Industria en España

Historia. España. Industria. Cambios económicos. Agricultura. Red de transportes. Industria textil catalana. Red viaria. Minería. Sistemas de financiación. Evolución demográfica. Cambios sociales

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INDUSTRIA EN ESPAÑA

Los cambios económicos

Este período significa el inicio de la modernización económica. Pero ésta fue lenta y limitada, y, por tanto insuficiente. Esto aumentó el retraso económico de España con respecto a los países de su entorno.

El estudio de la modernización e industrialización y de las causas de su fracaso ha dado lugar a distintas interpretaciones. Miguel Artola ha reducido a cinco las principales causas del fracaso de la Revolución industrial en España:

1.- La carencia de capitales para invertir en las nuevas industrias. La agricultura, salvo el viñedo, no permitía constituir esos capitales necesarios para la modernización de la economía; el comercio tampoco porque, precisamente, entonces se perdió casi todo el imperio colonial que era la fuente principal de enriquecimiento del comercio español. Solo a partir de 1876 la exportación de hierro vizcaíno permitirá acumular importantes capitales que serán invertidos en la industria siderúrgica. Hasta entonces la creación de grandes empresas que precisen de importantes inversiones dependió de la ayuda de un Estado, que tenia grandes problemas económicos, y de los capitales extranjeros.

2.- El subdesarrollo de la agricultura, por la falta de inversiones que permitirán un aumento importante de la productividad, tuvo dos consecuencias muy importantes:

*No permitió liberar mucha mano de obra para la industria

*El campesinado se mantuvo con un bajo poder adquisitivo lo que impidió que aumentara la demanda de productos industriales e incentivar, por consiguiente, la creación de empresas. Esto también impidió el desarrollo del comercio interior.

3.- El subdesarrollo de las vías de comunicación, provocado en parte pos la accidentada geografía española, supuso que, hasta la modernización de esas vías (que también será mas cara por las dificultades provocadas por la geografía), los costes de transportes fueron elevados, lo que hacia que los productos fueran menos competitivos. Así, por ejemplo, el trigo castellano resultaba más caro en los puertos mediterráneos que el que provenía de Ucrania, lo que impedía su venta.

4.- La insuficiencia de los recursos energéticos. El carbón fue el principal combustible de la I Revolución Industrial y el carbón Asturiano, el principal en España, era caro, debido a las dificultades de explotación, y de baja calidad.

5.- El bajo nivel cultural de la población española ya que la modernización económica exigirá una población cada vez mas preparada. Pero, en 1860 el 60% de la población española era aun analfabeta y solo el 0,2 se encontraban realizando los estudios de segunda enseñanza y únicamente la mitad de ese porcentaje estudiaba en la universidad, donde solo 1617 estudiantes estaban matriculados en las facultades de Ciencias.

A todo ello se pueden sumar otras causas de cierta importancia: la inestabilidad política, las limitaciones de la revolución liberal, la importancia de la aristocracia española y de los intereses agrarios, las limitaciones de la desamortización, la política de construcción de ferrocarriles, etc.

La agricultura

La agricultura siguió siendo el sector más importante de la economía española durante todo el siglo XIX. Pero, su escaso desarrollo a lo largo de esta centuria (no hubo una autentica Revolución agrícola que es una de las revoluciones de la Revolución Industrial) es una de las causas mas importantes del fracaso de la industrialización española y del subdesarrollo con el que España entro en el siglo XX.

Las principales transformaciones de la agricultura fueron resultado de las reformas liberales que terminaron con el Antiguo Régimen. Por un parte, hay que destacar la abolición de los señoríos, la supresión de diezmo, la eliminación de las propiedades vinculadas, la supresión de la Mesta etc., que supusieron el triunfo de la propiedad privada de la tierra. Por otra parte, hay que destacar las desamortizaciones que tuvieron sus principales capítulos en la desamortización de Mendizábal, durante la regencia de Isabel II, y en la desamortización de Madoz, comenzada en el Bienio Progresista y que se prolongo a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX; desamortizaciones que provocaron una retribución de la propiedad, que sin incrementar el porcentaje de las tierras de latifundio aumento el numero de los latifundistas, pro no una reforma agraria que hubiera permitido un aumento de la productividad agrícola y contribuir a la Revolución Industrial.

Estos cambios provocaron un importante aumento de la producción que permitió alimentar a una población que creció mas de un 75% a los largo del siglo XIX. Pero, el producto disponible por habitante no mejoró, al menos, de una manera apreciable.

Este crecimiento de la producción fue, sobre todo, el resultado de un aumento de las tierras cultivadas y no de un aumento de la productividad, que hubiese exigido inversiones para modernizar las explotaciones lo que hubiera permitido que una proporción menos de la población hubiera podido producir alimentos suficientes para todos.

Causa principal en este estancamiento de la productividad es una estructura de la propiedad desfavorable para fomentar la mejora técnica, que exige inversiones. El caso mas claro es el del minifundismo de la submeseta norte y, sobre todo, de Galicia, donde las propiedades son insuficientes para alimentar la familia. El caso contrario es el de los grandes latifundios que predominan en Castilla la Nueva, Extremadura y Andalucía, cuyos propietarios, en muchos casos absentistas, apenas se interesaron por el aumento de la productividad y, generalmente, despilfarraron las tierras.

La defectuosa red de transportes

Un problema de crucial importancia lo constituía la inexistencia de una red funcional de vías comunicación que hubiese debido facilitar el comercio. La especialización y la homogenización de precios, es decir, la integración del mercado.

Por lo que se refiere al transporte por carretera, las características orográficas de la Península hicieron difícil la construcción de buenas carreteras hasta bien entrando el siglo XIX, pese a algunos esfuerzos protagonizados pos los Borbones en el siglo anterior, o a carreteras financiadas en parte por capital privado, como la que enlazaba Bilbao con la Meseta por el puerto de Orduña abierta en 1772. A lo largo del siglo XIX se pasa de los 9.000km de carreteras construidos hacia 1840 a los 36.000 que se estima había al acabar el siglo, de los que unos 16.000 eran de primer o segundo orden. Paralelamente se fue produciendo una mejora importante de los carruajes, lo que permitió que disminuyesen los tiempos de viaje.

Mucho más importantes fueron las mejoras en el transporte marítimo, especialmente al compás de la sustitución de la vela por el vapor y de la mejora de los puertos. Ello permitió el desarrollo tanto del cabotaje como del tráfico de altura, y coloco a algunos puertos, entre los que destacan Barcelona y Bilbao, en una posiciona destacada con respecto a los demás. El transporte marítimo seguía siendo, al acabar el siglo XIX, el que movía mayor tonelaje, con mucha diferencia.

La industria

La industria textil catalana

Realmente, Cataluña fue la única zona de España que conoció una autentica Revolución Industria antes de 1874. Esta revolución estuvo basada únicamente en la industria textil algodonera que fue la industria española más importante en todo el siglo XIX. Este desarrollo industrial arranco con el inicio de la mecanización de la producción en los anos 30, que abarato los costes de la producción y, por tanto, abarato los productos. También se cambio la organización de pequeños talleres por grandes fábricas con una organización más eficiente.

Datos de importaciones de algodón

En rama (TN)

Hilo (TN)

1792

1.144

882

1793

750

707

1817

1.109

1818

1.137

1819

1.996

1820

2.013

1824

1.979

1827

2.702

1834

3.416

Esta mecanización se produjo, sobre todo, en el proceso de hilatura; en 1861 los husos mecánicos habían sustituido totalmente a los manuales. En cambio, la mecanización de los telares fue más lenta; en ese años de 1861 ni siquiera la mitad de los telares eran mecánicos. Esto repercutió negativamente en la competitividad de los productos catalanes, que no podían competir en el mercado exterior porque eran mas caras.

Hilatura

Años

% de los husos que eran mecánicos

1835

3'8 %

1861

99 %

Tisaje

Años

% de los telares que eran mecánicos

1841

0'9 %

1861

44'6 %

Por ello, durante este periodo, la burguesía catalana trato de conseguir que el gobierno realizara una política proteccionista que reservara el mercado español para las fábricas catalanas.

Minería y Siderurgia en Andalucía y Asturias

La moderna industria siderúrgica comenzó en España con la construcción que el gobierno alto horno en Marbella en 1832, que funcionaba todavía con carbón vegetal, un combustible sin futuro y muy caro. Esta industria andaluza fracaso completamente a mediados del siglo XIX, por las dificultades para abastecerse de carbón, lo que encarecía el uso de esta fuente energía y, por tanto, los productos.

El liderazgo paso entonces a Asturias, que se convirtió en el centro de la pequeña industria siderúrgica entre 1864 y 1879, gracias a la abundancia de yacimientos carboníferos. Pero en el ultimo cuarto del siglo XIX, el carbón asturiano no puedo competir con el precia y la calidad del carbón galés y la industria asturiana tampoco pudo competir con la vizcaína que, finalmente, se convirtió en la industria pesada mas importante, con diferencia, de España.

La modernización de la red viaria

La aparición del ferrocarril en 1822 en Gran Bretaña significo una revolución extraordinaria en el transporte cuyos costes abarato en gran medida, pues mientras una caballería podía transportar como máximo 120 kilogramos a una velocidad media de 4km/h durante un periodo limitado de tiempo, una locomotora podía arrastrar varios vagones con una capacidad de una diez toneladas a una velocidad media de 20km/h durante mucho tiempo.

Las ventajas eran aun mayores para un país como España que tenia una geografía accidental y carecía de ríos navegables. Sin embargo, la construcción de ferrocarriles se inicio tarde, a pesar de que su red de carreteras y cominos era deficiente.

Pero, peor era la situación de ferrocarriles, cuya historia comenzó en España con la construcción de la pequeña línea entre Barcelona y Mataro en 18448. En 1850, había ya en el mundo 35.000km de vías férreas: 14.500 en Estados Unidos, 10.000 en Gran Bretaña, 6.000 en Alemania, 800 en Bélgica,…y solo un centenar en España.

La construcción de aún red amplia de ferrocarriles tuvo que esperar al Bienio Progresista y la Ley General de Ferrocarriles, aprobada en junio de 1855. En esta ley se adopto una estructura radial de la red de ferrocarriles española con centro en Madrid y un ancho de vía de 1,67 metros, frente a los 1,44 de casi todas las líneas europeas.

El aspecto mas discutido de la Ley fue la autorización alas compañías constructoras, que se formaron en gran parte con capitales extranjeros (especialmente franceses) para importar libres de impuestos todos los materiales necesarios para la construcción del trazado y su funcionamiento. La construcción del ferrocarril con sus ingentes pedidos era un estimulo extraordinario para el desarrollo de la industria siderúrgica, lo que a su vez tenía múltiplos efectos: desarrollo de la minería del carbón y del hierro, aumento del empleo y, por consiguiente, de la demanda de productos de consumo. Este estimulo, que fue decisivo para el desarrollo industrial de otros países, no tuvo importancia en España, porque las compañías constructoras prefirieron, generalmente, importar los materiales del extranjero. Este factor ha sido considerado como una de las principales causas del fracaso de la industrialización española.

Sin embargo, la valoración de esta Ley, que permitió que en una década se construyeran casi cinco mil kilómetros, no debe ser negativa. La industria siderúrgica española no se encontraba en condiciones de abastecer la demanda de los constructores y la industria de maquinaria no existía. De haberse construido la red de ferrocarriles española de una manera mas lenta, para que la industria nacional pudiera haberla abastecida, la economía española hubiera sufrido unas consecuencias muy negativas pues el comercio se habría estancando impidiendo el aumento de producción en muchos sectores. Además, la alimentación de los animales dedicados al transporte hubiera exigido dedicar a pastos o cereales para su consumo un tercio de la superficie dedicada a producir alimentos para la creciente población.

A pesar de sus limitaciones, la construcción de la red viaria española permitió articular pos primera vez un autentico mercado nacional. A ello, contribuyo también la construcción de carreteras, cuya extensión paso de 9.000 kilómetros en 1840 a 36.000 en 1900, de los cuales 16.000 eran de primer o segundo orden.

La minería

A pesar de la gran riqueza de los recursos mineros, el desarrollo de la minería en española no tuvo importancia hasta el último cuarto del siglo XIX. Dos son las causas principales de este retraso:

1.- El subdesarrollo de la industria española que apenas demanda minerales. En gran parte, el destino de la producción minera era la exportación, lo que explica que los yacimientos que antes comenzaron a explotarse estén situados cercas de los puertos: el hierro vizcaíno, el cobre de Huelva, el plomo de Cartagena.

2.- La falta de capital y de conocimientos técnicos para iniciar la explotación a gran escala de los yacimientos, lo que explica que sean muchas veces las empresas extranjeras las que se encarguen de iniciar su explotación a partir de 1868.

La Ley de Minas de 1868, promulgada, tras la Revolución Gloriosa cambio de panorama de la minería española. Por ella, el Estado, propietario del subsuelo, cedía a perpetuidad la explotación de las minas a cambio de una modesta tributación. La ocasión, pues permitía hacer grandes negocios, fue aprovechada, sobre todo, por inversores extranjeros, por lo que los beneficios de la explotación minera, que conoció a partir de entonces un gran desarrollo, fueron a parar, en gran parte, lejos de España.

La mejora de los sistemas de financiación

La nueva economía que estaba naciendo exigía nuevas formas de financiación ya que el tamaño de las inversiones, desconocido hasta entonces, era cada vez más grande.

Fueron los gobiernos progresistas quienes impulsaron la adecuación del sistema monetario y bancario a las nuevas exigencias de modernización del país. En este sentido, hay que destacar:

1.- La Ley de Bancos de Emisión de 1856, que propicio la fundación del Banco de Bilbao al año siguiente.

2.- La Ley de Sociedad de Crédito de 1856.

3.- La declaración de la peseta como unidad monetaria en 1868.

Hay que destacar la importancia de estas medidas, pues constituyen tres hitos fundamentales en la nueva ordenación de la economía española que se produjo entre 1855 y 1868. Otros dos hitos muy importantes fueron la ley de ferrocarriles de 1855 y la ley de minas de 1868, ya comentadas. Todo ello, no solo permitió la llegada de importantes capitales extranjeros, sino una ordenación de la economía que será la base de la economía de la Restauración.

La evolución demográfica

Entre 1797 y 1877 la población española creció un 50%. Pero este importante crecimiento de la población, no fue uniforme, ya que fue mas grande en las ciudades y las zonas costeras, especialmente Cataluña. La población Vizcaína y Guipúzcoa creció considerablemente, pues pasó de 112.000 y 106.500 habitantes respectivamente en 1797 a 192.000 y 182.000 en 1877; en ese periodo la población de Bilbao paso de 9.500 habitantes a 32.700.

Pese a este crecimiento sin precedentes, no se produjo una revolución demográfica, es decir, el paso del ciclo demográfico antiguo (propio de la época preindustrial) al ciclo demográfico moderno (propio de la era industrial) sino que España, como otros países de la Europa periférica, a lo largo del siglo XIX simplemente inicio la transición de una manera tímida y mas bien tardía. El transito entre ambos ciclos supone los siguientes cambios:

1.- Reducción de la mortalidad catastrófica.

2.- Reducción de la mortalidad ordinaria.

3.- Envejecimiento de la población.

4.- Desaceleración del crecimiento.

Pues bien, el retraso español puede situarse entre medio siglo y un siglo, según los casos.

Los cambios sociales

La sociedad de clases

La Revolución liberal supuso, a partir de los años 30, la sustitución de la sociedad estamental por una sociedad clases, pues dada la igualdad ante la ley, las diferencias entre las clases son económicas, siendo la fundamental la posesión o no de medios de producción.

No obstante, hay que señalar que la igualdad ante la ley no eliminó la injusticia. Los derechos políticos, dado el sufragio censitario dominante en la mayor parte del periodo, estuvieron muy restringidos. Y las clases dominantes siempre han podido hacer más efectivos los derechos que se reconocen a todos.

A ello hay que añadirle que, realmente, las diferencias económicas aumentaron a lo largo del siglo XIX. El desarrollo económico permitió que el nivel de vida de los ricos mejorara extraordinariamente. En cambio, los jornaleros y obreros no solo no mejoraron sino que es posible que su vida fuera más mísera que la de los campesinos del siglo XVIII.

Las clases dominantes

La nobleza

La alta nobleza, formada por 1.323 familias en 1797, salió bien parada de la revolución liberal española, que no se hizo contra ella. Perdió los derechos de jurisdicción sobre los hombres que le daban los señoríos, la exención de impuestos y algunos privilegios. Pero conservo su poder económico, que incremento en las ocasiones en que vio reconocido como propiedad los antiguos señoríos. Además, se beneficio de las oportunidades provocadas por las desamortizaciones de comprar tierras a buen precio, y de la posibilidad de convertir las antiguas formas de cesión de la tierra, que beneficiaban al campesino, en contratos de arrendamiento sometidos a la ley de la oferta y la demanda, que favorecían a los propietarios dado el gran hambre de tierras que se produjo en España como consecuencia del gran crecimiento de la población agraria.

Hasta tal punto es así que a mediados del siglo XIX las mayores fortunas del país seguían estando en manos de la nobleza. Todavía en 1860 ningún patrimonio burgués se acercaba a los de los nobles más ricos. Estas fortunas medidas se han calculado para esa época:

1.- Alta nobleza: Cien millones de reales.

2.- Nobleza: Cincuenta millones de reales.

3.- Burguesía, madrileña: treinta millones.

4.- Burguesía periférica: diez millones.

Sin embargo, la situación cambió en las décadas finales del siglo por el carácter rentista de la nobleza, sus elevados gastos y el desinterés por los negocios. Algunas familias perdieron parte de sus propiedades por el pago de deudas y otras vieron estancadas sus ingresos porque las rentas agrarias no crecieron en la misma medida que los beneficios de la industria, el comercio o las finanzas. Así a finales de siglo, las fortunas medias de los grandes industriales y comerciantes eran superiores a las de la nobleza.

La nobleza también conservo su influencia, que tuvo gran importancia política en las etapas moderadas del reinado de Isabel II, que se rodeo de camarillas de nobles, que aprovecharon la situación para hacer negocios.

La que salió perjudicada, y mucho, con la revolución fue la baja nobleza, que constituía, por lo menos, el 90% de la nobleza española. Al perder los privilegios, y no poseer fortuna, perdieron prácticamente todo. Los hidalgos ni siquiera conservaron la categoría de noble que quedó unida a la posesión se un título. Título que, en cambio, consiguieron muchos burgueses enriquecidos. Y es que la nobleza conservó su prestigio. Por ello, los burgueses enriquecidos, generalmente, buscaban culminar su carrera con el ennoblecimiento (lo cual restaba dinamismo a la economía española) bien con la concesión de un título, y la monarquía fue bastante generosa, bien casando a un hijo con algún miembro de una familia noble con problemas económicos.

No obstante, hay que señalar que la nobleza aceptó el liberalismo como un mal necesario y los pactos con los burgueses como una necesidad.

La burguesía

La burguesía es el otro grupo de la clase dirigente. En su seno conviene distinguir dos grupos:

1.- La burguesía de los negocios, cuya fortuna provenía del comercio o las finanzas, y que ya existía en el Antiguo Régimen. Aunque sus orígenes regionales eran diversos tendió a asentarse en Madrid, donde estaba su centro de operaciones. Esta burguesía solía invertir sus beneficios en tierras, lo que les convertía en rentistas, por lo que sus intereses se ligaron a los de la nobleza.

2.- La burguesía industrial menos numerosa y con menos fortuna. Su debilidad le impidió influir en la marcha del país y desarrollar un modelo diferente al del capitalismo agrario que se iba imponiendo. Consciente de sus limitaciones su objetivo político se centro en la consecución de una política proteccionista del gobierno, que defendiera de la competencia exterior a su débil industria. Esta burguesía industrial solo fue importante en Cataluña.

Las clases medias

Uno de los principales problemas de la historia contemporánea de España hasta fechas recientes fue el tamaño reducido de las clases medias, factor fundamental para el arraigo de un régimen liberal y el desarrollo de la democracia.

Su reducido numero, en torno al 5% de la población, es el resultado de la debilidad de la industrialización y del predominio de la población agraria, pues la clase media era un fenómeno prácticamente urbano.

La clase media es un conglomerado formado por distintos grupos:

1.- Los empleados públicos, que hacia 1860 eran 30.000.

2.- La pequeña burguesía comercial e industrial.

3.- Los miembros de las profesiones liberales.

4.- Los oficiales del ejército.

5.- Los pequeños propietarios rurales.

Las clases medias, en la medida de lo posible, trataban de limitar el modo de vida de los poderosos y compartían con ellos muchos valores. Ideológicamente eran conservadores, defendían el orden y la propiedad, y tenían miedo de cualquier cambio que pudiera empobrecer e igualarlas a las clases populares.

Las clases populares

Constituían la inmensa mayoría de la población española. Formada por distintos grupos, su común denominador era las dificultades que tenían para satisfacer de manera modesta las necesidades más básicas: comida, vestido y vivienda.

Dentro de este conglomerado social, hay que destacar dos fenómenos:

1.- El crecimiento desmesurado de los jornaleros.

2.- La aparición del propietario.

Jornaleros, en el campo, y propietarios, en la ciudad, constituían precisamente en las dos clases mas bajas de las clases populares.

Su numero elevado, de jornaleros, ya entrado del siglo, 3.600.000, creció a casi 5.400.000 personas hacia 1860. En ese año constituían el 35.24% de la población activa, es decir, el grupo mas importante.

Este crecimiento de los jornaleros tiene su causa principal en el incremento de la población española a lo largo del siglo XIX, pues al no crearse suficiente empleo en las ciudades el aumento del numero de campesinos sólo podía producir el crecimiento de los campesinos sin tierras.

Aunque los jornaleros estaban presentes en toda España, la gran mayoría se encontraba al sur del Tajo.

Los proletarios, nueva clase social, son los empleados de las nuevas fabricas. Obreros sin cualificar trabajaban a cambio de un salario que en los primeros tiempos de la industrialización estuvo sometido a la ley de la oferta y la demanda, que perjudicaba a los trabajadores, pues esta era mayor que aquella. Realmente, los patrones compraban el trabajo de los obreros, pues ninguna ley reglamentaba los contratos, es decir, ponía límites a la posición de fuerza de los patronos. Así los salarios, que sólo se cobraban cuando se trabajaban, eran muy bajos y apenas cubrían las necesidades de comida, ropa y vivienda, por lo que también debían trabajar las mujeres y los niños. Las jornadas de trabajo eran interminables (12-14 horas) y se hacían a un ritmo desconocido en los talleres artesanales. Y se trabajaba todo el año salvo los domingos y días festivos. La dureza de las condiciones de su existencia queda reflejada en la esperanza de vida. En 1849, la vida media en Barcelona era la siguiente:

1.- Hombres:

*Clase rica: 38,83 años

*Clase menestral: 25,44 años

*Clase jornalera: 19,69 años

2.- Mujeres:

*Clase rica: 34,11 años

*Clase menestral: 24,90 años

*Clase jornalera: 27,43 años

No obstante, la debilidad de la industrialización española supuso que el numero de proletarios fuera reducido en esta época: unos 150.000 a mediados del siglo XIX, de los cuales cien mil se encontraban empleados en la industrial textil catalana.

Por entonces, los artesanos, que habían perdido los privilegios gremiales, eran mucho más numerosos. Pero, la artesanía, en un mundo que iba sustituyendo la destreza por la maquina, estaba en decadencia y el peligro de proletarización se cernía sobre la mayoría de los artesanos.

Conclusiones

Resumiendo, podría asegurarse que las razones últimas de que fracasasen los intentos modernizadores emprendidos desde los anos 30 del siglo pasado radican en el atraso de la agricultura (incompatible con el desarrollo industrial) en los problemas de la Hacienda estatal, que condicionaron una política desamortizadora y financiera que contribuyeron a que el escaso capital disponible se colocase en inversiones especulativas pero no productivas, y en los problemas (producto de todo lo anterior) para la formación de un mercado interior unificado e integrado.

Por todas las razones expuestas, pese a los cambios que fueron produciéndose, en los primeros años del siglo XX la estructura económica española seguía dependiendo en gran medida de la agricultura, que seguía siendo el sector que mas aportaba al P.I.B. y el que mas mano de obra empleaba, aunque productividad no hubiese mejorado apenas, como parecen demostrar los datos relativos a 1900:

Estructura económica española en 1900

%P.I.B

%Pobl. activa

Productividad

Agricultura

46

67

0,69

Industria

20

15

1,33

Servicios

34

18

1,89

Como puede verse, la agricultura necesitaba emplear más de dos tercios de la población activa para producir algo menos de la mitad del Producto Interior Bruto, lo que se traducía, como se ha dicho, en una productividad bajísima.

El sector industrial había conseguido llegar solo hasta un 20% del P.I.B., cifra que no podía compararse con la de cualquier otro país de la Europa Occidental. Pero es que, además, los datos relativos a algunos años después, concretamente a 1913, indican un claro predominio de las industrias de bienes de consumos (especialmente textiles) sobre las de bienes de equipo (maquinaria), lo que es un indicador importante del escaso grado de desarrollo logrado.

En esos primeros años del siglo XX continuaría el esfuerzo modernizador, favorecido por la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial, que supuso para el país importantes beneficios. Superada la crisis de la inmediata posguerra continuó un cierto crecimiento, especialmente en los años 20, a merced de la política proteccionista y nacionalista desarrollada pos la Dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, la llegada a España de los efectos de la crisis mundial de los años 30 y, sobre todo, los devastadores efectos de la Guerra Civil y el aislamiento internacional del régimen franquista, interrumpieron el proceso y provocaron un nuevo e importante retraso a la industrialización. Sólo comenzados ya los años 60 comenzaría el definitivo despegue de la industria española.

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