Infancia en Filipinas

Niños. Países desarrollados. Subdesarrollados. Diferencias. Similitudes. Abuso. Explotación Infantil. Sexual. Paz. Pobreza. Derechos. Desigualdad. Violencia

  • Enviado por: Pikuro
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
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'Infancia en Filipinas'
'Infancia en Filipinas'

Indice

  • Resumen

  • Diferencias y similitudes entre niños de un país subdesarrollado y un desarrollado

  • ¿Cuáles son los principales problemas de los niños de un país subdesarrollado?

  • ¿Cuáles son los principales problemas de los niños de un país desarrollado?

  • 5 soluciones para la situación de los niños de un país subdesarrollado

  • Comentario de la situación que más me ha llamado la atención en el reportaje

  • ¿De que forma influye el ambiente en la personalidad de estos niños?

  • ¿Cómo puedo colaborar en la solución de las situaciones que he visto?

  • Introducción

  • Filipinas: Infancia perdida

  • Recluidos con adultos

  • Abuso y explotación de la infancia

  • El trabajo infantil

  • Los niños de la calle

  • La explotación sexual de los niños

  • No es igual nacer niña que niño

  • Paz para la infancia

  • Pobreza infantil

  • Derecho a ser niño





  • I. Resumen


    El video nos habla de la vida que desarrolla la infancia en el país de Filipinas, sobre todo en la capital: Manila.

    Para empezar, vemos a mucha gente, sobre todo niños, que cogen plásticos en un vertedero para después, estos, cambiarlos por comida, se pasan muchas horas del día para conseguir alimentos. Nos va hablando de familias que se pasan en el vertedero casi todo el día, respirando un aire contaminado. Los niños y las niñas, recogen la basura con mucha facilidad y se enferman con esta misma facilidad por causas de higiene.

    En el mar, la vida tampoco es fácil, hay niños que están de 3 a 6 horas en el mar. En la mayoría de los casos, tanto en el litoral como en un vertedero las condiciones de vida son mínimas, ya que viven en “chozas”: 4 paredes y lo mas mínimo. La infancia tiene poco futuro en Filipinas, tienen falta de educación, aunque hay niños que quieren aprender, no tienen posibilidades ya que tienen que ayudar en casa.

    En la ciudad, las cosas no están mejor, pienso que en las ciudades empeora la situación. Las niñas, son prostituidas, por europeos que se sacian por poco dinero. Este asqueroso fin, da lugar a una infancia que a perdido la virginidad, ya sea por violación o prostitución. Los niños, para no pasar hambre, se drogan con la droga más barata: pegamento amarillo. Esta droga, destruye las neuronas que tenemos en el cerebro y se producen síntomas, como por ejemplo: perdida de memoria con facilidad, disminución de reflejos,… Además, con esta droga se sienten más capaces de realizar acciones que no realizarían en estado natural. Se ve a los niños esnifándola, pasas un mal rato, sabiendo que niños como tu pueden destruirse el cerebro con esa droga y quedarse como un vegetal.

    Los niños que no pueden estar con sus padres durante la semana, permanecen en un centro en el cual conviven con niños que tienen sus mismos problemas.

    Los niños que viven de la ciudad, no solo los que roban, sino los que se ganan la vida desplazando a gente con sus carros-bicicleta o los que se lo pueden permitir, con sus carros-motocicleta.

    II. Diferencias y similitudes entre niños de un país subdesarrollado y un desarrollado

    -Diferencias:

    -Son pobres.

    -Tienen muchos problemas económicos.

    -Similitudes:

    -En los países desarrollados hay veces que los niños no pueden tener una educación adecuada por unas diversas causas.

    -Aun estando en los países desarrollados, hay familias que utilizan a los hijos para hacer trabajos forzados y prostituirse.

    III. ¿Cuáles son los principales problemas de los niños de un país subdesarrollado?

    1-No pueden asistir a clase.

    2-Son muy pobres.

    3-Algunos de ellos han sufrido abusos sexuales.

    IV. ¿Cuáles son los principales problemas de los niños de un país desarrollado?

    1-Algunos tienen problemas psicológicos.

    2-Desperdician el dinero y la comida.

    3-Asisten a clase y no tienen interés.

    V. 5 soluciones para la situación de los niños de un país subdesarrollado

    1-Aumentar las donaciones a la población infantil del archipiélago de Filipinas.

    2-Hacer que los niños vallan a la escuela disminuyendo su trabajo.

    3-Crear mas centros para los menores.

    4-Dar ayudas a las familias que no tengan muchos recursos económicos.

    5-Multar a la gente que consuma drogas como el pegamento que te estropean el cerebro.





    VI. Comentario de la situación que más me ha llamado la atención en el reportaje

    El que los niños tengan que estar todo el día bajo el sol recogiendo plásticos en los vertederos ya que es un mal trabajo.

    VII. ¿De que forma influye el ambiente en la personalidad de estos niños?

    Influye de una forma muy benigna:

    -Los niños esnifan pegamento. ETC, ETC…

    -Los niños tienen que trabajar duramente.

    VIII. ¿Cómo puedo colaborar en la solución de las situaciones que he visto?


    Aportando dinero a asociaciones que se encarguen de que la pobreza disminuya y vivan en mejores condiciones

    Información sobre el tema…

    IX. Introducción

    Hace ya más de diez años, en la Cumbre de la Infancia, que los Gobiernos mundiales se comprometieron a construir un mundo mejor para los niños de todo el mundo. Todas las naciones perseguirían los delitos y los abusos cometidos sobre uno de los grupos de población más débiles. Dirigentes de todo el mundo estaban dispuestos a hacer cumplir los derechos de la infancia. Sin embargo, la situación no ha cambiado mucho y los niños siguen estando desprotegidos frente a torturadores, mafias o conflictos bélicos.

     

    Las denuncias de malos tratos, abusos sexuales y violación de los derechos más elementales de los niños siguen apareciendo en los medios de comunicación de todo el mundo. Uno de los últimos casos se ha da en Filipinas. Esta semana se ha conocido que más de diez mil menores viven en las cárceles de este país asiático. Algunas ONG que trabajan en el terreno explican que esa cifra es errónea y que la cifra es el doble. Esto supone que cerca del 10% de los reclusos filipinas son niños.

     

    En Filipinas, la población infantil supera los 35 millones, lo que supone que son cerca de la mitad de la población, aunque teniendo en cuenta que muchos de los niños que nacen no son registrados hay que tomar la cifra como una mera aproximación. Muy pocos pueden decir que sus derechos son respetados. Más de 40.000 viven en la calle, tres de cada 20 menores de entre 5 y 17 años trabajan y alrededor de cien mil sufren abusos sexuales, según cifras de Unicef. Sin embargo, la organización Philippine Resource Network facilita unas cifras aún más terribles: la mitad de los niños sufren malnutrición, cinco millones trabajan, casi un millón vive en la calle, uno de cada tres sufre abusos y 60.000 pertenecen a redes de prostitución o mafias organizadas.

     

    La guerra que durante años devastó el archipiélago tuvo como uno de las más graves consecuencias toda una generación de niños perdida. Alrededor de cuatro millones de niños, en 1988, fueron desplazados de sus hogares debido a los combates. Cerca de cinco mil menores tuvieron que presenciar matanzas, 144.000 vieron como sus padres eran encarcelados en prisiones y cerca de 140.000 quedaron huérfanos. Nadie se ocupó de dar garantías a estos niños que eran incapaces de comprender todo lo que estaban viviendo.

     

    Tras firmar los acuerdos que pusieron fin a años de odio, la situación no mejoró para los infantes. Ni siquiera después de que en 1992 el Estado se comprometiera a proteger a los niños las cosas no han cambiado y las cifras de delincuencia, abusos y violaciones de derechos de los menores aumentan de manera alarmante. La infancia sigue siendo débil y nada pueden hacer para defenderse.

     

    Lo niños que viven en la calle son encarcelados por esnifar pegamento o por cometer delitos menores, aunque algunos denuncian que, en ocasiones, la policía los detiene sin motivo alguno. Todos ellos son enviados a las cárceles donde tienen que esperar, a veces, varios años para que se produzca el juicio. Ninguno de ellos recibe una buena defensa.

     

    Sin embargo, el problema más grave está en la falta de centros de detención para menores. Los existentes, una docena situados en Manila, se encuentran colapsados y los menores son enviados a prisiones de adultos. Así, niños de seis o siete años se ven obligados a compartir espacios con asesinos, narcotraficantes o violadores. Se sabe que la gran mayoría de los menores que entran en prisiones son violados por los presos, a pesar de que nadie denuncia los hechos ya que en las prisiones filipinas rige la ley del silencio. Aunque, como siempre, son las niñas las que se llevan la peor parte. Según denuncian asociaciones de ayuda a la infancia, es normal que la policía encarcele a niñas que no han cometido ningún delito. Las menores son convertidas en prostitutas para guardianes y reclusos. De este modo, los delincuentes son controlados en todo momento. Esta práctica habitual en países del Sur equivale al permiso tácito de traficar con droga en las prisiones occidentales.

     

    Las cárceles, por supuesto, no cumplen ninguna de las normas de higiene obligatorias. Los niños duermen hacinados y permanecen encerrados la mayor parte del tiempo. Tampoco las comidas son adecuadas y de su educación nadie se ocupa. Toda una generación perdida víctima de una justicia corrupta e injusta.

    X. Filipinas: Infancia perdida

    Los menores filipinos que entran en conflicto con la ley suelen pertenecer a los sectores más desfavorecidos y marginados de la sociedad. Muchos de ellos han crecido en la pobreza y han recibido poca o ninguna educación. Gran parte de los 200.000 niños que viven en la calle han sido víctimas de violencia doméstica o abusos sexuales. Estos niños están más expuestos a ser detenidos, ya que a veces se ven obligados a pedir o a robar para sobrevivir. La adicción a inhalar pegamento es habitual entre ellos, con lo que aumenta el riesgo de que se los detenga o recluya. Estos niños son especialmente vulnerables mientras permanecen bajo custodia, ya que no tienen familia ni una comunidad que los apoye.

    Durante el tiempo que permanecen detenidos, a menudo se los esposa y se les propinan puñetazos, bofetadas y palizas con porras, culatas de rifles o varas. Algunos menores han sido agredidos, en presencia de la policía o con su participación activa, por adultos que los acusaban de haber cometido delitos. Según informes, a algunos menores se les han quemado las uñas con cigarros o se los ha sometido a descargas eléctricas.

    Entrevistas realizadas por algunas organizaciones locales no gubernamentales revelan que muchos menores detenidos apenas entienden, cuando no desconocen, por qué se los ha detenido o de qué cargos se los acusa. Rara vez se les permite el acceso a un abogado, y muchos han firmado documentos cuyo significado no comprendían.

    XI. Recluidos con adultos

    Menores recluidos, tanto niños como niñas, han sido violados y agredidos sexualmente. Un grave problema muy extendido es la reclusión de menores en instalaciones para adultos; de hecho, en algunos centros comparten celda con adultos. Este contacto tan cercano y continuo con presos adultos (algunos de los cuales han cometido delitos graves) hace que los niños estén especialmente expuestos a sufrir abusos sexuales y otro tipo de abusos. En muchas instalaciones se dan condiciones de hacinamiento, el aire está sofocantemente caliente y enrarecido y no se dispone de instalaciones sanitarias adecuadas. En una prisión de Luzon los niños no tenían donde dormir, pues las camas se las quedaron los reclusos adultos y el suelo estaba empapado de orines. Según informes, las personas que han visitado esta prisión han visto a niños peleando por la comida.

    En la actualidad hay al menos ocho jóvenes condenados a muerte en Filipinas, todos ellos menores de 18 años en el momento en el que supuestamente cometieron el delito del que se los acusa. En muchos casos las condenas se les impusieron tras suponer, equivocadamente, que eran mayores de edad cuando se los detuvo.

    El Gobierno de Filipinas ha fomentado la inmunización y el suministro de complementos de vitamina A desde principios del decenio de 1990. En una ocasión, estas medidas abarcaban casi el 90 por ciento de los niños y niñas de 6 años o menores.

    A pesar de estos resultados, las vidas de miles de niños y niñas que se encuentran entre los más empobrecidos del país (y de millones más en el mundo entero) siguen amenazadas por enfermedades que se pueden prevenir fácilmente. Ha aumentado la brecha que separa estos niños y niñas en peligro de los que viven en el mundo industrializado, donde se dispone con facilidad de vacunas que salvan vidas y complementos de micronutrientes.

    !!10.000 NIÑOS VIVEN en las CÁRCELES FILIPINAS¡¡

    Hacinados y olvidados, menores de tan sólo nueve años comparten míseras celdas con asesinos, violadores y traficantes de droga. Las niñas se con vierten rápidamente en prostitutas para los internos y los guardias. Los niños son auténticos esclavos sexuales para las bandas que operan dentro de ellas. La mayoría de ellos son niños de la calle, rateros o mendigos, cabezas de turco de las redadas policiales o de crímenes no resueltos.
    En Filipinas hay 32 millones de menores, algo menos de la mitad de la población. Uno de cada tres ha sufrido abusos, la mitad está hambriento, un millón y medio está en la calle, cinco millones sufren la explotación laboral, 60.000 forman parte de las redes de prostitución y todas esas cifras, sin excepción, aumentan cada año. Y la UNICEF dice que esperen otros 25 años más a ver si la cosa mejora. ¿Seguiremos soportando tanto cinismo y crimen?

    XII. Abuso y explotación de la infancia:
    Los grandes temas de actualidad

    Gran número de periodistas y grupos de prensa podrían mostrar inquietud ante la idea de que una convención internacional (¡o una guía de la FIP!) pudiera dictar lo que deben producir o cómo informar sobre los problemas sociales. No obstante, la mayoría estaría de acuerdo con los principios que contiene la Convención sobre los Derechos del Niño. Por tanto, cabe suponer que las empresas de los medios de comunicación son capaces de explicar claramente la manera en que ponen estos principios en práctica y los pasos que dan para mostrar que no violan los derechos del niño. El presente capítulo examina algunos temas de actualidad: los niños de la calle, el trabajo infantil, la explotación sexual y la trata de menores y esboza algunos enfoques. No pretende señalar a los periodistas la perspectiva en la que deben presentar su trabajo. La historia que relatan puede ser diferente a la aquí descrita, y puede evolucionar con el tiempo. No obstante, conviene que los periodistas y los medios de comunicación estén sensibilizados con respecto a estos temas antes de empezar.

    XIII. El trabajo infantil

    En la agenda política, el trabajo infantil ocupa actualmente un lugar preponderante, especialmente en el contexto de la globalización y debido a que los productos destinados a los consumidores de los ricos países del Norte a menudo son fruto del trabajo de menores de los países en desarrollo, retribuido con un salario de miseria. En realidad, lo esencial del trabajo de los niños se realiza en su domicilio o en la granja familiar. A menudo, los niños de las clases desfavorecidas son considerados como parte importante de la mano de obra familiar. Por lo general, son las niñas a las que somete a los trabajos más duros y, como consecuencia, son las más expuestas a que se las prive de educación.

    Es posible que este tipo de historias no resulten tan cautivadoras como las (auténticas) de los niños que fabrican, en talleres clandestinos, zapatillas de deporte destinadas a los ricos mercados de Europa y Estados Unidos, pero también requieren ser contadas, explicadas y situadas en su contexto. Dado que los padres aman (por lo general) a sus hijos y que los hijos desean (por lo general) ayudar a su familia, las presiones que pesan sobre las familias pobres son considerables.

    Aun cuando los niños trabajen fuera de su domicilio, existen diferentes puntos de vista respecto al enfoque que ha de adoptarse. La Organización Internacional del Trabajo y la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), calcula que existen 250 millones de menores a los que se explota con fines comerciales o se les obliga a trabajar para sobrevivir, y realiza activas campañas en favor de la abolición del trabajo infantil. Según la CIOSL, se está privando a generaciones de niños de toda oportunidad de ocupar el lugar que les corresponde en la sociedad y la economía del siglo 21, y subraya que si desde ahora pudiera dejarse de utilizar niños para trabajar, el trabajo infantil podría ser erradicado dentro de una década.

    Por otra parte, UNICEF que algunos jóvenes resienten el haber sido "recatados" de un empleo que les proporciona una entrada y estatus vital.

    Queda de manifiesto que cabe un debate sobre la mejor manera de avanzar y, en la práctica, la mayoría de los militantes se centran en aquellos trabajos que claramente constituyen una forma de explotación que impide a los menores ir a la escuela. Muchas ONG buscan soluciones alternativas al dilema de la esclavitud o la privación del trabajo y conceden la mayor prioridad a la educación. El punto de vista de la UNICEF puede leerse en su sitio Web (acompañado de un juego) http://www.unicef.org, y consultar el de las organizaciones sindicales en el sitio http://www.icftu.org de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales.


    XIV. Los niños de la calle

    En la mayoría de las grandes ciudades, existen niños que llevan una vida muy difícil. Procedentes de las zonas rurales, atraídos por la gran ciudad, con la expectativa de encontrar una vida mejor, no tienen para sobrevivir otra posibilidad que luchar, sin hogar y sin nadie que se ocupe de ellos. Los niños de la calle están expuestos a la violencia, a las enfermedades y a la explotación. Pueden ser blanco de las fuerzas del orden o de bandas de malhechores. Los que logran sobrevivir se vuelven muy hábiles y muchos pueden quizás llegar a cometer delitos graves para conservar la vida. En numerosas ciudades, existen ONG que disponen de programas especiales para ayudar a los niños de la calle y podrían asistir a los periodistas interesados en abordar este problema.

    A este respecto, la investigación podría abarcar:

    • Entrevistas exhaustivas con los menores.

    • Buscar las consecuencias probables en lo que se refiere a la violencia,
      la agresión y la explotación sexual, las enfermedades, los delitos y
      las penas en las que se incurre.

    • Enumerar las dificultades que les hacen padecer las autoridades y
      los que abusan de ellos.

    • Indicar dónde encontrar asistencia y apoyo.

    • Informar sobre los problemas a la policía y a las autoridades competentes.

    • Entrevistar a los agentes policiales y a las personas competentes en materia de políticas públicas.

    Los medios de comunicación podrían también seguir a los menores que han logrado salir de este engranaje y tener en cuenta su punto de vista sobre la manera de ayudar a otros menores en la misma situación a hacer lo mismo. Podrían poner de relieve algunas causas subyacentes y volver a tratar el tema al cabo de cierto tiempo con la finalidad de comprobar si la situación ha mejorado.

    Este enfoque continuo tendrá mayor peso si incluye las palabras y los puntos de vista de los menores en lugar de limitarse a la opinión de las personas que los consideran como un problema. No obstante, es raro que los medios de comunicación se pregunten en primer lugar por qué los niños se han quedado sin hogar. Si parece tratarse de la mejor solución para el niño, ¿no cabría preguntarse cómo vivía en su comunidad rural?

    Asimismo, como en el caso del trabajo infantil, lo que un periodista puede intentar saber es si el niño ya carecía de vivienda en su comunidad de origen, aun cuando todavía no llevaba la etiqueta de "niño de la calle". Establecer vínculos entre los niños de diferentes partes del mundo puede contribuir a generalizar el problema y ayudar a todo público local a entenderlo mejor.

    XV. La explotación sexual de los niños

    La UNICEF calcula que un millón de niños al año incorporados al mercado del comercio sexual en los países en desarrollo y en el mundo desarrollado. Una investigación de UNICEF sobre la explotación sexual de los niños - Beneficiándose del Abuso - muestra que la pobreza y el desmembramiento de las comunidades son los factores de máximo riesgo.

    • El comercio sexual afecta principalmente, pero no exclusivamente a las niñas. Los niños también corren peligro.

    • Los refugiados son vulnerables a las demandas de sexo del personal
      de los campos, los guardias fronterizos e incluso la policía,
      que en principio debería protegerles.

    • Las jóvenes en zonas de conflicto pueden dedicarse al comercio
      sexual con objeto de proteger a sus familias de los grupos armados.

    • La trata aumenta cuando los países muy pobres están cerca de
      países más ricos.

    • La trata de niños, tanto entre los países como dentro de las
      fronteras, parece haber aumentado con toda rapidez.

    XVI. No es igual nacer niña que niño

    En 23 de los 38 países estudiados por el World Fertility Survey en 1990 se mostraba una clara preferencia por tener hijos varones (por razones de orden económico, cultural, etc.). Por lo general los niños son amamantados por más tiempo y conducidos con mayor prontitud a los servicios de asistencia sanitaria. Las niñas realizan labores domésticas desde muy pequeñas. La niña pasa de la infancia al estado adulto el día de su primera menstruación. A menudo contrae matrimonio antes de que alcance su completo desarrollo con los consiguientes riesgos en caso de embarazo y maternidad. "El hecho de parir demasiado pronto, con demasiada frecuencia y demasiado tarde mina la salud de millones de mujeres".

    La preferencia electiva por los hijos varones es una de las múltiples razones de las elevadas tasas de natalidad en no pocos países del Sur y principalmente africanos. Consecuencia de esta preferencia es el riesgo de que las niñas sean relegadas al último lugar en términos nutricionales (lo cual, en condiciones de extrema escasez y enfermedad, significa la muerte) y educacionales (en general, en los países del Tercer Mundo las niñas asisten en menor número y durante menos años a la escuela que los niños).

    Por otra parte, ha sido establecida la relación entre esta preferencia y el infanticidio de niñas al nacer. Recientemente causaron un gran impacto en la opinión pública las declaraciones de la responsable de la Federación China de Mujeres, Chen Muhua, en las que afirmaba que, debido a la política china de un sólo hijo por familia (impuesta desde 1987) y a la "creencia feudal de la superioridad del hombre", los padres habían matado al nacer millones de niñas en la última década. Dichas afirmaciones fueron corroboradas por los censos poblacionales. Un reciente estudio en el Estado indio de Tamil Nadu nos ofrece resultados similares.

    Finalmente, se está produciendo tanto en el Norte como en el Sur un fenómeno de feminización de la pobreza. En los países del Tercer Mundo este proceso no sólo se debe a el incremento de familias monoparentales encabezadas por una mujer, sino que se ve agravado por la migración intra-rural o rural-urbana del varón en busca de trabajo (en algunas regiones sin embargo, suele ser la mujer quien primero emigra para posteriormente traer al resto de la familia). Esta feminización de la pobreza afecta gravemente a las niñas quienes deben ayudar a su madre a "suplir" al padre ausente en actividades generadoras de ingresos, tareas agrícolas, entre otras.

    XVII. Paz para la infancia
    Facilitar el acceso a los métodos de planificación familiar

    Ya hemos visto cómo elevadas tasas de mortalidad infantil suelen ir acompañadas de elevadas tasas de fertilidad (cuantos más hijos se pierden, más se tienen). Cuando abogamos en favor de facilitar el acceso a los métodos de planificación familiar, lo hacemos recordando, una vez más, el contexto socioeconómico que determina claramente dichas tasas. Y lo hacemos pensando especialmente en las consecuencias que dicho contexto tiene en el rol de la mujer dentro de su comunidad.

    Moore-Lappé y Schurman lo expresan de la siguiente manera: "Según nuestro punto de vista, la variada evidencia -basada en el trabajo realizado por antropólogos y sociológos en el tercer mundo- sobre el porqué los pobres tienen muchos hijos, sugiere que las elevadas tasas de fertilidad pueden ser mejor entendidas como una respuesta a las estructuras antidemocráticas de poder, frente a las cuales la gente apenas le queda otra salida que tener un elevado número de nacimientos".

    Según estimaciones del Fondo de NN.UU. para la Población, si las mujeres que, en caso de poder utilizar métodos de planificación familiar, optarían por no tener más hijos tuvieran acceso a dichos métodos, se produciría un descenso del 38% en el número de nacimientos, así como una disminución del 29% en la mortalidad materna global. De igual manera se conseguiría una reducción significativa en los 50 mil abortos que se calcula se producen a diario en condiciones sanitarias de alto riesgo.

    Por lo que a nuestro tema respecta, la importancia de facilitar el libre acceso a los métodos de planificación a aquellas mujeres que así lo desearan (los métodos modernos son desconocidos por el 90% de las mujeres africanas) reside en la mejor atención que recibirían los hijos/as deseados (aparte de repercutir positivamente en la salud y el status socio-económico de la madre, si bien este último aspecto no puede ser universalizado por razones culturales).

    Tal como confirma la experiencia, la disminución de las tasas de natalidad no se obtienen por el mero hecho de facilitar el acceso de la mujer a los métodos de planificación familiar, si dichas acciones no forman parte de programas integrales de educación, salud, generación de ingresos, integración y participación de la misma en sus comunidades.

    XVIII. Pobreza infantil:
    pobreza estructural del modelo de desarrollo

    A lo largo de este trabajo hemos mencionado en repetidas ocasiones al Brasil. Esto se debe fundamentalmente, no a la mayor transparencia informativa sino, al menos en parte, al hecho que Brasil es uno de los países que más crudamente han padecido las contradicciones sociales y ecológicas del modelo de desarrollo capitalista. Escribe una investigadora brasileña: "Desde hace mucho tiempo se dice que el Brasil es un país de jóvenes, que ellos son la mayor riqueza nacional, que el futuro está en sus manos, [sin embargo, tras estas declaraciones] se esconde la dolorosa realidad de un país que optó por el crecimiento económico a cualquier precio, que concentró la renta y dejó al 58% de brasileños en situación de miseria o de estricta pobreza ... Al mismo tiempo que el Gobierno festejaba el hecho de que Brasil pasaba a ser la octava potencia en producción industrial de occidente ... [el país pasaba a ocupar] el puesto número ochenta y ocho del mundo en gastos de educación ".

    El agravamiento de la situación socio-económica a nivel familiar, nacional e internacional repercute con mayor fuerza en los grupos más indefensos, que no es otro que la infancia. En el contexto de América Latina, Pilotti escribe: "En el momento actual, parece que el principal impacto de la crisis económica ha recaído sobre la frágil estructura familiar de los sectores más pobres, lo que ha resultado en una mayor desorganización y desintegración al interior de los hogares, con su secuela de efectos negativos para los niños que viven en este contexto".

    Vemos una vez más cómo el malestar de la infancia da fiel testimonio de un modelo de desarrollo que en tiempos de dificultad, como son los actuales, hace recaer gran parte de su peso sobre los sectores marginales -y marginados- de la sociedad. El servicio de la deuda externa y la imposición de los PAE se convierten en auténticos mecanismos de opresión financiera que atentan gravemente contra la soberanía de los Estados, respetanto, e incluso favoreciendo, tan sólo a la élite que fue la que en los años setenta y ochenta contrajo la deuda "pública" para, en buena medida, utilizarla en su propio beneficio.

    Numerosos estudios refrendan la correlación existente entre el ahondamiento de la crisis económica global y el incremento de las desigualdades sociales (y el aumento de presión sobre el medio natural).

    Entresacamos los siguientes fragmentos de un reciente trabajo realizado en Guatemala: "En los años de crisis y ajuste se ha acentuado el fenómeno de la distribución desigual de la propiedad y el ingreso. En el agro, el 2,6% de los grandes propietarios posee un 65,5% de la supercie total ... El número de minifundios ha crecido a un ritmo anual del 5% ... [En el sector industrial], entre 1989 y 1991, los precios internos aumentaron más del 90% en forma acumulada. El salario medio de 1990 se redujo, en términos reales, un 27% respecto al de 1980 ... Las familias de mayor poder económico reciben un ingreso mensual 105 veces superior al que reciben las familias más pobres (en 1980 la diferencia era de 17 veces) ... El gasto social en salud, educación y vivienda, bajó del 3,7% del PIB en 1980 al 2,7 en 1990 ... [mientras que] los rubros de defensa y seguridad y de mantenimiento de la burocracia estatal continuaron creciendo de forma ininterrumpida".

    La infancia no puede por tanto ser aislada, como si estuviera dentro de una campana de cristal, del "mundo exterior" de relaciones sociales, políticas y económicas, como tampoco no puede ser aislada del orden de valores por el que su comunidad concreta le atribuye unos deberes y unos derechos en función de su edad y su sexo.

    Las cotas más altas de pobreza infantil se dan en aquellos países con mayores cotas de pobreza general. De acuerdo con varios informes, Africa ocupa el último lugar con respecto a tres indicadores básicos del estado de la infancia: tiene la tasa más alta de mortalidad infantil en niños menores de cinco años (TMM5), la esperanza de vida más baja y el menor índice de acceso a la enseñanza primaria.












    XIX. A modo de conclusión: el derecho a ser niño

    Acabamos de hacer un penoso recorrido por las circunstancias en las que cotidianamente se desenvuelven -con una gran creatividad- un importante porcentaje de la población infantil del planeta, pobres entre pobres.

    Este documento no ha estado exento de razones para la esperanza: Convenciones internacionales que ponen a los gobiernos entre la espada y la pared; mayor cobertura del programa mundial de inmunización, previniéndose la muerte de tres millones de niños; creciente auto-organización de la infancia marginada; aparición, en el Sur y en el Norte, de numerosos grupos y asociaciones que defienden y alientan al menor; creciente sensibilidad en la opinión pública del Norte.

    Sin embargo, el malestar de la infancia contemporánea apenas es percibido. Dirías que es invisible. Se atenta contra sus derechos más básicos con la impunidad que ofrece el desconocimiento. Sin embargo, a medida que el modelo de desarrollo basado en el crecimiento económico, acumulación y marginación, va agrietándose, los desarreglos que dicho modelo debía solventar con el tiempo, se van agravando y haciendo más evidentes. Este padecimiento de la infancia aparece como el síntoma más graves de la desquiciada estructura de relaciones sociales intra e internacionales.

    Vemos entonces como los vencidos toman la iniciativa. Se organizan, aguzan el ingenio, se buscan la vida donde se la niegan. Martínez Reguera no duda en afirmar:

    "Siempre me produjo curiosidad y hoy me procura complacida admiración, porque amo la vida, la capacidad de esos niños para salir adelante... Decenas de niños conozco que con siete y ocho años desbordan cuidados sobre sus hermanitos más pequeños, los crían, los 'educan' y hay que ver con que destreza los llevan a grupa de sus frágiles caderas.

    "Con nueve años, consiguen superar la atrofiada economía familiar vendiendo pañuelos en los semáforos. Niños que con doce aprenden a forzar mi coche y ponerle marcha a su vida, con una simple llave de abrir latas de anchoas... O cuando tienen trece y ya casi nada les tiene sentido y nada les queda, salvo lucidez para saber que están de sobras.

    "Ojalá llegue el día... en que la conciencia moral de la gente acierte a levantar monumentos a los vendedores de pañuelos en los semáforos, a los alados y esforzados mensajeros adolescentes, a los repartidores de propaganda, recolectores de cartón y papel usado [a aquellos] que, con sus economías sumergidas, como corrientes de agua subterráneas, hacen reverdecer los huertos más humildes, evitando que la voracidad de algunos lo agoste todo".

    Vemos como el menor tiene voz y no podemos postergar por más tiempo su derecho a dejarla oír. Tal vez no sepa leer ni escribir. Quizá esté privado de libertad o de salud, pero tiene voz y esa voz debe ser escuchada por otros niños y por aquellos adultos que quieran serles de utilidad. El mundo del menor a menudo nos parece inaprensible: ¿por qué no dejar que ellos nos lo presenten?

    Los adultos creemos tener las recetas para todos y cada uno de los deseos y las carencias del menor y sin embargo, ¿hasta que punto prestamos atención a la simple grandeza de sus aspiraciones reales?. Construimos el mundo a la medida de nuestra limitada visión: la pantalla de un televisor, los objetivos a corto plazo, la seguridad, la privacidad, el asfalto y la productividad. Nuestro realismo positivista es un tosco remedo de la realidad iluminada por la imaginación que se recrea en la infancia. Nuestra rutina, su improvisación. Nuestro mundo arrelojado, su universo atemporal.

    El derecho a ser niño es el derecho a no ser un adulto precoz. Es el derecho a jugar. Es el derecho a amar sus culturas y a respetas las ajenas. El derecho a ser valorado y aprender a apreciar. El derecho a practicar la convivencia, el respeto hacia la diversidad. El supremo derecho a prescindir de la preocupación por el sustento y la vivienda.

    Aquellos adultos que aún retienen lo mejor de la niñez deben ponerse a trabajar infatigablemente para conseguir un mayor bienestar para la infancia: Paz para la infancia, ya.