Independencia chilena

Historia de América. Autonomía de Chile. Guerra civil rioplatense. Revolución independentista. Congreso de Tucumán

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El 9 de julio de 1816.

A fines de 1815, el futuro inmediato de la revolución rioplatense se presentaba muy sombrío. Una situación Internacional adversa, las divisiones políticas internas y las derrotas sufridas en el norte del territorio volvían crítico el destino de la revolución. Los monarcas aliados europeos, vencederos de Napoleón, habían acordado la restauración de las monarquías, también acordaron el respeto de los derechos de cada corona sobre sus antiguos dominios coloniales. En España, Fernando VII había recuperado su trono y demostrado su dominio en las colonias sublevadas, al mismo tiempo en el Río de la Plata crecía el temor de que llegasen tropas de España para reprimir a los revolucionarios. Esta crítica situación internacional, el gobierno rioplatense realizaba desde hacía un tiempo, gestiones diplomáticas con varias naciones, incluida España, para negociar una salida política que permitiera conservar la autonomía y evitar las represalias de la corona española. Las funciones diplomáticas fueron ejercidas principalmente por Manuel Belgrano, Manuel de Sarratea y Benardino Rivadavia. Paralelamente, desde 1814, San Martín se hallaba en Mendoza organizando una fuerza expedicionaria con el fin de cruzar los Andes y enfrentar a los españoles en Chile y en Perú. Se consideró una traición la gestión secreta de Manuel J. García enviado por el director supremo, Carlos M. de Alvear, a Río de Janeiro, en 1815 destinada a solicitar, por intermedio del embajador inglés, el protectorado británico sobre el Río de la Plata, esto significaba que las provincias deseaban pertenecer a Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. La gestión de García agudizó la crisis política interna y la oposición al gobierno instalado en Buenos Aires. La oposición ya no solo provenía del litoral artiguista, que tenía un proyecto político diferente de organización estatal y una actitud inflexible a favor de la independencia, sino también de las filas porteñas y de otras provincias del interior. El ejército convocado para reprimir a Artigas, bajo las órdenes de Álvarez Thomas, no acató la orden y se sublevó en Fontezuelas. Ante la crítica situación, Alvear renunció y la Asamblea de 1813 fue disuelta. A fines de 1815, la perspectiva de disgregación política y una ofensiva española, se vio agravada por la derrota de Rondeau (jefe del Ejercito del Norte) en Sipe Sipe y por nuevos enfrentamientos internos como el planteado entre el caudillo salteño Güemes y Rondeau e hizo evidente la necesidad de convocar un nuevo congreso constituyente para afrontar la situación. La elección de la ciudad de Tucumán como sede de ese congreso tenía un fuerte contenido político: simbolizaba el intento de la elite política porteña de lograr el apoyo del interior del territorio. El 9 de Julio de 1816, bajo la presidencia del representante por San Juan, Francisco N. Laprida, el Congreso proclamó la independencia de las Provincias Unidas de América del Sur, declarando que era voluntad unánime indubitable de estas provincias rompen los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e independiente del rey Fernando VII. La proclamación de la independencia fue, de algún modo, una respuesta a los continuos requerimientos de San Martín, quien la consideraba indispensable para legitimar su proyecto de emprender la ofensiva militar en otras regiones de América del Sur. Las opiniones de los representantes provinciales fueron unánimes en torno de la declaración de la independencia; sin embargo, estaban divididas en cuanto a la forma de gobierno, manifestándose la oposición entre tendencias pro-monárquicas y pro-republicanas; o entre centralistas y federales esta última defendida por la representación cordobesa. Cada tendencia presentaba, además, matices diferentes: por ejemplo, en la corriente pro-monárquica había quienes proponían la coronación de un príncipe europeo, mientras que otros, como Belgrano, eran partidarios de un sucesor de la dinastía incaica. La falta de acuerdo y la diversidad de intereses obligaron a postergar la organización constitucional de las Provincias Unidas. Además, el Congreso no era totalmente representativo, ya que las provincias litorales y la Banda Oriental, todas bajo la influencia de Artigas, no habían enviado representantes. Sin embargo, haciendo uso de sus facultades constituyentes, el Congreso sancionó, a fines de 1817, un Reglamento Provisorio para el ordenamiento y la

administración de los poderes del Estado y para la regulación de los derechos y deberes de los habitantes. En ese momento, el Congreso ya se había trasladado e instalado en Buenos Aires, ante la posibilidad de un avance realista sobre Tucumán. En Buenos Aires, el Congreso cumplió funciones legislativas y de asesoramiento al Poder Ejecutivo. Entre tanto, la guerra continuó desarrollándose en los distintos frentes y el gobierno siguió enviando emisarios rioplatenses al exterior, en gestión diplomática.

La guerra de la Independencia

En el norte, la Guerra de la independencia adoptó la táctica defensiva, sugerida por San Martín, que tendía a impedir el avance español hacia el interior del país. La resistencia a las incursiones realistas tuvo a Salta como principal escenario y a las fuerzas locales, comandadas por el gobernador Güemes, como protagonistas. En el este, la resistencia a los portugueses que ocupaban la Banda Oriental fue asumida por las fuerzas de Artigas. Frente al conflicto, el gobierno de las Provincias Unidas mantuvo una actitud prescindente y ambigua, coherente con la prioridad que otorgaba a su lucha contra Artigas (el desgaste de las fuerzas artiguistas favorecía la política centralista del Directorio y de sus aliados del Interior) y a las tratativas que, paralelamente, desarrollaba en la corte portuguesa para instaurar el régimen monárquico en el Río de la Plata. Más allá de las fronteras, en 1817, San Martín inició la guerra contra los españoles de Chile. Su plan estratégico (conocido como Plan Continental) consistía en liberar Chile y desde allí atacar por mar el Perú, centro del poder realista. El plan y la coordinación con revolucionarios de otras regiones como Bernardo O'Higgins, de Chile dieron un carácter continental a las guerras de la independencia en Hispanoamérica, a la vez que sacaron del aislamiento a la revolución rioplatense. Las fuerzas que llevaron a cabo esa empresa fueron preparadas, entre 1814 y 1816, en Mendoza, bajo las órdenes de San Martín, gobernador de Cuyo. Con ese fin se movilizó a la población cuyana y sus recursos económicos; además, el gobierno central destinó gran parte de los recursos del Estado para financiar la expedición. A las fuerzas locales se unieron las de los revolucionarios chilenos, bajo las órdenes de O'Higgins, se habían refugiado en Mendoza luego de haber sido derrotado por los españoles en Rancagua (1814). La travesía de los Andes se inició en enero de 1817, con m s de 5.000 hombres y unos 10.000 animales (mulas y caballos). El hábil manejo de la información sobre los movimientos del enemigo y la falsa información que hizo llegar a los españoles antes de atravesar la cordillera permitieron a San Martín y al Ejército de los Andes combatir exitosamente a los realistas. Estos sufrieron una grave derrota en Chacabuco, en febrero de 1817, que permitió al ejército argentino-chileno entrar en Santiago, donde O'Higgins fue designado Director. El 12 de febrero de 1818, Chile proclamó su independencia. Poco después, la resistencia realista fue derrotada en Maipú en abril de 1818 y finalizó el dominio español en Chile. Luego de que la independencia de Chile quedó asegurada, San Martín evitó intervenir con el ejército en las guerras civiles rioplatenses y, con el apoyo de O'Higgins, se dedicó a armar una flota para proseguir hasta el Perú. Adquirió embarcaciones inglesas y reclutó marinos británicos; la jefatura de la escuadra fue encargada al irlandés Lord Cochrane. La expedición se inició en agosto de 1820 y, un año más tarde, el 21 de julio de 1821, San Martín proclamó la independencia del Perú, país del que fue nombrado Protector.

 

ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD-AMERICA

En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados: ¿Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente: Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unámime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración. Dada en la Sala de Sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros Diputados Secretarios.
Francisco Narciso de Laprida, Diputado por San Juan, Presidente
Mariano Boedo, Vice Presidente, Diputado por Salta
Dr. Antonio Sáenz, Diputado por Buenos Aires
Dr. José Darragueira, Diputado por Buenos Aires
Fray Cayetano José Rodríguez, Diputado por Buenos Aires
Dr. Pedro Medrano, Diputado por Buenos Aires
Dr. Manuel Antonio Acevedo, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio de Gorriti, Diputado por Salta
Dr. José Andrés Pacheco de Melo, Diputado por Chibchas
Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, Diputado por la Ciudad de Jujuy y su territorio
Eduardo Pérez Bulnes, Diputado por Córdoba
Tomás Godoy Cruz, Diputado por Mendoza
Dr. Pedro Miguel Aráoz, Diputado por la Capital del Tucumán
Dr. Esteban Agustín Gazcón, Diputado por la Provincia de Buenos Aires
Pedro Francisco de Uriarte, Diputado por Santiago del Estero
Pedro León Gallo, Diputado de Santiago del Estero
Pedro Ignacio Rivera, Diputado de Mizque
Dr. Mariano Sánchez de Loria, Diputado por Charcas
Dr. José Severo Malabia, Diputado por Charcas
Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros, Diputado por La Rioja
Licenciado Gerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera,

Diputado por Córdoba Dr. José Colombres, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio Thames, Diputado por Tucumán
Fray Justo de Santa María de Oro, Diputado por San Juan
José Antonio Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. Juan Agustín Maza, Diputado por Mendoza
Tomás Manuel de Anchorena, Diputado de Buenos Aires
José Mariano Serrano, Diputado por Charcas, Secretario
Juan José Paso, Diputado

SE DECLARA LA INDEPENDENCIA

El 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán resolvió tratar la Declaración de la Independencia. Presidía la sesión el diputado por San Juan, Juan Francisco Narciso de Laprida.
El secretario Juan José Paso leyó la propuesta: preguntó a los congresales "si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli". Los diputados aprobaron por aclamación y luego, uno a uno expresaron su voto afirmativo. Acto seguido, firmaron el Acta de la Independencia.
Afuera, el pueblo celebraba. Terminada la sesión, se realizaron diversos festejos públicos.
Al día siguiente, el Congreso ascendió a Pueyrredón al cargo de brigadier.
El 19 de julio, en sesión pública, quedó acordada la fórmula del juramento que debían prestar los diputados y las instituciones: "Juráis por Dios Nuestro Señor y esta señal de cruz, promover y defender la libertad de las provincias unidas en Sud América, y su independencia del Rey de España, Fernando VII, sus sucesores y metrópoli, y toda otra dominación extranjera? ¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la patria, el sostén de estos derechos hasta con la vida, haberes y fama? Si así lo hiciereis Dios os ayude, y si no, El y la Patria os hagan cargo".
El mismo día, en sesión secreta, el diputado Medrano pidió que de pasarse al Ejército el Acta de la Independencia y la fórmula del juramento, se agregase "y de toda otra dominación extranjera" -expresión que no figuraba en el texto aprobado originalmente en la sesión pública- debido al rumor de que el Director y el Congreso se disponían a entregar el país a los portugueses.
El 21 de julio la Independencia fue jurada en la sala de sesiones por los miembros del Congreso, en presencia del gobernador, el general Belgrano, el clero, las comunidades religiosas y demás corporaciones.

Celebración del día de la independencia
El 10 de julio se celebró la independencia en la provincia de Tucumán. La gente salió a la calle para festejar y más de cinco mil milicianos de la provincia se presentaron a caballo , armados con sables y fusiles. Los curas franciscanos colgaron guirnaldas con faroles y banderas en las puertas de la iglesia, dónde muy temprano se celebró una misa. En el centro de la plaza se organizaron bailes y los payadores improvisaron versos hasta altas horas de la madrugada. El gobernador Bernabé Araoz, para unirse a los festejos, organizó un baile en su casa al que acudieron los diputados del Congreso, jefes militares y los principales vecinos.

¿Qué pasó después... con la Declaración de la Independencia?

Desde 1813, las Provincias Unidas del Río de la Plata ya no juraban fidelidad a Fernando VII. La soberanía recaía en la Asamblea Nacional General Constituyente (Asamblea del Año XIII), que estuvo reunida entre 1813 y 1815.
Después, la soberanía pasó al Congreso Nacional General Constituyente, que estuvo reunido entre 1816 y 1820 (Congreso de Tucumán). Disuelto el Congreso y el Directorio, a comienzos de 1820, no hubo gobierno nacional en el país hasta la elección de Bernardino Rivadavia como Presidente de la República, el 7 de Febrero de 1826.
Desde 1820 hasta 1826 y desde 1827 (tras la renuncia de Vicente López y Planes, sucesor de Rivadavia) hasta 1853 (año de sanción de la Constitución Nacional Argentina que rige actualmente) cada provincia reasumió su soberanía, sancionó su constitución propias y tuvo sus propias instituciones y autoridades, independientes de las demás provincias, como si cada una de ellas fuese un Estado.
Durante esos largos períodos de autonomías provinciales, se tomó por costumbre que las provincias delegaran el manejo de las relaciones exteriores (cuerpo diplomático) y los negocios de paz y guerra en el gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
El gobierno de Buenos Aires obtuvo el reconocimiento de la Independencia por parte de las principales potencias del mundo: Estados Unidos de América (1822) Gran Bretaña (1824) Francia (1830)

TRABAJO PRACTICO DE HISTORIA

Tema: 9 de Julio

Curso: 2º

División: 6ª