Independencia de EEUU (Estados Unidos)

Historia de América. Revolución norteamericana. Sublevación colonias inglesas. Guerra Siete Años. Lord North

  • Enviado por: Samurai
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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TEMA 2. EL INICIO DE LA ERA DE LAS REVOLUCIONES: LA REVOLUCION NORTEAMERICANA.

  • LA ERA DE LAS REVOLUCIONES.

  • Algunos autores se han preguntado si lo ocurrido en las Trece Colonias Entre 1770 y 1789 es un movimiento de emancipación o una revolución política. Como es obvio, no es imposible que coexistan ambas, emancipación y revolución, lo que hay que analizar es hasta que punto se produce la coexistencia.

    No hay duda que se produce un movimiento secesionista por parte de los colones respecto de la soberanía británica.

    Al mismo tiempo, el proceso constituyente de la nueva república representa la fundación de un Estado en el que se cumplen estrictamente los requisitos del Nuevo Régimen.

    Las mayores dificultades que podemos encontrar a la hora de homologar el movimiento de emancipación americano al proceso revolucionario típico son dos:

  • Los Estados Unidos antes del golpe de 1776, no eran exactamente un país definido por los presupuestos del Antiguo Régimen.

  • La emancipación se realiza respecto de Gran Bretaña, cuyo sistema obedecía ya entonces a unos principios constitucionales muy peculiares.

  • EL CONFLICTO ENTRE EL GOBIERNO BRITÁNICO Y LOS COLONOS NORTEAMERICANOS (1763-1774).

  • La Guerra de los Siete Años (1756-1763) fue un “precipitante” decisivo en la actitud de los colonos norteamericanos. Hasta entonces, la metrópoli había practicado en sus establecimientos trasatlánticos una política de “negligencia saludable”, permitiendo a sus habitantes vivir su vida, sin demasiadas extorsiones. A partir de entonces, ya no iba a ser así.

    En primer lugar, la guerra obligo a un más rígido control de las colonias. Se enviaron tropas, se organizó una administración hasta entonces laxa, aumento el número de funcionarios. Al llegar la paz, no era tan fácil volver a los tiempos patriarcales. En segundo lugar, se suscitó un nuevo planteamiento geopolítico, que pronto despertaría los recelos de los norteamericanos. Durante la guerra, metropolitanos y colonos lucharon codo con codo: tenían un enemigo común y unos objetivos comunes. La paz, en cambio, los separo muy pronto. El Acta de Québec fue un intento británico de ganarse a los franceses del Canadá, pero cortó a los norteamericanos todos sus sueños de extender sus colonias en aquella dirección. Tampoco Florida iba a ser para ellos.

    En segundo lugar, y de mayor importancia, fue que los ingleses no estaban dispuestos a legar a nadie sus valiosas conquistas, y proyectaron una reordenación colonial capaz de hacer lo más rentables posibles los nuevos territorios. La metrópoli limitó el espacio de las Trece Colonias hasta los Alleghanys: el resto quedaba reservado para un más moderno y productivo plan de colonización. Los colonos no comprendieron los motivos de la administración metropolitana para establecer aquella nueva política; y desde luego no iban a aceptarla.

    Por de pronto, continuaron su expansión hacía el oeste, en contra de las disposiciones de Londres. El choque tendría que llegar tarde o temprano.

    No fue sólo esto, la guerra había sido cara para los británicos. La deuda pública de Londres se había duplicado, y era menester una política fiscal más exigente para salir del aprieto.

    Uno de los medios de enjugar el déficit era abandonar la política de “negligencia saludable” y exprimir más a las colonias ya enriquecidas. Primero fue la orden de registro de los almacenes de los grandes comerciantes, que Londres consideraba como un derecho legítimo. Luego llegaron las “cinco actas intolerables”.

    Lord North, que comprendió el peligro de una insurrección trasatlántica, aflojó casi del todo la presión, manteniendo sólo el impuesto sobre el té, por raciones de principios, que no por otro motivo, pues para compensar el impuesto rebajo el precio del producto. Pero ya era demasiado tarde, también los principios estaba en juego. Los trescientos cuarenta y dos sacos de té arrojados al mar el 16 de diciembre de 1773 por los “patriotas” de Boston fueron el primer símbolo de la insurrección.

    No es fácil señalar el momento exacto en que surge la idea de la emancipación. Aparentemente, esto no se produce hasta 1776 en que Thomas Payne publico The Common Sense, y semanas más tarde Richard Lee propone en el Congreso Continental la constitución de una Federación Americana Independiente. Pero hay motivos para pensar que la cosa veía de bastante atrás.

    La primera asamblea de delegados de las nueve colonias principales se reunió en Nueva York en 1765, para protestar por los impuestos, esto nos demuestra la comunicabilidad entre las colonias y su conciencia de una causa común. Aún no hay rastro de una actitud independentista. El panorama cambia en los años 70: ya en 1770 se detectan los primeros incidentes en Boston, y poco más tarde aparecen los “comités de correspondencia”, de carácter activista, atizados por Samuel Adams, de Massachussets, y Patrick Henry, de Virginia. Muy pronto, estas organizaciones actividades cobran un carácter militante, y hasta paramilitar. El Tea Party (16 de diciembre de 1773) fue considerado como una ruptura oficial.

    Aún no se hablaba por entonces públicamente de independencia. El Primer Congreso Continental de Filadelfia (5 de septiembre de 1774), ya con presencia de las trece colonias, se limitó a protestar, pero había muchos en su seno que se proponían “ir más adelante”.

    El Segundo Congreso Continental (mayo de 1775), decretó la movilización de todos los ciudadanos, y los puso bajo el mando de un hacendado de Virginia con cierta experiencia militar, George Washington. La ruptura es inevitable.

  • LA GUERRA (1775-1783)

  • El General Gage, desde Boston, envió tropas a Concord, en donde los americanos habían constituido un almacén con diversos aprovisionamientos. Durante una extraordinaria cabalgada nocturna, Paul Revere y William Dawes dieron la alarma. El 19 de abril de 1775, por la mañana, en Lexington, estalló el fuego entre los británicos y los norteamericanos. Hubo ocho muertos por parte de los norteamericanos. Los ingleses continuaron hasta Concord y destruyeron el almacén, volviendo a Boston.

    Se desarrollaron encarnizados combates en los alrededores de Boston, especialmente en Bunker Hill (17 de junio de 1775). Siguieron algunos meses de inmovilidad de las tropas británicas, que los americanos aprovecharon para organizarse. La idea de la independencia progresó rápidamente en los ánimos.

    Los efectivos de los británicos eran reducidos y en su mayor parte están constituidos por mercenarios alemanes. Sus generales como Howe, Clinton o Corwallis, eran militares excelentes, pero no estaban acostumbrados a luchar en aquellas circunstancias.. Los americanos por su parte, lo improvisaron todo. Las “milicias” americanas eran un instrumento audaz y muy valioso para actuar como cuerpo auxiliar, pero incapaz de presentar batalla campal y pasar a la ofensiva.

    Solo la constancia, la inquebrantable tenacidad, y la fe patriótica de George Washintgton, lograron triunfar poco a poco del desconcierto inicial y conducir a los colonos a sus verdaderos éxitos militares. En 1776 conquistó Boston y se apoderó de Nueva York. En respuesta los ingleses se apoderaron de Philadelphia (1777). Washington se mantuvo en Maryland, cubriendo el acceso a Baltimore, donde se había refugiado el Congreso.

    Burgoyne, al mando de un cuerpo de las tropas reales, concibió el plan de dividir en dos a las tropas revolucionarias: desde Nueva York dejaría incomunicado al general Gates al norte y a Washington en el centro. Pero el 14 de febrero de 1777, Washington le salió al encuentro, destrozando en Saratoga al ejercito ingles. La batalla de Saratoga tubo repercusiones internacionales de suma importancia. Francia firmó un tratado en 1778 en el que reconocía la independencia de Estados Unidos y se comprometía a garantizarla; Carlos III de España pensó que, interviniendo en la contienda entre Francia y Gran Bretaña, recuperaría Menorca y Gibraltar, y firmó con Francia un tratado de ayuda militar.

    Inglaterra declaró, como medida ofensiva, un bloqueo total a los Estados Unidos, en el sentido de que ninguna potencia, incluidas las neutrales, podía trasportar materiales a las colonias rebeldes. Rusia, Portugal, Holanda, Suecia y Dinamarca formaron, en respuesta a la decisión inglesa, la “liga de los neutrales armados” con el objeto de defender el principio internacional de que toda navegación neutral debía ser respetada por los beligerantes.

    Inglaterra corría sola a su perdición, luchando sola contra todo el mundo.

    En Norteamérica Cornwallis, al mando de un ejercito de 11.000 hombres fue rodeado por tierra y mar. Las tropas rebeldes al mando de Washington y La Fayette, más un gran contingente de franceses a las órdenes de Rochambeau, le empujaron hasta la costa donde la escuadra del conde Gras cerraba el acceso a Cornwallis, derrotado, tuvo que capitular en Yorktown el 19 de octubre de 1781.

    En Versalles, el 3 de septiembre de 1783, se firmó un acuerdo que significó, en líneas generales, una nueva reorganización mundial, y una afirmación revolucionaria. Mediante el reconocimiento de la independencia de los Estados Unidos. En él participaron todos los países beligerantes menos los Estados Unidos con los cuales Inglaterra había firmado otro tratado nueve meses antes, que sólo entraría en vigor una vez acordada una paz general.

    Inglaterra reconocía la independencia de las trece colonias de la Unión y la integridad de su territorio, que alcanzaba desde el Atlántico hasta el Mississippi.

  • LA REVOLUCION.

  • No fue tan fácil constituir los Estados Unidos como puede parecer a primera vista. Las diferencias entre cada una de las Trece Colonias eran lo suficientemente grandes para que entre la declaración de Independencia y la aprobación de una Constitución única trascurrieran trece años de tratos y concesiones mutuas. Con el inconveniente de que no existía otro organismo común que un Congreso reunido por procedimientos necesariamente irregulares, y no constituido bajo formas legales previas.

    Varios de los Estados habían redactado por su cuenta su propia Constitución. En Pensilvania, fue una “convención” la encargada de redactarla; era la más democrática del conjunto.

    Massachussets, uno de los estados más activos desde las primeras fases del movimiento, redactó también su propia Constitución. John Adams elaboró sus elementos básicos en los Thoughts of Gobernment, publicados en 1776. Propuso como filosofía fundamental de un buen gobierno, no la libertad, sino la virtud. En cierto modo preludiaba el futuro doctrinarismo liberal.

    Virginia redacto también su propia Constitución, pero en este caso tuvieron más importancia las formulaciones teóricas que los aspectos funcionales. La “declaración de derechos”, que siguiendo una costumbre ya establecida, acompañaba al texto legal, se hizo famosa, no sólo en América, sino en Europa, quizá por resaltar que”todos los hombres son iguales por su naturaleza, libres e independientes”.

    En 1781, aún no terminada la guerra, se elbarorarón los artículos de Confederación, un texto insuficiente, pero que venía a llenar un hueco ya necesario. Se reconocía la existencia de una sola República Federal, pero admitiendo las diferencias entre los distintos Estados y las leyes ya dictadas en cada uno. El poder común era muy débil y poco dibujado. Fue suficiente para ganar la guerra, pero no para organizar el país recién nacido.

    El 17 de septiembre de 1787 se reúne la Convención de Filadelfia, verdadera asamblea de notables, encargada de redactar la Constitución definitiva. La gestación de unas formulas de convivencia resultó laboriosa, pero predomino el realismo y se corono la obra, y el 4 de marzo de 1789 se promulgó la Constitución, que en la actualidad, es la más antigua del mundo.

    La Constitución de 1789, precisa en lo esencial y muy flexible en lo accesorio, susceptible de múltiples enmiendas capaces de completarla, pero incapaces de modificar su sustancia, es una obra de sentido común, del equilibrio y del espíritu de compromiso. Reconoce la existencia de unos Estados Unidos, que, sin perder cada uno sus peculiaridades, reconocen un poder federal superior al de cada Estado por separado. Habrá un Presidente dotado de amplia autoridad, que preside y gobierna, que puede dictar providencias y nombrar o deponer a sus secretarios o ministros. El presidente será elegido para cuatro años, en unos comicios en que el pueblo vota no a la persona del supremo mandatario, sino a los compromisarios que han de elegirle. Al mismo tiempo, elige a sus representantes, que han de constituir los cuerpos colegisladores: el Congreso, en número proporcional a los habitantes de cada Estado, y el Senado, o cámara alta, que asume una representación más territorial, puesto que se eligen dos senadores por cada Estado, sea cual fuere su censo. Se establece un poder judicial independiente, y aunque se respeta la legislación de cada Estado, un Tribunal Supremo tendrá competencias sobre todos los ciudadanos de la Unión, en última instancia, con capacidad, además, de “interpretar” las leyes, cuando éstas, por cualquier motivo, no aparezcan claras.

    El rico plantador de Virginia que era George Washington, destacado como calculador y afortunado militar, ascendió con todos los honores a la suprema magistratura del país, y acabó por convertirse en un mito, hasta dar nombre a la capital federal. Fue, como todos los militares-presidentes de los Estados Unidos, autoritario y moderado a un tiempo, calculador, prudente, nada exaltado y llenó de sentido común.. Pese a las diferencias ideológicas y de carácter que le separaron de ellos, respetó a Jefferson y Adams, llamados un día a ser sus sucesores.

  • REPERCUSIONES DE LA REVOLUCION NORTEAMERICANA.

  • Una de las circunstancias que contribuyen a dar a la Revolución americana un alcance universal es justamente el hecho de ser la primera. Los Estados Unidos de América fueron el primer país del mundo donde se implantó el Nuevo Régimen, y logro prevalecer. Fue así la primera comprobación fáctica de que unas doctrinas consideradas por muchos como utópicas eran realizables por actos positivos.

    América fue también un mito, país lejano, y considerado e muchas partes como exótico, presentaba una sociedad de hombres iguales y libres, trabajadores y soberanos. Aquel espectáculo, desfigurado por la distancia, estaba lleno de maravillosas sugestiones.

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