Independencia de México

Historia de América. Conspiración de Queretaro. Abrazo de Acatempan. Morelos

  • Enviado por: Juan Carlos Jurado Lobato
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 27 páginas

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INDICE.

INDICE.................................................................................................................... 1

PRESENTACION...................................................................................................... 2

INTRODUCCION..................................................................................................... 3

LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO......................................................................... 4

LAS CAUSAS INTERNAS.................................................................................... 4

LAS CAUSAS EXTERNAS................................................................................... 5

EL PAÍS EMPEZÓ A HERVIR EN CONSPIRACIONES.............................................. 6

LA CONSPIRACION DE QUERETARO.................................................................. 7

EL GRITO DE DOLORES......................................................................................... 8

CONTRA LA ESCLAVITUD..................................................................................... 10

LA CAMPAÑA DE MORELOS............................................................................... 10

EL PENSAMIENTO DE MORELOS.......................................................................... 11

FRAY SERVANDO EL INDOMABLE...................................................................... 12

LAS CORTES Y LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ..................................................... 13

LA NUEVA ESPAÑA HACIA 1920.................................................................. 13

TRIUNFO DE LA INDEPENDENCIA........................................................................ 13

EL ABRAZO DE ACATEMPAN............................................................................... 16

LA ENTRADA DEL EJERCITO TRIGARANTE.......................................................... 17

PERSONAJES SOBRESALIENTES DE LA INDEPENDENCIA.................................. 18

MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA................................................................... 18

ALLENDE, IGNACIO MARIA DE..................................................................... 19

ORTIZ DE DOMINGUEZ JOSEFA...................................................................... 19

ALDAMA JUAN............................................................................................... 20

ABASOLO IGNACIO........................................................................................ 21

MORELOS Y PAVON JOSE MARIA................................................................. 22

BRAVO NICOLAS............................................................................................. 23

MATAMOROS MARIANO................................................................................ 23

QUINTANO ROO ANDRES.............................................................................. 24

GUERRERO VICENTE........................................................................................ 25

ITURBIDE AGUSTIN........................................................................................... 25

PUNTO DE VISTA................................................................................................... 27

BIBIOGRAFIA......................................................................................................... 27

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PRESENTACION.

ALGUNOS SUCESOS QUE CAMBIAN LA VIDA DE ALGUNAS PERSONAS, ASI COMO EMPEORA LA VIDA DE OTRAS SON EL RESULTADO DE MOVIMIENTOS INDEPENDENCISTAS EN ESTA OCACION ANALIZAREMOS LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO.

TODO ESTO SE CARACTERIZA POR LA APARICONDE UNA NUEVA CLASE SOCIAL (LOS CRIOLOS)

QUE LUCHAVAN POR LOS MISMOS PRIVILEGIOS QUE LOS ESPAÑOLES NACIDOS EN ESPAÑA.

ASI COMO LOS MALTRATOS A LOS ESCLAVOS E INDIOS DE MÉXICO FUERON LA CAUSA DE LA SUBLEBACION.

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INTRODUCCION.

LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO FUE UN PROCESO POLÍTICO Y MILITAR QUE, DESDE 1810 HASTA 1821, AFECTÓ A LA CASI TOTALIDAD DE LOS TERRITORIOS

MEXICANOS GOBERNADOS POR ESPAÑA, CUYO RESULTADO FUE LA SEPARACIÓN RESPECTO DE ÉSTA DE LA INMENSA MAYORÍA DE LAS DIVISIONES

ADMINISTRATIVAS DE CARÁCTER COLONIAL QUE HABÍAN ESTADO BAJO EL DOMINIO DE LOS MONARCAS ESPAÑOLES DESDE FINALES DEL SIGLO XV.

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LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO.

Desde los protagonistas de los acontecimientos y sus contemporáneos hasta la actualidad, en cada época y por cada autor se han intentado resumir en varias las causas de la independencia, destacando algún aspecto parcial de acuerdo con la perspectiva histórica del momento, por lo que el resultado es que hoy disponemos de una extensa relación de posibles motivos originarios de la más variada naturaleza, y de difícil análisis, cuya simple enumeración resultaría poco explicativa y hasta cierto punto engañosa. Más importante sería analizar el nivel de generalidad de cada una de estas causas y situarlas en la perspectiva adecuada, ponderando su importancia relativa respecto a las demás y en cada uno de los territorios afectados: lo que puede actuar como causa decisiva o tomarse como característico en México (núcleo esencial del virreinato de Nueva España)

Por ello, la determinación genérica de las causas de la independencia, como modelo teórico, debe remitir siempre al análisis del proceso y de sus características específicas en cada uno de los territorios.

Desde el siglo XIX, las causas de la independencia se han venido presentando divididas en dos grupos: causas internas de carácter negativo y causas externas de carácter positivo.

Las causas internas

Pueden ser consideradas como causas internas aquéllas que se originaron en el interior de la sociedad mexicana como resultado de su propio desarrollo histórico, y se caracterizan por destacar algunos aspectos negativos de la acción colonizadora española. En general, todos estos posibles motivos fueron señalados desde los primeros momentos del proceso independentista, a veces por los mismos protagonistas de los acontecimientos, por lo que suelen tener una intención más justificativa que explicativa. Así, por ejemplo, cuando se atribuye el deseo de independencia a la corrupción administrativa y la inmoralidad burocrática por parte de las autoridades españolas, o a la relajación de las costumbres del clero, se trata de destacar algunos casos, que sin duda fueron tenidos en cuenta por los patriotas, pero a los que no puede atribuirse un carácter generalizado a toda la administración y a todos los territorios.

En México, también el bajo clero, como muestra la destacada participación de los sacerdotes Miguel Hidalgo y José María Morelos, colaboró con los revolucionarios y tuvo una participación destacada en la independencia. Otras posibles causas aducidas reiteradamente, como la crueldad y el despotismo con que eran tratados los indígenas y las restricciones culturales impuestas por las autoridades españolas, están en abierta contradicción con algunos datos de la realidad.

En el virreinato de la Nueva España, muchos indígenas militaron en el bando realista, lo que dio a los enfrentamientos en esos territorios un carácter de verdadera guerra civil. La existencia de universidades en muchas de las más importantes ciudades hispanoamericanas, así como la formación cultural en las mismas de los propios caudillos independentistas son otros tantos argumentos en contra de la generalización de las razones mencionadas, necesitadas de precisiones que alteran considerablemente su interpretación, como sucede con la rivalidad entre criollos y españoles, con la consiguiente postergación de aquéllos, y el establecimiento de un régimen de monopolios, gabelas y trabas, que dificultaba el desarrollo de la economía americana y frenaba el crecimiento de su capacidad productiva.

La legislación española no diferenciaba entre los españoles peninsulares y americanos, por lo que el problema se planteaba, igual que en España, entre los naturales de una región, provincia o reino que aspiraban a ocupar los puestos de la administración en su tierra y los

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que provenían de otras zonas, ocupaban los cargos y desplazaban a los naturales, generalmente por residir en la corte o tener valedores en ella. En cuanto al sistema económico, su influencia se vio disminuida por el incumplimiento sistemático de la normativa, el contrabando y la escasa capacidad industrial de los territorios americanos. Más bien fueron las medidas económicas de carácter liberal que venían implantándose desde el siglo XVIII las que estimularon en la burguesía criolla un creciente deseo de libertad mercantil.

Mayor importancia que las mencionadas hasta aquí tuvieron las siguientes causas:

a) La concepción patrimonial del Estado, toda vez que las Indias estaban vinculadas a España a través de la persona del monarca. Las abdicaciones forzadas de Carlos IV y Fernando VII, en 1808, rompieron la legitimidad establecida e interrumpieron los vínculos existentes entre la Corona y los territorios hispanoamericanos, que se vieron en la necesidad de atender a su propio gobierno.

b) La difusión de doctrinas populistas. Desde santo Tomás de Aquino hasta el español Francisco Suárez, la tradición escolástica había mantenido la teoría de que la soberanía revierte al pueblo cuando falta la figura del rey. Esta doctrina de la soberanía popular, vigente en España, debió de influir en los independentistas tanto como las emanadas del pensamiento ilustrado del siglo XVIII.

c) La labor de los jesuitas. Las críticas dirigidas por los miembros de la Compañía de Jesús a la actuación española en América después de su expulsión de España en 1767, plasmadas en abundantes publicaciones, tuvieron gran importancia en la generación de un clima de oposición al dominio español entre la burguesía criolla.

d) Las enseñanzas impartidas por las universidades y el papel desarrollado por las academias literarias, las sociedades económicas y la masonería. La difusión de ideas liberales y revolucionarias contrarias a la actuación de España en América ejerció una gran influencia en la formación de algunos de los principales líderes de la independencia, cuya vinculación con la Logia Lautaro les proporcionó el marco adecuado para la conspiración.

Las causas externas

Pueden ser consideradas como causas externas aquellas que actuaron sobre el proceso independentista desde fuera de los dominios imperiales españoles, en especial desde Europa y Estados Unidos. Algunas de estas causas, como la Declaración de Independencia estadounidense o la Revolución Francesa, cuya influencia en la historia mundial es evidente,

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actuaron más como modelos que como causas directas del proceso. Mayor importancia tuvo las ideas enciclopedistas y liberales procedentes de Francia. España se levantó contra Napoleón el 2 de mayo de 1808.Este suceso facilitó la independencia de México y otros países de latino América. Así como las relaciones de convivencia de muchos de los máximos dirigentes independentistas, como Francisco de Miranda, José de San Martín, Simón Bolívar, Mariano Moreno, Carlos de Alvear, Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera Verdugo, Juan Pío de Montúfar y Vicente Rocafuerte, que se encontraron con frecuencia en Londres, así como los contactos que mantuvieron con los centros políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Ello les permitió equiparse ideológicamente, pero también les proporcionó la posibilidad de contar con apoyos exteriores y las necesarias fuentes de financiación para sus proyectos.

El país empezó a hervir en conspiraciones.

Las más importantes fueron las de Valladolid (hoy Morelia) y la de Querétaro.

En la primera tomaron parte don Mariano Quevedo y don José Michelena, don José María García Obeso, don Mariano Ruiz Chávez y otros.

Eran militares, licenciados o sacerdotes. Fueron descubiertos y castigados levemente. En la conspiración de Querétaro intervinieron el Corregidor Don Miguel Domínguez, su esposa doña Joséfa Ortíz de Domínguez, los capitanes Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo y Don Miguel Hidalgo y Costilla.

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La conspiración de Querétaro

Mientras tanto, según sucedía en otros países hispanoamericanos, algunos criollos comenzaron a reunirse en secreto para planear cómo cambiar el gobierno virreinal. En 1810. Miguel Domínguez, corregidor (una clase de juez) de Querétaro, y su esposa, Josefa Ortiz de Domínguez, empezaron a reunirse con algunos militares, como Ignacio Allende y Juan Aldama. A las juntas también asistía Miguel Hidalgo y Costilla, el párroco de Dolores.

La conspiración fue descubierta, pero antes de que las autoridades pudieran apresara a los participantes, la valiente doña Josefa lo supo y consiguió avisarle a Allende. Éste cabalgó toda la noche para ir de San Miguel a Dolores sin que lo vieran y prevenir a Hidalgo: sus planes habían sido delatados.

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El Grito de Dolores

Hidalgo y Allende adelantaron la fecha de su rebelión. De inmediato, en la madrugada del domingo 16 de septiembre, Hidalgo mandó tocar las campanas de la iglesia para reunir a la gente. Les recordó las injusticias que sufrían y los animó a luchar en contra del mal gobierno.

Ahora celebramos cada año el Grito de Dolores, pero esa madrugada el ambiente era tenso. Los hombres y las mujeres que siguieron a Hidalgo no eran un ejército; eran un pueblo que quería un gobieron justo. No tenían armas suficientes, pero tomaron palos, hondas, machetes e instrumentos de labranza. Hidalgo comenzó su marcha con seiscientos hombres, que pronto fueron casi ochenta mil. Lo seguían indios, mestizos, criollos y algunos españoles, militares, sacerdotes, peones y mineros iban mezclados, persiguiendo un mismo ideal de justicia.

En Atotonilco, Hidalgo tomó como bandera un estandarte con la Virgen de Guadalupe. Los insurgentes entraron sin resistencia a San Miguel el Grande (hoy San Miguel Allende), Celaya y Salamanca. Después llegaron a Guanajuato y exigieron a las autoridades que se rindieran. Pero éstas se encerraron con los españoles ricos en la alhóndiga (un almacén de granos) de Granaditas, para defenderse, tomada por asalto gracias al heroísmo de Juan José Martínez (Pípila), un joven que cubierto con una loza de piedra, desafió las balas enemigas y llegó a la puerta le prendió fuego.
La tropa tomó el edificio, mató a sus ocupantes y saqueó la ciudad, sin que Hidalgo ni Allende pudieran evitarlo. Siguieron a Valladolid, que se rindió sin luchar, pués sus habitantes estaban atemorizados por lo que había sucedido en Guanajuato.

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Cerca de Valladolid, José María Morelos habló con Hidalgo, quien le encargó que levantara en armas el sur y tomara Acapulco. Un puerto les permitiría comunicarse con el exterior. Mientras tanto, en otros lugares habían estallado más revueltos.

Hidalgo avanzó hacia la Ciudad de México. En las cercanías de la capital, en el Monte de las Cruces, venció al ejército realista. Tras ese triunfo. Allende propuso que fueran sobre la capital, pero Hidalgo se negó. Tal vez consideró que no tenía hombres y armas suficientes, o terminó que la ciudad fuera saqueada como Guanajuato. El caso es que prefirió regresar a Valladolid; desalentados por esa decisión, muchos de sus seguidores abandonaron el ejército.

Poco después, los insurgentes fueron derrotados por Félix María Calleja en Aculco, en el hoy estado de México. Quedaron casi aniquilados y perdieron muchas armas y provisiones. Hidalgo se retiró a Guadalajara, en donde suprimió la esclavitud y los tribútos que pagaban los indios. En enero de 1811, los Insurgentes fueron vencidos de nuevo por Calleja, de manera definitiva, en Puente de Calderón, muy cerca de Guadalajara.

Con unos dos mil soldados, Hidalgo y Allende marcharon al norte para comprar armas en la frotera. En Coahuila, en Norias del Baján (o Acatita del Baján), fueron traicionados y apresados, junto con Aldama y José Mariano Jiménez. En la ciudad de Chihuahua se les condenó a muerte. Hidalgo fue fusilado el 30 de julio de 1811. Su cabeza, y las de Allende, Aldama y Jiménez, fueron puestas en jaulas de hierro, en las esquinas de la alhóndiga, en Guanajuato como advertencia a la población.

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La campaña de Morelos

Morelos levantó un ejército no muy numeroso pero bien organizado, que fue sumando triunfos. En febrero de 1812, se apoderó de Cuautla. Calleja sitió la ciudad, para rendirla por hambres y por sed, pero sus habitantes la defendieron con heroísmo. Cuando Morelos resolvió salir, los logró con muy pocas bajas. Después reorganizó su ejército y tomó Orizaba, Oaxaca y Acapulco.

Morelos decidió que hacía el gobierno que unificara el movimiento insurgente y organizó uncongreso que redactó la Constitución de Apatzingán, que fue el primer conjunto de leyes mexicanas. Nunca entró en vigor, porque los insurgentes comenzaron a sufrir una derrota tras otra. Morelos fue hecho prisionero cuando escoltaban al Congreso camino a Tehuacán Fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec, en el ahora estado de México, el 22 de diciembre de 1815.
El gobierno virreinal intentó tranquilizar el país, pero el descontento continuaba. Habían muertos los primeros caudillos de la independencia, pero nuevos jefes continuaron en pie de guerra. Entre otros, Nicolás Bravo, Pedro Moreno, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero.

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Mientras Hidalgo y Morelos combatían, en España el pueblo luchaba para expulsar a los franceses que la habían invadido en 1808. En ese tiempo, el gobierno que los españoles organizaron para oponerse a los franceses convocó a un congreso con representantes de toda la monarquía, en el puerto de Cádiz. En América la noticia despertó gran interés, pues era la primera ocasión en que las autoridades españolas tomaban en cuenta a los criollos.

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Algunos de los representantes, o diputados, tanto españoles como americanos querían que la situación cambiara; que hubiera más libertad y el gobierno y el rey obedecieran las leyes. Eran liberales. Para otros, lo mejor era mantener las cosas como estaban.

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Las Cortes y la Constitución de Cádiz.

A las Cortes de Cádiz acudieron diecisiete diputados de la Nueva España. Exigieron que españoles e hispanoamericanos fueran iguales ante la ley; que se dejara de discriminar a las castas; que se abrieron más caminos, escuelas e industrias; que los habitantes de la Nueva España participaran en su gobierno; que hubiera libertad de imprenta y se declarara que la soberanía reside en el pueblo.

La Constitución Política de la Monarquía Española, el documento que produjeron las Cortes, se promulgó en marzo de 1812. Redujo los poderes del rey, estableció la igualdad ante la ley de peninsulares y americanos, y eliminó el tributo que pagaban los indígenas. Sin embargo, cuando las tropas de Napoleón fueron expulsadas de España en 1814, subió al trono Fernando Vll y se negó a gobernar conforme a la Constitución.

Los liberales fueron perseguidos, pero siguieron defendiendo sus ideas. Con el apoyo de parte del ejército, en 1820 obligaron a Fernando VII a reconcer la Constitución. El rey no tardó en descartarla y volvió a mandar como monarca absoluto, pero el breve tiempo en que la reconoció tuvo consecuencias muy importantes.

La Nueva España hacia 1820

En abril de 1817, el liberal español Francisco Javier Mina llegó a la Nueva España para luchar del lado insurgentes. Lo acompañaba el sacerdote mexicano Fray Servando Teresa de Mier.

Mina llegó a Soto la Marina, en el golfo de México, con tres barcos y poco más de trecientos hombres, que había armado con dinero conseguido en Inglaterra y en los Estados Unidos, países que tenían interés en debilitar a España. Mina recorrió el Bajió, ganó algunas batallas e intentó tomar Guanajuato. Seis mese después de su llegada, fue hecho prisionero y fue fusilado.

Al llegar 1820, muchos insurgentes habían sido derrotados, se habían retirado o habían aceptado el indulto. Algunos seguían resistiendo. Entre otros, Guadalupe Victoría y Vicente Guerrero.

Guerrero nació en Tixtla (ahora en el estado de Guerrero), en 1782. Peleó bajo las órdenes de Hermenegildo Galeana y de José María Morelos. Casi siempre salió victorioso; destacó por su valentía y su lealtad.

Triunfo de la Independencia

Tras más de diez años de lucha, había ruina y miseria en vastas zonas del país. Tanto los realistas como los insurgentes habían cometido atropellos y el gobierno del virreinato no podia dominar la situación. Los habitantes de la Nueva España ya no lo apoyaban. Lo que más querían era que se restableciera la paz.

Los españoles y los criollos ricos no deseaban obedecer la Constitución de Cádiz, que estaba de nuevo en vigor, porque les quitaba privilegios, así que apoyaron la independencia. También ellos querían la paz, y convencieron al virrey de que encargase al coronel criollo agustín de Iturbide que acabara con Vicente Guerrero, para imponer el orden y terminar con la insurrección.
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Guerrero conocía bien las montañas surianas y no fue posible derrotarlo. Valiéndose del padre de Guerrero, el virrey le ofració perdonarlo si dejaba la lucha. El caudillo respondió: "La patria es primero".

Con el apoyo de los españoles y los criollos ricos, Iturbide le escribió a Guerrero pidiéndole que se reunieran para llegar a un acuerdo. Lo hicieron en Acatempan, donde Guerrero aceptó apoyara a Iturbide.

Guerrero sabía que era muy escasas sus posibilidades de triunfo. Iturbide sabía que derrotar a Guerrero era el continuador de la lucha de Hidalgo y Morelos; Iturbide representaba el deseo de paz de la mayoría de la población y los intereses de los criollos ricos y de los españoles que vivían en América y que ya no querían depender de España.

En febrero de 1821, respaldo por Guerrero, Iturbide firmó el Plan de Iguala o de las Tres Garantías: invitaba a los habitantes del virreinato a unirse para lograr la independencia. Las tres garantías eran: una religión única (la católica), la unión de todos los grupos sociales y la independencia. México sería una monarquía constitucional. Cada garantía se convirtió en un color para la bandera de la nueva nación. En agosto llegó a la Nueva España Juan O'Donojú, el último español enviado a gobernarla. Vió que casi todo el país apoyaba a Iturbide, así que firmó con él los Tratados de Córdoba, documento que reconocia la independencia.

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La rebelión de 1810 había concluido. La nueva nación tenía ahora que organizar su gobierno y reparar los destrozos de once asños de lucha. Faltaban caminos y había grandes territorios deshabitados. La sociedad estaba desorganizada y el desorden político era abrumador.


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PRESONAJES SOBRESALIENTES DE LA INDEPENDENCIA.

Hidalgo y Costilla, Miguel (1753-1811), padre de la patria, insurgente y sacerdote mexicano. Estudió en el Colegio de San Nicolás, donde dio cursos de filología y filosofía y llegó a ser rector, en la ciudad de Valladolid (actual Morelia). En 1778 fue ordenado sacerdote y en 1803 se hizo cargo de la parroquia de Dolores, en Guanajuato. Buen conocedor de las ideas ilustradas, trabajó para mejorar las condiciones económicas de sus feligreses, en su mayoría indígenas, enseñándoles a cultivar viñedos, la cría de abejas y a dirigir pequeñas industrias, tales como la producción de loza y ladrillos. En 1809 Hidalgo se unió a una sociedad secreta formada en Valladolid cuyo fin era reunir un congreso, para gobernar la Nueva España en nombre del rey Fernando VII, en ese momento preso de Napoleón y, en su caso, obtener la independencia del país. Descubiertos los conjurados, la insurrección se trasladó a Querétaro donde Hidalgo se reunió con Ignacio Allende y otros insurgentes. El 16 de septiembre de 1810, llevando un estandarte con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México, Hidalgo lanzó el llamado grito de Dolores que inició la revuelta y, acompañado de Allende, consiguió reunir un ejército formado por más de 40.000 mexicanos. Tomó las ciudades de Guanajuato y Guadalajara en el mes de octubre, pero a pesar de sus éxitos, Hidalgo no consiguió llegar a la ciudad de México. El 17 de enero de 1811 fue derrotado cerca de Guadalajara por un contingente de soldados realistas, en la batalla de Puente de Calderón. Hidalgo huyó hacia Aguascalientes y Zacatecas, pero fue capturado, juzgado y condenado a muerte. Su cabeza, junto con la de Allende y otros insurgentes se exhibió, como castigo, en la alhóndiga de Granaditas de Guanajuato. Tras el establecimiento de la República Mexicana, en 1824, se le reconoció como primer insurgente y padre de la patria. El estado de Hidalgo lleva su nombre y la ciudad de Dolores pasó a llamarse Dolores Hidalgo en su honor. El 16 de septiembre, día en que proclamó su rebelión, se celebra en México el Día de la Independencia.

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Allende, Ignacio María de (1769-1811), insurgente mexicano. Nació en San Miguel el Grande (que más tarde recibió el nombre de San Miguel de Allende, en su honor), en Guanajuato. Hijo de españoles, participó en la fallida conspiración de 1809. Posteriormente planeó, junto con Juan Aldama, el levantamiento de ese año, que fue denunciado. Miguel Hidalgo y Costilla decidió entonces el alzamiento en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, en Dolores (Guanajuato). Tras varias luchas, la campaña victoriosa continuó hasta la batalla del Monte de las Cruces. Después, las derrotas ocasionaron divergencias entre los insurgentes y, en Zacatecas, los jefes militares retiraron del mando a Hidalgo y se lo otorgaron a Allende. El 21 de marzo de 1811 cayó prisionero con Hidalgo y otros insurgentes. Murió fusilado y su cabeza fue expuesta en la alhóndiga de Granaditas (Guanajuato). Sus restos reposan en la Columna de la Independencia en la ciudad de México.

Ortiz de Domínguez, Josefa (1768-1829), patriota mexicana, sirvió de enlace entre los conspiradores de la independencia en 1810. Nació en Valladolid (Morelia) y estudió en el Colegio de San Ignacio de Loyola o de las Vizcaínas. En 1791 se casó con el corregidor de Querétaro, el licenciado Miguel Domínguez, por lo que se le apodó `la Corregidora'. En 1810 entró en contacto con el cura Miguel Hidalgo y Costilla y el capitán Ignacio María de Allende, a los que informó del desarrollo de la conspiración en Querétaro. Cuando los realistas descubrieron el lugar donde se guardaban las armas para la sublevación de octubre, persuadió a sus compañeros para que adelantaran la proclamación de la independencia al mes de septiembre. Fue apresada por las autoridades españolas y recluida en el convento de Santa Catalina de Siena, donde permaneció 3 años. Murió en 1829 en México.

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Aldama, Juan (1774-1811), militar e insurgente mexicano. Nacido en San Miguel el Grande (actual San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato), desde 1809, siendo capitán del Ejército colonial español, comenzó a intervenir en los preparativos de la lucha independentista. El principal líder del movimiento, el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, le nombró teniente coronel de las tropas insurgentes, con las que participó en la victoria del Monte de las Cruces (octubre de 1810). Intentó convencer a Hidalgo, con la ayuda de Ignacio María de Allende, de la necesidad de explotar ese triunfo y avanzar hacia la capital virreinal. Después de la derrota sufrida en la batalla de Puente de Calderón, en enero de 1811, se dirigió hacia el norte mexicano, pero el 21 de marzo de ese año fue apresado por los realistas junto a los más destacados dirigentes independentistas (Hidalgo, Allende y Mariano Abasolo), en Acatita de Baján (Coahuila). El 26 de junio murió fusilado, en Chihuahua, con Allende y el también jefe insurgente José Mariano Jiménez, entre otros.

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Abasolo Ignacio (1783-1816), militar e insurgente mexicano. Nacido en Dolores (actual Dolores Hidalgo), pertenecía a una rica familia de hacendados y siguió la carrera castrense, ingresando en el Ejército colonial español. El 16 de septiembre de 1810 se unió al sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, quien ese mismo día había lanzado el denominado grito de Dolores en dicha localidad, inicio del movimiento independentista mexicano contra el dominio español. Entregó las armas de su regimiento, del que era capitán, y pronto ascendió en el escalafón de las tropas insurgentes, accediendo en octubre de ese año al grado de mariscal de campo y participando en la victoria del Monte de las Cruces de finales de ese mes. Después de la derrota de las fuerzas de Hidalgo en la batalla de Puente de Calderón (enero de 1811), Abasolo huyó hacia el norte y renunció al nombramiento de jefe de las tropas resistentes que hizo en su persona Ignacio María de Allende. El 21 de marzo siguiente fue apresado junto a los principales dirigentes independentistas (Hidalgo, Allende y Juan Aldama), en Acatita de Baján (Coahuila). Conducido con éstos a la ciudad de Chihuahua, un mes después resultó condenado a cadena perpetua por el virrey Francisco Javier Venegas y trasladado, en 1812, al castillo español de Santa Catalina (Cádiz), donde falleció cuatro años más tarde.

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Morelos y Pavón, José María (1765-1815), sacerdote e insurgente mexicano, que se convirtió en el caudillo de la emancipación mexicana, tras la ejecución de Miguel Hidalgo y Costilla en 1811. Morelos nació en la actual Morelia (Michoacán), ciudad en la que también cursó sus estudios. Después de su ordenación sacerdotal (1797), fue párroco hasta que se unió a la rebelión de Hidalgo en 1810. Tras recibir el mando militar, no tardó en hacerse con el control de un amplio territorio en el sur de México; hacia finales de 1811, todos le reconocían como sucesor de Hidalgo. Tomó Acapulco en 1813 y, a finales de ese año, convocó el Congreso de Chilpancingo, que emitió una declaración de independencia, promulgó una Constitución y nombró a Morelos generalísimo del gobierno insurgente. En diciembre de 1813, las fuerzas realistas derrotaron en Santa María a Morelos, que se vio obligado a mantenerse en una guerra defensiva. Destituido de su cargo de generalísimo por el Congreso, formó parte del triunvirato del Supremo Gobierno en Apatzingán. Acosado por las tropas enviadas por el virrey Félix María Calleja del Rey, no pudo escapar y fue capturado por los realistas en noviembre de 1815, mientras protegía al Congreso en su retirada hacia Tehuacán. Tras ser acusado de herejía y despojado de sus hábitos por la Inquisición, fue entregado a las autoridades seculares y fusilado.

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Bravo, Nicolás (1786-1854), dirigente independentista mexicano. Nació en Chilpancingo. En 1811 se unió a las fuerzas de Hermenegildo Galeana, y llevó a cabo en el sur varias acciones ordenadas por José María Morelos. A pesar de que su padre fue sentenciado a muerte por el ejército realista español, Nicolás Bravo concedió el indulto a 300 prisioneros enemigos. Republicano, participó junto con Vicente Guerrero en el derrocamiento de Agustín de Iturbide. De corte centralista, se sublevó contra el presidente Guadalupe Victoria, en 1827, por lo que fue desterrado a Guayaquil (Ecuador). Regresó a México en 1829, y participó en la caída del presidente federalista Guerrero, que anteriormente había sido su compañero. En 1833, Antonio López de Santa Anna lo nombró jefe del Ejército del Norte. En 1854, se negó a participar en la revolución de Ayutla; y ese mismo año falleció en su ciudad natal.

Matamoros, Mariano (1770-1814), sacerdote e insurgente mexicano. Nacido en la ciudad de México, en 1789 completó sus estudios de bachiller en artes y teología, ordenándose presbítero siete años más tarde. Ejerció como párroco en la capital virreinal y, en 1811, cuando hacía lo propio en Jantetelco (actual estado de Morelos), se decretó su captura como sospechoso de albergar y promover ideas independentistas. Tras conseguir huir, en diciembre se unió en Izúcar (hoy Izúcar de Matamoros, en Puebla) a las filas insurgentes lideradas por el también sacerdote José María Morelos y Pavón, quien le nombró, un mes después, coronel de sus tropas. En febrero de 1812, conquistó Cuautla, ciudad que hubo de defender del asedio realista. En noviembre, ya como lugarteniente de Morelos, participó en la toma de Oaxaca y, en junio de 1813, éste le designó teniente general. El 23 de diciembre siguiente atacó la ciudad de Valladolid (actual Morelia), viéndose obligado a retirar sus efectivos. Perseguidos por las fuerzas de Ciriaco de Llano y Agustín de Iturbide (entonces militar realista), fue aprehendido en Puruarán (Michoacán) el 5 de enero de 1814. Un mes más tarde resultó fusilado en Valladolid.

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Quintana Roo, Andrés (1787-1851), político y escritor mexicano. Nació en Mérida (Yucatán). Cursó leyes en la Universidad de México. Se unió a la causa insurgente con Ignacio López Rayón en Tlalpujahua. Difundió sus ideas en el Semanario Patriótico Americano, presidió la Asamblea Constituyente en 1813 y elaboró, con Carlos María Bustamante, la Constitución de Apatzingán. A la caída del Imperio de Agustín de Iturbide (1823), ocupó un lugar distinguido entre los diputados que formaron los siguientes congresos y continuó escribiendo artículos políticos para El Correo de la Federación. Perteneció al grupo de los `poetas de la independencia'. Compuso la oda “16 de Septiembre”. Fue el primer presidente de la Academia de Letrán, fundada por Guillermo Prieto, Manuel Carpio y los hermanos Lacunza en 1836. Falleció en la ciudad de México, y sus restos mortales, junto con los de su esposa, Leona Vicario, descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

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Guerrero, Vicente (1782-1831), militar y político mexicano, presidente de la República (1829). Nació en Tixtla. Luchó por la independencia (1810) desde las filas de José María Morelos y después de la captura de éste por los realistas apoyó el Congreso de Chilpancingo hasta su disolución y se refugió en las montañas para continuar la lucha, llegando a ser, con los años, el jefe de la insurrección en el sur. En 1820 se enfrentó al general Agustín de Iturbide, quien una vez en campaña le invitó a unirse en un esfuerzo de liberación en común. Aceptó el Plan de Iguala (1821) y pasó a luchar a las órdenes de Iturbide. Lograda la independencia, y ante el sesgo que tomaban los acontecimientos se sublevó en 1822 contra el despotismo de Iturbide, proclamado emperador constitucional. Formó parte de la Junta provisional y, pese a ser derrotado en las elecciones por Gómez Pedraza, ocupó la presidencia (1829) gracias al levantamiento de los liberales (motín de la Acordada). Se enfrentó al intento de reconquista protagonizado por Barradas en nombre de España, rechazó el ofrecimiento del embajador Joel Roberts Poinsett de comprar Texas, y defendió el federalismo frente a los repetidos y constantes intentos de los grupos centralistas, que pretendieron inhabilitarle para gobernar. Favorable a la reforma social, luchó contra los privilegios de la aristocracia, pero fue derrocado por el general Anastasio Bustamante en el mismo año (1829). Tras reiniciar la lucha desde el sur, fue hecho prisionero en Acapulco, sometido a juicio y fusilado en 1831, en Cuilapán (en la actualidad Cuilapán de Guerrero).

Iturbide, Agustín de (1783-1824), militar y político mexicano, emperador de México con el nombre de Agustín I (1822-1823). Nació en Valladolid (Michoacán), hijo de un terrateniente español.

La independencia de México

Ingresó en las milicias de su ciudad natal como subteniente de bandera en 1797. Aceptó el gobierno del virrey Pedro Garibay tras el derrocamiento de José de Iturrigaray en 1808. Siendo alférez del Ejército español se negó a colaborar con la rebelión del cura Miguel Hidalgo y participó en la detención de los conspiradores de Valladolid en 1809. Huyó a México cuando Hidalgo entró en la ciudad en 1810 y ese mismo año participó en la batalla del Monte de las Cruces y ascendió a capitán. Fue destinado al sur del país en

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1811 y combatió a las guerrillas insurrectas de Albino García, al que apresó en 1812, y de Ramón López Rayón, al que derrotó en el puente de Salvatierra en 1813. Ese año ascendió a coronel y fue nombrado comandante general de la provincia de Guanajuato, donde siguió persiguiendo a los rebeldes y empezó a ser conocido como 'el Dragón de fierro'.

En 1813 fue acusado por el coronel Romero de mantener la lucha para obtener beneficios económicos con el comercio, acusación que se repitió en 1814 por parte del teniente coronel Crespo Gil y del propio Romero. Un año después, siendo comandante general del Ejército del norte, venció a José María Morelos, pero fracasó ante los hermanos Rayón en Cóporo. A causa de las denuncias presentadas por los comerciantes de Guanajuato, fue cesado en 1816 por el virrey Félix María Calleja del Rey acusado de malversación y abuso de autoridad; aunque resultó absuelto gracias al apoyo del auditor de guerra Bataller, se retiró a sus tierras y en 1817 se estableció en México.

En 1820 participó en la conspiración denominada de la Profesa para oponerse a la implantación de la Constitución de 1812 en México, después del éxito alcanzado por el pronunciamiento liberal de Rafael del Riego en España. Ese mismo año, el virrey Juan Ruiz de Apodaca le nombró comandante general del sur, con la misión de buscar un acercamiento a Vicente Guerrero y a Asensio, que mantenían la insurgencia (insurrección) en aquellos territorios. Con el apoyo de los obispos de Guadalajara y Puebla, de los comerciantes españoles y de los terratenientes criollos opuestos al liberalismo, logró equipar un ejército numeroso y, tras llegar a un acuerdo con Guerrero el 24 de febrero de 1821 en la población de Iguala, publicó un programa político que pasó a denominarse Plan de Iguala (o de las Tres Garantías), en el que proclamaba sus objetivos: religión, independencia y unión.

En agosto de ese mismo año firmó con el virrey O'Donojú, recién llegado a Nueva España, el Tratado de Córdoba y el 27 de septiembre entró en la capital, tras la evacuación de las tropas españolas. Al día siguiente una Junta de Gobierno provisional, presidida por Iturbide, y en la que también figuraba O'Donojú, proclamó la independencia de México.

El 25 de febrero de 1822 se eligió un Congreso Constituyente, pero un motín del regimiento de Celaya, en mayo de 1822, dio el poder a Iturbide, que el mes de julio siguiente se proclamó emperador con el nombre de Agustín I. Tras disolver la Cámara, creó un Junta instituyente en octubre, reprimió a los republicanos y cesó al general Antonio López de Santa Anna, gobernador de Veracruz, en noviembre. Un mes más tarde se produjo la insurrección de Guadalupe Victoria y Santa Anna, que lograron el apoyo de la mayoría del Ejército, lo que forzó a Iturbide a restablecer el Congreso y a abdicar el 19 de marzo de 1823. En abril fue abolido el Imperio y en mayo salió Iturbide del país rumbo a Europa. Tras una corta estancia en Liorna (Italia), se instaló en Londres y el 13 de febrero de 1824 envió una Exposición al Congreso mexicano, anunciando su intención de regresar al país. Declarado traidor por el Congreso en el mes de mayo, cuando desembarcó en Soto la Marina (Tamaulipas), el 18 de julio siguiente, fue hecho prisionero, y acabó fusilado en Padilla un día después.

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PUNTO DE VISTA.

LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO FUE UN SUCESO MUY IMPORTANTE PARA NUESTRA HISTORIA YA QUE ADEMAS DE SER ALGO MUY BUENO POR QUE SE NOS LIVERO DE LA OPRECION ESPAÑOLA.

PERO COMO TODA GUERRA DE INDEPENDENCIA SU LADO OSCURO LA MUERTE DE MILES DE PERSONAS O GUERREROS Y MILES DE HERIDOS TANTO INSURGENTES COMO REALISTAS Y TAMBIEN DE PERSONAS INOCENTES QUE NO SE QUERIAN INCLUIR EN ESTE MOVIMIENTO.

LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO FUE BUENA SIN EMBARGO AUNQUE MURIERON Y QUEDARON ERIDAS MUCHAS PERSONAS LES DEBEMOS AGRADECER QUE AHORA TENEMOS UN MÉXICO INDEPENDIENTE.

BIBLIOGRAFIA.

ENCICLOPEDIA AUTODIDACTICA SIGLO XXI

PAGINAS 43 Y 44

HISTORIA CONTEMPORANEA Y DEMOGRAFIA.

1998, EDICIONES EUROMEXICO

IMPRESO EN MADRID.

AUTORES; VARIOS.

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HISTORIA CUARTO GRADO.

PAGINAS 89 - 107

IMPRESO EN MÉXICO.

AUTOR: SEP

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El pensamiento de Morelos

En septiembre de 1814, Morelos presentó ante el Congreso de Chilpancingo el escrito que llamó Sentimientos de la Nación. Los siguientes son fragmentos de ese documento:
Que la América es libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía.

La soberanía (el derecho a mandar) procede directamente del pueblo, que sólo quiere depositarles en sus representantes dividiendo los poderes de ella en Legislativo, Ejecutivo y Judiciario.

Que como la buena ley es superior a todo hombre, la que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderno la opulencia y la indigencia (pobreza), y de tal suerte aumente el jornal del pobre, que mejores sus costumbres, aleje la ignorancia la rapiña y el hurto.

Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todas iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vacio y la virtud.

Que se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día en que se levantó la voz de la independencia y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día se abrieron los labios de la nación para reclamar sus derechos y empuño la espada para ser oída, recordando siempre el mérito del gran héroe, el señor don Miguel Hidalgo y costilla, y su compañero, don Ignacio Allende.

Contra la esclavitud


Durante el Virreinato, en toda América había esclavos. Hidalgo ordenó en Valladolid ponerlos en libertad. Después, en diciembre de 1810, promulgó en Guadalajara un bando aboliendo la esclavitud. En los Estados Unidos ésta fue suprimida hasta 1863. Aquí están los dos primeros puntos del documento de Hidalgo en Guadalajara:

Que todos los dueños de esclavos deberán darles la libertad, dentro del término de diez días, su pena de muerte.

Que cese para lo sucesivo la contribución de tributos, respecto de las castas que los pagaban, y toda exacción (exigencia de impuestos) que a los indios se les haga.

Fray Servando el indomable


Fray Servando Teresa de Mier nació en Monterrey, Nuevo León, en 1765. Tomó el hábito de la orden de Santo Domingo y, en la Ciudad de México, obtuvo el grado de doctor en teología.

Fray Servando aprovechaba todas las oportunidades para hablar contra el gobierno virreinal, y lo hacía con imginación. En 1794, pronunció un sermón sobre la Virge de Guadalupe, según el cual los antiguos mexicanos ya habían recibido la enseñanza cristiana antes de que llegaran los españoles. (Según Fray Servando, Quetzalcóatl era en realidad el apóstol Santo Tomás, que había cruzado al Atlántico para predicar la palabra de Cristo). Con eso, ya no había justificación para la conquista y la ocupación del Nuevo Mundo por los españoles. El sermón resultó demasiado revolucionario y Fray Servando fue encarcelado y desterrado a España.

A partir de entonces llevó una vida aventurera, conspirando y luchando por la independencia. Sufrió encierros en cárceles y en conventos de España, Francia, Italia y Portugal. En total se llegó a fugar siete veces de diferentes prisiones.

Cuando comenzó la revolución de independencia, Fray Servando se puso a trabajar en Londres por esta causa, a través de los árticulos que escribiá en los periódicos. Convenció a Francisco Javier Mina de que vinieron a México a pelear contra el gobierno español y lo acompañó en 1817. Aquí fue nuevamente aprehendido y juzgado por la Inquisición

Después de nuevas aventuras, obtuvo su libertad definitiva y llegó a ser diputado por Nuevo León en el segundo Congreso Constituyente. Fray Servando fue uno de los diputados que firmaron la Constitución de 1824. Murió tres años después, en la Ciudad de México.

Entre sus obras escritas más importantes están la Historia de la revolución de Nueva España, que se imprimió en Londres, en 1813, y las Cartas de un americano al español, de 1811-1812.

El abrazo de Acatempan

El escritor y político Lorenzo de Zavala (1799-1836) narra el movimiento en que Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide se entrevistaron en Acatempan, en el actual estado de México.
Ambos jefes se acercaron, con cierta desconfianza el uno del otro, aunque evidentemente la de Guerrero era la más fundida: Iturbide había hecho una guerra cruel y encarnizada a las tropas independientes desde el año de 1810. Los mismos jefes españoles apenas llegaban a igualar en crueldad a este americano desnaturalizado, y verlo como por encato presentarse a sostener una causa que había combatido, parece que debían inspirar sospechas a hombres mexicanos, había sido muchas veces víctimas de su credualidad.

Sin embargo, Iturbide, aunque sanguinario, inspiraba confianza por el honor mismo que él ponía en todas sus cosas. No se le creían capaz de una traición, que hubiera manchado su reputación de valor y de nobleza de proceder. Por su parte, muy poco tenía que temer del general Guerrero, Hombre que se distinguió desde el principio por su humanidad y una conducta llena de lealtad a la causa que sostenía.

Las tropas de ambos caudillos estaban a tiro de cañón una de otra. Iturbide y Guerrero se encuentran y se abrazan. Iturbide dice primero: "No puedo explicar la satisfacción que experimento al encontrarme con un patriota que ha sostenido la noble causa de la independencia y ha sobrevivido él solo a tantos desastres, manteniendo vivo el fuego sagrado de la libertad".

Guerrero, que experimentaba, por su parte, sensaciones igualmente profundas y fuertes, le dijo: "Yo, señor, felicito a mi patria porque recobra en este día un hijo, cuyo valor y conocimientos le han sido tan funestos".
"Ambos jefes estaban como oprimidos bajo el peso de tan grande suceso; ambos derramaban lágrimas que hacía brotar un sentimiento grande y desconocido. Después de haber descubierto Iturbide sus planes e ideas al señor Guerrero, este caudillo llamó a sus tropas y oficiales, lo que hizo igualmente por su parte el primero.
Reunidas ambas fuerzas, guerrero se dirigió a los suyos y les dijo: "Soldados: este mexicano que tenéis presente es el señor don Agustín de Iturbide, cuya espada ha sido por muchos años funesta a la causa que defendemos. Hoy juro defender los intereses nacionales; y yo que no podeís dudar que moriré sosteniendo la independencia, soy el primero que reconozco al señor Iturbide como el primer jefe de los ejércitos nacionales ¡Viva la independencia! ¡Viva la libertad!".

La entrada del Ejército Trigarante

Juan de Dios Peza (1852-1910) no fue testigo de la entrada a México del Ejército de las Tres Garantías, pero aquí recrea ese momento de triunfo en la voz de un viejo soldado, a quien entrevistó. Peza escribió obras de teatro y poesía. Fue periodista, maestro y diplomático.
Me acuerdo de todo como si en este momento lo estuviera viendo -dijo el viejo soldado-. En la ciudad de México se esperaba ya la entrada del Ejército de las Tres Garantías, y la gente se agrupó en las calles para comtemplar por primera vez, tremolando libre en las manos de los guerreros, el pabellón verde, blanco y rojo.

Hacía un sol hermosísimo. Era un día claro, brillante, limpio. Parecía que el cielo y la tierra estaban tan alegres como nuestros corazones.

¡Qué hermoso, qué hermoso aquel 27 e3 septiembre! Todos teníamos fe en Iturbide y en el porvenir.

Al desfilar por las calles, cada uno de nuestros batallones, cada regimiento era saludado con vivas y aplausos. Cuando pasamos los soldados del Sur, los que habíamos peleado sin tregua durante once años en las montañas, los que formábamos la legión indomable del general Vicente Guerrero, el entusiasmo del pueblo que nos recibía rayó en delirio. La gente nos arrojaba flores y nos aclamaba; las mujeres nos decían frases de ternura; y nosotros, llenos de gratitud, nos sentímientos orgullosos de nuestro pobre aspecto, de nuestros harapos, de nuestra piel ennegrcida, tostada por el cielo del sur y por la pólvora de los combates.

Día de nuestro triunfo! Si es posible ver desde el cielo lo que pasa en la tierra, sin duda esa mañana estaban ya satisfechos y tranquilos todos los mártires de la causa de 1810, todos los héroes que, sin otro elemento que su propio esfuerzo, sin más recursos que sus convicciones, y con las solas fuerzas del derecho y la justicia, derramaron su sangre generosa.

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