Industrialización de EEUU (Estados Unidos)

Historia de EEUU (Estados Unidos) siglos XIX y XX. Proceso de industrialización alemán. Demografía. Sistema ferroviario. Desarrollo agrario. Comercio. Mercado. Revolución industrial estadounidense. Innovación tecnológica. Empresas

  • Enviado por: Vicente Fuentes Cervantes
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 18 páginas

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La afirmación de Estados Unidos como una nación industrial:

principales diferencias y similitudes respecto al proceso

de industrialización alemán de 1870 a 1914.

Abstract

Se estudia el proceso de industrialización estadounidense desde 1870 a 1914 haciendo un paralelo con el emergente líder europeo, Alemania. Dicho proceso de industrialización en los Estados Unidos tuvo sus fundamentos en el desarrollo del mercado interno mientras que en el caso alemán la gran expansión estuvo ligada principalmente al incremento de las exportaciones de productos industriales. La presencia de una población en crecimiento y la extraordinaria dotación de recursos naturales fueron factores fundamentales en la afirmación industrial de ambos países. El desarrollo del sistema ferroviario, en ambos países aunque en distintas proporciones, fue clave en el proceso de industrialización por la disminución de costos de producción y el aumento en la velocidad con que se realizaban las transacciones económicas que representó. Por su parte, la población creciente en las regiones industrializadas significó una extraordinaria demanda de productos agrícolas, lo cual se tradujo en innovaciones en los métodos agrícolas y una disminución en la proporción de trabajadores en dicho sector. Por último, la empresa moderna que había surgido en las últimas décadas del siglo XIX se comenzó a consolidar con nuevas técnicas administrativas que propiciaron el surgimiento de numerosas empresas de gran escala.

Monterrey N. L., 26 de septiembre de 2005

  • Introducción

  • Estados Unidos se confirmó entre 1870 y 1914 como una nación industrial al complementarse las transformaciones estructurales impulsadas desde 1780. Esto llevaría a éste país a tener el mayor ingreso per cápita del mundo para inicios de la Primera Guerra Mundial con una producción industrial que representó el 30% del total mundial por encima de países como Gran Bretaña y Alemania. De manera similar, Alemania alcanzó durante estos años su mayor expansión económica superando definitivamente sus condiciones de atraso relativo y pronto se convirtió en el país más desarrollado en el continente europeo por su adelanto tecnológico y la dimensión de su economía.

    El crecimiento interno se amplió considerablemente en Estados Unidos debido al crecimiento de la población urbana que se multiplicó por siete entre 1860 y 1910 convirtiéndolo en uno de los países más grandes del mundo. Cabe añadir que en este período se presentó una fuerte inmigración donde cerca de 28 millones de extranjeros arribaron al país contribuyendo al surgimiento del mercado de masas que se vio complementado por la población del Oeste, la extensión de la red ferroviaria y el uso del telégrafo.

    Los cambios en la distribución de la fuerza de trabajo estadounidense son indicadores de algunos de los cambios básicos en las oportunidades económicas. El número total de empleados durante este período creció desde 12.9 millones hasta 41.6 millones de trabajadores. En particular, el sector manufacturero incrementó su participación de 21% a 32% en la economía. El transporte, comercio y finanzas que juntos representaban el 11% de la fuerza de trabajo en 1870 pasaron a un 22% medio siglo después. De especial interés fue la expansión de los empleados del Gobierno, que se incrementaron desde menos de 1% hasta cerca de 2.4%.

    Los cambios descritos revelan la creciente importancia relativa de la industria, medios de transporte y comercio con respecto a la agricultura. Un creciente número de empleados de Gobierno reflejó la mayor complejidad de la economía y la vida social. Además, implícitamente se refleja una mayor división del trabajo y especialización que combinados con estos avances lograron un incremento considerable en la producción de bienes y servicios.

    Una vez que se había presentado el fenómeno de la industrialización, los productores de bienes de capital comenzaron a dirigir el crecimiento de la economía permitiendo que tanto Estados Unidos como Alemania fueran dos de los más importantes centros de la Segunda Revolución Industrial.

  • La población y los recursos naturales

  • En contraste con los países europeos, el proceso de industrialización en los Estados Unidos durante el siglo XIX tuvo sus fundamentos esenciales en el desarrollo del mercado interno. Específicamente en el caso alemán la gran expansión de las últimas décadas del siglo XIX estuvo, entre otros aspectos, ligada al incremento de las exportaciones de productos industriales.

    En este mismo siglo fue registrado un gran incremento de la población norteamericana, ocasionado por una elevada tasa de crecimiento demográfico, pero fundamentalmente impulsado por la inmigración proveniente de Europa que alcanzó su mayor auge en la década anterior a la Primera Guerra Mundial. Dicho crecimiento demográfico contrastó relativamente con lo sucedido en Alemania; en 1871, ambos países contaban con una cantidad semejante de habitantes, alrededor de 41 millones, pero para 1910 mientras que el país europeo alcanzaba casi los 65 millones, los Estados Unidos ya superaban los 92 millones de habitantes.

    Ante la unificación económica y política de los estados alemanes en 1871, la nación era mayoritariamente rural con un 63.9% de la población viviendo en áreas rurales y un 36.1% en áreas urbanas. Sin embargo, para 1910 se presentó un cambio considerable en estas proporciones poblacionales con un 60.1% de la población viviendo en áreas urbanas y con un mayor número relativo de trabajadores empleados en la industria con respecto a la agricultura. Cabe mencionar que este cambio a favor de la urbanización se produjo cuarenta años antes en Estados Unidos.

    Como ya se ha esbozado, la fuerza del mercado interno norteamericano radicaba en el número de habitantes, en su capacidad de demanda y en la integración de la población en el mercado. El carácter masivo del mercado y, como se profundizará más adelante, el desarrollo de los transportes fueron unificando el vasto territorio cumpliendo el principal requisito para que se diera una de las características más sobresalientes de la industrialización norteamericana, el desarrollo de la producción y la distribución en gran escala.

    Además de una población en crecimiento, los Estados Unidos contaban con una extraordinaria dotación de recursos naturales, la cual consistía en tierras fértiles e importantes recursos minerales como carbón, petróleo, oro y hierro. Además, tenían abundante madera y cursos de agua lo cual permitió la obtención de energía barata antes de la explotación del carbón en las que serían las primeras zonas industriales.

    Por su parte, Alemania contaba con una serie de condiciones ventajosas que, una vez superados los obstáculos institucionales, principalmente de orden político, sirvieron para incentivar el proceso de industrialización de mayor éxito en el continente. Entre ellas podemos destacar la disponibilidad de recursos naturales, sobretodo hierro y carbón, una fuerte tradición en la industria doméstica y un sistema educativo avanzado.

  • Ocupación del territorio del Oeste en Estados Unidos

  • Es importante tratar brevemente un determinante particular del proceso de industrialización en Norteamérica. En 1860 la poblacional norteamericana se encontraba altamente concentrada en una masa en forma de diamante con sus puntos sobresalientes en Maine y Texas, y su mayor densidad en el cuadrante noreste.

    El desarrollo del comercio e industria en el Oeste fueron en gran parte determinados por las posibilidades y limitaciones de la tierra. La clave de la expansión hacia el Oeste radica en el carácter fisiográfico de la región; abundancia de metales, tierras fértiles y petróleo, principalmente. Las primeras oportunidades en esta zona fueron aprovechadas por mineros, ganaderos, agricultores, cargadores y algunos especuladores. Lo interesante es cómo al mismo tiempo las actividades de estas personas crearon la necesidad de soldados para protegerse de las tribus, de carteros para servir a la comunicación militar, de carpinteros y de molineros. A medida que el asentamiento progresaba, los conductores, banqueros, abogados y profesores fueron pronto necesitados. Este eslabonamiento fue un factor clave para la exitosa población del Oeste norteamericano.

    Sin las ventajas mencionadas en este apartado, es probable que las líneas ferroviarias nunca hubieran sido construidas a través de los amplios acres y ciertamente el desarrollo de la industria nunca habría alcanzado las proporciones que alcanzaría. La oportunidad existía, la expansión hacia el Oeste era inevitable.

  • Desarrollo e impacto del sistema ferroviario

  • En las primeras décadas del siglo XIX, la vía de comunicación por excelencia en Estados Unidos fueron los ríos y canales. El Mississippi y sus afluentes fueron la vía de comunicación del norte con el sur y el medio Oeste. Se complementaron las comunicaciones fluviales con una compleja red de canales agilizando el comercio regional antes del impacto del ferrocarril.

    En 1830 se inició en Estados Unidos la construcción de los ferrocarriles. Al principio, la forma y distribución de las rutas no se vieron modificadas pero la situación cambio a partir del primer boom ferroviario a finales de la década de 1840. El proceso fue casi paralelo en Alemania donde en 1835 se construyeron las primeras líneas de ferrocarril.

    A pesar de que la longitud de línea que se construyó en Alemania fue bastante inferior a la que se hizo en Estados Unidos, los ritmos de construcción y las consecuencias de las líneas ferroviarias no difieren en gran manera, como entre 1865 y 1875 cuando ambos países duplicaron la longitud de línea, pasando de 35080 millas a 64100 millas en Estados Unidos y de 8640 millas a 17380 millas en Alemania.

    Mención aparte merece el impresionante crecimiento de las líneas de ferrocarril en Estados Unidos. Para 1882, el kilometraje se había duplicado con respecto al nivel de 1875 y para 1904 se había vuelto a duplicar. Para 1914, Los Estados Unidos contaban con una red ferroviaria más extensa que la de toda Europa con una participación superior a un tercio del total mundial alcanzando las 252000 millas en líneas ferroviarias.

    La significancia e impacto económico proporcionado por los ferrocarriles fue mucho más amplio que el que se les podría otorgar como medio de transporte. Es imposible medir las contribuciones sociales de los medios de comunicación y de transporte como el rompimiento del aislamiento rural y la posibilidad de relacionar los beneficios del campo con los de la ciudad. Por citar un ejemplo, los ferrocarriles en Estados Unidos daban empleo a 1.7 millones personas en 1910, es decir, al 4% de las empleadas en las ocupaciones productivas. Además, el ferrocarril fue la primera empresa moderna con progresos tecnológicos que serviría de ejemplo para la correcta administración de otras empresas a gran escala.

    Las aportaciones adicionales del ferrocarril fueron evidentes en el caso particular de Alemania pues los ferrocarriles impulsaron el crecimiento y modernización de la industria siderúrgica que encabezó el proceso de la industrialización a partir de 1840, sin contar los habituales beneficios del mejoramiento en el sistema de transporte como la disminución en el tiempo de traslado.

    Dos décadas antes del inicio del siglo XX los industriales, tanto alemanes como norteamericanos, ya obtenían considerables beneficios del bajo costo y la velocidad con que se daba el movimiento de materiales, bienes y mensajes que resultaron del nuevo sistema de transporte. Lo anterior era la precondición esencial para alcanzar las ventajas en costos ligadas a las economías de escala inherentes a las tecnologías de producción en serie.

  • El desarrollo de la agricultura

  • La introducción de la maquinaria agrícola y la adopción cada vez más extensa de métodos científicos de labranza se generó durante la revolución agraria en los Estados Unidos, esto es, durante el medio siglo entre 1860 a 1910. Además, se generó una colaboración creciente por parte del Gobierno para incentivar el desarrollo agrícola y un vasto movimiento a favor de la educación agrícola.

    En Alemania, el estudio químico de los suelos y el uso de fertilizantes en la agricultura apareció en la década de los cuarentas haciendo necesario el uso de nuevas herramientas para lo cual la población debía estar preparada. Así, pronto se formaron escuelas de invierno a las cuales los agricultores podían asistir en la temporada baja, es decir, cuando el Norte y Este de Alemania estaban nevados. En 1870 existía una docena de estas escuelas y para 1906 eran más de 240. De esta forma, entre 1870 y 1900, ya existían los medios necesarios para que el conocimiento agrícola pudiera difundirse entre los cultivadores alemanes.

    Para 1860, el total de la población en Estados Unidos alcanzaba los 30 millones de habitantes, pero en 1910 habían 50 millones que vivían en granjas cuyo mantenimiento dependía de la agricultura. La caída de los precios de los artículos alimenticios por debajo del costo de producción es una muestra de que esta evolución fue quizás demasiado rápida conllevando al descontento de los agricultores y a una serie de inquietudes en el ámbito económico y político. Sin embargo, con el alza de los precios de los productos agrícolas y el valor de la tierra de 1899 a 1914 y al contarse con mejores caminos y maquinarias agrícolas, la situación económica del granjero mejoró y la vida rural se tornó menos ingrata.

    De 1871 a 1890 la población rural se mantuvo relativamente constante mientras que el total de la población alemana creció rápidamente. La disminución de los trabajadores dedicados a la agricultura entre 1895 y 1907 en Alemania se debió en gran parte al rápido crecimiento urbano y a la fuerte emigración a otros países, especialmente a Estados Unidos, en su mayoría de distritos rurales.

    Cuando se difundió ampliamente su uso en 1870, el arado, las cosechadoras y las trilladoras mecánicas demostraron una gran eficiencia práctica para las labores propias de la agricultura. En cuanto a la fuente de energía para la producción agrícola, se presentó una primera etapa de la mecanización en la granja que consistió en la sustitución de los hombres por los caballos como fuerza motriz. Durante algunos años se utilizó el vapor para que finalmente se pasara a la aplicación del motor de gasolina cuyos resultados eran evidentemente superiores a los de la energía animal o el vapor mismo.

    La introducción de las máquinas en las granjas generó importantes consecuencias: permitió que los hombres se dedicaran a otros trabajos; aumentó la producción de productos agrícolas y la producción por persona; eliminó gran parte de los trabajos más penosos de la vida campesina; permitió que se hicieran cultivos diversos en tierras destinadas anteriormente a producir forraje para los caballos y aumentó los ingresos reales de los patrones.

    Al igual que en Estados Unidos, en Alemania se presentó una revolución agrícola en conjunto con el desarrollo industrial y pueden distinguirse tres fases en la producción agraria alemana. Durante la primera fase, desde inicios del siglo XIX hasta 1865, la tasa de crecimiento anual de este sector fue del 1.9% causada principalmente por la ampliación de la superficie cultivada y el aumento de la productividad. La segunda etapa, que se extiende de 1865 a 1890, estuvo caracterizada por un estancamiento relativo de la producción por la falta de nuevas tierras, mientras que la productividad, en parte generada por el empleo de abonos y el progreso técnico impulsado por la presencia de la competencia extranjera, permitió un crecimiento del 2% anual para la tercera etapa comprendida de 1890 a 1914.

    Volviendo al caso norteamericano, el comercio exterior ejerció quizá la mayor y más importante influencia sobre la agricultura de Estados Unidos en el período posterior a la Guerra Civil y hasta antes de la Primera Guerra Mundial. La única forma para que la agricultura saliera del autoabastecimiento era que existiera un mercado para sus excedentes de producción. La creciente población europea proveyó dicho mercado durante la última mitad del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. Así, las exportaciones agrícolas aumentaron constantemente desde 1860 y los excedentes agrícolas que de ello resultaron ayudaron a equilibrar la balanza comercial entre Europa y Norteamérica conduciendo a su vez al desarrollo de la industria norteamericana. Cuando después de 1900 la importación de productos agrícolas comenzó a declinar, los Estados Unidos tenían un grado de urbanización suficiente para absorber las mercancías sobrantes.

  • El Desarrollo de la Revolución Industrial

  • Cuando se imitó la sustitución europea de los productos elaborados a mano por los hechos en fábricas, la vida económica norteamericana se vio revolucionada. El sistema de fábrica fue ampliamente favorecido por la demanda generada a raíz de la Guerra Civil. Dicho sistema generó una revolución que se convertiría en uno de los más destacados aspectos de la economía de Estados Unidos entre los años 1870 y 1914.

    Norteamérica tendía cada vez más a la producción de artículos de fábrica y a la industria en gran escala, mientras que los trabajadores que se dedicaban a la manufactura iban en aumento. A su vez, el valor de los productos manufacturados se acrecentaba relativamente respecto al de los productos agrícolas. Para el Censo de Manufacturas de 1909 el valor de dichos productos se estimaba en más de 20 mil millones de dólares contrarrestando con los 12 mil millones de dólares en Alemania para 1913.

    Los primeros cuatro grupos en importancia por el valor de sus productos en 1860 en Estados Unidos dependían de la agricultura o de la industria forestal y aunque predominaba la elaboración de materias primas agrícolas, las manufacturas de hierro y acero habían escalado hacia 1914 desde el quinto hasta el segundo lugar, y los productos de talleres de fundición y maquinarias ocupaban el cuarto lugar.

    Por otra parte, la manufactura estadounidense dependía de la mano de obra y de la existencia de un mercado. La mano de obra fue asegurada por el ya mencionado crecimiento rápido de la población y el arribo de millones de inmigrantes que se incorporaban al trabajo de fábrica. La existencia del mercado se dio por la competencia con los productos extranjeros y por necesidades de las grandes zonas agrícolas del Sur y el Oeste.

    Con la introducción de la producción en masa en la industria norteamericana, el aumento en la producción de artículos manufacturados fue casi el doble que el de la obtención de materias primas. La producción en masa dependía de que las piezas fueran uniformes y de mecanismos intercambiables, del progreso tecnológico, de las invenciones y de que se dispusiera de suficiente capital. Todo esto se vio beneficiado por la libertad con respecto a las ideas predecesoras, lo que permitió a la industria buscar sin trabas los mejores y más veloces medios de producción. En resumen, la producción en masa exigía el consumo en masa que hacia 1900 ya era posible en Estados Unidos.

    A medida que avanzaba la Revolución Industrial, dado que el poder adquisitivo del consumidor norteamericano iba en aumento y dado el surgimiento de nuevos inventos, se comenzaron a establecer nuevas industrias manufactureras. Entre estas importantes industrias se deben mencionar la construcción de vagones y automóviles; de material eléctrico empleado para teléfonos, telégrafos, radio, iluminación y aparatos domésticos; de bicicletas y aeroplanos. En Alemania, en este terreno de innovación tecnológica y actividad industrial destacaron nuevos sectores de punta como la producción de bienes de capital, la industria química, la de equipo y material eléctrico.

    Profundizando en el no menos notable caso de la industrialización alemana, según las estimaciones de Angus Madison, el producto interno bruto per cápita en 1870 para Alemania era de 535 dólares, inferiores a los 769 dólares de Estados Unidos. La participación de la industria alemana en el producto total se incrementó de un tercio a la mitad entre 1873 y 1914 registrando una tasa de crecimiento en la producción industrial del 3.7%. Para 1913, este proceso de industrialización alemana había casi doblado su producto interno bruto per cápita incrementándolo a 1073 dólares.

    Es importante mencionar el papel de los empresarios en la manufactura, pues gracias a su habilidad en la fusión y financiación de empresas se presentó la fundación de grandes empresas que redujeron los costos de fabricación y dieron nacimiento a nuevos mercados estimulando el desarrollo industrial. De hecho, la industrialización alemana sería difícil de comprender sin tomar en cuenta la formación de sus recursos humanos, la acción del Estado y el papel de las empresas y empresarios. A esto debe agregarse el hecho de que esta industrialización se derivó del desafío y competencia de otras naciones industriales que en un inicio proveyeron tecnología, recursos humanos y capitales.

    Los empresarios fundadores y directivos se ocuparon de la alta dirección en forma conjunta tanto en Alemania como en Estados Unidos. De esta forma, los directivos que habían sido contratados participaban activamente en las decisiones corporativas, en la planificación y asignación de recursos. La inversión, esencial para las economías de escala y diversificación en Europa, fue regularmente estimulada por los empresarios alemanes al ser los primeros en invertir en tecnología, recursos humanos y capitales.

    Las industrias norteamericanas y alemanas que eran intensivas en capital y avanzadas tecnológicamente fueron dirigidas por un sistema de capitalismo gerencial aunque se presentaron ciertas diferencias. Mientras que en Estados Unidos las empresas industriales modernas surgieron en conjunto con las industrias de bienes de producción y consumo, en Alemania tales empresas se concentraron en los bienes de producción como los sectores metalúrgico, químico y mecánico, que en 1913 representaban el 63.5% de las compañías.

  • Comercio interno y externo

  • Con la paulatina mejora de los medios de transporte, el problema distribución material se fue aminorando permitiendo que las rutas comerciales norteamericanas tuvieran que coincidir por necesidad con los ríos y canales. Además, el comercio interno fue influido considerablemente por el crecimiento de la población urbana. El aumento de la organización tuvo efectos revolucionarios sobre el patrón de compras de los sistemas rurales al permitir una mayor especialización en las ventas al por mayor y al menudeo.

    Una clara diferencia entre el mercado interno alemán y el norteamericano radica en que la población de Alemania crecía a una tasa menor y presentaba un grado de urbanización más bajo. De esta manera, la población urbana de Alemania se encontraba menos concentrada que en las grandes ciudades de Estados Unidos que en 1871 tenía 14 ciudades con más de 100 mil habitantes y 7 de ellas superaban los 250 mil. Aunado a esto estaba el hecho de que las ciudades alemanas se encontraban más dispersas geográficamente.

    Durante mucho tiempo, una característica de la economía en Alemania fueron las diferencias regionales entre el Oeste industrial y el Este agrario. Comparados con Estados Unidos, los mercados alemanes de bienes de consumo, que estaban concentrados principalmente en las regiones occidentales, eran pequeños en términos de poder adquisitivo antes de la Primera Guerra Mundial.

    Después de 1850, con el desarrollo de los medios de comunicación y transporte se dio una disminución de los altos riesgos y costos de almacenamiento de los comerciantes americanos con lo que se produjeron dos efectos: se incrementó el volumen potencial de ventas y se dio un aumento en el número de comerciantes propietarios de los bienes que comerciaban dejando a un lado las comisiones y optando por el margen comercial.

    Los mayoristas se especializaron en alguna de las categorías de productos que ya habían hecho su aparición en el comercio al menudeo: tejidos, licores, mobiliario, ferretería, medicamentos, etcétera. Generalmente, había una sede central la cual tenía una capacidad de almacenamiento bastante amplia y un grupo de vendedores que tenían la labor de visitar los establecimientos de venta al menudeo. Dada la mayor y más dispersa población rural de Estados Unidos con respecto a Alemania, el almacén general fue un fenómeno netamente americano.

    De forma similar, los mayoristas en Alemania pasaron de ser comerciantes a comisión a intermediarios obteniendo beneficios por medio del margen comercial y se especializaron en áreas muy similares a las norteamericanas. Sin embargo, en Alemania pueden haber existido más niveles intermedios de mayoristas, es decir, más ventas de los mayoristas grandes a los mayoristas más pequeños.

    Por otra parte, es importante señalar que la separación de los altos cargos de administración de los empleados constituyó una revolución administrativa en el comercio al menudeo. El amplio uso de la organización corporativa en el comercio fue el resultado del tamaño y escala de los negocios conducidos bajo estas nuevas formas de administración.

    Las tiendas departamentales en Estados Unidos tuvieron su mayor crecimiento a principios del siglo XX. El hecho de organizar la tienda por secciones permitió la especialización de los consumidores y de los empleados en una sola línea de productos. La política seguida por las grandes tiendas departamentales fue ofrecer una amplia variedad de productos en un solo establecimiento utilizando el servicio de entrega a domicilio y brindando la posibilidad de pagar a crédito. Dado que las tiendas departamentales adquirían los productos de los proveedores en grandes cantidades, estuvieron en posición de evitar la participación de intermediarios.

    Las ventas por correo constituyeron una importante alternativa de ventas al menudeo que se desarrolló en el período de 1870 a 1914. Las compañías norteamericanas más destacadas fueron Montgomery Ward y Sears Roebuck, que comenzaron sus operaciones en el último cuarto del siglo XIX. Este tipo de negocios crecieron rápidamente en ventas de mobiliario para consumidores rurales proveyendo para 1917 un canal para la mercadotecnia de masas que crecería de forma fenomenal en el período de posguerra.

    La evolución del minorista en gran escala en Alemania no llegó a los niveles de las compañías norteamericanas, aunque si se crearon establecimiento de ventas por correo. La efectividad de los minoristas en gran escala para reducir precios provocó, a pesar de que eran inferiores en número y producían menor cantidad de mercancías que los norteamericanos, protestas políticas de los competidores, los pequeños minoristas y los mayoristas que los suministraban. Los grandes almacenes alemanes servían a las ciudades en crecimiento pero estos no aparecieron en gran número hasta la década de 1890.

    Durante el período posterior a la Guerra Civil se presentaron altos beneficios que aumentaban constantemente, lo cual propició un auge en la mercadotecnia norteamericana. Una muestra del mayor peso que tenía este rubro sobre la economía son los datos de la proporción de fuerza de trabajo en la mercadotecnia. Entre 1870 y 1920 el porcentaje de fuerza laboral mayor a 10 años que realizaba trabajos relacionados con el comercio pasó del 6.1% al 9.8%.

    En lo que respecta al comercio exterior, entre 1870 y 1914 la red de comercio internacional fue caracterizada por una corriente creciente de productos comestibles provenientes de las nuevas regiones en el mundo y materias primas para mantener a las poblaciones industriales que cada vez crecían a mayores tasas. A cambio de esta corriente se daba la exportación de productos manufacturados y semi-manufacturados por parte de los países industriales como Alemania y Estados Unidos.

    Este movimiento de intercambio fue impulsado en gran manera por las mejoras introducidas en los medios de comunicación y transporte, sin dejar de mencionar los avances en la extracción y refinación de los metales que eran abundantes en los dos países.

    En los años que siguieron a la Guerra Civil dos tercios de las exportaciones norteamericanas se componían de materias primas para emplear en las manufacturas y más de cuatro quintos eran materiales crudos y artículos alimenticios. Cabe señalar la alta imposición de derechos aduaneros que data de este tiempo. Sobre esto, en 1880, tanto la industria como la agricultura se vieron protegidas por la política arancelaria proteccionista en Alemania. Dichas medidas favorecieron la expansión de las exportaciones industriales alemanas, ya que las empresas pudieron practicar políticas de dumping que consistían en la venta a precios elevados en el mercado interno y a precios menores en el mercado externo. A su vez, se dio una contribución directa del Estado en la promoción de las exportaciones industriales, facilitando a los empresarios el acceso a la información y promoviendo su penetración en los mercados externos.

    Para 1890 las exportaciones americanas consistían en productos agrícolas, incluyendo trigo, maíz, derivados de la carne y productos agrícolas elaborados como harina, glucosa, algodón, aceites vegetales, manteca y queso. Los productos agrícolas llegaron a representar el 79.4% de las exportaciones del país en 1870, el 83.3% en 1880; el 74.5% en 1890 y el 61% en 1900. Los porcentajes referentes a estos años muestran una gradual disminución en la importancia relativa de la exportación de productos agrícolas. El segundo rubro en importancia eran las manufacturas, seguidas a su vez por los productos forestales y mineros.

    Estados Unidos había llegado ya a la etapa de su desarrollo industrial a comienzos del siglo XX, con un exceso de productos manufacturados y minerales para la exportación, permitiendo la introducción de sus productos y servicios a los mercados extranjeros. Las manufacturas desplazaron a los productos alimenticios del primer rubro en importancia para las exportaciones. Estados Unidos había dejado de ser una fuente de materias primas para el mercado europeo por lo que debía recorrer la tierra en busca de ellas y de nuevos mercados para sus mercancías manufacturadas.

    Los industriales alemanes dependían mucho más de los mercados exteriores que los fabricantes norteamericanos. Hasta fines del siglo XIX, Alemania dependía de la exportación de bienes de consumo a los mercados de Europa occidental y de los Estados Unidos, pero a partir de los inicios del siglo XX, el rubro principal pasó a la exportación de productos industriales que tuvieron un valor de 43 millones de francos en 1890 pero que en 1913 aumentaron a 2944 millones de francos. En este último año, Alemania era el mayor exportador mundial de productos químicos, de productos eléctricos y otros tipos de maquinaria industrial.

  • Organización y administración de los negocios

  • La administración de los negocios puede ser definida como las decisiones de política de organización diseñadas para maximizar las ganancias de los propietarios de las empresas utilizando los factores de producción. Los negocios pueden tomar la forma de una corporación, sociedad colectiva o individual dependiendo de varios factores como impuestos, publicidad o necesidad de capital.

    Se pueden extraer dos conclusiones en el desarrollo económico norteamericano del período comprendido entre la Guerra Civil y la Primera Guerra Mundial. La primera es la existencia de períodos alternativos de mercados de compradores y vendedores, en algunos años los productos de los negocios americanos eran fáciles de vender por la prosperidad y creciente demanda, mientras que existieron tiempos en los cuales los bienes eran difíciles de ofrecer a precios razonables para generar ganancias. La segunda son los cambios estructurales que surgieron en la vida económica, política y sus repercusiones en las decisiones en la administración de los negocios.

    Los años entre el fin de la Guerra en 1864 y el inicio del siglo XX fueron vitales para el desarrollo de los negocios americanos. Primeramente, la tendencia de los precios hasta 1896 fue decreciente haciendo que las operaciones generadoras de beneficios fueran difíciles de concretar en estos años. En segundo término, los años de depresión que aparecieron en el período se añadieron a las dificultades de una producción creciente a precios que seguían cayendo. Por último, debido a la condición política e inestabilidad económica surgieron revueltas en contra de los grandes negocios por parte de los granjeros y las clases trabajadoras.

    A la par que en los Estados Unidos, la empresa moderna en Alemania surgió en las últimas décadas del siglo XIX. Las grandes dimensiones de las empresas generaron el desarrollo de una organización burocrática y gerencial, que en muchos casos tomó como modelo la organización burocrática del Estado. La competitividad de las empresas alemanas reposó, en gran medida, en la eficiencia de su organización. Una característica de estas empresas fue el control de las fases de producción con tendencias al crecimiento por integración vertical.

    Los empresarios de ambas naciones buscaban encontrar una estructura de precios a un nivel que les permitiera operar con ganancias. Este esfuerzo se vio reflejado de tres formas: el control de la oferta con monopolios o duopolios, la diferenciación de productos a través de la competencia monopolística y la diversificación de la producción. Al respecto, cabe señalar que en Alemania no existía ninguna ley que prohibiera las prácticas monopolísticas u otros tipos de concentraciones para restringir el comercio. En contraparte, la situación en Estados Unidos era distinta, alrededor de 1897 se aprobó la constitucionalidad de la Sherman Antitrust Act que precisamente se encargaría de evitar diversos tipos de conducta monopolística.

    Los años desde el inicio del siglo XX hasta 1913 representaron la búsqueda de nuevas formas de manejar grandes negocios eficientemente. Los salarios crecientes y el uso de equipo de capital hicieron del trabajo un factor importante en la industria manufacturera. Esto resultó en el movimiento de administración científica cuyo iniciador fue Frederick Winslow Taylor, en el cual la filosofía se basaba en una mejor administración de los negocios como un todo.

    Este proceso buscaba mejorar las relaciones entre la administración y el trabajo de tal forma que cada trabajador obtuviera el trabajo más adecuado para sus habilidades. En la esfera de la oficina administrativa, la administración científica estaba enfocada al desarrollo de mejores métodos de contabilidad que tuvieran mayor precisión mediante el uso de registros ordenados y una tendencia organizacional en la cual los especialistas en distintos campos fueran colocados en departamentos específicos interrelacionados.

  • Conclusiones

  • Durante los años comprendidos entre 1870 y la Primera Guerra Mundial, tanto Alemania como Estados Unidos sobrepasaron rápidamente a Gran Bretaña en la producción industrial conquistando una parte creciente de los mercados internacionales. Parte de este éxito descansaba en la capacidad de los empresarios de ambas naciones para adoptar nuevas tecnologías y crear las organizaciones necesarias para explotarlas. Estas industrias se destacaban por el ritmo de innovación tecnológica, la disponibilidad de mercados y la necesidad de capital.

    La presencia de una población en crecimiento y la extraordinaria dotación de recursos naturales fueron factores fundamentales en la afirmación industrial de ambos países. El gran desarrollo industrial alcanzado por Estados Unidos y Alemania durante el siglo XIX no fue una coincidencia si se consideran las abundantes cantidades de carbón y hierro que poseían, además de las notables mejoras logradas en la extracción y refinación de los recursos minerales en este período.

    En cuanto al impacto del desarrollo en el sistema de transportes sería complicado hacer comparaciones en las longitudes de línea ferroviaria entre Estados Unidos y Alemania debido a las considerables diferencias en extensión territorial, las cuales explican en parte que para 1914 la extensión de la red ferroviaria norteamericana fuera superior a la de toda Europa con una participación mayor a un tercio del kilometraje mundial. Sin embargo, las ventajas productivas por la disminución de los costos y la velocidad con la que se realizaban las transacciones en la economía impulsaron de forma similar el desarrollo industrial en los dos países.

    Por otra parte, la población creciente en las regiones industrializadas durante el siglo XIX significó una extraordinaria demanda de productos agrícolas, lo cual se tradujo en una rápida transformación de los métodos en la agricultura y el transporte de los alimentos. Tanto en Estados Unidos como en Alemania se presentó el efecto de una disminución en la proporción de los trabajadores dedicados al sector agrícola con una tendencia a incorporarse al sector industrial.

    La industrialización en los Estados Unidos tuvo sus fundamentos en el desarrollo del mercado interno que se vio favorecido por el sistema de transportes y el crecimiento poblacional. En el caso alemán el grado de urbanización era relativamente menor, así como la tasa en que se incrementaba la población, por lo cual existía una mayor dependencia de los mercados externos. El comercio externo de ambos países mostró una menor importancia relativa en la exportación de los productos agrícolas debido a la tendencia de intercambiar productos manufacturados. En el transcurso de este período, Estados Unidos dejo de ser una fuente de materias primas dedicando una gran cantidad de productos manufacturados y minerales para la exportación.

    Tanto en Estados Unidos como en Alemania, la empresa moderna surgió en las últimas décadas del siglo XIX. Los empresarios de ambas naciones industriales se preocuparon por buscar las mejores estrategias para operar con ganancias ante las fluctuaciones en los precios de los productos. De esta forma surgieron nuevas técnicas administrativas que propiciaron el surgimiento de numerosas empresas con grandes dimensiones.

    Bibliografía

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