los países sudamericanos, en conexión mayor o menor con la CEPAL (Comisión Económica para la América Latina), aunque ha empezado también a ganar adeptos entre los profesionales de las naciones desarrolladas.

B)Según los defensores del estructuralismo, la explicación monetarista o coyuntura lista adolece de dos graves insuficiencias, que la hacen menos apta para explicar los procesos que ocurren en las economías en desarrollo, y, sobre todo, para proporcionar instrumentos de política antiinflacionaria en tales economías. Esas insuficiencias son: en primer lugar, el enfoque coyunturalista es excesivamente global o macroeconómico, ya que juega con los conceptos de demanda total y oferta total, cuando en los países subdesarrollados las tensiones son de tipo sectorial, y sólo un análisis de este tipo permitirá explicar los fenómenos y, por lo tanto, proporcionar los medios para intentar una auténtica política estabilizadora. Los métodos globales de análisis, ya sean monetarios o del ingreso, han sido ideados para su aplicación en países desarrollados.

En segundo lugar, el enfoque coyunturalista sólo se fija en lo que es la causa inmediata de la tensión inflacionaria, es decir, en el incremento excesivo de la demanda; pero esto es atender sólo a la manifestación última y externa, cuando lo que interesa es analizar las causas profundas que producen el desequilibrio, que tiende a ser permanente, entre la demanda y la oferta.

C)Entonces frente al coyunturalismo, que pone el acento en las fluctuaciones de la demanda que puede variar de signo a corto plazo y en el aspecto monetario que acompaña siempre al proceso de inflación, los estructuralistas insisten en que las causas de ésta radican en la misma estructura de las economías en desarrollo, cuestión que tiene el carácter de problema a largo plazo. No es que el estructuralismo sea «antimonetarista», ya que la mayor parte de los fenómenos económicos se expresan o traducen, antes o después, en variaciones monetarias. En este sentido la inflación —como cualquier otro fenómeno económico— tiene una expresión moneta­ria. Admiten los estructuralistas que la inflación sólo es posible si aumenta la oferta de medios de pago, ya que si se elimina el exceso de dinero se elimina el exceso de demanda, y el alza de precios desaparecerá, pero aun en este caso las presiones inflacionistas continuarán latentes.

Según esta interpretación de la inflación, ésta consiste radicalmente en un desequilibrio del sistema económico que, si la pasividad del sistema monetario lo permite, se expresa en una elevación constante de precios. Pero si las autoridades monetarias consiguen evitar las manifestaciones externas del exceso de demanda, se conseguirá una cierta estabilidad de precios, pero el desequilibrio radical y profundo se manifestará entonces en otra dirección y con otros síntomas, como el desempleo y el estancamiento económico. Pretender frenar los precios manteniendo la misma estructura económica y social, en la que reside el desequilibrio del sistema económico, es caer en el paro y el estancamiento a nivel de subdesarrollo.

D) No hay unanimidad entre los partidarios de esta tendencia sobre lo que hay que entender por «estructura», cuando hacen residir en ella la causa de la inflación. Hacen alusión a estructuras de distribución de la renta, de la demanda, de la producción, del comercio exterior, del sistema fiscal, de la administración y la política, e incluso de la Sociedad en general.

1. Los de tendencia más radical y avanzada se refieren a todo esto, y consideran que todas y cada una de esas realidades son un obstáculo para el desarrollo económico, y así sólo un cambio social profundo sería capaz de conseguir un crecimiento económico adecuado y romper con la actual situación que engendra entre otras cosas, las tensiones inflacionarias.

2. Otros más moderados dan mayor importancia —aunque no de forma exclusiva— a las estructuras de la producción y el comercio, e insisten en los siguientes puntos como causantes principales de la inflación en los países subdesarrollados: la agricultura, el comercio exterior y la política comercial e industrial.

La agricultura, con su lento crecimiento, es una de las causas fundamen­tales de la inflación estructural. Dada la gran elasticidad renta/demanda de productos agrícolas, los incrementos de renta producen en los países en vías de desarrollo expansiones notables en la demanda agrícola, y como el sector productivo agrícola, debido a su retraso tecnológico y funcional, posee una oferta muy rígida y no es capaz de suministrar las demandas adicionales se produce el alza de los precios de los productos agrícolas, lo que provoca reacciones defensivas de los demás sectores, especialmente el laboral, engendrándose la espiral precios-salarios, con lo que se generaliza el alza de costos.

El sector exterior es también causa de tensiones. Una característica esencial de la inflación estructural reside en que un crecimiento rápido de la economía viene impedido por la baja tasa de crecimiento de las exportacio­nes y la alta propensión a importar de los países en vías de desarrollo. Además, al estar la exportación formada fundamentalmente por productos primarios —agrícolas y mineros— y la importación por productos industria­les, la relación real de intercambio les es adversa a estos países en los mercados internacionales. Entonces, además de no poder imprimir al desarrollo el ritmo requerido, se encarecen las importaciones —a través de las devaluaciones precisas para equilibrar la balanza de pagos y de la adversa relación real de intercambio— con lo que se produce un alza en los costos de todo lo que Incorpora producto extranjero.

La política comercial, con un proteccionismo excesivo y a veces no selectivo, e incluso con la aplicación de contingentes a la importación, dificulta y encarece la importación de productos totalmente necesarios para el desarrollo. La elección de una gama demasiado amplia de productos industriales a obtener en el país y la inexistencia de una política de dimensiones óptimas en las nuevas empresas, no hacen más que dificultar la evolución racional de la economía.

Todo esto unido a una población con ritmos notables de crecimiento vegetativo y una gran tendencia a la formación de núcleos urbanos cada vez mayores, en los que el consumo es mayor que en el campo; unos presupuestos estatales liquidados usualmente con déficit; un sistema fiscal desacertado con gran peso de la imposición indirecta; situaciones conflicti­vas en el mercado laboral, etc., crean una estructura económica y social en la que no sólo los esfuerzos orientados a conseguir una tasa de crecimiento rápido, sino incluso la misma evolución lenta pero positiva de su vida económica, se traducen en tensiones inflacionarias continuas.

E) En estos países el problema de la inflación se confunde con el del desarrollo económico, y su gran problema es no frenar el ritmo de éste, pero evitando aquélla en cuanto sea posible. La tesis estructuralista permite explicar la coexistencia de una crisis en el sector industrial con capacidad no utilizada y una situación de tensión inflacionista de productos agrícolas. La explicación coyunturalista simplemente negaba la posibilidad de la inflación y el paro coyuntural, pero un análisis sectorial puede explicar la simultanei­dad de dos situaciones incompatibles en un análisis global.

E)Para terminar la descripción de los diferentes tipos de inflación atendiendo a la causa que la provoca hay que afirmar que en nuestros sistemas económicos, cada vez más complejos, tanto por razones puramente económicas como sociales, y más interrelacionados desde el punto de vista internacional, difícilmente se podrá encontrar un proceso inflacionario concreto que pueda considerarse, químicamente puro, como inflación de demanda, inflación de costos o inflación estructural. Lo normal será que en un proceso concreto se mezclen elementos de inflación de demanda con elementos de inflación de costos y muy posiblemente, sobre todo en países no muy evolucionados, con causas de carácter estructural. Esto hace no sólo que el diagnóstico sea difícil, sino también que la política antiinflacio­nista tropiece con dificultades enormes, a veces insuperables, ya sea porque las medidas que se podrían tomar tienen efectos contradictorios, teniendo en cuenta las diferentes causas que pesan sobre el proceso inflacionario, ya sea por la incompatibilidad entre las diferentes metas que se presentan al gobernante para ser alcanzadas simultáneamente, ya sea, finalmente, por la presión, fortísima a veces, de los diferentes grupos sociales que pretenden eludir el peso que puede suponer seguir una política coherente de carácter antiinflacionista.

4.EFECTOS DE LA INFLACIÓN

La gama de los efectos de la inflación es muy amplia, afectando a muy variados sectores y aspectos de la vida económico-social:

4.1 EFECTO SOBRE LOS PRECIOS

)El efecto más inmediato y primordial de la inflación es la elevación progresiva del nivel general de precios. Sobre esta subida hay que decir que se trata no de una subida absoluta del nivel general de precios, sino de una variación de los precios relativos. Es decir, que no todos los precios suben en la misma proporción y a la vez, sino que hay precios que suben mucho y rápidamente, otros menos y lentamente, y algunos incluso no suben, o suben con retardo. Podemos citar dos causas por las que ocurre esto. Una es la diferente elasticidad que presentan las ofertas y demandas de los bienes en el mercado, y ya sabemos cómo esto influye en que los precios suban más o menos al modificarse los datos del mercado —demanda y oferta—. Otra razón es que algunos precios están sujetos a cláusulas contractuales a medio e incluso largo plazo, mientras que otros son sensibles inmediata­mente a las variaciones del mercado.

El hecho de que no todos los precios suben en la misma proporción tiene a su vez una consecuencia importantísima, tanto desde el punto de vista puramente económico como desde el punto de vista social, a saber, una redistribución de la Renta Nacional, e incluso a veces del capital social. La inflación perjudica a unos sectores sociales y no perjudica, e incluso beneficia positivamente a otros. Con una valoración ética diremos que el criterio de redistribución de la Renta Nacional producida por la inflación no responde naturalmente a ninguna exigencia de la justicia.

4.2 EFECTOS EN LA REDISTRIBUCIÓN DE LA RENTA

1. La retribución del trabajo suele tener normalmente el carácter de fija y señalada contractualmente, de aquí que sea rígida o poco flexible. Mientras que los precios de las subsistencias son sensibles a la presión inflacionista, los salarios cuando suben lo hacen lentamente y con retraso. La expresión gráfica que nos recoge es la conocida de que con la inflación los precios suben por el ascensor y los salarios por la escalera. Esto quiere decir que el poder adquisitivo real de las rentas del trabajo es cada vez menor, con lo que el sector laboral tendrá acceso a una cada vez menor parte del Producto Social del país, lo cual es un verdadero ahorro forzoso, no de carácter monetario —ya que consumen su renta monetaria— pero sí de carácter real.

En cambio, como norma general y tomando en su conjunto, él sector empresarial, cuyas rentas son diferidas y aleatorias, suele salir beneficiado del proceso inflacionario, ya que sus ingresos son más sensibles al alza que sus costos, en los que pesa de manera especial la retribución del trabajo.

La acción sindical y las escalas móviles de salarios pueden atenuar el efecto confiscatorio de la inflación sobre la población asalariada, pero hay que tener en cuenta que siempre se darán trabajadores en sentido amplio a los que no llegará la protección sindical o no gozarán de movilidad en sus salarios. Téngase en cuenta que si la inflación se debe a que se quiere absorber más producción de la existente, si algún o algunos sectores económicos han conseguido de hecho un incremento en su participación en el Producto Social, otros tendrán que ver disminuida la suya.

2. Otros grupos sociales de rentas muy poco flexibles son las clases pasivas, pensionistas de toda clase y aun los mismos capitalistas pasivos, o sea, aquellos que han prestado su capital a interés fijo. Todos estos ven que sus ingresos tienen cada vez menor poder real de compra por lo que cada vez es menor la parte del Producto Social a la que tienen acceso.

3. En las operaciones de préstamo, si entre el momento inicial y el del pago de la deuda se ha producido una inflación, teniendo en cuenta que, por regla general, los contratos se liquidan nominalmente, vemos que el deudor sale beneficiado a costa del acreedor, ya que éste —prescindiendo del perjuicio que recibe a causa del menor valor real de los intereses que ha ido percibiendo— al recibir al principal del préstamo recibe nominalmente la misma cantidad de unidades monetarias que prestó, pero con un valor real menor. El deudor que recibió una moneda determinada entrega otra devaluada, con lo que, si invirtió el dinero en un activo menos líquido pero de valor intrínseco, el beneficio por él obtenido a costa del acreedor es evidente. Este es el caso no sólo de los préstamos entre particulares, sino el de las obligaciones industriales, y en las que al ser el plazo de amortización de cierta amplitud, no es difícil que se vean afectados por una inflación.

4. Un caso particular del punto anterior, pero que por su intensidad tiene una importancia especial que le hace acreedora de mención especial, es el de la Deuda Pública. El Estado, gran deudor respecto de los poseedores de los fondos públicos, sale notablemente beneficiado con la inflación a través de la cual ve que su deuda se va volatilizando, mientras que esos poseedores, que nominalmente siguen siendo propietarios del mismo capital, se van arruinando a medida que éste vale cada vez menos en términos de poder adquisitivo.

5. Aun cuando jurídicamente no se trate de un préstamo hay otro contrato corriente en la vida económica en el que los resultados son parecidos a los anteriores. Nos referimos a los depósitos bancarios. También aquí el depositario, la entidad bancaria o similar, en el momento de resolver el contrato, en el momento en el que el depositante exige el reintegro de su depósito, aquél se liquida nominalmente, y si se ha producido un proceso inflacionario, el depositante recibe unidades moneta­rias depreciadas respecto a las que él depositó. Si la institución bancaria adquirió activos menos líquidos de valor intrínseco —por ejemplo, accio­nes— el beneficio es claro para ella. La forma más extendida para amplios sectores sociales, normalmente las clases económicamente más débiles, de materializar los activos obtenidos por medio de ahorro es precisamente la de los depósitos bancarios, sobre todo a plazo, de aquí que la inflación afecte sensible y perjudicialmente al ahorrador modesto.

6. Un contrato de seguros puede dar también lugar a un perjuicio con ocasión de la inflación. El asegurado que ha pagado las primas en moneda de cierto valor, recibirá la cantidad estipulada, por ejemplo, en un seguro de vida, en moneda devaluada, si se ha producido la depreciación del signo monetario. Todo el proceso favorecerá a la compañía aseguradora si adquirió activos cuyo valor aumentaba a medida que el dinero valía menos.

7.Como consecuencia de una disposición legal, ciertos precios pueden quedar de tal forma congelados que algunos grupos sociales pueden quedar afectados negativamente, y otros favorablemente, incluso durante largos períodos de tiempo. Esto puede ocurrir, por ejemplo, con las rentas de las fincas urbanas o rústicas, cuya congelación supone una redistribución del sector propietario al sector inquilino, redistribución que incluso puede afectar al mismo capital si los cuerpos legales obligan a aplicar un precio que sea la capitalización de la renta, en caso de venta de la finca.

4.3 EFECTOS SOBRE LAS PREFERENCIAS DE LIQUIDEZ DEL PÚBLICO

No sólo la inflación ya en marcha, sino las meras expectativas de la misma, hacen que disminuya la preferencia de liquidez del público. No interesa mantener el patrimonio en forma líquida cuando el dinero va a valer menos, o, dicha la misma cosa de otra forma, si se espera que van a subir los precios de los bienes o valores; la gente decidirá adquirir hoy esos bienes antes de que se produzca la subida. Que disminuye la preferencia de liquidez es lo mismo que afirmar que Aumenta la velocidad de circulación del dinero, y como ésta es uno de los componentes de la corriente monetaria —que es la que provoca la demanda— vemos que este aspecto que estamos considerando agrava el proceso inflacionario.

El que tiene unos medios de pago líquidos quiere deshacerse de ellos y adquiere algo que tenga valor intrínseco, pero el que recibió aquel dinero se encuentra en el mismo caso y trata de comprar otra cosa, y así sucesivamen­te, pudiéndose llegar, en casos extremos, a la situación que los anglosajones llaman del «dinero que quema las manos», en la que por desconfianza en el futuro del valor del dinero se provocan situaciones de inflación galopante.

Ya se comprende que un clima de inflación es el más idóneo para la proliferación de la especulación, y ésta puede alcanzar tal desarrollo que sea una causa más de la agravación del proceso, a través precisamente de la mayor velocidad de giro del dinero y la mayor demanda de bienes.

4.4 EFECTOS SOBRE LA ESTRUCTURA PRODUCTIVA

La estructura productiva del país queda afectada por la inflación desde dos puntos de vista. En primer lugar, al predominar la demanda sobre la oferta, toda la producción del país queda absorbida con creces por la demanda, con lo cual desaparecerá el estímulo necesario para afinar precios y calidad, y ésta queda perjudicada. En segundo lugar, la demanda está alterada tanto cuantitativa como cualitativamente, y en un sistema económi­co en el que se produce lo que se demanda eficazmente en el mercado, la orientación de las nuevas inversiones quedará adulterada con respecto a la que se daría en una ordenación más ortodoxa de la vida económica. Se crearán empresas que se dedicarán a producir lo que se demanda anormal­mente, con lo que cuando desaparezca el ambiente anormal y las aguas vuelvan a su cauce, tendrán que liquidarse algunas que sólo podían vivir en el clima artificial inflacionista, lo cual no sólo supone una pérdida para las mismas, sino además un despilfarro de recursos, con lo que toda la economía se resiente. Además de esto, al desarticularse la estructura de los precios se dificulta el cálculo racional de costos; la valorización de inventarios y la fijación de las amortizaciones se ven sometidos a cálculos más o menos adulterados que dan como consecuencia resultados un tanto arbitrarios.

4.5 EFECTOS SOBRE EL DESEMPLEO

Entre los poquísimos efectos favorables que hay que anotar en el haber de la inflación hay que citar la absorción del paro. Ya hemos visto cómo, según la explicación coyunturalista, mientras haya paro no se inicia el proceso inflacionista, ya que los incrementos de demanda se compensan con los incrementos de la oferta, gracias a los factores que entran a producir. Y no sólo con la inflación desaparece el paro, sino que se produce una situación de superempleo, en la que amplios sectores de mano de obra también trabajan horas extraordinarias. Por una parte los empresarios al no encontrar nuevos trabajadores están dispuestos a pagar esas horas extraordi­narias, y por otra los trabajadores, que ven disminuidos sus salarios reales, desean incrementar sus salarios monetarios. De todas formas ya veremos en el capítulo siguiente cómo la realidad de nuestros días ha desmentido en no poca medida esta pretendida incompatibilidad entre la inflación y el paro.

4.6 EFECTOS SOBRE EL AHORRO

Un efecto interesante de la inflación, por las consecuencias que acarrea a largo plazo, es que con ella disminuye el ahorro voluntario de los particulares. Estos experimentan dolorosamente que, después de haberse sacrificado reduciendo su consumo, al mantener —como lo hacen sectores extensos de la población— la renta ahorrada en forma de activos muy líquidos —dinero, depósitos bancarios y tal vez valores de renta fija—, cada vez vale menos lo que con esfuerzo han ido amontonando. La comprobación de que la inflación va erosionando implacablemente la renta ahorrada desanima al público a continuar ahorrando.

En cambio con la inflación se provoca un ahorro forzoso en forma de una reducción obligada del consumo real por parte de aquellos sectores de la población cuyos ingresos monetarios permanecen constantes, o, por lo menos, no aumentan en la misma proporción en la que lo hacen los precios. Si ahorrar es no consumir, la reducción del consumo se obtiene lo mismo a través de emplear a precios constantes menos renta en adquirir bienes de consumo, o gastando la misma renta con precios más elevados.

En el mercado de capitales la demanda del público se dirige preferentemente hacia los valores de renta variable, que, por representar un título de propiedad sobre el patrimonio de una empresa, gozan de la misma propiedad que los bienes de valor intrínseco. Además, en épocas inflaciona­rias, las empresas suelen obtener normalmente beneficios saneados, con lo que los dividendos pueden ser elevados. Todo esto explica la demanda de acciones en Bolsa y la elevación de su cotización. En cambio, los valores de renta fija: fondos públicos y obligaciones, más bien se deprecian por el reducido atractivo que supone en épocas inflacionarias el ser acreedor a interés fijo. El perjuicio es doble: la renta permanece nominalmente constante, pero con valor real cada vez menor, y la amortización de los títulos se realiza también por su valor nominal en moneda devaluada. Claro que los efectos alcistas que sobre la cotización de los valores de renta variable tiene la inflación pueden quedar atenuados, e incluso anulados, si la inflación —por su gravedad o por su prevista evolución futura— ha deteriorado de tal manera la vida económica del país que se desconfía de la rentabilidad de las empresas en el porvenir.

4.7 EFECTOS SOBRE LA BALANZA DE PAGOS

Respecto a las relaciones económicas con el exterior la inflación produce una evidente deterioración de la balanza de pagos por dos motivos. Perjudica a las exportaciones al irse encareciendo el producto nacional, e intensifica las importaciones debido a que el producto interior se ha hecho más caro relativamente al procedente de otros países. Además, al ser las importaciones —como veremos— una función creciente respecto a la Renta Nacional, al expansionarse ésta se amplían aquéllas, como se amplía el consumo del producto interior.

Las dificultades de la balanza de pagos nacidas como consecuencia del proceso inflacionario exigen como medida correctora el que el Estado devalúe la moneda nacional, por lo que podemos decir que la depreciación de la propia moneda producida por la inflación prepara el camino a la devaluación de la misma. Estas dificultades exteriores vienen agravadas por el hecho de que tal ambiente es propicio para que se produzcan fugas de capitales hacia el extranjero, buscando su colocación en divisas no expues­tas a pérdidas de valor.

4.8 MEDIDA DE LA INFLACIÓN EN LOS PAÍSES COLECTIVISTAS, LAS COLAS .

En los países colectivistas de economía fuertemente planificada el fenómeno inflacionario no se manifiesta generalmente a través de una subida de precios, sino por medio de escaseces generalizadas, mercados negros, asignación viciada de recursos productivos, etc. Es decir, se trataría de las manifestaciones propias de una inflación reprimida. (Alguien ha dicho de forma irónica pero gráfica que, así como en los países de economía libre la intensidad de la inflación se mide por las tasas de incremento en el nivel general de precios, en los países de planificación central esa intensidad se mide por la longitud de las colas que se forman.)

4.9 OTROS EFECTOS

Una consecuencia interesante de la inflación es la siguiente: Ya hemos visto que una de las causas que pueden provocarla o intensificarla son las inversiones. Si éstas no están compensadas por ahorro —y prescindiendo por ahora de las implicaciones que puede suponer una economía abierta— son inflacionarias. Como veremos en otro lugar, al ser el ahorro menor que la inversión, se obtiene el ahorro suplementario necesario a través del ahorro forzoso derivado de la subida de precios. Entonces tenemos que se hacen posibles las nuevas inversiones por el ahorro forzoso de los sectores sociales perjudicados por la inflación, pero la estructura jurídica del sistema capitalista asigna la propiedad de la nueva riqueza creada al sector empresarial-capitalista, de donde resulta que unos son los que con su sacrifico —al consumir menos— han liberado los factores productivos necesarios para la inversión y otros son los que se adueñan de la realidad creada con esa inversión. La explicación de esto reside en que lo jurídico está montado sobre el aspecto puramente monetario de todo el proceso y no sobre el aspecto real, y ya sabemos que los que ahorran forzosamente con la inflación no ahorran monetariamente, ya que gastan toda su renta, sino realmente al disminuir su consumo de bienes.

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